Introducción

Esta sección de palabras de Dios contiene un total de cuatro apartados, expresados por Cristo entre junio de 1992 y septiembre de 2005. La mayoría se basan en registros de los sermones y enseñanzas de Cristo en Su recorrido por las iglesias. No se han modificado en modo alguno ni Cristo los ha enmendado posteriormente. Cristo redactó personalmente el resto de los apartados; (cuando Cristo escribe, lo hace de una sola sentada, sin pararse a pensar ni a realizar correcciones, y Sus palabras son expresión íntegra del Espíritu Santo, no cabe duda). En vez de separar estas dos clases de declaraciones, las presentamos juntas en el orden original en que fueron expresadas; así podemos ver, a partir del conjunto de Sus declaraciones, los pasos de la obra de Dios y entender cómo obra en cada fase, lo cual es provechoso para que la gente conozca los pasos de la obra de Dios y Su sabiduría.

Los ocho primeros capítulos de “Las palabras de Cristo cuando Él entró en las iglesias I”, citados de manera colectiva como “La senda”, son una pequeña parte de las palabras pronunciadas por Cristo en pie de igualdad con el hombre. Aparentemente insulsas, rebosan el amor y la preocupación de Dios por la humanidad. Previamente, Dios habló desde la perspectiva del tercer cielo, lo que abrió una enorme distancia entre Él y el hombre y provocó en la gente el miedo a acercarse a Él; no digamos a pedirle provisión de vida. En “La senda”, por tanto, Dios habló al hombre de igual a igual y señaló el rumbo del camino, con lo que restableció la relación original del hombre con Él; la gente ya no dudaba si Dios todavía estaba empleando un método discursivo y ya no le atormentaba el terror de la prueba de la muerte. Dios descendió del tercer cielo a la tierra, la gente se presentó ante Su trono desde el lago de fuego y azufre, se deshizo del fantasma de los “hacedores de servicio” y, como un ternero recién nacido, aceptó oficialmente el bautismo de las palabras de Dios. Fue entonces cuando Dios pudo hablar íntimamente con ellos y avanzar en Su obra de proveerles la vida. Dios se rebajó a ser persona para acercarse a la gente, lo que redujo Su distancia respecto a ella, le granjeó su reconocimiento y confianza y le permitió alentarla para que buscara la vida y lo siguiera. Los ocho capítulos de “La senda” pueden resumirse como las llaves con las que Dios abre la puerta del corazón de las personas y forman una golosina que Dios da al hombre. De no ser por esta acción de Dios, la gente no sería capaz de prestar especial atención a Sus enseñanzas y reprensiones. Podría afirmarse que fue entonces cuando Dios comenzó oficialmente a proveer la vida y expresar la verdad en esta etapa actual de Su obra, tal como manifestó en “Qué punto de vista deberían tener los creyentes” y “Sobre los pasos de la obra de Dios”… ¿No demuestra ese método la sabiduría y las sinceras intenciones de Dios? Estos son los inicios de la provisión de vida de Cristo, por lo que las verdades son algo más superficiales que en apartados posteriores. El principio subyacente es muy simple: Dios obra en función de las necesidades de la humanidad. No actúa ni habla a ciegas; solo Dios entiende totalmente las necesidades de la humanidad y nadie más tiene mayor amor y comprensión hacia el hombre.

En las diez declaraciones de “La obra y la entrada”, las palabras de Dios entran en una nueva fase. En consecuencia, estas declaraciones van al principio. Más adelante surgió “Las palabras de Cristo cuando Él entró en las iglesias II”. En esta fase, Dios hizo unas exigencias más detalladas a Sus seguidores, exigencias que incluían conocer el modo de vida de las personas, lo que se requiere de su aptitud, etc. Como estas personas estaban decididas a seguir a Dios y ya no dudaban de Su identidad y esencia, Dios también comenzó formalmente a tratarlas como miembros de Su familia y compartió con ellas la verdad interna de Su obra desde el momento de la creación hasta hoy, les reveló la verdad subyacente a la Biblia y les enseñó la auténtica relevancia de Su encarnación. Las declaraciones de Dios de este apartado dieron a la gente una mejor comprensión de la esencia de Dios y de la de Su obra y le permitieron apreciar que lo que recibía de la salvación de Dios era más que lo que habían recibido los profetas y apóstoles de eras anteriores. En cada renglón de las palabras de Dios puedes percibir cada ápice de Su sabiduría, así como Su amor y preocupación escrupulosos por el hombre. Aparte de expresar esas palabras, Dios reveló públicamente, una por una, las nociones y falacias previas del hombre y cosas que la gente nunca antes había imaginado, al igual que la senda que aquella debería recorrer en el futuro. ¡Tal vez este sea precisamente el estrecho “amor” que el hombre puede experimentar! Después de todo, Dios le había dado a la gente todo lo que necesitaba y pedía, sin ocultar ni pedir nada a cambio.

Varios capítulos especiales de este apartado abordan la Biblia. Esta ha formado parte de la historia humana durante varios milenios. La gente, además, le da la misma consideración que a Dios, hasta el punto de desplazarlo en los últimos días, para Su disgusto. Entonces, cuando la ocasión lo permitió, Dios se sintió obligado a aclarar la verdadera historia y los orígenes de la Biblia; de no haberlo hecho, la Biblia aún ocuparía el lugar de Dios en el corazón de la gente y esta emplearía las palabras de la Biblia para calibrar y condenar los actos de Dios. Al explicar la esencia, la estructura y los defectos de la Biblia, de ningún modo estaba negando Dios su existencia ni la estaba condenando; por el contrario, estaba aportando una descripción adecuada y oportuna que restablecía la imagen original de la Biblia, abordaba los malentendidos respecto a ella y le daba a la gente la perspectiva correcta de la Biblia para que dejara de idolatrarla y de estar perdida; es decir, para que, temerosa hasta de enfrentarse al trasfondo y los fallos reales de la Biblia, no confundiera más su fe ciega en ella con la fe y adoración hacia Dios. Una vez que la gente tiene una comprensión pura de la Biblia, puede dejarla de lado sin reparos y aceptar valientemente las nuevas palabras de Dios. Este es el objetivo de Dios en estos capítulos. La verdad que Dios quiere contar en ellos es que ninguna teoría ni realidad puede reemplazar Su obra y Sus palabras de hoy en día y que nada puede sustituirlo a Él. Si la gente no puede escapar de la trampa de la Biblia, nunca podrá presentarse ante Dios. Si desea presentarse ante Dios, primero debe purificar su corazón de cualquier cosa que pueda reemplazar a Dios; entonces lo satisfará. Aunque aquí Dios solamente explica la Biblia, no olvides que hay muchas otras cosas equivocadas que la gente idolatra sinceramente aparte de la Biblia; las únicas cosas que no idolatra son las que realmente vienen de Dios. Dios emplea la Biblia como mero ejemplo para recordarle a la gente que, no tome la senda equivocada, mientras crea en Dios y acepte Sus palabras, no vuelva a excederse y caer en la confusión.

Las palabras de Dios al hombre pasan de la superficialidad a la profundidad. Los temas de Sus declaraciones progresan de forma continuada desde la conducta y acciones externas de la gente hasta su carácter corrupto, y a partir de ahí Dios dirige Sus diatribas a lo más hondo del alma de las personas: su naturaleza. Durante el período en que Cristo expresó “Las palabras de Cristo cuando Él entró en las iglesias III”, las declaraciones de Dios hacen hincapié en la esencia y la identidad del hombre y en lo que significa ser una persona verdadera, verdades muy profundas y preguntas esenciales sobre la entrada de las personas en la vida. Por supuesto, al recordar las verdades que Dios provee al hombre en “Las palabras de Cristo cuando Él entró en las iglesias I”, el contenido de “Las palabras de Cristo cuando Él entró en las iglesias III” es, en comparación, sumamente profundo. Las palabras de este apartado inciden en la senda futura de las personas y en cómo pueden perfeccionarse; también en el destino futuro de la humanidad y en cómo Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo. (Podría afirmarse que, hasta la fecha, estas son las palabras más comprensibles que Dios ha manifestado a la gente acerca de su naturaleza, misión y destino). La esperanza de Dios es que las personas que lean estas palabras sean aquellas que se han distanciado de las nociones y fantasías humanas y capaces de tener una comprensión pura de cada palabra de Dios en lo más hondo de su corazón. También espera que todos los que lean estas palabras sepan considerarlas la verdad, el camino y la vida, y que no traten a Dios a la ligera ni lo adulen. Si la gente lee estas palabras con una actitud examinadora o escrutadora de Dios, le parecerán un libro cerrado. Únicamente aquellos que buscan la verdad, están decididos a seguir a Dios y no albergan la menor duda sobre Él son aptos para aceptar estas palabras.

“Las palabras de Cristo cuando Él entró en las iglesias IV” es otra categoría de declaraciones divinas a partir de “Las palabras de Dios al universo entero”. Este apartado contiene exhortaciones, enseñanzas y revelaciones de Dios a miembros de denominaciones cristianas, tales como “En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra” y “Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios”. También están incluidas las exigencias más concretas de Dios a la humanidad, como “Prepara suficientes buenas obras para tu destino”, “Tres advertencias” y “Las transgresiones conducirán al hombre al infierno”. Abarcan multitud de aspectos, como las revelaciones y los juicios a toda clase de personas y palabras acerca de cómo conocer a Dios. Podría decirse que este apartado es el quid del juicio de Dios a la humanidad. La parte más memorable de este apartado de declaraciones de Dios es que, cuando estaba a punto de bajar el telón de Su obra, reveló lo medular de las personas: la traición. Su objetivo es que la gente conozca el siguiente suceso en el último instante y que le abrase en el fondo de su corazón: por mucho que lleves siguiendo a Dios, tu naturaleza continúa siendo traicionarlo. En otras palabras, está en la naturaleza del hombre traicionar a Dios, ya que la gente es incapaz de alcanzar la madurez absoluta en la vida y solamente puede producirse una relativa transformación de su carácter. Aunque estos dos capítulos, “la traición (1)” y “la traición (2)”, asestan un golpe a las personas, en realidad son las advertencias más leales y benevolentes que les hace Dios. Por lo menos, cuando la gente es complaciente y engreída, tras leer estos dos capítulos, su iniquidad quedará en jaque y se calmará. A lo largo de estos dos capítulos, Dios le recuerda a la gente que, por muy madura que sea tu vida, por muy profundas que sean tus experiencias, por más confianza que tengas e independientemente de dónde nacieras y adónde vayas, tu naturaleza de traición a Dios puede revelarse en cualquier momento y lugar. Lo que Dios quiere decirle a cada persona es esto: la naturaleza innata de toda persona es traicionarlo. Por supuesto, la intención de Dios al verbalizar estos dos capítulos no es buscar excusas para erradicar o condenar a la humanidad, sino concienciar más a la gente acerca de la naturaleza del hombre, de modo que pueda vivir cautelosamente ante Dios en todo momento para recibir Su guía, lo que hará que ya no pierdan la presencia de Dios ni emprendan una senda sin retorno. Estos dos capítulos son una alarma para todos aquellos que siguen a Dios. Cabe esperar que la gente entienda las sinceras intenciones de Dios; después de todo, estas palabras son hechos inobjetables; por tanto, ¿qué necesidad tiene el hombre de discutir acerca de cuándo y cómo las expresó Dios? Si Dios se callara todas estas cosas y esperara hasta el momento que la gente creyera adecuado para que las pronunciara, ¿no sería demasiado tarde? ¿Cuál sería ese momento más adecuado?

Dios emplea múltiples métodos y perspectivas en estos cuatro apartados. Por ejemplo, a veces utiliza la sátira y en otras ocasiones emplea la provisión y las enseñanzas directas; de cuando en cuando pone ejemplos y algunas veces reprende con dureza. En general, hay todo tipo de métodos, cuyo objetivo es responder a los diversos estados y gustos de la gente. La perspectiva desde la que habla Dios varía en función del método y contenido de Sus declaraciones. Por ejemplo, a veces dice “Yo” o “a Mí”; es decir, habla a la gente desde la perspectiva del propio Dios. En ocasiones habla en tercera persona y dice que “Dios” es esto o aquello, y otras veces habla desde la perspectiva de un ser humano. Sea cual sea la perspectiva desde la que hable, Su esencia no cambia, pues, hable como hable, cuanto expresa es la esencia del propio Dios: toda la verdad y lo que la humanidad necesita.

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