d. Por qué debe llevar a cabo Dios tres etapas de la obra para salvar a la especie humana
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Todo Mi plan de gestión, el plan de gestión de seis mil años, consta de tres etapas o tres eras: la Era de la Ley del principio, la Era de la Gracia (que también es la Era de la Redención) y la Era del Reino de los últimos días. Mi obra en estas tres eras difiere en contenido según cada era, pero en cada etapa se desempeña conforme a las necesidades del hombre o, para ser más preciso, se hace de acuerdo con los engaños que Satanás emplea en la guerra que libro contra él. El propósito es derrotar a Satanás, revelar Mi sabiduría y omnipotencia, exponer todos los engaños de Satanás y así salvar a toda la especie humana, que vive bajo su poder. Consiste en revelar Mi sabiduría y omnipotencia y sacar a la luz la insoportable monstruosidad de Satanás. Incluso más que eso, consiste en permitir que los seres creados disciernan entre el bien y el mal, que sepan que Yo soy el Soberano de todas las cosas, que vean claramente que Satanás es el enemigo de la humanidad, un degenerado, el malvado, y que diferencien con absoluta claridad el bien del mal, la verdad de la falacia, la santidad de la inmundicia, así como la grandeza de lo innoble. Es posibilitar que la humanidad ignorante dé testimonio por Mí de que no soy Yo quien la corrompe y de que solo Yo, el Creador, salvo a la humanidad y les concedo a las personas las cosas que pueden disfrutar. Es permitirles saber que Yo soy el Soberano de todas las cosas y que Satanás es simplemente un ser que creé y que después me traicionó. Mi plan de gestión de seis mil años se divide en tres etapas y obro así para lograr el efecto de permitir que los seres creados den testimonio por Mí, que entiendan Mis intenciones y sepan que Yo soy la verdad.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La verdadera historia de la obra de la Era de la Redención
La obra de gestión de seis mil años de Dios está dividida en tres etapas: la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino. Estas tres etapas de la obra son todas por el bien de la salvación de la humanidad, es decir, son para la salvación de la humanidad que ha sido gravemente corrompida por Satanás. Sin embargo, al mismo tiempo, Dios también está batallando con Satanás. Por tanto, igual que la obra de salvación está dividida en tres etapas, la batalla contra Satanás también está dividida en tres etapas y estos dos aspectos de la obra de Dios se llevan a cabo simultáneamente. La batalla con Satanás es, en realidad, para la salvación del hombre y, al no ser esta obra de salvación algo que se pueda realizar con éxito en una sola etapa, esta batalla con Satanás también se divide en fases y periodos; se libra la guerra contra Satanás de acuerdo con las necesidades de la especie humana y el grado de corrupción que Satanás ha causado en el hombre. En la imaginación del hombre, quizás crea que en esta batalla Dios tomará las armas contra Satanás, del mismo modo en que lo hacen dos ejércitos que combaten entre sí. Esto es meramente lo que el intelecto del hombre es capaz de imaginar; es una idea supremamente difusa y poco realista; sin embargo, es lo que el ser humano cree. Y como afirmo aquí que el medio de la salvación del hombre es a través de la batalla con Satanás, la persona imagina y cree que así es como se desarrolla la batalla. La obra de salvación del hombre consta de tres etapas; es decir, la batalla con Satanás se ha dividido en tres etapas y Satanás será así derrotado de una vez y para siempre. Sin embargo, la historia real de la totalidad de la obra de la batalla contra Satanás es que sus efectos se logran a través de varios pasos de la obra: concediéndole gracia al hombre y convirtiéndose en la ofrenda por su pecado, perdonando los pecados, conquistando y perfeccionando al hombre. Dicho sin rodeos, la batalla con Satanás no es tomar las armas contra él, sino dar testimonio por Dios mediante la salvación del hombre, la obra en su vida y el cambio de su carácter y derrotar así a Satanás. Así es como se derrota a Satanás, mediante la transformación del carácter corrupto del hombre. Una vez vencido, es decir, cuando el hombre haya sido completamente salvado, entonces el humillado Satanás será atado por completo y, de ese modo, el hombre habrá sido totalmente salvado. Así, la esencia de la salvación del hombre es la batalla contra Satanás, y esta batalla se refleja principalmente en la salvación del hombre. Esta etapa final, en la que el hombre va a ser conquistado, es la última etapa de obra en la batalla con Satanás, y también es la obra de la completa salvación del hombre del poder de Satanás. El significado interior de la conquista del hombre es regresar a la personificación de Satanás —el hombre, que ha sido corrompido por él— al Creador luego de ser conquistado, por medio de lo cual se rebelará contra Satanás y volverá por completo a Dios. De este modo, el ser humano habrá sido completamente salvado. Por tanto, la obra de conquista es la última en la batalla contra Satanás y es la fase final de la gestión de Dios, que tiene como objetivo derrotar a Satanás. Sin esta obra, la plena salvación del hombre sería imposible en última instancia, también sería imposible la derrota total de Satanás y la humanidad no sería nunca capaz de entrar en el maravilloso destino, o liberarse de la influencia de Satanás. Por tanto, la obra de salvación del hombre no puede concluir antes de que la batalla con Satanás haya acabado, porque el núcleo central de la obra de gestión de Dios es por el bien de la salvación de la especie humana. Al principio del todo, la especie humana estaba en las manos de Dios, pero a causa de la tentación y la corrupción de Satanás, el hombre fue atado por Satanás y cayó en las manos del maligno. Satanás se convirtió, pues, en el objeto que debía ser derrotado en la obra de gestión de Dios. Al haber tomado Satanás posesión del hombre y al ser este el capital en toda la gestión de Dios, si el hombre ha de salvarse, es necesario rescatarlo de las manos de Satanás; esto significa que el hombre, que ha sido retenido cautivo por Satanás, debe ser recuperado. Así, Satanás debe ser derrotado mediante cambios en el antiguo carácter del hombre y la restauración de su razón original. De este modo, el hombre, que ha sido tomado cautivo, puede ser recuperado de las manos de Satanás. Si el hombre es liberado de la influencia y la esclavitud de Satanás, entonces este será avergonzado y el ser humano será rescatado en última instancia y Satanás derrotado. Al quedar el hombre libre de la oscura influencia de Satanás, se convertirá en el botín de esta batalla al completo y Satanás será objeto de castigo una vez acabada la batalla; después de esto, toda la obra de la salvación de la humanidad habrá concluido.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Restaurar la vida normal del hombre y llevarlo a un destino maravilloso
Al principio, guiar al hombre durante la Era de la Ley del Antiguo Testamento era como guiar la vida de un niño. La especie humana de los inicios fue aquella que acababa de surgir de Jehová, es decir, los israelitas, quienes no comprendían cómo temer a Dios ni cómo vivir en la tierra. Es decir, Jehová creó a la humanidad, esto es, creó a Adán y Eva, pero no les dio la facultad para entender cómo temer a Jehová o seguir los estatutos de Jehová sobre la tierra. Sin la guía directa de Jehová, nadie podría saber esto directamente, porque en el principio el hombre no poseía esta facultad. El hombre solo sabía que Jehová era Dios, pero en cuanto a cómo temerlo, qué conducta se podría considerar temerlo, con qué mentalidad hacerlo y qué ofrecer en Su temor, el hombre no tenía ninguna idea en absoluto. El hombre solo sabía disfrutar de lo que podía disfrutarse entre todas las cosas creadas por Jehová, pero el hombre era totalmente ignorante de, exactamente, cómo se debería vivir en la tierra para ser digno del título de “ser creado”. Sin nadie que los instruyera, sin alguien que los guiara personalmente, esa especie humana nunca habría llevado una vida humana adecuada, sino que solo podría haber sido capturada furtivamente por Satanás. Jehová creó a la humanidad, es decir, creó a los ancestros de la misma: Eva y Adán. Pero no les concedió ningún intelecto ni sabiduría adicionales. Aunque ya estaban viviendo en la tierra, no entendían casi nada. Así pues, la obra de Jehová de crear a la especie humana solo estaba a medias, no totalmente completa. Él solo había formado un modelo de hombre a partir del barro y le había dado Su aliento, pero no le había concedido al hombre suficiente determinación para temerlo. Al principio, el hombre no poseía un corazón temeroso de Él o que le tuviera miedo. El hombre solo sabía escuchar Sus palabras, pero ignoraba el conocimiento básico para la vida sobre la tierra y las reglas normales para la vida humana. Y así, aunque Jehová creó al hombre y a la mujer y terminó el proyecto de los siete días, de ninguna manera completó la creación del hombre, porque el hombre era solo un caparazón exterior y le faltaba la realidad de ser un humano. El hombre solo sabía que fue Jehová quien había creado a la especie humana, pero no tenía idea de cómo cumplir Sus palabras y Sus estatutos. Por ello, después de que llegó a existir la especie humana, la obra de Jehová no estaba completa. Él aún tenía que guiar por completo a la especie humana para que viniera ante Él, con el fin de que pudiese vivir junta en la tierra y temerlo, así como para que la especie humana pudiera, con Su guía, entrar en la vía correcta de una vida humana normal en la tierra. Solo de esta forma se completó del todo la obra que se había llevado a cabo principalmente bajo el nombre de Jehová; esto es, solo de esta forma concluyó la obra de Jehová de crear el mundo por completo. Y así, como creó a la especie humana, tenía que guiar su vida en la tierra durante varios miles de años, de forma que el hombre fuera capaz de guardar Sus decretos y estatutos, así como de forma que la especie humana pudiera participar en todas las actividades humanas normales sobre la tierra. Solo entonces se completó del todo la obra de Jehová.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La visión de la obra de Dios (3)
En la Era de la Gracia, el hombre ya había sido corrompido por Satanás; por eso, hacer la obra de redimir a toda la humanidad requería una abundancia de gracia, una indulgencia y una paciencia infinitas y, aún más que eso, una ofrenda suficiente para expiar los pecados del hombre para tener un efecto. Lo que las personas vieron en la Era de la Gracia fue únicamente Mi ofrenda de expiación de los pecados del hombre: Jesús. Todo lo que sabían era que Dios podía ser misericordioso e indulgente, y todo lo que vieron fue la misericordia y la bondad de Jesús. Esto fue exclusivamente porque nacieron en la Era de la Gracia. Y así, antes de que la humanidad fuera redimida, tenía que disfrutar de abundante gracia que Jesús le concedió. Solo podían beneficiarse de esa manera, permitiéndoles ser perdonados de sus pecados a través del gozo de la gracia y dándoles la oportunidad de expiar sus pecados por medio de su goce de la indulgencia y la paciencia de Jesús. Solo por medio de la indulgencia y la paciencia de Jesús, la humanidad se convirtió en digna de recibir el perdón y de gozar la abundancia de la gracia conferida por Jesús. Como Él dijo: “Yo no he venido a redimir a los justos, sino a los pecadores para permitir que sus pecados sean perdonados”. Si cuando Jesús se encarnó hubiera traído el carácter de juicio, maldición e intolerancia hacia las ofensas del hombre, este jamás habría tenido la oportunidad de ser redimido y habría seguido siendo pecador por siempre. De haber sido así, el plan de gestión de seis mil años se habría detenido en la Era de la Ley y esta se habría prolongado por seis mil años. Los pecados del hombre solo habrían sido más numerosos y más graves, y la creación de la humanidad habría sido en vano. Las personas solo habrían podido servir a Jehová bajo la ley, pero los pecados de la especie humana habrían superado a los de los primeros humanos creados. Cuanto más amó Jesús a la especie humana, perdonándole al hombre sus pecados y brindándole suficiente misericordia y benevolencia, este tenía más derecho a que Él lo salvara y fue así llamado el cordero perdido que Jesús volvió a comprar a un alto precio. Satanás no podía entrometerse en esta obra porque Jesús trataba a Sus seguidores como una madre amorosa trata al niño que tiene en su seno. No se enojó con ellos ni los aborreció, sino que estaba lleno de consuelo hacia ellos. Él jamás expresó gran ira entre ellos, sino que toleró sus pecados y pasó por alto su insensatez y su ignorancia, al punto de decir: “Perdonad a otros setenta veces siete”. Así, Su corazón conmovió y reformó el corazón de otros y solo de esta forma las personas recibieron el perdón de sus pecados a través de Su indulgencia.
[…]
Sin la redención de Jesús, el hombre habría vivido por siempre en el pecado y se habría vuelto la progenie del pecado, el descendiente de los demonios. De continuar así, toda la tierra se habría convertido en el sitio donde habita Satanás, el lugar de su morada. Sin embargo, la obra de redención requería mostrar misericordia y benevolencia hacia el hombre. Solo así este podía recibir el perdón y, al final, convertirse en digno de que Dios lo hiciera completo y lo obtuviera plenamente. Sin esta etapa de la obra, el plan de gestión de seis mil años no habría podido avanzar. Si Jesús no hubiera sido crucificado, si solamente hubiera sanado a los enfermos y exorcizado a los demonios, entonces las personas todavía no habrían recibido un perdón completo para sus pecados. En los tres años y medio que Jesús pasó haciendo Su obra en la tierra, completó solo la mitad de Su obra de redención. Luego, al ser clavado en la cruz y al convertirse en la semejanza de carne pecaminosa, al ser entregado al malvado, Él completó la obra de la crucifixión y dominó el porvenir de la especie humana. Solo después de ser entregado en las manos de Satanás, redimió a la especie humana. Durante treinta y tres años y medio sufrió en la tierra, lo ridiculizaron, lo difamaron y lo abandonaron, incluso al punto en el que no tenía un lugar donde posar Su cabeza, ningún lugar para descansar; luego fue crucificado y todo Su ser, un cuerpo santo e inocente, fue clavado en la cruz y padeció todo tipo de sufrimientos. Quienes estaban en el poder se burlaron de Él y lo flagelaron e incluso los soldados escupieron en Su rostro; sin embargo, Él permaneció en silencio y soportó hasta el final, sometiéndose incondicionalmente hasta la muerte, con lo cual redimió a toda la humanidad. Solo entonces llegó a disfrutar del descanso. La obra que Jesús llevó a cabo representa únicamente la Era de la Gracia, no representa la Era de la Ley ni sustituye a la obra de los últimos días. Esta es la esencia de la obra de Jesús en la Era de la Gracia, la segunda era por la que la humanidad ha pasado: la Era de la Redención.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La verdadera historia de la obra de la Era de la Redención
Aunque Jesús vino entre los hombres e hizo mucha obra, solo completó la obra de redimir a toda la especie humana y sirvió como ofrenda por el pecado del hombre; no lo despojó de la totalidad de sus actitudes corruptas. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no solo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para despojar completamente al hombre de sus actitudes corrompidas por Satanás. Y así, una vez que el hombre fue perdonado por sus pecados, Dios volvió a la carne para guiar a este a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado a la especie humana a un reino más elevado. Todos los que se someten a Su dominio disfrutarán de una verdad superior y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz y obtendrán la verdad, el camino y la vida.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio
La obra de los últimos días consiste en pronunciar palabras. A través de las palabras se pueden llevar a cabo grandes cambios en el hombre. Los cambios efectuados ahora en estas personas a partir de su aceptación de estas palabras son mucho mayores que los llevados a cabo en las personas a partir de la aceptación de las señales y maravillas en la Era de la Gracia. Porque, en la Era de la Gracia, los demonios eran expulsados del hombre con la imposición de manos y la oración, pero las actitudes corruptas dentro del hombre aún permanecían. El hombre fue curado de su enfermedad y se le perdonaron sus pecados, pero en lo que se refiere a cómo el hombre podría desechar las actitudes corruptas satánicas que había en su interior, esa obra todavía no se había realizado en él. El hombre solo fue redimido por su fe y se le perdonaron sus pecados por su fe, pero su naturaleza pecaminosa no fue eliminada y aún permaneció en él. Los pecados del hombre fueron perdonados a través de la encarnación de Dios, pero eso no significó que el hombre ya no tuviera pecado en su interior. Los pecados del hombre podían ser perdonados por medio de la ofrenda por el pecado, pero en lo que se refiere a cómo puede lograrse que el hombre no peque más, cómo pueden desecharse por completo sus actitudes corruptas y su naturaleza pecaminosa y cómo se puede cambiar en cierta medida su carácter-vida, él no tiene forma de resolver este problema. Los pecados del hombre ciertamente han sido perdonados y esto se debe a la obra de la crucifixión de Dios, pero el hombre sigue viviendo en sus viejas actitudes satánicas corruptas. Así pues, el hombre debe ser completamente salvado de sus actitudes satánicas corruptas, su naturaleza pecaminosa debe ser completamente desechada y no desarrollarse nunca más, así como su carácter debe experimentar una transformación. Esto requiere que el hombre entienda la senda del crecimiento en la vida, el camino de la vida, y el camino del cambio de su carácter. También requiere que el hombre practique de acuerdo con esa senda, de forma que su carácter pueda ser cambiado gradualmente y él pueda vivir bajo el brillo de la luz, de tal modo que todo lo que haga pueda ser conforme a las intenciones de Dios, para que el hombre pueda despojarse de sus actitudes satánicas corruptas y liberarse de la influencia de las tinieblas de Satanás, emergiendo así totalmente del pecado. Solo entonces habrá recibido el hombre la plena gracia salvadora. En la época en la que Jesús estaba llevando a cabo Su obra, el conocimiento que el hombre tenía de Él seguía siendo ilusorio y poco claro. El hombre siempre creyó que Él era el hijo de David y dijo que era un gran profeta y el Señor bondadoso que redimía los pecados del hombre. Algunos, por la fuerza de su fe, fueron sanados simplemente al tocar el borde de Su manto; los ciegos pudieron ver e incluso los muertos pudieron ser devueltos a la vida. Sin embargo, el hombre fue incapaz de descubrir las actitudes satánicas corruptas profundamente arraigadas en su interior y tampoco sabía cómo desecharlas. El hombre recibió mucha gracia, como la paz y la felicidad de la carne, bendiciones sobre toda la familia por la fe de uno solo de sus miembros, la curación de las enfermedades, etc. El resto fueron las buenas obras del hombre y su apariencia piadosa; si alguien podía vivir con base en eso, se le consideraba un creyente acorde al estándar. Solo ese tipo de creyentes podían entrar en el cielo tras su muerte, lo que significaba que eran redimidos. Pero durante su vida, estas personas no entendieron en absoluto el camino de la vida. Simplemente cometían pecados y después los confesaban, en un ciclo constante sin una senda para cambiar su carácter: ese era el estado del hombre en la Era de la Gracia. ¿Ha recibido el hombre la salvación completa? ¡No! Por tanto, después de completarse esa etapa de la obra, aún quedaba la obra de juicio y castigo. Esta etapa tiene como objetivo purificar al hombre por medio de la palabra y, así, darle una senda que seguir. Esta etapa no sería fructífera ni tendría sentido si continuase con la expulsión de demonios, porque la naturaleza pecaminosa del hombre no sería desechada y el hombre se detendría en el perdón de los pecados. A través de la ofrenda por el pecado, al hombre se le han perdonado sus pecados, porque la obra de la crucifixión ya ha llegado a su fin y Dios ha vencido a Satanás. Pero las actitudes corruptas del hombre siguen en él y este todavía puede pecar y resistirse a Dios, y Dios no ha ganado a la especie humana. Esa es la razón por la que en esta etapa de la obra Dios usa la palabra para desenmascarar las actitudes corruptas del hombre y hacerle practicar según la senda apropiada. La obra de esta etapa es más significativa que la anterior y también más fructífera, porque ahora la palabra es la que provee directamente a la vida del hombre y permite que su carácter sea completamente renovado; es una etapa de obra mucho más exhaustiva. Así pues, la encarnación en los últimos días ha completado el sentido de la encarnación de Dios y ha finalizado plenamente el plan de gestión de Dios para la salvación del hombre.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)
Las tres etapas de la obra están en el núcleo de la totalidad de la gestión de Dios, y en ellas se expresan el carácter de Dios y lo que Él es. Aquellos que no conocen las tres etapas de la obra de Dios son incapaces de entender cómo Él expresa Su carácter y tampoco conocen la sabiduría de Su obra. También siguen ignorando las muchas formas en las que Él salva al hombre, así como Sus intenciones para toda la especie humana. Las tres etapas de la obra son la expresión plena de la obra de salvación de la humanidad, y aquellos que no conocen las tres etapas de la obra ignorarán los diversos métodos y principios de la obra del Espíritu Santo. Aquellos que solo se ciñen rígidamente a los preceptos que quedan de cierta etapa de la obra son personas que limitan a Dios a los preceptos, y cuya fe en Él es ilusoria; tales personas nunca recibirán Su gracia salvadora. Solo las tres etapas de la obra de Dios pueden expresar plenamente la totalidad de Su carácter y expresar por completo Su intención de salvar a toda la humanidad, así como la totalidad del proceso de salvación de la misma. Esto es prueba de que Él ha derrotado a Satanás y ha ganado a la humanidad; es una prueba de Su victoria y la expresión de todo Su carácter. Los que solo entienden una etapa de las tres de la obra de Dios solo conocen parte de Su carácter. Es probable que se formen preceptos en las nociones del hombre basados en esta única etapa de la obra, así como es probable que el hombre delimite a Dios y use esta sola parte de Su carácter como una representación de todo Su carácter. Además, muchas de las figuraciones del hombre están mezcladas en su interior, de forma que el hombre limita rigurosamente el carácter, el ser y la sabiduría de Dios, así como los principios de Su obra, dentro de parámetros limitados, creyendo que si Él fue así una vez, permanecerá igual para siempre y no cambiará para toda la eternidad. Solo aquellos que conocen y comprenden las tres etapas de la obra pueden tener un conocimiento completo y preciso de Dios. Como mínimo, no lo definirán como el Dios de los israelitas o de los judíos ni lo verán como un Dios que siempre estará clavado en la cruz por causa de la especie humana. Si solo se llega a conocer a Dios a partir de una etapa de Su obra, entonces su conocimiento es excesivamente escaso y no es más que una gota en el océano. Si no, ¿por qué muchos de la vieja guardia religiosa clavaron a Dios en la cruz vivo? ¿Acaso no es porque el hombre lo delimita dentro de ciertos parámetros?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios
La etapa final de la obra no es independiente, sino que forma parte de un todo junto con las dos anteriores, es decir, es imposible completar toda la obra de salvación llevando a cabo únicamente una de las tres etapas de la obra. Aunque la etapa final de la obra pueda salvar totalmente al hombre, esto no significa que solo sea necesario llevar a cabo esta etapa por sí sola, y que las dos anteriores no sean necesarias para salvar a la especie humana de la influencia de Satanás. Ni una sola de las tres etapas puede considerarse por sí misma como la única visión que toda la humanidad debe conocer, porque la totalidad de la obra de salvación está constituida por las tres etapas de la obra y no una de ellas por sí sola. Mientras no se haya cumplido la obra de salvación, la gestión de Dios no podrá llegar a un final completo. El ser, el carácter y la sabiduría de Dios se expresan en la totalidad de la obra de salvación y no se le dan a conocer al hombre al principio, sino que se han expresado gradualmente en la obra de salvación. Cada etapa de la obra de salvación expresa parte del carácter de Dios y parte de Su ser; ninguna etapa de la obra por sí sola puede expresar de forma directa y completa la totalidad del ser de Dios. Así pues, dado que la obra de salvación solo puede concluir plenamente una vez que las tres etapas de la obra se hayan completado, el conocimiento de la totalidad de Dios por parte del hombre es inseparable de las tres etapas de la obra de Dios. Lo que el hombre obtiene de una etapa de la obra es simplemente el carácter de Dios que se expresa en una sola parte de Su obra. No puede representar el carácter y el ser expresados en las etapas anteriores o posteriores. Esto se debe a que la obra de salvación de la especie humana no finaliza de inmediato durante un período o en un lugar, sino que se va volviendo cada vez más profunda de acuerdo con el estado de desarrollo de esta en diferentes momentos y lugares. Es una obra que se lleva a cabo en etapas, y no se completa en una sola. Así pues, toda la sabiduría de Dios se cristaliza en las tres etapas y no en una sola. Todo Su ser y Su sabiduría se distribuyen entre estas tres etapas; cada una de ellas contiene Su ser y es un registro de la sabiduría de Su obra. El hombre debería conocer todo el carácter de Dios expresado en estas tres etapas. Este ser de Dios es de la mayor importancia para toda la humanidad, y si las personas no tienen este conocimiento cuando adoran a Dios, entonces no son diferentes de los que adoran a Buda. La obra de Dios en medio de los hombres no está escondida de ellos, y todos los que adoran a Dios deberían conocerla. Como Dios ha llevado a cabo las tres etapas de la obra de salvación entre los hombres, estos deberían conocer la expresión de lo que Él tiene y es durante estas tres etapas de la obra. Esto es lo que el hombre debe hacer. Lo que Dios le esconde es lo que el hombre es incapaz de lograr, y lo que no debería saber, mientras que le muestra aquello que debería saber y poseer. Cada una de las tres etapas de la obra se lleva a cabo basándose en la anterior; no de forma independiente, separada de la obra de salvación. Aunque existen grandes diferencias en la era y la obra realizada, en su núcleo sigue estando la salvación de la humanidad, y cada etapa de la obra de salvación es más profunda que la anterior.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios
El plan de gestión de seis mil años se divide en tres etapas de la obra. Ninguna etapa por sí sola puede representar la obra de las tres eras, sino solo una parte de un todo. El nombre “Jehová” no puede representar la totalidad del carácter de Dios. El hecho de que Él llevara a cabo Su obra en la Era de la Ley no demuestra que Dios solo pueda ser el Dios bajo la ley. Jehová estableció leyes para el hombre, le entregó mandamientos, y le pidió a este que edificase el templo y los altares; la obra que Él hizo solo representa la Era de la Ley. La obra que realizó no demuestra que Dios sea solo un Dios que pide al hombre guardar la ley, o que Él sea el Dios en el templo, o el Dios delante del altar. Decir esto sería falso. La obra realizada bajo la ley solo puede representar una era. Por tanto, si Dios solo hubiera llevado a cabo la obra en la Era de la Ley, el hombre delimitaría a Dios y diría: “Dios es el Dios en el templo, y, para servirle, debemos ponernos túnicas sacerdotales y entrar en el templo”. Si la obra de la Era de la Gracia nunca se hubiera llevado a cabo y la Era de la Ley hubiera continuado hasta el presente, el hombre no sabría que Dios también es misericordioso y amoroso. Si la obra en la Era de la Ley no se hubiera realizado y en vez de ello solo se hubiera llevado a cabo la obra en la Era de la Gracia, entonces todo lo que el hombre sabría es que Dios solo redime al hombre y que Dios perdona sus pecados. El hombre solo sabría que Él es santo e inocente, y que puede sacrificarse y ser crucificado en aras del hombre. El hombre solo sabría esto, pero no tendría entendimiento de nada más. Por tanto, cada era representa una parte del carácter de Dios. La Era de la Ley representa ciertos aspectos del carácter de Dios, igual que la Era de la Gracia y esta etapa actual; solo cuando las tres etapas se han integrado en un todo pueden revelar la totalidad del carácter de Dios. Solo cuando el hombre ha llegado a conocer las tres etapas puede comprenderlo plenamente. Ninguna de las tres etapas puede omitirse. Solo verás el carácter de Dios en su totalidad después de que llegues a conocer estas tres etapas de la obra. El hecho de que Dios haya completado Su obra en la Era de la Ley no demuestra que Él sea solamente el Dios bajo la ley, y el hecho de que Él haya completado Su obra de redención no significa que Dios vaya a redimir para siempre a la humanidad. Todas estas son delimitaciones que hace el hombre. Una vez que la Era de la Gracia ha llegado a su fin, no puedes decir que Dios es solo el Dios de la cruz y que la cruz por sí sola representa la salvación de Dios. Hacerlo sería delimitar a Dios. En la etapa actual, Él está llevando a cabo, principalmente, la obra de la palabra, pero no puedes decir que Dios nunca ha sido misericordioso con el hombre y que todo lo que ha traído es castigo y juicio. La obra en los últimos días pone al descubierto la obra de Jehová y la de Jesús, así como todos los misterios no entendidos por el hombre, con lo cual revela el destino y el desenlace de la especie humana y concluye toda la obra de salvación en medio de la humanidad. Esta etapa de la obra en los últimos días pone fin a todo. Todos los misterios que el hombre no comprende deben desvelarse para permitirle desentrañarlos y tener un entendimiento de todos ellos en su corazón. Solo entonces pueden las personas ser ordenadas según su clase. Solo después de que el plan de gestión de seis mil años se haya completado, llegará el hombre a entender el carácter de Dios en su totalidad, porque Su gestión habrá llegado entonces a su fin.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)
Sermones relacionados
¿Por qué Dios necesita tres etapas de obra para salvar a la humanidad?
Himnos relacionados
Solo si conoces las tres etapas de la obra puedes ver la totalidad del carácter de Dios