28. Ya puedo enfrentar la muerte con serenidade

Por Li Rui, China

Siempre he tenido mala salud. Después de casarme, estaba muy ocupada cuidando de la familia y del negocio, y no podía comer ni descansar a mis horas. Los años de ajetreo y agotamiento hicieron que mi salud empeorara, y desarrollé miocarditis, gastritis antral, colecistitis y vértigo. También tenía espolones óseos y a menudo me dolían las cervicales. Prácticamente todo mi cuerpo estaba plagado de enfermedades. Mi miocarditis era especialmente grave y, con solo hacer un poco de trabajo, me faltaba el aire y me costaba respirar. Durante esos años, la enfermedad me atormentaba y sufría mucho. La mayor parte del tiempo solo podía descansar en casa, y me sentía como una inútil. Sentía mucha envidia al ver a la gente en la calle llena de energía, y a menudo me preguntaba: “¿Cuándo podré tener un cuerpo sano como ellos?”.

En 2004, acepté la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Poco más de un año después, mis enfermedades se habían curado básicamente, y le estaba muy agradecida a Dios. Hice una resolución en silencio: “¡Debo creer en Dios de todo corazón para retribuir Su amor!”. Después, siempre que veía a los hermanos y hermanas en dificultades, hacía todo lo posible por ayudarlos, y sin importar qué deber me asignaran, me esforzaba al máximo por cumplirlo. En 2009, la líder habló conmigo y me pidió que regara a los nuevos fieles. Pensé: “El negocio familiar depende totalmente de mí, y cumplir con mi deber de vez en cuando no afecta a que gane dinero. Pero si riego a los nuevos fieles, me llevará más tiempo y energía, y si nadie se encarga del negocio, ¿no tendremos que cerrar?”. Sentí un conflicto en mi interior. Pero luego pensé en cómo Dios había curado mis enfermedades y en la gran gracia que me había dado; sabía que tenía que cumplir bien mi deber para retribuir el amor de Dios. Sentí que si renunciaba a ganar dinero ahora y me esforzaba más en mi deber, Dios sin duda me protegería y me daría buena salud y, cuando la obra de Dios concluyera, tal vez incluso me protegería de sufrir catástrofes y me permitiría entrar en el reino de los cielos para disfrutar de grandes bendiciones. Así que acepté este deber y le entregué el negocio a mi esposo. A veces, caminaba más de veinte kilómetros al día para predicar el evangelio y, cuando llegaba a casa, tenía los tobillos hinchados. Pero nunca me quejé en mi corazón. Cuando pensaba en recibir más gracia y bendiciones de Dios en el futuro, y en entrar en el reino de los cielos, me sentía aún más motivada para cumplir mi deber.

Un día de 2017, me encontré por casualidad un bulto duro en el pecho. Después de ir al hospital, el médico me dijo: “Es necesario hacer una biopsia al tumor para determinar si es benigno o maligno. Si es maligno, tendrá que operarse”. Me asusté un poco y pensé: “Si es maligno, ¿no significa que estoy condenada? ¡Sería una enfermedad incurable!”. Pero luego pensé: “Soy un ser creado, y que viva o muera está en las manos de Dios. Si Dios quiere que siga viviendo, no moriré, aunque tenga cáncer”. Con ese pensamiento, mi miedo se alivió. Cuando llegaron los resultados de la biopsia, el médico me dijo que me habían diagnosticado cáncer de mama y programó la cirugía. La operación se completó con éxito en menos de tres horas. Sabía que esto era la protección de Dios y me sentí muy agradecida con Él. También pensé que, como no me había quejado de Dios ni con esta enfermedad tan grave, seguro que Él me quitaría el cáncer. Después de la operación, me sometí a quimioterapia. Pensé que me darían el alta después de eso, pero, para mi sorpresa, el médico dijo que mi estado era bastante grave, que las células cancerosas ya se habían extendido a los ganglios linfáticos. También dijo que la quimioterapia no había sido eficaz y que tendría que someterme a radioterapia. Me quedé completamente aturdida. Había oído a otros pacientes decir que la radioterapia era particularmente dolorosa, que vomitaban todo lo que comían y se debilitaban muchísimo. Algunos ni siquiera podían caminar y sus familiares tenían que llevarlos en silla de ruedas. Otros, ni aun con la radioterapia lograban controlar el cáncer y al final morían. Tenía mucho miedo. Pensé: “La radioterapia es tan dolorosa… ¿podré soportarlo? Si no logran controlar las células cancerosas con la radioterapia, ¿me moriré? Si muero así, ¿no perderé la oportunidad de ser salva? Entonces, ¿no habrán sido en vano todos estos años de sacrificio y esfuerzo? ¿Por qué Dios no me protege por todos los años que he sufrido y me he esforzado? Varias pacientes de la sala ni siquiera creen en Dios, pero después de la quimioterapia se les controló el cáncer y les dieron el alta. ¿Por qué yo, que creo en Dios, estoy peor que los no creyentes? ¿Será que Dios me ha abandonado?”. Al pensar en esto, lloré desconsoladamente como una niña y estaba tan angustiada que no podía comer ni dormir. También leía las palabras de Dios por encima, sin profundizar, y ni siquiera encontraba palabras para orar. Mi corazón estaba lleno de oscuridad y dolor. En mi desesperación, me arrodillé y le oré a Dios: “Dios mío, solo de pensar en someterme a radioterapia me da mucho miedo. Me preocupa que, si muero, perderé la oportunidad de ser salva. Dios, ahora mismo estoy muy débil. Por favor, guíame para entender Tu intención”. Después de orar, recordé un pasaje de las palabras de Dios: “Es apropiado que los humanos sigan a Dios y, cuanto más avanzan en ese camino, de más luz disponen. Dios no te descarriará y, aunque te entregue a Satanás, asumirá la responsabilidad hasta el final. Debes tener esa fe, y esa es la actitud que deben mostrar hacia Dios los seres creados(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo conocer la soberanía de Dios). Las palabras de Dios me dieron fe. Pensé en Job. Aunque Dios permitió que Satanás lo tentara, le ordenó que no le quitara la vida. Así que, a pesar de que la carne de Job sufrió mucho, no perdió la vida por el daño de Satanás. Y yo, aunque tenía cáncer y mi cuerpo estaba muy débil, ¿acaso el hecho de que siguiera viva y que la operación hubiera salido bien no era también por la protección de Dios? Debía tener fe en Dios.

Luego leí las palabras de Dios y gané algo de entendimiento sobre la intención de Dios de poner a prueba y refinar a las personas. Dios Todopoderoso dice: “Cuanto más refina Dios a las personas, más puede su corazón amar a Dios. El sufrimiento en su corazón es beneficioso para su vida; hace que sean más capaces de aquietarse delante de Dios, tener una relación más cercana con Él y estar más capacitados para ver el amor inconmensurable de Dios y Su extraordinaria salvación. Pedro experimentó el refinamiento cientos de veces y Job pasó por varias pruebas. Si queréis que Dios os haga perfectos, también debéis pasar por el refinamiento cientos de veces; debéis pasar por este proceso y recurrir a este paso; solo entonces seréis capaces de satisfacer las intenciones de Dios y de que Él os haga perfectos. El refinamiento es el mejor medio por el cual Dios hace perfectas a las personas; es solo a través del refinamiento y las pruebas amargas que el corazón de las personas puede desarrollar verdadero amor por Dios. Sin sufrimiento, las personas no tienen verdadero amor por Dios; si no son probadas en su interior ni son sometidas al auténtico refinamiento, entonces su corazón siempre estará vagando fuera. Después de haber sido refinado hasta cierto punto, verás tus propias debilidades y dificultades, verás que te falta mucho y que eres incapaz de vencer muchas dificultades a las que te enfrentas, y verás que te has rebelado muchísimo. Las personas solo pueden conocer realmente su verdadero estado durante las pruebas; estas son más capaces de perfeccionarlas(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo experimentando el refinamiento puede el hombre poseer el verdadero amor). “Lo que las personas buscan al creer en Dios es obtener bendiciones para el futuro; este es el objetivo de su creencia. Todo el mundo tiene esta intención y esta esperanza, pero la corrupción en su naturaleza debe resolverse por medio de pruebas y refinamiento. Los aspectos en los que las personas no están purificadas y todavía revelan corrupción son los aspectos en los que deben ser refinadas: este es el arreglo de Dios. Dios dispone entornos para ti y te obliga a ser refinado en ellos para que puedas conocer tu propia corrupción. Finalmente, llegas a un punto en el que estás dispuesto a renunciar a tus designios y deseos y someterte a la soberanía y el arreglo de Dios, aunque signifique la muerte. Por tanto, si las personas no experimentan varios años de refinamiento, si no soportan una cierta cantidad de sufrimiento, no serán capaces de liberarse de la limitación de la corrupción de la carne en sus pensamientos y en su corazón. En aquellos aspectos en los que la gente sigue sujeta a la limitación de su naturaleza satánica y en los que todavía tiene sus propios deseos y sus propias exigencias, esos son los aspectos en los que debe sufrir. Solo a través del sufrimiento la gente puede aprender lecciones; lo que significa que puede obtener la verdad y comprender las intenciones de Dios. De hecho, muchas verdades se entienden al experimentar sufrimiento y pruebas. Nadie puede entender las intenciones de Dios, llegar a conocer la omnipotencia de Dios y Su sabiduría o apreciar el carácter justo de Dios cuando se encuentra en un entorno cómodo y fácil o cuando las circunstancias son favorables. ¡Eso sería imposible!(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Después de leer Sus palabras, entendí que Dios prueba y refina a las personas para purificarlas, con lo que las obliga a buscar la verdad y a conocer su corrupción, sus impurezas y sus intenciones. Esto permite a las personas obtener un entendimiento verdadero de Dios y desarrollar un amor genuino por Él. El que yo tuviera cáncer no era porque Dios intentara revelarme y descartarme, sino porque tenía un carácter corrupto e impurezas en mi fe. Solo a través de esta enfermedad podían revelarse estas cosas. Antes, renuncié a mi negocio para creer en Dios y cumplir mi deber y, sin importar cuánto sufriera en él, no me quejaba. Siempre consideré estos sacrificios y esfuerzos como un capital ante Dios, e incluso creía que era una persona que se sometía a Dios y lo amaba. Pero ahora que tenía cáncer y necesitaba radioterapia, no tenía nada de fe en Dios y lo malinterpretaba, pensando que ya no me quería. Incluso usé mis esfuerzos y sacrificios como capital para intentar discutir con Dios, quejándome de que no me protegía. Vi que era verdaderamente rebelde y estaba llena de exigencias y expectativas hacia Dios. Sin experimentar esta enfermedad, nunca habría conocido mi carácter corrupto ni mis intenciones incorrectas al creer en Dios. Si no cambiaba nada para cuando la obra de Dios terminara, perdería por completo mi oportunidad de salvación. En esta enfermedad que enfrenté, ¡Dios no intentaba descartarme, sino salvarme! Pero yo no entendía la intención de Dios e incluso lo malinterpreté y me quejé de Él. Al pensar en esto, me sentí profundamente arrepentida y avergonzada. Oré en silencio a Dios en mi corazón, dispuesta a arrepentirme ante Él y a buscar la verdad para reflexionar sobre mi carácter corrupto.

En mi búsqueda, leí las palabras de Dios y obtuve cierto conocimiento sobre mí misma. Dios Todopoderoso dice: “La relación del hombre con Dios es, simplemente, de puro interés personal. Es la relación entre el receptor y el dador de bendiciones. Para decirlo con claridad, es la relación entre un empleado y un empleador. El primero solo trabaja duro para recibir las recompensas otorgadas por el segundo. En esta clase de relación basada en el interés personal no hay afecto familiar, solo una transacción. No hay un amar y ser amado; solo caridad y misericordia. No hay comprensión; solo engaño, indignación reprimida e impotencia. No hay intimidad; solo un abismo que no se puede cruzar. Ahora que las cosas han llegado a este punto, ¿quién puede cambiar ese rumbo? ¿Y cuántas personas son capaces de entender realmente lo grave que se ha vuelto esta relación? Considero que, cuando las personas se sumergen en el alegre ambiente de ser bendecidas, nadie puede imaginar lo embarazosa y desagradable que es una relación así con Dios(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice III: El hombre solo puede salvarse en medio de la gestión de Dios). “¿Qué problema hay con que las personas siempre le pongan exigencias a Dios? ¿Y qué problema hay con que siempre tengan conceptos sobre Dios? ¿Qué contiene la naturaleza del hombre? He descubierto que, independientemente de lo que les ocurra o de aquello que estén afrontando, las personas siempre protegen sus propios intereses, se preocupan de su propia carne y siempre buscan razones o excusas que les sirvan. No buscan ni aceptan la más mínima verdad, y todo lo que hacen es justificar su propia carne y planificar en aras de sus propias perspectivas. Siempre solicitan la gracia de Dios, y tratan de sacar todo el provecho posible. ¿Por qué le hacen tantas exigencias a Dios? Esto demuestra que las personas son codiciosas por naturaleza y que, ante Dios, no poseen ninguna razón en absoluto. En todo lo que la gente hace —ya sea orar, compartir o dar sermones—, aquello en lo que piensan, y lo que persiguen y anhelan, solo se reduce a exigir y solicitar cosas a Dios, con la esperanza de poder obtener algo de Él. Algunos dicen que ‘esto se reduce a la naturaleza humana’, lo que es correcto. Además, que las personas le pongan demasiadas exigencias a Dios y tengan demasiados deseos extravagantes demuestra que están totalmente desprovistas de conciencia y razón. Todos exigen y solicitan cosas por su propio bien, o tratan de justificarse y poner excusas por su propio beneficio; hacen todo esto para sí mismos. En muchas cosas se puede ver que lo que hacen carece totalmente de razón, lo cual prueba plenamente que la lógica satánica de ‘Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda’ ya se ha convertido en la naturaleza humana. ¿Qué problema ilustra el hecho de que la gente formule exigencias excesivas hacia Dios? Que la gente ha sido corrompida por Satanás hasta cierto punto y que, en su fe en Dios, no lo tratan en absoluto como tal(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Las personas le ponen demasiadas exigencias a Dios). Dios desenmascara que la naturaleza del hombre es egoísta y despreciable, y que no importa lo que haga, todo es para su propio beneficio. Incluso su fe en Dios lleva intenciones personales, y en vano espera intercambiar el sufrimiento y el esfuerzo por un buen destino. Lo que Dios desenmascaró era exactamente mi estado. Antes de encontrar a Dios, estaba plagada de enfermedades, y después de encontrarlo, todas mis enfermedades se curaron. Así que le di gracias y alabanzas a Dios y resolví retribuir Su amor; sin importar qué deber me asignara la iglesia, lo cumplía activamente. Incluso dejé mi negocio y me entregué a Dios a tiempo completo. Cuando me enteré de que tenía cáncer, aunque parecía algo sumisa, en realidad, intentaba intercambiar mi “sumisión” por la protección de Dios, esperando que Él sanara mi enfermedad. Cuando vi que los no creyentes se recuperaban del cáncer mientras que yo, después de la quimioterapia, todavía tenía que someterme a radioterapia, enfrentando no solo el sufrimiento, sino también el peligro de muerte, mi verdadera cara quedó al descubierto. Empecé a quejarme de que Dios no me protegía y le exigí irracionalmente que me quitara la enfermedad. Vi que mi fe estaba impulsada por la intención de obtener bendiciones, y que todos mis años de esfuerzo y entrega no eran para cumplir bien el deber de un ser creado, sino para intentar cambiar mi sufrimiento y mi esfuerzo por gracia, bendiciones y recompensas celestiales. Fui verdaderamente egoísta y despreciable. Pablo predicó el evangelio por gran parte de Europa y sufrió mucho, pero fue para exigirle a Dios recompensas y una corona. Al final, hasta dijo esas palabras desvergonzadas: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia” (2 Timoteo 4:7-8). Mis esfuerzos y mi entrega, como los de Pablo, estaban llenos de intenciones, y no tenía la más mínima sinceridad ni lealtad hacia Dios. Traté a Dios como un último recurso, como un empleador que me daba recompensas y un salario. Mi sufrimiento y mi esfuerzo solo eran para obtener beneficios de Dios. Con esto, intentaba engañar y utilizar a Dios. Esto es verdaderamente detestable para Él. Si no cambiaba mis perspectivas erróneas detrás de mi búsqueda y no perseguía un cambio de carácter, entonces, por más activamente que cumpliera mi deber, al final no alcanzaría la salvación. En mi corazón, le oré a Dios: “Dios, a través de esta experiencia del cáncer, he visto que, aunque he creído en Ti por muchos años, no he tenido sinceridad ni lealtad hacia Ti. Incluso en mi deber, solo he estado intentando exigirte gracia y bendiciones. Ahora veo cuán egoísta y despreciable soy. Dios, ya no deseo rebelarme así contra Ti. No importa qué situación me sobrevenga, estoy dispuesta a centrarme en buscar la verdad y a someterme a Tus orquestaciones y arreglos”.

Durante una de mis devociones espirituales, leí un pasaje de las palabras de Dios y gané un entendimiento correcto sobre el significado de hacer nuestro deber. Dios Todopoderoso dice: “No existe correlación entre el deber del hombre y que él reciba bendiciones o sufra calamidades. El deber es lo que el hombre debe cumplir; es la vocación que le dio el cielo y debe cumplirlo sin buscar recompensa y sin condiciones ni excusas. Solo esto se puede llamar cumplir con el propio deber. Recibir bendiciones se refiere a las bendiciones que disfruta una persona cuando es hecha perfecta después de experimentar el juicio. Sufrir calamidades se refiere al escarmiento que recibe una persona cuando su carácter no cambia tras haber pasado por el castigo y el juicio; es decir, cuando no se la hace perfecta. Pero, independientemente de si reciben bendiciones o sufren calamidades, los seres creados deben cumplir su deber, haciendo lo que deben hacer y haciendo lo que son capaces de hacer; esto es lo mínimo que una persona, una persona que busca a Dios, debe hacer. No debes realizar tu deber en pos de recibir bendiciones, y no debes negarte a hacerlo por temor a sufrir calamidades. Dejadme deciros esto: lo que el hombre debe hacer es realizar su deber, y si no realiza su deber, eso es su rebeldía. Es por medio del proceso de hacer su deber que el hombre es cambiado gradualmente, y es por medio de este proceso que él demuestra su lealtad. Así pues, cuanto más hagas tu deber, más verdades serás capaz de obtener y más práctica será tu expresión. Los que solo hacen su deber por inercia y no buscan la verdad, al final serán descartados, pues esas personas no realizan su deber en la práctica de la verdad y no practican la verdad en el desempeño de su deber. Ellos son los que permanecen sin cambios y sufrirán calamidades. No solo sus expresiones son impuras, sino que todo lo que expresan es malvado(La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La diferencia entre el ministerio de Dios encarnado y el deber del hombre). Después de leer las palabras de Dios, entendí que somos seres creados, así que hacer nuestro deber es perfectamente natural y justificado. Es lo que debemos hacer. No deberíamos intentar usar esto como moneda de cambio para hacer tratos con Dios. Que seamos bendecidos o suframos infortunios no tiene nada que ver con que cumplamos nuestro deber; no es que por el simple hecho de cumplir nuestro deber se nos garantice recibir bendiciones al final. Lo que Dios mira es si ha habido un cambio en nuestro carácter. Si nos sometemos al juicio y castigo de las palabras de Dios y nuestro carácter corrupto cambia, y obtenemos una sumisión genuina a Dios y podemos cumplir el deber de un ser creado, solo entonces podemos obtener la aprobación de Dios. Si nuestro carácter corrupto no ha sido purificado, entonces, por más que corramos de un lado a otro o nos esforcemos, tampoco obtendremos bendiciones. Recordé cuando esta enfermedad era una cuestión de vida o muerte. Tomé mi sufrimiento y esfuerzo pasados como un capital para exigirle a Dios que me protegiera, pensando erróneamente que, como yo había pagado un precio, Dios debía concederme la gracia. Había disfrutado de tantas gracias y bendiciones de Dios, y aun así no consideraba mi deber como mi propia responsabilidad. Por un poco de esfuerzo o entrega, le pedía a Dios bendiciones y recompensas. ¡Realmente me faltaba conciencia y razón! Dios me sacó del inmenso mar de gente, me trajo de vuelta a Su casa y me permitió cumplir un deber. La intención de Dios era que yo buscara la verdad mientras cumplía mi deber, y que cambiara mi carácter corrupto para, de esta forma, ser purificada y salvada. Debo someterme a Dios y buscar satisfacerlo. Al pensar en esto, hice una resolución en silencio: “Si después de la radioterapia mi cáncer no se cura, aunque muera, seguiré dispuesta a someterme a las orquestaciones y arreglos de Dios, y no me quejaré más de Él. Si el cáncer puede curarse con la radioterapia, entonces luego perseguiré diligentemente la verdad todavía más y cumpliré bien mi deber para retribuir el amor de Dios”. Una vez que entendí estas cosas, dejé de pensar tanto y le pedí a mi esposo que me llevara al hospital para la radioterapia. En el hospital, el médico me pidió que levantara el brazo para hacer un molde de posicionamiento para la radioterapia. Pero el brazo me dolía tanto que ni siquiera podía levantarlo a la altura del hombro. La máquina no podía apuntar a la zona afectada y no se pudo hacer el molde. Al médico no le quedó más remedio que mandarme a casa a hacer ejercicio durante unos días y que volviera cuando pudiera levantar el brazo. Cuando llegué a casa, no me atreví a demorarme y seguí haciendo ejercicio. Pero después de tres días, todavía no podía levantar el brazo. Estaba acostada en la cama del hospital y oré en silencio a Dios: “¡Dios, independientemente de que hoy pueda o no someterme a la radioterapia sin problemas, estoy dispuesta a someterme a Tus orquestaciones y arreglos!”. Sin siquiera darme cuenta, pude levantar el brazo y apoyarlo detrás de la cabeza. Cuando el médico vio esto, inmediatamente me hizo el molde. Durante la radioterapia, no sufrí demasiado, ni tuve muchos efectos secundarios, y supe claramente que era así como Dios me protegía. Me sentí verdaderamente agradecida con Dios. De esta manera, después de diecisiete sesiones de radioterapia, mi enfermedad quedó bajo control. Después de eso, continué cumpliendo mis deberes junto a los hermanos y hermanas.

En 2020, estaba cumpliendo el deber de acogida. Por necesidades del trabajo, de vez en cuando tenía que salir a hacer gestiones, y a veces, después de terminar los recados, volvía a casa por la noche sintiéndome muy cansada. Recordé que otro paciente dijo una vez: “Tras contraer cáncer, no debes hacer mucho esfuerzo, o podría reaparecer fácilmente. Si el cáncer reaparece, podría ser incurable”. El médico también me aconsejó que descansara más y no me excediera en el trabajo. En particular, cuando pensaba en todos los casos de muerte por una recaída de los que había oído hablar en el hospital, me daba un poco de miedo. ¿Y si el cáncer volvía? ¿Moriría por ello? Pero en ese momento, el Partido Comunista Chino estaba arrestando frenéticamente a los hermanos y hermanas, y yo necesitaba salvaguardar el entorno y mantenerlos a salvo, así que simplemente no tuve tiempo de ir al hospital para una cita de seguimiento. Aunque no abandoné mi deber, a menudo me preocupaba por mi enfermedad, y de vez en cuando, pensaba para mis adentros: “Aunque mi salud es mala, nunca he dejado de cumplir mi deber en todos estos años. Sin duda, Dios evitará que mi cáncer reaparezca, ¿verdad?”. Me di cuenta de que una vez más estaba intentando hacer tratos con Dios, así que rápidamente le oré para rebelarme contra esa intención mía. Más tarde, leí un pasaje de las palabras de Dios y vi con un poco más de claridad el asunto de la vida y la muerte. Dios dice: “Una persona que ha adquirido el conocimiento de la soberanía del Creador en sus décadas de experiencia de la vida humana es alguien con una comprensión pura del sentido y el valor de la vida. Este tipo de persona tiene un conocimiento profundo del propósito de la vida, con una apreciación y una experiencia reales de la soberanía del Creador; e incluso más, es capaz de someterse a la autoridad del Creador. Tal persona entiende el sentido de la creación de la especie humana por parte del Creador, entiende que el hombre debería adorarlo, que todo lo que este posee viene de Él y regresará a Él algún día no muy lejano en el futuro. Este tipo de persona entiende que el Creador dispone el nacimiento del hombre y tiene soberanía sobre su muerte, y que tanto la vida como la muerte están preordinadas por la autoridad del Creador. Así, cuando uno comprenda realmente estas cosas, será capaz de forma natural de afrontar con calma la muerte, de desprenderse con calma de todas sus cosas externas, de aceptar y someterse de buen grado a todo lo que venga, y de dar la bienvenida a la última coyuntura de la vida dispuesta por el Creador, en lugar de temerla y luchar contra ella constantemente(La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Dios mismo, el único III). Después de leer las palabras de Dios, entendí que el nacimiento, el envejecimiento, la enfermedad y la muerte están todos en las manos de Dios, y que el momento de la muerte de una persona ha sido predestinado por Él. No es como dicen los no creyentes, que el exceso de trabajo hace que el cáncer reaparezca y provoque la muerte. Si Dios ha predestinado que yo solo viva hasta cierta edad, entonces, aunque descanse todos los días en la cama y no me esfuerce demasiado, aun así no podré escapar de la muerte. Si dejara de cumplir mi deber por miedo a que mi cáncer reapareciera, eso sería una verdadera rebelión contra Dios. Incluso si al final mi cáncer no reapareciera, si yo no hubiera cumplido bien mi deber, mi vida habría sido vacía, y Dios me habría detestado. También entendí que el que yo viva o muera depende de la soberanía y los arreglos de Dios, y que mis preocupaciones e inquietudes no pueden cambiar eso. Lo que debo hacer es someterme a los arreglos de Dios y cumplir mi deber. Entonces, incluso si un día dejo este mundo, mi vida habrá valido la pena. Al darme cuenta de esto, ya no me preocupaba que el cáncer reapareciera o que yo muriera.

Luego leí otro pasaje de las palabras de Dios, y la senda de práctica se volvió aún más clara. Dios Todopoderoso dice: “Si, en tu fe en Dios y tu búsqueda de la verdad, eres capaz de decir: ‘Independientemente de que Dios permita que me enferme o me suceda algún acontecimiento desagradable, haga Dios lo que haga, debo someterme y mantenerme en mi sitio como un ser creado. Ante todo, he de poner en práctica este aspecto de la verdad, la sumisión, debo aplicarlo y vivir la realidad de la sumisión a Dios. Además, no debo dejar de lado la comisión que Dios me ha dado ni el deber que he de realizar. Debo aferrarme al deber hasta mi último aliento’, ¿acaso no es esto dar testimonio? Con esta determinación y este estado, ¿seguirás quejándote de Dios? No. En ese momento, pensarás para tus adentros: ‘Dios me da este aliento, me ha provisto y protegido todos estos años, me ha evitado mucho dolor, me ha otorgado abundante gracia y muchas verdades. He comprendido verdades y misterios que la gente no ha comprendido durante generaciones. ¡He recibido tanto de Dios que debo corresponderle! Antes, mi estatura era escasa, no tenía mejor juicio y siempre hacía cosas que herían a Dios. Puede que en el futuro no tenga más oportunidades de corresponder a Dios. No importa cuánto tiempo me quede de vida, debo ofrecer la poca fuerza que tengo y ofrecer a Dios todo lo que soy capaz de hacer, para que Él pueda ver que todos estos años de proveerme no han sido en vano, sino que han dado fruto, y para que yo pueda consolar a Dios y no herirlo ni decepcionarlo más’. ¿Qué te parece? No consideres cómo salvarte o escapar, pensando: ‘¿Cuándo se curará esta enfermedad? Cuando se cure, haré todo lo posible por hacer mi deber y ser devoto. ¿Cómo puedo ser devoto estando enfermo? ¿Cómo puedo hacer el deber de un ser creado?’. Mientras te quede aliento, ¿no puedes hacer el deber? Mientras te quede aliento, ¿eres capaz de no causar vergüenza a Dios? Mientras te quede aliento, mientras tengas la mente lúcida, ¿eres capaz de no quejarte de Dios? (Sí). Ahora es fácil decir ‘Sí’, pero cuando de verdad enfermes, dirás: ‘No es fácil’. Por tanto, debéis perseguir la verdad, esforzaros a menudo en ella y meditar más en cómo podéis satisfacer las intenciones de Dios, cómo podéis corresponder al amor de Dios y cómo podéis cumplir el deber de un ser creado. ¿Qué es un ser creado? ¿Es escuchar las palabras de Dios la única responsabilidad de un ser creado? No; también lo es vivir las palabras de Dios. Dios te ha otorgado tanta verdad, tanto del camino y de la vida, para que puedas vivir estas cosas y dar testimonio por Él. Eso ha de hacer un ser creado y es tu responsabilidad y obligación(La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo puede haber una senda a seguir a través de leer con frecuencia las palabras de Dios y contemplar la verdad). Entendí que las exigencias de Dios para nosotros son muy simples: que vivamos la realidad de la sumisión y que, sin importar si enfrentamos enfermedades u otras adversidades, debemos cumplir nuestro deber. Mi vida me la ha dado Dios, y en adelante, si mi enfermedad reaparecería o si yo moriría, todo estaba en las manos de Dios, y yo estaba dispuesta a someterme a Sus orquestaciones y arreglos. Solo me sentía un poco cansada físicamente, pero eso no significaba que mi cáncer hubiera reaparecido, y no estaba tan agotada como para no poder levantarme de la cama. Especialmente con los arrestos frenéticos de los hermanos y hermanas por parte del Partido Comunista Chino, debía centrar mi corazón en mi deber, y debía orar y confiar en Dios para proteger a los hermanos y hermanas para que pudieran cumplir sus deberes en paz. Después de eso, simplemente continué cumpliendo mi deber como de costumbre. A veces, descansaba más cuando sentía molestias en el cuerpo, y cuando me sentía mejor, me levantaba y leía las palabras de Dios. Cuando necesitaba salir a hacer gestiones, salía como siempre, sin pensar demasiado en mi enfermedad. Un tiempo después, fui al hospital para una cita de seguimiento, y el cáncer no había reaparecido. He estado cumpliendo mi deber de esta manera, yendo al hospital para citas de seguimiento cada pocos meses, y ya han pasado varios años y mi cáncer sigue sin reaparecer. Estoy verdaderamente agradecida por la protección y la guía de Dios.

A través de esta enfermedad, he llegado a entender más la intención de Dios de salvar a la humanidad, y he visto que, sin importar qué haga Dios, todo es para purificar al hombre y para quitar su carácter corrupto y las impurezas de su fe. Al mismo tiempo, también llegué a entender que, mientras una persona está viva, debe perseguir la verdad, someterse a la soberanía y los arreglos de Dios, y cumplir su deber. Esta es la única manera de vivir con sentido y valor. De ahora en adelante, perseguiré la verdad con fervor, perseguiré un cambio de carácter y cumpliré bien mi deber para satisfacer a Dios. ¡Gracias a Dios!

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