928 Aunque el hombre ha sido corrompido y engañado por Satanás

Cada especie de criatura viviente entre todas las cosas parte y regresa, y después vuelve a partir,

con un millón de cambios que se producen en un parpadeo.

Pero lo que no cambia son los instintos y las leyes de la supervivencia.

Viven bajo la provisión y la alimentación de Dios,

y nadie puede cambiar sus instintos,

como tampoco nadie puede alterar sus reglas de supervivencia.


A la humanidad, que vive medio de todo,

la ha corrompido y engañado Satanás,

pero él no puede renunciar al agua hecha por Dios,

ni al aire ni a todas las cosas hechas por Dios.

La humanidad aún vive y prolifera en la creación de Dios.

La humanidad aún vive y prolifera en la creación de Dios.

El instinto del hombre no ha cambiado.


El hombre confía en sus oídos para oír,

en sus ojos para ver,

en su cerebro para pensar, en su corazón para entender,

en sus piernas y pies para caminar,

en sus manos para trabajar.

Los instintos que Dios dio al hombre para obtener Su provisión siguen inalterables.


Las facultades del hombre no han cambiado,

con las cuales él coopera con Dios

y cumple el deber de un ser creado.

No ha cambiado su necesidad espiritual,

ni su deseo de encontrar su origen,

ni su anhelo de ser salvado por el Creador.

Esta es la situación de la humanidad, bajo la autoridad de Dios,

y que resiste la destrucción de Satanás.


Adaptado de ‘Dios mismo, el único I’ en “La Palabra manifestada en carne”

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