Palabras diarias de Dios | Fragmento 116 | "El misterio de la encarnación (4)"

La salvación del hombre por parte de Dios no se lleva a cabo directamente utilizando el método del Espíritu y la identidad del Espíritu, porque el hombre no puede ni tocar ni ver Su Espíritu, ni tampoco acercarse a Él. Si Él tratara de salvar al hombre directamente utilizando la perspectiva del Espíritu, el hombre sería incapaz de recibir Su salvación. Si Dios no se hubiera vestido con la forma exterior de un hombre creado, no habría forma de que el hombre recibiera esta salvación, pues el hombre no tiene forma de acercarse a Él, igual que nadie podía acercarse a la nube de Jehová. Sólo volviéndose un ser humano creado —es decir, sólo poniendo Su palabra en el cuerpo de carne en el que está a punto de convertirse— puede trabajar personalmente la palabra en todos los que le siguen. Sólo entonces puede el hombre ver y oír personalmente Su palabra, poseer Su palabra y, por estos medios, llegar a ser totalmente salvo. Si Dios no se hubiera hecho carne, nadie de carne y hueso podría recibir una salvación tan grande ni se salvaría una sola persona. Si el Espíritu de Dios obrara directamente en medio de la humanidad, la humanidad entera sería fulminada o, sin una forma de entrar en contacto con Dios, Satanás se la llevaría totalmente cautiva. La primera encarnación fue para redimir al hombre del pecado; para redimirlo por medio de la carne de Jesús; es decir, Él salvó al hombre desde la cruz, pero el carácter satánico corrupto todavía permanecía en el hombre. La segunda encarnación ya no tiene como propósito servir como ofrenda por el pecado, sino, más bien, salvar por completo a los que fueron redimidos del pecado. Esto se hace de tal forma que quienes han sido perdonados puedan ser librados de sus pecados, sean purificados completamente, y, al lograr un cambio de carácter, sean liberados de la influencia de la oscuridad de Satanás y regresen delante del trono de Dios. Sólo así puede el hombre ser plenamente santificado. Después de que la Era de la Ley llegó a su fin, y al comenzar la Era de la Gracia, Dios inició la obra de salvación, la cual continúa hasta los últimos días, cuando, al juzgar y castigar a la raza humana por su rebeldía, Él habrá purificado totalmente a la humanidad. Sólo entonces Dios concluirá Su obra de salvación y entrará en el reposo. Por tanto, en las tres etapas de la obra, Dios solo se ha hecho carne dos veces para llevar a cabo Él mismo Su obra entre los hombres. Esto se debe a que sólo una de las tres etapas de la obra consiste en guiar al hombre sobre cómo debe llevar su vida, mientras que, las otras dos, consisten en la obra de salvación. Sólo haciéndose carne puede Dios vivir junto al hombre, experimentar el sufrimiento del mundo, y vivir en un cuerpo normal de carne. Sólo de esta forma puede proveer a los hombres con el camino práctico que necesitan como seres creados. El hombre recibe la salvación plena de Dios a través de la encarnación de Dios, no directamente del cielo en respuesta a sus oraciones. Y, como el hombre es de carne, no tiene forma de ver al Espíritu de Dios y, mucho menos, de acercarse a Él. Lo único con lo que el hombre puede entrar en contacto es con la carne encarnada de Dios y sólo a través de esto es el hombre capaz de entender todos los caminos y todas las verdades y recibir la salvación plena. La segunda encarnación será suficiente para eliminar los pecados del hombre y purificarlo plenamente. Por tanto, con la segunda encarnación se pondrá fin a la totalidad de la obra de Dios en la carne y se completará el sentido de la encarnación de Dios. A partir de ahí, la obra de Dios en la carne habrá llegado plenamente a su fin. Después de la segunda encarnación, Él no se hará carne una tercera vez para Su obra, porque toda Su gestión habrá llegado a su fin. La encarnación de los últimos días habrá ganado totalmente a Su pueblo escogido, y, en los últimos días, la humanidad habrá sido clasificada según su tipo. Él ya no hará más la obra de salvación ni regresará a la carne para llevar a cabo obra alguna.

Extracto de “La Palabra manifestada en carne”

Sólo Dios encarnado puede salvar completamente al hombre

I

Dios no viene a salvar al hombre a través del Espíritu ni como Espíritu, al que nadie puede ver ni acercarse o tocar. Si Dios salvara a la humanidad como Espíritu y no como hombre, nadie obtendría la salvación, nadie podría ser salvado. Dios se encarna en un hombre, y Su palabra se hace carne. Para así poder impartirla entre todos los que lo siguen. Y así podrán oír y ver y recibir Su palabra. Sólo a través de esto el hombre puede salvarse del pecado.

II

Si Dios no se encarnase, no podría salvarse nadie, y nadie podría recibir la gran salvación de Dios. Si Su Espíritu obrase entre los hombres, estarían afligidos, cautivos serían de Satanás, ya que no pueden tocar Su Espíritu. Dios se encarna en un hombre, y Su palabra se hace carne. Para así poder impartirla entre todos los que lo siguen. Y así podrán oír y ver y recibir Su palabra. Sólo a través de esto el hombre puede salvarse del pecado.

III

El hombre no se salva con plegarias hacia el cielo, sino con la encarnación de Dios, ya que todos son de carne. No pueden ver o acercarse al Espíritu de Dios. Sólo Dios encarnado es el Único con quien se pueden relacionar. Por Él, entienden la verdad y reciben salvación plena. Dios se encarna en un hombre, y Su palabra se hace carne. Para así poder impartirla entre todos los que lo siguen. Y así podrán oír y ver y recibir Su palabra. Sólo a través de esto el hombre puede salvarse del pecado, puede salvarse del pecado.

De “Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”

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