1. ¿Por qué la gente debería creer en Dios?

Versículos bíblicos como referencia:

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1).

“Entonces dijo Dios: Sea la luz. Y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas. Y llamó Dios a la luz día, y a las tinieblas llamó noche. Y fue la tarde y fue la mañana: un día” (Génesis 1:3-5).

“Entonces dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así” (Génesis 1:6-7).

“Entonces dijo Dios: Júntense en un lugar las aguas que están debajo de los cielos, y que aparezca lo seco. Y fue así. Y llamó Dios a lo seco tierra, y al conjunto de las aguas llamó mares. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semilla, y árboles frutales que den fruto sobre la tierra según su género, con su semilla en él. Y fue así” (Génesis 1:9-11).

“Entonces dijo Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche, y sean para señales y para estaciones y para días y para años; y sean por luminarias en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así” (Génesis 1:14-15).

“Entonces dijo Dios: Llénense las aguas de multitudes de seres vivientes, y vuelen las aves sobre la tierra en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, de los cuales están llenas las aguas según su género, y toda ave según su género. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1:20-21).

“Entonces dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género: ganados, reptiles y bestias de la tierra según su género. Y fue así. E hizo Dios las bestias de la tierra según su género, y el ganado según su género, y todo lo que se arrastra sobre la tierra según su género. Y vio Dios que era bueno” (Génesis 1:24-25).

“Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:26-27).

Las palabras relevantes de Dios:

Dios es el que gobierna sobre todas las cosas y las administra. Él creó todo lo que hay, lo administra, y gobierna sobre ello y provee para ello. Este es el estatus de Dios, y es Su identidad. Para todas las cosas y para todo lo que hay, la verdadera identidad de Dios es el Creador, y el Gobernador de toda la creación. Tal es la identidad que posee Dios, y Él es único entre todas las cosas. Ninguna de las criaturas de Dios —tanto si están en medio de la humanidad como en el mundo espiritual— puede usar ningún medio ni excusa para suplantar o reemplazar la identidad y el estatus de Dios, porque sólo hay Uno entre todas las cosas que posee esta identidad, poder, autoridad y la capacidad de gobernar sobre toda la creación: nuestro único Dios mismo. Él vive y se mueve entre todas las cosas; puede ascender al lugar más elevado, sobre todas ellas. Puede humillarse haciéndose humano, siendo uno entre los que son de carne y hueso, enfrentarse cara a cara con las personas y compartir penas y alegrías con ellas, mientras al mismo tiempo, Él ordena todo lo que existe, y decide el destino de todo lo que hay, y la dirección en la que se mueve. Además, guía el destino de toda la humanidad, y su dirección. Todos los seres vivientes deben adorar, obedecer y conocer a un Dios como este. Por tanto, independientemente del grupo o tipo al que pertenezcas dentro de la humanidad, creer en Dios, seguir a Dios, venerarlo, aceptar Su dominio y Sus disposiciones para tu destino es la única opción, y la necesaria para cualquier persona, para cualquier ser viviente.

Extracto de ‘Dios mismo, el único X’ en “La Palabra manifestada en carne”

En la vastedad del cosmos y del firmamento, innumerables criaturas viven y se reproducen, siguen la ley cíclica de la vida y se ciñen a una regla constante. Los que mueren se llevan consigo las historias de los vivos, y los que están vivos repiten la misma trágica historia de los que han perecido. Y, así, la humanidad no puede evitar preguntarse: ¿por qué vivimos? ¿Y por qué tenemos que morir? ¿Quién está al mando de este mundo? ¿Y quién creó a esta humanidad? ¿Fue la humanidad realmente creada por la Madre Naturaleza? ¿Controla realmente la humanidad su propio destino?… Estas son las preguntas que la humanidad se ha hecho incesantemente durante miles de años. Desafortunadamente, cuanto más se ha obsesionado el hombre con ellas, más ha desarrollado una sed por la ciencia. Esta ofrece una breve satisfacción y un disfrute temporal de la carne, pero está lejos de ser suficiente para liberar al hombre de la soledad, del aislamiento, del terror que no puede ocultarse y de la impotencia que existe en lo profundo de su alma. La humanidad simplemente utiliza el conocimiento científico que puede ver con sus propios ojos y que puede comprender con su cerebro para anestesiar su corazón. No obstante, ese conocimiento científico no es suficiente para impedir que la humanidad deje de explorar los misterios. La humanidad simplemente no sabe quién es el Soberano del universo y de todas las cosas, y, mucho menos, conoce el principio y el futuro de la humanidad. Simplemente vive, por fuerza, en medio de esta ley. Nadie puede escapar a ella y nadie puede cambiarla, porque entre todas las cosas y en los cielos sólo hay Uno desde la eternidad hasta la eternidad que tiene la soberanía sobre todas las cosas. Él es Aquel al que el hombre nunca ha visto, a quien la humanidad nunca ha conocido, en cuya existencia la humanidad nunca ha creído, y, sin embargo, es Aquel que insufló el aliento en los ancestros de la humanidad y le dio vida a esta. Él es Aquel que provee y alimenta a la humanidad y le permite existir, y Él es Aquel que la ha guiado hasta el día de hoy. Además, Él y sólo Él es de quien depende la humanidad para su supervivencia. Tiene la soberanía sobre todas las cosas y rige sobre todos los seres vivos en el universo. Él tiene el mando sobre las cuatro estaciones, y es Él quien convoca al viento, a la escarcha, a la nieve y a la lluvia. Él trae la luz del sol a la humanidad y abre paso a la noche. Él fue quien ordenó los cielos y la tierra, y le brindó al hombre las montañas, los lagos y los ríos, así como todas las cosas vivientes que hay en ellos. Sus actos son omnipresentes, Su poder es omnipresente, Su sabiduría es omnipresente y Su autoridad es omnipresente. Cada una de estas leyes y normas es la personificación de Sus actos, y cada una de ellas revela Su sabiduría y Su autoridad. ¿Quién puede eximirse de Su soberanía? ¿Y quién puede liberarse de Sus designios? Todas las cosas existen bajo Su mirada; es más, todas viven bajo Su soberanía. Sus actos y Su poder no le dejan a la humanidad otra opción más que reconocer el hecho que Él existe realmente y tiene soberanía sobre todas las cosas. Ninguna otra cosa aparte de Él puede dar órdenes al universo, y, menos aún, proveer incesantemente a esta humanidad. Independientemente de si eres capaz de reconocer los actos de Dios e independientemente de si crees en la existencia de Dios, no hay duda de que tu destino lo determina Dios, y no hay duda de que Él siempre tendrá soberanía sobre todas las cosas. Su existencia y Su autoridad no se predican en función de si hombre las reconoce y las comprende. Sólo Él conoce el pasado, el presente y el futuro del hombre, y sólo Él puede determinar el destino de la humanidad. Independientemente de que seas capaz o no de aceptar este hecho, no pasará mucho tiempo antes de que la humanidad presencie todo esto con sus propios ojos, y esta es la realidad que Dios pronto aplicará. La humanidad vive y muere bajo los ojos de Dios. El hombre vive para la gestión de Dios, y cuando sus ojos se cierran por última vez, también se cierran para esta gestión. Una y otra vez, el hombre va y viene, de un lado para el otro. Sin excepción, todo forma parte de la soberanía y los designios de Dios. Su gestión nunca ha cesado. Avanza perpetuamente. Él hará que la humanidad sea consciente de Su existencia, que confíe en Su soberanía, que vea Sus actos y que vuelva a Su reino. Este es Su plan y la obra que Él ha estado gestionando durante miles de años.

Extracto de ‘El hombre sólo puede salvarse en medio de la gestión de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios creó este mundo, creó a esta humanidad y, además, fue el arquitecto de la antigua cultura griega y la civilización humana. Sólo Dios consuela a esta humanidad, y sólo Él cuida de ella noche y día. El desarrollo y el progreso humanos son inseparables de la soberanía de Dios, y la historia y el futuro de la humanidad son inextricables de los designios de Dios. Si eres un cristiano verdadero, creerás sin duda que el auge y la caída de cualquier país o nación ocurren de acuerdo con los designios de Dios. Sólo Él conoce el destino de un país o nación, y sólo Él controla el curso de esta humanidad. Si esta desea tener un buen destino, si un país desea un buen destino, entonces el hombre debe postrarse a Dios para adorarlo, arrepentirse y confesar delante de Él, si no, la suerte y el destino del hombre serán una catástrofe inevitable.

Echa un vistazo a la época en que Noé construyó su arca: la humanidad era profundamente corrupta, la gente se había desviado de la bendición de Dios, Él ya no cuidaba de ellos, y había perdido Sus promesas. Vivía en las tinieblas, sin la luz de Dios. Entonces los hombres se volvieron licenciosos por naturaleza y se abandonaron a sí mismos a una depravación horrible. Tales personas ya no podían recibir la promesa de Dios; no eran dignos de ver el rostro de Dios, ni de oír Su voz, porque lo habían abandonado, habían dejado de lado todo lo que Él les había concedido, y se habían olvidado de las enseñanzas de Dios. Su corazón se apartaba más y más de Dios, y conforme lo hacía, se volvieron depravados más allá de toda razón y humanidad, y cada vez más malvados. Entonces caminaron cada vez más cerca de la muerte, y cayeron bajo la ira y el castigo de Dios. Sólo Noé adoró a Dios y se apartó del mal, y por eso fue capaz de oír Su voz y Sus instrucciones. Él construyó el arca siguiendo las instrucciones de la palabra de Dios, y allí reunió a toda forma de criaturas vivientes. Y de esta manera, una vez que todo se había preparado, Dios desató Su destrucción sobre el mundo. Sólo Noé y los otros siete miembros de su familia sobrevivieron a la destrucción, porque Noé adoró a Jehová y se apartó del mal.

Ahora, mira la era presente: hombres tan justos como Noé, que podían adorar a Dios y apartarse del mal, han dejado de existir. Aun así Dios sigue siendo misericordioso con esta humanidad, y todavía la absuelve durante esta era final. Dios busca a aquellos que anhelan que Él aparezca. Busca a aquellos que son capaces de oír Sus palabras, los que no han olvidado Su comisión y le ofrecen sus corazones y sus cuerpos. Él busca a aquellos que son tan obedientes como bebés delante de Él, y no se resisten a Él. Si te dedicas a Dios, sin impedimento de ningún poder o fuerza, entonces Dios te mirará con favor, y te concederá Sus bendiciones. Si tienes una posición alta, una reputación honorable, posees un conocimiento abundante, tienes muchas propiedades, y muchas personas te apoyan, pero estas cosas no evitan que vengas delante de Dios para aceptar Su llamamiento y Su comisión, que hagas lo que Él pide de ti, entonces todo lo que haces será la causa más significativa de la tierra y la empresa más justa de la humanidad. Si rechazas la llamada de Dios por causa de tu estatus o tus propios objetivos, todo lo que hagas será maldito e incluso detestado por Dios. Quizás seas un presidente, un científico, un pastor, o un anciano, no importa cuán elevado sea tu oficio, si te apoyas en tu conocimiento y capacidad en tus empresas, entonces siempre serás un fracaso, y serás un hombre sin las bendiciones de Dios, porque Él no acepta nada de lo que haces, ni admite que tu empresa sea justa, ni acepta que estés trabajando para el beneficio de la humanidad. Él dirá que lo único que haces es usar el conocimiento y la fuerza de la humanidad para despojar al hombre de la protección de Dios y para negar Sus bendiciones. Él dirá que estás llevando a la humanidad hacia las tinieblas, hacia la muerte y hacia el comienzo de una existencia ilimitada en la que el hombre ha perdido a Dios y Su bendición.

Extracto de ‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

Desde que la humanidad inventó las ciencias sociales, la ciencia y el conocimiento ocuparon su mente. Después, estos pasaron a ser herramientas para gobernar a la humanidad, y ya no hay espacio suficiente para que el hombre adore a Dios ni más condiciones favorables para Su adoración. La posición de Dios se ha hundido aún más abajo en el corazón del hombre. Sin Dios en su corazón, el mundo interior del hombre es oscuro, desesperanzado y vacío. En consecuencia, muchos científicos sociales, historiadores y políticos han salido a la luz para expresar teorías de ciencia social, la de la evolución humana y otras que contradicen la verdad de que Dios creó al hombre, para llenar los corazones y las mentes de la humanidad. Así, cada vez son menos los que creen que Dios lo creó todo, y más quienes creen en la teoría de la evolución. Más y más personas tratan los relatos de la obra de Dios y Sus palabras durante la era del Antiguo Testamento como mitos y leyendas. En sus corazones, las personas se vuelven indiferentes a la dignidad y a la grandeza de Dios, al principio de que Él existe y que domina todas las cosas. La supervivencia de la humanidad y el destino de países y naciones ya no son importantes para ellas, y el hombre vive en un mundo vacío, que se preocupa sólo con comer, beber, y buscar el placer… Pocas personas asumen el buscar dónde lleva a cabo Dios Su obra hoy, o cómo preside y organiza el destino del hombre. Y, de esta forma, sin que el hombre lo supiera, la civilización humana se vuelve cada vez menos capaz de cumplir los deseos del hombre e, incluso, todavía hay muchos que sienten que, viviendo en un mundo así, son menos felices que aquellos que ya han muerto. Incluso personas de países que solían ser altamente civilizados ventilan estas quejas. Y es que sin la dirección de Dios, por mucho que los gobernantes y sociólogos se devanen los sesos para preservar la civilización humana, todo es inútil. Nadie puede llenar el vacío en el corazón del hombre, porque nadie puede ser su vida, y ninguna teoría social puede liberarlo del vacío que lo aflige. Ciencia, conocimiento, libertad, democracia, ocio, comodidad; esto le trae al hombre sólo un consuelo temporal. Incluso teniendo esto, el hombre pecará inevitablemente y se quejará de las injusticias de la sociedad. Estas cosas no pueden refrenar el anhelo y el deseo del hombre por explorar. Esto es porque la humanidad fue creada por Dios, y sus sacrificios y sus exploraciones sin sentido sólo pueden llevarla a una angustia mayor y sólo pueden causar que el hombre exista en un estado constante de miedo, sin saber cómo afrontar el futuro de la humanidad ni cómo hacer frente a la senda que tiene por delante. El hombre incluso llegará a temer a la ciencia y al conocimiento, y más aún al sentimiento de vacío. En este mundo, vivas en un país libre o en uno sin derechos humanos, eres totalmente incapaz de escapar al destino de la humanidad. Seas gobernador o gobernado, eres totalmente incapaz de escapar del deseo de explorar el sino, los misterios, y el destino de la humanidad, mucho menos eres capaz de escapar al desconcertante sentimiento de vacío. Tales fenómenos, comunes a toda la humanidad, son llamados fenómenos sociales por los sociólogos, pero ningún gran hombre puede salir a resolver estos problemas. Después de todo, el hombre es hombre, y ninguno de ellos puede reemplazar la posición y la vida de Dios. La humanidad no sólo requiere una sociedad justa en la que todos estén bien alimentados, y que sea igualitaria y libre; lo que necesita la humanidad es la salvación de Dios y Su provisión de vida para ella. Sólo cuando el hombre recibe la provisión de vida de Dios y Su salvación puede resolver las necesidades, el anhelo de explorar y el vacío espiritual. Si las personas de un país o nación son incapaces de recibir la salvación y el cuidado de Dios, ese país o nación pisará el camino de la ruina hacia las tinieblas, y Dios lo aniquilará.

Extracto de ‘Dios preside el destino de toda la humanidad’ en “La Palabra manifestada en carne”

En el vasto mundo han ocurrido innumerables cambios: océanos que se desbordan en los campos, campos que se desbordan en los océanos, una y otra vez. Excepto por Él, que gobierna sobre todas las cosas en el universo, nadie es capaz de guiar y dirigir a esta raza humana. No hay poderoso que trabaje o haga los preparativos para esta raza humana, y, mucho menos, hay alguien que pueda llevar a esta raza humana al destino de la luz y liberarla de las injusticias terrenales. Dios lamenta el futuro de la humanidad y le duele que la humanidad se esté dirigiendo, paso a paso, hacia la decadencia y el camino sin regreso. Una humanidad que ha roto el corazón de Dios y ha renunciado a Él para ir en busca del maligno: ¿alguien se ha puesto a pensar en la dirección en la que una humanidad como esa podría ir? Es precisamente por esta razón que nadie siente la ira de Dios, que nadie busca una forma de complacer a Dios ni trata de acercarse a Él, y, lo que es más, es la razón por la que nadie busca comprender el sufrimiento y el dolor de Dios. Incluso después de escuchar la voz de Dios, el hombre continúa en su propio, persiste en apartarse de Dios, evadiendo la gracia y el cuidado de Dios, y rehuyendo a Su verdad, y prefiere venderse a sí mismo a Satanás, el enemigo de Dios. Y ¿quién ha pensado —si el hombre persiste en su obstinación— en cómo Dios actuará hacia esta humanidad que lo ha rechazado sin mirar atrás? Nadie sabe que la razón de los recordatorios y exhortaciones repetidas de Dios es que Él ha preparado en sus manos una calamidad como no ha habido antes, una calamidad que será insoportable para la carne y el alma del hombre. Esta calamidad no es solamente un castigo de la carne, sino también, del alma. Necesitas saber esto: cuando el plan de Dios fracase y cuando Sus recordatorios y exhortaciones no produzcan respuesta alguna, ¿qué clase de ira desatará? No se parecerá en nada a lo que algún ser creado haya experimentado o escuchado. Así pues, Yo digo que esta calamidad no tiene precedentes y jamás se repetirá, pues el plan de Dios es crear a la humanidad una sola vez y salvarla una sola vez. Es la primera vez y, también, la última. Por tanto, nadie puede comprender las escrupulosas intenciones y la ferviente expectativa con las que Dios salva a la humanidad esta vez.

Extracto de ‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Dios creó este mundo y trajo al hombre, un ser vivo al que le otorgó la vida, al mundo. Después, el hombre vino para tener padres y parientes y ya no estuvo solo. Desde que el hombre puso los ojos por primera vez en este mundo material, estuvo destinado a existir dentro de la predestinación de Dios. El aliento de vida proveniente de Dios sostiene a cada ser vivo a lo largo de su crecimiento hacia la adultez. Durante este proceso, nadie siente que el hombre esté creciendo bajo el cuidado de Dios. Más bien, la gente cree que lo hace bajo el amor y el cuidado de sus padres y que es su propio instinto de vida el que dirige este crecimiento. Esto se debe a que el hombre no sabe quién le otorgó la vida o de dónde viene esa vida, y, mucho menos, la manera en la que el instinto de la vida crea milagros. El hombre sólo sabe que el alimento es la base para que su vida continúe, que la perseverancia es la fuente de su existencia y que las creencias de su mente son el capital del que depende su supervivencia. El hombre es totalmente ajeno a la gracia y la provisión de Dios, y, así, desperdicia la vida que Dios le otorgó… Nadie de esta humanidad a quien Dios cuida día y noche toma la iniciativa de adorarlo. Dios simplemente continúa obrando en el hombre —hacia quien no tiene expectativas— tal y como lo planeó. Lo hace así con la esperanza de que, un día, el hombre despertará de su sueño y, de repente, comprenderá el valor y el significado de la vida, el precio que Dios pagó por todo lo que le ha dado y la ansiedad con la que Dios espera que el hombre regrese a Él. Nadie ha investigado nunca los secretos del origen y la continuidad de la vida del hombre. Sólo Dios, que entiende todo esto, soporta en silencio el dolor y los golpes que el hombre —que ha recibido todo de parte de Dios, pero que no es agradecido— le propina. El hombre da por sentado todo lo que la vida brinda y, del mismo modo, que es “parte de la rutina” que Dios sea traicionado por el hombre, olvidado por el hombre y extorsionado por el hombre. ¿Podría ser que el plan de Dios realmente tenga tal importancia? ¿Podría ser que el hombre, este ser vivo que provino de la mano de Dios, tenga tal importancia? Indudablemente, el plan de Dios es importante; sin embargo, este ser vivo creado por la mano de Dios existe en aras de Su plan. Por lo tanto, Dios no puede causar estragos a Su plan por odio hacia esta raza humana. Es por el bien de Su plan y por el aliento que Él insufló que Dios soporta todos los tormentos; no por la carne del hombre, sino por la vida del hombre. Él lo hace, no para recuperar la carne del hombre, sino la vida que Él insufló. Este es Su plan.

Todos los que vienen a este mundo deben experimentar la vida y la muerte, y la mayoría de ellos han pasado por el ciclo de la muerte y el renacimiento. Los que viven pronto morirán y los muertos pronto regresarán. Todo esto es el curso de la vida dispuesto por Dios para cada ser vivo. Sin embargo, este curso y este ciclo son, justamente, la verdad que Dios desea que el hombre contemple: que la vida que Dios le otorga al hombre es ilimitada, sin restricciones por la forma física, el tiempo o el espacio. Este es el misterio de la vida otorgada por Dios al hombre y la prueba de que la vida vino de Él. Aunque muchos puedan no creer que la vida vino de Dios, el hombre inevitablemente goza de todo lo que viene de Dios, ya sea que crea o niegue Su existencia. Si un día Dios tuviera un cambio repentino en su forma de pensar y deseara reclamar todo lo que existe en el mundo y recuperar la vida que ha dado, entonces todo desaparecerá. Dios usa Su vida para proveer a todas las cosas, tanto vivas como inertes, y pone todo en orden en virtud de Su poder y autoridad. Esta es una verdad que nadie puede concebir o comprender y estas verdades incomprensibles son la manifestación misma y el testimonio de la fuerza vital de Dios. Ahora bien, déjame contarte un secreto: la grandeza y el poder de la vida de Dios son insondables para cualquier criatura. Es así ahora, como lo fue en el pasado, y así será en el tiempo por venir. El segundo secreto que impartiré es este: la fuente de la vida proviene de Dios para todos los seres creados, sin importar lo diferentes que puedan ser en forma o estructura. Seas el tipo de ser vivo que seas, no te puedes poner en contra de la trayectoria de vida que Dios ha establecido. En cualquier caso, todo lo que deseo es que el hombre entienda esto: sin el cuidado, la custodia y la provisión de Dios, el hombre no puede recibir todo lo que estaba destinado a recibir, sin importar con cuánta diligencia lo intente o lo mucho que se esfuerce. Sin la provisión de vida de Dios, el hombre pierde el sentido de valor de vivir y el sentido del significado de la vida. ¿Cómo podría Dios permitirle al hombre, que desperdicia frívolamente el valor de Su vida, ser tan despreocupado? Como he dicho antes: no olvides que Dios es la fuente de tu vida. Si el hombre no atesora todo lo que Dios le ha otorgado, Dios no sólo recuperará lo que dio en el principio, sino que le exigirá al hombre, como recompensa, el doble del precio de todo lo que Él ha dado.

Extracto de ‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

La humanidad, desviada de la provisión de vida del Todopoderoso, no conoce el propósito de la existencia, pero teme a la muerte a pesar de ello. Están sin la ayuda o apoyo, pero siguen renuentes a cerrar los ojos; y se arman de valor para alargar una existencia innoble en este mundo, sacos de carne sin tener ni idea de sus propias almas. Tú vives de esta manera, sin esperanza, como hacen otros, sin ningún objetivo. Solo el Santo de la leyenda vendrá a salvar a las personas, que gimiendo en su sufrimiento, anhelan desesperadamente Su llegada. Hasta ahora, esta creencia no se ha realizado en aquellos que no tienen conciencia. No obstante, las personas siguen anhelando que así sea. El Todopoderoso tiene misericordia de estas personas que han sufrido profundamente. Al mismo tiempo, está harto de estas personas que carecen de conciencia, porque tuvo que esperar demasiado para obtener una respuesta por parte de los humanos. Él desea buscar, buscar tu corazón y tu espíritu, traerte alimento y agua para despertarte, de modo que ya no tengas sed ni hambre. Cuando estés cansado y cuando comiences a sentir algo de la lúgubre desolación de este mundo, no estés perdido, no llores. Dios Todopoderoso, el Vigilante, acogerá tu llegada en cualquier momento. Está vigilando junto a ti, esperando que des marcha atrás. Está esperando el día en el que recuperes la memoria de repente: cuando sean conscientes del hecho de que viniste de Dios, que, en un momento desconocido, te perdiste, en un momento desconocido, perdiste el conocimiento a un lado del camino y en un momento desconocido, adquiriste un “padre”. Además, te diste cuenta de que el Todopoderoso ha estado siempre vigilando en ese lugar, esperando durante mucho tiempo tu regreso. Él ha estado vigilando con un anhelo desesperado, esperando una respuesta sin tener una. Su vigilancia no tiene precio y es por el corazón y el espíritu de los seres humanos. Tal vez esta vigilancia sea indefinida y, quizá, ya esté llegando a su fin. Pero tú debes saber exactamente en dónde se encuentran tu corazón y tu espíritu ahora mismo.

Extracto de ‘El suspiro del Todopoderoso’ en “La Palabra manifestada en carne”

Anterior: 3. Los católicos escuchan a los sacerdotes, los sacerdotes, a los obispos, y estos últimos, al Papa. Por muy bien que compartáis la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, salvo que el Papa y los sacerdotes anuncien la venida del Señor, no podemos aceptarla; los católicos escuchamos a los sacerdotes y al Papa.

Siguiente: 2. Debido a que la gente no ha visto a Dios, algunos dicen que no hay Dios en el mundo, mientras que otros utilizan sus experiencias personales para dar testimonio de Su existencia. No sabemos si de verdad Dios existe, ¿cómo podemos determinar si Dios existe o no?

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