Cómo perseguir la verdad (24) Parte 3
En Su vida, es inevitable que el Dios encarnado interactúe y se relacione con las personas, incluyendo a algunos hermanos y hermanas que creen en Dios, además de a algunos no creyentes. Por supuesto, cuando interactúa con los hermanos y hermanas que creen en Dios, Él también tiene algunos principios para comportarse y lidiar con las cosas en lo que respecta a la humanidad. Aunque no se atiene estrictamente a las reglas de cortesía y reciprocidad y a los modos del mundo, en lo relativo a intercambiar favores, se esfuerza por no aprovecharse de los demás ni buscar privilegios para Él mismo. Cuando algunos hermanos y hermanas emplean algo de su energía y de su tiempo en encargarse de Mis asuntos personales, busco la oportunidad de darles un pequeño regalo, hacerles una visita, invitarlos a comer o hacer otra cosa. Esto no es un soborno; es cortesía y reciprocidad, así como no aprovecharse de los demás. En cuanto a los hermanos y hermanas con los que no me he relacionado en privado, nunca les he dado regalos porque tengan estatus o hayan realizado contribuciones a la casa de Dios; a ninguno de ellos les he dado nada ni les he dispensado un trato especial porque los valore o tenga una buena relación con ellos. Tales cosas nunca han sucedido. En resumen, cuando me relaciono con las personas e interactúo con ellas, me esfuerzo por no aprovecharme de ellas ni atribuirme privilegios. Mi identidad especial no me llevará a pensar: “Da igual cómo te use, eso es lo adecuado; da igual cómo te use, deberías aceptarlo. Eso es exaltarte”. Yo no pensaría así. Si te ocupas de algunos de Mis asuntos personales, ajenos al trabajo de la iglesia, recordaré este favor y te lo devolveré. Sobre esta base, realizaré un intercambio de favores contigo. Hace falta decir incluso menos en lo que se refiere a los no creyentes; si un no creyente se ha encargado de algo para Mí y ha gastado cierta cantidad de dinero, por un lado, me aseguraré de no deberle nada financieramente. No dejaré que pague de su propio bolsillo; le daré todo el dinero que sea necesario. Asimismo, al encargarse de este asunto para Mí se ha tomado grandes molestias, se ha esforzado muchísimo y ha corrido mucho de un lado a otro, así que debo hacerle un regalo por cortesía, ofrecerle alguna compensación por el favor y no aprovecharme de él. Hace este trabajo y vive de ello; no puedo permitir que sufra pérdidas o pague dinero de su propio bolsillo porque se ocupa de algo para Mí. Eso sería inapropiado. Por tanto, en tales cuestiones no me atribuyo privilegios. Por supuesto, esto no es seguir las reglas del juego; es solo que uno debe ceñirse a los modos del mundo más básicos y a la cortesía y la reciprocidad; no se pueden hacer excepciones respecto a esto. Si le pides a alguien que se encargue de un asunto y no le pagas y siempre intentas aprovecharte de él, esta es una manifestación de no tener integridad. ¿Cuáles son Mis principios en estas cuestiones? Si quieres que se haga algo y el plan que él provee es el apropiado y puedes permitirte su precio, entonces adelante. Si no te lo puedes permitir, no lo hagas; encuentra a alguien más barato para hacerlo. Limítate a hacer aquello que puedas permitirte. No debes abarcar más de lo que puedas apretar; no pienses en cómo aprovecharte de los demás. Si no tienes los medios financieros para encargarte de ello, entonces pide prestado el dinero, solicita un préstamo o espera a ganar el dinero suficiente para hacerlo. En resumen, arréglatelas por tu cuenta; no puedes aprovecharte de los demás. Si este es su medio de vida, si esta es su profesión, entonces cuando se encarguen de algo para ti, deberías mantener tu promesa y pagarles. Esto es perfectamente natural y justificado. No aprovecharse de los demás, no engañar a los demás, no deberles nada, no comportarse con desvergüenza y no tener deudas: a esto se le llama comportarse de una manera que se atiene a las reglas. Cuando te halles en dificultades, no le cuentes a los demás tus problemas; cuando seas pobre, no te aproveches de los demás; cuando seas rico, no alardees de tu riqueza y no te des aires por tu identidad y estatus. Este es Mi credo a la hora de interactuar con las personas y ocuparme de los asuntos. Por ejemplo, algunas veces buscaré a alguien que se ocupe de un asunto para Mí. Digamos que esto normalmente solo costaría mil dólares, pero quiere cinco mil. Aunque me lo pueda permitir, no voy a aceptar que me timen de esa manera. Gasto lo que suele hacer falta para hacer esto y no regateo con la gente. Si no me lo puedo permitir, buscaré a alguien más económico. De ninguna manera voy a comportarme con desvergüenza ni voy a quejarme de que soy pobre para que me bajen el precio; nunca digo tales cosas. Doy el dinero que sea necesario para el asunto en cuestión, pago el precio de mercado y actúo de acuerdo con las reglas. Así de riguroso soy. Hay personas adineradas que destacan especialmente por su alto perfil y su altivez. Llevan ropa de marca, anillos de diamantes y collares, se adornan de pies a cabeza con joyas deslumbrantes. Asimismo, llevan tacón alto a todas partes y evitan en general caminar sobre moqueta, pues piensan que sin el sonido llaman demasiado poco la atención; caminan específicamente sobre suelos de mármol o madera para que la gente note su llegada. Cuando entran en una habitación, no se quitan siquiera sus gafas de sol de diseño y echan un vistazo a la sala desde la puerta para ver quién está allí, como si dijeran: “¿Has visto que la reina ha llegado?”. Vayan donde vayan, primero deben darse aires. Si Yo llevo gafas de sol cuando salgo en verano, las guardo enseguida en el bolso cuando llego a Mi destino, para que la gente no me vea con gafas de sol y crea que me doy aires, lo que podría causar malentendidos. La mayoría de los zapatos que llevo tienen suelas de goma o de espuma e intento no hacer ruido al caminar. Cuando voy a alguna parte para encargarme de asuntos, si necesito llamar al timbre, lo hago. Si no hace falta que llame al timbre, cuando estoy dentro, primero le digo al recepcionista que tengo una cita con este o aquel a cierta hora y entonces me siento allí y espero. Veo a algunas personas sentadas mirando su teléfono cuando no tienen nada que hacer. Tienen las piernas cruzadas, se sacuden el pelo con permanente y junto a ellas hay un bolso de diseño; son muy pomposas. Dondequiera que vaya, Mi perfil es especialmente bajo. Busco un rincón para sentarme, aprieto el bolso contra Mi pecho para impedir que me lo arrebate la gente mala. Soy cauto y mantengo un perfil bajo. Cuando es Mi turno, enseguida voy a encargarme del asunto sin perder el tiempo, tratando de atraer tan poca atención como sea posible. Sigo las reglas al encargarme de los asuntos y no le debo nada a la gente. Dondequiera que voy, mantengo Mis movimientos bajo control; no quiero llamar la atención de nadie. Es decir, dondequiera que voy a encargarme de un asunto, me muevo en silencio, sin hacer nunca tanto ruido como para anunciar Mi presencia. Al interactuar con los no creyentes, si estos suelen tener ciertas reglas para encargarse de los asuntos, entonces las sigo. Por ejemplo, la regla en tal o cual sector es que, después de que alguien se encarga de un asunto por ti, tienes que invitarlo a una comida. Según el precio de nuestra transacción, la comida debería costar por lo general unos quince dólares, así que lo invito a una comida que cueste más o menos eso. Hay quien dice: “Ya que lo invitas a comer, gasta un poco más para presumir”. No hace falta. Sean cuales sean sus reglas, las cumplimos. No te pases ni malgastes dinero solo para alardear. En Occidente, cuando le pides a alguien que se ocupe de algo por ti, al contratar trabajadores por horas o mano de obra y cosas así, se suele dar propina. Algunos sectores cuentan con reglas sobre la cuantía de la propina, mientras que otros no. En el caso de los que no disponen de tales reglas, en la mayoría de los casos, por cortesía y respeto al trabajador, le doy una propina razonable acorde a su tarifa, la calidad de su trabajo y su actitud. Si hizo un buen trabajo, le doy cinco dólares extra; si hizo un trabajo promedio y no quiero volver a contar con él en el futuro, no le doy dinero extra, pero tampoco le doy menos de lo que se ha ganado. En lo que respecta a dar propinas, no Me considero a Mí mismo un magnate para presumir deliberadamente de Mi riqueza; no saco un puñado de billetes y se lo doy a alguien sin contarlo. Jamás hago semejantes cosas. En cambio, preparo el dinero acorde a su tarifa antes de que empiece a trabajar y se lo doy cuando se va. La mayoría se quedan bastante satisfechos con esto. Esto se puede considerar también una regla para manejar los asuntos en Occidente. Al tratarse de una regla, debemos cumplirla y no romperla. Si eres nuevo en un sitio y no entiendes las reglas, lo mejor es que las aprendas. Una vez que las entiendas, no te hagas el tonto; esfuérzate al máximo por ocuparte de los asuntos según las reglas. Por supuesto, no es que tema que la gente me juzgue a Mis espaldas o diga que no me comporto de una manera que se atiene a las reglas; no es por miedo a nada de eso. Más bien, siento que así es como se debería hacer; es lo que se supone que debo hacer. Hay quien dice: “Si les dieras diez dólares de menos, ¿acaso no tendrías para una comida más?”. No puedes considerarlo así. Es el dinero que se han ganado. Si les das diez dólares de menos, eso equivale a quitarles diez dólares. Usar el dinero que les has quitado a otros para tus propios gastos es no tener conciencia. Hacer las cosas en contra de tu conciencia no está en consonancia con la humanidad; carece de humanidad. Si intentas pagar de menos de esta manera, entonces tu comportamiento no se atiene a las reglas. Comportarse de una manera que se atenga a las reglas significa, como mínimo, actuar de manera imparcial y llamar a las cosas por su nombre. Supón que estás en el sector de los servicios y dependes de las propinas para ganarte la vida. Si alguien no te diera propina y se aprovechara de ti, ¿cómo te sentirías? La lógica es la misma. Tal vez no vaya contra la ley no dar propina en un determinado sector y nadie te va a hacer responsable de ello, pero ¿puedes estar en paz con tu conciencia? Si no puedes estar en paz con tu conciencia, entonces contraes una deuda con ella. Si tienes demasiadas deudas semejantes en esta vida, ¿cuándo vas a poder saldarlas? No puedes comportarte así. Tal vez te aproveches un poco de alguien al no darle propina, pero ¿acaso no sientes la acusación de tu conciencia? Si en realidad no la sientes, entonces no hay duda de que tienes un problema. Si intentas aprovecharte de alguien por algo tan insignificante, ¿serías capaz de cosas incluso peores? Con una mentalidad semejante, ¿puedes de todos modos practicar la verdad?
Todo el mundo podría encontrarse con estos ejemplos que compartimos sobre comportarse de una manera que se atenga a las reglas a lo largo de su vida y supervivencia. En cuanto al Dios encarnado, que vive entre esta especie humana, estas cosas también son imposibles de evitar y son cuestiones a las que Él se debe enfrentar. Al hacer estas cosas, en general, el Dios encarnado cumple estrictamente los credos y principios de comportarse de una manera que se atenga a las reglas y de hacer las cosas con sentido del deber. Yo mismo hago exactamente esto. Por supuesto, cuando Mis interacciones con vosotros impliquen el trabajo de la iglesia o vuestra vida personal, si me pedís que comparta con vosotros o me consultáis sobre cómo ocuparos de un determinado asunto, os lo compartiré estrictamente según Mis credos sobre la conducta propia. Tanto si los aceptáis como si no, Mis puntos de vista y la forma y los principios según los que me comporto permanecen inalterados. No os enseñaré en absoluto a aprovechar las lagunas legales para obtener una ventaja adicional; eso es totalmente inapropiado. Suceda lo que suceda, primero haré que averigüéis con claridad si el asunto atañe a las leyes, las políticas o las regulaciones de un determinado sector. Si es así, os diré que se lo consultéis a un funcionario del gobierno o a un abogado o que busquéis en internet las reglas que correspondan. Si atañe a asuntos financieros, entonces deberíais consultarlo con un contable. Debéis practicar de esta manera, sea cual sea el país en el que os encontréis. Así es como Yo hago las cosas y de ninguna manera voy a alentarte a vulnerar estos credos. En lugar de eso, te exijo que te atengas estrictamente a las leyes y regulaciones de cada país, incluidas las reglas y disposiciones de cualquier lugar público o de cualquier sector. Si no las conoces, debes tomar la iniciativa de informarte sobre ellas y consultar con gente al respecto. Si las conoces, debes esforzarte al máximo por atenerte a ellas. Debemos hacer las cosas según lo que digan las reglas. Aunque a veces las reglas o leyes del país afecten al tiempo que dedicas a hacer tu deber o afecten a algunos asuntos relacionados con tu deber, de todos modos debes atenerte a ellas. Puedes buscar formas de ajustar el momento en el que haces tu deber o el entorno en el que lo realizas para evitar entrar en conflicto con las leyes y regulaciones del país, al igual que para evitar incurrir en conductas o causar incidentes que vulneren las leyes y regulaciones del país. ¿Es apropiado hacer las cosas de esta manera? (Sí). Esto es así por un lado. Por otro, sea cual sea el país al que pertenezcan las leyes y regulaciones, sean estas razonables o no, mientras estén estipuladas explícitamente por el gobierno y aparezcan en el ámbito de Mi vida y existencia, me atengo a ellas y las cumplo en la medida de lo posible. De ninguna manera haré comentarios ni criticaré ningún aspecto de las leyes y regulaciones del gobierno que no sean razonables o no sean en interés de la gente; en cambio, me atengo a cualquier regla que disponga el gobierno. Por supuesto, cuando hablo de atenerse a las leyes y regulaciones del gobierno, esto no incluye aquellas leyes que se oponen a la creencia religiosa o las leyes que niegan a Dios y se resisten a Él. Más bien se refiere a aquellas leyes y regulaciones que protegen los derechos de los ciudadanos, mantienen el orden social y promueven la equidad; a estas es a las que la gente debería atenerse. Con independencia de los pensamientos que la gente tenga en la cabeza, atenerse a las leyes y regulaciones es lo primero. Debes respetar las leyes del país, así como las reglas y disposiciones de cualquier sector. Si no puedes adaptarte a ellas o no te gustan, puedes evitar este sector o puedes abandonar el país. Sin embargo, siendo racionales, si vives en un determinado país o tratas con personas de un determinado sector, deberías atenerte a las leyes del país, a las disposiciones y directrices del sector o de determinadas ocasiones y entornos especiales e incluso a algunas normas morales. Yo me esfuerzo por atenerme estrictamente a las leyes, regulaciones y disposiciones de la especie humana, a algunas reglas y directrices especiales en lugares públicos y a las normas morales y de comportamiento básicas de la humanidad. Jamás hago hincapié en Mi identidad y estatus especiales ni voy en contra de ninguna ley, regulación, directriz, disposición o cosa semejante. No las desafío ni las quebranto intencionadamente para seguir Mi propio camino; en su lugar, me atengo estrictamente a ellas. Detrás de Mi estricto cumplimiento hay un respeto por sus leyes, regulaciones, disposiciones y reglas. Este es también el principio que en realidad practicas y cumples al comportarte de una manera que se atenga a las reglas y al hacer las cosas con sentido del deber. Tal vez algunas personas no entiendan cuál es Mi actitud hacia estas cosas; tal vez algunas personas tengan algunos pensamientos que no estén en consonancia con la realidad, o tengan algunas nociones e imaginaciones vacías sobre Mis principios y credos para hacer semejantes cosas. Al compartir así, ¿encontráis que haya algo vacío aquí? (No). Decir que no hay nada vacío significa que Mi actitud hacia estas cosas consiste en tratarlas con racionalidad desde la perspectiva de la humanidad. No asumo una posición de superioridad, no me sitúo en la perspectiva del tercer cielo y no trato estas cosas desde el estatus especial de tener la identidad de Dios. En lugar de eso, las trato de una forma muy humana, desde una perspectiva racional. Jamás me jacto de Mi identidad como el Dios encarnado al tratar estas cosas ni me aprovecho jamás de esta identidad para contemplarlas con condescendencia. Jamás desafío estas cosas ni trastorno las leyes y regulaciones del país ni las reglas de ningún sector. En vez de eso, me atengo estrictamente a estas leyes, regulaciones, disposiciones y otras cosas semejantes con obediencia y sentido del deber. De manera todavía más práctica, en lo que se refiere a interactuar con la gente, también me atengo a un principio muy humano.
Hemos compartido algunas manifestaciones del Dios encarnado comportándose de una manera que se atiene a las reglas. Podrían ser cosas en las que nunca habéis pensado o que nunca os habéis tomado en serio; podríais tener una idea muy vacía de estas cosas; o cuando las veis, entráis en contacto con ellas u oís sobre estas cosas, puede que las descartéis sin más. Sin embargo, estas son un reflejo de la normalidad y practicidad, así como de la humildad y ocultación manifestadas por la encarnación de Dios. Además, también son las manifestaciones más normales y prácticas de Su conducta propia cuando el Espíritu de Dios se reviste de carne y viene entre las personas. Por medio de estas manifestaciones, las personas pueden entender mejor cómo el Dios en el cielo contempla, trata y se encarga de la cuestión de comportarse y convertirse en miembro de la especie humana. Estos credos y principios de conducta propia permiten a las personas ver y conocer que Dios no hace nada de una manera vacía, que lo hace todo de manera práctica y que practica de acuerdo con los principios de manera práctica, ateniéndose a las leyes y regulaciones de la especie humana, así como a las reglas de las diferentes esferas de la sociedad humana. Mientras se atiene a estas leyes y regulaciones, Dios encarnado también tiene que realizar Su ministerio y hacer la obra que pretende hacer. Ya se trate de que Él viva la humanidad normal o haga la obra divina, ninguno de los dos entra en conflicto con el otro ni lo contradice. Los credos y principios de conducta propia que exhibe Dios en Su vida humana normal muestran la normalidad y practicidad de Dios encarnado; este es un aspecto. Otro aspecto es que Él vive la humanidad normal —la cual posee conciencia y razón— que el Espíritu de Dios debería tener al convertirse en una persona o revestirse de carne entre la gente. Aunque este vivir no parece relacionado con el ministerio que realiza Dios encarnado en Su divinidad gran parte del tiempo, los credos y principios a los que Dios se atiene en Su vivir en la humanidad son en esencia lo mismo que la verdad, el carácter de Dios y Sus requerimientos para la especie humana que Él expresa cuando obra en la divinidad. Los principios de conducta propia a los que Dios encarnado se atiene en Su vida humana son comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer cosas con sentido del deber. Entonces, los principios de obra a los que Él se atiene cuando hace Su obra en divinidad son básicamente los mismos. Él se comporta de una manera que se atiene a las reglas y hace las cosas con sentido del deber; los principios no cambian. Por tanto, en lo que respecta a Dios encarnado, Su humanidad y divinidad nunca se separan; están completamente unidas. Su divinidad se puede expresar a través de Su humanidad y Su humanidad es la manifestación de una parte de Su divinidad. Por tanto, cuando Dios encarnado vive entre la especie humana, la humanidad y la divinidad Suyas que la gente puede ver durante este periodo no están desconectadas ni separadas; están unidas. El vivir de Su humanidad y los credos y principios de Su conducta propia son, hasta cierto punto, supervisados, influidos y dirigidos por el Espíritu de Dios. Por otro lado, también se puede decir que vive Su humanidad normal, la cual posee conciencia y razón. Solo con tal humanidad puede la encarnación de Dios asumir la totalidad de Su obra divina, la obra que a Él le corresponde hacer en Su divinidad; solo con tal humanidad puede la encarnación de Dios cumplir con el ministerio que va a realizar y realizarlo bien. Este es un entendimiento. Otro entendimiento es que el ministerio que realiza Dios encarnado se logra a través de semejante humanidad que posee normalidad y practicidad. En cualquier caso, tanto la esencia-humanidad como la divinidad de Dios encarnado constituyen al Dios encarnado, el cual tiene la identidad especial de Cristo. Por consiguiente, los credos y principios de conducta propia de la humanidad de Dios encarnado que ves, hasta Sus manifestaciones, actitudes y puntos de vista específicos en todo lo que hace, son una parte de Su humanidad y, por supuesto, también se puede decir que son una parte de Su divinidad. Ambas no se pueden separar. Es decir, cuando veas semejante humanidad en Dios encarnado, deberías tener la certeza de que Él es la carne de la que Dios se ha revestido. Por supuesto, cuando entras en contacto con la verdad expresada por Dios, al tiempo que reconoces que Dios encarnado tiene divinidad, también deberías reconocer que Su humanidad es una parte de Dios encarnado, el cual posee una identidad especial. En cualquier caso, en última instancia se permite que la gente vea este lado normal y práctico de Dios encarnado y los credos y principios de conducta propia que vive, porque estos implican muchas cuestiones a las que se enfrenta la carne de Dios en Su existencia y Su vida. Aunque estas manifestaciones prácticas en la vida humana de Dios encarnado no alcanzan el nivel del ministerio que realiza o Su provisión de la verdad, el camino y la vida a la gente, estos principios y credos de conducta propia no están desconectados de la divinidad dentro de Dios encarnado. Precisamente porque esta carne es la encarnación de Dios y la carne de la que se ha revestido el Espíritu de Dios, la humanidad normal de este Dios encarnado puede tener semejantes credos y principios de conducta propia. Lo que esto implica es que resulta muy difícil para cualquier miembro de la especie humana corrupta, o para cualquiera entre la especie humana corrupta que tenga un trasfondo ventajoso, identidad, valor social y una posición noble, comportarse de una manera que se atenga a las reglas y hacer las cosas con sentido del deber; nadie es una excepción. Por tanto, este aspecto de normalidad y practicidad es lo que la humanidad del Dios encarnado tiene y es y, por supuesto, también es una parte de lo que la divinidad del Dios encarnado tiene y es; solo que Él lo expresa y revela a través de Su humanidad. Si Dios encarnado fuera alardeando por todas partes, siempre afirmara Su estatus, hablara con pomposidad, se sintiera noble, despreciara a todo el mundo, actuara con prepotencia y siempre quisiera pisotear a todo el mundo; si maldijera a cualquiera que no se postrara a adorarlo, si lo redujera a cenizas, lo matara al instante o lo derribara con Su mirada punzante, entonces sería difícil decir si realmente tiene una esencia-divinidad en Su interior. Por un lado, Dios encarnado tiene la conciencia y la razón de la humanidad normal para mantener toda la vida, todas las palabras y todos los hechos de Su carne. Por otro lado, Su divinidad también está obrando en Su interior porque, después de todo, la divinidad es Su vida verdadera. Si Su humanidad fuera tan arrogante y sentenciosa como la de la especie humana corrupta, ¿dirías que esta persona es Dios encarnado? (No). Supón que una persona siempre tuviera manifestaciones sobrenaturales, siempre pensara que es un ser celestial descendido a la tierra, siempre tuviera esta sensación y siempre hablara a la gente desde las alturas, haciendo a la gente admirar sus palabras y hechos. Supón que siempre tuviera pensamientos sobrenaturales y trascendentes en su corazón, siendo capaz de saber de un vistazo lo que ocurrió en la vida anterior de alguien, qué males había cometido, qué cosas había hecho o cuántas veces se había reencarnado como ser humano o animal. Además, supón que esta persona siempre se sintiera particularmente noble y siempre tuviera manifestaciones sobrenaturales al hablar, y estuviera acompañada de señales y prodigios, haciendo sentir a la gente que fuera especial. Semejante persona sería anormal. Por un lado, el carácter-vida en su interior sería anormal; por otro, la vida en su interior no sería la vida de divinidad. Esta es la única manera de expresarlo.
Ya sean Sus credos de conducta propia o Sus principios para ocuparse de los asuntos, todo lo que el Dios encarnado revela y vive es particularmente normal y práctico. Mira las cosas que he dicho y las cosas que hago en Mi vida; ¿es alguna de ellas anormal? ¿Es alguna de ellas sobrenatural o no convencional? (No). Da igual de qué me esté encargando, no encontrarás nada inusual respecto a Mí. No soy una persona inusual; solo soy una persona normal. Asimismo, Mis pensamientos, puntos de vista, formas de pensar y lógica al ocuparme de todos los asuntos no están distorsionados, no son extremos ni sobrenaturales. Estoy calmado y mantengo el temple cuando interactúo y me relaciono con la gente. Si la gente está dispuesta a interactuar conmigo, Yo interactúo con ellos; si no, no intento ganarme su simpatía. ¿Te parece normal Mi pensamiento en lo que respecta a interactuar con las personas, ocuparme de los asuntos, hacer todo tipo de cosas y comportarme? (Sí). Todo es normal. Jamás os he llamado ni os he incitado a oponeros al gobierno de ningún país, ni os he dicho nunca algo así: “Todos los creyentes en Dios provienen de Dios; todos vosotros venís del tercer cielo. ¡No temáis a este mundo; pisotead este mundo bajo vuestros pies! Todos vosotros sois hijos varones victoriosos; tomad la vara de hierro para gobernar este mundo y gobernar a esta especie humana. ¡Todas las cosas están bajo vuestros pies!”. ¿He dicho esto alguna vez? (No). ¿Qué he dicho? Que debéis comportaros de una manera que se atenga a las reglas en todo lo que hagáis. Da igual en qué país creáis en Dios y hagáis vuestro deber, debéis acatar la ley y hacer las cosas según las regulaciones del gobierno. De ninguna manera debéis actuar de forma temeraria y caprichosa; debéis ser cautos y no ser disolutos. Si vulneráis las leyes y regulaciones del gobierno, una vez que os denuncien, eso afectará a la realización de vuestro deber. Insisto constantemente en esto. Aunque suene bastante mundano, es muy práctico, dado que tenéis muy poca experiencia de vida, carecéis de perspicacia y sois muy propensos a cometer errores. Sois creyentes en Dios. Vuestro propósito al ir a diferentes países a hacer vuestro deber es seguir la voluntad de Dios y dar testimonio por Él, no enfrentaros a ningún país ni a ningún partido gobernante. Solo sois seres creados que hacéis vuestro deber; deberíais someteros por completo al dominio del Creador y deberíais someteros a cualquiera que sea la forma en la que Dios orqueste y disponga las cosas. Sin importar a qué país vayáis, en qué tipo de entorno viváis o en qué casas de hermanos y hermanas os alojéis, debéis comportaros de una manera que se atenga a las reglas y echar una mano en todo lo que podáis. Además, debéis acatar las leyes y regulaciones que tenga el país, sean cuales sean. Os exhorto una y otra vez a no romper las reglas y a que nadie presente quejas contra vosotros. Si se presenta una queja sobre vosotros, deberíais averiguar qué error cometisteis, qué regulación vulnerasteis y por qué se presentó la queja. Aprended la lección para que no vuelva a ocurrir. Si no aprendes la lección, se seguirán presentando quejas contra ti. Mis palabras al respecto son todas soluciones a problemas basadas en circunstancias reales; te estoy diciendo cómo vivir, cómo sobrevivir y cómo atenerte a las reglas para no acarrearte problemas innecesarios en tu propia vida y supervivencia. Vayas al país que vayas, estás allí para hacer tu deber. Primero, debes integrarte en el país y acatar sus leyes y regulaciones. No debes trastornar su orden existente ni causarles ningún problema. Solo entonces te aceptarán y te tratarán como a un miembro del país y solo de esta manera podrás establecerte para hacer tu deber. Si ni siquiera te atienes a las reglas locales y haces cosas que las vulneran, con lo que la gente se queja constantemente y te causa problemas, hasta el punto de que incluso te detestan y no quieren que sigas viviendo allí, ¿cómo vas a soñar siquiera con hacer tu deber? Vivas donde vivas, debes atenerte a las leyes y regulaciones locales. Decidme, ¿es correcto practicar de esta manera? ¿Os resulta beneficioso al hacer vuestro deber? (Sí). Practicar de esta manera es muy práctico. Acatar las leyes y regulaciones es sentido común básico en la vida real. No es hacer una montaña de un grano de arena ni mucho menos ser demasiado sensible; es un principio al que debes atenerte en la vida real. Si ocurre algo o surge un problema, debatimos la mejor manera de resolverlo y cómo aprender una lección de ello para que puedas esforzarte por cometer menos errores o evitarlos por completo en el futuro, así como para poder ser alguien que se comporte de una manera que se atenga a las reglas y tenga sentido del deber. Algunas personas no se atienen a las reglas, vayan donde vayan. Tiran basura por todas partes y de vez en cuando arman alboroto y perturban el descanso de sus vecinos. Son como animales salvajes que entran en una aldea, afectan al entorno comunitario y lo perturban, provocan el desdén y la antipatía de la gente allá donde van. Les digo a estas personas que deberían atenerse estrictamente a las leyes y regulaciones locales, que deben seguir las reglas y que solo al comportarse de esta manera se tiene una humanidad normal. Decidme, ¿es correcta Mi forma de pensar y Mi punto de partida al lidiar con estos asuntos? (Sí). No hago cosas elevadas y grandiosas ni abstractas, trascendentes o poco convencionales. Simplemente corrijo y dirijo a la gente con respecto a estos asuntos menores de su vida y a los errores y fallos que aparecen en ella, señalando y rectificando sus problemas y dándoles consejos. En cuanto a Dios encarnado, ¿es práctico que se comporte de esta manera? (Sí). ¡Es de lo más práctico! Manejar estos asuntos no es en absoluto algo vacío ni se aparta en absoluto de la vida real. Por tanto, ya nos fijemos en los credos y principios de conducta propia y de hacer las cosas que se reflejan en la vida diaria de Dios encarnado, o bien en las verdades que Él comparte en el ministerio que realiza, ambos aspectos son muy normales y prácticos. Ambos aspectos son cosas que la gente con un pensamiento normal, que ama las cosas positivas y tiene conciencia y razón puede entender, comprender, aceptar y alcanzar. Ninguno de los dos aspectos se aparta en absoluto de la vida real; esto es ser normal y práctico.