86. Hablar con franqueza ya no resulta complicado

Por Chen Ming, China

Desde pequeña, mis padres me enseñaron que, cuando me relacionara con otras personas, debía elegir mis palabras según la situación, evitar señalar los problemas de los demás, aunque los detectara, tener en cuenta los sentimientos de la gente al hablar y ser empática y accesible. Me enseñaron que de este modo no me causaría problemas a mí misma, los demás me apreciarían y que esa era la única manera de afianzarme en la sociedad. En aquel entonces, sentía que eso tenía sentido y que era la manera en la que debía comportarme; por lo tanto, al relacionarme con los demás, casi nunca existían peleas o conflictos. Incluso si notaba algún problema en la otra persona, no lo señalaba. Después de empezar a creer en Dios, seguí manejando mis relaciones de la misma forma, y rara vez señalaba o exponía los problemas que veía en mis hermanos y hermanas. Así ocurrió, especialmente, en mi trato con la hermana con la que trabajaba. Aunque percibía con claridad que existían problemas en la manera en la que cumplía con su deber y quería señalárselos, cada vez que las palabras estaban a punto de salir de mi boca, me las tragaba de nuevo. Me preocupaba continuamente que, si le señalaba sus problemas y se negaba a aceptarlo, me mirara con descontento y desarrollara prejuicios en mi contra. Más tarde, a través de las palabras de Dios, finalmente adquirí cierto discernimiento sobre la idea propia de la cultura tradicional que afirma: “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos”.

En octubre de 2021, me designaron compañera de la hermana Liu Lin y ambas éramos responsables del trabajo de la iglesia. Después de un tiempo, me di cuenta de que al llevar a cabo su deber no asumía la carga. Era responsable del trabajo evangélico, pero no le hacía un seguimiento ni lo supervisaba. Además, cuando los líderes preguntaban por el trabajo, no presentaba los informes. Le pregunté por qué no los entregaba, y me dijo que no se sentía bien. Al ver que Liu Lin actuaba de esta manera, quise señalar que su actitud hacia su deber era muy irrespetuosa y que ella no mostraba responsabilidad alguna. Sin embargo, cuando las palabras estuvieron a punto de salir de mi boca, me las tragué de nuevo. Pensé: “Es mejor no decir nada. Si no lo acepta y me mira con descontento, será muy incómodo llevarme bien con ella en el futuro”. Así que no dije nada más y pensé que tal vez, cuando estuviera mejor de salud, pondría todo su empeño en el trabajo. En esa época, Liu Lin dijo que sentía un dolor en la zona de las vértebras cervicales, así que le realicé un tratamiento de “gua sha”, una especie de raspado. Le dije que prestara atención a la actividad física y también le brindé algunas palabras de aliento. No obstante, no mencioné los problemas que existían en la forma en la que cumplía con su deber. Tres meses después, un día un predicador nos habló sobre algunas tareas específicas relacionadas con la prédica del evangelio. Más tarde, le pregunté a Liu Lin si lo había compartido con los hermanos y hermanas y si lo había implementado. Ella respondió: “Solo lo mencioné de pasada”. Me sentí furiosa por dentro y quise podarla: “Eres muy irresponsable. ¿Acaso eso no está retrasando el trabajo?”. Sin embargo, en cuanto las palabras estuvieron a punto de salir de mi boca, me las tragué nuevamente. Pensé: “Si la podo frente a todos, ella quedará mal. ¿Podría formar un prejuicio en mi contra? ¿Dirá que la avergoncé delante de nuestros hermanos y hermanas a propósito? Es mejor no decir nada”. Así que me dispuse a implementar el trabajo, y luego no hablé con ella ni le señalé sus problemas.

A finales de junio de 2022, había que revisar algunos sermones con urgencia. Zhang Ting ya había trabajado en eso antes, así que le pedí a Liu Lin que hablara con ella. Por la noche, le pregunté a Liu Lin si había hablado con Zhang Ting sobre los principios en detalle, pero con una expresión de desagrado, me respondió con impaciencia: “Ya lo entiende todo, ¡no hace falta hablarlo con tanto detalle!”. Quise recordarle: “Si no lo hablas en profundidad, y luego resulta que Zhang Ting no comprende bien los principios, ¿acaso no se retrasará el trabajo?”. Sin embargo, en cuanto las palabras estuvieron a punto de salir de mi boca, me las tragué de nuevo. Pensé: “En el momento en que le pregunté sobre ello, noté que se veía molesta. Si le señalo sus deficiencias otra vez, se enojará aún más. ¿Cómo nos vamos a llevar en el futuro?”. Así que no le hice ver sus problemas, y simplemente le dije con calma que, en lo sucesivo, necesitaba corregir su rumbo. Posteriormente, debido a que Zhang Ting no captaba los principios, fue necesario rehacer el trabajo, y algo que debería haberse resuelto en un día se demoró más de diez. Los líderes superiores enviaron una carta para informar que no estábamos asumiendo la carga de nuestro deber y que nuestro trabajo era ineficiente. En mi interior me sentí culpable. Este retraso tenía que ver conmigo. Había visto que Liu Lin cumplía con su deber de manera irresponsable, pero nunca expuse sus problemas para proteger nuestra relación, lo cual retrasó el trabajo. Durante ese tiempo, sentía el corazón muy reprimido y lleno de dolor. Una vez que me calmé, pensé: “¿Qué lecciones quiere Dios que aprenda de estas situaciones que Él ha dispuesto?”. Le oré: “Dios mío, he notado que la hermana con la que estoy trabajando no asume la carga de su deber y ha retrasado el trabajo, pero no me atrevo a señalar sus problemas porque temo que me mire con descontento. Dios mío, te pido que me esclarezcas y me guíes para poder aprender lecciones de esta situación”.

Un día, vi un video de un testimonio vivencial. El testimonio de la hermana y las palabras de Dios citadas en él me ayudaron, en cierta medida, a comprenderme a mí misma. Dios dice: “Practicar la verdad no consiste en decir palabras vacías ni gritar consignas. Más bien consiste en cómo, independientemente de lo que la gente encuentre en la vida, siempre que tenga que ver con los principios de la conducta propia, sus perspectivas sobre las cosas o el asunto de la ejecución de sus deberes, se enfrenta a una elección y debe buscar la verdad, encontrar un fundamento y principios en las palabras de Dios, y luego debe encontrar una senda de práctica. Aquellos capaces de practicar de este modo son personas que persiguen la verdad. Ser capaz de perseguir la verdad de este modo, por muy grandes que sean las dificultades que uno encuentre, es recorrer la senda de Pedro, la senda de búsqueda de la verdad. Por ejemplo: ¿qué principio debe defenderse a la hora de relacionarse con los demás? Tu punto de vista original es que ‘La armonía es un tesoro y la paciencia, una virtud’, que debes mantenerte en una posición en la que agrades a todos, evitar que los demás queden mal y no ofender a nadie, de modo que será fácil llevarse bien con ellos en el futuro. Constreñido por este punto de vista, guardas silencio cuando presencias que otros hacen cosas malas o vulneran los principios. Preferirías que la obra de la iglesia sufriera pérdidas antes que ofender a nadie. Sea quien sea aquel con el que interactúas, buscas quedar bien con esa persona. Siempre piensas en los sentimientos humanos y en guardar las apariencias cuando hablas, siempre pronuncias palabras que suenan bien para complacer a los demás. Incluso si descubres que otros tienen problemas, optas por tolerarlos y te limitas a hablar sobre ellos a sus espaldas, pero a la cara sigues respetando la paz y mantienes la relación. ¿Qué opinión te merece comportarte de esta manera? ¿Acaso no corresponde a la de una persona complaciente? ¿No es bastante escurridiza? Vulnera los principios de la conducta propia. ¿No es una bajeza comportarse de esa forma? Quienes actúan así no son buenas personas y esa no es una manera noble de comportarse. Da igual lo mucho que hayas sufrido y cuántos precios hayas pagado, si te comportas sin principios, entonces habrás fracasado a este respecto, y no serás reconocido, recordado ni aceptado ante Dios(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para hacer bien el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón). Las palabras de Dios son claras como el agua. Practicar la verdad significa comportarse y actuar de acuerdo con los principios-verdad, sin tener en cuenta los sentimientos personales ni temer ofender a la gente. Yo no manejaba mi relación con los demás conforme a los principios-verdad. Constantemente me dejaba llevar por mis sentimientos, temía ofender a los demás y protegía mis relaciones interpersonales. Vi que, en su labor de líder, Liu Lin no se preocupaba en absoluto por su trabajo. Como su compañera, debí haber señalado sus problemas en el cumplimiento de su deber, pero temí que nuestra relación se volviera incómoda si no lo aceptaba, y que fuera difícil que nos lleváramos bien en el futuro. A fin de preservar nuestra relación amistosa, la animé con palabras vacías para mostrarme empática y atenta. A simple vista, no discutí ni peleé con Liu Lin y traté de mantenerme en buenos términos con ella. Me limité a decir palabras agradables para mantener la relación carnal con ella, pero el trabajo de la iglesia se vio afectado. ¿Había algo de humanidad en mis acciones? ¡Fui muy egoísta y falsa! Pensé en cómo Dios ama a los honestos y aborrece a los complacientes escurridizos y falsos. Al comportarme de esta manera, ¿acaso no estaba provocando el odio de Dios? Pensé en que el deber es una comisión que Dios le asigna a la especie humana y en que debía proteger los intereses de Su casa. Cuando vi que la forma en la que Liu Lin hacía las cosas perjudicaba el trabajo, debí haberlo señalado y ayudarla, sin temer esto o aquello.

Un día, durante una reunión, comimos y bebimos un pasaje de las palabras de Dios que me brindó cierta comprensión acerca de mis problemas. Dios Todopoderoso dice: “Hay un dogma en las filosofías para los asuntos mundanos que dice: ‘Callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena’. Esto significa que, para preservar esta buena amistad, uno debe guardar silencio sobre los problemas de su amigo, incluso si los percibe claramente. Respetan los principios de no pegarle a la gente en la cara ni llamarle la atención por sus defectos. Se engañan mutuamente, se ocultan el uno del otro e intrigan el uno contra el otro. Aunque sepan con claridad absoluta qué clase de persona es el otro, no lo dicen abiertamente, sino que emplean métodos taimados para preservar su relación. ¿Por qué querría uno preservar esas relaciones? Se trata de no querer hacer enemigos en esta sociedad, dentro del propio grupo, lo cual significaría someterse a menudo a situaciones peligrosas. Al saber que alguien se convertirá en tu enemigo y te perjudicará después de que le hayas llamado la atención por sus defectos o le hayas hecho daño, y al no desear colocarte en esa situación, empleas el dogma de las filosofías para los asuntos mundanos que dice que ‘Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’. A la luz de esto, si dos personas mantienen una relación de este tipo, ¿se considera que son verdaderos amigos? (No). No son verdaderos amigos, y mucho menos el confidente del otro. Entonces, ¿de qué tipo de relación se trata exactamente? ¿No es una relación social fundamental? (Sí). En este tipo de relaciones sociales, las personas no pueden entablar debates sinceros ni tener conexiones profundas ni hablar sobre lo que les venga en gana. No pueden decir en voz alta lo que hay en su corazón o los problemas que perciben en otras personas ni tampoco palabras que puedan beneficiar a otros. En cambio, optan por decir cosas agradables para conservar el favor de otros. No se atreven a decir la verdad ni a defender los principios, de modo que evitan que los demás desarrollen pensamientos hostiles hacia ellos. Cuando nadie supone una amenaza para alguien, ¿acaso esa persona no vive en relativa tranquilidad y paz? ¿No es este el objetivo de las personas que promueven el dicho ‘Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’? (Así es). Es evidente que se trata de una forma de supervivencia torcida y falsa con un elemento de cautela, cuyo objetivo es la propia preservación. Al vivir de esta manera, las personas no tienen confidentes, ni amigos íntimos a los que puedan decirles lo que quieran. Entre las personas, solo hay cautela, explotación e intrigas mutuas, cada uno toma de la relación lo que le conviene. ¿No es así? En el fondo, el objetivo de ‘Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’ es evitar ofender a otros y no ganarse enemigos, no causar daño a nadie para protegerse a uno mismo. Se trata de una técnica y un método que uno adopta para evitar ser lastimado. Si observamos estas facetas diversas de su esencia, ¿es noble exigir de la conducta moral de la gente ‘Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’? ¿Es positivo? (No). Entonces, ¿qué es lo que enseña esto a la gente? Que no debes ofender ni herir a nadie para que no seas tú el que termine herido; asimismo, que no se debe confiar en nadie. Si haces daño a un buen amigo tuyo, la amistad empezará a cambiar sutilmente; pasará de ser un buen amigo, un amigo íntimo, a ser un desconocido o un enemigo. ¿Qué problemas se resuelven enseñando a las personas a actuar así? Aunque al actuar de esta manera no te crees enemigos e incluso pierdas unos cuantos, ¿acaso esto hará que la gente te admire o te apruebe y te tenga siempre como amigo? ¿Con esto se alcanza plenamente el estándar de conducta moral? En el mejor de los casos, no es más que una filosofía para los asuntos mundanos. ¿Se puede considerar una buena conducta moral la obediencia a este enunciado y a esta práctica? En absoluto(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (8)). Estas palabras de Dios expusieron precisamente mi verdadero estado. Siempre había sido extremadamente atenta y empática al relacionarme con los demás. Si notaba algún problema en la otra persona, no lo señalaba por miedo a dañar nuestra relación. En especial, cuando llevaba a cabo mis deberes junto con Liu Lin, vi que su actitud hacia su deber era muy irrespetuosa y que eso había retrasado el trabajo de la iglesia. Quise señalar sus problemas, pero cuando noté su descontento, sentí una opresión en la garganta y no pude decir ni una palabra por temor a dañar nuestra relación. Me dejé llevar por las sendas satánicas de supervivencia, como “Si tú estás bien, yo estoy bien, todos estamos bien”, “Callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena” y “Si pegas a otro, no le pegues en la cara; si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos”, y me había vuelto particularmente escurridiza y falsa. Tenía en cuenta mis propios intereses y, en todo momento, protegía mi relación con los demás. Había sido así desde niña: cuando notaba problemas en otras personas, no los señalaba con franqueza. Pensaba que eso significaba ser atenta y que era una señal de buena humanidad. Sin embargo, quienes realmente poseen una buena humanidad manifiestan un sentido de lealtad y responsabilidad hacia su deber. Tienen un corazón honesto tanto hacia los demás como hacia Dios, pueden proteger los intereses de Su casa y, cuando ven que otros hacen cosas que vulneran los principios-verdad, son capaces de compartir, ayudar, señalarlo y exponerlo para que las personas puedan comprenderlo sin demora y corregir su rumbo. Anteriormente, había creído que evitar mencionar los problemas de los demás cuando los notaba significaba ayudarlos a no perder su prestigio, mostrarles consideración y tener buena humanidad. Mi punto de vista no era el correcto. A primera vista, estas ideas propias de la cultura tradicional están en línea con la humanidad y la moralidad, pero, en esencia, incitan a las personas a urdir estratagemas y a jugar sucio, y las convierten en seres cada vez más escurridizos y falsos. Si continuaba viviendo conforme a tales ideas, mi carácter corrupto nunca cambiaría y jamás viviría una humanidad normal.

Al buscar, leí más palabras de Dios: “¿La frase ‘llamar la atención’ en el dicho ‘si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’ es buena o mala? ¿La frase ‘llamar la atención’ tiene un sentido en el cual hace referencia a que las personas sean reveladas o puestas en evidencia en las palabras de Dios? (No). A Mi entender, la frase ‘llamar la atención’ tal y como se encuentra en el lenguaje humano, no significa eso. Su esencia es cierta forma maliciosa de poner en evidencia; significa desenmascarar los problemas y las deficiencias de la gente, o ciertas cosas y comportamientos desconocidos para los demás, o bien algunas intrigas, ideas o puntos de vista que operan en segundo plano. Este es el significado de la frase ‘llamar la atención’ en el dicho ‘si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’. Si dos personas se llevan bien y son confidentes, sin ninguna barrera entre ellas, y ambas esperan poder beneficiar y ayudar a la otra, entonces lo mejor será que se sienten juntas y expliquen los problemas de ambas de una forma franca y sincera. Esto es lo correcto, y no es llamar la atención sobre los defectos de los demás. Si descubres que otra persona tiene problemas, pero observas que aún no es capaz de aceptar tus consejos, basta con que no digas nada, para evitar peleas o conflictos. Si quieres ayudarla, puedes pedirle su opinión y primero preguntarle: ‘Veo que tienes un pequeño problema y me gustaría darte algún consejo. No sé si podrás aceptarlo. Si puedes, te lo digo. Si no, por ahora me lo guardaré para mí y no diré nada’. Si dice: ‘Confío en ti. Lo que digas no estará fuera de lugar; puedo aceptarlo’, eso significa que te concede permiso, y entonces puedes comunicarle sus problemas uno a uno. No solo aceptará completamente lo que digas, sino que también se beneficiará de ello, y los dos podréis seguir manteniendo una relación normal. ¿Acaso no es eso tratarse con sinceridad? (Sí). Este es el método correcto para relacionarse con los demás; no es llamarles la atención por sus defectos. ¿Qué significa no ‘llamar la atención por los defectos de los demás’, como dice el dicho en cuestión? Supone no hablar de las deficiencias de los demás, no hablar de aquellos problemas que constituyen su mayor tabú, no exponer la esencia de sus problemas y no ser tan descarado a la hora de llamar la atención al respecto. Supone limitarse a hacer algunos comentarios someros, decir cosas que todo el mundo suele decir, decir cosas que la propia persona ya es capaz de percibir, y no poner al descubierto errores que la persona haya cometido anteriormente ni tampoco temas delicados. ¿En qué beneficia a la otra persona si actúas así? Puede que no la hayas ofendido o no te hayas enemistado con ella, pero lo que has hecho no le ayuda ni le beneficia en absoluto. Por tanto, la propia frase ‘no le llames la atención por sus defectos’ es esquiva y una forma de engaño que no permite que exista sinceridad en el trato recíproco de las personas. Se podría decir que actuar así es albergar malas intenciones; no es la manera correcta de relacionarse con los demás. Los no creyentes incluso consideran que la frase ‘si increpas a alguien, no le llames la atención por sus defectos’ es algo que debería hacer una persona de noble moral. Se trata claramente de una manera taimada de interactuar con los demás, que las personas adoptan para protegerse a sí mismas; en absoluto es un modo adecuado de interacción. No llamar la atención por los defectos de los demás es en sí mismo poco sincero y, al llamar la atención sobre los defectos ajenos, quizá haya una segunda intención(La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué significa perseguir la verdad (8)). Después de leer las palabras de Dios, entendí el significado de llamar la atención a las personas por sus defectos y cómo no hacerlo y, en lugar de eso, ayudarlas. Llamarles la atención por sus defectos involucra intenciones personales y estratagemas, y el propósito es avergonzarlas o competir por beneficios personales. Sus problemas y deficiencias se magnifican sin límite, y se las menosprecia y condena, de modo que, al final, se cumpla el objetivo de obtener beneficios personales. Sin embargo, señalar y exponer los problemas de las personas tiene como fin ayudarlas. Si descubrimos un problema grave en una persona y esta no lo reconoce por sí misma, señalarlo con amor, hablar de ello, exponerlo y diseccionarlo de acuerdo con su estatura no es llamarle la atención por sus defectos; es ayudarla. Así deben actuar las personas con una humanidad normal. Vi que Liu Lin no asumía la carga de su deber y quise señalarlo, pero sentí que, si lo hacía, le estaría llamando la atención por sus defectos. Mi punto de vista era falaz. Si la menospreciara y la avergonzara intencionadamente, para que sus hermanos y hermanas tuvieran una opinión negativa de ella y yo me hiciera ver como si estuviera asumiendo la carga, eso sí sería llamarle la atención por sus defectos. Pero, en realidad, esa no era mi intención. Solo quería proteger el trabajo de la iglesia y ayudarla, así que no le estaba llamando la atención por sus defectos.

Más tarde, vi a Liu Lin. Cuando estaba a punto de señalar sus problemas, seguí dudando por dentro y temí que ella me mirara con descontento, de modo que en mi interior recurrí constantemente a Dios para que me guiara a practicar la verdad. En ese momento, recordé un pasaje de las palabras de Dios que había leído anteriormente, y lo busqué para volver a leerlo. Dios Todopoderoso dice: “Si tienes la intención y la perspectiva de un complaciente, entonces, en todos los asuntos, no practicarás la verdad ni te adherirás a los principios, así que fracasarás y caerás siempre. Si no despiertas y no buscas nunca la verdad, entonces eres un incrédulo, y nunca obtendrás la verdad y vida. Así pues, ¿qué deberías hacer? Cuando te enfrentes con esas cosas, debes orar a Dios y llamarle, pedirle que te salve y que te dé fe y fuerza, permitiéndote así adherirte a los principios, hacer lo que debas hacer, manejar las cosas de acuerdo con los principios, mantenerte firme en la posición que debes defender, proteger los intereses de la casa de Dios y evitar que la obra de esta sufra ninguna pérdida. Si puedes rebelarte contra tus propios intereses, tu orgullo y tu punto de vista de complaciente y si haces lo que debes hacer con un corazón honesto y puro, entonces habrás derrotado a Satanás y habrás ganado este aspecto de la verdad. Si te obcecas con insistencia en vivir según la filosofía de Satanás, en proteger tus relaciones con los demás, y si nunca pones en práctica la verdad ni te atreves a defender los principios, ¿podrás entonces practicar la verdad en otros asuntos? Seguirás sin tener fe ni fuerza. Si nunca eres capaz de buscar o aceptar la verdad, entonces ¿esa fe en Dios te permitirá obtener la verdad? (No). Y si no puedes obtener la verdad, ¿puedes ser salvado? No puedes. Si siempre vives según la filosofía de Satanás, sin la menor realidad-verdad, entonces de ninguna manera podrás ser salvado(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Las palabras de Dios me dieron fuerzas. Ya no podía seguir siendo una persona complaciente. Era necesario que practicara la verdad sin falta. No importaba si Liu Lin me miraba con descontento o no. Debía señalar sus problemas y proteger los intereses de la iglesia y, así, satisfacer a Dios. Me armé de valor para señalar sus problemas. Cuando Liu Lin lo escuchó, aunque se sintió un poco molesta, también reconoció sus propios problemas.

Después, leí más palabras de Dios: “¿Qué es la cooperación? Debéis ser capaces de conversar de las cosas unos con otros y de expresar vuestros puntos de vista y opiniones; debéis complementaros y supervisaros unos a otros, pedir ayuda unos a otros, hacer indagaciones y recordaros asuntos unos a otros. De eso se trata colaborar en armonía. Pongamos, por ejemplo, que manejas un tema de acuerdo con tu propia voluntad y alguien dice: ‘Lo has hecho mal, completamente en contra de los principios. ¿Por qué lo manejaste como quisiste, sin buscar la verdad?’. A eso respondes: ‘Es verdad, ¡me alegra que me lo hayas advertido! Si no lo hubieses hecho, ¡hubiera sido un desastre!’. Eso es que se recuerden cosas mutuamente. ¿Qué es, entonces, supervisarse unos a otros? Todo el mundo tiene un carácter corrupto y puede ser superficial al llevar a cabo su deber, protegiendo solo su propio estatus y su orgullo y no los intereses de la casa de Dios. Esos estados se encuentran en cada una de las personas. Si te enteras de que una persona tiene un problema, deberías tomar la iniciativa de compartir con ella y recordarle que debe cumplir su deber de acuerdo con los principios, al tiempo que permites que te sirva de advertencia a ti también. Eso es supervisión mutua. ¿Qué función cumple la supervisión mutua? Está destinada a salvaguardar los intereses de la casa de Dios y también a evitar que la gente tome la ruta incorrecta(La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 8: Quieren que los demás se sometan solo a ellos, no a la verdad ni a Dios (I)). A partir de las palabras de Dios, entendí que, al cooperar en el cumplimiento de nuestro deber, debemos supervisarnos mutuamente, y que si descubrimos que nuestro compañero actúa de una manera que vulnera los principios, debemos señalar el problema, hablar de ello y ayudarlo. Eso es cumplir con el deber de acuerdo con los principios-verdad. De esta manera, las personas pueden entender la verdad y, más aún, se protege el trabajo de la iglesia. Al mismo tiempo, como líderes u obreros, debemos tratar a nuestros hermanos y hermanas conforme a los principios-verdad. En el caso de aquellos que hace poco que creen en Dios y no tienen suficiente estatura, si descubrimos que revelan un carácter corrupto o hacen cosas que vulneran los principios, debemos hablar con ellos de forma cariñosa para ayudarlos. En cuanto a aquellos que hace muchos años que creen en Dios y entienden los principios, pero son irresponsables con respecto a su trabajo, debemos señalarlo y exponerlo. Si después de haberlo señalado y expuesto varias veces no muestran el más mínimo arrepentimiento, se los debe destituir conforme a los principios. Más tarde, vi que la actitud de Liu Lin hacia el cumplimiento de su deber aún no había cambiado, así que, después de hablarlo con otra compañera, informamos su comportamiento a los líderes superiores y ellos la destituyeron.

Después, cuando notaba problemas en la forma en la que los hermanos y hermanas cumplían con su deber, ya no me limitaba a tener en cuenta mi propia reputación ni protegía mi relación con ellos. Podía señalar sus problemas y ayudarlos de acuerdo con su estatura. Al practicar de esta manera, mis hermanos y hermanas se beneficiaron y yo, en mi interior, me sentí tranquila. Experimenté que, si practicas de acuerdo con las palabras de Dios y los principios-verdad, tu corazón estará sereno y en paz. ¡Gracias a Dios por Su guía!

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