157 Las nociones e imaginación nunca te ayudarán a conocer a Dios

I

El conocimiento de Dios no depende de

la experiencia ni de la imaginación.

Estas no deben ser impuestas a Dios.

Pues no importa lo ricas que

la experiencia humana y la fantasía sean,

están limitadas, no son hechos ni verdad,

siendo tan incompatibles con el carácter real de Dios,

siendo tan inconsistentes con Su esencia real.

El carácter justo de Dios es Su propia esencia verdadera;

no está moldeado por el hombre

ni por nada parecido en Su creación.

Dios es Dios, después de todo,

Él nunca forma parte de Su propia creación.

Incluso si Él se une,

Su carácter y Su esencia no cambiarán, no lo harán.

II

Por eso, conocer a Dios no es percibir, percibir objetos,

no es analizar la materia,

no es comprender a otros seres humanos.

El conocimiento de Dios no será alcanzado

por tales medios y conceptos.

Conocer a Dios no depende de la experiencia ni la fantasía.

Son limitadas, no son, no son hechos ni verdad.

El carácter justo de Dios es Su propia esencia verdadera;

no está moldeado por el hombre

ni por nada parecido en Su creación.

Dios es Dios, después de todo,

Él nunca forma parte de Su propia creación.

Incluso si Él se une,

Su carácter y Su esencia no cambiarán.

Uno nunca comprenderá a Dios,

confiando en su imaginación.

La única vía para conocerlo es pues:

Acepta todo lo que viene de Él, experiméntalo poco a poco.

III

Llegará el día en que el esclarecimiento,

el conocimiento verdadero de Dios

sean tuyos, tu recompensa,

el fruto de tu cooperación con Dios

y tu hambre y tu sed de la verdad.

El carácter justo de Dios es Su propia esencia verdadera;

no está moldeado por el hombre

ni por nada parecido en Su creación.

Dios es Dios, después de todo,

Él nunca forma parte de Su propia creación.

Incluso si Él se une,

Su carácter y Su esencia no cambiarán.

El carácter justo de Dios es Su propia esencia verdadera;

no está moldeado por el hombre

ni por nada parecido en Su creación.

Dios es Dios, después de todo,

Él nunca forma parte de Su propia creación.

Incluso si Él se une,

Su carácter y Su esencia no cambiarán.

Él no lo hará.


Adaptado de ‘Dios mismo, el único II’ en “La Palabra manifestada en carne”

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