XI Palabras clásicas sobre la entrada en la realidad de la verdad

(VII) Palabras sobre cómo ser una persona honesta

84. Debéis saber que a Dios le gusta el hombre honesto. Dios posee la esencia de la fidelidad, y por lo tanto siempre se puede confiar en Su palabra. Más aún, Sus acciones son intachables e incuestionables. Es por esto por lo que a Dios le gustan aquellos que son absolutamente honestos con Él. Honestidad significa dar vuestro corazón a Dios; nunca le ser falso en nada a Él; ser abierto con Él en todas las cosas, nunca esconderle la verdad; nunca hacer cosas que engañen a los de arriba o a los de abajo y nunca hacer nada sólo para congraciarte con Dios. En pocas palabras, ser honesto es abstenerse de impurezas en vuestras acciones y palabras, y no engañar ni a Dios ni al hombre. Lo que hablo es muy simple, pero es doblemente arduo para vosotros. Muchos preferirían ser condenados al infierno que hablar y actuar con honestidad. No es de extrañar que Yo tenga otro trato reservado para aquellos que son deshonestos. Por supuesto que entiendo bien la gran dificultad a la que os enfrentáis al tratar de ser personas honestas. Todos vosotros sois increíblemente inteligentes y hábiles para juzgar a un caballero con vuestro criterio pequeño y mezquino, lo que hace que Mi obra sea mucho más simple. Y puesto que cada uno de vosotros alberga secretos en vuestro corazón, entonces os enviaré uno por uno al desastre para ser “instruidos” por el fuego, para que a partir de ese momento os comprometáis totalmente a creer en Mis palabras. Por último, arrancaré de vuestra boca las palabras “Dios es un Dios fiel”, tras lo cual os golpearéis el pecho y os lamentaréis, diciendo: “¡Tortuoso es el corazón del hombre!”. ¿Cuál será vuestro estado de ánimo en ese momento? Me imagino que no os dejaréis llevar tanto por vuestra arrogancia como ocurre en el presente. Y que, mucho menos, seréis “demasiado profundos para ser comprendido” como lo sois ahora. Algunos se comportan mojigata y decentemente en presencia de Dios, y, particularmente, “con buenos modales”, pero se vuelven desafiantes y desenfrenados en presencia del Espíritu. ¿Contaríais a un hombre así en las filas de los honestos? Si eres un hipócrita y experto en socializar, entonces Yo te digo que definitivamente eres uno de los que juega con Dios. Si tus palabras están llenas de excusas y justificaciones que nada valen, entonces Yo te digo que eres alguien muy poco dispuesto a practicar la verdad. Si tienes muchas confidencias que eres reacio a compartir y estás muy poco dispuesto a dejar al descubierto tus secretos —es decir, tus dificultades— ante los demás con el fin de buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que no recibirá la salvación fácilmente y que no saldrá fácilmente de las tinieblas. Si buscar el camino de la verdad te causa placer, entonces eres alguien que vive siempre en la luz. Si te sientes muy contento de ser un hacedor de servicio en la casa de Dios, trabajando de forma diligente y concienzuda en la oscuridad, siempre dando y nunca quitando, entonces Yo te digo que eres un santo leal, porque no buscas ninguna recompensa y estás simplemente siendo un hombre honesto. Si estás dispuesto a ser franco, si estás dispuesto a esforzarte al máximo, si eres capaz de sacrificar tu vida por Dios y mantener el testimonio, si eres honesto hasta el punto en que sólo sabes satisfacer a Dios y no considerarte o tomar las cosas para ti mismo, entonces Yo digo que este tipo de persona es la que se alimenta en la luz y vivirá para siempre en el reino.

de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

85. Vuestro destino y vuestro sino son muy importantes para vosotros: son motivo de gran preocupación. Creéis que si no hacéis las cosas con gran cuidado, equivaldrá a no tener destino, y a la destrucción de vuestra suerte. ¿Pero se os ha ocurrido alguna vez que si los esfuerzos que uno invierte sólo son por el bien de su destino, no son más que una labor improductiva? Semejantes esfuerzos no son genuinos; son falsos y engañosos. Si este es el caso, los que trabajan por su destino recibirán su derrota final, porque los fracasos de las personas, en su creencia en Dios, suceden por culpa del engaño. Ya he dicho con anterioridad que no quiero ser adulado, lisonjeado ni tratado con entusiasmo. Me gusta que las personas honestas se enfrenten a Mi verdad y a Mis expectativas. Más aún, me gusta que las personas sean capaces de mostrar el máximo cuidado y la máxima consideración hacia Mi corazón y que puedan abandonarlo todo por amor a Mí. Sólo así puede Mi corazón ser consolado.

de ‘Acerca del destino’ en “La Palabra manifestada en carne”

86. Buscar la verdad es lo más importante y practicarla es, de hecho, muy sencillo. Debes comenzar siendo una persona honesta y hablando sinceramente, y abriendo tu corazón a Dios. Si hay algo acerca de lo cual te sientas muy avergonzado como para hablarlo con tus hermanos y hermanas, entonces debes arrodillarte y decírselo a Dios por medio de la oración. Debes comenzar siendo honesto con Él. Dile a Dios lo que tienes en tu corazón; no des cumplidos vacíos ni intentes engañarlo. Si has sido débil, entonces di que has sido débil; si has sido malvado, entonces di que has sido malvado; si has sido mentiroso, entonces di que has sido mentiroso; si has tenido pensamientos viciosos e insidiosos, cuéntale a Dios sobre ellos. Si siempre estás compitiendo por obtener una posición, también díselo a Dios. Permite que Dios te discipline; permítele que Él disponga un ambiente para ti. Permite que Dios te ayude a superar todas tus dificultades y a resolver todos tus problemas. Debes abrir tu corazón a Dios; no lo dejes fuera. Aun si lo dejas fuera, Él puede ver lo que hay dentro de ti, pero si te abres a Él, puedes obtener la verdad. Así pues, ¿qué senda dirías que debes escoger? Si las personas desean obtener la verdad, deben comenzar siendo honestas y, por ningún motivo, montar una farsa … Tu corazón solo puede abrirse si practicas la honestidad, y solo una vez que tu corazón se ha abierto puede entrar la verdad en ti y, a su vez, puedes entenderla y obtenerla. Si tu corazón está siempre cerrado y nunca hablas sinceramente con nadie y siempre eres evasivo, entonces, al final, te arruinarás y serás incapaz de comprender u obtener cualquier verdad.

de ‘Seis indicadores de progreso en la vida’ en “Registros de las pláticas de Cristo”

87. Para ser honesto, primero debes desnudar tu corazón de modo que todos puedan verlo, ver todo lo que estás pensando y ver tu verdadero rostro; no debes fingir o tratar de cubrirte. Sólo entonces confiarán las personas en ti y te considerarán honesto. Esta es la práctica más fundamental y es el prerrequisito para ser honesto. Siempre estás fingiendo, aparentando santidad, virtud, grandeza y cualidades morales elevadas. No permites que nadie vea tu corrupción y tus defectos. Presentas una falsa imagen de ti a las personas, para que crean que eres recto, noble, abnegado, imparcial y desinteresado. Esto es engaño. No finjas y no te encubras; más bien, ponte al descubierto y desnuda tu corazón para que los demás lo vean. Si puedes abrir tu corazón para que otros lo vean; esto es, si puedes exponer todo lo que piensas y planeas hacer en tu corazón —sea positivo o negativo—, ¿no estarás siendo honesto? Si eres capaz de desnudarte para que otros vean, Dios también te verá y dirá: “Te has desnudado para que otros vean y, por tanto, no cabe duda de que también eres honesto delante de Mí”. Si sólo te desnudas delante de Dios, fuera de la vista de los demás, y siempre finges ser noble y virtuoso, o justo y desinteresado delante de ellos, entonces ¿qué pensará Dios? ¿Y qué dirá Dios? Dios dirá: “Eres auténticamente deshonesto; eres totalmente hipócrita y mezquino y no eres honesto”. Dios te condenará, por consiguiente. Si deseas ser honesto, entonces, independientemente de lo que hagas delante de Dios o de las personas, deberías poder abrirte y exponerte.

de ‘La práctica verdaderamente fundamental de ser una persona honesta’ en “Registros de las pláticas de Cristo

88. Hoy en día, la mayoría de la gente siente demasiado temor en presentar sus acciones ante Dios y, aunque podrías engañar a Dios encarnado, no puedes engañar al Espíritu de Dios. Toda lo que no pueda soportar la observación de Dios no está acorde con la verdad y, por lo tanto, debe ser descartada o estarías pecando contra Dios. Así que, sin importar si lo haces cuando estás orando, cuando hablas y te comunicas con tus hermanos y hermanas, o cuando desempeñas tus deberes y cumples con tu trabajo, debes exponer siempre tu corazón ante Dios. Cuando cumples con tu deber, Dios está contigo y, mientras tu propósito sea correcto y esté a favor de la obra de la casa de Dios, Dios aceptará todo lo que hagas, por lo que debes dedicarte seriamente a cumplir con tu deber. Si cuando oras tienes amor por Dios en tu corazón y tu propósito es la búsqueda del cuidado de Dios, Su protección y Su observación, entonces tus oraciones serán efectivas. Por ejemplo: cuando oras en las reuniones, si abres tu corazón y oras a Dios y le dices lo que hay en tu corazón sin falsedades, entonces tus oraciones serán seguramente efectivas.

de ‘Dios perfecciona a quienes siguen Su propio corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

89. Hoy, ninguna persona que no pueda aceptar la observación de Dios puede recibir la aprobación de Dios y quien no conozca a Dios encarnado no puede ser perfeccionado. Mírate y pregúntate si todo lo que haces puede ser presentado ante Dios. Si no puedes presentar todo lo que haces ante Dios, esto demuestra que eres malvado. ¿Pueden los malvados ser perfeccionados? Todo lo que haces, cada acción, cada intención y cada reacción, debe ser presentadas ante Dios. Incluso tu vida espiritual diaria: tus oraciones, tu cercanía con Dios, comer y beber de la Palabra de Dios, compartir con tus hermanos y hermanas, vivir la vida de la iglesia y tu servicio de manera coordinada, deben ser presentadas ante Dios y ser observadas por Él. Es este tipo de práctica la que te ayudará a madurar en la vida. El proceso de aceptar la observación de Dios es el proceso de purificación. Cuanto más aceptes la observación de Dios, más eres purificado y más estarás de acuerdo con la voluntad de Dios, de modo que no oirás el llamado del libertinaje y la disipación y tu corazón vivirá en la presencia de Dios; cuanto más aceptes la observación de Dios, más avergüenzas a Satanás y abandonas las tentaciones carnales. Por ende, la aceptación de la observación de Dios es un camino que la gente debe practicar. No importa lo que hagas, incluso cuando comunicas con tus hermanos y hermanas, si presentas tus actos ante Dios y buscas Su observación, y si tu propósito es obedecer a Dios mismo, lo que practicas será mucho más correcto. Solo si presentas todo lo que haces ante Dios y aceptas Su observación, podrás ser una persona que verdaderamente vive en la presencia de Dios.

de ‘Dios perfecciona a quienes siguen Su propio corazón’ en “La Palabra manifestada en carne”

90. Deberías saber si existe verdadera fe y lealtad dentro de ti, si tienes un registro de sufrimiento por Dios, y si te has sometido enteramente a Él. Si careces de estas cosas, entonces dentro de ti sigue existiendo desobediencia, engaño, codicia y descontento. Debido a que tu corazón dista mucho de ser honesto, nunca has recibido el reconocimiento favorable de Dios y nunca has vivido en la luz. Cómo resulte el destino del hombre al final depende de si él tiene un corazón honesto y rojo como la sangre, y de si él tiene un alma pura. Si eres alguien muy deshonesto, alguien con un corazón malicioso y un alma sucia, entonces seguramente terminarás en el lugar donde el hombre es castigado, como está escrito en el registro de tu destino. Si afirmas que eres muy honesto y, no obstante, nunca consigues actuar de acuerdo con la verdad o pronunciar una palabra de verdad, entonces, ¿sigues esperando que Dios te recompense? ¿Todavía esperas que Dios te considere como la niña de Sus ojos? ¿Acaso no es absurda esta forma de pensar? Engañas a Dios en todas las cosas, así que, ¿cómo puede la casa de Dios dar cabida a alguien como tú cuyas manos no están limpias?

de ‘Tres advertencias’ en “La Palabra manifestada en carne”

91. En los caracteres de las personas normales no hay deshonestidad ni engaño, las personas tienen una relación normal entre ellas, no están solas y sus vidas no son ni mediocres ni decadentes. Así, también, Dios es exaltado entre todos, Sus palabras se propagan entre los hombres, las personas viven en paz unas con otras y bajo el cuidado y protección de Dios, la tierra está llena de armonía, sin la interferencia de Satanás, y la gloria de Dios tiene la máxima importancia entre los hombres. Tales personas son como ángeles; puros, animados, sin quejarse nunca de Dios y dedicando todos sus esfuerzos solamente a la gloria de Dios en la tierra.

de ‘Capítulo 16’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

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