Conocer a Dios (1)

Palabras diarias de Dios Fragmento 1

Cada uno de vosotros deberíais examinar nuevamente cómo habéis creído en Dios durante vuestra vida para que podáis ver si, en el proceso de seguirlo, habéis verdaderamente entendido, verdaderamente comprendido y verdaderamente llegado a conocer a Dios; si sabéis realmente qué actitud les tolera Dios a los diversos tipos de seres humanos y si entendéis verdaderamente la obra que Dios está llevando a cabo en vosotros y cómo define Él cada uno de vuestros actos. A este Dios, que está a tu lado, guiando el rumbo de tu progreso, ordenando tu destino y cubriendo tus necesidades, ¿cuánto lo comprendes, a fin de cuentas? ¿Cuánto sabes realmente acerca de Él? ¿Conoces la obra que Él lleva a cabo en ti cada día? ¿Conoces los principios y propósitos en los que Él basa cada uno de Sus actos? ¿Sabes cómo te guía Él? ¿Conoces los medios por los cuales te provee? ¿Conoces los métodos con los cuales te dirige? ¿Sabes lo que Él desea obtener de ti y lo que desea lograr en ti? ¿Conoces la actitud que Él adopta ante las diversas formas en las que te comportas? ¿Sabes si eres una persona amada por Él? ¿Conoces el origen de Su gozo, ira, tristeza y deleite, los pensamientos y las ideas detrás de ellos, y Su esencia? ¿Sabes, finalmente, qué clase de Dios es este Dios en el que crees? ¿Son estas y otras preguntas por el estilo algo que nunca has comprendido o en lo que nunca has pensado? En tu búsqueda de la fe en Dios, ¿has disipado tus errores de comprensión acerca de Él a través de apreciar verdaderamente la palabra de Dios y experimentarla? ¿Has obtenido obediencia y preocupación genuinas después de recibir la disciplina y el castigo de Dios? ¿Has llegado a conocer la rebeldía y la naturaleza satánica del hombre y has obtenido un mínimo de entendimiento acerca de la santidad de Dios en medio de Su castigo y de Su juicio? ¿Has comenzado a tener una nueva perspectiva de la vida bajo la dirección y el esclarecimiento de las palabras de Dios? ¿Has sentido, en medio de las pruebas enviadas por Dios, Su intolerancia hacia las ofensas del hombre así como lo que Él exige de ti y la forma como te está salvando? Si no sabes lo que es malinterpretar a Dios o cómo disipar este malentendido, entonces se puede decir que nunca has entrado en la verdadera comunión con Dios y que nunca le has comprendido, o, al menos, que nunca has deseado comprenderle. Si no sabes qué son la disciplina y el castigo de Dios, seguramente no sabes qué son la obediencia y la preocupación, o, al menos, nunca has obedecido a Dios ni te has preocupado por Él verdaderamente. Si nunca has experimentado el castigo y el juicio de Dios, seguramente no sabrás lo que es Su santidad, y tu idea respecto a lo que es la rebeldía del hombre será aún menos clara. Si nunca has tenido verdaderamente una perspectiva correcta de la vida ni un objetivo correcto en la vida, y permaneces en un estado de confusión e indecisión sobre tu senda futura en la vida, al punto de titubear en cuanto a seguir adelante, es indudable que nunca has recibido el esclarecimiento y la guía de Dios; se puede decir también que las palabras de Dios nunca te han provisto ni alimentado verdaderamente. Si no has pasado aún por las pruebas de Dios, sobra decir que, desde luego, no sabrás lo que es la intolerancia de Dios hacia las ofensas del hombre ni entenderás lo que Dios en última instancia te exige y, menos aún, en qué consiste, a fin de cuentas, Su obra de gestionar y salvar al hombre. No importa cuántos años haya creído una persona en Dios, si nunca ha experimentado o percibido nada en Sus palabras, no cabe duda de que no está caminando por la senda que lleva a la salvación; con toda seguridad, su fe en Dios no tiene un contenido real, su conocimiento de Dios es nulo, y sobra decir que no tiene idea en absoluto de lo que es venerar a Dios.

Extracto de ‘Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 2

Las posesiones y el ser de Dios, Su esencia, Su carácter, todo ello ha sido dado a conocer en Sus palabras a la humanidad. Cuando el hombre experimente las palabras de Dios, en el proceso de ponerlas en práctica llegará a comprender el propósito subyacente a las palabras que Dios habla, a comprender la fuente y el trasfondo de Sus palabras, y a entender y apreciar el efecto deseado de dichas palabras. Para la humanidad, todas estas son cosas que el hombre debe experimentar, captar y lograr a fin de obtener la verdad y la vida, captar las intenciones de Dios, ser transformado en su carácter y ser capaz de obedecer la soberanía y las disposiciones de Dios. Cuando el hombre experimente, capte y logre estas cosas, obtendrá gradualmente un entendimiento de Dios y, en ese momento, también alcanzará diferentes grados de conocimiento sobre Él. Este entendimiento y este conocimiento no surgen de algo que el hombre haya imaginado o compuesto, sino, más bien, de lo que valora, experimenta, siente y confirma dentro de sí mismo. Solo después de valorar, experimentar, sentir y confirmar estas cosas adquiere contenido el conocimiento que el hombre tiene de Dios; solo el conocimiento que el hombre obtiene en este momento es exacto, práctico y preciso, y este proceso —de alcanzar un entendimiento y un conocimiento genuinos de Dios mediante la valoración, la experimentación, la sensación y la confirmación de Sus palabras— no es otro que la comunión verdadera entre el hombre y Dios. En medio de esta clase de comunión, el hombre llega a entender y comprender verdaderamente las intenciones de Dios, llega verdaderamente a comprender y conocer las posesiones y el ser de Dios, llega a comprender y conocer verdaderamente la esencia de Dios, llega a comprender y conocer gradualmente el carácter de Dios, llega a una certeza real y a una definición correcta de la realidad del dominio de Dios sobre toda la creación, y obtiene una orientación y un conocimiento esenciales de la identidad y la posición de Dios. En medio de este tipo de comunión, el hombre cambia paso a paso sus ideas sobre Dios; ya no imagina que sale de la nada ni da rienda suelta a sus propias sospechas sobre Él, ni lo malinterpreta, lo condena, lo juzga o duda de Él. Por tanto, el hombre tendrá menos disputas con Dios, menos conflictos con Él, y habrá menos ocasiones en las que se rebelará contra Él. Por el contrario, la preocupación del hombre por Dios y su obediencia a Él se incrementarán, y su reverencia por Dios se volverá más real y más profunda. En medio de esta comunión, el hombre no solo obtendrá la provisión de la verdad y el bautismo de vida, sino que obtendrá, al mismo tiempo, el verdadero conocimiento de Dios. En medio de esta comunión, el hombre no solo será transformado en su carácter y recibirá la salvación, sino que al mismo tiempo conseguirá la reverencia y la adoración verdaderas de un ser creado hacia Dios. Habiendo tenido esta clase de comunión, la fe del hombre en Dios ya no será una hoja de papel en blanco o una promesa ofrecida de labios para afuera o una forma de búsqueda e idolatría ciegas; solo con este tipo de comunión crecerá la vida del hombre, día tras día, hacia la madurez, y solo en ese momento se transformará gradualmente su carácter, y su fe en Dios, paso a paso, dejará de ser una creencia vaga e incierta y se convertirá en una obediencia y una preocupación genuinas, en una veneración real, y, en el proceso de seguir a Dios, el hombre avanzará gradualmente de una actitud pasiva a una activa, de lo negativo a lo positivo; solo con este tipo de comunión el hombre llegará a un entendimiento y una comprensión verdaderos de Dios, al conocimiento verdadero de Dios. Debido a que la gran mayoría de las personas nunca han entrado en la verdadera comunión con Dios, el conocimiento que tienen de Él se detiene en el nivel de la teoría, de las letras y de las doctrinas. Es decir, independientemente de cuántos años hayan creído en Dios, en lo que respecta al conocimiento que tienen de Él, la gran mayoría de las personas están en el mismo lugar que cuando empezaron, atorados en la etapa básica de las formas tradicionales de culto, con sus supersticiones feudales y sus matices románticos asociados. Que ese conocimiento de Dios por parte del hombre se encuentre estancado en su punto de partida significa que prácticamente no existe. Aparte de la afirmación de la posición y de la identidad de Dios por parte del hombre, la fe de este en Él permanece en un estado de incertidumbre confusa. Siendo esto así, ¿cuánta reverencia verdadera puede albergar el hombre hacia Dios?

No importa lo firmemente que creas en la existencia de Dios, esto no puede sustituir tu conocimiento de Dios ni tu reverencia hacia Él. No importa lo mucho que hayas disfrutado de Sus bendiciones y Su gracia, esto no puede sustituir tu conocimiento de Dios. No importa lo dispuesto que estés a consagrarte y a esforzarte por completo por Su causa, esto no puede sustituir tu conocimiento de Dios. Quizá te has familiarizado mucho con las palabras que Dios ha pronunciado, o quizá incluso te las sabes de memoria y puedes recitarlas, pero esto no puede sustituir tu conocimiento de Dios. Por muy decidido que pueda estar el hombre a seguir a Dios, si nunca ha tenido una comunión genuina con Él o una experiencia genuina de Sus palabras, su conocimiento de Dios se basaría en la nada o en una ensoñación sin fin; con todo y que te hayas “codeado” con Dios al pasar o te lo hayas encontrado cara a cara, tu conocimiento de Él seguiría siendo cero, y tu veneración hacia Él no sería más que un eslogan vacío o un concepto idealizado.

Extracto de ‘Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 3

Muchas personas se aferran a leer las palabras de Dios día tras día, incluso hasta el punto de comprometerse meticulosamente a memorizar todos los pasajes clásicos en ellas como su posesión más valiosa; y, además, predican las palabras de Dios en todas partes, proveyendo y ayudando a los demás con las palabras de Dios. Piensan que hacer esto es dar testimonio de Dios, dar testimonio de Sus palabras; que hacer esto es seguir el camino de Dios, vivir según Sus palabras, traerlas a su vida actual, y que esto les permitirá recibir el elogio de Dios y ser salvos y perfeccionados. Pero, aunque prediquen las palabras de Dios, nunca las cumplen en la práctica ni tratan de alinearse con lo revelado en ellas. En su lugar, utilizan las palabras de Dios para ganarse la adoración y la confianza de los demás con engaños, para entrar en gestión por su cuenta, y para defraudar y robarse la gloria de Dios. Esperan, en vano, aprovechar la oportunidad que les proporciona difundir las palabras de Dios para que se les adjudiquen la obra de Dios y Sus elogios. Cuántos años han pasado, y estas personas no solo han sido incapaces de obtener el elogio de Dios en el proceso de predicar Sus palabras, sino que, también, han sido incapaces de descubrir el camino que deben seguir en el proceso de dar testimonio de las palabras de Dios. No solo no se han ayudado a sí mismos ni han provisto para sí mismos en el proceso de ayudar y proveer a otros con las palabras de Dios ni han sido capaces de conocer a Dios —o de despertar en ellos una veneración genuina hacia Él— en el proceso de llevar a cabo todas estas cosas, sino que, por el contrario, sus malinterpretaciones sobre Dios son cada vez más profundos, su falta de confianza en Él es cada vez más grave, y sus imaginaciones sobre Él son cada vez más exageradas. Provistos y guiados por sus teorías acerca de las palabras de Dios, parece como si estuviesen completamente en su elemento, como si emplearan sus habilidades con gran facilidad, como si hubiesen encontrado su propósito en la vida, su misión, y como si hubiesen obtenido nueva vida y hubiesen sido salvos; como si, al salir las palabras de Dios nítidamente de su boca cual recitación, hubiesen adquirido la verdad, comprendido las intenciones de Dios y descubierto el camino para conocerlo; como si, en el proceso de predicar las palabras de Dios, se hubiesen encontrado frecuentemente cara a cara con Él. También, con frecuencia se ven “movidos” a tener ataques de llanto y, a menudo dirigidos por el “Dios” que está en las palabras de Dios, parecen aferrarse incesantemente a Su ferviente preocupación y Su amable intención; al mismo tiempo parecen haber comprendido la salvación del hombre por parte de Dios y Su gestión, haber llegado a conocer Su esencia, y haber entendido Su justo carácter. Con base en esto, parecen creer aún más firmemente en la existencia de Dios, ser más conscientes de Su estado elevado y sentir aún más profundamente Su grandeza y trascendencia. Impregnados del conocimiento superficial de las palabras de Dios, parecería que su fe ha crecido, que su determinación a resistir el sufrimiento se ha fortalecido y que su conocimiento de Dios se ha profundizado. Poco se imaginan que, hasta que experimenten realmente las palabras de Dios, todo su conocimiento de Él y sus ideas sobre Él surgen de sus propias imaginaciones y conjeturas ilusorias. Su fe no se sostendría bajo ninguna clase de prueba proveniente de Dios, su supuesta espiritualidad y su supuesta estatura simplemente no soportarían la prueba o la inspección por parte de Dios; su determinación no es sino un castillo edificado sobre la arena, y su supuesto conocimiento de Dios no es más que un producto de su imaginación. En realidad, estas personas que han puesto, por así decirlo, mucho esfuerzo en las palabras de Dios, nunca han sido conscientes de lo que es la fe real, la obediencia real, la preocupación real o el conocimiento real de Dios. Toman la teoría, la imaginación, el conocimiento, el don, la tradición, la superstición e, incluso, los valores morales de la humanidad y los convierten en “capital” y en “armamento” para creer en Dios y seguirlo, y los convierten, incluso, en la base para tener fe en Dios y seguirlo. Al mismo tiempo, toman este capital y este armamento y los convierten en talismanes mágicos mediante los cuales conocen a Dios y para afrontar y tratar con las inspecciones, las pruebas, el castigo y el juicio de Dios. Al final, lo que obtienen siguen siendo solo conclusiones acerca de Dios inmersas en connotaciones religiosas, supersticiones feudales y en todo lo que es romántico, grotesco y enigmático. Su forma de conocer y definir a Dios está grabada en el mismo molde que el de las personas que solo creen en el Cielo Arriba o en el Viejo que está en el Cielo, mientras que la realidad de Dios, Su esencia, Su carácter, Sus posesiones, Su ser, etcétera, —todo lo relacionado con el verdadero Dios mismo— son cosas que su conocimiento no ha logrado captar, de las que su conocimiento está completamente divorciado e, incluso, tan separado de ellas como los polos norte y sur. De esta forma, aunque viven bajo la provisión y el nutrimento de las palabras de Dios, son incapaces de recorrer verdaderamente la senda del temor a Dios y apartarse del mal. La verdadera razón de esto es que nunca se han familiarizado con Dios ni han tenido nunca un contacto o una comunión genuinos con Él; por tanto, es imposible que lleguen a un entendimiento mutuo con Dios o que despierte en ellos una fe auténtica en Dios, que sigan de forma auténtica a Dios o que lo adoren de manera genuina. Que consideren de esa forma las palabras de Dios y a Dios mismo son la perspectiva y la actitud que los ha condenado a volver de sus empeños con las manos vacías, a no ser capaces en toda la eternidad de recorrer la senda del temor a Dios y apartarse del mal. El objetivo al que aspiran, y la dirección en la que están yendo, indican que han sido enemigos de Dios a lo largo de la eternidad, y que a lo largo de ella nunca serán capaces de recibir la salvación.

Extracto de ‘Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 4

Si en el caso de una persona que ha seguido a Dios durante muchos años y ha disfrutado de la provisión de Sus palabras durante ese tiempo, su definición de Dios es, en esencia, la misma que la de alguien que se postra en homenaje delante de ídolos, esto indicaría que esa persona no ha alcanzado la realidad de las palabras de Dios. Esto se debe a que, simplemente, no ha entrado en la realidad de las palabras de Dios y, por esta razón, la realidad, la verdad, las intenciones y las exigencias sobre la humanidad, todos ellos inherentes a las palabras de Dios, no tienen nada que ver con esa persona. Es decir, independientemente de lo duro que pueda trabajar esa persona en el significado superficial de las palabras de Dios, todo es en vano: dado que lo que persigue son meramente palabras, lo que obtiene, necesariamente, serán también meramente palabras. Ya sea que las palabras pronunciadas por Dios sean sencillas o profundas en apariencia, todas ellas son verdades indispensables para el hombre a medida que entra en la vida; son la fuente de aguas vivas que le permiten sobrevivir tanto en el espíritu como en la carne. Proveen lo que el hombre necesita para seguir vivo; los principios y el credo para conducir su vida cotidiana; la senda, la meta y la dirección por la cual debe pasar a fin de recibir la salvación; cada verdad que él debería poseer como un ser creado delante de Dios y toda verdad sobre cómo obedece y adora el hombre a Dios. Son la garantía que asegura la supervivencia del hombre, el pan diario del hombre, y también el apoyo firme que le permite ser fuerte y mantenerse en pie. Son ricas en la realidad-verdad de la humanidad normal tal como la viven los seres humanos creados; ricas en la verdad por la cual los seres humanos se liberan de la corrupción y eluden las trampas de Satanás; ricas en la enseñanza, la exhortación, el aliento y el consuelo incansables que el Creador brinda a la humanidad creada. Son el faro que guía y esclarece a los hombres para que comprendan todo lo que es positivo, la garantía que asegura que los hombres vivirán y tomarán posesión de todo lo que es justo y bueno, el criterio por el que todas las personas, todos los eventos y todos los objetos son medidos, y también la brújula que lleva a los hombres hacia la salvación y la senda de la luz. Solo al experimentar de manera práctica las palabras de Dios al hombre se le puede suministrar la verdad y la vida; solo en esto puede llegar el hombre a entender lo que es la humanidad normal, lo que es una vida con sentido, lo que es un auténtico ser creado, lo que es la verdadera obediencia a Dios; solo en esto el hombre puede llegar a entender cómo debería preocuparse por Dios, cómo cumplir con la obligación de un ser creado y cómo poseer la semejanza de un hombre real; solo en esto el hombre puede llegar a comprender lo que quieren decir fe y adoración genuinas; solo en esto puede llegar a entender el hombre quién es el Soberano de los cielos y la tierra y de todas las cosas; solo en esto puede el hombre llegar a comprender los medios por los cuales Aquel que es el Maestro de toda la creación gobierna, dirige y provee a la creación, y solo en esto puede el hombre llegar a entender y comprender los medios por los cuales Aquel que es el Maestro de toda la creación existe, se manifiesta y obra. Separado de la experiencia real de las palabras de Dios, el hombre no tiene un conocimiento verdadero ni una perspectiva de Sus palabras y de la verdad. Ese hombre es, claramente, un cadáver viviente, un total caparazón, y todo el conocimiento relativo al Creador no tiene nada que ver con él. A los ojos de Dios, tal hombre nunca ha creído en Él ni lo ha seguido nunca, y, por tanto, Dios no lo reconoce como creyente en Él ni como Su seguidor; mucho menos, como un auténtico ser creado.

Extracto de ‘Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 5

Un auténtico ser creado debe saber quién es el Creador, para qué sirve la creación del hombre, cómo cumplir con las responsabilidades de un ser creado y cómo adorar al Señor de toda la creación; debe entender, comprender, conocer y preocuparse por las intenciones, los deseos y las exigencias del Creador, y debe actuar de acuerdo con Su camino: temer a Dios y apartarse del mal

¿Qué es temer a Dios? ¿Y cómo puede alguien apartarse del mal?

“Temer a Dios” no significa sentir un terror u horror indescriptibles ni evadir ni distanciarse; no es idolatría ni superstición. Más bien es admiración, estima, confianza, entendimiento, preocupación, obediencia, consagración, amor, así como adoración, compensación y sumisión incondicionales y resignadas. Sin un conocimiento genuino de Dios, la humanidad no tendrá una admiración, una confianza, un entendimiento, una preocupación u obediencia genuinos, sino solo pavor e inquietud; solo duda, conceptos erróneos, evasión y evitación. Sin un conocimiento genuino de Dios, la humanidad no tendrá una consagración y una compensación genuinas; sin un conocimiento genuino de Dios, la humanidad no tendrá una adoración y una sumisión genuinas, solo idolatría y superstición ciegas; sin un conocimiento genuino de Dios, la humanidad no puede actuar de acuerdo con Su camino ni temerle ni apartarse del mal. Por el contrario, toda actividad y conducta en las que el hombre participe estarán llenas de rebeldía y desafío, y habrá imputaciones difamatorias y juicios malignos sobre Él, y la conducta malvada irá en sentido contrario a la verdad y el verdadero significado de las palabras de Dios.

Una vez que la humanidad tenga verdadera confianza en Dios, será sincera cuando le siga y dependa de Él; solo con una confianza real en Dios y una dependencia de Él la humanidad puede tener un entendimiento y una comprensión genuinos. Junto con la comprensión real de Dios viene la preocupación real por Él; solo con una preocupación auténtica por Dios la humanidad puede tener una obediencia auténtica y solo con una obediencia auténtica la humanidad puede lograr una consagración genuina. Solo con una consagración genuina a Dios la humanidad puede tener una compensación incondicional y sin queja. Solo con una confianza, una dependencia, un entendimiento, una preocupación, una obediencia, una consagración y una compensación genuinos, la humanidad puede verdaderamente llegar a conocer el carácter y la esencia de Dios, así como la identidad del Creador. Solo cuando ha llegado a conocer verdaderamente al Creador, la humanidad puede despertar en sí misma la adoración y la sumisión genuinas. Solo cuando tiene una adoración y una sumisión reales al Creador, la humanidad podrá ser verdaderamente capaz de dejar de lado sus caminos malvados, es decir, apartarse del mal.

Esto constituye la totalidad del proceso de “temer a Dios y apartarse del mal”, y es también el contenido en su totalidad de temer a Dios y apartarse del mal. Esta es la senda que debe recorrerse para lograr temer a Dios y apartarse del mal.

“Temer a Dios y apartarse del mal” y conocer a Dios son cosas que están indivisiblemente conectadas por miles de hilos, y la conexión entre ellas es evidente en sí misma. Si uno desea conseguir apartarse del mal, debe sentir primero un temor real de Dios; si uno desea lograr tener un temor real de Dios, debe tener primero un conocimiento real de Dios; si uno desea conseguir el conocimiento de Dios, debe experimentar primero las palabras de Dios, entrar en la realidad de Sus palabras, experimentar Su reprensión y Su disciplina, Su castigo y juicio; si uno desea experimentar las palabras de Dios, primero debe encontrarse cara a cara con las palabras de Dios, encontrarse cara a cara con Dios, y pedirle que proporcione oportunidades para experimentar Sus palabras en la forma de todas las clases de entornos que impliquen a personas, acontecimientos y objetos; si uno desea encontrarse cara a cara con Dios y con Sus palabras, debe poseer primero un corazón sencillo y sincero, la actitud a aceptar la verdad, la voluntad de soportar el sufrimiento, la determinación y la valentía de apartarse del mal, y la aspiración de convertirse en un ser creado genuino… De esta forma, si avanzas paso a paso te acercarás cada vez más a Dios, tu corazón será cada vez más puro y tu vida y el valor de estar vivo, junto con tu conocimiento de Dios, estarán cada vez más llenos de sentido y serán cada vez más radiantes. Hasta que, un día, sentirás que el Creador ya no es un misterio, que nunca se ha escondido de ti, que nunca ha ocultado Su rostro de ti, que no está en absoluto lejos de ti, que ya no es Aquel al que anhelas constantemente en tus pensamientos, pero que no puedes alcanzar con tus sentimientos, que Él está real y verdaderamente montando guardia a tu izquierda y a tu derecha, proveyendo tu vida y controlando tu destino. Él no se encuentra en el lejano horizonte ni se ha escondido en lo alto en las nubes. Está justo a tu lado, presidiendo sobre la totalidad de ti. Él es todo lo que tienes y lo único que tienes. Ese Dios te permite amarlo desde el corazón, aferrarte a Él, tenerlo cerca, admirarlo, temer perderlo y no estar dispuesto a renunciar más a Él ni a desobedecerle, evitarlo o alejarlo de ti. Lo único que quieres es preocuparte por Él, obedecerle, retribuirle todo lo que te da y someterte a Su dominio. Ya no te niegas a que Él te guíe, te provea, te cuide y te guarde; ya no rechazas lo que Él te dicta y ordena. Lo único que quieres es seguirle, caminar a Su lado, aceptarlo como tu única vida, como tu único Señor, como tu único Dios.

Extracto de ‘Conocer a Dios es la senda para temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 6

Las creencias de las personas no pueden ocupar el lugar de la verdad

Algunas personas son capaces de soportar dificultades, pueden pagar el precio, externamente se comportan muy bien, son bastante respetadas y cuentan con la admiración de los demás. ¿Diríais que este tipo de comportamiento externo puede considerarse la puesta en práctica de la verdad? ¿Podría determinarse que estas personas están cumpliendo la voluntad de Dios? ¿Por qué, una y otra vez, las personas ven a estos individuos y creen que están satisfaciendo a Dios, que caminan por la senda de poner en práctica la verdad y se mantienen en el camino de Dios? ¿Por qué piensan así algunas personas? Solo hay una explicación para ello. ¿Cuál es? Pues que un gran número de personas no tiene muy claras algunas cuestiones, como qué es poner en práctica la verdad, qué significa satisfacer a Dios y poseer la auténtica realidad-verdad. Así pues, algunos son engañados con frecuencia por los que, en apariencia, son espirituales, nobles, elevados y grandes. En lo que respecta a las personas que pueden hablar con elocuencia de letras y doctrinas, y cuyo discurso y acciones parecen dignos de admiración, quienes son engañados por ellos jamás han analizado la esencia de sus acciones, los principios subyacentes a sus obras o cuáles son sus objetivos. Además, tampoco han observado si estas personas se someten verdaderamente a Dios ni tampoco han determinado si auténticamente temen a Dios y se apartan del mal. Nunca han discernido la esencia de la humanidad de estas personas. Más bien, empezando por el primer paso que consiste en familiarizarse con ellas, llegan poco a poco a admirarlas, a venerarlas, y acaban convirtiéndose en sus ídolos. Asimismo, en la mente de algunos, los ídolos a los que adoran —y que creen que pueden abandonar a su familia y su trabajo, y que por fuera parecen capaces de pagar el precio— son los que están satisfaciendo realmente a Dios y los que pueden lograr de verdad un buen final y un buen destino. En su mente, estos ídolos son a los que Dios elogia. ¿Qué los induce a creer tal cosa? ¿Cuál es la esencia de esta cuestión? ¿A qué consecuencias puede llevar? Expongamos, en primer lugar, el tema de su esencia.

Básicamente, estos asuntos relativos a los puntos de vista de las personas, sus métodos de práctica, los principios de práctica que deciden adoptar y aquello en lo que cada uno tiende a centrarse no tienen nada que ver con las exigencias de Dios hacia la humanidad. Ya sea que se centren en asuntos superficiales o profundos, o en letras y doctrinas o en la realidad, las personas no se ciñen a lo que más deberían ajustarse ni saben lo que más deberían saber. Esto se debe a que la verdad no les gusta en absoluto. Por tanto, no están dispuestas a invertir tiempo ni esfuerzo en buscar y poner en práctica los principios de práctica que se encuentran en las declaraciones de Dios. Más bien, prefieren utilizar atajos, resumir lo que entienden y lo que saben que es una buena práctica y un buen comportamiento; este resumen pasa a ser, pues, el objetivo a perseguir, lo cual toman como la verdad a practicar. La consecuencia directa de esto es que las personas utilizan el buen comportamiento humano como sustituto de poner en práctica la verdad, algo que también satisface su deseo de ganarse el favor de Dios. Esto les proporciona un capital con el que lidiar con la verdad, que también utilizan para razonar con Dios y competir con Él. Al mismo tiempo, las personas dejan de lado a Dios, sin escrúpulos, y colocan en Su lugar a los ídolos a los que admiran. Solo existe una causa fundamental por la que estas personas llevan a cabo y sostienen acciones y puntos de vista tan ignorantes, así como opiniones y prácticas parciales, y hoy os hablaré de ello. La razón es que, aunque las personas pueden seguir a Dios, orar a Él y leer Sus declaraciones cada día, no entienden realmente Su voluntad. Aquí está la raíz del problema. Si alguien entendiera el corazón de Dios y supiera lo que a Él le gusta, lo que Él detesta, lo que quiere, lo que rechaza, a qué clase de persona ama, qué clase de persona no le gusta, qué tipo de estándar usa cuando hace exigencias a las personas y qué tipo de enfoque adopta para perfeccionarlas, ¿podría esa persona seguir teniendo sus propias opiniones personales? ¿Podrían tales personas simplemente ir y adorar a alguien más? ¿Podría un ser humano común y corriente ser su ídolo? Las personas que entienden la voluntad de Dios poseen un punto de vista ligeramente más racional que ese. No van a idolatrar arbitrariamente a una persona corrupta y, mientras caminan por la senda de poner en práctica la verdad, tampoco creerán que ceñirse ciegamente a unas cuantas reglas o principios sencillos equivale a poner en práctica la verdad.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 7

Hay muchas opiniones respecto al estándar mediante el cual Dios determina el desenlace de las personas

Ya que cada persona está preocupada por su propio desenlace, ¿sabéis cómo lo determina Dios? ¿De qué manera determina Dios el desenlace de alguien? Además, ¿qué tipo de estándar emplea para determinarlo? Cuando el desenlace de una persona está aún por decidirse, ¿qué hace Dios para revelarlo? ¿Lo sabe alguien? Como acabo de mencionar, algunos ya han pasado mucho tiempo investigando las palabras de Dios en un esfuerzo por buscar pistas sobre los desenlaces de las personas, sobre las categorías en las que se dividen estos desenlaces y sobre los diversos desenlaces que esperan a los distintos tipos de personas. También esperan averiguar cómo la palabra de Dios dicta el desenlace de las personas, qué tipo de estándar usa Dios, y exactamente cómo determina el desenlace de una persona. No obstante, al final, estas personas nunca consiguen encontrar ninguna respuesta. De hecho, en las declaraciones de Dios se dice muy poco al respecto. ¿Por qué? Como el desenlace de las personas está aún por revelarse, Dios no desea decirle a nadie lo que va a ocurrir al final ni desea comunicarle a nadie su destino antes de tiempo, pues hacerlo no tendría ningún beneficio para la humanidad. Aquí y ahora, solo deseo hablaros sobre la forma en la que Dios determina el desenlace de las personas, acerca de los principios que Él emplea en Su obra para determinar y manifestar dichos desenlaces, así como sobre el estándar que utiliza para determinar si alguien puede sobrevivir o no. ¿No son estas las cuestiones que más os preocupan? Así pues, ¿cómo creen las personas que Dios determina el desenlace del hombre? Hace un momento mencionasteis algo sobre este asunto: algunos de vosotros dijisteis que tiene que ver con cumplir fielmente con los propios deberes y con esforzarse por Dios. Otros afirmaron que se trata de someterse a Dios y satisfacerle; hubo quienes aseveraron que un factor es someterse a las orquestaciones de Dios, y, también, quienes opinaron que la clave es llevar una vida discreta… Cuando ponéis en práctica estas verdades, y cuando practicáis según los principios que creéis correctos, ¿sabéis lo que piensa Dios? ¿Habéis considerado alguna vez si continuar así satisface Su voluntad? ¿Cumple con Su estándar? ¿Atiende a Sus exigencias? Creo que la mayoría de las personas no reflexiona mucho sobre esas cuestiones. Se limitan a aplicar mecánicamente una parte de la palabra de Dios, de los sermones, o los estándares de ciertas figuras espirituales a las que idolatran, obligándose a hacer esto y aquello. Creen que esta es la forma correcta, así que siguen ciñéndose a ella y llevándola a cabo sin importar lo que ocurra al final. Algunas personas piensan: “He tenido fe durante muchos años; siempre lo he hecho así; siento que he en verdad he satisfecho a Dios y que he obtenido mucho de ello. Esto es porque he llegado a entender muchas verdades durante este tiempo, además de muchas cosas que antes no entendía. En concreto, muchas de mis ideas y opiniones han cambiado, mis valores de vida han cambiado enormemente y ahora tengo un entendimiento bastante bueno de este mundo”. Estas personas creen que se trata de una cosecha y que es el resultado final de la obra de Dios para la humanidad. En vuestra opinión, con estos estándares y considerando todas vuestras prácticas en conjunto, ¿estáis satisfaciendo la voluntad de Dios? Algunos de vosotros responderéis con toda certeza: “¡Por supuesto! Estamos practicando según la palabra de Dios, de acuerdo con lo que lo de Arriba predicó y comunicó. Estamos cumpliendo siempre con nuestros deberes y siguiendo constantemente a Dios, y nunca le hemos abandonado. Por tanto, podemos decir con total confianza que estamos satisfaciendo a Dios. No importa cuánto entendamos Sus intenciones y cuánto comprendamos de Su palabra, siempre hemos estado en el camino de buscar ser compatibles con Él. Mientras actuemos y practiquemos de la forma correcta, estamos destinados a lograr el resultado correcto”. ¿Qué pensáis de esta perspectiva? ¿Es correcta? Quizás haya quienes digan: “Nunca había pensado antes en estas cosas. Solo creo que mientras continúe cumpliendo con mi deber y siga actuando según las exigencias de las declaraciones de Dios, puedo sobrevivir. Nunca he considerado el asunto de si puedo satisfacer el corazón de Dios ni si estoy cumpliendo con el estándar que Él ha establecido. Como Dios nunca me lo ha indicado ni me ha proporcionado instrucciones claras, creo que mientras siga obrando y no me detenga, Él estará satisfecho y no debería plantearme ninguna exigencia adicional”. ¿Son estas creencias correctas? En lo que a Mí respecta, esta forma de practicar, de pensar, y estos puntos de vista conllevan fantasías y un poco de ceguera. Tal vez que Yo diga esto cause que alguno de vosotros os sintáis un poco desanimados, y penséis: “¿Ceguera? Si esto es ceguera, nuestra esperanza de salvación y de supervivencia es muy escasa e incierta, ¿no es así? Al expresarlo de esta manera, ¿no estás vertiendo un jarro de agua fría sobre nosotros?”. Creáis lo que creáis, lo que digo y hago no tiene el propósito de haceros sentir como si se estuviera vertiendo un jarro de agua fría sobre vosotros. Más bien, tiene la intención de incrementar vuestro entendimiento de las intenciones de Dios y vuestra comprensión de lo que Él está pensando, lo que quiere lograr, qué tipo de personas le gustan, a cuáles detesta, qué aborrece, a qué tipo de persona desea ganar, y a qué tipo de persona desdeña. La intención de mis palabras es aportar claridad a vuestra mente y proporcionaros un entendimiento claro de cuánto se han desviado del estándar exigido por Dios las acciones y los pensamientos de todos y cada uno de vosotros. ¿Acaso es muy necesario hablar de estos temas? Lo es, porque sé que habéis tenido fe durante mucho tiempo y habéis escuchado mucha predicación, pero estas son precisamente las cosas de las que más carecéis. Aunque hayáis registrado cada verdad en vuestros cuadernos y hayáis memorizado y grabado en vuestro corazón algunas de estas cosas que os parecen personalmente importantes, y aunque planeáis usar estas cosas para satisfacer a Dios durante vuestra práctica, usarlas cuando os encontréis en necesidad o para atravesar los tiempos difíciles que tenéis ante vosotros; o simplemente dejáis que estas cosas os acompañen mientras vivís vuestra vida, por lo que a Mí respecta, independientemente de cómo lo hagas, si simplemente lo estáis haciendo, esto no es tan importante. ¿Qué es, pues, muy importante? Que mientras practiques, debes saber en el fondo, con absoluta certeza, si todo lo que estás haciendo, cada acto individual, está de acuerdo con lo que Dios quiere, y si todas tus acciones, todos tus pensamientos y los resultados y el objetivo que deseas conseguir satisfacen realmente la voluntad de Dios, así como si atienden o no a Sus exigencias y si Él los aprueba o no. Son estas las que son muy importantes.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 8

Recorrer el camino de Dios: temer a Dios y apartarse del mal

Existe un dicho del que deberíais tomar nota. Creo que es de suma importancia, porque me viene a la mente numerosas veces cada día. ¿Por qué? Porque cada vez que tengo a alguien enfrente, cada vez que oigo la historia de alguien y oigo la experiencia de una persona o su testimonio de fe en Dios, siempre uso este dicho para determinar en Mi corazón si ese individuo es o no el tipo de persona que Dios quiere y que le gusta. Entonces, ¿cuál es este dicho? Ahora os tengo a todos al borde del asiento. Cuando lo revele, quizás os sintáis decepcionados, porque durante muchos años algunos han hablado de labios para afuera. Yo, sin embargo, no he hablado de labios para afuera ni una sola vez. Es un dicho que mora en Mi corazón. ¿Cuál es, entonces? Es el siguiente: “Recorre el camino de Dios: teme a Dios y apártate del mal”. ¿No es una frase extremadamente simple? No obstante, a pesar de su simpleza, las personas que tienen auténticamente un entendimiento profundo de estas palabras sentirán que conllevan un gran peso, que este dicho es muy valioso para la propia práctica, que es una línea del lenguaje de la vida que contiene la realidad-verdad, que representa un objetivo permanente para los que buscan satisfacer a Dios y que es un camino permanente que debe seguir todo aquel que sea considerado con las intenciones de Dios. Así pues, ¿qué os parece? ¿No es este dicho la verdad? ¿Tiene o no esa clase de importancia? Además, quizás algunos de vosotros penséis en este dicho e intentéis descifrarlo, y tal vez haya otros que hasta sientan dudas al respecto: ¿es este dicho muy importante? ¿Es muy importante? ¿Es necesario enfatizarlo tanto? Puede también que haya algunos a los que no les guste mucho, porque pensáis que tomar el camino de Dios y condensarlo en este único dicho es una simplificación excesiva. Tomar todo lo que Dios dijo y reducirlo a un dicho, ¿no sería eso hacer parecer a Dios demasiado insignificante? ¿Es esto así? Podría ser que la mayoría de vosotros no entendáis del todo el profundo significado de estas palabras. Aunque todos habéis tomado nota del dicho, no tenéis intención de guardarlo en vuestro corazón; solo lo habéis escrito en vuestro cuaderno para repasarlo y meditar en él en vuestro tiempo libre. Algunos ni siquiera se molestarán en memorizarlo, y, no digamos ya, intentar darle buen uso. Pero ¿por qué deseo mencionar este dicho? Independientemente de vuestra perspectiva y sin importar lo que penséis, tuve que mencionarlo porque es extremadamente relevante para la forma en que Dios determina el desenlace de las personas. No importa cómo entendáis ahora este dicho ni cómo lo tratéis, Yo os seguiré diciendo esto: si las personas pueden practicar las palabras de este dicho y experimentarlas y llegar al estándar de temer a Dios y apartarse del mal, tienen garantizado el ser sobrevivientes y seguro tendrán un buen desenlace. Si, no obstante, no puedes alcanzar el estándar establecido por este dicho, se puede decir que tu desenlace es una incógnita. Os hablo, pues, sobre este dicho para vuestra propia preparación mental y para que sepáis con qué tipo de estándar os mide Dios.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 9

Dios usa diversas pruebas para comprobar si las personas temen a Dios y se apartan del mal

En cada era, mientras obra entre los seres humanos, Dios les otorga algunas palabras y les comunica algunas verdades. Estas verdades les sirven a las personas como el camino al que deben apegarse, por el que deben andar, la senda que les permite temer a Dios y apartarse del mal, y el que las personas deberían poner en práctica y respetar en su vida y a lo largo de su viaje de vida. Por estas razones Dios hace estas declaraciones a la humanidad. Las personas deben apegarse a estas palabras que vienen de Dios, pues apegarse a ellas es recibir vida. Si una persona no se apega a ellas y no las pone en práctica, y tampoco las vive en su vida, entonces no está poniendo en práctica la verdad. Adicionalmente, si las personas no están poniendo en práctica la verdad, entonces no le están temiendo a Dios ni se están apartando del mal ni pueden satisfacer a Dios. Los que no pueden satisfacerle tampoco pueden recibir Su elogio, y este tipo de personas no tienen un desenlace. Así pues, ¿cómo determina Dios el desenlace de una persona en el transcurso de Su obra? ¿Qué métodos utiliza para determinar el desenlace de una persona? Quizás en este momento sigáis estando un poco confundidos respecto a esto, pero cuando os detalle el proceso quedará bastante claro, pues muchos de vosotros ya lo habéis experimentado por vosotros mismos.

A lo largo de Su obra, desde el principio hasta ahora, Dios ha dispuesto pruebas para cada persona —o, mejor dicho, para cada persona que le sigue— y estas vienen en distintos tamaños. Están los que han experimentado la prueba del rechazo por parte de su familia, los que han pasado por la prueba de los entornos adversos, los que han sufrido la prueba de ser arrestados y torturados, los que han pasado por la prueba de tomar decisiones, y los que se han enfrentado con las pruebas del dinero y el estatus. En general, cada uno de vosotros se ha enfrentado a todo tipo de pruebas. ¿Por qué obra Dios así? ¿Por qué trata a todos así? ¿Qué tipo de resultado busca? Esta es la idea que deseo comunicaros: Dios quiere ver si la persona es o no de las que le temen y se apartan del mal. Esto significa que, cuando Dios te envía una prueba y hace que te enfrentes a alguna circunstancia, Su intención es comprobar si eres o no una persona que le teme, que se aparta del mal. Si alguien se enfrenta al deber de custodiar una ofrenda y su deber le conduce a ponerse en contacto con la ofrenda de Dios, ¿dirías que es algo que Dios ha dispuesto? ¡Es indudable! Todo aquello con lo que te encuentras ha sido dispuesto por Dios. Cuando te enfrentes a este asunto, Dios te observará en secreto, y verá cómo eliges, cómo practicas y cuáles son tus pensamientos. El resultado final es lo que más le preocupa a Dios, ya que es lo que le ayudará a medir si has vivido a la altura de Su estándar en esta prueba concreta o no. Sin embargo, cuando las personas se encuentran con un problema, no suelen pensar por qué sucede ni piensan en el estándar que Dios espera que cumplan, lo que Él quiere ver en ellos o desea obtener de su parte. Cuando se enfrentan a este problema, solo piensan: “Esto es algo a lo que me enfrento; debo tener cuidado, ¡no descuidarme! Sea como sea, esta es una ofrenda de Dios y no la puedo tocar”. Al tener pensamientos tan simplistas, las personas creen que han cumplido con sus responsabilidades. ¿Le traería satisfacción a Dios el resultado de esta prueba, o no? Adelante, hablad de ello. (Si las personas temen a Dios en su corazón, cuando se enfrenten a una obligación que les permita entrar en contacto con Su ofrenda, considerarán lo fácil que resultaría ofender Su carácter, y eso hará que se aseguren de proceder con cautela). Tu respuesta va por el camino correcto, pero aún le falta. Recorrer el camino de Dios no tiene que ver con observar reglas superficiales; más bien, significa que, al enfrentarte a un problema, ante todo lo veas como una situación dispuesta por Dios, como una responsabilidad que Él te ha otorgado o una tarea que Él te ha confiado. Cuando te enfrentes a este problema, deberías considerarlo incluso como una prueba que te ha puesto Dios. Debes tener un estándar en tu corazón y debes pensar que este asunto procede de Dios. Debes reflexionar sobre cómo lidiar con ello de forma que puedas cumplir con tu responsabilidad al tiempo que le eres fiel a Dios, y sobre cómo hacerlo sin enfurecerle ni ofender Su carácter. Acabamos de hablar acerca de la custodia de las ofrendas. Este asunto no solo implica las ofrendas, sino también tu deber y tu responsabilidad. Estás obligado por tu deber a cumplir esta responsabilidad. Sin embargo, cuando te enfrentas a este problema, ¿existe alguna tentación? ¡La hay! ¿De dónde viene? De Satanás, y también proviene de las actitudes malvadas y corruptas de los seres humanos. Al haber tentación, este asunto implica mantenerse firme en el testimonio en el que la gente debe mantenerse, lo cual también es tu responsabilidad y tu deber. Algunas personas dicen: “Esto es un asunto muy pequeño; ¿en verdad es necesario armar tanto alboroto?”. ¡Sí que lo es! Esto es porque, para mantenerse en el camino de Dios, no podemos descuidar nada que tenga que ver con nosotros, o que ocurra a nuestro alrededor; ni siquiera las cosas pequeñas. Ya sea que nos parezca que debamos prestarle atención o no, mientras estemos haciendo frente a un asunto, no debemos pasarlo por alto. Debemos considerar todas las cosas que nos suceden como una prueba que nos ha dado Dios. ¿Qué piensas de esta manera de ver las cosas? Si tienes esta clase de actitud, se confirma el siguiente hecho: en el fondo temes a Dios y estás dispuesto a apartarte del mal. Si tienes este deseo de satisfacer a Dios, lo que pones en práctica no estará lejos de cumplir el estándar de temer a Dios y apartarse del mal.

A menudo están los que creen que los asuntos a los que las personas no les prestan mucha atención y que no suelen mencionar son simples nimiedades que no tienen nada que ver con poner en práctica la verdad. Cuando se enfrentan a un asunto de este tipo, estas personas no le prestan mucha atención y luego lo dejan de lado. En realidad, sin embargo, este asunto es una lección que deberías estudiar: una lección sobre cómo temer a Dios y apartarte del mal. Además, lo que debería preocuparte más es saber lo que Dios está haciendo cuando este asunto surge delante de ti. Él está justo a tu lado, observando cada una de tus palabras y acciones, y observando todo lo que haces y los cambios que ocurren en tus pensamientos; esta es la obra de Dios. Algunos preguntan: “Si esto es verdad, ¿entonces por qué no lo he sentido?”. No lo has sentido porque no te has ceñido al camino de temer a Dios y apartarte del mal como tu principal camino. Por tanto, no puedes sentir la obra sutil que Dios lleva a cabo en las personas, la cual se manifiesta según los distintos pensamientos y acciones de estas. ¡Eres un cabeza de chorlito! ¿Qué es un asunto grande? ¿Qué es uno pequeño? Los asuntos que implican recorrer el camino de Dios no se dividen en grandes o pequeños; sin embargo, ¿podéis aceptar eso? (Podemos aceptarlo). Respecto a los asuntos cotidianos, las personas consideran que algunos son muy grandes y significativos, y que otros son minucias. Las personas suelen considerar que estos grandes asuntos son de suma importancia y que Dios los ha enviado. Sin embargo, a medida que estos se desarrollan, debido a la estatura inmadura de las personas, a su pobre calibre, es frecuente que no estén a la altura para cumplir la voluntad de Dios, que no puedan obtener revelación alguna ni adquirir un conocimiento real que sea valioso. En lo que respecta a los asuntos pequeños, la gente simplemente los pasa por alto, los deja que se esfumen poco a poco. Por tanto, las personas han perdido muchas oportunidades de ser examinadas delante de Dios y de que Él las ponga a prueba. ¿Qué significa si siempre pasas por alto a las personas, los eventos, los objetos y las circunstancias que Dios ha dispuesto para ti? Quiere decir que cada día e, incluso, a cada momento, estás renunciando constantemente a tu perfeccionamiento por parte de Dios y a Su liderazgo. Siempre que Él dispone una situación para ti, está mirando en secreto, contemplando tu corazón, observando tus pensamientos y deliberaciones, viendo cómo piensas y esperando para ver cómo actuarás. Si eres una persona descuidada —alguien que nunca se ha tomado en serio el camino de Dios, Sus palabras o la verdad— no serás consciente ni prestarás atención a aquello que Dios desea completar o a los requisitos que esperaba que cumplieras cuando dispuso cierto ambiente para ti. Tampoco sabrás cómo las personas, los acontecimientos y los objetos con los que te encuentres se relacionan con la verdad o con la voluntad de Dios. Después de enfrentarte a repetidas circunstancias y pruebas como esta, y que Dios no vea resultados en ti, ¿cómo procederá? Después de enfrentarte repetidamente a pruebas, no has magnificado a Dios en tu corazón ni has visto las circunstancias que Él dispuso para ti como lo que son: pruebas y exámenes provenientes de Dios. En cambio, has rechazado una tras otra las oportunidades que Él te ha concedido, y las has dejado escapar una y otra vez. ¿No es esto una desobediencia extrema por parte del hombre? (Lo es). ¿Se sentirá Dios herido por esto? (Sí). ¡Dios no se sentirá herido! Oírme decir algo así os ha impactado una vez más. Puede que estéis pensando: ¿No se dijo anteriormente que Dios siempre se siente herido? ¿Acaso Dios no se sentirá herido? Entonces, ¿cuándo se siente herido? En resumen, Dios no se sentirá herido en esta situación. Entonces, ¿cuál es la actitud de Dios hacia el tipo de conducta explicado previamente? Cuando las personas rechazan las pruebas y exámenes que Dios les envía, y cuando rehúyen de ellos, Dios sólo tiene una actitud hacia esas personas. ¿Cuál es? Dios desdeña a esta clase de persona desde lo más profundo de Su corazón. Existen dos capas de significado para la palabra “desdeñar”. ¿Cómo debo explicároslo desde Mi punto de vista? En el fondo, la palabra “desdeñar” tiene connotaciones de aborrecimiento y odio. ¿Y qué pasa con la otra capa de significado? Esta es la parte que implica abandonar algo. Todos sabéis lo que significa “abandonar”, ¿cierto? En resumen, “desdeñar” es una palabra que representa la máxima reacción y actitud de Dios hacia estas personas que se están comportando de esa forma. Es un odio extremo hacia ellas; es repugnancia, y, por tanto, lo que resulta es la decisión de abandonarlas. Esta es la decisión final de Dios hacia una persona que nunca ha recorrido Su camino y que nunca le ha temido ni se ha apartado del mal. ¿Podéis ver ahora, todos, la importancia del dicho que mencioné antes?

¿Entendéis ahora el método que Dios utiliza para determinar el desenlace de las personas? (Él dispone diferentes circunstancias cada día). “Él dispone diferentes circunstancias”. Se trata de cosas que las personas pueden sentir y tocar. Así pues, ¿qué motivo tiene Dios para hacer esto? Su intención es darles a todas las personas varios tipos de pruebas en tiempos diferentes y en lugares diferentes. ¿Qué aspectos de una persona se someten a examen durante la prueba? Una prueba determina si eres o no el tipo de persona que teme a Dios y se aparta del mal en cada asunto que enfrentas, oyes, ves, y experimentas personalmente. Todo el mundo se enfrentará a esta clase de prueba, porque Dios es justo con todos. Algunos de vosotros afirmáis: “He creído en Dios durante muchos años, entonces ¿cómo es que no me he enfrentado a ninguna prueba?”. Sientes que no lo has hecho, porque siempre que Dios ha dispuesto circunstancias para ti no las has tomado en serio y no has querido andar por Su camino. Así pues, sencillamente no sientes ninguna de las pruebas de Dios. Algunos declaran: “Me he enfrentado a unas cuantas pruebas, pero no sé cómo practicar adecuadamente. Aun cuando he practicado, sigo sin saber si me he mantenido firme durante las pruebas de Dios”. Las personas que se encuentran en este tipo de estado no son, definitivamente, una minoría. ¿Cuál es, pues, el estándar por el que Dios mide a las personas? Como indiqué hace unos momentos, consiste en temer a Dios y apartarte del mal en todo lo que haces, piensas y manifiestas. Así se determina si eres o no una persona que teme a Dios y se aparta del mal. ¿Es este un concepto simple o no? Resulta bastante fácil decirlo, pero ¿se pone en práctica con facilidad? (No es tan fácil). ¿Por qué no es tan fácil? (Porque las personas no conocen a Dios y no saben cómo perfecciona Él a las personas y, por tanto, cuando se enfrentan a los asuntos no saben cómo buscar la verdad para resolver sus problemas. Deben pasar por diversas pruebas, refinamientos, castigos y juicios antes de poder poseer la realidad de temer a Dios). Podríais expresarlo así, pero en lo que a vosotros respecta, temer a Dios y apartarse del mal parece fácilmente realizable ahora. ¿Por qué digo esto? Porque habéis escuchado muchos sermones y habéis recibido no poco riego a partir de la verdad-realidad. Esto os ha permitido entender teórica e intelectualmente cómo temer a Dios y apartaros del mal. En cuanto a cómo poner realmente en práctica ese temer a Dios y apartarse del mal, todo este conocimiento ha sido muy útil y os ha hecho sentir que se puede lograr fácilmente. ¿Por qué, entonces, las personas nunca pueden lograrlo de verdad? Porque la esencia-naturaleza humana no teme a Dios y ama el mal. Esta es la verdadera razón.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 10

No temer a Dios y no apartarse del mal es oponerse a Dios

Actualmente estáis cara a cara con Dios y con Sus palabras; vuestro conocimiento de Dios es mucho mayor que el de Job. ¿Cuál es mi propósito al decir estas cosas? Me gustaría explicaros un hecho, pero antes quiero haceros una pregunta: Job sabía muy poco de Dios, pero seguía siendo capaz de temerle y apartarse del mal. ¿Por qué no lo hacen las personas en la actualidad? (Están profundamente corrompidas). “Profundamente corrompidas”: ese es el fenómeno superficial que causa el problema, pero Yo nunca lo vería así. A menudo tomáis doctrinas y términos que se usan con frecuencia, como “profunda corrupción”, “rebelarse contra Dios”, “deslealtad hacia Dios”, “desobediencia”, “no amar la verdad” y otros, y usáis estas frases pegadizas para explicar la esencia de cada asunto. Esta es una forma errónea de practicar. Utilizar la misma respuesta para explicar temas de naturalezas distintas suscita, inevitablemente, sospechas blasfemas sobre la verdad y sobre Dios; no me gusta oír este tipo de respuesta. ¡Pensadlo más y mejor! Ninguno de vosotros ha dedicado tiempo a pensar en este asunto, pero cada día puedo verlo y sentirlo. Por tanto, mientras vosotros actuáis, Yo observo. Cuando estáis haciendo algo, no podéis percibir su esencia, pero cuando Yo observo, sí puedo verla y sentirla. ¿Cuál es, pues, esta esencia? ¿Por qué las personas en la actualidad son incapaces de temer a Dios y apartarse del mal? Vuestras respuestas están lejos de poder explicar la esencia de este problema y tampoco no pueden resolverlo. Esto se debe a que tiene un origen del que no sois conscientes. ¿Cuál es este origen? Sé que queréis oír sobre él, así que os hablaré acerca del origen de este problema.

Desde que Dios comenzó a llevar a cabo obra, ¿cómo ha considerado a los seres humanos? Dios los rescató; ha visto a los seres humanos como miembros de Su familia, como los objetos de Su obra, como aquellos a los que quería conquistar y salvar, y a los que deseaba perfeccionar. Esta era la actitud de Dios hacia la humanidad al principio de Su obra. Pero ¿cuál era la actitud del hombre hacia Dios en aquel momento? Dios era ajeno a los seres humanos, y estos lo veían como un extraño. Podría decirse que su actitud hacia Dios no cosechó los resultados correctos y que no tenían un claro entendimiento de cómo debían tratarle. Así, lo trataban como les parecía, y actuaban como querían. ¿Tenían algunas opiniones sobre Dios? Al principio, no; las supuestas opiniones de los seres humanos consistían, sencillamente, en ciertas nociones y presunciones sobre Él. Aceptaban lo que se ajustaba a sus nociones, y cuando algo no se ajustaba ellas lo obedecían de manera superficial; sin embargo, en el fondo tenían un fuerte conflicto y se oponían a ello. Esta era la relación entre Dios y los seres humanos al principio: Dios los consideraba como miembros de Su familia, pero ellos le trataban como a un desconocido. Sin embargo, después de un período en el que Dios obró, los seres humanos llegaron a entender lo que Él intentaba lograr, y supieron que era el Dios verdadero, y llegaron a saber lo que podían obtener de Él. ¿Cómo consideraba el hombre a Dios en aquel momento? Le veían como un salvavidas y esperaban que les concediera Su gracia, Sus bendiciones y Sus promesas. En ese momento, ¿cómo veía Dios a los seres humanos? Los veía como el objetivo de Su conquista. Dios quería usar palabras para juzgarlos, ponerlos a prueba y someterlos a pruebas. Sin embargo, en lo que respectaba a la humanidad en aquel entonces, Dios era solo un objeto al que podían utilizar para conseguir sus metas. Las personas veían que la verdad que Él expresaba les podía conquistar y salvar, que tenían la oportunidad de obtener aquello que querían de Dios, además de alcanzar el destino deseado. Por esto, en su corazón se formó una pequeña pizca de sinceridad, y se mostraron dispuestos a seguir a ese Dios. Transcurrió algún tiempo, y tras haber adquirido cierto conocimiento superficial y doctrinal sobre Dios, podría decirse incluso que los seres humanos se estaban “familiarizando” cada vez más con Él y con las palabras que decía, con Su predicación, con las verdades que Él expresaba y con Su obra. Tenían, entonces, la idea errónea de que Dios había dejado de ser un desconocido, y que ya habían tomado la senda de volverse compatibles con Él. A estas alturas, las personas han escuchado muchos sermones sobre la verdad y han experimentado mucha de la obra de Dios. Sin embargo, debido a la interferencia y la obstrucción causadas por muchos factores y circunstancias diferentes, la mayoría de las personas no pueden tener éxito a la hora de poner en práctica la verdad ni son capaces de satisfacer a Dios. Las personas se han vuelto cada vez más holgazanas y carentes de confianza. Sienten, cada vez más, que sus propios desenlaces son desconocidos. No se atreven a tener ideas extravagantes y no buscan progresar; simplemente siguen avanzando paso a paso, con reticencia. Respecto al estado actual de los seres humanos, ¿cuál es la actitud de Dios hacia ellos? Su único deseo es entregarles estas verdades e infundirles Su camino y disponer después diversas circunstancias con el fin de ponerles a prueba de diferentes maneras. Su objetivo consiste en tomar estas palabras, estas verdades, y Su obra, y producir un desenlace en el que los seres humanos sean capaces de temerle y apartarse del mal. La mayoría de las personas que he visto sólo toman las palabras de Dios y las consideran como doctrinas, meras letras en un papel, reglas a seguir. En sus acciones y en su discurso, o al enfrentarse a pruebas, no consideran que el camino de Dios sea el camino al que deban ceñirse. Esto es especialmente cierto cuando las personas se enfrentan a pruebas importantes. No he visto a ninguna de esas personas practicar en la dirección de temer a Dios y apartarse del mal. Por lo tanto, la actitud de Dios hacia los seres humanos ¡está llena de un desprecio y una aversión extremos! A pesar de que Él haya enviado una y otra vez pruebas a las personas, hasta centenares de veces, estas siguen sin tener una actitud clara con la que demuestren su determinación: “¡Quiero temerle a Dios y apartarme del mal!”. Como las personas no poseen esta determinación y no hacen este tipo de demostración, la actitud presente de Dios hacia ellas ya no es la misma que en el pasado, cuando Él les mostró misericordia, tolerancia, templanza y paciencia. En su lugar, está extremadamente decepcionado de la humanidad. ¿Quién provocó esta decepción? ¿De quién depende la actitud que Dios tiene hacia los seres humanos? De todas y cada una de las personas que siguen a Dios. En el transcurso de Sus muchos años de obra, Dios le ha exigido mucho a las personas y ha dispuesto muchas circunstancias para ellas. Sin embargo, independientemente de cómo haya actuado, y cualquiera que sea su actitud hacia Dios, la gente ha fracasado en practicar en claro acuerdo con el objetivo de temer a Dios y apartarse del mal. Así pues, lo resumiré en una frase y la utilizaré para explicar todo aquello que acabamos de decir sobre por qué las personas no pueden andar en el camino de Dios de temerle y apartarse del mal. ¿Cuál es esta frase? Es la siguiente: Dios considera a los seres humanos objetos de Su salvación y de Su obra; los seres humanos consideran a Dios su enemigo y su antítesis. ¿Tienes claro ahora este asunto? Es evidente cuál es la actitud del hombre, cuál la de Dios; y cuál es la relación entre los seres humanos y Dios. Independientemente de las muchas predicaciones que hayáis escuchado, las cosas de las que habéis sacado vuestras propias conclusiones, como serle fieles a Dios, someterse a Él, buscar el camino de haceros compatibles con Él, querer dedicarle toda una vida y vivir para Él, para Mí estas cosas no son ejemplos de andar conscientemente por el camino de Dios, que consiste en temerle y apartarse del mal, sino que son meros canales a través de los cuales podéis alcanzar ciertas metas. Para alcanzarlas, seguís con reticencia algunas reglas, y son precisamente estas las que alejan aún más a las personas del camino de temer a Dios y apartarse del mal, y vuelven a colocar a Dios una vez más en oposición a la humanidad.

El tema de hoy es un poco denso; sin embargo, de un modo u otro sigo esperando que cuando paséis por las experiencias y los tiempos venideros seáis capaces de hacer lo que os acabo de decir. No consideréis a Dios como un mero soplo de aire, como si existiera solo cuando te resulta útil y no existiera cuando no os sirve de nada. Una vez tienes ese pensamiento en tu subconsciente, ya has enfurecido a Dios. Quizás algunas personas digan: “No considero que Dios sea simple aire; siempre oro a Él, intento satisfacerle, y todo lo que hago se encuentra en el ámbito, el estándar y los principios que Él requiere. En definitiva, no estoy practicando según mis propias ideas”. ¡Sí, esta manera en la que practicas es correcta! Sin embargo, ¿qué piensas cuando enfrentas un problema? ¿Cómo practicas cuando te enfrentas a un asunto? Algunas personas sienten que Dios existe cuando oran a Él y le suplican, pero cuando se enfrentan a un problema, se les ocurren sus propias ideas y quieren sujetarse a ellas. Esto significa que consideran a Dios como un simple soplo de aire, y tal situación lo vuelve inexistente en su mente. Las personas creen que Él debería existir cuando lo necesitan, pero no cuando no precisan de Él. Piensan que basta con practicar según sus propias ideas. Creen que pueden hacer lo que les plazca; simplemente piensan que no necesitan buscar el camino de Dios. Respecto a las personas que se encuentran actualmente en este tipo de situación, atrapadas en este tipo de estado, ¿acaso no están llamando al peligro? Algunos dicen: “Esté o no llamando al peligro, he tenido fe durante muchos años, y creo que Dios no me abandonará, porque Él no lo soportaría”. Otros afirman: “Llevo creyendo en el Señor desde que estaba en el vientre de mi madre. Han pasado cuarenta o cincuenta años, así que en términos de tiempo, soy el más calificado para ser salvado por Dios y para sobrevivir. A lo largo de estas cuatro o cinco décadas, abandoné a mi familia y mi trabajo y todo lo que tenía: cosas como el dinero, el estatus, el disfrute y el tiempo con mi familia. Me he abstenido de muchos alimentos deliciosos, no he disfrutado de muchas cosas divertidas, no he visitado muchos lugares interesantes y he experimentado sufrimientos que las personas comunes y corrientes no podrían soportar. Si Dios no puede salvarme por todo esto, entonces estoy recibiendo un trato injusto y no puedo creer en un Dios así”. ¿Existen muchas personas que opinen así? (Sí). Muy bien, entonces hoy os ayudaré a entender una realidad: los que tienen este punto de vista cavan su propia tumba. Esto se debe a que están usando sus propias imaginaciones para taparse los ojos. Son precisamente estas, además de sus propias conclusiones, las que ocupan el lugar del estándar que Dios quiere que cumplan los seres humanos e impiden que acepten las verdaderas intenciones de Dios. Hacen que no puedan sentir Su verdadera existencia y que pierdan la oportunidad de ser perfeccionados por Él, y renuncian, así, a participar de Su promesa.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 11

Cómo determina Dios el desenlace de las personas y los estándares mediante los cuales lo hace

Antes de escoger tus opiniones o conclusiones, deberías entender primero cuál es la actitud de Dios hacia ti y lo que Él está pensando, y después decidir si tu propio pensamiento es o no correcto. Dios nunca ha usado el tiempo como unidad de medida para determinar el desenlace de una persona ni ha basado tal determinación en cuánto ha sufrido alguien. ¿Qué usa, pues, Dios como estándar para determinar el desenlace de una persona? Determinarlo basándose en el tiempo sería lo que más se ajusta a las nociones de las personas. Además, están aquellos a los que veis a menudo, quienes en un punto dedicaron mucho, se esforzaron mucho, pagaron un alto precio y sufrieron grandemente. Estos son los que, tal como lo veis vosotros, Dios puede salvar. Todo lo que estas personas demuestran y viven va precisamente acorde con las nociones que la humanidad tiene de los estándares de Dios para determinar el desenlace de una persona. Creas lo que creas, no enumeraré estos ejemplos uno por uno. Dicho brevemente, cualquier cosa que no sea un estándar dentro del propio pensamiento de Dios viene, en su lugar, de la imaginación humana, y todas esas cosas son nociones humanas. Si insistes ciegamente en tus nociones e imaginaciones, ¿cuál será el resultado? Obviamente, la consecuencia sólo puede ser el desdén de Dios hacia ti. Esto se debe a que siempre alardeas de tus aptitudes delante de Él, compites y discutes con Él, y ni siquiera intentas comprender de verdad Su pensamiento, Su voluntad o Su actitud hacia la humanidad. Proceder de esta manera te ensalza a ti mismo por encima de todo, y no magnifica a Dios. Tú crees en ti mismo; no crees en Él. Dios no quiere a tales personas ni les traerá la salvación. Si eres capaz de abandonar un punto de vista así, y además rectificas las opiniones incorrectas que tuviste en el pasado; si puedes proceder según Sus exigencias, practicar el camino de temer a Dios y apartarte del mal de ahora en adelante; lograr honrar a Dios como el Único que es grande en todas las cosas y evitas usar tus propias imaginaciones, puntos de vista y creencias personales para definirte a ti mismo y a Dios, y si en vez de ello buscas Sus intenciones en todos los aspectos, llegas a una conciencia y un entendimiento de Su actitud hacia la humanidad y le satisfaces a través de cumplir con Sus estándares, ¡eso sería maravilloso! Esto significará que estás a punto de emprender el camino de temer a Dios y apartarte del mal.

Si Dios no usa los diversos pensamientos, ideas y puntos de vista de las personas como estándares por los cuales determina sus desenlaces, ¿qué tipo de estándar utiliza Él para esto? Usa las pruebas. Existen dos estándares en el uso de Dios de las pruebas para determinar el desenlace de las personas: el primero es la cantidad de pruebas por las que pasan las personas, y el segundo es el resultado de estas pruebas en ellas. Estos dos indicadores establecen el desenlace de una persona. Ahora, profundicemos en ambos estándares.

Para empezar, cuando una persona se enfrenta a una prueba de Dios (nota: es posible que a tus ojos esta pueda ser menor y no merezca la pena mencionarla), Él te hará claramente consciente de que se trata de Su mano sobre ti, y de que Él ha dispuesto esta circunstancia para ti. Mientras sigas siendo inmaduro en tu estatura, Dios dispondrá pruebas con el fin de examinarte y estas se corresponderán con tu estatura, con aquello que eres capaz de entender y con lo que puedes resistir. ¿Qué parte de ti probará? Tu actitud hacia Dios. ¿Es esto muy importante? ¡Por supuesto que lo es! ¡Es especialmente importante! Esta actitud en los humanos es el resultado que Dios desea, así que es lo más importante de todo, en lo que a Él respecta. De lo contrario, no dedicaría Sus esfuerzos a las personas al involucrarse en tal obra. Por medio de estas pruebas, Dios quiere ver tu actitud hacia Él; comprobar si estás o no en el camino correcto. También quiere ver si le temes y te apartas del mal. Por tanto, entiendas mucho o poco de la verdad en un momento particular, continuarás enfrentándote a las pruebas de Dios, y según aumente la verdad que entiendas, Él seguirá disponiendo pruebas relevantes. Cuando vuelvas a enfrentarte a una prueba, Dios querrá ver si tu punto de vista, tus ideas y tu actitud hacia Él han experimentado un crecimiento en el periodo de tiempo intermedio. Algunos se preguntan: “¿Por qué quiere Dios ver siempre las actitudes de las personas? ¿Acaso no ha visto ya que han puesto en práctica la verdad? ¿Por qué iba a seguir queriendo ver sus actitudes?”. ¡Son estupideces irracionales! Dado que Dios obra de esta manera, Su voluntad debe radicar en eso. Dios observa constantemente a las personas desde un costado, viendo cada una de sus palabras y actos, todas sus acciones y movimientos, incluso cada pensamiento e idea. Dios toma nota de todo lo que les ocurre a las personas: sus buenas obras, sus errores, sus transgresiones, incluso, sus rebeldías y traiciones, a modo de pruebas a partir de las cuales determinará sus desenlaces. Paso a paso, a medida que se eleva la obra de Dios, cada vez oirás más verdades y llegarás a aceptar más cosas e información positivas, y obtendrás más de la realidad de la verdad. A lo largo de este proceso, las exigencias de Dios hacia ti también aumentarán, y, mientras lo hacen, Él dispondrá para ti pruebas más serias. Su objetivo es examinar si tu actitud hacia Él ha progresado mientras tanto. Por supuesto, cuando esto ocurre, el punto de vista que Dios exige de ti se ajustará a tu entendimiento de la realidad-verdad.

Conforme tu estatura vaya creciendo gradualmente, el estándar que Dios exige de ti también lo hará. Mientras seas todavía inmaduro, Él establecerá un estándar muy bajo para que lo cumplas; cuando tu estatura sea un poco mayor, elevará tu estándar un poco más. Pero ¿qué hará Dios una vez hayas obtenido un entendimiento de toda la verdad? Hará que te enfrentes a pruebas aún mayores. Entre estas pruebas, lo que Dios desea obtener de ti, lo que quiere ver en ti, es que tengas un conocimiento más profundo de Él, una verdadera veneración hacia Él. En ese momento, Sus exigencias para ti serán mayores y “más duras” de lo que eran cuando tu estatura era más inmadura (nota: las personas podrían considerarlas duras, pero para Dios son realmente razonables). Cuando Él prueba a las personas, ¿qué tipo de realidad desea crear? Él les pide de forma constante que le entreguen su corazón. Algunos dirán: “¿Cómo puedo dar eso? He cumplido con mi deber, abandoné mi hogar y mi sustento y me he esforzado. ¿No son todas estas cosas ejemplos de haberle entregado mi corazón? ¿De qué otra forma podría hacerlo? ¿Acaso estas cosas no fueron, realmente, maneras de entregarle mi corazón a Dios? ¿Cuál es Su exigencia específica?”. Es una demanda muy simple. De hecho, algunas personas ya han entregado su corazón a Dios en diversos grados y en distintas etapas de sus pruebas, pero la inmensa mayoría de ellas nunca lo hace. Cuando Él te prueba, verifica si tu corazón está con Él, con la carne o con Satanás. Cuando Él te prueba, observa si estás en una postura de oposición a Él o si tu postura es compatible con Él, y si tu corazón está de Su lado. Cuando eres inmaduro y te enfrentas a pruebas, tu confianza es muy baja, y no sabes exactamente qué necesitas hacer para cumplir las intenciones de Dios, porque tu entendimiento respecto a la verdad es limitado. Sin embargo, si aún puedes orar genuina y sinceramente a Dios, y si puedes estar dispuesto a darle tu corazón, a hacer de Él tu soberano y a ofrecerle todas aquellas cosas que te parecen más valiosas, entonces ya le habrás dado a Dios tu corazón. A medida que vayas escuchando más sermones y entiendas más de la verdad, tu estatura también irá madurando poco a poco. En ese momento, el estándar de las exigencias de Dios no será el mismo que cuando eras inmaduro; Él exigirá un estándar más alto de ti. Cuando las personas le entregan a Dios su corazón gradualmente, poco a poco este se va acercando cada vez más a Él; a medida que las personas verdaderamente puedan irse acercando a Dios, su corazón lo venerará cada vez más. Lo que Dios quiere es un corazón así.

Cuando Dios quiere obtener el corazón de alguien, expone a esa persona a numerosas pruebas. En el transcurso de estas, si Dios no obtiene el corazón de esa persona o ve que tiene alguna actitud; es decir, si ve que esta persona no practica o ve que no se comporta con reverencia, y si tampoco ve en esa persona la actitud y la decisión de apartarse del mal, entonces, tras numerosas pruebas, Dios dejará de ser paciente con este individuo y no lo tolerará más. Ya no probará a esta persona ni obrará en ella. ¿Qué significa esto, entonces, para el desenlace de esta persona? Significa que no tiene desenlace. Tal vez esta persona no haya hecho ningún mal; tal vez no ha hecho nada perjudicial y no ha provocado perturbación alguna. Tal vez no se ha resistido abiertamente a Dios. Sin embargo, el corazón de esta persona permanece escondido de Él. Nunca ha tenido una actitud y un punto de vista claros hacia Dios, y Él no puede ver con claridad que le haya entregado su corazón ni que esta persona esté buscando temerle y apartarse del mal. Dios pierde la paciencia con estas personas y ya no pagará ningún precio por ellas y ya no será misericordioso con ellas ni obrará más en ellas. La vida de fe en Dios de esta persona ya ha terminado. Esto se debe a que, en las muchas pruebas que Dios le ha puesto, Él no ha obtenido el resultado que quiere. Existen, pues, numerosas personas en las que nunca he visto el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo. ¿Cómo se puede ver esto? Estas personas pueden haber creído en Dios durante muchos años y haberse comportado superficialmente con mucho vigor. Han leído muchos libros, tratado muchos asuntos, llenado una docena de cuadernos con notas y dominado muchas palabras y doctrinas. Sin embargo, no hay un crecimiento visible en ellas, sus puntos de vista sobre Dios permanecen invisibles y sus actitudes siguen sin ser claras. En otras palabras, su corazón no puede ser visto; siempre está cerrado y sellado; sellado para Dios. Como resultado, Él no ha visto su verdadero corazón, no ha visto una verdadera reverencia en ellas hacia Dios y ni siquiera ha visto cómo andan estas personas por el camino de Dios. Si Dios todavía no ha ganado a estas personas a estas alturas, ¿podrá hacerlo en el futuro? ¡No! ¿Seguirá Él luchando por cosas que no pueden obtenerse? ¡No lo hará! ¿Cuál es, entonces, la actitud actual de Dios hacia estas personas? (Las desdeña y las ignora). ¡Las ignora! Dios no les presta atención. Dios no presta atención a esta clase de personas; las desdeña. Habéis memorizado estas palabras con mucha rapidez y precisión. ¡Parece que habéis entendido lo que habéis oído!

Algunas personas son inmaduras e ignorantes cuando empiezan a seguir a Dios; no entienden Su voluntad ni tampoco saben lo que es creer en Él. Adoptan una forma concebida por los humanos y errónea de creer en Él y de seguirle. Cuando tales personas se enfrentan a pruebas, no son conscientes de ello; permanecen insensibles a la guía y el esclarecimiento de Dios. No saben lo que significa entregarles su corazón ni lo que significa mantenerse firme durante una prueba. Dios les asignará a tales personas una cantidad de tiempo limitada, durante la cual les permitirá entender la naturaleza de Sus pruebas y cuáles son Sus intenciones. Seguidamente, estas personas deben demostrar sus puntos de vista. Respecto a los que se encuentran en esta etapa, Dios sigue esperando. En cuanto a las personas cuyas opiniones todavía titubean, que quieren dar su corazón a Dios, pero que no se persuaden de hacerlo, y las que, a pesar de haber puesto en práctica algunas verdades básicas tratan de esconderse y se rinden cuando se enfrentan a pruebas importantes. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia ellas? Él sigue esperando algo de ellas, y el resultado depende de sus actitudes y su desempeño. Si las personas no son activas en su progreso, ¿qué hace Dios? Se da por vencido con ellas. Esto se debe a que, antes de que Él renuncie a ti, tú ya te has dado por vencido con respecto a ti. Por tanto, no puedes culpar a Dios de ello, ¿o sí? ¿Te parece justo o no? (Es justo).

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 12

Cuando las personas siguen a Dios, rara vez prestan atención a Su voluntad y rara vez toman en cuenta Sus pensamientos y Su actitud hacia los seres humanos. Las personas no comprenden los pensamientos de Dios; por tanto, cuando se os pregunta sobre Sus intenciones y Su carácter, os quedáis confundidos; caéis en una profunda inseguridad, y entonces suponéis o apostáis. ¿Qué clase de mentalidad es esta? Esto prueba un hecho: que la mayoría de las personas que creen en Dios lo consideran un soplo de aire y algo que parece existir un minuto y al siguiente, no. ¿Por qué lo expreso así? Porque cuando os enfrentáis a un problema, desconocéis la voluntad de Dios. ¿Por qué no conocéis Su voluntad? No solo ahora, sino que de principio a fin ignoráis cuál es la actitud de Dios respecto a este problema. No puedes entenderlo e ignoras cuál es la actitud de Dios, pero ¿te has puesto a pensar mucho en ello? ¿Has buscado saber cuál es? ¿Has hablado al respecto? ¡No! Esto confirma un hecho: el Dios de tu fe no tiene conexión con el de la realidad. En tu fe en Dios, solo consideras tus propias intenciones y las de tus líderes; dedicas tus pensamientos meramente al significado superficial y doctrinal de las palabras de Dios, sin intentar en absoluto conocer o buscar realmente Su voluntad. ¿No es este el caso? ¡La esencia de este asunto es bastante terrible! Después de tantos años, he visto a numerosas personas que creen en Dios. ¿En qué ha transformado a Dios la creencia que tienen en su mente? Algunos creen en Dios como si se tratara simplemente de un soplo de aire. Estas personas no tienen respuesta a preguntas sobre la existencia de Dios, porque no pueden sentir ni percibir Su presencia o Su ausencia, y, no digamos ya, verla o entenderla claramente. A nivel subconsciente, piensan que Dios no existe. Otros creen en Él como si se tratara de un hombre. Le creen incapaz de hacer todo lo que ellos tampoco pueden hacer, y opinan que Dios debería pensar como ellos. Su definición de Dios es la de “una persona invisible e intocable”. Existe, asimismo, un grupo de personas que cree en Dios como si se tratara de un muñeco. Consideran que no tiene emociones. Creen que es una estatua de barro, y que, cuando se enfrenta a un asunto, Dios no tiene actitud, punto de vista o ideas; creen que Él está a merced de la humanidad. Las personas creen simplemente lo que quieren creer. Si lo engrandecen, entonces Él es grande; si lo empequeñecen, entonces es pequeño. Cuando pecan y necesitan la misericordia de Dios, Su tolerancia y Su amor, asumen que Dios debería extender Su misericordia. Estas personas inventan a un “Dios” en su mente, y entonces hacen que este “Dios” cumpla sus exigencias y satisfaga todos sus deseos. Independientemente del momento, del lugar o de lo que estas personas hagan, adoptarán esta fantasía en su trato con Dios y en su fe. Incluso están aquellos que, después de haber ofendido Su carácter, siguen creyendo que Él puede salvarlos porque asumen que el amor de Dios es ilimitado y que Su carácter es justo, y que no importa cuánto ofenda una persona a Dios, Él no se acordará de nada. Creen que ya que los errores, las transgresiones y la desobediencia humanas son expresiones momentáneas del carácter de una persona, Dios le dará oportunidades, y será tolerante y paciente con ella; creen que seguirá amándola como antes. Así, tienen grandes esperanzas de alcanzar la salvación. En realidad, no importa cómo crean las personas en Dios: mientras no busquen la verdad, Dios tendrá una actitud negativa hacia ellas. La razón es que, a lo largo de tu fe en Dios, aunque has aceptado el libro de Sus palabras y lo atesoras y lo estudias y lo lees cada día, dejas de lado al Dios real. Lo consideráis como un simple soplo de aire o una simple persona, y algunos de vosotros lo consideráis como no más que un muñeco. ¿Por qué lo expreso de esta forma? Lo hago así porque, según lo veo Yo, ya sea que os enfrentéis a un problema u os encontréis con una circunstancia, estas cosas que existen en tu subconsciente, las que se originan internamente, nunca han tenido relación alguna con la palabra de Dios ni con buscar la verdad. Lo único que sabes es lo que estás pensando, cuál es tu propio punto de vista y, a continuación, le impones a Dios tus propias ideas y opiniones. En tu mente, se convierten en los puntos de vista de Dios y haces de ellos los estándares a los que te adhieres firmemente. Con el tiempo, proceder de esta forma te aleja cada vez más de Dios.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 13

Entiende la actitud de Dios y deja de lado todas las ideas equivocadas sobre Él

¿Qué clase de Dios es este Dios en el que creéis actualmente? ¿Habéis pensado alguna vez en eso? Cuando Él observa a una persona malvada cometer actos malvados, ¿la desprecia? (Sí). ¿Cuál es Su actitud al ver a personas ignorantes cometer errores? (Pena). Cuando ve personas robando Sus ofrendas, ¿cuál es Su actitud? (Las desprecia). Todo esto queda muy claro, ¿cierto? Cuando Dios ve a alguien confundido en lo relacionado a su fe en Él y que no busca en absoluto la verdad, ¿cuál es la actitud de Dios? No estáis del todo seguros, ¿verdad? La “confusión”, como actitud, no es un pecado ni ofende a Dios, y las personas sienten que no es ningún tipo de error importante. Así pues, decidme, ¿cuál es la actitud de Dios en este caso? (No está dispuesto a reconocer a esa persona). “Falta de disposición a reconocer”, ¿qué clase de actitud es esta? ¡Significa que Dios desprecia a estas personas y las desdeña! La manera en la que trata con estas personas es dándoles la espalda. Su enfoque es dejarlas de lado, no involucrarse en ninguna obra relacionada con ellas, y esto incluye la obra de esclarecimiento, iluminación, castigo y disciplina. Tales personas sencillamente no cuentan en la obra de Dios. ¿Cuál es la actitud de Dios hacia aquellos que ofenden Su carácter e infringen Sus decretos administrativos? ¡Desprecio extremo! ¡Las personas que no se arrepienten de ofender el carácter de Dios lo enfurecen tremendamente! Estar “enfurecido” es simplemente un sentimiento, un estado de ánimo; no se corresponde con una actitud clara. Sin embargo, este sentimiento, este estado de ánimo, producirá un desenlace para estas personas: ¡llenará a Dios de absoluta aversión! ¿Cuál es la consecuencia de esta extrema aversión? Dios dejará de lado a estas personas y no les responderá por el momento. A continuación esperará a ajustar cuentas con ellas “después del otoño”. ¿Qué implica esto? ¿Seguirán teniendo desenlaces estas personas? ¡Dios nunca pretendió concederles desenlaces a tales personas! Por lo tanto, ¿no es perfectamente normal que ahora no les responda? (Sí, es normal). ¿Qué deberían prepararse para hacer estas personas? Deberían prepararse a asumir las consecuencias negativas de su conducta y de las acciones malvadas que han cometido. Esta es la respuesta de Dios a una persona así. Por tanto, ahora les digo claramente a esas personas: no os aferréis más a vuestros engaños y dejad de involucraros en ilusiones. Dios no será tolerante con las personas indefinidamente; no soportará para siempre sus transgresiones ni su desobediencia. Algunos dirán: “Yo también he visto a unas cuantas personas así, y, cuando oran, sienten que Dios las toca de forma especial y luego lloran amargamente. Por lo general, también están muy contentas; parecen tener con ellas la presencia de Dios y Su guía”. ¡No digáis semejante disparate! Las lágrimas amargas no significan necesariamente que alguien está siendo tocado por Dios o que disfruta de Su presencia, y, mucho menos, de Su guía. Si las personas hacen enojar a Dios, ¿seguirá Él guiándolas? En pocas palabras, cuando Dios ha decidido eliminar y abandonar a alguien, el desenlace de esa persona ya ha desaparecido. No importa lo favorables que sean sus sentimientos cuando oran ni cuánta fe tengan en su corazón hacia Dios; esto carece ya de importancia. Lo importante es que Dios no necesita esa clase de fe; Él ya ha desdeñado a esas personas. La forma de tratar con ellas en el futuro tampoco es ya relevante. Lo que cuenta es que, en el preciso instante en el que estas personas hacen enojar a Dios, su desenlace ya está establecido. Si Dios ha determinado no salvar a tales personas, las dejará atrás para que sean castigadas. Esta es la actitud de Dios.

Aunque la esencia de Dios contiene un elemento de amor y Él es misericordioso con todas y cada una de las personas, estas han pasado por alto y han olvidado el hecho de que Su esencia también es de dignidad. Que Él tenga amor no quiere decir que las personas puedan ofenderle libremente, sin incitar en Él sentimientos o reacciones, ni el hecho de que tenga misericordia significa que no tenga principios en Su forma de tratar a las personas. Dios está vivo; existe de verdad. No es un títere imaginario ni ningún otro objeto. Dado que Él existe, deberíamos escuchar atentamente la voz de Su corazón en todo momento, prestar mucha atención a Su actitud y llegar a entender Sus sentimientos. No deberíamos usar las imaginaciones humanas para definir a Dios ni imponer en Él pensamientos o deseos humanos, obligando a Dios a tratar a las personas de una manera humana basada en imaginaciones humanas. Si lo haces, ¡estás haciendo enojar a Dios, tentando Su ira y desafiando Su dignidad! Por tanto, una vez hayáis llegado a comprender la gravedad de este asunto, insto a todos y cada uno de vosotros a que seáis cautos y prudentes en vuestras acciones. Sed cautos y prudentes en vuestro discurso también. En lo que se refiere a cómo tratáis a Dios, ¡cuanto más cautos y prudentes seáis, mejor! Cuando no entiendas cuál es la actitud de Dios, evita hablar con descuido, no seas negligente en tus acciones ni apliques etiquetas a la ligera. Todavía más importante, no llegues a ninguna conclusión arbitraria. En lugar de ello, debes esperar y buscar; estas acciones son también una expresión del temor a Dios y de apartarse del mal. Por encima de todo, si puedes lograr esto y, además, posees esta actitud, entonces Dios no te culpará por tu estupidez, por tu ignorancia y por tu falta de entendimiento de las razones que están detrás de las cosas. En vez de ello, debido a tu actitud de temor a ofender a Dios, tu respeto hacia Sus intenciones y tu disposición a obedecerlo, Él se acordará de ti, te guiará y te esclarecerá o tolerará tu inmadurez e ignorancia. Por el contrario, si tu actitud hacia Él fuese irreverente —y lo juzgas a tu antojo o supones y defines arbitrariamente Sus ideas— Dios te condenará, te disciplinará e, incluso, te castigará, o puede que ofrezca un comentario sobre ti. Este quizás implique tu desenlace. Por tanto, deseo enfatizar esto una vez más: todos debéis ser cautos y prudentes con todo lo que viene de Dios. No hables con descuido ni seas irresponsable en tus actos. Antes de decir nada, deberías detenerte a pensar: ¿se enojará Dios si hago esto? Si hago esto, ¿estoy venerando a Dios? Hasta en los asuntos sencillos deberías intentar contestar estas preguntas y dedicar más tiempo a pensar en ellas. Si de verdad puedes practicar según estos principios en todos los aspectos, en todas las cosas y en todo momento, y adoptar esa actitud especialmente cuando no entiendes algo, Dios te guiará siempre, y te proporcionará la senda que debes seguir. No importa qué clase de espectáculo monte la gente, Dios los ve con total nitidez y claridad, y Su evaluación de estas demostraciones será precisa y adecuada. Después de que te hayas sometido a la prueba final, Dios tomará todo tu comportamiento y lo recapitulará para determinar tu desenlace. Este resultado convencerá a todos, sin la menor sombra de duda. Lo que me gustaría deciros es que todos vuestros hechos, todos vuestros actos y todos vuestros pensamientos deciden vuestro destino.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 14

¿Quién determina el desenlace de las personas?

Hay otro asunto de suma importancia que hay que discutir, y es vuestra actitud hacia Dios. ¡Esta actitud es extremadamente importante! Determina si finalmente caminaréis hacia la destrucción o hacia un bello destino que Dios ha preparado para vosotros. En la Era del Reino, Dios ya ha obrado durante más de veinte años y, tal vez, a lo largo de estas dos décadas, en el fondo habéis estado un tanto inseguros respecto a vuestra actuación. Sin embargo, Dios ha hecho en Su corazón un registro real y veraz de todos y cada uno de vosotros. Desde el momento en el que cada persona empezó a seguirle, a escuchar Sus sermones, entendiendo gradualmente más y más de la verdad, y hasta el momento en el que cada persona comenzó a cumplir con sus deberes, Dios ha llevado un registro de todos los tipos de comportamientos atribuibles a cada persona. Cuando cumplen con sus deberes y se enfrentan a toda clase de ambientes y pruebas, ¿cuáles son las actitudes de las personas? ¿Cómo actúan? ¿Qué sienten hacia Dios en su corazón?… Él lleva un registro, un recuento de todo esto. Tal vez, desde vuestro punto de vista, estos asuntos son confusos. Sin embargo, desde la posición de Dios, todos son claros como el cristal y no existe el más mínimo indicio de desorden. Es una cuestión que involucra el desenlace de cada persona y toca, también, su destino y sus expectativas futuras, y, más que eso, aquí es donde Dios invierte todos Sus esfuerzos más esmerados. Por tanto, Él nunca se atrevería a descuidarlo ni un poco, ni tolera ningún descuido. Dios está haciendo un registro de este informe sobre la humanidad, toma nota de la trayectoria completa de los seres humanos en su seguimiento de Dios, de principio a fin. Tu actitud hacia Él durante este periodo ha determinado tu destino. ¿No es esto cierto? Ahora bien, ¿crees que Dios es justo? ¿Son adecuadas Sus acciones? ¿Seguís teniendo otras imaginaciones de Dios en vuestra cabeza? (No). Entonces, ¿afirmaríais que es Él quien debe establecer el desenlace de las personas o deben hacerlo ellas mismas? (Debe determinarlo Dios). ¿Quién lo determina? (Dios). No estáis seguros, ¿verdad? Hermanos y hermanas de Hong Kong, hablad; ¿quién lo determina? (Las propias personas lo determinan). ¿Las propias personas? ¿No significaría esto, pues, que los desenlaces de las personas no tienen nada que ver con Dios? Hermanos y hermanas de Corea del Sur, hablad. (Dios determina el desenlace de las personas con base en todos sus actos y hechos, y de conformidad con el camino por el que caminan). Esta es una respuesta muy objetiva. Hay una realidad que debo comunicaros a todos: en el transcurso de la obra de salvación de Dios, Él ha establecido un estándar para los seres humanos. Este estándar consiste en que ellos deben escuchar la palabra de Dios y andar por Su camino. Es este estándar el que se utiliza para sopesar el desenlace de las personas. Si practicas de acuerdo con este estándar de Dios, puedes obtener un buen desenlace; si no lo haces, no puedes obtenerlo. ¿Quién diríais, entonces, que determina este desenlace? No solo es Dios quien lo determina, sino, más bien, Dios y los seres humanos juntos. ¿Es correcto? (Sí). ¿Por qué? Porque Dios desea involucrarse de forma activa en la obra de salvación de la humanidad y preparar un hermoso destino para esta; los seres humanos son los objetivos de la obra de Dios, y ese desenlace, ese destino, es lo que Dios prepara para ellos. Si no tuviera objetivos en los cuales obrar, Dios no tendría necesidad de llevar a cabo esta obra; si Él no realizase esta obra, los seres humanos no tendrían la oportunidad de obtener la salvación. Los humanos son los que han de ser salvados, y, aunque ser salvados es el lado pasivo en este proceso, la actitud de quienes desempeñan este papel determina si Dios tendrá éxito o no en Su obra de salvar a la humanidad. De no ser por la guía que Dios te proporciona, tú no conocerías Su estándar ni tendrías un objetivo. Si posees este estándar, este objetivo, pero no colaboras, no lo pones en práctica ni pagas el precio, seguirás sin obtener este desenlace. Por esta razón, digo que el desenlace de una persona no puede separarse de Dios ni tampoco de la persona. Ahora ya sabéis quién determina el desenlace de las personas.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 15

Las personas tienden a definir a Dios con base en la experiencia

Al comunicar sobre el tema de conocer a Dios, ¿habéis notado algo? ¿Habéis percibido que Su actitud ha experimentado una transformación en estos días? ¿Acaso es inmutable Su actitud hacia los seres humanos? ¿Aguantará Dios siempre así, mostrando todo Su amor y misericordia indefinidamente a los seres humanos? Este asunto también involucra la esencia de Dios. […] Cuando se enteran de que Él ama a la humanidad, las personas lo definen como un símbolo de amor. Creen que no importa lo que hagan, cómo se comporten, cómo traten a Dios o lo desobedientes que puedan ser, nada de esto importa realmente porque Dios tiene amor y Su amor es ilimitado e inconmensurable. Dios tiene amor, así que puede ser tolerante con las personas, y Dios tiene amor, así que puede ser misericordioso con ellas, con su inmadurez, con su ignorancia, y con su desobediencia. ¿Son realmente así las cosas? En el caso de algunas personas, cuando han experimentado la paciencia de Dios una o incluso más veces, tratarán estas experiencias como algo primordial en su propio entendimiento de Dios, y creen que Él será por siempre paciente y misericordioso con ellas, y que, entonces, a lo largo de su vida tomarán esta paciencia de Dios y la considerarán el estándar de cómo Él las trata. También están los que, tras haber experimentado una vez la tolerancia de Dios, lo definirán por siempre como tolerante, y, en su mente, esta tolerancia es indefinida, incondicional, e, incluso, totalmente carente de principios. ¿Son correctas estas creencias? Cada vez que se exponen asuntos de la esencia o el carácter de Dios, parecéis desconcertados. Veros así me pone muy inquieto. Habéis oído mucha verdad respecto a Su esencia; habéis escuchado, asimismo, muchas discusiones relativas a Su carácter. Sin embargo, en vuestra mente, estos asuntos y la verdad de estos aspectos no son más que recuerdos basados en teorías y en palabras escritas; en vuestra vida cotidiana, ninguno de vosotros es capaz de experimentar o ver el carácter de Dios por lo que realmente es. Así pues, todos estáis confundidos en vuestras creencias; todos creéis ciegamente, al punto de que vuestra actitud es irreverente hacia Dios e incluso le ignoráis. ¿A qué os lleva tener este tipo de actitud hacia Dios? A sacar siempre conclusiones sobre Él. Una vez habéis adquirido un poco de conocimiento, os sentís muy satisfechos, como si hubierais conseguido a Dios en Su totalidad. A continuación, llegáis a la conclusión de que Dios es así, y no dejáis que se mueva con libertad. Además, siempre que Él hace algo nuevo, simplemente os rehusáis a admitir que Él es Dios. Un día, cuando Él diga: “Ya no amo a la humanidad; no mostraré más misericordia a los seres humanos; no tengo más tolerancia o paciencia hacia ellos; estoy completamente lleno de un desprecio y una antipatía extremos hacia ellos”, tales afirmaciones causarán un conflicto profundo en el corazón de las personas. Algunos incluso dirán: “Tú ya no eres mi Dios; has dejado de ser el Dios al que quiero seguir. Si esta es Tu afirmación, ya no eres apto para ser mi Dios, y no necesito seguirte más. Si ya no me concedes misericordia, si no me das amor ni tolerancia, dejaré de seguirte. Solo si eres indefinidamente tolerante conmigo, si siempre eres paciente conmigo y si me permites ver que eres amor, paciencia y tolerancia, solo entonces podré seguirte y tendré la confianza de seguirte hasta el final. Ya que cuento con Tu paciencia y Tu misericordia, mi desobediencia y mis transgresiones pueden ser perdonadas indefinidamente, y puedo pecar, en cualquier momento y en cualquier lugar, confesarme y ser perdonado en cualquier momento y en cualquier lugar, y hacerte enojar en cualquier momento y en cualquier lugar. No deberías tener opiniones o sacar conclusiones sobre mí”. Aunque es posible que ni uno de vosotros piense sobre este tipo de asuntos de manera tan subjetiva o consciente, siempre que consideres a Dios una herramienta a utilizar para que tus pecados sean perdonados o como un objeto que usas para obtener un hermoso destino, ya has colocado sutilmente al Dios vivo en oposición a ti, como enemigo tuyo. Esto es lo que veo. Puedes seguir diciendo cosas como “Creo en Dios”, “Busco la verdad”, “Quiero cambiar mi carácter”, “Quiero librarme de la influencia de las tinieblas”, “Quiero satisfacer a Dios”, “Quiero someterme a Dios”, “Quiero ser fiel a Dios, y cumplir bien con mi deber”, etcétera. Sin embargo, por hermosas que sean tus palabras, por mucha teoría que sepas y por imponente y solemne que esta sea, la realidad es que ahora muchos de vosotros ya habéis aprendido a usar las reglas, las doctrinas, las teorías que habéis dominado para sacar conclusiones sobre Dios, colocándolo en oposición a vosotros con naturalidad. Aunque hayas dominado las letras y doctrinas, no has entrado auténticamente en la realidad de la verdad; por tanto, es muy difícil que te acerques a Dios, que lo conozcas y lo entiendas. ¡Esto es verdaderamente lamentable!

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 16

La actitud de Dios hacia quienes huyen durante Su obra

Existen personas como estas en todas partes: después de haber tenido certeza respecto al camino de Dios, por diversas razones se marchan en silencio, sin decir adiós, para ir y hacer lo que su corazón desea. Por el momento no nos detendremos en las razones por las que se van estas personas. Primero echaremos un vistazo a la actitud de Dios hacia este tipo de personas. ¡Está muy claro! Desde el momento en que estas personas se van, a los ojos de Dios su fe ha llegado a su fin. No la finalizó el individuo, sino Dios. Que esta persona dejase a Dios significa que ya lo había rechazado, que ya no lo quería y que ya no acepta la salvación de Dios. Como este tipo de persona no quiere a Dios, ¿puede Él seguir queriéndola? Además, cuando estas personas poseen esta clase de actitud, esta opinión, y se han decidido a abandonar a Dios, ya han ofendido Su carácter. Esto, a pesar de que tal vez no han huido montados en cólera ni maldiciendo a Dios ni se han involucrado en conducta vil o excesiva alguna, y a pesar del hecho de que esta persona esté pensando: “Si llega un día en que ya esté harto de divertirme fuera, o cuando siga necesitando a Dios para algo, volveré. O si Dios me lo pide, regresaré”. O dice: “Cuando me lastimen en el exterior, o cuando vea que el mundo exterior es demasiado oscuro y malvado, y ya no quiera ir con la corriente, retornaré a Dios”. Aunque estas personas hayan calculado en su mente cuándo van a volver con exactitud, y aunque hayan intentado dejar abierta la puerta para su regreso, no son conscientes de que, independientemente de lo que crean o cómo planifiquen, todo esto no son más que ilusiones. Su mayor error consiste en no tener claro cómo hace sentir a Dios su deseo de marcharse. Desde el momento mismo en que decidieron dejar a Dios, Él las abandonó por completo; para entonces, ya ha determinado el desenlace de una persona así en Su corazón. Y ¿cuál es ese desenlace? Que esta persona será uno de los ratones y por tanto perecerá con ellos. Así pues, las personas ven a menudo este tipo de situación: alguien abandona a Dios, pero luego no recibe ningún castigo. Dios opera según Sus propios principios; algunas cosas se pueden ver, mientras que otras solo se deciden en el corazón de Dios, por lo que las personas no pueden ver los resultados. La parte que es visible para los seres humanos no es necesariamente el lado verdadero de las cosas, pero ese otro lado, el que tú no ves, de hecho contiene los verdaderos y sinceros pensamientos y conclusiones de Dios.

Las personas que huyen durante la obra de Dios son los que abandonan el camino verdadero

Así pues, ¿cómo puede Dios propinar un castigo tan grave a este tipo de personas? ¿Por qué está tan enojado con ellas? En primer lugar, sabemos que el carácter de Dios es majestad e ira. Él no es una oveja a la que cualquiera puede matar; menos aún, un muñeco para que las personas lo controlen como quieran. Tampoco es un soplo de aire que se pueda mangonear. Si verdaderamente crees que Dios existe, entonces debes tener un corazón que teme a Dios y debes saber que no hay que hacer enojar a Su esencia. Este enojo puede ser causado por una palabra, o tal vez por un pensamiento o por cierto tipo de comportamiento vil; quizá, incluso, por un comportamiento moderado; una conducta que sea aceptable a los ojos de los hombres y a la ética humana, o quizás sea causado por una doctrina o una teoría. Sin embargo, una vez que has hecho enojar a Dios, has perdido tu oportunidad y han llegado tus últimos días. ¡Esto es algo terrible! Si no entiendes que no se debe ofender a Dios, es posible que no le tengas miedo, y quizá le ofendas rutinariamente. Si no sabes cómo temer a Dios, eres incapaz de hacerlo, y no sabrás cómo andar por Su camino: el camino de temer a Dios y apartarte del mal. Una vez que te des cuenta de ello y seas consciente de que a Dios no se le debe ofender, sabrás lo que es temer a Dios y apartarte del mal.

Andar por el camino de temer a Dios y apartarse del mal no tiene que ver necesariamente con cuánta verdad conozcas, con cuántas pruebas hayas experimentado ni con qué tanto hayas sido disciplinado. Más bien, depende de la clase de actitud que tengas hacia Dios en tu corazón y de qué esencia expreses. La esencia de las personas y su actitud subjetiva son muy importantes y cruciales. En cuanto a quienes han renunciado y han abandonado a Dios, sus actitudes despreciables hacia Él y su corazón que desprecia la verdad ya han ofendido el carácter de Dios; por tanto, en lo que a Él respecta nunca serán perdonados. Han sabido de la existencia de Dios, se les ha informado que Él ya ha llegado y han experimentado Su nueva obra. Su partida no constituyó un caso en el que estaban engañados o confundidos, y, menos aún, se les obligó a irse. Más bien, ellos eligieron dejar a Dios de forma consciente y con una mente clara. Su partida no se debe a que hayan perdido el rumbo ni a que hayan sido abandonados. A los ojos de Dios, no son, pues, corderos que se alejaron del rebaño, y, mucho menos, hijos pródigos que han perdido el rumbo. Se marcharon con impunidad, y esa condición, esa situación, ofende el carácter de Dios, y es a partir de esta ofensa que Él les otorga un desenlace desesperanzador. ¿Acaso no es terrible ese tipo de desenlace? Por tanto, si las personas no conocen a Dios, pueden ofenderlo. ¡Este no es un asunto trivial! Si las personas no se toman en serio la actitud de Dios y siguen creyendo que Él está esperando su regreso porque son algunos de Sus corderos perdidos y que Él sigue esperando que cambien de parecer, entonces no están muy lejos de su día de castigo. Dios no se limitará a negarse a aceptarlos; dado que es la segunda vez que ofenden Su carácter, ¡es un tema aún más terrible! La actitud irreverente de estas personas ya ha infringido los decretos administrativos de Dios. ¿Las aceptará Dios igualmente? En su corazón, los principios de Dios respecto a este asunto son que si alguien ha alcanzado la certeza de cuál es el camino verdadero, pero, aun así, conscientemente y con una mente clara rechaza a Dios y se aparta de Él, Dios bloqueará el camino hacia la salvación de esa persona, y para este individuo la puerta del reino quedará cerrada a partir de ese momento. Cuando esta persona venga y llame a la puerta una vez más, Dios no se la abrirá y la dejará afuera por siempre. Quizás algunos de vosotros hayáis leído la historia de Moisés en la Biblia. Después de que Dios lo ungiese, los 250 líderes expresaron su desobediencia a Moisés debido a sus actos y por razones diversas. ¿A quién se negaron a someterse? No fue a Moisés. Se negaron a someterse a las disposiciones de Dios; se negaron a someterse a Su obra en lo referente a este asunto. Dijeron lo siguiente: “Os hacéis cargo de demasiadas cosas y veis que toda la congregación es santa, cada uno de ellos, y que Jehová está entre ellos […]”.* ¿Son muy serias estas palabras y frases desde un punto de vista humano? ¡No lo son! Al menos, su significado literal no lo es. En un sentido legal, no quebrantan ley alguna, porque en apariencia no es un lenguaje o un vocabulario hostil, y, mucho menos, tiene una connotación de blasfemia. Son frases comunes y corrientes, nada más. ¿Por qué desatan, entonces, semejante furia en Dios? Es porque no iban dirigidas a personas, sino a Dios. La actitud y el carácter que expresan son, precisamente, lo que ofende el carácter de Dios, y ofenden el carácter de Dios, que no se debe ofender. Todos conocemos cuál fue, al final, el desenlace de esos líderes. Respecto a las personas que abandonaron a Dios, ¿cuál es su punto de vista? ¿Cuál es su actitud? Y ¿por qué su punto de vista y su actitud hacen que Dios trate con ellos de esa forma? La razón es que, aunque saben claramente que Él es Dios, aun así eligen traicionarlo, y por eso se les despoja por completo de la oportunidad de ser salvos. Como está escrito en la Biblia: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados”. ¿Tenéis ahora un entendimiento claro sobre este asunto?

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 17

El destino de las personas lo decide su actitud hacia Dios

Dios es un Dios vivo, y así como las personas se comportan de forma diferente en distintas situaciones, Su actitud hacia estos comportamientos difiere, porque Él no es un muñeco ni un soplo de aire. Llegar a conocer la actitud de Dios es una búsqueda valiosa para la humanidad. Las personas deberían aprender que, al conocer Su actitud, pueden poco a poco alcanzar el conocimiento de Su carácter y llegar a entender Su corazón. Cuando llegues gradualmente a entender el corazón de Dios, no sentirás que temerle y apartarte del mal sea algo tan difícil de lograr. Además, cuando comprendes a Dios, no es tan probable que saques conclusiones sobre Él. Una vez que has dejado de sacar conclusiones sobre Dios, es menos probable que le ofendas, y Él te llevará sin que te des cuenta a obtener un conocimiento de Él. Esto llenará tu corazón de reverencia hacia Dios. Entonces, dejarás de definirle mediante las doctrinas, letras y teorías que has dominado. En lugar de ello, al buscar constantemente las intenciones de Dios en todas las cosas, te convertirás de forma inconsciente en una persona que es conforme al corazón de Dios.

La obra de Dios es invisible e intocable para los seres humanos, pero en lo que a Él respecta, las acciones de todas y cada una de las personas —además de la actitud que tengan hacia Él— no solo son perceptibles para Dios, sino también visibles para Él. Esto es algo que todos deberían reconocer y tener muy claro. Podrías preguntarte siempre: “¿Sabe Dios lo que estoy haciendo aquí? ¿Sabe lo que estoy pensando justo ahora? Quizás sí, quizás no”. Si adoptas esta clase de punto de vista, y sigues a Dios y crees en Él, pero dudas de Su obra y de Su existencia, tarde o temprano llegará un día en el que despertarás Su ira, porque ya estás balanceándote al borde de un peligroso precipicio. He visto a personas que han creído en Dios durante muchos años; sin embargo, siguen sin haber obtenido la realidad-verdad, y, mucho menos, han entendido la voluntad de Dios. Estas personas no progresan de modo alguno en su vida y en su estatura, y solo se ciñen a la más superficial de las doctrinas. Esto se debe a que estas personas nunca han tomado la palabra de Dios como la vida misma ni han enfrentado y aceptado Su existencia. ¿Piensas que al contemplar a estas personas Dios se llena de gozo? ¿Son un consuelo para Él? Así pues, el destino de la persona lo decide la manera como cree en Dios. Con respecto a la manera en que las personas buscan y se acercan a Dios, sus actitudes son de primordial importancia. No descuides a Dios como si fuese un soplo de aire flotando detrás de tu cabeza; piensa siempre en el Dios en el que crees como en un Dios vivo y real. Él no está ahí arriba en el tercer cielo, sin nada que hacer. Más bien, Él mira constantemente el interior del corazón de cada persona y observa lo que estás tramando, cada pequeña palabra y acción, cómo te comportas y cuál es tu actitud hacia Él. Ya sea que estés dispuesto a entregarte a Él o no, todo tu comportamiento y tus pensamientos e ideas más profundos están al descubierto delante de Dios, y Él los observa. Su opinión y Su actitud hacia ti cambian constantemente según tu comportamiento, tus acciones y tu actitud. Me gustaría dar un consejo a algunas personas: no os pongáis como niños en las manos de Dios, como si Él tuviera que mimaros, como si nunca pudiera dejaros, como si Su actitud hacia vosotros fuera fija y no pudiera cambiar nunca, ¡y Yo os aconsejo que dejéis de soñar! Dios es justo en Su trato hacia todas y cada una de las personas, y Él es sincero al abordar la obra de la conquista y la salvación de las personas. Esta es Su gestión. Él trata a cada persona con seriedad, no como a una mascota con la que se juega. El amor de Dios hacia los seres humanos no es de la clase que mima o consiente; tampoco Su misericordia y tolerancia hacia la humanidad son indulgentes ni desconsideradas. Por el contrario, el amor de Dios hacia la humanidad consiste en apreciar, compadecer y respetar la vida; Su misericordia y tolerancia transmiten las expectativas que Él tiene de ella, y son lo que la humanidad necesita para sobrevivir. Dios está vivo, y en verdad existe; Su actitud hacia la humanidad se basa en principios; no es, en absoluto, un montón de reglas dogmáticas, y puede cambiar. Sus intenciones hacia la humanidad cambian y se transforman gradualmente con el tiempo, dependiendo de las circunstancias que surjan, y acorde a la actitud de todas y cada una de las personas. Así pues, debes saber en tu corazón con toda claridad que la esencia de Dios es inmutable y que Su carácter surgirá en diferentes momentos y en distintos contextos. Podrías pensar que este asunto no es serio, y usar tus propias nociones personales para imaginar cómo debería hacer Dios las cosas. Sin embargo, hay ocasiones en las que la verdad es exactamente lo opuesto a lo que opinas, y, al usar tus propias nociones para tratar de medir a Dios, lo has hecho enojar. Esto se debe a que Él no opera como tú crees que lo hace y Dios no tratará este asunto como tú dices que lo hará. Por tanto, te recuerdo que seas cuidadoso y prudente en tu enfoque hacia todo lo que te rodea, y que aprendas a seguir el principio de andar por el camino de Dios en todas las cosas, que consiste en temer a Dios y apartarte del mal. Debes desarrollar un entendimiento firme respecto a los asuntos de la voluntad de Dios y Su actitud; debes buscar personas ilustradas que te las comuniquen, y buscar con seriedad. No veas al Dios de tu creencia como una marioneta, ni lo juzguéis a voluntad ni lleguéis a conclusiones arbitrarias sobre Él y tratadlo con el respeto que se merece. Mientras Dios te trae la salvación y determina tu desenlace, puede concederte misericordia o tolerancia, juicio y castigo, pero, en cualquier caso, Su actitud hacia ti no es fija. Depende de tu propia actitud hacia Él, así como del entendimiento que tengas de Él. No permitas que un aspecto pasajero de tu conocimiento o de tu entendimiento de Dios lo defina para siempre. No creas en un Dios muerto, sino en el Único vivo. ¡Recuerda esto! Aunque he expuesto algunas verdades aquí —verdades que debíais oír— a la luz de vuestro estado y estatura presentes, de momento no os haré exigencias mayores para no debilitar vuestro entusiasmo. Hacerlo podría llenar vuestro corazón de demasiada desolación y haceros sentir excesivamente decepcionados de Dios. En lugar de ello, espero que podáis usar el amor hacia Dios que tenéis en vuestro corazón y emplear una actitud respetuosa hacia Él cuando caminéis por la senda que tenéis por delante. No improviséis respecto a cómo creer en Dios. Tratadlo como uno de los asuntos más importantes que existen. Ponedlo en vuestro corazón, practicadlo y relacionadlo con la vida real; no lo hagáis solo de labios para afuera, porque es una cuestión de vida o muerte y determinará tu destino. ¡No lo tratéis como una broma o como un juego de niños! Después de compartir estas palabras con vosotros hoy, me pregunto cuánto entendimiento ha cosechado vuestra mente. ¿Deseáis hacer alguna pregunta sobre lo que he dicho aquí hoy?

Aunque estos temas son un tanto nuevos y están algo alejados de vuestras opiniones, de vuestras búsquedas habituales y de aquello a lo que soléis prestar atención, creo que, una vez se os hayan comunicado durante un período de tiempo, desarrollaréis un entendimiento común de todo lo que he dicho aquí. Estos son temas muy nuevos que nunca antes habéis considerado, así que espero que no hagan vuestra carga mayor de ninguna manera. No pronuncio hoy estas palabras para asustaros ni las uso como un medio de negociar con vosotros; más bien, Mi objetivo es ayudaros a entender hechos reales sobre la verdad. Debido a que existe un abismo entre la humanidad y Dios, aunque las personas creen en Él, nunca han entendido a Dios ni han conocido Su actitud. Los seres humanos nunca han sido muy entusiastas en su preocupación por dicha actitud. Más bien, han creído y procedido ciegamente, y han sido descuidados en su conocimiento y entendimiento de Dios. Así pues, me siento obligado a aclararos estos asuntos y a ayudaros a entender exactamente qué clase de Dios es este Dios en el que creéis, además de qué está pensando; cuál es Su actitud al tratar con los diferentes tipos de personas; lo lejos que estáis de cumplir Sus requisitos y cuán grande es la disparidad entre vuestras acciones y el estándar que Él exige. El objetivo de informaros acerca de estas cosas es daros un criterio con el cual evaluaros a vosotros mismos y que sepáis a qué tipo de cosecha os ha llevado el camino en el que estáis, lo que no habéis obtenido a lo largo de este camino, y en qué ámbitos sencillamente no os habéis involucrado. Cuando os comunicáis entre vosotros, soléis hablar sobre unos cuantos temas que se tratan con frecuencia, cuyo alcance es estrecho y cuyo contenido es muy superficial. Existe una distancia, una brecha, entre lo que debatís y las intenciones de Dios, y entre vuestros debates y el alcance y estándar de Sus exigencias. Proceder así a lo largo del tiempo hará que os desviéis cada vez más del camino de Dios. Sólo estáis tomando las declaraciones actuales de Dios y convirtiéndolas en objeto de adoración, y las veis como rituales y reglas. ¡Es lo único que hacéis! En realidad, Dios sencillamente no tiene lugar en vuestro corazón, y nunca lo ha ganado realmente. Algunas personas creen que conocer a Dios es muy difícil, y que esta es la verdad. ¡Es difícil! Si se insta a las personas a cumplir con su deber y a hacer las cosas externamente, y a trabajar duro, entonces pensarán que creer en Dios es muy fácil, porque todas estas cosas están al alcance de las capacidades humanas. Sin embargo, en el momento en el que el tema cambia hacia las intenciones de Dios y Su actitud hacia la humanidad, desde el punto de vista de todos, las cosas se ponen realmente mucho más complicadas. Esto se debe a que esto involucra el entendimiento de la verdad por parte de las personas y su entrada en la realidad, así que ¡por supuesto que habrá cierta dificultad! No obstante, en cuanto cruces la primera puerta y empieces a lograr la entrada, las cosas serán cada vez más fáciles.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 18

El punto de partida para temer a Dios es tratarle como tal

Hace un rato alguien formuló una pregunta: aunque nosotros sabemos más de Dios que Job, ¿cómo es que seguimos sin poder venerarle? Hablamos un poco sobre este asunto con anterioridad, ¿verdad? De hecho, también hemos discutido la esencia de esta pregunta; el hecho de que aunque Job no conocía a Dios entonces, igualmente lo trató como tal, y lo consideró el Señor de los cielos y la tierra y todas las cosas. Job no consideraba a Dios un enemigo, sino que lo adoraba como Creador de todas las cosas. ¿Por qué se resisten tanto a Dios las personas en la actualidad? ¿Por qué son incapaces de venerarle? Una de las razones es que Satanás las ha corrompido profundamente y, con su naturaleza satánica profundamente arraigada, las personas se han convertido en enemigas de Dios. Así pues, aunque crean en Él y lo reconozcan, siguen siendo capaces de resistirse y de oponerse a Él. La naturaleza humana determina esta circunstancia. La otra razón es que, a pesar de que creen en Dios, las personas sencillamente no lo tratan como tal, sino que consideran que Él se opone a la humanidad, lo ven como enemigo y sienten que no pueden reconciliarse con Él. Es así de simple. ¿No fue este el asunto que se abordó en nuestra sesión anterior? Pensad en ello: ¿no es esta la razón? Puede que poseas un cierto conocimiento de Dios, pero ¿qué conlleva exactamente este conocimiento? ¿Acaso no es esto de lo que está hablando todo el mundo? ¿No es lo que Dios te dijo? Tú solo estás familiarizado con los aspectos teóricos y doctrinales, pero ¿alguna vez has apreciado el verdadero rostro de Dios? ¿Tienes un conocimiento subjetivo? ¿Tienes conocimiento y experiencia prácticos? Si Dios no te lo hubiera dicho, ¿lo habrías sabido? Tu conocimiento teórico no representa el verdadero conocimiento. En pocas palabras, no importa lo mucho que sepas o cómo llegaste a saberlo, hasta que alcances un entendimiento real de Dios, Él será tu enemigo, y mientras no empieces a tratarlo de verdad como Dios, Él se opondrá a ti, porque eres una encarnación de Satanás.

Cuando estás con Cristo, quizás puedas servirle tres comidas al día o hacerle un té y atender Sus necesidades vitales; dará la impresión de que has tratado a Cristo como Dios. Cuando ocurre algo, los puntos de vista de las personas siempre son contrarios a los de Dios y estas son siempre incapaces de entender y aceptar el punto de vista de Dios. Aunque pueden llevarse bien con Él en lo superficial, esto no significa que sean compatibles con Él. En cuanto ocurre algo, emerge la verdad de la desobediencia de la humanidad, y así se confirma la hostilidad existente entre los humanos y Dios. Esta hostilidad no consiste en que Dios se oponga a los seres humanos o que quiera ser hostil hacia ellos; tampoco es que los ponga en oposición a Él y luego los trate en consecuencia. Más bien, es un caso en el que esta esencia contraria a Dios acecha en la voluntad subjetiva de los seres humanos y en su mente subconsciente. Ya que las personas consideran todo lo que viene de Dios como objetos a ser investigados por ellos, su respuesta a lo que procede de Él y hacia todo lo que Él implica consiste, sobre todo, en suponer, dudar y adoptar enseguida una actitud que entra en conflicto con Dios y se opone a Él. Poco después, trasladan un estado de ánimo negativo a los conflictos o luchas con Dios, y llegan al punto incluso de dudar si merece la pena seguir a un Dios así. A pesar de que su racionalidad les diga que no deberían proceder de esa manera, aun así escogerán hacerlo sin poder evitarlo, tanto, que continuarán hasta el final sin titubear. Por ejemplo, ¿cuál es la primera reacción que tienen algunas personas cuando oyen algún rumor o comentario difamatorio sobre Dios? Su primera reacción es preguntarse si esos rumores son ciertos o no y si existen o no, para luego adoptar una actitud de “esperar y ver”. Después empiezan a pensar: “No hay forma de verificar esto. ¿En verdad sucedió? ¿Es este rumor cierto o no?”. Aunque estas personas no lo están demostrando en apariencia, en su corazón ya han empezado a dudar y a negar a Dios. ¿Cuál es la esencia de esta clase de actitud y de este tipo de punto de vista? ¿Acaso no es la traición? Hasta que no se enfrentan con el asunto no puedes ver cuáles son las opiniones de estas personas; no parecen estar en conflicto con Dios y parece que no lo consideran un enemigo. Sin embargo, tan pronto como se enfrentan a un problema, se ponen de inmediato de parte de Satanás y se oponen a Dios. ¿Qué indica esto? ¡Señala que los humanos y Dios están en oposición! No es que Él considere a la humanidad Su enemiga, sino que la propia esencia de esta es hostil hacia Dios. Independientemente de cuánto tiempo haya seguido alguien a Dios o del precio que haya pagado, de cómo le alabe, de cómo evite resistirse a Él, de cuán afanosamente se inste a sí mismo a amarle, esa persona nunca logra tratar a Dios como tal. ¿No está esto determinado por la esencia de las personas? Si le tratas como Dios y crees sinceramente que lo es, ¿puedes seguir teniendo dudas sobre Él? ¿Puede tu corazón seguir albergando interrogantes relativos a Él? Ya no, ¿verdad? Las tendencias de este mundo son sumamente malvadas y esta raza humana también lo es. Entonces, ¿cómo podrías no tener ninguna noción sobre ellas? ¡Tú mismo eres sumamente malvado! Entonces, ¿cómo es que no tienes una noción al respecto? Sin embargo, unos cuantos rumores, un poco de difamación, pueden producir nociones enormes sobre Dios y llevar a que imagines muchas cosas, ¡lo que demuestra cuán inmadura es tu estatura! El simple “zumbido” de unos cuantos mosquitos y unas cuantas moscas repulsivas, ¿es suficiente para engañarte? ¿Qué clase de persona es esa? ¿Sabes lo que Dios piensa sobre tales personas? La actitud de Dios es, de hecho, muy clara respecto a Su forma de tratarlas: sencillamente les da la espalda. Su actitud consiste en no prestarles atención y en no tomar en serio a estas personas ignorantes. ¿Por qué? Porque en Su corazón Él nunca planeó ganar a estos que han prometido ser hostiles hacia Él hasta el final y que nunca han planeado buscar el camino de ser compatibles con Él. Estas palabras que he pronunciado tal vez hieran a algunos. Bien. ¿Estáis dispuestos a permitirme heriros siempre así? Independientemente de que lo estéis o no, ¡todo lo que digo es la verdad! Si siempre os hiero así y expongo vuestras cicatrices, ¿afectará eso la imagen elevada de Dios que albergáis en vuestro corazón? (No lo hará). Estoy de acuerdo en que no lo hará, porque simplemente no hay un Dios en vuestro corazón. El Dios elevado que habita en vuestro corazón —al que defendéis y protegéis fervientemente— simplemente no es Dios. Es, más bien, un producto de la imaginación humana; simplemente no existe. Por tanto, es mucho mejor que exponga la respuesta a este acertijo. ¿No pone esto toda la verdad al descubierto? El Dios real no es el que los seres humanos imaginan. Espero que todos podáis enfrentar esta realidad; os ayudará en vuestro conocimiento de Dios.

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 19

Esas personas a las que Dios no reconoce

Hay algunas personas cuya fe nunca ha sido reconocida en el corazón de Dios. En otras palabras, Él no las reconoce como seguidores suyos porque no elogia sus creencias. En el caso de estas personas, independientemente de cuántos años hayan seguido a Dios, sus ideas y puntos de vista nunca han cambiado. Son como los incrédulos, que se apegan a los principios, las maneras de hacer las cosas, las leyes de supervivencia y la fe de los incrédulos. Nunca han aceptado la palabra de Dios como su vida ni han creído que Su palabra sea la verdad ni han tenido la intención de aceptar Su salvación y nunca lo han reconocido como su Dios. Consideran que creer en Dios es una especie de pasatiempo de aficionado y tratan a Dios como un mero sustento espiritual, por lo que no piensan que merezca la pena probar y entender Su carácter o Su esencia. Se podría decir que nada de lo que corresponde al Dios verdadero tiene que ver con estas personas; no están interesadas ni se molestan en prestar atención. Esto se debe a que, en lo profundo de su corazón, una voz intensa les dice siempre: “Dios es invisible e intocable, y no existe”. Creen que intentar entender a esta clase de Dios no merece sus esfuerzos, y que, si lo hacen, se engañarían a sí mismos. Creen que al reconocer a Dios solamente de palabra, sin adoptar ninguna postura real y sin emprender una acción real, están siendo muy listos. ¿Cómo ve Dios a estas personas? Las ve como incrédulas. Algunos preguntan: “¿Pueden leer los incrédulos la palabra de Dios? ¿Pueden cumplir con sus deberes? ¿Pueden pronunciar las palabras ‘Viviré para Dios’?”. Lo que los seres humanos ven con frecuencia son lo que demuestran las personas en un nivel superficial; no ven su esencia. Sin embargo, Dios no mira estas demostraciones superficiales; Él sólo ve su esencia interior. Así pues, esta es la clase de actitud y definición que Dios tiene hacia estas personas, las cuales dicen: “¿Por qué hace Dios esto? ¿Por qué hace Dios aquello? No puedo entender esto. No puedo entender aquello. Esto no se ajusta a las nociones humanas. Debes explicarme…”. Como respuesta, pregunto: ¿de verdad es necesario explicarte estos asuntos? ¿Realmente tienen algo que ver contigo? ¿Quién te crees que eres? ¿De dónde viniste? ¿De verdad estás calificado para darle indicaciones a Dios? ¿Crees en Él? ¿Reconoce Él tu fe? Ya que tu fe no tiene nada que ver con Dios, ¿te incumben Sus acciones? Si no sabes qué lugar ocupas en el corazón de Dios, ¿cómo vas a ser apto para dialogar con Él?

Palabras de amonestación

¿No os sentís incómodos después de oír estas observaciones? Aunque podáis no estar dispuestos a escuchar estas palabras ni a aceptarlas, son realidades. Como en esta etapa de la obra es Dios quien actúa, si no te interesan Sus intenciones, no te importa Su actitud y no entiendes Su esencia y Su carácter, al final serás tú quien pierda. No culpéis a Mis palabras porque sean difíciles de escuchar, y no las culpéis por atenuar vuestro entusiasmo. Digo la verdad; no es mi intención desanimaros. Independientemente de lo que os pida, y de la forma que se os pida que lo hagáis, espero que andéis por la senda correcta, que sigáis el camino de Dios y que nunca os desviéis de la senda correcta. Si no procedes de acuerdo con la palabra de Dios o no sigues Su camino, sin lugar a duda te estarás rebelando contra Él y te habrás apartado de la senda correcta. Así pues, siento que existen algunos asuntos que debo aclararos y que debo haceros creer de forma inequívoca, clara y sin una pizca de incertidumbre, y ayudaros a tener un claro entendimiento de la actitud de Dios, de Sus intenciones, de cómo perfecciona a los seres humanos, y de qué forma determina su desenlace. Si llegase el día en el que fueses incapaz de embarcarte en esta senda, Yo no tengo responsabilidad alguna, porque ya te habré transmitido estas palabras con suma claridad. En cuanto a cómo lidiar con tu propio desenlace, eso es algo que depende por completo de ti. En relación con el desenlace de los distintos tipos de personas, Dios tiene diferentes actitudes; tiene Sus propias maneras de sopesarlas, además de Su propio estándar de requisitos para ellas. Su estándar a la hora de sopesar el desenlace de las personas es justo para todos. ¡De esto no hay la menor duda! Por tanto, los temores de algunos son innecesarios. ¿Os sentís aliviados ahora?

Extracto de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 20

En realidad, el carácter de Dios está abierto a todos y no se oculta, porque Él nunca ha evitado conscientemente a nadie ni ha buscado esconderse a propósito para impedir que las personas lo conozcan o lo entiendan. El carácter de Dios siempre ha sido ser abierto y enfrentar a cada persona con firmeza. En la gestión de Dios, Él hace Su obra frente a todos, y esta se lleva a cabo en cada persona. Cuando realiza Su obra, está revelando Su carácter de un modo continuado y usando Su esencia, lo que Él tiene y lo que Él es para guiar a todas las personas y proveer para ellas. En toda era y en toda etapa, fueran las circunstancias buenas o malas, el carácter de Dios siempre ha estado abierto a cada individuo; Sus posesiones y Su ser siempre están abiertos a cada ser humano, como también Su vida provee constantemente y sin cesar para la humanidad y la sustenta. A pesar de todo esto, el carácter de Dios sigue escondido para algunos. ¿Por qué? Porque aunque estos viven en la obra de Dios y le siguen, nunca han procurado entenderle ni han querido llegar a conocerle; y mucho menos acercarse a Él. Para estas personas, entender el carácter de Dios presagia que su final está cerca; que están a punto de ser juzgados y condenados por el carácter de Dios. Por tanto, nunca han deseado entender a Dios ni Su carácter ni codician una comprensión o conocimiento más profundos de Su voluntad. No buscan comprender Su voluntad por medio de una colaboración consciente; sencillamente disfrutan siempre, y nunca se cansan de hacer lo que quieren hacer; creer en el Dios en quien quieren creer, en ese que sólo existe en sus imaginaciones, el que sólo existe en sus nociones; y creer en un Dios que es inseparable de ellos en sus vidas cotidianas. Cuando se trata del verdadero Dios mismo, son completamente despectivos y no tienen deseo de entenderle ni de prestarle atención, e incluso menos deseo de acercarse más a Él. Solo usan las palabras que Dios expresa para adornarse, para presentarse. Para ellos, esto los convierte en creyentes exitosos y en personas que tienen fe en Dios en su corazón, donde son guiados por sus imaginaciones, sus nociones, y hasta por sus definiciones personales de Dios. Por el contrario, el verdadero Dios mismo, no tiene absolutamente nada que ver con ellos. Porque, si entendieran al verdadero Dios mismo, Su verdadero carácter, y entendieran lo que Él tiene y es, significaría que sus actos, su fe y sus búsquedas serían condenadas. Esta es la razón por la que son reacios a entender la esencia de Dios, y por la que son reacios y no quieren buscar activamente ni orar para entender mejor a Dios, conocer mejor Su voluntad y entender mejor Su carácter. Preferirían que Él fuera algo inventado, algo vacío e impreciso; alguien exactamente igual a como lo imaginaron, que pueda estar a su entera disposición, que provea de forma inagotable y esté siempre disponible. Cuando quieren disfrutar la gracia de Dios, le piden a Él que sea esa gracia. Cuando necesitan la bendición de Dios, solicitan que Él sea esa bendición. Cuando se enfrentan a la adversidad, le piden a Dios que los envalentone, que sea su escudo. El conocimiento que estas personas tienen de Dios está atascado en el ámbito de la gracia y la bendición. Su comprensión de la obra de Dios, de Su carácter y de Dios mismo también se limita simplemente a sus imaginaciones y a letras y doctrinas. Pero algunas personas están deseosas de entender el carácter de Dios, quieren genuinamente ver a Dios mismo, y entender de verdad Su carácter y lo que Él tiene y es. Estas personas están buscando la realidad de la verdad y la salvación de Dios, y buscan recibir Su conquista, Su salvación y Su perfección. Usan su corazón para leer la palabra de Dios, para apreciar cada situación y a cada persona, acontecimiento y cosa que Dios ha dispuesto para ellas, y oran y buscan con sinceridad. Lo que más quieren es conocer la voluntad de Dios y entender Su verdadero carácter y esencia, que ya no le puedan ofender más y, por medio de sus experiencias, puedan ver más de Su hermosura y Su lado verdadero. Así, el Dios genuinamente real también existirá en sus corazones, y tendrá un lugar en ellos; dejarán de vivir entre imaginaciones, nociones o imprecisiones. La razón por la cual estas personas tienen un deseo apremiante de entender el carácter de Dios y Su esencia es que la humanidad los necesita en todo momento durante el transcurso de su experiencia; son Su carácter y esencia los que proveen vida a lo largo de la existencia de uno. Una vez que entiendan el carácter de Dios, serán capaces de venerarle mejor, de cooperar mejor con Su obra, de ser más consideradas hacia Su voluntad y de cumplir sus deberes con la mejor de sus capacidades. Tales son las actitudes hacia el carácter de Dios que tienen dos tipos de personas. El primer tipo no quiere entender el carácter de Dios. Aunque afirman desear comprenderlo, llegar a conocer a Dios mismo, ver lo que Él tiene y lo que Él es, y apreciar genuinamente Su voluntad, en lo más profundo preferirían que Él no existiese. Esto se debe a que este tipo de personas continuamente desobedecen a Dios y se resisten a Él; luchan con Él por la posición en sus propios corazones y a menudo dudan de Su existencia o incluso la niegan. No quieren dejar que el carácter de Dios o el Dios mismo real ocupe sus corazones. Solo quieren satisfacer sus propios deseos, imaginaciones y ambiciones. Así pues, estas personas pueden creer en Dios, seguirle, y también abandonar a sus familias y sus trabajos por Él, pero no desisten de sus caminos malvados. Algunos incluso roban o despilfarran ofrendas, o maldicen a Dios en privado, mientras otros pueden usar sus posiciones para testificar repetidamente sobre sí mismos, enaltecerse, y competir con Dios por personas y estatus. Usan diversos métodos y medidas para hacer que las personas los adoren, intentando constantemente vencer a otros y controlarlos. Algunos hasta engañan a propósito a las personas para que piensen que son Dios y los traten como tal. Nunca le dirían a nadie que han sido corrompidos, que son también corruptos y arrogantes, ni que no los adoren; y que por muy bien que les vaya, todo se debe a la exaltación de Dios y que en cualquier caso están haciendo lo que deberían. ¿Por qué no dicen estas cosas? Porque temen profundamente perder su lugar en el corazón de las personas. Por esta razón, estas personas no exaltan nunca a Dios ni dan testimonio de Él, ya que nunca han intentado entenderle. ¿Pueden conocer a Dios sin entenderlo? ¡Imposible! Por tanto, aunque las palabras del tema “La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo” puedan ser simples, tienen significados diferentes para cada persona. Para quien desobedece con frecuencia a Dios, se le resiste, y es hostil hacia Él, las palabras presagian condenación; mientras que aquel que busca la realidad-verdad y viene delante de Dios a menudo en busca de Su voluntad, se sentirá con esas palabras como pez en el agua. También entre vosotros están los que, cuando oyen hablar del carácter y de la obra de Dios, empieza a dolerles la cabeza, sus corazones se llenan más y más de oposición y se sienten extremadamente incómodos. Sin embargo hay otros entre vosotros que piensan: Este tema es justo lo que necesito, porque es muy beneficioso para mí. Es algo que no puede faltar en mi experiencia vital; es el meollo del meollo, el fundamento de la fe en Dios, y algo que la humanidad no puede abandonar. A todos vosotros, este tema puede pareceros cercano o lejano a la vez, desconocido pero familiar. No obstante y en cualquier caso, es un tema que todos deben escuchar, conocer y entender. No importa cómo lidies con él ni cómo lo consideres o lo entiendas, no se puede ignorar su importancia.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 21

Dios ha estado haciendo Su obra desde que creó a la humanidad. Al principio, era una obra muy simple, pero a pesar de su simplicidad, contenía expresiones de Su esencia y Su carácter. Aunque la obra de Dios se ha elevado ahora, y en cada persona que lo sigue esta obra se ha convertido en prodigiosa y concreta, con gran expresión de Su palabra, la persona de Dios ha estado escondida para la humanidad durante este proceso. Aunque Él se ha encarnado dos veces, desde la época de los relatos bíblicos hasta la época moderna, ¿quién ha visto alguna vez la persona real de Dios? Basándoos en vuestro entendimiento, ¿ha visto alguien alguna vez la persona real de Dios? No. Nadie ha visto la persona real de Dios, lo que significa que nadie ha visto nunca el verdadero ser de Dios. Esto es algo en lo que todo el mundo está de acuerdo. Es decir, la persona real de Dios, o Su Espíritu, está oculto de toda la humanidad, incluidos Adán y Eva, a quienes creó, y también al justo Job, a quien aceptó. Ninguno de ellos vieron la persona real de Dios. ¿Pero por qué enmascara Dios voluntariamente Su persona real? Algunos responden: “Dios teme asustar a la gente”. Otros dicen: “Dios esconde Su persona real, porque el hombre es demasiado pequeño y Él es demasiado maravilloso; los humanos no pueden verlo, o de lo contrario morirán”. Están también aquellos que afirman: “Dios está ocupado gestionando Su obra cada día; y podría no tener tiempo para aparecerse y que otros lo puedan ver”. Independientemente de lo que creáis, tengo Mi conclusión sobre esto. ¿Cuál es esa conclusión? Que Dios simplemente no quiere que las personas vean Su persona real. Permanecer escondido de la humanidad es algo que Él hace deliberadamente. En otras palabras, es el propósito de Dios que la gente no vea Su persona real. Esto ya debería estar claro para todos. Si Dios nunca le ha revelado Su persona a nadie, ¿creéis que existe la persona de Dios? (Existe). Por supuesto que sí. La existencia de la persona de Dios queda fuera de toda duda. Pero en cuanto a Su grandeza o Su aspecto, ¿debería investigar la humanidad estas cuestiones? No. La respuesta es negativa. Si la persona de Dios no es un tema que deberíamos explorar, ¿cuál es entonces? (El carácter de Dios). (La obra de Dios). Antes de comenzar a comunicar el tema oficial, sin embargo, volvamos a lo que estábamos debatiendo hace un momento: ¿por qué no ha revelado Dios nunca Su persona a la humanidad? ¿Por qué esconde Dios intencionadamente Su persona de la humanidad? Solo hay una razón, y es esta: aunque el hombre, al que Dios creó, ha experimentado miles de años de Su obra, no hay una sola persona que conozca dicha obra, Su carácter y Su esencia. A los ojos de Dios, estas personas se oponen a Él, y Él nunca se mostraría a personas que le son hostiles. Esta es la única razón por la que Dios nunca le ha revelado Su persona a la humanidad y por la que Él la protege deliberadamente de la humanidad. ¿Tenéis clara ahora la importancia de conocer el carácter de Dios?

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 22

Desde la existencia de la gestión de Dios, Él siempre ha estado totalmente dedicado a llevar a cabo Su obra. A pesar de ocultar Su persona del hombre, siempre ha estado a su lado, obrando en él, expresando Su carácter, guiando a toda la humanidad con Su esencia, y haciendo Su obra en cada persona por medio de Su poder, Su sabiduría y Su autoridad, dando así lugar a la Era de la Ley, la Era de la Gracia y la Era del Reino actual. Aunque Dios oculta Su persona del hombre, Su carácter, Su ser y posesiones, así como Su voluntad hacia la humanidad, se le revelan sin reservas para que los vea y experimente; en otras palabras, aunque los seres humanos no pueden ver ni tocar a Dios, Su carácter y Su esencia, con los que la humanidad se ha encontrado, son absolutamente expresiones de Dios mismo. ¿Acaso no es verdad? Independientemente de la manera o el ángulo de aproximación que Dios elija para llevar a cabo Su obra, Él siempre trata a las personas mediante Su identidad verdadera, hace la obra que a Él le incumbe y dice las palabras que está obligado a decir. No importa desde qué posición hable Dios —podría estar en el tercer cielo, o en la carne, o incluso bajo el aspecto de una persona corriente—, Él siempre le habla al hombre con todo Su corazón y toda Su mente, sin ningún engaño ni ocultamiento. Cuando lleva a cabo Su obra, Dios expresa Su palabra y Su carácter, lo que tiene y lo que es, sin ninguna reserva en absoluto. Él dirige a la humanidad con Su vida, Su ser y Sus posesiones. Así vivió el hombre durante la Era de la Ley —la era de la cuna de la humanidad—, bajo la dirección del Dios “invisible e intocable”.

Dios se hizo carne, por primera vez, después de la Era de la Ley, una encarnación que duró treinta y tres años y medio. Para un ser humano, ¿es esto mucho tiempo? (No mucho). Dado que la duración de la vida de un ser humano suele ser mucho más extensa que treinta y tantos años, no es mucho tiempo para un hombre. De hecho, estos treinta y tres años y medio fueron muy largos para el Dios encarnado. Él pasó a ser una persona, una persona corriente que se ocupó de la obra y la comisión de Dios. Esto significaba que tenía que asumir la obra que una persona ordinaria no podía manejar y, a la vez, soportar un sufrimiento que las personas ordinarias no pueden resistir. Por mucho que las personas de hoy no hayan presenciado la cantidad de sufrimiento que el Señor Jesús soportó durante la Era de la Gracia, desde el comienzo de Su obra hasta que fue clavado en la cruz, ¿no podéis al menos haceros una idea a través de las historias de la Biblia? Independientemente de cuántos detalles existan en esos hechos recogidos, la obra de Dios durante este período estuvo, en general, llena de dificultades y sufrimiento. Para un ser humano corrupto, treinta y tres años y medio no es mucho tiempo; un poco de sufrimiento es un asunto menor. Pero para el Dios santo, inmaculado, que tuvo que cargar con todos los pecados de la humanidad, comer, dormir y vivir con pecadores, este dolor fue increíblemente grande. Él es el Creador, el Soberano de todas las cosas y el Gobernador de todo; pero cuando vino al mundo tuvo que soportar la opresión y la crueldad de hombres corruptos. A fin de completar Su obra y rescatar a la humanidad del mar de la miseria, tuvo que ser condenado por el hombre, y cargar con los pecados de toda la humanidad. Las personas ordinarias no pueden comprender ni apreciar el grado de sufrimiento por el que pasó. ¿Qué representa este sufrimiento? Representa la devoción de Dios por la humanidad. Representa la humillación que sufrió y el precio que pagó por la salvación del hombre, para redimir sus pecados y completar esta etapa de Su obra. También quiere decir que el hombre sería redimido por Dios desde la cruz. Este es un precio pagado en sangre, en vida, y un precio que ningún ser creado se podría permitir. Debido a que tiene la esencia de Dios y posee lo que Dios tiene y es, pudo soportar esa clase de sufrimiento y hacer este tipo de obra. Esto es algo que ningún otro ser creado por Él podría haber hecho en Su lugar. Esta es la obra de Dios durante la Era de la Gracia y una revelación de Su carácter. ¿Revela esto algo acerca de lo que Dios tiene y es? ¿Vale la pena para la humanidad llegar a conocerlo?

En aquella era, aunque el hombre no vio la persona de Dios, recibió Su ofrenda por el pecado y fue redimido por Él desde la cruz. Puede que la humanidad esté familiarizada con la obra que Dios hizo durante la Era de la Gracia, ¿pero alguien lo está con el carácter y la voluntad expresados por Dios durante este período? El hombre apenas conoce detalles de la obra de Dios durante distintas eras y por medio de diversos canales, o sabe de historias relativas a Dios que tuvieron lugar al mismo tiempo que Él estaba llevando a cabo Su obra. Estos detalles e historias son, como mucho, tan solo un poco de información o leyendas sobre Dios, y no tienen nada que ver con Su carácter y Su esencia. De modo que, sin importar cuántas historias conozcan las personas sobre Dios, eso no significa que tengan un entendimiento y conocimiento profundos de Su carácter o Su esencia. Como en la Era de la Ley, aunque las personas de la Era de la Gracia habían experimentado un encuentro inmediato e íntimo con Dios en la carne, su conocimiento del carácter y la esencia de Dios era prácticamente inexistente.

En la Era del Reino, Dios una vez más se hizo carne, del mismo modo en que lo hizo la primera vez. Durante este período de obra, Dios sigue expresando Su palabra sin reservas, lleva a cabo la obra que está obligado a hacer, y expresa lo que tiene y es. Al mismo tiempo, sigue soportando y tolerando la desobediencia y la ignorancia del hombre. ¿Acaso no revela Dios también, continuamente, Su carácter y expresa Su voluntad durante este período de obra? Así pues, desde la creación del hombre hasta ahora, el carácter de Dios, Su ser y posesiones, y Su voluntad, siempre han estado abiertos a cada persona. Él nunca ha escondido deliberadamente Su esencia, Su carácter, o Su voluntad. Lo que ocurre es que a la humanidad no le importa lo que Dios está haciendo ni cuál es Su voluntad; por eso tiene el hombre un entendimiento tan patéticamente escaso de Dios. En otras palabras, aunque Dios oculte Su persona, también está junto a la humanidad en todo momento, proyectando abiertamente Su voluntad, carácter y esencia a todas horas. En cierto sentido, la persona de Dios también está abierta a las personas, pero la ceguera y desobediencia de las personas les impiden ser capaces de ver la aparición de Dios. Así que si este es el caso, entonces ¿no debería ser fácil para todos entender el carácter de Dios y a Dios mismo? Esta pregunta es muy difícil de responder, ¿verdad? Podéis decir que es fácil, pero aunque algunas personas busquen conocer a Dios, no pueden conseguirlo realmente ni obtener un entendimiento claro de Él; siempre es confuso y vago. Pero si decís que no es fácil, tampoco es correcto. Habiendo sido el objeto de la obra de Dios durante tanto tiempo, todo el mundo debería tener un trato genuino con Él por medio de sus experiencias. Al menos deberían haber sentido a Dios hasta cierto punto en su corazón o haber tenido un roce espiritual con Él, y deberían haber tenido al menos cierta conciencia emocional del carácter de Dios o haber obtenido algún entendimiento de Él. Desde el momento en que el hombre comenzó a seguir a Dios hasta ahora, la humanidad ha recibido mucho; sin embargo, por todo tipo de razones —el calibre inadecuado del hombre, su ignorancia, su rebeldía, e intenciones varias—, también ha perdido mucho de ello. ¿No le ha dado Dios ya suficiente a la humanidad? Aunque Él esconda Su persona de la humanidad, provee a los seres humanos de todo lo que Él tiene y es, y de Su vida; el conocimiento que la humanidad tiene de Dios no debería ser tan solo aquello que es ahora. Por ello pienso que es necesario comunicar más con vosotros sobre el tema de la obra de Dios, Su carácter y Dios mismo. El propósito es que los miles de años de cuidados y consideración que Él ha invertido en el hombre no acaben en vano, y que la humanidad pueda entender y apreciar genuinamente la voluntad de Dios hacia ella. Esto es para que las personas puedan avanzar a una nueva etapa en su conocimiento de Dios. También devolverá a Dios a Su verdadero lugar en el corazón de las personas, es decir, le hará justicia.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 23

El mandato de Dios a Adán

Génesis 2:15-17 Y Jehová Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín del Edén para vestirlo y protegerlo. Y Jehová Dios le ordenó y le dijo: De cada árbol del jardín puedes comer libremente, pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y el mal porque el día que comas de él, definitivamente morirás.*

¿Qué sacáis de estos versículos? ¿Cómo os hace sentir esta parte de las Escrituras? ¿Por qué he decidido hablaros del mandato de Dios a Adán? ¿Tenéis cada uno de vosotros una imagen de Dios y de Adán en vuestra mente? Podéis intentar imaginar: si estuvierais en esa escena, en el fondo, ¿cómo pensáis que sería Dios? ¿Cómo os hace sentir esto? Es una imagen conmovedora y reconfortante. Aunque solo están Dios y el hombre, la intimidad entre ambos os llena de una sensación de admiración: de manera gratuita, Dios le concede al hombre Su amor desbordante y lo rodea; el hombre es inocente y puro, sin trabas ni preocupaciones, vive feliz bajo el ojo de Dios. Él se preocupa por el hombre, mientras este vive bajo Su protección y bendición; cada cosa que dice y hace está vinculada inextricablemente a Dios y es inseparable de Él.

Esto puede llamarse el primer mandato de Dios al hombre tras crearlo. ¿Qué conlleva este mandato? La voluntad de Dios, pero también Su preocupación por la humanidad. Este es el primer mandato de Dios, y también la primera vez que Él expresa preocupación por el hombre. Es decir, Dios ha sentido una responsabilidad hacia el hombre desde el momento en que lo creó. ¿Cuál es Su responsabilidad? Proteger al hombre, cuidar de él. Espera que este pueda confiar en Sus palabras y obedecerlas. Es, asimismo, la primera expectativa que Dios tiene del hombre, y con ella le indica lo siguiente: “De cada árbol del jardín puedes comer libremente, pero no debes comer del árbol del conocimiento del bien y el mal porque el día que comas de él, definitivamente morirás”.* Estas simples palabras representan la voluntad de Dios. También revelan que, en Su corazón, Dios ha comenzado a mostrar preocupación por el hombre. Sólo Adán, entre todas las cosas, fue hecho a imagen de Dios; Adán fue el único ser vivo con el aliento de vida de Dios; él podía caminar con Dios y conversar con Él. Por eso le dio Dios ese mandato, en el que le dejó muy claro al hombre lo que podía y no podía hacer.

Podemos ver el corazón de Dios en estas pocas simples palabras. ¿Pero qué tipo de corazón se muestra a sí mismo? ¿Hay amor en el corazón de Dios? ¿Hay preocupación en él? En estos versículos no solo se aprecia Su amor y Su preocupación, sino que también pueden sentirse íntimamente. ¿No estaríais de acuerdo? Después de oírme decir esto, ¿seguís pensando que no son más que unas pocas palabras simples? No son tan simples después de todo, ¿verdad? ¿Antes erais conscientes de ello? Si Dios te dirigiera personalmente estas pocas palabras, ¿cómo te sentirías en tu interior? Si no fueras una persona humana, si tu corazón fuera frío como el hielo, no sentirías nada, no apreciarías el amor de Dios ni tratarías de entender Su corazón. Pero como persona con conciencia y sentido de humanidad, te sentirías diferente. Sentirías calidez, te sentirías cuidado y amado y sentirías felicidad. ¿No es así? Cuando sientas estas cosas, ¿cómo actuarás hacia Dios? ¿Te sentirías apegado a Él? ¿Le amarías y le respetarías desde lo más profundo de tu corazón? ¿Se acercaría más tu corazón a Él? En esto puedes ver cuán importante es para el hombre el amor de Dios. Pero lo que es aún más crucial es la apreciación y comprensión del amor de Dios por parte del hombre. De hecho, ¿no dice Dios muchas cosas parecidas durante esta etapa de Su obra? ¿Hay gente hoy que aprecia el corazón de Dios? ¿Podéis captar la voluntad de Dios de la que acabo de hablar? No podéis apreciarla de verdad cuando es tan concreta, tangible, y real. Por esta razón digo que no tenéis conocimiento y entendimiento reales de Dios. ¿No es cierto?

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 24

Dios crea a Eva

Génesis 2:18-20 Y Jehová Dios dijo: No es bueno que el hombre esté solo; le voy a hacer algo apropiado para darle una ayuda. Y de la tierra Jehová Dios formó cada bestia del campo y cada ave del aire y los trajo a Adán para ver qué nombre les pondría; y el nombre que Adán le dio a cada criatura viviente es el nombre que llevan ahora. Adán dio nombre a todo ganado, a las aves del aire y a cada bestia del campo, pero para Adán no había una compañía apropiada.*

Génesis 2:22-23 Y con la costilla que Jehová Dios había sacado del hombre, le hizo una mujer la cual trajo al hombre. Y Adán dijo: Esta es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; se llamará Mujer porque salió del hombre.*

Hay una frase clave en esta parte de las escrituras: “y el nombre que Adán le dio a cada criatura viviente es el nombre que llevan ahora”.* ¿Quién dio entonces nombre a todas las criaturas vivientes? Fue Adán, no Dios. Esta frase le dice a la humanidad un hecho: Dios le proporcionó inteligencia al hombre cuando lo creó. Es decir, la inteligencia del hombre vino de Dios. Esto es una certeza. ¿Pero por qué? Después de que Dios crease a Adán, ¿fue este a la escuela? ¿Sabía leer? Tras la creación de diversas criaturas vivientes, ¿reconoció Adán a todas estas criaturas? ¿Le dijo Dios cuáles eran sus nombres? Desde luego, Dios tampoco le enseñó qué nombres ponerles a aquellas criaturas. ¡Esa es la verdad! Entonces ¿cómo supo Adán dar nombre a estas criaturas vivientes y qué clase de nombre darles? Esto guarda relación con algo que Dios le añadió a Adán cuando lo creó. Los hechos demuestran que cuando Dios creó al hombre le añadió Su inteligencia. Este es un punto fundamental, así que escuchad con atención. Hay además otro punto fundamental que deberíais entender: después de que Adán diese nombre a estas criaturas vivientes, estos nombres quedaron establecidos en el vocabulario de Dios. ¿Por qué menciono esto? Porque esto también involucra el carácter de Dios, y este es un punto que debo explicar más.

Dios creó al hombre, insufló vida en él, y también le dio algo de Su inteligencia, Sus capacidades, y lo que Él tiene y es. Después de que Dios diera al hombre todas estas cosas, el hombre fue capaz de hacer algunas cosas de forma independiente y pensar por sí mismo. Si lo que al hombre se le ocurre y hace es bueno a los ojos de Dios, Él lo acepta y no interfiere. Si lo que el hombre hace es correcto, entonces Dios lo dejará tal cual. ¿Qué indica, pues, la frase “y el nombre que Adán le dio a cada criatura viviente es el nombre que llevan ahora”?* Indica que Dios no vio adecuado alterar ninguno de los nombres que se le dieron a las diversas criaturas vivientes. A cualquier nombre que Adán le pusiese a una criatura, Dios decía “Así es”, confirmando el nombre. ¿Expresó Dios alguna opinión sobre el asunto? No, desde luego que no. ¿Qué deducís de esto? Dios le dio inteligencia al hombre y este la usó para hacer cosas. Si lo que el hombre hace es positivo a los ojos de Dios, Él lo confirma, lo reconoce y lo acepta sin juicio ni crítica. Ninguna persona ni espíritu maligno, ni Satanás pueden hacer esto. ¿Veis una revelación del carácter de Dios aquí? ¿Permitiría un ser humano, una persona corrupta, o Satanás que otros hiciesen algo en su nombre, justo delante de sus narices? ¡Por supuesto que no! ¿Lucharían por la posición con esa otra persona o fuerza distinta a ellos? ¡Por supuesto que lo harían! Si quien estaba con Adán en ese momento hubiese sido una persona corrupta o Satanás, habrían repudiado sin duda lo que él estaba haciendo. Para demostrar que tienen capacidad de pensar independientemente y de tener sus propias percepciones únicas, habrían negado por completo todo lo que Adán hizo: “¿Quieres llamarlo así? Pues bien, yo no lo voy a llamar así, sino de esta otra manera; lo llamaste Juan, pero yo voy a llamarlo José. Tengo que demostrar lo listo que soy”. ¿Qué clase de naturaleza es esta? ¿Acaso no es extremadamente arrogante? ¿Y qué hay de Dios? ¿Tiene ese carácter? ¿Puso Dios alguna objeción extraordinaria a lo que estaba haciendo Adán? ¡La respuesta es inequívocamente no! Del carácter que Dios revela no existe el menor rastro de discusión, arrogancia o santurronería. Eso queda muy claro aquí. Esto puede parecer un aspecto muy menor, pero si no entiendes la esencia de Dios, si tu corazón no intenta descifrar cómo actúa Dios y cuál es Su actitud, entonces no conocerás el carácter de Dios ni verás la expresión y revelación del carácter de Dios. ¿No es así? ¿Estás de acuerdo con lo que acabo de explicarte? En respuesta a las acciones de Adán, Dios no proclamó con grandilocuencia: “Habéis hecho bien, habéis hecho lo correcto y estoy de acuerdo”. Sin embargo, en Su corazón, Dios aprobó, apreció, y aplaudió lo que Adán hizo. Desde la creación, esto fue lo primero que el hombre hizo para Dios de acuerdo a Su instrucción. Lo llevó a cabo de parte de Dios y en Su nombre. A Sus ojos, esto surgió de la inteligencia que Él le concedió al hombre. Dios lo vio como una cosa buena, una cosa positiva. Lo que Adán hizo en aquel momento fue la primera manifestación de la inteligencia de Dios en el hombre. Fue una buena manifestación desde el punto de vista divino. Lo que quiero deciros aquí es que el objetivo de Dios al inculcar al hombre algo de lo que Él tiene y es, así como de Su inteligencia, fue con el propósito de que la humanidad pudiera ser la criatura viviente que lo manifestara a Él. Que esa criatura viviente actuara en Su nombre era precisamente lo que Dios había anhelado ver.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 25

Dios hace abrigos de pieles para Adán y Eva

Génesis 3:20-21 Y Adán dio a su esposa el nombre de Eva, porque ella era la madre de todo ser viviente. Jehová Dios también hizo abrigos de pieles para Adán y su esposa y los vistió.*

En esta imagen de “Jehová Dios también hizo abrigos de pieles para Adán y su esposa y los vistió”,* ¿qué tipo de papel adopta Él cuando está con Adán y Eva? ¿De qué manera se manifiesta Dios en este mundo con tan solo dos seres humanos? ¿Se manifiesta a sí mismo en el papel de Dios? Hermanos y hermanas de Hong Kong, por favor responded. (En el papel de padre o madre). Hermanos y hermanas de Corea del Sur, ¿en qué tipo de papel pensáis que aparece Dios? (Cabeza de la familia). Hermanos y hermanas de Taiwán, ¿qué pensáis? (El papel de alguien de la familia de Adán y Eva, de un familiar). Algunos de vosotros pensáis que Dios aparece como un familiar de Adán y Eva, mientras otros dicen que lo hace como cabeza de la familia y otros que como padre o madre. Todas estas respuestas son muy apropiadas. Pero ¿veis adónde quiero llegar? Dios creó a estas dos personas y las trató como Sus compañeras. Como su única familia, Él cuidaba de sus vidas y de sus necesidades de alimento, ropa y refugio. Aquí, Dios aparece como padre o madre de Adán y Eva, y mientras lo hace, el hombre no ve cuán elevado es Dios; no ve Su supremacía, Su misterio ni, especialmente, Su ira o majestad. Lo único que ve es la humildad de Dios, Su afecto, Su preocupación por el hombre y Su responsabilidad y cuidado por él. La actitud y la forma en la que Dios trataba a Adán y Eva son parecidas a la manera en que los padres muestran preocupación por sus hijos. También es cómo los padres humanos aman, cuidan y se ocupan de sus propios hijos e hijas, de una forma real, visible y tangible. En lugar de enaltecerse a sí mismo hacia una posición elevada y poderosa, Dios usó personalmente las pieles para confeccionar ropa para el hombre. No importa si este abrigo de piel se usó para cubrir su modestia o para protegerlos del frío. Lo que importa es que Dios hizo personalmente con Sus propias manos esta ropa para cubrir el cuerpo del hombre. En vez de pensar en la ropa para que existiera o de usar métodos milagrosos como las personas podrían imaginar, Él hizo justificadamente algo que, según el hombre, Dios no hacía o no debía hacer. Esto podía parecer una cosa trivial, algo que algunas personas no considerarían digno de mención; sin embargo, permite que cualquier seguidor de Dios asediado por concepciones ambiguas sobre Él, adquiera una percepción de Su autenticidad y Su hermosura, y vea Su fidelidad y humildad. Hace que aquellos que son insufriblemente arrogantes, y se creen elevados y poderosos, inclinen avergonzados su engreída cabeza ante la autenticidad y la humildad de Dios; estas permiten aquí, además, que se vea cuán digno de amor es Él. En cambio, el Dios “inmenso”, “digno de ser amado” y “omnipotente” que la gente guarda en sus corazones se ha convertido en insignificante y feo, y se quiebra con el más ligero roce. Cuando ves este versículo y oyes esta historia, ¿contemplas a Dios con desprecio por hacer algo así? Algunas personas podrían hacerlo, pero otras reaccionarán del modo contrario. Pensarán que Dios es genuino y digno de amor, y que son precisamente la autenticidad y la hermosura de Dios lo que las conmueve. Cuanto más ven el lado real de Dios, mejor pueden apreciar la verdadera existencia de Su amor, la importancia de Dios en sus corazones, y cómo Él está a su lado en todo momento.

Ahora, relacionemos nuestra exposición de nuevo con el presente. Si Dios pudo hacer estas diversas pequeñas cosas por las personas que creó al principio, y hasta algunas que nadie se atrevería nunca a pensar o esperar, ¿podría Dios hacerlas para las personas de hoy? Algunos dicen: “¡Sí!”. ¿Por qué? Porque Su esencia y Su atractivo no son fingidos. La esencia de Dios existe realmente y no es algo añadido por otros, y sin duda tampoco cambia con los tiempos, los lugares y las eras. La autenticidad y la hermosura de Dios solo pueden destacarse realmente al realizar algo que para las personas sea poco sustancial e insignificante, algo tan nimio que ni siquiera pensarían que Él haría. Dios no es pretencioso. No hay exageración, engaño, soberbia, o arrogancia en Su carácter y esencia. Él nunca alardea, sino que ama, muestra preocupación, cuida y guía con fidelidad y sinceridad a los seres humanos que creó. No importa lo poco que las personas aprecien, sientan o vean esto que hace Dios, Él ciertamente lo hace. Saber que la esencia de Dios es así ¿afectaría al amor de las personas hacia Dios? ¿Tendría algún efecto sobre su temor de Él? Espero que cuando entiendas el lado real de Dios te acercarás más a Él y serás capaz de apreciar, de forma más verdadera, Su amor y Su preocupación por la humanidad, así como de entregar tu corazón a Dios y quedar libre de sospechas y dudas hacia Él. Dios lo está haciendo todo para el hombre con discreción, en silencio, por medio de Su sinceridad, Su fidelidad y Su amor. Pero nunca tiene aprensión o arrepentimiento por nada de lo que hace ni necesita que nadie le devuelva nada de ninguna forma, ni tiene intenciones de obtener nada de la humanidad. El único propósito en todo lo que ha hecho es poder recibir la fe y el amor sinceros de la humanidad.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 26

Dios pretende destruir el mundo con un diluvio y ordena a Noé construir un arca

Génesis 6:9-14 Estas son las generaciones de Noé. Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos; Noé andaba con Dios. Y Noé engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet. Y la tierra se había corrompido delante de Dios, y estaba la tierra llena de violencia. Y miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra. Entonces Dios dijo a Noé: He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra. Hazte un arca de madera de ciprés; harás el arca con compartimientos, y la calafatearás por dentro y por fuera con brea.

Génesis 6:18-22 Pero estableceré mi pacto contigo; y entrarás en el arca tú, y contigo tus hijos, tu mujer y las mujeres de tus hijos. Y de todo ser viviente, de toda carne, meterás dos de cada especie en el arca, para preservarles la vida contigo; macho y hembra serán. De las aves según su especie, de los animales según su especie y de todo reptil de la tierra según su especie, dos de cada especie vendrán a ti para que les preserves la vida. Y tú, toma para ti de todo alimento que se come, y guárdatelo, y será alimento para ti y para ellos. Y así lo hizo Noé; conforme a todo lo que Dios le había mandado, así hizo.

Después de leer estos pasajes, ¿tenéis un entendimiento general de quién era Noé? ¿Qué tipo de persona era? El texto original dice: “Noé era un hombre justo, perfecto entre sus contemporáneos”. En la mente de las personas modernas, ¿qué tipo de persona era un “hombre justo” de aquellos días? Un hombre justo debía de ser un hombre perfecto. ¿Sabéis si este hombre perfecto era perfecto a los ojos del hombre o perfecto a los ojos de Dios? Sin duda, este hombre era perfecto a los ojos de Dios pero no a los de los hombres. ¡Esto es seguro! Y se debe a que el hombre está ciego y no puede ver; sólo Dios ve toda la tierra y a cada persona, y sólo Él sabía que Noé era un hombre perfecto. Por tanto, el plan de Dios de destruir el mundo con un diluvio empezó en el instante mismo en que llamó a Noé.

[…]

Que Noé fuera llamado fue una realidad simple, pero la idea principal de lo que estamos hablando —el carácter de Dios, Su voluntad y Su esencia en este relato— no lo es tanto. Para entender estos diversos aspectos de Dios, debemos comprender primero a qué tipo de persona desea Dios llamar y, a través de esto, entender Su carácter, Su voluntad, y Su esencia. Esto es crucial. Por tanto, a los ojos de Dios, ¿qué tipo de persona es este hombre a quien Él llama? Debe ser alguien que pueda escuchar Sus palabras y seguir Sus instrucciones. Al mismo tiempo, debe ser también una persona con sentido de la responsabilidad, alguien que llevará a cabo la palabra de Dios y la tratará como la responsabilidad y el deber que está obligado a cumplir. ¿Debe ser, pues, esta persona alguien que conozca a Dios? No. En aquel tiempo, Noé no había oído gran cosa de las enseñanzas de Dios ni experimentado Su obra en absoluto. Por consiguiente, el conocimiento que tenía de Él era muy limitado. Aunque se dice aquí que caminaba con Dios, ¿vio alguna vez Su persona? ¡La respuesta es definitivamente no! Y es que en aquellos días, solo los mensajeros de Dios venían entre las personas. Aunque podían representarle a Él con lo que decían o hacían, solo comunicaban la voluntad y los propósitos de Dios. La persona de Dios no se revelaba al hombre cara a cara. En esta parte de las escrituras, básicamente, lo único que vemos es lo que Noé tuvo que hacer y cuáles fueron las instrucciones de Dios para él. ¿Cuál fue, pues, la esencia que Dios expresó aquí? Todo lo que Él hace se planea con precisión. Cuando ve desarrollarse una cosa o una situación, existe un estándar por el que medirlas a Sus ojos, y este determinará si comienza un plan para lidiar con ellas o cómo tratarlas. Él no es indiferente ni insensible hacia todo. En realidad, es todo lo contrario. Aquí hay un versículo que Dios le dijo a Noé: “He decidido poner fin a toda carne, porque la tierra está llena de violencia por causa de ellos; y he aquí, voy a destruirlos juntamente con la tierra”. ¿Afirman las palabras que Dios dijo esa vez que sólo destruiría a los seres humanos? ¡No! Él declaró que iba a destruir todo lo vivo, lo que tuviera carne. ¿Por qué quería Dios la destrucción? Aquí hay otra revelación del carácter de Dios; a Sus ojos, existe un límite para Su paciencia respecto a la corrupción del hombre, a la inmundicia, la violencia, y la desobediencia de toda carne. ¿Cuál es Su límite? Es como Dios mismo dijo: “Miró Dios a la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”. ¿Qué significa la frase “porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra”? Significa que al llenarse de corrupción el comportamiento de todas las cosas vivientes y verlo Dios, tuvo que destruirlas, incluidas las que le seguían, las que invocaban Su nombre, las que una vez le hicieron holocaustos, las que lo reconocían verbalmente y hasta le alababan. Ese fue el límite de Dios. ¿Hasta qué punto mantuvo Dios, pues, la paciencia con el hombre y la corrupción de toda carne? Hasta el punto en que todas las personas, seguidoras de Dios o incrédulas, dejaron de caminar por la senda correcta y el hombre no solo estaba corrompido moralmente y lleno de maldad, sino que no había nadie que creyese en la existencia de Dios, y mucho menos que considerara que Él gobierna el mundo, que puede traer luz y la senda correcta a las personas. Hasta el punto de que el hombre despreció la existencia de Dios y no le permitió existir. Una vez que la corrupción del hombre llegó a semejante nivel, Él ya no lo soportó más. ¿Qué la sustituiría? Llegarían la ira y el castigo de Dios. ¿No era esto una revelación parcial del carácter de Dios? En esta era, ¿no hay hombres justos a ojos de Dios? ¿No hay hombres perfectos a ojos de Dios? ¿Es esta una era en la que la conducta de toda carne sobre la tierra es corrupta a los ojos de Dios? En estos tiempos, aparte de aquellos a quienes Dios quiere hacer completos y los que pueden seguir a Dios y aceptar Su salvación, ¿no están todas las personas de carne desafiando el límite de la paciencia de Dios? ¿No está lleno de violencia todo lo que acontece a vuestro alrededor, lo que veis con vuestros ojos y oís con vuestros oídos, y experimentáis personalmente cada día en este mundo? A los ojos de Dios, ¿no debería un mundo así, una era así, ser finalizada? Aunque el trasfondo de la era actual sea completamente diferente del de la época de Noé, los sentimientos y la ira de Dios hacia la corrupción del hombre siguen siendo exactamente los mismos. Él puede ser paciente debido a Su obra, pero a la luz de las circunstancias y condiciones, a ojos de Dios este mundo tendría que haber sido destruido hace ya mucho tiempo. Las circunstancias están muy lejos de lo que eran cuando el diluvio destruyó el mundo. ¿Cuál es la diferencia? Esto es también lo que más entristece el corazón de Dios, y quizás algo que ninguno de vosotros pueda apreciar.

Cuando destruyó el mundo con el diluvio, Dios pudo llamar a Noé para que construyese un arca e hiciese parte de la obra de preparación. Dios pudo llamar a un hombre —Noé— para que hiciese esta serie de cosas para Él. Pero en esta época actual, Dios no tiene a quien llamar. ¿Por qué? Todos los aquí presentes entienden y conocen probablemente muy bien la razón. ¿Necesitáis que la explique? Decirlo en voz alta podría haceros quedar mal y pondría nerviosos a todos. Algunos podrían decir: “Aunque no somos personas justas ni perfectas a los ojos de Dios, si Él nos ordenara hacer algo, igual seríamos capaces de hacerlo. Antes, cuando Él decía que se acercaba un desastre catastrófico, empezábamos a preparar alimentos y artículos necesarios en un desastre. ¿No se hacía todo esto de acuerdo a las exigencias de Dios? ¿No estábamos en verdad colaborando con la obra de Dios? ¿Acaso no pueden compararse las cosas que hicimos con las que Noé llevó a cabo? ¿No es verdadera obediencia actuar como lo hicimos? ¿No estábamos siguiendo las instrucciones de Dios? ¿No hicimos lo que Él dijo, porque tenemos fe en Sus palabras? Entonces, ¿por qué sigue Dios estando triste? ¿Por qué dice que no tiene a nadie a quien llamar?”. ¿Existe alguna diferencia entre vuestras acciones y las de Noé? ¿Cuál es la diferencia? (Preparar comida hoy para el desastre fue nuestro propósito). (Nuestras acciones no pueden considerarse “justas”, mientras que Noé era un hombre justo a ojos de Dios). Lo que habéis respondido no está demasiado desencaminado. Lo que Noé hizo fue esencialmente diferente a lo que las personas están haciendo ahora. Cuando hizo lo que Dios le ordenó no conocía Sus intenciones. No sabía lo que Él quería llevar a cabo. Dios sólo le había dado un mandato y le había ordenado hacer algo, y sin mucha explicación, Noé siguió adelante y lo hizo. No intentó descifrar secretamente los propósitos de Dios ni se resistió a Él, ni mostró falta de sinceridad. Sólo fue y actuó en consecuencia, con un corazón puro y simple. Hizo todo lo que Dios le hizo hacer; obedecerle y escuchar Su palabra sostuvieron su fe en lo que hacía. Así fue como lidió de forma directa y simple con lo que Dios le encargó. Su esencia, la esencia de sus acciones, fue la obediencia, no cuestionar, no resistirse y, además, no pensar en sus propios intereses personales ni en sus ganancias y pérdidas. Además, cuando Dios dijo que destruiría el mundo con un diluvio, Noé no preguntó cuándo lo haría ni qué sería de las cosas, y desde luego no le preguntó a Dios cómo iba a destruir el mundo. Simplemente hizo lo que Dios ordenó. Como fuera que Dios quisiera hacerlo y por el medio que deseara, él siguió al pie de la letra lo que Dios le pidió y además, de inmediato emprendió acción. Actuó de acuerdo con las instrucciones de Dios con la actitud de querer satisfacer a Dios. ¿Lo hacía para ayudarse a sí mismo a evitar el desastre? No. ¿Le preguntó a Dios cuánto faltaba para que el mundo fuese destruido? No. ¿Le preguntó a Dios o acaso sabía cuánto tardaría en construir el arca? Tampoco lo sabía. Simplemente obedeció, escuchó, y actuó en consecuencia. Las personas de ahora no son iguales; tan pronto como se filtra un poco de información a través de la palabra de Dios, en cuanto sienten que las hojas se mueven con el viento, entran en acción de inmediato, sin importar lo que pase e independientemente de cuál sea el precio, preparan lo que comerán, beberán, y usarán después, incluso planean sus rutas de escape para cuando el desastre suceda. Es aún más interesante que, en este momento clave, los cerebros humanos sean muy buenos para “hacer lo que hay que hacer”. Bajo circunstancias en las que Dios no ha dado ninguna instrucción, el hombre puede planearlo todo de forma muy apropiada. Se podría usar la palabra “perfectos” para definir tales planes. En cuanto a lo que Dios dice, cuáles son Sus intenciones, o lo que Él quiere, a nadie le importa ni lo aprecia. ¿No es esa la mayor diferencia entre las personas de hoy y Noé?

En este relato de la historia de Noé, ¿veis una parte del carácter de Dios? Hay un límite para la paciencia de Dios con la corrupción, la inmundicia y la violencia del hombre. Cuando alcance ese límite, ya no será paciente y comenzará Su nueva gestión y Su nuevo plan, empezará a hacer lo que tiene que hacer, revelará Sus hechos y el otro lado de Su carácter. Esta acción suya no es para demostrar que el hombre no debe ofenderle nunca o que está lleno de autoridad e ira; tampoco es para mostrar que puede destruir a la humanidad. Es que Su carácter y Su esencia santa ya no pueden permitir más ni tener paciencia para que esta clase de humanidad viva delante de Él, bajo Su dominio ni puede tener más paciencia con ella. Es decir, cuando toda la humanidad está contra Él, cuando no haya nadie a quien pueda salvar en toda la tierra, ya no tendrá paciencia con una humanidad así, y llevará a cabo Su plan sin ningún reparo: destruir a este tipo de humanidad. Ese acto de Dios viene determinado por Su carácter. Es una consecuencia necesaria, y una que cada ser creado bajo el dominio de Dios debe soportar. ¿No demuestra esto que, en esta era actual, Dios no puede esperar a completar Su plan y salvar a las personas que quiere salvar? Bajo estas circunstancias, ¿qué le importa más a Dios? No la forma en que le tratan o se le resisten quienes no le siguen en absoluto o quienes de cualquier modo se oponen a Él ni cómo lo difama la humanidad. Lo único que le preocupa es que quienes le sigan, los que son objeto de Su salvación en Su plan de gestión, hayan sido hechos completos por Él, si se han hecho merecedores de Su satisfacción. En cuanto a los que no le siguen, simplemente provee ocasionalmente un poco de castigo para expresar Su ira. Por ejemplo: tsunamis, terremotos y erupciones volcánicas. Al mismo tiempo, protege firmemente y cuida a quienes lo siguen y están a punto de ser salvados por Él. Este es el carácter de Dios: por un lado puede tener una paciencia y tolerancia extremas hacia aquellos a los que pretende completar, y puede aguardar por ellos tanto como le es posible; por otro, Dios odia y detesta apasionadamente a las personas tipo-Satanás, que no lo siguen y se oponen a Él. Aunque a Él no le importa si esta gente tipo-Satanás lo sigue o lo adora, Él sigue aborreciéndolos a la par que alberga paciencia hacia ellos en Su corazón, y mientras determina el final de esta gente tipo-Satanás también aguarda la llegada de los pasos de Su plan de gestión.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 27

La bendición de Dios a Noé después del diluvio

Génesis 9:1-6 Y bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra. Y el temor y el terror de vosotros estarán sobre todos los animales de la tierra, y sobre todas las aves del cielo, y en todo lo que se arrastra sobre el suelo, y en todos los peces del mar; en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y tiene vida os será para alimento: todo os lo doy como os di la hierba verde. Pero carne con su vida, es decir, con su sangre, no comeréis. Y ciertamente pediré cuenta de la sangre de vuestras vidas; de todo animal la demandaré. Y de todo hombre, del hermano de todo hombre demandaré la vida del hombre. El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre.

Después de que Noé aceptara las instrucciones de Dios, construyera el arca y viviera los días en que Dios usó un diluvio para destruir el mundo, toda su familia de ocho miembros sobrevivió. Salvo por esta, toda la humanidad y todas las cosas vivientes sobre la tierra fueron destruidas. Dios impartió bendiciones a Noé, y le dijo algunas cosas a él y a sus hijos. Estas cosas fueron las que Dios le estaba concediendo, a la vez que Su bendición sobre él. Esta es la bendición y la promesa que Dios da a alguien que puede escucharle y aceptar Sus instrucciones, y es también la forma en que Él recompensa a las personas. Es decir, independientemente de que Noé fuera un hombre perfecto o justo a los ojos de Dios, y de cuánto lo conociera, en pocas palabras, Noé y sus tres hijos todos escucharon las palabras de Dios, cooperaron con Su obra, e hicieron lo que se suponía que debían hacer, de acuerdo con las instrucciones divinas. Por consiguiente, preservaron a los humanos y a diversas especies de seres vivos para Dios en la víspera de la destrucción del mundo por el diluvio, lo que era una gran contribución al siguiente paso del plan de gestión de Dios. Dios lo bendijo por todo lo que había hecho. Quizás para las personas de hoy, lo que Noé hizo ni siquiera era digno de mencionar. Algunos podrían incluso pensar: Noé no hizo nada; Dios se había hecho a la idea de salvarlo, así que desde luego que lo iba a hacer. Su supervivencia no se debió a sus propios logros. Esto es lo que Dios quería que ocurriese, porque el hombre es pasivo. Pero no era lo que Él estaba pensando. A Él no le importa si una persona es grande o insignificante, mientras pueda escucharle, obedecer Sus instrucciones y lo que Él encarga, y pueda cooperar con Su obra, Su voluntad y Su plan, de forma que Su voluntad y Su plan puedan cumplirse sin problemas, entonces esa conducta es digna de Su conmemoración y de recibir Su bendición. Dios valora a esas personas, y aprecia sus acciones, así como su amor y su afecto por Él. Esta es la actitud de Dios. ¿Por qué bendijo Dios, pues, a Noé? Porque así es como Dios trata tales acciones y la obediencia del hombre.

Con respecto a la bendición de Noé por parte de Dios, algunas personas dirán: “Si el hombre escucha y satisface a Dios, Dios debería bendecir al hombre. Sobra decirlo, ¿verdad?”. ¿Podemos decir esto? Algunas personas responden que “no”. ¿Por qué no podemos decir eso? Algunas personas afirman: “El hombre no es digno de disfrutar la bendición de Dios”. Eso no es del todo correcto. Porque cuando una persona acepta lo que Dios le encarga, Él tiene un estándar para juzgar si las acciones de las personas son buenas o malas, si ha obedecido, si ha satisfecho la voluntad de Dios y si lo que hacen cumple con Su estándar. Lo que le importa a Dios es el corazón humano, no sus acciones superficiales. No es que Dios deba bendecir a alguien por hacer algo, independientemente de cómo lo haga. Este es un malentendido que las personas tienen respecto a Dios. Él no solo mira el resultado final de las cosas, sino que hace mayor hincapié en cómo es el corazón de una persona y cuál es su actitud durante el desarrollo de las cosas; y mira, asimismo, si hay obediencia, consideración, y el deseo de satisfacerle en el corazón. ¿Cuánto sabía Noé de Dios en aquella época? ¿Tanto como las doctrinas que conocéis hoy? En términos de aspectos de la verdad como conceptos y conocimiento de Dios, ¿recibió él tanto riego y pastoreo como vosotros? ¡No! Pero un hecho es innegable: en la conciencia, las mentes, y hasta en las profundidades de los corazones de las personas de hoy, sus conceptos y actitudes hacia Dios son vagos y ambiguos. Hasta podríais decir que una parte de las personas tiene una actitud negativa hacia la existencia de Dios. Pero en el corazón y la conciencia de Noé, la existencia de Dios era absoluta y estaba fuera de toda duda, y por tanto su obediencia hacia Él no estaba adulterada y podría pasar la prueba. Su corazón era puro y abierto a Dios. No necesitaba demasiado conocimiento de doctrinas para convencerse de seguir cada palabra de Dios ni muchos hechos para demostrar Su existencia, para poder ser capaz de aceptar lo que Dios le encargó y de hacer lo que Él quería que hiciera. Esta es la diferencia fundamental entre Noé y las personas actuales, y es también la verdadera definición de lo que es un hombre perfecto a ojos de Dios. Él quiere personas como Noé. Él es el tipo de persona que Dios elogia y también precisamente la clase de persona a la que Él bendice. ¿Habéis recibido algún esclarecimiento de esto? Las personas miran a las personas desde el exterior, mientras que Dios mira sus corazones y su esencia. Dios no le permite a nadie la falta de entusiasmo ni las dudas respecto a Él ni consiente que las personas sospechen de Él o lo prueben en modo alguno. Por consiguiente, aunque las personas de hoy estén cara a cara con la palabra de Dios, incluso se podría decir cara a cara con Dios, debido a algo profundo dentro de sus corazones, a la existencia de su esencia corrupta y a su actitud hostil hacia Él, la posibilidad de tener una creencia sincera en Dios ha sido obstaculizada y su obediencia a Él ha sido bloqueada. Debido a esto, para ellas es muy difícil obtener la misma bendición que Dios le concedió a Noé.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 28

Dios usa el arcoíris como símbolo de Su pacto con el hombre

Génesis 9:11-13 Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que hago entre yo y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por todas las generaciones: pongo mi arco en las nubes y será por señal del pacto entre yo y la tierra.

Seguidamente, echemos un vistazo a esta parte de las escrituras sobre cómo usó Dios el arcoíris como símbolo de Su pacto con el hombre.

La mayoría de las personas sabe lo que es un arcoíris y han oído algunas historias relacionadas con ellos. En cuanto a la historia del arcoíris en la Biblia, algunos la creen y algunos la consideran una leyenda, mientras otros no la creen en absoluto. En cualquier caso, todos los acontecimientos que ocurrieron en relación al arcoíris fueron la obra de Dios, y tuvieron lugar en el proceso de la gestión del hombre por parte de Dios. Estos acontecimientos se han recogido con exactitud en la Biblia. Estos relatos no nos dicen cuál era el estado de ánimo de Dios en ese momento ni los propósitos detrás de estas palabras que Él pronunció. Además, nadie puede apreciar lo que Dios estaba sintiendo cuando las dijo. Sin embargo, el estado anímico de Dios en relación a todo este acontecimiento se revela entre las líneas del texto. Es como si Sus pensamientos en ese momento saltasen de la página a través de cada palabra y frase de la palabra de Dios.

Los pensamientos de Dios son aquello por lo que las personas deberían preocuparse y lo que deberían intentar llegar a conocer más. Esto se debe a que están inextricablemente relacionados con el entendimiento que el hombre tiene de Dios, que es un vínculo indispensable para la entrada del hombre en la vida. ¿Así pues, qué estaba pensando Dios en el momento en que acontecieron estas cosas?

Originalmente, Dios creó una humanidad que a Sus ojos era muy buena y cercana a Él, pero fue destruida por el diluvio tras rebelarse contra Él. ¿Le dolió a Dios que esa humanidad desapareciese así al instante? ¡Por supuesto que sí! ¿Cuál fue la expresión de este dolor? ¿Cómo se registró en la Biblia? Se registra en estas palabras: “Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra”. Esta simple frase revela los pensamientos de Dios. Esta destrucción del mundo le dolió mucho. En palabras del hombre, Él estaba muy triste. Podemos imaginar: ¿qué aspecto tenía la tierra, una vez llena de vida, tras ser destruida por el diluvio? ¿Qué aspecto tenía en aquel momento esa tierra que una vez estuvo llena de seres humanos? Ninguna morada humana, ninguna criatura viviente, agua por todas partes y completa devastación en la superficie del agua. ¿Era aquella escena el propósito original de Dios cuando creó el mundo? ¡Por supuesto que no! El propósito original de Dios era ver vida por toda la tierra, ver a los seres humanos que creó adorándole, no que fuese solo Noé el único en adorarle o el único que respondería a Su llamado para completar lo que le había encargado. Cuando la humanidad desapareció, Dios no vio lo que había pretendido originalmente, sino todo lo contrario. ¿Cómo no iba estar dolido Su corazón? Así pues, cuando estaba revelando Su carácter y expresando Sus emociones, Dios tomó una decisión. ¿Qué tipo de decisión tomó? Hacer un arco en las nubes (es decir, el arcoíris que vemos) como pacto con el hombre, una promesa de que Dios no destruiría de nuevo a la humanidad con un diluvio. Al mismo tiempo, también fue para decirles a las personas que Él había destruido el mundo con un diluvio, para que la humanidad recordase siempre por qué haría Dios algo así.

¿Fue la destrucción del mundo en aquel tiempo algo que quiso Dios? Definitivamente no fue algo que Él quiso. Podríamos ser capaces de imaginar una pequeña parte de la visión deplorable de la tierra tras la destrucción del mundo, pero no podemos acercarnos a imaginar cómo fue la escena a ojos de Dios. Podemos decir que, tanto en el caso de las personas de ahora como en el de las de entonces, nadie puede imaginar o apreciar lo que Dios estaba sintiendo cuando vio esa escena, esa imagen del mundo tras su destrucción por el diluvio. Dios se vio obligado a hacer esto por la desobediencia del hombre, pero el dolor que sufrió Su corazón por esta destrucción del mundo a través del diluvio es una realidad que nadie puede comprender ni apreciar. Por ello Dios hizo un pacto con la humanidad, cuyo objetivo era decirle a las personas que recordaran que Dios hizo una vez algo así, y jurarles que Dios no destruiría nunca más al mundo de ese modo. En este pacto vemos el corazón de Dios, vemos que sufría cuando destruyó a la humanidad. En el lenguaje del hombre, cuando Él la destruyó y la vio desaparecer, Su corazón lloraba y sangraba. ¿No es esta la mejor manera de describirlo? Los seres humanos usan estas palabras para ilustrar las emociones humanas, pero como el lenguaje del hombre es demasiado deficiente, emplearlas para describir los sentimientos y emociones de Dios no me parece tan malo ni tampoco es tan excesivo. Al menos os proporciona un entendimiento muy gráfico, muy acertado, del estado de ánimo de Dios en aquel momento. ¿Qué pensaréis ahora cuando veáis de nuevo un arcoíris? Al menos recordaréis que Dios se sintió una vez apenado por destruir el mundo con el diluvio. Recordaréis que, aunque Dios aborreció a este mundo y despreció a esta humanidad, cuando destruyó a los seres humanos que creó con Sus propias manos, Su corazón sufría y luchaba por dejarlo ir, sintiéndose renuente y resultándole difícil de soportar. Halló Su único alivio en la familia de ocho miembros de Noé. La colaboración de este hizo que Sus concienzudos esfuerzos para crear todas las cosas no fueran en vano. En un momento en que Dios estaba sufriendo, esto fue lo único que podía compensar Su dolor. Desde ese momento, Dios depositó todas las expectativas que tenía en la humanidad sobre la familia de Noé, esperando que esta pudiese vivir bajo Sus bendiciones y no bajo Su maldición, esperando que nunca volviesen a ver cómo Dios destruía el mundo mediante un diluvio, y esperando también que no fuesen destruidos.

¿Qué parte del carácter de Dios deberíamos aprender de esto? Dios había despreciado al hombre, porque el hombre era hostil con Él; pero en Su corazón, Su cuidado, preocupación y misericordia por la humanidad permanecían inmutables. Incluso cuando destruyó a la humanidad, Su corazón permaneció inmutable. Cuando esta estaba llena de corrupción y hasta un punto doloroso le desobedeció a Dios, Él tuvo que destruirla por Su carácter y Su esencia, y de acuerdo con Sus principios. Pero por Su esencia, Dios siguió compadeciéndose de ella, y hasta quiso usar diversas formas para redimirla, a fin de que continuase viviendo. El hombre, sin embargo, se opuso a Dios, siguió desobedeciéndole y se negó a aceptar Su salvación, es decir, se negó a aceptar Sus buenas intenciones. No importa cómo lo llamó Dios, le recordó, le proveyó, lo ayudó o toleró, el hombre no lo entendía ni lo apreciaba, ni le prestaba atención. En Su dolor, Dios no olvidó concederle al hombre Su máxima tolerancia, esperando que el hombre cambie de rumbo. Después de alcanzar Su límite, hizo lo que tuvo que hacer sin dudarlo. En otras palabras, hubo un período y un proceso específicos desde el momento en que Dios planeó destruir la humanidad hasta el comienzo de Su obra de destrucción de la misma. Este proceso existió con el propósito de capacitar al hombre para que cambiase de rumbo, y esta fue la última oportunidad que Dios le dio al hombre. ¿Qué hizo Dios, pues, en este período anterior a la destrucción de la humanidad? Llevó a cabo una cantidad significativa de trabajo recordatorio y de exhortación. Independientemente del dolor y del pesar que había en Su corazón, Él continuó prestando Su cuidado, Su preocupación y Su abundante misericordia a la humanidad. ¿Qué vemos a partir de esto? Indudablemente, que el amor de Dios por la humanidad es real y no algo que solo se dice de la boca para afuera. Es real, tangible y apreciable; no es fingido ni está adulterado, ni es engañoso o pretencioso. Dios nunca usa el engaño ni crea falsas imágenes para que las personas vean que es digno de ser amado. Nunca usa el falso testimonio para que las personas vean Su belleza ni para alardear de Su hermosura y santidad. ¿No son dignos del amor del hombre estos aspectos del carácter de Dios? ¿No son dignos de adorar? ¿No son dignos de estimar? En este momento, quiero preguntaros: Después de oír estas palabras, ¿pensáis que la grandeza de Dios se reduce a simples palabras vacías en una hoja de papel? ¿Es el encanto de Dios meras palabras vacías? ¡No! ¡Ciertamente no! La supremacía, la grandeza, la santidad, la tolerancia, el amor de Dios, etc., cada detalle de cada uno de los distintos aspectos del carácter y la esencia de Dios encuentran expresión práctica cada vez que Él lleva a cabo Su obra, están encarnados en Su voluntad hacia el hombre, y también se cumplen y se reflejan en cada persona. Independientemente de que lo hayas sentido antes o no, Dios está cuidando de cada persona de todas las maneras posibles, usando Su corazón sincero, Su sabiduría, y diversos métodos para entibiar el corazón de cada persona, y despertar su espíritu. Este hecho es indiscutible.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 29

Dios creó a la humanidad; independientemente de que se hayan corrompido o de que le sigan, Dios trata a los seres humanos como Sus seres más queridos; como Sus seres más queridos, como lo expresarían los seres humanos, y no como Sus juguetes. Aunque Dios dice que Él es el Creador y que el hombre es Su creación, algo que podría insinuar que hay una ligera diferencia de rango, la realidad es que todo lo que Dios ha hecho por la humanidad supera por mucho a una relación de esta naturaleza. Dios ama a la humanidad, cuida de ella, y muestra preocupación por ella; provee, asimismo, constante e incesantemente para la humanidad. Él nunca siente en Su corazón que esto sea un trabajo adicional o algo que merezca mucho reconocimiento. Tampoco estima que salvar a la humanidad, proveer para ella, y concederle todo, sea hacer una gran contribución a la humanidad. Él simplemente provee para la humanidad de forma tranquila y silenciosa, a Su manera y por medio de Su propia esencia, y de lo que Él es y tiene. No importa cuánta provisión y cuánta ayuda reciba la humanidad de Él, Dios nunca piensa en eso ni intenta obtener reconocimiento. Esto viene determinado por Su esencia, y es también precisamente una expresión verdadera de Su carácter. Es la razón por la que, independientemente de que sea en la Biblia o en otros libros, nunca vemos a Dios expresando Sus pensamientos ni lo encontramos describiendo o declarando a los seres humanos con el objetivo de hacer que la humanidad le esté agradecida o le alabe, ni por qué hace Él estas cosas o por qué cuida tanto de la humanidad. Incluso cuando está dolido, cuando Su corazón sufre un dolor extremo, nunca olvida Su responsabilidad hacia la humanidad ni Su preocupación por ella, todo esto mientras soporta el padecimiento y el dolor en silencio, solo. Por el contrario, Dios sigue proveyendo para la humanidad como siempre ha hecho. Aunque esta le alabe con frecuencia o de testimonio de Él, Él no exige este comportamiento. Esto se debe a que Dios nunca pretende que lo bueno que hace para la humanidad se intercambie por gratitud ni que tenga que devolverse. Por otra parte, quienes pueden temer a Dios y se apartan del mal; los que pueden seguirle con sinceridad, le escuchan y le son leales; y aquellos que pueden obedecerle, son los que recibirán a menudo las bendiciones de Dios, y Él concederá las mismas sin reservas. Además, las bendiciones que las personas reciben de Dios superan con frecuencia a su imaginación, y a cualquier cosa que los seres humanos puedan justificar mediante lo que han hecho o el precio que han pagado. Cuando la humanidad está disfrutando las bendiciones de Dios, ¿se preocupa alguien de lo que Él está haciendo? ¿Muestra alguien preocupación alguna por cómo se está sintiendo Él? ¿Intenta alguien entender Su dolor? La respuesta es un enfático no. ¿Puede cualquier ser humano, incluido Noé, entender el dolor que Dios estaba sintiendo en ese momento? ¿Puede alguien comprender por qué establecería Él un pacto como ese? ¡No puede! La humanidad no aprecia el dolor de Dios, no porque no pueda entenderlo, y no por la brecha existente entre Él y el hombre, o por la diferencia en su estatus; más bien porque a la humanidad no le importa en absoluto ninguno de los sentimientos de Dios. La humanidad piensa que Él es independiente, que Él no necesita que las personas se preocupen por Él, que lo entiendan ni que le muestren consideración. Dios es Dios, por lo que no siente dolor ni emociones; no estará triste, no sentirá pena y ni siquiera llora. Dios es Dios, por lo que no necesita expresiones ni consuelo emocionales. Si los necesitara bajo ciertas circunstancias, se las puede apañar solo y no requeriría ayuda alguna de la humanidad. Por el contrario, los seres humanos débiles e inmaduros son los que necesitan consuelo, provisión, exhortación de Dios y hasta que Él alivie sus emociones en todo momento y lugar. Esas cosas están al acecho en lo profundo de los corazones de la humanidad: el hombre es el débil; necesita que Dios cuide de él en todos los sentidos, merece todo el cuidado que recibe de Dios, y debería pedirle todo lo que sienta que debería ser suyo. Dios es el fuerte; lo tiene todo, y debería ser el guardián de la humanidad y quien le concede bendiciones. Como Él ya es Dios, es omnipotente y no necesita nada de la humanidad.

Como el hombre no presta atención a ninguna de las revelaciones de Dios, nunca ha sentido Su pesar, Su dolor o Su gozo. Por el contrario, Dios conoce todas las expresiones del hombre como la palma de Su mano. Él suple las necesidades de todos en todo momento y todo lugar, observando los pensamientos cambiantes de cada persona y consolándolas y exhortándolas, guiándolas e iluminándolas. En términos de todas las cosas que Dios ha hecho para la humanidad y de todos los precios que ha pagado por ella, ¿pueden las personas encontrar un pasaje en la Biblia o de cualquier cosa que Dios haya dicho hasta ahora que declare con claridad que Él le exigirá algo al hombre? ¡No! Al contrario, no importa cómo ignoren las personas el pensamiento de Dios, Él dirige repetidamente a la humanidad, provee una y otra vez para ella, y la ayuda, con el fin de permitirle seguir Su camino para que puedan alcanzar el hermoso destino que ha preparado para ella. Cuando se trata de Dios, Él concederá lo que tiene y lo que es, Su gracia, Su misericordia, y todas Sus recompensas sin reservas a aquellos que le aman y le siguen. Pero nunca le revela a nadie el dolor que ha sufrido o Su estado anímico, y nunca se queja de que alguien no haya sido considerado con Él o no conozca Su voluntad. Simplemente soporta todo esto en silencio, y espera el día en que la humanidad sea capaz de entender.

¿Por qué digo estas cosas aquí? ¿Qué deducís de las cosas que he dicho? Hay algo en la esencia y el carácter de Dios demasiado fácil de pasar por alto, algo que solo Él posee, ninguna otra persona, incluidas las que son consideradas grandes o buenas personas, o el Dios de su imaginación. ¿De qué se trata? Es la abnegación de Dios. Cuando se habla de abnegación, podrías pensar que tú también eres muy abnegado, porque cuando se trata de tus hijos nunca escatimas en nada ni regateas con ellos o piensas que también eres muy abnegado cuando se trata de tus padres. Independientemente de lo que pienses, por lo menos tienes algún concepto de la palabra “abnegado”, piensas en ella como una palabra positiva, y consideras que ser una persona abnegada es algo muy noble. Cuando eres abnegado, te tienes en alta estima. Pero no hay nadie que pueda ver la abnegación de Dios en todas las cosas, personas, acontecimientos, y objetos ni en Su obra. ¿Por qué es esto así? ¡Porque el hombre es demasiado egoísta! ¿Por qué digo esto? La humanidad vive en un mundo material. Tú puedes seguir a Dios, pero nunca ves o aprecias cómo provee Él para ti, cómo te ama y se preocupa por ti. ¿Qué ves entonces? Ves a tus familiares que te aman o te miman. Ves las cosas que son beneficiosas para tu carne, te preocupas por las personas y de las cosas que amas. Esta es la supuesta abnegación del hombre. Sin embargo, esas personas “abnegadas” nunca se preocupan del Dios que les da vida. En contraste con la de Él, la abnegación del hombre se vuelve egoísta y despreciable. La abnegación en la que cree el hombre es vacía y poco realista, adulterada, incompatible con Dios, y no tiene relación con Él. La abnegación del hombre es para sí mismo, mientras que la de Dios es una revelación verdadera de Su esencia. Precisamente por esta abnegación de Dios, el hombre recibe constante provisión de Él. Podría ser que este tema del que estoy hablando hoy no os afecte con demasiada profundidad y que os limitéis a asentir en señal de aprobación, pero cuando intentas apreciar el corazón de Dios en tu corazón, descubrirás esto de manera involuntaria: entre todas las personas, asuntos, y cosas que puedas sentir en este mundo, solo la abnegación de Dios es real y concreta, porque solo Su amor por ti es incondicional e inmaculado. Aparte de Él, toda la pretendida abnegación de cualquier otro es fingida, superficial, nada auténtica; tiene un propósito, ciertas intenciones, conlleva una compensación, y no puede superar la prueba. Hasta se podría decir que es sucia y despreciable. ¿Estáis de acuerdo con estas palabras?

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Palabras diarias de Dios Fragmento 30

Génesis 9:11-13 Yo establezco mi pacto con vosotros, y nunca más volverá a ser exterminada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra. Y dijo Dios: Esta es la señal del pacto que hago entre yo y vosotros y todo ser viviente que está con vosotros, por todas las generaciones: pongo mi arco en las nubes y será por señal del pacto entre yo y la tierra.

Al final de la historia de Noé, vemos que Dios usó un método inusual para expresar Sus sentimientos en ese momento. Fue un método muy especial: hacer un pacto con el hombre que declarara el final de la destrucción del mundo por parte de Dios con el diluvio. Desde fuera, hacer un pacto puede parecer una cosa muy normal. Tan solo se trata de usar palabras para obligar a las dos partes e impedirles infringir el acuerdo, para proteger los intereses de ambos. En su forma, es algo muy ordinario, pero las motivaciones subyacentes y la intención de Dios al hacer esto lo convierten en una revelación verdadera del carácter y del estado anímico de Dios. Si dejas de lado estas palabras y las ignoras, si nunca os contara la verdad sobre ellas, la humanidad nunca conocería realmente el pensamiento de Dios. Quizás en tu imaginación Él estaba sonriendo cuando hizo este pacto, o quizás Su expresión era seria; pero independientemente de la expresión más corriente que la gente imagina que tenía Dios, nadie habría sido capaz de ver Su corazón o Su dolor, y mucho menos Su soledad. Nadie puede hacer que Dios confíe en él, ser digno de Su confianza o ser alguien a quien Él pueda expresarle Sus pensamientos o confiarle Su dolor. Por esta razón Dios no tuvo más elección que actuar así. En apariencia, Dios hizo algo fácil al despachar a la humanidad tal como era, resolviendo el asunto del pasado y llevando a un perfecto final Su destrucción del mundo con el diluvio. Sin embargo, Él enterró el dolor de aquel momento en lo profundo de Su corazón. En un momento en el que no tenía a nadie en quien confiar, hizo un pacto con la humanidad, prometiéndole que no volvería a destruir el mundo con un diluvio. Cuando aparecía un arcoíris era para recordarle a la gente que tal cosa había ocurrido, y para advertirles que evitaran la maldad. Incluso en un estado tan doloroso, Dios no se olvidó de la humanidad y siguió mostrando mucha preocupación por ella. ¿No es esto el amor y la generosidad de Dios? ¿Qué piensan las personas cuando están sufriendo? ¿No es este el momento en que más necesitan a Dios? En momentos así, las personas siempre involucran a Dios para que Él pueda consolarlas. No importa cuándo, Él nunca defraudará a la gente, y siempre les ayudará a salir de sus apuros y a vivir en la luz. Aunque Dios provee así a la humanidad, en el corazón del hombre Dios sólo es una pastilla calmante, un tónico para aliviar. Cuando Él está sufriendo, cuando Su corazón está herido, tener a un ser creado o a cualquier persona haciéndole compañía o consolándolo sería sin duda un deseo extravagante para Dios. El hombre nunca presta atención a Sus sentimientos, por lo que Él nunca pide ni espera que haya alguien que pueda consolarlo. Simplemente usa Sus propios métodos para expresar Su estado de ánimo. Las personas no creen que sea una gran dificultad para Dios pasar por un poco de sufrimiento, pero solo cuando intentas entenderle de verdad, cuando puedes apreciar genuinamente Sus intenciones sinceras en todo lo que hace, puedes sentir la grandeza de Dios y Su abnegación. Aunque Dios hizo un pacto con la humanidad por medio del arcoíris, nunca le dijo a nadie por qué lo hizo, por qué lo estableció, y esto significa que nunca le contó a nadie Sus pensamientos reales. Esto se debe a que nadie puede comprender la profundidad del amor que Dios tiene por la humanidad que Él creó con Sus propias manos, como tampoco hay nadie que pueda apreciar cuánto dolor sufrió Su corazón cuando destruyó a la humanidad. Por tanto, aunque le dijera a la gente cómo se sentía, no podrían ejercer esta confianza. A pesar de estar dolido, Él continúa con el siguiente paso de Su obra. Dios siempre da Su mejor lado y las mejores cosas a la humanidad, mientras soporta en silencio todo el sufrimiento en solitario. Dios nunca revela abiertamente estos sufrimientos, sino que los soporta y espera en silencio. La resistencia de Dios no es fría, insensible ni indefensa, ni tampoco es una señal de debilidad. En cambio, el amor y la esencia de Dios siempre han sido abnegados. Esta es una revelación natural de Su esencia y carácter, y una representación genuina de la identidad de Dios como el verdadero Creador.

Extracto de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo I’ en “La Palabra manifestada en carne”

Las citas bíblicas marcadas (*) han sido traducidas de AKJV.

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