Cómo perseguir la verdad (11) Parte 1

Apéndice: La senda que recorren las personas determina lo que acaban recogiendo

¿Cuál es el propósito de creer en Dios? ¿Es obtener gracia y bendiciones? ¿Es evitar vivir una vida vacía y liberarte de aspiraciones vulgares? (No). ¿Cuál es entonces? (Obtener la verdad). Es obtener la verdad, obtener la vida. Entonces, ¿todo lo que hacen las personas cada día va dirigido hacia este objetivo? El tiempo y la energía que dedicas a la realización de tu deber cada día, ¿es todo en aras de este objetivo? Las personas creen en Dios sin el objetivo claro de obtener la verdad. En su corazón, están confusas respecto a este aspecto de las visiones y no saben cuál es el propósito de creer en Dios. Es como si solo supieran en su corazón que se trata de obtener bendiciones; pero ¿qué debería hacer uno para obtener bendiciones? No saben que obtener bendiciones requiere entender la verdad, practicar la verdad y perseguir la verdad. Por tanto, ¿son personas que persiguen la verdad? Tampoco están seguras de esto. Piensan: “Este no es un gran problema. Creo sinceramente en Dios; Él no me abandonará. Aunque la gente diga que no soy alguien que persigue la verdad, eso no importa”. A veces, cuando ven a otros compartir su testimonio vivencial mientras que ellas mismas no pueden compartir ninguno, además se sienten molestas, un poco ansiosas y angustiadas en su corazón. Pero, más a menudo, les parece que no es un gran problema. Tal que así, en un abrir y cerrar de ojos pasan cinco años y luego pasan diez; algunas personas están ahora en la treintena o tienen más de cuarenta años, mientras otras superan los cincuenta, no se han casado y siempre están haciendo su deber. Hasta este momento, ¿cuánta verdad han obtenido? ¿Tienen vida? Ni ellas mismas tienen esa certeza. Sienten: “Parece que he entendido bastante de la verdad y puedo predicar muchos sermones; debería tener vida, ¿cierto?”. Ya sea durante las reuniones o cuando se encuentran con problemas en sus deberes, pueden hablar largo y tendido, como si entendieran todas las verdades, pero no pueden resolver ningún problema real. No importa lo altisonantes que sean las doctrinas de las que hablen, en la realización de sus deberes todavía no pueden actuar de acuerdo con los principios-verdad e incluso siguen todavía su propia voluntad en muchos asuntos, sin entender los principios-verdad en lo más mínimo. Y por tanto, se sienten confundidas en su interior: “¿Soy realmente alguien que entiende la verdad o no?”. No saben si son alguien que entiende la verdad. Entonces, ¿son personas que persiguen la verdad y la practican? Ellas mismas tampoco tienen certeza sobre ello. Por tanto, ¿han obtenido realmente la verdad o no? Lo siguen dudando. Entonces, ¿tienen realmente vida o no? ¿Y qué es la vida exactamente? ¿Qué siente una persona al tener vida? ¿Qué cambios se producen en el día a día de alguien cuando tiene vida? ¿Cómo cambiarán sus pensamientos? ¿Qué cambios ocurrirán en su humanidad? Las personas no tienen claro nada de esto. Por muchos años que hayan creído en Dios, cuando hablan sobre algún aspecto de la verdad, pueden predicar algunas palabras y doctrinas; pero cuando están involucrados los principios de practicar la verdad, no pueden explicarlos con claridad. En particular, después de que las hayan podado por ir en contra de los principios en sus acciones, algunas personas no solo se vuelven negativas, sino que además se quedan perplejas y dudan de sí mismas, dicen: “¿He obtenido realmente vida o no? ¿Ocupa la verdad un lugar en mi corazón? ¿Se ha convertido en mi vida? ¿Puedo realmente aún lograr la salvación?”. Están confusas respecto a todos estos asuntos que implican la verdad, pero cuando se trata de asuntos externos que no implican la verdad, los recuerdan muy claramente. Por ejemplo, cuántos años, meses y días han creído en Dios, en qué nivel de líder u obrero han servido, qué deberes han hecho, cuánto trabajo de iglesia han realizado, a cuántos lugares han viajado, a cuántas personas han convertido al predicar el evangelio, cuántas iglesias han regado, cuánto han sufrido al entregarse para Dios, cuánto dinero han ofrendado, qué cosas han donado a los hermanos y hermanas, durante cuánto tiempo han estado arrestadas y encarceladas, cuántas palizas les han dado, a cuánta tortura han sido sometidas, cuántas veces se han mantenido firmes en su testimonio por Dios y otras cosas más; graban todas estas cuestiones externas en su memoria, les vienen a la mente a menudo. Llevan la cuenta de todo esto en su cabeza, recuerdan con claridad todos y cada uno de los sucesos y nunca los olvidan. Pero en lo que respecta a cuántas verdades entienden y cuánta realidad poseen, siempre hacen un recuento confuso de esto. Nunca tienen en claro en su mente qué verdades entienden, qué verdades han puesto en práctica, y si pueden atenerse a la verdad y actuar de acuerdo con los principios cuando les suceden cosas; de todo esto hacen un recuento confuso. Tampoco tienen claro en su mente de cuáles de sus actitudes corruptas tienen un auténtico entendimiento, si las han desechado, y qué actitudes corruptas revelan a menudo pero no han desechado; hacen un recuento confuso de todo esto. Después de creer en Dios durante tantos años, qué verdades pueden poner en práctica y respecto de cuáles no lo han hecho, en qué aspectos de la verdad han hecho progresos y cuánto han progresado; hacen un recuento confuso de todo esto. Respecto a lo que viven exactamente en cuanto a su humanidad —ya posean conciencia y razón y ya hayan vivido la humanidad normal—, el recuento que hacen de todo esto es confuso. Cuántos de sus deberes han hecho con sinceridad y lealtad, cuántos deberes se hicieron con negligencia deliberada, cuántos se hicieron acorde al estándar y cuántos no han estado todavía acorde al estándar, en qué deberes han sido capaces de actuar de acuerdo a los principios, de modo que su realización de estos deberes satisfaga a Dios y se conforme a Sus intenciones, así como en qué deberes no han captado todavía los principios-verdad y no han logrado satisfacer a Dios; hacen un recuento confuso de todo esto. Exactamente en qué aspectos pueden cumplir los requerimientos de Dios y someterse a Él, hasta qué punto se han sometido a Dios, en qué aspectos todavía no pueden someterse a Dios, qué ha causado su incapacidad para someterse a Dios y cómo debería ser su entrada para avanzar; en cuanto a todas estas cosas, no tienen planes ni piensan en ello y, por supuesto, menos aún tienen una senda clara. Tras haber creído en Dios durante muchos años, no saben cuántas cosas han hecho para salvaguardar los intereses de la casa de Dios o cuántas buenas obras han preparado; no saben cuánta maldad han hecho o cuántas cosas han hecho que hayan causado trastornos y perturbaciones; en su recuerdo, parece que han hecho algunas de estas cosas, pero no saben si se han arrepentido después de hacer el mal. Aunque a veces pueden darse cuenta de que han hecho maldad y se sienten molestas, así como han orado a Dios y confesado sus pecados, ¿han obtenido el perdón de Dios? ¿Hay alguna acusación en su corazón? Tampoco saben estas cosas. Piensan: “¿A quién le importa si me siento acusado o no? En cualquier caso, ahora estoy viviendo bastante cómodamente; todavía estoy haciendo mi deber”. Entonces, ¿cuántas buenas obras han hecho en la realización de su deber? Tampoco pueden saberlo con claridad, sin embargo, sienten que han hecho unas cuantas buenas obras; recientemente, predicaron el evangelio y convirtieron a dos personas. Tienen este pequeño número de buenas obras, pero hacen las cosas sin principios e incluso actúan de acuerdo con su propia voluntad y de manera arbitraria e imprudente; ¿cuenta esto como acciones malvadas? Tampoco lo tienen claro. Piensan que, dado que la iglesia no se ha encargado de ellas y los líderes no las han podado ni les han pedido cuentas por estas cuestiones, entonces no son acciones malvadas; si se les pidieran cuentas, estas cosas tal vez serían acciones malvadas. No saben cuántas buenas obras han preparado. No saben nada respecto a si las cosas que están haciendo actualmente son buenas obras o acciones malvadas, cuántas de ellas son buenas obras, cuántas acciones malvadas, cuántas se ajustan a los principios-verdad, cuántas van en contra de los arreglos del trabajo y los principios-verdad. Nunca han tenido un registro de todos estos asuntos. En cualquier caso, todos los días comen y se van a dormir a su hora, se levantan a la hora fijada para las devociones espirituales o para el trabajo y mantienen el mismo estado mientras trabajan y los mismos pasos del trabajo que el día anterior; hacen las cosas que siempre han hecho. Nunca han llegado a conocer o resumir de manera específica o sistemática las cuestiones relativas a perseguir la verdad y entrar en la realidad-verdad o desechar las actitudes corruptas y obtener la vida. Por tanto, cualquier cosa que implique perseguir la verdad o la entrada en la vida es para ellos un relato confuso. Dime, si alguien vive todos los días de esta manera, en un estado semejante, ¿no está atolondrado? (Sí). “Atolondrado” es una expresión literaria; en términos coloquiales, significa ir a la deriva y sin rumbo. ¿Es bueno o no este estado de vivir, este estado de existir? (No es bueno). En apariencia, no exhibe obvios comportamientos o manifestaciones de resistirse a Dios, pero en lo que respecta a asuntos relativos a perseguir la verdad y a la entrada en la vida, está confuso y no se lo toma en serio. Este estado es exactamente lo que significa estar atolondrado. Esto demuestra claramente el problema de una persona y revela claramente la senda que recorre al creer en Dios.

En lo que respecta a las cuestiones de perseguir la verdad y la entrada en la vida en el proceso de creer en Dios, con independencia de la actitud, los deseos subjetivos o las manifestaciones de una persona, a ojos de Dios, el estado en el que esta se encuentra demuestra qué senda está recorriendo. Algunas personas, desde el momento en que empiezan a creer en Dios, no aman la verdad y, por mucho que se comparta la verdad, no la aceptan. La senda que recorren es una que va directa hacia la muerte y el infierno. Algunas personas, cuando empiezan a creer en Dios, no entienden Sus requerimientos y solo buscan obtener bendiciones y entrar en el reino de los cielos. Sin embargo, al comer y beber continuamente las palabras de Dios, llegan a entender la verdad y son capaces de perseguirla, así como pueden soportar la adversidad y pagar un precio en aras de obtener la verdad. Al final, se puede ver que la senda que recorren conduce a la luz y al reino de los cielos. En cuanto a las cuestiones de la entrada en la vida, de manera similar, la mayoría de las personas no son claras en sus objetivos y permanecen en un estado de confusión. Sin embargo, a juzgar por las manifestaciones de estas personas, algunas no aceptan la verdad en absoluto, son superficiales de manera constante en la realización de su deber y, después de creer en Dios durante muchos años, no han cambiado en lo más mínimo; la senda que recorren lleva a la destrucción y al infierno. Por otro lado, algunas personas son capaces de aceptar la verdad, pueden aceptar la poda en la realización de su deber, tienen algo de auténtica sumisión y llegan poco a poco a hacer sus deberes de una manera acorde al estándar; la senda que recorren lleva a la luz y al reino de los cielos. Aquellas que no aceptan la verdad en lo más mínimo —en otras palabras, aquellas que van directas a la senda de la destrucción— en la realización de su deber, hacen el mal sin cesar y a menudo cometen actos que van contra la verdad y que Dios detesta, perturbando la vida de iglesia y el trabajo de la iglesia. Estas personas exhiben algunas manifestaciones “especiales”. Es decir, desde el momento en que empezaron a creer en Dios hasta ahora, nunca se han arrepentido y, en la realización de su deber, son a menudo superficiales, evasivas y holgazanas, eligen tareas fáciles y eluden las difíciles, y no salvaguardan los intereses de la casa de Dios; son especialmente egoístas y despreciables y solo les importa su propio goce. Esto es también una característica de esta gente. Hay algunas personas que son incluso más malvadas; en el transcurso de hacer su deber, se desbocan cometiendo fechorías y actúan arbitraria e imprudentemente, nunca practican ni ponen en marcha el trabajo de acuerdo con los arreglos del trabajo. Además, hay personas que en su deber con frecuencia compiten por estatus, se ensalzan y dan testimonio de sí mismas y atraen a la gente para establecer su propio reino independiente. También están aquellas que, mientras hacen su deber, roban y malgastan las ofrendas y traicionan los intereses de la casa de Dios. ¿Son estas manifestaciones positivas o negativas? (Negativas). Estas personas han exhibido tales manifestaciones desde el momento en que empezaron a creer en Dios. La casa de Dios sigue dándoles oportunidades; se dispone que algunas personas que tienen un poco de calibre hagan el deber de supervisoras, pero después de un periodo de desempeño deficiente, se arregla que hagan un deber unidimensional; sin embargo, incluso en un deber unidimensional, siguen siendo superficiales, se desbocan cometiendo fechorías, actúan de manera arbitraria e imprudente, causan trastornos y perturbaciones y algunas incluso compiten por estatus y poder, sin salvaguardar los intereses de la casa de Dios. Cuando tienen la oportunidad, incluso roban y malgastan las ofrendas. Da igual los años que lleven creyendo en Dios, estas manifestaciones no han disminuido ni cambiado en lo más mínimo en ellas. Al final, ¿qué se ve en ellas? Se ve que, en la realización de su deber, estas personas actúan constantemente de manera superficial, son evasivas y holgazanean, eligen tareas fáciles, eluden las difíciles e incluso disfrutan de la comodidad carnal y actúan irresponsablemente. Sus manifestaciones no son ocasionales ni temporales, sino constantes; para ellas esto resulta problemático. En la realización de su deber, se comportan constantemente de manera superficial, van desbocadas cometiendo fechorías, causan trastornos y perturbaciones y, les hable quien les hable, no cambian. Por muchos sermones que oigan, nunca se arrepienten ni hay remordimiento en su corazón. También están aquellas que constantemente compiten por estatus, traicionan los intereses de la casa de Dios y nunca salvaguardan los intereses de la casa de Dios. ¿Es fácil de entender la palabra “constantemente”? Sea quien sea aquel que al realizar su deber actúe de manera superficial, sea arbitrario y temerario o tenga algunas malas manifestaciones, la casa de Dios siempre le da muchas oportunidades para arrepentirse. Sus manifestaciones temporales nunca son motivo para que se le despida y ya no se le permita hacer su deber. En su lugar, se le exhorta repetidas veces, se comparte con él la verdad, se le ayuda y apoya con amor. Además, el Espíritu Santo lo conmueve, esclarece y reprende en mayor medida. Las personas hacen el trabajo y el Espíritu Santo también; sin embargo, en su corazón, las personas así son simplemente intransigentes y sienten aversión por la verdad. Nunca la aceptan, así como tampoco aceptan nunca la ayuda, las críticas, el seguimiento ni la supervisión de los hermanos y hermanas y, menos aún, aceptan el esclarecimiento y la reprensión del Espíritu Santo. Siguen siendo así, ya lleven creyendo en Dios cuatro o cinco años o diez o veinte. Aunque ahora son mayores y parecen un poco más maduras y experimentadas, siguen haciendo sus deberes del mismo modo: actúan constantemente de manera superficial y van con desenfreno haciendo el mal. No han cambiado en absoluto en estos veinte años. Cuando hablan, de su boca brotan mentiras sin cesar y nunca dicen la verdad. Incluso ahora siguen siendo así; por muchas palabras que digan, uno no sabe cuáles son verdaderas y cuáles falsas: no hay una sola palabra honesta entre ellas. Aunque hayan sufrido un poco al hacer sus deberes a lo largo de estos veinte años y hayan convertido a algunas personas predicando el evangelio, su carácter-vida no ha cambiado lo más mínimo. Siguen siendo especialmente astutas y falsas; no son más que viejas serpientes, incapaces de decir una sola palabra honesta. Esto es suficiente para demostrar que no son personas que aman la verdad; incluso si entienden un poco de ella, no pueden ponerla en práctica. ¿Qué clase de personas son? Son personas que tienen por norma constante actuar de manera superficial, ir desbocadas haciendo cosas malas, actuar de manera arbitraria y temeraria, causar interrupciones y perturbaciones, competir por el poder, urdir artimañas, mentir y engañar. Se puede decir que son zorros viejos y astutos, que son solo viejas serpientes, viejas anguilas escurridizas, viejos diablos, viejos satanases. Antes de todas sus acciones, se debe añadir el calificativo “constantemente”. Una vez que se añade “constantemente”, no será una cuestión de prejuicio personal contra ellas, sino algo causado por sus propias acciones y comportamiento. A los ojos de todos, esta persona no ha hecho estas cosas solo una o dos veces, sino que es una reincidente. ¿Cómo tratan las comisarías de policía de los distintos países a los reincidentes? Los antecedentes penales de los reincidentes deben archivarse. Siempre que ocurre un delito, estos reincidentes son los principales sospechosos, la policía de seguro comenzará por ellos al empezar a investigar el caso e iniciar su indagación. Entonces, ¿qué pasa con aquellos que hacen constantemente su deber de manera superficial en la casa de Dios? Sus manifestaciones de ser superficiales e ir desbocados cometiendo fechorías no son cosas que ocurren solo una o dos veces ni solamente en circunstancias especiales. Estos estados y manifestaciones reflejan su línea constante sobre la manera de atender su deber. A juzgar por esta forma habitual de atender su deber, se puede ver cuál es su actitud hacia la verdad. Por tanto, ¿cuál es su actitud hacia la verdad? (Sienten aversión por ella y son reacios a ella). Las personas de esta clase sienten aversión por la verdad y son reacias a ella. Nunca la aceptan. En el fondo, la menosprecian y desprecian las cosas positivas. Da igual quién comparta la verdad con ellas, no escuchan. No importa cuántas oportunidades se les den de arrepentirse, no las aprecian ni se las toman en serio. Actúan como les da la gana, a su antojo. Cuando el Espíritu Santo las conmueve, no tienen sentimientos y no les importa. Sienten aversión por las exhortaciones y la ayuda de los demás, las ignoran y, si estas personas las podan, se enfadan, se ponen furiosas, se enojan con ellas y sienten repulsión en su corazón. La iglesia tiene una evaluación de las manifestaciones de cada persona en todas las etapas y esta evaluación es muy importante para el desenlace de una persona. Si la palabra “constantemente” se añade a las manifestaciones de acciones malvadas de una persona cuando está siendo calificada, eso es problemático para ella. Queda muy claro exactamente qué clase de senda están recorriendo tales personas. Por tanto, ¿qué senda están recorriendo exactamente? ¿Es una senda que lleva a la destrucción o una senda que lleva a la salvación? (Una senda que lleva a la destrucción). ¿Por qué se da este resultado? ¿Es esto emitir juicio sobre estas personas? ¿Está en desacuerdo con la situación real? (No). ¿Se les deberían dar todavía oportunidades de arrepentirse? (No). Algunos dicen: “No deberíamos simplemente descartarlos por completo, ¡tal vez un día se arrepientan!”. El pueblo de Nínive cometió numerosas acciones malvadas, que llegaron a los oídos de Dios. Cuando Dios estaba a punto de destruirlo, envió primero a Jonás con un mensaje que decía que Nínive sería destruida en cuarenta días. ¿Cómo se comportó el pueblo de Nínive después de oír esto? En cuarenta días, se vistieron de cilicio y ceniza y se arrepintieron ante Dios. Pero ahora, a aquellos cuyo desempeño es constantemente deficiente al hacer su deber, ¿cuántas series de cuarenta días se les han dado ya para que se arrepientan? ¿Se han arrepentido? ¿Tienen la voluntad de arrepentirse? ¿Muestran alguna inclinación hacia el arrepentimiento? (No). A lo largo de los últimos diez o veinte años, sus manifestaciones han sido de manera constante las de hacer maldad, por tanto, en los próximos diez o veinte años, ¿pueden cambiar? ¿Pueden dejar de hacer el mal? Puede que eso sea una incógnita, pero las diversas manifestaciones de estas personas a lo largo de los últimos diez o veinte años son suficientes para mostrar que todos sus comportamientos y manifestaciones van en contra de la verdad, se resisten a Dios y se oponen a Él. Esto prueba que su corazón siente aversión por la verdad, que su esencia-naturaleza es perversa, que no hay en ella ningún elemento de amor a la verdad y que no poseen la humanidad de amar y practicar la verdad. A juzgar por sus manifestaciones a lo largo de los pasados diez o veinte años, esta es la conclusión. Dado que esta es la conclusión hasta este punto, a juzgar por su humanidad y su esencia, en los próximos diez, veinte o treinta años, ¿será capaz alguno de ellos de realmente arrepentirse y cambiar? De entre treinta personas, ¿podría haber una? De entre cincuenta personas, ¿podría haber una? De entre cien personas, ¿podría haber una? Es decir, en los próximos diez o veinte años, ¿pueden de repente obtener el sentido de la conciencia, interesarse por la verdad y las cosas positivas, ser capaces de aceptar la verdad y las cosas positivas, llegar a conocerse a sí mismas y tener un arrepentimiento genuino, así como tener remordimiento y sentirse en deuda por la maldad que han hecho en el pasado? Según vuestras observaciones, ¿cuál es la proporción? De entre mil personas, ¿podría haber una? (Creo que no hay siquiera una entre cada mil). ¿En qué te basas? (En el hecho de que, si bien creen en Dios durante diez o veinte años, la actitud de tales personas hacia la verdad ha sido constantemente de repulsión y de sentirse reacias, así como no aceptan la verdad en lo más mínimo ni han mostrado la menor manifestación de arrepentimiento. Eso prueba que tampoco se arrepentirán realmente en el futuro). ¿Es acertada esta afirmación? (Sí). Algunos dicen: “Deberíamos ser tolerantes e indulgentes con los demás. Si no se arrepintieron en los pasados diez o veinte años fue porque eran jóvenes e inmaduros o porque tenían buenas condiciones familiares y los mimaron y consintieron, o porque tenían un estatus social alto y ciertas fortalezas. ¿Acaso no fueron estas circunstancias y entornos especiales los que los hicieron ser así? Tal vez en los próximos diez o veinte años se liberen de las influencias de esos entornos familiares y factores adversos y puede que cambien”. Es difícil de decir. Sin embargo, según las manifestaciones pasadas de estas personas, todas aquellas que tienen el calificador “constantemente” delante de sus manifestaciones están en gran peligro. Incluso entre cien o mil de estas personas, no sería posible que hubiera ni una sola que se arrepintiera sinceramente. Si ninguna de sus acciones malvadas ha ido aún precedida del calificativo “constantemente”, entonces quizás quede todavía una pequeña esperanza para ellas. Dependerá de cuáles sean sus manifestaciones en los próximos cuatro o cinco años. Si es porque son jóvenes e inmaduras o porque su fe en Dios no tiene base, o porque tienen poco calibre o porque algunos factores objetivos del entorno han afectado a su aceptación y entendimiento de la verdad; si lo causan estas razones objetivas y sus manifestaciones de acciones malvadas son solo temporales, entonces hay que observarlas con mayor detenimiento. Pero hasta este momento, aquellos que cometen acciones malvadas sin cesar —aquellos cuyas manifestaciones están precedidas de la palabra “constantemente”— no han preparado suficientes buenas obras para su destino. En su lugar, en su proceso de creer en Dios, han acumulado muchas acciones malvadas. Es solo que rechazan admitir que son personas malvadas y también intentan justificarse usando las adversidades que han soportado, el precio que han pagado y su veteranía como antiguos creyentes en Dios. La senda por la que caminan estas personas no solo aparece ante ellas, sino que además se revela ante todo el mundo. Sus manifestaciones y revelaciones, sus acciones y su comportamiento, su actitud respecto a hacer su deber, su actitud hacia la verdad y su actitud hacia todas las cosas positivas son ya suficiente para mostrar su esencia. Por supuesto, su postura hacia su deber y hacia la verdad también ha revelado la senda que están recorriendo.

La senda que recorren las personas determina lo que acaban recogiendo. Si recorren la senda de la destrucción, lo que acaban recogiendo es abrir de par en par las puertas del infierno y descender a este. Esto no tiene nada que ver con los demás; no lo causan otras personas, sino tú mismo debido a la senda que recorres. Puede que hayas creído en Dios durante muchos años y hayas cometido muchas transgresiones, hayas dado algunos giros equivocados y hayas hecho algunas cosas que se desvíen de la senda correcta; hay incluso algunas personas que han cometido algunos actos de rebelión contra Dios y de resistencia a Él. Aunque estas manifestaciones no son buenas y están condenadas a ojos de Dios, si al mismo tiempo que revelas un carácter corrupto y te rebelas contra Dios y te resistes a Él, puedes reflexionar sobre ti mismo y dar un giro real, usar tu sinceridad, tu pago de un precio, tu práctica de la verdad y tu actitud positiva y proactiva hacia la verdad para preparar activamente muchas buenas obras, entonces cambiará la actitud de Dios hacia ti. Por ejemplo, supongamos que cuando los anticristos y las personas malvadas trastornan y perturban la obra de la iglesia y desorientan a los hermanos y hermanas, eres capaz de dejar en evidencia enseguida las acciones malvadas de los anticristos y las personas malvadas, deteniendo sus trastornos y perturbaciones, protegiendo a los hermanos y hermanas, así como salvaguardando los intereses de la casa de Dios. Además, en el proceso de hacer tu deber, se han dado muchas dificultades y obstáculos imprevistos y has gastado tu tiempo, energía y fortaleza física, has sacrificado tus momentos felices de goce carnal y te has esforzado al máximo para resolver estas dificultades y problemas. Por medio de tu insistencia, supervisión y seguimiento, así como mediante tu sufrimiento y el precio que has pagado, el trabajo evangélico de la iglesia ha podido desarrollarse y avanzar con normalidad y fluidez. Además, en el proceso de predicar el evangelio, has traído a algunas personas de buen calibre y con capacidad para comprender la verdad; has compartido claramente con ellas sobre diversas verdades, con lo que han podido sentar unas bases en el camino verdadero, realizar su deber en la iglesia y convertirse en asistentes competentes en ciertos puntos del trabajo. O bien has desempeñado un papel crucial en algún trabajo especializado concreto en la casa de Dios, al utilizar métodos o pasos de trabajo eficaces para impulsar el progreso de la tarea y mejorar sus resultados. O bien, en la vida de iglesia, al asistir a algunos hermanos y hermanas negativos y débiles o que se sienten perdidos y sin rumbo, los has ayudado a encontrar una senda a seguir, a comprender las intenciones de Dios en lugar de malinterpretarlo y a tener la determinación de perseguir la verdad. Mejor aún, has sido capaz de animar a estas personas para que estén dispuestas a hacer un deber y a entregarse para Dios. O en alguna labor especializada has asumido un papel indispensable; puede que la tarea que realizas sea ardua y agotadora, que no tenga ninguna visibilidad, pero estás dispuesto a ser un trabajador anónimo entre bastidores, esforzándote sin pedir recompensa alguna, buscando únicamente ofrecer tu sinceridad y lealtad. Todas las manifestaciones positivas como estas son, a ojos de Dios, buenas obras dignas de recuerdo. Por otra parte, puede suceder que al encontrarte con estas situaciones no solo dejes de hacer tu deber y de cumplir con tus responsabilidades, sino que además te laves las manos y te limites a observar y burlarte desde la barrera, a ignorarlas por completo, a hacer la vista gorda y oídos sordos. No haces lo que puedes y ni siquiera te molestas en realizar alguna sugerencia por miedo a cansarte. Evitas las cosas siempre que puedes, pues piensas que cuanto más ocioso estés, mejor. Siempre te parece que ser meticuloso y responsable no vale la pena y que preocuparte por los asuntos del trabajo es demasiado problema. Aunque estas manifestaciones son distintas de las acciones malvadas que trastornan y perturban la labor de la iglesia y Dios no hará una mala valoración de ti, Su calificación tampoco será buena. ¿A qué me refiero con no darte una buena valoración? Significa que, en estas cuestiones, no has preparado buenas obras ni has hecho cosas para que Dios te recuerde. Cuando te topaste con estas situaciones, perdiste la oportunidad de preparar buenas obras. Eres muy insensato; no eres digno de confianza ni eres digno de ser ascendido ni ensalzado, así como tampoco eres digno de que Dios te encomiende asunto alguno. Estás a un mundo de distancia de Noé y de Abraham. Decidme, una persona a la que Dios no se atreve a encomendar nada no acabará necesariamente yendo al infierno, pero ¿puede entrar en el reino de los cielos? Solo cabe decir que es incierto, que a esto le sigue un sinfín de signos de interrogación; lo rodea una gran incertidumbre. Esta incertidumbre se basa en sus manifestaciones constantes. Si preguntas a todo el mundo por qué creen en Dios, si quieren entrar en el reino de los cielos o ir al infierno, habrá quienes se burlen de ti y digan que esa pregunta es increíblemente estúpida: “¿Quién querría ir al infierno y ser destruido? ¿Quién no querría entrar en el reino de los cielos y alcanzar la salvación?”. Sin embargo, es verdaderamente necesario hacer esta pregunta; no es ninguna necedad. Hay quienes jamás han reflexionado de esta manera sobre sí mismos. Cuando se encuentran ante determinadas situaciones, siempre temen los problemas y evitan provocar disputas. En particular, al ver que personas malvadas trastornan y perturban el trabajo de la iglesia, que los miembros del pueblo escogido de Dios son desorientados y explotados y que, en consecuencia, el trabajo de la iglesia se estanca, no son conscientes de que Dios está escrutando a las personas; tampoco se percatan de que esa es precisamente una oportunidad para preparar buenas obras. En su lugar, eligen ser complacientes y abandonar los principios-verdad y no reflexionan sobre sí mismos en lo más mínimo. ¿Cuál es tu responsabilidad? ¿Cuál es tu obligación? ¿Cuál es la comisión que Dios te ha dado? Dios ha expresado tantas palabras y ha llevado a cabo tanta obra... ¿Qué espera Dios de ti? ¿Puedes darle a Dios una respuesta satisfactoria? ¿Has preparado buenas obras? En todos estos asuntos, debes reflexionar con frecuencia sobre ti mismo y tener claridad en tu corazón.