Cómo perseguir la verdad (27) Parte 1

En cuanto al tema de “desprenderse” en “Cómo perseguir la verdad”, hemos compartido hasta el contenido relativo a las nociones e imaginaciones dentro del tema de “Desprenderse de las barreras entre uno mismo y Dios y de la propia hostilidad hacia Él”. En las ocasiones anteriores, hablamos sobre “desprenderse de las nociones e imaginaciones acerca del Dios encarnado”. Hoy vamos a continuar compartiendo esto. En cuanto a las nociones y figuraciones sobre Dios encarnado, hemos compartido algunos temas relativos a la humanidad normal de Dios encarnado, ¿no es cierto? Entonces, ¿qué fue lo que compartimos la vez anterior? Compartimos algunas manifestaciones específicas que atañen al vivir y a las revelaciones de la humanidad normal de Dios encarnado, así como algunos principios de conducta propia y de hacer cosas dentro de la humanidad normal de Dios encarnado; luego compartimos qué cosas no hace Dios encarnado en lo que se refiere a Su humanidad. Compartir estos aspectos ayuda a que la gente entienda mejor la esencia-carácter de la encarnación de Dios y Sus principios de conducta propia y de hacer cosas, así como algunas de Sus manifestaciones y revelaciones específicas. Cuando compartimos estas manifestaciones de Dios encarnado —ya sea en la forma de hechos, ejemplos o principios específicos para hacer cosas—, estas atañen a toda clase de asuntos menores en la vida. No parecen involucrar ninguna de las grandes hazañas pioneras o acciones nobles dignas de admiración que existen en las nociones e imaginaciones de las personas; las manifestaciones de Dios encarnado son todas muy comunes y corrientes. Precisamente porque Dios encarnado vive entre esta especie humana corriente y corrupta, estas manifestaciones normales y prácticas Suyas son, por un lado, las manifestaciones inevitables de la humanidad de la encarnación de Dios y, por otro lado, una necesidad normal de Dios encarnado que vive entre la especie humana. Por supuesto, estas manifestaciones normales y prácticas proveen también algo de información o alguna senda relativa a conocer a Dios. Permiten a las personas conocer la practicidad y normalidad de Dios por medio del vivir práctico y de los principios prácticos de conducta propia del Dios encarnado entre las personas, así como también permiten conocer al Dios en el cielo, con lo que les permiten entender con mayor precisión al Dios en el cielo y entender con precisión Su esencia como una persona normal y corriente en la tierra.

Hay quien dice: “Estas cosas y estos ejemplos relativos a la humanidad normal del Dios encarnado de los que hablas son todos muy corrientes; todos son aspectos muy insignificantes y nada destacables de la vida cotidiana. ¿Puedes hablar de algunos hechos que den sensación de ser misteriosos e insondables o que parezcan especialmente grandiosos?”. Ante esto digo que, hasta ahora, en realidad no ha habido ninguno. El Dios encarnado vive en la realidad de la humanidad normal y en un entorno de vida específico; aparte de hacer la obra de Dios mismo, pasa el resto del tiempo dentro del ámbito de la vida de Su humanidad normal, interactuando con los hermanos y hermanas o gestionando algunos problemas triviales de la iglesia. Por tanto, aparte de los ejemplos que hemos compartido sobre los principios y credos según los que se comporta y hace las cosas, no realiza ninguna de las grandes hazañas pioneras ni de los actos extraordinarios que imagináis. A la gente esto puede resultarle inesperado y tal vez no se ajuste a sus nociones y figuraciones, pero es un hecho que así es como son las cosas. Nuestra enseñanza sobre el tema del Dios encarnado ha tratado principalmente sobre algunas manifestaciones, sobre el vivir y los principios específicos de la conducta propia y de hacer las cosas de Dios encarnado en Su humanidad normal. Esto es diferente a cómo se relatan en el mundo las hazañas de las grandes figuras y las personas famosas. Cuando la gente del mundo habla sobre alguna figura eminente, famosa o excepcional, siempre habla de lo única, extraordinaria y grandiosa que es y habla de su carisma; sobre todo se enfoca en lo elevada y grandiosa que es. Sin embargo, lo que hablamos en lo que se refiere al Dios encarnado es exactamente lo opuesto a lo que el mundo dice sobre esas figuras excepcionales y grandes personas. Hablamos principalmente de que el Dios encarnado es normal, práctico, corriente y nada extraordinario. Solo hablamos de ejemplos concretos —que además son pequeños ejemplos de la vida cotidiana— al hablar de cuáles son los puntos de vista y principios implicados en Su conducta propia y en Su manera de hacer las cosas. Estos pensamientos y puntos de vista, principios y métodos de conducta propia y de hacer las cosas se basan todos en la conciencia y razón de la humanidad normal. Nos referimos sobre todo a cómo se comporta y cómo hace las cosas. Sin embargo, muy poca gente habla en el mundo de cómo comportarse. Aunque algunos han hablado sobre este tema, no han podido dar muchos ejemplos específicos ni mucho menos han sido capaces de expresar ningún principio de conducta propia. No hablan de qué principios positivos, métodos positivos o pensamientos y puntos de vista correctos tienen las personas famosas y las grandes figuras al comportarse y hacer las cosas. De lo único que hablan es de sus logros, talento y erudición, de sus dones y su espíritu, así como de qué clase de posición dominante ocupan entre la especie humana debido a sus logros, talento y erudición, sus dones y su espíritu. Eso de lo que hablan es exactamente lo contrario a la humanidad normal que posee y tiene el Dios encarnado que estamos compartiendo hoy. Lo que la encarnación de Dios os permite saber y entender son los principios y credos de la conducta propia y de hacer las cosas que se viven y poseen dentro de Su humanidad normal y práctica. Estos principios y credos de conducta propia y de hacer las cosas se corresponden a la perfección con los requerimientos de Dios para la especie humana que Él pretende salvar. La encarnación de Dios posee tal humanidad y posee los diversos pensamientos y puntos de vista —junto a Sus principios y credos de conducta propia y de hacer las cosas— dentro de esta humanidad normal y práctica. Solo gracias a esto puede Él representar a Dios al realizar la obra de Dios mismo y cumplir la obra y el ministerio que al Dios encarnado le corresponde realizar bien en esta era, dentro de dicha humanidad; solo así puede dar a conocer plenamente a la especie humana el carácter que Dios se propone que sea representativo y el carácter que se propone expresar en esta era y —por supuesto— estar plenamente capacitado para la obra de expresar la verdad que Dios pretende realizar en esta etapa de obra. Si la esencia-humanidad vivida, revelada y poseída por la encarnación de Dios no fuera esta normalidad, practicidad y ordinariedad sobre las que hemos estado compartiendo, o si Él no poseyera estos principios y credos de la conducta propia que hemos estado compartiendo, sino que poseyera la esencia-humanidad de las personas famosas y grandes figuras de la que hablan o a la que veneran los no creyentes, ¿a qué daría esto lugar? (Él no podría guiarnos a tomar el camino de temer a Dios y evitar el mal). Daría lugar a una situación completamente distinta. Suponed que la encarnación de Dios poseyera la esencia-humanidad de una gran figura o persona famosa no creyente: una persona imponente, extraordinaria, única, misteriosa e insondable. Al comportarse y hacer las cosas, este tipo de persona no tiene límites, miente todo el tiempo, no se comporta ni hace las cosas de una manera que se atenga a las normas ni sea comedida, no sabe su lugar ni actúa con sentido del deber; asimismo, sus búsquedas, pensamientos y puntos de vista son los mismos que los de los no creyentes: simplemente busca cosas elevadas y grandiosas, se centra en los dones, el conocimiento y las capacidades sobrenaturales. ¿A qué clase de senda os guiaría una persona así? (No podría guiarnos hacia la senda de salvación. Al contrario, quienes la siguieran solo se volverían cada vez más corruptos y perversos). Una persona así no tiene principios positivos de conducta propia; sus métodos y principios de conducta propia no son positivos, sino satánicos. Por consiguiente, los principios y credos de conducta propia de esta persona que es propia de Satanás son altamente representativos de su esencia-humanidad. ¿Cuáles son las búsquedas y la senda que transita una persona con esta clase de esencia-humanidad? Son exactamente las mismas que las de Satanás. Sus búsquedas y la senda por la que camina provienen todas de Satanás y son compatibles con Satanás. Entonces, ¿acaso quienes la siguieran no seguirían su liderazgo, tendrían sus mismas búsquedas y recorrerían la misma senda? (Sí). Esas personas seguirían su liderazgo, imitarían sus principios de conducta propia y, al igual que ella, buscarían el conocimiento, el estatus, lo sobrenatural y las cosas elevadas y grandiosas, todo lo que es extraordinario y todo lo que a las personas les parece misterioso e insondable. Nadie podría alcanzar la salvación siguiendo a una persona semejante; al contrario, se volvería cada vez más degenerado. A un grupo así no se le podría llamar iglesia, primordialmente porque todos se habrían desvinculado de la obra de Dios y no tendrían la obra del Espíritu Santo. Al líder al que siguieran no lo habría establecido Dios, ni mucho menos lo habría enviado Él. Aunque todos se autodenominaran iglesia, no serviría de nada; Dios los ignoraría. Por mucho que se llamaran a sí mismos iglesia, Dios no los reconocería ni el Espíritu Santo obraría en ellos. Ese líder enseñaría a la gente a hacer lo que fuera que le guste; proveería a las personas de aquello que poseyera en su interior y eso sería lo que estas obtendrían de él. Ese líder no tiene la verdad ni podría proporcionar a la gente cosas positivas ni guiarla en la dirección correcta, así que sería imposible que las personas obtuvieran la verdad de él. Como mucho, la gente solo podría adquirir de él un poco de conocimiento y aprender algunas destrezas profesionales del mundo no creyente o ciertas habilidades en un campo específico. En resumen, a alguien así, que no posee normalidad ni practicidad ni la esencia divina como su vida, no se le podría llamar Dios encarnado; no podría llevar a las personas ante Dios ni guiarlas a la senda de salvación. En vista de estos hechos, entre la especie humana, ¿hay alguien aparte de la encarnación de Dios que pueda representar a Dios para realizar Su obra? (No). ¿Hay alguien que pueda representar a Dios para salvar a la especie humana de sus actitudes corruptas? (No). La vida y la esencia-humanidad que posee cualquier miembro de la especie humana corriente son prácticamente iguales: dicha vida y esencia-humanidad han sido corrompidas por Satanás; para las personas, las actitudes corruptas son su vida. Por consiguiente, ya se contemple desde la perspectiva de la humanidad de las personas o desde la esencia-vida de estas, ni una sola persona en toda la especie humana es competente para esta obra del Dios encarnado ni ningún ser humano corrupto puede representar a Dios para salvar de la corrupción a la especie humana corrupta. Naturalmente, estos hechos también le indican a la gente lo siguiente: ningún ser humano corrupto puede decirle a la especie humana cuáles son las cosas positivas y cuáles las negativas ni ningún ser humano corrupto puede decirles a las personas qué es la verdad o cuáles son en realidad las intenciones de Dios. Lo que los humanos corruptos proporcionan a los demás es únicamente conocimiento, además de las diversas destrezas, habilidades o dones que busca la especie humana corrupta, diversas tácticas de conducta propia y de hacer las cosas, filosofías para los asuntos mundanos y diversos pensamientos y puntos de vista procedentes de Satanás. Los seres humanos de todas las razas comparten un rasgo común. ¿Cuál es este rasgo común? Todos consideran como cosas positivas aquellas que, entre ellos, son relativamente positivas o bienintencionadas, conservadoras y tradicionales, e intentan reemplazar la verdad y las intenciones de Dios con ellas. La gente cree que, al aferrarse a estas cosas, ha obtenido el camino verdadero y puede alcanzar la salvación. De hecho, estas cosas no tienen absolutamente nada que ver con los requerimientos de Dios para la especie humana. Fíjate, entre la especie humana, por muy astutas que sean las personas, por muy grandes que sean sus dones o por mucho talento y erudición que posean, o por muy bondadosa y benevolente que parezca su humanidad por fuera, ni una sola persona puede comprender la verdad, ni una sola persona puede discernir qué son las cosas positivas y qué son las cosas negativas. Antes de que Dios realizara Su obra y antes de que Dios expresara Sus palabras, casi todo el mundo consideraba que la cultura tradicional era una cosa positiva; algunas personas incluso veneraban la cultura tradicional como la verdad. Por tanto, se mire como se mire, si Dios no se hiciera carne y no expresara estas verdades ni realizara esta obra dentro de la humanidad normal y, en cambio, la hiciera cualquier miembro de la especie humana, este solo guiaría a la gente por una senda que se desvía de las palabras y de las intenciones de Dios.

Vamos a fijarnos en un ejemplo sencillo. Si se le pide a la gente que elija el vestuario para un programa de danza, ¿cómo lo elegirá? En teoría, todo el mundo sabe que, cuando los creyentes en Dios producen un programa de danza, en especial para un vídeo que se publicará en internet, la ropa que lleven y su aspecto representan al pueblo de Dios. Por tanto, la vestimenta elegida debería ser digna y decorosa, nada de atuendos extravagantes. En lo que respecta a ser digna y decorosa, eso implica muchas cosas. Según las nociones de las personas, ¿qué clase de vestuario se considera digno y decoroso? Es el vestuario que llevan más a menudo diversos grupos étnicos, ropa que es relativamente tradicional y conservadora y que a todo el mundo le parece apropiada. No es extravagante ni demasiado a la moda. Esto es lo que, según las nociones de las personas, consideran que es ropa digna y decorosa. ¿Cuáles son los puntos de vista de la mayoría de los hermanos y hermanas de la iglesia respecto a elegir el vestuario para los programas? Fíjate, cuando se rueda una película, las opiniones de la persona a cargo del vestuario representan en realidad las opiniones de la mayoría. Todos los estilos de vestuario que elige son los que llevaban normalmente la mayoría de las personas en los ochenta y noventa. Entre los colores domina el azul, el caqui o el gris, variando solo el tono, más claro u oscuro. En general, solo son esos dos o tres colores sencillos. ¿Por qué no elige algunos colores brillantes? De acuerdo con las nociones de las personas, todos los creyentes en Dios son buenas personas dignas y decorosas, así que deberían elegir estos pocos colores más comunes y corrientes para su ropa. Fíjate, una cuestión tan sencilla como elegir el estilo y el color del vestuario revela por completo las nociones y los pensamientos y puntos de vista falaces respecto a creer en Dios en el corazón de las personas. Es decir, la gente alberga una noción muy seria en su interior; mucha gente cree que creer en Dios requiere adherirse a las viejas formas y reinstaurar la tradición. Según sus nociones, solo las cosas tradicionales, viejas, retrógradas y rancias son positivas y son las únicas que agradan a Dios. ¿Es esto lo que piensa la mayoría de la gente? (Sí). Esto es lo que tienen las personas en mente. Todo el mundo define esas cosas tradicionales, retrógradas, viejas y anticuadas como positivas. Por tanto, en la producción de programas, la gente no puede siquiera hacer elecciones precisas relativas a los colores y estilos de vestuario, lo que es una de las cuestiones más simples y básicas. Todos valoran esta cuestión según sus nociones y son especialmente conservadores, así como especialmente necios y obcecados. Dime, ¿cuántas nociones tiene que tener la gente sobre Dios! Lo que la gente define como cosas positivas y lo que cree que le gusta a Dios no son en su totalidad más que la cultura tradicional tal como se concibe en las nociones de las personas o las cosas entre la especie humana que la gente del mundo acepta y reconoce; no tienen absolutamente nada que ver con la verdad. Así pues, decidme: ¿soy tradicionalista o modernista? (Dios no es tradicionalista ni modernista). Hay quien dice: “Por lo que has compartido, sabemos que no te gusta la cultura tradicional porque vives en el presente. Al menos no eres tradicional y no te aferras a las viejas costumbres”. Decís que no soy tradicional, ¿soy modernista entonces? (No). ¿Cómo podéis saber que no soy modernista? (A la gente del mundo actual le agradan bastante las modas, pero Dios nos enseña a ser dignos y decorosos, lo cual va en contra de las modas). Las modas no solo le gustan a la gente de hoy; a la de la antigüedad también le gustaban. A todos los no creyentes les gustan las modas. El gusto por las modas no significa que uno sea modernista. Entonces, ¿cómo se debería responder a esta pregunta? Reflexionad un poco sobre ello. ¿Me has visto alguna vez llevar ropa antigua? ¿Me pongo ropa tradicional? Llevo ropa moderna. Esto atañe a la humanidad normal del Dios encarnado. Sea cual sea la época en la que viva el Dios encarnado y sea cual sea el nivel de desarrollo que hayan alcanzado las personas de esa época en lo relativo a lidiar con las necesidades básicas, Su humanidad normal adopta el mismo método que ellas para esto de manera natural; no va hacia atrás. ¿Acaso no es esto una manifestación de la humanidad normal? (Sí). Su humanidad normal posee racionalidad, por lo que, tratándose de las necesidades básicas, Él sabe de manera natural qué es apropiado elegir. Esto por un lado; por otro, ya sea tradición o modernidad, no se trata de una forma, sino que representa una corriente de pensamiento y un punto de vista. Entonces, ¿lo positivo es la tradición o es la modernidad? A Mi modo de ver, ninguna de las dos es positiva. Ninguna tiene nada que ver con la verdad; ambas son producidas por la especie humana corrupta bajo la influencia de Satanás. Ya se trate de pensamientos y puntos de vista tradicionales o de pensamientos y puntos de vista modernos, todo lo que no proviene de Dios es negativo, no es positivo. Ya se trate de necesidades básicas tradicionales o de necesidades básicas modernas, su finalidad es siempre la de satisfacer las necesidades de la humanidad normal. Con independencia de en qué época nazca el Dios encarnado, Él vive dentro de la humanidad normal y práctica y Sus principios de conducta propia y de hacer las cosas no cambian. En todo lo que hace y en Su manera de tratarlo todo, actúa conforme a los principios de las palabras de Dios y a los principios que surgen de Su carácter-vida interior; no preserva la tradición ni la sigue, así como tampoco sigue la modernidad o persigue las modas. Por tanto, los requisitos del Dios encarnado para aquellos que lo siguen no se basan en la tradición ni en estos influye la modernidad. Los diversos pensamientos y puntos de vista o las verdades que posee y comparte se originan todos en Dios, en la esencia divina de Dios y en Su vida; no tienen nada que ver con la cultura tradicional ni con el conocimiento moderno.

Al fijaros en el vestuario elegido para los programas de danza que produce la casa de Dios, ¿habéis podido discernir algunos principios? ¿Por qué se eligieron esos estilos y esos colores? Si podéis entender aquí los principios, entonces de veras entendéis un poco de la verdad y tenéis entendimiento espiritual; si no puedes siquiera entender los principios de una cuestión tan simple, entonces eres una persona atolondrada cuyo calibre es demasiado pobre y no has entendido la verdad a pesar de escuchar sermones durante muchísimos años. Para empezar, cuando producimos programas de danza, ¿la ropa que llevan los intérpretes es tradicional o moderna? (Es moderna). Toda es ropa moderna y, además, corriente y cotidiana. Alguna gente no lo entiende y dice: “Nuestros programas de danza son programas artísticos, entonces, ¿por qué los intérpretes solo llevan prendas corrientes y cotidianas en lugar de vestuario de escena? Las prendas con abalorios y lentejuelas son especialmente deslumbrantes. Fíjate en el vestuario que llevan en escena los grupos de danza de nivel nacional: es precioso, exquisito y majestuoso, resplandece cuando les da la luz. Si nuestros intérpretes también llevaran tales prendas cuando producimos programas, ¿no haría eso que tuvieran mejor aspecto y glorificaran más a Dios? ¿No manifestaría mejor el poder de la casa de Dios y permitiría de mejor manera que los no creyentes o las personas religiosas vieran el poder de la casa de Dios?”. ¿Es correcto este punto de vista? (No). Decidme esto, para empezar, ¿por qué los intérpretes llevan prendas corrientes y cotidianas en lugar de prendas espectaculares cuando producimos programas de danza? (Si los hermanos y hermanas llevan todos prendas particularmente deslumbrantes cuando bailan, el público se centrará en la ropa y en el aspecto de los intérpretes. Pero si llevan ropa corriente y su aspecto es digno y decoroso, el público no se sentirá atraído por estas cosas externas y se concentrará en las palabras de Dios). Tenéis razón en una cosa: el no llevar prendas preciosas es para impedir que la gente se centre en la forma y en la apariencia externa. Además, hay otro punto que es de lo más importante: ya sea de danza o de canto, ¿qué propósito tenemos al producir programas? (Dar testimonio de Dios). Este es el único objetivo. Ya sea bailar o cantar, todo es para dar testimonio de Dios. No es para destacar a ningún individuo ni para agradar a nadie; solo es para dar testimonio de Dios. Por tanto, basta con que los intérpretes lleven ropa sencilla que les quede bien, sea digna y decorosa y que tenga gusto para lograr el propósito de dar testimonio de Dios. Por naturaleza, los programas que producimos no son de entretenimiento. ¿Qué son los programas de entretenimiento? Los programas de entretenimiento son cosas que la gente ve para su recreo en su tiempo libre; solo sirven para complacer a las personas. Cuando la gente descansa, ve un programa para divertirse, relajarse, sentirse feliz, olvidar sus preocupaciones y liberar tensiones. Después vuelven a cualquiera que sea el trabajo que tengan que hacer, sin darle más vueltas y sin albergar sentimientos respecto a ello. Estos son los programas de entretenimiento. ¿Qué hay de los programas que hacemos nosotros? En cuanto a forma, son entretenimiento, pero en esencia, no son para complacer al público ni para lucir destrezas artísticas. El objetivo de los programas que producimos es dar testimonio de Dios. Por ejemplo, cuando producimos programas de himnos, el propósito de los himnos de las palabras de Dios es dar testimonio de la verdad de las palabras de Dios y propagarla, para permitir a las personas acudir ante Dios; el propósito de los himnos vivenciales es dar testimonio de los efectos logrados por la obra de Dios y los resultados que la obra de Dios ha producido en las personas. En resumen, sea cual sea la clase de programas que produzcamos, no son puramente programas de entretenimiento. Su propósito no es llamar la atención de la gente ni que esta pase el rato y se entretenga, mucho menos el de presumir de destrezas artísticas. Los programas que producimos tienen un único objetivo: propagar las palabras de Dios y dar testimonio de Su obra, con lo que se permitirá que más personas sepan que Dios se ha hecho carne y ha estado llevando a cabo una nueva etapa de obra, que más gente sepa que la obra de Dios ya ha ganado a un grupo de personas y que ahora Dios está obrando y hablando. Este es el único propósito de los programas que producimos. Dado que este es el propósito de los programas que producimos, si la gente lleva ropa preciosa y mucho maquillaje, si luce atuendos de todo tipo, ¿acaso no entra eso en conflicto con el objetivo de dar testimonio de Dios? (Sí). Hay un conflicto. Por tanto, no nos centramos en lo que llevan los intérpretes. ¿Cuál es la única cosa en la que nos enfocamos? Solo nos enfocamos en si lo que presentan los programas —el aspecto de los hermanos y hermanas, los pasos de baile y la forma de los programas— puede llamar la atención de la gente y puede hacer que le guste y le interese, de modo que le dé una impresión favorable y la ayude a estar dispuesta a investigar la obra de Dios, a aceptar las palabras de Dios y a cantar himnos y adorar a Dios junto con los hermanos y hermanas; este es el propósito que queremos lograr. Para lograrlo, en lo que respecta al atuendo y la apariencia de los intérpretes, simplemente tienen que tener un aspecto digno y decoroso, limpio y ordenado, así como un aspecto especialmente bueno; en cuanto al resto —la ropa preciosa, el abundante maquillaje y todo tipo de atuendos—, todo eso tiene efectos negativos. ¿Qué efectos negativos? Si todas las hermanas que bailan van vestidas como doncellas celestiales y todos los hermanos visten como tipos guapos o ricos herederos, cuando la gente vea esto, pensará: “Estáis alardeando. ¿Acaso no albergáis malas intenciones? ¿Acaso no estáis seduciendo a la gente?”. Si la gente tiene estos pensamientos, eso no es bueno. Los hermanos y hermanas visten de una manera digna y decorosa, así como de buen gusto y de manera apropiada. Aunque puede que en general no parezcan elegantes, son particularmente limpios, ordenados, dignos y tienen buen gusto. Cuando la gente los mira, ve que tienen un buen aspecto, que son creyentes en Dios y que el programa que están produciendo da testimonio de Dios, que no es nada retorcido o malvado. Fíjate, todos los programas de los no creyentes van sobre hacer ojitos, mandar besos o lucir la figura de los intérpretes. Mientras bailan, además de hacer alarde de su arte, también presumen de sus encantos sin ofrecer la más mínima guía positiva. En cambio, los programas que producimos nosotros transmiten una guía totalmente positiva. Aunque los espectadores quieran albergar pensamientos inapropiados, no ven ninguna oportunidad ni resquicio para hacerlo. Si quieren ver la figura y las facciones de los artistas, no pueden verlas bien; si quieren ver quién luce sus encantos, tampoco pueden. Solo ven una expresión —una sonrisa— que presenta un porte del todo digno y decoroso. Lo más importante es que nuestros programas no buscan lucirse ni complacer a nadie, sino dar testimonio de Dios; este es un principio fundamental. Además, en cuanto a los estilos de ropa que elegimos para el equipo de danza —camisetas, sudaderas y pantalones de chándal—, la gente puede sentirse muy cómoda bailando con ellos, pero tal vez a algunos jóvenes no les gusten según sus propios gustos. Sienten que estos estilos son demasiado corrientes, que se trata de ropa simple e informal del día a día, para estar por casa, pero eso es exactamente lo que es la ropa digna y decorosa. Las camisetas, las sudaderas y los pantalones de chándal son los estilos de ropa informal más comunes en la actualidad. ¿Por qué elegimos estos estilos? Me he dado cuenta de que probablemente ya hayan pasado al menos varias décadas desde la primera vez que surgió este estilo de ropa informal. Ahora elegimos este estilo para nuestros programas considerando que, incluso pasadas varias décadas más, no estará pasado de moda ni obsoleto. Además, este estilo es adecuado para personas de todos los grupos de edad y de todas las clases sociales; ya se trate de gente corriente o de personas de clase alta, todos llevan este tipo de ropa en casa en su vida diaria. Asimismo, estas prendas son holgadas y cómodas para bailar. Por tanto, al final nos decidimos por este estilo de ropa para el vestuario de escena. Les guste o no a los que lo llevan, este estilo es el adecuado para el escenario; es decir, ni los espectadores ni quienes la llevan pueden ponerle ninguna pega a esta ropa. Quienes la llevan podrían decir: “Esta ropa que has elegido para nosotros es demasiado anticuada; jamás me la pondría en mi vida diaria”. A eso respondo que no me entrometo en lo que lleves en tu vida diaria. Lo que te pones y lo que te gusta representan quién eres; representan tu humanidad y tu esencia. Si no te gusta la ropa sencilla, de buen gusto, digna y decorosa, sino que te gusta la ropa extravagante, entonces eres bastante poco convencional. Si te gusta llevar el pecho y la espalda al descubierto, llevar el pelo suelto y ponerte gafas de sol grandes, comportarte siempre como una celebridad, entonces te digo que no eres un miembro de la casa de Dios. No te gusta ser digno y decoroso; como mínimo, eres incompatible conmigo. Ser digno y decoroso, además de tener buen gusto y ser apropiado: este es el principio para elegir los estilos de vestuario. Entonces, ¿cómo deben elegirse los colores de la ropa? Hay quien dice: “El blanco representa la santidad, el verde representa la vida, el rojo representa la festividad y el amarillo representa la amistad, por lo que deberíamos limitarnos a elegir estos colores”. Yo digo que esto es una absoluta tontería; los colores no representan nada. ¿Cuál es entonces el principio para saber qué colores llevar? Es muy sencillo, solo hay un principio: debe verse limpio en cámara. En particular, algunos colores están muy saturados y son bastante brillantes y puede que la gente los lleve en contadas ocasiones en su vida diaria, pero elegimos estos colores por el efecto escénico y el efecto visual que provocan. Por una parte, estos colores tienen una saturación relativamente alta y brillante, por lo que el efecto que dan en escena es bueno. Por otra parte, la mayoría de estos colores no son muy raros; ninguno es apagado ni causa repulsión, por lo que la efectividad de los vídeos producidos así es buena.

Lo que acabo de compartir son los principios para elegir el vestuario de los programas de danza. ¿Cuáles de estos aspectos habéis visto con claridad? Decidme, ¿son adecuados estos principios que he considerado? (Sí). Gira principalmente en torno a los principios de dar testimonio de Dios, no deshonrar a Dios y lograr los mejores resultados, ¿no es así? (Sí). ¿Hay algún aspecto de esto que sea distorsionado o extremo? (No). ¿Existe algún elemento de aferrarse a las viejas costumbres? (No). De ninguna manera está distorsionado ni se aferra a las viejas costumbres. Entonces, ¿nuestros principios para elegir el vestuario siguen la tradición o siguen la modernidad? (No siguen la tradición ni la modernidad; lo mejor es que los programas que producimos logren dar testimonio de Dios). Al fin lo habéis entendido; el propósito de estos programas es dar testimonio de Dios y nada más. Dar testimonio de Dios requiere tener en cuenta que no debemos deshonrar a Dios ni hacer quedar mal a la casa de Dios. Por supuesto, también debemos considerar que la tela y el estilo del vestuario deben ser cómodos de llevar. Es decir, cualquier persona digna y decorosa que te viera con esta ropa la consideraría aceptable, pensaría que pareces un creyente en Dios y que puedes representar al pueblo de Dios, no que das la impresión de ser un no creyente o una estrella de cine o un cantante; se puede ver de un solo vistazo que eres una persona digna y decorosa. A juzgar por esto, ¿pensáis que Mis puntos de vista al tratar las cosas y los principios que sigo dentro de Mi humanidad normal son iguales a los vuestros? (No). Sin duda no son iguales. Así pues, decidme: ¿estos principios que sigo son elevados y grandes? ¿Son extraordinarios? No son para nada elevados ni grandes. Son especialmente normales. Los principios que adopto y los resultados que pretendo lograr al hacer las cosas son todos sumamente prácticos y nunca presumo. Si nos guiáramos por la forma en que todos contempláis las cosas, al elegir el vestuario para los programas, bien seríamos tradicionales y nos aferraríamos a las viejas costumbres o bien seguiríamos las modas del mundo. Hay quien dice: “El maquillaje de ojos ahumados, las pestañas postizas, los aros en la nariz y los pendientes grandes son populares en el mundo. Nosotros también deberíamos vestir a los hermanos y hermanas para que tengan un aspecto apuesto y hermoso. Su ropa no solo debería ser deslumbrante, sino que su maquillaje debería ser seductor. No deberían tener nada que envidiar a los cantantes y estrellas de cine del mundo, sino tener un aspecto todavía más elegante y fastuoso. Los creyentes en Dios deberían ser más nobles que ellos, así que esta es la dirección que debemos tomar al vestir a los intérpretes”. Entonces, ¿por qué al final no salen al escenario con ninguna prenda deslumbrante? Porque Yo estoy aquí revisándolo todo. Tanto si son modernistas como tradicionalistas, todos han quedado apartados; no tienen ninguna oportunidad de hacer alarde de sus “habilidades”. Yo los he restringido. Si la revisión la hicierais vosotros, ¿daríais a estas personas la oportunidad de hacer alarde de sus “habilidades”? (No). ¿Por qué no? (Si se les diera la oportunidad, se saldrían del carril. No seguirían los principios requeridos por la casa de Dios). Si se les diera la oportunidad, vestirían a los intérpretes como demonios. Producirían programas de entretenimiento como los que son populares en la sociedad, convertirían los programas destinados a dar testimonio de Dios en programas de entretenimiento para complacer al público y transformarían a las personas en demonios y fantasmas. ¿Se podrían ver los programas entonces? Los programas cambiarían de naturaleza; no estarían dando testimonio de Dios sino deshonrando a Dios, así que merecerían ser maldecidos y prohibidos. Esto no sería hacer un deber, sino hacer el mal. ¿Lo entendéis? (Sí). Ni siquiera entendíais un asunto tan insignificante. Ahora que lo he dicho de forma más clara y sencilla, algunos caen de repente en la cuenta: “Entonces es así. Ahora sé por qué la casa de Dios elige ese vestuario para sus programas de danza”. Sea cual sea la era, ¿qué principio deberían seguir las personas? El de tomar la palabra de Dios como principio en todas las cosas. Al realizar cualquier aspecto del trabajo o gestionar cualquier asunto, vuestra primera meta debe ser edificar a las personas y la segunda debe ser dar testimonio de la obra de Dios. Estos son los dos principios. Por tanto, estos son los dos principios a los que deben atenerse las personas en todos los asuntos. Así pues, la normalidad y la practicidad poseídas en la humanidad normal del Dios encarnado también consisten únicamente en seguir estos principios. Los principios no cambian; el Dios encarnado no sigue la tradición ni la modernidad. El principio al que me atengo dentro de Mi humanidad normal es el de comportarme y hacer las cosas dentro del ámbito de la conciencia y la razón. Entonces, ¿qué principios sigo al realizar la obra de la casa de Dios? Consisten en beneficiar a las personas en todo lo que hago: hacer cosas que las beneficien y edifiquen. Además, consisten en hacer la obra de dar testimonio de Dios y seguir los principios de dar testimonio de Dios y propagar las palabras de Dios. ¿Diríais que es así? (Sí). ¿Me entendéis mejor ahora, al compartir así? (Sí). Si no hablo en detalle de estas cosas, no las tendréis claras. Ni siquiera sois capaces de entender un asunto tan simple. De hecho, no es en absoluto profundo; todo es muy práctico y corriente. ¿Cómo de corriente es esto? Se ajusta mucho a la racionalidad de la humanidad normal. Es decir, puedes entenderlo si tienes la racionalidad de la humanidad normal, pero si careces de ella, te resultará muy difícil entenderlo: tendré que explicártelo con claridad y minuciosidad, exponértelo con sencillez y en detalle para que puedas entender lo que ocurre. Es un asunto muy simple, ni siquiera alcanza el nivel de los principios-verdad, pero aun así no podéis explicarlo con claridad. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿Acaso este asunto es profundo e insondable? (No). Entonces, ¿por qué no podéis explicarlo con claridad? En términos generales, se debe a que no entendéis la verdad. Entrando en mayor detalle, se debe a que vuestra humanidad y racionalidad normales carecen de ciertas cosas y tienen defectos. En lo que se refiere a ser dignos y decorosos, os aferráis a la tradición y a las viejas costumbres. En lo relativo a la humanidad normal, pensáis que tener humanidad normal significa ser ingenuos, como tontos. ¿Acaso no demuestra esto que vuestro calibre es realmente pobre y que no tenéis ninguna capacidad de comprensión? (Sí). Ese es exactamente el problema. Muy bien, ya hemos hablado lo suficiente sobre esto.