58. Preocupaciones al escribir una evaluación
En 2021, mientras la iglesia realizaba la obra de depuración, descubrí que, cuando la líder de distrito, Li Jing, veía que alguien revelaba un carácter corrupto, como ser arrogante y sentencioso, egoísta, considerado con su carne o discutidor, no le ofrecía ninguna plática para ayudar; directamente lo echaba, sin tener la aprobación firmada de más del ochenta por ciento de los miembros de la iglesia. Además, confiscaba sus libros de las palabras de Dios. Los hermanos y hermanas vivían atemorizados. Yo también me preocupaba por mi situación. Sabía que mi carácter era bastante arrogante y que me faltaba carga en mi deber. A veces, incluso era considerada con mi carne y negligente. Viendo cómo Li Jing investigaba a la gente, me imaginé que era solo cuestión de tiempo para que me tocara a mí. Una vez, me sinceré con Li Jing sobre mi estado, y me dijo: “Este es un paso en la obra de Dios. Todos tienen que experimentar que los echen. ¡De nada sirve tener miedo!”. Al oírla decir eso, sentí que algo no estaba bien. Durante el tiempo en que Dios obra y salva a la humanidad, todos revelamos algunas actitudes corruptas. Pero si alguien es capaz de aceptar la verdad, arrepentirse y cambiar, entonces se puede salvar. Dios no se fija en las revelaciones de corrupción momentáneas de una persona; Él la mide y la califica según su comportamiento constante y su esencia-naturaleza. Aquellos que constantemente causan trastornos y perturbaciones en la iglesia, quienes hacen mucho mal y se niegan a arrepentirse, tienen la esencia de una persona malvada, y a ellos sí se los debe echar y descartar. ¡Echar a alguien solo por una revelación de corrupción momentánea no está de acuerdo con los principios! Pero entonces se me cruzó otro pensamiento: “Al fin y al cabo, yo no hago ese tipo de deber, así que no entiendo muchos de los principios. Si hablo a la ligera, la próxima investigada podría ser yo. ¿Y si me echan? Entonces mi camino en la fe se acabaría. ‘Cuantos menos problemas, mejor’; ‘La precaución es la madre de la seguridad’. Cómo lo manejan Li Jing y los demás es asunto de ellos; no tiene nada que ver conmigo. Mientras no me investiguen, con eso me basta”. Así que no dije ni una palabra. Desde entonces, cada vez que alguien hablaba de echar a gente, yo evitaba el tema, temiendo que decir algo incorrecto me convirtiera en objeto de investigación.
Un día, recibí una carta de Li Jing. Me pedía que escribiera una evaluación sobre Wang Yu, basándome en varias manifestaciones de una persona que no persigue la verdad, las cuales ella misma había resumido en la carta. Me quedé muy sorprendida al leerla. Yo había cooperado con Wang Yu por más de tres años. Ella siempre había sido muy proactiva en su deber y tenía un carácter un poco arrogante, pero nunca constriñó a nadie ni perturbó la obra de la iglesia. ¿Por qué la estaban investigando? Simplemente, no podía entenderlo. La carta me indicaba que escribiera sobre las manifestaciones de que Wang Yu no perseguía la verdad, incluyendo que no aceptaba la poda, que era discutidora y que protegía sus propios intereses. También decía que no podía escribir sobre ninguna otra cosa. Pensé: “Todos revelamos estos tipos de corrupción en mayor o menor medida. Si escribo una evaluación basándome solo en esto, va a ser totalmente negativa. ¡Eso no está bien! ¿No se supone que una evaluación debe basarse en lo que uno ha visto personalmente, una descripción objetiva y justa de las fortalezas y debilidades de la persona? ¿Por qué solo me dejan escribir sobre sus defectos y no sobre sus virtudes? Parece que la líder no tiene una buena opinión de Wang Yu. Esta vez, corre un peligro real de que la echen”. Al pensar en esto, empecé a preocuparme por Wang Yu. Leí la carta una y otra vez, pensando: “Li Jing es la que está principalmente dando seguimiento a este trabajo. Ella es la líder de distrito, y yo solo soy una creyente común. No soy rival para ella. En un momento tan crítico, no me puedo dar el lujo de causar problemas. Será mejor que lo escriba y ya”. Pero cuando empecé a escribir, me bloqueé. Me puse a pensar que, cuando podaban a Wang Yu, a veces se ponía a la defensiva y discutía, pero después era capaz de buscar la verdad, reflexionar sobre sí misma y llegar a conocerse un poco. También había mostrado algo de cambio y entrada, y, por lo general, defendía los intereses de la iglesia. ¿Todas estas no eran manifestaciones de perseguir la verdad? Pero Li Jing solo quería que escribiera sobre sus manifestaciones de no perseguir la verdad. ¿Cómo iba a escribir eso? Entonces, se me ocurrió otra idea: “Li Jing conoce bien a Wang Yu. ¿Me estará pidiendo esta información porque descubrió algún problema con ella? Si no, ¿por qué la estaría investigando? Yo entiendo muy poco de la verdad, mi discernimiento es escaso y mi punto de vista no es necesariamente correcto. Mejor no opino a la ligera. Ella es una líder superior; ha lidiado con más asuntos y se ha relacionado con más gente. Quizás ve las cosas desde un ángulo distinto al mío. Además, ¿y si digo algo impreciso? Li Jing diría: ‘Llevas tantos años creyendo en Dios y todavía no entiendes la verdad. Has cooperado tanto tiempo con Wang Yu y ¿ni siquiera tienes este poco de discernimiento? ¡Qué atolondrada eres!’. Ahora mismo, Li Jing está investigando a cualquiera que revele corrupción. Si me ve como una atolondrada y sin discernimiento, ¿me investigará a mí también? ¿No estaría en peligro entonces? Podrían echarme en cualquier momento y mi oportunidad de salvación se arruinaría. ¡Tengo que tener cuidado! Lo más urgente ahora es cuidarme a mí misma y no andar soltando mis opiniones. Si dejo en evidencia mis propios problemas y me echan, no tendré un buen resultado”. Entonces, intenté ver cómo escribir sobre las manifestaciones de que Wang Yu no perseguía la verdad, justo como lo pedía la carta. Pero cuanto más escribía, más sentía que Wang Yu solo estaba revelando algo de corrupción, y que después reflexionaba y llegaba a conocerse. Dejé de escribir a la mitad, pensando: “Estas cosas que estoy escribiendo no son manifestaciones de que ella no persiguiera la verdad. ¿Esto no es contradecir a Li Jing?”. Así que busqué un término medio y escribí un poco más sobre las revelaciones de corrupción de Wang Yu. Pero al llegar al final, cuando tenía que dar mi propio punto de vista, volví a dudar. “Si digo que Wang Yu no persigue la verdad, eso iría en contra de mi conciencia. ¡Reprimir mi conciencia y no decir la verdad sería una transgresión ante Dios! Pero si digo que sí persigue la verdad, mi opinión sería diferente de la de Li Jing. Si se forma una opinión sobre mí y luego me investiga, estaré en peligro. Será mejor que tenga cuidado y no me vea arrastrada a esto”. Y así, escribí estas palabras: “No la percibo con claridad”. Pensé: “Que Wang Yu persiga o no la verdad es algo que Li Jing debe analizar y decidir. Yo no voy a sacar conclusiones precipitadas”. En ese momento, incluso pensé que había sido bastante lista. Y así, sin más, entregué la evaluación. Poco después, a Wang Yu la destituyeron de su deber de predicar el evangelio por razones desconocidas. Durante ese tiempo, la vi un poco negativa y no hablaba mucho. Me sentí un poco incómoda, pero luego pensé: “No fue solo mi evaluación la que causó esto”, así que no reflexioné sobre mi propio problema.
Un tiempo después, un líder superior vino a investigar la situación de la obra de depuración. Descubrieron que a algunos hermanos y hermanas los habían echado simplemente por revelar algo de corrupción, y que esto era el resultado de que la líder de distrito, Li Jing, y los responsables de la obra de depuración actuaran de forma arbitraria y obstinadamente, sin seguir los principios. Tras la verificación, estos hermanos y hermanas que habían sido echados erróneamente fueron aceptados de nuevo en la iglesia. En cuanto a Li Jing, no mostró ningún remordimiento por lo que había hecho, e incluso se defendió y trató de justificar sus acciones. Al final, fue calificada de anticristo y expulsada. Algunos de los responsables de la obra de depuración también fueron destituidos. Después de que Wang Yu regresó a la iglesia, asumió un deber relacionado con textos. Durante una reunión, Wang Yu compartió su entendimiento vivencial de ese período. Dijo que, al principio, cuando notó que la actitud de sus hermanos y hermanas hacia ella había cambiado, supo que la estaban investigando. La idea de que, después de tantos años de fe, ahora se enfrentaba a que la echaran, que su camino en la fe estaba a punto de terminar, la hizo sentir completamente desesperanzada, dolida y atormentada. No podía comer ni dormir. Pero sabía que encontrarse con una situación así no era una casualidad, y estaba dispuesta a someterse, aprender sus lecciones, y reflexionar y conocerse a sí misma. Después, reflexionó sobre algunas de sus propias manifestaciones de no aceptar la verdad y de tener un carácter arrogante. Dijo que solía pensar que realizaba más deberes que los demás, que entendía más de la verdad que ellos, y que siempre había sentido que era muy buena. Incluso menospreciaba a los hermanos y hermanas cuando detectaba desviaciones en sus deberes. Dijo que, si no la hubieran destituido de su deber esta vez, nunca habría reflexionado de verdad sobre sí misma. Sentía que, siendo tan corrupta y rebelde, incluso si la hubieran echado, habría sido la justicia de Dios, y no debería tener ninguna queja… Al escuchar su plática, me sentí profundamente inquieta durante un buen rato y sentí un profundo remordimiento. Me pregunté: “¿No soy en parte responsable del sufrimiento que Wang Yu pasó durante este tiempo? ¿Cómo actué yo en este asunto? ¿Por qué no escribí lo que realmente pensaba? ¿Por qué escribí las palabras: ‘No la percibo con claridad’? ¿Por qué no tengo sentido de la rectitud? ¿Cómo califica Dios este tipo de comportamiento?”. En cuanto pensé en estas cosas, sentí una punzada en el corazón. Oré a Dios: “Oh, Dios, yo sabía claramente que Wang Yu no era alguien que no perseguía la verdad y, sin embargo, no expresé mi opinión con claridad. ¿Qué carácter corrupto me está controlando? Oh, Dios, por favor, guíame para conocerme a mí misma”.
Un día, leí un pasaje de las palabras de Dios que me conmovió profundamente. Dios Todopoderoso dice: “En cada iglesia hay personas complacientes. […] Estas personas no persiguen la verdad; solo buscan tener una vida fácil y codiciar la comodidad carnal. Son demasiado egoístas y escurridizas. ¿Hay mucha gente así en la sociedad? No importa el partido político que esté en el poder y quién ocupe los cargos oficiales, las quiere todo el mundo y pueden manejar sus relaciones sociales con mucho éxito y viven con comodidad; independientemente del movimiento político que surja, no se dejan atrapar en sus redes. ¿Qué tipo de personas son? Son los individuos más falsos y escurridizos, conocidos como ‘anguilas escurridizas’ o ‘víboras viejas’. Viven según las filosofías de Satanás, sin ni pizca de principios. Complacen, adulan y destacan los méritos de quienquiera que esté en el poder. No hacen más que defender a sus superiores y nunca los ofenden. Por muchas maldades que cometan sus superiores, ni se oponen a ellos ni los apoyan, sino que se reservan sus pensamientos bien adentro. Sin importar quién esté en el poder, son muy queridos. A Satanás y a los reyes diablos les gustan este tipo de personas. ¿Por qué les gustan estas personas a los reyes diablos? Porque no se inmiscuyen en sus asuntos ni suponen amenaza alguna para ellos. Esta clase de personas carecen de principios y de fundamento para su conducta propia, no poseen integridad ni dignidad; se limitan a seguir las tendencias de la sociedad, se postran ante los reyes diablos y se adaptan a sus gustos. ¿Acaso no hay también gente así en la iglesia? ¿Pueden ser vencedores estas personas? ¿Son buenos soldados de Cristo? ¿Son testigos de Dios? Cuando la gente malvada y los anticristos asoman la cabeza y perturban la obra de la iglesia, ¿pueden estos individuos alzarse y guerrear contra ellos, ponerlos al descubierto, discernirlos, renegar de ellos, acabar con sus acciones malvadas y dar testimonio de Dios? Lo más seguro es que no puedan. Estas anguilas escurridizas no son aquellas a las que Dios perfeccionará o salvará. Nunca dan testimonio de Dios ni defienden los intereses de Su casa. Tal como Dios los contempla, no son los que lo siguen ni se someten a Él, sino individuos que causan problemas a ciegas, miembros de la pandilla de Satanás; son aquellos a los que descartará cuando haya terminado Su obra. Dios no aprecia a estos desgraciados. No tienen ni la verdad ni la vida; son bestias y diablos; no se merecen la salvación de Dios ni disfrutar de Su amor. Por tanto, Dios los rechaza y descarta con facilidad y la iglesia debería echarlos de inmediato por incrédulos. […] Este tipo de personas se infiltran en la casa de Dios solo para observar el entusiasmo y ocasionar problemas a ciegas. Carecen de todo sentido de la rectitud y la responsabilidad; ni siquiera empatizan con las buenas personas a quienes la gente malvada ha perjudicado. Llamar a estos individuos diablos y satanases es lo más apropiado. Si alguien con sentido de la rectitud pone al descubierto a gente malvada, ni siquiera lo alentarán ni lo apoyarán. Por tanto, no confíes nunca en estas personas. Son anguilas escurridizas, camaleones y víboras viejas. No son creyentes sinceros, sino sirvientes de Satanás. Nunca se podrán salvar y Dios no los quiere; este es Su claro deseo” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (19)). Dios deja en evidencia que las personas taimadas no son sinceras con nadie; son escurridizas y falsas, y se especializan en ver hacia dónde sopla el viento. No tienen principios ni un estándar mínimo en su conducta propia y no son dignas de confianza. Leí las palabras de Dios: “No confíes nunca en estas personas. Son anguilas escurridizas, camaleones y víboras viejas. No son creyentes sinceros, sino sirvientes de Satanás. Nunca se podrán salvar y Dios no los quiere; este es Su claro deseo”. Estas palabras de Dios me atravesaron particularmente el corazón. Sentí que yo era exactamente ese tipo de persona. Al reflexionar sobre mí misma, vi que después de que Li Jing echara a esos hermanos y hermanas que solo habían revelado algo de corrupción, empecé a preocuparme de que a mí también me echaran un día. Así que empecé a ver hacia dónde soplaba el viento. Vi claramente que Li Jing no estaba siguiendo los principios al echar a la gente, y tuve dudas en mi corazón cuando oí las falacias que difundía. Sin embargo, actué como una cobarde, escondiéndome en mi caparazón y sin juzgar lo que estaba bien o mal. Incluso evitaba el tema y guardaba un silencio cauteloso cada vez que oía a alguien hablar sobre la obra de depuración. Cuando Li Jing me pidió que escribiera la evaluación de Wang Yu, en lugar de escribir los hechos de la situación tal como los entendía según los principios, intenté adivinar la opinión que Li Jing tenía de ella. Temía que, si mi punto de vista era diferente al suyo, a mí también me investigarían. Así que tomé la vía intermedia, escribiendo algunas cosas buenas y otras malas, describiendo solo el curso de los acontecimientos sin dar mi propia opinión. Sabía perfectamente que Wang Yu no debería estar en la mira para ser echada, y sabía que Li Jing no estaba siguiendo los principios al investigar y echar a la gente. Pero me mostré servil ante los poderosos, actuando según filosofías satánicas como “Las personas inteligentes saben someterse a las circunstancias” y “El sensato se protege”. Para protegerme, tomé la vía intermedia, intentando no dañar ni ofender a nadie, y simplemente dije que no la percibía con claridad. De esa manera, si estaba mal echar a Wang Yu, sería responsabilidad de Li Jing, y no tendría nada que ver conmigo. ¡Fui tan escurridiza! ¿No era más que una anguila escurridiza? En algo tan pequeño como escribir una evaluación, me devané los sesos intentando complacer a todos. ¡Fui tan escurridiza y falsa! Para evitar cualquier pérdida de mis propios intereses, recurrí a artimañas y juegos mentales, sin decir nunca lo que realmente pensaba, y en su lugar dije cosas vagas y oscuras. ¿En qué se diferencia eso de la forma de hablar de Satanás? Pensé en cómo Dios preguntó a Satanás: “¿De dónde vienes?” (Job 1:7). Satanás entonces respondió: “De recorrer la tierra y de andar por ella” (Job 1:7). La respuesta de Satanás a la pregunta de Dios fue ambigua, lo que hacía imposible captar su verdad. Yo era simplemente igual. Sabía bien que Wang Yu sí perseguía la verdad, e incluso había escrito sobre algunas de sus manifestaciones de perseguir la verdad, pero aun así dije cosas ambiguas y vagas como que “no la percibía con claridad”. ¡Fui tan escurridiza y falsa! Cuanto más reflexionaba, más asco me daba a mí misma. Me sentía tan avergonzada y deshonrada que no podía soportar mirar a Wang Yu.
Durante mis devociones espirituales, leí un pasaje de las palabras de Dios que desenmascaraba a los falsos líderes y que era especialmente relevante para mi estado. Dios Todopoderoso dice: “También hay algunos falsos líderes que tienen un poco de calibre y pueden hacer algo de trabajo, y que conocen un poco los principios para manejar a cada tipo de persona. Sin embargo, tienen miedo de ofender a la gente, por lo que, cuando descubren a personas malvadas y a anticristos causando trastornos y perturbaciones, no se atreven a exponerlos, frenarlos ni limitarlos. Viven de acuerdo con filosofías satánicas y hacen la vista gorda a los asuntos que consideran que no tienen que ver con ellos. Les da completamente igual cuáles son los resultados de la obra de la iglesia, ni lo mucho que impacta al pueblo escogido de Dios en su entrada en la vida; consideran que tales cosas no tienen nada que ver con ellos. Por lo tanto, durante el mandato de ese falso líder, no se mantiene el orden normal de la vida de iglesia, y no se protegen los deberes y la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios. ¿Cuál es la naturaleza de este problema? No es que esos falsos líderes no puedan hacer el trabajo porque sean de poco calibre, si no pueden hacer ningún trabajo real es porque su humanidad es escasa y carecen de conciencia y razón. ¿En qué sentido son falsos los falsos líderes? Carecen de la conciencia y razón de la humanidad; por lo que, durante el tiempo en que trabajan como líderes, el problema de las personas malvadas y los anticristos que trastornan y perturban el trabajo de la iglesia no se resuelve en absoluto. Algunos hermanos y hermanas se ven muy perjudicados, y la obra de la iglesia también sufre enormes pérdidas. Cuando este tipo de falso líder se da cuenta de un problema, cuando ve a una persona malvada o a un anticristo causando un trastorno o una perturbación, sabe cuál es su responsabilidad, lo que debe hacer y cómo debe hacerlo; sin embargo, no hace nada en absoluto e incluso se hace el tonto, lo ignora por completo y no informa del asunto a sus superiores. Finge que no sabe ni ve nada, permitiendo a las personas malvadas y anticristos trastornar y perturbar la obra de la iglesia. ¿Acaso no hay un problema con su humanidad? ¿Acaso no son de la misma calaña que las personas malvadas y los anticristos? ¿Qué principio adoptan como líder? ‘No causo trastornos ni perturbaciones, pero no voy a hacer nada que ofenda ni dañe la dignidad de los demás. Si me caracterizan como un falso líder, seguiré sin hacer nada ofensivo. He de procurarme una vía de escape’. ¿Qué clase de lógica es esta? Es la lógica de Satanás. ¿Y qué clase de carácter es este? ¿Acaso no es muy taimado y falso? Una persona así no es en absoluto sincera en su trato con la comisión de Dios; siempre es astuta y evasiva en el cumplimiento de su deber, con muchos cálculos desagradables, pensando en ella misma para todo. No prestan la menor atención a la obra de la iglesia y no tienen conciencia ni razón alguna. Son fundamentalmente indignas de servir como líder de la iglesia. Tales personas no se preocupan en lo más mínimo por la obra de la iglesia ni por la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios. Solo les importan sus propios intereses y disfrute; se centran exclusivamente en disfrutar los beneficios del estatus y no se interesan en absoluto por el estado en que se encuentra el pueblo escogido de Dios. ¿No son personas de lo más egoístas y despreciables? Aunque se den cuenta de que las personas malvadas y los anticristos perturban la obra de la iglesia, no prestan atención y actúan como si se trataran de asuntos que no tuvieran nada que ver con ellos. […] Por fin, he definido a este tipo de personas así: puede que no cometan grandes errores, pero son muy taimados y falsos; no asumen ninguna responsabilidad, ni defienden en absoluto el trabajo de la iglesia; no tienen humanidad. Los tengo por una especie de animal; por su astucia, son un poco como el zorro. La gente dice que los zorros son astutos, pero, de hecho, estas personas son incluso más astutas que los zorros” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros. Las responsabilidades de los líderes y obreros (20)). Al compararme con las palabras de Dios, gané cierto conocimiento de mí misma. ¿Por qué escribí que no podía percibirla con claridad en la evaluación? ¿Fue realmente porque no podía? No, no fue así. Había visto claramente que había desviaciones en cómo Li Jing investigaba a la gente, y también vi que Wang Yu solo estaba revelando algo de corrupción y no debería haber sido un objetivo para la depuración. Pero tenía miedo de ser implicada e investigada yo misma, así que no me atreví a decir la verdad. No me atreví a decir ni una palabra cuando me enfrenté a algo que no estaba de acuerdo con los principios. No tenía sentido de la rectitud. Vi que mi naturaleza era, en efecto, egoísta y despreciable, escurridiza y falsa, y estaba desprovista de toda conciencia o razón. Pensé en por qué a Dios le gusta la gente honesta. Es porque las personas honestas son rectas y de buen corazón. Son justas y equitativas en sus palabras y acciones, tienen un sentido de la rectitud, no consideran sus propios intereses y no temen al poder ni al estatus. En los momentos críticos, pueden levantarse para defender los principios y lo que es correcto. Esas personas poseen humanidad y un corazón temeroso de Dios. Pero en mis acciones y mi comportamiento no había ni la más mínima semejanza de una persona honesta. Solo pensaba en proteger mis propios intereses, sin ninguna consideración por los demás. Vi a Wang Yu ser destituida de su deber y vivir con dolor, pero permanecí indiferente, sin una pizca de bondad o compasión. Pensé en las palabras de Dios: “Debes saber que lo que Yo obtengo es oro puro y refinado, no arena. ¿Cómo pueden los malvados permanecer en Mi casa? ¿Cómo puedo permitir que los zorros vivan como parásitos en Mi paraíso?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los siete truenos retumban: profetiza que el evangelio del reino se difundirá por todo el universo). Dios es santo, y de ninguna manera permitirá que alguien con un carácter falso y taimado permanezca en Su casa. Antes, no entendía a qué se referían las palabras de Dios con “zorros”. Pero hoy, a través de la revelación de los hechos, vi que mi propia naturaleza era traicionera y escurridiza, y que yo era exactamente el tipo de persona que Dios desenmascara como un “zorro”. Solo entonces vi mi propia alma fea, carente de toda razón humana. Me sentí avergonzada y mortificada, y deseé que me tragara la tierra. Entonces oré a Dios: “Oh, Dios, creo en Ti, pero no practico Tus palabras. Mis acciones han deshonrado Tu nombre. Oh, Dios, estoy dispuesta a arrepentirme y a vivir una auténtica semejanza humana. Por favor, guíame”.
Más tarde, leí otro pasaje de las palabras de Dios y entendí cómo debía tratar a los líderes y obreros. Dios Todopoderoso dice: “¿Cuál es la actitud que las personas deben tener en términos de cómo tratar a un líder o a un obrero? Si lo que un líder o un obrero hacen está bien y en consonancia con la verdad, puedes obedecerlos; si lo que hacen está mal y no concuerda con la verdad, no debes obedecerlos y puedes exponerlos, oponerte a ellos y plantear una opinión distinta. Si ellos son incapaces de llevar a cabo obra real o cometen actos malvados que causen una perturbación en la obra de la iglesia, y se revelan como falsos líderes, falsos obreros o anticristos, entonces puedes discernirlos, exponerlos y denunciarlos. Sin embargo, algunos de los escogidos de Dios no comprenden la verdad y son particularmente cobardes; temen que los repriman y atormenten falsos líderes y anticristos, así que no se atreven a defender los principios. Dicen: ‘Si el líder me saca a patadas, estoy acabado; si hace que todos me expongan o me abandonen, ya no podré creer en Dios. Si me expulsan de la iglesia, Dios no me querrá y no me salvará. ¿Y no habrá sido mi fe para nada?’. ¿No es ridículo ese pensamiento? ¿Tienen esas personas verdadera fe en Dios? ¿Un falso líder o un anticristo representarían a Dios cuando te expulsan? Cuando un falso líder o anticristo te atormenta y expulsa, esto es el trabajo de Satanás, y no tiene nada que ver con Dios; cuando echan o expulsan a las personas de la iglesia, esto solo se ajusta a las intenciones de Dios cuando hay una decisión conjunta entre la iglesia y el pueblo escogido de Dios, y cuando echarlas o expulsarlas se ajusta totalmente a los arreglos del trabajo de la casa de Dios y a los principios-verdad de las palabras de Dios. ¿Cómo es posible que el ser expulsado por un falso líder o anticristo signifique que no puedas ser salvado? Esta es la persecución de Satanás y el anticristo, y no significa que Dios no vaya a salvarte. Depende de Dios que puedas ser salvado o no. Ningún ser humano está capacitado para decidir si puede salvarte Dios. Debes tener esto claro. Tratar la expulsión por parte de un falso líder o anticristo del mismo modo que la expulsión por parte de Dios, ¿acaso no es malinterpretar a Dios? Lo es. Y esto no es solo malinterpretar a Dios, sino también rebelarse contra Él. También es una especie de blasfemia contra Dios. […] Esto demuestra que no crees que la verdad impere en la casa de Dios, demuestra que no tienes verdadera fe en Dios, que no eres una persona que crea sinceramente en Dios. Si confías en la omnipotencia de Dios, ¿por qué temes la represalia de un falso líder o un anticristo? ¿Pueden ellos decidir tu porvenir? Si sabes discernir y detectas que sus actos no concuerdan con la verdad, ¿por qué no hablas con el pueblo escogido de Dios que comprende la verdad? Si tienes boca, ¿por qué no te atreves a hablar? ¿Por qué tienes tanto miedo a un falso líder o un anticristo? Esto demuestra que eres un cobarde, un inútil, un lacayo de Satanás” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 3: Excluyen y atacan a quienes persiguen la verdad). ¡Las palabras de Dios lo dicen tan claramente! En la casa de Dios, la verdad reina; no les corresponde tener la última palabra a líderes de ningún nivel. Si las acciones de un líder están de acuerdo con los principios-verdad, debemos aceptar y someternos. Pero si un líder no actúa según los principios y, en su lugar, vulnera la verdad, debemos defender los principios-verdad, desenmascararlo y detenerlo, y cumplir con nuestra propia responsabilidad. Soy un miembro de la casa de Dios, y es mi responsabilidad y mi deber proteger sus intereses. Cuando veo que un líder actúa en contra de los principios, no debería ser una espectadora. Debería defender la verdad y la rectitud, tener el valor de practicar la verdad y cumplir con mi responsabilidad. De lo contrario, solo soy una cobarde y una inútil. Después de creer en Dios durante tantos años, todavía no creía que la verdad reinara en la casa de Dios. No tenía una fe verdadera en Él. Cuando vi que echaban a hermanos y hermanas por una transgresión o por una revelación de corrupción momentáneas, creí erróneamente que los líderes podían decidir las perspectivas, el porvenir, el resultado y el destino de una persona. Estaba aterrorizada de que, si era un poco descuidada, Li Jing se aferraría a alguna revelación de mi corrupción y me echaría, destruyendo mi esperanza de salvación. De boca para afuera decía que creía en Dios, pero no tenía lugar para Él en mi corazón. Traté erróneamente a una líder como si fuera la soberana que decidía mi porvenir, y vi el poder y el estatus como algo superior a todo lo demás. No podía creer en el carácter justo de Dios ni en Su omnipotencia y soberanía. ¡Fui tan necia y ciega, una persona tan atolondrada! De hecho, ningún malhechor puede mantenerse firme en la casa de Dios; tarde o temprano, será revelado y descartado. La verdad reina en la casa de Dios. Dios es justo; no trata injustamente a una buena persona, ni deja ir a la malvada. En la casa de Dios, cualquiera que haga mucho mal y se niegue a aceptar la verdad, ya sea un líder o un creyente común, finalmente será revelado y descartado. Pero en cuanto a los que persiguen la verdad, incluso si son echados erróneamente de forma temporal por falsos líderes y anticristos, no significa que su esperanza de salvación esté perdida. Esto es porque las personas que creen genuinamente en Dios y persiguen la verdad nunca lo negarán ni se alejarán de Él, sin importar sus circunstancias. Incluso si son echados, seguirán creyendo en Dios, haciendo sus deberes y buscando la verdad para aprender sus lecciones. Al final, volverán a ser aceptados en la iglesia. Incluso si les sobrevienen desastres, tendrán la protección de Dios. Vi que el resultado y el destino de cada persona están en manos de Dios y no dependen en absoluto de la decisión de ningún líder. Esta experiencia me dio una verdadera comprensión y aprecio del carácter justo de Dios. Más que eso, vi cuán pobre y digna de lástima era, sin ninguna realidad-verdad. Un pequeño incidente había revelado mi despreciable humanidad en toda su extensión, mostrándome cuán baja era mi calidad humana, como para poder hacer algo tan despreciable por el bien de mis propios intereses. Me odié a mí misma por no perseguir la verdad y por vivir según los venenos satánicos sin ninguna semejanza humana. Oré fervientemente a Dios, arrepentida, con la resolución de buscar la verdad, y de comportarme y actuar según los requisitos de Dios a partir de entonces.
Más tarde, leí otro pasaje de las palabras de Dios, y obtuve cierta comprensión sobre cómo Dios determina los resultados de las personas. Dios Todopoderoso dice: “En la obra de Dios de los últimos días, Dios determina los desenlaces de las personas según sus manifestaciones. ¿Sabéis a qué se refiere aquí ‘manifestaciones’? Podríais pensar que se refiere a las actitudes corruptas que revelan las personas al hacer las cosas, pero no es a eso a lo que se refiere en realidad. En este sentido, manifestaciones se refiere a si practicas o no la verdad; si eres o no devoto mientras haces tu deber; tu perspectiva detrás de creer en Dios, tu actitud hacia Dios, tu determinación a sufrir adversidades; tu actitud respecto a aceptar el juicio, el castigo y la poda; la cantidad de transgresiones graves que hayas cometido; y el grado en que finalmente logres el arrepentimiento y la transformación. Todas estas cosas combinadas son las que conforman tus manifestaciones. En este sentido, las manifestaciones no se refieren a cuántas actitudes corruptas hayas revelado o cuántas cosas malas hayas hecho, sino a los resultados que hayas obtenido y al nivel de cambio auténtico que hayas experimentado en tu fe. Si los desenlaces de las personas estuvieran determinados según cuánta corrupción se revela en su naturaleza, nadie podría alcanzar la salvación, ya que todos los seres humanos son profundamente corruptos, poseen una naturaleza satánica y se resisten a Dios. Dios quiere salvar a aquellas personas que pueden aceptar la verdad y someterse a Su obra. No importa cuánta corrupción revelen, siempre y cuando puedan finalmente aceptar la verdad, lograr el arrepentimiento verdadero y experimentar el cambio real, son personas salvas por Dios” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Dios no determina el resultado y el destino de una persona fijándose en cuánta corrupción revela, sino en si tiene un verdadero arrepentimiento y cambio después de revelarla. No importa cuánta corrupción revele una persona, mientras pueda aceptar la verdad y arrepentirse de verdad, será salva. Dios salva al hombre en la mayor medida posible. Todos nosotros revelaremos una gran cantidad de corrupción mientras seguimos a Dios. Si Dios determinara nuestros resultados basándose en la cantidad de corrupción que revelamos, ninguno de nosotros podría salvarse. Yo no busqué los principios-verdad cuando me enfrentaba a las cosas. Al escribir la evaluación, sabía que el comportamiento de Wang Yu era una revelación de corrupción y que no debería haber sido un objeto de investigación. Pero tenía miedo de ofender a la líder y no me atreví a dar mi opinión. Por el bien de mi propio buen resultado y destino, no me importó si los demás vivían o morían, lo que dejó una transgresión y una mancha ante Dios. Al pensar en estas cosas, resolví en mi corazón no seguir viviendo según mi naturaleza falsa.
Durante ese tiempo, reflexioné sobre cómo podría despojarme de mi carácter corrupto escurridizo y falso. Oré a Dios, pidiéndole que me guiara para encontrar una senda de práctica. Un día, vi un pasaje de las palabras de Dios: “Para creer en Dios y caminar por la senda correcta en la vida, como mínimo debes vivir con dignidad y semejanza humana, debes ser digno de confianza y se te ha de considerar valioso. Le debe parecer a la gente que en tu calidad humana e integridad hay sustancia, que cumples todo lo que dices y mantienes tu palabra. […] Todos aquellos que tienen dignidad poseen un poco de personalidad, a veces no se llevan bien con los demás, pero son honestos, y no hay falsedad ni engaño en ellos. Al final, los otros los acaban teniendo en alta estima porque son capaces de practicar la verdad, son honestos, tienen dignidad, integridad y calidad humana, nunca se aprovechan de nadie, ayudan a otros que tengan problemas, tratan a la gente con conciencia y razón y nunca emiten juicios a la ligera sobre nadie. Cuando evalúan o debaten sobre otras personas, todo cuanto dicen estos individuos es veraz, hablan de lo que saben y no parlotean sobre lo que desconocen, no se pierden en adornos y sus palabras pueden servir como prueba o referencia. Cuando hablan y actúan, aquellos que poseen calidad humana son relativamente prácticos y dignos de confianza. Nadie considera valiosos a los que no tienen calidad humana, nadie presta ninguna atención a lo que dicen y hacen, ni considera importantes sus palabras y acciones ni confía en ellos. Esto se debe a que cuentan demasiadas mentiras y dicen muy pocas palabras honestas, a que les falta sinceridad cuando se relacionan con las personas o hacen algo por ellas, a que tratan de embaucar y engañar a todo el mundo, y no gustan a nadie. ¿Os habéis topado con alguien que a vuestros ojos sea digno de confianza? ¿Creéis ser dignos de la confianza de los demás? ¿Pueden otras personas confiar en vosotros? Si alguien te pregunta sobre la situación de otro, eso es algo que no debes evaluar ni juzgar según tu propia voluntad, tus palabras deben ser objetivas, precisas y conformarse a los hechos. Debes hablar sobre lo que entiendas y no sobre cosas de las que te falta perspectiva. Has de ser justo con esa persona. Esa es la manera responsable de actuar” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si se es una persona honesta es posible vivir la auténtica semejanza humana). Al reflexionar sobre Sus palabras, llegué a entender que la humanidad normal que Dios nos pide que vivamos es una en la que tenemos integridad, dignidad, hablamos basándonos en los hechos, sin exagerar ni minimizar, y somos responsables de nuestras acciones. Las personas así son honestas y de buen corazón, nunca recurren a artimañas ni usan trucos, tienen una actitud sincera hacia las personas y los asuntos, y se puede confiar en ellas. A partir de las palabras de Dios, encontré una dirección sobre cómo comportarme. Sabía que debía hablar y actuar honestamente según los requisitos de Dios, a fin de ser digna de confianza para los demás y tranquilizar a Dios. Cuando necesitaba expresar mi punto de vista, debía decir la verdad y hacer saber a los demás mis opiniones y pensamientos reales.
Después de eso, comencé a centrarme en entrar en la verdad en el aspecto de ser una persona honesta en mi deber. Una vez, la supervisora me preguntó sobre la situación de dos de los miembros de mi equipo, y dijo que, si no eran adecuados, debían ser reasignados a tiempo. Pensé: “La supervisora también tiene una idea de cómo se han desempeñado estos dos en sus deberes últimamente. Si mi opinión es diferente a la suya, ¿no dirá que me falta discernimiento y que no sé cómo contemplar a las personas o los asuntos? ¿Podría decir que tengo un calibre pobre y que no soy adecuada para ser líder del equipo? Olvídalo. Mejor no digo nada. O tal vez simplemente diré que todavía no he podido notarlo”. En ese momento, me di cuenta de que estaba tratando de ser falsa de nuevo. Pensé en las palabras de Dios: “Honestidad significa dar tu corazón a Dios; no ser falso con Dios en nada y ser abierto con Él en todas las cosas, nunca esconder los hechos, no tratar de engañar a aquellos que están por encima de ti ni ocultar cosas a los que están por debajo, y no hacer cosas que son meros intentos para ganarte el favor de Dios. En pocas palabras, ser honesto es ser puro en tus acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Tres advertencias). Después de leer, oré en silencio: “Oh, Dios, no quiero ser más falsa. Debo ser una persona honesta, escribir lo que he visto con veracidad y expresar mi propia opinión”. Después de escribirlo, se lo envié a la supervisora, y mi corazón quedó completamente en paz. A partir de entonces, cada vez que tenía que escribir una evaluación, decía la verdad, escribiendo fielmente los problemas que había visto y mis propias opiniones. Que haya podido tener este pequeño cambio y ganancia es el resultado logrado por las palabras de Dios. ¡Gracias a Dios!