La diferencia entre las buenas obras externas y los cambios en el carácter

Las palabras relevantes de Dios:

Una transformación en el carácter se refiere, principalmente, a una transformación en la naturaleza de las personas. Las cosas que una persona tiene en su naturaleza no pueden verse mediante las conductas externas; están directamente relacionadas con el valor y el significado de su existencia. Involucran directamente los valores que tiene una persona en la vida, las cosas que se encuentran en lo profundo de su alma y su esencia. Alguien que es incapaz de aceptar la verdad no tendrá una transformación en estos aspectos. Sólo al experimentar la obra de Dios, al entrar plenamente en la verdad, al cambiar sus valores y su perspectiva sobre la existencia y la vida, al alinear sus puntos de vista con los de Dios y al volverse capaz de someterse por completo a Dios y ser leal a Él, puede decirse que el carácter de alguien ha cambiado. Puede parecer que haces cierto esfuerzo, puedes ser resiliente ante las dificultades, puedes ser capaz de llevar a cabo los arreglos de la obra de los de arriba o puedes ir dondequiera que se te pida que vayas, pero estos son únicamente pequeños cambios en tu conducta y no son suficientes para constituir una transformación de tu carácter. Tal vez puedes recorrer muchos caminos, sufrir muchas dificultades y soportar grandes humillaciones; tal vez te sientes muy cerca de Dios y tal vez el Espíritu Santo lleve a cabo cierta obra en ti. Sin embargo, cuando Dios te pide que hagas algo que no se ajusta a tus nociones, tal vez no te sometas, sino que busques excusas y te rebeles contra Dios y te resistas a Él, incluso hasta el punto de criticar a Dios y protestar en Su contra. ¡Esto es un problema grave! Muestra que todavía tienes una naturaleza que se opone a Dios y que no has pasado por ningún tipo de transformación.

Extracto de ‘Lo que se debe saber sobre cómo transformar el propio carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

Las personas pueden comportarse bien, pero eso no significa necesariamente que posean la verdad. El fervor de las personas sólo puede hacer que se ciñan a la doctrina y sigan la norma; las personas que carecen de la verdad no tienen forma de resolver los problemas sustanciales, y la doctrina no puede sustituir a la verdad. Aquellas que han experimentado un cambio en su carácter son diferentes. Tienen la verdad en su interior, poseen discernimiento en todos los asuntos, saben cómo actuar de acuerdo con la voluntad de Dios, con los principios de la verdad, cómo hacer para satisfacer a Dios, y entienden la naturaleza de la corrupción que revelan. Cuando sus propias ideas y conceptos se manifiestan, son capaces de discernir y abandonar la carne. Así es como se expresa un cambio en el carácter. Lo principal respecto a un cambio en el carácter es que las personas tienen la verdad dentro de ellas y la comprenden por completo, y cuando llevan a cabo las cosas, ponen en práctica la verdad con relativa precisión y su corrupción no se revela tan a menudo. Generalmente, alguien cuyo carácter ha cambiado parece ser bastante razonable y tener discernimiento y, como consecuencia de su entendimiento de la verdad, el farisaísmo y la arrogancia no se manifiestan tanto. Son capaces de verlo todo claramente, por lo que no se vuelven arrogantes después de ganar esta claridad. Son capaces de tener una comprensión mesurada de cuál es el lugar del hombre, de cómo comportarse de forma razonable, de cómo ser diligente, de qué decir y qué no decir, y de qué decir y qué hacer a qué personas. Por esta razón se dice que estos tipos de personas son relativamente razonables. Los que tienen un cambio de carácter viven de verdad la semejanza de un ser humano y tienen la verdad; no están sujetas a la influencia de los demás. Los que han sufrido un cambio en el carácter son más constantes, no tienen dos caras, e independientemente de la situación en la que se encuentren, saben cómo cumplir con su deber de manera adecuada y cómo hacer las cosas para satisfacer a Dios. Aquellos cuyo carácter ha cambiado no están centrados en qué hacer para parecer buenos en un nivel superficial; tienen claridad interna respecto a qué hacer para satisfacer a Dios. Por tanto, desde fuera puede parecer que no son entusiastas o que no han hecho nada importante, pero todo lo que hacen tiene sentido, es valioso y tiene resultados prácticos. Aquellos cuyo carácter ha cambiado poseen sin duda mucha verdad; esto puede confirmarse por sus perspectivas sobre las cosas y los principios en sus acciones. Los que no poseen la verdad no han tenido en absoluto un cambio en el carácter. Esto no significa que alguien que sea muy maduro en su humanidad necesariamente tendrá un cambio en su carácter; se refiere primordialmente a que algunos de los venenos satánicos en la naturaleza de una persona cambian debido a su conocimiento de Dios y a su entendimiento de la verdad. Es decir, esos venenos se limpian y la verdad expresada por Dios echa raíces en la persona, se convierte en su vida y en el fundamento de su existencia. Sólo entonces se convierte ella en una nueva persona y, por tanto, su carácter cambia. Un cambio en el carácter no significa que el carácter externo de las personas sea más manso que antes, que solían ser arrogantes, pero que ahora sus palabras son razonables; que no solían escuchar a nadie, pero ahora pueden escuchar a los demás. No se puede decir que estos cambios externos sean cambios en el carácter. Por supuesto, los cambios de carácter incluyen estas situaciones, pero lo más fundamental es que su vida interior ha cambiado. La verdad expresada por Dios se convierte en su propia vida, los venenos satánicos se han eliminado de su interior, su perspectiva ha cambiado por completo y nada de esto está en línea con la del mundo. Ve claramente las argucias y los venenos del gran dragón rojo; ha comprendido la verdadera esencia de la vida. Por tanto, los valores de su vida han cambiado; este es el cambio más fundamental y la esencia de un cambio en el carácter.

Extracto de ‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

En el ámbito de la religión, muchas personas sufren bastante a lo largo de toda su vida: someten su cuerpo y cargan su cruz, e, incluso, ¡siguen sufriendo y soportando incluso al borde de la muerte! Algunos siguen ayunando en la mañana de su muerte. Durante toda su vida se niegan a sí mismos buena comida y ropa, enfocándose sólo en sufrir. Son capaces de someter su cuerpo y abandonar su carne. Su espíritu para soportar el padecimiento es elogiable. Pero su pensamiento, sus nociones, su actitud mental y, de hecho, su vieja naturaleza, ninguno de estos ha sido en absoluto objeto de tratamiento. Carecen del verdadero conocimiento de sí mismos. Su imagen mental de Dios es la tradicional de un Dios abstracto, vago. Su determinación de sufrir por Él procede de su celo y su temperamento positivo. Aunque creen en Él, no lo entienden ni conocen Su voluntad. Simplemente trabajan y sufren ciegamente por Dios. No le dan ningún valor a actuar con discernimiento, se preocupan poco por cómo asegurarse de que su servicio cumpla realmente la voluntad de Dios, y menos aún, son conscientes de cómo lograr conocer a Dios. El Dios al que sirven no es Dios en Su imagen original, sino un Dios envuelto en leyenda, un producto de su propia imaginación, un Dios del que han oído hablar o que han encontrado en escritos. Luego usan su fértil imaginación y su beatitud para sufrir por Dios y emprender la obra de Dios que Él quiere llevar a cabo. Su servicio es demasiado impreciso, tanto que prácticamente ninguno de ellos es realmente capaz de servir conforme a la voluntad de Dios. Independientemente de con cuánto gusto sufran, su perspectiva original sobre el servicio y la imagen mental que tienen de Dios siguen inalteradas, porque no han pasado por el juicio, el castigo, el refinamiento y el perfeccionamiento de Dios ni nadie los ha guiado haciendo uso de la verdad. Aun si creen en Jesús el Salvador, ninguno de ellos ha visto jamás al Salvador. Sólo lo conocen a través de leyendas y habladurías. En consecuencia, su servicio sólo equivale a servir aleatoriamente con los ojos cerrados, como un ciego que sirve a su padre. Al final, ¿qué puede lograrse con ese servicio? ¿Y quién lo aprobaría? De principio a fin, su servicio sigue siendo el mismo; sólo reciben lecciones creadas por el hombre y basan su servicio únicamente en su naturalidad y sus preferencias. ¿Qué recompensa podría traer esto? Ni siquiera Pedro, quien vio a Jesús, sabía cómo servir conforme a la voluntad de Dios; sólo llegó a saberlo al final, en su vejez. ¿Qué dice esto acerca de esos ciegos que no han experimentado el más mínimo trato o poda y que no han tenido a nadie que los guíe? ¿No es el servicio de muchos entre vosotros hoy como el de estas personas ciegas? Todos los que no han recibido juicio, poda o trato, y que no han cambiado, ¿acaso no han sido conquistados de forma incompleta? ¿De qué sirven tales personas? Si tu pensamiento, tu conocimiento de la vida y tu conocimiento de Dios no muestran un cambio y en verdad no obtienes nada, ¡entonces nunca conseguirás nada destacado en tu servicio! Sin una visión y un nuevo conocimiento de la obra de Dios, no puedes ser conquistado. Tu forma de seguir a Dios será entonces como la de aquellos que sufren y ayunan: ¡será de poco valor! ¡Precisamente porque hay poco testimonio en lo que hacen digo que su servicio es fútil! Pasan la vida sufriendo y sentados en prisión; siempre están soportando, amando, y siempre cargan con la cruz; son ridiculizados y el mundo los rechaza; experimentan todo tipo de dificultades y, aunque son obedientes hasta el final, siguen sin ser conquistados y no pueden ofrecer testimonio de su conquista. Han sufrido mucho pero, en su interior, no conocen en absoluto a Dios. No se ha tratado ninguno sus viejos pensamientos, sus viejas nociones, sus prácticas religiosas, su conocimiento producido por el hombre ni sus ideas humanas. No hay ni una pizca de nuevo conocimiento en ellos. Ni un poco del conocimiento que tienen de Dios es verdadero o preciso. Han malinterpretado Su voluntad. ¿Le sirve esto a Dios? Fuera cual fuera tu conocimiento de Dios en el pasado, si sigue siendo el mismo hoy y sigues basando tu conocimiento de Dios en tus propias nociones e ideas sin importar lo que Él haga —es decir, que si no posees un entendimiento nuevo y verdadero de Dios y si no logras conocer la verdadera imagen y el verdadero carácter de Dios, y si tu conocimiento de Dios sigue siendo guiado por un pensamiento feudal supersticioso y sigue naciendo de la imaginación y nociones humanas, entonces no has sido conquistado. Te digo todas estas palabras hoy para que puedas saber, para que este conocimiento pueda llevarte a un conocimiento nuevo y preciso. También las digo para erradicar las viejas nociones y manera de saber que albergas, para que puedas adquirir nuevo conocimiento. Si verdaderamente comes y bebes Mis palabras, tu conocimiento cambiará considerablemente. Siempre que comas y bebas las palabras de Dios con un corazón obediente, tu perspectiva cambiará por completo. Siempre que seas capaz de aceptar los repetidos castigos, tu vieja mentalidad cambiará poco a poco. Si tu vieja mentalidad se sustituye totalmente con la nueva, tu práctica también cambiará en consecuencia. De esta manera, tu servicio estará cada vez más enfocado y podrá cumplir cada vez más la voluntad de Dios. Si puedes cambiar tu vida, tu conocimiento de la vida humana y tus muchas nociones sobre Dios, tu naturalidad disminuirá gradualmente. Esto, y nada menos que esto, es el efecto que se logra cuando Dios conquista a las personas; es el cambio que ocurre en las personas. Si, al creer en Dios, lo único que sabes es someter a tu cuerpo, y soportar y sufrir, y no sabes si eso es correcto o incorrecto, y, mucho menos, en beneficio de quién lo haces, ¿cómo puede esta práctica llevar a un cambio?

Extracto de ‘La verdad interna de la obra de conquista (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Siempre que esas personas religiosas se congregan, preguntan: “Hermana, ¿cómo has estado estos días?”. Ella contesta: “Me siento en deuda con Dios y no soy capaz de cumplir los deseos de Su corazón”. Otro dice: “Yo también estoy en deuda con Dios y no soy capaz de satisfacerlo”. Estas pocas frases y palabras por sí solas expresan las cosas viles que hay en lo profundo de sus corazones. Tales palabras son sumamente detestables y en extremo repugnantes. La naturaleza de tales hombres se opone a Dios. Aquellos que se enfocan en la realidad comunican lo que sea que haya en sus corazones y abren sus corazones en la comunicación. No hay una sola acción falsa, no hay cortesías o cumplidos vacíos. Siempre son francos y no observan reglas terrenales. Están aquellos que tienen una inclinación por la exhibición externa, incluso sin ningún sentido. Cuando otro canta, él comienza a bailar sin siquiera darse cuenta de que el arroz en su cazuela ya se quemó. Tal clase de hombres no son piadosos ni honorables y son demasiado frívolos. Todas estas son manifestaciones de la falta de realidad. Cuando algunos tienen comunión sobre los asuntos de la vida en el espíritu, aunque no hablan de estar en deuda con Dios, conservan un amor verdadero por Él dentro de sus corazones. Tu deuda con Dios no tiene nada que ver con los demás; estás en deuda con Dios, no con el hombre. Así que, ¿de qué te sirve hablar constantemente de esto con los demás? Debes poner importancia en entrar en la realidad, no en fervor o apariencia externos.

¿Qué representan las buenas acciones superficiales del hombre? Representan la carne, e incluso lo mejor de las prácticas externas no representan la vida, sólo tu propio temperamento individual. Las prácticas externas del hombre no pueden cumplir el deseo de Dios. Constantemente hablas de tu deuda con Dios, sin embargo, no puedes proveer la vida a los demás o inducir a otros a que amen a Dios. ¿Crees que tales acciones van a satisfacer a Dios? ¡Crees que esto es el deseo del corazón de Dios, que esto es del espíritu, pero en realidad esto es absurdo! Crees que lo que te agrada a ti y lo que deseas es en lo que Dios se deleita. ¿Puede lo que te agrada a ti representar lo de Dios? ¿Puede la personalidad del hombre representar a Dios? Lo que te agrada a ti es precisamente lo que Dios aborrece y tus hábitos son lo que Dios aborrece y rechaza. Si te sientes en deuda, entonces ve y ora ante Dios. No hay necesidad de hablar de esto con los demás. Si no oras ante Dios y en su lugar constantemente llamas la atención hacia ti mismo ante la presencia de los demás, ¿puede esto cumplir el deseo del corazón de Dios? Si tus acciones siempre son sólo en apariencia, esto quiere decir que tú eres el más vanidoso de todos los hombres. ¿Qué clase de hombre es aquel que sólo tiene buenas acciones superficiales, pero que está desprovisto de realidad? ¡Tales hombres son fariseos hipócritas y gente religiosa! Si no podéis abandonar vuestras prácticas externas y no podéis hacer cambios, entonces los elementos de la hipocresía en vosotros crecerán aún más. Entre mayores sean los elementos de la hipocresía, más resistencia habrá a Dios y, al final, ¡tal clase de hombres, con toda seguridad, serán desechados!

Extracto de ‘En la fe, uno debe centrarse en la realidad; participar en rituales religiosos no es fe’ en “La Palabra manifestada en carne”

Fragmentos de sermones y comunicaciones para referencia:

En el mundo religioso hay muchas personas devotas que dicen: “Hemos cambiado debido a nuestra fe en el Señor Jesús. Podemos gastarnos por el Señor, llevar a cabo obra por el Señor, soportar estar en prisión por el Señor y no negamos Su nombre. Podemos hacer muchas cosas virtuosas, contribuir con obras benéficas, donar y ayudar a los pobres. ¡Estos son grandes cambios! Así que estamos calificados para ser llevados al reino de los cielos”. ¿Qué piensas sobre estas palabras? ¿Tenéis discernimiento en lo que se refiere a estas palabras? ¿Qué significa ser purificado? ¿Crees que si tu comportamiento ha cambiado y haces buenas acciones entonces has sido purificado? Alguien dice: “He abandonado todo. Abandoné mi trabajo, a mi familia y los deseos de la carne para gastarme para Dios. ¿Es esto equivalente a ser purificado?”. Aunque has hecho todo esto, no es prueba sólida de que hayas sido purificado. Entonces, ¿cuál es el punto clave? ¿En qué aspecto puedes obtener la purificación que pueda considerarse una verdadera purificación? La purificación del carácter satánico que se resiste a Dios es una verdadera purificación. ¿Cuáles son las manifestaciones del carácter satánico que se resiste a Dios? Las manifestaciones más evidentes son la arrogancia de una persona, su engreimiento, santurronería y orgullo, además de su deshonestidad, traición, mentiras, engaño e hipocresía. Cuando estos caracteres satánicos ya no forman parte de una persona, entonces ha sido verdaderamente purificada. Hemos hablado anteriormente de que existen doce manifestaciones clave en el carácter satánico de un hombre, como considerarte la persona más honrada, dejar que las personas que están contigo prosperen y que aquellas que se resisten a ti, perezcan; pensar que sólo Dios es superior a ti, no someterte a nadie más, no tener consideración hacia los demás, crear un reino independiente una vez que tienes poder; querer ser el único que ejerce el poder y el señor de todas las cosas y decidir las cosas tú solo. Todas estas manifestaciones son caracteres satánicos. Estos caracteres satánicos deben ser purificados antes de que una persona experimente un cambio en su carácter de vida. Un cambio en el carácter de vida de una persona es un renacimiento porque su esencia ha cambiado. Antes, cuando se le otorgó poder, fue capaz de crear su propio reino independiente. Ahora, cuando se le otorga poder, sirve a Dios, da testimonio por Dios y se convierte en servidora de los elegidos de Dios. ¿No es esto un cambio auténtico? Antes, hacía alarde de sí misma en todas las situaciones y quería que otras personas tuvieran buena opinión de ella y la adorasen. Ahora, da testimonio por Dios en todas partes y no se jacta. Sin importar cómo la traten las personas, siente que está bien. Sin importar lo que comenten las personas sobre ella, siente que está bien. No le importa. Sólo se enfoca en ensalzar a Dios, en dar testimonio por Dios, ayuda a los demás a ganar una comprensión de Dios y ayuda a los demás a obedecer en Su presencia. ¿Acaso no es esto un cambio en el carácter de vida? “Trataré a los hermanos y hermanas con amor. Seré compasivo con los demás en todas las situaciones. No pensaré en mí y beneficiaré a otras personas. Ayudaré a otros a que avancen en la vida y cumpliré mis propias responsabilidades. Ayudaré a los demás a obtener la verdad y a entenderla”. ¡Esto es lo que significa amar a las personas como a ti mismo! Cuando se trata de Satanás, puedes distinguirlo, tener principios, trazar una línea de demarcación con él y revelar completamente sus vilezas para que el pueblo elegido de Dios se salve del daño que provoca. Esto es proteger al pueblo elegido de Dios y, aún más, es amar a los demás como a ti mismo. Además, deberías amar lo que Dios ama y aborrecer lo que Dios aborrece. Dios aborrece a los anticristos, a los espíritus malvados y a las personas impías. Eso significa que nosotros también tenemos que odiar a los anticristos, a los espíritus malvados y a las personas impías. Debemos permanecer del lado de Dios. No podemos transigir con ellos. Dios ama a aquellas personas a quienes quiere salvar y bendecir. En lo que se refiere a estas personas, debemos ser responsables, tratarlas con amor, ayudarlas, guiarlas, proveerlas y apoyarlas. ¿Acaso no es esto un cambio en el propio carácter de vida? Además, cuando has cometido algunas transgresiones o errores o descuidado los principios al hacer algo, puedes aceptar las críticas, los reproches, el trato y la poda de los hermanos y hermanas; puedes tratar todas estas cosas correctamente y recibirlas de Dios, no albergar odio y buscar la verdad para resolver tu propia corrupción. ¿No es esto un cambio en tu carácter de vida? Sí, lo es. […]

¿Puede el cambio en el propio comportamiento del que se habla en el mundo religioso representar un cambio en el carácter de vida? Todos dicen que no. ¿Por qué? La razón principal es porque la persona sigue resistiéndose a Dios. Ocurre igual que con los fariseos, que eran muy devotos por fuera. Oraban a menudo, explicaban las escrituras y seguían muy bien las normas de la ley. Podría decirse que, por fuera, eran irreprochables. Las personas eran incapaces de identificar algún defecto. Sin embargo, ¿por qué seguían siendo capaces de resistirse a Cristo y condenarlo? ¿Qué indica esto? Que, sin importar qué tan buenas parezcan ser las personas, si no tienen la verdad y, por tanto, no conocen a Dios, se resistirán a Él. Por fuera, eran muy buenas, pero ¿por qué no cuenta esto como un cambio en el carácter de vida? Se debe a que su carácter corrupto no cambió en lo absoluto y seguían siendo arrogantes, engreídas y, especialmente, santurronas. Creían en su propio conocimiento, en sus propias teorías y creían que tenían la mejor comprensión de las escrituras. Creían que entendían todo y que eran mejores que otras personas. Es por eso que se resistieron al Señor Jesús y lo condenaron cuando Él estaba predicando y llevando a cabo Su obra. Es por eso que, cuando el mundo religioso oye que Cristo de los últimos días ha expresado toda la verdad, lo condenan, a pesar de que saben que es la verdad.

Extracto de “Sermones y enseñanzas sobre la entrada a la vida, volumen 138”

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