Cómo perseguir la verdad (20) Parte 2

En esta etapa, estamos compartiendo sobre desprenderse de las búsquedas, ideales y deseos propios. En nuestra última reunión, hablamos sobre el tema de desprenderse de ciertas cargas que acarrea la propia familia. Respecto al tema de las cargas provenientes de la propia familia, primero hablamos sobre las expectativas que albergan los padres, luego sobre las expectativas de los padres hacia sus vástagos. Todas estas son cosas de las que las personas deben desprenderse en el proceso de perseguir la verdad, ¿cierto? (Sí). En cuanto a desprenderse de las búsquedas, ideales y deseos propios, enumeramos un total de cuatro puntos. El primero es los intereses y las aficiones; el segundo, el matrimonio, y el tercero, la familia; ya hemos compartido estos tres. ¿Cuál es el último que queda? (Las carreras profesionales). El cuarto punto es las carreras; hemos de compartir este tema. ¿Alguno de vosotros ha reflexionado antes sobre ello? Si lo habéis hecho, podéis ser los primeros en hablar. (Solía pensar que el éxito o el fracaso de alguien en su carrera profesional refleja su éxito o fracaso como persona. Pensaba que, si alguien carece de dedicación en su carrera o acaba por arruinarla, eso significa que ha fracasado como persona). Bien, en cuanto al tema de desprenderse de las carreras, ¿de qué hay que desprenderse? (Las personas deben desprenderse de sus ambiciones y deseos respecto a sus carreras). Esa es una manera de verlo. ¿De qué cosas se os ocurre que hay que desprenderse en la cuestión de las “carreras”, dentro del tema de desprenderse de las búsquedas, ideales y deseos propios? ¿No deberíais resolver los diversos problemas que os ocasiona una carrera profesional en el proceso de perseguir la verdad? (En el pasado, cuando pertenecía al mundo secular, solía creer que necesitaba tener éxito en mi carrera, que necesitaba conseguir algo de reconocimiento. Por consiguiente, me afané desesperadamente en mi carrera con la intención de destacar. Incluso después de empezar a creer en Dios, seguía queriendo sobresalir en la casa de Dios, hacer que otros me admiraran. Esta cuestión se convirtió en un obstáculo considerable para mi entrada en la vida). Lo que entendéis por carrera es esencialmente una búsqueda individual; también se refiere a la senda que uno toma. Por tanto, en nuestra charla sobre “carreras”, en lo tocante al tema de desprenderse de las búsquedas, ideales y deseos personales, por ahora no mencionaré nada respecto a las búsquedas propias de cada uno. Principalmente hablaremos del significado literal de “carrera”. ¿A qué se refiere “carrera”? Es el trabajo o la labor a la que se dedica la gente para mantener a su familia mientras viven en el mundo. Este tema entra en el ámbito de las “carreras”, dentro del tema de desprenderse de las búsquedas, ideales y deseos propios, que tenemos intención de compartir. Se trata del ámbito y los principios para dedicarse a un trabajo con el fin de mantener a la propia familia y elegir una ocupación en la sociedad mientras se cree en Dios y se persigue la verdad. Naturalmente, esto afectará más o menos a parte del contenido sobre las búsquedas de las personas y los requisitos que Dios establece en cuanto al trabajo al que se dedica un creyente. También se puede decir que guarda relación con los pensamientos y puntos de vista que un creyente ha de tener en referencia a diversos trabajos y carreras en el mundo. Los temas relativos a las carreras son bastante extensos, de modo que los clasificaremos en categorías y, al hacerlo, ayudaremos a las personas a entender qué estándares y requisitos tiene Dios respecto a las carreras a las que se dedican los creyentes y los que persiguen la verdad, así como qué pensamientos y puntos de vista Dios exige a los creyentes y a quienes persiguen la verdad cuando se dedican a una ocupación o a la hora de abordarla. Esto les permitirá desprenderse de las búsquedas y deseos relacionados con las carreras que existen dentro de sus nociones y anhelos. Al mismo tiempo, esto también rectificará los puntos de vista incorrectos que la gente tiene sobre las ocupaciones que ejercen o las carreras que persiguen en el mundo. Dividiremos el contenido sobre las carreras de las que la gente debería desprenderse en cuatro puntos principales. El primer punto que la gente debe entender es no ejercer la caridad; el segundo es contentarse con tener comida y ropa; el tercero es mantenerse alejado de diversas fuerzas sociales, y el cuarto es mantenerse alejado de la política. Compartiremos temas relacionados con desprenderse de las carreras basándonos en el contenido de estos cuatro puntos. Reflexionad, ¿el contenido de estos cuatro puntos tiene alguna relación con lo que habéis estado compartiendo? (No). ¿De qué se ha estado hablando? (Las búsquedas personales). Lo que habéis compartido hasta ahora no involucra a los principios-verdad, solo guarda relación con ciertas búsquedas personales de menor importancia. Los cuatro puntos de los que vamos a hablar implican varios principios dentro del tema de las carreras. A los que entiendan estos diversos principios, les resultará fácil desprenderse de lo que deben hacer en lo referente a las carreras durante el proceso de perseguir la verdad. Será fácil para ellos desprenderse de estas cosas porque comprenden estos aspectos de la verdad. Sin embargo, si no entiendes estas verdades, te resultará muy difícil desprenderte de tales cosas. Hablemos uno a uno sobre estos cuatro principios para desprenderse de las carreras.

En primer lugar, no ejerzas la caridad. ¿Qué significa no ejercer la caridad? Es fácil entender el significado literal de las palabras. Más o menos todos tenéis alguna concepción del tema de la caridad, ¿verdad? Por ejemplo, los orfanatos, los refugios y esta o aquella organización benéfica en la sociedad, son todas instituciones y denominaciones relacionadas con la obra de caridad. Entonces, el primer requerimiento de Dios respecto a las carreras a las que se dedica la gente es que no ejerzan la caridad. ¿Qué significa eso? Pues que nadie debe hacer cosas relacionadas con la caridad o involucrarse en un sector relacionado con ella. ¿No es eso fácil de entender? Como una persona que cree en Dios, que habita un cuerpo físico, que tiene una familia y una vida, y necesita dinero para sustentarse a sí mismo y a su familia, has de tener una ocupación. Da igual a qué tipo de ocupación te dediques, el primer requerimiento de Dios es que no ejerzas la caridad. No debes hacer caridad porque creas en Dios o en aras de tu propio sustento físico. Ese trabajo no es la ocupación a la que debes dedicarte. No es la ocupación que te ha encomendado Dios, y desde luego no es un deber que Él te haya encomendado. La caridad no es algo relevante para los creyentes en Dios ni para los que persiguen la verdad. Así las cosas, se podría decir que si te dedicas a la caridad, Dios no lo va a celebrar. Aunque lo hagas bien, de forma satisfactoria, y obtengas el reconocimiento de la sociedad e incluso de los hermanos y hermanas, Dios no lo reconocerá ni lo celebrará. Él no va a conmemorarte, a la larga no te bendecirá ni hará una excepción y te permitirá alcanzar la salvación o te dará un destino maravilloso porque una vez ejercieras la caridad, porque una vez fueras un gran filántropo, ayudaras a mucha gente, hicieras numerosas buenas obras, beneficiaras a mucha gente o incluso salvaras muchas vidas. Es decir, ejercer la caridad no es una condición necesaria para la salvación. Entonces, ¿qué se entiende por caridad? En realidad, en mayor o menor medida, todo el mundo tiene en mente un par de cosas que pueden considerarse sin lugar a duda un tipo de obra de caridad. Por ejemplo, adoptar perros callejeros. Dado que en algunos países no existe un control estricto de los animales de compañía, o debido a las malas condiciones económicas, a menudo se ven perros callejeros en las calles o en determinadas zonas. ¿Qué se entiende por “perros callejeros”? Algunas personas no pueden permitirse mantener a sus perros o no quieren hacerlo, así que los abandonan, o tal vez los perros se perdieron por alguna razón y ahora vagan por las calles. Es posible que pienses: “Creo en Dios, así que debería adoptar a estos animales, porque hacer buenas obras es la voluntad de Dios, es algo que glorifica el nombre de Dios y es una responsabilidad que deben asumir los creyentes en Dios. Es una obligación ineludible”. Por eso, cuando ves perros o gatos callejeros, te los llevas a casa y los adoptas, y llevas una vida frugal para poder comprarles comida. Algunas personas incluso destinan su sueldo y sus gastos básicos a esto; acaban adoptando cada vez más perros y gatos y terminan por necesitar alquilar una casa. Al hacerlo, el dinero para sus propios gastos es cada vez más insuficiente y su sueldo ya no les alcanza, por lo que no les queda más remedio que pedir dinero prestado. Sin embargo, por muy difíciles que se pongan las cosas, piensan que se trata de una obligación que no pueden eludir, una responsabilidad que no pueden dejar de lado, y que deben considerarla una buena obra y cumplirla. Creen que están practicando la verdad y defendiendo los principios. Emplean una gran cantidad de dinero, energía y tiempo adoptando gatos y perros callejeros a fin de dedicarse a la obra de caridad, y se sienten muy a gusto y realizados en sus corazones, se sienten realmente bien consigo mismos, y algunos llegan a pensar: “Esto es glorificar a Dios, estoy adoptando criaturas que Dios ha creado; esta es una buena obra de proporciones inconmensurables, y seguro que Él la va a celebrar”. ¿Son acertados estos pensamientos? (No lo son). Dios no te ha encomendado esta tarea. No es ni tu obligación ni tu responsabilidad. Si te encuentras con perros o gatos callejeros y te gustan, puedes adoptar uno o dos. Sin embargo, si consideras que adoptar animales abandonados es una forma de caridad, y crees que la caridad es algo que debe hacer un creyente en Dios, estás muy equivocado. Se trata de una comprensión y un entendimiento distorsionados.

También están los que, creyendo en su propia capacidad de supervivencia, usan el poco dinero que les sobra para socorrer a los pobres que les rodean. Les ofrecen ropa, comida, artículos de primera necesidad e incluso dinero, ya que lo consideran una especie de obligación que deben cumplir. Incluso puede que acojan a algunos indigentes en sus propios hogares, compartan el evangelio con ellos y les ofrezcan dinero para sus gastos. Cuando esa pobre gente accede a creer en Dios, les proporcionan comida y cobijo, pensando que están cumpliendo con su propio deber y obligación. También hay personas que se dan cuenta de que en la sociedad hay algunos huérfanos que aún no han sido adoptados. Les sobra algo de dinero, así que acuden a ayudar a estos huérfanos, fundando hogares de beneficencia y orfanatos, y adoptándolos. Tras adoptarlos, se ocupan de su alimentación, cobijo y educación, e incluso los crían hasta la edad adulta. No solo siguen haciéndolo, es que además lo transmiten a la siguiente generación. Creen que se trata de una buena obra de proporciones inconmensurables, algo que debe ser bendecido y una acción digna de la celebración de Dios. Incluso durante los periodos de difusión del evangelio, hay quienes ven a posibles destinatarios del evangelio de zonas empobrecidas que tienen convicciones religiosas y se sienten obligados a ayudarles y darles limosna. Sin embargo, difundir el evangelio es difundir el evangelio, no es hacer obras de caridad ni prestar asistencia. El propósito de compartir el evangelio es conducir hasta la casa de Dios, ante Su presencia, a aquellos que son capaces de entender Sus palabras y aceptar la verdad, es decir, a las ovejas de Dios, con el fin de darles una oportunidad de salvación. No se trata de ayudar a las personas necesitadas para que puedan tener algo que comer y vestir, para que puedan tener la vida de una persona normal y no morirse de hambre. Por tanto, desde cualquier perspectiva y en cualquier aspecto, ya sea proporcionando ayuda a mascotas o animales, o ayudando a personas indigentes o a aquellos que no pueden cubrir sus necesidades básicas, este asunto de ejercer la caridad no es lo que Dios exige como parte del deber, la responsabilidad u obligación que una persona debe cumplir. No está relacionado con que las personas crean en Dios y practiquen la verdad. Si tienen un corazón bondadoso y están dispuestas a hacerlo, o de vez en cuando se topan con personas concretas que necesitan ayuda, que lo hagan si pueden. Sin embargo, no debes considerarlo como una tarea que Dios te ha encomendado. Si cuentas con esa capacidad y condiciones, puedes ayudar de vez en cuando, pero esto solo te representa a ti personalmente, no a la casa de Dios y mucho menos a los requerimientos de Dios. Por supuesto, hacer esto no significa que hayas satisfecho la voluntad de Dios, y desde luego no significa que estés practicando la verdad. Simplemente representa tu conducta personal. Si lo haces de vez en cuando, Dios no te condenará por ello, pero tampoco lo celebrará; eso es todo. Si lo conviertes en una carrera profesional, y empiezas a fundar residencias de ancianos, casas de beneficencia, orfanatos, refugios de animales, o incluso das un paso adelante en tiempos de desastre y recaudas fondos de los hermanos y hermanas de la iglesia o de la comunidad para donar a las zonas o personas afectadas por la catástrofe, ¿crees que lo estás haciendo bien? Además, algunas personas, cuando en ciertos lugares se producen terremotos, inundaciones u otras catástrofes naturales o provocadas por el hombre, se acercan a la iglesia para solicitar donativos a los hermanos y hermanas. Peor aún, algunos incluso utilizan las ofrendas para ayudar a estos lugares y personas afectados por el desastre. Creen que es la obligación de todo creyente, y una obligación que la iglesia, como organización social comunitaria, debe cumplir. Consideran que se trata de una causa justa, y no solo exigen contribuciones de los hermanos y hermanas, sino que también urgen a la iglesia a destinar ofrendas para ayudar en estas zonas siniestradas. ¿Qué opináis de esto? (Es malo). ¿Solo es malo? Debatamos la naturaleza de este asunto. (Las ofrendas son para difundir el evangelio, para expandir la obra del evangelio. No están destinadas a socorrer a nadie en caso de catástrofe ni son para ayudar a los pobres). (Socorrer en caso de desastre no tiene relación con la verdad; hacerlo no significa que se esté practicando la verdad, y desde luego no da testimonio de un cambio de carácter). Algunas personas creen que, puesto que todo el mundo vive en el mismo planeta, los habitantes de la Tierra forman una gran familia y que, cuando una de las partes tiene problemas, los demás deben unirse para prestar ayuda. Piensan que deben hacer todo lo posible para que la gente que se encuentra en una zona catastrófica sienta el cariño de sus semejantes y experimente la calidez y la asistencia de la iglesia. Consideran esto una buena obra de proporciones inconmensurables, un acto que honra a Dios, y una maravillosa oportunidad de dar testimonio de Él. Cuando les pides a algunos que se ciñan a los principios mientras cumplen con los deberes, y que adecúen sus prácticas a las palabras de Dios y a los arreglos de obra, no sienten entusiasmo y se desmotivan. No contemplan tales cosas en su corazón. Pero en lo que respecta a dedicar ofrendas para proporcionar ayuda a las personas de las naciones empobrecidas o atrasadas, comprándoles equipamiento para el cumplimiento de los deberes y ayudándolas a llevar una vida con comida y ropa suficiente, se vuelven particularmente entusiastas y están ansiosos por ponerse a trabajar, queriendo hacer todo lo posible. ¿Por qué se muestran tan entusiastas? Porque desean convertirse en grandes filántropos. En cuanto se menciona a un gran filántropo, empiezan a sentirse especialmente nobles. En particular, se sienten honrados de sacrificar sus esfuerzos en beneficio de las vidas de estos pobres y ejercer su propia luz y calidez. Se sienten sumamente entusiasmados por ello y, en consecuencia, algunos están especialmente dispuestos a participar en estas actividades. Sin embargo, ¿cuál es el propósito detrás de esta extraordinaria disposición a hacer estas cosas? ¿Es realmente para honrar a Dios? ¿Necesita Dios este tipo de honor? ¿Necesita Él este tipo de testimonio? ¿Puede ser que se humille el nombre de Dios si no das dinero o proporcionas ayuda? ¿Perderá Dios Su gloria? ¿Es posible que Dios sea glorificado cuando hagas esto? ¿Estará Él satisfecho? ¿Es este el caso? (No). Entonces, ¿cuál es el problema? ¿Por qué estas personas están tan dispuestas a hacerlo? ¿Su intención es satisfacer su propia vanidad? (Sí). Lo hacen para recibir el visto bueno de aquellos a los que han ayudado para que les alaben por su generosidad, magnanimidad y riqueza. Hay quienes siempre tienen un espíritu heroico. Desean ser salvadores. ¿Por qué no te salvas a ti mismo? ¿Sabes qué es lo que eres? Si cuentas con la capacidad de salvar a los demás, ¿por qué no eres capaz de salvarte a ti mismo? Si eres tan generoso, ¿por qué no te vendes a ti mismo y les das el dinero a esas personas para ayudarlas? ¿Por qué utilizar ofrendas? Si tienes esta capacidad, deberías dejar de comer y beber, o comer solo una vez al día, y utilizar el dinero que ahorras para ayudar a esas personas, para que coman bien y se abriguen. ¿Por qué haces un mal uso de las ofrendas de Dios? ¿No es esto ser generoso a expensas de la casa de Dios? (Sí). Ser generoso a expensas de la casa de Dios, ganarse de los demás el título de “gran filántropo”, satisfacer tu propio deseo vano de que los demás te necesiten, ¿no es una desfachatez? (Sí). Puesto que se trata de un asunto vergonzoso, ¿debería o no llevarse a cabo? (No). La naturaleza de la casa de Dios que difunde el evangelio no es hacer caridad; se trata de buscar ovejas que puedan entender las palabras de Dios, de devolverlas a Su presencia, de que acepten el castigo y el juicio de Dios, y reciban Su salvación. Esto es cooperar con el plan de gestión de Dios para salvar a la humanidad: no ejercer la caridad, no ofrecer ayuda ni predicar el evangelio dondequiera que haya pobreza. Esto es hacer obras de caridad bajo el pretexto de difundir el evangelio, con el fin de garantizar que estas personas estén bien alimentadas y vestidas, utilicen la tecnología moderna y disfruten de una vida acorde con los tiempos. ¿Pueden estas acciones salvar a la gente? Tales acciones no pueden lograr el propósito de difundir el evangelio y salvar a las personas. Difundir el evangelio no es ejercer la caridad; consiste en ganar corazones, llevar a la gente ante Dios, permitirles aceptar la verdad y la salvación de Dios, no consiste en proporcionar ayuda. Debido a las necesidades de la obra de la iglesia, algunas personas abandonan su trabajo y su familia para dedicarse a tiempo completo a sus deberes, y la casa de Dios les proporciona el sustento. Pero esto no es prestar socorro, ni tampoco dedicarse a la obra de caridad. Cuando la casa de Dios difunde el evangelio y funda la iglesia, no crea instituciones de beneficencia ni albergues. No se trata de utilizar estos beneficios o fondos para sobornar a la gente o dejarles entrar en la casa de Dios a gorronear comida y bebida. La casa de Dios no mantiene a parásitos o mendigos, ni acoge a vagabundos o huérfanos, ni proporciona ayuda a personas que no tienen nada que comer. Si alguien no puede permitirse comer, es porque es perezoso o incompetente. Es culpa suya, y no tiene nada que ver con que difundamos el evangelio. Difundimos el evangelio para ganarnos a la gente, para ganarnos a los que pueden entender las palabras de Dios y aceptar la verdad, no para ver quién es pobre, quién es digno de lástima, quién está oprimido o quién no tiene a nadie a quien acudir, ni para poder acogerlo o ayudarlo. Difundir el evangelio tiene sus propios principios y normas y, a su vez, existen criterios y requisitos para los posibles destinatarios del evangelio. No se trata de buscar mendigos. Por tanto, si consideras que difundir el evangelio es una labor benéfica, te equivocas. Y si crees que cuando cumples con este deber de difundir el evangelio y te dedicas a este trabajo, ejerces la caridad, estás aún más equivocado. Esta dirección, así como el punto de partida, son ambos inherentemente erróneos. Si alguien mantiene tal punto de vista o aplica tal dirección a sus acciones, debe corregir y cambiar rápidamente su perspectiva. Dios nunca se compadece de los pobres ni de los oprimidos en los estratos más bajos de la sociedad. ¿Por quién siente compasión Dios? Al menos, debe tratarse de alguien que crea en Él, alguien que pueda aceptar la verdad. Si no sigues a Dios, y te resistes y blasfemas contra Él, ¿tendrá compasión de ti? Es imposible. Por tanto, la gente no debería pensar erróneamente: “Dios es un Dios compasivo. Se compadece de los oprimidos, de los impopulares, de los despreciados, de los marginados, de los que no tienen a quién recurrir en la sociedad. Dios se compadece de todos ellos, y Él los deja entrar en Su casa”. ¡Esto es un error! Son nociones y suposiciones tuyas. Dios nunca ha dicho o hecho cosas así. No es más que una ilusión tuya, propia de tus ideas sobre la bondad humana, que no tienen nada que ver con la verdad. Mira a la gente que Dios escogió y trajo a Su casa. Sin importar su clase social, ¿se compadeció Dios o sintió lástima por alguien porque no tenía nada que comer y lo trajo a Su casa? Ni a uno solo. Por el contrario, entre aquellas personas que fueron escogidas por Dios, sin importar su clase social, incluso si eran campesinos, no se dio nunca el caso de que no tuvieran para comer ni de que se tratara de mendigos. Esto es evidencia de las bendiciones de Dios. Si Dios te ha elegido a ti y eres uno de Sus escogidos, Él no dejará que llegues a ser tan miserable que no puedas permitirte comer, o que llegues al punto de tener que mendigar por comida. En cambio, Dios te proveerá de ropa y comida en abundancia. Algunos creyentes en Dios siempre acarrean consigo ciertos conceptos erróneos. ¿Qué es lo que piensan?: “La mayoría de los creyentes en Dios proceden de los niveles más bajos de la sociedad, y algunos incluso puede que sean mendigos”. ¿Es así? (No). Incluso hay gente que difunde el rumor de que Yo fui mendigo. Les dije: “Entonces, ¿alguna vez me vestí de arpillera o llevé un bastón? Si dicen que fui mendigo, ¿cómo es que Yo no lo sabía?”. Estamos hablando de mí, pero ni siquiera Yo lo sé; ¡esto no tiene sentido! Dios dijo: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”, ¿qué significa eso? ¿Está diciendo Dios que Él mismo se convirtió en un mendigo? ¿Está diciendo que no tenía sustento y no se podía permitir comer? (No). No. Entonces, ¿qué significa este enunciado? Significa que el mundo y la humanidad habían abandonado a Dios; manifiesta que no había lugar para Él y vino a salvar a la humanidad y, sin embargo, no lo aceptaron. Nadie estaba dispuesto a recibir a Dios. Este enunciado señala el lado desagradable de la humanidad corrupta y refleja el sufrimiento que Dios encarnado padeció en el mundo humano. Cuando Dios dijo esto, algunas personas piensan: “A Dios le gustan los mendigos, y lo cierto es que nosotros estamos mucho mejor que los mendigos, por lo que nuestro estatus es más elevado a ojos de Dios”. En consecuencia, están dispuestos a ayudar a los mendigos. Esto es un absoluto malentendido por parte de los humanos, pertenece a los pensamientos y puntos de vista equivocados de la gente. No guarda relación alguna con la esencia de Dios, Su carácter o Su compasión y amor.

Hay quien dice: “Hablas de desprenderse de la ‘carrera’ dentro del tema de desprenderse de las búsquedas, ideales y deseos propios, y les dices a las personas que no ejerzan la caridad. Sin embargo, ¿por qué siempre haces hincapié en tratar bien a los animales y no hacerles daño? ¿Qué significa esto? Incluso en la casa de Dios hay perros y gatos, y no está permitido que nadie les haga daño”. Decidme, ¿hay diferencia entre esto y hacer caridad? ¿Son lo mismo? (No). ¿Qué ocurre en este caso? (No hacer daño a diferentes clases de animales es una expresión de humanidad normal). Esto es una expresión de humanidad normal. Entonces, ¿cuál debería ser la práctica y la manifestación de la humanidad normal? (Puesto que uno decide quedárselos, tiene que cumplir con su responsabilidad). Cumplir con la responsabilidad de uno…, ¿hay algo más específico? (Tiene que cuidar de ellos). Esa es una acción específica. ¿Qué principios se deben seguir? Esto involucra a la verdad. Dejad que os lo explique y comprobaréis si tiene relación con la verdad. Cuidar de las criaturas que Dios ha creado es una expresión de humanidad normal. Más concretamente, significa cumplir con vuestra responsabilidad hacia ellas y cuidarlas bien. Puesto que has elegido tenerlas, debes cumplir con tu responsabilidad. Las mascotas están destinadas a ser mantenidas y cuidadas por los humanos, a diferencia de los animales salvajes, que no necesitan de tus cuidados. El mayor respeto y cuidado que puedes mostrar hacia los animales salvajes es evitar destruir deliberadamente su hábitat y no cazarlos ni matarlos. En cuanto a las aves de corral, el ganado o los animales domésticos que la gente puede alojar en sus casas, ya que decides tenerlos, debes cumplir con tu responsabilidad. Es decir, en función de tus circunstancias, dales un rato de compañía si tienes tiempo, y si estás ocupado, asegúrate de que estén alimentados y a gusto. Básicamente, debes apreciarlos. ¿Qué significa apreciarlos? Respetar la vida que Dios ha creado y cuidar de las criaturas que Él creó. Apreciarlas, cuidarlas: no es caridad, es tratarlas como es debido. ¿Se trata de un principio? (Sí). Esto no es ejercer la caridad. ¿Qué es la caridad? No se trata de cumplir una responsabilidad o de apreciar la vida. Se trata de sobrepasar el alcance de tu capacidad y energía y convertirlo en una carrera. Eso no tiene nada que ver con tener mascotas. Si alguien no puede ni siquiera reunir el amor o la responsabilidad básicos para las mascotas que cría, ¿qué clase de persona es? ¿Posee humanidad? (No, no la posee). Cuanto menos, esa persona carece de humanidad. En realidad, los perros y los gatos no son muy exigentes con las personas. Al margen de cuánto los quieras o de si te gustan o no, como mínimo debes responsabilizarte de su cuidado, darles de comer a su hora y evitar maltratarlos; con eso basta. Dependiendo de tu situación económica, debes proporcionarles la comida o el modo de vida que puedas permitirte. Eso es todo. Sus condiciones de supervivencia no exigen mucho. Lo único que debes hacer es abstenerte de maltratarlos. Si la gente ni siquiera es capaz de mostrar ese poquito de amor, pone de manifiesto su falta de humanidad. ¿Qué conlleva maltratar? Pegarles y regañarles sin motivo, no darles de comer cuando lo necesitan, no pasearlos cuando lo precisan y no cuidarlos cuando están enfermos. Si no estás contento o estás de mal humor, te desquitas con ellos pegándoles y regañándoles. Tratas a los animales de una manera inhumana. Eso es maltrato. Si evitas el maltrato y te limitas a cumplir con tu responsabilidad, con eso es suficiente. Si ni siquiera posees ese poco de compasión para cumplir con tu responsabilidad, no deberías tener una mascota. Deberías liberarla, encontrar a alguien que la quiera y dejar que la cuide, darle una oportunidad de vivir. Algunas personas que tienen perros no son capaces siquiera de abstenerse de maltratarlos. Tienen perros con el solo propósito de desahogar sus frustraciones, y los utilizan como válvula de escape cuando están de mal humor o bajos de ánimo y necesitan desahogarse. No se atreven a pegar o regañar a otra persona, temen las consecuencias y responsabilidades que tendrían que asumir. Resulta que tienen una mascota en casa, un perro, y entonces descargan sus frustraciones con el animal porque, al fin y al cabo, no entiende y no opondrá resistencia. Esas personas carecen de humanidad. También hay quienes tienen perros y gatos pero no pueden cumplir con sus responsabilidades. Si no te gustan, no tengas un animal de compañía. Pero si decides tenerlo, has de cumplir con tu responsabilidad. El animal tiene sus propias necesidades vitales y emocionales. Necesita agua cuando tiene sed y comida cuando tiene hambre. También necesita estar cerca de las personas y que estas le reconforten. Si estás de mal humor y le dices: “No tengo tiempo para prestarte atención, vete”, eso no es tratar bien a una mascota. ¿Existe conciencia o razón en ello? (No). Hay quien dice: “¿Cuánto hace que no bañas a tu perro y tu gato? ¡Están muy sucios!”. “Uf, ¿bañarlos? Ni siquiera sé quién va a bañarme a mí. ¡A nadie le importa que haga días que no me baño!”. ¿Es esto propio de un humano o refleja alguna sensibilidad humana? (No). Con independencia de si están de buen humor o no, cuando se les frota un gato o un perro y se muestra cariñoso con ellos, se limitan a apartarlo de una patada, diciendo: “¡Lárgate, bicho! Eres igual que un cobrador, siempre hay problemas cuando andas cerca. Solo quieres comer o beber. ¡No estoy de humor para jugar contigo!”. Si no tienes siquiera un poco de compasión, no deberías tener mascotas. Deberías liberarlas de inmediato. ¡Ese gato o ese perro está sufriendo por tu culpa! Eres demasiado egoísta y no mereces tener mascotas. Cuando tienes un perro o un gato, su comida y su agua dependen de ti. Deberías entender esta razón. ¿Por qué compites con los animales? Dices: “No tengo a nadie que me bañe, ¿quién me baña a mí?”. ¿A ti quién te va a bañar? Eres un ser humano. Deberías bañarte tú solo. Puedes cuidar de ti mismo, pero los gatos y los perros necesitan de tus cuidados porque los estás criando, y por eso tienes la obligación de cuidarlos. Si ni siquiera puedes cumplir con esta obligación, no mereces tenerlos. ¿Qué necesidad hay de competir con ellos? Incluso dices: “Yo cuido de ti, pero ¿quién cuida de mí? Cuando estás bajo de ánimos, acudes a mí para que te reconforte. Cuando yo me siento mal, ¿quién me reconforta a mí?”. ¿Acaso no eres humano? Los humanos deben regularse y reajustarse a sí mismos. Los gatos y los perros son mucho más simples, no pueden regularse solos, así que necesitan que los humanos los reconforten. Ahí radica la diferencia entre cómo tratas a los animales y el ejercicio de la caridad. ¿Cuál es el principio referente a cómo tratar a los animales? Apreciar la vida, respetarla y no maltratarlos. Al tratar con todas las cosas que Dios ha creado, debes respetar sus leyes naturales, tratar correctamente a las distintas criaturas creadas por Dios según las leyes que Él ha establecido, mantener relaciones adecuadas con todo tipo de criaturas y no destruir ni desbaratar sus hábitats. Estos son los principios para respetar y apreciar la vida. Sin embargo, los principios para respetar y apreciar la vida no consisten en hacer caridad. Se trata de un principio que ha surgido de las leyes universales establecidas por Dios, al que todo ser creado debe atenerse. Sin embargo, seguir este principio no equivale a realizar actos de caridad.

Sin embargo, algunos preguntan: “¿Por qué Dios no nos permite dedicarnos profesionalmente a hacer caridad? Si no nos permite ejercer la caridad, entonces, ¿qué se debe hacer en la sociedad con aquellas personas o seres vivos que necesitan asistencia? ¿Quién acudirá en su ayuda?”. ¿Tiene algo que ver contigo quién va a acudir en su ayuda? (No tiene nada que ver con nosotros). ¿Acaso no eres un miembro de la humanidad? ¿Tiene algo que ver contigo? (No, no es la misión de los humanos). Exacto, no es tu misión y no es lo que Dios te ha encomendado. ¿Cuál es tu misión? Cumplir con el deber de un ser creado, escuchar las palabras de Dios, someterte a ellas, aceptar la verdad para lograr la salvación, hacer lo que Dios te dice que hagas y mantenerte alejado de las cosas que Él te dice que no hagas. ¿Quién va a encargarse de las cuestiones relacionadas con la caridad? No es asunto tuyo quién vaya a encargarse de ellas. En cualquier caso, a ti no se te exige que te encargues ni te preocupes de ellas. Quién gestione las cuestiones de caridad, ya se trate del gobierno o de diversas organizaciones comunitarias, no es un tema que sea de nuestra incumbencia. En pocas palabras, quienes creen en Dios y persiguen la verdad deben adoptar seguir el camino y la voluntad de Dios como su criterio, su objetivo de práctica y su rumbo. Esto es algo que la gente debe entender, y es una verdad eterna inalterable. Por supuesto, hacer algo de vez en cuando para ayudar a los demás no es una carrera profesional; es un acto puntual, y Dios no te lo echa en cara. Hay quien pregunta: “¿Acaso no celebra Dios tales cosas?”. Él no las celebra. Si le diste alguna vez limosna a un mendigo o le pagaste a alguien el billete para que volviera a casa, o ayudaste a una persona sin hogar; si de vez en cuando, o tan solo un puñado de veces a lo largo de tu vida haces cosas del estilo, ¿es eso algo digno de celebración a ojos de Dios? No, Dios no lo celebra. ¿Cómo valora Dios estas acciones? Dios no las celebra ni las condena; Él no las valora. ¿Por qué? No tienen nada que ver con la búsqueda de la verdad. Son acciones personales que no tienen relevancia para seguir el camino de Dios o para cumplir con Su voluntad. Si estás personalmente dispuesto a hacerlas, si haces algo bueno en un arrebato momentáneo de buena voluntad o en un arranque temporal de conciencia, o si haces algo bueno guiado por el entusiasmo o por un impulso, tanto si te arrepientes después como si no, tanto si recibes una recompensa como si no, eso carece de importancia para seguir el camino de Dios o llevar a cabo Su voluntad. Dios no lo celebra ni te condena por ello. ¿Qué significa que Dios no lo celebra? Significa que Dios no te eximirá de Su castigo y juicio durante tu salvación porque una vez hicieras eso, ni tampoco hará una excepción y permitirá que te salves porque hicieras algunas buenas obras o actos de caridad. ¿Qué significa que Dios no te condena por ello? Significa que estas buenas acciones que realizaste no tienen nada que ver con la verdad, solo ponen de manifiesto tu particular buen comportamiento, no van en contra de los decretos administrativos de Dios, ni infringen los intereses de nadie. Por supuesto, tampoco humillan el nombre de Dios, ni mucho menos lo glorifican. No vulneran los requisitos de Dios, ni implican ir contra Sus intenciones y, desde luego, no conllevan rebelarse contra Él. En consecuencia, Dios no te condenará por ellas; simplemente representan una especie de buena acción personal. Aunque tales buenas acciones puedan ganarse la alabanza del mundo y el reconocimiento de la sociedad, a ojos de Dios, no tienen ninguna conexión con la verdad. Dios no las celebra ni te condena por ellas, lo que significa que ante Dios estas acciones no significan gran cosa. Sin embargo, puede darse una posibilidad, y es que si salvas a alguien y le proporcionas ayuda financiera o cualquier tipo de ayuda material, o incluso le ofreces asistencia emocional y permites que esa persona malvada triunfe en sus esfuerzos, de modo que pueda cometer más delitos y suponga una amenaza para la sociedad y la humanidad, dando lugar a ciertas pérdidas, entonces ya se trataría de un asunto totalmente diferente. En el caso de un acto caritativo corriente, el punto de vista de Dios es que ni lo celebra ni lo condena. Sin embargo, el hecho de que Él ni lo celebre ni lo condene no significa que Dios te apoye o te anime a ejercer la caridad. En cualquier caso, se sigue esperando de ti que no inviertas tus energías, tu tiempo ni tu dinero en asuntos que no tienen nada que ver con la salvación o con la práctica de la verdad y el cumplimiento de tu deber, porque tienes cosas más importantes que hacer. Tu tiempo, tus energías y tu vida no están pensados para dedicarlos a obras de caridad, y tampoco para mostrar tu talante personal y carisma a través de una carrera en la caridad. En especial, los que abren fábricas, dirigen escuelas o administran un negocio con el propósito de satisfacer las necesidades básicas de los más pobres o para ayudarles a hacer realidad sus ideales, hacen estas cosas para ayudarlos. Si eliges ayudar a los pobres mediante estos métodos, eso sin duda consumirá una cantidad significativa de tu tiempo y energía. Acabarás por gastar y consumir una importante cantidad de tiempo y energía de tu vida en esta causa, y por tanto tendrás poco tiempo para perseguir la verdad. Puede que incluso no dispongas de tiempo para hacerlo, y desde luego no tendrás oportunidad de cumplir con tu propio deber. En vez de eso, malgastarás tu energía en personas, actividades y cosas sin relación con la verdad o la obra de la iglesia. Este es un comportamiento insensato. Este comportamiento insensato obedece a que hay quienes siempre quieren cambiar el destino humano y el mundo haciendo uso de sus buenas intenciones y unas habilidades escasas y limitadas. Desean cambiar el destino humano con su esfuerzo y buena voluntad. Es un empeño insensato. Ya que es un empeño insensato, no lo lleves a cabo. Por supuesto, la premisa para no llevarlo a cabo es que seas alguien que persiga la verdad, que desees perseguir la verdad y la salvación. Si dices: “No me interesa la salvación, y perseguir la verdad no es tan importante para mí”, entonces puedes hacer lo que quieras. Respecto a la cuestión de la caridad, si es tu ideal y tu búsqueda, si crees que así es como se expresa tu valor, que la caridad es lo único que puede transmitir el valor de tu vida, entonces adelante. Puedes hacer uso de cualquier habilidad o capacidad que tengas, nadie te va a coartar. La premisa que estamos compartiendo para no ejercer asuntos de caridad es que, ya que deseas perseguir la verdad y la salvación, debes desprenderte del ideal y el deseo de hacer caridad. No lo busques como el ideal y deseo de tu vida. No te involucres en este asunto a nivel personal, y la casa de Dios tampoco lo hará. Por supuesto, en la casa de Dios se da una situación, que es la de preocuparse por las vidas domésticas de ciertos hermanos y hermanas pobres. Esto conlleva una premisa, y creo que todos sois conscientes de ella: no se trata de caridad, es un arreglo de obra interno de la casa de Dios respecto a las vidas de los hermanos y hermanas. No está relacionado con ejercer la caridad. En la casa de Dios, aparte de no ejercer la caridad, tampoco se interviene en ninguna de las actividades caritativas de la sociedad. Por ejemplo, en la casa de Dios no se construyen escuelas, no se abren fábricas ni se administran negocios. Si alguien abre fábricas, construye escuelas, administra un negocio o participa en cualquier actividad comercial con el propósito de obtener recursos económicos para el funcionamiento normal de la obra de la iglesia, todo esto va en contra de los decretos administrativos de la casa de Dios y debe parar. Entonces, ¿cuál es la fuente de financiación para el funcionamiento de la obra de la casa de Dios? ¿Lo sabéis? Proviene de las donaciones de los hermanos y hermanas, de las ofrendas para mantener el funcionamiento normal de la obra. ¿Qué implica esto? El dinero donado por los hermanos y hermanas, sus donativos a Dios, son ofrendas, ¿y para qué sirve una ofrenda? Para garantizar el funcionamiento normal de la obra de la iglesia. Por supuesto, se producen diversos gastos asociados a este funcionamiento normal, y deben administrarse según los principios sin vulnerarlos. Por consiguiente, cuando la obra de la iglesia implica cuestiones financieras, y algunos líderes y obreros despilfarran las ofrendas y causan pérdidas significativas respecto a ellas, la casa de Dios les impone un severo castigo. ¿Por qué ese castigo? ¿Por qué nadie que despilfarra las ofrendas se sale con la suya? (Porque los hermanos y hermanas les entregan las ofrendas a Dios y solo Él puede disfrutar de ellas. Por otra parte, estas ofrendas sirven para mantener el correcto funcionamiento de la obra de la casa de Dios. Si los líderes o los obreros malgastan las ofrendas, esto conducirá directamente a que la obra de la casa de Dios se vea afectada y sufra pérdidas. Esto interrumpe y perturba la obra de la casa de Dios, por lo que esta debe imponer un castigo severo). Dime, ¿debe la casa de Dios imponer un castigo severo? (Sí). ¿Por qué debe hacerlo? ¿Por qué debe imponer un castigo severo? (Malgastar las ofrendas es un comportamiento propio de los anticristos. La actitud de una persona hacia las ofrendas es un reflejo de su actitud hacia Dios. Si esta persona es capaz de despilfarrar las ofrendas, es un indicativo de que carece por completo de un corazón temeroso de Dios). Eso que habéis dicho es, sin duda, un aspecto. Hoy, hablaremos un poco este asunto de por qué es necesario castigar con severidad a aquellos que despilfarran las ofrendas.

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