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201 El despertar de un sumiso

1 Yo solía ser un sumiso, seguía las filosofías de vida de Satanás, valoraba la paz y la tolerancia por encima de todo y nunca discutía con nadie. Cuando hacía algo o interactuaba con los demás, protegía mi vanidad, mi reputación y posición. Hacía oídos sordos a la verdad y ni mencionaba lo que veía tan claramente. Si algo no me involucraba a mí, abandonaba mis principios y miraba hacia otro lado. Me protegía a mí mismo, traicionaba mi propia conciencia para no contrariar a nadie. Me resigné a la adversidad, vivía una vida infame y perdí mi humanidad. Sin carácter ni dignidad, era indigno de ser humano.

2 Al experimentar el juicio de las palabras de Dios, desperté de golpe. Al entender la verdad, vi claramente la realidad de la maldad y corrupción de la humanidad. Me postré ante Dios y sentí gran remordimiento en el corazón. Odiaba mi propio egoísmo y mezquindad, y me odiaba a mí mismo por perder mi integridad y dignidad. Este hombre sumiso había sido expuesto por fin: herí a los demás, me dañé a mí mismo y Dios me odiaba. Astuto, deshonesto e hipócrita, no puedo escapar del juicio de Dios. Las palabras de Dios son la verdad, las máximas más elevadas en la vida. Los honestos obedecen a Dios, actúan con rectitud y con un corazón abierto. Practican la verdad y reciben la aprobación de Dios, viven en la luz. Decido convertirme en una persona honesta, vivir según las palabras de Dios, abandonar mi tortuosidad y deshonestidad, y temer a Dios y evitar el mal. Cumpliré con mi deber fielmente y viviré una verdadera semejanza humana para glorificar a Dios.

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