Cómo perseguir la verdad (6)

En la ocasión anterior hablamos sobre “desprenderse”, que es uno de los principios de práctica sobre cómo perseguir la verdad. La primera parte de “desprenderse” significa desprenderse de las emociones negativas. Ya hemos hablado sobre este tema varias veces. ¿La vez anterior hablamos sobre la emoción negativa de la represión? (Sí). ¿Qué compartimos respecto a eso? ¿Por qué la gente se siente reprimida? (Dios habló acerca de que las personas hacen lo que les da la gana en cuanto a sus deberes, y no están dispuestas a atenerse a las reglas y preceptos de la iglesia ni a estar sometidas a restricciones. Debido a su obstinación y a su fracaso a la hora de actuar según los principios, no pueden desempeñar bien sus deberes, y por tanto a menudo se las poda. Si no reflexionan sobre sus acciones y no resuelven sus problemas buscando la verdad, se sentirán reprimidas). En la ocasión anterior, hablamos sobre una clase de situación en la que las personas se sienten reprimidas, lo cual es una emoción negativa, y se debe sobre todo a que no pueden hacer lo que les da la gana. Esa charla se ocupaba primordialmente de situaciones donde las personas son incapaces de hacer lo que les da la gana, de cuáles son esas cosas que desean hacer y qué conductas comunes están presentes en la gente que se regodea en la emoción de la represión. Entonces hablamos sobre la senda que uno debe tomar para resolver esta emoción. ¿Habéis llegado a alguna conclusión tras oír estas pláticas sobre desprenderse de emociones negativas, ya estén revelando las manifestaciones de las emociones negativas del hombre o indicándole a la gente la senda a seguir para desprenderse de ellas? ¿A qué está dirigida esta práctica de desprenderse de las emociones negativas? Después de escuchar estas charlas, ¿reflexionasteis sobre esto? (Dios, lo que entiendo es que esta práctica está dirigida a los puntos de vista que tienen las personas sobre las cosas). Eso es cierto, ese es un aspecto de esta práctica. Está relacionada con los puntos de vista que la gente tiene sobre las cosas. Estos puntos de vista tienen que ver primordialmente con las diversas ideas y puntos de vista a los que uno se aferra al afrontar a las diversas personas, acontecimientos y cosas, y están dirigidos sobre todo a los distintos problemas que uno se encuentra en su vida y existencia humanas normales. Entre los ejemplos de esto se incluyen: cómo interactuar con los demás, cómo aplacar la animosidad, la actitud que uno debe tener ante el matrimonio, la familia, el trabajo, sus perspectivas, la enfermedad, el envejecimiento, la muerte y los asuntos triviales de la vida. Asimismo, aborda cómo debe uno enfrentarse a su entorno y cómo debe afrontar el deber que se supone que debe desempeñar, entre otras cuestiones. ¿Acaso no toca estos temas? (Sí). En cuanto a las cuestiones más importantes y que atañen a los principios relacionados con una vida y una existencia humanas normales, si uno tiene las ideas, los puntos de vista y la actitud correctos, su humanidad será relativamente normal. Lo que quiero decir con “normal” es tener una razón normal y una perspectiva y postura normales ante las cosas. Solo quienes posean ideas y puntos de vista adecuados tendrán facilidad para comprender y entrar en la verdad cuando la persigan. Esto significa que solo aquellos con ideas normales y puntos de vista, perspectivas y posturas normales sobre las personas y las cosas serán capaces de alcanzar ciertos resultados en su búsqueda de la verdad. Si la perspectiva y la postura de alguien sobre las personas y las cosas, y sus ideas, puntos de vista y posiciones son todos negativos, no se ajustan a la conciencia y la racionalidad de la humanidad normal, y son radicales, obstinados e impuros; resumiendo, si son todos negativos, adversos y depresivos; si una persona que posee este tipo de ideas y puntos de vista negativos persigue la verdad, ¿le resultará fácil comprenderla y practicarla? (No). Para vosotros es bastante sencillo decir eso desde una perspectiva teórica, pero en realidad no lo entendéis. En pocas palabras, con respecto a las diversas emociones negativas sobre las que estamos hablando, si una persona tiene una perspectiva y una postura negativas e inexactas sobre diversas personas, acontecimientos y cosas que se encuentran en su vida y en su senda vital, ¿podrá lograr una comprensión de la verdad? (No). Si siempre está regodeándose en emociones negativas, ¿podrá lograr una comprensión pura de las palabras de Dios? (No). Si siempre está dominada, controlada e influenciada por los pensamientos y puntos de vista de las emociones negativas, ¿acaso no serán negativas su perspectiva y postura sobre todas las cosas, además de sus puntos de vista sobre lo que le sucede? (Sí). ¿Qué se entiende aquí por “negativo”? En primer lugar, ¿podemos decir que va en contra de los hechos y de las leyes objetivas? ¿Viola las leyes de la naturaleza a las que el hombre debe ajustarse, así como la soberanía de Dios? (Sí). Si las personas acarrean con estas ideas y puntos de vista negativos mientras escuchan y leen las palabras de Dios, ¿pueden realmente aceptar Sus palabras y someterse a ellas? ¿Pueden lograr la sumisión a Dios y la compatibilidad con Él? (No). Dadme un ejemplo que ilustre esto, para que vea si lo habéis entendido. Encontrad un ejemplo en el que uno tenga que lidiar con asuntos importantes de su vida y supervivencia, como temas de matrimonio, familia, hijos o enfermedad, sobre su futuro, destino, sobre si su vida va bien, sobre su valía, estatus social, intereses personales, etc. (Recuerdo que Dios compartió la última vez que cuando las personas se enfrentan a una enfermedad, se regodean en emociones negativas como la angustia, la ansiedad y la preocupación, y tienen mucho miedo a morir. Esto afecta su capacidad para cumplir con su deber y llevar una vida normal, y les incapacita para ajustarse a las leyes objetivas. En realidad, la vida y la muerte de las personas, cuándo enferman y cuánto sufren están predestinadas por Dios. Las personas deben afrontar y experimentar estas situaciones con una actitud adecuada y positiva. Deben buscar el tratamiento que necesitan y llevar a cabo el deber que se supone que deben cumplir: han de mantenerse positivas y no quedarse atrapadas en su enfermedad. Pero cuando las personas se regodean en emociones negativas, no creen en la soberanía de Dios, y no creen que Él haya predestinado su vida y su muerte. Solo se sienten preocupadas, asustadas y ansiosas por su enfermedad. Cada vez se sienten más preocupadas y temerosas: no se rigen por la verdad de la soberanía de Dios sobre el destino del hombre, y Dios está ausente en sus corazones). Este es un gran ejemplo. ¿Se relaciona esto con la cuestión de qué punto de vista debe tener la gente sobre el importante asunto de la vida y la muerte? (Sí). ¿Sabéis todos algo sobre este tema? Se trata de afrontar la propia vida y la propia muerte. ¿Está relacionado con problemas dentro del ámbito de la humanidad normal? (Sí). Se trata de una cuestión importante a la que todo el mundo debe enfrentarse. Incluso si eres joven o gozas de buena salud y no has afrontado o experimentado problemas de vida o muerte, inevitablemente llegará un día en que tendrás que hacerlo: es algo a lo que todo el mundo debe enfrentarse. Como persona normal, no importa si te afecta personalmente o si estás muy alejado de ello, en cualquier caso, es el asunto más significativo al que te enfrentarás en la vida. Así que, al afrontar una cuestión tan significativa como la muerte, ¿no debería la gente reflexionar sobre cómo manejar este asunto? ¿No adoptarán algunos métodos humanos para afrontarla? ¿A qué puntos de vista debe aferrarse la gente? ¿No es una cuestión práctica? (Sí). Si la gente se regodea en emociones negativas, ¿qué pensarán? Ya hemos hablado sobre esto antes: si la gente vive según pensamientos y puntos de vista de emociones negativas, ¿están o no sus acciones y expresiones en consonancia con la verdad? ¿Están de acuerdo o no con el pensamiento de la humanidad normal? (No lo están). No concuerdan con el pensamiento de la humanidad normal, y mucho menos concuerdan con la verdad. No concuerdan con los hechos ni las leyes objetivas, y ciertamente no concuerdan con la soberanía de Dios.

¿Cuál es el resultado definitivo de nuestra charla sobre desprenderse de diversas emociones negativas? ¿Cómo puedes actuar y practicar, en concreto, el “desprenderte” para poseer el pensamiento y la razón de la humanidad normal, en otras palabras, para poseer los pensamientos, perspectivas y puntos de vista que alguien con humanidad y razón normales debería poseer? ¿Cuáles son los pasos o las sendas de práctica específicos involucrados en este “desprenderse”? ¿No es el primer paso reconocer si tus puntos de vista sobre los asuntos que afrontas son correctos y si conllevan emociones negativas? Este es el primer paso. Por ejemplo, en relación con lo que hemos planteado antes sobre cómo afrontar la enfermedad y la muerte, primero debes diseccionar tus puntos de vista sobre esos asuntos, si hay emociones negativas en ellos, si sientes angustia, preocupación o ansiedad respecto a ellos y cómo surgen dichas emociones, y debes entonces ahondar en la causa que origina tales problemas. A continuación, sigue analizando, y descubrirás que no has comprendido del todo estas cuestiones. No has reconocido claramente que todo lo que tiene que ver con la humanidad está en manos de Dios y bajo Su soberanía. Incluso cuando caen enfermas o se enfrentan a la muerte, las personas no deben quedarse atrapadas en estas cosas. En cambio, deben someterse a los arreglos e instrumentaciones de Dios, sin dejarse intimidar o abrumar por la enfermedad o la muerte. No deben tener miedo de estas cosas, ni dejar que influyan en su vida normal y en el desempeño de sus deberes. En un aspecto, deben experimentar y apreciar activamente la soberanía de Dios y someterse a Sus instrumentaciones y arreglos mientras padecen la enfermedad, y pueden buscar tratamiento cuando sea necesario. Es decir, deben afrontar, experimentar y apreciar activamente el proceso. Por otra parte, deben desarrollar una comprensión correcta en sus corazones sobre estos asuntos y creer que todo está en manos de Dios. Los seres humanos solo pueden encargarse de su parte, y por lo demás deben someterse a la voluntad del cielo. Porque todo está en manos de Dios, y Él predestina la vida y la muerte de las personas. Aunque hagan lo que se supone que deben hacer, el desenlace final de todo esto no cambia según su voluntad, y no lo determinan las personas, ¿verdad? (Cierto). Cuando te enfrentas a una enfermedad, primero debes examinar tu propio corazón e identificar cualquier emoción negativa. Deberías evaluar tu comprensión del asunto y los puntos de vista que sostienes en tu corazón, si te hallas bajo el control o la esclavitud de las emociones negativas y cómo han surgido estas. Deberías diseccionar lo siguiente, por ejemplo, qué es lo que te preocupa, qué es lo que temes, en qué te sientes inseguro y de qué eres incapaz de desprenderte debido a tu enfermedad, luego examinar la causa de estas cosas que te hacen sentir preocupado, asustado o temeroso, y resolver poco a poco cada una de ellas. Primero debes diseccionar y explorar si estos elementos negativos existen dentro de ti, y si es así, analizar y averiguar si son correctos o si hay elementos que no se alinean con la verdad. Si encuentras elementos que no se alinean con la verdad, debes buscar respuestas en las palabras de Dios y buscar poco a poco la verdad para resolverlos. Deberías esforzarte por alcanzar un estado en el que no estés preocupado, afectado o atado por estos elementos negativos, de modo que no afecten a tu vida normal o al trabajo o al desempeño de tus deberes, ni perturben el orden de tu vida. Y, por supuesto, que de ningún modo afecten a que creas en Dios y lo sigas. En resumen, el objetivo es que, con el tiempo, seas capaz de enfrentarte con sensatez, corrección, objetividad y precisión a este tipo de problemas con los que te encuentras o te vas a encontrar. ¿Acaso no es este el proceso de desprenderse? (Sí). Esta es la senda de práctica específica. ¿Podéis hacer un resumen de qué es la senda de práctica específica? (Primero, uno necesita entender el asunto al que se está enfrentando, analizar si tiene emociones negativas durante este proceso, luego buscar respuestas en las palabras de Dios, buscar la verdad para resolverlas y no dejarse atribular por estas emociones negativas, ni tampoco que sus vidas y el desempeño de sus deberes se vean afectados. Además, deben creer que los asuntos con los que se encuentran surgen de la soberanía y los arreglos de Dios. Con este tipo de comprensión, las personas pueden lograr finalmente la sumisión y llevar a cabo una práctica positiva y proactiva). Decidme, si viven entre emociones negativas, ¿cuál es su conducta habitual cada vez que se enfrentan a una enfermedad? ¿Cómo te das cuenta de que tienes emociones negativas? (Primero, sentiremos mucho miedo, y empezaremos a tener pensamientos aleatorios como: “¿Qué clase de enfermedad es esta? ¿Me traerá mucho sufrimiento si no me puedo curar? ¿Me llevará al final a la muerte? ¿Seré capaz de desempeñar mi deber más adelante?”. Pensamos en estas cosas, nos preocupamos y sentimos miedo. Algunas personas empiezan a prestar más atención a su salud, no están dispuestas a pagar un precio para llevar a cabo sus deberes, les parece que, si pagan menos precio, su enfermedad podría aliviarse. Todas estas son emociones negativas). Las emociones negativas pueden sondearse desde dos ángulos. Desde uno de ellos, has de saber lo que estás pensando en tu propia mente. Cuando caes enfermo, es posible que pienses: “Oh, no, ¿cómo me he contagiado esta enfermedad? ¿Me la ha contagiado alguien? ¿Es porque estoy cansado? Si me sigo cansando, ¿se agravará la enfermedad? ¿Se volverá más dolorosa?”. Este es uno de los ángulos desde el que puedes percibir lo que ronda tu mente. Desde otro punto de vista, cuando tienes esos pensamientos, ¿cómo se manifiestan en tu comportamiento? Las acciones de las personas se ven influenciadas por lo que piensan. Sus acciones, comportamiento y métodos vienen regidos por dichos pensamientos. Cuando sienten tales emociones negativas, estas dan lugar a diversos pensamientos, y gobernadas por ellos, sus actitudes o métodos en relación con el desempeño de sus deberes sufren una transformación. Por ejemplo, en el pasado, a veces empezaban a llevar a cabo sus deberes nada más despertarse. Pero ahora, cuando llega la hora de levantarse de la cama, empiezan a reflexionar: “¿Podría deberse esta enfermedad al agotamiento? Quizá debería dormir un poco más. Antes sufría demasiado y me sentía agotado. Ahora tengo que centrarme en cuidar mi cuerpo para que la enfermedad no empeore”. Gobernados por estos pensamientos activos, acaban levantándose más tarde de lo habitual. A la hora de comer, reflexionan: “Mi enfermedad puede estar relacionada con la falta de nutrición. Antes podía comer de todo, pero ahora tengo que ser selectivo. Debería comer más huevos y carne para que mi nutrición mantenga el ritmo y mi cuerpo se fortalezca; así no tendré que sufrir más por culpa de mi enfermedad”. A la hora de desempeñar sus deberes, también piensan constantemente en cómo cuidar su cuerpo. Antes, después de trabajar una o dos horas seguidas, como mucho hacían estiramientos o se levantaban y se movían un poco. Pero ahora se imponen la norma de moverse cada media hora para no cansarse. Cuando hablan en las reuniones, intentan hacerlo lo menos posible, y piensan: “Tengo que aprender a cuidar mi cuerpo”. Antes, sin importar la pregunta que les hicieran o cuándo se las hicieran, ellos respondían sin dudar. Pero ahora quieren hablar menos para conservar las energías, y si alguien hace demasiadas preguntas, dicen: “Necesito descansar”. Como ves, ahora se preocupan especialmente de su cuerpo físico, al contrario que antes. Además, suelen prestar una atención constante a tomar suplementos dietéticos, comer fruta y hacer ejercicio con frecuencia. Piensan: “Antes era demasiado estúpido e ignorante y no sabía cómo cuidar mi cuerpo. Me dejaba llevar por mi apetito y me entregaba a la glotonería. Ahora que mi cuerpo tiene problemas, si no me enfoco en mi salud, y si mi enfermedad se agrava y no puedo desempeñar mi deber, ¿seguiré recibiendo bendiciones? De ahora en adelante, debo prestar atención a cuidar mi cuerpo y a no dejar que aparezca ninguna dolencia”. Así que empiezan a prestar atención a su salud, y ya no se dedican por completo a desempeñar sus deberes. Incluso se arrepienten y se sienten descontentos por el sufrimiento que padecieron y el precio que pagaron en el pasado mientras desempeñaban sus deberes. ¿Acaso estos pensamientos y comportamientos no están influenciados por emociones negativas y acaso no surgen de ellas? Efectivamente, estos pensamientos y comportamientos están causados por estas emociones negativas. Entonces, ¿pueden estos pensamientos y comportamientos, además de sus emociones negativas, ayudarles a tener más fe en Dios y ser más devotos en el desempeño de sus deberes? Desde luego que no. ¿Cuál será el resultado final? Desempeñarán sus deberes de manera superficial y sin devoción. Cuando hacen las cosas, ¿pueden buscar la verdad y actuar de acuerdo con los principios-verdad? (No). Harán lo que les venga en gana mientras estén gobernados por estas emociones negativas, dejando de lado la verdad, sin atesorarla ni ponerla en práctica. Todo lo que hagan, todo lo que pongan en práctica, girará en torno a los pensamientos generados por sus propias emociones negativas. ¿Puede alguien así alcanzar la búsqueda de la verdad? (No). Entonces, ¿es este el tipo de pensamientos que deberían tener las personas con una humanidad normal? (No). Puesto que este tipo de pensamientos no son los que deberían tener las personas con una humanidad normal, ¿en qué creéis que se equivocan? (La gente no tiene ninguna comprensión de la soberanía y los arreglos de Dios. En realidad, todas estas enfermedades están en manos de Dios. El grado de sufrimiento que una persona debe soportar también viene determinado y arreglado por Él. Sin embargo, cuando una persona vive sumida en emociones negativas, tiende a recurrir a intrigas y se rige por pensamientos y puntos de vista falaces. Confía en los métodos humanos y aprecia su propio cuerpo físico). ¿Es adecuado que una persona aprecie así su cuerpo físico? Cuando a alguien le preocupa tanto su cuerpo físico y lo mantiene bien alimentado, sano y robusto, ¿qué valor tiene para él? ¿Qué sentido tiene vivir así? ¿Qué valor tiene la vida de una persona? ¿Sirve meramente para disfrutar de placeres carnales como comer, beber y divertirse? (No es así). Entonces, ¿qué valor tiene? Compartid vuestros pensamientos. (Para cumplir con el deber de un ser creado, esto es al menos lo que una persona debe lograr en su vida). Así es. Decidme, si las acciones y pensamientos diarios de una persona a lo largo de toda su vida se centran únicamente en evitar la enfermedad y la muerte, en mantener su cuerpo sano y libre de enfermedades, y en esforzarse por alcanzar la longevidad, ¿es este el valor que debería tener su vida? (No). Ese no es el valor que debe tener la vida de una persona. Entonces, ¿cuál es el valor que debe tener? Hace un momento, alguien mencionó el cumplimiento del deber de un ser creado, que es un aspecto específico. ¿Hay algo más? Contadme las aspiraciones que soléis tener mientras oráis o establecéis una determinación. (Someternos a los arreglos e instrumentaciones de Dios respecto a nosotros). (Desempeñar bien el papel que Él nos ha asignado y cumplir con nuestra misión y responsabilidad). ¿Algo más? Por una parte, se trata de cumplir con el deber de un ser creado. Por otra, se trata de hacer lo mejor que puedas todo aquello que esté dentro de tus posibilidades y de tu capacidad, alcanzando al menos un punto en el que tu conciencia no te acuse, en el que puedas estar en paz con tu propia conciencia y resultes aceptable a ojos de los demás. Si lo llevamos un poco más lejos, a lo largo de tu vida, con independencia de la familia en la que hayas nacido, tu formación académica o tus aptitudes, debes entender los principios que las personas han de comprender en la vida. Por ejemplo, qué tipo de senda han de seguir, cómo deben vivir y la manera de tener una vida con sentido; al menos debes explorar un poco el verdadero valor de la vida. No puede vivirse en vano y uno no puede venir a esta tierra en balde. En otro sentido, durante tu vida, debes cumplir tu misión; esto es lo más importante. No hablamos de completar una gran misión, deber o responsabilidad; pero como mínimo, debes cumplir con algo. Por ejemplo, en la iglesia algunas personas ponen todo su empeño en la labor de difundir el evangelio, empleando la energía de toda su vida, pagando un precio enorme y ganando a mucha gente. Por eso, sienten que la vida no ha sido en vano y que tienen valor y consuelo. Cuando se enfrentan a la enfermedad o a la muerte, cuando hacen balance de toda su vida y recuerdan todo lo que han hecho, la senda que han recorrido, hallan consuelo en el corazón. No experimentan acusaciones ni remordimientos. Algunas personas no escatiman esfuerzos cuando son líderes en la iglesia o son responsables de un determinado aspecto del trabajo. Desatan su máximo potencial, empleando todas sus fuerzas, gastando toda su energía y pagando el precio del trabajo que realizan. Mediante su riego, liderazgo, asistencia y apoyo, ayudan a muchos sumidos en sus propias debilidades y negatividad a hacerse fuertes y mantenerse firmes, a no retraerse, sino a volver en su lugar a la presencia de Dios e incluso a dar finalmente testimonio de Él. Además, durante el periodo de su liderazgo, llevan a cabo muchas tareas significativas, eliminando a no pocos malvados, protegiendo a muchos de los escogidos de Dios y recuperando varias pérdidas importantes. Todos estos logros tienen lugar durante su liderazgo. Al volver la vista atrás hacia la senda que recorrieron, recordando el trabajo que hicieron y el precio que pagaron a lo largo de los años, no sienten remordimientos ni acusaciones. Creen que no hicieron nada merecedor de sentir arrepentimiento, y viven con una sensación de valor, firmeza y consuelo en el corazón. Eso es una maravilla. ¿Acaso no es ese el resultado? (Sí). Este sentido de estabilidad y consuelo, esta falta de remordimientos, son el resultado y la recompensa por su búsqueda de cosas positivas y de la verdad. No pongamos un estándar muy alto a las personas. Consideremos una situación en la que alguien se enfrenta a una tarea que debe o quiere hacer en la vida. Tras encontrar su lugar, se mantiene con firmeza en su puesto, lo hace esforzándose mucho, pagando el precio, y dedicando toda su energía a cumplir y terminar aquello en lo que debe trabajar y ha de completar. Cuando se presenta finalmente ante Dios para rendir cuentas, se siente relativamente satisfecho, no alberga acusaciones ni remordimientos en el corazón. Tiene una sensación de consuelo y de recompensa, de que ha vivido una vida valiosa. ¿No es este un objetivo significativo? Decidme, con independencia de su escala, ¿es práctico? (Es práctico). ¿Es específico? Es lo bastante específico, práctico y realista. Entonces, para vivir una vida valiosa y, en última instancia, alcanzar este tipo de recompensa, ¿crees que vale la pena que el cuerpo físico de una persona sufra un poco y pague un pequeño precio, incluso si experimenta agotamiento y enfermedad física? (Merece la pena). Cuando una persona viene a este mundo, no es solo para disfrutar de la carne, ni solo para comer, beber y divertirse. No se debe vivir solo para tales cosas, ese no es el valor de la vida humana ni la senda correcta. El valor de la vida humana y la senda correcta a seguir implican lograr algo valioso y completar uno o varios trabajos de valor. A esto no se le llama carrera, sino que recibe el nombre de senda correcta; también se la denomina la tarea adecuada. Dime, ¿vale la pena pagar el precio con el fin de completar algún trabajo valioso, tener una vida significativa y valiosa, y perseguir y alcanzar la verdad? Si realmente deseas perseguir y entender la verdad, emprender la senda correcta en la vida, cumplir bien con tu deber y tener una vida valiosa y significativa, entonces no debes dudar en emplear toda tu energía, pagar el precio y entregar todo tu tiempo y el alcance de tus días. Si durante este periodo sufres alguna enfermedad, no tendrá importancia, no te aplastará. ¿Acaso no es esto muy superior a toda una vida de bienestar y ociosidad, nutriendo el cuerpo físico hasta el punto en el que esté bien alimentado y sano, y logrando en última instancia la longevidad? (Sí). ¿Cuál de estas dos opciones es más propicia para una vida valiosa? ¿Cuál de las dos puede aportar consuelo y ningún remordimiento a las personas cuando al final se enfrenten a la muerte? (Vivir una vida con sentido). Vivir una vida con sentido significa experimentar resultados y consuelo en el corazón. ¿Qué pasa con los que están bien alimentados y mantienen una tez sonrosada hasta la muerte? No buscan una vida con sentido, así que ¿cómo se sienten cuando mueren? (Como si hubieran vivido en vano). Estas tres palabras son incisivas: vivir en vano. ¿Qué significa “vivir en vano”? (Desperdiciar la vida). Vivir en vano, desperdiciar la vida: ¿en qué se basan estas dos frases? (Al final de sus vidas descubren que no han obtenido nada). ¿Qué debería obtener una persona entonces? (Debería obtener la verdad o lograr cosas valiosas y significativas en esta vida. Debe realizar de forma adecuada aquello que ha de llevar a cabo un ser creado. Si no logra hacer todo eso y solo vive para su cuerpo físico, sentirá que vivió en vano y desperdició su vida). Cuando se enfrenten a la muerte, reflexionarán sobre lo que han hecho a lo largo de su vida. Dirán: “Oh, yo solo pensaba en comer, beber y divertirme todos los días. Mi salud era buena y no sufrí ninguna enfermedad. Toda mi vida ha sido tranquila. Sin embargo, ahora que me hago mayor y estoy a punto de morir, ¿adónde iré después de la muerte? ¿Iré al infierno o al cielo? ¿Cómo arreglará Dios mi final? ¿Cuál será mi destino?”. Se sienten inquietos. Al haber disfrutado de comodidad física durante toda su vida, antes no eran conscientes de ello, pero ahora les inquieta acercarse a la muerte. Al sufrir esta inquietud, ¿acaso no empezarán a pensar en enmendarse? ¿Queda tiempo aún de enmendarse en ese momento? (No). Ya no tienen fuerzas para correr ni para hablar. Incluso si quieren pagar cierto precio o soportar algo de dificultad, su fuerza física es inadecuada. Aunque quieran salir a predicar el evangelio, no están en condiciones físicas de hacerlo. Además, no entienden nada de la verdad y no pueden hablar ni siquiera un poco de ella. Ya no hay tiempo para que se enmienden. Supongamos que quieren escuchar algunos himnos. Mientras los escuchan, se quedan dormidos. Supongamos que su deseo es escuchar un sermón. A la mitad, les entra sueño. Ya no les queda energía y son incapaces de concentrarse. Piensan en lo que han hecho todos estos años y en qué han gastado su energía. Ahora tienen una edad avanzada y quieren ocuparse del trabajo que les corresponde, pero sus cuerpos, cada vez más débiles, ya no se lo permiten. Ya no tienen energías, no serían capaces de aprender nada ni aunque quisieran, y sus reacciones son lentas. No pueden entender muchas verdades, y cuando tratan de hablar con otros, todo el mundo está ocupado y nadie dispone de tiempo para hablar con ellos. Carecen de principios y de senda en todo lo que hacen. ¿Qué les sucede al final? Cuanto más reflexionan, más se inquietan. Cuanto más reflexionan, más remordimientos sienten. Cuanto más reflexionan, más se lamentan. Al final, no les queda más remedio que esperar la muerte. Su vida ha terminado y no hay forma de enmendarla. ¿Sienten remordimientos? (Sí). Es demasiado tarde. No queda tiempo. Cuando se enfrentan a la muerte, se dan cuenta de que disfrutar de una vida de comodidad física es algo totalmente vacío. Lo desentrañan todo y quieren volver atrás para perseguir la verdad y cumplir con su deber y hacer algo bien, pero no pueden conseguir nada ni esforzarse en ningún aspecto. Esta vida está a punto de acabar, termina con arrepentimientos, cargando con remordimientos y desasosiego. ¿Cuál es el resultado final para este tipo de personas a la hora de enfrentarse a la muerte? Solo pueden morir con arrepentimiento, remordimientos e inquietud. Esta vida ha sido en vano. Sus cuerpos físicos no han soportado ninguna adversidad. Solo han disfrutado de la comodidad, sin exponerse al viento ni al sol, ni correr riesgos. No han pagado ningún precio. Han vivido con buena salud, rara vez han padecido enfermedades, apenas se han resfriado. Han cuidado bien de su cuerpo físico, pero, por desgracia, no han cumplido ningún deber ni han obtenido verdad alguna. Solo sienten remordimientos en el momento de la muerte. ¿Y qué pasa si se arrepienten? A eso se le llama sufrir como consecuencia de sus propias acciones.

Si una persona desea tener una vida valiosa y significativa, debe perseguir la verdad. Ante todo, debe tener una visión correcta de la vida, además de los pensamientos y puntos de vista adecuados sobre los diversos asuntos grandes y pequeños a los que se enfrenta en la vida y en su senda vital. Además, debe contemplar todos estos asuntos desde la perspectiva y la postura adecuadas, en lugar de abordar los distintos problemas con los que se encuentra en el transcurso de su vida o en su cotidianeidad haciendo uso de pensamientos y puntos de vista extremos o radicales. Por supuesto, tampoco debe contemplar estas cosas desde una perspectiva secular, y en su lugar ha de desprenderse de pensamientos y puntos de vista tan negativos e incorrectos. Si deseas lograr esto, primero has de analizar, exponer y reconocer los diversos pensamientos negativos que albergan las personas, y luego volverte capaz de cambiar y corregir tus distintas emociones negativas, desprenderte de ellas y alcanzar pensamientos y puntos de vista correctos y positivos, además de las perspectivas y posturas adecuadas desde las que contemplar a las personas y las cosas. Al hacer esto, poseerás la conciencia y razón necesarias para perseguir la verdad. Desde luego, se podría decir específicamente que poseer humanidad normal significa que una persona posee los puntos de vista, las perspectivas y posturas adecuados para contemplar a las personas y las cosas. Si las personas poseen esta clase de humanidad normal y estos pensamientos y puntos de vista correctos, se convierte en un reto mucho menor y resulta más fácil perseguir la verdad. Es como cuando una persona desea alcanzar su destino: si se halla en la senda correcta y avanza en la dirección adecuada, entonces, sin importar la velocidad, acabará por llegar a su destino. Sin embargo, si una persona se dirige a la dirección opuesta de su destino pretendido, entonces, da igual lo rápido o lento que vaya, solo se alejará de su meta. ¿Cómo es esa expresión? “Tratar de ir al sur conduciendo hacia el norte”. Así es justo como algunos creen en Dios y desean alcanzar la salvación, si bien persiguen la fama, el beneficio y el estatus, lo que significa que no tienen modo de alcanzarla. ¿Cuál será su desenlace definitivo? Sin duda será el castigo. Por dar un ejemplo, digamos que una persona contrae cáncer y tiene miedo a morir. Se niega a aceptar la muerte y le ora a Dios sin cesar para que la proteja de ella y alargue su vida unos cuantos años más. Lleva consigo las emociones negativas de angustia, preocupación y ansiedad en su vida diaria, aunque se las arregla para sobrevivir unos pocos años más, y así logra su objetivo y experimenta la felicidad que nace de evitar la muerte. Se siente afortunada y cree que Dios es muy bueno, que es realmente magnífico. Mediante sus propios esfuerzos, repetidas súplicas, amor y cuidado propios, elude la muerte y, al final, continúa viviendo, tal como deseaba. Expresa gratitud por la preservación, la gracia, el amor y la misericordia de Dios. Todos los días le da las gracias a Dios y se presenta ante Él para ofrecerle alabanzas por ello. A menudo llora mientras canta himnos y mientras reflexiona sobre las palabras de Dios, piensa en lo maravilloso que es Él: “En verdad, Dios controla la vida y la muerte; Él me ha permitido vivir”. Mientras desempeña su deber cada día, a menudo se plantea cómo anteponer el sufrimiento al placer, y cómo hacer para que le vaya mejor que a los demás en todo, para poder preservar su propia vida y evitar la muerte; acaba viviendo unos cuantos años más, y se siente bastante satisfecha y feliz. Sin embargo, un día su enfermedad empeora y el médico le da un ultimátum, y le aconseja que se prepare para el final. Ahora se enfrenta a la muerte, está realmente al borde de esta. ¿Cómo va a reaccionar? Su mayor miedo se ha apoderado de su persona, su mayor preocupación por fin se ha materializado. Ha llegado el día que más se resistía a contemplar y experimentar. En un instante, su corazón se hunde y su estado de ánimo toca fondo. Ya no está dispuesta a llevar a cabo su deber y no le quedan palabras para orar a Dios. Ya no quiere alabar a Dios, ni oírle decir palabras o verdades. Ya no cree que Dios sea amor, justicia, misericordia y bondad. Al mismo tiempo, siente remordimientos: “Todos estos años, me olvidé de comer buenos alimentos y de ir más a divertirme durante mi tiempo libre. Ahora ya no tengo la oportunidad de hacer esas cosas”. Su mente se llena de agravios y lamentaciones, y su corazón de dolor, así como de quejas, resentimiento y negación hacia Dios. Entonces, con remordimientos, deja este mundo. Antes de partir, ¿seguía Dios en su corazón? ¿Todavía creía en la existencia de Dios? (Ya no creía). ¿Cómo se llegó a esto? ¿Acaso no comenzó con los puntos de vista erróneos que tenía sobre la vida y la muerte desde el principio? (Sí). No solo defendió pensamientos y puntos de vista incorrectos al comienzo, sino que, lo que es aún más grave, después de esto siguió sus propios pensamientos y puntos de vista en su búsqueda futura, y se ajustó a estos. Nunca se dio por vencida, y siguió adelante y corrió por la senda equivocada sin mirar atrás. El resultado fue que al final perdió la fe en Dios; el trayecto de su fe llegó de esta manera a su fin, y así concluyó su vida. ¿Obtuvo la verdad? ¿La ganó Dios? (No). Cuando acabó muriendo, ¿cambiaron las perspectivas y actitudes hacia la muerte a las que se aferraba? (No). ¿Murió con consuelo, alegría y paz, o con pesar, desgana y amargura? (Murió con desgana y amargura). No ganó nada en absoluto. No alcanzó la verdad, y Dios tampoco la ganó. Entonces, ¿diríais que esta persona ha alcanzado la salvación? (No). No se ha salvado. Antes de su muerte, ¿acaso no corrió de aquí para allá y se gastó mucho? (Sí). Al igual que otras personas, creía en Dios y desempeñaba su deber, y en apariencia, no parecía haber ninguna diferencia entre ella y las demás. Cuando sufrió la enfermedad y la muerte, oró a Dios y aun así no abandonó su deber. Siguió trabajando, incluso al mismo nivel que antes. Sin embargo, hay algo que la gente debe entender y comprender. Los pensamientos y puntos de vista que albergaba esta persona eran sistemáticamente negativos y erróneos. Con independencia de la magnitud de su sufrimiento o del precio que pagara al desempeñar su deber, albergaba estos pensamientos y puntos de vista erróneos en su búsqueda. Estaba siempre gobernada por ellos y cargaba con sus emociones negativas en su deber; buscaba ofrecer el desempeño de su deber a Dios a cambio de su propia supervivencia, de lograr su objetivo. El objetivo de su búsqueda no era entender o ganar la verdad, o someterse a todas las instrumentaciones y arreglos de Dios. El objetivo de su búsqueda era justo lo contrario. Quería vivir de acuerdo con su propia voluntad y requerimientos, para obtener aquello que deseaba buscar. Quería arreglar y orquestar su propio destino e incluso su propia vida y muerte. Y así, al final, el resultado fue que no obtuvo nada en absoluto. No obtuvo la verdad y, en última instancia, negó a Dios y perdió la fe en Él. Incluso cuando se acercaba la muerte, seguía sin comprender cómo debe vivir la gente y cómo un ser creado debe tratar las instrumentaciones y arreglos del Creador. Eso es lo más lamentable y trágico acerca de ella. Incluso al borde de la muerte, no entendió que, a lo largo de la vida de una persona, todo está bajo la soberanía y los arreglos del Creador. Si el Creador quiere que vivas, aunque te aqueje una enfermedad mortal, no morirás. Si el Creador quiere que mueras, aunque seas joven, sano y fuerte, cuando llegue tu hora, vas a morir. Todo se halla bajo la soberanía y los arreglos de Dios, esta es Su autoridad, y nadie puede elevarse por encima de ella. Esta persona no consiguió comprender un hecho tan simple, ¿no es eso lamentable? (Sí). A pesar de creer en Dios, asistir a reuniones, escuchar sermones y desempeñar su deber, a pesar de su fe en la existencia de Dios, se negó repetidas veces a reconocer que el destino humano, incluyendo la vida y la muerte, está en manos de Dios y no sujeto a la voluntad humana. Nadie muere sencillamente porque así lo quiera, y nadie sobrevive solo porque quiera vivir y tema a la muerte. No logró captar un hecho tan simple, no consiguió desentrañarlo ni siquiera cuando se enfrentó a una muerte inminente, y siguió sin saber que la vida y la muerte de una persona no están determinadas por sí mismas, sino que dependen de la predestinación del Creador. ¿Acaso no es algo trágico? (Sí). Por tanto, aunque las distintas emociones negativas puedan parecer insignificantes para la gente, todas ellas están implicadas en la actitud con la que una persona contempla a las personas y las cosas dentro del ámbito de la humanidad normal. Si una persona puede enfocar de forma positiva todas las cosas que ocurren en una vida y existencia humana normal, entonces tendrá relativamente pocas emociones negativas. También puede decirse que su conciencia y razón serán más o menos normales, lo que le facilitará perseguir la verdad y entrar en la realidad, y de esta manera se reducirán las dificultades y obstáculos a los que se va a enfrentar. Si el corazón de una persona se llena de todo tipo de emociones negativas, es decir que rebosa de diversos pensamientos negativos a la hora de afrontar los retos de la vida y la existencia, entonces encontrará más obstáculos y dificultades en su búsqueda de la verdad. Si su voluntad de perseguir la verdad no es fuerte, si no tiene mucho celo o un tremendo deseo por Dios, entonces las dificultades y obstáculos que afrontará en su búsqueda de la verdad serán significativos. ¿Qué significa esto? Significa que luchará por entrar en la realidad-verdad. Dejando a un lado la gravedad de su carácter corrupto, estas emociones negativas lo atarán por sí solas, y le dificultarán cada paso. Cuando algunas personas se enfrentan al odio, a la ira, a diversos tipos de dolor o a otros problemas, los diferentes pensamientos que surgen de ellas son negativos. Es decir, en casi todos los asuntos, básicamente su estado siempre está dominado por emociones negativas. Si careces de la determinación y perseverancia necesarias para resolver estas emociones negativas y salir del estatus propio de ellas, te resultará extremadamente difícil entrar en la realidad-verdad. No será fácil. Esto significa que antes de entrar en la realidad de perseguir la verdad, la gente debe poseer primero los pensamientos, puntos de vista y posturas correctos más fundamentales respecto a cada problema relacionado con la humanidad normal. Solo entonces podrán comprender y aceptar la verdad, y entrar poco a poco en la realidad-verdad. Antes de perseguir la verdad como es debido, primero debes resolver tus diversas emociones negativas y superar esta etapa. Una vez que las personas la han superado, si sus pensamientos y puntos de vista sobre diversos asuntos, así como la perspectiva y la postura desde la que contemplan a las personas y las cosas son todos correctos, entonces perseguir la verdad y entrar en la realidad-verdad les resultará más fácil.

La vez anterior hablamos sobre una razón por la que la emoción negativa de la represión surge en las personas. Esta aparece cuando no pueden hacer lo que les da la gana. Hoy vamos a continuar hablando sobre otra razón para el surgimiento de esta emoción negativa de la represión, nos referimos a que las personas viven a menudo en esta emoción represiva porque no pueden darle uso a su destreza. ¿No es esta otra razón? (Sí). La última vez hablamos sobre cómo las personas desean a menudo hacer lo que les viene en gana en la iglesia o en sus vidas cotidianas, permaneciendo ociosas y dejando de ocuparse de lo que les corresponde, de modo que cuando no se cumplen sus deseos, se sienten reprimidas. Esta vez, vamos a hablar sobre las manifestaciones de otro grupo de personas. Estas poseen ciertos dones, fortalezas o destrezas y habilidades profesionales, o dominan un determinado tipo de profesión técnica, etc., sin embargo, no pueden utilizar sus dones, fortalezas y habilidades profesionales con normalidad dentro de la iglesia y, como consecuencia, suelen estar de mal humor, pues les parece que la vida en este entorno es incómoda e infeliz, y que están desprovistas de alegría. En resumen, la palabra que describe este sentimiento es represión. En la sociedad secular, ¿cómo se llama a las personas así? Se les llama profesionales, técnicos, especialistas, en resumen, expertos. ¿Qué características tienen los expertos? Tienen la frente despejada y los ojos brillantes, llevan gafas y la cabeza erguida, caminan con paso apresurado y tratan los asuntos con decisión y eficacia. Su característica más destacada es que llevan computadoras en el bolso allá donde van. Se les reconoce inmediatamente como profesionales y técnicos. En resumen, este tipo de personas tienen ciertas destrezas profesionales o dominan relativamente bien un tipo específico de tecnología. Han recibido educación y tutoría profesionales, y se han sometido a instrucción y formación profesionales, o puede que algunos de ellos no hayan recibido esta clase de tutoría y formación, pero poseen ciertos talentos y aptitudes desde siempre. A este tipo de personas se las conoce como profesionales y técnicos. Cuando entran en la iglesia, al igual que en la sociedad, suelen llevar sus computadoras a todas partes y quieren que se las reconozca como profesionales y técnicos dondequiera que trabajen. Les gusta que las llamen expertos e incluso prefieren que se añada la palabra “profesor” delante de sus apellidos y ese tipo de cosas; les gusta que las traten y se dirijan a ellas de esta manera. No obstante, la iglesia es un lugar y un espacio de trabajo especial. Es diferente de cualquier grupo u organización o institución de la sociedad secular. ¿De qué se suele debatir aquí? De la verdad, los principios, las reglas, y la organización del trabajo, así como de la protección de los intereses de la casa de Dios y de Su testimonio. Ciertamente, más en concreto, a las personas también se les exige que practiquen la verdad, que se sometan a las palabras de Dios, a los principios-verdad, y a los arreglos de la casa de Dios y a los principios que esta comunica, entre otras cosas. En cuanto se promueven estas normas explícitas y se exige a las personas que las practiquen y las respeten, estos expertos que se han unido a la iglesia se sienten algo agraviados. Las habilidades que han aprendido o los conocimientos que poseen en determinados ámbitos no se utilizan a menudo en la iglesia. No se los suele colocar en puestos importantes ni se los tiene en alta estima, y con frecuencia se los deja de lado. Naturalmente, a menudo se sienten ociosos y piensan que sus capacidades no se aprovechan. ¿Qué piensan para sus adentros? “Oh, esto es como el dicho: ‘Si un tigre baja a la llanura, los perros lo insultarán’. Antes, cuando trabajaba para tal o cual empresa estatal o extranjera, era maravilloso. Ni siquiera tenía que cargar con mi bolso, y otros se encargaban de todos los aspectos de mi vida diaria y de mi trabajo. No tenía que preocuparme por nada. Era un experto de alto nivel, un técnico superior, así que era un pez gordo en la empresa. ¿Qué significa ser un pez gordo? Significa que sin mí, la empresa no podría funcionar, no podría conseguir ningún pedido y todos sus empleados tendrían que tomarse un descanso: la empresa correría el riesgo de quebrar, no podría operar sin mí. Aquellos fueron los días de gloria, una época en la que realmente me sentía valorado”. Ahora que creen en Dios, siguen queriendo disfrutar del mismo nivel de gloria. Piensan para sus adentros: “Con mis habilidades, debería existir una posición aún mejor para que yo brille en la casa de Dios. ¿Por qué no se me utiliza? ¿Por qué los líderes y los hermanos y hermanas de la iglesia siempre me pasan por alto? ¿Qué me falta en comparación con los demás? En cuanto a apariencia, soy guapo; en cuanto a temperamento, soy igual a los demás; en cuanto a reputación y prestigio, no tengo ningún problema; y en cuanto a conocimientos técnicos, los míos son los mejores. Entonces, ¿por qué nadie me hace caso? ¿Por qué nadie escucha mis palabras y sugerencias? ¿Por qué no soy bien recibido en la casa de Dios? ¿Será que en Su casa no se necesita a un experto como yo? ¿Cómo es que no tengo ningún lugar donde utilizar mis habilidades desde que llegué aquí? Algún aspecto de la obra de la casa de Dios debe de necesitar las habilidades técnicas que he aprendido. Aquí se debe valorar mi experiencia. Soy un profesional, debería ser jefe de equipo, supervisor, líder… debería dirigir a otras personas. ¿Por qué siempre soy un subordinado? Nadie me presta atención, nadie me respeta. ¿Qué está pasando? ¿Es este realmente el trato que debo recibir si no entiendo la verdad?”. Se hacen estas preguntas una y otra vez, pero nunca encuentran las respuestas, por lo que caen en la represión.

Cuando el coro subió a escena para cantar, en una ocasión me preguntaron sobre sus peinados. Les dije: “Las hermanas pueden recogerse el pelo en una coleta o llevarlo cortado a la altura de la oreja o de los hombros. Por supuesto, también pueden llevarlo en un moño o recogido. Los hermanos pueden cortárselo al ras o a la raya. No es necesario adornarlo ni peinarlo. Basta con asegurarse de que tenga un aspecto cuidado, limpio, elegante y natural. En resumen, mientras tu aspecto sea recto y digno, y tengas la apariencia de un cristiano, no hay problema. Lo primordial es cantar e interpretar el programa de forma adecuada”. ¿Fueron claras Mis palabras? ¿Eran fáciles de entender? (Sí). Se dejaron claros los estilos de peinado tanto de hombres como de mujeres. ¿Cuáles son los principios para elegir los peinados? Los hermanos pueden llevar una raya o cortárselo al ras, y las hermanas pueden tener el pelo corto o largo. Si lo tienen largo, se pueden poner una coleta, y si lo tienen corto, basta con asegurarse de que no lo esté demasiado. Ese es un principio. El otro es la limpieza y el cuidado, una apariencia positiva y digna, y un talante positivo. Nuestro objetivo no es ser celebridades ni famosos de la sociedad. No buscamos una imagen glamurosa, solo una apariencia recta y digna. En resumen, uno debe mostrar un aspecto limpio, cuidado, recto y digno. ¿He sido claro? ¿Son estos dos principios fáciles de entender y llevar a cabo? (Son fáciles). En cuanto cualquiera los oye, los entiende claramente en sus corazones, y no es necesario repetirlos. Son muy fáciles de cumplir. Unos diez días después, me mandaron un vídeo. Al verlo, me encuentro con tres o cuatro filas de hermanas. Toda la primera fila llevaba el cabello estilizado, cada una lucía un peinado y un arreglo diferente. Todas se habían hecho un peinado distinto, todos de aspecto extraño, y algunas hermanas de veintitantos años parecían tener treinta o cuarenta y tantos, y otras parecían unas ancianas. En resumen, cada una lucía un peinado distinto. La persona que envió el vídeo me decía: “Hemos arreglado muchos peinados diferentes para que Tú eligieras. Puedes escoger el que quieras, y ese será el que usemos. No nos resultará complicado. Cuando lo decidas, solo tienes que decirlo y lo haremos sin problema”. ¿Cómo creéis que me sentí tras ver el vídeo? Me sentí un poco disgustado y luego, al examinarlo con mayor detalle, empecé a enfadarme. Tras recordar los principios que les había explicado, al final me quedé sin palabras. No sabía qué decir. Pensé: “Ay, esta gente no entiende el lenguaje humano”. Reflexioné sobre las palabras que había dicho y los principios que les había comunicado, sobre el hecho de que eran cosas que cualquiera podía entender y comprender. Se trataba de cosas sencillas, nada complicadas, factibles, pero ¿por qué Me enviaron semejante vídeo? Después de investigar, me di cuenta de que no se trataba de que Yo no les hubiera explicado con claridad Mi postura, y sobre todo no es que Yo les hubiera dicho que se hicieran varios peinados diferentes. Existen dos razones para este comportamiento: una es que no entendieran Mis palabras. Otra razón es que, en cuanto las personas son capaces de hacer algo, en cuanto entienden y dominan ciertas habilidades y técnicas, no saben cuál es su lugar en el universo. No respetan a nadie y siempre quieren presumir. Se vuelven arrogantes hasta el extremo. Aunque entiendan Mis palabras, no las aceptan ni las ponen en práctica. No se las toman en serio, no las consideran importantes y simplemente ignoran lo que digo. No les interesa lo que les pido ni lo que necesito. Cuando Me preguntaron por los principios, en realidad ya habían determinado lo que iban a hacer y cómo lo harían. Preguntarme a Mí era simplemente un paso más en su proceso. ¿Acaso no es una especie de burla que me preguntaran eso? (Sí). Al terminar su burla, dio igual lo que Yo dijera, al final hicieron lo que les dio la gana, sin seguir en absoluto Mis palabras. Fueron muy obstinados. ¿Qué se les pasó por la cabeza? “Nos subestimas. Somos técnicos profesionales. Nos relacionamos con personas influyentes de la sociedad. Contamos con estas habilidades y esta experiencia, y dondequiera que vamos podemos vivir una buena vida y ganarnos el respeto de la gente. Solo cuando entramos en la casa de Dios nos convertimos en trabajadores, y se nos desprecia constantemente. Tenemos habilidades, somos expertos, no somos gente corriente. Debemos ser respetados en la casa de Dios. No puedes suprimir así nuestros talentos. Hacemos uso de nuestra experiencia en la casa de Dios, y Tú debes apoyarnos y respaldarnos”. ¿Acaso no es esto descortés e irrazonable? (Sí). ¿Existe algo de humanidad normal en ello? (No, ninguna). Al verlo, pensé: “Ah, con esta gente no se puede razonar”. Cuando les expliqué los principios, incluso llegué a preguntarles repetidas veces: “¿Lo habéis entendido? ¿Lo recordaréis?”. No dudaron en prometerme que sí, mirándome a la cara, pero en cuanto se dieron la vuelta enseguida se retractaron de su palabra. Dijeron cosas que sonaban muy bien: “Estoy aquí para desempeñar mi deber, estoy aquí para satisfacer a Dios”. ¿Es eso lo que llamas desempeñar tu deber? ¿Estás realmente satisfaciendo a Dios? Estás satisfaciendo tu propia carne, tu propia reputación. Estás aquí para buscar tu propia carrera, no para cumplir con tu deber. En otras palabras, has entrado en la casa de Dios para sembrar el caos. Decidme, ¿quién tiene la última palabra en los principios que la gente debe mantener en todos los aspectos de la obra de la casa de Dios? ¿Tú o Dios? (Él tiene la última palabra). ¿Son tus palabras la verdad, o lo son las de Dios? (Las palabras de Dios son la verdad). Todo lo que decís es una especie de doctrina. Si esa doctrina no se ajusta a la verdad, entonces se convierte en una falacia. Dado que admitís que lo que digo es la verdad, ¿por qué sois incapaces de aceptarlo? ¿Por qué cuando os hablo no surte efecto? Me decís cosas bonitas a la cara, pero a mis espaldas no practicáis la verdad. ¿Qué es lo que ocurre? En cuanto la humanidad corrupta posee apenas un poco de talento, experiencia o ideas, se vuelve arrogante y engreída y se niega a obedecer a nadie. No escuchan lo que se les dice. ¿Acaso no es eso demasiado irracional? Si creéis que hacéis lo correcto, entonces ¿por qué dejáis que Yo lo examine? Cuando os señalo vuestros defectos y pongo en evidencia vuestros errores, ¿por qué sois incapaces de aceptarlo? No comprendéis la verdad, pero Yo puedo comunicárosla. Sé actuar conforme a la verdad, de acuerdo con los principios, con la decencia santa. Sé actuar de una manera que edifica a los demás. ¿Sabéis vosotros? Si ni siquiera sabéis estas cosas, ¿por qué seguís siendo incapaces de aceptar la verdad? ¿Por qué no hacéis lo que digo?

Algunas personas destacan en la escritura, tienen un don natural para organizar el lenguaje y transmitir ideas. Puede que también posean cierto grado de competencia literaria, que empleen ciertas técnicas y estilos para describir las cosas. Pero ¿poseer estas cualidades significa que entienden la verdad? (No, no es así). Ese es meramente un aspecto del conocimiento, una faceta de los dones y talentos de la persona. Significa que posees cierto talento, que eres bueno escribiendo y transmitiendo ideas mediante el lenguaje, y que tienes una buena base para el uso de las palabras. Como se le dan bien tales cosas, hay quien piensa: “Empuño la pluma en la casa de Dios; debería dedicarme al trabajo con textos”. Es bueno que haya más personas que se dediquen al trabajo con textos; la casa de Dios lo necesita. Sin embargo, lo que la casa de Dios requiere no es solo aquello en lo que destaques, ni solo tu capacidad profesional. Tus habilidades y competencias profesionales no son más que herramientas para el trabajo que realizas. Con independencia de tus capacidades profesionales y tu nivel de competencia, debes ajustarte a los principios requeridos por la casa de Dios y alcanzar los resultados deseados y los objetivos establecidos por la casa de Dios. Esta tiene normas y principios relacionados con estos resultados y objetivos; no te permite actuar basándote en tus gustos o preferencias personales. Por ejemplo, algunas personas tienen buenas dotes para la escritura, y escriben guiones con un lenguaje elaborado y una trama vívidamente organizada. ¿Pero se consigue así el resultado deseado? Lejos de conseguir el efecto de dar testimonio de Dios, esos guiones sencillamente no se sostienen. Sin embargo, estos guionistas se sienten satisfechos y confiados con su habilidad para escribir con un lenguaje rimbombante, y tienen muy buena opinión de sí mismos. No comprenden que un guion debe lograr el efecto de dar testimonio de Dios, de difundir Su palabra. Este es el objetivo. La casa de Dios requiere que un guion refleje las palabras de Dios que lee el protagonista, y la genuina comprensión que este obtiene al experimentar y practicar las palabras de Dios bajo la guía de Su obra. En un sentido debe servir como testimonio de Dios, y en otro debe difundir Su palabra. Solo entonces el guion logra el resultado deseado. La casa de Dios tiene estos requisitos. ¿Creéis que esto supone dificultades para la gente? (No). No, se trata de la obra de la casa de Dios. Sin embargo, estos guionistas no están dispuestos a hacerlo así. Su actitud es: “Lo que he escrito ya es lo bastante perfecto y específico. Si me pides que añada ese material, eso va en contra de mis intenciones. No estoy contento con ello y no quiero escribirlo de ese modo”. Aunque añada luego ese material a regañadientes, sus emociones ya han cambiado mucho para entonces. Hay quien dice: “Es muy represivo desempeñar nuestro deber en la casa de Dios. Siempre hay gente que nos poda y nos echa la culpa. Me siento realmente acorralado. Como se suele decir, los pobres no pueden elegir. Si pudiera tener la última palabra y escribir lo que me dé la gana, eso estaría muy bien. Mientras desempeñamos nuestro deber en la casa de Dios siempre tenemos que escuchar a los demás y aceptar la poda. Es demasiado represivo”. ¿Es esa la actitud correcta? ¿Qué carácter es ese? Es demasiado arrogante y santurrón. También hay quienes ejecutan su deber en el coro ocupándose de aplicar el maquillaje. Les gustan los peinados de los incrédulos, pero el acabado final de esos peinados se acaba rechazando. ¿Por qué? Porque la casa de Dios no quiere peinados demoníacos; quiere peinados que sean normales, dignos y rectos. Cualquiera que sea el peinado que seas capaz de hacer, puedes ir a exhibirlo en el mundo de los incrédulos. Ellos necesitan de tales expertos, pero la casa de Dios no. Algunas personas dicen que están dispuestas a hacer gratis estos peinados en la casa de Dios, pero incluso en ese caso, esto no se desea ni se valora; es repugnante contemplarla. Lo que la casa de Dios requiere es que parezcas digno y recto, como una persona decente. No hace falta que seas elegante, que te parezcas a la nobleza de palacio, ni mucho menos que seas como una princesa, una dama, un señorito rico o un noble. Somos gente normal, sin ningún estatus, posición o valor, simplemente gente de lo más normal y corriente. Lo mejor es ser una persona corriente, no noble ni refinada, llevar ropa corriente y tener la apariencia de una persona normal, no fingir, sino disfrutar de lo que eres capaz de hacer y contentarte con vivir la vida de una persona corriente sin ambiciones ni deseos. Eso es lo mejor, esa es la vida de alguien con una humanidad normal. No eres más que una persona corriente, pero siempre intentas actuar como alguien noble. ¿Acaso no es repugnante? (Lo es). Siempre estás tratando de mostrar tu experiencia y de lucirte en la casa de Dios. Déjame que te diga, ¿tiene algún valor mostrar tu experiencia? Si realmente tiene valor, entonces es aceptable. No obstante, si no lo tiene y, por el contrario, se vuelve perjudicial y destructiva, entonces solo estás mostrando tu naturaleza repulsiva y tus indeseables cualidades. ¿Conoces las consecuencias de revelar tales cosas? Si no las conoces, por favor, no las reveles. Lo que sabes hacer, las habilidades técnicas que posees, los talentos especiales en los que destacas o posees por naturaleza, nada de eso se considera noble; no eres más que una persona corriente. Algunas personas dicen: “Domino varios idiomas”. Entonces ve a trabajar como traductor y desempeña bien esa labor, así se te podrá considerar una buena persona. Algunos dicen: “Puedo recitar el diccionario Xinhua entero”. ¿Y qué si has memorizado el diccionario Xinhua entero? ¿Te hace eso capaz de difundir el evangelio? ¿Te vuelve capaz de dar testimonio de Dios? Hay quien dice: “Puedo leer diez líneas de un vistazo. Soy capaz de leer 100 páginas de la palabra de Dios en un día. Fíjate en esa destreza, ¿acaso no es impresionante?”. Puede que seas capaz de leer 100 páginas de La Palabra manifestada en carne en un día, pero ¿qué entiendes de ellas? ¿Qué aspecto de la verdad comprendes? ¿Lo puedes poner en práctica? Otros dicen: “Soy un niño prodigio. Podía cantar y escribir poemas cuando tenía cinco años”. ¿Eso es útil? Los incrédulos puede que te admiren, pero no sirves de nada en la casa de Dios. Digamos que te pido que compongas una canción ahora mismo para alabar a Dios. ¿Podrías hacerlo? Si no puedes, significa que no entiendes ningún aspecto de la verdad. Solo tener dones no es gran cosa. Si no entiendes la verdad, no podrás conseguir nada. Con independencia de los dones, destrezas o talentos que posea una persona, en realidad son meras herramientas. Si se pueden usar para cosas positivas y causar un impacto positivo, se puede decir que tienen algo de valor. Si no se pueden usar para cosas positivas o causar un impacto tal, entonces carecen de valor, y para ti aprenderlas es inútil y engorroso. Si puedes aplicar tus destrezas o talentos profesionales en el cumplimiento de tu deber y desempeñar una labor en la casa de Dios según los principios-verdad, entonces se puede decir que tus destrezas y talentos profesionales se usan en el lugar adecuado y sirven un propósito; tal es el valor que poseen. Por otra parte, si no puedes aplicarlos en absoluto al desempeño de tu deber, entonces tus destrezas y talentos profesionales carecen de valor y no Me valen para nada. Por ejemplo, algunas personas son naturalmente elocuentes y locuaces, y son hábiles lingüistas y ágiles pensadores. Esto puede considerarse un talento. En el mundo, si personas así se dedican a hablar en público, a la publicidad o a la negociación, o trabajan como jueces, abogados o en ocupaciones similares, entonces disponen de un lugar para sus talentos. En la casa de Dios, sin embargo, si posees semejante talento pero no entiendes ningún aspecto de la verdad, ni siquiera una comprensión básica de la verdad de las visiones, y no puedes difundir el evangelio o dar testimonio de Dios, entonces tu don o talento tiene escaso valor. Si constantemente vives de tus dones, haciendo alarde de tu talento dondequiera que vas, jactándote y predicando palabras y doctrinas, te volverás repulsivo para la gente. Porque cada palabra que pronuncies se volverá nauseabunda, y cada pensamiento o punto de vista que expreses se volverá cansador. En ese caso, será mejor que permanezcas en silencio. Cuanto más intentes exhibirte y actuar, más repugnante te volverás. La gente dirá: “¡Calla tu sucia boca! Todo lo que dices es doctrina, pero ¿quién no la ha entendido ya? ¿Cuántos años llevas predicando? Tus palabras no son diferentes de las de los fariseos, repletas de teorías vacías que contaminan el entorno de la iglesia. Nadie quiere escuchar”. Como ves, eso despierta la ira y repugna a la gente. Por tanto, es mejor que te centres más en la verdad y busques más comprensión sobre ella, y eso es una verdadera habilidad. Cuanto más digo esto, más reprimidas se sienten estas personas “capaces” y “expertas”, que piensan: “Ya se acabó, no hay salida. Siempre me he considerado talentoso, sobresalgo y me colocan en puestos clave allá donde voy. ¿No hay un dicho que dice: ‘Si es oro, tarde o temprano brillará’? Sin embargo, me he topado inesperadamente con un muro en la casa de Dios. Me parece represiva, muy represiva. ¿Cómo he acabado así?”. Creer en Dios es algo bueno, así que ¿por qué expertos de un talento excepcional y tan avanzado como este se sienten reprimidos cuando entran en la casa de Dios? Llevan tantos años sintiéndose reprimidos que sufren depresión. Ya ni siquiera saben cómo hablar o actuar. Al final, algunos dicen: “Que me poden constantemente me parece muy represivo. Ahora me comporto mucho mejor, y estoy de acuerdo con todo lo que dicen los líderes de la iglesia o de grupo, respondiendo siempre ‘sí’ o ‘de acuerdo’”. Puede parecer que han aprendido a someterse y obedecer, pero siguen sin entender los principios o cómo cumplir con sus deberes adecuadamente. Acarrean consigo esta sensación de represión y se sienten indignados e infravalorados. Cuando se les pregunta por su nivel educativo, algunos dicen “me licencié”, otros “tengo un máster” o “tengo un doctorado”, o “me licencié en medicina”, “estudié finanzas” o “estudié gestión”, mientras que otros tantos son programadores o ingenieros. Si aún no llevan un “Dr.” delante de su nombre, entonces portan algún otro título formal. A estas personas no se les trata como tales en la casa de Dios, ni se les tiene en alta estima. A menudo se sienten reprimidos y pierden su sentido de identidad. En la iglesia hay todo tipo de expertos, como músicos, bailarines, cineastas, técnicos, profesionales de los negocios, economistas e incluso políticos. Entre los hermanos y hermanas, estas personas suelen decir: “Soy un respetado ejecutivo de una empresa estatal. Soy el alto ejecutivo de una multinacional. Soy el director general, ¿a quién he temido nunca? ¿A quién me he sometido jamás? Nací con dotes de dirección, y dondequiera que vaya debo estar en una posición de autoridad, debo ser el que manda, ser siempre el que dirige a los demás, y nadie puede dirigirme a mí. Así que, en la casa de Dios, como mínimo debería ser líder de grupo o una persona al mando”. Poco después, a todo el mundo le queda claro que estas personas no tienen ninguna realidad-verdad, son incapaces de realizar ninguna tarea y son particularmente arrogantes y vanidosas. No cumplen ningún deber adecuadamente y, en última instancia, a algunos de ellos solo se les pueden asignar tareas de trabajo manual, mientras que otros nunca están dispuestos a someterse, tratan constantemente de presumir de sus habilidades y se desbocan. Por consiguiente, causan demasiados problemas, enfadan a la congregación y finalmente son echados. ¿No se sentirán reprimidos? Al final, resumen su experiencia con una afirmación: “La casa de Dios no es un lugar para gente con talento como nosotros. Somos como caballos de pura sangre, pero en la casa de Dios no hay jueces con criterio. Los que creen en Dios son ignorantes y están mal informados, especialmente los que son líderes de diversos niveles. Aunque entienden la verdad, no reconocen que somos caballos de pura sangre. Debemos ir en busca de alguien que sepa reconocer nuestros talentos”. Al final, llegan a esa conclusión. Otros dicen: “Hay poco espacio en la casa de Dios para acogernos. Somos todos figuras importantes, mientras que aquellos que creen en Dios son personas humildes de las clases más bajas de la sociedad: granjeros, vendedores callejeros y pequeños comerciantes. No hay entre ellos expertos de alto nivel. Aunque la iglesia es pequeña, el mundo es grande, y en un mundo tan grande debe haber un lugar para nosotros. Nosotros, los talentosos, acabaremos encontrando a nuestro propio valedor”. Vamos a desearles a esta gente buena suerte para encontrar a su valedor, ¿de acuerdo? (De acuerdo). El día que se despidan de nosotros tras encontrar a su valedor, ofrezcámosles una cena de despedida y esperemos que encuentren el lugar que les corresponde, libres de cualquier emoción de represión. Que vivan mejor que nosotros y que tengan una vida pacífica. Al decir esto, ¿se sienten un poco aliviadas estas personas con emociones reprimidas? ¿Han desaparecido sus sentimientos de opresión en el pecho, la hinchazón en la cabeza, la pesadez en el corazón, el malestar físico y el desasosiego? Espero que sus deseos se hagan realidad, que ya no se sientan reprimidos y que puedan vivir felices y libres.

Decidme, ¿pensáis que la casa de Dios está poniéndole las cosas difíciles a estos talentosos individuos a propósito? (No). En absoluto. Entonces, ¿por qué los diversos principios, arreglos de obra y requerimientos para cada elemento de trabajo en la casa de Dios les generan emociones represivas? ¿Por qué estos individuos talentosos se ven atrapados en emociones represivas en la casa de Dios? ¿La casa de Dios cometió un error? ¿O esta les está poniendo las cosas difíciles a estaos individuos de manera intencionada? (Ninguna de las dos). En términos de doctrina, todos entendéis que ambas explicaciones son del todo incorrectas. Entonces, ¿por qué ocurre esto? (Porque la gente impone la experiencia profesional que ha adquirido en el mundo secular o sus preferencias personales sobre los principios y requerimientos de la casa de Dios en el curso del desempeño de sus deberes). Pero ¿les permite la casa de Dios imponer estas cosas en sus requerimientos y principios? Claro que no. Algunos se sienten reprimidos porque la casa de Dios no les permite esto. ¿Qué creéis que deberían hacer al respecto? (Antes de desempeñar cada deber, primero deben comprender los requisitos y principios que la casa de Dios impone para dicho deber. Después de captar con precisión estos principios, pueden aplicar de manera razonable la experiencia profesional que han dominado). Este principio es correcto. Ahora decidme, ¿es el deseo constante de exhibir la propia experiencia y mostrar las propias habilidades en la casa de Dios el punto de partida correcto? (No). ¿En qué sentido es incorrecto? Explicadme la razón. (Su intención es lucirse y destacar; están persiguiendo sus propias profesiones. No piensan en cómo desempeñar bien sus deberes ni en cómo actuar de manera que beneficie a la obra de la casa de Dios. En cambio, quieren actuar según sus propias preferencias, sin salvaguardar los intereses de la casa de Dios ni buscar los principios-verdad). ¿Cómo ven los demás este asunto? (Estar siempre presumiendo cuando ocurre algo es un carácter satánico. No piensan en cómo llevar a cabo sus deberes y dar testimonio de Dios; siempre quieren dar testimonio de sí mismos, y esta senda es incorrecta por naturaleza). Este punto de partida es incorrecto por naturaleza, eso es cierto. ¿En qué sentido es incorrecto? Es una cuestión que todos vosotros sois incapaces de refutar. Parece que os sentís reprimidos, y que todos queréis mostrar vuestra experiencia para exhibir vuestras habilidades, ¿no es así? Entre los incrédulos hay un dicho, ¿de cuál hablo?: “Una vieja se pinta los labios, para que tengas algo que mirar”. ¿No es eso lo que significa “exhibir tus habilidades”? (Sí). Exhibir tus habilidades significa querer mostrar tus capacidades y presumir, ganar prestigio y estatus entre los demás, y que te tengan en alta estima. Como mínimo, se trata de querer aprovechar la oportunidad de exhibir las propias capacidades para informar y notificar a los demás de que: “Tengo auténticas habilidades, no soy una persona corriente, no me menosprecies, soy un individuo con talento”. Al menos, ese es el significado que hay detrás. Entonces, cuando alguien tiene esas intenciones y siempre quiere mostrar sus habilidades, ¿cuál es la naturaleza de esto? Quieren ir en pos de su propia profesión, gestionar su propio estatus, asegurarse una posición y ganar prestigio entre los demás. Es tan sencillo como eso. No lo están haciendo para desempeñar su deber, o por el bien de la casa de Dios, y no están buscando la verdad y actuando de acuerdo con los principios y requerimientos de la casa de Dios. Lo hacen para sí mismos, para ser más reconocidos, para elevar su valía y reputación; lo hacen para que la gente los elija supervisor o líder. Una vez elegidos como líderes u obreros, ¿acaso no tendrán estatus? ¿Acaso no serán el centro de atención? Esta es su búsqueda, su punto de partida es así de simple, no es nada más que la búsqueda de estatus. Persiguen estatus a propósito y no protegen la obra de la casa de Dios ni sus intereses.

¿Cómo deben practicar las personas que poseen dones y talentos para evitar sentirse reprimidas? ¿Es eso fácil de lograr? (Sí). Entonces, ¿cómo puedes resolver las emociones negativas de represión que aparecen por no ser capaz de hacer uso de tu experiencia? Antes que nada, has de entender qué son las habilidades técnicas o cualquier tipo de talento o experiencia que la gente estudia o domina, ¿acaso son la vida misma? (No). ¿Se pueden clasificar como cosas positivas? (No). No se pueden clasificar como cosas positivas, como mucho, son una especie de herramienta. En la sociedad y en el mundo secular, como mucho son habilidades que permiten a las personas cubrir de forma adecuada sus propias necesidades y mantener su supervivencia. Sin embargo, a ojos de la casa de Dios, solo has adquirido una especie de habilidad técnica; se trata meramente de un tipo de conocimiento, un mero y simple conocimiento. Desde luego, no indica la nobleza o bajeza de alguien, no se puede decir que una persona sea más noble que otras solo porque posea cierta experiencia o habilidad. Entonces, ¿cómo se puede detectar la nobleza o bajeza de alguien? Fijándonos en su humanidad, en sus búsquedas y en la senda que sigue. Las destrezas técnicas o la experiencia solo pueden representar la habilidad o conocimiento específico que has adquirido, lo profunda o superficial que es tu comprensión de eso, y qué nivel de competencia has logrado en ello. Estas destrezas técnicas y experiencia solo se pueden discutir en términos de competencia, cantidad, profundidad y en si uno tiene una gran experiencia en ese campo o un conocimiento meramente superficial. No se pueden usar para evaluar la calidad de la humanidad de una persona, sus búsquedas o la senda que camina. No son más que una clase de conocimiento o herramienta. Este conocimiento o herramienta puede permitirte cumplir algunas tareas relacionadas, o volverte más competente en un trabajo concreto, pero esto solo te brinda un trabajo seguro y un medio de vida garantizado. Eso es todo. Al margen de cómo la sociedad vea tus habilidades técnicas y tu experiencia, en cualquier caso, así es como las ve la casa de Dios. La casa de Dios nunca considerará a alguien de manera diferente, no hará excepciones para ascenderlo, ni siquiera lo eximirá de cualquier forma de poda o de castigo o juicio, solo porque posea algún tipo de habilidad especial. Más allá de las habilidades técnicas o la experiencia que tenga una persona, su carácter corrupto sigue existiendo, y sigue siendo un ser humano corrupto. Los dones, talentos y habilidades técnicas de una persona son independientes de su carácter corrupto, no están relacionados con este, y tampoco tienen nada que ver con su humanidad o talante. Algunos individuos tienen un calibre ligeramente superior, una inteligencia algo más elevada o un ingenio y percepción un poco mayores, lo que les permite adquirir conocimientos un tanto más profundos al estudiar ciertas habilidades técnicas. Alcanzan logros y resultados ligeramente superiores, y consiguen más logros y resultados cuando realizan trabajos relacionados con esa profesión. En la sociedad, esto puede reportarles mayores beneficios económicos y un estatus, antigüedad o prestigio ligeramente superiores dentro de su campo. Eso es todo. Sin embargo, nada de esto indica la senda por la que caminan, sus búsquedas o su actitud ante la vida y la existencia. Las habilidades técnicas y la experiencia son cosas que pertenecen al ámbito puro del conocimiento y no tienen nada que ver con los pensamientos de una persona, sus puntos de vista o la perspectiva y postura que adopta ante cualquier cosa. No tienen ninguna relación con tales cosas. Ciertamente, las ideas que se promueven en algunos campos del conocimiento son herejías y falacias que desorientan a la gente al momento de comprender la verdad y reconocer las cosas positivas. Ese es un asunto totalmente diferente. En este caso, nos referimos al conocimiento puro y a las habilidades técnicas, que no proporcionan ningún apoyo y corrección positivos o activos para las actitudes corruptas o la humanidad normal de las personas. Tampoco tienen la capacidad de frenar o restringir el carácter corrupto de una persona. Esa es su naturaleza. Ya sea que uno se dedique a la literatura, la música o cualquier aspecto de las artes, a las ciencias, la biología, la química, el diseño, la arquitectura, el comercio o incluso a la artesanía, sea cual sea el campo, la naturaleza de su conocimiento técnico es así: esa es su esencia. ¿Creéis que lo que he dicho es correcto? (Sí). No importa a qué campo te dediques o qué conocimientos técnicos estudies, o si posees alguna experiencia innata, eso no es un indicativo de tu nobleza ni de tu bajeza. Por ejemplo, algunas personas creen que quienes se dedican a los negocios y la economía dentro de la sociedad, especialmente las élites, tienen un carácter noble y, dado que las profesiones y los conocimientos que han adquirido son muy reconocidos por el hombre y que obtienen unos ingresos especialmente altos, tienen un estatus social elevado. Sin embargo, tal opinión no existe en la casa de Dios, y en ella no se los evaluará de esta manera. Debido a que los principios y estándares que utilizan estas personas para valorar este asunto no se basan en la verdad sino en entendimientos humanos, que pertenecen al conocimiento humano, tales puntos de vista no son sostenibles en la casa de Dios. Por poner otro ejemplo, algunas personas son pescadores, vendedores ambulantes o artesanos en la sociedad; se los considera de baja categoría y allí nadie los tiene en alta estima. Sin embargo, en la casa de Dios, todo el pueblo escogido de Dios es igual. Ante la verdad, todos son iguales, y no hay distinción entre personas nobles o humildes. No se te considerará honorable porque tengas un alto estatus o te dediques a una profesión noble en la sociedad, ni se te considerará humilde porque desempeñes en ella una ocupación de bajo estatus. Por tanto, en la casa de Dios y a Sus ojos, que tu identidad, tu valía y tu estatus sean considerados altos o bajos no tiene absolutamente nada que ver con tus habilidades profesionales, tu competencia técnica o la experiencia que poseas. Hay quien dice: “Yo era comandante, general y mariscal en el ejército”. Y yo le digo: “Tú, hazte a un lado”. ¿Por qué debes hacerte a un lado? Porque tu carácter satánico es demasiado grave, y me repugna mirarte. Primero, dedica algún tiempo a leer las palabras de Dios, adquiere una comprensión de algunas verdades, y vive un poco a semejanza humana, y entonces, cuando vuelvas, todo el mundo te podrá aceptar. En la casa de Dios, no se te estimará por haber realizado en la sociedad un tipo de trabajo que el hombre considere noble, ni se te menospreciará por haber tenido en otro tiempo un estatus bajo en la sociedad. Los estándares y principios que se utilizan en la casa de Dios para evaluar a las personas se basan únicamente en los criterios de la verdad. Entonces, ¿cuáles son los criterios de la verdad? Estos criterios presentan aspectos específicos. En primer lugar, se evalúa a las personas en función de la calidad de su humanidad, si tienen conciencia y razón, un buen corazón y sentido de la justicia; en segundo, se las evalúa en función de si aman o no la verdad, y por qué senda caminan: si persiguen la verdad, aman las cosas positivas y aman la equidad y la rectitud de Dios, o si no persiguen la verdad, sienten aversión por ella y las cosas positivas, se dedican siempre a empeños personales, etcétera. Por tanto, con independencia de si posees algún tipo de habilidad o experiencia técnica, o de si no tienes ninguna habilidad o experiencia profesional, en la casa de Dios se te tratará de forma equitativa. La casa de Dios siempre ha funcionado así, lo sigue haciendo ahora y lo seguirá haciendo en el futuro. Estos principios y estándares nunca cambiarán. Por tanto, los que tienen que cambiar son aquellos que se sienten reprimidos porque no pueden hacer uso de su experiencia. Si realmente crees que Dios es recto, que es la verdad la que gobierna la casa de Dios, y que hay equidad y rectitud en ella, entonces te pido que te apresures y dejes de lado tus puntos de vista y opiniones incorrectos con respecto a las habilidades técnicas y la experiencia. No pienses que poseer algunos dones o un poco de experiencia te hace superior. Aunque poseas habilidades técnicas o experiencia de las que otros carecen, tu humanidad y tu carácter corrupto no difieren de los de los demás. A ojos de Dios, no eres más que una persona corriente, y no tienes nada de especial. Puede que digas: “Antes era un alto funcionario”, pero sigues siendo una persona corriente. También: “Solía hacer grandes cosas”, pero sigues siendo una persona corriente. O: “Yo solía ser un héroe”, pero no importa qué clase de héroe o celebridad fueras, no sirve de nada. Desde la perspectiva de Dios, sigues siendo una persona corriente. Este es un aspecto de la verdad y los principios que la gente debe entender sobre las habilidades técnicas y algunos tipos de experiencia. Otro aspecto es cómo abordar estas habilidades profesionales y esta experiencia; se trata de una senda de práctica específica que la gente debe entender. En primer lugar, debes tener claro en tus pensamientos y en tu conciencia que, con independencia de las habilidades profesionales o la experiencia que poseas, no vienes a la casa de Dios a realizar un trabajo, a demostrar tu valía, a ganar un sueldo o a ganarte la vida. Estás aquí para desempeñar tu deber. Tu única identidad en la casa de Dios es la de hermano o hermana, es decir, la de un ser creado a ojos de Dios. No tienes una segunda identidad. Un ser creado a ojos de Dios no es un animal, un vegetal o un diablo. Es un ser humano, y como ser humano, debes desempeñar tu deber. Desempeñar tu deber como ser humano es el objetivo más básico que debes tener para entrar en la casa de Dios, y el punto de vista más fundamental que debes poseer. Debes decir: “Soy una persona. Soy alguien con humanidad normal, conciencia y razón. Debo desempeñar mi deber”. Este es el pensamiento y el punto de vista que la gente debe poseer en primer lugar, en cuanto a la teoría. Lo siguiente es cómo debes llevar a cabo tu deber: ¿debes escucharte a ti mismo o a Dios? (Escuchar a Dios). Así es, y ¿por qué debes escuchar a Dios? En principio y en teoría, la gente sabe que debe escuchar a Dios, que Él es la verdad y que tiene la última palabra. Este es el punto de vista que uno debe tener en cuanto a la teoría. En la realidad, uno no cumple con este deber por sí mismo, tampoco por su familia, por su existencia cotidiana, su carrera o empeño personal, sino por la obra de Dios, por la gestión que Él realiza para salvar a la humanidad. No tiene nada que ver con tus asuntos personales. Es necesario que comprendas y poseas este punto de vista. Después de tener este punto de vista, lo siguiente es entender que, puesto que el desempeño del deber no se hace por uno mismo, sino por la obra de Dios, hay que orarle y pedirle que nos enseñe cómo debemos cumplir con este deber, y cuáles son los principios y requisitos de la casa de Dios. Cumple con tu deber como Dios te diga que lo hagas, haciendo lo que Él te pida, sin decir nada al respecto, sin vacilar ni negarte. Eso es un imperativo. Dado que esta es la casa de Dios, es justo y apropiado que la gente desempeñe los deberes que debe desempeñar aquí. Sin embargo, la gente no lo hace por sí misma, por su existencia cotidiana, su vida, su familia o su profesión. Entonces, ¿para qué lo hace? Por la obra y la gestión de Dios. No importa de qué profesión específica o tipo de trabajo se trate, si es tan pequeño como un signo de puntuación o un estilo de formato, o tan significativo como un artículo específico de trabajo, todo cae dentro del ámbito de la obra de Dios. Por tanto, si posees la razón, debes preguntarte primero: “¿Cómo debo llevar a cabo este trabajo? ¿Cuáles son los requerimientos de Dios? ¿Qué principios ha establecido la casa de Dios?”. A continuación, enumera uno por uno los principios pertinentes y actúa en estricta conformidad con cada regla y principio. Mientras se ajuste a los principios y no se extienda más allá de su alcance, todo lo que hagas será apropiado, y Dios lo tratará y clasificará como si estuvieras desempeñando tu deber. ¿No es esto algo que la gente debería entender? (Sí). Si entiendes esto, no deberías estar siempre reflexionando sobre cómo deseas hacer las cosas o qué deseas hacer. Pensar y actuar así carece de razón. ¿Deberían hacerse cosas que carecen de razón? No. Si deseas hacerlas, ¿qué debes hacer al respecto? (Rebelarme contra mí mismo). Debes rebelarte contra ti mismo, desprenderte de ti mismo y dar prioridad a tu deber y a los requerimientos y principios de la casa de Dios. Si te sientes a disgusto y satisfaces tus intereses y aficiones en tu tiempo libre, la casa de Dios no interferirá en ello. Este es un aspecto de lo que debes comprender: cuál es tu deber y cómo debes desempeñarlo. Otro aspecto se refiere a la cuestión de la experiencia y las habilidades profesionales de las personas. ¿Cómo debes enfocar esta cuestión? Si la casa de Dios necesita que aportes la experiencia y las habilidades profesionales en las que destacas o que ya dominas, ¿cuál debe ser tu actitud? Deberías aportarlas sin reservas, para que cumplan su función y demuestren su valor en tu deber en la mayor medida posible. No debes permitir que se desperdicien; debes utilizarlas puesto que puedes emplearlas, las entiendes y las dominas. ¿Cuál es el principio de su utilización? Se trata de que, sea lo que sea lo que necesite la casa de Dios, cuánto lo necesite y en qué medida lo necesite, emplees estas habilidades de forma comedida y mesurada. Aplica tus habilidades técnicas y tu experiencia en tu deber, para que cumplan su función y te capaciten para obtener mejores resultados en tu deber. De este modo, ¿acaso no habrás adquirido tus competencias y conocimientos profesionales por un motivo? ¿Acaso no tendrán valor? ¿Acaso no habrás hecho una contribución? (Sí). ¿Estáis dispuestos a contribuir de esta manera? (Sí). Eso es bueno. En cuanto a las habilidades y experiencia que no tienen utilidad alguna en la casa de Dios, esta simplemente no las requiere ni las fomenta, y quienes poseen tales habilidades o experiencia no deben ejercerlas arbitrariamente. ¿Cómo debes entender este asunto? (Debo abandonar tales habilidades). Exacto, lo más sencillo es abandonarlas, actuar como si nunca las hubieras aprendido. Decidme, si te desprendes de ellas voluntariamente, ¿seguirán apareciendo y perturbándote cuando te halles en el proceso de desempeñar tu deber? No. ¿Acaso no depende de ti decidirlo? Apenas son una pizca de conocimiento. ¿Cuántos problemas y qué efectos pueden causar? Trátalos como si nunca los hubieras aprendido, como si no los poseyeras, y entonces, ¿acaso de este modo no se acabará el problema? Debes manejar este asunto correctamente. Si es algo que la casa de Dios no requiere que hagas, no sigas mostrando a la fuerza tus habilidades para presumir, para satisfacer tus propios intereses, o para mostrar a todo el mundo que conoces algunos trucos. Eso está mal. Eso no es cumplir con tu deber y nadie lo va a recordar. Déjame decirte que no solo quedará en el olvido, sino que encima será condenado, porque no estás desempeñando tu deber, te estás dedicando a empeños personales, y eso es muy grave. ¿Por qué es grave? Porque, en su naturaleza, es un trastorno y una perturbación. La casa de Dios te ha dicho repetidas veces que no debes hacer las cosas de esa manera, o siquiera hacerlas, ni tampoco usar ese tipo de método, pero tú no escuchas. Las sigues haciendo, sigues negándote a desprenderte de ellas e insistes. ¿No es eso una perturbación? ¿No es deliberado? Sabes muy bien que la casa de Dios no necesita estas cosas, y sin embargo sigues haciéndolas a propósito. ¿No será que disfrutas presumiendo? Si los vídeos o programas que haces humillan a Dios, entonces las consecuencias serán inimaginables, y tu transgresión será enorme. Entiendes esto, ¿verdad? (Sí). Por tanto, en cuanto a las cosas que disfrutas personalmente y a las habilidades profesionales que posees, si te gustan, si te interesan, si las aprecias, hazlas en casa, en privado. No pasa nada. Pero no las exhibas públicamente. Si quieres mostrar algo de forma pública, debes ser capaz de hacerlo siguiendo un alto estándar, y no humillar a Dios o desacreditar a Su casa. No se trata simplemente de si posees perspicacia o de lo competente que eres en ciertas habilidades profesionales. No es tan sencillo. Existe una base para los principios y estándares que exige la casa de Dios para cada trabajo que hacéis, además de para la dirección y objetivos que os guían en vuestro trabajo en cada etapa. Todas ellas están destinadas a salvaguardar la obra y los intereses de la casa de Dios, no a trastornarlos, perturbarlos, desacreditarlos o destruirlos. Si vuestro calibre personal, perspicacia, experiencia y gusto no pueden estar a la altura de estos, o se quedan cortos, entonces compartidlo en privado, y pedid guía y ayuda a aquellos que entienden y pueden estar a la altura de ellos. No os resistáis, no alberguéis siempre emociones negativas solo porque no se os permita hacer ciertas cosas. Vuestros escasos trucos simplemente no son lo suficientemente buenos. ¿Por qué digo que no sois lo bastante buenos? Porque vuestros pensamientos y puntos de vista están demasiado distorsionados. Vuestro gusto, perspicacia, juicio y experiencia no solo son inadecuados e insatisfactorios, sino que también albergáis muchas nociones religiosas antiguas. Tales nociones religiosas son demasiado numerosas y están demasiado arraigadas, e incluso algunos jóvenes de veinte años tienen pensamientos y nociones muy anticuados. Aunque sois personas de la era moderna, que estudiáis técnicas modernas y poseéis ciertos conocimientos profesionales, debido a que no comprendéis la verdad, vuestras perspectivas, puntos de vista y posturas con respecto a diversos asuntos y los pensamientos que poseéis son todos anticuados. Por consiguiente, por muchos conocimientos profesionales que adquiráis, vuestros pensamientos seguirán siendo anticuados. Debes comprender este problema y esta situación real. Por tanto, debes desprenderte de aquellas cosas que la casa de Dios requiere que eliminéis, prohibáis o que no os permite usar. Tenéis que aprender a obedecer. Si no comprendes las razones subyacentes de esto, al menos, debes poseer suficiente razón para aprender a obedecer, y actuar primero basándote en los requisitos de la casa de Dios. No te resistas, primero aprende a someterte.

Después de haber hablado sobre la postura correcta que deben tomar las personas con respecto a las destrezas profesionales que poseen, ¿qué más debes entender? En el proceso de desempeñar tu deber, si fracasas debido a que has aplicado mal ciertas destrezas técnicas o experiencia, lo cual ha generado trastornos y pérdidas en el trabajo de la iglesia, y afrontas la poda, ¿qué debes hacer? Eso es fácil de gestionar. Vuélvete enseguida y arrepiéntete, y la casa de Dios te dará la oportunidad de corregir tus errores. Porque nadie es perfecto, todo el mundo comete errores y tiene momentos en los que se siente confundido. Los errores no son motivo de preocupación, lo que es preocupante es que sigas cometiendo los mismos una y otra vez, que incurras en los mismos errores de forma persistente y no cambies hasta que llegues al final del camino. Si te das cuenta de tus errores, corrígelos. No es tan difícil, ¿verdad? Todo el mundo ha cometido errores, así que nadie debería ridiculizar a otro. Si puedes reconocer tus errores después de cometerlos, aprender la lección y cambiar, entonces progresarás. Además, si el problema se debe a una falta de competencia en tu trabajo, puedes seguir aprendiendo y dominar las destrezas necesarias, y el problema podrá resolverse. Si puedes asegurarte de que no cometerás ese error en el futuro, ¿acaso no acabará todo ahí? Es un asunto muy sencillo. No hay necesidad de que te sientas reprimido solo porque cometes errores constantemente por la mala aplicación de tus destrezas profesionales, y te enfrentas a la poda. ¿Por qué te sientes reprimido? ¿Por qué eres tan frágil? Con independencia de la situación o el entorno laboral, las personas a veces cometen errores, y hay ámbitos en los que sus calibres, percepciones y perspectivas se quedan cortas. Esto es normal, y tienes que aprender a manejarlo correctamente. En cualquier caso, sea cual sea tu práctica, debes afrontarla y gestionarla de forma correcta y activa. No te deprimas ni te sientas negativo o reprimido cuando te enfrentes a cierta dificultad, y no caigas en emociones negativas. No hay necesidad de nada de eso, no hagas de esto gran cosa. Lo que debes hacer es reflexionar inmediatamente sobre ti mismo, y determinar si existe un problema con tus destrezas profesionales o con tus intenciones. Examina si se trata de impurezas en tus acciones o si la culpa es de ciertas nociones. Reflexiona sobre todos los aspectos. Si se trata de un problema de falta de competencia, puedes seguir aprendiendo, buscar a alguien que te ayude a explorar soluciones o consultar con personas del mismo campo. Si las malas intenciones entran en juego, relacionadas con un problema que se puede resolver a través de la verdad, puedes acudir a los líderes de la iglesia o a alguien que entienda la verdad para consultarles y hablar sobre ello. Habla con ellos sobre el estado en el que te encuentras y deja que te ayuden a resolverlo. Si es un asunto que involucre nociones, una vez que las hayas examinado y comprendido, puedes analizarlas y entenderlas, y luego apartarte y rebélate contra ellas. ¿Acaso no es eso todo? Los días venideros aún te aguardan, mañana volverá a salir el sol y tienes que seguir viviendo. Ya que estás vivo, ya que eres humano, debes seguir desempeñando tu deber. Mientras estés vivo y tengas pensamientos, debes esforzarte por cumplir con tu deber y completarlo. Este es un objetivo que nunca debe cambiar a lo largo de la vida de una persona. No importa cuándo, no importan las dificultades que encuentres, no importa a qué te enfrentes, no debes sentirte reprimido. Si te sientes reprimido, te estancarás y caerás derrotado. ¿Qué clase de personas se sienten siempre reprimidas? Los débiles y los necios suelen sentirse así. Pero tú no careces de corazón ni de pensamientos, así que ¿por qué te sientes reprimido? Es solo que en este momento tus destrezas técnicas o tu experiencia no se utilizan con normalidad. ¿Qué significa que se utilicen con normalidad? Equivale a hacer lo que la casa de Dios requiere de ti y aplicar las habilidades técnicas aprendidas para cumplir con los estándares requeridos por la casa de Dios. ¿No es eso suficiente? ¿No es eso lo que llamamos una utilización normal? La casa de Dios no te prohíbe utilizar tus habilidades. Simplemente desea que las utilices con un propósito, con moderación, según los estándares y principios, en lugar de utilizarlas de manera imprudente. Aparte de eso, la casa de Dios no interfiere en asuntos que no tengan que ver con el desempeño de tus deberes o en tu vida personal. La casa de Dios tiene reglas estrictas y estándares obligatorios solo para los asuntos relacionados con el desempeño de tus deberes. Por consiguiente, cuando se trata de manejar tus habilidades y experiencia profesionales, no estás atado de pies y manos, y tus pensamientos no están controlados. Tienes libertad de pensamiento, las manos y pies sueltos, y tu corazón también es libre. Lo que ocurre es que, cuando te surgen emociones negativas, optas por echarte para atrás, deprimirte, negarte y resistirte. Pero si eliges afrontar las cosas de una forma positiva, escuchar con atención y seguir los principios, las reglas y los requerimientos de la casa de Dios, no te encontrarás sin una senda que seguir ni sin cosas que hacer. No eres un inútil, un débil o un necio. Dios te ha dado libre albedrío, un pensamiento y una humanidad normales. Por tanto, tienes un deber que desempeñar, y has de cumplir con tu propio deber. Además, posees habilidades profesionales y experiencia, por lo que, en la casa de Dios, eres una persona útil. Si puedes utilizar tu experiencia como es debido en ciertos aspectos del trabajo de la casa de Dios que implican destrezas profesionales y experiencia, encontrarás tu lugar y cumplirás con el deber de un ser creado. Mientras te mantengas firme en tu lugar, cumplas con tu deber adecuadamente y hagas bien tu trabajo, no serás una persona inútil, sino alguien útil. Si puedes cumplir con tu deber, tener pensamientos y trabajar de forma competente, no importa a qué dificultades te enfrentes, no debes sentirte reprimido, no debes echarte para atrás, ni debes negarte o escapar. En este momento, lo que debes hacer es no sumirte en emociones negativas de las que no puedas salir. No debes quejarte como una mujer resentida de que la casa de Dios es injusta, de que tus hermanos y hermanas te desprecian, o de que la casa de Dios no te valora o no te da oportunidades. De hecho, la casa de Dios te ha dado oportunidades y te ha confiado el deber que debes cumplir, pero tú no lo has manejado bien. Te atuviste a tus propias decisiones y exigencias, no escuchaste atentamente las palabras de Dios ni prestaste atención a los principios que Su casa te indicó con respecto a tu trabajo. Eres demasiado obstinado. Por tanto, si estás atrapado en la emoción negativa de la represión, no es responsabilidad de nadie más. No es que la casa de Dios te haya defraudado, y mucho menos que aquí no se te pueda tolerar. Se trata de que no has utilizado plenamente tus capacidades en el cumplimiento de tu deber. No has manejado ni utilizado de forma correcta tu profesión y tus conocimientos técnicos. No has abordado este asunto racionalmente, sino que te has opuesto de forma impulsiva y con emociones negativas. Este es tu error. Si te desprendes de tus emociones negativas y sales de este estado de represión, te darás cuenta de que hay muchas tareas que puedes hacer y muchas que están pendientes. Si puedes salir de estas emociones negativas y afrontar tu deber con una actitud positiva, te darás cuenta de que el camino que tienes por delante es luminoso, no oscuro. Nadie bloquea tu visión ni obstaculiza tus pasos. Se trata simplemente de que no deseas avanzar. Tus preferencias, deseos y planes personales han obstaculizado tus pasos. Deja estas cosas a un lado, despréndete de ellas, aprende a adaptarte al entorno de trabajo en la casa de Dios, a adaptarte a la ayuda y al apoyo que te dan tus hermanos y hermanas, y al método de cumplir con tu deber y de trabajar en la casa de Dios. Poco a poco, abandona tus preferencias, deseos e ideas irreales y fantasiosas. Poco a poco, saldrás de forma natural de estas emociones negativas de represión. Otra cosa que debes comprender es que, por muy avanzadas que sean tus destrezas y experiencia profesionales, estas no representan tu vida. No representan tu madurez en la vida ni que ya hayas recibido la salvación. Si cumples con tu deber en la casa de Dios de una manera normal y obediente de acuerdo con los principios-verdad, utilizando tus destrezas profesionales y experiencia, entonces lo estarás haciendo bien aquí y serás un miembro auténtico de la casa de Dios. Sin embargo, siempre enarbolas la bandera de cumplir con tu deber, te aprovechas de la oportunidad de desempeñar tu deber, de las oportunidades que te da la casa de Dios, y te atienes a tus preferencias, ambiciones y deseos de hacer pleno uso de tu propia experiencia, a fin de perseguir tu propia profesión y esfuerzos personales, y como consecuencia te encuentras en un callejón sin salida y te sientes reprimido. ¿Quién ha causado esta represión? Tú mismo. Si sigues yendo tras objetivos personales mientras cumples con tu deber en la casa de Dios, esto no va a funcionar aquí, porque has venido al lugar equivocado. De principio a fin, lo que se discute en la casa de Dios es la verdad, son los requerimientos de Dios y Sus palabras. Aparte de esto, no hay nada más que hablar. Por tanto, con independencia de los requerimientos que se le hacen a la gente por parte de la casa de Dios en cualquier aspecto de su trabajo o profesión, o en cualquier arreglo especial de la obra, no están dirigidos a ningún individuo particular, ni tienen como fin suprimir a nadie o extinguir el entusiasmo o el orgullo de nadie. Son solo en aras de la obra de Dios, para dar testimonio de Él, difundir Su palabra y llevar a más gente ante Su presencia. Ciertamente, van destinados a que todos y cada uno de los aquí presentes os embarquéis lo antes posible en la senda de perseguir la verdad y entrar en la realidad de esta. ¿Lo entendéis? Si los ejemplos mencionados hoy se aplican a ciertos individuos, no os desaniméis. Si estás de acuerdo con lo que digo, acéptalo. Si no estás de acuerdo y te sigues sintiendo reprimido, entonces continúa en tu represión. Vamos a ver hasta qué punto se pueden sentir reprimidas estas personas, y cuánto pueden aguantar en la casa de Dios mientras acarrean tales emociones negativas, sin perseguir la verdad ni cambiar.

Si no se desprenden de la represión, aquellos que viven en esta emoción negativa se enfrentan a otra desventaja. En cuanto se les presenta una oportunidad, se ponen a trabajar de un salto, toman las riendas por su cuenta e ignoran todos los requerimientos, reglas y principios de la casa de Dios, y así actúan de manera imprudente y complaciendo plenamente sus propios deseos. Una vez que hacen su jugada, las consecuencias son inimaginables. En menor medida pueden causar pérdidas financieras a la casa de Dios, o en una proporción mayor pueden trastornar la obra de la iglesia. Si esos líderes y supervisores eluden su responsabilidad y no resuelven los problemas, esto también afectará al trabajo de expandir el evangelio de la casa de Dios, lo que implica resistirse a Él. Si a estas personas les ocurren tales incidentes y consecuencias, les llegará su fin. En lugar de prever su futuro, es mejor que se desprendan pronto de la represión y cambien las actitudes y opiniones que continuamente han mantenido al sobreestimar y dar importancia a las habilidades técnicas y la experiencia. Es importante que inviertan sus puntos de vista y no se aferren a ellas. Y no deben aferrarse a ellas no porque sean esencialmente insignificantes en la casa de Dios o por mi juicio u opinión negativa hacia estas cosas. Es porque las destrezas técnicas y la experiencia son esencialmente un tipo de herramienta. No representan la verdad ni la vida. Cuando desaparezcan los cielos y la tierra, cualquier destreza técnica y experiencia también perecerá, mientras que las cosas positivas y las verdades adquiridas por los humanos no solo no perecerán, sino que nunca se extinguirán. No importa lo profundas, grandes o insustituibles que sean las destrezas técnicas o la experiencia especial que poseas, no pueden cambiar a la humanidad ni al mundo, ni pueden cambiar ni siquiera un pequeño pensamiento o punto de vista que tenga la gente. Si no pueden cambiar siquiera un pequeño pensamiento o punto de vista, ni mucho menos cambiarán el carácter corrupto de los seres humanos, que son aún menos capaces de cambiar. No pueden cambiar a la humanidad, ni pueden cambiar el mundo. No pueden determinar el presente de la humanidad, sus días venideros o su futuro, y ciertamente no pueden determinar el destino de la humanidad. Así son las cosas. Si no Me crees, espera y verás. Si no crees en Mis palabras, y sigues apreciando cosas como el conocimiento, las destrezas técnicas y la experiencia, verás quién se retrasará cuando las aprecies hasta el final y lo que ganarás de ellas. Algunas personas son muy hábiles, conocen mejor la tecnología informática que una persona media y sobresalen en este campo. Son técnicos superiores, se comportan con aire de superioridad allá donde van y proclaman: “Soy muy diestro con la computadora, soy ingeniero informático”. Si sigues comportándote así, veremos qué tan lejos llegas realmente y dónde vas a acabar. Deberías despojarte de ese título y redefinirte. Eres una persona corriente. Comprende que las habilidades técnicas y la experiencia provienen de los seres humanos. Se limitan a la capacidad mental y los pensamientos de las personas, a lo sumo inundan las neuronas de sus cerebros, dejan impresiones y huellas en sus recuerdos. Sin embargo, no tienen ningún impacto positivo en el carácter-vida de una persona, ni en su senda futura. No aportan ningún beneficio real. Si sigues aferrándote a tus habilidades técnicas o experiencia y no estás dispuesto a dejarlas ir, ya que siempre piensas que son preciadas y adorables, y crees que por poseerlas eres superior, estás por encima de los demás y mereces honores, entonces Yo digo que eres un necio. Esas cosas no valen nada. Espero que intentes desprenderte de ellas, que te liberes del título de técnico o profesional, que salgas de esos ámbitos y aprendas a decir y hacer de todo, y a tratar a todos y a todo con los pies en la tierra. No te dejes llevar por ideas fantasiosas ni tengas la cabeza en las nubes. Por el contrario, debes tener los pies bien plantados en el suelo, hacer las cosas con los pies en la tierra y comportarte de forma práctica. Debes aprender a hablar con honestidad, sinceridad y realismo, fomentando los pensamientos y puntos de vista, y las perspectivas y las posturas correctos hacia las personas y las cosas. Esto es fundamental. Significa que debes desprenderte y eliminar las habilidades técnicas y la experiencia que has guardado en tu corazón durante muchos años y que han ocupado tu corazón y tus pensamientos, y que puedes aprender cosas tan fundamentales como la forma de comportarte, la forma de hablar, la forma de contemplar a las personas y las cosas, y la forma de cumplir adecuadamente con tu deber de acuerdo con las palabras y los requerimientos de Dios. Todo esto es relevante para las sendas que recorren las personas, para su existencia y su futuro y estas cosas relevantes puede cambiar y determinar tu destino y salvarte. Por otro lado, las habilidades técnicas y la experiencia no pueden cambiar tu destino o tu futuro. No pueden determinar nada. Si utilizas estas habilidades y experiencia para realizar un trabajo en la sociedad, puede que solo te ayuden a ganarte la vida o a vivir un poco mejor. Pero déjame decirte que cuando entras en la casa de Dios, no determinan nada. Al contrario, pueden convertirse en obstáculos para el cumplimiento de tu deber e impedir que seas una persona normal y corriente. Por consiguiente, pase lo que pase, primero debes tener la comprensión y la perspectiva correctas con respecto a ellos. No pienses que tienes un talento especial ni creas que en la casa de Dios eres extraordinario, superior a los demás o más especial que ellos. No eres especial en absoluto, al menos no a Mis ojos. Además de poseer algunas destrezas especiales o conocimientos y habilidades que otros no tienen, no eres diferente de los demás. Tus palabras, tus acciones y conducta, y tus pensamientos y puntos de vista están llenos de las toxinas de Satanás, repletos de pensamientos y puntos de vista distorsionados y negativos. Hay muchas cosas que has de cambiar, a las que debes darle un giro. Si permaneces atrapado en un estado de complacencia, autosatisfacción y admiración propia, entonces eres demasiado necio y te sobrestimas. Incluso si alguna vez hiciste alguna contribución a la casa de Dios debido a tus destrezas y experiencia profesional, no vale la pena que sigas apreciando estas cosas. No vale la pena dedicar toda tu vida a ninguna destreza o experiencia profesional, ni siquiera poner en peligro tu futuro y tu maravilloso destino para apreciarlas, defenderlas, protegerlas y aferrarte a ellas, o llegar incluso a vivir y morir por ellas. Claro está que tampoco debes dejar que su existencia afecte a tus pensamientos y emociones en ningún aspecto, y menos aún sentirte reprimido por ellas, porque las pierdas o porque nadie las reconozca. Ese sería un planteamiento insensato e irracional. Por decirlo sin rodeos, son como prendas de vestir, que pueden desecharse o recogerse y ponerse en cualquier momento. No tienen nada de extraordinario. Te las pones cuando las necesitas, y puedes quitártelas y desecharlas cuando no. Deberías sentirte indiferente ante ellas; esa es la actitud y el punto de vista que deberías tener ante cualquier conocimiento, habilidad o experiencia. No deberías apreciarlos ni considerarlos como tu propia vida, ni encontrar alegría o felicidad gracias a ellos, ni vivir y morir por su causa. Eso no es necesario. Deberías abordarlos racionalmente. Ciertamente, si te quedas atrapado en emociones negativas de represión a causa de ellos, y esto afecta el cumplimiento de tus deberes y al asunto más importante de tu vida, que es perseguir la verdad, eso es todavía más inaceptable. Puesto que no son más que una herramienta que puedes utilizar o desechar en cualquier momento, no deberían evocar ningún apego o sentimiento en ti. Así pues, no importa cómo trate la casa de Dios las habilidades profesionales o la experiencia que hayas adquirido, si las aprueba o te pide que renuncies a ellas, o incluso si las condena y critica, no debes tener ideas propias. Debes aceptar el asunto de parte de Dios, afrontarlo y tratarlo racionalmente con las posiciones y perspectivas correctas. Si la casa de Dios utiliza tus habilidades, pero estas son en cierto modo deficientes, entonces puedes aprender y acabar por mejorarlas. Si la casa de Dios no las utiliza, debes desprenderte de ellas sin vacilar, sin preocupaciones y sin dificultades; así de sencillo. El hecho de que a la casa de Dios no le sirvan tus habilidades y experiencia profesionales no va dirigido a ti personalmente, ni te priva del derecho a desempeñar tu deber. Si no desempeñas tu deber, se debe a tu propia rebeldía. Si dices: “La casa de Dios me ningunea, desprecia mis talentos y los conocimientos que he adquirido, y no me trata como a un individuo con talento. Así pues, no cumpliré más con mi deber”, esa es tu decisión personal de no cumplir con tu deber; no es que la casa de Dios te haya negado la oportunidad o te haya quitado el derecho de cumplirlo. Si no desempeñas tu deber, eso equivale a renunciar a tu oportunidad de salvación. Como priorizas el mantenimiento de tus habilidades profesionales, tu experiencia y tu dignidad personal, abandonas el desempeño de tu deber y la esperanza de recibir la salvación. Dime, ¿es esto racional o irracional? (Es irracional). ¿Es esto necio o sabio? (Necio). Entonces, ¿hay una senda para lo que debes elegir? (Sí). Hay una senda. Entonces, ¿todavía te sientes reprimido? (No). Ya no te sientes reprimido, ¿verdad? Tanto las personas que poseen emociones represivas como las que no tienen actitudes completamente diferentes hacia el desempeño de sus deberes, y formas totalmente distintas de hacer las cosas. Las personas reprimidas nunca podrán ser felices, nunca sentirán paz ni alegría, y no experimentarán el disfrute y el consuelo que provienen del desempeño de sus deberes. Ciertamente, después de liberarse de esta emoción negativa de la represión, las personas sentirán felicidad, consuelo y disfrute al desempeñar sus deberes dentro de la casa de Dios. Después de esto, algunas personas deberían esforzarse en su búsqueda de la verdad: el futuro será brillante para las personas así. Sin embargo, si te sientes constantemente reprimido y no buscas la verdad para liberarte, entonces adelante, continúa en tu represión y mira cuánto tiempo puedes aguantar. Si permaneces en este estado de represión, tu futuro será sombrío, oscuro como la noche, de modo que no podrás ver nada, y no habrá senda por delante. Vivirás cada día aturdido, serás muy ignorante. En realidad, se trata de un asunto trivial, algo sin importancia, pero la gente no puede liberarse ni desprenderse de ello, tampoco cambiar. Si pudieran cambiar, su mentalidad y las aspiraciones de su corazón, así como sus búsquedas, serían diferentes. Muy bien, vamos a terminar nuestra plática de hoy. Espero que pronto os liberéis de la emoción negativa de la represión.

19 de noviembre de 2022

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