Cómo perseguir la verdad (21) Parte 2

En lo referente al tema de desprenderse de las carreras, ¿cuál es el tercer principio que Dios exige que la gente practique? Mantenerse alejado de diversas fuerzas sociales. Este es un poco más complicado de entender, ¿verdad? (Sí). Aunque así sea, es también uno de los principios, uno que la gente debe observar fielmente para sobrevivir en esta sociedad. Asimismo, es una postura, un enfoque y un modo de supervivencia que se debe poseer para sobrevivir en ella y, por supuesto, resulta acertado decir que es una especie de sabiduría para sobrevivir en la sociedad. A primera vista, mantenerse alejado de diversas fuerzas sociales puede parecer un asunto ajeno a cada individuo, si bien, de hecho, estas diversas fuerzas sociales se ocultan alrededor de todo el mundo; son fuerzas y entidades intangibles que existen en torno a cualquiera. Cuando eliges una profesión, sea cual sea la clase social en la que se encuadre, la envuelve la considerable fuerza relacionada con ella. Ya ejerzas una profesión de alto o de bajo nivel, existen grupos de personas vinculados a ella. Si dentro de la sociedad estos grupos tienen determinados años de experiencia, ciertas cualificaciones o fundamentos sociales particulares, entonces, sin lugar a duda forman una fuerza intangible. Por ejemplo, la profesión docente podría no considerarse de alto nivel, pero tampoco bajo. En cierto modo es de mayor nivel que otras, como la agricultura o diversos tipos de trabajo manual, pero algo inferior a las profesiones de auténtico alto nivel en la sociedad. Dentro de esta ocupación, aparte del simple trabajo que ejerces, hay muchas otras personas que engrosan el sector. Por tanto, en este ámbito se diferencia a la gente por su antigüedad y la amplitud de su experiencia. Los niveles superiores de esta profesión constituyen una clase que controla cuestiones como el personal, las tendencias, las políticas, los preceptos y las reglas; forman una fuerza equivalente dentro de la profesión. Por ejemplo, en la docencia, ¿quién es el líder, el jefe supremo que dirige y controla la profesión, tu sustento y tu salario? En algunos países puede que haya un sindicato de docentes; en China, es la oficina de educación y el Ministerio de Educación. Estas instituciones representan el dominio de las fuerzas correspondientes a la profesión docente en la sociedad. De igual modo, ¿quién es el superior inmediato de los agricultores? Puede que sea un líder de equipo, un jefe de aldea o el responsable de un municipio, y ahora incluso se están creando comités de gestión de agricultura. ¿Acaso no es este el dominio de las fuerzas propias de esta profesión? (Sí). Puede decirse que estos diferentes dominios de las fuerzas afectan a tus pensamientos y los controlan, así como a tus palabras y acciones, e incluso a tu fe y a la senda que tomas en la vida. No solo controlan tu sustento, lo controlan todo de ti. En el país del gran dragón rojo en especial, los incrédulos siempre están celebrando seminarios ideológicos, informando sobre sus pensamientos y comprobando si hay algo de malo en ellos, si aparecen elementos antipartido, antiestado o antihumanos. Con independencia de qué profesión ejerzas, ya sea una ocupación más tradicional o una más moderna, existirán diversas fuerzas propias presentes en la esfera profesional que te rodea. Algunas de las fuerzas son tus superiores inmediatos, aquellos directamente responsables de abonar tu salario y tus gastos cotidianos. Otras puede que sean fuerzas intangibles. Por ejemplo, supongamos que eres un empleado discreto en un centro de trabajo; dentro de tu esfera profesional habrá varias fuerzas activas. Algunos se arriman al gerente y siempre orbitan a su alrededor: este es un tipo de fuerza. Luego está el grupo de una fuerza que permanece cerca del CEO y se dedica a ocuparse de los asuntos de este. Otro grupo puede que ronde al director del departamento de márquetin. Todas estas diversas fuerzas existen. ¿Cuál es su propósito? ¿Cómo nacen? Se trata de que cada individuo toma lo que desea, además de posicionarse y adular a los que ostentan el poder para conseguir sus propios propósitos y sobrevivir, lo que luego lleva a la formación de diversas fuerzas. Algunas abogan por cierto enfoque, mientras que otras buscan uno diferente. Hay fuerzas con tendencia a hacer las cosas según las reglas y siguiendo las normas del centro de trabajo, mientras que otras puede que actúen de manera más despreciable, sin respetar la ley ni la ética profesional. Al vivir en un entorno donde estas diversas fuerzas se mezclan, ¿cómo debes elegir? ¿Cómo has de sobrevivir? ¿Debes acercarte a la organización del partido o a un gerente o un CEO? ¿Debes arrimarte a un director o a un jefe de sección, o debes asociarte con un responsable de oficina o con el director de una fábrica? (Nada de eso). Sin embargo, a fin de sobrevivir, la gente a menudo renuncia a su dignidad, a sus principios de conducta y, sobre todo, a los límites a la hora de comportarse. Dentro del complejo panorama de estas fuerzas, la gente elige de manera inconsciente un bando, seguir la corriente y asociarse con diversas fuerzas. Buscan una que los acepte y proteja, o una que les resulte más fácil aceptar, que pueda controlar, y se acerca a esa fuerza o incluso se integra en ella. ¿Acaso no es este el instinto humano? (Lo es). ¿Acaso no se trata de un tipo de destreza o método de supervivencia? (Sí). Ya sea un instinto inherente o una habilidad para que la gente se adapte a esta sociedad y a diversos grupos, ¿es este un principio de práctica que uno debe poseer para comportarse? (No). Puede que algunos digan: “Aunque ahora asegures que no, cuando de verdad te encuentres en esa situación, en la vida real decidirás tomar partido y refugiarte en cualquier fuerza que te beneficie y te permita sobrevivir. Y en el fondo, puede incluso parecerte que la gente debe depender de estas fuerzas para vivir, que no puede llevar una vida independiente porque hacerlo la hace vulnerable al acoso. No puedes ser siempre independiente y mantener las distancias; debes aprender a ceder y a permanecer cerca de diversas fuerzas. Debes ser observador, adular a la gente y representar el papel que la ocasión requiera. Debes seguir la corriente, ser un buen halagador, calcular las tendencias y tener una fina intuición. Has de averiguar y familiarizarte con lo que les gusta a tus líderes y lo que no, con su temperamento y personalidad, su contexto familiar, el tipo de cosas que les gusta oír, su edad, su cumpleaños, sus marcas favoritas de traje, zapatos y bolsos de piel, sus restaurantes, marcas de coche, de ordenador y de teléfono preferidas, qué tipo de programas les gusta tener instalados en sus ordenadores, de qué clase de entretenimiento disfrutan en su tiempo libre, con quién prefieren relacionarse y sobre qué temas debaten”. En aras de la supervivencia, te acercarás a ellos de manera inconsciente y natural, te integrarás, serás excesivamente complaciente, harás cosas a las que eres reacio y dirás otras que no quieres decir para satisfacer a tus líderes y colegas y a fin de maniobrar con gran destreza y tenerlo todo controlado en tu centro de trabajo, al tiempo que aseguras tu vida y tu supervivencia. Con independencia de si tus acciones vulneran la ética y los límites de la propia conducta, o incluso si implican renunciar a tu dignidad, eso no te importa. Sin embargo, es precisamente esta indiferencia lo que marca el principio de tu declive, y es una señal de que ya es imposible ayudarte. Por tanto, a simple vista, uno no puede reprocharle nada a aquellos a los que no les queda otra opción que no sea acercarse a las diversas fuerzas sociales por el bien de su vida y su supervivencia. No obstante, las conductas que exhibe la gente, las elecciones que hace y las sendas que elige tomar, distorsionan su humanidad y talante. Al mismo tiempo, a medida que la gente se acerca o se integra en las diversas fuerzas, aprende a emplear diferentes planes y estrategias de manera continuada para agradar y satisfacer a esas fuerzas, para mejorar sus propias vidas y hacer que sus condiciones de supervivencia sean más favorables. Cuanto más lo hacen, más energía y tiempo necesitan para mantener este estado actual y estas relaciones. Por tanto, dentro de lo limitado de tu tiempo y tus días, cada palabra que digas, cada acción que realices y cada día que vivas no solo carece de significado, sino que está completamente podrido. ¿Qué quiere decir que está podrido? Que cada día te vuelves más depravado, hasta el punto de que ya no te pareces ni a un ser humano ni a un fantasma. En este contexto, careces de un corazón en calma para acudir ante Dios y, por supuesto, tampoco te sobra tiempo para cumplir con tu deber. Te resulta imposible invertir todo tu cuerpo y tu mente en cumplir con tu deber, y a su vez no hay manera de que inviertas cuerpo y mente en perseguir la verdad. Así, tus expectativas de salvación son sombrías, tus esperanzas, leves. Dado que has invertido en diversas fuerzas sociales, has optado por acercarte a ellas e integrarte y aceptarlas, las consecuencias de esta elección son que debes dedicar tu cuerpo y tu mente a mantener este estado actual, que has de dejar pasar los días. Te sientes física y mentalmente exhausto, como si pasaras cada día en una picadora de carne, y sin embargo, por culpa de tus elecciones, así has de seguir día tras día. En este complejo entorno de diversas fuerzas, cuando te integras en ellas, cada palabra que dicen, las tendencias que incluyen, además de las cuestiones futuras, las conductas de cada individuo y sus pensamientos más profundos, y en especial lo que piensan tus superiores inmediatos en el nivel más alto de estas fuerzas; todas esas cosas son las que debes evaluar y sobre las que debes reunir información en el momento oportuno. No puedes permitirte holgazanear o descuidarte. Aquello que están pensando, qué acciones realizan entre bambalinas, qué planes e intenciones tienen, incluso lo que planean y calculan para cada individuo, lo que deciden y la postura que adoptan hacia cada cual; si deseas conocer tales cosas como la palma de tu mano, entonces has de tener un entendimiento profundo sobre el estado de esas cuestiones en tu corazón. Si quieres entenderlos profundamente, debes dedicar toda tu energía a estudiar y dominar estas cosas. Debes compartir cenas, charlar, llamarlos por teléfono, relacionarte con ellos en el trabajo e incluso acercarte durante las vacaciones y estar al tanto de sus movimientos. Por tanto, con independencia de cómo sean tus días, de si te invade la alegría o el dolor, aunque tuvieras ánimos para cumplir con tu deber y perseguir la verdad, ¿serías capaz de encontrar tiempo para calmarte lo suficiente y cumplir bien con tu deber con todo tu cuerpo y tu mente? (No). En una condición semejante, tu fe en Dios y el cumplimiento de tu deber no serían nada más que una especie de afición a la que te dedicas en tu tiempo libre. Con independencia de tus requerimientos y del deseo por tu fe en Dios, en tu estado actual, es probable que creer en Dios y cumplir con tu deber sean siquiera lo último en tu lista de deseos. Respecto a buscar la verdad y recibir la salvación, puede que no te atrevas a pensar en ello, o podrías incluso no ser capaz de hacerlo, ¿no es eso cierto? (Sí). Por tanto, con independencia del entorno de trabajo en que os encontréis cualquiera de vosotros, si deseas acercarte o integrarte en las diversas fuerzas, o si ya lo has hecho, dan igual las razones o excusas, la consecuencia definitiva solo puede ser que tu esperanza de salvación se evapore en el aire. La pérdida más directa relacionada con ello es que apenas encontrarás tiempo para leer las palabras de Dios o cumplir con tu deber. Por supuesto, es imposible que mantengas un corazón en calma ante Dios u ores con sinceridad; serás incapaz de lograr siquiera este mínimo. Como el entorno en el que te encuentras lo complican sumamente las personas y los acontecimientos, una vez que has sido asimilado por estas diversas fuerzas, es lo mismo que meterte en un lodazal; una vez dentro, no es nada fácil salir. ¿Qué quiere decir que no es fácil salir? Significa que una vez que te adentras en el dominio de diversas fuerzas, te muestras incapaz de escapar de las diferentes cuestiones enredadas en ellas, y de las disputas de todo tipo que surgen de estas. Te hallarás enredado constantemente por diferentes personas y acontecimientos, y no podrás eludirlos ni aunque lo intentes, porque ya te has convertido en uno de ellos. Entonces, todo acontecimiento que tenga lugar dentro del dominio de estas fuerzas está conectado a ti y te implicará, a menos que surja cierta situación; es decir, aquí permaneces indiferente a los beneficios y los inconvenientes, además de a las disputas, y lo observas todo desde la perspectiva de alguien que está de paso. En este caso, es posible que te desentiendas de esas distintas disputas o de las potenciales desgracias. Sin embargo, en cuanto te integres con esas fuerzas, en cuanto te acerques a ellas, en cuanto participes sin reservas en todo acontecimiento que tenga lugar entre ellas, te quedarás indudablemente atrapado. Ya no podrás seguir siendo solo un observador, sino que has de formar parte. Y siendo así, caerás víctima del dominio de tales fuerzas.

Hay quien dice: “No importa en qué campo te ocupes o en que grupo existas, que los demás te controlen no es para tanto, lo fundamental es si puedes sobrevivir o no. Si no te asocias con las organizaciones o las diversas fuerzas, al no tener a nadie que te apoye en la sociedad o en los diferentes grupos, no serás capaz de arreglártelas”. ¿Son las cosas así en realidad? (No). En diversos grupos sociales, el propósito de que la gente se arrime a diversas fuerzas es “encontrar sombra debajo de un gran árbol”, encontrar fuerzas que te respalden. Esta es la demanda más básica de las personas. Aparte de eso, desean aprovecharse de estas fuerzas para ascender, para alcanzar su propio objetivo de buscar beneficios o poder. Si solo te dedicas a ganarte la vida en la esfera profesional, y te contentas solo con tener comida y ropa, entonces no hace falta que te acerques a ninguna fuerza. Si te acercas a ellas, eso implica que no es solo para ganarte la vida y satisfacer las necesidades básicas de comida y ropa, está claro que tienes otras intenciones, ya sea fama o beneficio. ¿Hay alguien que diga: “Aparte de ganarme la vida, también quiero probarme a mí mismo”? ¿Es eso necesario? (No lo es). Una vez que te has ganado tu sueldo, puedes asegurarte tres comidas al día y tienes ropa que ponerte, con eso basta; ¿qué sentido tiene luchar por el orgullo? ¿Por quién estás luchando? ¿Es por tu país, tus ancestros, tus padres o por ti mismo? Decidme, es más importante luchar por el orgullo o contentarse con la comida y la ropa. (Contentarse con la comida y la ropa). Luchar por el orgullo supone un carácter cargado de impetuosidad; cualquier cosa que hagas es en aras de este orgullo. Se trata de un concepto abstracto, vacío. Lo más pragmático es ganar dinero para poder mantener tu sustento. Debes considerarlo así: “Da igual la situación, da igual quién se alíe con quién o quién se acerque a este u otro nivel de líder o de funcionario, nada de eso importa. Sea quien sea el ascendido o degradado, el que consiga un aumento o emplee cualquier medio para convertirse en un funcionario de alto rango, todo eso es irrelevante. Yo solo trabajo para poner comida en la mesa. Sea lo que sea por lo que estéis luchando, no tiene nada que ver conmigo. En cualquier caso, trabajo mis ocho horas diarias, se me paga lo que merezco y, mientras pueda mantenerme a mí y a mi familia, estoy contento. No hay más, pido así de poco”. Haz lo que se requiera de tu trabajo y hazlo bien, y recibe tu salario y cualquier bonus con la conciencia tranquila; con eso basta. ¿Es correcta esta postura hacia la supervivencia y el empleo? (Sí). ¿Y eso por qué? (Porque viven con una actitud que está de acuerdo con lo que Dios requiere. Primero, significa no hacer tu trabajo de manera superficial y ser capaz de desempeñar bien las tareas de tu profesión. En segundo lugar, implica no buscar refugio en ninguna fuerza ni ganarte su favor; basta con mantener las necesidades de una vida normal. Esto concuerda con las palabras de Dios). Por supuesto que concuerda con las palabras de Dios. ¿Requiere Dios eso de ti para protegerte? (Sí). ¿Para protegerte de qué? (De que Satanás te haga daño. De otro modo, una vez que te has enredado en esas disputas, la vida se vuelve muy dolorosa, y además no nos quedará mucho tiempo para creer en Dios y cumplir con nuestro deber). Este es un aspecto. ¿Cuál es el otro elemento principal? Cuando te involucras con diversas fuerzas, acabarás teniendo un ruinoso desenlace. ¡No merece para nada la pena! Primero, no serás capaz de protegerte a ti mismo. Segundo, no defenderás ni promoverás la justicia. Tercero, te confabularás con diversas fuerzas, lo que empeorará tus pecados. Por tanto, acercarte a estas fuerzas no conlleva beneficios de ningún tipo. Aunque consigas un aumento o un ascenso por arrimarte a las diversas fuerzas, ¿cuántas mentiras dirás en conjunción con ellas? ¿Cuántas acciones malvadas habrás de cometer entre bambalinas? ¿A cuántas personas tendrás que castigar tras puertas cerradas? En esta sociedad, ¿por qué a todas las clases de personas y a los diversos sectores les hace falta contar con estas fuerzas? Porque a la sociedad le falta equidad y justicia. La gente solo se puede proteger a sí misma si confía en que actúen las diversas fuerzas, y solo puede asegurarse su lugar si confía en que hablen y actúen. ¿Hay equidad en ello? (No). No la hay, todo se basa en estas fuerzas. Aquel con mayor fuerza tiene la última palabra, mientras que aquellos sin fuerza o con menos no tienen nada que decir. Incluso la creación de las leyes funciona así: si ostentas una fuerza considerable, las leyes que creas se pueden dictar y aplicar. Si no tienes mucha fuerza, ninguna de las leyes y preceptos que propones salen adelante, y no pueden entrar en la legislación nacional. Esto es cierto para cualquier grupo de personas. Si tienes una fuerza considerable, puedes luchar por tus propios intereses y maximizarlos; si no tienes fuerza, puede que te arrebaten o requisen tus intereses. El propósito detrás de la formación de diversas fuerzas es controlar las situaciones mediante el uso de estas mismas fuerzas, incluso prevaleciendo sobre la opinión pública, la ley y la moral humana. Pueden trascender la ley, la moralidad y la humanidad, pueden trascenderlo todo. Mientras mayor sea la fuerza de uno, mayor es la influencia que tendrá, y más oportunidades le surgirán para hacer lo que le plazca, para dictar los asuntos. ¿Es esto justo? (No). No hay justicia en ello. El poder y la fuerza representan su identidad e indican la cuota de beneficios que puede obtener. Si perteneces a un grupo social y lo único que quieres es mantener tu sustento y tener comida y ropa, si tu afán no es el estatus ni la reputación, ni satisfacer tus propios deseos, entonces podría parecer bastante innecesario que te acercaras a las diversas fuerzas. Si quieres dedicar todo tu tiempo a cumplir con el deber, si quieres caminar por la senda de buscar la verdad y acabar logrando la salvación, pero también deseas arrimarte a las diversas fuerzas, ambas cosas resultan contradictorias. No pueden complementarse porque son diametralmente opuestas, son tan incompatibles como el agua y el aceite. Acercarte a las diversas fuerzas no afectará en nada a tu creencia en Dios o a perseguir la verdad. No te ayudará a identificar el odioso rostro de Satanás con mayor claridad, ni te dará más voz y voto ni te permitirá creer en Dios sin ser rechazado por el mundo y perseguido por el gobierno. Algunas personas viven en una pequeña aldea, pero albergan grandes planes en su corazón. Piensan: “Nací en el campo. Soy agricultor. Aunque se me maltrata, me apaño plantando algunos cereales y verduras, y crio pollos, ganado y ovejas. Si creo en Dios y persigo la verdad, estas condiciones están bastante bien; cuento con las condiciones básicas para sobrevivir. Pero ¿por qué siempre me parece que me falta algo para vivir y sobrevivir en esta sociedad y entre esta gente?”. ¿Qué les falta? No cuentan con un respaldo poderoso. Mira lo que pasa cuando alguien elige una casa; siempre prefiere una con una gran montaña detrás. Consideran a la montaña su respaldo, y vivir allí les hace sentir seguros. Si la casa tiene un acantilado detrás, no se sentirían a salvo al vivir allí, como si fueran a precipitarse por el borde en cualquier momento. De igual modo, al vivir en una aldea, si alguien no establece una relación con aquel que cuenta con la reputación y el estatus y le hace frecuentes visitas para ganárselo, siempre le parecerá que en cierto modo se encuentra aislado en esa aldea y que está en continuo riesgo de que lo controlen y de ser incapaz de subsistir. Por eso siempre se quiere arrimar al jefe de la aldea. ¿Es una buena idea? (No). En especial en lo que respecta a creer en Dios, en algunos países donde se enfrentan a la persecución del gobierno, algunas personas dicen: “Si predicamos el evangelio al jefe de la aldea y él no cree, pero su madre, su abuela, su mujer o su hija sí lo hacen, ¿no supondrá eso acercarse al jefe? Si un hermano o hermana de nuestra iglesia tiene una posición destacada en la aldea o es pariente del jefe de esta, ¿acaso la iglesia no tendrá ahí un firme apoyo? ¿No tendrá estatus? ¿No podrán comer y trabajar el campo en la aldea los hermanos y hermanas que creen en Dios sin que suponga un problema? No solo eso, sino que cuando el gran dragón rojo o el Departamento de Trabajo del Frente Unido venga a investigar, habrá alguien que nos apoye. ¡Eso sería maravilloso!”. Siempre quieres estar cerca de alguna organización o algún grupo de fuerzas para asegurarte de que no te hallas en circunstancias peligrosas, para asegurarte de que puedes creer en Dios a salvo y libre de persecución, ¡qué maravilla! Al mismo tiempo, mezclarte con gente influyente te hace sentir que tú mismo tienes influencia, ¿verdad? Es una idea maravillosa, pero ¿acaso quiere el jefe de la aldea que te acerques a él? ¿Se trata de alguien del que puedas aprovecharte? ¿Te permitirá el jefe de la aldea que lo hagas? Tú, una persona corriente, quieres acercarte a la organización o al jefe de la aldea, ¿y piensas que simplemente bastará con que prediques el evangelio? ¿Acaso no tendrás que ofrecer algunos regalos decentes o completar algunas tareas importantes para acercarte al jefe de la aldea? ¿Cuál es vuestra experiencia? ¿Es fácil llegar al jefe de la aldea? ¡Hasta acercarse a su perro sería difícil! Y darle un regalo directamente al jefe de la aldea no funcionaría; te tendrías que acercar a su mujer, su hermana, su tía o su abuela, para así empezar por objetivos más sencillos. ¿Por qué acercarse a la abuela del jefe de la aldea? Este tiene una relación estrecha con ella, así que empieza por ahí, y a través de su abuela, una anciana de la familia que puede hablar bien de ti, puedes acercarte poco a poco al jefe. Esto es lo que se llama “enfoque indirecto”, ¿verdad? Si le haces un regalo directamente, puede que el jefe te pregunte: “¿Quién eres?”. Y le responderás: “Soy tal o cual, de la familia Li, en la parte oriental de la aldea”. “¿Qué familia Li? ¿Por qué no los conozco?”. Si ni siquiera te reconoce, ¿te resultará fácil acercarte a él? (No). Y si le das un regalo, ¿de qué tipo tiene que ser para captar su atención? Barras o lingotes de oro… ¿tienes alguno? Pepinos de mar… ¿acaso los quiere? Se fijará en si tus pepinos de mar son importados o locales, esas cosas le sobran. Te aprietas el cinturón y vives con frugalidad para comprarlos, no te atreves a comértelos, ni siquiera a tocarlos. Se los regalas y ni siquiera los mira. Si le das un cinturón, te dice: “Esto es local, ¿verdad?”. Respondes: “Es cuero de vaca”. Y dice: “¿Quién lleva cinturones de cuero de vaca hoy en día? Nadie. La gente lleva cinturones de piel auténtica con logos de marcas europeas o esos que llevan diamantes incrustados. ¿Tienes alguno?”. Replicas: “¿Cómo son? Nunca los he visto”. Él dice: “Si nunca los has visto, no te molestes en venir por aquí. ¿Le estás intentando dar este cinturón a un mendigo?”. ¿Te puedes congraciar con una persona así? Crees que cuentas con un pequeño y astuto plan, que lo tienes todo pensado, pero él se limita a mirar con desprecio tus regalos. A pesar de eso, insistes en arrimarte a él. ¿Es lo apropiado? Aunque tenga en buena consideración tus regalos, ¿es apropiado que te arrimes a él? (No lo es). Estarías dispuesto a hacer cosas tan degradantes solo para tener algo que comer, para contar con un respaldo poderoso en la aldea. ¿No os parece vergonzoso? (Sí). Ir detrás de la abuela del jefe, de su mujer o su cuñada, recurrir a toda clase de métodos chapuceros, darle regalos y tratar de acercarte. Los demás te dicen: “Es inútil que hagas estos regalos; en quien ha puesto sus ojos el jefe es en ti”. ¿Seguirías intentando acercarte entonces? Ningún regalo que le dieras sería adecuado. El jefe no le va a prestar la menor atención, creerá que es poca cosa para él. Lo peor es que tendrás que incluirte a ti mismo en el lote. ¿Intentarías aún acercarte a él? (No). ¿Seguirías buscando esta clase de respaldo? ¿Qué clase de personaje es este jefe de la aldea? ¿Se trata de alguien que te deja acercarte a él de manera casual? (No). Aunque entablarais relación y te acercaras a él, ¿qué pasa entonces? ¿Puede controlar tu destino o ayudarte a lograr la salvación? O cuando llegue el momento de enfrentarse a la persecución y a situaciones reales, cuando Dios permita e instrumente tales situaciones, ¿puedes evitar afrontarlas? ¿Tiene el jefe de la aldea la última palabra en esto? (No). Según el gran plan de las cosas instrumentado por Dios, ninguna fuerza tiene la última palabra, y mucho menos el jefe de la aldea; ninguna fuerza es siquiera digna de mención en este sentido. Por tanto, al hallarte en este mundo, ya se trate de una aldea, un condado, una ciudad o cualquier país, incluso en cualquier sector en el que hayas ejercido dentro sea cual sea el país, ninguna de las diversas fuerzas que existen puede tener soberanía sobre tu destino ni es capaz de cambiarlo. Ninguna fuerza es dueña de tu destino, ni mucho menos ejerce soberanía sobre este ni lo determina. Al contrario, una vez que te integras en las diversas fuerzas existentes en la sociedad, entonces es cuando te sobreviene la calamidad y empieza tu desgracia. Mientras más te acerques, en más peligro te encuentras; mientras más te integras en ellas, más difícil te resulta liberarte. No solo es que las diversas fuerzas no te causen ningún beneficio, sino que a medida que te integras en ellas te destrozan y te pisotean repetidas veces, retuercen tu espíritu y tu mente, te hacen perder la paz, de tal modo que ya no crees en la existencia de la equidad y la justicia en este mundo. Acabarán con tu más hermoso deseo de perseguir la verdad y la salvación. Entonces, para subsistir en esta sociedad, no importa tu clase social, entorno o grupo, ni en el sector en el que te halles; buscar una fuerza en la que confiar, que actúe como tu propio paraguas protector, es un pensamiento y un punto de vista falaz y extremo. Si solo tratas de sobrevivir, debes mantenerte alejado de estas fuerzas. Aunque solo estén defendiendo tus legítimos derechos humanos, ese no es motivo ni excusa para que te involucres con ellas. Con independencia del estado de la supervivencia de estas diversas fuerzas en la sociedad, qué metas tienen para avanzar o cuál es el rumbo de sus acciones, en síntesis, como alguien que cree en Dios, que persigue la verdad, no debes unirte a ellas, ni tampoco ser partidario de estas diversas fuerzas. En cambio, debes distanciarte de ellas, alejarte, eludir las diversas disputas en las que se enredan, las distintas reglas del juego que establecen, y evitar además las cosas y las palabras dañinas que requieren que uno haga y diga dentro del ámbito de la propia profesión o de tales fuerzas. No debes convertirte en una de ellas, y desde luego, tampoco en uno de sus cómplices. Este es el requerimiento que te hace Dios dentro de los diversos sectores y profesiones donde existen tales fuerzas: apártate y mantente alejado de ellas, no te conviertas en el peón sacrificado ni permitas que te exploten, y tampoco te conviertas en su lacayo o su portavoz.

Es evidente que, en esta sociedad, aparte de nuestros supervisores inmediatos en los diversos sectores y profesiones y de las organizaciones civiles, también hay ciertos grupos ilícitos que la gente debe evitar; no te involucres con tales personas ni te asocies con ellas de ninguna manera. Por ejemplo, con aquellas que practican la usura. Hay quienes carecen de capital para su negocio y no pueden acceder a un préstamo ordinario, pero existe una manera en la que pueden permitirse el flujo de capital, a saber, mediante un préstamo usurario. Los préstamos usurarios no solo implican altas tasas de interés, sino que también conllevan riesgos significativos. Cierta gente, a fin de ganar mucho dinero y evitar que su negocio caiga en la bancarrota, acaba recurriendo a dar este paso: el préstamo usurario. ¿Respetan las leyes de la sociedad aquellos que practican la usura? (No). Pertenecen a una organización social ilegal y se les ha de evitar a toda costa. Con independencia de la situación a la que te conduzca tu supervivencia o el estado actual de tus asuntos, nunca debes considerar esta senda, sino apartarte de ella y evitarla. No importan los problemas que surjan en tu vida y en tu sustento, no pienses siquiera en ellos ni te plantees tomar esa senda. ¿Acaso no es ese grupo similar a la organización del partido? La supuesta sociedad respetuosa con la ley mantiene ciertas similitudes con los bajos fondos. No pienses que pueden proporcionarte una vía de escape o un punto de inflexión en tu sustento, esa es una idea ilusa. Una vez decides realizar ese movimiento, en cuanto tomas ese camino, la vida que te espera será peor. Por supuesto, existe otra clase de supuesta organización social que no queremos nombrar y a la que nunca debes acercarte, en especial cuando te veas en ciertos problemas concretos y espinosos, cuando te enfrentes a entornos específicos o cuando te halles en circunstancias particularmente peligrosas. No consideres usar métodos extremos para protegerte, para huir del peligro y escapar de las dificultades. En tales situaciones, es preferible verte atrapado en cualquier entuerto a asociarte nunca con esta clase de gente o a involucrarte con ella de algún modo. ¿Por qué harías algo así? ¿Se le llama a eso tener integridad? ¿Es esa la clase de integridad que deben tener los cristianos? (No, no es esa la integridad que debe tener un cristiano). ¿Cuál es entonces? (Simplemente no está bien acercarse a ellas). ¿Por qué no? (Eso te conducirá a una vida peor y a mayores peligros en el futuro). ¿Es meramente para escapar del peligro futuro? Entonces, ¿por qué no escapas primero de tu peligro inmediato? ¿Por qué no te puedes acercar a esas fuerzas? En la Biblia, cuando tentaron al Señor Jesús, ¿cómo le respondió Él a Satanás? (El Señor Jesús dijo: “¡Vete, Satanás! Porque escrito está: ‘Al Señor tu Dios adorarás, y solo a Él servirás’” (Mateo 4:10).). El Único al que la gente debe adorar es a Dios y Él es el Único al que la gente debe servir. A su vez, el Único por el que la gente debe vivir es Dios y solo Él. Si Dios permite que te quiten la vida, ¿qué debes hacer? (Someterte). Debes someterte a Dios y alabarlo. Se debe exaltar el nombre de Dios y la gente debe someterse a Él sin buscar su propia vida. Sin embargo, si Dios pretende que vivas, ¿quién puede quitarte la vida? Nadie. Así que no importa qué circunstancias o peligros afrontes, incluso a la hora de enfrentarte a la muerte, si existe una fuerza capaz de salvarte de ella, entonces esa fuerza no es apropiada, sino que pertenece a Satanás. ¿Qué debes decir? “¡Vete, Satanás! ¡Prefiero morir antes que asociarme contigo!”. ¿No es esta una cuestión de principios? (Lo es). “Me resulta imposible vivir por culpa de tus fuerzas y tampoco voy a morir porque Dios me haya abandonado. Todo está en manos de Dios. No puedo de ninguna manera confiar en fuerza alguna ni realizar concesiones para seguir viviendo”. Este es el principio al que la gente debe atenerse. Si te hallas ante un dilema y alguien dice que existe una fuerza en la sociedad que puede salvarte; si semejante fuerza es capaz de salvarte, pero al hacerlo va a acarrearte desgracias a ti, a los cristianos, a la iglesia y a la casa de Dios; si fuera a desacreditar a la casa de Dios, ¿cómo responderías? ¿La aceptarías o la rechazarías? (La rechazaría). Debes rechazarla. En principio, no confiamos en ninguna fuerza para sobrevivir. Por tanto, con independencia de las circunstancias o las situaciones peligrosas a las que nos enfrentemos, lo fundamental, aparte de someternos a las instrumentaciones y disposiciones de Dios, es que no debemos contemplar la idea de usar distintos métodos extremos para escapar de situaciones complicadas. Una vez que la gente ha cumplido con las responsabilidades y ha dedicado el debido esfuerzo, el resto debe dejarse a la instrumentación de Dios. Si alguien te dijera que existe una organización social ilegal que puede salvarte, ¿te mostrarías de acuerdo con eso? (No). ¿Por qué no? ¿Es que no quieres vivir? ¿No quieres escapar rápidamente del aprieto? Incluso al tratar de escapar de este y permanecer con vida, has de tener principios en tu propio comportamiento. Has de saber lo que debes y no debes hacer. Has de tenerlo claro en el corazón y no perder tus principios.

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