282 Hace mucho tiempo que Dios determinó el destino del hombre

En relación al destino, todos son independientes,

y tienen el suyo propio.

Y ningún padre puede impedirlo en la vida

ni ejercer la más mínima influencia sobre el rol que uno juega.

Nada excepto lo predestinado por el Creador

influye sobre el destino de alguien.

Nadie puede controlar qué futuro tendrá;

hace tiempo que fue decidido;

ni los padres lo pueden cambiar.

La familia en la que uno nace

es una condición previa para cumplir con su misión.

El ambiente en el que uno crece

también es una condición previa.

Y de ninguna manera determinan el tipo de destino

en el que se cumple su misión.

Por eso los padres no pueden

ayudar a nadie a cumplir con su misión.

Ningún familiar puede ayudar a nadie a asumir su rol.

El destino dicta cómo uno logra su misión

y el ambiente de su rol;

nadie lo puede controlar.

Nada excepto lo predestinado por el Creador

influye sobre el destino de alguien.

Nadie puede controlar qué futuro tendrá;

hace tiempo que fue decidido;

ni los padres lo pueden cambiar.

No hay condición objetiva que pueda influenciar

la misión que le predestinó a uno el Creador.

Toda la gente madura en ambientes únicos,

en sus propios caminos, todos por sí mismos.

Nada excepto lo predestinado por el Creador

influye sobre el destino de alguien.

Nadie puede controlar qué futuro tendrá;

hace tiempo que fue decidido;

ni los padres lo pueden cambiar.

Paso a paso, toman sus propios caminos.

Paso a paso, cumplen sus destinos predestinados.

Paso a paso, entran en el vasto mar de gente.

Paso a paso, toman sus posiciones en la vida.

Paso a paso, toman sus responsabilidades

por el bien de lo que el Creador predestinó.

Paso a paso, hacen todo involuntariamente

por el bien de la soberanía del Creador.

Dios hace tiempo que decidió el destino del hombre.

Nada excepto lo predestinado por el Creador

influye sobre el destino de alguien.

Nadie puede controlar qué futuro tendrá;

hace tiempo que fue decidido;

ni los padres lo pueden cambiar.

Adaptado de ‘Dios mismo, el único III’ en “La Palabra manifestada en carne”

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