Cómo perseguir la verdad (14) Parte 3

B. Entregarse a los deseos sexuales de la carne

La vez anterior, al discutir la esencia-naturaleza depravada de las personas reencarnadas de diablos, mencionamos su “lascivia” y “provocación sexual”, dos clases de manifestaciones del deseo sexual de la carne. Además de esos dos, hay otro aspecto que está relacionado con la “lascivia” y la “provocación sexual”, una especie de comportamiento externo o forma de vivir de la humanidad, que es la “licenciosidad”. La “lascivia” y la “licenciosidad” suelen ir emparejadas. ¿Sabes qué significa la “licenciosidad”? (El comportamiento y la conducta que son disolutos y descontrolados, así como el coqueteo frívolo con otros). “Licenciosidad” significa sucumbir ante el deseo; significa ser disoluto y descontrolado. Estos tres aspectos deberían ser suficientes para diseccionar las perversas manifestaciones de esta clase de personas respecto al deseo sexual de la carne. Los adultos deberían ser capaces de entender las manifestaciones de lascivia, provocación sexual y licenciosidad. Esto no es abstracto, porque es común ver y oír tales asuntos y a tales personas en la vida cotidiana. Por tanto, ¿cuáles son las manifestaciones principales de tales personas? En lo que respecta a las relaciones entre hombres y mujeres, son desenfrenadas, no tienen límites ni sentido de la vergüenza. Cuando se trata de su deseo sexual, sucumben especialmente ante él, no lo frenan y no tienen ninguna contención en absoluto. Al mismo tiempo, no sienten vergüenza de ningún tipo en lo que respecta a sucumbir ante su deseo sexual. Con independencia de la edad que tengan, de su género o de su estado conyugal, tienen un interés especial en el sexo opuesto y le prestan particular atención. Cada vez que se encuentran con un grupo de personas, les prestan atención a los miembros del sexo opuesto en los que están interesados. Su atención no consiste solo en mirarlos más de lo habitual, charlar o relacionarse con ellos con normalidad; lo que sucede es que se ven atrapados en el deseo sexual entre hombres y mujeres; se adentran en relaciones románticas. Cuando se trata de alguien que les gusta, sin importar la edad de esa persona ni si la otra parte consiente o no, mientras les guste esa persona, tomarán la iniciativa de coquetear con ella; llegarán incluso al punto de llevar a cabo algunas acciones o comportamientos inusuales para atraer la atención de la otra parte. Por ejemplo, de vez en cuando prepararán una buena comida para la otra persona; durante los festivos, le harán regalos; o, exista un motivo o no, le enviarán mensajes. Por la mañana le preguntan: “¿Te has levantado ya?”, y, por la noche: “¿Te has duchado?”. Unos pocos días después dirán: “Últimamente ha estado muy frío el tiempo; asegúrate de llevar varias capas de ropa y no pases frío. ¡Si necesitas algo, puedes pedirme ayuda!”. A menudo expresan preocupación, algo que ponen como excusa para acosar a la otra persona. Esta clase de personas nunca coquetean solo con uno o dos individuos ni con dos o tres; coquetean con cualquiera que les guste. Se enamoran de todo el que ven; en cuanto encuentran a alguien atractivo o que les causa buena sensación, desarrollan de inmediato pensamientos lujuriosos hacia esa persona e intentan seducirla. Da igual en qué grupo estén o en qué entorno se hallen, nunca olvidan esta cuestión. Vayan donde vayan, siempre apuntan a tres o cuatro, o a una docena o así de amigos o confidentes del sexo opuesto que les gustan. Si pueden tener contacto físico, consideran que esto es lograr el objetivo de entablar una relación romántica. Y si aún no ha llegado a ser una relación romántica, solo coquetear con otros de esta manera ya las hace sentir maravillosamente bien; sus días les parecen dulces y satisfactorios. Si el entorno no lo permite y no pueden coquetear con el sexo opuesto, se sienten molestas. Si alguien les recuerda que tal comportamiento es inapropiado, le guardan rencor en su corazón. Si alguien restringe su coqueteo imprudente con los demás, se vuelven reacias y se oponen de corazón e incluso piensan: “Es mi derecho; ¿qué te cualifica para limitarme? ¡Soy libre de hacer lo que quiera! No estoy quebrantando la ley ni cometiendo ningún delito, así que, ¿quién eres tú para intentar controlarme?”. Sin importar el entorno, esta clase de persona siempre siente la necesidad de encontrar una especie de diversión en la que ocuparse. Siempre sienten la necesidad de encontrar a unos cuantos amigos del sexo opuesto o parejas sexuales para pasar el tiempo, para rellenar su vida y hacerla más placentera. De lo contrario, sienten que su vida está vacía, es aburrida y carece de interés. Algunas personas, después de que otros coqueteen con ellas sin descanso, no pueden evitar consumir pornografía en internet, vivir en el deseo sexual de su carne, disolutas y descontroladas, y, en tanto que las condiciones lo permitan, son capaces de hacer cualquier cosa. Las personas reencarnadas de diablos, sea cual sea la ocasión o el entorno, por muy difícil que sea su vida, con independencia de lo grande que sea la carga de trabajo que tengan y de si el entorno lo permite o no, siempre necesitan satisfacer su deseo sexual y buscar oportunidades para entablar contacto y coquetear con el sexo opuesto, para así satisfacer por completo su deseo sexual. Si no se puede satisfacer el deseo sexual de su carne, entonces incluso gratificar el deseo de su mente servirá. A esto se le llama ser depravado; son muy depravados. Algunas personas ya tienen una edad avanzada, incluso hijos ya casados con familia propia, sin embargo, siguen siendo sumamente desenfrenadas respecto a su deseo sexual y sucumben por completo ante él; no tienen para nada sentido de la vergüenza. Cuando ven a un miembro del sexo opuesto que les gusta, piensan en todas las maneras posibles de crear oportunidades para estar a solas con él. Entonces toman de la mano, abrazan o tocan a la otra persona y hacen algunos comentarios coquetos y juguetones o dicen algunas cosas provocativas. Al hacer eso, poco a poco acaban por causar perturbaciones a algunos miembros del sexo opuesto. Esto es ser lascivo. ¿En qué medida es lasciva esta clase de persona? Cuando ve a alguien del sexo opuesto que es atractivo o tiene buena figura, empieza a tener pensamientos lascivos. Incluso le basta con oír a alguien del sexo opuesto hablar con una voz suave, magnética y relativamente agradable para que esto despierte en ella pensamientos lujuriosos. Una vez que se despiertan estos pensamientos lujuriosos, no solo piensa ocasionalmente en estas cosas, sino que piensa en ellas muy a menudo. Piensa en ellas mientras come, mientras trabaja, incluso en sueños; su mente rebosa a diario de estos pensamientos lujuriosos. Como posee lascivia, que es una esencia perversa, satisfará el deseo sexual de su carne sin ningún tipo de freno. Incluso cuando ve a alguien de buena familia que tiene riqueza y estatus —una joven rica o una esposa adinerada, o bien un hombre alto, rico y guapo o un hombre de negocios acaudalado—, empieza a tener pensamientos lujuriosos. ¡No tienes más que fijarte en lo gravemente lascivas que son tales personas! Y hay casos incluso peores. En la iglesia había un hermano que cantaba bien. No es que fuera una especie de cantante al nivel de una “estrella”, pero su voz no sonaba mal. Al parecer, después de escucharlo cantar, en algunas mujeres nacían buenos sentimientos hacia él y querían casarse con él. Estas mujeres nunca habían visto siquiera qué aspecto tenía este hermano. No sabían qué edad tenía, su tipo de personalidad, su nivel de educación ni cómo era su calibre o su fe en Dios. No consideraban ninguna de estas cosas, sin embargo, aun así querían casarse con él; sus pensamientos lujuriosos bullían con solo oír su voz. Dime, ¿acaso tales diablos tienen una naturaleza depravada? Una persona normal, al oír a alguien cantar bien, sentiría como mucho algo de envidia, pero nunca consideraría casarse con esa persona. Si de veras quisiera casarse con alguien, conocería la calidad humana de esa persona y su situación familiar antes de tomar tal decisión, como qué edad tiene, cuál es su aspecto, cómo es su calidad humana, cómo es su familia… Solo si todos los aspectos fueran satisfactorios consideraría casarse con él. Sin embargo, las personas que son diablos son diferentes; algunas mujeres, después de oír a un hombre cantar bien, quieren dar el paso y casarse con él; algunos hombres, al ver a una mujer atractiva, quieren dar el paso y casarse con ella. ¿Acaso estas personas no dan miedo? ¡Dan miedo y causan repugnancia! Cada vez que ven a alguien con estatus, conocimiento, elocuencia o una fortaleza particular, o si ven a alguien hermoso o guapo, empiezan a tener pensamientos lujuriosos. Cuando ven a tales personas, siempre se las comen con los ojos, sin pestañear; fijan su mirada, pero su mente está muy activa y se despierta su deseo sexual; esto es tener pensamientos lujuriosos. Cada vez que alguien constantemente se come con los ojos a los miembros del sexo opuesto sin apartar la vista —e incluso los hay que revelan una mirada perversa en sus ojos o babean con la boca abierta— esto es tener pensamientos lujuriosos. Una vez que bullen sus pensamientos lujuriosos, empieza a manosear a los demás. A esto se le llama ser depravado. Sea cual sea la situación, mientras se active su lujuria visual, su lujuria auditiva o su deseo sexual de la carne, tendrá pensamientos lujuriosos; tales personas son diablos. ¿La conciencia y la razón de la humanidad limitan o frenan el deseo sexual de los diablos? Este no se frena, por tanto, su deseo sexual se desborda constantemente y exhiben continuas manifestaciones de licenciosidad; sucumben especialmente ante el deseo. No les importa cuántas personas estén a su alrededor, cuál es su propia edad o si a la otra parte le gustan o le dan asco y los detestan; mientras sea alguien que les guste a ellos, tendrán pensamientos lujuriosos y sucumbirán ante las fantasías, de modo que satisfarán su deseo sexual al máximo. ¿Acaso no da asco? La gente como esta es sumamente lasciva. Aunque no pueda encontrar una oportunidad para tener relaciones con el sexo opuesto, sigue queriendo coquetear con otros. Las manifestaciones de este comportamiento son que envían con frecuencia señales de flirteo lanzándote miraditas, piensan en cualquier manera posible de entablar contacto contigo y de acercarse a ti —pasan a tu lado y te rozan la mano, el hombro o la espalda de manera deliberada— y dicen cosas coquetas con toda intención. Esto muestra que su corazón ya está lleno de lujuria. Los adultos normales, cuando interactúan con miembros del sexo opuesto, mantienen los límites, la moderación y las restricciones. Ya sea respecto a cosas como el deseo sexual, los pensamientos, el discurso, el contacto físico o la distancia física entre las personas, todo ello lo gobiernan y lo frenan su conciencia y razón. Pero las personas que son lascivas y licenciosas no son así. Da igual la ocasión, cuánta gente haya alrededor o cuál sea la situación en ese momento; con independencia de su propia edad y estado conyugal, de si la otra parte está dispuesta o de si siente repulsión hacia tal persona, ellas siguen haciendo lo que quieren, sucumbiendo descaradamente ante sus deseos sexuales. Esto es lo que se llama ser licencioso. A las personas así no las refrena nada; no se atienen siquiera a los límites morales; sucumben por completo ante sus deseos. Es más, ¿hasta qué punto llegan algunas personas a sucumbir a sus deseos? Llegan a comerse abiertamente con los ojos las zonas íntimas del sexo opuesto. Si alguien del sexo opuesto tiene unos ojos bonitos y brillantes, buscarán cualquier oportunidad para compartir lo que hay en su corazón, para charlar o discutir sobre el trabajo con él, mirándolo fijamente a los ojos. Si alguien del sexo opuesto tiene la piel clara, lisa y delicada, lo miran a menudo, ya sea con o sin intención. Si alguien del sexo opuesto tiene una figura alta y delgada, lo miran en secreto por detrás, se lo comen con los ojos sin apartar la vista. Esto es rebosar de deseo sexual. ¿Son depravadas las personas como esta? (Sí). También hay algunos menores o adultos casados que ven a menudo pornografía o concursos de belleza como Miss Mundo, donde el vestuario de las mujeres es muy revelador; lo suficiente para satisfacer su lujuria visual. Mientras más disfrutan de esto, más difícil se hace frenar su deseo sexual y sus pensamientos lujuriosos y controlarlos. ¿Es esta una manifestación de los diablos? (Sí). ¿Vivirían las personas normales de esta manera? ¿Se comportarían así? (No). Algunos hombres orientales son relativamente conservadores y, cuando vienen a occidente y ven a muchas mujeres con un vestuario revelador, les entra curiosidad y quieren mirar un par de veces más, pero pasado un tiempo se acostumbran y pierden la curiosidad; esta es una manifestación normal. También los hay que no están casados y tienen un poco de curiosidad respecto a cuestiones de deseo sexual o que, ocasionalmente, debido a un entorno objetivo, desarrollan algo de lujuria perversa. Son reacciones fisiológicas normales; a esto no se le puede llamar ser depravado. Pero las personas que son diablos no son iguales que las corrientes. Su depravación excede a la de las personas normales; es particularmente anormal. No es solo que tengan curiosidad por el deseo sexual o que tengan reacciones o necesidades fisiológicas normales, sino que son disolutas y promiscuas. Cuando sucumben ante la lujuria perversa, no sienten vergüenza en absoluto. A esto se le llama ser depravado. ¿Hasta qué punto son depravadas? Solo con mirar la piel, los ojos, la figura o la apariencia del sexo opuesto —o solo con oír su voz—, empiezan a tener pensamientos lujuriosos y luego se buscan toda oportunidad posible para entrar en contacto o acercarse a la otra persona, llegan incluso hasta el punto de tomar medidas para satisfacer su deseo sexual. A esto se le llama ser depravado.

Otra manifestación de ser depravado es que estas personas, sea cual sea el entorno en el que estén, siempre están rodeadas de personas diferentes del sexo opuesto. Tal persona coqueteará con varios miembros del sexo opuesto al mismo tiempo y mantendrá a menudo relaciones ambiguas con múltiples personas. ¿Qué quiere decir que una relación sea ambigua? Es una relación amistosa y a la vez romántica; nadie puede decir con claridad qué clase de relación tienen en realidad. No tiene unos límites claros con el sexo opuesto; sus relaciones son especialmente ambiguas; hay un constante coqueteo y cosas que son turbias y nada claras. ¿Están gobernadas estas manifestaciones por una naturaleza lasciva? (Sí). En términos de moralidad y de ética de las relaciones humanas, las tendencias malvadas del mundo de hoy ya ni siquiera critican esta clase de fenómeno. Las personas llaman a esto ser capaz, seguir la tendencia; lo llaman estar sexualmente liberadas. Por tanto, algunas personas llevan esta clase de pensamientos y puntos de vista a la iglesia. Creen que: “No importa con cuántas personas del sexo opuesto tenga relaciones románticas, soy libre de hacerlo. Ahora ni siquiera la ley condena esto, así que tengo derecho a elegir con cuántas amistades del sexo opuesto tengo una relación romántica, tengo derecho a elegir cómo lidiar con mi deseo sexual. No debería perjudicarme a mí mismo; necesito dar rienda suelta por completo a mi deseo sexual”. ¿Acaso no es este un argumento perverso? (Sí). Da igual cuántas personas estén de acuerdo con las opiniones promovidas por las tendencias de la sociedad o cuántas aboguen por ellas, da igual cuántas las practiquen, en la casa de Dios, a esta clase de herejías y falacias se las califica como “depravadas” y a aquellas que se aferran a esta clase de herejías y falacias también se las califica como “depravadas”. Para ser específicos, son “lascivas” y “licenciosas”. ¿Es precisa esta calificación? (Sí). Cada función e instinto del cuerpo de las personas requiere un nivel fundamental de precepto basado en la humanidad. ¿Y de qué depende este precepto? Depende de la conciencia y razón de las personas. El sentido de la vergüenza dentro de la conciencia y razón debería regular adecuadamente las necesidades fisiológicas de una persona y su deseo sexual. Si no lo regulas o lo frenas, sino que, en su lugar, sucumbes ante el deseo sexual, entonces a esto se le llama ser licencioso, a eso se le llama ser lascivo. Si tienes tales manifestaciones, entonces eres un depravado. La depravación es algo negativo; no es en absoluto algo positivo. Esto es porque va más allá de los límites del sentido de la vergüenza que posee la humanidad de las personas, más allá de los límites de la racionalidad normal que Dios requiere de ellas; rebasa los límites de la humanidad y constituye la perturbación y el daño a la vida normal de los hermanos y hermanas. Por tanto, la depravación se califica absolutamente como algo perverso, como algo negativo; no es en absoluto una cosa positiva. La iglesia, la casa de Dios, no promueve en absoluto la liberación sexual. ¿Qué promueve la casa de Dios? (Ser digno y decente y vivir una humanidad normal). La casa de Dios promueve tener el decoro de los santos y comportarse con conciencia y razón. Como poco, en lo que respecta al deseo sexual y a las necesidades fisiológicas, uno debe tener un sentido de la vergüenza. Es decir, si quieres contraer matrimonio, si quieres tener una relación romántica normal, entonces debe ser conforme a los principios del matrimonio que Dios ha ordenado para las personas; no puede implicar incesto, licenciosidad o lascivia. ¿Lo entendéis? (Sí).

Ahora mismo acabamos de hablar sobre algunas manifestaciones de la depravación de las personas que son diablos. ¿Es bueno que hayamos compartido sobre esta clase de tema para ayudar a obtener algún discernimiento? (Sí). No importa cuál sea la manifestación, si excede al ámbito de las actitudes corruptas de las personas normales o va más allá del ámbito de la naturaleza y los instintos innatos de las personas, entonces es anormal; es una manifestación de los diablos. Entre lo que hemos compartido, aparte de esas personas cuyos pensamientos y comportamientos son especialmente siniestros y anormales, hay otra clase de persona que puede que no exhiba estas manifestaciones obviamente siniestras y anormales, pero cuya clara manifestación es especialmente lasciva y licenciosa. Tener esas claras manifestaciones prueba también que tienen un aspecto de la esencia depravada de los diablos. Entonces, ¿se puede decir con certeza que las personas que tienen estas claras manifestaciones son diablos? (Sí). Sucumben ante su deseo sexual en cualquier momento, su corazón rebosa de perversa lujuria y están especialmente interesadas en asuntos relacionados con el deseo sexual de la carne; su interés va más allá de las necesidades fisiológicas de las personas normales. Es decir, no importa qué edad tengan, de qué género sean o cuál sea su estado conyugal; sus manifestaciones de deseo sexual de la carne van más allá de las de las personas normales y además van más allá de las necesidades de las personas normales. Esto es suficiente para que se diga que sus manifestaciones en este campo no son normales. Se usan dos palabras para calificarlas: son especialmente “lascivas” y “licenciosas”. Es decir, sus necesidades fisiológicas son extremadamente anormales. Cada vez que ven que alguien del sexo opuesto tiene cierto punto fuerte o una condición innata favorable en algún campo, pueden tener pensamientos lujuriosos y dar rienda suelta a su deseo sexual. Por ejemplo, cuando ven a alguien del sexo opuesto con los dientes blancos y rectos, cuya sonrisa es especialmente hermosa y dulce, o con un cabello o unos ojos especialmente hermosos, pueden tener pensamientos lujuriosos. Sea cual sea el rasgo del sexo opuesto que les cause buena impresión o les parezca hermoso, pueden tener pensamientos lujuriosos. Además, se sirven de dar rienda suelta al deseo sexual como una manera de expresar su gusto y aprecio por la otra persona. ¿Acaso no es esto asqueroso? ¡Es sumamente asqueroso! Algunas personas perversas desarrollan pensamientos lujuriosos cada vez que ven a alguien del sexo opuesto con una expresión particular en la cara, como levantar las cejas ligeramente mientras habla o que aparezcan hoyuelos en ella o exhiba una mirada particularmente encantadora cuando sonríe. La frecuencia y el número de veces que bullen pensamientos lujuriosos en ellas es inconcebible e inimaginable. Las personas normales lo encuentran desconcertante: “Si alguien tiene buen aspecto, está bien mirarle una o dos veces más de lo normal, pero ¿cómo podría eso llevar a pensamientos lujuriosos y a dar rienda suelta al deseo sexual? ¿No es eso retorcido?”. Cosas que las personas normales piensan que no provocarían pensamientos lujuriosos pueden causar que las personas perversas tengan pensamientos lujuriosos y den rienda suelta a su lujuria; las personas normales no pueden entenderlo. A esto se le llama ser depravado. En palabras sencillas, se le llama ser retorcido y pervertido. Algunas mujeres, incluso cuando ven a un hombre musculoso, con rasgos faciales bien definidos y de alta estatura, pueden tener pensamientos lujuriosos. O cuando ven a un hombre que tiene algunas habilidades, alguna capacidad y, además de todo eso posee riqueza y estatus, dentro de ellas bullen constantemente pensamientos lujuriosos. No es solo que lo aprecien o piensen que es decente, que sientan un poco de cariño por él y quieran involucrarse románticamente o buscar una relación con él, sino que dentro de ellas bullen constantes pensamientos lujuriosos. Dime, ¿acaso no es asqueroso? ¿No es esto depravado? (Sí). La frecuente aparición de pensamientos lujuriosos es anormal, es depravada.

Terminamos aquí nuestra charla sobre las manifestaciones de lascivia y licenciosidad en las personas reencarnadas de diablos. Ahora vamos a hablar sobre la “provocación sexual”. La provocación sexual está realmente relacionada tanto con la lascivia como con la licenciosidad; es solo una manera de hablar sobre lo mismo desde una perspectiva diferente. Se refiere a cómo algunas personas, a fin de seducir al sexo opuesto y causar una impresión favorable en este, hacen gala a menudo de sus encantos de seducción delante del sexo opuesto. Por ejemplo, a algunas mujeres les gusta ponerse pintalabios de un rojo vívido y sensual, hacer que sus ojos parezcan muy atrayentes con maquillaje e incluso aplicarse colorete a pesar de ser bastante viejas. Cuando eligen su atuendo, siempre se centran en ser sexis y cautivadoras para que las miren; cuando hablan, se empeñan en ser coquetas o cursis de una manera que pueda cautivar al sexo opuesto; entre otras cosas. Algunos hombres se suelen presentar como héroes de brazos fuertes en los que las mujeres pueden confiar. Exhiben a menudo sus músculos delante de las mujeres y se quitan la camisa a la mínima para mostrar sus abdominales; hacen uso de estos métodos para atraer al sexo opuesto. El objetivo de estas personas no es meramente hacer que los miembros del sexo opuesto tengan una buena impresión de ellas ni encontrar a alguien con quien salir, sino seducirlos, lograr que se interesen en ellas y luego atraparlos en el deseo sexual. Este es su objetivo. ¿Acaso no es esto ser provocativo sexualmente? (Sí). Esto es ser provocativo. Los no creyentes llaman a tales personas “zorras”. ¿Qué clase de cosas hacen estas “zorras”? Si se trata de una mujer, es quisquillosa incluso en cuanto a la barra de labios que elige. No usará bálsamo labial corriente y además desdeña la barra de labios que usan las personas dignas y decentes, pues no le resulta lo bastante exclusiva. Elige en particular colores sensuales que hacen que sus labios luzcan especialmente sexis y atrayentes cuando se los aplica, con el objetivo de provocar el corazón de los hombres, hechizarlos y hacer que se vuelvan completamente locos por ella y caigan rendidos. En sus interacciones con los hombres, suele revelar comportamientos provocativos, da rienda suelta al deseo sexual, todo con el objetivo de seducirlos. Mientras más hombres hay presentes, especialmente del tipo que le gustan a ella, más animada y activa se pone y más se esfuerza al máximo para exhibirse; hace alarde de su elocuencia, usa un vocabulario más refinado, presta una especial atención a sus propias expresiones faciales y viste de una manera especialmente coqueta. A esto se le llama ser provocativo. ¿Hay diferencia entre las personas provocativas y las lascivas? ¿Son del mismo tipo? (Sí). Están cortadas por el mismo patrón inmundo. Una seduce proactivamente, la otra se entrega proactivamente a la lascivia. Ambas son manifestaciones de entregarse al deseo sexual, manifestaciones de desbordar de deseo sexual y de ser disoluto, todo gobernado por una esencia-naturaleza depravada. Las personas de este tipo provocativo, ya sean de género masculino o femenino, con independencia de su edad o su estatus civil, no refrenan su comportamiento en ningún escenario ni contienen ni gestionan su deseo sexual. En cambio, son disolutas y casuales, incluso realizan avances de manera proactiva; llevan ropa especial, usan expresiones especiales, un lenguaje especial, maneras especiales de hablar y hacen algunas cosas especiales para atraer la atención del sexo opuesto, para provocar una conversación, hacer que piquen el anzuelo y demás. Por tanto, tales personas no son meramente lascivas, sino también provocativas. La palabra “provocativa” es en realidad bastante repugnante. En resumen, ya exhiban tales personas lascivia o provocación, la manera en la que dan rienda suelta al deseo sexual es licenciosa, la naturaleza de que den rienda suelta al deseo sexual es licenciosa y su esencia es depravada. Las manifestaciones de tales personas, ya sean lascivas o provocativas, exceden las necesidades fisiológicas de las personas normales y carecen del freno de la conciencia y la razón. Por tanto, tales personas son perversas de la cabeza a los pies. Da igual cómo lo mires, no son buenas personas, sino diablos. En cualquier grupo, la presencia siquiera de un diablo tal causará perturbaciones. Las personas dignas y decentes sienten asco hacia ellos, pero los diablos desorientan y acosan a menudo a aquellas de poca estatura o a las que no tienen discernimiento ni postura de ningún tipo, en especial a aquellas reencarnadas de animales. En resumen, los diablos que exhiben estas manifestaciones perversas son el azote de cualquier grupo en el que estén, no ofrecen beneficios ni ayudan a nadie, porque su deseo sexual suele desbordarse, con lo que a menudo perturban la vida diaria y los pensamientos normales de algunas personas.

Decidme, ¿son fáciles de discernir las personas perversas de este tipo lascivo, licencioso y provocativo? (Sí). Los adultos pueden discernirlas y, hoy en día, tal vez incluso los niños menores de edad pueden hacerlo. Por tanto, la mayoría de las personas, cuando se encuentran a aquellos con la esencia perversa de los diablos, deberían sentir algo, tener algún discernimiento; no serán tan necias como para no distinguirlos. Por tanto, cuando os encontráis con tales personas, ¿sabéis cómo tratarlas? ¿Las rechazaréis? Si conoces a alguien que no es de tu gusto, podrías rechazarlo. Pero si es alguien que te gusta realmente —tu amor soñado, tu cónyuge ideal—, ¿te resultaría fácil rechazarlo? Sabes muy bien que pertenece a este tipo de persona, pero como su aspecto es demasiado cautivador o alguna fortaleza suya te conmueve demasiado, te roba el corazón y te cautiva. En una situación de este tipo, se te hace difícil rechazarlo. Si no lo rechazas, ¿acaso no estás en peligro? (Sí, eso es caer en la tentación). ¿Es meramente caer en la tentación? Esto es caer en el torbellino del deseo sexual. ¿Le resulta fácil a alguien atrapado en el torbellino del deseo sexual salir de este? (No). Esta persona muestra hacia ti preocupación y consideración, amor y cuidado, además de ofrecerte constantemente pequeños favores. Sientes una calidez excepcional por dentro, piensas: “No hay nadie más en el mundo que me trate así de bien; este es mi príncipe azul, mi amor soñado”. No logras darte cuenta de que, si es alguien lascivo y licencioso, es que trata a otros del mismo modo. Solo eres uno más entre todos sus amigos del sexo opuesto; eres meramente alguien que va de paso —solo una parada en boxes— en su largo camino por la vida. Cuando se ha divertido lo suficiente contigo y ya no le atraes de ninguna manera, te conviertes en alguien que descarta. Te descarta de manera tan implacable como quien tira una prenda o un trapo y ahí es cuando sentirás el dolor. Cuando decide descartarte, tu llanto y tus ruegos son inútiles, incluso arrodillarte ante él resulta inútil; hay quien llega a suicidarse, pero eso tampoco sirve; nada puede conmoverlo. Una vez que ya no tiene necesidades sexuales hacia ti, dirá que no tiene sentimientos por ti, que ya no te ama, e irá en busca de la siguiente presa para sustituirte. Entonces es cuando descubres que tales personas no son los cónyuges adecuados, que toda idea de un príncipe azul, un alma gemela o un amor soñado no es más que un truco engañoso; solo entonces te das cuenta de que el deseo sexual no es amor verdadero. No importa con quién salgan tales personas lascivas y licenciosas, solo tienen deseo sexual y no albergan amor verdadero. Nunca tienen intención de estar contigo para siempre ni de cumplir con ninguna responsabilidad. Solo se dan el gusto del juego del deseo sexual. Una vez que se han divertido bastante y se ha satisfecho su deseo sexual, no querrán siquiera volver a mirarte ni se molestarán en tenerte lástima. Una vez que encuentran su nuevo interés, tú pasas de moda y lo único que puedes hacer es llorar. Por tanto, ya seas hombre o mujer, cuando se tienen citas o se busca una pareja, uno se encuentra a veces con tales personas perversas. Desarrollan pensamientos lujuriosos hacia ti y te seducen hasta conducirte a su trampa, pese a lo cual, tú crees que te aman de veras y le confías a esa persona la felicidad de tu vida. Solo cuando te echa a un lado y te deja, te das cuenta de que la has juzgado mal, que esta persona no es alguien con humanidad que pueda cumplir con las responsabilidades, sino una persona lasciva y licenciosa. Para entonces ya es demasiado tarde para lamentarse; es un desvío escabroso en lo que respecta al matrimonio. A alguien con humanidad normal, la experiencia de que jueguen con él puede causarle un dolor de por vida, pero los diablos siguen anclados en la indiferencia; aunque jueguen con muchas personas; se sienten incluso afortunados, alegres y satisfechos, desean con ansia poder coquetear y jugar con incluso más miembros del sexo opuesto. Consideran esto como una felicidad para toda la vida, lo llaman su habilidad y su capacidad. Las personas normales no pueden soportar el peaje de lidiar con ellos. Por tanto, si quieres estar en una relación, mantén los ojos abiertos y percibe las cosas con claridad; hagas lo que hagas, no elijas a un diablo. Si sales con una persona normal, aunque rompáis, no te hará un daño demasiado profundo; como poco, podéis seguir siendo amigos con normalidad. Pero si te involucras con un diablo, tu vida entera se arruinará en sus manos. Dime, ¿cuánta sinceridad y verdadero afecto tiene una persona normal? ¿Cuánta energía tiene en esta vida? Si cada vez que empiezas una relación con alguien, te acaban engañando, de modo que te provoca un profundo daño que te engañen y jueguen contigo, entonces vas a caminar bajo esta sombra por la senda de tu vida entera, con lo que tendrás una existencia dolorosa. Por tanto, si tienes citas o te asocias con el sexo opuesto, de los que más deberías guardarte sería de estas personas lascivas y licenciosas. Ya seas hombre o mujer, si no puedes desentrañar a las personas y no sabes si alguien es lascivo y licencioso, entonces no te asocies con ellos con imprudencia, para así evitar que te engañen y sufras remordimientos toda la vida. Una vez que surgen las amargas consecuencias, eres el único que tiene que enfrentarse a ellas; nadie puede ocupar tu lugar ni consolar tu corazón herido. Aunque digas que puedes desentrañar a las personas, puede que no seas capaz de hacerlo con precisión. No se puede estar seguro de nadie estos días. Antes de que una persona reciba la salvación, solo tiene el deseo de perseguir la verdad; puede que parezca que tiene una humanidad decente, pero no hay ninguna certeza de cómo van a ser las cosas si vives con ella. Cualquiera que no entienda la verdad y no se haya salvado no es fiable. ¿Por qué no es fiable? Dime, al vivir en este mundo malvado, ¿hay alguien que, sin obtener la verdad, pueda resistirse a cualquier tentación y mantenerse firme entre cualquier tendencia malvada? Ni uno. Por tanto, no hay personas fiables. ¿Qué significa que no hay personas fiables? Significa que, para cualquiera, ya sea hombre o mujer, contraer matrimonio es el comienzo de la tragedia. Al tener que ocuparse de las necesidades diarias y afrontar las diversas trivialidades y molestias de la vida cotidiana, es difícil de saber si las dos personas pueden llegar hasta el final, si van a apoyarse entre ellas a lo largo del camino, si habrá felicidad y si habrá un terreno y una búsqueda en común. Por tanto, una vez que uno entra en el matrimonio y afronta la vida real, empieza el sufrimiento. Ves, cuando estás soltero, todo es fácil de manejar; puedes decidir las cosas por tu cuenta. Pero cuando dos personas viven juntas, ¿puedes simplemente tomar tú mismo todas las decisiones por tu cuenta? ¿Se adaptará a ti la otra persona? ¿Te adaptarás tú a ella? ¿Le importarás y será considerada contigo? ¿Te importará ella a ti? No se sabe nada de esto. Aunque la persona que conozcas no sea lasciva ni licenciosa y sientas que sois adecuados el uno para el otro y podéis contraer matrimonio, no se sabe si al final esta podrá cumplir con las responsabilidades dentro del marco del matrimonio y también se desconoce si puedes caminar con ella hasta el final dentro de este marco. Careces de seguridad y confianza incluso respecto a ti mismo, lo que prueba que a los demás les pasa igual; eso no hace falta ni decirlo, ¿verdad? (No).

Si en tu vida diaria te encuentras a personas de este tipo lascivo, provocativo y licencioso e intentan acercarse a ti, deberías saber cuál es su propósito al hacerlo. Si no las rechazas o les permites salirse con la suya debido a tu timidez, ingenuidad, necedad, ignorancia o falta de conocimiento vivencial, lo que lleva al surgimiento de consecuencias adversas, entonces, al final serás tú el que sufra las consecuencias. Las personas lascivas y licenciosas —los diablos— nunca sienten ninguna culpa o remordimiento por dar rienda suelta a su deseo sexual o hacer cosas inmorales. Sienten que no importa; piensan que se están aprovechando y que así es como deberían ser las personas en la vida. Pero si eres una persona normal, la conciencia y razón dentro de tu humanidad simplemente no son capaces de soportar tales golpes, tal tormento y ese perjuicio grave. Por tanto, si te encuentras con tales personas lascivas y licenciosas, debes tener cuidado. Debes orar a Dios, pedirle que te proteja para que no caigas en la tentación. En especial, si la otra persona esconde muchos trucos bajo la manga, es un conquistador experimentado y también tu amor soñado, el que sueñas encontrar, entonces puedes caer muy fácilmente en la tentación y acabar muy fácil en una situación irreparable, y al final sufrir un mal desenlace que nadie quiere ver. Para ese momento, tu corazón, tu mente y tu carne ya habrán sufrido todos cierta devastación. Después de eso, cuando llegues a hacer tu deber y acudas ante Dios para seguirlo, muchas cosas serán diferentes; nunca serán como al principio y no pueden volver nunca a ser como eran antes. Una vez que alguien ha pasado por algunas experiencias anormales o tortuosas relacionadas con el deseo sexual, eso deja algunas huellas terribles en su corazón que cualquier individuo normal no olvidará fácilmente en toda su vida. Aunque, a medida que poco a poco pasa el tiempo, estos recuerdos y este dolor pueden atenuarse gradualmente, si estos acontecimientos te causaron cierto perjuicio y devastación, entonces se mantendrán siempre en tu corazón como una pesadilla permanente. En esta vida, nunca serás capaz de regresar a tu antigua vida; tu mundo interior ya no será tan puro y simple como antes y será imposible que recuperes tu estado anterior. Llegados a este punto, cuando vayas a hacer tu deber, tendrás un peso adicional en tu corazón del que querrás deshacerte, pero no podrás. ¿A qué se refiere este peso? Se refiere a los diversos recuerdos de la experiencia de haber sufrido daño. Pensar en estos recuerdos resultará nauseabundo y perturbarán con frecuencia tu corazón y tus emociones. Así, tu mundo interior ya no será tan puro ni tan simple como antes; tus emociones ahora contienen muchas cosas que no deberían existir en la humanidad normal. Hasta cierto punto, esto interferirá en tu vida, tu realización del deber y además interferirá en tu fe en Dios y tu búsqueda de la verdad. A esto se le llama peso. Por tanto, con independencia de la edad, una vez que alguien cae en la tentación de una relación romántica con un diablo, se sume de manera natural en un abatimiento inexplicable. Para una persona normal, este no es un buen fenómeno.