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59. Experiencias sobre la práctica de la verdad

Hengxin    Ciudad de Zhuzhou, provincia de Hunan

No hace mucho tiempo, mientras escuchaba las palabras de “Sermones y comunión acerca de la entrada a la vida”, llegué a comprender que sólo aquel que practica la verdad puede recibirla y convertirse, por último, en poseedor de verdad y de humanidad con la aprobación de Dios. Desde ese instante, hice un esfuerzo consciente por abandonar la carne y practicar la verdad en mi vida diaria. Un tiempo después, descubrí felizmente que podía practicar alguna verdad. Por ejemplo, en el pasado temía mostrar mi lado oscuro a los demás. Ahora, sin embargo, me abría conscientemente a los hermanos y hermanas, diseccionando mis caracteres corruptos. Antes, cuando alguien trataba conmigo y me podaba, ponía excusas y eludía mi responsabilidad. Ahora, sin embargo, hacía un esfuerzo consciente por repudiarme a mí mismo en lugar de intentar justificar mi comportamiento. En el pasado, en momentos de desavenencia con mis compañeros de trabajo, exhibía una actitud intolerante, mezquina y me enojaba con facilidad. Ahora, sin embargo, cuando volvía a ocurrir, trataba de abandonar la carne y ejercitar la tolerancia y la paciencia con los demás… Cada vez que pensaba en mis progresos sobre la práctica de la verdad, me sentía muy dichosa. Creí que mi capacidad de practicar alguna verdad me convertía en una verdadera practicante de la verdad. Y, de este modo, me convertí sin quererlo en una persona altiva y satisfecha de sí misma.

Un día, mientras hojeaba “Registros de las pláticas de Cristo”, encontré las siguientes palabras de Dios: “Algunos dicen: ‘Siento que ahora puedo poner en práctica alguna verdad, no es que no pueda poner en práctica ninguna verdad. En determinadas situaciones, puedo actuar de acuerdo con la verdad. Por tanto, puedo ser considerado practicante de la verdad y poseedor de la misma’. De hecho, en comparación con tiempos pasados o con el momento en el que empezaste a creer en Dios, has cambiado poco. Al principio, eras completamente ignorante, no tenías idea alguna sobre lo que era la verdad o el carácter corrupto. Ahora, los conoces un poco más y has llegado a tener comportamientos virtuosos. Sin embargo, esto es sólo un cambio menor. Todavía no has transformado tu carácter porque aún no eres capaz de practicar una verdad más alta y profunda, una verdad que implique toda tu naturaleza. El cambio que has experimentado es tan sólo un pequeño cambio en tu humanidad con respecto a tu condición anterior. Aún te queda mucho camino por recorrer para alcanzar el máximo nivel de la verdad. Esto significa que, como practicante de la verdad, aún no cumples los requisitos”. Al leer estas palabras, me sentí inevitablemente aturdida. ¿Lo único que había logrado no era más que un puñado de actos correctos? ¿Aún estoy lejos de practicar la verdad de forma genuina? Entonces, pensé, ¿qué significa practicar genuinamente la verdad? Empecé a buscar la respuesta a esta pregunta. Más tarde, en comunión del hombre, leí las siguientes palabras: “Aquellos que practican la verdad de forma voluntaria, están dispuestos a pagar el precio y aceptar las dificultades que conlleva. Por supuesto, sus corazones están llenos de felicidad y gozo. Aquellos que desean practicar la verdad, jamás lo hacen de forma superficial, porque no desean exhibirse. La conciencia y la razón que poseen como seres humanos normales y corrientes les obliga a cumplir su parte como creaciones de Dios. Para ellos, practicar la verdad es la esencia del ser humano; una cualidad que cualquier humano normal debería poseer” (“La comunión de los de arriba”). Tras leer esto, finalmente lo comprendí: los verdaderos practicantes de la verdad pueden practicar la verdad porque comprenden su propósito. Saben que practicar la verdad es lo que significa ser humanos, es una cualidad intrínseca a todo ser humano. Por tanto, no lo hacen para exhibirse; lo ven como un deber. Están dispuestos a atravesar penalidades y a pagar el precio; están desprovistos de intenciones y deseos personales. Entonces, ¿de qué modo practiqué yo la verdad? Al desvelar mi carácter corrupto, quizás me mostrara sincera o transparente ante los hermanos y hermanas pero, en mi corazón, pensaba: “¿Veis cómo practico la verdad? Soy capaz de abrirme sin reserva mis propios caracteres corruptos. Eso me hace mejor persona que vosotros, ¿eh?” Cuando los hermanos trataron conmigo y me podaron, puede que no me justificara en voz alta pero, por dentro, decía “¿Lo veis? Ya no me justifico. He mejorado mucho. Probablemente ahora sí estoy calificada como alguien dispuesto a aceptar la verdad, ¿eh?” Cuando discutía con mis compañeros de trabajo, puede que conscientemente me reprimiera y evitara cualquier arrebato, pero en mi corazón pensaba: “¿Lo veis? Ya no soy intolerante y de mente cerrada como antes. He cambiado, ¿verdad?”… Cuando pensé en mi modo de practicar la verdad, finalmente me di cuenta de que no la estaba practicando realmente. Estaba llena de motivaciones y deseos egoístas. Lo hacía para exhibirme. Quería que los demás me admiraran y halagaran. ¿Cómo pude pensar que estaba practicando la verdad sólo porque había entendido su significado? ¿Cómo pude hacer aquello para satisfacer a Dios? Lo estaba haciendo para satisfacerme a mí misma y exhibirme ante los demás. Estaba engañando a Dios. En realidad, estaba traicionando a la verdad. Mi supuesta “práctica de la verdad” sólo consistía en seguir una serie de reglas. Se trataba de un ejercicio de represión, un cese de determinados actos incorrectos. Sólo fue un cambio externo. Estaba lejos de cumplir los requisitos necesarios para ser una practicante de la verdad. Sin embargo, no sólo estaba desvergonzadamente segura de ser una practicante de la verdad, sino que también me convertí en una persona satisfecha de sí misma. ¡Mi comportamiento superaba los límites de lo aceptable!

Dios, te doy gracias por esclarecerme y ser mi guía. Gracias por mostrarme mi práctica artificiosa de la verdad y que mi aplicación de la verdad no cumplía con tus exigencias. A partir de hoy, estoy dispuesta a reflexionar sobre mis propias intenciones y a observar los requisitos necesarios para la práctica de la verdad. Me liberaré de las impurezas y me convertiré en una auténtica practicante de la verdad.

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