11 Hemos sido arrebatados frente al trono

Hemos sido arrebatados frente al trono,

por la gracia y misericordia de Dios.

El amor a Dios surge en el corazón de innumerables santos,

quienes no vacilan en su viaje espiritual.

Creen que el único Dios verdadero se ha hecho carne,

que Él es la Cabeza del universo que manda sobre todo:

lo confirma el Espíritu Santo.

¡Y esto jamás cambiará!

¡Dios Todopoderoso! Tú nos abriste los ojos,

los ciegos ven, los cojos caminan

y los leprosos son sanados.

Eres Tú quien nos ha abierto la ventana del cielo

y hecho ver el mundo espiritual.

Tus santas palabras nos impregnan.

Nos has salvado de la humanidad corrompida por Satán.

Es Tu obra y misericordia. ¡Somos Tus testigos!

Durante mucho tiempo has estado escondido, humilde y silencioso.

Resucitaste de la muerte y sufriste la crucifixión,

experimentaste las alegrías y tristezas de la vida humana,

así como la adversidad y la persecución.

Has probado el dolor del mundo humano, abandonado por la era.

Dios encarnado es Dios mismo.

Por la voluntad de Dios nos has salvado del estercolero,

ofreciéndonos Tu mano y otorgándonos Tu gracia.

No escatimaste en dolores, forjaste Tu vida en nosotros;

Tu sangre, sudor y lágrimas están en los santos.

Somos el producto de Tus esfuerzos;

somos el precio que has pagado.

¡Oh, Dios Todopoderoso! Gracias a Tu bondad y misericordia,

Tu justicia y majestad, santidad y humildad,

los pueblos se inclinarán ante Ti

y te adorarán por toda la eternidad.

Tú has hecho completa a la iglesia de Filadelfia

y, así, has cumplido Tu plan de gestión de 6000 años.

Los santos pueden someterse delante de Ti,

conectados en espíritu y siguiéndose en amor,

conectados a la fuente, a la fuente de vida.

El agua viva fluye sin cesar,

limpia y purifica el lodo que hay en la iglesia,

y Tu templo se purifica, una vez más.

Dejamos que Dios reine en nuestro espíritu, caminamos con Él,

vencemos al mundo, alcanzamos la liberación:

es el resultado de que Dios Todopoderoso sea Rey.

Coopera con Dios, sirve en coordinación y conviértete en uno,

satisface la voluntad de Dios,

apresúrate a convertirte en un cuerpo espiritual santo,

pisotea a Satanás y ponle fin a su destino. Amén.

Adaptado de La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 2

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Como cientos de millones de otros seguidores del Señor Jesucristo, nosotros acatamos las leyes y los mandamientos de la Biblia, gozamos la abundante gracia del Señor Jesucristo y nos reunimos, oramos, alabamos y servimos en el nombre del Señor Jesucristo, y todo esto lo hacemos bajo el cuidado y la protección del Señor. Muchas veces somos débiles y muchas veces fuertes. Creemos que todas nuestras acciones están en conformidad con las enseñanzas del Señor. Se sobreentiende, entonces, que también creemos que caminamos el camino de la obediencia a la voluntad del Padre que está en el cielo. Anhelamos el regreso del Señor Jesús, la gloriosa llegada del Señor Jesús, el fin de nuestra vida en la tierra, la aparición del reino, y todo lo que se predijo en el Libro de Apocalipsis: el Señor llega y trae el desastre, y recompensa a los buenos y castiga a los malvados, y se lleva en los aires a los que lo siguen y acogen Su regreso para que se encuentren con Él. Cada vez que pensamos en esto, no podemos evitar que la emoción nos embargue. Estamos agradecidos de haber nacido en los últimos días y somos lo suficientemente afortunados de ser testigos de la venida del Señor. Aunque hayamos sufrido persecución, es a cambio de “un peso de gloria que sobrepasa todo y que es eterno”; ¡qué bendición que así sea! Todo este anhelo y la gracia que otorga el Señor muchas veces nos vuelven más formales en la oración y nos reúnen con más frecuencia. Tal vez el año que entra, tal vez mañana o tal vez incluso antes, cuando el hombre no se lo espere, el Señor de repente llegará y aparecerá entre un grupo de personas que han estado esperándolo atentamente.

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