Palabras sobre el autoconocimiento (Fragmento 43)

Aunque en las reuniones a menudo se habla sobre la verdad, se diseccionan las actitudes corruptas de las personas, se charla sobre el conocimiento de uno mismo y se comentan los diferentes estados y comportamientos de la gente, todavía hay muchas personas que no conocen su propio carácter corrupto. Algunas se limitan a admitir que tienen ese carácter corrupto, pero no lo reconocen cuando se revela. Algunas personas tienen capacidad de comprensión y, cuando leen las palabras de Dios, reconocen que son la verdad y que lo que Él dice es verdadero. Sin embargo, cuando les ocurren cosas malas, su comprensión se vuelve superficial. Siguen creyendo que actúan bien, que todavía son buenas personas, y, aunque piensan que tienen cierto carácter corrupto, siguen juntándose con la gente buena. No conocen la naturaleza de su carácter corrupto ni las consecuencias que acarreará. ¿Es esto realmente conocerse a uno mismo? Después de creer en Dios durante varios años a través de leer Sus palabras, de escuchar sermones y compartir, así como de que las poden, la mayoría de las personas ven finalmente con claridad que su humanidad no es buena, que tienen realmente un carácter corrupto y que pueden hacer cosas que violan la verdad y que se oponen a Dios. No obstante, muchas personas no reconocen esto de forma sincera; se limitan a admitir de palabra que son demonios, que son Satanases y que deberían ser maldecidas. ¿Esta clase de comprensión es auténtica? ¿Es algo que sale del corazón? ¿Algo que se dice con genuino desprecio de uno mismo? Por ejemplo, un líder o un obrero ha sido destituido por no hacer trabajo real, y para mostrar a todos su “remordimiento” escribe una carta de arrepentimiento: “He decepcionado a Dios y estoy en deuda con Él. No merezco Su salvación ni Su esmerada protección y esfuerzo. Soy un demonio, soy Satanás, mi humanidad es maligna. ¡Debería ser maldecido, debería ir al infierno y perecer!”. En cada frase de esta carta de arrepentimiento, se rechaza y se condena a sí mismo con palabras que un no creyente no diría jamás. Aunque reconoce que es el diablo y Satanás, ¿son sinceras sus palabras? (No. No menciona qué corrupciones ha revelado, qué cosas malas ha hecho ni qué pérdidas ha causado a la obra de la iglesia). No hay una sola frase que explique la situación real ni lo que tiene en el corazón; todo son palabras vacías. ¿Es esta una comprensión verdadera? (No). Si no es una comprensión auténtica, ¿está reconociendo que es corrupto? (No). Vamos a explicárselo: esta persona no reconoce su propia corrupción. Escribió una carta de arrepentimiento y, a primera vista, parece que se conoce a sí misma y que admite su corrupción. A partir de ahí, deberías observar cómo se comporta en la vida diaria y si su conducta detrás del telón ha cambiado de verdad; solo entonces podrás llegar a una conclusión precisa. ¿En qué comportamientos podremos ver que admite realmente su propia corrupción y que se conoce de verdad a sí misma? (Después de que una persona se conozca verdaderamente a sí misma, habrá cambios reales). Es correcto. Dios observa si hay un cambio auténtico en la persona. Si alguien escribe una carta de arrepentimiento y parece que sus palabras son sinceras y que contienen un entendimiento genuino, ¿significa que realmente se ha arrepentido? ¿Es eso una prueba de que se ha arrepentido de verdad? No, debemos fijarnos en si ha habido un cambio real en esta persona; esta es la cuestión más crucial. Pero, después de ser destituida, una persona así a menudo se justifica y se defiende ante los hermanos y hermanas, lo que significa que sigue sin reconocer su propia corrupción y que no tiene una auténtica comprensión de sí misma. Su resistencia, autodefensa y justificación detrás del telón lo confirman. Además, cuando lo Alto disecciona sus acciones y señala que es un anticristo, un falso líder, y que no realiza trabajo real, ¿cuál es su reacción al ser desenmascarada por lo Alto? Razona, se defiende y se justifica explicando estos asuntos por doquier, sin reconocer que no hace trabajo real, que carece de aptitud, que no comprende la verdad y que es un falso líder. ¿Qué tipo de carácter hay detrás del hecho de que no lo reconozca y de esta autodefensa? Es un carácter intransigente y arrogante, un carácter que siente aversión por la verdad. Cuando escribió su carta de arrepentimiento, admitió que era un demonio y un Satanás, que era indigno de Dios, que estaba en deuda con Él y que su humanidad no era buena, pero, inmediatamente después de reconocerlo, volvió a las andadas. ¿Qué sucede aquí? (Su reconocimiento no es sincero). ¿Cuál es su verdadera cara? ¿Cuál es su auténtica estatura? (Defenderse y justificarse). Sus justificaciones y autodefensas detrás del telón, sus explicaciones por doquier: esa es su verdadera cara. ¿No es esta la prueba de que no reconoce que es incapaz de hacer un trabajo real y que no posee la realidad-verdad? No lo reconoce en absoluto. Si ni siquiera lo admite, ¿se conoce verdaderamente a sí misma? Si no se conoce a sí misma, ¿no está desorientando a la gente al presentarse como un diablo y como un Satanás? Entonces, todo lo que dice sobre conocerse a sí misma es mentira; todo es falso. No reconoce que no puede hacer el trabajo y que su humanidad no es buena, así que ¿por qué sigue profiriendo esas palabras de autocondena? Es incomprensible. Si no se conoce a sí misma, ¿por qué sigue fingiendo que sí? Es para engañar a la gente. Los hechos que tenemos ante nuestros ojos ya han demostrado que es una persona hipócrita. ¿Reconoce acaso que tiene un carácter corrupto? (No lo reconoce). Se niega a admitirlo e incluso se esfuerza por encontrar diversas excusas y razones para demostrar que las cosas que ha hecho no están mal. Cree que haga lo que haga es correcto y que lo Alto no debería condenarlo ni diseccionarlo. Puede aceptar ser destituida, pero no ser tratada injustamente por estas cosas. No importa el motivo de su destitución, puede someterse a ella y aceptarla; es solo porque fue destituido por estas cosas concretas que ha hecho que no puede aceptarla ni someterse. ¿No es esta la raíz de sus justificaciones y autodefensas? Una persona así afirma que es un diablo y un Satanás, dice que debería ser maldecida y enviada al infierno y clama repetidamente estas consignas mientras sigue argumentando y justificándose: ¿se conoce realmente a sí misma? (No). Estas personas claman repetidamente que son demonios y Satanases, pero no reconocen ninguna de sus malas acciones. ¿Reconocen que tienen actitudes corruptas? (No). ¿Por qué decimos que no lo reconocen? Todas ellas admiten que son demonios y Satanases, así que ¿por qué no admiten que tienen actitudes corruptas? ¿Qué tiene consecuencias más graves, reconocer que uno posee un carácter corrupto o reconocer que uno es un demonio y un Satanás? De hecho, saben en su fuero interno que al reconocer que son Satanases y demonios pueden desorientar a otros y lograr un buen resultado, y que nadie les hará nada. Sin embargo, si reconocen sus malas acciones o que no tienen humanidad, la gente las evitará y las odiará. Por lo tanto, eligen un eslogan digno de un póster para desorientar a todo el mundo y explicar las cosas. ¿Por qué vociferan este tipo de lemas y consignas? ¿Cuál es el propósito? (Que la gente vea cuánto se conocen a sí mismas). Por un lado, alardean de su espiritualidad. Por otro lado, piensan: “Todos dicen que son demonios y Satanases. Si yo digo que soy un diablo y Satanás, no tendré que sufrir ninguna consecuencia e incluso puedo ganarme la aprobación de todo el mundo. ¿Por qué no hacerlo?”. ¿No es esa la idea? ¿No es esta una forma de conocerse a uno mismo bastante astuta? (Sí, es desorientadora). Esto es desorientador y tramposo por naturaleza, ¡y presenta las características de los embaucadores religiosos! ¿Qué dicen estos? “¡Todos somos pecadores; todos hemos pecado!”. No especifican por qué son malos ni detallan las cosas malas que han hecho. También declaran: “Todos somos pecadores y debemos arrepentirnos. ¡Mirad cuánta sangre preciosa derramó el Señor Jesús por nosotros!”. ¿Qué objetivo quieren conseguir con estas palabras? Aparentar que son espirituales. Están alardeando y haciendo que los demás piensen bien de ellos para lograr su objetivo de ganarse sus corazones y sus mentes. Estas personas que afirman que son demonios y Satanases, ¿no estarán buscando ese mismo resultado? ¿No es ese su propósito? A primera vista, parecen conocerse a sí mismas y estar verdaderamente arrepentidas al proclamar que son diablos y Satanases, que son hijos del infierno y que merecen la muerte. ¡Qué sinceras son sus palabras! Pero, aunque hablan con tanta seriedad, ¿son igual de sinceras en lo que hacen detrás del telón? En absoluto. Utilizan una estrategia con dos caras: por una parte, reconocen en público que son diablos y Satanases, pero, por otra, van por ahí defendiéndose y justificándose, explicando que no han hecho nada malo. Dicen que han sido tratadas de manera injusta por lo Alto y que lo Alto no es consciente de la situación real, que al hacer las cosas que han hecho han tenido que superar grandes penalidades y agravios y han pagado un precio muy alto, y que no deberían ser tratadas de esa manera. Dicen estas cosas para conseguir que las compadezcan, para que más personas piensen erróneamente que se reconocen como demonios y Satanases y que se conocen de verdad a sí mismas, que lo Alto ha sido injusto con ellas y que las han destituido por una cuestión sin importancia. Hacen que parezca que se conocen a sí mismas y que merecen ser líderes. En realidad, están defendiéndose y justificándose enérgicamente. ¿Se conocen realmente a sí mismas estas personas tan hábiles para engañar, para justificarse y para vociferar eslóganes espirituales? (No se conocen). Lo que llaman conocimiento de sí mismas no es más que dejarse llevar por la inercia, engañar a los demás y dar excusas, todo para causar buena impresión a los demás. No se presentan de verdad ante Dios para arrepentirse y reconocer su culpa, ni aceptan que Dios las pode, que las desenmascare y las discipline o incluso las destituya. Sencillamente, no tienen esa actitud.

Hoy en día, la experiencia de la mayoría de la gente es demasiado superficial y su autoconocimiento es muy limitado. Muchos solo reconocen los errores de sus métodos y sus propios fallos, mientras que pocos admiten su pobre aptitud, su comprensión distorsionada, su carencia de comprensión espiritual y su falta de humanidad. Aún son menos las personas que reconocen que las palabras de desenmascaramiento de Dios son hechos absolutos, que estas palabras ponen al descubierto la verdad de su propia corrupción o que Sus palabras son totalmente exactas y sin ningún error. Esta es la prueba de que la gente todavía no se conoce verdaderamente a sí misma. No reconocer que viven de acuerdo con sus actitudes y su naturaleza satánicas significa que no se conocen verdaderamente a sí mismos. No importa qué actitudes corruptas revelen, no las admiten. Las encubren y las tapan, impidiendo que los demás vean su corrupción. A estas personas se les da muy bien disfrazarse y son hipócritas. Actualmente, la mayoría de la gente se decanta por la verdad y su estado ha mejorado un poco, pero todavía no se conoce verdaderamente a sí misma. Muchas personas, al cometer un error, reaccionan por sistema limitándose a reconocer que se equivocaron en esa ocasión. Si les preguntas: “¿En qué te equivocaste exactamente? ¿Qué principios-verdad vulneraste? ¿Qué actitudes corruptas revelaste?”, responderán: “Esto no tiene nada que ver con actitudes corruptas. Fue solo un lapsus momentáneo; no lo pensé bien y actué impulsivamente. No era mi intención”. Sus acciones y errores involuntarios se han convertido en escudos y excusas para las actitudes corruptas que han revelado. ¿Es esto un reconocimiento genuino de su propia corrupción? No lo es. Si con frecuencia pones excusas o encuentras razones para las actitudes corruptas que revelas, entonces no puedes enfrentarte realmente a tus propias actitudes corruptas, ni puedes reconocerlas ni comprenderlas. Por ejemplo, una persona cumple bien sus deberes durante un tiempo; su estado es estable, todo lo que hace se desarrolla con fluidez y sin contratiempos y produce algunos resultados positivos y recibe elogios de los demás. Cree que ha hecho grandes contribuciones y que Dios debería recompensarla. Como resultado, revela un carácter corrupto que es arrogante y santurrón: se cree mejor que los demás, se niega a escuchar y es incapaz de cooperar armoniosamente con nadie. Al poco tiempo, esta persona comete errores en el cumplimiento de sus deberes, y sus hermanos y hermanas la podan y la desenmascaran, diciendo que es demasiado arrogante. Le cuesta aceptar este hecho y reflexiona incesantemente sobre el asunto: “¿Soy arrogante? No lo creo. No he presumido de nada, así que ¿cómo podría haberme vuelto arrogante?”. Se atasca en la palabra “arrogante” y no puede ir más allá. Su incapacidad para aceptar esta palabra demuestra que carece de razón, que no se conoce en absoluto y que no reconoce su propio carácter corrupto. Cuando te ocurre algo y revelas un carácter corrupto, si alguien te critica o te poda y dice que lo que hiciste vulnera los principios-verdad, pero aun así tú solo reconoces tu error en ese asunto en concreto, no estás dispuesto a admitir que fue una consecuencia causada por un carácter corrupto revelado y solo estás dispuesto a rectificar el error sin aceptar nunca el hecho de que revelaste un carácter corrupto, entonces no te conoces de verdad a ti mismo. ¿Puede el reconocimiento de los errores significar por sí mismo el autoconocimiento? El autoconocimiento se refiere a la identificación de la causa raíz de los propios errores y al conocimiento del propio carácter corrupto. Si tú reconoces que has hecho algo mal y después tu comportamiento cambia de tal manera que parece que ya no cometes el mismo error, pero no has desechado tu carácter corrupto y la causa profunda del error no ha sido resuelta, entonces, ¿cuál sería la consecuencia? Inevitablemente todavía revelarías un carácter corrupto y te rebelarías y opondrías a Dios. No asumas que unos pocos cambios de comportamiento equivalen a un cambio en tu carácter. Conocerse a uno mismo es un proceso interminable; si uno no puede conocer las causas raíz de su carácter corrupto o dónde se encuentra la raíz de su rebelión y oposición a Dios, entonces no puede lograr un cambio en su carácter. Esto es lo difícil de modificar el carácter de uno mismo. ¿Por qué muchas personas que creen en Dios solo cambian su comportamiento y no su carácter-vida? Aquí es donde radica el problema. Si reconoces que lo que revelas es un carácter corrupto que te ha llevado a actuar a tu antojo, a tomar decisiones arbitrarias, a no cooperar armoniosamente con los demás y a ponerte por encima de ellos, y después de admitir estas cosas reconoces además que son causadas por un carácter arrogante, ¿qué provecho te reportará? Solo entonces reflexionarás verdaderamente sobre estos asuntos y reconocerás que un carácter corrupto es la causa raíz de oponerse a Dios, y es una prueba irrefutable de la corrupción de la humanidad por Satanás. Reconocerás que, si uno no se despoja de este carácter corrupto, es indigno de ser llamado humano e indigno de vivir ante Dios. Sin embargo, si solo reconoces que has hecho algo mal, ¿cuál será la consecuencia? Solo te concentrarás y esforzarás en la forma en que haces las cosas y en corregirlas, en cómo hacer las cosas para que parezcan correctas en la superficie y en cómo ocultar la revelación de tu carácter arrogante. Te volverás cada vez más falso y los métodos que uses para engañar a los demás serán cada vez más sofisticados. Pensarás: “Esta vez me he equivocado y todo el mundo lo ha visto porque no he sido cuidadoso. No volverá a pasar”. El resultado es que, aunque tu manera de hacer las cosas haya cambiado en la superficie y los demás no vean ningún problema, tú has ocultado tu carácter corrupto. ¿En qué te has convertido? Te has vuelto más falso y un hipócrita. Si uno se concentra y se esfuerza en cómo habla y actúa de manera que en la superficie nadie observe problemas ni encuentre fallos en él y sus acciones parezcan perfectas, pero no cambia su carácter corrupto en lo más mínimo, ¿acaso no se está convirtiendo en un fariseo? Aunque su comportamiento hipócrita pueda engañar a las personas, ¿puede engañar a Dios? ¿Qué significa exactamente perseguir la verdad? En primer lugar, se trata de perseguir cambiar el propio carácter. Si uno no conoce su propio carácter corrupto, es imposible que lo cambie. Reconociendo al mismo tiempo que tiene un carácter corrupto, debe aceptar la verdad, pensar dónde se equivocó exactamente y en qué falló, y luego buscar la verdad para resolver sus problemas. Solo de este modo podrá despojarse gradualmente de su carácter corrupto, practicar la verdad en el cumplimiento de sus deberes y actuar con principios. Al hacerlo así, entrará en la realidad-verdad. Solo aquellos que buscan y practican la verdad son los que la persiguen. Son ellos quienes se esfuerzan continuamente en practicar la verdad y actuar con principios y quienes son capaces de sintetizar sus experiencias y extraer lecciones de ellas. Una vez que practican la verdad y entran en la realidad, que tienen principios en sus acciones y cometen menos errores, llegarán poco a poco a ser aptos para que Dios los use. Si uno no es alguien que persigue la verdad, por mucho que se permita dar charlas vacías sobre el conocimiento de sí mismo o que se defina como un diablo y Satanás, en el fondo sigue sin poner la verdad en práctica. Así pues, ¿cuál es la diferencia entre estos dos? Uno reconoce su propio carácter corrupto, busca los principios-verdad y practica conforme a la verdad: esta es la senda de perseguir la verdad. El otro no reconoce que tiene un carácter corrupto y no acepta el hecho de su carácter corrupto, en vez de esforzarse en la manera en la que hace las cosas. Sin embargo, esto solo cambia su comportamiento externo y no hay cambio en su carácter-vida, lo cual hace que su conducta sea más tramposa. Lo que hacen estas personas ¿se ajusta a los principios-verdad? Está completamente alejado de ellos y no llega ni a rozar la superficie. Lo que hacen es disfrazarse, fingir y hacer trampa, y su meta es engañar al pueblo escogido de Dios. No practican la verdad, pero aun así quieren que todos los alaben, que los aprueben y los apoyen con el fin de tener estatus en la Iglesia. ¿No es esta una manifestación de engaño y trampa? Se disfrazan y se cubren y se concentran en ganarse la simpatía de los demás. ¿Hay algún principio-verdad en esta manera de hacer las cosas? En absoluto, todo está basado en figuraciones de la mente humana, en métodos humanos, en filosofías humanas para los asuntos mundanos, y sigue siendo vivir conforme a un carácter satánico. Esta práctica de la hipocresía pertenece a una espiritualidad falsa; es engañar a las personas y carece de la más mínima realidad-verdad.

¿Por qué algunas personas, que también parece que están cumpliendo sus deberes como los demás, surgen de repente de la nada y escandalizan a la gente cometiendo una gran maldad al final? ¿Puede suceder algo así en solo uno o dos días? Por supuesto que no. Roma no se construyó en un día. Exteriormente, parecen personas educadas y sencillas y nadie puede encontrarles defectos, pero, al final, las cosas malas que hacen son más extremas y sorprendentes que las que pudiera haber hecho cualquier otra persona. Estas acciones las llevan a cabo personas supuestamente “educadas”. ¿Sabéis qué característica común tienen este tipo de personas? (En apariencia se portan bien y por lo general parecen muy correctas). Lo que viven y su esencia-naturaleza tienen dos características distintivas: ¿podéis captar estos puntos clave? (No aman la verdad ni reconocen su carácter corrupto. Cuando hablan de conocerse a sí mismas, están poniéndose un disfraz y actuando con hipocresía). Actuar de forma hipócrita es un aspecto de ello, por tanto, ¿cómo puedes descubrir y confirmar que estas personas son hipócritas? ¿Cómo puedes asegurarte de que estos buenos comportamientos que muestran son solo una simulación? (De cara a la galería, hablan muy agradablemente, pero en sus acciones reales protegen sus propios intereses sin considerar los intereses de la casa de Dios). Esta es la manifestación específica de lo que es actuar hipócritamente. Aunque estas personas hipócritas hablan de manera agradable, en realidad están engañando y desorientando a la gente. Además, evidencian su egoísmo y su vileza al proteger únicamente sus propios intereses y no tener en cuenta los intereses de la casa de Dios: quieren vivir como una puta, pero esperan un monumento a su castidad. Esta es su esencia-naturaleza, desprovista de toda humanidad. Acabo de mencionar que su esencia-naturaleza tiene dos características distintivas. La primera es que estos tipos de personas a menudo gritan eslóganes y hablan sobre doctrinas como si ellas fueran profundamente espirituales, pero en realidad no aman la verdad lo más mínimo, y sin amor por la verdad es imposible que la practiquen. Basándonos en este punto, lo que mencionasteis antes acerca de que solo tienen en cuenta sus propios intereses, ¿no es una de esas manifestaciones? ¿Por qué consideran sus propios intereses? ¿Aman la verdad? (No aman la verdad; solo les gustan sus intereses). Solo protegen sus propios intereses y no tienen en cuenta en absoluto los intereses de la casa de Dios ni de los hermanos y hermanas. ¿No es este un comportamiento propio de no amar la verdad lo más mínimo? Algunas personas preguntan: “Si no aman la verdad, ¿por qué siempre hablan sobre temas relacionados con la verdad?”. ¿Cómo explicaríais esto? (Lo hacen para impresionar a los demás, para disfrazarse y engalanarse). En parte es por eso, pero, además, ¿realmente están charlando sobre la verdad? No es la verdad en absoluto; son solo palabras y doctrinas. Si claramente son solo palabras y doctrinas, entonces, ¿cómo se le puede llamar la verdad? Solo los tontos equipararían las palabras y doctrinas con la verdad. Los demonios son muy hábiles pronunciando palabras y doctrinas para desorientar a la gente, y también quieren hacerse pasar por personas que poseen la verdad para embaucar al prójimo y a Dios. No importa cuán nobles sean las palabras y doctrinas que proclaman, no son la verdad; solo las palabras pronunciadas por Dios son la verdad. ¿Cómo pueden las palabras y doctrinas humanas ponerse junto a la verdad en una misma frase? Son dos cosas diferentes. Este es el primer punto, que estas personas no tienen absolutamente ningún amor por la verdad. ¿Es este aspecto su esencia-naturaleza? (Sí). ¿Por qué decimos que es su esencia-naturaleza y no solo una revelación o comportamiento temporal? Porque cuando observamos sus revelaciones y comportamientos, podemos concluir que su esencia-humanidad es que no aman la verdad en absoluto. Debido a estos diversos comportamientos, se puede determinar que son personas que no aman la verdad. Esta es la primera característica. Entonces, ¿cuál es la segunda? Es que estas personas no reconocen para nada sus propias actitudes corruptas. ¿Qué significa que no las reconocen en absoluto? Si decimos que no reconocen sus actitudes corruptas, ¿por qué hablan siempre sobre conocerse a sí mismas? No solo hablan de ello, sino que también ayudan desvergonzadamente a otras personas a conocerse a sí mismas. También suelen manifestar que no hacen lo suficiente, que están en deuda con Dios, que son demonios y Satanases y que merecen ser maldecidas. ¿Cómo se explica esto? (Cuando hablan de conocerse a sí mismas, no hay verdadero contenido ni detalles. Por ejemplo, no hay contenido verdadero en cuanto a qué corrupciones han revelado, qué malas intenciones albergan, qué actitudes corruptas los controlan, qué manifestaciones específicas tienen, a qué esencia-naturaleza pertenecen, etcétera. Se limitan a afirmar vagamente que son demonios y Satanases sin expresar comprensión ni sentimientos genuinos). (Uno de los resultados de conocerse verdaderamente a uno mismo es ser capaz de odiarse de verdad. Este tipo de personas reconocen verbalmente su corrupción, pero en su fuero interno no se odian en absoluto y, además, encuentran todo tipo de razones para defenderse y justificarse. A veces no exteriorizan sus explicaciones, pero no aceptan ni reconocen internamente su corrupción. Son totalmente incapaces de aceptar la verdad y no cambian para nada). No reconocen su propia corrupción: ¿cómo se explica esto? (Cuando acaece algo malo y quedan en evidencia, sienten que son incapaces de hacer algo así y por eso no reconocen que tienen ese tipo de carácter corrupto). Esta clase de personas siempre hablan de conocerse a sí mismas, pero ¿qué saben exactamente? ¿Conocen sus conductas y manifestaciones o sus actitudes corruptas? ¿O solo saben qué cosas han hecho mal? Hay una gran diferencia entre estos tipos de conocimiento. Algunos tipos de conocimiento son verdaderos, mientras que otros son superficiales y carecen de esencia. El conocimiento de algunas personas es aún más superficial y solo saben qué cosas han hecho mal o reconocen las cosas que han hecho que van en contra de la moral o de la ley. No hay ninguna diferencia con las personas religiosas que admiten su culpa ante el Señor; esto no conduce a un arrepentimiento genuino. También hay algunas personas que, cuando hablan de conocerse a sí mismas, solo proclaman algunas doctrinas o imitan lo que otros dicen sobre el autoconocimiento. Se trata de una forma aún mayor de disimulo y de engaño. ¿Por qué estas personas no se conocen realmente a sí mismas? La razón más crucial es que nunca aceptan la verdad, por lo que todas sus acciones y comportamientos se basan enteramente en sus preferencias, su propia filosofía satánica y sus propios intereses, ambiciones y deseos. En el fondo de sus corazones, no perciben sus ambiciones y deseos como corruptos; cualquier cosa que necesiten no es corrupta, así que hacen lo que quieren, lo que les gusta. Al juzgar esto desde el punto de vista de sus acciones, ¿reconocen sus propias corrupciones? (No las reconocen). ¿Cómo actúan las personas que reconocen sus actos corruptos? ¿Actúan buscando los principios-verdad o solo oran, contemplan y hacen las cosas según lo que piensan? ¿Cuál de estas dos opciones eligen? (Buscan los principios-verdad). Por lo tanto, al observar las acciones de los tipos de personas antes mencionados, es evidente que siempre hacen lo que quieren. Creen que las palabras de Dios están destinadas a los demás y les imparten las doctrinas que entienden, lo que significa que consiguen que los otros actúen de acuerdo con las palabras de Dios, dando a entender que “todos vosotros reveláis corrupciones, pero yo busco la verdad en todo lo que hago y apenas revelo corrupción alguna”. ¿Son estas personas las que realmente se conocen a sí mismas? No se atreven a reconocer sus propias corrupciones; esta es la verdad del asunto. Creen que pagar un precio, así como hablar un poco más, soportar un poco más de sufrimiento o incluso renunciar a sí mismos y entregarse, todo ello con el fin de satisfacer sus ambiciones y deseos, está en consonancia con la verdad y es correcto. Si les preguntaras: “Puesto que todos los humanos son corruptos, ¿no temes equivocarte al pensar así?”, responderían: “No, está bien, no tengo miedo. Mis intenciones son correctas”. Fíjate en cómo consideran que sus ambiciones, deseos e intenciones son algo positivo. ¿Reconocen este tipo de personas sus propias corrupciones? (No, no las reconocen). Desde una perspectiva objetiva, simplemente no las admiten. ¿Pueden las personas que no reconocen su propia corrupción arrepentirse genuinamente? (No, no pueden). No se arrepentirán en absoluto; nunca lo harán. ¿Tienen auténtica sumisión? (No). Menos aún. Ni siquiera saben cuál es la verdad, así que ¿cómo pueden someterse? A lo único que se someten es a sus propias ambiciones y deseos. Viven sus vidas emprendiendo todos los asuntos según sus propios deseos, y hablan, actúan y eligen su camino basándose únicamente en su propia voluntad, sin buscar nunca la verdad. Algunas personas preguntan: “Nunca buscan la verdad, entonces, ¿por qué escuchan sermones?”. Escuchar sermones no significa necesariamente que sean capaces de buscar la verdad; este es solo uno de los aspectos de creer en Dios. Si no escucharan sermones ni asistieran a reuniones, ¿acaso no quedarían en evidencia? Por tanto, es necesario que pasen por este proceso, pero escuchar sermones no significa que sean personas que aceptan la verdad o que reconozcan su propia corrupción; no se puede inferir esto. Reconocer que uno es corrupto no es algo fácil, y es difícil para las personas que no aman la verdad.

Hemos dicho que las personas que no se conocen a sí mismas tienen dos características distintivas: una es que básicamente no aman la verdad, y la otra es que nunca reconocen que tienen actitudes corruptas. Entonces, ¿cuánto os queda para conoceros a vosotros mismos? (Ahora mismo todavía no nos conocemos y no hemos llegado al punto de odiarnos a nosotros mismos). Estáis muy lejos. Conocerse a uno mismo significa ante todo conocer nuestro carácter corrupto y nuestras preferencias, así como nuestros puntos de vista y comportamientos erróneos. Esta es la clave, otros aspectos del autoconocimiento son secundarios. Solo puedes aceptar realmente la verdad y generar un arrepentimiento auténtico cuando reconoces que posees un carácter corrupto, que tienes todo tipo de esencias-naturaleza y revelaciones de corrupciones que Dios ha sacado a la luz en la gente, y cuando eres capaz de enumerarlas específicamente y reconoces que todos estos hechos, comportamientos y revelaciones concretos están lejos de la verdad, que van contra Dios y que Él los detesta. Hoy en día, cuando la gente proclama que acepta la verdad, solo está reconociéndola en doctrina y solo cambia sus conductas hasta cierto punto. Pero después continúan viviendo actitudes corruptas satánicas y viviendo de acuerdo con la filosofía de Satanás; no cambian en absoluto. Los cambios de conducta no representan cambios de carácter. Para transformar su carácter, uno tiene que conocer su verdadera esencia-naturaleza y su propio carácter corrupto: este es el punto de partida. Alguien que tan solo reconoce que sus propias acciones son problemáticas, que no es una buena persona y que es un demonio y Satanás todavía está muy lejos de conocer su esencia-naturaleza y transformar su carácter.

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