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La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III

Nuestras últimas enseñanzas han tenido gran impacto en todos ustedes. Desde ahora, las personas podrán por fin sentir realmente la verdadera existencia de Dios y que Él está ciertamente muy cerca de la humanidad. Aunque las personas pueden haber creído en Dios durante muchos años, nunca han entendido de verdad Sus pensamientos e ideas como lo hacen ahora; tampoco han experimentado de verdad Sus hechos prácticos, como en estos momentos. Se trate de conocimiento o de práctica real, la mayoría de las personas han aprendido algo nuevo y han logrado un más alto entendimiento; se han dado cuenta de lo erróneo de sus propias búsquedas pasadas, de que su experiencia es demasiado superficial, de que hay demasiadas cosas en su experiencia que no están alineadas con la voluntad de Dios, y de que aquello de lo que más carece el hombre es del conocimiento del carácter de Dios. Por parte del hombre, no es más que una especie de conocimiento basado en la percepción; elevarse al nivel del conocimiento racional requiere una profundización y un fortalecimiento graduales a través de nuestras experiencias. Antes de que el hombre entienda verdaderamente a Dios, se podría decir de forma subjetiva que creen en la existencia de Dios en sus corazones, pero no tienen una comprensión real de preguntas específicas como la clase de Dios que Él es en verdad, cuál es Su voluntad, cuál es Su carácter y cuál Su actitud real hacia la humanidad. Esto compromete enormemente la fe de las personas en Dios, y evita que su fe alguna vez pueda lograr la pureza o la perfección. Aunque estés cara a cara con la palabra de Dios, o sientas que has tenido un encuentro con Él a través de tus experiencias, aún no se puede afirmar que lo comprendas por completo. Al no conocer los pensamientos de Dios, lo que Él ama u odia, lo que le enoja y lo que le produce gozo, pues no posees una comprensión verdadera de Él. Tu fe está basada en un cimiento de imprecisión y de imaginación, sobre tus deseos subjetivos. Sigue estando muy lejos de una creencia auténtica, y de ser un verdadero seguidor. Las explicaciones de los ejemplos de estas historias de la Biblia han permitido a los seres humanos que conozcan el corazón de Dios, lo que Él pensaba en cada etapa de Su obra y por qué la llevó a cabo, cuáles eran Su intención original y Su plan cuando la llevó a cabo, cómo logró Sus ideas y cómo preparó y desarrolló Su plan. A través de estas historias podemos obtener un entendimiento detallado y específico de cada intención específica de Dios y de cada pensamiento real durante los seis mil años de Su obra de gestión, y Su actitud hacia los seres humanos en distintos momentos y en diferentes épocas. Si las personas pueden comprender lo que Dios estaba pensando, cuál era Su actitud y el carácter que reveló a medida que se enfrentó a cada situación, esto puede ayudar a que cada persona tome una consciencia más profunda de la verdadera existencia de Dios, y sienta así Su practicidad y Su autenticidad. Mi objetivo al contaros estas historias no consiste en que las personas entiendan la historia bíblica y tampoco pretendo ayudarlas a familiarizarse con los versículos de la Biblia o las personas que en ella aparecen, y desde luego no lo hago por ayudarlas a comprender el trasfondo de lo que Dios hizo durante la Era de la Ley. En cambio, lo que quiero es que se entienda la voluntad de Dios, Su carácter y cada pequeña parte de Él, así como lograr un entendimiento y un conocimiento de Dios más auténticos y precisos. De este modo, el corazón de las personas puede, poco a poco, abrirse a Dios, acercarse a Él y comprenderle mejor a Él, Su carácter, Su esencia y conocer mejor al verdadero Dios mismo.

Conocer el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es, puede tener un impacto positivo en las personas. Puede ayudarlos a tener mayor confianza en Dios, a lograr obedecerle y temerle de verdad. Entonces, dejarán de seguirlo o adorarlo ciegamente. Dios no quiere necios ni quienes siguen a tientas a la multitud, sino a un grupo de personas que tengan en su corazón un entendimiento y un conocimiento claros del carácter de Dios y que puedan actuar como testigos de Dios, personas que, por Su hermosura, por lo que Él tiene y es, y por Su carácter justo, jamás abandonarían a Dios. Como seguidor de Dios, si en tu corazón sigue habiendo falta de claridad, o si existe ambigüedad o confusión sobre la verdadera existencia de Dios, Su carácter y lo que Él tiene y es, así como Su plan para salvar a la humanidad, tu fe no podrá conseguir el elogio de Dios. Él no quiere que este tipo de persona le siga ni que comparezca delante de Él, porque no le entiende ni puede entregarle su corazón, que está cerrado a Él, de tal modo que su fe en Dios está llena de impurezas. Su forma de seguir a Dios sólo puede definirse como ciega. Las personas sólo pueden lograr una fe verdadera y ser seguidores genuinos si poseen un entendimiento y un conocimiento verdaderos de Dios, que engendren dentro de ellos la verdadera obediencia y el auténtico temor de Dios. Sólo así pueden entregarle su corazón a Dios y abrirlo a Él. Esto es lo que Dios quiere, porque todo lo que hacen y piensan puede soportar la prueba de Dios y dar testimonio de Él. Todo lo que os comunico respecto al carácter divino, lo que Él tiene y es, o Su voluntad y Sus pensamientos en todo lo que hace y desde cualquier perspectiva o ángulo que Yo os hable sobre ello, es para ayudaros a estar más seguros de la verdadera existencia de Dios, y que entendáis y apreciéis de un modo más veraz Su amor por la humanidad y Su preocupación por las personas, así como Su sincero deseo de dirigir y salvar a la humanidad.

Hoy, resumiremos primero los pensamientos, las ideas y cada movimiento de Dios desde que creó a la humanidad. Echaremos un vistazo a la obra que ha llevado a cabo a partir de la creación del mundo y hasta el inicio oficial de la Era de la Gracia. Entonces podremos descubrir cuáles de los pensamientos y de las ideas de Dios le son desconocidos al hombre y, desde ahí, podremos aclarar el orden del plan de gestión de Dios, entender a fondo el contexto en el que la creó, la fuente y el proceso de desarrollo de esta, y asimismo comprender por completo qué resultados quiere obtener de ella, es decir, el núcleo y el propósito de la misma. Para entender estas cosas tenemos que remontarnos a un tiempo lejano, en calma y silencioso en el que no había seres humanos…

Cuando Dios se levantó de Su lecho, Su primer pensamiento fue este: crear a una persona viva, un ser humano viviente y real, alguien con quien vivir y que fuera Su compañero constante; esta persona podría escucharle y podría confiar en ella y hablar con ella. Entonces, por primera vez, Dios recogió un puñado de tierra y la usó para crear a la primera persona viva de acuerdo con la imagen que Él había imaginado en Su mente, y le puso nombre: Adán. ¿Cómo se sintió, una vez que tuvo a esta persona que vivía y respiraba? Por primera vez, sintió el gozo de tener a un ser amado, un compañero; también la responsabilidad de ser padre y la preocupación que le acompaña. Esta persona viva que respiraba, le produjo a Dios felicidad y gozo; Él se sintió consolado por primera vez. Fue lo primero que Dios había hecho jamás que no se llevara a cabo con Sus pensamientos o incluso Sus palabras, sino con Sus propias manos. Cuando este tipo de ser —una persona viva, que respiraba— estuvo delante de Dios, en carne y hueso, con cuerpo y forma, y capaz de hablar con Él, experimentó una especie de gozo que nunca antes había sentido. Dios sintió en verdad Su responsabilidad y este ser viviente no sólo tiró de su corazón, sino que cada uno de sus pequeños movimientos también lo conmovieron y dieron calor a Su corazón. Cuando este ser viviente estuvo delante de Dios, fue la primera vez que Él tuvo la idea de ganar más personas como esta. Esta fue la serie de acontecimientos que se iniciaron con este primer pensamiento que Dios tuvo. Para Él, todos estos sucesos estaban ocurriendo por primera vez, pero en ellos, independientemente de lo que Él sintiera en aquel momento —gozo, responsabilidad, preocupación—, no había nadie con quien poderlo compartir. Desde ese momento, Dios sintió realmente una soledad y una tristeza como nunca antes. Percibió que el hombre no podía aceptar ni comprender Su amor y Su preocupación, o Sus intenciones para el hombre, de manera que aún sintió tristeza y dolor en Su corazón. Aunque había hecho aquellas cosas para el hombre, este no era consciente de ello ni lo entendía. Al margen de la felicidad, del gozo y del consuelo que el hombre le proporcionó, esto pronto trajo consigo Sus primeros sentimientos de tristeza y soledad. Estos eran los pensamientos y los sentimientos de Dios en aquel momento. Mientras Él estaba haciendo todas estas cosas, en Su corazón pasaba del gozo a la tristeza y de la tristeza al dolor, y estos sentimientos estaban mezclados con ansiedad. Todo lo que Él quería hacer era apresurarse para hacerle saber a esta persona, a esta humanidad, con prontitud lo que había en Su corazón y que ella entendiera cuanto antes Sus intenciones. Entonces podrían convertirse en Sus seguidores y compartir Sus pensamientos y estar en línea con Su voluntad. Ya no escucharían simplemente hablar a Dios y se quedarían sin palabras; dejarían de ignorar cómo unirse a Él en Su obra; por encima de todo, ya no serían personas indiferentes a los requisitos divinos. Estas primeras cosas que Dios hizo están llenas de sentido y encierran gran valor para Su plan de gestión y para los seres humanos de hoy.

Después de crear todas las cosas y a la humanidad, Dios no descansó. Estaba impaciente y ansioso por realizar Su gestión y ganar de entre la humanidad a aquellas personas a las que tanto amaba.

A continuación, poco después de que Dios creara a los seres humanos, vemos en la Biblia que hubo un gran diluvio en todo el mundo, en cuyo relato se menciona a Noé; se puede decir que él fue la primera persona en recibir el llamado de Dios a obrar con Él para completar una tarea de Dios. Por supuesto, también fue la primera vez que Dios le pidió a alguien sobre la tierra que hiciera algo según Su mandamiento. Una vez acabó Noé de construir el arca, Dios inundó por primera vez la tierra. Cuando la destruyó con el diluvio, fue la primera vez, desde que creó a los seres humanos, que se sintió abrumado de indignación hacia ellos; esto fue lo que obligó a Dios a tomar la dolorosa decisión de destruir a esta raza humana mediante un diluvio. Una vez este hubo destruido la tierra, Dios estableció Su primer pacto con los seres humanos: un pacto para demostrar que nunca más volvería a destruir el mundo con un diluvio. La señal de este pacto fue el arcoíris. Fue el primer acuerdo de Dios con la humanidad, de modo que el arcoíris fue la primera señal de un pacto dado por Dios; el arcoíris es algo real y físico que existe. Es la existencia misma del arcoíris lo que hace que Dios sienta a menudo tristeza por la raza humana previa que perdió, y sirve de recordatorio constante para Él de lo que les sucedió… Dios no iría a paso lento; estaba impaciente y ansioso por dar el siguiente paso en Su gestión. Posteriormente escogió a Abraham como Su primera elección para Su obra en todo Israel. Fue también la primera vez que Dios escogió un candidato así. Dios decidió empezar a llevar a cabo Su obra de salvar a la humanidad a través de esta persona, y de proseguir con Su obra entre los descendientes de este. Podemos ver en la Biblia que esto es lo que Dios le hizo a Abraham. A continuación, convirtió a Israel en la primera tierra escogida e inició Su obra de la Era de la Ley por medio de Su pueblo elegido, los israelitas. Una vez más, por primera vez, Dios les proporcionó a los israelitas las normas y leyes expresas que la humanidad debería seguir, y se las explicó en detalle. Esta era la primera vez que Dios les había dado a los seres humanos unas normas tan específicas y estándar sobre cómo debían presentar sacrificios, cómo debían vivir, lo que debían y lo que no debían hacer, cuáles festividades y días debían observar y qué principios debían seguir en todo lo que hicieran. Esta era la primera vez que Dios le daba a la humanidad unas normativas y principios tan detallados y estandarizados sobre cómo conducirse en sus vidas.

Siempre que digo “la primera vez”, se refiere a una clase de obra que Dios nunca antes había realizado. Se refiere a una obra que no existía con anterioridad, e incluso aunque Dios había creado a la humanidad y a todos los tipos de criaturas y cosas vivientes, esta es una clase de obra que jamás había llevado a cabo. Toda esta obra implicaba la gestión divina de la humanidad; todo tenía que ver con las personas y con Su salvación y gestión de ellas. Después de Abraham, Dios volvió a escoger de nuevo por primera vez: eligió a Job para que fuera alguien que viviera bajo la ley y que pudiera resistir las tentaciones de Satanás, mientras seguía temiendo a Dios y apartándose del mal, y siendo testigo de Él. También fue la primera vez que Dios le permitió a Satanás tentar a una persona, y la primera vez que apostó con él. Al final, por primera vez, Dios consiguió a alguien que fuera capaz de mantenerse firme en el testimonio y dar testimonio de Él mientras se enfrentaba a Satanás, alguien que podía avergonzar por completo a Satanás. Desde que Dios había creado a la humanidad, esta fue la primera persona que Él había conseguido y que fue capaz de dar testimonio de Él. Una vez obtuvo a este hombre, Dios se sintió aún más deseoso de continuar Su gestión y llevar a cabo la siguiente etapa de Su obra, preparando el lugar y las personas que elegiría para la siguiente etapa de Su obra.

Después de hablar sobre todo esto, ¿entendéis de verdad la voluntad de Dios? Él ve esta instancia de Su gestión de la humanidad, de Su salvación de la humanidad, como lo más importante de todo. No sólo hace estas cosas con Su mente o con Sus palabras y, sobre todo, no lo hace de manera casual; las realiza todas con un plan, una meta, principios y con Su voluntad. Es evidente que esta obra para salvar a la humanidad tiene una gran relevancia tanto para Dios como para el hombre. No importa la dificultad de la obra ni lo grandes que sean los obstáculos, ni lo débiles que sean los seres humanos, ni lo profunda que sea la rebeldía de la humanidad; nada de esto es difícil para Dios. Él se mantiene ocupado, dedicando Sus meticulosos esfuerzos y gestionando la obra que Él mismo quiere llevar a cabo. Asimismo, lo dispone todo y ejerce su soberanía sobre todas las personas en las cuales obrará y toda la obra que quiere realizar; nada de esto se ha hecho antes. Es la primera vez que Dios ha usado estos métodos y pagado un precio tan grande por este importante proyecto de gestión y salvación de la humanidad. Aunque Dios está llevando a cabo esta obra, le está expresando y revelando a la humanidad, poco a poco y sin reservas, Sus meticulosos esfuerzos, lo que Él tiene y es, Su sabiduría y Su omnipotencia, y cada aspecto de Su carácter. Él revela y expresa estas cosas como no lo ha hecho nunca antes. Así que, en todo el universo, aparte de las personas a las que Dios se propone dirigir y salvar, nunca ha habido criaturas tan cercanas a Dios que hayan tenido semejante relación íntima con Él. En Su corazón, la humanidad, que Él quiere dirigir y salvar, es lo más importante y Él la valora por encima de todo lo demás; aunque ha pagado un gran precio por ellos, y aunque se siente continuamente herido por ellos y ve que le desobedecen, jamás los abandona y sigue incansablemente en Su obra, sin quejas ni pesares. Esto se debe a que Él sabe que, tarde o temprano, las personas despertarán gracias a Su llamado y se conmoverán con Sus palabras, reconocerán que Él es el Señor de la creación y regresarán a Su lado…

Después de oír todo esto hoy, es posible que sintáis que todo lo que Dios hace es muy normal. Se diría que los seres humanos siempre han percibido algo de las intenciones de Dios para ellos en Sus palabras y en Su obra, pero siempre existe una cierta distancia entre sus sentimientos o su conocimiento y lo que Él está pensando. Por eso creo que es necesario comunicar con todas las personas sobre la razón por la cual Dios creó a la humanidad, y el trasfondo subyacente a Su deseo de ganar a la humanidad que Él esperaba conseguir. Es necesario compartir esto con todos, para que quede claro en su corazón. Al estar todo el pensamiento y la idea de Dios, así como toda fase y periodo de Su obra, vinculados y estrechamente ligados a la totalidad de Su obra de gestión, cuando entiendes los pensamientos, las ideas de Dios y Su voluntad en cada paso de Su obra, esto equivale a comprender cómo surgió la obra de Su plan de gestión. Tu comprensión de Dios se profundiza sobre este cimiento. Aunque todo lo que mencioné con anterioridad sobre lo que Dios hizo cuando creó el mundo al comienzo, ahora no parece más que mera información irrelevante en la búsqueda de la verdad, a lo largo de tu experiencia llegará un día, no obstante, en el que no pienses que es algo tan sencillo como un par de datos o simplemente alguna clase de misterio. A medida que tu vida progrese, una vez que Dios tenga cierto lugar en tu corazón, o una vez que entiendas más a fondo Su voluntad y de un modo más profundo, comprenderás de verdad la importancia y la necesidad de lo que estoy hablando hoy. No importa hasta dónde aceptéis esto hoy; todavía es necesario que entendáis y sepáis estas cosas. Cuando Dios hace algo, cuando lleva a cabo Su obra, independientemente de que lo haga con Sus ideas o con Sus propias manos, que sea la primera vez que lo hace o la postrera, en última instancia Dios tiene un plan y Sus propósitos y Sus pensamientos están en todo lo que Él realiza. Estos representan Su carácter y expresan lo que Él tiene y es. Todas las personas tienen que comprender estas dos cosas: el carácter de Dios y lo que Él tiene y es. Una vez entendidas, podrán tomar poco a poco consciencia de por qué Dios hace lo que hace y dice lo que dice. A partir de ahí, pueden tener más fe para seguir a Dios, para buscar la verdad y un cambio de carácter. Con esto quiero decir que el que el hombre comprenda a Dios y su fe en Él son cosas inseparables.

Si aquello de lo cual las personas obtienen conocimiento y llegan a comprender es el carácter de Dios y lo que Él tiene y es, entonces lo que obtengan será la vida que procede de Dios. Una vez que esta se haya forjado en ti, tu temor de Dios se hará cada vez mayor. Esto se logra de manera muy natural. Si no quieres comprender el carácter o la esencia de Dios ni saber de ellos; si ni siquiera deseas reflexionar ni centrarte en estas cosas, puedo decirte con seguridad que la forma en que estás buscando hoy tu fe en Dios no puede permitirte jamás cumplir con Su voluntad ni conseguir Su elogio. Además, no podrás alcanzar verdaderamente la salvación; estas son las consecuencias finales. Cuando las personas no comprenden a Dios y no conocen Su carácter, su corazón no podrá abrirse jamás de veras a Él. Una vez hayan entendido a Dios, empezarán a apreciar y a saborear, con interés y fe, lo que hay en Su corazón. Y cuando esto sucede, tu corazón se abrirá a Él progresivamente, poco a poco. Al hacerlo, sentirás lo vergonzosos y despreciables que eran tus intercambios con Dios, lo que le exiges y tus propios deseos extravagantes. Cuando tu corazón se abra de verdad a Dios, verás que el suyo es un mundo tan infinito, y entrarás en una esfera que nunca antes has experimentado. Allí no hay engaño, astucia, oscuridad ni maldad. Sólo hay sinceridad y fidelidad; sólo luz y rectitud; sólo justicia y amabilidad. Está llena de amor y cuidado, de compasión y tolerancia, y a través de ella sientes la felicidad y el gozo de estar vivo. Estas cosas son las que Dios te revela cuando abres tu corazón a Él. Ese mundo infinito está lleno de la sabiduría de Dios y de Su omnipotencia; de Su amor y de Su autoridad. Aquí puedes ver cada aspecto de lo que Dios tiene y es, de lo que le produce gozo, de por qué se preocupa y se entristece, de por qué se enoja… Esto es lo que puede ver cada persona que abre su corazón y le permite entrar. Él sólo puede entrar en tu corazón si tú se lo abres. Sólo puedes ver lo que Dios tiene y es, y cuáles son Sus intenciones para ti si ha entrado. En ese momento descubrirás que todo lo que tiene que ver con Dios es tan precioso, que lo que Él tiene y es, es tan digno de valorar. Comparados con ello, las personas que te rodean, los objetos y los acontecimientos de tu vida y hasta tus seres queridos, tu pareja y las cosas que amas, apenas merecen ser mencionados. Son tan pequeños y pobres; sentirás que no hay objeto material que pueda ser capaz de volver a atraerte ni ninguno que pueda seducirte nuevamente para que pagues un precio por él. En la humildad de Dios verás Su grandeza y Su supremacía. Además, en algo que Él haya hecho y que te pareció bastante pequeño, verás Su infinita sabiduría y Su tolerancia, y contemplarás la paciencia, la indulgencia y la comprensión que tiene contigo. Esto engendrará en ti adoración hacia Él. En ese día, sentirás que la humanidad está viviendo en un mundo tan sucio que las personas que están a tu lado y las cosas que suceden en tu vida, y hasta en aquellos a quienes amas, el amor de ellos por ti y su pretendida protección o su preocupación por ti ni siquiera son dignas de mencionar; sólo Dios es tu amado y sólo a Él es a quien más valoras. Cuando llegue el día, creo que habrá algunos que digan: ¡El amor de Dios es tan grande y Su esencia tan santa! En Dios no hay astucia ni maldad, ni envidia, ni lucha, sino sólo justicia y autenticidad, y los seres humanos deberían anhelar todo lo que Dios tiene y es. Tendrían que luchar por ello y aspirar a ello. ¿Sobre qué base se fundamenta la capacidad de la humanidad para lograr esto? Se apoya sobre su comprensión del carácter de Dios y de Su esencia. Por tanto, entender el carácter de Dios y lo que Él tiene y es supone una lección de vida para cada persona; es un objetivo de vida a ser logrado por cada persona que se esfuerza por cambiar su carácter y por conocer a Dios.

Acabamos de hablar sobre toda la obra que Dios llevó a cabo, la serie de obras sin precedentes que Él realizó. Cada una de ellas es relevante para el plan de gestión y la voluntad de Dios. También lo son para el propio carácter de Dios y Su esencia. Si queremos entender más de lo que Dios tiene y es, no podemos detenernos en el Antiguo Testamento o en la Era de la Ley, sino que es necesario que nos movamos hacia adelante siguiendo los pasos que Dios dio en Su obra. Por tanto, cuando Dios puso fin a la Era de la Ley y dio comienzo a la Era de la Gracia, dejó que nuestros propios pasos lo siguieran a dicha era, un tiempo lleno de gracia y redención. En él, Dios volvió a hacer algo muy importante que jamás se había realizado con anterioridad. La obra en esta nueva era, tanto para Dios como para la humanidad, fue un nuevo punto de partida. Este nuevo inicio era otra nueva obra que Dios hizo y que jamás se había realizado con anterioridad. Era algo sin precedentes, algo que excedía el poder de imaginación de los seres humanos y de todas las criaturas. Es algo que todo el mundo sabe muy bien ahora: fue la primera vez que Dios se convirtió en un ser humano, y que comenzó una nueva obra bajo la forma y con la identidad de un hombre. Esta nueva obra significaba que Dios había acabado Su obra en la Era de la Ley, y que ya no haría ni diría nada bajo la ley. Tampoco diría ni llevaría nada a cabo en forma de ley ni según los principios o las normas de la ley. Es decir, toda Su obra basada en la ley se detuvo para siempre y no continuaría, porque Dios quería empezar una nueva y hacer cosas nuevas. Una vez más, Su plan tenía un nuevo punto de partida, de manera que Dios tuvo que dirigir a la humanidad a la era siguiente.

Que estas noticias fueran gozosas o inquietantes para los seres humanos dependía de la esencia de cada persona. Se podía decir que estas no eran alegres para algunos, sino preocupantes, porque cuando Dios inició Su nueva obra, los que sólo seguían las leyes y las reglas, y las doctrinas, pero no temían a Dios tenderían a usar Su antigua obra para condenar la nueva. Para estos, eran nuevas amenazadoras. Sin embargo, para todo aquel que fuera inocente y franco, sincero a Dios y dispuesto a recibir Su redención, Su primera encarnación fue una noticia muy gozosa. Porque desde que los seres humanos fueron creados, esta era la primera vez que Dios había aparecido y vivido entre la humanidad en una forma que no era el Espíritu; esta vez, había nacido de un ser humano y vivía entre las personas como el Hijo del hombre, y trabajaba en medio de ellos. Esta “primera vez” rompió las nociones de las personas; superó toda imaginación. Además, todos los seguidores de Dios obtuvieron un beneficio tangible. Dios no sólo acabó con la era antigua, sino que también puso fin a Sus antiguos métodos y a Su modo de obrar. Ya no les pidió a Sus mensajeros que transmitieran Su voluntad, no se escondió más en las nubes ni se apareció o habló a los seres humanos de forma autoritaria por medio del trueno. A diferencia de cualquier otra cosa anterior, mediante un método inimaginable para los seres humanos que les resultaba difícil de entender o aceptar —hacerse carne—, se convirtió en el Hijo del hombre para dar inicio a la obra de esa era. Este acto de Dios cogió totalmente desprevenida a la humanidad; los hizo avergonzarse, porque Dios había vuelto a empezar una nueva obra que nunca antes había llevado a cabo. Hoy, echaremos un vistazo a la nueva obra que Dios realizó en la nueva era, y consideraremos qué podemos aprender de esta obra nueva acerca del carácter de Dios y de lo que Él tiene y es.

Las que siguen son palabras registradas en el Nuevo Testamento de la Biblia:

1. Mateo 12:1 Por aquel tiempo Jesús pasó por entre los sembrados en el día de reposo; sus discípulos tuvieron hambre, y empezaron a arrancar espigas y a comer.

2. Mateo 12:6-8 Pero Yo os digo que en este lugar hay uno que es más grande que este templo. Pero si vosotros hubierais sabido lo que esto significa, Yo recibiría misericordia y no sacrificio, vosotros no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es el Señor aún en el día de reposo.*

Le echaremos primero una mirada a este pasaje: “Por aquel tiempo Jesús pasó por entre los sembrados en el día de reposo; sus discípulos tuvieron hambre, y empezaron a arrancar espigas y a comer”.

¿Por qué he escogido este pasaje? ¿Qué relación guarda con el carácter de Dios? En este texto, lo primero que sabemos es que era el día de reposo, pero el Señor Jesús salió y llevó a Sus discípulos por los campos de maíz. Y lo más “alevoso” es que hasta “empezaron a arrancar espigas y a comer”. En la Era de la Ley, la ley de Jehová Dios estipulaba que las personas no podían salir de manera informal ni participar en actividades en Sabbat: había muchas cosas que no se podían hacer en Sabbat. Esta acción por parte del Señor Jesús fue desconcertante para quienes habían vivido bajo la ley durante largo tiempo, y hasta provocó críticas. En cuanto a su confusión y a cómo hablaban sobre lo que Jesús hizo, lo dejaremos de lado por ahora y analizaremos primero por qué el Señor Jesús escogió, entre todos los días, hacer esto en el día de reposo, y qué quería comunicar por medio de esta acción a los que vivían bajo la ley. Esta es la relación entre este pasaje y el carácter de Dios sobre la que quiero hablar.

Cuando el Señor Jesús vino, usó Sus actos prácticos para decirles a las personas que Dios se había marchado de la Era de la Ley, y había comenzado una nueva obra; y que esta no requería la observancia del Sabbat. La salida de Dios de los límites del día de reposo sólo fue un anticipo de Su nueva obra; la verdadera gran obra estaba por venir. Cuando el Señor Jesús empezó Su obra, ya había dejado atrás los “grilletes” de la Era de la Ley, y se había abierto paso entre las normas y los principios de esa era. En Él no había rastro de nada relacionado con la ley; la había desechado por completo y ya no la observaba; ya no requería que la humanidad la cumpliera. De modo que aquí ves que el Señor Jesús atravesó los maizales en el día de reposo, y que el Señor no descansó, sino que salió a trabajar, no a descansar. Este acto suyo fue una conmoción para las nociones de las personas y les comunicaba que Él ya no vivía bajo ella; que Él había abandonado los límites del Sabbat y apareció delante de la humanidad y en medio de ellos con una nueva imagen, con una nueva forma de obrar. Este acto suyo les decía a las personas que Él había traído consigo una nueva obra que empezó emergiendo del alcance de la ley y apartándose del día de reposo. Cuando Dios llevó a cabo Su nueva obra, dejó de aferrarse al pasado y ya no se preocupó más por la normativa de la Era de la Ley. Tampoco le afectó Su obra en la era anterior, sino que, en cambio, obró durante el día de reposo, tal como lo hacía en los demás días, y cuando Sus discípulos tuvieron hambre en el Sabbat, pudieron arrancar espigas de maíz para comer. Todo aquello era muy normal a los ojos de Dios. Para Él, se permite tener un nuevo comienzo para gran parte de la obra nueva que quería hacer y las nuevas palabras que quería decir. Cuando Él comienza con algo nuevo, no menciona Su obra previa ni sigue con ella. Y es que Dios tiene Sus principios en Su obra. Cuando quiere empezar una nueva obra es cuando quiere llevar a la humanidad a una nueva etapa de esta, y cuando Su obra ha de entrar en una fase más alta. Si las personas siguen actuando según los antiguos dichos o normas, o siguen aferrados a ellos, Él no lo recordará ni lo aprobará. Esto se debe a que ya ha introducido una nueva obra y ha entrado en una nueva fase de la suya. Cuando inicia una nueva obra, se aparece a la humanidad con una imagen completamente nueva, desde un ángulo totalmente nuevo y de un modo plenamente nuevo para que las personas puedan ver distintos aspectos de Su carácter y lo que Él tiene y es. Esta es una de Sus metas en Su nueva obra. Dios no se aferra a lo antiguo ni toma el camino trillado; cuando obra y habla no es tan prohibitivo como los seres humanos imaginan. En Dios, todo es libre y está liberado, y no hay prohibición ni coacción: lo que Él le trae a la humanidad es libertad y liberación. Es un Dios vivo, que existe genuina y verdaderamente. No es una marioneta ni una escultura de arcilla, y es por completo diferente de los ídolos que las personas consagran y adoran. Está vivo y vibrante, y lo que Sus palabras y Su obra les aporta a la humanidad es todo vida y luz, libertad y liberación, porque Él contiene la verdad, la vida y el camino; Él no está obligado por nada en parte alguna de Su obra. Independientemente de lo que digan las personas y de cómo vean o valoren Su nueva obra, Él la realizará sin reparos. No se preocupará por las nociones de nadie ni por los dedos que señalen Su obra y Sus palabras, o tan siquiera por la fuerte oposición y resistencia de ellos a Su nueva obra. Nadie, en toda la creación, puede usar la razón, la imaginación, el conocimiento o la moralidad humanos para medir o definir lo que Dios hace para desacreditar, interrumpir o sabotear Su obra. No existe prohibición en Su obra y en lo que Él hace; no se verá obligado por ningún hombre, acontecimiento o cosa, y esta no será alterada por ninguna fuerza hostil. En lo que se refiere a Su nueva obra, Él es el Rey siempre victorioso y pisotea bajo Su escabel, cualquier fuerza hostil y todas las herejías y las falacias de la humanidad. Independientemente de la nueva etapa de Su obra que esté llevando a cabo, seguro será desarrollada y expandida en medio de la humanidad, y seguro será llevada a cabo sin estorbo a lo largo del universo, hasta que Su gran obra haya concluido. Esta es la omnipotencia y la sabiduría de Dios, Su autoridad y Su poder. Así, el Señor Jesús podía salir abiertamente y obrar en el día de reposo, porque en Su corazón no había normas, conocimiento ni doctrina originada en la humanidad. Lo que Él tenía era la nueva obra de Dios y Su camino. Su obra era el camino de liberar a la humanidad, de desencadenar a las personas y permitirles existir en la luz y vivir. Mientras tanto, aquellos que adoran a los ídolos o a falsos dioses viven cada día atados por Satanás, reprimidos por todo tipo de normas y tabúes, hoy se prohíbe una cosa y mañana otra; no hay libertad en su vida. Son como prisioneros engrilletados que viven la vida sin gozo del que hablar. ¿Qué representa la “prohibición”? Representa restricciones, lazos y maldad. Tan pronto como una persona adora a un ídolo, está adorando a un falso dios, un espíritu maligno. La prohibición recae cuando existen tales actividades. No se puede comer esto o aquello; hoy no se puede salir; mañana no se puede cocinar; al día siguiente uno no puede mudarse a una casa nueva; se deben seleccionar ciertos días para bodas y funerales, y hasta para dar a luz. ¿Cómo se denomina esto? Se le llama prohibición; es la esclavitud de la humanidad, y son los grilletes de Satanás y los espíritus malignos que controlan a las personas y cohíben su corazón y su cuerpo. ¿Existen estas prohibiciones con Dios? Cuando se habla de la santidad de Dios, deberías pensar primero en esto: con Dios no hay prohibiciones. Dios tiene principios en Sus palabras y en Su obra, pero no son prohibiciones, porque Dios mismo es la verdad, el camino y la vida.

Veamos ahora el siguiente pasaje de las escrituras: “Pero Yo os digo que en este lugar hay uno que es más grande que este templo. Pero si vosotros hubierais sabido lo que esto significa, Yo recibiría misericordia y no sacrificio, vosotros no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del hombre es el Señor aún en el día de reposo” (Mateo 12:6-8).* ¿A qué se refiere la palabra “templo” aquí? Por decirlo de un modo sencillo, alude a un edificio magnífico, alto, y en la Era de la Ley, el templo era un lugar donde los sacerdotes adoraban a Dios. Cuando el Señor Jesús declaró “en este lugar hay uno que es más grande que este templo”,* ¿a quién se refería ese “uno”? Claramente, se trata del Señor Jesús en la carne, porque sólo Él era mayor que el templo. ¿Qué transmiten esas palabras a las personas? Les indica que salgan del templo; Dios ya lo había abandonado y no obraba más allí, así que las personas deberían buscar las huellas de Dios fuera de él y seguirlas en Su nueva obra. Cuando el Señor Jesús dice esto, hay una premisa detrás de Sus palabras, que es que bajo la ley, la gente había llegado a considerar el templo como algo mayor que Dios mismo. Es decir, las personas adoraban el templo en lugar de a Dios, así que el Señor Jesús les advierte que no adoren a los ídolos, sino, en cambio, a Dios porque Él es supremo. Por consiguiente, Él dijo: “Yo recibiría misericordia y no sacrificio”.* Es evidente que, a los ojos del Señor Jesús, la mayoría de las personas que vivían bajo la ley ya no adoraban a Jehová, sino que seguían la corriente del sacrificio, y determinó que esto era adorar a los ídolos. Estos adoradores de ídolos veían el templo como algo mayor y más elevado que Dios. En sus corazones sólo figuraba el templo, Dios no; si lo perdían, con él perdían también su morada. Sin él no tenían donde adorar y no podrían llevar a cabo sus sacrificios. Su pretendida “morada” era donde ellos utilizaban la falsa pretensión de la adoración a Jehová Dios, a fin de permanecer en el templo y llevar a cabo sus propios negocios. Los pretendidos “sacrificios” que realizaban eran sólo para efectuar sus propios tratos personales y vergonzosos bajo el disfraz de cumplir con su servicio en el templo. Por esta razón, las personas de aquella época consideraban que el templo era mayor que Dios. El Señor Jesús pronunció estas palabras como una advertencia para las personas porque usaban el templo como tapadera, y los sacrificios como pretexto para engañar a otros y a Dios. Si se aplican estas palabras al presente, siguen siendo igual de válidas y pertinentes. Aunque las personas de hoy han experimentado una obra de Dios distinta a la de quienes vivieron en la Era de la Ley, la esencia de su naturaleza es la misma. En el contexto de la obra hoy, las personas seguirán haciendo las mismas cosas representadas por las palabras “el templo es mayor que Dios”. Por ejemplo, los seres humanos consideran que cumplir con su deber es su trabajo; que dar testimonio de Dios y luchar contra el gran dragón rojo son movimientos políticos en la defensa de los derechos humanos, por la democracia y la libertad; voltean su deber para utilizar sus aptitudes en profesiones, pero tratan el temer a Dios y apartarse del mal como un mero pedazo de doctrina religiosa a observar, y así sucesivamente. ¿No son estos comportamientos básicamente los mismos que “el templo es mayor que Dios”? La diferencia es que, hace dos mil años, las personas llevaban a cabo sus negocios personales en el templo físico, pero actualmente los realizan en templos intangibles. Los que valoran las normas las consideran mayores que Dios; quienes aman el estatus lo ven mayor que Dios; los que aman su profesión la consideran mayor que Dios, etc.; todas sus expresiones me llevan a afirmar: “Las personas alaban a Dios como el más grande por medio de sus palabras, pero a sus ojos todo es mayor que Él”. Esto se debe a que tan pronto como las personas encuentran una oportunidad a lo largo de su camino de seguir a Dios para exhibir sus propios talentos, o para llevar a cabo sus propios asuntos o su profesión, se distancian de Dios y se echan en brazos de su amada profesión. En cuanto a lo que Dios les ha confiado y Su voluntad, hace tiempo ya que lo han descartado. ¿Cuál es la diferencia entre el estado de estas personas y las que llevaban a cabo su propio negocio en el templo, hace dos mil años?

A continuación, leamos la última frase de este pasaje: “Porque el Hijo del hombre es el Señor aún en el día de reposo”.* ¿Existe un lado práctico en esta frase? ¿Podéis verlo? Cada una de las cosas que Dios afirma sale de Su corazón, ¿por qué dijo esto, pues? ¿Qué entendéis por eso? Es posible que entendáis el significado de esta frase ahora, pero en el momento que fue pronunciada no muchos lo comprendían, porque la humanidad acababa de salir de la Era de la Ley. Para ellos, salir del día de reposo era algo muy difícil, por no hablar de entender lo que es el verdadero Sabbat.

La frase “el Hijo del hombre es el Señor aún en el día de reposo”* les dice a las personas que todo lo de Dios no es de naturaleza material, y aunque Dios pueda suplir todas tus necesidades materiales, una vez satisfechas estas, ¿puede la satisfacción que proporcionan estas cosas sustituir tu búsqueda de la verdad? ¡Es evidente que no es posible! El carácter de Dios y lo que Él tiene y es, sobre los que hemos estado comunicando, son la verdad. Su valor no se puede medir en comparación con los objetos materiales, sin importar su valor, ni su valor se puede cuantificar en términos de dinero, porque no es algo material y suple las necesidades del corazón de todas y cada una de las personas. Para cada persona, el valor de estas verdades intangibles debería ser mayor que el de cualquier cosa material que puedas valorar, ¿verdad? Esta declaración es algo a lo que tenéis que dedicarle tiempo. La idea clave de lo que he dicho es que lo que Dios tiene y es, y todo acerca de Dios, son lo más importante para cada persona y no pueden ser sustituidos por ningún objeto material. Te daré un ejemplo: cuando tienes hambre, necesitas comida. Esta puede ser relativamente buena o insatisfactoria, pero en cuanto te hartas, esa desagradable sensación de estar hambriento ya no existe; habrá desaparecido. Puedes estar sentado en paz y tu cuerpo estará en reposo. El hambre de las personas puede resolverse con comida, pero cuando estás siguiendo a Dios y sientes que no tienes una comprensión de Él, ¿cómo puedes solucionar el vacío de tu corazón? ¿Puedes remediarlo con comida? O cuando estás siguiendo a Dios y no entiendes Su voluntad, ¿qué puedes usar para saciar esa hambre de tu corazón? En el proceso de tu experiencia de salvación por medio de Dios, aunque busques un cambio en tu carácter, si no comprendes Su voluntad o no sabes cuál es la verdad, si no entiendes el carácter de Dios, ¿no te sientes muy incómodo? ¿No sientes en tu corazón una fuerte hambre y sed? ¿No te impiden estos sentimientos sentirte descansado en tu corazón? ¿Cómo se puede, pues, saciar esa hambre del corazón? ¿Existe alguna forma de resolverlo? Algunos van a comprar, otros van en busca de sus amigos para confiarse a ellos, otros duermen hasta hartarse, otros leen más palabras de Dios o trabajan más duro y dedican más esfuerzo para cumplir con sus deberes. ¿Pueden estas cosas solucionar tus dificultades prácticas? Todos vosotros entendéis por completo estos tipos de prácticas. Cuando te sientes impotente, o tienes un fuerte deseo de obtener esclarecimiento de Dios que te permita conocer la realidad de la verdad y Su voluntad, ¿qué es lo que más necesitas? No es una comida completa, ni unas pocas palabras amables, y mucho menos el consuelo y la satisfacción pasajeros de la carne; lo que necesitas es que Dios te diga de un modo directo y claro lo que deberías hacer y cómo hacerlo; indicarte con claridad cuál es la verdad. Después de entender esto, aunque sólo obtengas una parte ínfima de entendimiento, ¿no te sentirás más satisfecho en tu corazón que si hubieras comido una buena comida? Cuando tu corazón está colmado, ¿no gana verdadero reposo y toda tu persona también? A través de esta analogía y análisis, ¿entendéis ahora por qué quería Yo comunicar con vosotros esta frase “el Hijo del hombre es el Señor aún en el día de reposo”?* Su significado es que lo que procede de Dios, lo que Él tiene y es, y todo acerca de Él es mayor que cualquier otra cosa, incluido aquello o a aquella persona que una vez creíste valorar más. Esto significa que si una persona no puede tener las palabras de la boca de Dios o no entiende Su voluntad, no puede lograr el reposo. En vuestras experiencias futuras comprenderéis por qué quería que vierais este pasaje hoy; esto es muy importante. Todo lo que Dios hace es verdad y vida. La verdad es algo que no puede faltar en la vida de las personas, y es algo de lo que no puede pasarse; también podrías decir que es lo más grande. Aunque no puedas verlo ni tocarlo, no puedes ignorar la importancia que tiene para ti; es lo único que puede traer reposo a tu corazón.

¿Está vuestro entendimiento de la verdad integrado en vuestras propias condiciones? En la vida real, primero tienes que pensar en qué verdades se relacionan con las personas, los acontecimientos y las cosas con los que te has encontrado; en medio de estas verdades es donde puedes descubrir la voluntad de Dios y relacionar lo que has hallado con Su voluntad. Si desconoces qué aspectos de la verdad están relacionados con las cosas con las que te has encontrado, pero, en cambio, vas directamente en busca de la voluntad de Dios, este es un planteamiento ciego que no puede lograr resultados. Si quieres buscar la verdad y comprender la voluntad de Dios, primero es necesario que consideres qué tipo de cosas te han sucedido, con qué aspectos de la verdad están relacionados, y sondear la verdad específica en la palabra de Dios que tenga que ver con lo que has experimentado. Luego, busca la senda de la práctica adecuada para ti en esa verdad; de esta forma, puedes lograr un entendimiento indirecto de la voluntad de Dios. Buscar la verdad y practicarla no es aplicar una doctrina de manera mecánica ni seguir una fórmula. La verdad no es formulada ni es una ley. No está muerta; es vida, es algo vivo, es la regla que un ser creado debe seguir en la vida y la norma que un ser humano debe tener en la vida. Esto es algo que debes entender lo mejor posible a través de la experiencia. Independientemente de la etapa que hayas alcanzado en tu experiencia, eres inseparable de la palabra de Dios y de la verdad, y lo que entiendes de Su carácter y lo que sabes que Dios tiene y es, todo esto está expresado en Sus palabras; están inextricablemente vinculados a la verdad. El carácter de Dios y lo que Él tiene y es, son en sí mismos, la verdad. Esta es una manifestación auténtica del carácter de Dios y de lo que Él tiene y es. Concreta lo que Dios tiene y es, y lo declara de forma expresa; te indica de un modo más directo lo que le agrada a Dios, lo que le desagrada, lo que Él quiere que hagas y lo que no te permite hacer, a qué personas desprecia y en quiénes se deleita. Tras las verdades que Dios expresa, las personas pueden ver Su placer, Su enojo, Su tristeza y Su felicidad, así como Su esencia; esta es la revelación de Su carácter. Al margen de saber lo que Dios tiene y es, y de comprender Su carácter a partir de Su palabra, lo más importante es la necesidad de alcanzar esta comprensión por medio de la experiencia práctica. Si las personas se apartan de la vida real para conocer a Dios, no serán capaces de lograrlo. Aunque haya quienes puedan lograr cierta comprensión de Su palabra, su comprensión se limita a teorías y palabras, y surge una disparidad con cómo es Dios en realidad.

Lo que estamos comunicando ahora se encuentra, en su totalidad, dentro del ámbito de las historias recogidas en la Biblia. Por medio de ellas y a través del análisis de estas cosas que sucedieron, las personas pueden entender Su carácter, y lo que Él tiene y es, según Él lo ha expresado, permitiéndoles conocer cada aspecto de Dios de un modo más amplio, más profundo, más exhaustivo y más concienzudo. Por tanto, ¿son estas historias la única forma de conocer cada aspecto de Dios? ¡No, no es la única forma! Y es que lo que Dios dice y la obra que hace en la Era del Reino pueden ayudar más a las personas a conocer Su carácter, y hacerlo de un modo más pleno. Sin embargo, creo que es un poco más fácil conocer el carácter de Dios y entender lo que Él tiene y es a través de algunos ejemplos o historias recogidas en la Biblia y con los que las personas están familiarizadas. Si tomo las palabras de juicio y castigo, así como las verdades que Dios expresa hoy, palabra por palabra, para posibilitarte que llegues a conocerlo de esta manera, sentirás que es demasiado aburrido y tedioso, y algunas personas sentirán incluso que las palabras de Dios parecen frases hechas. Pero si tomo estas narrativas bíblicas como ejemplos para ayudar a las personas a conocer el carácter de Dios, no lo encontrarán aburrido. Se podría decir que en el curso de la explicación de estos ejemplos, los detalles de lo que había en el corazón de Dios en aquel momento —Su estado de ánimo o sentimiento, Sus pensamientos e ideas— se han comunicado a las personas en lenguaje humano, y el objetivo de todo esto consiste en permitirles apreciar y sentir que lo que Dios tiene y es no es una frase hecha. No es una leyenda ni algo que las personas no puedan ver o tocar. Es algo que existe de verdad, que las personas pueden sentir y apreciar. Este es el objetivo supremo. Se podría afirmar que las personas que viven en esta era son bendecidas. Pueden recurrir a las historias de la Biblia para obtener un entendimiento más amplio de la obra anterior de Dios; pueden ver Su carácter a través de la obra que Él ha llevado a cabo. Pueden entender Su voluntad para la humanidad por medio de estas actitudes que ha expresado, y entender las manifestaciones concretas de Su santidad y Su preocupación por los seres humanos, y así pueden alcanzar un conocimiento más detallado y profundo del carácter de Dios. ¡Creo que todos vosotros ahora podéis sentir esto!

En el ámbito de la obra que el Señor Jesús completó en la Era de la Gracia, puedes ver otro aspecto de lo que Dios tiene y es. Este aspecto se expresó a través de Su carne, y las personas pudieron verlo y apreciarlo a causa de Su humanidad. En el Hijo del hombre, las personas vieron cómo vivió Dios en carne Su humanidad, y contemplaron Su divinidad expresada a través de la carne. Estos dos tipos de expresión permitieron ver a las personas un Dios muy real, y formarse un concepto diferente de Él. Sin embargo, durante el período entre la creación del mundo y el final de la Era de la Ley, esto es, antes de la Era de la Gracia, los únicos aspectos de Dios que las personas vieron, oyeron y experimentaron fueron Su divinidad, las cosas que Dios hizo y dijo en una esfera inmaterial, y las cosas que expresó desde Su persona real que no podían verse ni tocarse. Con frecuencia, estas cosas hicieron que las personas sintieran que Dios era tan imponente en su grandeza que no podían acercarse a Él. La impresión que Dios solía dar a las personas era que Él iba y venía repentinamente respecto de su capacidad de percibirlo, y ellas incluso sentían que cada uno de Sus pensamientos e ideas era tan misterioso y difícil de escudriñar que no había forma de alcanzarlos y mucho menos de intentar entenderlos y apreciarlos. Para las personas, todo lo relativo a Dios era muy distante, tanto que no podían verlo ni tocarlo. Él parecía estar arriba en el cielo, y que no existía en absoluto. Así pues, entender el corazón y la mente de Dios o cualquiera de Sus pensamientos era imposible de lograr para las personas, y hasta inalcanzable. Aunque Dios llevó a cabo alguna obra concreta en la Era de la Ley, y también promulgó algunas palabras específicas y expresó algunas actitudes concretas que les permitieran apreciar a los hombres y percibir algún conocimiento real de Él, después de todo, estas expresiones de lo que Dios tiene y es provinieron de una esfera inmaterial, y lo que las personas entendían, lo que conocían, seguía perteneciendo al aspecto divino de lo que Él tiene y es. La humanidad no podía adquirir un concepto concreto a partir de esta expresión de lo que Él tiene y es, y su impresión de Dios seguía atascada en el ámbito de “un cuerpo espiritual al que resulta difícil acercarse, que entra y sale de la percepción”. Como Dios no usó un objeto específico ni una imagen perteneciente a la esfera material para aparecerse ante las personas, estas seguían sin poder definirlo mediante el lenguaje humano. En sus corazones y sus mentes, siempre querían usar sus propias palabras para establecer un estándar de Dios, para hacerlo tangible y humanizarlo, como lo alto y lo grande que es, cuál es Su aspecto, qué le gusta exactamente y cuál es Su personalidad. En realidad, Dios sabía en Su corazón que las personas pensaban así. Tenía muy claras las necesidades de las personas y, por supuesto, también sabía lo que debía hacer; por ello, llevó a cabo Su obra de un modo diferente en la Era de la Gracia. Esta nueva forma era tanto divina como humanizada. En el período en que el Señor Jesús estuvo obrando, las personas podían ver que Dios tenía muchas expresiones humanas. Por ejemplo, podía danzar, asistir a bodas, conversar, hablar y discutir con las personas. Además de eso, el Señor Jesús también llevó a cabo mucha obra que representaba Su divinidad, y por supuesto toda esa obra era una expresión y una revelación del carácter de Dios. Durante este tiempo, cuando la divinidad de Dios se materializó en carne ordinaria de modo que las personas podían ver y tocar, ya no sentían que Él fuera y viniera repentinamente de su percepción, que no pudieran acercarse a Él. Por el contrario, podían intentar comprender la voluntad de Dios o entender Su divinidad a través de todos los movimientos, las palabras, y la obra del Hijo del hombre quien, encarnado, expresaba la divinidad de Dios a través de Su humanidad y le transmitía Su voluntad a la humanidad. A través de Su expresión de la voluntad y del carácter de Dios, también le reveló al Dios que no puede verse ni tocarse que habita en la esfera espiritual. Lo que las personas vieron era Dios mismo, con forma tangible y de carne y hueso. Así, el Hijo del hombre encarnado concretizó y humanizó cosas como la identidad de Dios mismo, el estatus, la imagen, el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es. Aunque Su aspecto externo tenía algunas limitaciones respecto a la imagen de Dios, Su esencia y lo que Él tiene y es, eran totalmente capaces de representar la propia identidad y el estatus de Dios mismo; sencillamente existían algunas diferencias en la forma de expresión. No podemos negar que el Hijo del hombre representaba la identidad y el estatus de Dios mismo, tanto en la forma de Su humanidad y en Su divinidad. Sin embargo, durante este tiempo, Dios obró a través de la carne, habló desde esa perspectiva, y se presentó ante la humanidad con la identidad y el estatus del Hijo del hombre, y esto les proporcionó a las personas la oportunidad de encontrar y experimentar las palabras y la obra verdaderas de Dios en medio de la humanidad. También les permitió tener una percepción de Su divinidad y de Su grandeza en medio de la humildad, así como obtener un entendimiento y una definición preliminares de la autenticidad y la realidad de Dios. Aunque la obra realizada por el Señor Jesús, Sus formas de obrar, y la perspectiva desde la que habló diferían de la persona real de Dios en la esfera espiritual, todo lo relativo a Él representaba realmente al Dios mismo que la humanidad nunca había visto antes; ¡esto es innegable! Es decir, no importa en qué forma aparezca Dios ni desde qué perspectiva hable, o en qué imagen se presente ante la humanidad, Dios no representa nada que no sea Él mismo. No puede representar a ningún ser humano ni a parte alguna de la humanidad corrupta. Dios es Dios mismo, y esto no se puede negar.

A continuación, echaremos un vistazo a una parábola que contó el Señor Jesús en la Era de la Gracia.

3. Parábola de la oveja perdida

Mateo 18:12-14 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas y una de ellas se ha descarriado, ¿no deja las noventa y nueve en los montes, y va en busca de la descarriada? Y si sucede que la halla, en verdad os digo que se regocija más por esta que por las noventa y nueve que no se han descarriado. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos.

Este pasaje es una parábola; ¿qué tipo de sentimiento produce en la gente? La forma de expresión usada aquí, la parábola, es una figura retórica del lenguaje humano, y como tal está dentro de la esfera del conocimiento humano. Si Dios hubiera dicho algo parecido en la Era de la Ley, las personas habrían sentido que tales palabras no eran realmente coherentes con Su identidad; sin embargo, cuando el Hijo del hombre comunicó estas palabras en la Era de la Gracia, fue reconfortante, cálido e íntimo para las personas. Cuando Dios se hizo carne, cuando apareció en forma de hombre, usó una parábola muy apropiada que provenía de Su propia humanidad para expresar la voz de Su corazón. Esta representaba la propia voz de Dios y la obra que Él quería hacer en esa era. También simbolizaba una actitud que Dios tenía hacia las personas en la Era de la Gracia. Mirando desde la perspectiva de la actitud de Dios hacia las personas, comparó a cada una de ellas con una oveja. Si una oveja se perdiera, Él haría lo que hiciera falta para encontrarla. Esto representaba un principio de la obra de Dios en ese momento en medio de la humanidad, cuando estaba en la carne. Dios usó esta parábola para describir Su determinación y Su actitud en esa obra. Esta era la ventaja de Dios al encarnarse: podía aprovecharse del conocimiento de la humanidad y usar el lenguaje humano para hablar a las personas y para expresar Su voluntad. Él explicó o “tradujo” al hombre Su lenguaje divino profundo, que resultaba difícil de entender para las personas en el lenguaje humano, de una forma humana. Esto ayudó a las personas a entender Su voluntad y a saber qué quería hacer Él. También pudo tener conversaciones con personas desde la perspectiva humana, usar el lenguaje humano y comunicar con ellas de una forma que entenderían. Hasta podía hablar y obrar usando el lenguaje y el conocimiento humanos, de forma que las personas pudieran sentir la bondad y la cercanía de Dios, y ver Su corazón. ¿Qué veis en esto? ¿Hay alguna prohibición en las palabras y las acciones de Dios? De la manera como lo ven las personas, no hay modo de que Dios pudiera usar el conocimiento, el lenguaje o las formas de comunicarse del hombre para hablar sobre lo que Dios mismo quería decir, la obra que quería realizar, o expresar Su propia voluntad; esto es pensar erróneamente. Dios utilizó este tipo de parábola para que las personas pudieran sentir la realidad y la sinceridad de Dios, y ver Su actitud hacia las personas durante ese período. Esta parábola despertó a las personas de un sueño que habían estado viviendo bajo la ley durante mucho tiempo, y también inspiró a una generación tras otra de personas que vivieron en la Era de la Gracia. Leyendo el pasaje de esta parábola, se conoce la sinceridad de Dios al salvar a la humanidad y se entiende el peso y la importancia otorgados a esta en Su corazón.

Echemos un vistazo a la última frase en este pasaje: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos”. ¿Fueron estas las propias palabras del Señor Jesús, o las del Padre en el cielo? Superficialmente, parece que es el Señor Jesús quien habla, pero Su voluntad representa la de Dios mismo, y por eso dijo: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos”. Las personas de aquella época sólo reconocían como Dios al Padre del cielo, y creían que esta persona que veían ante sus ojos sólo era un enviado Suyo, y no podía representarlo. Por esta razón, el Señor Jesús tuvo que agregar esta frase al final de esta parábola, de forma que las personas pudiesen sentir realmente la voluntad de Dios para la humanidad, así como la autenticidad y la precisión de lo que Él afirmaba. Aunque esta frase era algo sencillo de decir, fue pronunciada con cuidado y amor y revelaba la humildad y lo secreto del Señor Jesús. Independientemente de que Dios se hiciera carne u obrara en la esfera espiritual, conocía muy bien el corazón humano, y entendía perfectamente lo que las personas necesitaban; sabía lo que las preocupaba y lo que las confundía, por lo que añadió esta frase, que resaltaba un problema oculto en la humanidad: las personas eran escépticas con lo que el Hijo del hombre decía. Por eso, cuando el Señor Jesús estaba hablando tuvo que añadir: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos que se pierda uno de estos pequeñitos”. Sus palabras sólo podían llevar fruto sobre esta premisa, para que las personas creyeran su rigurosidad y mejorara su credibilidad. Esto muestra que cuando Dios se volvió un Hijo del hombre normal, Él y la humanidad tuvieron una relación muy embarazosa, y Su situación era muy embarazosa. También muestra cuán insignificante era el estatus del Señor Jesús entre los humanos en esa época. Cuando dijo esto, en realidad estaba diciendo a las personas: podéis descansar tranquilos, estas palabras no representan lo que hay en Mi corazón, sino que son la voluntad del Dios que está en vuestros corazones. ¿No era algo irónico para la humanidad? Aunque obrando en la carne, Dios tenía muchas ventajas que no tenía en Su persona, Él tuvo que resistir sus dudas y rechazos, así como su insensibilidad y lentitud mental. Podría decirse que el proceso de la obra del Hijo del hombre fue el proceso de experimentar el rechazo de la humanidad y su experiencia de competir contra Él. Más que eso, fue el proceso de obrar para continuamente ganar la confianza de la humanidad y conquistarla a través de lo que Él tiene y es, de Su propia esencia. No fue tanto que Dios encarnado estuviera librando una guerra sobre el terreno contra Satanás, sino que se convirtió en un hombre corriente e inició una lucha con los que le siguen. En ella, el Hijo del hombre completó Su obra con Su humildad, con lo que Él tiene y es, y con Su amor y sabiduría. Consiguió a las personas que quería, obtuvo la identidad y el estatus que merecía, y “volvió” a Su trono.

A continuación, veamos los siguientes dos pasajes de la escritura.

4. Perdonar setenta veces siete

Mateo 18:21-22 Entonces se le acercó Pedro, y le dijo: Señor, ¿cuántas veces pecará mi hermano contra mí que yo haya de perdonarlo? ¿Hasta siete veces? Jesús le dijo: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

5. El amor del Señor

Mateo 22:37-39 Y Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos pasajes, uno habla del perdón y el otro del amor. Estos dos temas destacan realmente la obra que el Señor Jesús quería llevar a cabo en la Era de la Gracia.

Cuando Dios se hizo carne, con este hecho introdujo una etapa de Su obra, que eran las tareas de la obra específica y el carácter que Él quería expresar en esta era. En ese período, todo lo que el Hijo del hombre hizo giró en torno a la obra que Dios quería llevar a cabo en esta era. Él no haría ni más ni menos. Cada cosa que Él dijo y cada tipo de obra que llevó a cabo guardaban relación con esta era. Independientemente de que lo expresara de una forma humana mediante el lenguaje humano o a través del lenguaje divino —cualquiera que fuera la forma o la perspectiva desde la que lo hiciera— Su objetivo era ayudar a que las personas entendieran lo que quería hacer, cuál era Su voluntad, y cuáles Sus exigencias para las personas. Podía usar diversos medios y diferentes perspectivas para ayudar a las personas a entender y conocer Su voluntad, y a comprender Su obra de salvación de la humanidad. Así, en la Era de la Gracia vemos al Señor Jesús empleando el lenguaje humano la mayoría del tiempo para expresar lo que quería comunicar a la humanidad. Además, lo vemos desde la perspectiva de un guía ordinario que habla a las personas, provee para sus necesidades y las ayuda con lo que han pedido. Esta forma de obrar no se había visto en la Era de la Ley que precedió a la de la Gracia. Se volvió más íntimo y compasivo con la humanidad, así como más capaz de conseguir resultados prácticos en la forma y la manera. La metáfora sobre perdonar a las personas setenta veces siete aclara realmente este punto. El propósito logrado por el número en esta metáfora es permitir a las personas entender la intención del Señor Jesús en el momento en que dijo esto: se debía perdonar a los demás, y no una vez, dos o siete veces, sino setenta veces siete. ¿Qué tipo de idea está presente en la idea de “setenta veces siete”? Es conseguir que las personas conviertan el perdón en su propia responsabilidad, algo que deben aprender, y un camino que deben acatar. Aunque esto sólo era una metáfora, servía para destacar la idea fundamental. Ayudaba a las personas a apreciar profundamente lo que Él quería decir y a encontrar las formas propias de practicar, así como los principios y los estándares de práctica. Esta metáfora ayudaba a las personas a entender claramente, y les daba un concepto preciso, que deberían aprender el perdón y perdonar cuantas veces haga falta, sin condiciones, pero con una actitud de tolerancia y comprensión hacia los demás. Cuando el Señor Jesús dijo esto, ¿qué había en Su corazón? ¿Estaba pensando realmente en el número “setenta veces siete”? No, no lo hacía. ¿Existe un número de veces en que Dios perdonará al hombre? Muchas personas están interesadas en el “número de veces” mencionado aquí, quieren entender realmente el origen y el significado de este número, por qué salió este de la boca del Señor Jesús; creen que contiene implicaciones más profundas. En realidad, sólo fue una figura del lenguaje humano que usó Dios. Cualquier implicación o significado deben analizarse junto a los requisitos del Señor Jesús para la humanidad. Cuando Dios no se había hecho carne aún, las personas no entendían mucho de lo que Él decía, porque su palabra procedía de la divinidad total. La perspectiva y el contexto de lo que decía eran invisibles e inalcanzables para el hombre; se expresaba desde una esfera espiritual que las personas no podían ver. Y es que quienes vivían en la carne no podían pasar por el reino espiritual. Pero después de que Dios se hiciera carne, hablaba al hombre desde la perspectiva de la humanidad y Él salió y sobrepasó el alcance del mundo espiritual. Él podía expresar Su carácter, Su voluntad y Su actitud divinos por medio de cosas que los humanos podían imaginar, ver y encontrarse en sus vidas; usando métodos que estos podían aceptar, en un lenguaje que podían entender, y un conocimiento que podían comprender, para permitirles saber y conocer a Dios, comprender Su intención y Sus estándares exigidos dentro del alcance de su capacidad y en la medida en que fueran capaces. Este era el método y el principio de la obra de Dios en la humanidad. Aunque Sus formas y Sus principios de obrar en la carne se consiguieron en su mayoría por medio de la humanidad o a través de ella, realmente obtuvo resultados que no se habrían conseguido obrando directamente en la divinidad. La obra de Dios en humanidad era más concreta, auténtica y enfocada, los métodos eran mucho más flexibles, y sobrepasaba en forma la obra realizada durante la Era de la Ley.

A continuación, hablemos de amar al Señor y a tu prójimo como a ti mismo. ¿Es esto algo que se expresa directamente en la divinidad? ¡No, claramente no! Todas estas son cosas que el Hijo del hombre dijo en humanidad; sólo los seres humanos dirían algo como “Ama a tu prójimo como a ti mismo. Ama a los demás igual que amas tu propia vida”. Esta forma de hablar es exclusivamente humana. Dios nunca ha hablado de esa forma. Como mínimo, no hay este tipo de lenguaje en Su divinidad porque Él no necesita este tipo de principio, “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, para regular Su amor por la humanidad, porque el amor de Dios por el hombre es una revelación natural de lo que Él tiene y es. ¿Habéis oído alguna vez a Dios decir algo como “amo a la humanidad como me amo a Mí mismo”? No, porque el amor está en la esencia de Dios, y en lo que Él tiene y es. El amor de Dios por la humanidad, Su actitud y la forma en la que trata a las personas son una expresión y una revelación naturales de Su carácter. Él no necesita hacer esto deliberadamente de una cierta forma, o seguir deliberadamente cierto método o código moral para conseguir amar a Su prójimo como a sí mismo, Él ya posee este tipo de esencia. ¿Qué ves en esto? Cuando Dios obraba en la humanidad, muchos de Sus métodos, palabras y verdades se expresaban de una manera humana. Pero al mismo tiempo, el carácter de Dios, lo que Él tiene y es, así como Su voluntad se expresaron para que las personas las conociesen y entendiesen. Lo que llegaron a conocer y a entender fue exactamente Su esencia y lo que Él tiene y es, que representa la identidad y el estatus inherente de Dios mismo. Es decir, el Hijo del hombre en la carne expresaba el carácter y la esencia inherentes de Dios mismo lo más extensamente posible y con la mayor precisión posible. La humanidad del Hijo del hombre no sólo no fue un obstáculo o una barrera para la comunicación y la interacción del hombre con Dios en el cielo, sino que era realmente el único canal y el único puente de conexión entre el hombre y el Señor de la creación. Ahora, en este punto, ¿no sentís que existen similitudes entre la naturaleza y los métodos de la obra realizada por el Señor Jesús en la Era de la Gracia y la etapa actual de la obra? Esta etapa actual de la obra también emplea mucho lenguaje humano para expresar el carácter de Dios y usa mucho lenguaje y métodos de la vida cotidiana de la humanidad y del conocimiento humano para expresar la voluntad de Dios mismo. Una vez que Dios se hace carne, independientemente de si está hablando desde una perspectiva humana o divina, gran parte de Su lenguaje y Sus métodos de expresión tienen lugar por medio del lenguaje y los métodos humanos. Esto es, cuando Dios se hace carne, es la mejor oportunidad para ti de ver Su omnipotencia y Su sabiduría, y de conocer cada aspecto real suyo. Cuando Dios se hizo carne, conforme crecía, llegó a entender, aprender y comprender algo del conocimiento, el sentido común, el lenguaje y los métodos de expresión humanos en Su humanidad. Dios encarnado poseía estas cosas que procedían de los humanos que Él había creado. Estos se convirtieron en herramientas de Dios en la carne para expresar Su carácter y Su divinidad, y le permitieron hacer Su obra más pertinente, más auténtica y más precisa mientras estaba obrando en medio de la humanidad, desde una perspectiva humana y usando el lenguaje humano. Esto hizo su obra más accesible y fácilmente entendible para las personas, consiguiendo así los resultados que Dios quería. ¿No es más práctico para Dios obrar de esta forma en la carne? ¿No es sabiduría de Dios? Cuando Él se hizo carne, cuando Su carne pudo acometer la obra que Él quería llevar a cabo, fue cuando expresaría prácticamente Su carácter y Su obra, y también fue el momento en el que podría comenzar oficialmente Su ministerio como el Hijo del hombre. Esto significaba que ya no había una “brecha generacional” entre Dios y el hombre, que Él cesaría pronto Su obra de comunicarse por medio de mensajeros, y que Dios mismo podría expresar personalmente todas las palabras y la obra en la carne que Él quisiera. También significaba que las personas que Dios salva estaban más cerca de Él, que Su obra de gestión había entrado en un nuevo territorio, y que toda la humanidad estaba a punto de afrontar una nueva era.

Todo el que ha leído la Biblia sabe que se produjeron muchos acontecimientos cuando el Señor Jesús nació. El mayor de todos fue el de ser perseguido por el rey de los diablos, que fue un acontecimiento tan extremo que todos los niños hasta los dos años de edad fueron asesinados. Es evidente que Dios asumió un gran riesgo haciéndose carne entre los humanos; el gran precio que pagó para completar Su gestión de salvar a la humanidad también es evidente. Asimismo, lo son las grandes esperanzas que Dios puso en Su obra en la carne entre los hombres. Cuando la carne de Dios pudo acometer la obra entre los hombres, ¿cómo se sintió Él? Las personas deberían entender eso en cierta medida, ¿verdad? Como mínimo, Dios estaba feliz porque podía empezar a realizar Su nueva obra en medio de la humanidad. Cuando el Señor Jesús fue bautizado y comenzó oficialmente Su obra de cumplir Su ministerio, el corazón de Dios se desbordó de gozo porque después de muchos años de espera y preparación, podía vestir finalmente la carne de un hombre normal y dar inicio a Su nueva obra en la forma de un hombre de carne y hueso que las personas podrían ver y tocar. Podría hablar por fin cara a cara y con franqueza con personas a través de la identidad de un hombre. Dios podría ponerse por fin cara a cara con la humanidad a través del medio de las formas humanas y el lenguaje humano; podría proveer para el hombre, ilustrarlo y ayudarle usando el lenguaje humano; podría comer en la misma mesa y vivir en el mismo espacio con él. También podría ver seres humanos, cosas, y todo de la manera en que lo hacían los hombres e incluso a través de sus propios ojos. Para Dios, esta ya era Su primera victoria de Su obra en la carne. También podría decirse que era un logro, de una gran obra; esto era, por supuesto, lo que más feliz hacía a Dios. Ese comienzo fue la primera vez que Dios sintió una especie de consuelo en Su obra en medio de la humanidad. Todos los acontecimientos que se produjeron eran muy prácticos y naturales, y el consuelo que Dios sintió muy auténtico. Para el hombre, cada vez que una etapa nueva de la obra de Dios se cumple, y cada vez que Él se siente gratificado, es cuando la humanidad puede acercarse más a Él y a la salvación. Para Dios, esta es también la lanzadera de Su nueva obra, cuando Su plan de gestión progresa un paso más adelante, y, además, cuando Su voluntad se acerca al cumplimiento completo. Para la humanidad, la llegada de tal oportunidad es afortunada, y muy buena; para todos aquellos que esperan la salvación de Dios, son noticias trascendentales y gozosas. Cuando Él lleva a cabo una nueva etapa de la obra, tiene un nuevo comienzo, y cuando esta nueva obra y este nuevo comienzo se lanzan e introducen en medio de la humanidad es cuando el desenlace de esta etapa de la obra ya ha sido determinado y cumplido, y Dios ha visto sus efectos y frutos finales. Este momento también es cuando estos efectos hacen que Dios se sienta satisfecho, y Su corazón, por supuesto, está feliz. Dios se siente tranquilo porque, a Sus ojos, Él ya ha visto y determinado a las personas que está buscando, y ha ganado a este grupo de personas, un grupo capaz de hacer que Su obra tenga éxito y le traiga satisfacción. Así, Dios deja de lado Sus preocupaciones, y está feliz. En otras palabras, cuando Su carne puede aventurarse en una nueva obra entre los hombres, y comienza a llevar a cabo la obra que debe hacer sin obstrucción, y cuando Él siente que todo se ha cumplido, para Él, ya se ve el final. Por eso, Él está satisfecho y Su corazón está alegre. ¿Cómo se expresa la felicidad de Dios? ¿Podéis imaginar cuál podría ser la respuesta? ¿Ha de llorar Dios? ¿Puede Dios llorar? ¿Puede aplaudir? ¿Puede danzar? ¿Puede cantar? De ser así, ¿qué cantaría? Por supuesto que Dios podría cantar una canción bella y conmovedora que pudiera expresar el gozo y la felicidad en Su corazón. Podría cantarla para la humanidad, para sí mismo y para todas las cosas. La felicidad de Dios puede expresarse de cualquier forma; todo esto es normal, porque Dios siente tristeza y felicidad y Sus diversos sentimientos pueden expresarse de diversas maneras. Este es Su derecho, y nada sería más normal y adecuado. La gente no debería pensar ninguna otra cosa de ello. No deberían intentar el “hechizo de la cinta apretada”[a] en Dios, para decirle que no actúe de esta forma o de aquella, limitando así Su felicidad o cualquier sentimiento que pueda tener. En los corazones de las personas Dios no puede estar feliz, no puede derramar lágrimas, no puede llorar; no puede expresar ninguna emoción. Gracias a lo que hemos comunicado durante estas dos charlas, creo que ya no veréis más a Dios de esta forma, sino que le permitiréis tener alguna libertad y soltura. Esto es algo muy bueno. En el futuro, si sois capaces de sentir realmente la tristeza de Dios cuando oigáis que Él está triste, y Su felicidad cuando oigáis que está feliz, como mínimo seréis capaces de saber y entender claramente lo que le hace feliz y lo que le entristece. Cuando puedes sentirte triste porque Él está triste, y feliz porque Él está feliz, Dios habrá ganado totalmente tu corazón y ya no habrá ninguna barrera entre tú y Él. Ya no trataréis de limitarlo más con la imaginación, las nociones, y el conocimiento humanos. En ese momento, Dios estará vivo y vigoroso en tu corazón. Será el Dios de tu vida y el Señor de todo tu ser. ¿Tenéis esta clase de aspiración? ¿Tenéis confianza en que podéis lograr esto?

Seguidamente, leamos los siguientes pasajes de las escrituras:

6. El sermón del monte

Las bienaventuranzas (Mateo 5:3-12)

Sal y luz (Mateo 5:13-16)

Ley (Mateo 5:17-20)

Enojo (Mateo 5:21-26)

Adulterio (Mateo 5:27-30)

Divorcio (Mateo 5:31-32)

Votos (Mateo 5:33-37)

Ojo por ojo (Mateo 5:38-42)

Ama a tus enemigos (Mateo 5:43-48)

Instrucción acerca de dar (Mateo 6:1-4)

Oración (Mateo 6:5-8)

7. Las parábolas del Señor Jesús

La parábola del sembrador (Mateo 13:1-9)

La parábola del trigo y la cizaña (Mateo 13:24-30)

La parábola de la semilla de mostaza (Mateo 13:31-32)

La parábola de la levadura (Mateo 13:33)

La parábola del trigo y la cizaña explicada (Mateo 13:36-43)

La parábola del tesoro escondido (Mateo 13:44)

La parábola de la perla (Mateo 13:45-46)

La parábola de la red (Mateo 13:47-50)

8. Los mandamientos

Mateo 22:37-39 Y Él le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

Veamos primero cada una de las distintas partes del “Sermón del monte”. ¿Qué temas tratan todas ellas? Puede decirse con certeza que los contenidos de estas distintas partes son todos más elevados, concretos y cercanos a las vidas de las personas que las regulaciones de la Era de la Ley. Hablando en términos modernos, estas cosas son más relevantes para la práctica real de las personas.

Leamos sobre el contenido específico de lo siguiente: ¿cómo deberías entender las bienaventuranzas? ¿Qué deberías saber sobre la ley? ¿Cómo debería definirse el enojo? ¿Cómo debería tratarse a los adúlteros? ¿Qué debe decirse sobre el divorcio, y qué tipo de normas hay sobre este? ¿Quién puede divorciarse y quién no? ¿Qué hay de los votos, el ojo por ojo, amar a los enemigos y practicar la caridad? Etcétera. Todas estas cosas tienen que ver con cada aspecto de la práctica de la creencia en Dios por parte de la humanidad, y de seguir a Dios. Algunas de estas prácticas siguen siendo aplicables actualmente, pero son más superficiales que lo que actualmente se requiere de las personas. Son verdades bastante elementales que las personas se encuentran en su creencia en Dios. Desde el momento en que el Señor Jesús comenzó a obrar, Él ya había empezado a hacerlo en el carácter vital de los humanos, pero estos aspectos de su obra estaban basados en el fundamento de la ley. ¿Tenían algo que ver con la verdad las normas y las formas de hablar sobre estos temas? ¡Por supuesto que sí! Todas las regulaciones y los principios anteriores, al igual que estos sermones en la Era de la Gracia tenían relación con el carácter de Dios y con lo que Él tiene y es, y por supuesto con la verdad. Independientemente de lo que Dios exprese, de la forma de expresión o de lenguaje que use, las cosas que Él expresa tienen su fundamento, su origen, y su punto de partida en los principios de Su carácter y de lo que Él tiene y es. Esto es absolutamente cierto. Así que, aunque estas cosas que Él dijo parezcan ahora un poco triviales, sigues sin poder decir que no son la verdad, porque eran cosas indispensables para las personas en la Era de la Gracia, para satisfacer la voluntad de Dios y lograr un cambio en su carácter vital. ¿Puedes decir que alguno de estos sermones no está alineado con la verdad? ¡No puedes! Cada uno de ellos es la verdad porque eran todos ellos exigencias de Dios para la humanidad; eran todos principios y un ámbito dados por Dios de cómo comportarse, y representan Su carácter. Sin embargo, en base al nivel de su crecimiento en la vida de esa época, sólo podían aceptar y comprender estas cosas. Como el pecado de la humanidad no se había resuelto, el Señor Jesús sólo podía proclamar estas palabras, y sólo podía utilizar esas enseñanzas simples contenidas dentro de esta clase de ámbito para decir a las personas de la época cómo debían actuar, qué debían hacer, dentro de qué principios y esferas debían hacer las cosas, y cómo debían creer en Dios y cumplir Sus requisitos. Todo esto estaba determinado en base a la estatura de la humanidad en esa época. No era fácil para las personas que vivían bajo la ley aceptar estas enseñanzas, y por tanto, lo que el Señor Jesús enseñaba tenía que permanecer en este ámbito.

Seguidamente, veamos los distintos contenidos de “las parábolas del Señor Jesús”.

La primera es la parábola del sembrador. Es realmente interesante; sembrar semillas es un acontecimiento común en las vidas de las personas. La segunda es la del trigo y la cizaña. Cualquiera que haya plantado cultivos y seguramente todos los adultos sabrán qué es la “cizaña”. La tercera es la parábola del grano de mostaza. Todos vosotros sabéis lo que es la mostaza, ¿verdad? Si no lo sabéis, podéis echar un vistazo a la Biblia. La cuarta parábola es la de la levadura. Ahora, la mayoría de las personas sabe que esta se usa para la fermentación y que es algo que las personas utilizan en su vida cotidiana. Las parábolas siguientes, incluyendo la sexta, la del tesoro escondido, la séptima, la de la perla, y la octava, la de la red, fueron obtenidas de la vida real de las personas. ¿Qué tipo de cuadro pintan estas parábolas? Es una imagen de Dios convirtiéndose en una persona normal y viviendo junto a la humanidad, usando el lenguaje de la vida, el lenguaje humano, para comunicar con los hombres y proveerles lo que necesitan. Cuando Dios se hizo carne y vivió en medio de la humanidad durante mucho tiempo, después de haber experimentado y presenciado los diversos estilos de vida de las personas, estas experiencias pasaron a ser Su material educativo a través del cual transformó Su lenguaje divino en humano. Por supuesto, estas cosas que Él vio y oyó en la vida también enriquecieron la experiencia humana del Hijo del hombre. Cuando Él quería que las personas llegaran a entender algunas verdades, algo de la voluntad de Dios, podía usar parábolas parecidas a las anteriores para hablar a las personas acerca de la voluntad de Dios y Sus exigencias para la humanidad. Estas parábolas tenían, todas, relación con la vida de las personas; no había una sola que no estuviese en sintonía con las vidas humanas. Cuando el Señor Jesús vivió con la humanidad, vio a campesinos cuidando sus campos, y sabía lo que eran la cizaña y la levadura; entendió que los humanos aman los tesoros, por lo que usó las metáforas del tesoro escondido y la perla. En la vida, con frecuencia vio a pescadores echando sus redes; el Señor Jesús observó estas y otras actividades relacionadas con la vida humana, y también experimentó ese tipo de vida. Él fue igual que cualquier otro ser humano normal, experimentaba las rutinas cotidianas humanas y comía tres veces al día. Experimentó personalmente la vida de una persona corriente, y observó la vida de otros. Cuando observó y experimentó todo esto en persona, no pensó en cómo tener una buena vida o vivir con mayor libertad y comodidad. En cambio, a partir de sus experiencias de una vida humana auténtica, el Señor Jesús vio las dificultades en la vida de las personas. Vio el sufrimiento, el infortunio y la tristeza de las personas existiendo bajo el campo de acción de Satanás y viviendo una vida de pecado bajo la corrupción de Satanás. Mientras experimentaba personalmente la vida humana, también comprobó cuán desamparadas estaban las personas que vivían en medio de la corrupción, y vio y experimentó el desgraciado estado de los seres humanos que vivían en pecado, los que perdieron el rumbo en medio de la tortura a la que los sometía Satanás y el mal. Cuando el Señor Jesús vio estas cosas, ¿las vio con Su divinidad o con Su humanidad? Su humanidad existió realmente y estaba completamente viva; Él pudo experimentar y ver todo esto. Pero, por supuesto, Él también vio estas cosas en Su esencia, que es Su divinidad. Esto es, Cristo mismo, el Señor Jesús que era un hombre, vio esto, y todo lo que observó le hizo sentir la importancia y la necesidad de la obra que había acometido durante este tiempo que vivió en la carne. Aunque Él mismo sabía que la responsabilidad que debía asumir en la carne era inmensa, y sabía lo cruel que sería el dolor que afrontaría, cuando vio a la humanidad desamparada en el pecado, el infortunio de sus vidas y sus luchas ineficaces bajo la ley, sintió cada vez mayor tristeza, y más inquietud por salvar a la humanidad del pecado. Independientemente del tipo de dificultades que afrontaría o del dolor que sufriría, estuvo cada vez más decidido a redimir a la humanidad que vivía en pecado. Durante este proceso, se podría decir que el Señor Jesús comenzó a entender con mayor claridad la obra que necesitaba hacer y lo que se le había encomendado. También se sintió cada vez más deseoso de completar la obra que debía acometer: cargar con todos los pecados de la humanidad, hacer expiación por ella para que no viviera más en pecado y, al mismo tiempo, que Dios fuera capaz de perdonar los pecados del hombre, gracias a la ofrenda por el pecado, permitiéndole continuar impulsando Su obra de salvar a la humanidad. Se podría decir que, en Su corazón, el Señor Jesús estaba dispuesto a ofrecerse por la humanidad, a sacrificarse. También lo estaba a actuar como ofrenda por el pecado, a ser clavado en la cruz, y sin duda estaba ansioso por completar esta obra. Cuando vio las condiciones miserables de las vidas humanas, todavía quiso cumplir Su misión a la mayor rapidez posible, sin el retraso de un solo minuto o incluso un segundo. Cuando tuvo ese sentimiento de urgencia, no estaba pensando en lo grande que sería Su dolor ni en cuanta humillación tendría que soportar. Sólo tenía una convicción en Su corazón: mientras Él se ofreciera, mientras fuera clavado en la cruz como ofrenda por el pecado, la voluntad de Dios se llevaría a cabo y Él podría comenzar una nueva obra. La vida de la humanidad y su estado de existencia en el pecado se transformarían por completo. Su convicción y lo que estaba decidido a hacer guardaban relación con salvar al hombre, y sólo tenía un objetivo, que era hacer la voluntad de Dios, de manera que Dios pudiese iniciar, con éxito, la siguiente etapa en Su obra. Esto es lo que había en la mente del Señor Jesús en aquella época.

Viviendo en la carne, Dios encarnado poseía una humanidad normal; poseía las emociones y la racionalidad de una persona normal. Sabía lo que era la felicidad, el dolor, y cuando vio a la humanidad en este tipo de vida, sintió en lo más profundo que simplemente dándoles a las personas algunas enseñanzas, proveyéndoles algo o instruyéndolas en algo no sería suficiente para sacarlas del pecado. Tampoco las redimiría de este haciéndoles obedecer solamente los mandamientos; sólo cuando cargara con el pecado de la humanidad y se convirtiera en la semejanza de carne pecadora podría lograr la libertad del hombre y el perdón de Dios para este a cambio. Así, después de que el Señor Jesús experimentara y presenciara la vida de pecado de las personas, un intenso deseo se manifestó en Su corazón: permitir que se libraran de su vida de lucha en el pecado. Este deseo hizo que sintiera cada vez más que debía ir a la cruz y cargar con los pecados de la humanidad lo antes posible, lo más rápido que pudiera. Estos fueron los pensamientos del Señor Jesús en ese momento, después de haber vivido con personas y haber visto, oído y sentido la desgracia de sus vidas en el pecado. Que el Dios encarnado pudiera tener esta clase de voluntad para el hombre, que pudiera expresar y revelar esta clase de carácter, ¿es algo que una persona normal pudiera poseer? ¿Qué vería una persona corriente en este tipo de entorno? ¿Qué pensaría? Si una persona normal afrontase todo esto, ¿consideraría los problemas desde una perspectiva elevada? ¡Definitivamente no! Aunque el aspecto exterior de Dios encarnado sea exactamente igual al de un ser humano, y aunque Él aprende el conocimiento humano, habla el lenguaje humano y, en ocasiones, hasta expresa Sus ideas a través de los propios medios o las formas de hablar del hombre, Su modo de ver a los seres humanos y ver la esencia de las cosas es absolutamente distinto a como las personas corruptas ven estas mismas cosas. Su perspectiva y la altura en la que se halla es algo inalcanzable para una persona corrupta. Esto se debe a que Dios es la verdad, porque Su carne también posee la esencia de Dios, y Sus pensamientos así como lo que expresa Su humanidad también son la verdad. Para las personas corruptas, lo que Él expresa en la carne son provisiones de la verdad y de la vida, y no sólo es para una persona, sino para toda la humanidad. En el caso de cualquier persona corrupta, en su corazón solamente se hallan las pocas personas relacionadas con ella. Sólo se preocupan e interesan por este grupo de personas. Cuando el desastre está en el horizonte piensa primero en sus propios hijos, su cónyuge, o sus padres. Como mucho, una persona más compasiva dedicaría algún pensamiento a algún familiar o en un buen amigo; pero ¿los pensamientos de incluso una persona así de compasiva se extienden más allá de eso? ¡Nunca! Porque los seres humanos son, después de todo, humanos, y sólo pueden ver algo desde la perspectiva y la elevación de un ser humano. Sin embargo, Dios encarnado es totalmente diferente de una persona corrupta. Independientemente de lo corriente, normal y humilde que sea la carne del Dios encarnado, o de la cantidad de desprecio con que lo mire la gente, Sus pensamientos y Su actitud hacia la humanidad son cosas que ningún hombre podría poseer ni imitar. Él siempre observará a la humanidad desde la perspectiva de la divinidad, desde la elevación de Su posición como Creador. Siempre contemplará a la humanidad a través de la esencia y de la mentalidad de Dios. No puede verla en absoluto desde la humilde elevación de una persona normal ni desde la perspectiva de una corrupta. Cuando las personas miran a la humanidad, lo hacen con una visión humana, y usan cosas como el conocimiento, las normas y las teorías humanos como su punto de referencia. Esto se halla dentro del ámbito de lo que las personas pueden ver con sus ojos, de lo que unos seres corruptos pueden lograr. Cuando Dios mira a la humanidad, lo hace con visión divina; usa como medida Su esencia y lo que Él tiene y es. Este ámbito incluye cosas que las personas no pueden ver, y en esto es en lo que Dios encarnado y los humanos corruptos son totalmente diferentes. Esta divergencia viene determinada por la esencia de los seres humanos que es distinta a la de Dios y que determina las identidades y las posiciones, así como la perspectiva y la elevación desde la que ven las cosas. ¿Veis la expresión y la revelación de Dios mismo en el Señor Jesús? Podrías decir que lo que Él hizo y dijo guardaba relación con Su ministerio y con la obra de gestión de Dios mismo, que todo ello era la expresión y la revelación de Su esencia. Aunque tuvo una manifestación humana, Su esencia divina y la revelación de Su divinidad no pueden negarse. ¿De verdad era esta manifestación humana una expresión de la humanidad? Por su propia esencia, fue Su manifestación humana totalmente diferente de la de las personas corruptas. El Señor Jesús fue Dios encarnado, y si hubiera sido realmente una persona normal, corrupta, ¿habría podido contemplar la vida de la humanidad, en pecado, desde una perspectiva divina? ¡En absoluto! Esta es la diferencia entre el Hijo del hombre y las personas corrientes. Todas las personas corruptas viven en pecado, y cuando alguien ve el pecado, no tiene ningún sentimiento particular respecto al mismo; son todas iguales, como un cerdo que vive en el fango y no se siente en absoluto incómodo ni sucio; al contrario, come bien y duerme profundamente. Si alguien limpia la pocilga, el cerdo no se sentirá a gusto ni se mantendrá limpio. Pronto estará revolcándose de nuevo en el fango, y sintiéndose por completo a gusto, porque es una criatura sucia. Los seres humanos ven a los cerdos como sucios, pero si limpias el espacio donde el cerdo vive, no se siente mejor. Por esta razón nadie tiene un cerdo en casa. La forma en que los humanos ven a los cerdos siempre será diferente de cómo se sienten ellos, porque humanos y cerdos no son de la misma especie. Y como el Hijo del hombre encarnado no es de la misma especie que los seres humanos corruptos, sólo el Dios encarnado puede alzarse desde una perspectiva divina, y desde la elevación de Dios, desde donde contempla a la humanidad y lo ve todo.

Cuando Dios se hace carne y vive en medio de la humanidad, ¿qué sufrimiento experimenta en la carne? ¿Qué es? ¿Lo entiende alguien realmente? Algunas personas dicen que Dios sufre mucho y aunque Él es Dios mismo, las personas no entienden Su esencia y tienden siempre a tratarlo como una persona, lo que lo hace sentir agraviado e injustamente perjudicado. Declaran que, por estos motivos, el sufrimiento de Dios es verdaderamente grande. Otros aseveran que Dios es inocente y sin pecado, pero que sufre lo mismo que la humanidad y es víctima de persecución, difamación e indignidades junto con ella; también dicen que Él soporta las malinterpretaciones y la desobediencia de Sus seguidores; así, dicen que el sufrimiento de Dios no puede medirse. Ahora, parece que no entendéis realmente a Dios. De hecho, este sufrimiento del que habláis no cuenta como verdadero sufrimiento para Dios, porque hay uno mayor que este. ¿Cuál es, pues, el verdadero sufrimiento para Dios mismo? ¿Cuál es el verdadero sufrimiento para la carne del Dios encarnado? Para Dios, no es un sufrimiento que la humanidad no le entienda, que le malinterpreten y que no lo vean como Dios. Sin embargo, las personas sienten a menudo que Él debe de haber sufrido una gran injusticia, que durante el tiempo que está en la carne Dios no puede mostrar Su persona a la humanidad ni permitirle ver Su grandeza, y que se esconde humildemente en una carne insignificante, por lo que debió de ser un gran tormento para Él. Las personas se toman a pecho lo que pueden entender y ver del sufrimiento de Dios, le manifiestan toda clase de simpatía, y a menudo hasta le elevarán una pequeña alabanza por Su sufrimiento. En realidad, existe una diferencia, una brecha entre lo que las personas entienden del sufrimiento de Dios y lo que Él siente realmente. Os estoy diciendo la verdad: para Dios, independientemente de que se trate del Espíritu de Dios o de la carne del Dios encarnado, ese no es un sufrimiento verdadero. ¿Qué hace, pues, sufrir a Dios de verdad? Hablemos sobre el sufrimiento de Dios tan sólo desde la perspectiva del Dios encarnado.

Cuando Dios se hace carne y se convierte en una persona corriente, normal, que vive en medio de la humanidad, codo con codo con las personas, ¿no puede ver ni sentir los métodos, las leyes y las filosofías de las personas para vivir? ¿Cómo le hacen sentir esos métodos y leyes para la existencia? ¿Siente aborrecimiento en Su corazón? ¿Por qué iba a sentirlo? ¿Cuáles son los métodos y las leyes de la humanidad para vivir? ¿En qué principios están arraigados? ¿En qué se basan? Los métodos, las leyes, etc., de la humanidad para vivir, todo está creado en base a la lógica, el conocimiento y la filosofía de Satanás. Los humanos que viven bajo estos tipos de leyes no tienen humanidad, ni verdad, todos ellos desafían a la verdad, y son hostiles a Dios. Si echamos un vistazo a la esencia de Dios, vemos que esta es exactamente lo contrario de la lógica, el conocimiento y la filosofía de Satanás. Su esencia está llena de justicia, verdad, santidad, y otras realidades de todas las cosas positivas. ¿Qué siente Dios, poseyendo esta esencia y viviendo en medio de esa humanidad? ¿Qué siente en Su corazón? ¿No está lleno de dolor? Su corazón está dolido, y ese dolor es algo que ninguna persona puede entender ni experimentar. Y es que todo lo que Él afronta, se encuentra, oye, ve y experimenta es la corrupción, el mal y la rebelión contra la verdad y la resistencia a la misma por parte de la humanidad. Todo lo que viene de los humanos es la fuente de Su sufrimiento. Es decir, como Su esencia y la de los seres humanos corruptos no son la misma, la corrupción de estos pasa a ser la fuente de Su mayor sufrimiento. ¿Puede Dios, al hacerse carne, encontrar a alguien que comparta un lenguaje común con Él? No se puede hallar una persona así entre los hombres. No hay quien pueda comunicar ni tener este diálogo con Dios. ¿Qué tipo de sentimiento dirías que tiene Dios sobre esto? Las cosas que las personas exponen, aman, buscan y anhelan están todas relacionadas con el pecado y con tendencias malvadas. Cuando Dios afronta todo esto, ¿no es como una puñalada a Su corazón? ¿Podría tenerlo henchido de gozo frente a estas cosas? ¿Podría hallar consuelo? Los que están viviendo con Él son seres humanos llenos de rebeldía y maldad; ¿cómo podría no sufrir Su corazón? ¿Cómo es de grande este sufrimiento en realidad, y a quién le preocupa? ¿Quién presta atención? ¿Y quién es capaz de apreciarlo? Las personas no tienen forma de entender el corazón de Dios. Su sufrimiento es algo que las personas son particularmente incapaces de apreciar, y la frialdad y el entumecimiento de la humanidad profundizan aún más el sufrimiento de Dios.

Algunas personas simpatizan a menudo con la difícil situación de Cristo porque hay un versículo en la Biblia que dice: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”. Cuando las personas oyen esto, se lo toman a pecho y creen que es el mayor sufrimiento que Dios resiste, y también es el mayor sufrimiento que Cristo resiste. Ahora, mirándolo desde la perspectiva de los hechos, ¿es ese el caso? No. Dios no cree que estas dificultades sean sufrimiento. Nunca ha clamado contra la injusticia por las dificultades de la carne ni ha hecho que los seres humanos le devuelvan nada ni lo recompensen. Sin embargo, cuando ve el todo de la humanidad, las vidas corruptas y la maldad de los seres humanos corruptos, cuando ve que la humanidad está entre las garras de Satanás, apresada por él sin poder escapar, esas personas que viven en pecado no saben cuál es la verdad: Él no soporta todos estos pecados. Su aborrecimiento de los hombres se incrementa día a día, pero Él tiene que aguantar todo esto. Este es el gran sufrimiento de Dios. Él no puede expresar plenamente la voz de Su corazón ni Sus emociones entre Sus seguidores, y nadie entre ellos puede entender verdaderamente Su sufrimiento. Nadie intenta siquiera entender o consolar Su corazón, que soporta este padecimiento día tras día, año tras año, una y otra vez. ¿Qué veis en todo esto? Dios no exige nada a los humanos a cambio de lo que Él ha dado, sino que por Su esencia no puede tolerar en absoluto la maldad, la corrupción y el pecado de la humanidad. En cambio, Él siente un aborrecimiento y un odio extremos, que llevan a Su corazón y a Su carne a soportar un sufrimiento inacabable. ¿Habéis visto todo esto? Lo más probable es que ninguno de vosotros pudiera, porque no hay entre vosotros quien entienda de verdad a Dios. A lo largo del tiempo deberíais experimentarlo gradualmente por vosotros mismos.

Seguidamente, veamos los siguientes pasajes de las escrituras:

9. Jesús lleva a cabo milagros

1) Jesús alimenta a los cinco mil

Juan 6:8-13 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, dijo a Jesús: Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados; pero ¿qué es esto para tantos? Jesús dijo: Haced que la gente se recueste. Y había mucha hierba en aquel lugar. Así que los hombres se recostaron, en número de unos cinco mil. Entonces Jesús tomó los panes, y habiendo dado gracias, los repartió a los que estaban recostados; y lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que querían. Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada. Los recogieron, pues, y llenaron doce cestas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido.

2) La resurrección de Lázaro glorifica a Dios

Juan 11:43-44 Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadlo, y dejadlo ir.

Entre los milagros realizados por el Señor Jesús, sólo hemos seleccionado estos dos porque son suficientes para demostrar aquello de lo que me gustaría hablar aquí. Estos dos milagros son realmente asombrosos, y muy representativos de los milagros que el Señor Jesús realizó en la Era de la Gracia.

Primero, echemos un vistazo al primer pasaje: Jesús alimenta a los cinco mil.

¿Cuál es la idea de “cinco panes y dos peces”? Comúnmente, ¿para cuántas personas serían suficientes cinco hogazas de pan y dos peces? Si se mide en base al apetito de una persona normal, sólo bastarían para dos personas. Esta es la idea de “cinco panes y dos peces” en su forma más básica. Sin embargo, ¿a cuántas personas dice este pasaje que alimentaron esos cinco panes y dos peces? Lo siguiente es lo que se encuentra registrado en la Escritura: “Y había mucha hierba en aquel lugar. Así que los hombres se recostaron, en número de unos cinco mil”. En proporción a cinco panes y dos peces, ¿es cinco mil una gran cantidad? ¿Qué muestra que este número sea tan grande? Desde una perspectiva humana, dividir cinco panes y dos peces entre cinco mil personas sería imposible, porque la diferencia entre las personas y los alimentos es demasiado grande. Aunque cada persona diese un pequeño bocado, seguiría sin ser suficiente para cinco mil personas. Pero aquí, el Señor Jesús hizo un milagro, no sólo aseguró que cinco mil personas comiesen y se saciasen, sino que sobró. La Escritura dice: “Cuando se saciaron, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobran, para que no se pierda nada. Los recogieron, pues, y llenaron doce cestas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido”. El milagro permitió a la gente ver la identidad y el estatus del Señor Jesús, y también que no hay nada imposible para Dios; de este modo, vieron la verdad de la omnipotencia de Dios. Cinco panes y dos peces fueron suficientes para alimentar a cinco mil, pero de no haber habido nada de comida, ¿habría sido Dios capaz de alimentar a cinco mil personas? ¡Por supuesto que sí! Esto fue un milagro, por lo que inevitablemente las personas sintieron que era incomprensible, increíble y misterioso, pero para Dios hacer eso no era nada. Si eso era algo ordinario para Él, ¿por qué debería destacarse ahora para su interpretación? Porque lo que hay detrás de este milagro es la voluntad del Señor Jesús, que la humanidad nunca antes ha percibido.

En primer lugar, tratemos de entender qué tipo de personas eran estas cinco mil. ¿Eran seguidores del Señor Jesús? Las Escrituras nos enseñan que no lo eran. ¿Sabían quién era el Señor Jesús? ¡Claramente no! Como mínimo, no sabían que la persona que estaba delante de ellos era Cristo, o quizás sólo algunos sabían Su nombre, y conocían o habían oído algo acerca de las cosas que había hecho. Su curiosidad por el Señor Jesús simplemente había aparecido al oír historias sobre Él, pero sin duda no se puede decir que lo siguieran, y mucho menos que lo entendieran. Cuando el Señor Jesús vio a estas cinco mil personas, estaban hambrientas y sólo podían pensar en llenarse el estómago, y por ello fue en este contexto donde Él satisfizo sus deseos. ¿Qué había en Su corazón cuando lo hizo? ¿Cuál fue Su actitud hacia estas personas que sólo querían comer hasta saciarse? En este momento, los pensamientos del Señor Jesús y Su actitud estaban en relación con el carácter y la esencia de Dios. Frente a estas cinco mil personas con el estómago vacío, quienes sólo querían comer una buena comida; frente a estas personas llenas de curiosidad y esperanzas sobre Él, el Señor Jesús sólo pensó en utilizar este milagro para concederles gracia. Sin embargo, no depositó Sus esperanzas en que se convirtieran en Sus seguidores, porque sabía que sólo querían participar en la diversión y comer hasta saciarse. Así pues, lo hizo lo mejor que pudo con lo que tenía allí, y usó cinco hogazas de pan y dos peces para alimentar a cinco mil personas. Abrió los ojos de estas personas que disfrutaban ver cosas emocionantes, que querían ver milagros, y que vieron con sus propios ojos las cosas que Dios encarnado podía lograr. Aunque el Señor Jesús usó algo tangible para satisfacer su curiosidad, ya sabía en Su corazón que estas cinco mil personas sólo querían tener una buena comida, por lo que no dijo nada en absoluto ni les predicó. Sólo les permitió ver cómo se producía este milagro. No hay duda de que no podía tratar a estas personas igual que a Sus discípulos que le seguían realmente; pero, en el corazón de Dios, todas las criaturas están bajo Su dominio, y permitiría que todas las criaturas que veía disfrutasen de la gracia de Dios cuando fuera necesario. Aunque estas personas no sabían quién era Él ni lo entendían, ni tenían una impresión particular de Él ni gratitud hacia Él aun después de haber comido los panes y los peces, Dios no lo censuraría; les proporcionó una maravillosa oportunidad de disfrutar de Su gracia. Algunos opinan que Dios es recto en lo que hace, y que no cuida ni protege a los incrédulos, y sobre todo que no les permite disfrutar de Su gracia. ¿Es este realmente el caso? A los ojos de Dios, siendo como son criaturas vivientes que Él mismo creó, Él las domina y cuida de ellas, y de muchas formas diferentes; las tratará, hará planes para ellas y las regirá. Estos son los pensamientos y la actitud de Dios hacia todas las cosas.

Aunque las cinco mil personas que comieron las hogazas de pan y los peces no planeaban seguir al Señor Jesús, Él no formuló exigencias estrictas con ellas; una vez que habían comido hasta saciarse, ¿sabéis qué hizo? ¿Les predicó algo? ¿Dónde fue tras haber hecho esto? Las escrituras no registran que el Señor Jesús les dijese nada, solo que se fue rápido, cuando hubo completado Su milagro. ¿Puso entonces algunas exigencias a estas personas? ¿Hubo odio? No, aquí no hubo nada de eso; simplemente no quería prestar más atención a estas personas que no podían seguirle, y en ese momento Su corazón estaba dolido. Como había visto la depravación de la humanidad y había sentido su rechazo hacia Él, al ver a estas personas y estar con ellas, su torpeza y su ignorancia lo entristecieron mucho y afligieron Su corazón. Por ello sólo quería apartarse de ellas cuanto antes. El Señor no formuló exigencias para ellas en Su corazón; no quería prestarles atención, y sobre todo no quería gastar Sus energías con ellos. Sabía que no podían seguirle, pero a pesar de ello, Su actitud hacia ellos seguía siendo muy clara. Sólo quería tratarlos con bondad, concederles la gracia, y ciertamente esta era la actitud de Dios hacia toda criatura bajo Su dominio: tratarlas con bondad, proveer para ellas y alimentarlas. El Señor Jesús reveló, de forma muy natural, la propia esencia de Dios y trató con bondad a estas personas, porque era Dios encarnado. Lo hizo con un corazón de benevolencia y tolerancia, y con ese corazón les mostró bondad. Independientemente de cómo ellas le viesen y del tipo de resultado que se produjera, Él trataba a cada criatura basándose en Su identidad como Señor de toda la creación. Todo lo que revelaba era, sin excepción, el carácter de Dios, y lo que Él tiene y es. El Señor Jesús hizo esto tranquilamente y después se marchó de la misma manera. ¿Qué aspecto del carácter de Dios es este? ¿Podrías decir que es Su misericordia, que Dios es abnegado? ¿Podría hacer esto una persona normal? ¡Definitivamente no! Fundamentalmente, ¿quiénes eran estas cinco mil personas a las que el Señor Jesús alimentó con cinco panes y dos peces? ¿Se podría decir que eran personas compatibles con Él, que eran todas hostiles a Dios? Podemos afirmar con certeza que no eran en absoluto compatibles con el Señor, y que su esencia era totalmente hostil a Dios. ¿Pero cómo las trató Dios? Usó un método para disipar la hostilidad de las personas hacia Él: se llama bondad. Es decir, aunque el Señor Jesús las vio como pecadoras, a Sus ojos eran sin embargo Su creación, por lo que seguía tratando con bondad a estos pecadores. Esta es la tolerancia divina, determinada por Su propia identidad y esencia. Por tanto, es algo de lo que ningún ser humano creado por Dios es capaz; sólo Él puede hacerlo.

Cuando eres capaz de apreciar realmente los pensamientos y la actitud de Dios hacia la humanidad, cuando puedes entender realmente Sus emociones y Su preocupación por cada ser de la creación, podrás entender la devoción y el amor depositados sobre cada persona creada por el Creador. Cuando esto ocurra, utilizarás dos palabras para describir el amor de Dios. ¿Cuáles son? Algunas personas dicen “abnegado”, y otras “filantrópico”. De estas dos, la segunda es la palabra menos apropiada para definir el amor de Dios. Es un término que se utiliza para describir a una persona que es magnánima o tolerante. Aborrezco esta palabra, porque se refiere a dispensar caridad de un modo aleatorio, indiscriminado, sin tener en cuenta los principios. Es una inclinación abiertamente sentimental, que es común en las personas insensatas y confusas. Cuando esta palabra se utiliza para describir el amor de Dios, existe inevitablemente una connotación blasfema. Tengo dos palabras que definen de forma más adecuada el amor de Dios. ¿Cuáles son? La primera es “inmenso”. ¿No es evocadora? La segunda es “vasto”. Hay una relevancia práctica tras estas palabras que utilizo para definir el amor de Dios. Literalmente, “inmenso” describe el volumen o la capacidad de una cosa, pero no importa lo grande que esta sea: es algo que las personas pueden tocar y ver. Esto es porque existe, no es un objeto abstracto, sino algo que puede darles ideas a las personas de una manera relativamente precisa y práctica. No importa si lo estás mirando desde una perspectiva bi o tridimensional; no necesitas imaginar su existencia, porque es algo que existe de verdad de una forma real. Aunque usar la palabra “inmenso” para definir el amor de Dios puede hacer pensar que se está intentando cuantificarlo, al mismo tiempo también da la sensación de que Su amor no se puede cuantificar. Yo digo que el amor de Dios puede cuantificarse, porque no es vacío ni surge de ninguna leyenda. Más bien, es algo compartido por todas las cosas que están bajo el dominio de Dios, y algo que disfrutan todas las criaturas en diversos grados y desde diferentes perspectivas. Aunque las personas no pueden verlo ni tocarlo, este amor trae sustento y vida a todas las cosas conforme se va revelando gota a gota en sus vidas y ellas enumeran y dan testimonio del amor de Dios que disfrutan cada momento que pasa. Digo que el amor de Dios no puede cuantificarse, porque el misterio de Dios que provee y alimenta todas las cosas es algo difícil de comprender para los seres humanos, como lo son los pensamientos de Dios sobre todas las cosas y, en particular, sobre la humanidad. Es decir, nadie sabe la sangre y las lágrimas que el Creador ha derramado por la humanidad. Nadie puede comprender ni entender la profundidad o el peso del amor que el Creador tiene por la humanidad, a la que hizo con Sus propias manos. Describir el amor de Dios como inmenso es ayudar a las personas a apreciar y entender su amplitud y la verdad de su existencia. También pueden comprender en mayor profundidad el significado real de la palabra “Creador”, y pueden obtener un entendimiento más profundo de la verdadera relevancia del apelativo “creación”. ¿Qué describe habitualmente el término “vasto”? Se usa generalmente para describir el océano o el universo, por ejemplo: “el vasto universo” o “el vasto océano”. La expansión y la silenciosa profundidad del universo superan el entendimiento humano, y es algo que capta la imaginación de los hombres, que los llena de admiración. Su misterio y su profundidad se ven, pero no se pueden alcanzar. Cuando piensas en el océano, piensas en su amplitud: parece no tener límites, y puedes sentir su misterio y su gran capacidad de contener cosas. Por esta razón he usado la palabra “vasto” para definir el amor de Dios. Lo he hecho para ayudar a las personas a sentir lo valioso que es, su intensa belleza y que su poder es infinito y extenso. Lo he hecho para ayudarlas a sentir la santidad de Su amor, así como que Dios es digno y que no se le puede ofender, revelados por medio de Su amor. ¿Pensáis ahora que “vasto” es una palabra apropiada para describir el amor de Dios? ¿Puede el amor de Dios igualarse a estos dos términos, “inmenso” y “vasto”? ¡Totalmente! En el lenguaje humano, sólo estas dos palabras son relativamente adecuadas y cercanas para definir el amor de Dios. ¿No pensáis lo mismo? Si os pidiera que lo describierais, ¿usaríais estas dos palabras? Lo más probable es que no lo haríais, porque vuestro entendimiento y vuestra apreciación de estese limitan a una perspectiva bidimensional, y no ha ascendido a la altura del espacio tridimensional. Por tanto, si os pidiera que describierais el amor de Dios, sentiríais que os faltan las palabras, o quizás quedaríais incluso mudos. Los dos términos de los que he hablado hoy pueden resultaros difíciles de entender, o quizás no estéis de acuerdo con ellos. Esto sólo puede indicar que vuestra apreciación y vuestro entendimiento del amor de Dios son superficiales y se encuentran dentro de un área reducida. He dicho antes que Dios es abnegado. ¿Recordáis esta palabra, “abnegado”? ¿Podría ser que el amor de Dios sólo puede definirse como abnegado? ¿No es una perspectiva demasiado corta? Deberíais meditar más en este asunto para obtener algo de este.

Lo anterior es lo que vimos del carácter de Dios y de Su esencia desde el primer milagro. Aunque es una historia que las personas han leído durante varios miles de años, su trama es simple, y permite ver un fenómeno simple, aunque en esta sencilla trama podemos ver algo más valioso, que es el carácter de Dios y lo que Él tiene y es. Estas cosas representan a Dios mismo y son una expresión de Sus propios pensamientos, que, una vez manifestados por Él, son la expresión de la voz de Su corazón. Él espera que haya quien pueda entenderlo, conocerlo y comprender Su voluntad, que pueda oír la voz de Su corazón y sea capaz de cooperar activamente para satisfacer Su voluntad. Estas cosas que el Señor Jesús hizo fueron una expresión silenciosa de Dios.

Seguidamente, veamos este pasaje: La resurrección de Lázaro glorifica a Dios.

¿Cuál es vuestra impresión después de leer este pasaje? La relevancia de este milagro realizado por el Señor Jesús fue mucho mayor que el anterior, porque ninguno es tan sorprendente como traer a un muerto de vuelta de la tumba. Que el Señor Jesús hiciera algo así fue extremadamente significativo en aquella era. Como Dios se había hecho carne, las personas sólo podían ver Su apariencia física, Su lado práctico y Su aspecto insignificante. Aunque algunos vieran y entendieran algo de Su carácter o algunas habilidades especiales que Él parecía poseer, nadie sabía de dónde vino el Señor Jesús, quién era Él verdaderamente en Su esencia, y qué otras cosas era capaz de hacer realmente. Todo esto era desconocido para la humanidad. Así que muchas personas querían encontrar pruebas para responder a estos interrogantes acerca del Señor Jesús y saber la verdad. ¿Podía Dios hacer algo para demostrar Su propia identidad? Para Él, esto era muy fácil, pan comido. Podía hacer algo en cualquier lugar, en cualquier momento para demostrar Su identidad y esencia, pero Dios hacía las cosas siguiendo un plan y unos pasos. Él no hacía las cosas indiscriminadamente; en cambio, esperó el momento y la oportunidad adecuados para hacer algo que permitiría que la humanidad viera, algo que fuera realmente significativo. De este modo, Él demostraba Su autoridad y Su identidad. Así pues, ¿podía demostrar la resurrección de Lázaro la identidad del Señor Jesús? Veamos el siguiente pasaje de la escritura: “Habiendo dicho esto, gritó con fuerte voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió, […]”. Cuando el Señor Jesús hizo esto, sólo dijo una cosa: “¡Lázaro, ven fuera!”. Lázaro salió entonces de su tumba; esto se cumplió con solo unas pocas palabras pronunciadas por el Señor. Durante ese tiempo, el Señor Jesús no levantó un altar ni llevó a cabo otras acciones. Sólo dijo esta única cosa. ¿Se denominaría esto un milagro o un mandato? ¿O era algún tipo de hechicería? Superficialmente, parece que podría denominarse un milagro y, mirándolo desde una perspectiva moderna, por supuesto que podrías seguir llamándolo milagro. Sin embargo, no podría considerarse magia de la clase que se supone que trae de vuelta el alma de los muertos, y no fue en absoluto una brujería de ningún tipo. Es correcto decir que este milagro fue la demostración más normal y pequeña de la autoridad del Creador. Es la autoridad y el poder de Dios. Él tiene la autoridad de hacer morir a una persona, de hacer que su alma deje su cuerpo y vuelva al Hades, o donde deba ir. Cuándo muere alguien y adónde va después de la muerte son cosas determinadas por Dios. Él puede tomar estas decisiones en cualquier momento y lugar, sin limitación alguna por parte de los seres humanos, los acontecimientos, los objetos, el espacio o la geografía. Si quiere, puede hacerlo, porque todas las cosas y los seres vivientes están bajo Su dominio, y todas las cosas proliferan, existen y mueren por Su palabra y Su autoridad. Él puede resucitar a un hombre muerto, y esto también es algo que puede hacer en cualquier momento y lugar. Esta es la autoridad que sólo el Creador posee.

Cuando el Señor Jesús hizo cosas como traer a Lázaro de los muertos, Su objetivo era brindar una prueba para que los humanos y Satanás vieran, para que supieran que el todo de la humanidad, su vida y su muerte vienen determinados por Dios, y que, aunque se había hecho carne, seguía dominando el mundo físico visible así como el espiritual invisible. Hizo esto para demostrarles a la humanidad y a Satanás que el todo de la humanidad no se encuentra bajo el mando de este. Fue una revelación y una demostración de la autoridad de Dios, y también una forma de enviar un mensaje a todas las cosas de que la vida y la muerte de la humanidad están en Sus manos. La resurrección de Lázaro por parte del Señor Jesús fuera una de las maneras en las que el Creador enseña e instruye al hombre. Fue una acción concreta en la que usó Su poder y autoridad para instruir y proveer a la humanidad. Fue una forma sin el uso de palabras de permitir que los hombres viesen la verdad acerca de que Él comanda todas las cosas. Fue una forma de decir a la humanidad por medio de acciones prácticas que no hay salvación si no es por medio de Él. Este medio silencioso que Él utilizó para instruir a la humanidad dura para siempre, es indeleble y produce en los corazones humanos un impacto y un esclarecimiento que nunca pueden desvanecerse. La resurrección de Lázaro glorificó a Dios: esto tiene un profundo impacto en cada uno de los seguidores de Dios. Fija firmemente en cada persona, que entiende profundamente este acontecimiento, el entendimiento, la visión de que sólo Dios puede dominar la vida y la muerte de la humanidad. Aunque Él tenga este tipo de autoridad, y aunque enviara un mensaje acerca de Su soberanía sobre la vida y la muerte del hombre por medio de la resurrección de Lázaro, esta no fue Su obra principal. Dios nunca hace nada sin sentido. Cada cosa tiene un gran valor y es una joya sublime en un almacén de tesoros. No haría bajo ningún concepto que “una persona saliera de su tumba” fuera el objetivo o el elemento principal o único de Su obra. Dios no hace nada que no tenga relevancia. La resurrección de Lázaro, como acontecimiento singular, es suficiente para demostrar Su autoridad y para probar la identidad del Señor Jesús. Esta es la razón por la que no repitió este tipo de milagro. Dios hace las cosas de acuerdo a Sus propios principios. En el lenguaje humano, podría decirse que Dios ocupa Su mente solo con asuntos serios. Esto es, cuando Él hace algo, no se desvía del propósito de Su obra. Sabe qué quiere llevar a cabo en esta etapa, qué quiere conseguir, y obrará de forma estricta según Su plan. Si una persona corrupta tuviera ese tipo de capacidad, estaría simplemente pensando en formas de revelarla con el fin de que los demás sepan lo formidable que es, se inclinen ante él, para poder controlarlos y devorarlos. Esta es la maldad que viene de Satanás y se llama corrupción. Dios no tiene ese carácter ni esa esencia. Su propósito al hacer las cosas no es exhibirse, sino proveer a la humanidad más revelación y dirección, por lo que las personas ven muy pocos ejemplos de este tipo de acontecimiento en la Biblia. Esto no significa que los poderes del Señor Jesús estuvieran limitados, o que fuera incapaz de hacer tales cosas. Simplemente, Dios no quería hacerlo, porque que el Señor Jesús resucitara a Lázaro tenía un sentido muy práctico; asimismo, la obra principal de Dios al encarnarse no consistía en realizar milagros ni en traer a los muertos de regreso a la vida, sino la obra de redención para la humanidad. Así, gran parte de la obra completada por el Señor Jesús fue enseñar a las personas, proveer para ellas y ayudarlas; acontecimientos como resucitar a Lázaro fueron simplemente una pequeña parte del ministerio que Él llevó a cabo. Aún más, se puede decir que “exhibirse” no es parte de la esencia de Dios, por lo que no mostrar más milagros no significaba que el Señor Jesús se contuviera intencionalmente ni tampoco obedecía a limitaciones del entorno, y con toda certeza no se debía a una falta de poder.

Cuando el Señor Jesús resucitó a Lázaro, usó solo estas pocas palabras: “¡Lázaro, ven fuera!”. No dijo nada más. Así que, ¿qué demuestran estas palabras? Demuestran que Dios puede conseguir cualquier cosa por medio de Sus palabras, incluida la resurrección de un hombre muerto. Cuando Él creó todas las cosas, cuando creó el mundo, lo hizo con palabras: los mandatos hablados, las palabras de autoridad, y así se crearon todas las cosas. Así se realizó. Estas pocas palabras pronunciadas por el Señor Jesús fueron como las palabras habladas por Dios cuando creó los cielos y la tierra, y todas las cosas; del mismo modo, tenían la autoridad de Dios y el poder del Creador. Todas las cosas se formaron y permanecieron por las palabras de la boca de Dios y, de la misma forma, Lázaro salió de su tumba por las palabras de la boca del Señor Jesús. Esto fue la autoridad de Dios, demostrada y materializada en Su forma encarnada. Este tipo de autoridad y capacidad pertenecían al Creador y al Hijo del hombre, en quien el Creador se materializó. Este es el entendimiento que Dios le enseñó a la humanidad cuando hizo regresar a Lázaro de entre los muertos. Ahora, concluiremos nuestro debate de este tema aquí. Seguidamente, leamos un poco más de las escrituras.

10. El juicio de los fariseos sobre Jesús

Marcos 3:21-22 Cuando sus parientes oyeron esto, fueron para hacerse cargo de Él, porque decían: Está fuera de sí. Y los escribas que habían descendido de Jerusalén decían: Tiene a Beelzebú; y: Expulsa los demonios por el príncipe de los demonios.

11. La reprensión de Jesús a los fariseos

Mateo 12:31-32 Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada. Y a cualquiera que diga una palabra contra el Hijo del Hombre, se le perdonará; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero.

Mateo 23:13-15 Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque devoráis las casas de las viudas, aun cuando por pretexto hacéis largas oraciones; por eso recibiréis mayor condenación. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros.

El contenido de los dos pasajes más arriba es distinto. Veamos el primero de ellos en primer lugar: el juicio de los fariseos sobre Jesús.

En la Biblia, la valoración que los fariseos hicieron del propio Jesús y de las cosas que hizo fue: “Decían: Está fuera de sí. […] Tiene a Beelzebú; y: Expulsa los demonios por el príncipe de los demonios” (Marcos 3:21-22). El juicio del Señor Jesús realizado por los escribas y fariseos no era que ellos meramente copiaban las palabras de otras personas ni era una conjetura infundada; fue su conclusión sobre el Señor Jesús a partir de lo que vieron y oyeron de Sus acciones. Aunque llegaron a ella ostensiblemente en el nombre de la justicia y esta parecía bien fundamentada a las personas, la arrogancia con la que juzgaron al Señor Jesús era difícil de contener incluso para ellos. La enloquecida energía de su odio por el Señor Jesús puso de manifiesto sus propias ambiciones disparatadas y sus rostros satánicos malvados, así como la malévola naturaleza con la que se resistían a Dios. Estas cosas que dijeron en su juicio del Señor Jesús fueron impulsadas por sus ambiciones disparatadas, su envidia, y la naturaleza fea y malévola de su hostilidad hacia Dios y la verdad. No investigaron la fuente de las acciones del Señor Jesús ni la esencia de lo que dijo o hizo. En cambio, atacaron y desacreditaron ciegamente, en un estado de agitación enloquecida y con malicia deliberada lo que Él había hecho. Llegaron incluso hasta el punto de desacreditar intencionadamente a Su Espíritu, esto es, el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Dios. Esto es lo que quisieron decir con las palabras “Está fuera de sí”, “Belcebú” y “el príncipe de los demonios”. Esto es, dijeron que el Espíritu de Dios era Belcebú y el príncipe de los demonios. Definieron como locura la obra del Espíritu de Dios encarnado, que se había vestido de la carne. No sólo blasfemaron tachándolo de Belcebú y el príncipe de los demonios, sino que también condenaron la obra de Dios y condenaron y blasfemaron al Señor Jesucristo. La esencia de su resistencia y su blasfemia de Dios era totalmente la misma que la esencia de la resistencia y blasfemia de Dios por parte de Satanás y los demonios. No sólo representaban a seres humanos corruptos, sino que más bien eran la representación de Satanás. Eran un canal para él en medio de la humanidad, así como sus cómplices y lacayos. La esencia de su blasfemia y su denigración del Señor Jesucristo era su lucha con Dios por el estatus, su competencia con Él, y su prueba interminable de Él. La esencia de su resistencia a Dios y su actitud de hostilidad hacia Él, así como sus palabras y sus pensamientos, blasfemaban y enojaban directamente al Espíritu de Dios. Así pues, Dios determinó un juicio razonable basado en lo que dijeron e hicieron, y Dios determinó que sus hechos fueron el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo. Este pecado es imperdonable tanto en este mundo como en el venidero, tal como dice el siguiente pasaje de la escritura: “la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada”, y “al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero”. Hoy, hablemos sobre el verdadero significado de estas palabras de Dios: “no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero”. Es decir, desmitifiquemos cómo cumple Dios las palabras: “no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero”.

Todo aquello de lo que hemos hablado tiene relación con el carácter de Dios y Su actitud hacia las personas, los acontecimientos y las cosas. Naturalmente, los dos pasajes anteriores no son una excepción. ¿Habéis notado algo en estos dos pasajes de la escritura? Algunas personas dicen ver en ellos el enojo de Dios. Algunos dicen que ven el lado del carácter de Dios que no tolera la ofensa de la humanidad, y que si las personas hacen algo blasfemo contra Él, no obtendrán Su perdón. A pesar de que las personas vean y perciban la ira y la intolerancia por parte de Dios de la ofensa de la humanidad en estos dos pasajes, siguen sin entender realmente Su actitud. En estos dos pasajes se encuentran implícitas ciertas referencias ocultas de la verdadera actitud de Dios y Su enfoque hacia aquellos que blasfeman y lo enojan. Su actitud y Su enfoque demuestran el verdadero sentido del siguiente pasaje: “al que hable contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero”. Cuando las personas blasfeman a Dios y cuando lo enojan, Él emite un veredicto, y este veredicto es un desenlace emitido por Él. Se describe de la siguiente forma en la Biblia: “Por eso os digo: todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu no será perdonada” (Mateo 12:31), y “Pero, ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!” (Mateo 23:13). Sin embargo, ¿registra la Biblia cuál fue el desenlace con estos escribas y fariseos, así como con aquellos que dijeron que el Señor Jesús estaba loco después de decir estas cosas? ¿Se registra si sufrieron algún castigo? Desde luego que no. Este “no” no quiere decir que no se registró, sino que no hubo un desenlace visible al ojo humano. Decir que “no se registró” esclarece el asunto de la actitud y los principios de Dios para gestionar ciertas cosas. Dios no hace la vista gorda ni oídos sordos con las personas que blasfeman o le resisten, o incluso lo difaman —personas que intencionalmente lo atacan, difaman y maldicen—, sino que tiene una actitud clara hacia ellas. Él desprecia a estas personas, y en Su corazón las condena. Incluso declara abiertamente el desenlace para ellas, de forma que las personas sepan que Él tiene una actitud clara hacia aquellos que lo blasfeman, y cómo determina Él su desenlace. Sin embargo, después de que Dios dijese estas cosas, las personas raramente podían ver la verdad de cómo Dios lidiaría con esas personas, y no podían entender los principios subyacentes al desenlace y el veredicto que Dios dictó para ellas. Es decir, la humanidad no puede ver el enfoque y los métodos particulares que Dios tiene para lidiar con ellas. Esto tiene que ver con los principios de Dios para hacer cosas. Él usa el acaecimiento de hechos para ocuparse de la conducta malvada de algunas personas. Esto es, no anuncia su pecado ni determina su desenlace, sino que usa directamente el acaecimiento de los hechos para aplicar su castigo y su justa retribución. Cuando estos hechos ocurren, la carne de las personas es la que sufre el castigo, lo que significa que el castigo es algo que puede verse con ojos humanos. Cuando se ocupa de la conducta malvada de algunas personas, Dios simplemente las maldice con palabras y Su enojo también cae sobre ellas, pero el castigo que reciben puede ser algo no visible para las personas. Sin embargo, este tipo de desenlace puede ser incluso más grave que los que las personas pueden ver, como el castigo o la muerte. Esto se debe a que bajo las circunstancias en las que Dios ha determinado no salvar a este tipo de personas, no mostrar más misericordia ni tener tolerancia con ellas, y no proveerles más oportunidades, la actitud que adopta con ellas es dejarlas de lado. ¿Cuál es el significado de “dejar de lado”? El significado básico de este término es “poner algo a un lado, no prestarle más atención”. Pero aquí, cuando Dios “deja a alguien de lado”, hay dos explicaciones diferentes de su significado: la primera es que Él ha entregado la vida de esa persona y todo acerca de ella a Satanás para que se ocupe de ella. Dios ya no sería responsable y no lidiaría más con esa persona. Si esa persona estuviera loca, o fuera estúpida, y si estuviera viva o muerta, o si hubiera descendido al infierno para su castigo, nada de eso tendría que ver con Dios. Eso significaría que tal criatura no tendría relación con el Creador. La segunda explicación es que Dios ha determinado que Él mismo quiere hacer algo con esta persona, con Sus propias manos. Es posible que utilice el servicio de esa persona, o que la utilice como contraste. Es posible que tenga una forma especial de ocuparse de ella, una forma especial de tratarla, como con Pablo, por ejemplo. Estos son el principio y la actitud en el corazón de Dios por los cuales ha determinado ocuparse de este tipo de persona. Así, cuando los seres humanos resisten a Dios, y lo difaman y blasfeman, si exasperan Su carácter, o si lo presionan más allá de los límites de Su tolerancia, las consecuencias son impensables. La más grave es que Dios entrega su vida y todo acerca de ellas a Satanás, de una vez por todas. No serán perdonadas en toda la eternidad. Esto significa que esta persona ha pasado a ser comida en la boca de Satanás, un juguete en su mano, y desde ese momento en adelante Dios no tiene nada más que ver con ella. ¿Podéis imaginar qué desgracia fue cuando Satanás tentó a Job? Incluso bajo la condición de que no se le permitía dañar la vida de Job, aun así, este sufrió en gran manera. ¿Y no es incluso más difícil imaginar los destrozos de Satanás a los que estaría sometida una persona que le hubiera sido entregada por completo, que fuera del todo presa de sus garras, que hubiera perdido totalmente el cuidado y la misericordia de Dios, que ya no estuviera bajo el dominio del Creador, que hubiera sido despojada del derecho a adorarle, y de ser una criatura bajo Su dominio, y cuya relación con el Señor de la creación hubiera sido totalmente cortada? La persecución de Job por parte de Satanás era algo que podía verse con ojos humanos, pero si Dios le entrega la vida de una persona, las consecuencias exceden a la imaginación humana. Por ejemplo, algunas personas podrían renacer bajo el aspecto de una vaca, o un asno, mientras que otras podrían ser ocupadas y poseídas por espíritus inmundos malignos, etc. Este es el desenlace de algunas personas que Dios ha entregado a Satanás. Desde fuera, parece que esas personas que ridiculizaron, difamaron, condenaron y blasfemaron al Señor Jesús no sufrieron ninguna consecuencia. Sin embargo, la verdad es que Dios tiene un enfoque para ocuparse de todo. Puede que no use un lenguaje claro para comunicar a las personas el desenlace de cómo se ocupa de cada tipo de persona. En ocasiones no habla directamente, sino que actúa directamente. Que no hable de ello no quiere decir que no haya un desenlace; de hecho, en ese caso, es posible que sea uno incluso más grave. Por fuera, parece que Dios no habla explícitamente a algunas personas para revelar Su actitud; en realidad, Él no ha querido prestarles atención durante mucho tiempo. No quiere verlas más. Por las cosas que han hecho y su conducta, por su naturaleza y su esencia, Dios sólo quiere que desaparezcan de Su vista, entregarlas directamente a Satanás, dar su espíritu, alma y cuerpo a este, permitirle hacer lo que quiera con ellas. Queda claro hasta qué punto Dios las aborrece, hasta qué punto está asqueado de ellas. Si una persona enoja a Dios hasta el punto de que Él ya no quiera ni verla más y está preparado para abandonarla por completo, hasta el punto de que no quiera ocuparse de ella personalmente; si se llega al punto de que Él la entregue a Satanás para que este haga lo que desee, para permitirle controlarla, consumirla y tratarla de cualquier manera que lo desee, esta persona está completamente acabada. Su derecho de ser humana se ha revocado permanentemente, y su derecho como criatura de la creación divina ha llegado a su fin. ¿No es este el castigo más serio?

Todo lo anterior es una explicación completa de las palabras: “no se le perdonará ni en este siglo ni en el venidero”, y también sirve como un simple comentario sobre estos pasajes de las escrituras. ¡Creo que ahora todos tenéis entendimiento de ello!

Leamos ahora los siguientes pasajes de la escritura.

12. Las palabras de Jesús a Sus discípulos después de Su resurrección

Juan 20:26-29 Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron.

Juan 21:16-17 Y volvió a decirle por segunda vez: Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le dijo: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Pastorea mis ovejas. Le dijo por tercera vez: Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se entristeció porque la tercera vez le dijo: ¿Me quieres? Y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.

Estos pasajes narran ciertas cosas que el Señor Jesús hizo y les dijo a Sus discípulos después de Su resurrección. En primer lugar, echemos un vistazo a las posibles diferencias que podrían existir en el Señor Jesús antes y después de resucitar. ¿Seguía siendo el mismo que en el pasado? Las escrituras contienen el siguiente versículo que le describe después de aquel acontecimiento: “Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros”. Es evidente que, en aquel tiempo, Él ya no habitaba un cuerpo de carne, sino uno espiritual. Esto se debe a que Él había trascendido los límites físicos; aunque la puerta estaba cerrada, todavía Él pudo ponerse en medio de las personas y permitirles que lo vieran. Esta es la mayor diferencia entre el Señor Jesús posterior a la resurrección y el que vivió en la carne antes de ella. Aunque no había diferencia entre el aspecto del cuerpo espiritual de aquel momento y cómo era Él antes, ahora era un extraño para las personas, porque se había convertido en un cuerpo espiritual después de resucitar de entre los muertos; comparado con Su cuerpo anterior de carne, este cuerpo espiritual era más desconcertante y confuso para las personas. También creaba más distancia entre Él y ellas, quienes sentían en su corazón que el Señor Jesús se había vuelto más misterioso en ese tiempo. Esos conocimientos y sentimientos por parte de ellas las transportaron, de repente, a una era de creencia en un Dios que no podía verse ni tocarse. Por tanto, lo primero que Él hizo tras Su resurrección fue permitir que todos lo vieran, confirmar Su existencia y el hecho de Su resurrección. Además, este acto restauró Su relación con las personas para que volviera a ser como la que tuvo con ellas cuando obraba en la carne y era el Cristo que ellos podían ver y tocar. Uno de los resultados de esto es que nadie tuvo ninguna duda de que Él hubiera resucitado de la muerte después de haber sido clavado en la cruz, y que no se dudara de la obra del Señor Jesús para redimir a la humanidad. Otro resultado es que, al aparecerse tras la resurrección y permitir que lo vieran y lo tocaran proporcionaba una firme garantía a la humanidad en la Era de la Gracia, asegurando que, desde ese momento en adelante, no se podría regresar a la época precedente, la Era de la Ley, basado en la presunta “desaparición” del Señor Jesús o por que se hubiera “marchado sin decir una palabra”. Así, Él se aseguró de que seguirían adelante, siguiendo las enseñanzas del Señor Jesús y la obra que Él había realizado. Una nueva fase se había abierto, pues, de manera formal en la obra de la Era de la Gracia y, a partir de ese momento, quienes habían estado bajo la ley salieron debidamente de debajo de ella y entraron a una nueva era, un nuevo comienzo. Estos son los multifacéticos significados de la aparición del Señor Jesús a la humanidad, después de Su resurrección.

Siendo que el Señor Jesús ahora estaba habitando un cuerpo espiritual, ¿cómo podían tocarlo o verlo? Esto está relacionado con la relevancia de que el Señor Jesús se apareciera a la humanidad. ¿Habéis notado algo en los pasajes de las escrituras que acabamos de leer? Por lo general, los cuerpos espirituales no pueden verse ni tocarse; además, la obra que el Señor Jesús había asumido después de resucitar ya había llegado a su fin. Por tanto, en teoría ya no tenía necesidad alguna de regresar entre las personas en Su imagen original para encontrarse con ellas, pero que se apareciera en Su cuerpo espiritual a seres humanos como Tomás hace que la relevancia de Su aparición sea más concreta y penetró con mayor profundidad en el corazón de las personas. Cuando se acercó a Tomás, dejó que el dubitativo Tomás tocara Su mano y le indicó: “extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”. Estas palabras y estos actos no eran cosas que el Señor Jesús quisiera decir o hacer después de haber resucitado solamente; de hecho, eran cosas que quería hacer antes de ser clavado en la cruz. Es evidente que antes de la crucifixión el Señor Jesús ya sabía que existían personas como Tomás. ¿Qué podemos ver en esto? Él seguía siendo el mismo después de resucitar. Su esencia no había cambiado. Las dudas de Tomás no acababan de empezar, sino que le habían acompañado todo el tiempo que él había seguido al Señor Jesús. Sin embargo, aquí estaba el Señor Jesús que había resucitado de entre los muertos y que había regresado del mundo espiritual con Su imagen y Su carácter originales y con la comprensión de la humanidad que tenía en Su época en la carne. De modo que fue primero en busca de Tomás y permitió que este tocara Su costado, para que no sólo viera Su cuerpo espiritual después de la resurrección, sino que pudiera tocar y sentir la existencia de Su cuerpo espiritual y se deshiciera de todas sus dudas. Antes de que el Señor Jesús fuera crucificado, Tomás siempre dudó de que fuera Cristo y no podía creerlo. Su fe en Dios sólo se cimentaba en aquello que él podía ver con sus propios ojos, en lo que podía tocar con sus propias manos. El Señor Jesús entendía muy bien cómo era la fe de este tipo de persona. Ellos sólo creían en el Dios del cielo, y no creían en absoluto en el enviado por el Dios ni en el Cristo encarnado y no lo aceptaban. Con el fin de que Tomás reconociera y creyera en la existencia del Señor Jesús, y que de verdad era Dios encarnado, Él permitió que Tomás le tocara el costado. ¿Dudó Tomás de forma distinta antes y después de la resurrección del Señor Jesús? Siempre estaba dudando y, excepto el cuerpo espiritual del Señor Jesús que se le apareció personalmente y le permitió a Tomás que tocara las marcas de los clavos en Su cuerpo, nadie pudo resolver sus dudas ni consiguió que se deshiciera de ellas. Por tanto, desde el momento en que el Señor Jesús le permitió tocar Su costado y le dejó palpar la existencia de las marcas de los clavos, la duda de este desapareció; supo realmente que el Señor Jesús había resucitado y reconoció y creyó que Él era el verdadero Cristo y Dios encarnado. Aunque en ese momento Tomás ya no dudó, había perdido para siempre la oportunidad de encontrarse con Cristo, de estar con Él, de seguirle, de conocerle; había perdido la oportunidad de que Cristo lo perfeccionara. La aparición del Señor Jesús y Sus palabras proveyeron una conclusión, y un veredicto sobre la fe de quienes estaban llenos de dudas. Usó Sus palabras y Sus actos prácticos para decirles a los que dudaban, a los que sólo creían en el Dios del cielo, pero no en Cristo: Dios no elogió la creencia de ellos ni que le siguieran llenos de dudas. El día que creyeran por completo en Dios y en Cristo sólo podría ser el día en que Dios completara Su gran obra. Por supuesto, también sería el día en que su duda recibiría un veredicto. Su actitud hacia Cristo determinó su destino, y su obstinada duda significaba que su fe no había producido resultados, y su dureza indicaba que sus esperanzas eran en vano. Debido a que su creencia en el Dios del cielo se alimentaba de ilusiones, y a que su duda hacia Cristo era en realidad su verdadera actitud hacia Dios, aunque tocaran las marcas de los clavos en el cuerpo del Señor Jesús, su fe seguía siendo inútil y su resultado sólo podía describirse como coger agua con una cesta de bambú: todo en vano. Lo que el Señor Jesús le dijo a Tomás también fue Su manera de indicarles claramente a todas las personas: el Señor Jesús resucitado es el Señor Jesús que pasó obrando con anterioridad treinta y tres años y medio entre la humanidad. Aunque había sido clavado en la cruz y experimentado el valle de sombra de la muerte y la resurrección, nada en su aspecto había sufrido cambio alguno. Aunque ahora tenía marcas de clavos en Su cuerpo y había resucitado y salido de la tumba, Su carácter, Su comprensión de la humanidad y Sus intenciones hacia esta no se habían modificado en lo más mínimo. Asimismo, les estaba diciendo a todos que Él había bajado de la cruz, triunfado sobre el pecado, superado las dificultades y triunfado sobre la muerte. Las marcas de los clavos precisamente eran la prueba de Su victoria sobre Satanás, de haber sido la ofrenda por el pecado para redimir con éxito a toda la humanidad. Estaba proclamando que ya había cargado con los pecados de esta y que había completado Su obra de redención. Cuando regresó para ver a Sus discípulos, les transmitió este mensaje por medio de Su aparición: “Sigo vivo, sigo existiendo; hoy estoy verdaderamente delante de vosotros para que podáis verme y tocarme. Siempre estaré con vosotros”. El Señor Jesús también quería usar el ejemplo de Tomás como advertencia para la gente futura: aunque no puedes ver ni tocar al Señor Jesús en tu fe en Él, eres bendecido por tu fe verdadera y puedes verle por ella y este tipo de persona es bendecida.

Estas palabras, registradas en la Biblia, que el Señor Jesús habló cuando se le apareció a Tomás son de gran ayuda para todas las personas de la Era de la Gracia. Su aparición ante Tomás y las palabras que le dijo han tenido un profundo impacto en las generaciones siguientes; tienen una relevancia eterna. Tomás representa a un tipo de persona que cree en Dios, aunque duda de Él. Esta clase de persona tiene una naturaleza sospechosa, un corazón siniestro, son traicioneros y no creen en las cosas que Dios puede lograr. No creen en la omnipotencia divina ni en Su soberanía, ni tampoco en Dios encarnado. Sin embargo, la resurrección del Señor Jesús fue un golpe para estas características que ellos tienen, y les proporcionó así la oportunidad de descubrir y reconocer su propia duda, de aceptar su propia traición, llegando así a creer de verdad en Su existencia y Su resurrección. Lo que ocurrió con Tomás fue una advertencia y un aviso para las generaciones posteriores, para que más personas pudieran tener cuidado de no dudar como Tomás, y que si se llenaban de dudas se hundirían en la oscuridad. Si sigues a Dios, pero sólo como Tomás, siempre quieres tocar el costado del Señor y sentir Sus marcas de los clavos para confirmar, verificar, especular si Dios existe o no, Dios te abandonará. Por tanto, el Señor Jesús requiere que las personas no sean como Tomás, que sólo creen lo que ven con sus propios ojos, sino que sean una persona pura, honesta que no albergue dudas hacia Dios, y que sólo crean en Él y le sigan. Este tipo de persona es bendecida. Este es un requisito muy pequeño que el Señor Jesús tiene para las personas y una advertencia para Sus seguidores.

Lo anterior es la actitud del Señor Jesús hacia quienes están llenos de dudas. ¿Qué dijo Él, pues, y qué hizo por aquellos que son capaces de creer sinceramente en Él y seguirle? Esto es lo que leeremos a continuación, a través de un diálogo entre el Señor Jesús y Pedro.

En esta conversación, el Señor Jesús le hizo una y otra vez la misma pregunta a Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Es un nivel superior que Él exige de personas como Pedro, después de Su resurrección, a los que creen de verdad en Cristo y se esfuerzan por amar al Señor. Esta pregunta fue una especie de investigación e interrogación, y más aún fue un requisito y una expectativa de esta clase de persona. El Señor Jesús usó este método de preguntas para que pudieran reflexionar sobre sí mismos y mirar en su interior y preguntarse: ¿Cuáles son los requisitos del Señor Jesús para las personas? ¿Amo al Señor? ¿Soy una persona que ama a Dios? ¿Cómo debería amar a Dios? Aunque el Señor Jesús sólo formulara esta pregunta a Pedro, la verdad es que en Su corazón, al hacer estas preguntas a Pedro, quería utilizar esa oportunidad para extender este tipo de interrogante a más personas que buscan amar a Dios. Lo que ocurre es que Pedro fue bendecido y actuó como representante de este tipo de persona, y recibió las preguntas de la propia boca del Señor Jesús.

Comparado con las siguientes palabras, que el Señor Jesús dirigió a Tomás después de Su resurrección, “extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”, Sus tres preguntas a Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”, permite que las personas sientan mejor la severidad de Su actitud y la urgencia que Él sintió durante Su interrogatorio. En cuanto al dubitativo Tomás, con su naturaleza astuta, el Señor Jesús le permitió que alargara la mano y tocara las marcas de los clavos en Su cuerpo, y esto le permitió creer que Él era el Hijo del hombre resucitado, y reconocer la identidad del Señor Jesús como Cristo. Y aunque Él no reprendió con severidad a Tomás ni expresó un claro juicio verbal sobre él, sí utilizó actos prácticos mediante los cuales le hizo saber que le entendía a la vez que manifestó Su actitud y Su determinación hacia esa clase de personas. Sus requisitos y expectativas hacia ellas no se pueden ver a partir de lo que Él dijo, porque las personas como Tomás sencillamente no tienen ni idea de la fe verdadera. Los requisitos del Señor Jesús para ellos sólo llegan hasta allí, pero la actitud que Él reveló hacia los que eran como Pedro es totalmente diferente. Él no le pidió a Pedro que alargara la mano y tocara las marcas de los clavos ni tampoco le dijo: “no seas incrédulo, sino creyente”. En vez de esto, le formuló varias veces la misma pregunta. Era una pregunta que invitaba a la reflexión y llena de significado, una pregunta que provocaba indefectiblemente remordimiento y temor en cualquier seguidor de Cristo, pero que también les hacía sentir el ánimo angustiado y triste del Señor Jesús. Y cuando están soportando gran dolor y sufrimiento, son más capaces de entender la preocupación del Señor Jesucristo y Su interés; se dan cuenta de Su enseñanza sincera y de Sus requisitos estrictos a las personas puras y honestas. La pregunta del Señor Jesús permite que las personas sientan que las expectativas que Él tiene respecto a las personas, reveladas en estas simples palabras, no son meramente para creer en Él y seguirle, sino para lograr tener amor, amar a tu Señor y a tu Dios. Este tipo de amor es preocuparse y obedecer, que los seres humanos vivan para Dios, mueran por Él, se lo dediquen todo a Él y gastarlo y darlo todo por Él. Esta clase de amor también consiste en darle consuelo a Dios, permitirle disfrutar del testimonio y que descanse. Es como un reembolso que la humanidad le hace a Dios, su responsabilidad, su obligación y su deber, y el camino en que las personas deben seguir durante toda su vida. Estas tres preguntas eran un requisito y una exhortación que el Señor Jesús le hizo a Pedro y a todos aquellos que serían perfeccionados. Y fueron estas las que dirigieron a Pedro y lo motivaron a seguir su camino en la vida hasta el final; fueron las preguntas del Señor Jesús justo antes de partir las que llevaron a Pedro a empezar su senda hacia el perfeccionamiento; las que hicieron que, por su amor al Señor, se preocupara de Su corazón, le obedeciera, le ofreciera consuelo, toda su vida y todo su ser, a causa de este amor.

Durante la Era de la Gracia, la obra de Dios fue principalmente para dos tipos de personas. El primero, los que creían en Él y le seguían, que podían cumplir Sus mandamientos, llevar la cruz y aferrarse al camino de la Era de la Gracia. Esta clase de persona lograría la bendición de Dios y gozaría de Su gracia. El segundo tipo de persona era como Pedro, alguien que podía ser perfeccionado. Por tanto, después de que el Señor Jesús resucitara, lo primero que hizo fueron estas dos cosas tan llenas de significado. Una fue con Tomás y la otra con Pedro. ¿Qué representan estas dos cosas? ¿Acaso representan las verdaderas intenciones de Dios de salvar a la humanidad? ¿Representan la sinceridad de Dios hacia la humanidad? La obra que Él realizó con Tomás fue advertirles a las personas que no dudaran, y que simplemente creyeran. En el caso de Pedro, fortaleció la fe de personas como él e hizo claros requisitos a este tipo de persona, para mostrar qué objetivos deberían perseguir.

Después de que el Señor Jesús resucitara, se apareció a aquellos que a Él le pareció necesario, habló con ellos y les presentó Sus requisitos, dejando atrás Sus intenciones y Sus expectativas respecto a ellos. Es decir, como Dios encarnado, Su preocupación por la humanidad y Sus requisitos de ella jamás cambiaron; permanecieron iguales cuando estuvo en la carne y cuando estuvo en Su cuerpo espiritual después de haber sido crucificado y tras resucitar. Le preocupaban estos discípulos antes de estar en la cruz y, en Su corazón, Él tenía muy claro el estado de cada persona y entendió la deficiencia de cada uno y, por supuesto, Su comprensión de cada una de ellas fue la misma después de morir, resucitar y convertirse en un cuerpo espiritual, que cuando Él estaba en la carne. Él sabía que las personas no estaban del todo seguras de Su identidad como Cristo, pero durante Su tiempo en la carne no les hizo exigencias estrictas. Sin embargo, después de resucitar, se les apareció y los convenció absolutamente de que el Señor Jesús había venido de Dios y de que Él era Dios encarnado, y utilizó Su aparición y Su resurrección como la mayor visión y motivación para la búsqueda de la humanidad que dura toda una vida. Su resurrección de entre los muertos no sólo fortaleció a todos aquellos que lo seguían, sino que también implementó plenamente Su obra de la Era de la Gracia entre la humanidad y, por tanto, el evangelio de la salvación del Señor Jesús en dicha era se difundió, poco a poco, a todos los rincones de la humanidad. ¿Dirías que la aparición del Señor Jesús después de Su resurrección tuvo alguna relevancia? Si tú hubieras sido Tomás o Pedro en ese tiempo y te hubieras encontrado con algo tan significativo en tu vida, ¿qué clase de impacto habría tenido esto en ti? ¿Lo habrías considerado la mejor y más extraordinaria visión de tu vida de creencia en Dios? ¿Lo habrías interpretado como la fuerza impulsora de tu seguimiento de Dios, de tu esfuerzo por satisfacerle y de procurar amar a Dios toda tu vida? ¿Habrías dedicado el esfuerzo de toda una vida a difundir esta visión, que es la mayor de todas? ¿Habrías aceptado convertir la salvación del Señor Jesús en un encargo de Dios? Aunque no hayáis experimentado esto, los dos ejemplos de Tomás y Pedro ya son suficientes para que las personas de hoy tengan un claro entendimiento de Dios y de Su voluntad. Se puede decir que, después de que Dios se hiciera carne, después de que Él experimentara personalmente la vida entre la humanidad y experimentara personalmente la vida humana, y después de ver la depravación y la situación de la humanidad en ese momento, Dios en carne sintió en mayor profundidad cuán impotente, lamentable y digna de lástima es la humanidad. Dios aumentó Su empatía por la condición humana por la humanidad que poseyó mientras vivió en la carne, por Sus instintos carnales. Esto le llevó a sentir mayor preocupación por Sus seguidores. Es probable que no podáis entender estas cosas, pero puedo describir esta preocupación y el interés de Dios en la carne hacia cada uno de Sus seguidores con tan sólo dos palabras: “preocupación intensa”. Aunque este término procede del lenguaje humano y es muy propio de los seres humanos, expresa y describe de verdad los sentimientos de Dios por Sus seguidores. En cuanto a la intensa preocupación de Dios por los seres humanos, en el transcurso de vuestras experiencias, podéis sentir esto poco a poco y probarlo. Sin embargo, esto sólo se puede conseguir mediante la comprensión gradual del carácter de Dios basada en buscar un cambio en vuestro propio carácter. La aparición del Señor Jesús materializó Su intensa preocupación por Sus seguidores en la humanidad y se la trasladó a Su cuerpo espiritual, o, también se podría decir, a Su divinidad. Su aparición permitió que las personas, una vez más, experimentaran y sintieran la preocupación y el cuidado de Dios, mientras demostraba también poderosamente que Dios es aquel que da inicio a una era, la despliega y le pone fin. A través de Su aparición fortaleció la fe de todos y demostró al mundo el hecho de que Él es Dios mismo. Esto proporcionó a Sus seguidores la confirmación eterna, a la vez que dio inicio a una fase de Su obra en la nueva era.

13. Jesús come pan y explica las Escrituras después de Su resurrección

Lucas 24:30-32 Y sucedió que al sentarse a la mesa con ellos, tomó pan, y lo bendijo; y partiéndolo, les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos y le reconocieron; pero Él desapareció de la presencia de ellos. Y se dijeron el uno al otro: ¿No ardía nuestro corazón dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, cuando nos abría las Escrituras?

14. Los discípulos le dan un pez asado a Jesús para que coma

Lucas 24:36-43 Mientras ellos relataban estas cosas, Jesús se puso en medio de ellos, y les dijo: Paz a vosotros. Pero ellos, aterrorizados y asustados, pensaron que veían un espíritu. Y Él les dijo: ¿Por qué estáis turbados, y por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo. Y cuando dijo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos todavía no lo creían a causa de la alegría y que estaban asombrados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer? Entonces ellos le presentaron parte de un pescado asado. Y Él lo tomó y comió delante de ellos.

Seguidamente echaremos un vistazo a los pasajes anteriores de la escritura. El primero es un relato del Señor Jesús comiendo pan y explicando las escrituras después de Su resurrección, y el segundo es un relato de Él mismo comiendo un pez asado. ¿Cómo os ayudan estos dos pasajes para conocer el carácter de Dios? ¿Podéis imaginar la clase de imagen que obtendréis a partir de estas descripciones del Señor Jesús comiendo pan y después pescado asado? ¿Podéis imaginar que estuviera de pie delante de vosotros, comiendo pan? ¿Cómo os sentiríais? ¿O si estuviera comiendo con vosotros en la misma mesa, o comiendo pescado y pan con las personas, qué tipo de sentimiento tendríais en ese momento? Si sientes que estarías muy cerca del Señor, que Él es muy íntimo contigo, este sentimiento es correcto. Es exactamente el resultado que el Señor Jesús quiso producir al comer panes y peces delante de la gente reunida tras Su resurrección. Si Él sólo hubiera hablado con las personas tras Su resurrección, si no hubieran podido sentir Su carne y Sus huesos y, en cambio, hubieran creído que se trataba de un Espíritu inalcanzable, ¿cómo se habrían sentido? ¿No habrían estado decepcionadas? Al sentirse así, ¿no se habrían sentido abandonadas? ¿No habrían sentido una distancia con el Señor Jesucristo? ¿Qué tipo de impacto negativo habría creado esta distancia en la relación de las personas con Dios? Sin duda se habrían sentido asustadas, no se atreverían a acercarse a Él, y así habrían querido mantenerlo a una distancia respetable. Desde ahí en adelante, habrían roto su relación íntima con el Señor Jesucristo y vuelto a tener la de la humanidad con el Dios de arriba, en el cielo, tal como era antes de la Era de la Gracia. El cuerpo espiritual que las personas no podían tocar o sentir habría llevado a la erradicación de su intimidad con Dios, y también habría hecho que esa relación íntima —establecida durante el tiempo del Señor Jesucristo en la carne, sin distancia entre Él y los seres humanos— dejara de existir. Lo único que el cuerpo espiritual estimuló en las personas fueron sentimientos de miedo, evasión y una mirada silenciosa. No se habrían atrevido a acercarse a Él ni a mantener un diálogo con Él, por no hablar de seguirle, confiar en Él o admirarle. Dios no deseaba ver este tipo de sentimiento que los humanos tenían por Él. No quería ver a las personas evitándole o apartándose de Él; sólo quería que lo entendieran, se acercaran a Él, y fueran Su familia. Si tu propia familia o tus hijos te vieran, pero no te reconocieran y no se atrevieran a acercarse a ti, sino que siempre te evitaran; si no pudieras obtener su entendimiento de todo lo que habías hecho por ellos, ¿cómo te sentirías? ¿No sería doloroso? ¿No te rompería el corazón? Esto es precisamente lo que Dios siente cuando las personas lo evitan. Así, después de Su resurrección, el Señor Jesús siguió apareciéndose a las personas bajo Su forma de carne y hueso, y continuó comiendo y bebiendo con ellos. Dios ve a las personas como Su familia y también quiere que la humanidad lo vea como a quien más aman; sólo de esta manera puede Él ganar de verdad a las personas, y estas pueden amarlo y adorarlo verdaderamente. ¿Podéis entender ahora Mi propósito al extraer estos dos pasajes bíblicos en los que el Señor Jesús come pan y explica las escrituras después de Su resurrección, y en los cuales los discípulos le dan pescado asado para que coma?

Puede decirse que la serie de cosas que el Señor Jesús dijo e hizo después de Su resurrección fue reflexionada con toda seriedad. Estaban llenas de la bondad y del afecto que Dios conservó por la humanidad y además llenas del aprecio y del cuidado meticuloso que Él tenía por la relación íntima que había establecido con la humanidad durante Su tiempo en la carne. Aún más, estaban llenas de la nostalgia y el anhelo que sentía por Su vida de comer y vivir junto con Sus seguidores durante Su tiempo en la carne. Por eso, Dios no quería que las personas sintieran una distancia entre Él y el hombre, ni que la humanidad se alejase de Él. Aún más, no quería que el hombre sintiera que, después de Su resurrección, el Señor Jesús ya no era el Señor que había sido tan íntimo con las personas, que ya no estaba más junto a la humanidad porque había regresado al mundo espiritual, al Padre que las personas nunca podrían ver o alcanzar. No quería que las personas sintieran que había surgido alguna diferencia de estatus entre Él y la humanidad. Cuando Dios ve a personas que quieren seguirle pero lo mantienen a una distancia respetable, Su corazón se aflige porque eso significa que sus corazones están muy lejos de Él, y será muy difícil para Él ganarlos. Por tanto, si hubiera aparecido a las personas en un cuerpo espiritual que no pudieran ver o tocar, esto habría distanciado una vez más al hombre de Dios, y habría llevado a la humanidad a ver erróneamente a Cristo tras Su resurrección como si se hubiera vuelto elevado, de una clase diferente que los humanos, alguien que ya no compartiría una mesa ni comería con el hombre porque los humanos son pecadores, inmundos, y nunca pueden acercarse a Dios. Con el fin de eliminar estas malinterpretaciones de la humanidad, el Señor Jesús hizo numerosas cosas que solía hacer en la carne, tal como se registra en la Biblia: “tomó pan, y lo bendijo; y partiéndolo, les dio”. Él también les explicó las escrituras, tal como solía hacerlo antes. Todo esto que el Señor Jesús llevó a cabo hizo que cada persona que lo vio sintiera que el Señor no había cambiado, que seguía siendo el mismo Señor Jesús. Aunque había sido clavado en la cruz y había experimentado la muerte, había resucitado y no había dejado a la humanidad. Había vuelto para estar entre los humanos, y nada en Él había cambiado. El Hijo del hombre que estaba de pie delante de esas personas seguía siendo el mismo Señor Jesús. ¡Su comportamiento y Su forma de conversar con las personas eran tan familiares! Seguía tan lleno de bondad, gracia y tolerancia; seguía siendo el mismo Señor Jesús que amaba a los demás como a sí mismo, que podía perdonar a la humanidad setenta veces siete. Como siempre lo había hecho, comió con las personas, les explicó las escrituras y, lo más importante, igual que antes, era de carne y hueso y se le podía tocar y ver. El Hijo del hombre que Él era permitió que sintieran intimidad, que se sintieran a gusto y que tuvieran el gozo de recuperar algo que se había perdido. Sintiéndose muy a gusto, empezaron a confiar con valentía y confianza en este Hijo del hombre que podía perdonarle sus pecados a la humanidad, y admirarle. También empezaron a orar en el nombre del Señor Jesús, sin vacilaciones, a orar para obtener Su gracia, Su bendición y lograr Su paz y Su gozo, Su cuidado y Su protección, y comenzaron a sanar a los enfermos y expulsar demonios en el nombre del Señor Jesús.

Durante el tiempo en el que el Señor Jesús obró en la carne, la mayoría de Sus seguidores no pudieron comprobar por completo Su identidad y las cosas que dijo. Cuando se acercaba a la cruz, la actitud de ellos fue de observación. Entonces, a partir del momento que fue clavado en la cruz y hasta que fue sepultado, su comportamiento fue de decepción. Durante este tiempo, habían empezado a pasar en sus corazones de dudar acerca de las cosas que el Señor Jesús había dicho durante el tiempo que estuvo en la carne a negarlas por completo. Entonces, cuando Él salió de la tumba y se fue apareciendo una por una a las personas, la mayoría de los que le vieron con sus propios ojos o que oyeron las nuevas de Su resurrección fueron pasando poco a poco de la negación al escepticismo. Recién cuando Él hizo que Tomás pusiera su mano en Su costado y cuando partió el pan y comió delante de ellos después de Su resurrección, y después de que procediera a comer pescado asado delante de ellos, aceptaron realmente que el Señor Jesús era el Cristo en la carne. Se podría decir que fue como si ese cuerpo espiritual de carne y hueso, allí delante de aquellos hombres los estuviera despertando a todos de un sueño: el Hijo del hombre que estaba allí, frente a ellos, era aquel que había existido desde tiempos inmemoriales. Tenía una forma, era de carne y hueso, y ya había vivido y comido junto a la humanidad durante largo tiempo… ¡En ese momento, las personas sintieron que Su existencia era tan real, tan maravillosa! Al mismo tiempo, ¡estaban tan gozosos y felices y tan llenos de emoción! Su reaparición permitió que vieran de verdad Su humildad, que sintieran Su cercanía y apego a la humanidad, y que sintieran cuánto pensaba en ella. Esta breve reunión hizo que las personas que vieron al Señor Jesús sintieran como si hubiera transcurrido toda una vida. Sus corazones perdidos, confusos, asustados, angustiados, anhelantes y entumecidos hallaron consuelo. Ya no dudaban ni se sentían decepcionados, porque sentían que ahora había esperanza, algo en que confiar. El Hijo del hombre allí delante de ellos sería su retaguardia todo el tiempo; sería su torre fuerte, su refugio por toda la eternidad.

Aunque el Señor Jesús había resucitado, Su corazón y Su obra no habían abandonado a la humanidad. Con Su aparición les dijo a las personas que independientemente de la forma en la que Él existiera, los acompañaría, caminaría y estaría con ellos en todo tiempo, en todo lugar. Y les dijo que en todo tiempo y en todo lugar proveería para la humanidad y la pastorearía; permitiría que ellos lo vieran y lo tocasen, y se aseguraría de que nunca más volvieran a sentirse indefensos. El Señor Jesús también quería que las personas supieran que no viven solas en este mundo. La humanidad cuenta con el cuidado de Dios; Él está con ellos. Ellos pueden apoyarse siempre en Dios y Él es la familia de cada uno de Sus seguidores. Con Su apoyo, la humanidad ya no estará sola ni indefensa, y aquellos que le aceptan como ofrenda por su pecado dejarán de estar atados al pecado. A los ojos humanos, estas porciones de la obra que el Señor Jesús llevó a cabo después de Su resurrección fueron cosas muy pequeñas, ¡pero en Mi opinión cada una de ellas fue tan significativa, tan valiosa, tan importante y de una enorme relevancia!

Aunque el tiempo en que el Señor Jesús obró en la carne estuvo lleno de dificultades y sufrimiento, terminó por completo, y de una forma perfecta, Su obra de aquel tiempo de Su encarnación para redimir a la humanidad por medio de Su aparición en Su cuerpo espiritual de carne y hueso. Comenzó Su ministerio haciéndose carne y acabó Su ministerio apareciéndose a la humanidad en Su forma carnal. Anunció la Era de la Gracia, comenzando la nueva era por medio de Su identidad como Cristo, a través de la cual llevó a cabo la obra en dicha era y fortaleció y dirigió a todos Sus seguidores en ella. De la obra de Dios se puede decir que Él verdaderamente acaba lo que empieza. Existen pasos y un plan, y la obra está llena de la sabiduría de Dios, de Su omnipotencia y de Sus maravillosos hechos, de Su amor y de Su misericordia. Por supuesto, el hilo principal que recorre toda la obra de Dios es Su preocupación por la humanidad; está impregnada de Sus sentimientos de preocupación que nunca puede dejar de lado. En estos versículos de la Biblia, en todo lo que el Señor Jesús hizo después de Su resurrección, lo que se reveló fueron las esperanzas y la preocupación inmutables de Dios por la humanidad, así como Su meticuloso cuidado y Su estima por la humanidad. Nada de esto ha cambiado jamás, hasta el día de hoy, ¿podéis verlo? Cuando lo veis, ¿no se acerca vuestro corazón de forma inconsciente a Dios? Si vivierais en aquella época y el Señor Jesús se os apareciera después de Su resurrección, en una forma tangible para que pudierais verle, y si se sentara frente a vosotros, comiera pan y pescado y os explicara las escrituras y hablara con vosotros, ¿cómo os sentiríais? ¿Estaríais felices? ¿U os sentiríais culpables? Los malentendidos previos y el evitar a Dios previamente, los conflictos previos con Dios y las dudas previas sobre Dios, ¿no desaparecerían todos por completo? ¿No se volvería más normal y adecuada la relación entre Dios y el hombre?

A través de la interpretación de estos capítulos limitados de la Biblia, ¿encontráis defectos en el carácter de Dios? ¿Alguna adulteración de Su amor? ¿Veis alguna astucia o maldad en la omnipotencia o la sabiduría de Dios? ¡Desde luego que no! ¿Podéis decir ahora con seguridad que Dios es santo? ¿Podéis decir con certeza que cada una de las emociones de Dios es una revelación de Su esencia y Su carácter? Espero que después de leer estas palabras, lo que entendáis de ellas os ayude y os proporcione beneficios en vuestra búsqueda de un cambio de carácter y en el temor de Dios, y que lleven un fruto para vosotros que vaya creciendo día a día, para que en el proceso de esta búsqueda os acerquéis cada vez más a Dios, y al estándar que Él requiere. Que ya no os aburrirá la búsqueda de la verdad ni sintáis que esto, y perseguir un cambio de carácter, es algo difícil o superfluo. En cambio, que motivados por la expresión del verdadero carácter de Dios y Su santa esencia, que anheléis la luz, la justicia y aspiréis a buscar la verdad, a procurar satisfacer la voluntad de Dios y os convirtáis en personas ganadas por Dios, en personas reales.

Hoy hemos hablado sobre ciertas cosas que Dios hizo en la Era de la Gracia, cuando se encarnó por primera vez. A partir de ellas hemos visto el carácter que Él expresó y reveló en la carne, así como cada aspecto de lo que Él tiene y es. Todos estos parecen muy humanizados, pero la realidad es que la esencia de todo lo que Él reveló y expresó es inseparable de Su propio carácter. Cada método y cada aspecto del Dios encarnado que expresa Su carácter en humanidad están inextricablemente vinculados a Su propia esencia. Por tanto, es de suma importancia que Dios viniera a la humanidad por medio de la encarnación, y la obra que realizó en la carne también es muy importante. El carácter que Él reveló y la voluntad que expresó son incluso más importantes para cada persona que vive en la carne, en la corrupción. ¿Podéis entender esto? Tras comprender el carácter de Dios y lo que Él tiene y es, ¿habéis sacado algunas conclusiones respecto a cómo deberíais tratarle? Finalmente, en respuesta a esta pregunta, me gustaría daros tres consejos: primero, no pongáis a Dios a prueba. Independientemente de cuánto comprendáis sobre Él, de cuánto sepáis sobre Su carácter, nunca jamás lo pongáis a prueba. Segundo, no contendáis con Dios por posición. No importa el tipo de posición que Dios te dé o la clase de trabajo que te encomiende, o el deber que Él te mueva a realizar, y lo mucho que te hayas esforzado y sacrificado por Él, no compitas en modo alguno con Él por posición. Tercero, no compitas con Dios. Independientemente de que entiendas y puedas someterte a lo que Dios hace contigo, lo que Él dispone para ti y las cosas que traiga en tu vida, no compitas con Él absolutamente. Si puedes respetar estos tres consejos, entonces estarás bastante a salvo y no tenderás a enojar a Dios. ¡Y así concluimos con las enseñanzas de hoy!

23 de noviembre de 2013

Nota al pie:

a. El “hechizo de la cinta apretada” lo utilizaba el monje Tang Sanzang en la novela china Viaje a Occidente. Utiliza este hechizo para controlar a Sun Wukong presionando una cinta metálica alrededor de la cabeza de este último, lo que le provocaba fuertes dolores de cabeza y así podía controlarlo. Se ha convertido en una metáfora para describir algo que constriñe a una persona.

Las citas bíblicas marcadas (*) han sido traducidas de AKJV.

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