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55. Despertar gracias al juicio

I

Creer en Dios y obtener la verdad y la vida no es fácil.

Es fútil proclamar doctrinas vacías y no practicar la verdad.

Es hipócrita no haber cambiado el carácter

tras trabajar durante muchos años.

Dios mira en lo más recóndito del corazón del hombre

y no permite que lo engañen.

Sólo gracias al juicio de Dios

puedo ver que soy feo e indigno.

Proclamo doctrinas con elegancia

para engrandecerme en todos lados.

Me decoro con doctrinas,

sólo para engañar a otros y a mí mismo.

Sigo el camino de los fariseos,

sin embargo, creo que estoy siendo fiel.

Vivo sin la realidad de las palabras de Dios,

y no me parezco a un ser humano.

Aferrarse a la tradición religiosa y a las fórmulas heredadas

no es alabar a Dios, no es alabar a Dios.

Si no acepto el juicio de las palabras de Dios,

mi fe siempre estará vacía, mi fe siempre estará vacía.

II

Es tan difícil ver a través de mi naturaleza satánica.

No lo conseguiré sin ser podado, tratado,

sin pruebas y revelaciones.

La humanidad está tan profundamente corrompida,

y no se purificará sin pasar por el juicio de Dios,

que me permite ver la verdad de la corrupción del hombre.

Vivo sin la realidad de las palabras de Dios,

y no me parezco a un ser humano.

Aferrarse a la tradición religiosa y a las fórmulas heredadas

no es alabar a Dios, no es alabar a Dios.

Si no acepto el juicio de las palabras de Dios,

mi fe siempre estará vacía, mi fe siempre estará vacía.

III

El carácter justo de Dios se revela por completo en Su juicio.

Significa tanto para Dios

utilizar el juicio y castigo para salvar al hombre.

Sólo tras pasar por el juicio y entender la verdad

puede el hombre vivir una vida humana genuina.

Dios pone a prueba la obra del hombre

para ver si posee la verdad o no.

Si no la posee, no importa cuánto sufra, no significa nada.

Es el juicio de Dios lo que me salva y despierta mi corazón.

Buscaré la verdad, viviré la realidad

y daré lo mejor de mí para satisfacer a Dios.

Y daré lo mejor de mí para satisfacer a Dios.

Y daré lo mejor de mí para satisfacer a Dios.

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