26. Aprendí a hacer mi deber con los pies en la tierra
En abril de 2023, recibí una carta de los líderes que decía que tenía un carácter arrogante, que no buscaba los principios-verdad al seleccionar y nombrar a la gente, y que siempre elegía a personas inadecuadas según mi propia voluntad, lo que causaba trastorno y perturbación en el trabajo de la iglesia. También decía que no había cambiado ni siquiera después de las charlas, y que, durante mi año como líder, no había progresado mucho. En resumen, me evaluaron y dijeron que tenía un calibre regular y que no era apta para que me siguieran cultivando como líder u obrera. Como tenía cierto talento para escribir, me asignaron un deber relacionado con textos. Leer la carta de los líderes fue un duro golpe para mi corazón. Lo que los líderes querían decir era que mi escaso calibre me impedía ser apta para el deber de líder. Eso significaba que ya no podría servir como líder u obrera. Con esto, no solo perdería la estima de mis hermanos y hermanas, sino que también perdería muchas oportunidades de ganar la verdad y mi esperanza de salvación sería escasa. Al pensar en esto, me sentí increíblemente abatida. Por la noche, daba vueltas en la cama, totalmente incapaz de dormir, y pensaba: “Me han reasignado por mi escaso calibre. Nunca más tendré la oportunidad de destacar; seré una don nadie para siempre. Al realizar el deber relacionado con textos, lo único que haré cada día es revisar artículos y responder cartas. No se parece en nada a ser líder, donde puedes hacer arreglos y tomar decisiones sobre todos los aspectos del trabajo, o tener reuniones con los hermanos y hermanas para guiar el trabajo. Nunca más volveré a disfrutar de su estima y apoyo. Además, los líderes seguro que les dirán a los hermanos y hermanas que me conocen por qué me destituyeron. Probablemente hasta me disciernan. Entonces, mi reputación quedará por los suelos, ¡y mi deshonra será total!”. Cuanto más lo pensaba, más sentía que mi vida era sombría y mi futuro totalmente desolador, y mis lágrimas caían sin control. Me di cuenta de que esos pensamientos que tenía estaban mal, y quise reponerme y dedicar mi corazón a mi deber. Pero, cada vez que recordaba que me habían reasignado por mi escaso calibre, sentía como si un cuchillo se retorciera en mi corazón. No podía sosegar mi corazón para hacer mi deber y, a veces, simplemente me escondía para llorar en secreto. Durante ese tiempo, realizaba mi deber por inercia cada día, me conformaba con encargarme de mis propias tareas sin preocuparme mucho por el trabajo en general. Cuando veía que los hermanos y hermanas de mi equipo eran flojos en su trabajo, y que la líder del equipo no asumía ninguna carga en su deber y no hacía planes razonables para ello, yo no compartía para resolverlo, pues sentía que no tenía nada que ver conmigo. Como no asumía ninguna carga en mi deber, este no daba resultados. Solo después de que el supervisor me señaló mis problemas y me podó, me di cuenta de la gravedad del asunto. Me preocupaba que me destituyeran si seguía así, así que quise buscar la verdad para resolver mis problemas. Oré: “Dios mío, estoy en un estado muy malo y nunca logro reunir energías, pero no sé cuál es la causa. Por favor, esclaréceme para que pueda entender mis propios problemas y aprender mis lecciones”.
Durante mis prácticas devocionales, leí un pasaje de las palabras de Dios que hablaba directamente de mi estado. Dios dice: “Cuando se destituye a algunos de su puesto como líder y oyen que lo Alto dice que no volverán a cultivarlos o a emplearlos, se sienten increíblemente tristes y lloran con amargura, como si los descartaran; ¿qué tipo de problema es este? ¿Significa el hecho de que no vuelvan a cultivarlos o emplearlos que los descarten? ¿Significa que ya no pueden alcanzar la salvación? ¿Son la fama, las ganancias y el estatus realmente tan importantes para ellos? Si se trata de alguien que persigue la verdad, debería reflexionar sobre sí mismo al perder la fama, las ganancias y el estatus y sentir un remordimiento real; debería elegir la senda de perseguir la verdad, hacer borrón y cuenta nueva y no afligirse ni llorar tanto. Si sabe en el corazón que la casa de Dios lo ha destituido porque no hace ningún trabajo real ni persigue la verdad y oye que la casa de Dios dice que no volverán a ascenderlo ni a usarlo, debería sentir vergüenza, pensar que está en deuda con Dios y que lo ha decepcionado a Él; debería saber que no se merece que Dios lo emplee y, de esta manera, se podría considerar que tiene un mínimo de razón. No obstante, se vuelve negativo y se aflige al oír que la casa de Dios no volverá a cultivarlo ni a emplearlo, y esto muestra que persigue la fama, las ganancias y el estatus y que no es alguien que persiga la verdad” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 12: Quieren retirarse cuando no tienen estatus ni esperanza de recibir bendiciones). Las palabras de Dios me llegaron directo al corazón. Me sentí muy avergonzada y también muy conmovida. En esta reasignación de mi deber, escuchar a los líderes evaluarme diciendo que tenía un calibre regular y que no era apta para ser cultivada como líder fue un duro golpe. Sentí que, como me habían reasignado por mi escaso calibre, nunca más podría formarme como líder ni tendría la oportunidad de destacar. Sentí que mi vida era sombría y mi futuro desolador, y fui tibia con mi deber. Vi que mi deseo de estatus era demasiado fuerte. Cuando era líder, estaba llena de una energía inagotable. Corría de un lado a otro, atendiendo el trabajo de la iglesia desde el amanecer hasta el anochecer y, cada vez que veía un problema, me involucraba para resolverlo. Sentía que asumía una carga real y que era alguien considerada con las intenciones de Dios. Pero después de perder mi deber de líder, quedé como un globo desinflado y no podía reunir ninguna energía. Hacía mi deber de manera superficial cada día. Cuando vi que la líder del equipo no asumía ninguna carga en su deber y que el trabajo del equipo era un desastre desorganizado, actué como si no lo viera. Como si fuera alguien ajena, simplemente dejé que el trabajo se retrasara. Al hacer mi deber de esa manera, no estaba siendo para nada considerada con las intenciones de Dios; solo me esforzaba y era mano de obra. Vi que mi entusiasmo anterior y la carga que había asumido no eran más que por tener reputación y estatus, y que no estaba recorriendo la senda de la búsqueda de la verdad. En realidad, mi escaso calibre era solo una de las razones de mi destitución; la razón principal era mi naturaleza arrogante y mi negativa a aceptar la verdad. Debería haber aprovechado esta destitución para reflexionar y entender adecuadamente mi carácter corrupto y lograr un verdadero arrepentimiento, en lugar de estar deprimida todo el día por haber perdido mi estatus, lo que retrasó el trabajo de la iglesia. Esto era hacer el mal y era detestable para Dios. Después de eso, busqué palabras de Dios relacionadas con mis problemas para poder reflexionar y entenderme. Vi que, en el pasado, había realizado mi deber basándome en mi carácter arrogante, seleccionando y nombrando a las personas únicamente en función de su intelecto y sus dones. Cuando los líderes compartieron conmigo los principios-verdad, yo simplemente no los escuché. Como resultado, elegí a las personas equivocadas, lo que trastornó y perturbó el trabajo de la iglesia y dejó varias tareas en un estado de semiparálisis. Estuvo bien que los líderes me destituyeran; estaban protegiendo el trabajo de la iglesia. La iglesia aun así me había dado la oportunidad de hacer un deber, así que debía valorarla y arrepentirme como es debido. Después de eso, dediqué mi corazón a mi deber y tomé la iniciativa de involucrarme en el trabajo del equipo. Reflexioné detenidamente sobre las razones de nuestro lento progreso y, cuando encontraba problemas, buscaba los principios-verdad pertinentes para compartir sobre ellos y resolverlos. Cuando vi que la líder del equipo no asumía ninguna carga, se lo señalé y tuve una charla con ella. Ella logró entender un poco sus propios problemas y estuvo dispuesta a cambiar y arrepentirse. Después, planificamos el trabajo juntas, supervisándonos mutuamente y aprendiendo de las fortalezas de la otra. Al cabo de un tiempo, los resultados del trabajo empezaron a mostrar cierta mejoría.
Un día de junio, los líderes superiores me preguntaron de repente si estaba dispuesta a realizar un deber en el equipo de corrección de textos de la casa de Dios. Al oír esto, tuve sentimientos encontrados. Al pensar en mi estado de abatimiento después de que me asignaran al deber relacionado con textos, sentí que no merecía que me ascendieran. Al mismo tiempo, también estaba un poco preocupada: “Si elijo hacer el deber relacionado con textos en el equipo de corrección, puede que nunca más tenga la oportunidad de ser líder. ¿Eso no me dificultará destacar sobre los demás?”. Al pensar esto, quise negarme, pero también sabía que la iglesia siempre dispone los deberes según las necesidades del trabajo y que la razón que un ser creado debe tener es someterse, así que acepté ir. Al principio, tenía cierto deseo de hacer bien mi deber, pero como mi estado no había cambiado de verdad, volví a quedar en evidencia en cuanto ocurrió algo. Una vez, me enteré de que una hermana, que había sido destituida como líder, había ganado algo de entendimiento sobre sí misma y se había arrepentido, y pronto la eligieron para ser líder de nuevo. Sentí mucha envidia: “¿Por qué Dios le ha concedido tanta gracia y le ha dado tan buen calibre? Yo tengo más o menos la misma edad, pero por mi escaso calibre, he perdido para siempre la oportunidad de ser líder. De ahora en adelante, solo puedo ser un insignificante miembro del equipo. ¿Por qué Dios no me dio un buen calibre?”. Al pensar esto, sentí que no estaba siendo exaltada ni favorecida por Dios, y que los demás no me estimaban, y tuve una inexplicable sensación de tristeza y pérdida. A veces intentaba contenerme para no pensar en estas cosas, pero cada vez que terminaba mi deber y me detenía un momento, estos pensamientos afloraban sin control. Cuanto más lo pensaba, más perturbado sentía el corazón. Aunque no me atrevía a abandonar mi deber, no podía reunir energías para nada de lo que hacía. Simplemente hacía mi deber por inercia cada día y no lograba ningún resultado.
Un día, durante mis prácticas devocionales, leí un pasaje de las palabras de Dios y mi estado mejoró un poco. Dios Todopoderoso dice: “Sean cuales sean los problemas que tienen quienes creen en Dios, tanto si se trata de la búsqueda de estatus, fama, ganancia y riquezas como de la satisfacción de ambiciones y deseos personales, en cualquier caso, todos los problemas deben resolverse mediante la búsqueda de la verdad. Ningún problema puede evitar la verdad. Ninguna consideración es independiente de la verdad. En cuanto alguien se aleja de la verdad en su fe en Dios, su fe está vacía. No sirve de nada buscar ninguna otra cosa. Hay personas que están meramente satisfechas realizando sus deberes gloriosos e impresionantes, haciendo que otros las admiren y envidien. ¿Es esto útil? Este no es tu desenlace final, ni tampoco tu recompensa final, y mucho menos es este tu destino. Así que, independientemente del deber que lleves a cabo, es tan solo algo temporal, no es eterno. No es una aprobación que Dios te haya otorgado ni una recompensa que Él te haya concedido. En última instancia, que las personas puedan alcanzar la salvación no depende del deber que lleven a cabo, sino de si pueden comprender y obtener la verdad y de si son capaces de finalmente someterse a Dios por completo, de ponerse a merced de Su instrumentación, no tener consideración hacia su propio futuro y sino, y convertirse en seres creados acordes al estándar. Dios es justo y santo y estos son los estándares que usa para medir a toda la humanidad. Recuerda: estos estándares son inmutables. Fíjalos en tu mente y no pienses en ningún momento en buscar otra senda para perseguir algo que no es real. Los estándares que Dios requiere de todos los que desean alcanzar la salvación son inalterables para siempre. Son los mismos seas quien seas. Puedes alcanzar la salvación solo si crees en Dios según Sus estándares requeridos. Si buscas otra senda para perseguir cosas que son vagas e imaginas que tendrás éxito por casualidad, eres alguien que se resiste a Dios y lo traiciona, y sin duda Él te maldecirá y te castigará” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Después de leer las palabras de Dios, entendí que ser líder u obrero no significa que una persona vaya a tener un buen resultado al final. Dios determina el resultado de una persona basándose en si ha ganado la verdad y si su carácter corrupto ha cambiado. Yo no entendía el carácter justo de Dios. Siempre sentí que ser líder no solo traía prestigio y la alta estima de los demás, sino que también ofrecía más oportunidades de ganar la verdad y una mayor esperanza de ser salva, así que envidiaba a quienes eran líderes. Este punto de vista mío no estaba de acuerdo con la verdad. Pensé en todas las personas que habían sido líderes pero que, al final, quedaron en evidencia y fueron descartadas porque no persiguieron la verdad y recorrieron la senda equivocada. Por ejemplo, Yang, a quien yo conocía. Él buscó la fama, el provecho y el estatus durante su tiempo como líder debido a su naturaleza arrogante; compitió con los hermanos y hermanas por la fama y el provecho, e incluso hacía cosas como atacar por la espalda y marginar a quienes no estaban de acuerdo con él. Al final, trastornó y perturbó gravemente el trabajo de la iglesia y fue aislado. Luego estaba Dan, que siempre había sido líder u obrera. Sus dones y talentos eran excepcionales, pero en su deber, a menudo se exaltaba a sí misma, presumía, monopolizaba el poder y marginaba a los hermanos y hermanas con los que cooperaba. Cometió muchas acciones malvadas y fue calificada como un anticristo y expulsada. Gracias a los ejemplos de estas personas que fracasaron, vi que ser líder no garantiza que vayas a ser salvo y hecho perfecto. La clave es si persigues la verdad y recorres la senda correcta. Los líderes y obreros se encuentran con más personas, acontecimientos y cosas, así que ciertamente tienen más oportunidades de formarse. Si pueden centrarse en perseguir la verdad para resolver sus actitudes corruptas, seguramente ganarán más verdades, lo cual es beneficioso para ser hechos perfectos. Pero si no persiguen la verdad y sus actitudes corruptas no cambian, no podrán ser salvos aunque sean líderes. Si, basándose en sus actitudes corruptas, hacen el mal y causan trastorno y perturbación en el trabajo de la iglesia, al final quedarán en evidencia y serán descartados. El deber que realizas ahora no determina tu desenlace y destino futuros. Solo persiguiendo la verdad y despojándote de tu carácter corrupto podrás sobrevivir. Darme cuenta de esto llevó mucha iluminación a mi corazón, y vi que ahora ya no debía buscar deberes que dieran prestigio y que hicieran que la gente me estimara y envidiara. Debo perseguir la verdad para lograr un cambio en mi carácter; eso es lo más importante. Después de eso, mi mentalidad hacia mi deber cambió un poco. Cada vez que tenía tiempo libre, reflexionaba sobre las palabras de Dios y escribía artículos de testimonios vivenciales. Estaba más atenta a mi deber que antes, y este empezó a dar algunos resultados.
Más tarde, leí algunos pasajes más de las palabras de Dios, que me fueron de gran ayuda para entender mis propios problemas. Dios Todopoderoso dice: “Para los anticristos, el estatus y la reputación son su vida. Sin importar cómo vivan, el entorno en que vivan, el trabajo que realicen, lo que busquen, los objetivos que tengan y su rumbo en la vida, todo gira en torno a tener una buena reputación y un estatus alto. Y este objetivo no cambia, nunca pueden dejar de lado tales cosas. Este es el verdadero rostro de los anticristos y su esencia. Podrías dejarlos en un bosque primitivo en las profundidades de las montañas y seguirían sin dejar de lado su búsqueda de reputación y estatus. Puedes colocarlos en medio de cualquier grupo de gente e, igualmente, no pueden pensar más que en reputación y estatus. Si bien los anticristos también creen en Dios, consideran que la búsqueda de reputación y estatus es equivalente a la fe en Dios y colocan ambas cosas en pie de igualdad. Es decir, a medida que recorren la senda de la fe en Dios, también persiguen la reputación y el estatus. Se puede decir que, en el corazón de los anticristos, la búsqueda de la verdad en su fe en Dios es la búsqueda de reputación y estatus, y la búsqueda de reputación y estatus es también la búsqueda de la verdad; adquirir reputación y estatus supone adquirir la verdad y la vida. Si les parece que no tienen fama, provecho ni estatus, que nadie los respeta, los estima ni los sigue, se sienten muy decepcionados, creen que no tiene sentido creer en Dios, que no sirve de nada, y se dicen a sí mismos: ‘¿Es esa fe en dios un fracaso? ¿Acaso no estoy desprovisto de esperanza?’. A menudo sopesan estas cuestiones en su corazón. Sopesan cómo pueden hacerse un lugar en la casa de Dios, cómo pueden obtener una gran reputación en la iglesia, cómo pueden lograr que la gente los escuche cuando hablan y los apoye cuando actúan, cómo pueden hacer que la gente los siga sin importar donde estén, cómo pueden ser una voz influyente en la iglesia, así como fama, provecho y estatus; tales son las cosas en las que de verdad se concentran en su fuero interno, son las cosas que buscan” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)). “Sea cual sea el rumbo o el objetivo de tu búsqueda, si no reflexionas sobre la búsqueda de estatus y reputación y te resulta muy difícil dejar esto de lado, eso afectará a tu entrada en la vida. Mientras haya un lugar para el estatus en tu corazón, será plenamente capaz de controlar e influir en la dirección de tu vida y en el objetivo de tu búsqueda, en cuyo caso te resultará muy difícil entrar en la realidad-verdad, por no hablar de conseguir cambiar tu carácter; si en última instancia puedes obtener la aprobación de Dios, claro está, no hace falta decirlo. Es más, si nunca eres capaz de renunciar a tu búsqueda de estatus, esto afectará a tu capacidad para desempeñar tu deber de una manera que sea acorde al estándar, lo que dificultará mucho que te conviertas en un ser creado que cumpla con el estándar. ¿Por qué lo digo? No hay nada que Dios deteste más que el que la gente persiga el estatus, pues la búsqueda de estatus representa un carácter satánico; es una senda equivocada, nace de la corrupción de Satanás, es algo que Dios condena y es, precisamente, lo que Él juzgará y purificará. No hay nada que Dios deteste más que la gente persiga el estatus, pero tú sigues compitiendo obstinadamente por él, lo valoras y proteges indefectiblemente y siempre tratas de apropiarte de él. ¿No hay en todo ello cierta cualidad de antagonismo a Dios? Dios no ordena que la gente tenga estatus; Él provee a la gente de la verdad, el camino y la vida, para que, al final, se conviertan en seres creados acordes al estándar, pequeños e insignificantes, no gente que tenga estatus y prestigio y sea venerada por miles de personas. Por ello, se mire por donde se mire, la búsqueda del estatus es un camino a la ruina. Por muy razonable que sea tu excusa para buscar el estatus, esta senda sigue siendo equivocada y Dios no la aprueba. No importa cuánto te esfuerces o el precio que pagues, si deseas estatus, Dios no te lo dará; si Dios no te lo da, fracasarás en tu lucha por conseguirlo y, si sigues luchando, solo se producirá un resultado: que serás revelado y descartado; te hallarás en el camino a la ruina” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9 (III)).
Dios desenmascara que los anticristos consideran la reputación y el estatus como más importantes que su propia vida. Hacen de la obtención de una buena reputación y un alto estatus el objetivo de su búsqueda, y constantemente conspiran en sus corazones sobre cómo hacerse un lugar en la casa de Dios y cómo conseguir que los demás los admiren. En el momento en que pierden la fama, el provecho y el estatus, y ya no tienen la admiración y la veneración de sus hermanos y hermanas, pierden toda la energía y sienten que la vida no tiene sentido. Comparándome con esto, vi que mi comportamiento era exactamente igual al de un anticristo. Vivía según venenos satánicos como “Destácate del resto”, “El hombre lucha hacia arriba; el agua fluye hacia abajo” y “Un soldado que no quiere ser general no es un buen soldado”. Creía que tenía que destacarme del resto para vivir una vida con sentido y valor. En la escuela, estudiaba mucho. Después de ser elegida monitora de la clase, todos mis compañeros me admiraban y elogiaban. Me sentía muy orgullosa y pensaba que cualquier cantidad de sufrimiento valía la pena. Después de encontrar a Dios, vi que ser líder traía estatus y prestigio, así que siempre busqué ser líder. Cuando me eligieron líder y me gané la estima de mis hermanos y hermanas, mi corazón se sintió dulce como la miel. Sentí que había algo por lo que esforzarme al creer en Dios y hacer mi deber, así que participé activamente en todos los aspectos del trabajo, quedándome hasta altas horas de la noche todos los días y sin cansarme nunca. Cuando oí a los líderes superiores decir que no era apta para ser líder, sentí como si me hubieran golpeado con un mazo. La idea de que ya no podría ser líder y nunca más recibiría la estima y la veneración de mis hermanos y hermanas, y que incluso podrían discernirme, me hizo sentir que mi vida había tocado fondo. Sufría una angustia profunda y perdí por completo la energía para todo. Incluso me quejé de que Dios no me había dado un buen calibre, y pasaba los días aturdida, viviendo en malentendidos y abatimiento, sin asumir ninguna carga en mi deber y sin lograr resultados en mi trabajo. Trataba la reputación y el estatus como mi propia sangre vital, y los consideraba más importantes que perseguir la verdad y cumplir mi deber. Cuando tenía estatus, buscaba con entusiasmo; pero cuando perdía mi reputación y mi estatus, era como si me hubieran arrancado el alma, y me volvía negativa y floja en mi deber. ¡Mi deseo de estatus era demasiado fuerte! Claramente tenía un calibre escaso y era arrogante, sin una pizca de realidad-verdad, y era completamente inepta para el deber de líder. Sin embargo, no podía dejar de pensar en convertirme en líder, y no estaba dispuesta a ser una simple trabajadora relacionada con textos. Tenía el vano sueño de que algún día podría volver a ser líder y disfrutar de la admiración y la veneración de mis hermanos y hermanas. Era muy arrogante y vanidosa, y carecía por completo de razón. Mi deseo de ser líder no tenía que ver en absoluto con ser considerada con las intenciones de Dios o satisfacer a Dios, ni tampoco con perseguir realmente la verdad para ser salva. Era todo para satisfacer mi propia vanidad y disfrutar de los beneficios del estatus. ¡Estaba recorriendo la senda de un anticristo! Si seguía buscando obstinadamente de esa manera, solo me volvería más rebelde y reacia a Dios, y acabaría ofendiendo Su carácter, y Él me dejaría en evidencia y me descartaría, igual que a un anticristo. Darme cuenta de esto me asustó. Sentí que la naturaleza y las consecuencias de buscar la reputación y el estatus eran demasiado graves. El que yo no fuera líder hoy era la manera que tenía Dios de podar mi deseo de estatus, enseñándome a someterme a Él, a mantenerme en la posición de un ser creado de forma obediente y a cumplir el deber de un ser creado. Esta era la protección y salvación de Dios para mí. Mi corazón se llenó de gratitud hacia Dios, y ya no quise buscar la reputación y el estatus.
Después, leí algunos pasajes más de las palabras de Dios y encontré los principios y una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “La casa de Dios emplea a las personas de tal manera que les da a todas el mejor uso, adecúa sus funciones a cada una y lo hace de tal manera que es sencillamente lo correcto. Si tienes buena humanidad, pero tu calibre es pobre, entonces deberías hacer bien tu deber con todo tu corazón y todas tus fuerzas; no es que debas ser líder u obrero para que Dios te apruebe. Aunque estés dispuesto a preocuparte, no puedes hacerlo de la manera en la que debe hacerlo un líder, y no posees el calibre que deberías tener para ser líder ni estás a la altura; ¿qué puedes hacer entonces? No deberías forzarte ni complicarte las cosas a ti mismo; si puedes cargar 25 kilos, pues carga 25 kilos. No deberías intentar alardear al exigirte a ti mismo sobrepasar tus propios límites, diciendo: ‘25 kilos no es suficiente. Quiero llevar incluso más. Quiero cargar 50 kilos. ¡Estoy dispuesto a hacerlo, aunque muera de agotamiento!’. No eres capaz de ser líder ni obrero, pero, si todavía te sigues exigiendo a ti mismo más de lo que puedes a fin de alardear, aunque no te agotes, causarás demoras en el trabajo de la iglesia, afectarás al progreso y la eficiencia del trabajo y demorarás el progreso vital de muchas personas; esta no es una responsabilidad que puedas permitirte soportar” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (8)). “Si tienes poco calibre y aun así pasas todo el tiempo deseando ser un líder, asumir alguna tarea importante, ser responsable del trabajo en general o hacer algo que te permita diferenciarte, entonces te digo: eso es ambición. La ambición puede traer desastres, de modo que deberías tener cuidado con ella. Todas las personas desean progresar y están dispuestas a luchar por la verdad, lo cual no es un problema. Algunos tienen calibre, cumplen los criterios para ser líderes y son capaces de luchar por la verdad, y esto es bueno. Otros no tienen calibre, de forma que deberían apegarse a su propio deber, cumpliendo correctamente el deber que tienen justo delante y haciéndolo de acuerdo a los principios, y a los requerimientos de la casa de Dios; se trata de algo mejor, más seguro y realista para ellos” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (5)). “Ser líder u obrero requiere de cierto nivel de calibre. El calibre de una persona determina su capacidad de trabajo y hasta qué punto capta los principios-verdad. Si tu calibre es algo limitado y no comprendes la verdad lo bastante en profundidad, pero eres capaz de practicar y de llevar a cabo todo lo que entiendes, si eres puro y honesto de corazón, si no urdes tramas en beneficio propio ni persigues la fama, el provecho ni el estatus y puedes aceptar el escrutinio de Dios, entonces eres una persona correcta” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (20)). Después de leer las palabras de Dios, llegué a entender que en la casa de Dios, para ser líder u obrero se requiere no solo perseguir la verdad, sino también tener cierto calibre y capacidad de trabajo. Solo así se puede hacer bien el trabajo de la iglesia. La iglesia me había dado oportunidades de formarme como líder en el pasado, y yo me había esforzado en mi búsqueda. Aunque podía resolver los problemas y las dificultades de los hermanos y hermanas de acuerdo con las palabras de Dios, cuando se trataba de asuntos importantes como la selección y el nombramiento de personas o el trabajo de toma de decisiones, no podía discernir a las personas ni elegir adecuadamente. Conocía algunos principios en un sentido doctrinal, pero siempre cometía errores al ponerlos en la práctica. También era arrogante y no escuchaba las sugerencias de los demás, y siempre seleccionaba y nombraba a personas inadecuadas, lo que traía trastorno y perturbación al trabajo de la iglesia. Vi que mi calibre era realmente escaso. Si continuaba como líder, no solo perjudicaría a los hermanos y hermanas, sino que también trastornaría y perturbaría el trabajo de la iglesia. Ahora, la iglesia me ha asignado un deber relacionado con textos en función de mi calibre y mis puntos fuertes, lo que aprovecha al máximo mis capacidades y se ajusta a mi estatura. También me sirve de protección. Mi deseo de reputación y estatus es tan fuerte que, si fuera líder, me vería incontrolablemente impulsada a trabajar duro por el estatus, a presumir a cada paso en mi trabajo y en mis sermones, y sería incapaz de sosegarme ante Dios para buscar los principios-verdad. También causaría trastorno y perturbación para satisfacer mi ambición de estatus y recorrería la senda de un anticristo. Así que, no ser líder es en realidad algo bueno para mí. Ahora, en mi deber relacionado con textos, puedo sosegar más mi corazón para comer y beber las palabras de Dios y reflexionar sobre la verdad. Esto me ayuda a reflexionar y a conocerme, y es beneficioso para mi entrada en la vida. También es un freno a mi arrogancia y ambición, y estoy protegida por ello. Esta es la meticulosa intención de Dios. Debo someterme a las disposiciones de la iglesia, mantenerme en mi lugar apropiado y cumplir mi deber relacionado con textos. Cuando lo pensé así, mi corazón se iluminó mucho. Sentí como si me hubiera quitado un gran peso de encima, y me sentí mucho más liberada.
Un día, me enteré de que la hermana Qi Ya había sido elegida líder de la iglesia, y sentí una punzada de celos. “Ella tiene buen calibre y puede desempeñar un papel importante como líder en la iglesia, pero yo solo puedo hacer el deber relacionado con textos. Nunca más tendré la oportunidad de ser líder y ser admirada”. Cuando estos pensamientos se manifestaron, me di cuenta rápidamente de que mi deseo de estatus estaba actuando de nuevo, así que me rebelé contra mis pensamientos. Pensé en las palabras de Dios: “Como miembro de la humanidad creada, debes mantener la posición que te corresponde y comportarte debidamente. Debes aferrarte con esmero a aquello que el Creador te ha encomendado. No hagas nada fuera de lugar ni cosas más allá de tu capacidad o que le resulten aborrecibles a Dios. No persigas ser una gran persona, un superhombre o un individuo grandioso, ni persigas convertirte en Dios. Todos estos son deseos que las personas no deberían tener” (La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único I). “Las funciones no son las mismas. Solo hay un cuerpo. Cada cual cumple con su deber, cada uno en su lugar y haciendo su mejor esfuerzo, por cada chispa hay un destello de luz, y buscando la madurez en la vida. Así estaré satisfecho” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 21). Al reflexionar sobre las palabras de Dios, entendí Su intención. Dios da a todos un calibre diferente y les asigna deberes distintos; no hay deberes de alto o bajo estatus. Debo mantenerme en mi propio lugar, perseguir la verdad y cumplir mi deber para consolar el corazón de Dios. Eso es lo más significativo. Al pensar en esto, pude sosegar mi corazón para mi deber. A veces, cuando no hacía bien mi deber, reflexionaba sobre dónde estaban mis defectos y cómo podía mejorar y lograr un avance. Después de practicar de esta manera durante un tiempo, pude lograr algunos buenos resultados en mi deber. ¡Gracias a Dios por guiarme para lograr estos cambios!