Palabras diarias de Dios | Fragmento 61 | "La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II"

Las normas de la Era de la Ley

1. Los diez mandamientos

2. Los principios para edificar altares

3. Normativas para el trato hacia los siervos

4. Normativas para el robo y la compensación

5. Observar el año sabático y las tres festividades

6. Normativas para el día de reposo

7. Normativas para las ofrendas

a. Holocaustos

b. Ofrendas de cereal

c. Ofrendas de paz

d. Ofrendas por el pecado

e. Ofrendas por la culpa

f. Normativas para las ofrendas de los sacerdotes (que se le ordena cumplir a Aarón y sus hijos)

1) Holocausto de los sacerdotes

2) Ofrendas de cereal de los sacerdotes

3) Ofrendas por el pecado de los sacerdotes

4) Ofrendas por la culpa de los sacerdotes

5) Ofrendas de paz de los sacerdotes

8. Normativas de cómo deben comer los sacerdotes para comer las ofrendas

9. Animales puros e inmundos (los que se pueden comer y los que no)

10. Normativas para la purificación de las mujeres tras dar a luz

11. Estándares para el examen de la lepra

12. Normativas para los que han sido curados de la lepra

13. Normativas para purificar casas infectadas

14. Normativas para los que sufren emisiones anormales

15. El día de la expiación que debe observarse una vez al año

16. Reglas para sacrificar el ganado y las ovejas

17. La prohibición de seguir las prácticas detestables de los gentiles (no cometer incesto, etc.)

18. Normativas que las personas deben seguir (“Seréis santos, porque Yo Jehová vuestro Dios soy santo”)

19. La ejecución de los que sacrifican sus hijos a Moloc

20. Normativas para el castigo del crimen del adulterio

21. Reglas que los sacerdotes deberían observar (reglas para el comportamiento cotidiano, para la utilización de cosas santas, para realizar ofrendas, etc.)

22. Festividades que deberían observarse (el día de reposo, la Pascua, Pentecostés, el día de la expiación, etc.)

23. Otras normativas (encender las lámparas, el año de Jubileo, la redención de la tierra, hacer votos, la ofrenda del diezmo, etc.)

Las regulaciones de la Era de la Ley son la prueba real de que Dios dirige a la humanidad

Así pues, habéis leído estas normativas y principios de la Era de la Ley, ¿verdad? ¿Abarcan las regulaciones un amplio espectro? Primero, cubren los Diez Mandamientos, tras los cuales aparecen las regulaciones sobre cómo edificar altares, etc. Después vienen las relativas a guardar el día de reposo y a observar las tres festividades, tras las cuales están las de las ofrendas. ¿Habéis visto cuántos tipos de ofrendas hay? Hay holocaustos, ofrendas de cereal, de paz, por el pecado, etc., seguidas por las normativas para las ofrendas de los sacerdotes, incluidos los holocaustos y las ofrendas de cereal de los sacerdotes, y otros tipos de ofrendas. La octava regulación está relacionada con la ingestión de las ofrendas por los sacerdotes, y después están las que indican lo que las personas deben observar durante su vida. Hay estipulaciones para muchos aspectos de la forma de vivir de las personas, como las normativas respecto a lo que pueden o no comer, sobre la purificación de las mujeres tras el parto, y para los curados de la lepra. En estas regulaciones, Dios llega a hablar incluso de la enfermedad, y hasta existen normas para matar a las ovejas y al ganado, etc. Estos fueron creados por Dios, y deberías matarlos como Él te indica que lo hagas; existe, sin duda, una razón para las palabras divinas, es indudablemente correcto actuar tal como Él ha decretado, ¡y, con toda seguridad, es beneficioso para las personas! También existen festividades y normas a observar, como el día de reposo, la Pascua, y más; Dios habló de todos ellos. Veamos las últimas: otras normativas como encender las lámparas, el año de Jubileo, la redención de la tierra, hacer votos, la ofrenda del diezmo, etc. ¿Abarcan estas cosas un amplio espectro? Lo primero de lo que debemos hablar es el asunto de las ofrendas de las personas, después están las regulaciones para el robo y la compensación, así como la observancia del día de reposo…; todos los detalles de la vida están implicados. Es decir, cuando Dios empezó la obra oficial de Su plan de gestión, estableció muchas regulaciones que el hombre debía seguir. El fin de estas era permitirle llevar la vida normal del ser humano sobre la tierra, una vida normal inseparable de Dios y de Su dirección. Dios le instruyó primero cómo levantar altares, cómo establecerlos. Después de esto, le señaló cómo realizar las ofrendas y estableció cómo debía vivir: a qué debía prestar atención en la vida, qué tenía que cumplir, qué debía hacer y qué no. Lo que Dios estableció para el hombre lo englobaba todo, y con estas costumbres, regulaciones y principios, Él estandarizó el comportamiento de las personas, guió sus vidas, su iniciación a las leyes de Dios, las guió hasta llegar delante del altar de Dios, a tener una vida entre todas las cosas que Él había hecho para el hombre, con orden, regularidad y moderación. En primer lugar, Dios usó estas simples normativas y estos principios para establecer límites para el hombre, de forma que este tuviera una vida normal de adoración a Dios sobre la tierra, la vida normal del hombre; ese es el contenido específico del comienzo de Su plan de gestión de seis mil años. Las regulaciones y normas cubren un contenido muy amplio; son los detalles específicos de la dirección de la humanidad por parte de Dios, durante la Era de la Ley, y tenían que ser aceptadas y honradas por las personas que vivieron antes de la Era de la Ley. Son un registro de la obra llevada a cabo por Dios durante esa época, y son la prueba real del liderazgo de Dios y Su dirección de toda la humanidad.

La humanidad es eternamente inseparable de las enseñanzas y las provisiones de Dios

En estas normativas se ve que la actitud de Dios hacia Su obra, Su gestión, y la humanidad es seria, sincera, rigurosa y responsable. Él hace la obra que debe en medio de los seres humanos, según Sus pasos, sin la más mínima discrepancia, pronunciando las palabras que debe hablarle a la humanidad sin el menor error u omisión, permitiéndole ver al hombre que es inseparable del liderazgo de Dios, y mostrándole cuán importante es para la humanidad todo lo que Él hace y dice. En resumen, independientemente de cómo sea el hombre en la siguiente era, justo al principio —durante la Era de la Ley— Dios hizo estas sencillas cosas. Para Él, los conceptos que en esa época tenían las personas de Dios, del mundo y de la humanidad, eran abstractos y opacos, y aunque tenían algunas ideas e intenciones conscientes, todas ellas eran poco claras e incorrectas. Por ello, la humanidad era inseparable de las enseñanzas y las provisiones de Dios para ella. Los seres humanos más antiguos no sabían nada, por lo que Dios tuvo que empezar a enseñarles desde los principios más superficiales y básicos para la supervivencia, y las regulaciones necesarias para vivir. Infundió estas cosas poco a poco en el corazón del hombre, y a través de estas normativas y reglas orales le fue proporcionando un entendimiento gradual de Él, una apreciación y un entendimiento progresivos de Su liderazgo, y un concepto básico de la relación entre el ser humano y Dios. Después de lograr este efecto y sólo entonces, Dios pudo llevar a cabo, poco a poco, la obra que realizaría más adelante. Así, estas regulaciones y la obra realizada por Dios durante la Era de la Ley constituyen la base de Su obra salvífica de la humanidad, y la primera etapa de trabajo en el plan de gestión de Dios. Aunque, antes de la obra de la Era de la Ley, Dios había hablado a Adán, Eva, y sus descendientes, estos mandatos y enseñanzas no fueron tan sistemáticos ni específicos como para serles comunicados al hombre uno a uno; tampoco se escribieron ni pasaron a ser regulaciones, porque en ese momento el plan de Dios no había llegado tan lejos. Sólo cuando Él guiara al hombre hasta este paso podría empezar a exponer estas normativas de la Era de la Ley, y comenzaría a hacer que el hombre las llevara a cabo. Era un proceso necesario, y el resultado era inevitable. Estas simples costumbres y regulaciones le muestran al hombre los pasos de la obra de gestión de Dios y la sabiduría de Dios revelada en Su plan de gestión. Él sabe qué contenido y medios usar para empezar, qué métodos usar para continuar y cuáles para terminar, con el fin de poder ganar un grupo de personas que diera testimonio de Él, que tuviera la misma opinión que Él. Él sabe lo que hay en el hombre, y aquello de lo que este carece; sabe lo que tiene que proveer y cómo debe guiarlo, y también lo que este debería o no hacer. El hombre es como un muñeco: aunque no tenía entendimiento de la voluntad de Dios, no podía evitar ser guiado por la obra de gestión de Dios, paso a paso, hasta hoy. No había confusión en el corazón de Dios respecto a lo que debía hacer; existía un plan muy claro y gráfico, y Él llevaba a cabo la obra que Él mismo deseaba, según Sus propios pasos y Su plan, progresando desde lo superficial hasta lo profundo. Aunque no había indicado la obra que iba a hacer más adelante, la subsiguiente seguía llevándose a cabo y progresando estrictamente de acuerdo con Su plan, que es una manifestación de lo que Dios tiene y es, así como la autoridad divina. Independientemente de la etapa de Su plan de gestión que esté desarrollando, Su carácter y Su esencia lo representan; en esto no hay error. Cualquiera que sea la época, o la etapa de la obra, el tipo de personas que Dios ama, la clase de personas a las que aborrece, Su carácter y todo lo que Él tiene y es nunca cambiarán. Aunque estas regulaciones y principios que Dios estableció durante la obra de la Era de la Ley parecen muy simples y superficiales para las personas de hoy, y aunque son fáciles de entender y cumplir, sigue habiendo en ellas la sabiduría de Dios, Su carácter y lo que Él tiene y es. Y es que en estas normativas aparentemente simples se expresan la responsabilidad de Dios y Su preocupación por la humanidad, así como la exquisita esencia de Sus pensamientos, permitiéndole al hombre ser verdaderamente consciente de que Dios gobierna todas las cosas y Su mano todo lo controla. No importa cuánto conocimiento domine la humanidad, cuántas teorías o misterios entienda, para Dios ninguna de estas cosas puede reemplazar Su provisión y Su liderazgo a la humanidad; esta será siempre inseparable de Su dirección y de Su obra personal. Así es la relación inseparable entre el hombre y Dios. Independientemente de que Él proporcione un mandato o una normativa, o te provea verdad para que entiendas Su voluntad, haga lo que haga, Su objetivo consiste en conducir al hombre a un hermoso mañana. Las palabras pronunciadas por Dios y la obra que hace son la revelación de un aspecto de Su esencia, así como de Su carácter y de Su sabiduría; son un paso indispensable de Su plan de gestión. ¡Esto no se debe pasar por alto! La voluntad de Dios está en todo lo que Él hace; Él no teme a las observaciones inapropiadas ni a cualquiera de las ideas o pensamientos del hombre sobre Él. Simplemente lleva a cabo Su obra, y continúa Su gestión, de acuerdo con Su plan de gestión, sin restricciones de cualquier persona, asunto u objeto.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

Las citas de la Biblia en este artículo han sido traducidas de AKJV.

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