Cómo perseguir la verdad (28) Parte 1

Con anterioridad, hemos hablado mucho sobre el aspecto de las verdades relativas a Dios encarnado. Hemos compartido varias veces sobre algún contenido específico relativo a la normalidad y practicidad de Dios encarnado. ¿Habéis llegado a entender ahora más sobre este tema? (Sí). ¿Habéis obtenido un entendimiento adicional de la normalidad y practicidad de Dios encarnado, Cristo, así como de la esencia de Cristo? (Sí). Entonces, ¿habéis sido capaces de desprenderos de algunas de vuestras nociones e imaginaciones sobre Dios encarnado? (Sí). Si simplemente estás conociendo a alguien, ya sea conociendo su carácter o conociendo cómo se comporta, solo estás conociendo más o menos los diversos aspectos de la persona corriente que es; su personalidad y temperamento o las maneras y métodos según los que se comporta, su filosofía para los asuntos mundanos, sus búsquedas, algunos de sus intereses y aficiones o alguno de sus problemas innatos. Como mucho, eso es solo conocer la humanidad de esta persona y no atañe a la verdad en lo más mínimo. Esto es en cuanto a conocer a una persona corriente. Por tanto, da igual de qué persona o de qué tipo de persona entre la especie humana tengas conocimiento, con independencia de cuánto averigües sobre ellas, lo profundamente que las entiendas o si lo que captas de ellas es completo o no, nada de esto atañe a la verdad. Sin embargo, conocer a Dios encarnado es diferente; todos los temas que conllevan comprender los diversos aspectos de Dios encarnado atañen a la verdad. La encarnación es una forma especial que Dios adopta según las necesidades de Su obra y guarda relación directa con diversos aspectos que atañen a Dios, tales como la identidad de Dios, la esencia de Dios y el carácter de Dios; conocer a Dios encarnado también forma parte de conocer a Dios, concierne a conocer a Dios y a las verdades relativas a conocer a Dios que las personas deberían entender. Por tanto, conocer a Dios encarnado es un aspecto de la verdad que la gente debe comprender y llegar a conocer a medida que sigue a Dios para alcanzar el conocimiento de Dios y la sumisión a Él. Puesto que tanto conocer al Dios encarnado como conocer los diversos aspectos de la verdad que expresa Dios encarnado implican la realidad-verdad que la gente debe comprender y en la que debe entrar en su fe en Dios, conocer al Dios encarnado no se puede equiparar con conocer a una persona corriente, a un ser humano corrupto. La razón por la que no se puede equiparar es que conocer a Dios encarnado atañe a la verdad de conocer a Dios, algo que forma parte de conocer al Creador. Sea cual sea el contenido que conlleve, en resumen, implica conocer al Creador, conocer a Dios mismo y, por supuesto, también atañe a cómo desprenderte de tus nociones e imaginaciones sobre Dios. Se puede decir que, una vez que has comprendido a Dios encarnado y has entendido las verdades relativas a Dios encarnado, ya has llegado en gran medida a conocer una parte de la esencia y el carácter de Dios. Por supuesto, del mismo modo, te desprenderás en gran medida de muchas de tus nociones e imaginaciones sobre Dios; es decir, de tus nociones e imaginaciones sobre el Dios en el cielo y el Creador. Como poco, desprenderte de estas nociones e imaginaciones puede ayudarte a tener una comprensión más precisa y un conocimiento auténtico más exacto de Dios. Entonces, ¿qué papel desempeñan este conocimiento y este entendimiento? Un papel sumamente importante. Cuando no conoces a Dios, tal vez sientes que Dios es Aquel con quien las personas están familiarizadas en su mente y en sus pensamientos o en sus nociones tradicionales y Aquel que es invisible e intangible. Sin embargo, cuando llegues a comprender y conocer la normalidad y la practicidad de Dios encarnado, así como Su carácter y Su esencia, tendrás un conocimiento auténtico de Dios. Este conocimiento auténtico puede permitirte someterte a Dios de forma precisa y auténtica, en lugar de tener una falsa sumisión que solo existe en las nociones e imaginaciones. ¿Qué es más auténtico y preciso: la fe y la sumisión que nacen de las nociones e imaginaciones de la gente o la fe en Dios y la sumisión hacia Él que surgen de poseer un conocimiento auténtico de Dios? ¿Sabéis la diferencia? La fe que surge de poseer conocimiento de Dios no se basa en las nociones e imaginaciones de las personas; más bien, esta fe tiene como base un conocimiento auténtico y preciso de Dios. Por tanto, en tu caso, esta fe puede permitirte captar y entender con mayor precisión las intenciones de Dios en la vida real y saber con mayor exactitud, en todos los entornos reales o entre las personas, acontecimientos y cosas reales, cómo actuar de acuerdo con las intenciones de Dios, cómo actuar de una manera que sea precisa, sea una auténtica sumisión a Dios, refleje una fe auténtica en Dios y el apoyarse en Él. Contemplado desde cualquier ángulo, conocer al Dios encarnado no es tan sencillo como comprender y conocer a una persona corriente, pues entran en juego muchos aspectos de la verdad, como la esencia de Dios y la esencia del hombre, los seres creados y el Creador. Ya he dado antes algunos ejemplos y he hablado de algunas verdades relativas a conocer a Dios; las personas no deberían tratar estos temas como asuntos corrientes, sino que deberían tratar de conocerlos como un aspecto de la verdad. Esto se debe a que, después de todo, Dios encarnado es la carne en la que el Espíritu de Dios se materializa de forma verdadera y real, así como una persona con una esencia divina; Él es el representante de Dios en la tierra y también la expresión de la obra de Dios en la tierra. En cuanto a realizar la obra y a Su esencia, Él es plenamente capaz de representar al Dios en el cielo. Aunque existen limitaciones en cuanto a Su forma y exteriormente pueda parecer insuficiente para representar al Dios en el cielo, en lo que respecta a Su esencia y al carácter que posee, Él es plenamente capaz de representar al Dios en el cielo. Por tanto, en vista de esto, la gente debería tomarse en serio los diversos aspectos de la verdad que atañen a Dios encarnado y poner cuidado en conocerlos. Solo cuando te los tomas en serio y dedicas tu corazón a comprenderlos puedes entender de veras a Dios. Solo cuando has comprendido de veras al Dios en la tierra puedes, en gran medida, comprender al Dios en el cielo y comprender al Creador. Simplemente no puedes ver cómo el Creador —Dios— habla en el cielo y por todo el universo y todas las cosas, de qué manera y con qué actitud trata a las personas, cómo hace las cosas, cuáles son Sus pensamientos y otros asuntos semejantes que atañen al carácter y a la esencia de Dios. Sin embargo, cuando Dios se hace carne y viene a la tierra para convertirse en una persona corriente, para convertirse en una persona con una forma y una imagen, de carne y hueso, las personas pueden comprender Su carácter y Su esencia durante el período en el que Él obra, interactúa y se relaciona con ellas. Mediante Sus diversas palabras y hechos y toda la gama de emociones que expresa, puedes comprender cómo es Dios en realidad, cómo manifiesta Sus diversas emociones y cuáles son Sus modos y principios al hacer las cosas, así como las actitudes con las que actúa. Lo entenderás de manera más específica y podrás tocarlo, verlo y escucharlo de manera más concreta. Todo esto, a su vez, resulta más beneficioso para que entiendas al Dios en el cielo. A Dios encarnado puedes verlo y tocarlo; las palabras que dice puedes oírlas con tus oídos y los principios y métodos con los que maneja las cosas puedes presenciarlos con tus propios ojos. Esto equivale a que tengas una vivencia personal de lo que dice y lo que obra Dios encarnado y a que poseas conocimiento del Dios encarnado; de este modo, llegas a tener también cierto entendimiento y conocimiento del Dios en el cielo. Si entiendes las verdades que expresa Dios encarnado, podrás conocer el carácter de Dios; entonces, lo que conoces es precisamente este aspecto de la esencia del Dios en el cielo. Por consiguiente, el modo en que Dios encarnado obra y habla en la tierra, qué actitudes revela y qué clase de esencia tiene, ya te han permitido en gran medida, bajo esta condición limitada, presenciar con exactitud, oír con tus propios oídos o comprender y conocer las palabras y los actos de Dios, las formas en que Dios habla y obra e incluso el carácter y la esencia de Dios. Antes he hablado algo acerca de estas verdades relativas a Dios encarnado, pero nunca he sido muy concreto; en esta ocasión, he hablado mucho sobre ellas en términos específicos. Tras haber oído esto, espero que no tratéis este aspecto de la verdad como una verdad corriente relativa a la práctica ni como una verdad corriente sobre cómo conocer a diversas clases de personas, sino que lo tratéis como una verdad que atañe a conocer a Dios. Esto se debe a que, ya sea en teoría o en realidad, el Dios encarnado y el Dios en el cielo son uno; el Dios encarnado es la expresión y la manifestación de Dios en la tierra y también Aquel a quien se le encomienda la obra de Dios en la tierra. Se mire como se mire, en cuanto a esencia y carácter, ante todo, este Hijo del hombre encarnado es uno con el Dios en el cielo —el Creador— y es compatible con Él. Puesto que son uno, conocer al Dios encarnado es una senda para conocer al Dios en el cielo. Por supuesto, conocer al Dios encarnado es también una de las mejores oportunidades para que conozcas al Dios en el cielo y propicia la condición más favorable para hacerlo. ¿No es así? (Sí). ¿Diríais que estoy exagerando? (No). ¿Lo que digo se corresponde con los hechos? (Sí).

Hay quien dice: “El Dios en el cielo puede crear todas las cosas, ejercer soberanía sobre todas las cosas y ejercer soberanía sobre el sino de la especie humana. ¿Puede hacerlo el Dios encarnado? Puesto que Dios encarnado y el Dios en el cielo son uno y dado que Dios encarnado puede representar al Dios en el cielo, ¿puede Él crear todas las cosas? ¿Puede ejercer soberanía sobre todas las cosas?”. Cuando alguien comparte un punto de vista como este, ¿cómo lo explicáis vosotros? Decidme: ¿puede Dios encarnado hacer la obra de crear todas las cosas y ejercer soberanía sobre todas las cosas? (Sí). ¿En qué te basas para decir que “sí”? Dime tu punto de vista. ¿Qué piensas? (Dado que Dios encarnado también es Dios mismo, Él puede hacer la obra de crear todas las cosas y ejercer soberanía sobre todas las cosas. Es solo que Dios encarnado tiene la obra que le corresponde hacer; Él no hace esa otra obra). Es una forma de verlo. En teoría, ¿es correcta esta afirmación? ¿Está distorsionada o es errónea en algo? (No). Esta afirmación significa que, sin duda, Dios encarnado puede hacer la obra de crear todas las cosas y ejercer soberanía sobre todas las cosas; simplemente depende de si lo hace o no. Si no lo hace, entonces no puedes ver cómo sucede, pero si fuera a hacerlo, Él sin duda sería capaz. Esta teoría es correcta, pero ¿acaso no existe una distancia entre esta teoría y lo que estamos compartiendo sobre conocer la esencia, la normalidad y la practicidad de Dios encarnado? (Sí). Entonces pensad un poco más sobre esto. ¿Cómo se debería compartir para resolver esta cuestión? (Dios, me gustaría añadir algo. La esencia de Dios es la verdad y el Espíritu de Dios puede expresar la verdad; el Dios encarnado también expresa principalmente la verdad. La autoridad de la verdad misma puede ejercer soberanía sobre todo y controlarlo todo. Me parece que esto puede demostrar que el Dios encarnado y el Dios en el cielo son uno y que el Dios encarnado también puede ejercer soberanía sobre todas las cosas). ¿Es correcta esta afirmación? Sí, pero aún no ha llegado a la raíz del problema ni ha resuelto la cuestión práctica. Esto demuestra que dicha afirmación no es más que una teoría. En cuanto a la forma de Dios encarnado, Él está limitado por las condiciones innatas y por los instintos de la carne; de cara al exterior, parece que no puede hacer las cosas igual que el Espíritu de Dios. En realidad, no es que no pueda, sino más bien que, dado que se ha hecho carne, ha venido a realizar la obra que Dios encarnado debería asumir y no lleva a cabo ningún trabajo que no guarde relación con el que es propio de Él. Dado que Dios encarnado cuenta con una faceta normal y práctica, al estar limitado por la condición innata de hallarse en la carne y por diversos factores objetivos, parece que exteriormente no se puede comparar con el Dios en el cielo. Sin embargo, en lo que se refiere a la esencia de Dios encarnado, Él puede crear todas las cosas y también puede controlarlo todo. Como Su esencia es la esencia de Dios y Su vida es la vida de Dios, Él puede hacer estas cosas. Lo que acabáis de decir no ha llegado a la raíz de esta cuestión ni ha abordado el centro del problema. Entonces, ¿cuál es el centro de esta cuestión? Es un hecho que el Dios encarnado puede crear todas las cosas y ejercer soberanía sobre todas las cosas; no es una teoría ni una simple afirmación y mucho menos una noción humana. ¿Dónde están entonces las manifestaciones que demuestran que Dios encarnado puede hacer la obra de crear todas las cosas y ejercer soberanía sobre todas las cosas? Dado que Dios encarnado tiene la esencia de Dios y la vida de Dios, Él puede expresar las palabras de Dios. En cuanto a las palabras de Dios, tienen autoridad y poder en sí mismas; pueden lograrlo todo, pueden crearlo todo y, por supuesto, también pueden ejercer soberanía sobre todo. ¿Acaso no es un hecho? (Sí). Él cumple las palabras que Él mismo expresa y ninguna fuerza puede impedirlo. Fíjate, todas las palabras que dice Dios encarnado, esta persona corriente, tienen autoridad y poder, da igual qué clase de palabras sean y de qué traten. Este es un aspecto. Además, da igual cuántos años sean necesarios, las palabras que Él dice se van cumpliendo y haciendo realidad una por una, sin falta, como dice Dios en Sus propias palabras: “Dios cumple lo que dice; lo que Él dice, así será, y lo que Él hace perdurará para siempre”. Esta declaración es la explicación más auténtica y específica relativa a la creación de todas las cosas por parte de Dios y a que ejerce soberanía sobre todas las cosas. Desde la primera palabra que dijo hasta el día de hoy, cada una de Sus palabras se va cumpliendo y materializando gradualmente en distintos grados, en diferentes rincones del mundo y en diversas épocas. Desde esta perspectiva, ¿puede Dios encarnado realizar la obra de ejercer soberanía sobre todo? (Sí). ¿Veis los hechos a este respecto? (Sí). Este es un aspecto de los hechos. Otro aspecto es que estas palabras que expresa Dios encarnado —si aceptas esta etapa de la obra de Dios, acudes ante Dios y eres capaz de aceptarlas— pueden convertirse en tu vida, cambiar tu perspectiva sobre ella y modificar el rumbo de tu conducta propia. Estas palabras juzgan, castigan, dejan en evidencia, condenan o incluso maldicen a quienes las aceptan, pero al final los conquistan a todos. Una vez conquistados por estas palabras, quienes persiguen la verdad acaban obteniéndolas; las palabras de Dios y la verdad pronto se convierten en su vida y, cuando esto sucede, estas personas se transforman en una nueva especie humana. Dime, el nacimiento de una nueva especie humana: ¿es este el resultado que logran las palabras de Dios? (Sí). Aunque Dios creó a esta nueva especie humana y a la especie humana de la época de Adán y Eva, la forma y el método para crearlas son distintos. El nacimiento de esta nueva especie humana significa que Dios ha usado palabras para, una vez más, crear a una especie humana. Por tanto, dado que Dios encarnado usa palabras para crear a la especie humana, ¿crees que también se puede afirmar que Dios encarnado puede crear todas las cosas? (Sí). Las personas que hoy aceptan esta etapa de la obra, aceptan las palabras de Dios, aceptan el castigo y el juicio de Dios y son purificadas constituyen un tipo de personas diferente por completo a los humanos de la época de Adán y Eva o a los humanos corruptos: son dos tipos de personas con vidas diferentes. Aquellas que aceptan las palabras de Dios como su vida forman parte de una nueva especie humana; se han despojado de la vieja naturaleza de la especie humana corrupta, las palabras de Dios son su vida y se han convertido en una nueva especie humana a punto de entrar en una nueva era, en una nueva época. Teniendo esto en cuenta, ¿se puede decir que la encarnación de Dios ha vuelto a crear una nueva especie humana? Él ha usado palabras para crear una especie humana nueva que tiene las palabras de Dios como su vida. Este es un aspecto. Esta es la obra que realiza Dios encarnado. A juzgar por los efectos de Su obra y el resultado final, Él puede hacer la obra de crear todas las cosas y ejercer soberanía sobre todas las cosas. La razón por la que puede realizar esta obra es que el Espíritu de Dios habita en el interior de esta carne, que posee una esencia divina, el poder de Dios y la autoridad de Dios y, por supuesto, posee aún en mayor medida la verdad que posee Dios. El Dios en el cielo —el Creador— usó palabras para crear todas las cosas; lo que Él dijo, se hizo realidad; lo que Él ordenó, quedó establecido. Y esta etapa final de la obra que lleva a cabo Dios encarnado es exactamente igual a la obra del Dios en el cielo de usar las palabras para lograrlo todo y para crear todas las cosas; ambas son de la misma naturaleza. Aunque la carne en la que Dios se encarnó para realizar esta etapa de la obra parece una persona corriente y normal que no ha tenido ningún logro espectacular ni ha hecho ningún acto espectacular, las palabras que ha pronunciado y las verdades que ha expresado a lo largo de todos estos años ya le han permitido ganarse a un grupo de personas y se han obrado poco a poco las palabras de Dios y la verdad en el interior de la gente. Dentro de poco nacerá una nueva especie humana que tendrá las palabras de Dios como su vida; esta es la obra que realiza Dios encarnado. ¿Qué obra es esta? Es la de usar las palabras para llevar a cabo la etapa final de la obra de Dios, obrar las palabras en el interior de las personas y usar también las palabras para volver a crear una nueva especie humana. Este es un aspecto. Otro es que, desde el momento en que Dios se hizo carne por segunda vez para hacer obra, la segunda etapa de la obra de Dios —la obra de la Era de la Gracia— se dio por concluida y llegó a su término. Una vez que terminó la Era de la Gracia, la obra del Espíritu Santo de la Era de la Gracia y toda la obra que Dios llevó a cabo en dicha era se dieron por finalizadas. El mundo religioso al completo, en cuanto a su forma religiosa y a la definición que Dios hace de él, se convirtió en cosa del pasado. La obra del Espíritu Santo en las iglesias y los grupos de la Era de la Gracia cesó cuando Dios comenzó a hacer la obra de juicio en los últimos días. Es decir, desde el momento en que Dios encarnado apareció y obró, pronunció palabras y habló, Dios calificó a todo el mundo religioso como recintos y grupos religiosos; ya no eran lugares donde Dios obrara ni estaban sujetos al cuidado de Dios. Dios ya los había abandonado, lo cual equivale a decir que el Espíritu Santo ya no obraba en ellos. Ya fuera cristianismo, catolicismo, judaísmo o algo parecido, todos quedaron calificados de religiones. El Espíritu Santo no obra entre ellos. La obra de Dios ha entrado por completo en una nueva era, en una nueva época. Es decir, desde que Dios se hizo carne por segunda vez y empezó formalmente a hacer obra y a expresar Sus palabras, la Era de la Gracia acabó por completo. Todo el trabajo y las actividades del mundo religioso también se dieron por terminados debido a que Dios encarnado empezó a expresar palabras y los diversos aspectos de la verdad de esta etapa de la obra. Esta declaración de que han terminado significa que, para toda la especie humana, surge un nuevo planteamiento respecto a la fe, a la forma religiosa y a la calificación de los nombres religiosos. Esa era ha pasado, es decir, la Era de la Gracia ha terminado por completo. Ahora que contamos con este nuevo planteamiento, se puede determinar que el cristianismo o el catolicismo ya no son venerados entre la especie humana como religiones dominantes que guían las tendencias de la fe de la especie humana, sino que han pasado ya a ser cosa del pasado. Esto es porque Dios encarnado ya ha comenzado a guiar a la especie humana, la cual está a punto de entrar en la siguiente nueva era y se dispone a adentrarse en ella. Desde el momento en que Dios encarnado empezó a dar el paso hacia la siguiente era, el cristianismo pasó a ser cosa del pasado para toda la especie humana; se convirtió en una religión vieja. Por supuesto, desde el momento en que Dios encarnado comenzó a hacer obra y a expresar palabras, llevó a toda la especie humana, sin que esta se percatara, a una nueva era, a una nueva época. En toda la especie humana, ya se trate de temas o términos de moda relativos a la religión, o de ciertos indicadores de tendencias en diversos campos, todos ellos avanzan también en una nueva dirección y se los lleva a una nueva época. Por supuesto, las palabras que expresa y la obra que hace Dios encarnado, así como los diferentes términos espirituales y dichos populares en la iglesia o ciertos pensamientos y puntos de vista sobre la fe, en el futuro influirán en esta especie humana durante un tiempo, del mismo modo que el cristianismo influyó en toda la especie humana a lo largo de dos mil años en diversos ámbitos. A medida que la obra de Dios se difunda y el evangelio se difunda, las palabras que pronuncia Dios encarnado o ciertos dichos, ideas y puntos de vista propios del alcance de esta etapa de la obra de Dios en la iglesia orientarán y guiarán poco a poco a la especie humana en la siguiente era y marcarán su modo de vida; esa es la tendencia. Por supuesto, cuando Dios encarnado inició esta etapa de la obra, debido al cambio de la obra del Espíritu Santo, el mundo religioso perdió la obra del Espíritu Santo y quedó sumido en un estado de desolación. Prácticamente se puede decir que esta etapa de la obra descartó y desmanteló al mundo religioso. Es decir, la llegada de Dios encarnado y el comienzo de esta etapa de la obra de Dios no solo representan un desafío para el mundo entero, para la especie humana y para su fe, sino también una condena y, por supuesto, una especie de cambio, ¿verdad? (Sí). Desde que Dios encarnado comenzó a expresar palabras y a realizar esta etapa de la obra, el rumbo de la fe de toda la especie humana ha cambiado por completo y el mundo religioso también se ha transformado plenamente; todo esto es un hecho. Estas palabras que pronuncia Dios encarnado y estos múltiples temas que atañen a la verdad se difundirán gradualmente en el futuro por todos los países y rincones del mundo, así como por diversos ámbitos y grupos religiosos. Las diversas ideas y puntos de vista que abordan estas palabras no tardarán en influir en el mundo religioso y en esta especie humana y, por supuesto, pronto los transformarán, con lo cual cambiarán la situación actual de la especie humana y del mundo religioso. Esto equivale a decir que esta etapa de la obra de Dios usa una vez más Sus palabras y los puntos de vista que Él expresa sobre diversas cosas para influir en toda la especie humana y el mundo religioso. En cuanto a estas mismas palabras, poseen la autoridad y el poder suficientes para transformar a la especie humana, a este mundo y al mundo religioso, para ordenar a los seres humanos según su clase y catalogarlos, así como para proclamar sus desenlaces y destinos. Por supuesto, a medida que Dios expresa todas estas palabras, el Espíritu de Dios también transforma sin cesar diversas circunstancias y ejerce Su soberanía sobre todas las cosas. Dondequiera que se difundan estas palabras pronunciadas por Dios encarnado, con independencia de si quienes las oyen y las leen las aceptan o se resisten a ellas, estas palabras los conmueven y todos los que entran en contacto con ellas poco a poco son revelados y catalogados. Es decir, ante estas palabras, las personas de toda clase —las que aman la verdad y las que sienten aversión por ella; seres humanos corruptos, demonios, animales y cadáveres andantes; aquellas que albergan toda clase de búsquedas y las que sostienen todo tipo de ideas y puntos de vista; así como quienes creen en Dios con diversas nociones, ambiciones y deseos— revelan su auténtica condición. De este modo, se ordena a todas las personas según su clase: las ovejas de Dios que aman la verdad regresan a la casa de Dios; entretanto, aquellas que no aman ni aceptan la verdad no son ovejas de Dios: se les cierran las puertas y quedan condenadas y descartadas. Las personas de este tipo, a las que se condena y descarta, aguardarán en breve el juicio del gran día del que hablan las palabras de Dios, es decir, el castigo de las personas malvadas del que hablan Sus palabras. El impacto que tienen sobre la especie humana esta etapa de la obra que Dios realiza y las palabras que pronuncia, tanto en el presente como en el futuro, es plenamente el resultado que logran las palabras de Dios y todo ello se logra por el poder de Sus palabras. Todas estas palabras son la obra que Dios realiza y las palabras que pronuncia durante el período de Su encarnación. Decidme pues: a juzgar por este impacto o por los diversos resultados que ya se han alcanzado y que las personas son capaces de ver, ¿puede Dios encarnado —en cuanto a Su esencia y a Su identidad— realizar la obra de crear todas las cosas y ejercer soberanía sobre todas las cosas? (Sí, puede). Afirmar que “puede” no es una doctrina ni una mera declaración, ¿verdad? (Verdad). Aunque Dios encarnado, en cuanto a Su forma, no resulta tan misterioso e insondable ni tan poderoso como el Dios en el cielo o el Espíritu de Dios, en cuanto a Su esencia y a Su vida y en lo que atañe a las palabras que expresa, Él es plenamente capaz de crear una nueva especie humana, de transformar este mundo y cambiar a la especie humana y de ejercer soberanía sobre ella. Esto se debe a que el uso que Dios encarnado hace de las palabras para lograr todo esto es totalmente compatible y plenamente coherente con el hecho de que el Dios en el cielo use las palabras para conseguirlo todo. En lo que respecta a la forma externa que es la encarnación de Dios y a Su apariencia exterior, parece que Él no puede realizar la obra que hace el Dios en el cielo ni posee la autoridad y el poder del Dios en el cielo. Sin embargo, en cuanto a Su esencia y Su vida, Él puede hacer la obra de usar las palabras para lograrlo todo, crearlo todo y cambiarlo todo, ¿no es así? (Sí). Fijaos en cómo están las cosas hoy en día: ya sea el mundo religioso o este mundo en sí, las formas que adoptan y el estado en el que se encuentran guardan relación con las palabras de Dios. Por un lado, todo ello cumple las palabras pronunciadas por Dios; por otro, tanto el mundo religioso como este mundo quedan descartados a causa de la expresión de las nuevas palabras de Dios y de Su expresión de la verdad. Lo mires como lo mires y sea cual sea el estado en el que se encuentren en la actualidad, todos estos estados son transformados por las palabras de Dios, se originan a raíz de las palabras de Dios y guardan relación con las palabras que Dios expresa y con todos los aspectos de lo que Dios dice. A medida que el evangelio se difunda y las palabras de Dios se propaguen más ampliamente, más personas —de todos los países del mundo, de todas las razas y de todos los campos— vendrán y aceptarán esta nueva etapa de la obra de Dios. De este modo, más personas aceptarán las palabras de Dios, más personas cambiarán gracias a las palabras de Dios y más personas obtendrán las palabras de Dios y se convertirán en una nueva especie humana. Por supuesto, a medida que el evangelio se difunda y las palabras de Dios se propaguen más ampliamente, en un futuro cercano —que sin duda será mucho más breve que los dos mil años de la Era de la Gracia—, la fe de la especie humana y sus ideas y puntos de vista sobre toda clase de asuntos cambiarán a raíz de las palabras de Dios. Quienes no creen en las palabras de Dios ni las reconocen, así como aquellos que no reconocen a Dios, también recibirán el impacto de estas palabras en diverso grado. A juzgar por estos resultados, al final todo se reduce al hecho de esta verdad: las palabras pronunciadas por Dios encarnado pueden lograrlo todo y cambiarlo todo, ¿verdad? (Sí).

A juzgar por estos aspectos del contenido que hemos compartido, ¿acaso existe alguna distancia entre la obra que realiza y las palabras que pronuncia Dios encarnado y la obra y las palabras del Dios en el cielo? (No). No hay contradicción alguna entre el hecho de que Dios encarnado pueda realizar la obra de crear todas las cosas y ejercer soberanía sobre todas las cosas y el hecho de que el Dios en el cielo creó todas las cosas y ejerce soberanía sobre todas las cosas; no hay distancia ni brecha entre estos dos hechos. Este punto no debería crear dudas. Esta certeza no es una teoría ni una noción ni una figuración, mucho menos es solo una afirmación agradable; más bien, es algo que decimos a partir de los hechos. Otro punto importante es que, sin importar lo que diga Dios encarnado o qué clase de obra Él pretenda realizar, por un lado, Sus palabras mismas poseen autoridad y poder; pueden lograr que todo se cumpla. Por otro lado, conforme expresa Sus palabras, el Espíritu de Dios también obra a la par con ellas para cumplir todo esto. Esto es algo que ninguna persona puede lograr con sus palabras o sus acciones. Sin importar lo que haga cualquier persona corriente, como un profeta, una figura de renombre o un experto —ya sea que intente especular o predecir algo, hablar sobre algún fenómeno o publicar algún informe—, no puede explicar con claridad cómo se desarrollarán concretamente las cosas ni qué ocurrirá; no se atreve a afirmar con una certeza del cien por cien: “De manera inevitable, estas palabras se cumplirán y se convertirán en un hecho”. Esto es algo fuera del alcance de la gente. Pero en el caso de Dios, dado que cada palabra que pronuncia Dios encarnado es la expresión del carácter y la esencia de Dios y procede de Él, hable de lo que hable, se cumplirá y se hará realidad de forma inevitable. Por un lado, esto es el poder y la autoridad de las palabras de Dios. Por otro lado, deberías darte cuenta de que es el Espíritu de Dios el que está obrando. ¿Se puede decir también que, mientras Dios encarnado realiza la obra, el Espíritu de Dios también está obrando y que la carne y el Espíritu son inseparables y son uno? (Sí). Entonces dime: cuando Dios encarnado habla, ¿es esta carne la que habla o es el Espíritu de Dios el que habla? ¿Puedes explicar esto con claridad? Es Dios quien expresa las palabras, ¿verdad? Precisamente porque es Dios quien expresa las palabras, todas Sus palabras se pueden cumplir y todas se están haciendo realidad. Hemos compartido mucho sobre esto; ¿se ha resuelto la cuestión que acabamos de mencionar? (Sí). Las palabras de Dios lo cumplen todo y Dios usa palabras para crear todas las cosas. Decidme: ¿acaso no es esta la verdad? ¿No es un hecho? (Sí). Esta es la verdad y también es un hecho. Por tanto, los resultados que logra la obra que realiza Dios encarnado no son algo que una persona corriente pueda alcanzar y la naturaleza y la esencia de Su obra y Sus palabras no son las propias de las palabras de una persona corriente. Si preguntaras: “¿Pueden las personas crear todas las cosas, ejercer soberanía sobre todas las cosas y cumplirlo todo?”, podríamos responder categóricamente: “¡No!”. Si preguntaras: “Entonces, ¿puede Dios encarnado crear todas las cosas, ejercer soberanía sobre todas las cosas y cumplirlo todo?”, no deberíamos vacilar en absoluto y deberíamos responder sin dudarlo: “¡Sí!”. Estas palabras no son doctrina, sino verdades y hechos.