Selección de los diez pasajes de la palabra de Dios sobre “Obra y entrada”

1. Desde que las personas empezaron a transitar por la senda correcta de la vida, existen muchas cosas que todavía no les han quedado claras. Siguen encontrándose completamente confusos respecto a la obra de Dios, y sobre gran parte de la obra que deberían realizar. Esto se debe, por una parte, a la desviación en su experiencia y a las limitaciones de su capacidad de recibir; por la otra, la razón es que la obra de Dios no los ha llevado aún a esta fase. Por tanto, todos son ambiguos en lo que concierne a la mayoría de los asuntos espirituales. No sólo no tenéis claro dónde deberíais entrar, sino que aún sois más ignorantes de la obra de Dios. Esto es más que un simple asunto de deficiencias en vosotros: es un gran defecto que pertenece a todos aquellos en el mundo religioso. Aquí radica la clave de por qué las personas no conocen a Dios y, por lo tanto, esta imperfección es un defecto común que comparten todos aquellos que lo buscan. Ni una sola persona ha conocido nunca a Dios ni ha visto Su verdadero rostro. Por ello, la obra de Dios se convierte en algo tan arduo como mover un monte o secar el mar. ¿Cuántos han sacrificado su vida por la obra de Dios; cuántos han sido repudiados a causa de Su obra; cuántos han sido atormentados hasta la muerte por Su obra; cuántos han muerto injustamente, con lágrimas en los ojos, por amor a Dios; cuántos se han encontrado con la persecución cruel e inhumana…? ¿No se deben todas estas tragedias a la falta de conocimiento que tienen las personas sobre Dios? ¿Cómo podría alguien que no conoce a Dios tener la desfachatez de venir delante de Él? ¿Cómo podría tener la desvergüenza de presentarse ante Él alguien que cree en Dios y, aun así, le persigue? Esto no es lo único inadecuado de aquellos que se encuentran dentro del mundo religioso, sino que son más bien comunes entre vosotros y ellos. Las personas creen en Dios sin conocerle; sólo por esta razón, no lo reverencian en su corazón ni le temen. Están incluso aquellos que, con gran pompa y circunstancia, realizan la obra que ellos mismos imaginan dentro de esta corriente y abordan la obra de Dios según sus propias exigencias y deseos desenfrenados. Muchos actúan en un arrebato, sin sentir estima por Dios, y siguiendo su propia voluntad. ¿No son estas perfectas personificaciones de los corazones egoístas de las personas? ¿Acaso no manifiestan el sobreabundante elemento de engaño que poseen las personas? Las personas pueden ser, en realidad, supremamente inteligentes, ¿pero cómo pueden sus dones ocupar el lugar de la obra de Dios? Pueden interesarse de verdad por la carga de Dios, pero no pueden actuar con tanto egoísmo. ¿Son los actos de los seres humanos realmente divinos? ¿Puede alguien estar por completo seguro? Dar testimonio de Dios, heredar Su gloria, se debe a que Dios hace una excepción y levanta a las personas; ¿cómo podrían ser merecedores de ello? La obra de Dios no ha hecho más que empezar; Sus palabras apenas han comenzado a pronunciarse. A estas alturas, los hombres se sienten bien consigo mismos; ¿acaso no es esto simplemente incitarse a la humillación? Entienden demasiado poco. Ni el teórico más dotado ni el orador más elocuente pueden describir toda la abundancia de Dios; ¿cuánto menos vosotros? Más os valdría no elevar vuestro propio mérito más alto que los cielos, y veros más bien a vosotros mismos como algo más bajo que el menor de esas personas racionales que buscan amar a Dios. Esta es la senda por la que habéis de entrar: consideraos a vosotros mismos un palmo más bajo que todos los demás. ¿Por qué os tenéis en tal alta estima, en tan gran consideración? En el largo viaje de la vida sólo habéis dado los primeros pasos. Lo único que veis es el brazo de Dios, no Su totalidad. Os corresponde ver más de Su obra, descubrir más de aquello a lo que deberíais entrar, porque habéis cambiado demasiado poco.

de ‘Obra y entrada (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

2. Al trabajar a los hombres[1] y transformar su carácter, la obra de Dios nunca cesa, porque ellos son deficientes en demasiados sentidos y no llegan ni de lejos a los estándares establecidos por Él. Y por tanto puede decirse que, a ojos de Dios, seréis eternamente bebés recién nacidos, portadores de muy pocos de los elementos que le agradan, porque no sois nada sino criaturas en Sus manos. Si uno cae en la autocomplacencia, ¿no lo aborrecerá Dios? Decir que podéis satisfacer a Dios hoy es hablar desde la perspectiva limitada de vuestro cuerpo carnal; si de verdad os tuvierais que enfrentar a Dios siempre seríais derrotados en la batalla. La carne del hombre nunca ha conocido la victoria. Sólo a través de la obra del Espíritu Santo es posible para el hombre tener puntos favorables. En verdad, de las innumerables cosas de la creación de Dios, el hombre es la más baja. Aunque es el señor de todas las cosas, el ser humano es el único que está sujeto a las artimañas de Satanás, el único que cae presa de su corrupción, en formas innumerables. Nunca ha tenido soberanía sobre sí mismo. La mayoría de las personas viven en el inmundo lugar de Satanás, y sufren su burla; él les toma el pelo de una forma y de otra, hasta que están medio muertos, soportando todas las vicisitudes, todas las dificultades del mundo humano. Después de jugar con ellos, Satanás pone fin a su destino. Y así, ellos van pasando toda su vida en el aturdimiento de la confusión, sin disfrutar ni una vez de las buenas cosas que Dios ha preparado para ellos, sino dejándose perjudicar por Satanás y quedando destrozados. Hoy están tan debilitados y apáticos que no tienen inclinación alguna por hacer caso a la obra de Dios. Cuando esto ocurre, la experiencia de las personas está condenada para siempre a permanecer fragmentada e incompleta, y su entrada será eternamente un espacio vacío. En los varios miles de años transcurridos desde que Dios vino al mundo, ha utilizado a muchos hombres de nobles ideales para obrar a lo largo de numerosos años; sin embargo, los que conocen Su obra son tan pocos que casi son inexistentes. Por esta razón, innumerables personas asumen el papel de resistirse a Dios a la vez que obran por Él porque, en lugar de llevar a cabo Su obra, en realidad hacen una obra humana en una posición conferida por Dios. ¿Puede esto llamarse obra? ¿Cómo pueden entrar? La humanidad ha tomado la gracia de Dios y la ha enterrado. Por ello, en las generaciones pasadas, los que hacen Su obra tienen poca entrada. Sencillamente no hablan de conocer la obra de Dios, por lo poco que entienden de la sabiduría de Dios. Se puede decir que, aunque son muchos los que sirven a Dios, no han sido capaces de ver lo exaltado que Él es y, por esta razón, todos se han colocado en el lugar de Dios para que otros los adoren.

de ‘Obra y entrada (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

3. Cuando se habla de la obra, el hombre cree que se trata de correr de un lado a otro para Dios, predicar en todos los lugares y gastarse para Él. Aunque esta creencia es correcta, es demasiado parcial; lo que Dios le pide al hombre no es únicamente que viaje de aquí para allá para Él; es más el ministerio y la provisión adentro del espíritu. Muchos hermanos y hermanas no han pensado nunca en trabajar para Dios incluso después de tantos años de experiencia, porque la obra, tal como el hombre la concibe, es incongruente con lo que Dios pide. Por tanto, el hombre no tiene el más mínimo interés en el asunto de la obra y esta es precisamente la razón de que la entrada del hombre sea también bastante parcial. Todos vosotros deberíais empezar a entrar obrando para Dios, de manera que podáis experimentar mejor todos sus aspectos. A esto es a lo que deberíais entrar. La obra no alude a correr de un lado a otro para Dios, sino a que la vida del hombre y lo que vive sean para Su disfrute. Se trata de que el hombre use su lealtad hacia Dios y el conocimiento que tiene de Él para testificar de Él y ministrar al hombre. Esta es la responsabilidad del hombre y lo que todo hombre debería entender. En otras palabras, vuestra entrada es vuestra obra; estáis buscando entrar en el transcurso de vuestra obra para Dios. Experimentarle a Él no sólo es ser capaz de comer y beber Su palabra; lo más importante es que seáis capaces de testificar de Él, servirle, ministrar y proveer para el hombre. Esto es obra y también vuestra entrada; es lo que todo hombre debería alcanzar. Son muchos los que sólo se centran en viajar de aquí para allá para Dios, y en predicar en todas partes, mientras pasan por alto su experiencia personal y descuidan su entrada a la vida espiritual. Esto es lo que hace que quienes sirven a Dios se conviertan en aquellos que se resisten a Él. Durante tantos años, los que sirven a Dios y le ministran al hombre han considerado que la entrada consiste sencillamente en trabajar y predicar, y ninguno de ellos ha visto su propia experiencia espiritual como una entrada importante. Más bien aprovechan el esclarecimiento de la obra del Espíritu Santo para enseñar a otros. Cuando predican, sienten mucha carga y reciben la obra del Espíritu Santo, y a través de esto liberan la voz de este. En ese momento, los que trabajan se sienten engreídos y autosatisfechos, como si la obra del Espíritu Santo fuera su propia experiencia espiritual; sienten que todas las palabras que pronuncian durante ese tiempo son su propio ser, y también es como si su propia experiencia no fuera tan clara como la han descrito. Además, no tienen nociones de qué decir antes de hablar, pero cuando el Espíritu Santo obra en ellos, tienen un flujo incesante y continuo de palabras. Después de que hayas predicado así una vez, sientes que tu estatura presente no es tan pequeña como creías. Después de que el Espíritu Santo trabaje de manera similar en ti varias veces, decides que ya posees estatura y, erróneamente, crees que la obra del Espíritu Santo es tu propia entrada y ser. Cuando tienes constantemente esta experiencia, te vuelves laxo respecto a tu propia entrada. A continuación, te vas haciendo perezoso sin darte cuenta y no le das importancia alguna a tu propia entrada. Por tanto, cuando estés ministrando a otros, debes distinguir con claridad entre tu estatura y la obra del Espíritu Santo. Esto facilitará mejor tu entrada y beneficiará más convenientemente tu experiencia. Quien considere la obra del Espíritu Santo como su propia experiencia está dando comienzo a la degeneración del hombre. Por tanto, cualquiera que sea el deber que lleves a cabo, deberías considerar tu entrada como una lección clave.

de ‘Obra y entrada (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

4. Uno trabaja para cumplir la voluntad de Dios, para llevar delante de Él a todos los que son según Su corazón, para llevar al hombre a Él y presentarle la obra del Espíritu Santo y la dirección de Dios, perfeccionando así los frutos de la obra de Dios. Por esta razón, es imperativo que comprendáis la esencia del obrar. Como personas usadas por Dios, todos los hombres son dignos de trabajar para Él, es decir, todos tienen la oportunidad de ser utilizados por el Espíritu Santo. Sin embargo, hay algo que debéis entender: cuando el hombre hace la obra de Dios, tiene la oportunidad de ser usado por Él, pero lo que dice y lo que sabe no corresponde del todo a su estatura. Sólo podéis llegar a conocer mejor vuestras deficiencias en vuestra obra y recibir mayor esclarecimiento del Espíritu Santo, permitiéndoos así lograr una mejor entrada en ella. Si el hombre considera la dirección de Dios como su propia entrada y lo que es inherente a su interior, no hay potencial para que la estatura del hombre crezca. El Espíritu Santo esclarece al hombre cuando este se halla en un estado normal; en momentos así, el hombre suele equivocar el esclarecimiento que recibe como su propia estatura en realidad, porque el Espíritu Santo esclarece de la forma más normal: haciendo uso de lo que es inherente al interior del hombre. Cuando este trabaja y habla, o durante su oración en sus devociones espirituales, una verdad se le aclarará de forma repentina. Sin embargo, lo que el hombre ve en realidad es tan sólo el esclarecimiento del Espíritu Santo (naturalmente, esto está relacionado con la colaboración del hombre) y no su verdadera estatura. Después de un periodo de experiencia en la que el hombre encuentra numerosas dificultades reales, la verdadera estatura del hombre se pone de manifiesto bajo tales circunstancias. Sólo en ese momento descubre el hombre que su estatura no es tan grande y que todo surge: su egoísmo, sus consideraciones personales y su avaricia. Sólo después de varios ciclos de semejante experiencia, muchos de los que han despertado en su espíritu entenderán que en el pasado no se trataba de su propia realidad, sino una iluminación momentánea del Espíritu Santo, y que el hombre sólo había recibido la luz. Cuando el Espíritu Santo inspira al hombre para que entienda la verdad, con frecuencia lo hace de un modo claro y nítido, sin contexto. Es decir, no incorpora las dificultades del hombre en esta revelación, sino que revela directamente la verdad. Cuando el hombre encuentra dificultades para entrar, el hombre agrega entonces el esclarecimiento del Espíritu Santo, y esto se convierte en su verdadera experiencia. […] Por tanto, cuando recibís la obra del Espíritu Santo, al mismo tiempo deberíais centraros más en vuestra entrada, y ver con exactitud cuál es la obra del Espíritu Santo y cuál vuestra entrada, e incorporar la obra del Espíritu Santo a vuestra entrada para que podáis ser mejor perfeccionados por Él y permitir que la esencia de Su obra se forje en vosotros. Durante el transcurso de vuestra experiencia de la obra del Espíritu Santo, llegáis a conocerle tanto al Espíritu Santo como a vosotros mismos; en medio de numerosos casos de sufrimiento extremo desarrolláis una relación normal con Dios, que crece en intimidad día a día. Tras incontables ocasiones de poda y refinamiento, desarrolláis un amor verdadero hacia Dios. Por esta razón debéis entender que el sufrimiento, los golpes y las tribulaciones no son desalentadores; lo que sí asusta es tener solamente la obra del Espíritu Santo, pero no vuestra entrada. Cuando llegue el día en que la obra de Dios esté acabada, os habréis esforzado para nada; aunque experimentasteis la obra de Dios, no habréis llegado a conocer al Espíritu Santo ni habréis obtenido vuestra propia entrada. El Espíritu Santo no esclarece al hombre para mantener su pasión, sino para abrir una salida para la entrada del hombre, y para permitirle que llegue a conocerle a Él, y que a partir de ahí desarrolle un corazón de reverencia y adoración hacia Dios.

de ‘Obra y entrada (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

5. Dios les ha confiado mucho a los humanos y también ha hablado de incontables maneras sobre la entrada humana. Sin embargo, por ser el calibre de las personas tan pobre, muchas de las palabras de Dios dejan de arraigarse. Existen diversas razones para este pobre calibre, como la corrupción del pensamiento y la moralidad humanas, la falta de una educación adecuada; las supersticiones feudales que ocupan gravemente el corazón del hombre; los estilos de vida depravados y decadentes que han alojado muchas enfermedades en los rincones más profundos del corazón humano; una comprensión superficial de la alfabetización cultural, con casi el noventa y ocho por ciento de las personas que carecen de educación en la misma. Lo que es más, hay muy pocos que reciben niveles más altos de educación cultural. Por lo tanto, básicamente no tienen ni idea de lo que significan el Espíritu o Dios. Sólo poseen una imagen imprecisa y poco clara de Él según les proveen las supersticiones feudales. Perniciosas influencias en lo profundo del corazón humano como resultado de miles de años “del elevado espíritu nacional” y pensamiento feudal han dejado a las personas atadas y encadenadas, sin una pizca de libertad. Como resultado, son personas sin aspiraciones ni perseverancia, ni deseo de progresar, sino que permanecen pasivos y retrógrados, con una mentalidad de esclavos particularmente fuerte, y así sucesivamente, estos factores objetivos les han impartido una desagradable imagen, de indeleble suciedad, a la actitud ideológica, los ideales, la moralidad y el carácter humanos. Al parecer, los seres humanos están viviendo en un mundo aterrador de oscuridad y nadie busca trascenderlo, nadie piensa en avanzar a un mundo ideal. Se contentan con su suerte en la vida y pasan sus días teniendo hijos y criándolos, esforzándose, sudando, atendiendo sus quehaceres, soñando con una familia agradable y feliz, el afecto conyugal, la piedad filial por parte de los hijos, unos últimos años gozosos y vivir una vida apacible… Durante decenas, millares, decenas de millares de años hasta ahora, las personas han malgastado así su tiempo; nadie ha creado una vida perfecta. Se han limitado a masacrarse unos a otros en este mundo oscuro, luchando por fama y fortuna, en intrigas los unos contra los otros. ¿Quién ha buscado jamás la voluntad de Dios? ¿Le ha prestado alguien jamás atención a la obra de Dios? Todas estas porciones dentro de los seres humanos, ocupados por la influencia de la oscuridad, se han convertido hace mucho tiempo en naturaleza humana, de manera que es bastante difícil llevar a cabo la obra de Dios, y hoy las personas tienen aún menos ánimo de prestar atención a lo que Dios les ha confiado.

de ‘Obra y entrada (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

6. Durante el curso de la entrada del hombre, la vida siempre es aburrida, está llena de los elementos monótonos de la vida espiritual, como orar un poco, comer y beber las palabras de Dios, o reunirse, de forma que las personas sientan siempre que creer en Dios no produce un gran disfrute. Tales actividades espirituales siempre se llevan a cabo sobre la base del carácter original de la humanidad, que Satanás ha corrompido. Aunque las personas pueden recibir en ocasiones el esclarecimiento del Espíritu Santo, su pensamiento, su carácter, su estilo de vida y sus hábitos originales siguen enraizados en su interior y, por tanto, su naturaleza sigue sin cambiar. Las actividades supersticiosas en las que se involucran las personas son lo que Dios más aborrece. Incluso ahora, muchos siguen siendo incapaces de desprenderse de ellas, y piensan que son decretos de Dios y, hasta la fecha, no han podido deshacerse de ellas. Asuntos como los arreglos de las fiestas de boda o el ajuar para las jóvenes parejas, los regalos en efectivo, los banquetes y maneras similares con las que se celebran las ocasiones felices; las viejas frases se fueron transmitiendo y todas las actividades supersticiosas sin sentido, que se realizan en nombre de los muertos y las exequias funerarias, todas estas cosas son aún más detestables para Dios. Él odia incluso el día de adoración (incluyendo el Sabbat, que guarda el mundo religioso), y las relaciones sociales y la comunicación mundana de hombres con hombres son cosas que Él aborrece y rechaza todavía más. Ni siquiera la Fiesta de la Primavera y el Día de Navidad, de todos conocidos, han sido decretados por Dios, por no mencionar los juguetes y las decoraciones (copla antitética, pastel de Año Nuevo, petardos, farolillos, regalos y celebraciones navideñas, y Santa Comunión). ¿Acaso estas festividades no son ídolos en el corazón de las personas? El partimiento del pan en el Sabbat, el vino y el lino fino todavía lo son enfáticamente más. Todos los diversos días de fiestas tradicionales en China, como la festividad del día del dragón que levanta la cabeza, el festival del barco dragón, la fiesta de mitad del otoño, la de Laba y la del día de Año Nuevo, y las fiestas del mundo religioso, como la Pascua, el día del Bautismo, el día de Navidad, todas estas festividades injustificables han sido organizadas y transmitidas desde los tiempos antiguos hasta la actualidad por muchas personas y son incompatibles con la humanidad creada por Dios. La rica imaginación y la ingeniosa idea son las que han permitido su transmisión hasta hoy. Parecen estar libres de defectos, pero en realidad son trucos que Satanás le hace a la humanidad. Cuántos más Satanás vivan en una localidad, y más obsoleta y atrasada sea esta, más profundamente arraigadas son las costumbres feudales. Estas cosas atan en corto a las personas, sin permitirles movilidad alguna. Muchas de las festividades del mundo religioso parecen exhibir gran originalidad y parecen crear un puente hacia la obra de Dios, pero en realidad son los lazos invisibles de Satanás que atan a las personas para que no lleguen a conocer a Dios, las ingeniosas estratagemas suyas. De hecho, cuando una etapa de la obra de Dios ha acabado, Él ya ha destruido las herramientas y el estilo de ese tiempo, sin dejar rastro alguno. Sin embargo, los “creyentes devotos” siguen adorando a esos objetos materiales tangibles, pero relegan al fondo de su mente lo que Dios tiene sin estudiarlo más, aparentemente llenos del amor a Dios, pero habiéndole echado en realidad fuera de la casa mucho antes y habiendo sentado a Satanás en la mesa para adorarlo. Los retratos de Jesús, la Cruz, María, el Bautismo de Jesús y la última Cena, son cosas que las personas veneran como al Señor de los Cielos, mientras claman una y otra vez “Dios Padre”. ¿No es todo esto una broma? Hasta hoy, Dios odia muchos dichos y actos similares que se han transmitido entre la humanidad; le obstruyen gravemente a Dios el camino por delante y, además, causan inmensos reveses a la entrada de la humanidad. Poner a un lado la extensión hasta la que Satanás ha corrompido a la humanidad, la ley de Witness Lee, las experiencias de Lawrence, los estudios por Watchman Nee y la obra de Pablo han ocupado por completo el interior de las personas. Dios sencillamente no tiene forma de trabajar en los seres humanos, porque en ellos hay demasiado individualismo, leyes, normas, regulaciones, sistemas, y cosas como esas; tales cosas, además de las tendencias supersticiosas feudales de las personas, han capturado y devorado a la humanidad. Es como si los pensamientos de las personas fueran una estupenda película de cuento de hadas en color, con seres fantásticos cabalgando sobre las nubes, tan imaginativa como para asombrarlas, dejándolas deslumbradas y enmudecidas. A decir verdad, la obra que Dios viene a hacer hoy consiste, principalmente, en ocuparse de los atributos supersticiosos de los seres humanos, y disiparlos, así como de transformar por completo su perspectiva mental. La obra de Dios no es lo que la humanidad ha transmitido durante generaciones, y preservado hasta hoy; es la obra iniciada y completada por Él personalmente, sin necesidad alguna de suceder al legado de determinado gran hombre espiritual ni de heredar obra alguna de naturaleza representativa realizada por Dios en alguna otra era. Los seres humanos no deben preocuparse por ninguna de estas cosas. Hoy, Dios tiene otro estilo de hablar y obrar; ¿por qué deberían crearse problemas los propios seres humanos? Si los seres humanos recorren la senda de hoy en la corriente actual, mientras continúan el legado de sus “ancestros”, no alcanzarán su destino. Dios siente una profunda repugnancia por este modo particular de conducta humana, del mismo modo que abomina los años, meses y días del mundo humano.

de ‘Obra y entrada (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

7. La mejor manera de cambiar el carácter humano es revertir las cosas profundamente envenenadas que están en las profundidades del corazón de las personas, permitiéndoles empezar a modificar su pensamiento y su moralidad. En primer lugar, los seres humanos necesitan ver con claridad que todos estos ritos, actividades, fechas, y festividades religiosas son detestables para Dios. Deberían liberarse de estos lazos de pensamiento feudal y erradicar todos los vestigios profundos de su propensión a la superstición. Todos estos forman parte de la entrada de la humanidad. Tenéis que entender por qué Dios conduce a la humanidad a salir del mundo secular y a alejarse de las normas y las regulaciones. Esta es la puerta para vuestra entrada y, aunque no tenga nada que ver con vuestra experiencia espiritual, estas son las cosas principales que os bloquean la entrada, vuestro conocimiento de Dios. Forman una red que enreda a las personas. Muchos leen demasiado la Biblia y hasta pueden recitar numerosos pasajes de ella. Hoy, en su entrada, la usan de manera inconsciente para medir la obra de Dios como si ella fuera la base y la fuente de esta etapa de Su obra. Cuando la obra de Dios está en línea con la Biblia, las personas la apoyan con firmeza y consideran a Dios con recién descubierta estima; cuando no es así, las personas se angustian tanto que empiezan a sudar y a buscar en ella la base de la obra de Dios; si esta no se menciona en la Biblia, ignorarán a Dios. Se puede afirmar que la mayoría de los seres humanos aceptan con cautela, obedecen con selectividad y sienten indiferencia hacia la obra presente de Dios; en cuanto a las cosas del pasado, se aferran a la mitad y dejan la otra parte. ¿Se le puede llamar entrada a esto? Las personas consideran que los libros de otros son tesoros, y los tratan como la llave de oro que abre la puerta del reino, y sencillamente no muestran interés en los requisitos que Dios tiene hoy. Además, muchos “expertos inteligentes” sostienen las palabras de Dios en la mano izquierda, mientras que en la derecha sostienen las “obras maestras” de otros, como si quisieran hallar la base de las palabras de Dios en dichos libros para demostrar por completo que las palabras de Dios son correctas y hasta explican las palabras de Dios a los demás integrándolas en esas grandes obras, como si trabajaran. A decir verdad, muchos “investigadores científicos” entre la humanidad nunca tienen un buen concepto de los últimos logros científicos actuales, éxitos científicos sin precedentes (es decir, la obra de Dios, las palabras de Dios y la senda para la entrada a la vida), de modo que todas las personas son “autosuficientes”, “predican” a todo lo largo y ancho confiando en su elocuencia, alardeando “del buen nombre de Dios”. Sin embargo, su propia entrada está en peligro y los requisitos de Dios parecen tan lejanos como desde la creación hasta este momento. ¿Cómo de fácil resulta hacer la obra de Dios? Al parecer, las personas ya han decidido dejar una mitad de sí mismas al ayer y traer la mitad al presente, entregarle la mitad a Satanás y ofrecerle la otra mitad a Dios, como si esta fuera la forma de aliviar su conciencia y sentir alguna sensación de consuelo. El mundo interior de las personas es demasiado insidioso; temen no sólo perder el mañana, sino también el ayer, profundamente temerosos tanto de ofender a Satanás como al Dios de hoy que parece ser y no ser. Al ser tan inadecuado el cultivo del pensamiento y de la moral de los seres humanos, su capacidad de discernir es particularmente escasa y simplemente no pueden decir si la obra de hoy es de Dios o no. Tal vez se deba a que el pensamiento supersticioso feudal humano es tan profundo que hace mucho tiempo ya que han colocado la superstición y la verdad, a Dios y a los ídolos, en la misma categoría; no se preocupan por distinguir entre estas cosas. Es como si se hubieran devanado los sesos, pero siguen siendo incapaces de discernir claramente. Por esta razón, los seres humanos se detienen en seco y ya no siguen hacia adelante. Todas estas cosas surgen de la falta de una educación ideológica correcta en las personas, que provoca grandes dificultades para su entrada. Como resultado, las personas nunca tienen ningún interés en la obra del Dios verdadero, sino que se apegan persistentemente a[2] la obra del hombre (como en el caso de aquellos a los que consideran grandes hombres), como si hubieran sido marcados por ella. ¿No son estas las últimas lecciones en las que la humanidad debe entrar?

de ‘Obra y entrada (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

8. Dios está encarnado en el continente chino, lo que los compatriotas de Hong Kong y Taiwán llaman el interior. Cuando Dios descendió de lo alto a la tierra, nadie lo supo en el cielo ni aquí abajo, porque este es el verdadero significado de que Dios regrese de un modo oculto. Durante largo tiempo ha estado obrando en la carne y viviendo, aunque nadie se ha enterado. Incluso hasta el día de hoy, nadie lo reconoce. Tal vez seguirá siendo un enigma eterno. Esta vez, la venida de Dios en carne no es algo de lo que cualquiera pueda ser consciente. Independientemente de que la obra del Espíritu sea a gran escala y poderosa, Dios siempre mantiene la compostura, sin delatarse nunca. Se puede decir que es como si esta etapa de Su obra se está llevando a cabo en el ámbito celestial. Aunque sea algo perfectamente obvio para todos, nadie lo reconoce. Cuando Dios acabe esta etapa de Su obra, todos despertarán de su largo sueño y revertirán su actitud del pasado.[3] Recuerdo que Dios dijo una vez: “Venir esta vez a la carne es como caer en la guarida del tigre”. Lo que esto significa es que, al ocurrir que en esta ronda de la obra de Dios Él haya venido en carne y haya nacido en la morada del gran dragón rojo, Su venida a la tierra esta vez está acompañada por peligros extremos. Se enfrenta a cuchillos, pistolas y porras; a la tentación; a multitudes con miradas asesinas. Se arriesga a que lo maten en cualquier momento. Dios vino con ira. Sin embargo, vino para realizar la obra de perfección, con la intención de llevar a cabo la segunda parte de Su obra que sigue después de la obra redentora. Por el bien de esta etapa de Su obra, Dios ha dedicado Su mayor pensamiento y cuidado, y está usando todos los medios concebibles para evitar los asaltos de la tentación, ocultándose con humildad y sin alardear jamás de Su identidad. Al rescatar al hombre de la cruz, Jesús sólo estaba cumpliendo la obra de redención; no estaba realizando la obra de perfección. Así, sólo se estaba llevando a cabo la mitad de la obra de Dios, y acabar la obra redentora sólo fue la mitad de la totalidad de Su plan. Cuando la nueva era estaba a punto de empezar y la vieja se desvanecía, Dios Padre empezó a reflexionar sobre la segunda parte de Su obra y a prepararse para ella. En el pasado, esta encarnación de los últimos días puede no haber sido profetizada y, por tanto, esto estableció el cimiento para el secretismo incrementado que rodea esta vez la venida de Dios en carne. Al amanecer, sin que nadie lo supiera, Dios vino a la tierra e inició Su vida en la carne. Las personas fueron totalmente inconscientes de ese momento. Quizás estaban todos dormidos; tal vez muchos de los que estaban despiertos y vigilantes esperaban, y es posible que muchos estuvieran orando en silencio a Dios en el cielo. Sin embargo, entre toda esta cantidad de personas, nadie supo que Dios ya había llegado a la tierra. Él obró así para llevar a cabo Su obra sin contratiempos y lograr mejores resultados, y también para evitar más tentaciones. Cuando se rompa el sueño primaveral del hombre, la obra de Dios llevará ya mucho tiempo acabada y Él se marchará, poniendo fin a Su vida de ambular por la tierra y residir en ella. Ya que la obra de Dios requiere que Él actúe y hable personalmente, y porque el hombre no tiene forma de ayudar, Dios ha soportado un dolor extremo para venir a la tierra a hacer Él mismo la obra. El ser humano es incapaz de sustituir a Dios en Su obra. Por tanto, Él corrió peligros varios millares de veces mayores que los de la Era de la Gracia, para bajar donde mora el gran dragón rojo y hacer Su propia obra, poner todo este pensamiento y cuidado en redimir a este grupo de gente empobrecida, redimiendo a estas personas que estaban tapadas por una montaña de estiércol. Aunque nadie sepa de la existencia de Dios, a Él no le preocupa, porque beneficia en gran manera a Su obra. Todos son atrozmente malvados, así que ¿cómo puede alguien tolerar la existencia de Dios? Por ello, Dios está siempre callado en la tierra. Independientemente de lo excesivamente cruel que es el hombre, Dios no se lo toma a pecho, sino que sigue haciendo la obra que necesita realizar para cumplir la mayor comisión que el Padre celestial le dio. ¿Quién de entre vosotros ha reconocido la hermosura de Dios? ¿Quién muestra más consideración por la carga de Dios Padre que Su Hijo? ¿Quién es capaz de entender la voluntad de Dios Padre? En el cielo, el Espíritu de Dios Padre está a menudo preocupado, y Su Hijo en la tierra ora con frecuencia sobre la voluntad de Dios Padre, con una preocupación que hace pedazos Su corazón. ¿Hay alguien que conozca el amor de Dios Padre por Su Hijo? ¿Alguien sabe cuánto echa de menos el Hijo amado a Dios Padre? Sin poder decidir entre el cielo y la tierra, ambos están constantemente mirando de manera fija al otro desde lejos, uno al lado del otro en Espíritu. ¡Oh humanidad! ¿Cuándo tendréis en consideración el corazón de Dios? ¿Cuándo comprenderéis Su intención? El Padre y el Hijo siempre han dependido el uno del otro. ¿Por qué deberían separarse, uno arriba, en el cielo, y el otro abajo, en la tierra? El Padre ama a Su Hijo así como el Hijo ama a Su Padre. ¿Por qué debería tener que esperar, pues, con tantos anhelos y suspirar con tanta angustia? Aunque no han estado separados durante largo tiempo, ¿sabe alguien que el Padre ya ha estado añorando, angustiado, durante tantos días y noches, y hace mucho que espera el rápido regreso de Su amado Hijo? Observa, está sentado en silencio, espera. Todo es por el pronto retorno de Su amado Hijo. ¿Cuándo volverá a estar con el Hijo que está vagando por la tierra? Aunque una vez juntos, lo estarán por toda la eternidad, ¿cómo puede Él soportar los miles de días y noches de separación, el uno arriba, en el cielo, y el otro abajo en la tierra? Decenas de años en la tierra son como miles de años en el cielo. ¿Cómo podría Dios Padre no preocuparse? Cuando Dios viene a la tierra, experimenta las muchas vicisitudes del mundo humano exactamente igual que el hombre. Dios mismo es inocente, de modo que ¿por qué permitir que sufra el mismo dolor que el hombre? No es de sorprender que Dios Padre anhele con tanta urgencia a Su Hijo; ¿quién puede entender el corazón de Dios? Él le ha dado demasiado al hombre; ¿cómo puede el hombre corresponderle suficientemente al corazón de Dios? Con todo, el ser humano le da muy poco a Dios; ¿cómo podría Él, pues, no preocuparse?

de ‘Obra y entrada (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

9. Apenas uno de entre los hombres entiende la urgencia del corazón de Dios, porque el calibre de las personas es demasiado bajo y su sensibilidad espiritual bastante apagada, y porque ninguno lo nota ni presta atención a lo que Dios está haciendo. De modo que Dios sigue preocupándose por el hombre, como si la naturaleza animal de este pudiera estallar en cualquier momento. Esto demuestra, además, que la venida de Dios a la tierra va acompañada por grandes tentaciones. Pero por el bien de completar a un grupo de personas, Dios, colmado de gloria, puso al hombre al tanto de todas Sus intenciones, sin esconder nada. Ha decidido firmemente completar a este grupo. Por tanto, haya dificultad o tentación, Él mira hacia otro lado y lo pasa todo por alto. Él se limita a hacer Su propia obra en silencio, creyendo firmemente que un día, cuando Dios haya obtenido gloria, el hombre le conocerá, y creyendo que cuando el hombre haya sido completado por Dios entenderá por completo Su corazón. Ahora mismo puede haber personas que estén tentando a Dios, malinterpretándolo o culpándolo; Él no se toma nada de esto en serio. Cuando Él descienda en gloria, todas las personas entenderán que todo lo que Dios hace es por el bienestar de la humanidad, y comprenderán que todo es para que el hombre pueda sobrevivir mejor. La venida de Dios está acompañada por las tentaciones, y Dios también viene con majestad e ira. Para cuando Dios deje al hombre, ya habrá ganado gloria, y se marchará cargado al máximo de gloria y con el gozo del regreso. El Dios que obra en la tierra no se toma las cosas a pecho, por mucho que las personas lo rechacen. Él sólo está haciendo Su obra. Dios creó el mundo y esto se remonta a miles de años; ha venido a la tierra a realizar una cantidad inconmensurable de obra y ha experimentado por completo el rechazo y la difamación del mundo humano. Nadie celebra la llegada de Dios; todo el mundo simplemente lo mira con frialdad. En el transcurso de estos varios miles de años de dificultades, la conducta del hombre desde hace mucho tiempo ha hecho pedazos el corazón de Dios. Ya no presta atención a la rebeldía de las personas, sino que en su lugar elabora un plan aparte para transformar y purificar al hombre. La burla, la calumnia, la persecución, la tribulación, el sufrimiento de la crucifixión, la exclusión por parte del hombre, etc. que Dios ha experimentado en la carne: Él ha probado bastante de todo esto. Dios en la carne ha sufrido a fondo las miserias del mundo humano. Hace mucho que, en el cielo, para el Espíritu de Dios Padre estas visiones fueron insoportables y echó Su cabeza hacia atrás y cerró los ojos, esperando que Su amado Hijo regresara. Lo único que quiere es que todas las personas escuchen y obedezcan, sean capaces de sentir gran vergüenza ante Su carne y no se rebelen contra Él. Lo único que desea es que todos crean que Dios existe. Hace tiempo que dejó de hacer grandes exigencias al hombre, porque Dios ha pagado un precio demasiado alto, mientras el ser humano descansa tranquilo,[4] no tomándose Su obra en serio.

de ‘Obra y entrada (4)’ en “La Palabra manifestada en carne”

10. Hoy todos sabéis que Dios está conduciendo a las personas a la senda correcta de vida, que está guiando al hombre para que dé el siguiente paso hacia otra era, que lo está guiando a trascender esta antigua era oscura, a librarse de la carne, de la opresión de las fuerzas de oscuridad y de la influencia de Satanás, para que todas y cada una de las personas puedan vivir en un mundo de libertad. Por el bien de un hermoso mañana, para que las personas puedan ser más audaces en sus pasos futuros, el Espíritu de Dios lo planea todo para el hombre, y para que este pueda disfrutar más, Dios dedica todos Sus esfuerzos en la carne para preparar el camino delante del hombre, para que ese día que el ser humano anhela pueda llegar antes. ¡Ojalá todos valoréis este hermoso momento! No es fácil hazaña reunirse con Dios, y aunque no le hayáis conocido nunca, hace ya mucho tiempo que habéis estado con Él. Ojalá pudieran todos recordar aquellos bellos, aunque breves, días para siempre y convertirlos en sus posesiones más apreciadas aquí en la tierra.

de ‘Obra y entrada (5)’ en “La Palabra manifestada en carne”

11. Durante miles de años, el pueblo chino ha llevado una vida de esclavo, y esto ha restringido sus pensamientos, sus conceptos, su vida, su lenguaje, su conducta y sus acciones hasta el punto de quedar sin la más ligera libertad. Varios miles de años de historia han convertido a un pueblo vital, poseído por un espíritu, en algo parecido a cadáveres despojados del espíritu. Son muchos los que viven bajo el cuchillo de carnicero de Satanás, muchos los que viven en casas como guarida de animales, muchos los que comen lo mismo que las vacas o los caballos, muchos los que se encuentran en una situación caótica en el “inframundo” y son totalmente inconscientes. En apariencia, las personas no son distintas del hombre primitivo, su lugar de descanso es como un infierno y por todas partes las rodean, en compañía, toda suerte de demonios inmundos y espíritus malignos. Por fuera, los seres humanos parecen ser “animales” altamente evolucionados; en realidad, viven y residen con demonios inmundos. Sin nadie que los asista, viven dentro de la emboscada de Satanás, atrapados en sus lazos sin manera de escapar. En lugar de afirmar que se reúnen con sus seres queridos en casas acogedoras y viven una vida feliz y satisfactoria, se debería decir que moran en el Hades, tratan con demonios y se juntan con diablos.

de ‘Obra y entrada (5)’ en “La Palabra manifestada en carne”

12. Obra y entrada son inherentemente prácticas y se refieren a la obra de Dios y la entrada del hombre. La completa falta de entendimiento que el hombre tiene del verdadero rostro de Dios y de Su obra ha acarreado grandes dificultades a su entrada. Hasta el día de hoy, muchas personas siguen desconociendo la obra que Dios realiza en los últimos días o la razón por la que soporta una humillación extrema de venir en carne y estar con el hombre en las buenas y en las malas. El ser humano no sabe nada del objetivo de la obra de Dios ni del propósito de Su plan para los últimos días. Por diversas razones, las personas son siempre tibias y ambiguas[5] respecto a la entrada que Dios exige; esto ha provocado grandes dificultades a la obra de Dios en la carne. Las personas parecen haberse convertido, todas, en obstáculos y, hasta hoy, siguen sin tener una comprensión clara. Por tanto, hablaré sobre la obra que Dios hace en el hombre y Su urgente intención, para que todos vosotros lleguéis a ser leales siervos de Dios quienes, como Job, prefiráis morir a rechazar a Dios y soportéis toda humillación, y que, como Pedro, ofrezcáis todo vuestro ser a Dios y os hagáis los íntimos ganados por Dios en los últimos días. Ojalá todos los hermanos y hermanas hagan todo lo que esté en su mano para ofrecer todo su ser a la voluntad celestial de Dios, lleguen a ser siervos santos en la casa de Dios y disfruten de las infinitas promesas concedidas por Dios, para que el corazón de Dios Padre pueda pronto disfrutar de un reposo apacible. “Llevar a cabo la voluntad de Dios” debería ser el lema de todos los que aman a Dios. Estas palabras deberían servir de guía al hombre para entrar y ser la brújula que dirija sus actos. Esta es la resolución que el ser humano debería tener. Para acabar la obra de Dios a conciencia en la tierra y colaborar con Su obra en la carne; este es el deber del hombre. Un día, cuando la obra de Dios esté hecha, el hombre le dirá adiós en un temprano regreso al Padre en el cielo. ¿No es esta la responsabilidad que el hombre debería cumplir?

de ‘Obra y entrada (6)’ en “La Palabra manifestada en carne”

13. Cuando, en la Era de la Gracia, Dios retornó al tercer cielo, Su obra de redimir a toda la humanidad ya había pasado a su acto final. Lo único que quedó en la tierra fue la cruz que Jesús llevó, el lino fino con el que lo envolvieron, la corona de espinas y la túnica escarlata que Él vistió (objetos que los judíos usaron para burlarse de Él). Es decir, la obra de la crucifixión de Jesús había provocado revuelo durante un tiempo, y después se había calmado. Desde entonces, los discípulos de Jesús comenzaron a seguir adelante con Su obra, con el pastoreo y el riego de las iglesias en todas partes. El contenido de su obra era este: hacer que todas las personas se arrepintieran, admitieran sus pecados, y fueran bautizadas; la difusión por parte de todos los apóstoles de la historia íntima de la crucifixión de Jesús, y lo que había pasado en realidad, donde nadie podía evitar sino postrarse ante Jesús para admitir sus pecados; además, la difusión por parte de los apóstoles, en todo lugar, de las palabras que Jesús habló, así como las leyes y los mandamientos que Él estableció. Desde entonces comenzó la edificación de las iglesias en la Era de la Gracia. Aquello de lo que Jesús habló durante esa era también se centraba en la vida del hombre y la voluntad del Padre celestial. Muchos de esos dichos y prácticas difieren en gran manera de los de hoy, sólo porque las eras son diferentes. Pero la esencia de ambas es la misma. Son, ni más ni menos que la obra del Espíritu de Dios en la carne. Esa clase de obra y esas palabras han continuado hasta hoy, y esa es la razón por la que lo que sigue compartiéndose en las iglesias religiosas actuales es esa clase de cosa, y no ha cambiado en absoluto. Cuando concluyó la obra de Jesús, la senda correcta de Jesucristo estaba arraigándose en la tierra, pero Dios inició planes para otra etapa de Su obra, al asunto de la encarnación en los últimos días. Para el hombre, la crucifixión de Dios concluyó la obra de Su encarnación, redimió a toda la humanidad y esto le permitió tomar posesión de las llaves del Hades. Todos piensan que Su obra se ha cumplido por completo. En realidad, para Dios sólo se ha realizado una pequeña parte de Su obra. Sólo ha redimido a la humanidad; no la ha conquistado, y menos aún ha cambiado la fealdad de Satanás en el hombre. Por esta razón, Dios afirma: “Aunque Mi carne encarnada pasó por el dolor de la muerte, esa no fue la meta total de Mi encarnación. Jesús es Mi amado Hijo y fue clavado en la cruz por Mí, pero no concluyó del todo Mi obra. Sólo llevó a cabo una porción de ella”. Así, Dios empezó la segunda ronda de planes para continuar con la obra de la encarnación. La intención suprema de Dios consiste en perfeccionar y ganar a todos los rescatados de las manos de Satanás, que es la razón por la cual Dios se preparó de nuevo para correr los peligros de venir en carne.

de ‘Obra y entrada (6)’ en “La Palabra manifestada en carne”

14. En muchos lugares, Dios ha profetizado ganar a un grupo de vencedores en la tierra de Sinim. Es en la parte oriental del mundo que se ganan los vencedores, de modo que el punto de aterrizaje de la segunda encarnación de Dios es, sin lugar a duda, la tierra de Sinim, exactamente donde descansa enrollado el gran dragón rojo. Allí ganará Dios a los descendientes del gran dragón rojo para que quede totalmente derrotado y avergonzado. Dios quiere despertar a estas personas que sufren profundamente, despertarlos por completo, y que salgan de la niebla y rechacen al gran dragón rojo. Dios quiere despertarlos de su sueño, que conozcan la esencia del gran dragón rojo, le entreguen a Dios todo su corazón, se levanten de la opresión de las fuerzas de oscuridad, se pongan de pie en el Oriente del mundo y se conviertan en la prueba de la victoria de Dios. Sólo entonces ganará Dios la gloria. Precisamente por esta razón trajo Dios la obra, que llegó a su fin en Israel, a la tierra donde el gran dragón rojo descansa enrollado y, casi dos mil años después de partir, ha venido de nuevo en carne para seguir con la obra de la Era de la Gracia. A la simple vista del hombre, Dios está inaugurando una nueva obra en la carne. Pero, para Dios, está prosiguiendo con la obra de la Era de la Gracia, sólo con una separación en el tiempo de unos cuantos miles de años y con el cambio de la ubicación y el proyecto de la obra. Aunque el aspecto en la carne que Dios ha adoptado en la obra de hoy es una persona bastante diferente de Jesús, comparten la misma esencia y raíz, y proceden de la misma fuente. Es posible que tengan muchas diferencias externas, pero las verdades internas de Su obra son completamente idénticas. Después de todo, las eras son tan distintas como la noche y el día. ¿Cómo puede permanecer inalterada la obra de Dios? ¿O cómo puede la obra hacer que se interrumpan uno a otro?

de ‘Obra y entrada (6)’ en “La Palabra manifestada en carne”

15. Jesús adoptó la apariencia de un judío, se conformó al atuendo de uno de ellos y creció comiendo comida judía. Este es Su aspecto humano normal. Pero la carne encarnada de hoy toma la forma del pueblo de Asia y crece con la comida de la nación del gran dragón rojo. Estos no confligen con la meta de la encarnación de Dios. Más bien, se complementan uno a otro, y completan de un modo más pleno el verdadero significado de la encarnación de Dios. Al referirse a la carne encarnada como “Hijo del Hombre” o “Cristo”, el exterior del Cristo de hoy no puede equipararse a Jesucristo. Después de todo, la carne se denomina “Hijo del Hombre” y es a imagen de la carne. Cada etapa de la obra de Dios contiene un significado considerablemente profundo. La razón por la que Jesús fue concebido por el Espíritu Santo es porque Él iba a redimir a los pecadores. Tenía que ser sin pecado. Pero sólo al final, cuando se vio obligado a volverse semejante a la carne pecaminosa y a tomar sobre sí los pecados de los pecadores, los rescató de la cruz maldita que Dios usó para castigar a las personas. (La cruz es la herramienta de Dios para maldecir y castigar a las personas; las menciones de la maldición y el castigo son específicamente sobre maldecir y castigar a los pecadores.) La meta consistía en que todos los pecadores se arrepintieran y usar la crucifixión para que admitieran sus pecados. Es decir, con el objeto de redimir a toda la humanidad, Dios se encarnó en una carne que fue concebida por el Espíritu Santo y cargó con los pecados de todos los seres humanos. La forma corriente de describir esto es ofreciendo una carne santa a cambio de todos los pecadores, el equivalente de Jesús como ofrenda por el pecado colocada delante de Satanás, para “suplicarle” que le devuelva a Dios toda la humanidad inocente a la que ha pisoteado. Cumplir esta fase de la obra de redención requirió, pues, la concepción por el Espíritu Santo. Era la condición necesaria, un “tratado” durante la batalla entre Dios Padre y Satanás. Por ello, Jesús le fue entregado a Satanás y sólo entonces tocó a su fin esta etapa de la obra. Sin embargo, la obra redentora de Dios ya es de una magnificencia sin precedentes, y Satanás no tiene razón alguna para exigir nada, de manera que la encarnación de Dios no requiere la concepción por el Espíritu Santo, porque Dios es inherentemente santo e inocente. Por tanto, esta vez, Dios encarnado no es ya el Jesús de la Era de la Gracia. Sin embargo, lo sigue siendo, en aras de la voluntad de Dios Padre y de cumplir Sus deseos. ¿Cómo se puede considerar que esto sea un dicho no razonable? ¿Debe seguir la encarnación de Dios unos preceptos?

de ‘Obra y entrada (6)’ en “La Palabra manifestada en carne”

16. Al hombre le ha llevado hasta hoy entender que no sólo carece de la provisión de vida espiritual y de la experiencia de conocer a Dios, sino, lo que es más importante, de los cambios en su carácter. Debido a que el hombre desconoce por completo la historia y la antigua cultura de la humanidad, no tienen el más ligero conocimiento de la obra de Dios. El hombre espera poder estar apegado a Dios en lo profundo del corazón, pero por la excesiva corrupción de su carne, así como por la insensibilidad y la torpeza, queda reducido a no tener el más mínimo conocimiento de Dios. Dios viene en medio del hombre hoy con el propósito de transformar sus pensamientos y espíritus, así como la imagen de Dios que han tenido en su corazón durante miles de años. A través de esta oportunidad, Él perfeccionará al hombre. Es decir, por medio del conocimiento humano, Él cambiará la forma en que ellos llegan a conocerlo y su actitud hacia Él, para que su conocimiento de Dios pueda empezar desde cero, y sus corazones sean renovados y transformados de ese modo. El trato y la disciplina son los medios, y conquistar y renovar sean los objetivos. Disipar los pensamientos supersticiosos que el hombre ha mantenido sobre el Dios impreciso siempre ha sido la intención de Dios, y, últimamente, se ha convertido en el propósito de urgencia para Él. Espero que todas las personas le den una mayor consideración a esto. Que cambie la forma en que cada persona experimenta para que esta urgente intención de Dios pueda realizarse pronto, y la última etapa de la obra de Dios en la tierra pueda llevarse a una conclusión provechosa. Mostrad vuestra lealtad como deberíais, y consolad el corazón de Dios por última vez. Espero que ningún hermano o hermana esquive esta responsabilidad, o meramente se deje llevar por la inercia. Dios viene en carne, esta vez, previa invitación, y en vista de la condición del hombre. Es decir, Él viene a suplirle al hombre lo que necesita. Capacitará a cada hombre, cualquiera que sea su calibre o su crianza, para ver la palabra de Dios y, a partir de esta, ver Su existencia y Su manifestación, y aceptar que Dios los perfeccione. Su palabra cambiará los pensamientos y los conceptos del hombre, de manera que el verdadero rostro de Dios esté firmemente arraigado en las profundidades del corazón del ser humano. Este es el único deseo de Dios en la tierra. Independientemente de lo grande que sea la naturaleza del hombre, de lo pobre que sea su esencia, o de cómo actuara en el pasado, Dios no le presta atención a estas cosas. Sólo espera que el ser humano renueve por completo la imagen que tiene de Él en su corazón, y que venga a conocer la esencia de la humanidad, modificando así la perspectiva ideológica que tiene del hombre. Espera que este sea capaz de anhelarlo profundamente, y tenga un apego eterno hacia Él. Esto es todo lo que Dios le pide al hombre.

de ‘Obra y entrada (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

17. El conocimiento de varios miles de años de cultura e historia antigua ha cerrado el pensamiento, los conceptos y la perspectiva mental del hombre de un modo tan estrecho como para ser impenetrable y no degradable.[6] El hombre vive en el decimoctavo nivel del infierno, como si hubiera sido confinado por Dios a las mazmorras para nunca más ver la luz. El pensamiento feudal ha oprimido al hombre de tal manera que este apenas puede respirar, y se está asfixiando. No tiene ni la más ligera fuerza para resistir, y se limita a soportar y soportar en silencio… Ninguno ha osado nunca pelear ni defender la rectitud y la justicia; sencillamente viven una vida que no es mejor que la de un animal, bajo el abuso y el ataque de los señores feudales, año tras año, día tras día. El hombre no ha pensado nunca en buscar a Dios para disfrutar de la felicidad en la tierra. Es como si lo hubieran molido a palos, como las hojas caídas del otoño, secas y doradas. El ser humano ha perdido la memoria hace mucho tiempo, y vive indefenso en el infierno que lleva el nombre de mundo humano, en espera de que llegue el último día para poder perecer junto con el infierno, como si ese día final que anhelan fuera el día en que habrán de disfrutar de una tranquila paz. Las éticas feudales han llevado la vida del hombre al “Hades”, para que este tenga menos capacidad de resistir. Varios tipos de opresión obligaron al ser humano a caer cada vez a mayor profundidad en el interior del Hades y más lejos de Dios. Ahora, Él se ha convertido en un completo extraño para el hombre, y este todavía se apresura a evitarlo cuando se encuentran. El hombre no le hace caso, y lo aísla como si nunca lo hubiera conocido o visto. Dios ha estado esperando a lo largo del extenso viaje de la vida humana, pero no ha dirigido nunca Su furia incontrolable hacia el hombre. Él ha estado meramente aguardando en silencio que el hombre se arrepintiera y empezara de nuevo. Hace mucho que Dios vino al mundo humano y soporta el mismo sufrimiento que el hombre. Ha vivido con este durante muchos años, y nadie ha descubierto Su existencia. Dios ha estado aguantando en silencio la miseria del mundo humano, mientras lleva a cabo la obra que ha traído consigo. Por la voluntad de Dios Padre, y las necesidades de la humanidad, Él ha soportado, ha sufrido el dolor que el hombre nunca antes experimentó. Ante el hombre, Él los ha servido en silencio, y se ha humillado por amor a la voluntad de Dios Padre, y por las necesidades de la humanidad. El conocimiento de la antigua cultura le ha robado al hombre, silenciosamente, la presencia de Dios, y lo ha entregado al rey de los diablos y sus hijos. Los Cuatro libros y cinco clásicos han llevado el pensamiento y los conceptos del ser humano a otra era de rebelión, y ha hecho que el hombre adore más a aquellos que los escribieron, promoviendo sus nociones de Dios. Cruelmente, el rey de los diablos expulsó a Dios del corazón del hombre sin que fuera consciente de ello, mientras se apoderaba con regocijo de él. Desde ese momento, el hombre fue poseído por un alma fea y perversa con el rostro del rey de los diablos. Su pecho se llenó de odio hacia Dios, y la maldad del rey de los diablos se extendió dentro del hombre día a día, hasta que este quedó consumido por completo. El hombre ya no tenía libertad, y era incapaz de liberarse del enredo con el rey de los diablos. Por tanto, sólo pudo permanecer en el lugar, y ser aprisionado; se rindió a él y fue subyugado por él. Hace mucho que plantó la semilla del tumor del ateísmo dentro del joven corazón del hombre, y le enseñó falacias tales como “aprende de la ciencia y la tecnología, realiza las Cuatro Modernizaciones, no hay Dios en el mundo”. Y no sólo eso, sino que proclamó una y otra vez: “Construyamos una hermosa patria con nuestro laborioso esfuerzo”; les pidió a todos que estuvieran preparados desde la infancia para servir a su país. El hombre fue llevado ante él inconscientemente y, sin dudarlo, se llevó el mérito (en referencia a Dios, quien sostiene a toda la humanidad en Sus manos). Ni una sola vez se sintió avergonzado ni tuvo sentido de la vergüenza. Además, capturó descaradamente al pueblo de Dios y lo llevó a su casa, mientras él saltaba como un ratón sobre la mesa, e hizo que el hombre lo adorara como a Dios. ¡Es un malhechor! Grita chismes desconcertantes: “No hay Dios en el mundo. El viento se debe a leyes naturales; la lluvia es humedad que se condensa, y cae como gotas sobre la tierra; un terremoto es la sacudida de la superficie de la tierra por los cambios geológicos; la sequía se debe a la sequedad del aire causada por la interrupción nucleónica en la superficie del sol. Son fenómenos naturales. ¿Qué parte es un acto de Dios?”. Incluso grita[a] semejantes declaraciones desvergonzadas: “El hombre evolucionó a partir de los simios antiguos, y el mundo hoy ha progresado desde una sociedad primitiva que data aproximadamente de mil millones de años. Las manos del pueblo hacen que un país prospere o se hunda”. En la parte de atrás, hace que el hombre lo cuelgue boca abajo en los muros, y lo ponga sobre mesas para consagrarlo y adorarlo. Mientras que grita: “No hay Dios”, se considera a sí mismo como Dios, y empuja a Dios fuera de los límites de la tierra implacablemente. Se pone en el lugar de Dios, y actúa como rey de los diablos. ¡Totalmente ridículo! Hace que uno esté consumido por el odio venenoso. Parece que Dios sea su enemigo jurado, y que no haya forma de que se reconcilien. Maquina para ahuyentar a Dios, mientras que sigue impune y a sus anchas.[7] ¡Vaya un rey de los diablos! ¿Cómo podríamos tolerar su existencia? No descansará hasta que haya perturbado la obra de Dios, y la haya dejado hecha trizas y como un completo desastre,[8] como si quisiera oponerse a Dios hasta el final, hasta que uno o el otro perezca. Se opone a Dios deliberadamente y se acerca cada vez más. Hace tiempo que su odioso rostro ha sido desenmascarado, y ahora está magullado y golpeado,[9] en una terrible y difícil situación, todavía no cede en su odio a Dios, como si deseara poder devorarlo por completo, de un solo bocado, para aplacar el aborrecimiento de su corazón. ¡¿Cómo podríamos tolerarlo a este odiado enemigo de Dios?! Sólo su erradicación y su completa exterminación traerá a término el deseo de nuestra vida. ¿Cómo puede permitírsele que siga corriendo desenfrenadamente? Ha corrompido al hombre hasta tal punto que este no conoce al sol-cielo, y se ha vuelto apagado y obtuso. El hombre ha perdido la razón humana normal. ¿Por qué no sacrificar todo nuestro ser para destruirlo y quemarlo, y eliminar así el temor del peligro que permanece, y permitir que la obra de Dios alcance con mayor prontitud un esplendor sin precedentes? Esta panda de sinvergüenzas ha venido entre los hombres, y ha causado un completo malestar y agitación. Han llevado a todos los hombres al borde de un precipicio, y han planeado en secreto empujarlos para que caigan, se hagan pedazos y él pueda devorar sus cadáveres. Esperan en vano interrumpir el plan de Dios, y competir con Él en una apuesta de posibilidades muy remotas.[10] ¡Esto no es en modo alguno fácil! La cruz está preparada, después de todo, para el rey de los diablos que es culpable del más odioso de los crímenes. Dios no pertenece a la cruz, y ya se la ha dejado al diablo. Hace mucho que Dios emergió victorioso, y ya no siente tristeza por los pecados de la humanidad. Él traerá salvación a toda la humanidad.

de ‘Obra y entrada (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

18. De arriba abajo, y de principio a fin, ha estado perturbando a la obra de Dios, y actuando en discordia con Él. Toda la conversación de la herencia cultural antigua, valioso conocimiento de la antigua cultura, enseñanzas de taoísmo y confucionismo y los clásicos confucianos y ritos feudales ha llevado al hombre al infierno. La ciencia y la tecnología avanzada moderna, así como la industria, la agricultura y los negocios desarrollados no se ven por ningún sitio. Más bien, enfatizan sencillamente los ritos feudales propagados por los antiguos “simios” para interrumpir, oponerse y destruir deliberadamente la obra de Dios. No sólo ha afligido al hombre hasta hoy, sino que quiere consumirlo[11] por completo. La enseñanza del código de ética feudal y la transmisión del conocimiento de la antigua cultura han infectado al ser humano desde hace mucho, y lo han convertido en diablos grandes y pequeños. Sólo hay unos cuantos que recibirían de buena gana a Dios, y que acogerían con júbilo Su venida. El rostro del hombre está lleno de asesinato y, en todas partes, se respira un aire de muerte. Buscan expulsar a Dios de esta tierra; cuchillos y espadas en mano, se disponen en formación de batalla para aniquilarlo. Los ídolos están esparcidos por la tierra del diablo, donde constantemente se le enseña al hombre que no hay Dios. Esta tierra está impregnada de un olor nauseabundo a papel e incienso quemado, tan intenso que asfixia. Parece ser el olor del lodo que flota en el aire cuando la serpiente se retuerce y se enrosca, y basta para que el hombre no pueda evitar vomitar. Además, se puede oír, aunque a menor volumen, a los demonios malignos que salmodian las escrituras. Este sonido parece provenir del infierno remoto, y el hombre no puede evitar sentir un escalofrío. Por toda esta tierra hay ídolos esparcidos de todos los colores del arcoíris, que la convierten en un mundo deslumbrante, y el rey de los diablos mantiene una mueca maliciosa en su cara, como si su perverso complot hubiera tenido éxito. Mientras tanto, el hombre ignora todo esto por completo, sin saber tampoco que el diablo ya lo ha corrompido hasta tal extremo que se ha vuelto insensible y está derrotado. Desea borrar de un plumazo todo lo que es de Dios, insultarlo y asesinarlo de nuevo, e intenta derribar e interrumpir Su obra. ¿Cómo podría permitir que Dios fuera de un estatus igual? ¿Cómo puede tolerar que Dios “interfiera” con la obra entre los hombres? ¿Cómo puede dejar que Dios desenmascare su odioso rostro? ¿Cómo puede consentir que Dios interrumpa su obra? ¿Cómo podría este diablo, que echa humo de rabia, acceder a que Dios gobierne su corte de poder en la tierra? ¿Cómo podría reconocer de buen grado la derrota? Su odioso rostro se ha revelado tal como es; de ahí que uno no sepa si reír o llorar, y resulta verdaderamente difícil hablar de ello. ¿Acaso no es esta su esencia? Con un alma fea, sigue creyéndose increíblemente hermoso. ¡Esa banda de cómplices![12] Descienden entre los mortales para permitirse placeres y agitar el desorden. Su alboroto causa inconstancia en el mundo, provoca pánico en el corazón del hombre y lo han distorsionado tanto que parece una bestia de insoportable fealdad, que ya no posee el más mínimo rastro del hombre santo original. Incluso desean asumir el poder como tiranos en la tierra. Impiden la obra de Dios, de manera que apenas puede avanzar, y encierran al hombre como detrás de muros de cobre y acero. Habiendo cometido tantos pecados y causado tanto problema, ¿cómo podrían esperar otra cosa que no sea el castigo? Los demonios y los espíritus malignos han estado haciendo estragos en la tierra, han bloqueado la voluntad y el meticuloso esfuerzo de Dios, y los hace impenetrables. ¡Qué pecado mortal! ¿Cómo podría Dios no sentirse angustiado? ¿Cómo no airarse? Causan un doloroso obstáculo y oposición a la obra de Dios. ¡Demasiado rebeldes! Hasta esos demonios, grandes y pequeños, se vuelven altivos por la fuerza del diablo más poderoso, y empiezan a causar problemas. Deliberadamente resisten a la verdad a pesar de su clara conciencia al respecto. ¡Hijos de la rebeldía! Es como si, ahora que su rey del infierno ha ascendido al trono real, ellos se volvieran engreídos, y trataran a los demás con desdén. ¿Cuántos buscan la verdad, y siguen la justicia? Todos son bestias como cerdos y perros, que dirigen a una panda de moscas apestosas en un montón de estiércol para que meneen la cabeza, e inciten al desorden.[13] Creen que su rey del infierno es el más superior de los reyes, sin darse cuenta de que no son más que moscas sobre la podredumbre. Y no sólo eso, sino que hacen observaciones difamadoras contra la existencia de Dios confiando en sus padres, unos cerdos y perros. Las moscas minúsculas creen que sus progenitores son tan grandes como una ballena con dientes.[14] ¿No se dan cuenta de que son diminutos, pero sus padres sean cerdos y perros inmundos mil millones de veces más grandes que ellos? Inconscientes de su propia bajeza, hacen estragos por el olor pútrido de esos cerdos y perros, y tienen la ilusoria idea de procrear futuras generaciones. ¡Es absolutamente desvergonzado! Con alas verdes en su espalda (esto se refiere a su afirmación de creer en Dios), empiezan a volverse presuntuosos, a jactarse en todas partes de su propia belleza y atractivo, y echan en secreto sus impurezas sobre el hombre. Y llegan a ser presumidos, como si un par de alas con los colores del arcoíris pudiera esconder sus propias impurezas; así persiguen la existencia del Dios verdadero (esto se refiere a la historia interna del mundo religioso). El hombre no tiene la menor idea de que, aunque las alas de la mosca sean hermosas y encantadoras, después de todo no es más que una mosca minúscula llena de suciedad y cubierta de gérmenes. Sobre la base de sus padres, unos cerdos y perros, hacen estragos por la tierra (esto se refiere a los oficiales religiosos que persiguen a Dios basándose en el firme apoyo del país que traiciona al Dios verdadero y la verdad) con abrumadora ferocidad. Es como si los fantasmas de los fariseos judíos hubieran regresado con Dios a la nación del gran dragón rojo, de vuelta a su viejo nido. De nuevo han iniciado su obra de persecución, y han continuado la obra de varios miles de años. ¡Sin lugar a duda, este grupo de degenerados perecerá en la tierra al final! Al parecer, tras varios milenios, los espíritus inmundos se han vuelto más astutos y maliciosos. Constantemente piensan en formas de socavar en secreto la obra de Dios. Son taimados y astutos, y desean volver a repetir en su tierra natal la tragedia de hace varios miles de años. Esto casi incita a Dios a soltar un fuerte grito; arde en deseos de regresar al tercer cielo para aniquilarlos. Para que el hombre ame a Dios, debe entender Su voluntad, Su gozo y Su tristeza, así como aquello que aborrece. Esto avanzará mejor su entrada. Cuanto más rápido se produzca la entrada del hombre, más satisfecho estará el corazón de Dios; cuanto más claro sea el discernimiento del hombre respecto al rey de los diablos, más cerca estará de Dios, para que Su deseo pueda ser cumplido.

de ‘Obra y entrada (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

19. He dicho tantas veces que la obra de Dios de los últimos días es para alterar el espíritu de cada persona y cambiar su alma, de manera que su corazón, que ha sufrido un gran trauma, sea reformado, y rescatar así su alma tan profundamente dañada por el mal; esto es para despertar el espíritu de las personas, para descongelar su frío corazón y permitirles ser rejuvenecidos. Esta es la mayor voluntad de Dios. Dejad a un lado la conversación respecto a lo noble y lo profundo de la vida y las experiencias del hombre; cuando el corazón de las personas haya sido despertado, cuando hayan sido despertados de sus sueños, y conozcan por completo el daño forjado por el gran dragón rojo, la obra del ministerio de Dios habrá concluido. El día en que Su obra acabe, también será cuando el hombre empiece oficialmente a recorrer la senda correcta de la creencia en Dios. En ese momento, el ministerio de Dios habrá llegado a su fin: la obra del Dios encarnado habrá acabado por completo; el hombre empezará a desempeñar, oficialmente, el deber que debería realizar: llevará a cabo su ministerio. Estos son los pasos de la obra de Dios. Debéis, pues, buscar a tientas vuestra senda para entrar basándoos sobre el fundamento de conocer estas cosas. Todo esto es lo que debéis comprender. La entrada del hombre sólo mejorará cuando se hayan producido cambios en lo profundo de su corazón, porque la obra de Dios es la salvación completa del hombre —ese que ha sido redimido, que sigue viviendo bajo las fuerzas de oscuridad, y que nunca se ha despertado— de este lugar de reunión de los demonios. Esto es para que el hombre pueda ser liberado del pecado a lo largo de los siglos, sea amado por Dios, abata por completo al gran dragón rojo, establezca el reino de Dios y traiga un pronto reposo a Su corazón. Es para desahogar, sin reservas, el odio que hincha vuestro pecho; para erradicar esos gérmenes mohosos, para permitiros que dejéis esta vida que no es distinta a la de un buey o un caballo; que no seáis más esclavos, que el gran dragón rojo deje de pisotearos y de daros órdenes de manera arbitraria; ya no perteneceréis a esta nación fracasada ni al abyecto gran dragón rojo; ya no os esclavizará más. Con seguridad, Dios hará pedazos el nido de los demonios, y estaréis al lado de Dios; le pertenecéis a Él y no a este imperio de esclavos. Hace mucho que Dios aborrece a esta oscura sociedad con todas Sus fuerzas. Rechina los dientes, desesperado por plantar Sus pies sobre esta perversa y odiosa serpiente antigua, para que nunca más se levante y no vuelva a maltratar más al hombre. No disculpará sus actos del pasado, no tolerará que engañe al hombre, ajustará cuentas por cada uno de sus pecados a lo largo de los siglos; Dios no será benévolo en lo más mínimo hacia este cabecilla de todo mal;[15] lo destruirá por completo.

de ‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”

20. Durante miles de años, esta ha sido la tierra de la suciedad; es insoportablemente sucia, la miseria abunda, los fantasmas campan a su antojo por todas partes; timan, engañan, y hacen acusaciones sin razón;[16] son despiadados y crueles, pisotean esta ciudad fantasma y la dejan plagada de cadáveres; el hedor de la putrefacción cubre la tierra e impregna el aire; está fuertemente custodiada.[17] ¿Quién puede ver el mundo más allá de los cielos? El diablo ata firmemente todo el cuerpo del hombre, le ciega los dos ojos y sella sus labios bien apretados. El rey de los diablos se ha desbocado durante varios miles de años, hasta el día de hoy, cuando sigue custodiando de cerca la ciudad fantasma, como si fuera un “palacio de demonios” impenetrable. Esta manada de perros guardianes mira, mientras tanto, fijamente con ojos resplandecientes, profundamente temerosa de que Dios la pille desprevenida, los aniquile a todos, y los deje sin un lugar de paz y felicidad. ¿Cómo podría la gente de una ciudad fantasma como esta haber visto alguna vez a Dios? ¿Han disfrutado alguna vez de la amabilidad y del encanto de Dios? ¿Qué apreciación tienen de los asuntos del mundo humano? ¿Quién de ellos puede entender la anhelante voluntad de Dios? Poco sorprende, pues, que el Dios encarnado permanezca totalmente escondido: en una sociedad oscura como esta, donde los demonios son inmisericordes e inhumanos, ¿cómo podría el rey de los diablos, que mata a las personas en un abrir y cerrar de ojos, tolerar la existencia de un Dios hermoso, bondadoso y además santo? ¿Cómo podría aplaudir y vitorear Su llegada? ¡Esos lacayos! Devuelven odio por amabilidad, han desdeñado a Dios desde hace mucho tiempo, lo han maltratado, son en extremo salvajes, no tienen el más mínimo respeto por Dios, roban y saquean, han perdido toda conciencia, no tienen rastro de amabilidad, y tientan a los inocentes para que sean insensibles. ¿Antepasados de lo antiguo? ¿Amados líderes? ¡Todos ellos se oponen a Dios! ¡Su intromisión ha dejado todo lo que está bajo el cielo en un estado de oscuridad y caos! ¿Libertad religiosa? ¿Los derechos legítimos y los intereses de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado! ¿Quién ha apoyado la obra de Dios? ¿Quién ha dado su vida o derramado su sangre por la obra de Dios? Y es que, una generación tras otra, de padres a hijos, el hombre esclavizado ha esclavizado sin miramientos a Dios, ¿cómo no incitaría esto a la furia? Miles de años de odio están concentrados en el corazón, milenios de pecaminosidad están grabados en el corazón; ¿cómo no podría esto infundir odio? ¡Venga a Dios, extingue por completo Su enemistad, no permitas que siga más tiempo fuera de control, que provoque más problemas como desea! Ahora es el momento: el hombre lleva mucho tiempo reuniendo todas sus fuerzas; ha dedicado todos sus esfuerzos, ha pagado todo precio por esto, para arrancarle la cara odiosa a este demonio y permitir a las personas, que han sido cegadas y han soportado todo tipo de sufrimiento y dificultad, que se levanten de su dolor y le vuelvan la espalda a este viejo diablo maligno. ¿Por qué levantar un obstáculo tan impenetrable a la obra de Dios? ¿Por qué emplear diversos trucos para engañar a la gente de Dios? ¿Dónde están la verdadera libertad y los derechos e intereses legítimos? ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el consuelo? ¿Dónde está la cordialidad? ¿Por qué usar intrigas engañosas para embaucar al pueblo de Dios? ¿Por qué usar la fuerza para suprimir la venida de Dios? ¿Por qué no permitir que Dios vague libremente por la tierra que creó? ¿Por qué acosan a Dios hasta que no tenga donde reposar Su cabeza? ¿Dónde está la calidez entre los hombres? ¿Dónde está la acogida entre la gente? ¿Por qué causar un ansia tan desesperada en Dios? ¿Por qué hacer que Dios llame una y otra vez? ¿Por qué obligar a Dios a que se preocupe por Su amado Hijo? ¿Por qué esta oscura sociedad y sus tristes perros guardianes no permiten que Dios venga y vaya libremente por el mundo que Él creó? ¿Por qué no entiende el hombre, que vive en medio de dolor y sufrimiento? Por vuestro propio bien, Dios ha padecido gran tormento, con enorme dolor os ha dado a Su amado Hijo, Su carne y Su sangre, ¿por qué seguís haciendo la vista gorda? A plena vista de todos, rechazáis la venida de Dios y negáis Su amistad. ¿Por qué sois tan irrazonables? ¿Estáis dispuestos a soportar las injusticias en una sociedad oscura como esta? ¿Por qué, en vez de llenaros la barriga con milenios de enemistad, os atiborráis con la “porquería” del rey de los diablos?

de ‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”

21. ¿Cómo de grande son los obstáculos a la obra de Dios? ¿Lo ha sabido alguien alguna vez? Con las personas enjauladas por matizaciones supersticiosas muy arraigadas, ¿quién es capaz de conocer el verdadero rostro de Dios? Con este conocimiento cultural atrasado, tan superficial y absurdo, ¿cómo podrían entender por completo las palabras pronunciadas por Dios? Incluso cuando se les habla y se les nutre cara a cara, de boca a boca, ¿cómo podrían comprender? En ocasiones, es como si las palabras de Dios hubieran caído en oídos sordos: las personas no tienen la más mínima reacción, menean la cabeza y no entienden nada. ¿Cómo podría esto no ser preocupante? Esta “distante historia cultural antigua[18] y este distante conocimiento cultural antiguo” han nutrido a un grupo tan inútil de personas. ¡La cultura antigua —preciosa herencia— es un montón de basura! ¡Hace mucho que se convirtió en una mancha eterna e indecible! Les ha enseñado a las personas los trucos y las técnicas de oponerse a Dios, y “la dirección ordenada y benévola”[19] de la educación nacional ha hecho que estas sean incluso más desobedientes a Dios. Cada parte de la obra de Dios es extremadamente difícil, y cada paso de ella sobre la tierra ha resultado angustioso para Dios. ¡Qué difícil es Su obra en la tierra! Los pasos de la obra de Dios en la tierra implican gran dificultad: la debilidad, las deficiencias, la puerilidad, la ignorancia y todo lo del hombre, todo está meticulosamente planeado, y Dios lo considera con escrupulosidad. El hombre es como un tigre de papel al que uno no se atreve a acosar ni a provocar; al más mero toque te muerde, o cae y pierde su camino, y es como si, a la más mínima pérdida de concentración, recayera o ignorara a Dios, o corriera a sus padres, unos cerdos y perros, para disfrutar de las cosas impuras de sus cuerpos. ¡Qué gran obstáculo! Prácticamente a cada paso de Su obra, se pone a prueba a Dios y casi cada paso trae consigo gran peligro. Sus palabras son sinceras y honestas, sin malicia; aun así ¿quién está deseoso de aceptarlas? ¿Quién está dispuesto a someterse por completo? Esto le rompe el corazón a Dios. Él se afana día y noche por el hombre; le acosa la angustia por la vida del hombre, y se compadece de su debilidad. Ha sufrido muchos giros y vueltas en cada paso de Su obra, por cada palabra que pronuncia; siempre se encuentra entre la espada y la pared, y piensa en la debilidad, la desobediencia, la puerilidad y la vulnerabilidad del hombre día y noche… una y otra vez. ¿Quién ha sabido esto? ¿En quién puede confiar Él? ¿Quién sería capaz de entender? Él siempre aborrece los pecados del hombre, su falta de resistencia, su debilidad; siempre se preocupa por su vulnerabilidad, y contempla la senda que el ser humano tiene delante. Siempre, al observar las palabras y las obras del hombre, se llena de misericordia e ira, y la vista de estas cosas siempre producen dolor en Su corazón. Después de todo, los inocentes se han ido haciendo insensibles; ¿por qué tiene Dios que hacerles siempre las cosas difíciles? El hombre débil está totalmente desprovisto de perseverancia; ¿por qué debería Dios tener siempre un enfado constante hacia él? El hombre débil y sin poder ya no tiene la menor vitalidad; ¿por qué debería Dios reprenderlo siempre por su desobediencia? ¿Quién puede resistir las amenazas de Dios en el cielo? Después de todo, el hombre es frágil, y Dios, en situación desesperada, ha empujado Su enfado en lo profundo de Su corazón, de manera que el hombre pueda reflexionar pausadamente sobre sí mismo. Con todo, el hombre, quien tiene graves dificultades, no tiene la menor comprensión de la voluntad de Dios. Ha sido pisoteado bajo los pies del viejo rey de los diablos; con todo, es completamente inconsciente, siempre se pone en contra de Dios, o no es caliente ni frío hacia Él. Dios ha pronunciado tantas palabras, con todo, ¿quién se las ha tomado alguna vez en serio? El hombre no entiende las palabras de Dios, pero permanece impertérrito, y sin anhelo. Nunca ha conocido de verdad la esencia del viejo diablo. Las personas viven en el Hades, en el infierno, pero creen vivir en el palacio del fondo del mar; son perseguidas por el gran dragón rojo, con todo, se creen “favorecidas”[20] por el país del dragón. El diablo los ridiculiza, pero ellos piensan que disfrutan de la maestría superlativa de la carne. ¡Qué montón de desgraciados sucios y miserables! El hombre se ha encontrado con el infortunio, pero no lo sabe y, en esta oscura sociedad, sufre contratiempo tras contratiempo,[21] con todo, nunca ha despertado a ello. ¿Cuándo se despojará de su autobondad y su carácter servil? ¿Por qué es tan despreocupado del corazón de Dios? ¿Consiente en silencio esta opresión y dificultad? ¿Acaso no desea que llegue el día en que pueda cambiar la oscuridad por la luz? ¿No desea remediar, una vez más, las injusticias hacia la rectitud y la verdad? ¿Está dispuesto a observar, y a no hacer nada cuando las personas reniegan de la verdad, y tergiversan los hechos? ¿Le hace feliz seguir soportando este maltrato? ¿Está dispuesto a ser un esclavo? ¿A perecer a manos de Dios junto con las pertenencias de este fracasado estado? ¿Dónde está tu determinación? ¿Dónde está tu ambición? ¿Y tu dignidad? ¿Dónde está tu personalidad? ¿Tu libertad? ¿Acaso estás dispuesto a dar toda tu vida[22] por el gran dragón rojo, el rey de los diablos? ¿Te hace feliz dejar que te torture hasta la muerte? El rostro de lo profundo es caótico y oscuro, la gente común que sufre tanta aflicción clama al cielo y se queja en la tierra. ¿Cuándo será capaz el hombre de mantener erguida su cabeza? El hombre está flaco y demacrado, ¿cómo podría contender con este diablo cruel y tirano? ¿Por qué no entrega su vida a Dios tan pronto como pueda? ¿Por qué todavía vacila; cuándo puede terminar la obra de Dios? Así, sin rumbo, intimidado y oprimido, finalmente habrá pasado toda su vida en vano; ¿por qué tiene tanta prisa por llegar, y está tan apresurado por irse? ¿Por qué no guarda algo precioso que darle a Dios? ¿Ha olvidado el milenio de odio?

de ‘Obra y entrada (8)’ en “La Palabra manifestada en carne”

22. Desde hace mucho tiempo, las tradiciones étnicas y las perspectivas mentales arraigadas han ensombrecido el espíritu puro e infantil del hombre, han atacado su alma sin la más mínima humanidad como si fuera imparcial e incorruptible. Los métodos de estos demonios son extremadamente crueles, y es como si la “educación” y la “crianza” se hubieran convertido en las técnicas tradicionales mediante las cuales el rey de los diablos mata al hombre. Hace uso de su “profunda enseñanza”, y cubre por completo su fea alma, se viste con piel de oveja para lograr la confianza del hombre y, después, aprovechar cuando este duerme para devorarlo por completo. Pobre humanidad, ¿cómo podría saber que la tierra sobre la que fue criada es la tierra del diablo, que aquel que los crio es, en realidad, un enemigo que los hiere? Con todo, el hombre no despierta en absoluto. Una vez saciada su hambre y su sed, se prepara para devolver la “amabilidad” de sus padres al criarlo. Así es el hombre. Hoy, todavía no sabe que el “rey” que lo crio es su enemigo. La tierra está plagada de los huesos de los muertos, el diablo se alegra exageradamente sin cesar, y sigue devorando la carne del hombre en el “inframundo”, comparte una tumba con esqueletos humanos, e intenta en vano consumir a los últimos remanentes del cuerpo destrozado del hombre. Pero este sigue siempre ignorante, y nunca ha tratado al diablo como su enemigo, sino que le sirve con todo su corazón. Una nación tan depravada es, simplemente, incapaz de conocer a Dios. ¿Le resulta fácil a Dios hacerse carne y venir en medio de ellos, y realizar toda Su obra de salvación? ¿Cómo podría el hombre, que ya se ha hundido en el Hades, ser capaz de satisfacer los requisitos de Dios? Muchas son las noches insomnes que Dios ha soportado por el bien de la obra de la humanidad. Desde lo más alto hasta las más bajas profundidades, Él ha descendido al infierno viviente en el que el hombre mora para pasar Sus días con él, nunca se ha quejado de la mezquindad que hay entre los hombres, nunca le ha reprochado a este su desobediencia, sino que ha soportado la mayor humillación mientras lleva personalmente a cabo Su obra. ¿Cómo podría Dios pertenecer al infierno? ¿Cómo podría pasar Su vida allí? Sin embargo, por el bien de toda la humanidad, y para que toda ella pueda hallar descanso pronto, Él ha soportado la humillación, y sufrido la injusticia para venir a la tierra, y entró personalmente en el “infierno” y el “Hades”, en el foso del tigre, para salvar al hombre. ¿De qué forma está el hombre cualificado para oponerse a Dios? ¿Qué razón tiene para, una vez más, quejarse de Dios? ¿Cómo puede tener el descaro de volver a mirar a Dios? El Dios del cielo ha venido a esta, la más sucia de las tierras de vicio, y nunca ha desahogado Sus agravios ni se ha quejado del hombre, sino que acepta en silencio los estragos[23] y la opresión del hombre. Nunca ha devuelto el golpe ante las exigencias poco razonables del hombre, nunca le ha hecho requerimientos excesivos ni irrazonables. Simplemente realiza toda la obra que requiere el hombre sin queja alguna: enseñar, iluminar, reprochar, el refinamiento de las palabras, recordar, exhortar, consolar, juzgar y revelar. ¿Cuál de Sus pasos no ha sido para la vida del hombre? Aunque ha eliminado las perspectivas y la suerte del hombre, ¿cuál de los pasos que Dios ha llevado a cabo no ha sido para su destino? ¿Cuál de ellos no ha sido por el bien de la supervivencia humana? ¿Cuál de ellos no ha sido para liberarlo del sufrimiento y la opresión de las fuerzas oscuras tan negras como la noche? ¿Cuál de ellos no es por el bien del hombre? ¿Quién puede entender el corazón de Dios, que es como el de una madre amorosa? ¿Quién puede entender el ansioso corazón de Dios? El apasionado corazón de Dios y Sus ardientes expectativas han recibido a cambio fríos corazones, miradas insensibles e indiferentes, con las reprimendas y los insultos repetidos del hombre, cortantes observaciones, sarcasmo y menosprecio; con el ridículo del hombre, con su pisoteo y su rechazo, con su malentendido, sus gemidos, su distanciamiento y su evitación; con nada más que engaños, ataques y amargura. Las palabras cálidas han sido enfrentadas con un ceño feroz y el frío desafío de mil dedos recriminatorios. Dios no puede sino soportar, con la cabeza inclinada, servir a las personas como un buey dispuesto[24]. Cuántos soles y lunas, cuántas veces ha mirado a las estrellas, se ha marchado al alba, ha regresado al anochecer, dando vueltas en la cama, ha soportado agonía mil veces mayores que el dolor de Su partida del lado de Su Padre, sufrido los ataques, la ruptura, la trata y la poda del hombre. La humildad y el ocultamiento de Dios se han visto correspondidos por el prejuicio[25] del hombre, con los criterios y el trato injustos del hombre y Su anonimato, Su paciencia y Su tolerancia han recibido a cambio la avariciosa mirada del hombre; este intenta golpear a Dios hasta la muerte, sin remordimiento, y pisotearlo en el suelo. La actitud del hombre en su trato hacia Dios es de “rara inteligencia”, y Dios, a quien el hombre intimida y desdeña, está aplastado bajo los pies de decenas de millares de personas; mientras tanto, el hombre mismo se levanta hasta lo más alto, como si quisiera ser el rey del castillo, tomar el poder absoluto,[26] recibir audiencia detrás de una pantalla, para dejar a Dios como el aplicado y cumplidor director entre bastidores, al que no se le permite defenderse ni causar problema; Dios interpreta el papel del “Último Emperador”, tiene que ser una marioneta,[27] desprovisto de toda libertad. Los hechos del hombre son impensables, ¿cómo, pues, está cualificado para exigirle a Dios tales o cuales cosas? ¿De qué manera está cualificado para proponerle sugerencias a Dios? ¿Cómo está cualificado para exigir que Dios se compadezca de sus debilidades? ¿De qué forma es apto para recibir la misericordia de Dios, Su magnanimidad y Su perdón, una y otra vez? ¿Dónde está su conciencia? Hace mucho que le rompió el corazón a Dios, que se lo dejó hecho pedazos. Dios vino en medio del hombre, rebosante de alegría y entusiasmo, y esperaba que el hombre fuera caritativo con Él, aunque sólo fuera con un poco de calidez. A pesar de ello, el corazón de Dios tarda en ser consolado por el hombre; lo único que ha recibido son un bombardeo[28] de ataques y tormento; el corazón del hombre es demasiado codicioso, su deseo demasiado grande; nunca puede ser saciado, siempre es tramposo e imprudente; nunca le permite a Dios libertad alguna ni derecho a la palabra, ni le deja a Dios más opción que someterse a la humillación, y permitir que el hombre lo manipule como quiera.

de ‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”

23. Desde la creación hasta ahora, Dios ha soportado demasiado de mucho dolor, y sufrido demasiado de muchos ataques. Sin embargo, incluso hoy, el hombre sigue sin flexibilizar sus exigencias a Dios, sigue escudriñándolo, sigue sin tener tolerancia hacia Él y no hace nada más que darle consejos, criticarlo y disciplinarlo, como si estuviera profundamente temeroso de que Dios tomara el camino equivocado, de que Dios en la tierra sea bruto y poco razonable, desenfrenado o que no sirva para nada. El hombre siempre tiene este tipo de actitud hacia Dios. ¿Cómo no iba a entristecerle? Al hacerse carne, Dios ha soportado un dolor y una humillación tremendos; ¿cuánto peor, pues, hacer que Él acepte las enseñanzas del hombre? Su llegada en medio del hombre lo ha despojado de toda libertad, como si estuviera encarcelado en el Hades, y ha aceptado la disección del hombre sin la más ligera resistencia. ¿No es esto vergonzoso? Al venir entre la familia de un hombre normal, Jesús ha sufrido la mayor injusticia. Más humillante aún es que se haya presentado en este polvoriento mundo, se haya humillado a sí mismo hasta las más bajas profundidades, y haya adoptado una carne de suprema cotidianeidad. Al convertirse en un insignificante ser humano, ¿no sufre el Dios Altísimo dificultades? ¿Y no es todo esto por la humanidad? ¿Ha habido veces en el que Él pensara en sí mismo? Después de ser rechazado y ejecutado por los judíos, ridiculizado y burlado por el pueblo, nunca se quejó a los cielos ni le protestó a la tierra. Hoy, esta tragedia de miles de años ha reaparecido entre estas personas que son como los judíos. ¿Acaso no cometen los mismos pecados? ¿Qué cualifica al hombre para recibir las promesas de Dios? ¿No se opone a Dios, y después acepta Sus bendiciones? ¿Por qué el hombre no se enfrenta nunca a la justicia ni busca la verdad? ¿Por qué no le interesa nunca lo que Dios hace? ¿Dónde está su justicia? ¿Dónde está su equidad? ¿Tiene las agallas de representar a Dios? ¿Dónde está su sentido de la justicia? ¿Cuánto de lo que el hombre ama también lo ama Dios? El hombre no puede distinguir la tiza del queso,[29] siempre confunde lo negro con lo blanco,[30] suprime la justicia y la verdad, y mantiene en alto lo inequitativo y lo injusto. Aleja la luz y retoza en medio de la oscuridad. Los que buscan la verdad y la justicia, en cambio ahuyentan la luz, los que buscan a Dios lo pisotean bajo sus pies, y se elevan a sí mismos al cielo. El hombre no es distinto a un bandido.[31] ¿Dónde está su razón? ¿Quién puede distinguir lo correcto de lo incorrecto? ¿Quién puede defender la justicia? ¿Quién está dispuesto a sufrir por la verdad? ¡Las personas son crueles y diabólicas! Han clavado a Dios en la cruz, aplauden y vitorean; sus gritos salvajes no cesan. Son como pollos y perros, se confabulan y se hacen cómplices. Han establecido su propio reino; su intromisión no ha dejado lugar sin perturbar; cierran los ojos y aúllan como locos sin cesar, enjaulados todos juntos, y una atmósfera turbia lo impregna todo; es bulliciosa y vivaz, y siguen emergiendo quienes se sujetan ciegamente a otros, sosteniendo todos ellos los “ilustres” nombres de sus antepasados. Hace mucho que estos perros y pollos relegaron a Dios al fondo de su mente, y nunca prestaron atención al estado del corazón de Dios. No es de sorprender que Dios diga que el hombre es como un perro o un pollo, un perro que ladra, y que hace que otro centenar de ellos aúllen. De esta forma, con mucho alboroto, ha traído la obra de Dios hasta el día de hoy, haciendo caso omiso a cómo sea la obra de Dios, si hay justicia, si Él tiene un lugar donde poner Su pie, de cómo es el mañana, de su propia soledad y de su propia inmundicia. El hombre no ha pensado nunca tanto en las cosas, no se ha preocupado jamás del mañana, y ha reunido todo lo que es beneficioso y precioso entre sus brazos, sin dejarle nada a Dios, excepto migajas y sobras.[32] ¡Qué cruel es la humanidad! No guarda ningún sentimiento para Dios, y después de devorar secretamente todo lo que es de Él, lo tira bien lejos detrás de sí, sin prestarle más atención a Su existencia. Disfruta de Dios, aunque se opone a Él, y lo pisotea bajo sus pies, aunque con la boca le da gracias y lo alaba. Ora a Dios y depende de Él, aunque también lo engaña. “Exalta” el nombre de Dios y mira Su rostro, aunque también se sienta en Su trono con descaro y desvergüenza, y juzga la “injusticia” de Dios. De su boca proceden las palabras de que está en deuda con Dios, y mira Sus palabras, aunque en su corazón le lanza improperios a Dios; es “tolerante” hacia Dios aunque lo oprime, y su boca dice que es por amor a Dios. En sus manos sostiene las cosas de Dios, y en su boca mastica la comida que Él le ha dado. Sin embargo, sus ojos fijan una mirada fría y sin emoción en Dios, como si deseara tragárselo por completo. Ve la verdad, pero insiste en decir que es el engaño de Satanás. Mira la justicia, pero la obliga a convertirse en autonegación; considera los hechos del hombre, pero insiste en que son lo que Dios es; contempla los dones naturales del hombre, pero insiste en que son la verdad; observa los hechos de Dios, pero insiste en que son arrogancia y presunción, bravatas y santurronería; cuando el hombre contempla a Dios, insiste en etiquetarlo como humano e intenta a toda costa colocarlo en el asiento de un ser creado que está confabulado con Satanás. Sabe perfectamente que son declaraciones de Dios, pero dirá que no son más que los escritos de un hombre. Sabe muy bien que el Espíritu se hace realidad en la carne, que Dios se hace carne, pero él afirma que esa carne es descendiente de Satanás. Sabe bien que Dios es humilde, y está escondido, pero él sólo declara que Satanás ha sido avergonzado, y Dios ha ganado. ¡Qué inútiles! ¡El hombre ni siquiera es digno de servir como perro guardián! No distingue entre lo negro y lo blanco, e incluso tergiversa deliberadamente lo negro, y lo hace blanco. ¿Pueden las fuerzas del hombre y sus asedios tolerar el día de la emancipación de Dios? Después de oponerse deliberadamente a Dios, al hombre no podría importarle menos, o incluso llega tan lejos como hasta entregarlo a la muerte, sin darle la más mínima oportunidad de mostrarse a sí mismo. ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el amor? Él se sienta junto a Dios, y lo obliga a ponerse de rodillas para pedir perdón, obedecer todas sus disposiciones, asentir a todas sus maniobras, y hace que Dios siga sus señales en todo lo que hace o si no se pone furioso[33] y monta en cólera. ¿Cómo no iba a sentirse Dios apesadumbrado bajo semejante influencia de oscuridad que tergiversa lo negro con blanco? ¿Cómo no iba a preocuparse? ¿Por qué se dice que cuando Dios inició Su última obra fue como el amanecer de una nueva época? Los hechos del hombre son tan “ricos”, los “ríos de agua viva que fluyen eternamente” “reabastecen” sin cesar el campo del corazón humano, mientras que el “río de agua viva” del hombre compite contra Él sin escrúpulo;[34] ambos son irreconciliables, y este provee con impunidad a las personas en lugar de Dios, mientras que el hombre colabora con ello sin considerar los peligros implicados. ¿Y con qué resultados? Con frialdad echa a Dios a un lado y lo coloca lejos, donde las personas no lo tengan en cuenta, profundamente temeroso de que pueda llamar su atención y con gran miedo a que el río de agua viva de Dios incite y gane al hombre. Así, tras experimentar muchos años de preocupaciones mundanas, se confabula e intriga en contra de Dios, y hasta lo convierte en el blanco de su reprobación. Es como si Dios se hubiera convertido en una viga en su ojo; está desesperado por agarrarlo, y colocarlo en el fuego para que sea refinado y purificado. Viendo la incomodidad de Dios, el hombre se golpea el pecho y se ríe, baila de gozo y dice que Él ha sido sumido también en el refinamiento, y que quemará las impurezas de Dios hasta limpiarle la suciedad, como si sólo esto fuera racional y sensato, como si sólo estos fueran los métodos justos y razonables del cielo. Esta violenta conducta del hombre parece deliberada e inconsciente a la vez. El hombre revela su fea cara y su odiosa e inmunda alma, así como la apariencia lastimosa de un mendigo. Después de desmandarse a lo largo y ancho, adopta un aspecto patético, y suplica el perdón del cielo como un perrito faldero sumamente lastimoso. El hombre siempre actúa de maneras inesperadas, siempre “cabalga sobre un tigre para asustar a los demás”,[b] siempre está actuando un papel, no tiene la menor consideración por el corazón de Dios ni establece comparación alguna con su propio estatus. Sencillamente se opone a Dios en silencio, como si Él lo hubiera ofendido, y no debiera tratarlo así; como si el cielo no tuviera ojos y le pusiera las cosas difíciles a propósito. Así, el hombre siempre lleva a cabo sus crueles complots en secreto, y no relaja en lo más mínimo sus exigencias a Dios, mirando con ojos depredadores, fijamente enfurecido por cada movimiento de Dios, sin nunca pensar que es Su enemigo, y en la espera de que llegue el día en que Dios disipe la niebla, aclare las cosas, lo salve de las “fauces del tigre” y se vengue en su nombre. Incluso hoy, las personas siguen sin pensar que están jugando el papel de oposición a Dios que tantos han venido interpretando a lo largo de los siglos. Cómo podían saber que, en todo lo que hacen, llevan mucho tiempo ya extraviados; que los mares se han tragado, hace mucho, todo lo que entendían.

de ‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”

24. Que la humanidad haya progresado hasta aquí es una situación sin precedente. La obra de Dios y la entrada del hombre avanzan hombro con hombre y, así, la obra de Dios es también una gran ocasión sin paralelo. Hasta la fecha, la entrada del hombre es un prodigio nunca antes imaginado por el hombre. La obra de Dios ha alcanzado su cenit y, posteriormente, la “entrada”[35] del hombre también ha alcanzado su apogeo. Dios se ha rebajado tanto como ha podido, y nunca ha protestado ante la humanidad ni ante todas las cosas del universo. Mientras tanto, el hombre se coloca sobre la cabeza de Dios, y lo oprime hasta lo máximo; todo ha llegado a su máximo nivel, y es hora de que aparezca el día de la justicia. ¿Por qué seguir dejando que la penumbra cubra la tierra, y la oscuridad envuelva a todos los pueblos? Dios ha observado durante varios miles de años —incluso decenas de millares de años—, y hace mucho que Su tolerancia ha llegado a su límite. Ha estado observando cada movimiento de la humanidad, durante cuánto tiempo se desmandaría la injusticia del hombre; a pesar de ello, el hombre, que lleva mucho tiempo ya insensibilizado, no siente nada. ¿Y quién ha observado jamás los hechos de Dios? ¿Quién ha alzado alguna vez sus ojos y ha mirado en la distancia? ¿Quién ha escuchado en algún momento con atención? ¿Quién ha estado jamás en las manos del Todopoderoso? Las personas están todas plagadas de temores imaginarios.[36] ¿Qué uso tiene un montón de heno y paja? Lo único que pueden hacer es torturar al Dios vivo y encarnado hasta la muerte. Aunque no son más que montones de heno y paja, sigue habiendo una cosa que hacen “mejor que nada”:[37] torturar a Dios en carne viva y hasta la muerte, y después gritar que eso “alegra el corazón de las personas”. ¡Qué ejército de gambas y generales cangrejos!* Increíblemente, en medio de un flujo incesante de personas, centran su atención en Dios, lo rodean de un impenetrable bloqueo. Su fervor arde cada vez más,[38] han cercado a Dios en hordas, para que no pueda moverse ni un milímetro. En sus manos, sostienen todo tipo de armas y miran a Dios como si contemplaran a un enemigo, con los ojos llenos de ira; rabian por “descuartizar a Dios”. Qué desconcertante: ¿Por qué se han convertido el hombre y Dios en enemigos tan irreconciliables? ¿Podría ser que hubiera rencor entre el Dios más encantador y el hombre? ¿Podría ser que las acciones de Dios no tengan beneficio alguno para el hombre? ¿Perjudican al hombre? Este fija una mirada inquebrantable en Dios, profundamente temeroso de que traspase el bloqueo del hombre, regrese al tercer cielo y, una vez más, eche al hombre en la mazmorra. El hombre recela de Dios, está en ascuas y se arrastra por el suelo a cierta distancia; sostiene una “ametralladora” apuntando al Dios en medio del hombre. Es como si, a la menor agitación de Dios, el hombre se lo quitara todo: Su cuerpo entero y todo lo que Él viste, sin dejar nada atrás. La relación entre Dios y el hombre está más allá de toda reparación. Dios es incomprensible para el hombre; mientras tanto, este cierra los ojos deliberadamente, se hace el tonto, sin la mejor disposición a ver Mi existencia, y sin perdonar Mi juicio. Así, cuando el hombre no lo espere, Yo me iré volando en silencio, y dejaré de comparar quién es elevado entre los hombres y quién es bajo. La humanidad es el “animal” más bajo de todos, y Yo ya no deseo tenerlo en cuenta. Hace ya mucho que he devuelto la totalidad de Mi gracia al lugar donde Yo resido apaciblemente; dado que el hombre es tan desobediente, ¿qué razón tiene de disfrutar más de Mi preciosa gracia? No estoy dispuesto a conceder Mi gracia en vano a las fuerzas que me son hostiles. Conferiría Mis preciosos frutos a esos agricultores de Canaán, celosos y que acogen fervorosamente Mi regreso. Sólo deseo que los cielos duren toda la eternidad y, más aún, que el hombre no envejezca, que los cielos y el hombre reposen para siempre, y que esos “pinos y cipreses” imperecederos acompañen para siempre a Dios y que para siempre acompañen a los cielos al entrar juntos en la era ideal.

de ‘Obra y entrada (10)’ en “La Palabra manifestada en carne”

25. Aunque la obra de Dios es rica y abundante, la entrada del hombre es muy deficiente. De la “empresa” conjunta del hombre y Dios, casi toda ella es la obra de Dios; respecto a cuánto ha entrado el hombre, casi no tiene nada de ella que mostrar. El hombre, tan empobrecido y ciego, incluso mide su fuerza contra el Dios de hoy con “armas antiguas” en sus manos. Estos “simios primitivos” apenas son capaces de caminar rectos, y no hallan vergüenza alguna en su cuerpo “desnudo”. ¿Qué los cualifica para evaluar la obra de Dios? Los ojos de muchos de estos monos de cuatro extremidades se llenan de rabia, y se enfrentan a Dios con antiguas armas de piedra en sus manos, intentan iniciar una competición de los hombres simios, cuya semejanza el mundo no ha visto nunca antes; celebrar una competición de los últimos días entre los hombres simios y Dios que se hará famosa por toda la tierra. Además, muchos de estos antiguos hombres monos medio erguidos rebosan de complacencia. Con el pelo enmarañado que cubre sus rostros, están llenos de intenciones asesinas y levantan sus patas delanteras. Todavía tienen que evolucionar por completo y ser un hombre moderno, así que unas veces se yerguen, y otras se arrastran; gotas de sudor cubren su frente como partículas de rocío estrechamente agrupadas. Su avidez es manifiesta. Al contemplar al prístino y ancestral hombre mono, su compañero, que se mantiene sobre los cuatro —sus cuatro— miembros voluminosos y lentos, apenas capaces de evitar los golpes y sin fuerzas para defenderse, escasamente pueden contenerse. En un abrir y cerrar de ojos —antes de que dé tiempo a ver lo sucedido—, el “héroe” se desploma patas arriba en el ring. Esas extremidades, erróneamente plantadas sobre el suelo durante todos aquellos años, de repente han sido puestas del revés, y el hombre mono ya no tiene deseo alguno de resistir. Desde esta vez en adelante, el más antiguo de los hombres monos es borrado de la faz de la tierra; es verdaderamente “penoso”. Este hombre simio antiguo llegó a un final tan repentino. ¿Por qué tuvo que precipitarse tan pronto desde el maravilloso mundo del hombre? ¿Por qué no discutió el siguiente paso de estrategia con sus compañeros? ¡Qué lástima que se despidiera del mundo sin dejar el secreto de medir la fuerza propia contra Dios! ¡Qué desconsiderado por parte de un viejo hombre simio, morir sin un susurro, marcharse sin transmitir la “antigua cultura y las artes” a sus descendientes! No hubo tiempo para que llamara a sus más cercanos a su lado, para hablarles de su amor; no dejó mensaje alguno en tabla de piedra, no discernió sol-cielo ni dijo nada de su indecible dificultad. Cuando expiró su último aliento, no llamó a sus descendientes junto a su cuerpo moribundo para decirles “no subáis al ring para retar a Dios”, antes de cerrar sus ojos, con los cuatro miembros rígidos y alzados para siempre como las ramas del árbol apuntan al cielo. Parecería que su muerte hubiera sido amarga… De repente, una rugiente risotada estalla desde debajo del ring; uno de los hombres mono, medio erguido, está fuera de sí; sostiene un “garrote de piedra” para cazar antílopes u otra presa salvaje más avanzado que el del viejo hombre mono; salta al ring, lleno de rabia, con un plan bien pensado en mente.[39] Es como si hubiera hecho algo meritorio. Con la “fuerza” de su garrote de piedra se las arregla para mantenerse erguido durante “tres minutos”. ¡Qué grande es el “poder” de su tercera “pierna”! Mantuvo al gran hombre mono, torpe, necio y medio erguido, en pie durante tres minutos; no es de sorprender que este viejo hombre simio venerable[40] sea tan dominante. En efecto, el antiguo instrumento de piedra “hace honor a su reputación”: Tiene mango, filo y punta; el único defecto es la falta de brillo del filo; ¡qué lamentable! Contempla de nuevo al “pequeño héroe” de los tiempos antiguos, de pie en el ring, que mira a los que están abajo con ojos desdeñosos, como si fueran impotentes seres inferiores, y él fuera el héroe gallardo. En su corazón, detesta secretamente a aquellos que están delante del escenario. “El país está en apuros, y cada uno de nosotros es responsable; ¿por qué os mantenéis al margen? ¿No será que veis que el país se enfrenta a la catástrofe, pero no tomaréis parte en una batalla sangrienta? El país está al borde de la catástrofe; ¿por qué no sois los primeros en mostrar preocupación, y los últimos en divertiros? ¿Cómo podéis soportar ver malograrse el país y a su gente caer en la decadencia? ¿Estáis deseosos de llevar la vergüenza de la subyugación nacional? ¡Qué pandilla de inútiles!”. Mientras piensa esto, estallan peleas delante del escenario y sus ojos se vuelven cada vez más furiosos, como si estuvieran a punto de lanzar[41] llamas. Ansía que Dios falle antes de la pelea, desesperado por matar a Dios para alegrar a las personas. No tiene la menor idea de que, aunque su herramienta de piedra pueda tener merecida fama, nunca podría confrontar a Dios. Antes de tener tiempo de defenderse, de tumbarse y de volver a ponerse en pie, se balancea hacia adelante y hacia atrás, perdida la vista de ambos ojos. Se desploma junto a su viejo ancestro, y no vuelve a levantarse; aprieta estrechamente al ancestral hombre mono, y no grita más: reconoce su inferioridad y ya no tiene deseo alguno de resistirse. Esos dos pobres hombres simios mueren delante del ring. ¡Qué lamentable que los antepasados de la humanidad, que han sobrevivido hasta el día presente, murieran en la ignorancia el día cuando apareció el Sol de justicia! ¡Qué necio es haber dejado que tan gran bendición pasara de largo por su lado, que el día de su bendición, los hombres monos que han aguardado durante miles de años se hayan llevado las bendiciones al Hades, para “disfrutar” con el rey de los diablos! ¿Por qué no conservar estas bendiciones en el mundo de los vivos para disfrutarlas con sus hijos e hijas? ¡Sólo se buscan problemas! ¡Qué desperdicio! Por amor a un pequeño estatus, reputación y vanidad, sufren el infortunio de ser asesinados; se apresuran por ser los primeros en abrir las puertas del infierno, y convertirse en sus hijos. ¡Semejante precio es tan innecesario! ¡Qué pena que esos viejos ancestros, tan “llenos de espíritu nacional”, pudieran ser tan “estrictos consigo mismos, pero tan tolerantes con los demás”, encerrándose en el infierno y dejando fuera a esos impotentes seres inferiores! ¿Dónde se puede encontrar a “representantes del pueblo” como estos? Por amor al “bienestar de su descendencia” y la “vida apacible de generaciones futuras”, no permiten que Dios interfiera y, por tanto, no prestan atención alguna a sus propias vidas. Sin restricciones, se dedican a la “causa nacional”, y entran al Hades sin una palabra. ¿Dónde puede encontrarse semejante nacionalismo? Batallan contra Dios, no temen a la muerte ni al derramamiento de sangre, y mucho menos se preocupan por el mañana. Sencillamente, se dirigen al campo de batalla. ¡Qué lástima que lo único que consiguen por su “espíritu de entrega” sea el pesar eterno y consumirse en las llamas siempre ardientes del infierno!

¡Qué intrigante! ¿Por qué ha sido siempre rechazada y difamada la encarnación de Dios por las personas? ¿Por qué estas no tienen nunca entendimiento alguno de la encarnación de Dios? ¿Será que Dios ha llegado en el momento equivocado? ¿Podría ser que ha venido al lugar erróneo? ¿Ocurrirá esto, porque Dios ha actuado solo, sin la “firma” del hombre? ¿Será porque Dios decidió sin el permiso del hombre? Los hechos declaran que Dios lo notificó previamente. Dios no hizo mal alguno al hacerse carne; ¿acaso tiene que pedir el consentimiento del hombre? Además, Dios se lo recordó al hombre hace mucho tiempo; ¡tal vez las personas lo han olvidado! No se les puede culpar, porque hace mucho que el hombre ha sido tan corrompido por Satanás, que no puede entender nada de lo que ocurre bajo los cielos, ¡por no hablar de los sucesos del mundo espiritual! ¡Qué lástima que los antepasados del hombre, los hombres simios, murieran en el ring! Pero esto no es de sorprender: el cielo y la tierra no han sido nunca compatibles, ¿y cómo podían los hombres monos, cuya mente está hecha de piedra, concebir que Dios podría volver a hacerse carne? Qué triste que un anciano como este, que está en “su sexagésimo año”, muriera el día de la aparición de Dios, y dejara el mundo sin bendecir en el advenimiento de tan grande bendición; ¿no es una maravilla?

de ‘Obra y entrada (10)’ en “La Palabra manifestada en carne”

26. La encarnación de Dios ha enviado ondas de choque por todas las religiones y sectores, ha “sumido en el caos” el orden original de los círculos religiosos y ha sacudido el corazón de todos los que anhelan la aparición de Dios. ¿Quién no está adorando? ¿Quién no ansía ver a Dios? Él ha estado personalmente en medio del hombre durante muchos años, aunque este nunca se haya dado cuenta de ello. Hoy, Dios mismo se ha aparecido y ha demostrado Su identidad a las masas. ¿Cómo podría tal cosa no traer deleite al corazón del hombre? Dios compartió una vez los gozos y las tristezas con el hombre, y hoy se ha reunido con la humanidad, compartiendo historias de los tiempos pasados con él. Después de que Él saliera de Judea, las personas no pudieron hallar rastro de Él. Anhelan, una vez más, encontrarse con Dios; poco saben que hoy ya lo han hecho, y que se han reunido con Él. ¿Cómo no agitaría esto los recuerdos del ayer? Hace dos mil años hoy, Simón Bar-Jonás, descendiente de los judíos, contempló a Jesús el Salvador, comió en la misma mesa que Él, y después de seguirlo durante muchos años, sintió profundo afecto hacia Él: lo amó desde el fondo de su corazón; amó al Señor Jesús profundamente. El pueblo de Judea no supo nada de cómo este bebé de cabello dorado, nacido en un frío pesebre, fue la primera imagen de la encarnación de Dios. Todos pensaron que era lo mismo que ellos; nadie pensó que fuera diferente; ¿cómo podían las personas reconocer a este Jesús normal y corriente? El pueblo de Judea pensaba en Él como un hijo judío de los tiempos. Nadie lo consideró como un Dios amoroso ni hicieron nada, sino exigirle ciegamente, pedirle que les concediera ricas y abundantes gracias, paz y gozo. Lo único que sabían era que, como un millonario, Él poseía todo lo que uno podía desear jamás. Con todo, las personas nunca lo trataron como alguien a quien amaran; las personas de aquel tiempo no lo amaron, sólo protestaban contra Él, y le hicieron exigencias irracionales. Nunca se resistió y dio, constantemente, gracias al hombre, aunque este no lo conociera. No hizo nada, sino darle al ser humano, en silencio, calidez, amor y misericordia, e incluso más, le dio un nuevo medio de práctica, y sacó al hombre de los lazos de la ley. El hombre no lo amaba; sólo lo envidiaba, y reconocía Sus talentos excepcionales. ¿Cómo podía la ciega humanidad saber lo grande que era la humillación sufrida por el amoroso Jesús, el Salvador, cuando vino en medio de la humanidad? Nadie consideró Su sufrimiento, nadie conoció Su amor por Dios Padre, y nadie pudo conocer Su soledad. Aunque María fue Su madre biológica, ¿cómo podía conocer los pensamientos del corazón del misericordioso Señor Jesús? ¿Quién supo del indecible sufrimiento que soportó el Hijo del hombre? Tras hacerle peticiones, las personas de ese tiempo lo relegaron fríamente al fondo de su mente, y lo echaron fuera, a vagar por las calles, día tras día, año tras año, a la deriva durante muchos años hasta que cumplió treinta y tres años. Esos duros años habían sido largos y breves a la vez. Cuando las personas lo necesitaban, lo invitaban a sus casas con cara sonriente, e intentaban exigirle cosas. Después de que Él les hubiera hecho Su contribución, lo echaban fuera de inmediato. Las personas comían lo que Su boca proporcionaba, bebían Su sangre, disfrutaban de las gracias que Él les concedía; sin embargo, también se oponían a Él, porque nunca habían sabido quién les había dado la vida. En última instancia, lo clavaron en una cruz, y aun así Él no abrió Su boca. Incluso hoy, sigue en silencio. Las personas comen Su carne, comen la comida que Él hace para ellos, caminan por el camino que Él les ha abierto y beben Su sangre, aunque siguen pretendiendo rechazarlo. En realidad, tratan al Dios que les ha dado la vida como enemigo y, en su lugar, se comportan con quienes son esclavos como ellos como el Padre celestial. En esto, ¿no se oponen deliberadamente a Él? ¿Cómo llegó Jesús a morir en la cruz? ¿Lo sabéis? ¿No fue traicionado por Judas, quien estaba cerca de Él, lo había comido, bebido y había disfrutado de Él? ¿No lo traicionó Judas, porque Jesús no era más que un maestrillo normal? Si las personas hubieran visto realmente que Jesús era extraordinario, y Aquel que era del cielo, ¿cómo pudieron haberlo clavado vivo en la cruz durante veinticuatro horas, hasta que no le quedó aliento en Su cuerpo? ¿Quién puede conocer a Dios? Las personas no hacen nada, sino disfrutar de Dios con insaciable avaricia, pero nunca lo han conocido. Se les dio la mano, y se tomaron el brazo, e hicieron a Jesús totalmente obediente a sus mandatos, a sus órdenes. ¿Quién ha mostrado alguna vez misericordia hacia este Hijo del hombre, que no tenía donde reposar Su cabeza? ¿Quién ha pensado jamás en unir fuerzas con Él para llevar a cabo la comisión de Dios Padre? ¿Quién ha guardado un pensamiento para Él? ¿Quién ha sido considerado con Sus dificultades? Sin el más mínimo amor, el hombre ha tirado de Él de un lado para otro; el hombre no sabe de dónde vino su luz y su vida, y no hace nada sino planear en secreto cómo crucificar, una vez más, al Jesús de hace dos mil años, quien ha experimentado el dolor en medio del hombre. ¿De verdad inspira Él tanto odio? ¿Se ha olvidado ya todo lo que Él hizo? El odio que se aglutinó durante miles de años acabará brotando. ¡Sois crías de judíos! ¿Cuándo ha sido Jesús hostil hacia vosotros, para que lo odiarais tanto? ¡Él ha hecho y hablado tanto! ¿No ha sido nada de esto para beneficio vuestro? Os ha dado Su vida sin pedir nada a cambio; os ha dado Su totalidad. ¿De verdad seguís queriendo coméroslo vivo? Se ha entregado por completo a vosotros sin retener nada, sin tan siquiera disfrutar de la gloria del mundo, de la calidez, el amor y todas las bendiciones en medio del hombre. ¡Las personas son tan malas con Él! Él no ha gozado de todas las riquezas sobre la tierra; dedica la totalidad de Su corazón sincero y apasionado al hombre; ha consagrado Su totalidad a la humanidad. ¿Y quién le ha dado alguna vez afecto? ¿Quién le ha dado consuelo? El hombre ha amontonado toda la presión sobre Él, le ha entregado todo el infortunio. Le ha impuesto las experiencias más desafortunadas entre los hombres; lo culpa por toda la injusticia y Él lo ha aceptado tácitamente. ¿Ha protestado alguna vez ante alguien? ¿Le ha pedido a alguien una pequeña recompensa? ¿Quién ha mostrado alguna compasión hacia Él? Como personas normales, ¿quién de vosotros no tuvo una infancia romántica? ¿Quién no tuvo una colorida juventud? ¿Quién de vosotros no ha tenido el calor de sus seres queridos? ¿Quién no tiene el amor de familiares y amigos? ¿Quién no tiene el respeto de los demás? ¿Quién carece de una cálida familia? ¿A quién le falta el consuelo de sus confidentes? ¿Ha disfrutado Él alguna vez de algo de esto? ¿Quién le ha proporcionado alguna vez un poco de afecto? ¿Una pizca de consuelo? ¿Quién le ha mostrado un poco de moralidad humana? ¿Quién ha sido tolerante con Él? ¿Quién lo ha acompañado durante los tiempos difíciles? ¿Quién ha pasado con Él la vida dura? El hombre no ha relajado nunca los requisitos que le hace; sencillamente, le exige sin ningún escrúpulo como si, habiendo venido al mundo del hombre, tuviera que ser su buey o su caballo, su prisionero, y tuviera que darle Su todo. De no ser así, el hombre no lo perdonará nunca, será siempre duro con Él, jamás lo llamará Dios ni lo tendrá en alta estima. El hombre es demasiado severo en su actitud hacia Dios, como si se propusiera atormentar a Dios hasta la muerte. Sólo después de esto aflojará sus requisitos a Dios. De no ser así, el hombre nunca bajará los estándares de sus exigencias a Dios. ¿Cómo podría Dios no despreciar a este tipo de hombre? ¿No es esta la tragedia de hoy? La conciencia del hombre no se ve por ninguna parte. Sigue diciendo que le devolverá a Dios Su amor, pero lo disecciona, y lo tortura hasta la muerte. ¿No es esta la “receta secreta” de su fe en Dios, transmitida por sus antepasados? No hay lugar donde no se encuentre a los “judíos”. Hoy siguen haciendo lo mismo, continúan oponiéndose a Dios, aunque creen que lo están exaltando. ¿Cómo los propios ojos del hombre podrían conocer a Dios? ¿Cómo podría el ser humano, que vive en la carne, tratar como Dios al Dios encarnado que ha venido del Espíritu? ¿Quién de entre los hombres podría conocerlo? ¿Dónde está la verdad en medio de los hombres? ¿Dónde está la verdadera justicia? ¿Quién es capaz de conocer el carácter de Dios? ¿Quién puede competir con el Dios de los cielos? No es de sorprender que, cuando ha venido entre los hombres, nadie lo ha conocido y ha sido rechazado. ¿Cómo puede el hombre tolerar la existencia de Dios? ¿Cómo puede permitir que la luz eche fuera las tinieblas del mundo? ¿No procede todo esto de la honorable devoción del hombre? ¿No es su virtuosa entrada? ¿Acaso la obra de Dios no está centrada en torno a la entrada del hombre? Me gustaría que combinarais la obra de Dios con la entrada del hombre, que asegurarais la buena relación entre el hombre y Dios, y que llevarais a cabo el deber que debería realizar el hombre, según la mejor de sus capacidades. ¡De esta forma, la obra de Dios llegará posteriormente a su fin, concluyendo con Su glorificación!

de ‘Obra y entrada (10)’ en “La Palabra manifestada en carne”

Notas al pie:

1. “Trabajar a los hombres” significa “salvar a los hombres”.

2. “Se apegan persistentemente a” se usa de forma burlona. Esta frase indica que las personas son tozudas e intratables, ya que se aferran a cosas obsoletas y no están dispuestas a abandonarlas.

3. “Revertirán su actitud del pasado” alude a cómo cambian las concepciones y las opiniones de las personas respecto a Dios una vez que lo conocen.

4. “Descansa tranquilo” indica que a las personas no les preocupa la obra de Dios ni la consideran importante.

5. “Ambiguas” indica que las personas no tienen entendimiento claro de la obra de Dios.

6. “No degradable” tiene la intención de fungir como una sátira aquí, y significa que las personas son rígidas en su conocimiento, cultura y perspectiva espiritual.

7. “Sigue impune y a sus anchas” indica que el diablo se desquicia y está fuera de control.

8. “Un completo desastre” se refiere a lo insoportable que es la violenta conducta del diablo para las personas.

9. “Magullado y golpeado” alude al horrible rostro del rey de los diablos.

10. “Una apuesta de posibilidades muy remotas” es una metáfora de las argucias insidiosas y siniestras del diablo. Se usa en tono burlón.

11. “Consumirlo” se refiere a la violenta conducta del rey de los diablos, que saquea al pueblo en su totalidad.

12. Los “cómplices” son del mismo tipo que “una banda de rufianes”.

13. “Incitar al desorden” se refiere a cómo las personas demoniacas se desmandan, obstruyen la obra de Dios y se oponen a ella.

14. “Una ballena con dientes” se usa en tono burlón. Es una metáfora de cómo las moscas son tan pequeñas que los cerdos y los perros les parecen grandes como ballenas.

15. “Cabecilla de todo mal” se refiere al viejo diablo. Esta frase expresa una extremada aversión.

16. “Hacen acusaciones sin razón” alude a los métodos por los cuales el diablo daña a las personas.

17. “Fuertemente custodiada” indica que los métodos por los cuales el diablo aflige a las personas son especialmente crueles, y las controla tanto que no tienen espacio para moverse.

18. “Distante” se usa en tono de burla.

19. “Dirección ordenada y benévola” se utiliza en tono burlón.

20. “Favorecidas” se usa para burlarse de las personas que parecen acartonadas y no tienen conciencia de sí mismas.

21. “Contratiempo tras contratiempo” indica que las personas nacieron en la tierra del gran dragón rojo y que son incapaces de mantener la cabeza en alto.

22. “A dar toda tu vida” se utiliza en un sentido despectivo.

23. “Estragos” se usa para exponer la desobediencia de la humanidad.

24. “Las palabras cálidas han sido enfrentadas con un ceño feroz y el frío desafío de mil dedos recriminatorios. Dios no puede sino soportar, con la cabeza inclinada, servir a las personas como un buey dispuesto” era, originalmente, una sola frase, pero aquí se divide en dos con el fin de dejar las cosas más claras. La primera frase se refiere a las acciones del hombre, mientras que la segunda indica el sufrimiento experimentado por Dios, y que Él es humilde y está escondido.

25. “Prejuicio” se refiere a la conducta desobediente de las personas.

26. “Tomar el poder absoluto” alude a la conducta desobediente de las personas. Se exaltan a sí mismas, engrilletan a otras, hacen que las sigan y sufren por ellas. Son fuerzas hostiles a Dios.

27. “Marioneta” se usa para ridiculizar a aquellos que no conocen a Dios.

28. “Un bombardeo” se usa para subrayar la baja conducta de las personas.

29. “No puede distinguir la tiza del queso” indica cuando las personas tergiversan la voluntad de Dios y la convierten en algo satánico, refiriéndose ampliamente a la conducta en la que las personas rechazan a Dios.

30. “Confunde lo negro con lo blanco” se refiere a mezclar la verdad con ilusiones y la justicia con el mal.

31. “Bandido” se usa para indicar que las personas son insensatas y carecen de conocimiento profundo.

32. “Migajas y sobras” se usa para indicar la conducta en la que las personas oprimen a Dios.

33. “Furioso” alude al feo rostro del hombre que se aíra y se exaspera.

34. “Sin escrúpulo” alude a cuando las personas son imprudentes, y no tienen la más mínima reverencia hacia Dios.

35. “La ‘entrada’ del hombre” indica aquí la conducta desobediente del hombre. En lugar de referirse a la entrada de las personas a la vida —que es positiva—, alude a su comportamiento y sus acciones negativos. Se refiere ampliamente a todos los hechos del hombre que están en oposición con Dios.

36. “Plagadas de temores imaginarios” se usa para burlarse de la vida desacertada de humanidad del hombre. Se refiere al desagradable estado de la vida de la humanidad, en la que las personas viven juntas con los demonios.

37. “Mejor que nada” se expresa de forma burlona.

38. “Su fervor arde cada vez más” se dice en tono de burla y alude al feo estado del hombre.

39. “Un plan bien pensado en mente” se dice burlonamente, y se refiere a cómo las personas no se conocen a sí mismas e ignoran su estatura real. Este es un enunciado despectivo.

40. “Venerable” se dice en tono de burla.

41. “Lanzar” indica el feo estado del pueblo que echan humo de rabia cuando son derrotados por Dios. Señala hasta qué punto se oponen a Dios.

a. El texto original dice “Algunos incluso gritan”.

b. Este es un modismo chino.

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