Palabras sobre la realización del deber

Fragmento 30

¿Qué es el deber? La comisión que Dios confía al hombre es el deber que el hombre debe realizar. Aquello que Él te confíe es el deber que debes hacer. Para realizar tu deber, debes aprender a mantener los pies en el suelo y no pretender llegar más allá del alcance de la mano. No pienses siempre que la hierba es más verde al otro lado ni insistas en hacer aquello que no es apropiado para ti. Algunas personas son aptas para ser anfitrionas y, sin embargo, insisten en ser líderes; otras son aptas para ser actores, pero quieren ser directores. No es bueno esmerarse siempre en alcanzar posiciones más elevadas. Uno debe encontrar y ubicar su propio rol y posición: eso es lo que hace una persona con razón. Luego, debe cumplir bien su deber con una actitud firmemente sensata para devolver el amor de Dios y satisfacerlo. Si uno tiene esta actitud al realizar su deber, su corazón será firme y estará en paz, podrá aceptar la verdad en su deber y llegará gradualmente a hacer su deber de acuerdo con los requisitos de Dios. Podrá despojarse de su carácter corrupto, someterse a todos los arreglos de Dios y realizar su deber de una manera que sea acorde al estándar. Esta es la manera de ganar la aprobación de Dios. Si puedes esforzarte verdaderamente por Dios y realizar tu deber con la mentalidad correcta, la mentalidad de amarlo y satisfacerlo, la obra del Espíritu Santo te conducirá y te guiará, estarás dispuesto a practicar la verdad y a actuar de acuerdo con los principios al hacer tu deber y te convertirás en una persona que teme a Dios y se aparta del mal. De esta manera, vivirás plenamente una verdadera semejanza humana. Las vidas de las personas crecen gradualmente a medida que hacen sus deberes. Aquellos que no realizan los deberes no pueden obtener la verdad ni la vida, por muchos años que crean, porque carecen de la bendición de Dios. Dios solo bendice a aquellos que verdaderamente se esfuerzan por Él y hacen sus deberes lo mejor que pueden. Sea cual sea el deber o la tarea que la iglesia disponga que hagas, deberías aceptarlo como tu responsabilidad y tu deber y hacerlo bien. ¿Cómo puedes hacerlo bien? Hazlo exactamente como Dios requiere. Dios te pide que cumplas tu deber con todo tu corazón, toda tu mente y todas tus fuerzas, así que deberías contemplar estas palabras y meditar en cómo puedes hacer tu deber con todo tu corazón. Por ejemplo, si ves a alguien haciendo su deber sin seguir los principios, haciéndolo de manera imprudente según su propia voluntad y piensas para tus adentros: “De todos modos, no es mi responsabilidad, así que no me involucraré”, ¿es esto hacer tu deber con todo tu corazón? (No). No lo es; es ser irresponsable. Si eres una persona responsable, cuando te encuentres con una situación así, dirás: “No es parte de mi función, pero puedo informar de este problema al líder para que pueda resolverlo de acuerdo con los principios”. Después de hacerlo, todos ven que es apropiado, tu corazón estará tranquilo y habrás cumplido con tu responsabilidad. Entonces habrás hecho tu deber con todo tu corazón. Supongamos que, sin importar qué deber estés haciendo, siempre estás desatento y dices: “Si hago este trabajo de una manera sencilla y superficial, simplemente saliendo del paso, aun así se hará de manera aceptable. Después de todo, he hecho lo mejor que he podido; mis capacidades son limitadas y mis habilidades profesionales no son sólidas. Hacerlo de manera aceptable es suficiente. Además, nadie pregunta ni indaga al respecto, y nadie se pone serio conmigo. Tampoco es tan importante; está bien si simplemente lo hago de manera superficial”. Si haces tu deber con esta intención y esta mentalidad, ¿lo estás haciendo con todo tu corazón? No, no lo estás haciendo; estás siendo negligente, y esa es una revelación de tu carácter corrupto satánico. ¿Puedes hacer tu deber con todo tu corazón dependiendo de tu carácter satánico? No, eso no sería posible. Entonces, ¿qué significa hacer tu deber con todo tu corazón? Puede que digas: “Aunque lo Alto no ha preguntado por esta tarea y no parece muy importante entre todo el trabajo de la casa de Dios, de todos modos tengo que hacerla bien; es mi deber”. En realidad, que sea importante o no es una cosa; que puedas hacerlo bien es otra, esa es la clave: esto es lo único que es más importante. La clave es si puedes o no hacerlo bien, si puedes poner todo tu corazón en ello y si puedes atenerte a los principios y practicar de acuerdo con la verdad. Esto es lo importante. Si puedes practicar la verdad y hacer las cosas de acuerdo con los principios, entonces verdaderamente estás haciendo tu deber con todo tu corazón. Si has hecho bien un deber, pero sigues sin estar satisfecho y deseas hacer un deber aún más importante y eres capaz de hacerlo bien, entonces con mayor razón estás haciendo tu deber con todo tu corazón. Por tanto, si eres capaz de hacer tu deber con todo tu corazón, ¿qué implica esto? Por un lado, significa que estás haciendo tu deber de acuerdo con los principios de las palabras de Dios. Por otro lado, significa que aceptas el escrutinio de Dios y tienes a Dios en tu corazón; significa que no estás haciendo tu deber para aparentar, que no actúas por tus propios caprichos y que no lo haces según tus propias preferencias; en cambio, lo consideras como una comisión que Dios te ha encomendado y lo estás haciendo con esa responsabilidad y ese corazón, no según tu propia voluntad, sino enteramente de acuerdo con los requerimientos de Dios. Pones todo el corazón en la ejecución del deber: esto es realizar tu deber con todo el corazón. Algunas personas no entienden las verdades sobre la realización de los deberes. Cuando se encuentran con alguna adversidad, se quejan y siempre montan alboroto por sus intereses, provechos y pérdidas personales. Piensan: “Si hago bien el trabajo que el líder me ha encargado, le reportará honor y gloria, pero ¿quién se acordará de mí? Nadie sabrá que yo hice el trabajo, y el líder se llevará todo el mérito. El hecho de que realice mi deber de esta manera, ¿no sirve a otros?”. ¿Qué tipo de carácter es este? Esto es rebeldía: estas personas son absurdas. No entienden correctamente la comisión de Dios. Siempre quieren ocupar posiciones de autoridad, llevarse el mérito y recibir recompensas, y quedar bien. ¿Por qué siempre se centran en la fama y la ganancia? Esto pone de manifiesto que su deseo de fama y ganancia es demasiado fuerte, y que no entienden que el sentido de hacer un deber es satisfacer a Dios, o que Dios escudriña las profundidades del corazón de cada persona. Estas personas no tienen una verdadera fe en Dios, de modo que emiten veredictos sobre la base de los hechos que pueden ver con sus propios ojos, lo que las lleva a formarse ideas erróneas. En consecuencia, adoptan una actitud negativa y holgazanean en su trabajo y no son capaces de realizar sus deberes con todo el corazón y toda la fuerza. Debido a que no tienen una verdadera fe y no saben que Dios escudriña las profundidades del corazón de las personas, se centran en hacer sus deberes para que los demás lo vean, en hacer que otros conozcan las tribulaciones y las adversidades que sufren, y en obtener los elogios y la aprobación de los líderes y los obreros. Creen que realizar un deber solo vale la pena si lo hacen de esta manera, y solo es glorioso si todo el mundo ve cómo lo hacen. ¿Acaso no es esto una vileza? Creen en Dios, pero no solo no tienen fe, sino que tampoco aceptan ni entienden la verdad de ninguna manera. ¿Cómo puede este tipo de personas cumplir bien un deber? ¿Acaso no hay un problema con su carácter? Si tratas de compartirles la verdad y, aun así, no la aceptan, es que tienen un carácter malvado. No atienden a sus debidas responsabilidades ni se atienen a sus deberes. Tarde o temprano, deben descartarse. Quienes hacen deberes deben ser personas con una humanidad normal. Deben tener un razonamiento sano y ser capaces de someterse a todos los arreglos y las instrumentaciones de Dios. Dios concede distintas aptitudes y dones a diferentes personas, y estas diferentes personas están mejor preparadas para realizar deberes distintos. No debes ser selectivo y elegir un deber según tus preferencias; no debes optar solo por realizar deberes cómodos y sencillos que encajen con tus propios deseos. Esto es un error. Esto no es hacer un deber con todo el corazón ni realizar un deber. Para hacer un deber, lo primero que debes hacer es poner todo el corazón en dicho cometido. A continuación, independientemente de lo que hagas, tanto si se trata de una tarea grande o pequeña, sucia o agotadora, una tarea que se realice en presencia de otras personas o en solitario, una tarea importante o insignificante, debes contemplarlo todo como tu deber y ceñirte al principio de hacerlo con todo el corazón, toda la mente y toda tu fuerza. Una vez realizado el deber, si acabas sintiendo que tu conciencia no está completamente tranquila por lo que se refiere a parte del trabajo que has hecho y que, a pesar de haber puesto todo el corazón en ello, parte de tu trabajo no se ha realizado bien y los resultados de tus esfuerzos no son muy buenos, ¿qué deberías hacer? Algunas personas piensan: “Bien, he puesto todo el corazón en mi deber, pero los resultados no fueron muy buenos. No es mi problema. Ahora está en manos de Dios”. ¿Qué clase de punto de vista es este? ¿Es el punto de vista adecuado? Estas personas no se esfuerzan verdaderamente por Dios porque no están dispuestas a buscar la verdad para resolver problemas; no están dispuestas a satisfacer a Dios y siguen teniendo una perspectiva superficial sobre su deber. Al parecer, este tipo de personas no tiene corazón. Cuando hablamos de hacer tu deber con todo el corazón, significa utilizar el corazón por completo: no puedes hacer tu deber a medias, debes ser decidido, realizar tu deber cuidadosamente y ser devoto, adoptando una actitud responsable para garantizar que las tareas se realicen bien y alcanzando los resultados que debes lograr. Solo entonces puedes considerar que esto es realizar un deber con todo el corazón. Si ves que los resultados de tu trabajo no son demasiado buenos y piensas: “He hecho todo lo que he podido. He sacrificado el sueño, me he saltado comidas y he estado levantado hasta tarde, en algunas ocasiones me he quedado en mi lugar mientras los otros ya habían marchado a descansar y dar un paseo. He afrontado adversidades y no he disfrutado de las comodidades de la carne. Esto significa que he hecho mi deber con todo el corazón”. ¿Es este punto de vista adecuado? Has invertido tu tiempo y te has esforzado. A primera vista, parece que has seguido todas estas formalidades, pero los resultados que has obtenido no son buenos y no aceptas la responsabilidad de estos hechos ni te importa. ¿Es esto hacer tu deber con todo el corazón? (No). Esto no es hacer tu deber con todo el corazón. Cuando Dios determina que una persona está haciendo algo con todo su corazón, ¿en qué se fija? En un sentido, se fija en si abordas esa tarea con una actitud concienzuda y responsable. En otro sentido, se fija en qué piensas mientras la haces, si haces cuidadosamente el deber que debes hacer, si lo haces coherentemente de acuerdo con los principios-verdad y si, al enfrentarte a adversidades, buscas atentamente la verdad para resolver problemas, de manera que puedas cumplir bien tu deber. Dios observa y escudriña a los seres humanos mientras hacen cosas. Observa sus corazones en todo momento. Aunque las personas no lo sepan, a veces pueden sentir Su escrutinio. Algunas personas siempre hacen sus deberes de manera superficial y, finalmente, Dios arregla un escenario para revelarlas. En ese punto, sienten Su abandono, y todo el mundo percibe que no parecen creyentes, sino no creyentes, diablos y satanases. Este tipo de personas se descartan durante la ejecución de sus deberes. A menudo, algunas personas reflexionan sobre sí mismas al hacer deberes. A veces, los resultados que obtienen no son buenos, o surge un problema, y pueden sentirlo en el corazón y piensan: “¿Vuelvo a actuar de manera superficial?”. Se reprochan. ¿Cómo ocurre esto? Dios les infunde este sentimiento; es el esclarecimiento del Espíritu Santo. Así pues, ¿por qué Dios te esclarece? ¿Sobre qué base te esclarece? ¿En qué contexto te reprocha? Debes tener la mentalidad adecuada y decir: “Debo hacer mi deber con todo el corazón, y eso significa hacerlo de acuerdo con la verdad. ¿He hecho verdaderamente mi deber con todo el corazón?”. Si siempre consideras esto, Dios te esclarecerá y te hará comprender: “No hice esa tarea con todo el corazón. Creía que la estaba haciendo bastante bien. Me hubiera puntuado con un 99 sobre 100. Pero ahora veo que ese no era realmente el caso: en realidad, apenas la hice adecuadamente”. Solo entonces descubrirás la insatisfacción de Dios. Es decir, Dios te esclarecerá y te permitirá entender en qué medida cumpliste bien tu deber en realidad y lo lejos que todavía estás de Sus requisitos. Si alguien queda muy por debajo de los estándares mínimos en la realización de su deber, ¿Dios lo esclarecerá de todos modos? Probablemente, no. ¿A quién esclarece Dios? En primer lugar, a aquellos que aman la verdad; en segundo lugar, a aquellos que tienen una actitud de sumisión; en tercer lugar, a aquellos que anhelan la verdad; y, en cuarto lugar, a aquellos que se examinan y reflexionan sobre sí mismos en todos los aspectos. Estos son los tipos de personas que pueden ganar el esclarecimiento de Dios. Al practicar y experimentar de esta manera, tu experiencia personal de hacer tu deber con todo el corazón (este aspecto de la práctica de la verdad y este aspecto de la realidad) siempre crecerá sin parar. Gradualmente, tendrás muy claro qué personas hacen sus deberes con todo el corazón y cuáles no, así como las actitudes y las conductas de distintas personas por lo que se refiere a la ejecución de deberes. Cuando te conozcas, podrás diferenciar a los otros y cada vez serás más meticuloso en tu deber. No se te escapará el más ligero atisbo de superficialidad y podrás buscar la verdad para resolverlo. Podrás manejar los asuntos de acuerdo con los principios al tiempo que realizas tu deber; cada vez practicarás más la verdad y tendrás el corazón firme y en paz. Si un día sabes de corazón que no has cumplido bien un deber, ¿qué deberías hacer? Debes meditar, buscar información y dejar que otros te aconsejen; entonces, antes de que te des cuenta, entenderás el asunto. ¿Acaso esto no te ayudará a realizar tu deber? (Sí). Será útil. Este será el caso, independientemente del deber que hagas. Mientras las personas hagan sus deberes con todo el corazón, busquen los principios-verdad y perseveren en sus esfuerzos, finalmente obtendrán resultados.

Fragmento 31

Dado que las personas tienen un carácter corrupto, a menudo son negligentes en el desempeño de su deber. Este es el problema más grave. Si las personas han de desempeñar bien sus deberes, primero deben resolver el problema de la negligencia. Mientras tengan una mentalidad negligente, no podrán desempeñar bien sus deberes, lo que significa que resolver el problema de la negligencia es lo más importante. Entonces, ¿cómo deberían practicar? Primero, deben resolver el problema de su mentalidad: deben tratar sus deberes correctamente, hacer las cosas con seriedad y responsabilidad, y evitar tener un corazón falso y negligente. El deber de uno se realiza para Dios, no para ninguna persona; si las personas son capaces de aceptar el escrutinio de Dios, tendrán la mentalidad correcta. Es más, después de hacer algo, deben revisarlo y reflexionar sobre ello. Si se sienten un poco intranquilas en su corazón, y con una revisión cuidadosa descubren que realmente hay un problema, entonces deben corregirlo, y después de hacerlo, se sentirán tranquilas en su corazón. Sentirse intranquilo por dentro demuestra que hay un problema. Esto requiere una revisión cuidadosa, y no se debe pasar por alto nada en los puntos críticos. Esta actitud implica ser responsable en el desempeño del propio deber. Si uno puede ser concienzudo, asumir la responsabilidad y poner todo su corazón y fuerza, el trabajo se hará bien. A veces tienes la mentalidad equivocada, siempre eres sentencioso e incluso si hay un error obvio, sigues sin poder descubrirlo o encontrarlo. Si tienes la mentalidad correcta y buscas la verdad, entonces, a través del esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo, descubrirás el problema. Si el Espíritu Santo te guía y te da una comprensión, de tal manera que tu corazón se ilumina y sabes dónde radica el error, serás capaz de corregir la desviación y esforzarte por los principios-verdad. Si no tienes la mentalidad correcta, estás distraído y eres descuidado, ¿serás capaz de descubrir el error? No. ¿Qué se puede ver a partir de esto? Para desempeñar bien sus deberes, es muy importante que las personas pongan de su parte; su mentalidad es crucial, y dónde centran sus pensamientos e ideas es muy importante. Dios escruta y puede ver qué mentalidad tienen las personas y cuánto corazón ponen en ello mientras realizan sus deberes. Poner en ello todo el corazón y la fuerza de uno es fundamental, y poner de su parte es crucial. Las personas deberían esforzarse por no tener remordimientos de los deberes que han completado y las cosas que han hecho y por no estar en deuda con Dios. Esto es verdaderamente lo que significa poner todo el corazón y la fuerza de uno. Si nunca pones todo tu corazón y tu fuerza en tu deber y eres constantemente negligente, con lo que causas una pérdida tremenda al trabajo y quedas muy por debajo de los resultados requeridos por Dios, entonces solo puedes ser descartado. ¿Y habrá todavía tiempo para sentir remordimiento, entonces? No lo habrá. ¡Eso será un remordimiento eterno, una mancha! Ser constantemente negligente es una mancha, una transgresión grave, ¿no es así? (Sí). Debes esforzarte por hacer bien lo que te corresponde y todo lo que deberías hacer, con todo tu corazón y tu fuerza, y no ser negligente ni quedarte con ningún remordimiento. De esta manera, el deber que haces será recordado por Dios. Esas cosas que Dios recuerda son buenas obras. ¿En qué se convierten, entonces, las cosas que Dios no recuerda? (Se convierten en transgresiones y acciones malvadas). Puede que no seas capaz de aceptar que ahora las llamemos acciones malvadas, pero cuando llegue el día en que estas cosas causen graves consecuencias y den lugar a una influencia negativa, te darás cuenta de que estas transgresiones no son meras transgresiones de comportamiento, sino acciones malvadas. Cuando llegues a esta comprensión, sentirás pesar: “¡Si hubiera sabido entonces lo que sé ahora! Si lo hubiera pensado un poco más y me hubiera esforzado más en aquel entonces, estas consecuencias se podrían haber evitado”. Nada borrará esta mancha eterna de tu corazón, y si te deja con un sentimiento de culpa duradero, eso es un problema. Por tanto, al realizar tu deber ahora, debes centrarte en buscar la verdad y actuar según los principios, esforzándote por poner todo tu corazón y tu fuerza en la comisión que Dios te ha dado, y todo lo que hagas debe dejarte con la conciencia tranquila y sin remordimientos, y debe ser recordado por Dios. Evita ser negligente a toda costa. Si cometes un error por un impulso y es una transgresión grave, eso se convertirá en una mancha eterna. Una vez que tengas remordimientos, no podrás compensarlos; serán permanentes. Deberías ver estas dos sendas con claridad. ¿Cuál deberías elegir para obtener la aprobación de Dios? Realizar tu deber con todo tu corazón y tu fuerza, preparar suficientes buenas obras y esforzarte por obtener la verdad: solo de esta manera puedes evitar tener remordimientos. Hagas lo que hagas, no hagas el mal ni perturbes el desempeño del deber de otras personas, no cometas ningún acto de vulnerar la verdad y resistirte a Dios, y no te provoques remordimientos para toda la vida. ¿Cuál es la consecuencia de cometer demasiadas transgresiones? ¡Que acumularás la cólera de Dios en Su presencia! Cuantas más transgresiones cometas, más estarás acumulando la cólera de Dios; en última instancia, serás castigado.

Algunas personas hacen sus deberes de manera constante y no parecen tener ningún problema importante: no cometen ninguna acción malvada obvia ni causan trastornos o perturbaciones, no caminan por la senda de los anticristos y no hay errores importantes ni cuestiones de principio en la realización de sus deberes. Y, sin embargo, en solo unos pocos años llegan a ser reveladas sin darse cuenta: no aceptan la verdad en absoluto y son incrédulos. ¿Qué está pasando aquí? La gente no puede ver el problema en ellos, pero Dios escruta lo más profundo del corazón de las personas y Él puede ver el problema. Estos individuos son siempre negligentes y no se arrepienten en el cumplimiento de sus deberes. A medida que pasa el tiempo, están destinados a ser revelados. ¿Qué significa no arrepentirse nunca? Significa que, aunque hacen sus deberes de manera constante, siempre tienen una actitud errónea hacia estos deberes, una actitud negligente, que nunca ponen su corazón en sus deberes, y mucho menos todo su corazón. Incluso si hacen un poco de esfuerzo, solo están actuando por inercia y están lejos de dedicar todas sus fuerzas a hacer sus deberes. Sus transgresiones no tienen fin. A ojos de Dios, la falta de arrepentimiento de estas personas es constante, siempre son negligentes y nunca cambian; es decir, no renuncian a la maldad en sus manos ni se arrepienten ante Dios y Él no ve en ellos una actitud de arrepentimiento ni un cambio en su actitud. Abordan persistentemente sus deberes y las comisiones de Dios con esta actitud y este método. Este carácter terco e intransigente suyo nunca cambia. Es más, nunca se han sentido en deuda con Dios, y nunca han sentido que su negligencia sea una transgresión y una acción malvada. En su corazón no hay sensación de estar en deuda, culpa, autorreproche ni mucho menos hay autoacusación. Si las cosas siguen así, Dios considerará que estas personas están más allá de la redención. No importa lo que Dios diga, no importa cuántos sermones escuchen estas personas o cuántas doctrinas puedan hablar, su corazón no puede aceptar la verdad y no cambia ni se enmienda, así que Dios dice: “No hay esperanza para esta persona. Nada de lo que yo diga puede conmover su corazón y nada de lo que yo diga puede hacer que se dé la vuelta. Ningún método que intente puede efectuar un cambio en ella. Esta persona ya no es digna de hacer su deber ni es digna de rendir servicio en Mi casa”. ¿Por qué dice Dios esto? Es porque es constantemente negligente en la realización de su deber y en su trabajo; no importa cómo se le pode ni cuánta tolerancia y paciencia se le extienda, es inútil y no puede hacer que se arrepienta o cambie verdaderamente. Mucho menos puede hacer que haga bien su deber ni puede en absoluto embarcarse en la senda de perseguir la verdad, así que esta persona está más allá de la redención. Cuando Dios determina que una persona está más allá de la redención, ¿seguirá Él aferrándose a esta con fuerza? No. Dios la dejará ir. Algunas personas siempre suplican: “¡Dios, déjame vivir mi propia vida! No me disciplines ni me hagas sufrir. ¡Dame un poco de libertad! ¡Permíteme hacer las cosas con un poco de superficialidad! Déjame ser un poco disoluto. Déjame ser mi propio amo”. No quieren ser restringidos. Dios dice: “Ya que no quieres caminar por la senda correcta, entonces te dejaré ir. Te daré rienda suelta. Vete y haz lo que quieras. No te salvaré porque no tienes remedio”. ¿Los que no tienen remedio tienen algún sentido de la conciencia? ¿Tienen algún sentido de la deuda? ¿Tienen algún sentido de la acusación? ¿Son capaces de sentir el reproche, la disciplina, los golpes y el juicio de Dios? No pueden. No son conscientes de ninguna de estas cosas; en su corazón son imperceptibles, o incluso están ausentes. Cuando una persona ha llegado a esta etapa, sin Dios en su corazón, ¿puede aún alcanzar la salvación? Es difícil de decir. Cuando la fe de uno ha llegado a tal punto, se halla en peligro. ¿Sabéis cómo debéis buscar, cómo debéis practicar, y qué senda debéis elegir para evitar esta consecuencia y asegurar que tal estado no se produzca? Lo más importante es, en primer lugar, elegir la senda correcta y, a continuación, centrarse en realizar bien el deber que debéis cumplir en la actualidad. Este es el estándar mínimo, el más básico. Sobre esta base debes buscar la verdad y esforzarte por alcanzar la marca de realizar tu deber de una manera que sea acorde al estándar. Esto es así porque lo que refleja de un modo más perceptible el vínculo que te une a Dios es cómo tratas el asunto que Él te encomienda y el deber que Él te asigna, además de la postura que adoptas. Este es el problema más visible y práctico. Dios está a la espera; quiere conocer tu postura. Deberías aprovechar esta oportunidad y apresurarte a mostrar tu actitud hacia Dios, aceptar Su comisión y cumplir bien con tu deber. Si puedes cumplir con la comisión que Dios te ha encargado, tu relación con Él será normal. Si cuando Dios te confía una tarea o te dice que hagas cierto deber adoptas una postura muy superficial, si no te lo tomas en serio ni lo consideras importante, ¿no es eso precisamente lo contrario de dedicar todo tu corazón y tus fuerzas? ¿Puedes cumplir bien con tu deber así? Desde luego que no. Tu realización del deber seguro que no va a ser acorde al estándar. Por tanto, la postura que adoptas cuando realizas tu deber tiene una importancia fundamental, como la tienen el método y la senda que eliges. A todos aquellos que ni siquiera hacen bien sus deberes se les descarta, sin importar los años que lleven creyendo en Dios.

Fragmento 32

Muchas personas siempre hacen sus deberes de manera negligente, sin ser nunca meticulosas, como si estuvieran trabajando para no creyentes. Hacen las cosas de una manera tosca, superficial, indiferente y negligente, como si solo estuvieran jugando a un juego. ¿Por qué pasa esto? Son no creyentes que rinden servicio. Así es exactamente como los incrédulos hacen sus deberes. Estas personas son sumamente ruines; son disolutas y desenfrenadas, y no son diferentes de los no creyentes. Ciertamente no son negligentes cuando se ocupan de sus propios asuntos, así que ¿por qué entonces no son en lo más mínimo serias o concienzudas cuando se trata de hacer sus deberes? Sea cual sea el deber que hagan, hay un elemento de broma y travesura; siempre son negligentes y tienen un rasgo de engaño en ellas. ¿Tienen humanidad las personas así? Sin duda no tienen humanidad; tampoco tienen el menor grado de conciencia y razón. Son como burros salvajes o caballos salvajes; sin alguien que las vigile o las gestione, no se las puede mantener a raya. Cuando hacen el deber, siempre son negligentes y engañosas hacia la casa de Dios. ¿Significa esto que poseen alguna fe sincera en Él? ¿Se están entregando para Él? Ciertamente se quedan cortas, e incluso el servicio que rinden no es acorde al estándar. Si alguien contratara a tales personas, las despediría y echaría a los pocos días. Es totalmente acertado decir que en la casa de Dios son servidores y trabajadores contratados, y solo se los puede descartar. Muchas personas son demasiado negligentes mientras hacen sus deberes. Cuando se enfrentan a la poda, se niegan a aceptar la verdad, siguen discutiendo e incluso se quejan de que la casa de Dios es injusta con ellas, de que carece de misericordia y tolerancia. ¿No es esto inmune a la razón? Para decirlo de manera más objetiva, es un carácter arrogante, y carecen de la más mínima conciencia y razón. Aquellos que creen realmente en Dios deben al menos ser capaces de aceptar la verdad y actuar sin ir en contra de la conciencia y la razón. ¡Las personas que ni siquiera son capaces de aceptar la poda o someterse a ella son demasiado arrogantes, sentenciosas y simplemente inmunes a la razón! Tildarlas de bestias no es una exageración, pues manifiestan una total indiferencia hacia todo lo que hacen. Hacen las cosas tal como les place y no se preocupan por las consecuencias; no les importa que surjan problemas. Para las personas como esta, ni siquiera el servicio que rinden es acorde al estándar. Debido a que abordan sus deberes de esta manera, los demás no pueden soportar mirarlas ni confiar en ellas. Entonces, ¿puede Dios confiar en ellas? Al no cumplir este requisito mínimo, no son acordes al estándar ni siquiera al rendir servicio y solo pueden ser descartadas. ¿Hasta qué punto pueden ser arrogantes y sentenciosas algunas personas? Siempre creen poder hacer cualquier cosa; sin importar qué se ha dispuesto para ellas, dicen: “Es fácil; no es para tanto. Puedo manejarlo. No necesito a nadie que comparta conmigo sobre los principios-verdad. Yo puedo revisarlo solo”. Siempre muestran este tipo de actitud; los líderes y los obreros no soportan ver cómo actúan ni confían en ellas cuando hacen algo. ¿No son personas arrogantes y sentenciosas? Cuando alguien muestra excesiva arrogancia y sentenciosidad, esa es sencillamente su manera de comportarse, y si no se manifiestan cambios, jamás realizará sus deberes de una manera que sea acorde al estándar. ¿Qué actitud se debe tener hacia hacer el deber? Como mínimo, una actitud responsable. Independientemente de los problemas y las dificultades que encare una persona, debería buscar los principios-verdad, entender el estándar requerido por la casa de Dios y saber qué resultados se han de obtener a través de hacer sus deberes. Si uno es capaz de comprender estos puntos, le resultará sencillo realizar su deber acorde al estándar. No importan los deberes que hagas, si en primer lugar comprendes los principios y los requerimientos de la casa de Dios y conoces los resultados que debes obtener, ¿acaso no dispones de una senda para realizarlos? (Sí). Por tanto, es muy importante la actitud de cada cual hacia su deber. Aquellos que no aman la verdad realizan sus deberes de un modo superficial: no muestran la actitud adecuada, nunca buscan los principios-verdad, no piensan en los requerimientos de la casa de Dios ni en los resultados que han de obtener. ¿Cómo podrían realizar sus deberes de un modo que sea acorde al estándar? Si crees en Dios con sinceridad, cuando te des cuenta de que tu estado es superficial, debes orar a Dios, reflexionar y conocerte a ti mismo; debes rebelarte contra tus actitudes corruptas, trabajar duro en los principios-verdad y esforzarte por cumplir con los estándares requeridos por Él. Al hacer tu deber de esta manera, cumplirás gradualmente los requerimientos de la casa de Dios. De hecho, no es muy difícil realizar bien el deber. Solo depende de si una persona tiene conciencia y razón, si su corazón está en el lugar correcto y si lo pone en ello. Hay muchos no creyentes que trabajan con seriedad y, en consecuencia, tienen éxito. No saben nada sobre los principios-verdad, así que ¿cómo es que lo hacen tan bien? Debido a que les importa y ponen su corazón en ello, pueden trabajar con seriedad y meticulosidad, así como hacer las cosas con facilidad. Ninguno de los deberes de la casa de Dios es muy difícil. Siempre y cuando pongas todo tu corazón en ello y te esfuerces al máximo, puedes hacer un buen trabajo. Si el corazón de una persona no está en el lugar correcto y no lo pone en nada de lo que hace, si siempre intenta ahorrarse problemas, si siempre quiere ser negligente y salir del paso en todo y, como resultado, no realiza bien su deber, estropea las cosas y perjudica la casa de Dios, esto equivale a cometer una transgresión y ocasiona que Dios la deteste. Durante los momentos clave de difundir el evangelio, si no solo no logras resultados en tu deber, sino que tampoco desempeñas un papel positivo y solo causas trastornos y perturbaciones, naturalmente serás detestado y descartado por Dios y perderás tu oportunidad de salvación. ¡Te lamentarás eternamente de esto! Dios te exalta para hacer tu deber, y esta es una oportunidad que Él te ha dado para obtener la verdad y alcanzar la salvación. Y, sin embargo, eres irresponsable, tratas tu deber a la ligera y eres negligente; esta es la actitud con la que tratas la verdad y a Dios. Si no eres en lo más mínimo sincero o sumiso, ¿cómo puedes alcanzar la salvación de Dios? El tiempo es muy valioso en este momento; cada día, incluso cada minuto, es crucial. Si no buscas la verdad, si no te centras en la entrada en la vida, e incluso eres negligente e intentas engañar a Dios en tu deber, ¡verdaderamente careces de razón y estás en un enorme peligro! Una vez que Dios te deteste y te descarte, el Espíritu Santo ya no obrará en ti, y esta consecuencia es irreversible. En ocasiones, una persona puede arruinar su vida con lo que haga en un minuto. A veces, al pronunciar una sola palabra ofensiva para el carácter de Dios, la persona será revelada y descartada: ¿acaso no es algo que puede suceder en cuestión de minutos? Lo mismo sucede con quienes, a pesar de realizar sus deberes, se comportan de modo irresponsable, muestran una conducta temeraria y actúan con desenfreno constantemente. En esencia, son no creyentes e incrédulos y, no importa lo que hagan, estropean las cosas. Como resultado, esa gente no solo trae pérdidas a la casa de Dios, sino que pierde su oportunidad de salvación. Así, se le revoca su permiso para hacer sus deberes. Eso implica que ha sido desenmascarada y descartada, lo cual es una pena. Algunos se quieren arrepentir, pero ¿creéis que tendrán una oportunidad? Una vez descartados pierden la posibilidad. Y, una vez abandonados por Dios, les resultará casi imposible redimirse.

¿A qué clase de personas salva Dios? Se podría decir que todas ellas tienen conciencia y razón y son capaces de aceptar la verdad, pues solo aquellas que tienen conciencia y razón pueden aceptar y atesorar la verdad y, siempre que la comprendan, practicarla. Las personas que no tienen conciencia ni razón son las que carecen de humanidad; para decirlo sin rodeos, carecen de virtud. ¿Cuál es la naturaleza de la ausencia de virtud? Es carecer de humanidad, ser indigno de ser llamado humano. Como dice el refrán, una persona puede carecer de cualquier cosa, pero está perdida si carece de virtud, ya que eso la convierte en algo que ya no es humano, sino una bestia con forma humana. Fíjate en esos demonios y reyes diablos. Solo hacen cosas para resistirse a Dios y hacer daño a Su pueblo escogido. ¿No carecen de virtud? Verdaderamente, sí. Sin duda, la gente que hace muchas cosas carentes de virtud sufrirá el castigo. Quienes carecen de virtud carecen de humanidad; ¿cómo podrían realizar bien sus deberes? Son indignos de realizar deberes y no pueden hacer bien ningún deber. Tales personas no merecen ser llamadas humanas. Son bestias, bestias con forma humana. Solo quienes poseen conciencia y razón pueden abordar los asuntos humanos, ser fieles a su palabra, dignos de confianza y recibir el apelativo de “caballeros íntegros”. La expresión “caballeros íntegros” no se emplea en la casa de Dios. En vez de eso, en la casa de Dios se requiere que las personas sean honestas, esa es la verdad. Solo las personas honestas son dignas de confianza, tienen conciencia y razón y son dignas de ser llamadas humanos. Si una persona al realizar sus deberes puede aceptar la verdad y actuar según los principios y realiza sus deberes acorde al estándar, entonces es alguien honesto y digno de confianza. Y quienes pueden lograr la salvación de Dios son personas honestas. Ser una persona honesta y digna de confianza no tiene que ver con tus habilidades o tu apariencia, y mucho menos con tu aptitud, capacidad o dones. Basta con que aceptes la verdad, actúes con responsabilidad, tengas conciencia y razón y te sometas a Dios. No importa qué capacidades posea una persona, la verdadera preocupación es si carece de virtud. Alguien que carece de virtud no es humano, sino una bestia. Aquellos descartados de la casa de Dios lo son porque no tienen humanidad y carecen totalmente de virtud. Por tanto, la gente que cree en Dios debe ser capaz de aceptar la verdad y debe ser honesta y, al menos, poseer conciencia y razón, ser capaz de ejecutar bien sus deberes y cumplir con la comisión de Dios. Solo esas personas pueden lograr la salvación de Dios; son quienes creen en Él con sinceridad y con igual sinceridad se entregan para Él. Estas son las personas a las que Dios salva.

Al hacer cosas y realizar vuestros deberes, ¿examináis con frecuencia vuestro comportamiento y vuestras intenciones? (Casi nunca). Si casi nunca te examinas, ¿puedes reconocer tus actitudes corruptas? ¿Puedes entender tu verdadero estado? Si de verdad revelas actitudes corruptas, ¿cuáles serán las consecuencias? Debes tener muy claras todas esas cosas. Si uno no se examina y, por norma general, hace cosas de un modo superficial, sin seguir ni el menor de los principios, obtendrá como resultado la comisión de muchos males, será desenmascarado y descartado. ¿No es una consecuencia grave? Examinarse a uno mismo es el modo de resolver este problema. Decidme, cuando las corrupciones humanas están enraizadas, ¿es aceptable no hacer introspección casi nunca? ¿Se pueden cumplir bien los deberes sin buscar la verdad para resolver las actitudes corruptas de uno? Si no se resuelven esas actitudes corruptas, es fácil hacer las cosas mal, vulnerar los principios e incluso cometer maldades. Si nunca te examinas, eso supondrá un problema, pues no eres diferente a un no creyente. ¿Acaso no se descarta a mucha gente solo por esa razón? Al perseguir la verdad, ¿cómo debe practicar uno para alcanzarla? Lo importante es examinarte con frecuencia mientras haces tus deberes, reflexionando acerca de si has vulnerado los principios, si has revelado corrupción y si tienes malas intenciones. Si reflexionas acerca de ti mismo según las palabras de Dios y ves cómo se aplican estas en tu caso, te resultará fácil conocerte a ti mismo. Si reflexionas de ese modo acerca de ti mismo, tus actitudes corruptas se resolverán poco a poco, al igual que se solucionarán fácilmente tus ideas perversas y tus malas intenciones y motivaciones. Si solo te examinas después de que algo haya salido mal, de cometer un error o de llevar a cabo una maldad, entonces es demasiado tarde. Las consecuencias ya se han producido y eso constituye una transgresión. Si solo te examinas a ti mismo después de haber hecho mucha maldad y ser descartado, será demasiado tarde y lo único que podrás hacer será llorar y rechinar los dientes. Aquellos que de verdad creen en Dios pueden hacer sus deberes: esa es la exaltación y bendición de Dios, y constituye una oportunidad que debes valorar. Por lo tanto, incluso más deberías reflexionar con frecuencia sobre ti mismo al hacer tus deberes. Debes examinarte a menudo, en todas las cuestiones. Debes examinar tus intenciones y tu estado, observar si vives ante Dios, si las intenciones que hay detrás de tus acciones son las adecuadas, y si los motivos y el origen de tus acciones pueden sostenerse ante la inspección de Dios y someterse a Su escrutinio. A veces, la gente considera que buscar la verdad mientras afronta dificultades en la realización de sus deberes resulta pesado. Piensa: “Con esto bastará. Ya está bien”. Eso refleja la actitud de una persona en relación con los asuntos y su mentalidad respecto a sus deberes. Esa mentalidad es un tipo de estado. ¿Y qué estado es ese? ¿Acaso no es abordar los deberes sin un sentido de responsabilidad, algo así como una actitud superficial? (Sí). Dada la existencia de tan grave problema, no examinarse a uno mismo es muy peligroso. Algunas personas muestran indiferencia frente a ese estado. Piensan: “Es normal ser un poco superficial. Así es la gente. ¿Cuál es el problema?”. ¿Acaso no son personas atolondradas? ¿No es demasiado peligroso que alguien vea las cosas de ese modo? Mirad a los que son descartados. ¿Acaso no realizan siempre sus deberes de modo superficial? Eso es lo que sucede cuando uno es superficial. Tarde o temprano, las personas que caen con facilidad en la superficialidad acaban fracasando, y no derraman una sola lágrima hasta que no ven su propia tumba. Realizar los deberes de modo superficial supone un problema serio y, si no puedes reflexionar bien acerca de ti mismo ni buscar la verdad para resolver los problemas, sin duda será extremadamente peligroso, ya que podrás ser descartado en cualquier momento. Si existe un problema tan grave y, a pesar de ello, no te examinas a ti mismo ni buscas la verdad para resolverlo, te dañarás y arruinarás, y llegará el día en que serás descartado, comenzarás a llorar y a rechinar los dientes y ya todo será demasiado tarde.

Fragmento 33

Algunas personas no saben cómo experimentar la obra de Dios y tampoco saben cómo llevar Sus palabras a la realización de sus deberes ni en la vida real. Siempre intentan confiar en asistir a muchas reuniones para ganar la verdad y crecer en la vida. Esto es poco realista y es un argumento que no se sostiene. La vida se gana experimentando las palabras de Dios y experimentando el juicio y el castigo. Quienes saben cómo experimentar Su obra son capaces, más allá del deber que hagan, de comprender y practicar la verdad, de aceptar que se los pode, de entrar en la realidad-verdad, de lograr un cambio en su carácter y de ser perfeccionados por Dios en la realización de sus deberes. Quienes son holgazanes y disfrutan de las comodidades no están dispuestos a realizar sus deberes, no saben cómo experimentar la obra de Dios cuando los hacen y reclaman sin cesar que la casa de Dios les provea de reuniones, sermones, además de charlas sobre la verdad. Como consecuencia, después de diez o veinte años de creer y luego de haber escuchado innumerables sermones, siguen sin comprender la verdad y siguen sin ganarla. No saben cómo experimentar la obra de Dios, no comprenden qué es creer en Dios y no saben cómo experimentar la palabra de Dios para conocerse a sí mismos y ganar la verdad y la vida. Todas son personas que tienen ansias de comodidades y evitan llevar a cabo sus deberes. Por tanto, se les revela y descarta en el asunto de hacer sus deberes. Ahora bien, todas esas personas que hacen sus deberes con el corazón asentado y que le dan importancia a perseguir la verdad tienen alguna entrada en la vida cuando realizan sus deberes; cuando revelan corrupción, reflexionan sobre sí mismas y llegan a conocerse a sí mismas; cuando se enfrentan a dificultades en la realización de sus deberes, buscan la verdad y comparten sobre esta para resolver los problemas. Sin darse cuenta, después de realizar sus deberes durante varios años, cosechan recompensas claras, son capaces de compartir algún testimonio vivencial y llegan a poseer cierto conocimiento de la obra de Dios y de Su carácter. Estas cosas provocan cambios en su carácter-vida. Actualmente, en todas partes las iglesias están depurando a los anticristos, las personas malvadas y a quienes causan trastornos y perturbaciones. Quienes permanecen son, por lo general, aquellas personas que son capaces de persistir en la realización de sus deberes, que tienen cierto grado de devoción y que le dan importancia a la búsqueda de la verdad para resolver los problemas. Son la clase de personas que pueden mantenerse firmes en su testimonio. Debéis aprender a aplicar las palabras de Dios en la vida real y en los deberes que lleváis a cabo, practicándolas y haciendo uso de ellas, y luego, cuando surjan los problemas y las dificultades, debéis buscar la verdad para resolverlos. Además, debéis aprender a tener consideración con las intenciones de Dios cuando ejecutéis vuestros deberes y debéis formaros en practicar la verdad y en manejar las situaciones según los principios, cualquiera que sea el asunto; debéis aprender a practicar el amor hacia Dios y, con un corazón amante de Dios, considerar Su carga y llegar a un punto en el que podáis satisfacerlo. Únicamente estas personas aman a Dios de verdad. Si actúas de esta manera, incluso si no comprendes la verdad del todo, seguirás siendo capaz de realizar tus deberes de una forma que sea acorde al estándar; no solo has resuelto tu superficialidad, sino que también has aprendido a poner en práctica el amor hacia Dios, a someterte a Él y a satisfacerlo en la realización de tus deberes. Esta es la lección de la entrada en la vida. Si logras practicar la verdad y actuar de esta manera según los principios, cualquiera que sea el asunto, entonces esto es entrar en la realidad-verdad y esto es tener entrada en la vida. Sin importar cuán ocupado estés al llevar a cabo tus deberes, cuando cosechas los frutos de la entrada en la vida, cuando creces en la vida y cuando te puedes someter a la instrumentación y disposición de Dios, encuentras gozo en la ejecución de tus deberes. No te sentirás cansado, más allá de lo atareado que te encuentres. Tu corazón siempre estará feliz y en paz y te sentirás especialmente enriquecido y tranquilo. Sin importar las dificultades que puedan surgir, si vas en busca de la verdad, el Espíritu Santo te brindará esclarecimiento y te guiará. Esto es recibir la bendición de Dios. Además, independientemente de que estés o no ocupado mientras haces tus deberes, tú también necesitas realizar, de forma ocasional, ejercicios adecuados y actividades físicas razonables. Esto puede fomentar la circulación, contribuir a mantener los niveles de energía elevados y ser efectivo al momento de prevenir ciertas enfermedades ocupacionales. Esto es muy beneficioso para el buen cumplimiento de tus deberes. Por lo tanto, cuando lleves a cabo tus deberes, si logras aprender muchas lecciones, comprender muchas verdades, conocer a Dios en verdad y, al final, temer a Dios y evitar el mal, entonces estarás completamente de acuerdo con Sus intenciones. Si eres capaz de alcanzar el amor hacia Dios, de dar testimonio de Él y llegar a ser del mismo sentir que Él, entonces te has embarcado en la senda de ser perfeccionado por Él. Esta es una persona que ha recibido la bendición de Dios, ¡y es una dicha extraordinaria! Si te entregas a Dios de forma genuina, recibirás, sin duda alguna, bendiciones abundantes de Su parte. ¿Es posible que quienes no hacen sus deberes y no se entregan a Dios obtengan la verdad? ¿Esas personas son capaces de alcanzar la salvación? Es difícil saberlo. Todas las bendiciones solo se ganan al ejecutar los propios deberes y al experimentar la obra de Dios. Al realizar los propios deberes, uno sabe cómo experimentar la obra de Dios, cómo experimentar el juicio y el castigo, las pruebas y el refinamiento y cómo ser podado. Estas son las cosas más bendecidas por Dios. Siempre que uno ame la verdad y la persiga, con el tiempo, la ganará, cambiará su carácter-vida, obtendrá la aprobación de Dios y se convertirá en alguien bendecido por Él.

Algunas personas no buscan la verdad frente a situaciones que les ocurren durante el transcurso de sus deberes y viven siempre según sus propias nociones y figuraciones, actúan de acuerdo con las preferencias personales y siguen su propio deseo a ciegas. Como consecuencia, cometen muchos errores y retrasan el trabajo de la iglesia. Cuando se enfrentan a la poda, siguen sin aceptar la verdad y persisten en su comportamiento caprichoso e imprudente. Por lo tanto, se pierden la obra del Espíritu Santo y su fe en Dios se vuelve confusa y termina envuelta en la oscuridad. A ciertas personas les gusta la fama y la ganancia, y aspiran a conseguir un estatus; se mantienen ocupadas con esto sin tener en cuenta las intenciones de Dios ni aceptar las enseñanzas sobre la verdad. Con el tiempo, se las pone en evidencia y se las descarta, y caen en la oscuridad. Algunos creyentes reconocen la encarnación de Dios; sin embargo, dentro suyo, siguen creyendo únicamente en el Dios celestial y en Su Espíritu. Tienen nociones constantes sobre el Dios práctico e intentan proteger su corazón de Él, con el temor de que Dios llegue a comprender quiénes son en verdad. Siempre que pueden, evitan a Dios y cuando se encuentran con Él, lo miran como si se tratara de un desconocido. Como consecuencia, incluso después de ser creyentes durante varios años, no han ganado nada y no tienen ni un poco de fe en Él. Son iguales a los incrédulos. Y esto se debe por completo a que no persiguen la verdad. Algunas personas siempre quieren ver al Dios práctico. Anhelan complacer a Dios y que Él les eleve el estatus, para que puedan andar mandando a todos en la iglesia. De esta manera, y debido a su deshonestidad, a su falta de sinceridad, a que no dejan de analizar el semblante de Dios y a que especulan acerca de lo que Él quiere decir, Dios los desdeña. Él ya no quiere ver a personas así. ¿Con qué finalidad creen en Dios? Si Dios habla de tantas verdades, ¿por qué siguen analizándolo? Si tienen fe en Dios, ¿por qué no persiguen la verdad? ¿Por qué tienen una ambición y deseo constantes, y persiguen la fama, el provecho, el estatus, los beneficios y las ventajas? Albergan razones maliciosas para creer en Dios y los demás los consideran indescifrables. Todos estos son comportamientos propios de los incrédulos. En su sentido estricto, todos aquellos que creen en Dios, pero que no pueden aceptar la verdad son incrédulos. Solo aquellas personas que persiguen la verdad, que se esfuerzan por cumplir bien con sus deberes y que intentan complacer a Dios creen genuinamente en Él y son capaces de alcanzar Su aprobación.

Ahora bien, cada día y cada año de vuestra vida tiene valor. ¿En qué radica este valor? Cuando una persona comparece ante el Creador, lleva a cabo su deber como un ser creado y gana la verdad del Creador, se vuelve útil ante los ojos de Dios. ¿Acaso contribuir con tus humildes esfuerzos al plan de gestión de Dios no es lo que brinda valor a cada día de tu vida? (Sí). Este es el valor de cada día de la vida, ¡y es algo preciado! Si todos los días de tu vida tienen esa clase de valor, ¿qué es un poco de sufrimiento o enfermedades en la realización de tus deberes? Las personas no deberían quejarse. Han ganado tanto al estar en presencia de Dios; disfrutan de gracias y bendiciones inadvertidas y de una protección oculta que superan todo lo que puedan ver o imaginar. Han recibido tanto, ¿qué importa una enfermedad menor? ¿Acaso no es esa la lección que deberían aprender? Si a través de la enfermedad se puede entender la verdad, alcanzar la sumisión a Dios y satisfacerlo, ¿no es esta otra bendición de Su parte? Entre aquellos que andan ganándose la vida en este mundo, ¿quién no experimenta dolencias físicas? ¿A quién le importa si padecen una enfermedad? A nadie le importa, nadie pregunta y nadie les brindará ninguna certeza. Vosotros, que lleváis a cabo vuestros deberes en la casa de Dios, ¿tenéis certeza? (Sí). Quienes se entregan a Dios de forma genuina tienen certeza y reciben Sus bendiciones. ¿Qué clase de certeza veis e identificáis? (Las tendencias malvadas del mundo ya no me influyen ni me envenenan; he evitado el acoso y el daño de los no creyentes, y tengo la protección y la bendición de Dios en todo. El gran dragón rojo ya no se apoderará de mí ni me perseguirá. Viviré en la casa de Dios, me relacionaré con otros hermanos y hermanas, y mi corazón estará lleno de paz, gozo y tranquilidad. Todos los días beberé y comeré la palabra de Dios y compartiré la verdad, y mi corazón brillará cada vez más. Luego de comprender la verdad, mi corazón siente un gozo especial, mi espíritu alcanza libertad y liberación, y las personas malvadas y falsas ya no me engañan ni me hacen daño. Además, después de ser testigo de la protección y las bendiciones de Dios, ya no tengo miedo cuando llegan los desastres, mi corazón está tranquilo y en paz. He dejado de lado las preocupaciones sobre asuntos tales como si se satisfarán mis necesidades básicas en el futuro y si alguien me mantendrá cuando llegue a la vejez. ¡Vivir en presencia de Dios es verdaderamente una bendición y una dicha!). Lo que estáis probando ahora es limitado, pero luego de que lleguen las grandes catástrofes, comprenderéis y veréis muchas cosas con claridad. Todo esto es la protección de Dios y Sus bendiciones. Hoy en día, aunque a veces experimentéis ser podados, soportéis las pruebas y el refinamiento, y el juicio y el castigo de Dios, y os sintáis mal por Sus palabras, este es el sufrimiento para alcanzar la salvación y ser perfeccionados, no es igual al sufrimiento de los no creyentes. Lo más importante es que mediante la ejecución de tus deberes en la casa de Dios, te conviertes en un ser creado útil y vives una vida con valor y sentido, en lugar de vivir para la carne y para Satanás, vives para perseguir la verdad y para satisfacer a Dios. Durante el transcurso de la realización de tus deberes, logras comprender muchas verdades y las intenciones de Dios. Esto es algo muy preciado. Luego de comprender la verdad, de entrar en la realidad-verdad y de ganar la verdad como parte de tu vida, estarás viviendo en presencia de Dios y estarás viviendo en la luz. Estás haciendo tus deberes todos los días, y cada día de tu vida tiene sus recompensas y su valor. También has ganado la verdad y vives en presencia de Dios. ¿Esto es tener certeza? (Sí). ¿Cuál es la certeza? (No ser capturado por Satanás). Además de no ser capturado por Satanás, ¿qué es incluso más fundamental? Dios te ha creado como ser humano y ahora eres capaz de llevar a cabo tu deber, comprender Sus intenciones, alcanzar la realidad-verdad, seguir Su camino y vivir de acuerdo con Sus intenciones. Dios te aprueba, y esta es la certeza y garantía que tienes de que Dios no te destruirá. ¿Acaso este no es tu capital de vida? Sin esto, ¿estás cualificado para seguir viviendo? (No). ¿Cómo se obtiene esta cualificación? ¿Acaso no es siendo capaz de hacer los deberes de un ser creado, de satisfacer las intenciones de Dios y de seguir Su camino, así como también siendo capaz de ganar la realidad-verdad y de tratar la palabra de Dios como la propia vida? (Sí). Es gracias a estas cosas que logras adorar a Dios y ante Sus ojos eres un ser creado que es acorde al estándar. ¿Cómo podría Él no regocijarse en ti? ¿A quiénes quiere destruir Dios? ¿Qué clase de seres creados son esas personas? (Malhechores). Todos aquellos que son malvados se resisten a Dios y tienen una actitud hostil hacia Él; son enemigos de Dios y serán los primeros en ser destruidos. Los anticristos que luchan contra Dios para alcanzar un estatus, los incrédulos, quienes sienten aversión por la verdad, quienes son hostiles hacia Dios, quienes no persiguen la verdad y se oponen a Dios hasta el final, y quienes no pueden hacer de ninguna manera sus deberes como seres creados: esas son las personas a las que Dios quiere destruir. Algunas personas que no llevan a cabo sus deberes son incrédulos. Otras, si bien hacen sus deberes, son siempre superficiales, son capaces de hacer el mal y causar perturbaciones, y se resisten y oponen a Dios. ¿Esas personas pueden considerarse seres creados acordes al estándar ante los ojos de Dios? (No). ¿Cuál será el desenlace definitivo de los seres creados que no se consideren acordes al estándar? (Dios los descartará y los destruirá). ¿Las vidas de los seres creados que no son considerados acordes al estándar tienen algún valor? (No). Puede que piensen “Mi vida tiene valor. Quiero vivir. ¡Puedo hacer cosas buenas en mi vida!”. Sin embargo, ante los ojos de Dios no pueden ni siquiera llevar a cabo su deber básico como seres creados. Si no pueden realizar su deber de una forma que sea acorde al estándar, ¿su vida vale la pena? ¿Su existencia tiene algún valor? Si su existencia no tiene ningún valor, entonces, ¿Dios sigue queriéndolos? (No). ¿Qué hará Dios? Los descartará. Los casos más leves se apartarán y se entregarán a diablos impuros y a espíritus malignos, mientras que los casos graves serán castigados y aquellos aún más graves serán destruidos.

Fragmento 34

En la realización de sus deberes, hay quienes no están dispuestos a padecer ningún sufrimiento y que, cada vez que se topan con un problema, se quejan de que es demasiado difícil y se niegan a pagar un precio. ¿Qué actitud es esa? Una actitud superficial. Si haces el deber de forma superficial, y lo abordas con una actitud irreverente, ¿cuál será el resultado? No conseguirás hacer un buen trabajo ni siquiera en un deber que eres capaz de hacer bien: tu desempeño no será acorde al estándar y Dios estará muy insatisfecho con la actitud que demuestras hacia el deber. Si puedes orar a Dios, buscar la verdad y poner todo tu corazón y tu mente en ello, si puedes cooperar de esta manera, entonces Dios preparará todo para ti de antemano, de modo que todo encaje y produzca buenos resultados cuando te ocupes de los asuntos. No necesitarás emplear una gran cantidad de energía; cuando haces todo lo posible por cooperar, Dios dispone todo para ti. Si eres escurridizo y holgazán, si no atiendes debidamente tu deber y siempre vas por la senda equivocada, Dios no obrará en ti; perderás esta ocasión y Dios dirá: “No hay manera de usarte. Apártate. Te gusta ser ladino y holgazanear, ¿verdad? Te gusta ser perezoso y disfrutar de la comodidad, ¿no? ¡Pues disfruta de la comodidad para siempre!”. Dios concederá esta gracia y esta oportunidad a otra persona. ¿Qué opináis? ¿Esto es una pérdida o una ganancia? (Una pérdida). ¡Una enorme pérdida!

Dios perfecciona a aquellos que verdaderamente le aman, y a todos aquellos que persiguen la verdad en una variedad de entornos diferentes. Él permite que la gente experimente Sus palabras a través de diversos entornos o pruebas, para que así consigan un entendimiento de la verdad, un auténtico conocimiento de Él, y que en última instancia, alcancen la verdad. Si experimentas la obra de Dios de esta manera, el carácter-vida cambiará y serás capaz de alcanzar la verdad y la vida. ¿Habéis conseguido mucho a lo largo de estos años de experiencia? (Sí). Por lo tanto, ¿no merece la pena soportar un poco de sufrimiento y pagar un pequeño precio cuando haces tu deber? ¿Qué es lo que has conseguido a cambio? Has entendido mucho de la verdad. ¡Este es un tesoro incalculable! ¿Qué quiere conseguir la gente al creer en Dios? ¿No se trata de alcanzar la verdad y la vida? ¿Crees que puedes alcanzar la verdad sin experimentar estos entornos? De ninguna manera. Supón que, cuando te encuentras con algunas dificultades especiales o te hallas ante entornos especiales, siempre tienes la misma postura; tratas de evitarlos o huir de ellos en un intento desesperado por rechazarlos y librarte de ellos, sin querer ponerte a merced de las instrumentaciones de Dios, sin la voluntad de someterte a Sus instrumentaciones y arreglos, sin querer que la verdad sea tu ama, y siempre con la intención de tener la última palabra y confiar en tu carácter satánico para controlar todo lo relativo a ti. En ese caso, las consecuencias serán que Dios te dejará a un lado o te entregará a Satanás y solo será cuestión de tiempo antes de que esto ocurra. Si la gente entiende este tema, debe dar la vuelta rápidamente y seguir su camino en la vida de acuerdo con la senda correcta que Dios exige; este camino es el correcto y, cuando el camino es el correcto, esto quiere decir que la dirección es la correcta. Es posible que se encuentren con reveses y dificultades y puede que tropiecen durante este periodo o que a veces puedan estar de mal humor y se vuelvan negativos durante unos días. Siempre y cuando sean capaces de persistir en realizar su deber y no posterguen las cosas, todos estos problemas serán insignificantes. Sin embargo, deben reflexionar sobre sí mismos con prontitud, buscar la verdad para solucionar estos problemas y de ninguna manera caer en la procrastinación, tirar su trabajo o abandonar su deber; esto es lo más crucial. Si piensas para ti, “ser negativo y débil no es tan grave; es una cuestión interna. Dios no sabe nada sobre esto. Y teniendo en cuenta lo que he sufrido en el pasado y los precios que he pagado, sin duda Él me perdonará”, y si esta debilidad y negatividad continúan y no buscas la verdad ni aprendes ninguna lección de los entornos que Dios ha dispuesto para ti, perderás tus oportunidades una y otra vez, y como resultado de ello, desaprovecharás, sabotearás y arruinarás todas las oportunidades con las que Dios intentaba perfeccionarte. ¿Cuáles serán las consecuencias de esto? Sentirás una creciente sensación de oscuridad en tu corazón, dejarás de sentir a Dios incluso en tus oraciones y te volverás negativo hasta el punto de que tus pensamientos estarán llenos de maldad y traición. Entonces, estarás atrapado por una tristeza extrema, sintiéndote totalmente impotente y profundamente abatido. Sentirás que no tienes senda ni dirección, y que no ves ninguna luz ni encuentras ninguna esperanza. ¿Acaso no resulta agotador para una persona vivir de esta manera? (Sí, así es). Si las personas no caminan por la senda iluminada de la búsqueda de la verdad, vivirán por siempre bajo el poder de Satanás y en pecado y oscuridad, sin esperanza. ¿Sois capaces de entender lo que quiero decir con esto? (Debemos perseguir la verdad y hacer nuestro deber con todo nuestro corazón y toda nuestra mente). Cuando se te presenta y se te confía un deber, no pienses en cómo evitar afrontar las dificultades; no lo dejes de lado ni lo ignores porque sea difícil de abordar. Debes afrontarlo directamente. En todo momento debes recordar que Dios está con la gente, que sean cuales sean tus dificultades solo necesitas orar y buscar en Dios, y que nada es difícil de conseguir con Él. Debes tener esta fe. Dado que crees que Dios es el Soberano sobre todas las cosas, ¿por qué sigues teniendo miedo cuando te sucede algo, y sientes que no tienes nada en lo que confiar? Esto demuestra que no confías en Dios. Si no le tomas a Él como tu soporte y tu Dios, entonces, no es tu Dios. En la vida real, independientemente de las situaciones a las que te enfrentes, debes ir ante Dios con frecuencia para orar y buscar la verdad. Incluso si entiendes la verdad y obtienes un poco por medio de solo un determinado asunto cada día, ¡ese día no se malgastará! ¿Cuánto tiempo cada día sois capaces de poneros ante Dios en este momento? ¿Cuántas veces os ponéis ante Dios cada día? ¿Habéis logrado algún resultado? Si una persona rara vez se pone ante Dios, su espíritu se sentirá seco y muy oscuro. Cuando todo marcha bien, la gente se aleja de Dios y hace caso omiso de Él, y solo le busca cuando surgen las dificultades. ¿Es esto creer en Dios? ¿Es esto experimentar la obra de Dios? Estas son las manifestaciones de los incrédulos. Con esta forma de creer en Dios es imposible alcanzar la verdad y vida.

Las personas no entienden la verdad ni la practican y a menudo viven en medio de las actitudes corruptas de Satanás y en las diversas trampas de Satanás, pensando en su propio futuro, orgullo, estatus y otros intereses, y rompiéndose la cabeza respecto de estas cosas. Pero si aplicas esta actitud a tu deber, a buscar y perseguir la verdad, entonces la obtendrás. Por ejemplo, te rompes la cabeza para conseguir un insignificante logro personal, lo piensas a fondo y con meticulosidad, planificando todo a la perfección, empleando una enorme cantidad de esfuerzo mental y esfuerzo en ello. Si empleas esta misma cantidad de energía en hacer tu deber y en buscar la verdad para solucionar problemas, entonces verás qué postura adopta Dios hacia ti. Será muy diferente. La gente se queja constantemente de Dios: “¿Por qué es bueno con los demás pero no conmigo? ¿Por qué nunca me esclarece a mí? ¿Por qué soy siempre débil? ¿Por qué no soy tan bueno como ellos?”. ¿Por qué pasa esto? Dios no muestra favoritismos. Si tú no te pones ante Dios y siempre quieres resolver por ti mismo las cosas que te suceden, Él no te esclarecerá. Aguardará hasta que tú vayas a orarle y apeles a Él y entonces te lo concederá. ¿Qué tipo de personas le gustan a Dios? ¿Qué es lo que Dios espera que la gente pida? ¿Quiere que le pidan dinero, comodidades, fama, ganancia y placer como esa gente carente de vergüenza? A Dios no le gusta que la gente le pida esas cosas. Todos aquellos que le exigen a Dios estas cosas no tienen vergüenza, son lo más bajo de todas las personas, y Dios no los quiere. Él quiere a la gente que es capaz de despertar del pecado, y de buscar la verdad en Él y aceptarla; las personas de este tipo son aquellas a las que Él encuentra aceptables. Deberías orar de la forma siguiente: “Oh Dios, he sido corrompido profundamente por Satanás, y con frecuencia vivo inmerso en mis actitudes corruptas. Soy incapaz de vencer la reputación y el estatus y otras varias tentaciones, y no sé cómo lidiar con ellos. No entiendo los principios-verdad. Te ruego que me esclarezcas y me guíes”, y “estoy dispuesto a hacer mi deber, pero siento que soy incompetente; por una parte, mi estatura es demasiado escasa y, por otra parte, carezco de conocimiento profesional. Me preocupa no hacerlo bien. Te ruego que me guíes y me ayudes”. Dios está aguardando a que vengas y busques la verdad. Cuando vayas ante Dios buscando con auténtica sinceridad, Él te esclarecerá y te iluminará y entonces tendrás una senda y sabrás cómo hacer tu deber. Si siempre realizas un esfuerzo en lo que respecta a la verdad, y expones ante Dios tu verdadero estado en tus oraciones y le pides Su guía y Su gracia, entonces, de esta forma, poco a poco, entenderás y practicarás la verdad y lo que vivas tendrá semejanza humana, humanidad normal y la realidad-verdad. Si no eres considerado con las intenciones de Dios y no buscas la verdad, y a menudo planeas, contemplas, dedicas tiempo y esfuerzo e incluso das la vida por tus diversos intereses, haciendo todo lo que sea necesario por ellos, entonces podrías ganarte el respeto de la gente, así como diversos beneficios y orgullo. Pero ¿qué es más importante, estas cosas o la verdad? (La verdad). La gente entiende esto, pero no persigue la verdad: solo valora sus propios intereses y estatus. Entonces, ¿lo entienden realmente o esta comprensión es falsa? (Es una comprensión falsa). De hecho, son necios. No ven el asunto con claridad. Cuando sean capaces de verlo con claridad, habrán ganado un poco de estatura. Esto requiere que persigan la verdad, que dediquen esfuerzo a la palabra de Dios. No pueden ser torpes y descuidados. Si no persigues la verdad, cuando llegue el día en que Dios diga: “Dios ha terminado de pronunciar Sus palabras, no desea decirle nada más a esta humanidad ni hacer nada más, y ha llegado el momento de inspeccionar el trabajo del hombre”, tu destino es ser descartado. Da igual lo grandes que sean tus puntos de apoyo, cuántos dones y talentos poseas, la educación que hayas recibido, ni cuánto prestigio tengas o lo destacada que sea tu posición en este mundo, ninguna de estas cosas te servirá de nada. Ese día te darás cuenta del incalculable valor y la importancia de la verdad, entenderás que si no has alcanzado la verdad, no tienes nada que hacer con Dios y sabrás lo lamentable y trágico que es creer en Dios sin alcanzar la verdad. Hoy día, mucha gente tiene ya una vaga idea de esto en sus corazones, pero este sentimiento no ha despertado todavía ninguna determinación en ellos de perseguir la verdad. No han percibido en lo profundo de sus corazones el valor e importancia de la verdad. Un poco de conciencia no es suficiente; debes realmente ver la esencia de este asunto con claridad. Cuando hagas eso, sabrás qué aspecto de la verdad emplear para solucionar este problema. Solo la verdad puede resolver las diversas dificultades a las que se enfrenta la gente, y solucionar sus diversos pensamientos distorsionados, su estrechez de miras, su carácter depravado, así como los diversos problemas de su corrupción. Simplemente deberíais perseguir la verdad y utilizarla continuamente para solucionar problemas y, así, seréis capaces de despojaros de vuestras actitudes corruptas y lograr la sumisión a Dios. Si solo confiáis en los métodos humanos y en el control humano para solucionar los problemas que se os presenten, nunca seréis capaces de resolver estas dificultades y actitudes corruptas. Algunas personas dicen: “Si leo más la palabra de Dios, y dedico varias horas al día a su lectura, ¿seré capaz de lograr definitivamente un cambio de carácter?”. Depende de cómo leas la palabra de Dios y de si eres capaz de entender la verdad y de ponerla en práctica. Si simplemente te dedicas a leer la palabra de Dios sin más y no persigues la verdad, entonces, no alcanzarás la verdad, y si no alcanzas la verdad, el carácter-vida no cambiará de ninguna manera. En resumen, uno debe sin duda perseguir la verdad y debe perseguir la verdad y practicarla con el fin de lograr un cambio de carácter. Leer simplemente las palabras de Dios sin practicar la verdad nunca funcionará. Especializarse en predicar la palabra de Dios a otros como los fariseos y en decirles cómo ponerla en práctica, pero sin hacerlo uno mismo, es la senda equivocada. Dios exige que la gente lea Su palabra más para que entiendan la verdad, la practiquen y vivan la realidad-verdad. La petición de Dios a la gente de que entre en la realidad-verdad, siga Su camino y avance por la senda correcta de la vida en la búsqueda de la verdad está relacionada directamente con Su exigencia de que la gente ponga en práctica el darlo todo de todo corazón y con toda su fuerza cuando hacen su deber. Cuando la gente sigue a Dios, debe experimentar Su obra a través de la ejecución del deber, para que así puedan alcanzar la salvación y ser perfeccionados.

Fragmento 35

Ahora bien, las cosas que te suceden que no se ajustan a tus conceptos, ¿pueden afectar la ejecución de tu deber? Por ejemplo, a veces el trabajo se torna laborioso y se requiere que las personas soporten algunas adversidades y paguen un pequeño precio para hacer bien sus deberes; entonces algunas personas desarrollan conceptos en su mente y surge resistencia en ellas, y es posible que se vuelvan negativas y que aflojen en su trabajo. A veces, el trabajo no es laborioso, y los deberes de las personas se tornan más fáciles de hacer, y entonces hay quienes se sienten felices y piensan: “Sería grandioso si hacer mi deber fuera siempre así de fácil”. ¿Qué clase de personas son estas? Son perezosas que codician las comodidades de la carne. ¿Son devotas en la ejecución de sus deberes? (No). Tales personas afirman estar dispuestas a someterse a Dios, pero su sumisión viene con condiciones; para someterse, las cosas deben ajustarse a sus propios conceptos y no ocasionarles ninguna penuria. Si encuentran tribulación y deben soportar penurias, se quejan grandemente e incluso se rebelan y se oponen a Dios. ¿Qué clase de personas son estas? Son personas que no aman la verdad. Cuando las acciones de Dios concuerdan con sus propios conceptos y deseos, y no tienen que soportar penurias ni pagar un precio, pueden someterse. Pero si la obra de Dios no se alinea con sus conceptos o preferencias y requiere que soporten penurias y paguen un precio, no pueden someterse. Incluso si no se oponen abiertamente, en sus corazones se resisten y están molestas. Se perciben a sí mismas como personas que soportan grandes adversidades y albergan quejas en sus corazones. ¿Qué clase de problema es este? Demuestra que no aman la verdad. ¿Pueden la oración, los votos o las resoluciones resolver este problema? (No, no pueden). ¿Cómo podría resolverse este problema entonces? Primero, debes entender las intenciones de Dios y Sus requisitos, y entender qué es la verdadera sumisión. Debes saber qué son la rebelión y la oposición, reflexionar sobre qué actitudes corruptas están obstaculizando tu sumisión a Dios, y esclarecer estos temas. Si tú eres una persona que ama la verdad, serás capaz de rebelarte contra la carne, especialmente contra tus preferencias carnales, y luego practicar la sumisión a Dios y actuar de acuerdo con Sus requisitos. De esta forma, podrás resolver tu corrupción y rebelión y lograr la sumisión a Dios. Si no comprendes la verdad, no podrás esclarecer estos asuntos, no podrás discernir tus estados internos y no podrás detectar qué cosas están obstaculizando tu sumisión a Dios. En consecuencia, te será imposible rebelarte contra la carne y practicar la sumisión a Dios. Si una persona no puede siquiera rebelarse contra sus preferencias carnales, le será muy difícil lograr ser devota en la ejecución de su deber. ¿Puede considerarse que esas personas se someten a Dios? Sin devoción, ¿pueden hacer su deber de manera acorde al estándar? ¿Pueden cumplir los requisitos de Dios? Ciertamente no. Si una persona desea hacer su deber de forma que sea acorde al estándar, debe, como mínimo, ser capaz de practicar la verdad y someterse genuinamente a Dios. Si una persona no puede rebelarse contra sus preferencias carnales, no puede poner en práctica la verdad. Si siempre actúas según tu propia voluntad, entonces no eres una persona que se somete a Dios. Incluso si te sometes a Él ocasionalmente, es condicional; solo puedes someterte cuando las cosas se alinean con tus propios conceptos y cuando estás de buen humor. Si las acciones de Dios no se alinean con tus conceptos, si el deber que Dios organiza y los entornos que Él dispone para ti te traen grandes adversidades, vergüenza o un fuerte sentimiento de descontento, ¿aún podrás someterte? Será difícil para ti someterte; encontrarás muchas razones para rebelarte contra Dios y oponerte a Él. Incluso después de una autorreflexión posterior, no te resultará fácil rebelarte contra la carne, ya que hacerlo no es una cuestión sencilla. ¿Cómo se rebela uno contra la carne? Naturalmente, se debe buscar la verdad. Hay que reconocer también la propia esencia corrupta y la fealdad corrupta, llegando al punto de odiar a uno mismo, y de odiar sus preferencias carnales y la esencia de la carne. Solo entonces estarán dispuestos a rebelarse contra la carne. Si uno no comprende la verdad, no podrá odiar las cosas carnales, y sin odio es imposible rebelarse contra la carne. Por eso, es necesario orar a Dios y confiar en Él a fin de tener una senda a seguir. Sin la verdad, las personas carecen de fuerza y no podrían poner la verdad en práctica, aunque quisieran. Es absolutamente necesario orar a Dios y confiar en Él.

Algunas personas no persiguen la verdad; solo codician las comodidades de la carne y no están dispuestas a soportar adversidades para alcanzar la verdad. Cada vez que enfrentan incluso una pequeña dificultad, refunfuñan y se quejan de Dios, y no buscan la verdad para encontrar una solución. También oran a Dios, diciendo: “Oh Dios, Tu identidad y esencia son tan nobles. Soy indigno de amarte, pero estoy dispuesto a someterme a Ti. No importa la situación, estoy dispuesto a someterme a Ti. Guíame, ilumíname y esclaréceme. Si realmente no puedo amarte y someterme a Ti, por favor escrútame y castígame. Que venga sobre mí Tu juicio”. Después de orar de esta manera, se sienten bastante bien, pero ¿acaso no es esto solo un montón de palabras vacías? ¿Puede resolver los problemas el orar constantemente con palabras vacías y el recitar algunas palabras y doctrinas? (No, no puede). ¿Qué clase de problema representa que una persona ore con palabras vacías? ¿No tiene un tenor un poco engañoso? ¿Es útil orar así ante Dios? Ser perezoso e incapaz de soportar el sufrimiento mientras se codician las comodidades de la carne, conocer la verdad pero no poder someterse a ella, conocer el deber propio pero no defenderlo, hablar de cómo se desea amar a Dios sabiendo que uno no ha entregado todo su corazón y sus fuerzas, ¿no es esto engañar a Dios? No hay nada que Dios aborrezca más que las oraciones de las ceremonias religiosas. Dios solo acepta las oraciones sinceras. Si no tienes nada sincero que decir, calla; no vayas siempre ante Dios expresando palabras falsas o jurando sin pensar con el fin de engañarlo. No hables de cuánto lo amas, de cuánta lealtad quieres tenerle. Si no puedes cumplir tus deseos, si careces de esta determinación y estatura, de ninguna manera debes ir ante Dios para orar así. Eso es mofarse de Dios. ¿Qué significa mofarse? Significa burlarse de alguien, jugar con él. Cuando la gente va ante Dios para orar con esta actitud, esto es, como mínimo, un engaño. En el peor de los casos, si lo haces a menudo, tienes un carácter totalmente vil. Si Dios te condenara, ¡lo llamaría blasfemia! La gente no tiene corazón temeroso de Dios, no sabe temerlo, amarlo ni satisfacerlo. Si no tienen clara la verdad o si tienen un carácter corrupto, Dios lo dejará pasar. Sin embargo, van ante Dios mientras viven inmersos en sus actitudes corruptas y tratan con Él utilizando los métodos de los no creyentes que engañan a los demás, y se arrodillan “solemnemente” ante Él en oración, en la que emplean estas palabras para tratar de engañarlo. Cuando terminan de orar, no solo no se reprochan nada, sino que tampoco tienen idea de la gravedad de sus actos. En tal caso, ¿está Dios con ellos? Dios no está con ellos. ¿Puede recibir Su esclarecimiento e iluminación alguien completamente desprovisto de la presencia de Dios? ¿Puede recibir luz con relación a la verdad? (No, no puede). Así pues, tiene un problema. ¿Habéis orado muchas veces de esa manera? ¿No soléis hacerlo? (Sí). Cuando la gente pasa demasiado tiempo en el mundo secular, apesta al hedor de la sociedad, su naturaleza ruin se torna demasiado grave y se impregna de venenos y filosofías satánicos; de su boca salen palabras de falsedad y engaño, y sus oraciones están plagadas de palabras vacías y palabras de doctrina, carentes de todo discurso proveniente del corazón, y sin mención alguna sobre sus dificultades reales. Siempre suplican a Dios para satisfacer sus preferencias personales y buscan Sus bendiciones, pocas veces tienen un corazón que busca la verdad, y no oran basándose en un corazón que se somete a Dios. Tales oraciones solo revelan engaño y falsedad. Estas personas tienen un carácter seriamente corrupto, simplemente se han convertido en demonios vivientes. Cuando se presentan ante Dios en oración, no hablan con palabras humanas ni desde el corazón. Más bien presentan ante Dios el engaño y la falsedad de Satán. ¿Acaso esto no ofende el carácter de Dios? ¿Puede Dios escuchar tales oraciones? Dios siente aversión por esos individuos y ciertamente no le agradan. Se puede decir que tales oraciones son intentos de engañar y embaucar a Dios. Estas personas no están buscando la verdad en absoluto, ni hablan con el corazón ni confían en Dios. Sus oraciones son incompatibles con las intenciones de Dios y Sus requisitos. En el fondo, esto es causado por la naturaleza humana más que por una revelación momentánea de corrupción. Estas personas piensan: “Bueno, no puedo ver ni sentir a Dios, y no sé dónde está. Solo le diré algunas palabras al azar, vaya a saber si Él está escuchando”. Oran a Dios con un estado mental de escepticismo y de tentarlo. ¿Qué tipo de sentimiento tendrán después de orar así? ¿No es aún un sentimiento de vacío? ¿No es problemático no tener ningún sentimiento? La oración se basa en la fe. Se trata de orar a Dios desde dentro del corazón, hablarle desde el corazón, hacerle confidencias y buscar en Él la verdad. Cuando una persona ora de esta manera, tendrá una sensación de paz interior y sentirá la presencia de Dios. Allí está Dios, que la escucha en secreto. Siempre que una persona ora a Dios desde el corazón de esta manera, sentirá como si hubiera tenido un encuentro personal con Él. Su fe se verá fortalecida, su relación con Dios se tornará más íntima y dará un paso más hacia Él. Tendrá una sensación de realización y será particularmente firme en su corazón. Estos son los sentimientos genuinos que surgen después de la oración. Al corear oraciones religiosas, las personas simplemente actúan por inercia, repitiendo las mismas frases todos los días, hasta el punto en que ya no desean decirlas. Después de tales oraciones, no sienten nada y no obtienen ningún resultado. ¿Puede este tipo de personas tener fe verdadera? Es imposible.

Algunas personas no son devotas al hacer sus deberes. Siempre son superficiales, o sienten que sus deberes son demasiado difíciles y agotadores. No quieren someterse, constantemente desean escapar de ellos y rechazarlos, y siempre quieren hacer los deberes que sean más fáciles, que no las expongan a factores climáticos, que no conlleven ningún riesgo y que les permitan disfrutar de sus comodidades carnales. En sus corazones, saben que son perezosas, codician las comodidades de la carne y son incapaces de sobrellevar la adversidad. Sin embargo, nunca expresan sus verdaderos pensamientos a nadie por temor a que se rían de ellas. Con sus palabras dicen: “Debo hacer bien mi deber y ser devoto a Dios”, y cuando no hacen algo bien, dicen a todos: “No tengo humanidad ni devoción en la ejecución de mi deber”. Sin embargo, en realidad, no creen eso en absoluto. Cuando una persona se encuentra en tal estado, ¿cómo puede orar de manera razonable? El Señor Jesús dijo que alabemos a Dios con el corazón y con honestidad. Cuando te presentas ante Dios, tu corazón debe ser honesto y no tener falsedad. No digas una cosa delante de los demás mientras piensas diferente en tu corazón. Si te presentas ante Dios fingiendo, soltando algunas palabras agradables y bonitas como si estuvieras tratando de escribir un ensayo, ¿no es eso engañar a Dios? Como resultado, Dios verá que no eres alguien que le adora con el corazón y con honestidad. Él verá que tu corazón no es honesto, que es extremadamente siniestro y perverso y que albergas malas intenciones, y te abandonará. Entonces, ¿cómo deberían orar las personas sobre las cosas que les suceden con frecuencia y los problemas que encuentran a menudo en su vida diaria? Deben aprender a hablarle a Dios desde el corazón. Tú dices: “Oh Dios, este deber me resulta tan agotador. Soy una persona que codicia las comodidades de la carne, es perezosa y poco dispuesta al trabajo duro. No puedo ofrecer mi devoción en el deber que Tú me has encomendado, y ni siquiera puedo cumplirlo con todas mis fuerzas. Siempre deseo escapar y lo rechazo, y siempre soy superficial. Por favor, disciplíname”. ¿No son verdaderas estas palabras? (Sí, lo son). ¿Te atreves a hablar así? Te atemoriza lo que podría pasar si realmente un día Dios te disciplinara después de decir esto, y te vuelves temeroso, siempre nervioso y paranoico. Cuando las personas realizan sus deberes, siempre quieren evitar la adversidad. Codician las comodidades de la carne y quieren retroceder cuando se enfrentan a una pequeña dificultad, cuando se requiere un poco de esfuerzo, o cuando se sienten un poco cansadas. Están constantemente eligiendo y escogiendo, y cuando experimentan una pequeña dificultad, reflexionan: “¿Lo sabe Dios? ¿Se acordará? Después de soportar tantas adversidades, ¿recibiré alguna recompensa en el futuro?”. Siempre están buscando un resultado. Todos estos problemas deben ser resueltos. En el pasado, le encargué a una persona que transmitiera un mensaje y cuando se presentó ante Mí a su regreso, primero habló de sus grandes logros. Explicó cómo había resuelto el problema, habló de lo mucho que se había preocupado por ello y de lo mucho que había tenido que hablar, de lo difícil que había sido tratar con esa persona y de cuántas palabras bonitas había usado con ella, con lo que finalmente completó la tarea. Constantemente se atribuía el mérito y seguía hablando de ello. ¿Cuál es la implicación subyacente en esto? “Tú debes alabarme, hacerme una promesa, y decirme qué recompensas obtendré en el futuro”. Buscaba abiertamente una recompensa. Dime, ¿acaso hacer esta pequeña tarea es digna de alabanza? Si uno busca siempre la alabanza por realizar un poquito de su deber, ¿qué clase de carácter es ese? ¿No es la naturaleza de Satanás? Él esperaba alabanza y recompensas por esta pequeña tarea, ¿no significa esto que si tuviera que llevar a cabo tareas importantes o realizar un gran trabajo su comportamiento sería incluso peor? Si no pudiera obtener la aprobación y las bendiciones de Dios, ¿se rebelaría? ¿Se elevaría al tercer cielo y discutiría con Dios? Entonces, ¿qué senda está transitando en su fe en Dios? (La senda de los anticristos). La senda de los anticristos, igual que Pablo. Pablo siempre buscaba recompensas y estatus de Dios. Si Dios no le concedía estas cosas, se volvía negativo y aflojaba en su trabajo, con lo que se oponía al Señor y le traicionaba. Decidme, ¿qué clase de persona quiere una recompensa después de sobrellevar un poco de adversidad en su deber? (Una persona malvada). Su humanidad es muy malvada. ¿Tienen las personas comunes estos estados en su interior? Todas las personas tienen estos estados. La esencia-naturaleza es la misma en todos, solo que algunas personas no la exhiben con tanta firmeza. Poseen racionalidad y saben que dichas acciones y pensamientos son incorrectos, y que no pueden pedir recompensas a Dios. Pero, ¿qué debería hacer uno sobre tal estado? Uno debe buscar la verdad para resolverlo. ¿Qué aspecto de la verdad puede resolver este estado? Es crucial que una persona sepa quién es, qué posición debe ocupar, qué senda debe seguir y qué clase de persona debe ser. Estas son las mínimas cosas que uno debe saber. Si una persona ni siquiera sabe estas cosas, está muy lejos de comprender la verdad, practicar la verdad o perseguir la salvación.

Cuando se trata de hacer ciertos deberes especiales o deberes más extenuantes y agotadores, por un lado, las personas siempre deben contemplar cómo hacer esos deberes, qué adversidades deberán sobrellevar, y cómo mantenerse firmes en sus deberes y someterse. Por otro lado, también deben examinar qué adulteraciones hay en sus intenciones y de qué forma estas dificultan la ejecución de sus deberes. Las personas nacen con una aversión hacia la adversidad, no hay una sola que obtenga más entusiasmo o más alegría al soportar más adversidad. Esas personas no existen. Es propio de la naturaleza de la carne del hombre que las personas se sientan preocupadas y angustiadas tan pronto como su carne soporta adversidades. Pero, ¿cuántas adversidades tenéis que soportar ahora en el deber que desempeñáis? Sólo tenéis que soportar que vuestra carne se sienta un poco cansada y se esfuerce un poco. Si no puedes soportar ni siquiera esta pequeña dificultad, ¿se puede considerar que tienes resolución? ¿Se puede considerar que crees sinceramente en Dios? (No). Esto no es así. Cuando estás haciendo tu deber en la casa de Dios, no hay nadie que te supervise. Depende totalmente de ti tomar la iniciativa. En la casa de Dios, hay arreglos y sistemas de trabajo, y corresponde a los individuos confiar en su fe, su conciencia y su razón. Solo Dios escruta si realizas bien o no tu deber. Si, independientemente del carácter corrupto que revelan mientras hacen sus deberes o cuando se relacionan con las personas, los acontecimientos y las cosas que los rodean, nunca se dan cuenta de ello y no se recriminan, ¿es esto algo bueno o malo? (Es algo malo). ¿Por qué se lo considera algo malo? La conciencia y la razón del hombre tienen un estándar mínimo. Si tu conciencia carece de conocimiento y no puede impedirte hacer cosas malas, o restringir tu comportamiento, si actúas de una manera que viola los decretos administrativos y los principios, y careces de humanidad al actuar, pero estás privado de reproche en tu corazón, ¿no es esto carecer de una base moral? ¿No es esto carecer del conocimiento de tu conciencia? (Sí). Por lo general, ¿tomáis conciencia de ello cuando hacéis algo mal, o vulneráis los principios, o cuando no sois devotos en la ejecución de vuestro deber durante un largo período de tiempo? (Sí). Entonces, ¿puede tu conciencia restringirte y obligarte a hacer las cosas según tu conciencia y razón, y de acuerdo con los principios-verdad? Si eres una persona que comprende la verdad, ¿puedes pasar de actuar basándote en tu conciencia a actuar de acuerdo con los principios-verdad? Si puedes hacerlo, puedes ser salvado. Ser capaz de soportar la adversidad cuando uno hace su deber no es tarea fácil. Tampoco es fácil realizar bien una clase particular de trabajo. Es seguro que la verdad de las palabras de Dios está obrando en el interior de las personas que pueden hacer estas cosas. No quiere decir que estas personas nacieron sin miedo a la adversidad y a la fatiga. ¿Dónde encontrar una persona así? Todas estas personas tienen algo de motivación, y tienen algo de la verdad de las palabras de Dios como su fundamento. Cuando encaran sus deberes, su perspectiva y puntos de vista cambian; llevar a cabo sus deberes se vuelve más fácil y soportar alguna adversidad y fatiga de la carne comienza a parecerles insignificante. Aquellos que no entienden la verdad y cuya perspectiva de las cosas no ha cambiado viven de acuerdo a las ideas, conceptos, deseos egoístas y preferencias personales del hombre, por lo que son renuentes y no están dispuestos a hacer sus deberes. Por ejemplo, cuando se trata de realizar un trabajo desagradable y agotador, algunas personas dicen: “Obedeceré los arreglos de la casa de Dios. Cualquier deber que la iglesia me encomiende, lo haré, sin importar si es desagradable o agotador, si es extraordinario o poco interesante. No tengo exigencias, y lo aceptaré como mi deber. Esta es la comisión que Dios me ha confiado, y las dificultades que debo afrontar son un poco de suciedad y fatiga”. Como resultado, cuando están comprometidas con su trabajo, no sienten que estén soportando ninguna penuria en absoluto. Mientras que otros pueden encontrar que ese trabajo es desagradable y fatigoso, ellos sienten que es fácil, porque sus corazones están calmos e imperturbables. Lo están haciendo para Dios, así que no sienten que sea dificultoso. Algunas personas consideran que hacer un trabajo desagradable, fatigoso o poco interesante es un insulto a su estatus y calidad humana. Lo perciben como si los demás no los respetaran, los acosaran o los despreciaran. Como resultado, incluso cuando se enfrentan a las mismas tareas y carga de trabajo, les resulta extenuante. Cualquier cosa que hagan, la llevan a cabo con un sentido de resentimiento en sus corazones y sienten que las cosas no son como ellos desean que sean o que no son satisfactorias. En su interior, están llenas de negatividad y resistencia. ¿Por qué son negativas y reacias? ¿Cuál es la raíz de esto? La mayoría de las veces, es porque hacer sus deberes no les genera un salario, se siente como trabajar gratis. Si hubiera recompensas, podría ser aceptable para ellos, pero no saben si las obtendrán o no. Por lo tanto, las personas sienten que hacer sus deberes no vale la pena, equiparándolo a trabajar gratis, por lo que a menudo se vuelven negativas y renuentes cuando se trata de hacer los deberes. ¿No es este el caso? Hablando francamente, estas personas no quieren hacer los deberes. Dado que nadie las obliga, ¿por qué hacen sus deberes? Es porque se obligan a hacerlo; debido a su deseo de obtener bendiciones y entrar en el reino de los cielos, no tienen otra opción que hacer sus deberes. Es una manifestación de cuán atrapadas se sienten. Este es el estado mental detrás de su intento de hacer un trato con Dios. Algunos preguntan cómo tales personas pueden resolver el problema de tener negatividad y renuencia en sus corazones. Este problema solo se puede resolver compartiendo la verdad. Si no aman la verdad, no importa cómo se comparta la verdad con ellos, no serán capaces de aceptarla. En ese caso, son incrédulos, y han sido revelados. Dado que quieren hacer tratos y no quieren hacer nada a menos que los beneficie, si Dios les promete recompensas y la entrada al reino de los cielos, y se los garantiza, con seguridad harán sus deberes de forma entusiasta. En realidad la promesa de Dios está abierta, y aquellos que persiguen la verdad pueden recibirla. Aquellos que no persiguen la verdad, sin embargo, no podrán recibirla. No es que no conozcan la promesa de Dios; solo que en sus corazones se siente intangible e incierta. Para ellos, la promesa de Dios es como un cheque sin fondos: no pueden creer en ella, no tienen verdadera fe en ella y no hay nada que se pueda hacer al respecto. Desean cosas tangibles, y si se les fuera a pagar un salario, seguramente se sentirían llenos de energía. Sin embargo, aquellos que no tienen conciencia ni razón no necesariamente se sentirán llenos de energía; son tan ruines. Si fueran empleados en el mundo secular, no trabajarían con diligencia, serían escurridizos y holgazanes, y seguramente serían despedidos. Simplemente, este es un problema con su naturaleza. Para aquellos que son constantemente superficiales en la ejecución de sus deberes, la única solución es echarlos y descartarlos. No hay otra forma con aquellos que no aceptan la verdad. Todas sus excusas y justificaciones son irrazonables, y no es necesario discutir su calidad humana.

Hoy en día, la mayoría de las personas han comenzado a hacer deberes. ¿Entendéis qué son los deberes, cómo surgen, y quién os los da? (Los deberes son comisiones confiadas a las personas por Dios). Correcto. Si crees en Dios y vienes a Su casa, si eres capaz de aceptar la comisión de Dios, entonces eres un miembro de Su casa. Las tareas que la casa de Dios dispone para ti, la forma en que Dios te dice que las sigas, y las comisiones confiadas a ti por Dios, esos son tus deberes y son lo que Dios te ha dado a ti. Cuando comes y bebes las palabras de Dios, comprendes Sus intenciones, y prestas atención y entiendes las disposiciones de la casa de Dios, cuando sabes en tu corazón qué deber debes hacer y las responsabilidades que eres capaz de llevar a cabo, y cuando aceptas la comisión de Dios y comienzas a hacer tu deber, te vuelves un miembro de la casa de Dios y una parte de la difusión del evangelio. Dios te considera un miembro de Su casa y una parte de la difusión de Su obra. En este punto, tienes el deber que debes hacer. Cualquier cosa que seas capaz de hacer, cualquier cosa que seas capaz de lograr, son tus responsabilidades y tu deber. Puede decirse que son la comisión de Dios, tu misión y tu deber ineludible. Los deberes vienen de Dios; son las responsabilidades y las comisiones que Dios confía al hombre. ¿Cómo, entonces, debe entenderlos el hombre? “Puesto que este es mi deber y la comisión que Dios me ha confiado, es mi obligación y mi responsabilidad. Es justo que la acepte como mi obligación ineludible. No puedo declinarlo ni rechazarlo; no puedo elegir. Sin duda, debo hacer lo que me corresponde. No es que no tenga derecho a elegir, sino que no debo elegir. Esta es la razón que un ser creado debe tener”. Esta es una actitud de sumisión. Algunas personas constantemente escogen selectivamente al hacer sus deberes, siempre queriendo hacer el trabajo fácil y el que disfruten, incapaces de someterse a las disposiciones de la casa de Dios. Esto demuestra que su estatura es muy baja, y que no poseen razón humana normal. Si se trata de una persona joven y en casa ha sido consentida y mimada sin experimentar ninguna adversidad, es comprensible que sea un poco obstinada. Siempre que pueda aceptar la verdad, esto cambiará gradualmente. Sin embargo, si un adulto de unos treinta o cuarenta años se comporta de esta manera repugnante, entonces es un problema de pereza. La enfermedad de la pereza es congénita y la más difícil de tratar. Es un problema de la propia naturaleza, y es solo si se encuentran sin ninguna otra opción en ambientes o situaciones particulares que esta clase de personas son capaces de soportar un poco de adversidad y fatiga. Es así como algunos mendigos saben muy bien que ser mendigo invita al desprecio y a la discriminación de los demás, pero debido a su pereza y falta de voluntad para trabajar, no les queda otra opción que recurrir a la mendicidad. De otra manera, morirían de hambre. En resumen, si una persona no puede hacer su deber concienzuda y responsablemente, tarde o temprano será descartada. La transgresión más grande es creer en Dios pero no someterse a Él. Si te niegas a hacer tu deber o te muestras constantemente renuente a las dificultades y tienes miedo de esforzarte, entonces eres una persona sin conciencia ni razón. No eres apto para hacer tus deberes y puedes irte. Supón que un día te das cuenta de que no hacer tu deber equivale a rechazar la comisión que te ha confiado el Creador, que te convierte en una persona que se rebela contra Dios, sin conciencia ni razón, y que como creyente en Dios deberías hacer bien tu deber y que es necesario. En ese momento, deberías cumplir con tu deber con un buen comportamiento y entonces serás sumiso. Si una persona es rebelde o negativa en su deber, es decir, si muestra una completa falta de sumisión a Dios, esta persona no se está esforzando sinceramente por Él. Tener la voluntad de hacer bien el propio deber es la mínima expresión de la sumisión a Dios. Entonces, ¿cómo surgen los deberes? (Los deberes vienen de Dios; son responsabilidades que Dios confía a las personas). Los deberes son responsabilidades que Dios confía a las personas; entonces, ¿tienen deberes los no creyentes? (No, no los tienen). ¿Por qué dices que no los tienen? (No son personas de la casa de Dios). Correcto, los no creyentes solo se ocupan de su vida carnal, y sus acciones no son dignas de ser llamadas deberes. Los no creyentes son del mundo y de Satanás. Dios solo dispone el sino de su vida: el momento de su nacimiento, la familia en la que nacen, el trabajo que realizan cuando crecen y el momento de su muerte. Él no los elige ni los salva. Aquellos que creen en Dios son diferentes. En menor escala, todo el trabajo que realizan en la casa de Dios son deberes que deben hacer. En una escala más amplia, dentro de todo el plan de gestión de Dios, el deber que realiza cada ser creado es cooperar con la obra de Dios. Para decirlo claramente, rinden servicio al plan de gestión de Dios. Sea que rindas servicio con devoción o no, estás lejos de ser una persona que sigue la voluntad de Dios. De hecho, una persona solo puede considerarse parte del pueblo de Dios y como un ser creado acorde al estándar cuando puede hacer verdaderamente su deber, lograr el resultado de dar testimonio para Dios y obtener Su aprobación. Si haces bien cada deber que Dios te encomienda y lo haces acorde al estándar, entonces eres un miembro de la casa de Dios y alguien a quien Dios reconoce como una persona de Su casa.

Fragmento 36

La letra de la canción “Qué alegría ser una persona honesta” es toda ella bastante práctica, y he escogido algunos versos para compartir. Hablemos primero sobre el verso “Me aferro a mi deber con todo el corazón y la mente, y no tengo preocupación por la carne”. ¿Qué estado es este? ¿Qué tipo de persona es aquella que puede aferrarse a su deber con todo el corazón y la mente? ¿Acaso tiene conciencia? ¿Ha cumplido con su responsabilidad como ser creado? ¿Ha recompensado a Dios de alguna manera? (Sí). El hecho de que pueda aferrarse a su deber con todo el corazón y la mente significa que puede hacerlo de forma seria, responsable, sin ser superficial, sin ser astuta ni holgazanear y sin eludir la responsabilidad. Tiene una actitud adecuada y su estado y su mentalidad son normales. Tiene razón y conciencia, es considerada con Dios, y leal y devota con su deber. ¿Qué quiere decir “no tener preocupación por la carne”? Aquí también hay varios estados. Fundamentalmente quiere decir que a esa persona no le preocupa el futuro de su carne, y no hace planes para lo que está por venir. Quiere decir que no tiene en cuenta qué es lo que hará más adelante cuando sea vieja, quién se ocupará de ella o cómo vivirá entonces. No tiene en cuenta estas cosas, y en su lugar se somete a las instrumentaciones y las disposiciones de Dios en todas las cosas. Cumplir bien con su deber es la primera tarea y la principal: aferrarse a su deber y a la comisión de Dios son las cosas más importantes. Si las personas son capaces de desempeñar bien su deber como seres creados, ¿acaso no tienen cierta semejanza humana? Eso es tener semejanza humana. La gente debe al menos cumplir con su deber, ser devota y poner en ello todo el corazón y la mente. ¿Qué significa “aferrarse al deber de uno”? Significa que, sean cuales sean las dificultades con las que la gente se encuentre, no renuncia a su trabajo, no se convierte en desertora ni elude su responsabilidad. Hace todo lo que puede. Eso es lo que significa aferrarse al deber de uno. Supongamos, por ejemplo, que se ha dispuesto que hagas algo, y no hay nadie que te vigile, te supervise o te apremie. ¿Qué sería aferrarte a tu deber? (Sería aceptar el escrutinio de Dios y vivir en Su presencia). Aceptar el escrutinio de Dios es el primer paso; ese es un aspecto. El otro aspecto es que también tienes que hacer tu deber con todo tu corazón y tu mente. ¿Cómo puedes lograr esto? Debes aceptar la verdad y ponerla en práctica. Es decir, no importa lo que Dios requiera, debes aceptar y someterte. Debes tratar tu deber como una tarea que te pertenece, que no requiere que nadie más te observe, te vigile, revise las cosas por ti, te supervise, te inste, te controle o incluso te pode. Debes pensar para tus adentros: “Hacer este deber es mi responsabilidad; es algo que me corresponde hacer. Dado que se me ha encomendado esta tarea y se me han dicho los principios y los he captado, me volcaré en ella y haré todo lo que pueda para procurar que se haga bien”. Debes persistir en hacerlo de esta manera, sin estar constreñido por ninguna persona, acontecimiento o cosa. Esto es lo que significa defender tu deber con todo tu corazón y tu mente; esta es la semejanza que las personas deberían tener. Entonces, ¿qué deben poseer las personas para defender sus deberes con todo su corazón y su mente? Primero, deben tener la conciencia que los seres creados deberían tener; este es el estándar mínimo. Además, también deben ser devotos. Como humano, cuando aceptas la comisión de Dios, debes ser devoto; debes ser completamente devoto solo a Dios y no puedes ser poco entusiasta o no asumir la responsabilidad. Actuar en base a tus intereses o estados de ánimo no es suficiente; esto no es ser devoto. ¿Qué significa ser devoto? Significa hacer tu deber sin dejarte influir ni constreñir por tu estado de ánimo, tu entorno u otras personas, acontecimientos y cosas. Debes pensar para tus adentros: “Acepto esta comisión de parte de Dios; Él me la ha dado y esto es lo que se supone que debo hacer. Así que, lo manejaré como si fuera mi propio asunto, haciéndolo de la manera que produzca buenos resultados; lo más importante es satisfacer a Dios”. Cuando estás en este estado, no solo estás gobernado por tu conciencia; también hay devoción en esto. Si te contentas con simplemente hacer la tarea, sin esforzarte por la eficiencia o los resultados, si sientes que es suficiente con simplemente aplicar todas tus fuerzas, entonces esto solo cumple con el estándar de la conciencia y no puede considerarse como ser devoto. Ser devoto a Dios es un estándar requerido más alto que el estándar de la conciencia. No se trata solo de poner todas tus fuerzas en ello; también debes poner todo tu corazón. En tu corazón, siempre debes considerar tu deber como el trabajo que has de realizar y asumir cargas para esta tarea. Si cometes el más mínimo error o estás en un estado en el que eres negligente, te sentirás reprochado y pensarás que no puedes comportarte de esta manera porque te hace deberle mucho a Dios. Las personas que genuinamente tienen conciencia y razón hacen su deber como si fuera el propio trabajo que han de realizar, independientemente de si alguien las está observando o supervisando. Ya sea que Dios esté complacido con ellas y sin importar cómo Él las trate, siempre se requieren estrictamente a sí mismas hacer bien sus deberes y completar la comisión que Dios les encomendó. A esto se le llama devoción. ¿No es este un estándar más alto que el estándar de la conciencia? Guiarse por el estándar de la conciencia a menudo te deja propenso a ser afectado por algunos asuntos externos, o simplemente implica aplicar todas tus fuerzas y no es suficiente para hacer bien tu deber con todo tu corazón y tu mente. Lograr la devoción, sin embargo, no es fácil. Requiere aplicar todo tu corazón y tus fuerzas, dedicando todo tu corazón y todas tus fuerzas al cumplimiento de tu deber. Entonces, poseerás devoción al hacer tu deber. No se trata solo de esforzarse; requiere que te entregues a tu deber con todo el cuerpo, la mente y el corazón. Para hacer bien tu deber, a veces debes soportar un poco de dificultad física y pagar un poco de precio; debes dedicar todos tus pensamientos a hacer tu deber. No importa a qué circunstancias te enfrentes, no debes dejar que afecten o retrasen tu deber y debes hacer que Dios esté satisfecho. Esto requiere que seas capaz de pagar un precio; debes renunciar a tu familia carnal, tus asuntos privados y tus propios intereses. Debes desprenderte de tu vanidad, orgullo, sentimientos y placer carnal —e incluso de cosas como los mejores años de tu juventud, tu matrimonio, tu futuro y tu porvenir—, renunciar a todo ello, así como hacer bien tu deber de buena gana. Entonces, habrás logrado la devoción y tendrás semejanza humana al vivir así. Las personas como esta no solo tienen conciencia, sino que, sobre la base del estándar de la conciencia, usan la devoción que Dios requiere de las personas para medirse y exigirse a sí mismas, esforzándose diligentemente hacia este objetivo. Las personas como esta son raras entre los hombres; puede que solo haya una de cada mil o diez mil del pueblo escogido de Dios. ¿No hay valor en la vida de tales personas? ¿No son personas que Dios atesora? Por supuesto que hay valor en sus vidas; estas son las personas que Dios atesora.

El siguiente verso de la canción dice: “Aunque mi calibre es escaso, tengo un corazón honesto”. Estas palabras suenan bastante genuinas y contienen un requisito que Dios exige a las personas. ¿Qué requisito? Que tener un calibre escaso no es gran cosa, pero se debe poseer un corazón honesto, y si lo posee, podrá recibir la aprobación de Dios. No importa cuál sea tu situación o cuáles tus antecedentes, debes ser una persona honesta, hablar con honestidad, actuar con honestidad, poder llevar a cabo tu deber con todo el corazón y toda la mente y ser devoto en tu deber, no actuar de manera escurridiza, no ser una persona taimada ni falsa, no mentir ni engañar, y no hablar con rodeos. Debes actuar de acuerdo con la verdad y ser alguien que la persiga. Muchas personas piensan que son de bajo calibre y que nunca hacen bien su deber o acorde al estándar. Dedican su corazón y fortaleza a lo que hacen, pero nunca pueden captar los principios ni son capaces todavía de obtener resultados muy buenos. En definitiva, lo único que pueden hacer es quejarse de que su calibre es demasiado escaso, y se vuelven negativas. Entonces, ¿no hay un camino a seguir para una persona que sea de bajo calibre? Ser de bajo calibre no es una enfermedad mortal, y Dios nunca dijo que Él no salva a aquellos que sean de bajo calibre. Dios dijo anteriormente que siente pena por quienes son honestos pero ignorantes. ¿Qué quiere decir ser ignorante? En muchos casos, la ignorancia proviene del hecho de ser de bajo calibre. Tales personas son de bajo calibre y tienen una comprensión superficial de la verdad; no es lo bastante específica ni práctica, y a menudo se mantiene como una comprensión literal o somera, una comprensión de la doctrina y los preceptos. Esa es la razón por la que no pueden ver numerosos problemas con claridad, y nunca pueden captar los principios al hacer sus deberes ni pueden realizarlos bien. Entonces, ¿Dios no quiere personas de bajo calibre? (Sí las quiere). ¿Qué senda y qué dirección indica Dios a la gente? (La de ser una persona honesta). ¿Puedes ser una persona honesta solo con decirlo? (No, debemos mostrar las manifestaciones de una persona honesta). ¿Cuáles son las manifestaciones de una persona honesta? Primero, no tener dudas acerca de las palabras de Dios. Esa es una de las manifestaciones de una persona honesta. Además de esto, la manifestación más importante es buscar y practicar la verdad en todo: esto es lo más crucial. Dices que eres honesto, pero siempre pasas por alto las palabras de Dios y simplemente haces lo que te parece. ¿Acaso es esa la manifestación de una persona honesta? Dices: “Aunque tengo poco calibre, tengo un corazón honesto”. Y, sin embargo, cuando te llega un deber te da miedo sufrir y asumir la responsabilidad si no lo haces bien, por eso pones excusas para evadir tu deber o sugieres que lo haga otro. ¿Es esta la manifestación de una persona honesta? Claramente, no lo es. Entonces, ¿cómo debería comportarse una persona honesta? Debe someterse a los arreglos de Dios, ser devota al deber que le corresponde hacer y esforzarse por satisfacer las intenciones de Dios. Esto se manifiesta de diferentes maneras. Una es aceptar tu deber con un corazón honesto, no considerar tus intereses carnales, no ser desganado en él y no conspirar por tu propio bien. Estas son manifestaciones de honestidad. Otra es dedicar todo el corazón y todas tus fuerzas a hacer bien tu deber, haciendo las tareas que te ha encomendado la casa de Dios de forma adecuada y poniendo el corazón y tu amor en el deber a fin de satisfacer a Dios. Estas son las manifestaciones que debería tener una persona honesta cuando hace su deber. Si entiendes y sabes qué hacer, pero no lo haces, entonces no estás poniendo todo tu corazón y tu fuerza en tu deber. En cambio, eres astuto y holgazaneas. ¿Son honestas las personas que hacen su deber de esta manera? En absoluto. Dios no usa a personas tan evasivas y falsas; estas deben descartarse. Dios solo usa a las personas honestas para hacer deberes. Incluso los contribuyentes de mano de obra leales han de ser honestos. Los que son de manera continuada superficiales, astutos y holgazanes son todos gente falsa y unos demonios. Ninguno de ellos cree de verdad en Dios y todos deben descartarse. Alguna gente piensa: “En realidad es fácil ser una persona honesta. Se trata sencillamente de decir la verdad y no contar mentiras”. ¿Qué te parece esta opinión? ¿Ser una persona honesta es algo tan limitado? En absoluto. Debes revelar tu corazón y dárselo a Dios; esta es la actitud que una persona honesta debe tener. Es por ello que un corazón honesto es muy valioso. ¿Qué implica esto? Que un corazón honesto puede gobernar tu comportamiento y cambiar tu estado. Te puede conducir a hacer las elecciones correctas y a someterte a Dios y ganar Su aprobación. Un corazón como este es verdaderamente preciado. Si tienes un corazón honesto como este, entonces ese es el estado en el que debes vivir, así es como debes comportarte y así es como debes entregarte. Debes considerar esta letra exhaustivamente. Ninguna frase es tan simple como su sentido literal, y te habrá aportado algo si realmente la entiendes después de considerarla.

Echemos un vistazo a otro verso de la letra: “Sé devoto en todas las cosas para satisfacer las intenciones de Dios”. Hay una senda para practicar en estas palabras. Algunas personas se vuelven negativas cuando se enfrentan a dificultades durante la realización de su deber, y esto hace que se vuelvan reacias a hacerlo. Algo les ocurre a estas personas. ¿Acaso se están entregando con sinceridad para Dios? Deberían reflexionar sobre por qué se vuelven negativas cuando se enfrentan a dificultades, y por qué no pueden buscar la verdad para resolver los problemas. Si pueden reflexionar sobre sí mismas y buscar la verdad, entonces podrán ver los problemas que tienen. En realidad, la mayor dificultad que tiene la gente es principalmente el problema de tener un carácter corrupto. Si puedes buscar la verdad, entonces tu carácter corrupto será fácil de arreglar. En cuanto arregles tu carácter corrupto, serás capaz de ser devoto en todas las cosas para satisfacer las intenciones de Dios. “Todas las cosas” quiere decir que sea lo que sea, tanto si es algo que Dios te dio, algo que un líder o un obrero dispuso para ti o algo que encontraste por casualidad, siempre que sea lo que estás destinado a hacer y puedas cumplir con tu responsabilidad, lo haces con devoción, cumples con las responsabilidades y con el deber tal y como debes y haces que satisfacer las intenciones de Dios sea tu principio. Este principio suena un tanto grandilocuente y un poco difícil para que la gente pueda estar a su altura. Hablando en términos más prácticos, significa cumplir bien con tu deber. Aferrarte a tu deber y cumplirlo bien no son tareas fáciles. Tanto si se trata de ser líder u obrero, o de algún otro deber, debes entender algunas verdades. ¿Puedes cumplir bien con tu deber sin comprender la verdad? ¿Puedes hacerlo bien sin aferrarte a los principios-verdad? Si entiendes todos los aspectos de la verdad y puedes llevar a la práctica los principios-verdad, entonces habrás realizado bien tu deber, te habrás aferrado a él, habrás entrado en la realidad-verdad, y puedes satisfacer las intenciones de Dios. Esa es la senda de la práctica. ¿Acaso es fácil de hacer? Si el deber que haces es algo en lo que eres bueno y te gusta, entonces sientes que es tu responsabilidad y tu obligación, y que hacerlo es algo perfectamente natural y justificado. Te sientes alegre, feliz y a gusto. Es algo que estás dispuesto a hacer y puedes ser devoto a ello, y al hacerlo, sientes que estás satisfaciendo a Dios. Pero si un día te enfrentas a un deber que no te gusta o que nunca antes has hecho, ¿serás capaz de ser devoto entonces? Esto pondrá a prueba si practicas la verdad. Por ejemplo, supongamos que estás realizando tu deber en el equipo de himnos. Sabes cantar; esto es algo que disfrutas y estás dispuesto a realizar este deber. Si te dieran otro deber, digamos predicar el evangelio, y el trabajo fuera un poco difícil, ¿serías capaz de someterte? No quieres predicar el evangelio, así que no paras de decir: “Me gusta cantar”. Si un líder u obrero te anima, diciendo: “Fórmate en la predicación del evangelio y dótate de más verdad, y será más beneficioso para tu crecimiento en la vida”, sigues insistiendo y dices: “Me gusta cantar y me gusta bailar”. No quieres ir a predicar el evangelio sin importar lo que compartan. ¿Por qué no deseas ir? (Por falta de interés). Te falta interés, y por eso no quieres ir. ¿Cuál es el problema con esto? El problema es que eliges tu deber en función de tus preferencias y gustos personales, y no te sometes. La falta de sumisión es el problema. Si no buscas la verdad para resolver este problema, entonces no tendrás una sumisión verdadera. ¿Qué deberías hacer en esta situación para tener una sumisión verdadera? ¿Qué puedes hacer para satisfacer las intenciones de Dios? Es entonces cuando necesitas buscar y contemplar este aspecto de la verdad. Si quieres ser devoto en todas las cosas y satisfacer las intenciones de Dios, no puedes hacerlo simplemente realizando un deber; debes aceptar cualquier comisión que Dios te dé. Ya sea que se ajuste a tus gustos y coincida con tus intereses, o sea algo que no disfrutas, o que nunca has hecho antes y te resulta difícil, deberías aceptarlo y someterte. No solo debes aceptarlo, sino que también debes cooperar proactivamente, aprender las habilidades profesionales y adquirir experiencias y entrada. Incluso si sufres dificultades o fatiga, humillación u ostracismo, aun así debes hacerlo con devoción. Solo practicando de esta manera serás capaz de ser devoto en todas las cosas y satisfacer las intenciones de Dios. Debes realizarlo como tu deber, no como tu propio proyecto. ¿Cómo deberías entender el deber? El deber es algo que el Creador, Dios, le encarga a alguien; así es como surgen los deberes de las personas. La comisión que te encarga Dios es tu deber, y es perfectamente natural y justificado que hagas tu deber como Dios lo exige. Si tienes en claro que este deber es la comisión de Dios y que es el amor y la bendición de Dios que recaen sobre ti, entonces podrás aceptar tu deber con un corazón amante de Dios, podrás ser considerado con Sus intenciones mientras realizas tu deber y podrás superar todas las dificultades para satisfacerle. Aquellos que verdaderamente se esfuerzan por Dios nunca deben rechazar Su comisión; nunca deben rechazar ningún deber. Sea cual sea el que Dios te encomiende, independientemente de las dificultades que implique, no deberías rechazarlo, sino aceptarlo. Esta es la senda de práctica, que consiste en practicar la verdad y ser devoto en todas las cosas para satisfacer a Dios. ¿Cuál es el punto clave respecto a esto? Es la frase “en todas las cosas”. “Todas las cosas” no necesariamente concuerdan con tus deseos ni son siempre cosas que te gusta hacer o que te agrada aceptar. Hay algunas tareas que no se te dan bien y debes aprender a hacer, otras son difíciles y otras requieren que sufras. Pero sea lo que sea, siempre que sea algo que Dios te ha encomendado, deberías aceptarlo de parte de Dios; deberías asumir este deber y poner el corazón en cumplirlo, para que puedas ofrecer tu devoción y satisfacer las intenciones de Dios. Esta es la senda de práctica. Sin importar lo que ocurra, siempre debes buscar la verdad y, una vez que estés seguro de qué tipo de práctica se conforma a las intenciones de Dios, así es como deberías practicar. Solo si haces esto estás practicando la verdad, y solo así puedes entrar en la realidad-verdad.

Hay un verso más de la canción que dice: “Soy sincero y recto, sin engaño, y vivo en la luz”. ¿Quién otorga esta senda al hombre? (Dios). Si alguien es sincero y recto, entonces es honesto. Le ha abierto por completo a Dios su corazón y su espíritu y no tiene nada que esconder ni de lo que esconderse. Le ha entregado su corazón a Dios y se lo ha mostrado. Es decir, le ha entregado a Él todo su ser. Así pues, ¿aún puede interponerse algo entre esa persona y Dios? No, por tanto le resulta fácil someterse a Dios. Si Dios dice que es falsa, esa persona lo admite. Si Él dice que es arrogante y sentencioso, también lo reconoce. No se limita a admitir estas cosas y ya está: es capaz de arrepentirse, de luchar por los principios-verdad, de rectificarse al darse cuenta de que está equivocado y de corregir sus errores. Antes de que se dé cuenta, habrá corregido muchas de sus formas erróneas y tendrá cada vez menos manifestaciones de falsedad, engaño y negligencia. Vive de manera cada vez más abierta y franca, acercándose cada vez más a su objetivo de convertirse en una persona honesta y su revelación de corrupción es cada vez menor. Llega a vivir en la luz. Cuando las personas viven en la luz, es obra de Dios; toda esta gloria es para Dios. Las personas no merecen ningún elogio por esto. Cuando viven en la luz, comprenden diversas verdades, tienen un corazón temeroso de Dios, saben que deben buscar y practicar la verdad en cada asunto con el que se encuentran, y viven con conciencia y razón. Aunque no se les puede llamar personas justas, a ojos de Dios tienen cierta semejanza humana y, como mínimo, en lo que dicen y hacen ya no se oponen a Dios, pueden buscar la verdad cuando algo les sucede y tienen un corazón sumiso a Dios. En consecuencia, están relativamente a salvo y seguras y no podrían traicionar a Dios. Aunque no tienen una comprensión muy profunda de la verdad, son capaces de obedecer y someterse, tienen un corazón temeroso de Dios y pueden evitar el mal. Cuando se les asigna una tarea o un deber, son capaces de hacerlo con todo el corazón y toda la mente, y lo hacen lo mejor que pueden. Este tipo de personas son dignas de confianza y Dios puede estar tranquilo respecto a ellas; la gente así vive en la luz. ¿Son capaces de aceptar el escrutinio de Dios aquellos que viven en la luz? ¿Le seguirán ocultando su corazón a Dios? ¿Todavía tienen secretos que no pueden contarle? ¿Siguen teniendo algún truco turbio bajo la manga? Nada de eso. Se han sincerado por completo con Dios, y no hay nada que sigan escondiendo o que hayan ocultado de la vista. Pueden hablarle de corazón a Dios, compartir con Él acerca de cualquier cosa y contárselo todo. No hay nada que no le digan a Dios y que no le muestren. Cuando las personas son capaces de alcanzar este estándar, sus vidas se vuelven fáciles, libres y liberadas.

Fragmento 37

¿Sobre qué principios fundamentales se rige la realización del deber? Se debe actuar según los criterios, principios y requisitos que la casa de Dios establece, así como practicar conforme a la verdad; uno debe tomar las palabras de Dios, la verdad y la protección de la obra y los intereses de la casa de Dios como sus principios y hacer bien los propios deberes con todo el corazón y las fuerza. Entonces, en general, ¿cómo actúan las personas cuando hacen cosas por sí mismas? Hacen lo que les place, anteponen sus propios intereses en cada una de sus acciones y los ponen por encima de todo. Todo lo hacen en beneficio propio y actúan exclusivamente para satisfacer sus deseos carnales egoístas, sin tener en cuenta en lo más mínimo la rectitud, la conciencia y la razón; tales cosas no están en su corazón. Solo actúan según sus actitudes corruptas y sus preferencias, maquinan a diestra y siniestra y viven conforme a filosofías satánicas. ¿Quién podría vivir así? Así vive Satanás. Cuando se sigue a Dios y se hace un deber es necesario actuar de acuerdo con los principios-verdad y, como poco, hacerlo con conciencia y razón; se deben tener estándares mínimos. Algunos dicen: “Hoy estoy de mal humor, así que quiero ser superficial con esto”. ¿Es esta una manera de actuar con conciencia? (No, no lo es). ¿Eres consciente de cuando quieres ser superficial? (Sí, somos conscientes). ¿Puede ser que a veces alguien no sea consciente de ello? (Sí, puede ser). Entonces, ¿crees que podrías examinarte a ti misma y darte cuenta de esta superficialidad una vez hecha? (Un poco). Tras darte cuenta de la superficialidad, ¿podrás rebelarte contra los pensamientos similares negligentes y superficiales la próxima vez que te surjan y resolverlos? (Cuando me dé cuenta, podré rebelarme contra ellos de alguna manera). Deberás librar una batalla cada vez que te rebeles contra tus propios pensamientos y deseos, y si al final de esta batalla prevalecen los deseos egoístas eso supondrá que te has opuesto a Dios a sabiendas y eso es muy peligroso. Digamos que crees en Dios durante 10 años, y los tres primeros sales del paso y eres un poco fervoroso, pero tres años después te das cuenta de que debes practicar la verdad al creer en Dios, entrar en la realidad-verdad y rebelarte contra la carne. Entonces, poco a poco empiezas a reconocer tu propia corrupción y malevolencia y tu propia naturaleza perversa y arrogante. Llegado este punto, alcanzas a tener verdadero conocimiento de ti mismo; llegas a reconocer tu propia esencia corrupta y así sientes que es extremadamente necesario aceptar la verdad y que es imprescindible resolver tu carácter corrupto. Solo en este punto sientes que eres bastante lamentable por no poseer la realidad-verdad. Si bien cada vez que revelas un carácter corrupto se libra una batalla en tu corazón, aún no logras superar tus deseos egoístas y sigues actuando como te place. De hecho, sabes muy bien que las actitudes satánicas siguen reinando en tu corazón y por lo tanto te resulta muy difícil poner en práctica la verdad. Esto muestra que no tienes ninguna realidad-verdad en absoluto, y es realmente difícil de decir si podrás alcanzar la salvación o no. Si realmente tienes la determinación, debes poner en práctica las verdades que entiendes, sin importar las actitudes corruptas que te obstruyen cuando las practicas, debes orar y confiar siempre en Dios, buscar la verdad para resolver las actitudes corruptas, atreverte a declarar la guerra contra ellas y a rebelarte contra la carne. Con esta fe podrás poner en práctica la verdad. Aunque haya momentos en los que fracases, no te desanimarás y seguirás pudiendo triunfar sobre Satanás por medio de orar a Dios y recurrir a Él. Al batallar así durante varios años, las veces que triunfes sobre la carne y practiques la verdad se incrementarán y los fracasos cada vez serán menos. Aunque a veces fracases, no tendrás una actitud negativa y seguirás orando y recurriendo a Dios hasta que seas capaz de poner en práctica la verdad. Esto indicará que tienes esperanzas; que se están disipando las nubes y comienzas a vislumbrar el cielo azul. Siempre y cuando haya momentos en los que tengas éxito en practicar la verdad, esto demuestra que tienes la determinación y la esperanza de alcanzar la salvación. Aquellos que persiguen la verdad experimentan muchos fracasos al practicar la verdad antes de que al final entren en la realidad-verdad. No importa cuántas veces fracasen ni cuán negativos sean, mientras confíen en Dios y recurran a Él acabará por haber veces en las que tengan éxito. No importa que fracasen una y otra vez, mientras no se rindan habrá esperanza. El día en que realmente averigüen que pueden practicar la verdad, actuar de acuerdo con los principios, y que en las cuestiones críticas —en particular en cuestiones de hacer sus deberes— se niegan a comprometerse con Satanás, no renuncian a sus deberes y se mantienen firmes en su testimonio, entonces habrá esperanza absoluta de lograr la salvación.

Cada vez que una persona practique la verdad, atravesará una batalla interior. Decidme, ¿hay alguien que pueda practicar la verdad sin experimentar batallas? En absoluto. Solo si una persona ya ha entrado en la realidad-verdad y apenas revela algunas actitudes corruptas, podría básicamente no tener que librar grandes batallas, pero, de todos modos, bajo circunstancias especiales y en ciertos contextos, siempre deberán seguir luchando un poco. Es decir, cuanto más alguien entiende la verdad, menos lucha, y cuanto menos entiende la verdad, más batallas libra. En el caso particular de los nuevos creyentes, todas las batallas que libran en su corazón cada vez que practican la verdad son extremadamente feroces. ¿Por qué son tan feroces? Estas batallas son feroces porque las personas no solo tienen sus preferencias y elecciones carnales, sino que también tienen dificultades reales, así como además hay actitudes corruptas que las obstaculizan. Para entender un aspecto de la verdad, debes luchar contra esos cuatro impedimentos, lo cual significa que al menos deberás pasar por esos tres o cuatro impedimentos antes de poder poner en práctica la verdad. ¿Tenéis tales experiencias de haber batallado continuamente contra vuestras actitudes corruptas? Cuando necesitáis practicar la verdad y proteger los intereses de la casa de Dios, ¿podéis vencer la limitación de vuestro carácter corrupto y poneros del lado de la verdad? Por ejemplo, digamos que estás cooperando con alguien para realizar la tarea de depurar la iglesia, pero siempre comparte con los hermanos y hermanas que, en la medida de lo posible, Dios salva a las personas, y que debemos tratar a las personas con amor y darles oportunidades para arrepentirse. Por medio de esta charla, te das cuenta de que hay algo que no está bien en ellos. Aunque las palabras que dicen suenen correctas, luego de analizarlas detenidamente descubres que esconden ciertas intenciones y motivaciones ocultas, buscan no ofender a nadie y no quieren llevar a cabo los arreglos del trabajo. Cuando estas personas usan esta manera de compartir, perturbarán a aquellos que son de escasa estatura y que no tienen discernimiento. Mostrarán amor a ciegas, sin principios, no estarán atentos a discernir a otros ni dejarán en evidencia ni denunciarán a los anticristos, personas malvadas o incrédulos. Esto se considera, entonces, un impedimento a la obra de depuración de la iglesia. No poder depurar a la iglesia de anticristos, personas malvadas e incrédulos cuando sea oportuno afectará al habitual comer y beber las palabras de Dios por parte de Su pueblo escogido y al desempeño normal de sus deberes y, más todavía, trastornará y perturbará la obra de la iglesia, de modo que perjudicará los intereses de la casa de Dios. En momentos así, ¿cómo debes actuar? Cuando notes el problema, debes alzarte y dejar en evidencia a esa persona y detenerla, así como proteger la obra de la iglesia. Quizá caviles: “Somos compañeros en este trabajo, si lo desenmascaro directamente y no lo asume, ¿no acabaríamos peleados? No, no puedo hablar directamente, tengo que tener un poco más de tacto”. Así que simplemente les recuerdas y exhortas con varias palabras. Después de comunicárselo, la persona no lo acepta y además da un montón de razones solo para refutar lo que dijiste. Cuando ves que no lo acepta y que la obra de la casa de Dios sufrirá pérdidas, ¿qué haces? Oras a Dios, diciendo: “Dios, por favor, arregla e instrumenta todo. Disciplínalo. No hay nada más que pueda hacer”. Crees que porque no puedes detenerlo, lo debes dejar haciendo lo que hace. ¿Es esta una manifestación de ser responsable? ¿Has practicado la verdad? Si no puedes detenerlo, ¿por qué no informar a los líderes y obreros? ¿Por qué no hacer una reunión para compartir el tema y discutirlo juntos? Si no lo haces, ¿después no te sentirás culpable? Si dices: “No puedo lidiar con esto, mejor lo ignoro. Tengo la conciencia tranquila”, ¿qué clase de corazón tienes? ¿Es un corazón con amor sincero o uno que hace daño a los demás? Tienes un corazón malévolo, porque cuando te ocurre algo, tienes miedo de ofender a los demás y no te ajustas a los principios. En realidad, sabes muy bien que esa persona tiene sus propias motivaciones ocultas al actuar así y que no puedes hacerle caso en este asunto. Sin embargo, no logras adherirte a los principios ni impedir que desoriente a los demás, y esto en última instancia perjudica a los intereses de la casa de Dios. Después de todo esto, ¿te sentirías culpable? (Yo sí). ¿Sentirse culpable te permitirá compensar las pérdidas? No puedes compensar las pérdidas. Entonces vuelves a reflexionar: “De todos modos yo cumplí con mis responsabilidades, y Dios lo sabe. Dios escruta las profundidades del corazón de las personas”. ¿Qué palabras son estas? Son palabras engañosas y endiabladas que tratan de embaucar tanto al hombre como a Dios. No has cumplido con tus responsabilidades e incluso buscas razones y excusas para eludir la responsabilidad. Esto es falso e intransigente por tu parte. ¿Una persona así es sincera con Dios? ¿Tiene sentido de la rectitud? (No, no lo tiene). Es una persona que no acepta la verdad en lo más mínimo, es una persona de la calaña de Satanás. Cuando algo te sucede, vives conforme a filosofías para los asuntos mundanos; no practicas la verdad y siempre tienes miedo de ofender a los demás, pero no de ofender a Dios, e incluso puedes sacrificar los intereses de la casa de Dios para proteger tus relaciones interpersonales. ¿Qué consecuencias tiene actuar así? Protegerás bastante bien tus relaciones interpersonales, pero habrás ofendido a Dios y Él te desdeñará y estará enfadado contigo. ¿Qué es más grave? Si no puedes sentirlo, entonces estás completamente confundido; demuestra que no entiendes la verdad en absoluto. Si continúas así, sin llegar a despertar, el riesgo es ciertamente grande. Al final, serás incapaz de obtener la verdad y tú serás quien sufra una pérdida. Cuando viste a alguien perturbando el trabajo de la casa de Dios, actuaste como un complaciente y no defendiste los principios, y como resultado el trabajo de la casa de Dios se retrasó. En esa ocasión no buscaste la verdad e incluso actuaste como un complaciente, y fracasaste. Entonces, cuando esta situación se repita, ¿serás capaz de buscar la verdad y no actuar como un complaciente? Si nunca eres capaz de buscar la verdad y continúas viviendo según la filosofía de Satanás, ya no se tratará de sufrir una pérdida; al final, serás descartado y castigado. Si tienes la intención y la perspectiva de un complaciente, entonces, en todos los asuntos, no practicarás la verdad ni defenderás los principios, así que fracasarás y caerás siempre. Si no despiertas y no buscas nunca la verdad, entonces eres un incrédulo, y nunca obtendrás la verdad y vida. Así pues, ¿qué deberías hacer? Cuando te enfrentes a asuntos relacionados con los intereses de la casa de Dios, debes orar a Dios y clamar a Él pidiéndole que te dé fe y fuerza, de forma que puedas adherirte a los principios, hacer lo que debas hacer, manejar las cosas de acuerdo con los principios, mantenerte firme en la postura que debes defender, proteger los intereses de la casa de Dios y evitar que la obra de esta sufra ninguna pérdida. Si puedes rebelarte contra tus propios intereses, tu orgullo y tu punto de vista de complaciente y si haces lo que debes hacer con un corazón honesto y puro, entonces habrás derrotado a Satanás y habrás ganado este aspecto de la verdad. Si te obcecas con insistencia en vivir según la filosofía de Satanás, en proteger tus relaciones con los demás, y si nunca pones en práctica la verdad ni te atreves a defender los principios, ¿podrás entonces practicar la verdad en otros asuntos? Seguirás sin tener fe ni fuerza. Si nunca buscas o aceptas la verdad, entonces ¿esa fe en Dios te permitirá obtener la verdad? (No). Y si no puedes obtener la verdad, ¿puedes ser salvado? No puedes. Si siempre vives según la filosofía de Satanás, no tienes la menor realidad-verdad y sigues viviendo bajo el poder de Satanás, entonces de ninguna manera podrás ser salvado. Debe quedarte claro que obtener la verdad es una condición indispensable para la salvación. ¿Cómo, entonces, puedes obtener la verdad? Si eres capaz de practicar la verdad, si puedes vivir según ella y si esta se convierte en la base de tu existencia, entonces habrás obtenido la verdad, llegarás a poseer vida y serás uno de los que se salven.

Fragmento 38

¿Qué problema hay cuando algunas personas son demasiado deficientes en sus conocimientos profesionales para desempeñar sus deberes y les resulta muy difícil aprender cualquier cosa? La causa es su escaso calibre. La verdad queda lejos del alcance de las personas con un calibre excesivamente bajo y no aprenden con facilidad. La mayoría de ellas tienen defectos terribles. No solo carecen de conciencia y razón, sino que además no tienen cabida para Dios en su corazón. Tienen los ojos carentes de vida y apagados, y se encuentran en un estado de estupor, como animales. Solo saben comer, beber y pasarlo bien, y no estudian ni tienen ninguna habilidad. Solo aprenden cosas de manera superficial y creen que han entendido cuando apenas han rascado la superficie. Cuando los demás tratan de explicarles más, se niegan a escuchar, lo creen innecesario. No escuchan ni aceptan nada que digan los demás y, en consecuencia, no pueden lograr nada y son básicamente inútiles. Tener un calibre escaso es fatal en sí mismo; si alguien también tiene un mal carácter, es bastante inmoral, se niega a que le aconsejen, no puede aceptar cosas positivas y no está dispuesto a aprender y aceptar cosas nuevas, ¡entonces tal persona es una inútil! Aquellos que hacen sus deberes deben poseer conciencia y razón, conocer su propia medida y cuáles son sus defectos, así como entender de qué carecen y qué necesitan compensar. Siempre deberían sentir que les falta mucho y que, si no estudian cosas nuevas y las aceptan, serán descartados. Con este sentido de crisis inminente en su corazón, encontrarán la motivación y la voluntad para aprender. Por un lado, las personas deberían equiparse con más verdades y, por otro, deberían adquirir más conocimientos profesionales relacionados con la realización de sus deberes. Al practicar de esta manera, progresarán y el cumplimiento de su deber producirá buenos resultados. Solo habiendo hecho bien el deber y vivido la semejanza humana tiene valor la vida de uno; por tanto, hacer el deber es lo más significativo para las personas. Algunas personas tienen un carácter malo; no solo son ignorantes sino también bastante arrogantes. Siempre piensan que buscar en todos los asuntos y escuchar siempre a los demás haría que otros los menospreciaran y les haría perder imagen, que comportarse de esa manera significaría que no tienen dignidad. En realidad, es exactamente lo contrario. Ser arrogante y sentencioso, no aprender nada, quedarse atrás y estar desfasado en todas las áreas, así como carecer de conocimiento, ideas y perspicacia; eso es lo que verdaderamente les hace perder imagen. Es entonces cuando uno pierde verdaderamente la integridad y la dignidad. Algunas personas solo tienen un entendimiento superficial de todo lo que aprenden y se sienten satisfechas después de entender solo unas pocas doctrinas, pensando que son competentes. Pero al final siguen sin poder lograr nada; no tienen ningún resultado en absoluto. Si dices que no entienden nada y no han logrado nada, se niegan a aceptarlo y siguen buscando excusas. ¿No son unos idiotas? El hecho de no ser capaces de manejar bien ninguna tarea, ¿acaso no los hace unos inútiles? ¿No son una nulidad? Las personas con un calibre excesivamente escaso no pueden manejar ni siquiera las tareas más sencillas. Son una nulidad y sus vidas no tienen ningún valor en absoluto. Algunas personas dicen: “Crecí en el campo. No tengo educación ni información y mi calibre es escaso, a diferencia de vosotros, los habitantes de la ciudad; vosotros sois cultos y tenéis conocimientos, así que podéis hacerlo todo bien”. ¿Es correcta esta afirmación? (No). ¿Qué tiene de incorrecto? (Que una persona pueda lograr cosas no tiene nada que ver con su entorno de vida; depende principalmente de si hace un esfuerzo por aprender y se esfuerza por avanzar). La forma en que Dios trata a las personas no se basa en lo cultas que sean, en qué tipo de entorno nacieran ni en lo talentosas que sean. Más bien, Él trata a las personas basándose en su actitud hacia la verdad. ¿Qué implica esta actitud? Implica la humanidad de las personas y también su carácter. Al creer en Dios, debes ser capaz de tratar la verdad correctamente. Si tienes una actitud de humildad y de aceptación hacia la verdad, entonces, incluso si tu calibre es algo escaso, Dios aun así te esclarecerá y te permitirá obtener algo. Si tu calibre es bueno, pero siempre eres arrogante y sentencioso, si piensas que todo lo que dices es correcto y todo lo que dicen los demás es incorrecto, rechazas cualquier sugerencia que propongan otros e incluso te niegas a aceptar la verdad sin importar cómo se comparta, resistiéndote siempre a ella, entonces, ¿puede alguien como tú obtener la aprobación de Dios? ¿Obrará el Espíritu Santo en una persona así? Dios no obrará en ella. Dios dirá que tienes un mal carácter y no eres digno de recibir Su esclarecimiento y, si no te arrepientes, Él incluso te quitará lo que originalmente era tuyo. De esta manera, serás revelado. Las personas como esta llevan vidas lamentables. Claramente no son nada y son ineptas en todas las áreas, pero aun así piensan que son bastante buenas y mejores que los demás en todos los aspectos. Nunca hablan de sus puntos débiles o defectos frente a los demás, ni de sus debilidades y negatividad. Siempre intentan parecer impresionantes y dar a los demás una falsa impresión, haciéndoles pensar que son capaces en todo, que no tienen debilidades, que no necesitan ninguna ayuda, que no necesitan considerar las opiniones de los demás, que no necesitan tomar prestado de las fortalezas de los demás para compensar sus propios defectos y que siempre serán mejores en todo que el resto. ¿Qué clase de carácter es este? (Uno arrogante). Son demasiado arrogantes. ¡Las personas como esta llevan vidas lamentables! De hecho, ¿son capaces en realidad? ¿Pueden verdaderamente lograr cosas? Arruinaron muchas cosas en el pasado y, sin embargo, las personas como esta todavía piensan que son capaces en todo. ¿No están completamente desprovistas de razón? Cuando las personas carecen de razón hasta tal punto, solo son atolondradas. Tales personas no aprenden cosas nuevas ni las aceptan. Por dentro están muy marchitas, son de mente estrecha y están empobrecidas e, independientemente de la situación, no logran hacerse con los principios ni captarlos; tampoco entienden las intenciones de Dios. Solo saben atenerse a los preceptos, decir palabras y doctrinas y presumir frente a los demás. Como resultado, no entienden ninguna verdad. No tienen ni la más mínima realidad-verdad y, sin embargo, en realidad son muy arrogantes. Son simplemente personas atolondradas, completamente impermeables a la razón. Solo pueden ser descartadas.

Por lo general, cuando cooperáis con otros en vuestros deberes, ¿sois capaces de abriros a opiniones diferentes? ¿Sois capaces de dejar hablar a los demás? (Puedo hacerlo un poco. Antes, a menudo no estaba dispuesto a escuchar las sugerencias de los hermanos y hermanas e insistía en hacer las cosas a mi manera. Solo más tarde, cuando los hechos demostraron que estaba equivocado, vi que la mayoría de sus sugerencias habían sido correctas, que las únicas determinaciones adecuadas son aquellas en las que todos están de acuerdo y que mis propios puntos de vista son inexactos y deficientes. Después de experimentar esto, me di cuenta de lo importante que es la cooperación armoniosa). ¿Y qué viste a partir de esto? Después de experimentarlo, ¿te beneficiaste y entendiste la verdad? Dime, ¿hay alguien que sea perfecto? Incluso si alguien es muy fuerte y es capaz y talentoso, sigue sin ser perfecto. Esto es un hecho. Las personas deben tener este entendimiento y es la actitud correcta que las personas deberían tener hacia sus propios puntos fuertes y méritos y sus propias debilidades; es la racionalidad que las personas deberían poseer. Si tienes esta racionalidad, puedes tratar tus propios puntos fuertes y debilidades correctamente, así como los de los demás, y de esta manera serás capaz de cooperar con otros armoniosamente. Si entiendes este aspecto de la verdad y puedes entrar en este aspecto de la realidad-verdad, entonces puedes llevarte amigablemente con los hermanos y hermanas, así como tomar prestado de sus puntos fuertes para compensar tus debilidades. De esta manera, sin importar qué deber estés realizando o qué estés haciendo, serás cada vez mejor en ello y tendrás la bendición de Dios. Si siempre piensas que eres bastante bueno y que los demás no son tan buenos como tú, si siempre quieres tener la última palabra, entonces esto será problemático. Este es un problema de carácter. ¿No son tales personas arrogantes y sentenciosas? Supongamos que alguien dice algo que es correcto, pero piensas que si aceptas su sugerencia podría menospreciarte, pensando que no eres tan bueno como él. Así que, simplemente decides no escucharle y piensas en todas las formas posibles de superarlo con palabras altisonantes y grandilocuentes para que te tenga en alta estima. Si siempre te relacionas con las personas de esta manera, ¿serás capaz de lograr una cooperación armoniosa? No solo no lograrás alcanzarla, sino que también habrá efectos adversos. Con el tiempo, todos pensarán que eres demasiado falso y astuto, alguien a quien no pueden descifrar. No practicas la verdad y no eres una persona honesta, por lo que los demás sentirán repulsión por ti. Si todos sienten repulsión por ti, ¿no significa esto que te rechazan? Decidme, si hay alguien a quien incluso las personas rechazan, ¿cómo trataría Dios a esa persona? Dios también la detesta. ¿Por qué la detesta? Aunque es sincera al hacer su deber, la forma en que hace las cosas es lo que Dios detesta. Las actitudes que revela y cada uno de sus pensamientos, ideas e intenciones son perversos a los ojos de Dios; Él los encuentra repugnantes y aborrecibles. Cuando las personas siempre emplean tácticas despreciables en sus palabras y acciones con el objetivo de hacer que los demás las tengan en alta estima, Dios detesta este enfoque.

Cuando las personas hacen su deber o cualquier trabajo ante Dios, su corazón debe ser puro, como un cuenco de agua fresca: cristalino, sin impurezas. Entonces, ¿qué tipo de mentalidad es la correcta? Una en la que, sin importar lo que estés haciendo, seas capaz de compartir con todos sobre lo que sea que estés pensando y cualquier idea que tengas. Y si alguien dice que tu forma de pensar no es viable y ofrece otra idea que te parece bastante buena, entonces te niegas a ti mismo y practicas de acuerdo con lo que dijo. Al practicar así, todos ven que eres alguien que puede aceptar las sugerencias de los demás y elegir la senda correcta, que tus acciones tienen principios, son transparentes y totalmente claras y sin ocultamientos. No hay oscuridad en tu corazón y en tus acciones y en tu discurso te aferras a la sinceridad y a una actitud de honestidad. Llamas a las cosas por su nombre: sí es sí y no es no. No recurres a artimañas y no ocultas nada, simplemente eres transparente. ¿No es esa una actitud de honestidad? Esta es la actitud que uno debería tener hacia las personas, acontecimientos y cosas; representa el carácter de tal persona. Por otro lado, puede que alguien nunca se abra o comunique lo que piensa a los demás. No discute con otros nada de lo que hace; su corazón siempre está cerrado para ellos y parece guardarse de los demás a cada paso, ocultándose por completo. ¿Acaso una persona así no es bastante falsa? Por ejemplo, tiene una idea que le parece ingeniosa y piensa: “No puedo contarle a nadie esta idea ingeniosa. Si la comparto, otros podrían usarla y robarme el protagonismo. Me reservaré por ahora”. O si hay algo que no puede descifrar, piensa: “No hablaré ahora. ¿Qué pasa si hablo y luego alguien dice algo mejor? ¿No pareceré tonto? Todos verán qué tipo de persona soy realmente, y verán mis defectos a este respecto. Así que no debería decir nada”. Independientemente de cuáles sean sus consideraciones e intenciones, teme que los demás la desentrañen. Siempre trata su deber y a las personas, los acontecimientos y las cosas con este tipo de punto de vista y actitud. ¿Qué clase de carácter es este? Un carácter torcido, falso y perverso. En la superficie, ya ha dicho a los demás todo lo que cree que puede decir, pero bajo la superficie, se guarda algunas cosas. ¿Qué se guarda? Aquello que involucra su orgullo y sus intereses; piensa que estas cosas son privadas y que nunca debería hablar de ellas, da igual con quién, ni siquiera con sus padres. Siente que absolutamente nunca debe decir estas cosas. ¡Esto es problemático! ¿Piensas que si no hablas de estas cosas, Dios no lo sabrá? La gente dice que Dios lo sabe, pero ¿puede estar segura en su corazón de que esto es así? Las personas nunca tienen esta comprensión: “Dios sabe todo esto. Cualquier cosa que piense en mi interior, incluso si no la he revelado, Dios la escruta en secreto. No hay duda de que Él lo sabe. No puedo ocultarle cosas a Dios. Por tanto, debo hablar sobre este asunto, debo compartirlo abiertamente con los hermanos y hermanas. Con independencia de si mis pensamientos e ideas son buenos o malos, debo expresarlos con sinceridad, no puedo ser torcido, falso, egoísta ni despreciable; he de ser una persona honesta”. Si la gente piensa de esta manera, esa es la mentalidad adecuada. En lugar de buscar la verdad, la mayoría de la gente recurre a pequeños trucos. Dan gran importancia a sus propios intereses, a su orgullo y al lugar o posición que ocupan en la mente de otras personas. Estas son las únicas cosas que aprecian. Se aferran a ellas con uñas y dientes y las consideran su propia vida; en cuanto a cómo Dios las contempla y las trata, no les preocupa. Primero consideran si son los jefes del grupo, si pueden asegurarse una posición en la que los demás los tengan en alta estima y si alguien escucha lo que dicen. Primero se dedican a ocupar esa posición. Casi todas las personas, cuando están en un grupo, buscan este tipo de posición, esta clase de oportunidad. Si son muy capaces, por supuesto intentan conseguir el primer lugar. Si solo son promedio, aun así intentan mantener una posición prominente en el grupo. Y si forman parte de los rangos inferiores de este, con un calibre y una capacidad normales, también intentan que los demás los tengan en alta estima; no pueden permitir que los menosprecien. Su orgullo y su dignidad son el límite que no están dispuestos a traspasar; piensan que deben aferrarse a ellos. Incluso si pierden su integridad, o si Dios está descontento con ellos y no los reconoce, aun así tienen que luchar por su orgullo y estatus; deben evitar la humillación a toda costa. Este es un carácter satánico. Y, sin embargo, no se dan cuenta de esto. Piensan que no pueden perder el poco orgullo que les queda. No saben que solo cuando renuncien por completo a estas cosas superficiales y las abandonen, se convertirán en personas reales, y que si guardan como su vida estas cosas que deberían ser descartadas, su vida se perderá. Simplemente no saben lo que está en juego. Por lo tanto, en todo lo que hacen, siempre se reservan algo, siempre actúan para proteger su propio orgullo y estatus y ponen estas cosas en primer lugar. Hablan y presentan argumentos falaces solo por su propio bien; harán cualquier cosa por ellos mismos. Se apresuran a participar en cualquier cosa que les haga quedar bien, queriendo que los demás sepan de su participación en ello. Puede que en realidad no tenga nada que ver con ellos, pero nunca quieren quedarse atrás, siempre tienen miedo de que los demás los menosprecien, siempre temen que otras personas digan que no son nada, que no son capaces de nada, que no tienen habilidades. ¿Acaso no está todo esto impulsado por un carácter satánico? Cuando seas capaz de desprenderte de cosas como el orgullo y el estatus, estarás mucho más relajado y serás más libre; habrás puesto un pie en la senda para ser una persona honesta. Pero para muchos, esto no es fácil de lograr. Cuando las personas se encuentran con algo que les permitiría ser el centro de atención, por ejemplo, todas se pelean por llegar al frente; les gusta ser el centro de atención, cuanto más lo sean, mejor; tienen miedo de no ser el centro de atención lo suficiente y pagarán cualquier precio por la oportunidad de serlo. ¿Y no está todo esto impulsado por un carácter satánico? Este es un carácter satánico. Así que te conviertes en el centro de atención, ¿y qué? La gente te tiene en alta estima, ¿y qué? Te idolatran, ¿y? ¿Puede esto probar que tienes la realidad-verdad? No hay ningún valor en esto. Cuando puedas superar el orgullo, la vanidad, el estatus y la alta estima de los demás —cuando te vuelvas indiferente a estas cosas y ya no pienses que son tan importantes, cuando estas cosas ya no influyan en tus pensamientos y comportamiento, y mucho menos en cómo haces tu deber—, entonces los resultados que obtengas en tu deber seguirán mejorando, y habrá cada vez menos impureza en tu cumplimiento del mismo.

Fragmento 39

Algunas personas nunca proceden correctamente por lo que atañe a sus deberes. Por el contrario, buscan constantemente cosas nuevas para distinguirse y sonar grandilocuentes. ¿Esto es bueno? ¿Pueden cooperar de manera armoniosa con otros? (No). Si alguien recurre a la grandilocuencia, ¿qué clase de carácter es ese? (Arrogancia y sentenciosidad). Es arrogancia y sentenciosidad. ¿Cuál es la naturaleza de sus acciones? (Buscan establecer su independencia, ondear su propia bandera y montar su propia facción). Montar su propia facción significa hacer que otras personas les obedezcan y no actuar de acuerdo con los principios-verdad. Su intención y objetivo son establecer su independencia y ondear su propia bandera, de manera que hay un sentido de perturbar el orden de las cosas en sus acciones. ¿Qué significa perturbar el orden de las cosas? Significa causar destrucción y conlleva una naturaleza de trastorno y perturbación. Por lo general, la mayoría de los problemas se pueden resolver gracias a la charla y al debate en grupo, y la mayoría de las decisiones que se toman se ciñe a los principios-verdad, lo cual es correcto y preciso. No obstante, algunas personas se resisten persistentemente a este consenso; no solo evitan buscar la verdad, sino que también ignoran los intereses de la casa de Dios. Exponen teorías extrañas para destacar y lograr que los demás las valoren. Quieren contradecir las decisiones correctas que se han tomado y objetar a las opciones que todo el mundo ha tomado. Esto es lo que significa perturbar el orden de las cosas y causar destrucción, crear trastornos y perturbaciones. Esta es la esencia de recurrir a la grandilocuencia. Así pues, ¿cuál es el problema de esta clase de conducta? En primer lugar, revelan un carácter corrupto y una falta absoluta de sumisión. Además, estas personas obstinadas siempre quieren destacar y lograr que los demás las valoren, y como resultado trastornan y perturban el trabajo de la iglesia. Sin la verdad, son incapaces de ver a través de las cosas; sin embargo, insisten en recurrir a la grandilocuencia para alardear, sin buscar la verdad lo más mínimo. ¿Acaso no es esto comportarse de manera arbitraria y temeraria? Para cumplir bien los deberes, es esencial aprender a cooperar con otros. Una conversación entre dos personas siempre suscita una perspectiva más exhaustiva y precisa que el punto de vista de una sola persona. Si alguien siempre quiere actuar de manera inconformista o recurre habitualmente a la grandilocuencia para que los demás lo sigan, esto es peligroso, significa ir por su propia senda. Hay que discutir todo lo que se hace con los demás. Escucha primero lo que tiene que decir el resto. Si la opinión de la mayoría es correcta y coincide con la verdad, debes aceptarla y obedecerla. Hagas lo que hagas, no recurras a la grandilocuencia. Hacer eso nunca es bueno, en ningún grupo de personas. Si predicas una idea grandilocuente, siempre que esté en línea con los principios-verdad y cuente con la aprobación de la mayoría, se puede considerar aceptable. No obstante, si contradice los principios-verdad y es perjudicial para el trabajo de la iglesia, debes responsabilizarte de ello y asumir las consecuencias de tus actos. Por otro lado, recurrir a la grandilocuencia es un problema relacionado con el carácter. Pone de manifiesto que no tienes la realidad-verdad y que, por el contrario, vives sobre la base de tu carácter corrupto. Cuando recurres a la grandilocuencia, intentas dirigir a otros, llevar las riendas y también intentas ondear tu propia bandera y organizar tu propio dominio; quieres que todo el pueblo escogido de Dios te escuche, te siga y te obedezca. Esto es ir por la senda de un anticristo. ¿Tienes la certeza de que puedes guiar al pueblo escogido de Dios para entrar en las realidades-verdad? ¿Puedes llevarlo hacia el reino de Dios? No tienes la verdad y eres capaz de hacer cosas para resistirte a Dios y traicionarlo: si todavía quieres llevar al pueblo escogido de Dios por esta senda, ¿no te habrás convertido en un grandísimo pecador? Pablo acabó convirtiéndose en un grandísimo pecador y todavía está sufriendo el castigo de Dios. Si vas por la senda de un anticristo, estás yendo por la senda de Pablo, y tu resultado y tu desenlace finales no serán distintos a los suyos. Por tanto, aquellos que creen en Dios y lo siguen no deben recurrir a la grandilocuencia. Por el contrario, deben aprender a buscar la verdad, a aceptarla y a someterse a la verdad y a Dios. Solo de esta manera pueden asegurarse de que no van por su propia senda y de que pueden seguir a Dios sin desviarse hacia ninguna dirección. La casa de Dios requiere que las personas cooperen de manera armoniosa en la ejecución de sus deberes. Esto es significativo y también es la senda de la práctica correcta. En la iglesia, es posible que el esclarecimiento y la guía del Espíritu Santo lleguen a cualquiera de aquellos que entienden la verdad y tienen la capacidad de comprensión. Debes aferrarte al esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo, siguiéndolo de cerca y cooperando estrechamente con él. Al hacerlo, recorrerás la senda más correcta; es la senda por la que guía el Espíritu Santo. Presta especial atención a cómo el Espíritu Santo actúa y guía a aquellos sobre los que Él obra. Debes compartir a menudo con los demás, haciendo sugerencias y expresando tus puntos de vista; este es tu deber y tu libertad. Pero al final, cuando hay que tomar una decisión, si eres tú el único que da el veredicto final, y haces que todos hagan lo que tú dices y sigan tu voluntad, estás vulnerando los principios. Debes hacer la elección correcta basándote en lo que piensa la mayoría, para luego tomar la decisión. Si las sugerencias de la mayoría no concuerdan con los principios-verdad, debes aferrarte a la verdad. Eso es lo único que se ajusta a los principios-verdad. Si siempre recurres a la grandilocuencia e intentas exponer teorías sofisticadas para impresionar a otros, y, de hecho, sientes de corazón que no actúas correctamente, no te fuerces a ser el centro de atención. ¿Este es el deber que debes hacer? ¿Cuál es tu deber? (Hacer todo lo que obre en mi poder para hacer el deber que debo llevar a cabo y hablar solo de lo que comprendo. Si no tengo una opinión propia, debo aprender a escuchar más las sugerencias de todos los demás, a discernir con sabiduría y llegar al punto en el que pueda cooperar de manera armoniosa con todo el mundo). Si nada te queda claro y careces de una opinión, aprende a escuchar y obedecer, y a buscar la verdad. Tal es el deber que debes hacer; es una actitud adecuada. Si no tienes opiniones propias y siempre tienes miedo de parecer tonto, de no poder distinguirte y de ser humillado; si temes que los demás te desdeñen y no tener ningún lugar en su corazón, y por eso siempre tratas de obligarte a ser el centro de atención y siempre quieres ser grandilocuente, haciendo afirmaciones absurdas que no se corresponden con la realidad, las cuales quieres que los demás acepten, ¿estás haciendo tu deber? (No). ¿Qué estás haciendo? Estás siendo destructivo. Cuando observáis que alguien actúa constantemente de esta manera, debéis ponerle limitaciones. ¿Y cómo se deben establecer los límites? No es necesario que lo silenciéis por completo ni que le deneguéis toda oportunidad de hablar. Podéis dejar que comparta, y no se debe excluirlo, pero todo el mundo que se encuentre a su alrededor debe actuar con criterio. Este es el principio. Por ejemplo, si alguien propone un punto de vista incorrecto que se alinea completamente con las nociones y figuraciones del hombre, y la mayoría apoya a esa persona y está de acuerdo con ella, pero algunos que tienen un poco de criterio pueden detectar que su punto de vista está adulterado con su voluntad y sus ambiciones y deseos, entonces ellos deben poner en evidencia a esa persona y hacer que reflexione sobre sí misma y se conozca. Este es el enfoque correcto. Si nadie actúa con criterio ni expresa su opinión, y todo el mundo se limita a comportarse de manera complaciente, inevitablemente habrá quien adulará a esa persona, la apoyará y la respaldará, y por tanto alimentará sus ambiciones y deseos. Entonces, esa persona comenzará a tener realmente poder en la iglesia. En este punto es cuando se convierte en algo peligroso, ya que podría unirse a quienes la respaldan y transformarse en una fuerza por sí misma que se dedica a hacer el mal y perturbar el trabajo de la iglesia. De esta manera, habrá puesto los pies en la senda de los anticristos. Una vez que haya tomado el control de la iglesia, se convertirá en un anticristo y comenzará a establecer su propio reino independiente.

Fragmento 40

Cuando suceden cosas, todo el mundo debe orar junto y tener un corazón temeroso de Dios. La gente no debería en absoluto depender de sus propias ideas ni actuar arbitrariamente. Mientras sean de una sola mente y un solo corazón a la hora de orarle a Dios y buscar la verdad, entonces podrán obtener el esclarecimiento y la iluminación de la obra del Espíritu Santo, y serán capaces de ganar las bendiciones de Dios. ¿Qué dijo el Señor Jesús? (“Si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” [Mateo 18:19-20]). ¿Qué asunto ilustra esto? Demuestra que el hombre no puede apartarse de Dios, que debe depender de Él, que no puede ir solo y no es aceptable que vaya por libre. ¿Qué se entiende cuando se dice que el hombre no puede hacerlo sin ayuda? Significa que la gente debe cooperar armoniosamente, hacer las cosas con un solo corazón y una sola mente, y tener un objetivo común. Coloquialmente, se puede decir que “las varas que están en un manojo no se pueden romper”. Entonces, ¿cómo puedes convertirte en un manojo de varas? Debes cooperar armoniosamente, llegar a un acuerdo y, entonces, el Espíritu Santo obrará. Si cada persona oculta sus propios secretos, piensa en sus propios intereses y nadie se responsabiliza de la obra de la iglesia, todo el mundo quiere lavarse las manos al respecto, nadie quiere liderar la carga, esforzarse ni sufrir y pagar un precio por ello, ¿hará Su obra el Espíritu Santo? (No). ¿Por qué no? Cuando la gente vive en un estado incorrecto y no le ora a Dios ni busca la verdad, el Espíritu Santo la abandonará, y Dios no estará presente. ¿Cómo van a poseer la obra del Espíritu Santo aquellos que no buscan la verdad? Dios los detesta, de modo que Su rostro está oculto para ellos y el Espíritu Santo se les esconde. Cuando Dios ya no está obrando, puedes hacer lo que te plazca. Una vez que te ha apartado a un lado, ¿acaso no estás acabado? No conseguirás nada. ¿Cómo es que los no creyentes lo pasan tan mal para hacer las cosas? ¿No será que guardan secretos? Guardan sus secretos y son incapaces de lograr nada, todo les resulta agotador hasta el extremo, incluso las cosas más simples. Así es la vida bajo el poder de Satanás. Si actuáis como los no creyentes, entonces ¿en qué os diferenciáis de ellos? No hay diferencia alguna. Si el poder en la iglesia lo ostentan aquellos que no tienen la verdad, si lo ostentan los que están plagados de actitudes satánicas, entonces ¿acaso no es Satanás, de hecho, el que ostenta el poder? Si todas las acciones de las personas que ostentan el poder en la iglesia son contrarias a la verdad, la obra del Espíritu Santo cesa, y Dios los entrega a Satanás. Una vez en manos de Satanás, todo tipo de fealdades, como los celos y las disputas, por ejemplo, surgen entre la gente. ¿Qué se ilustra con estos fenómenos? Que la obra del Espíritu Santo ha cesado. Él se ha marchado y Dios ya no está obrando. Sin la obra de Dios, ¿de qué sirven las simples palabras y doctrinas que el hombre comprende? No sirven de nada. Cuando alguien ya no tiene la obra del Espíritu Santo, está vacío por dentro, ya no puede sentir nada, es como un muerto y, llegado a este punto, está pasmado. Toda la inspiración, la sabiduría, la inteligencia, la perspicacia y el esclarecimiento de la humanidad provienen de Dios; todo es obra Suya. Cuando una persona busca la verdad sobre algún asunto, de pronto alcanza cierto entendimiento y obtiene un camino, ¿de dónde proviene esta iluminación? Proviene toda de Dios. Al igual que cuando la gente habla sobre la verdad; al principio no tiene entendimiento, pero, a medida que la comparte, se ilumina y entonces es capaz de hablar sobre algunas cosas que comprende. Eso es el esclarecimiento y la obra del Espíritu Santo. ¿Cuándo obra mayormente el Espíritu Santo? Cuando el pueblo escogido de Dios comparte la verdad, cuando la gente ora a Dios y hace sus deberes en unión de corazón y mente. Es en esos momentos que el corazón de Dios más se complace. Así pues, ya sea que muchos o pocos de vosotros hagáis el deber juntos, sin importar cuáles sean las circunstancias ni el momento, no os olvidéis de esto: que exista un acuerdo. Viviendo en este estado, tendréis la obra del Espíritu Santo.

Fragmento 41

En la casa de Dios, todos los que persiguen la verdad están unidos ante Dios, no divididos. Todos trabajan con un objetivo común: cumplir con su deber, hacer bien el trabajo que les corresponde, actuar según los principios-verdad, hacer lo que Dios requiere, y satisfacer Sus intenciones. Si tu objetivo no va en ese sentido, sino en beneficio propio, en aras de satisfacer tus deseos egoístas, entonces se trata de la revelación de un carácter corrupto satánico. En la casa de Dios, los deberes se hacen según los principios-verdad, mientras que las acciones de los no creyentes se rigen por su carácter satánico. Son dos sendas muy diferentes. Los no creyentes albergan sus propios planes, cada uno tiene sus propios objetivos y planes, y todos viven para sus propios intereses. Es por eso que todos ellos luchan por cada mínimo beneficio y se niegan a ceder siquiera un ápice. Están divididos, no unidos, ya que no están orientados a un objetivo común. La intención y la naturaleza detrás de sus actos son las mismas. Todos actúan para sí mismos. La verdad no reina en esto; lo que sí reina y manda en todo esto son sus actitudes corruptas satánicas. Están controlados por sus actitudes corruptas satánicas y no lo pueden evitar, por lo cual se hunden cada vez más en el pecado. En la casa de Dios, si el origen, la motivación, los principios y los métodos de vuestras acciones no son diferentes de los de los no creyentes, si también sois manipulados, controlados y dominados por vuestras actitudes corruptas satánicas y si el origen de vuestras acciones son vuestros propios intereses, reputación, orgullo y estatus, entonces la manera en la que hacéis vuestro deber no será diferente de cómo hacen las cosas los no creyentes. Si perseguís la verdad, debéis cambiar la manera de hacer las cosas. Debéis abandonar vuestros propios intereses, vuestras intenciones personales y vuestros deseos. En primer lugar, debéis hablar sobre la verdad al hacer las cosas, y entender las intenciones y los requisitos de Dios antes de repartiros las tareas, con la atención puesta en quién es bueno y malo en qué. Debéis aceptar lo que sois capaces de hacer y aferraros a vuestro deber. No luchéis ni intentéis aferraros a las cosas. Debéis aprender a ceder y a ser tolerantes. Si alguien acaba de comenzar a hacer un deber o acaba de aprender las habilidades de un campo, pero no es capaz de realizar ciertas tareas, no debes forzarlo. Debes asignarle tareas que sean un poco más sencillas. De esta manera, le costará menos obtener resultados al hacer su deber. Esto es ser tolerante y paciente, y tener principios. Forma parte de lo que la humanidad normal debe tener; es lo que Dios requiere de las personas y lo que estas deben practicar. Si tienes cierta habilidad en algún campo y has estado trabajando en él por más tiempo que la mayoría, se te debe asignar el trabajo más complicado. Debes aceptar de parte de Dios y someterte. No seas quisquilloso ni te quejes diciendo: “¿Por qué me complican las cosas a mí? Les dan las tareas fáciles a los demás y a mí me dan las difíciles. ¿Acaso no intentan complicarme la vida?”. ¿Qué quieres decir con que “intentan complicarte la vida”? La organización del trabajo se adapta a cada persona: los que son más capaces hacen más. Si has aprendido mucho y Dios te ha dado mucho, corresponde que se te asigne una carga más pesada, no para complicarte la vida, sino porque eso es precisamente lo adecuado para ti. Es tu deber, así que no intentes elegir, negarte o zafarte. ¿Por qué te parece difícil? En realidad, si te esforzaras un poco, serías totalmente capaz de lograrlo. El hecho de que lo consideres difícil, que es injusto, que se meten contigo adrede, es revelación de un carácter corrupto. Es negarte a realizar el deber y no aceptar nada de parte de Dios. Eso supone no practicar la verdad. Cuando eliges qué deber realizar y haces lo que es sencillo y fácil, y haces solo aquello que te hace quedar bien, este es un carácter satánico corrupto. El hecho de que no seas capaz de aceptar tu deber ni someterte demuestra que aún eres rebelde contra Dios, que te opones a Él y rechazas y evitas Sus arreglos y requisitos. Ese es un carácter corrupto. Cuando te das cuenta de que se trata de un carácter corrupto, ¿qué debes hacer? Si crees que las tareas asignadas a otros se pueden cumplir fácilmente, mientras que las asignadas a ti te mantendrán ocupado durante mucho tiempo y requieren que dediques tiempo a investigar, y eso te hace infeliz, ¿está bien que te sientas así? Desde luego que no. Entonces, ¿qué debes hacer cuando sientas que esto no está bien? Si te resistes y dices: “Cada vez que reparten trabajos, me asignan los que son difíciles, ingratos y exigentes, y encargan a otros los que son ligeros, simples y notorios. ¿Creen que soy alguien a quien puedan avasallar? ¡Esta no es una manera justa de distribuir los trabajos!”. Si esa es tu forma de pensar, es errónea. Independientemente de si hay alguna desviación en la distribución de los trabajos, o de si se reparten razonablemente o no, ¿qué escudriña Dios? Lo que escudriña es el corazón de una persona. Se fija en si alguien tiene un corazón sumiso, si puede asumir algunas cargas por Dios y si ama a Dios. Según los requisitos de Dios, tus excusas no son válidas, tu manera de hacer tu deber no está a la altura de las expectativas y te falta la realidad-verdad. No tienes sumisión alguna y te quejas cuando haces algunas tareas exigentes o ingratas. ¿Cuál es el problema aquí? En primer lugar, tu mentalidad es errónea. ¿Qué significa esto? Significa que tu actitud hacia tu deber es errónea. Si siempre piensas en tu propio orgullo y tus propios intereses, y no tienes consideración con las intenciones de Dios, ni tienes sumisión alguna, esa no es la actitud correcta que debes tener hacia tu deber. Si te esforzaras por Dios sinceramente y tuvieras un corazón amante de Dios, ¿cómo abordarías las tareas pesadas o las que son exigentes o duras? Tu mentalidad sería diferente: elegirías hacer las tareas que sean difíciles y buscarías expresamente asumir cargas pesadas, haciendo lo que otras personas están poco dispuestas a hacer y lo harías únicamente por amor a Dios y para satisfacerlo. Rebosarías alegría sin ningún atisbo de queja. Enfrentarse a las tareas pesadas, exigentes, o a las tareas que son difíciles, revela a las personas. ¿En qué eres diferente de las personas que solo aceptan tareas ligeras y notorias? No eres mejor que ellas. ¿Acaso no es así? Así es como debes ver estas cosas. Por tanto, lo que más revela a las personas tal como son es su manera de hacer su deber. Algunas personas dicen grandes cosas en circunstancias normales y manifiestan que están dispuestas a amar y a someterse a Dios, pero en el momento en el que se encuentran con una dificultad en la ejecución de su deber, sueltan toda clase de quejas y palabras negativas. Son hipócritas. Si alguien ama la verdad, al enfrentarse a una dificultad en la realización de su deber orará a Dios, buscará la verdad y tratará su deber con seriedad, aun en el caso de que no esté organizado de manera adecuada. No se quejará, incluso cuando afronte tareas exigentes, tareas pesadas o difíciles, así como puede hacer bien sus tareas y hacer bien su deber con un corazón sumiso a Dios. Siente un gran disfrute al hacerlo y Dios se reconforta al verlo. Esta es la clase de persona que cuenta con la aprobación de Dios. Si alguien se llena de quejas por dentro —y se muestra desafiante e insatisfecho— cuando tiene que hacer tareas pesadas, exigentes o difíciles y no permite que nadie lo critique o lo enfade, no es una persona que se esfuerce por Dios sinceramente. Lo único que puede pasarle es que se le ponga en evidencia y se le descarte. En casos normales en los que tenéis estos estados, ¿sois capaces de percibir la gravedad de este problema? (En parte). Si podéis percibir parte del problema, ¿podéis darle la vuelta con vuestra propia fuerza, vuestra propia fe y vuestra propia estatura? Debes cambiar esta actitud. Primero debes pensar: “Esta actitud es errónea. ¿No me está llevando a elegir por conveniencia en la ejecución de mi deber? Esto no es sumisión. La ejecución de mi deber debe ser un motivo de felicidad, algo que hago de buen grado y con alegría. ¿Por qué no estoy feliz y por qué me enojo? Sé perfectamente cuál es mi deber y eso es lo que debo hacer. ¿Por qué no puedo simplemente someterme? Debo comparecer ante Dios y orar, y llegar a conocer la revelación de este carácter corrupto en lo hondo de mi corazón”. Entonces, mientras lo haces, debes orar: “Dios, me he acostumbrado a comportarme de manera obstinada, ya no escucho a nadie. Mi actitud es errónea y no tengo sumisión. Te ruego que me disciplines y hagas que sea sumiso. No quiero enojarme. No quiero volver a rebelarme contra Ti. Haz que me conmueva y que pueda realizar bien este deber. No estoy dispuesto a vivir por Satanás; estoy dispuesto a vivir por la verdad y a practicarla”. Al orar de esta manera, tu estado interior mejorará, y cuando ese estado mejore, serás capaz de someterte. Pensarás: “Esto no es gran cosa, realmente. Simplemente hago más cuando otros hacen menos, no me divierto cuando ellos sí ni hablo distraídamente mientras que ellos sí lo hacen. Dios me ha encomendado una carga extra, una carga pesada; esa es Su consideración hacia mí, Su favor hacia mí, y eso demuestra que puedo soportar esta carga pesada. Dios es muy bueno conmigo, y debo ser sumiso”. Y tu actitud habrá cambiado, sin que te hayas dado cuenta. Tu actitud no era buena cuando al principio aceptaste tu deber. Eras incapaz de someterte, pero has podido cambiarlo rápidamente y aceptar inmediatamente el escrutinio y la disciplina de Dios. Has podido comparecer ante Dios sin demora con una actitud obediente, la de aceptar y practicar la verdad, hasta que pudiste aceptar tu deber enteramente de Dios y cumplirlo con todo el corazón. Esto comporta un proceso de lucha. Este proceso de lucha es el proceso de tu cambio, el proceso de tu aceptación de la verdad. Sería imposible que las personas estuvieran dispuestas y contentas y que se sometieran a cualquier cosa que se cruzara en sus caminos sin cuestionarse nada. Si las personas pudieran hacer eso, significaría que no tendrían un carácter corrupto y que no necesitarían que Dios expresara la verdad para salvarlas. Las personas tienen ideas; tienen actitudes erróneas; tienen estados erróneos y negativos. Todos estos son problemas reales que existen. Pero cuando estos estados negativos, las emociones negativas y el carácter corrupto se apoderan y toman el control de tu conducta, de tus pensamientos y de tu actitud, lo que haces, tu manera de practicar y la senda por la que eliges ir dependerán de tu actitud hacia la verdad. Puedes tener emociones o estar en un estado negativo o rebelde, pero cuando esto se manifieste durante la ejecución de tu deber, le darás la vuelta fácilmente porque compareces ante Dios, porque entiendes la verdad, porque buscas a Dios y porque tienes una actitud de sumisión y aceptación de la verdad. Entonces no tendrás ningún problema para hacer bien tu deber y serás capaz de vencer la limitación y el control que el carácter satánico corrupto tiene sobre ti. Al final, cumplirás satisfactoriamente tu deber y cumplirás la comisión de Dios y obtendrás la verdad y vida. El proceso de hacer el deber de las personas y ganar la verdad también es un proceso de cambio de carácter. En la ejecución de sus deberes, las personas reciben el esclarecimiento y la iluminación del Espíritu Santo, comprenden la verdad y entran en la realidad. También al encontrarse con dificultades en la ejecución de sus deberes, comparecen ante Dios a menudo para orar, para buscar y captar Sus intenciones con el fin de resolverlas, de manera que puedan hacer sus deberes normalmente. En la ejecución de sus deberes, Dios disciplina a las personas, y estas viven bajo la dirección del Espíritu Santo, aprenden gradualmente a hacer las cosas de acuerdo con los principios-verdad y llegan a hacer su deber de una manera que sea acorde al estándar. Así es como la verdad lleva las riendas de tu corazón y lo dirige.

Algunas personas, sin importar el problema al que se enfrenten cuando hacen sus deberes, no buscan la verdad y siempre actúan de acuerdo con sus propias nociones, imaginaciones, pensamientos y deseos. De principio a fin, están satisfaciendo sus propios deseos y actuando bajo el gobierno de sus actitudes corruptas. Puede parecer que siempre han estado haciendo sus deberes, pero como nunca han aceptado la verdad y no han hecho las cosas según los principios-verdad, al final no consiguen la verdad y vida y se convierten en servidores dignos de ser llamados así. Así pues, ¿en qué confían estas personas en la realización de sus deberes? No confían ni en la verdad ni en Dios. Ese poco de verdad que entienden no ha reinado en su corazón; confían en sus propios dones y talentos, en cualquier conocimiento que hayan adquirido, así como en su propia fuerza de voluntad o buenas intenciones, para hacer sus deberes. Y siendo este el caso, ¿serán capaces de hacer sus deberes de una manera que sea acorde al estándar? Cuando las personas confían en sus nociones, figuraciones, conocimiento y aprendizaje para hacer sus deberes, aunque exteriormente estén haciendo sus deberes, y no parezcan haber cometido ningún mal, no han puesto la verdad en práctica. En ese caso, ¿es todo lo que han hecho verdadera sumisión a Dios? ¿Puede satisfacer a Dios? También hay otro problema que no se puede ignorar: durante el proceso de hacer tu deber, si tus nociones, figuraciones y tu propia voluntad nunca cambian, esto prueba que nunca has aceptado la verdad y, en ese caso, en todo lo que haces actúas por tu propia voluntad y no actúas de acuerdo con los principios-verdad. ¿Cuál será entonces el resultado final? No tendrás entrada en la vida, te convertirás en un servidor, cumpliendo así las palabras del Señor Jesús: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?’. Y entonces les declararé: ‘Jamás os conocí; apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad’” (Mateo 7:22-23). ¿Por qué llama Dios malhechores a estas personas que se esfuerzan y rinden servicio? Hay un aspecto del que podemos estar seguros, y es que, independientemente de los deberes o la obra que hagan estas personas, sus motivaciones, ímpetus, intenciones y pensamientos surgen enteramente de sus propios deseos y son completamente en aras de sus propios intereses y perspectivas, así como también en aras de resguardar su orgullo y estatus y satisfacer su vanidad. Todas sus consideraciones y sus cálculos se centran en torno a estas cuestiones, no existe la verdad en su interior y no tienen un corazón que tema y se someta a Dios. Esta es la raíz del problema. En la actualidad, ¿de qué manera es fundamental que abordéis vuestra búsqueda? En todas las cosas, debéis buscar la verdad y debéis hacer vuestro deber adecuadamente según las intenciones de Dios y lo que Él pide. Si lo haces, recibirás la aprobación de Dios. Entonces, ¿qué es lo que se necesita específicamente para hacer el deber de acuerdo con lo que Dios pide? En todo lo que hagas, debes aprender a orar a Dios, debes reflexionar sobre qué intenciones tienes, qué pensamientos, y si estas intenciones y pensamientos concuerdan con la verdad; si no lo hacen, deben abandonarse, tras lo cual debes actuar según los principios-verdad y aceptar el escrutinio de Dios. Así te asegurarás de poner en práctica la verdad. Si eres bien consciente de que las intenciones y objetivos detrás de tus palabras y acciones vulneran la verdad y no cumplen con las intenciones de Dios, pero aun así no le oras, no haces introspección ni buscas la verdad para resolverlos, esto es peligroso y es fácil que cometas maldades y hagas cosas que se resisten a Dios. Si cometes maldades una o dos veces y te arrepientes, sigues teniendo esperanza de salvación. Si sigues cometiendo maldades y continúas sin arrepentirte en este punto, estás en problemas: Dios te dejará de lado o renunciará a ti, lo que significa que corres el riesgo de ser descartado; la gente que comete toda clase de acciones malvadas sin duda será castigada y descartada.

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