851 El significado de la aparición de Jesús después de Su resurrección

1 Dios no quería ver a las personas evitándole o apartándose de Él; sólo quería que lo entendieran, se acercaran a Él, y fueran Su familia. Así, después de Su resurrección, el Señor Jesús siguió apareciéndose a las personas bajo Su forma de carne y hueso, y comió y bebió con ellos. Dios ve a las personas como Su familia y también quiere que la humanidad lo vea así; sólo de esta manera puede Él ganar de verdad a las personas, y estas pueden amarlo y adorarlo verdaderamente. Puede decirse que la serie de cosas que el Señor Jesús dijo e hizo después de Su resurrección fue reflexiva y con buenas intenciones. Estaban llenas de la bondad y del afecto que Dios conservó por la humanidad y llenas de la apreciación y del cuidado meticuloso que Él tenía por la relación íntima que había establecido con la humanidad durante Su tiempo en la carne. Aún más, estaban llenas de la nostalgia y la esperanza que tenía por la vida de comer y vivir con Sus seguidores durante Su tiempo en la carne.

2 Dios no quería que las personas sintieran una distancia entre Él y el hombre, ni que la humanidad se alejase de Él. Aún más, no quería que el hombre sintiera que, después de Su resurrección, el Señor Jesús ya no era el Señor tan íntimo con las personas, que ya no estaba más junto a la humanidad porque regresaba al mundo espiritual, al Padre que las personas nunca podrían ver o alcanzar. No quería que las personas sintieran ninguna diferencia en posición entre Él y la humanidad. Cuando Dios ve a personas que quieren seguirle pero lo mantienen a una distancia respetable, Su corazón se aflige porque eso significa que sus corazones están muy lejos de Él, y será muy difícil para Él ganarlos.

3 Todo esto que el Señor Jesús llevó a cabo hizo que cada persona que lo vio sintiera que el Señor no había cambiado, que seguía siendo el mismo Señor Jesús. Aunque había sido clavado en la cruz y había experimentado la muerte, había resucitado y no había dejado a la humanidad. Había vuelto para estar entre los humanos, y Su todo no había cambiado. El Hijo del Hombre permitió, de esta forma, que sintieran aquella intimidad, que se sintieran a gusto y que tuvieran el gozo de recuperar algo que se había perdido; y también estaban lo bastante a gusto como para empezar a confiar con valentía y confianza en este Hijo del Hombre que podía perdonarle sus pecados a la humanidad, y admirarle. También empezaron a orar el nombre del Señor Jesús, sin vacilaciones, a orar para obtener Su gracia, Su bendición y lograr Su paz y Su gozo, Su cuidado y Su protección.

Adaptado de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

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