Qué significa perseguir la verdad (10) Parte 3

Ahora hablemos del siguiente dicho de conducta moral, “daría la vida por un amigo”, un enunciado aparentemente muy pomposo y sumamente extendido entre la humanidad. En concreto, las personas que valoran los sentimientos y le dan importancia a la fraternidad adoptan este dicho a modo de máxima para hacer muchos amigos. En cualquier época o grupo étnico en que se utilice este dicho de conducta moral, “daría la vida por un amigo”, se cumple bastante bien. Es decir, concuerda relativamente bien con la conciencia y razón de la humanidad. Mejor dicho, este enunciado concuerda con el concepto de “fraternidad” al que se remite la gente en conciencia. Las personas que valoran la fraternidad estarían dispuestas a dar la vida por un amigo. Por muy difícil y peligrosa que fuera la situación de su amigo, darían la cara y la vida por él. Este es el espíritu de sacrificio de los propios intereses por los demás. Lo que le inculca a la gente el dicho de conducta moral “daría la vida por un amigo” es, básicamente, que valore la fraternidad. La norma que le exige a la humanidad es que valore la fraternidad: esa es la esencia de este dicho. ¿Qué significa la palabra “fraternidad”? ¿Cuál es el criterio de fraternidad? La capacidad de sacrificar los propios intereses por un amigo y de hacer de todo por satisfacerlo. Sea lo que sea lo que necesite tu amigo, estás moralmente obligado a brindarle toda la ayuda que precise, y si eso supone arriesgar tu vida, así sea. Esto es lo que hace falta para ser un auténtico amigo y lo único que puede considerarse auténtica fraternidad. Otra interpretación de fraternidad es ser capaz de arriesgar la vida, darla o jugártela por un amigo sin importarte si vives o mueres. Esta es una amistad que perdura a través de pruebas a vida o muerte, una amistad a vida o muerte, y la auténtica fraternidad. Esta es la definición de amigo según las exigencias de conducta moral. Debes estar dispuesto a dar la vida por tus amigos para que se te considere como tal de verdad: este es el criterio de conducta moral al que debe atenerse una persona en el trato con sus amigos y la exigencia de conducta moral de la gente a la hora de hacer amigos. El dicho de conducta moral “daría la vida por un amigo” resulta singularmente heroico y justo, especialmente grande y noble, inspira la admiración y conformidad de la gente y le hace creer que quienes son capaces de algo así son como seres inmortales de otro mundo, que salen de las grietas de las rocas, y que esas personas son especialmente rectas, como los caballeros o los espadachines. Por eso, esas ideas y opiniones tan poco sofisticadas y francas son fácilmente aceptadas por los seres humanos y calan hondo en su interior. ¿Sentís vosotros algo parecido acerca del dicho “daría la vida por un amigo”? (Sí). Aunque en los tiempos que corren no hay mucha gente que daría la vida por un amigo, la mayoría espera que sus amigos estén dispuestos a dar la vida por ellos y que sean personas leales, buenos amigos, que en tiempos difíciles les tiendan la mano sin pensárselo dos veces y sin condiciones y que hagan cualquier cosa por ellos, desafiando toda dificultad e impávidos ante el peligro. Si tú tienes unas exigencias similares hacia tus amigos, ¿demuestra esto que todavía estás influenciado y esclavizado por la idea de dar la vida por un amigo? ¿Dirías que aún vives de acuerdo con esta antigua forma de pensar tradicional? (Sí). Hoy día, la gente suele lamentarse de que “la moralidad pública está en declive actualmente, la gente no tiene la misma mentalidad que sus antepasados, los tiempos han cambiado, los amigos ya no son lo que eran, la gente ya no valora la fraternidad, ha perdido el calor humano, y las relaciones interpersonales son cada vez más distantes”. Aunque hoy día muy poca gente valora la fraternidad en los amigos, la gente sigue recordando con cariño a aquellos caballerosos y amables hombres de antaño que daban la vida por un amigo, y venera la elegancia que irradian. Por ejemplo, relatos que se han transmitido a lo largo de la historia sobre gente de otro tiempo que daba la vida por un amigo, especialmente relatos ambientados en el mundo de las artes marciales sobre gente que defendía la fraternidad. Hasta la fecha, cuando la gente ve estas historias en películas y series de televisión, todavía le embarga la emoción en su interior, y alberga la esperanza de volver a una época plena de calor humano en la que la gente valoraba la fraternidad. ¿Qué demuestran estas cosas? ¿Demuestran que la idea y opinión de dar la vida por un amigo es venerada como algo positivo en la mentalidad de la gente y que se considera un criterio moral elevado por parte de aquellos que quieren ser o llegar a ser buenas personas? (Sí). Aunque actualmente a la gente no se le ocurre exigirse a sí misma tal cosa y no puede conseguirlo por sí sola, sigue esperando conocer a personas así en sus comunidades, relacionarse con ellas y hacerse amigos para que, cuando se tope con dificultades, su amigo dé la vida por ellos. Si observamos las actitudes y opiniones de la gente con respecto a este dicho de conducta moral, está claro que la gente está hondamente influida por esas ideas y opiniones que valoran la fraternidad. Como la gente está influida por dichas ideas y opiniones que la animan a aspirar al espíritu fraternal y a obedecerlo, naturalmente, es muy probable que viva de acuerdo con ellas. En consecuencia, la gente tiende a ser controlada y dominada por dichas ideas y opiniones, y es probable que contemple a las personas y las cosas, se comporte y actúe de acuerdo con ellas y, al mismo tiempo, tienda a aplicarlas para juzgar a la gente, preguntándose: “¿Valora esta persona la fraternidad? Si valora la fraternidad, es buena persona; si no la valora, no merece la pena relacionarse con ella y no es buena persona”. Por supuesto, tú también tiendes a verte influido por estas ideas de fraternidad a la hora de regir, controlar y juzgar tu propia conducta, y las consideras el criterio y rumbo para tus relaciones con los demás. Por ejemplo, bajo la arraigada influencia de esas ideas y opiniones, cuando te relacionas con los hermanos y hermanas aplicas tu conciencia para evaluar todo lo que haces. ¿Qué significa la palabra “conciencia”? Lo cierto es que, en el fondo del corazón de las personas, no significa otra cosa que fraternidad. A veces se ayuda a los hermanos y hermanas por fraternidad; a veces se simpatiza con ellos también por fraternidad. A veces se cumple con el deber y se hace un esfuerzo simbólico en la familia de Dios, o uno se esfuerza o toma una decisión momentánea, regido, realmente, por esas ideas que valoran la fraternidad. ¿No demuestran estos fenómenos, clara e inequívocamente, que la gente está hondamente influida por esas ideas y opiniones y que ya está encadenada y asimilada a ellas? ¿Qué quiero decir con “encadenada” y “asimilada”? ¿Puede decirse que esas ideas y opiniones que valoran la fraternidad no solo pueden controlar la conducta de la gente, sino que, además, ya se han convertido en su filosofía existencial y vital y que la gente se aferra a ellas y las considera positivas? ¿Por qué digo que las considera positivas? Porque la gente, cuando escucha las palabras de Dios, las pone en práctica y se somete a Él, cumple con el deber sin ser superficial, paga un mayor precio y es fiel a Dios, toda esta conducta se rige en gran medida por la idea de fraternidad y está viciada con este elemento de fraternidad. Por ejemplo, algunos dicen: “Debemos ser conscientes en nuestra conducta, ¡no podemos ser superficiales en el deber! Dios nos ha otorgado abundante gracia. En un ambiente tan peligroso, con la represión y persecución desenfrenadas del gran dragón rojo, Dios nos protege y libra de la influencia de Satanás. No debemos perder la conciencia, ¡debemos cumplir correctamente con el deber para retribuir el amor de Dios! Puesto que Dios nos da la vida, debemos serle fieles para retribuirle Su amor. ¡No podemos ser desagradecidos!”. Otros se enfrentan a un deber que exige asumir riesgos y pagar un precio, y dicen: “Si nadie da un paso al frente, lo daré yo. ¡No me asusta el peligro!”. La gente les pregunta “¿por qué no te asusta el peligro?”, y ellos responden: “¿No tienes ni la más mínima integridad moral en tu conducta? La familia de Dios me trata bien y Dios es bueno conmigo. Ya que he decidido seguirlo, debo poner de mi parte y asumir estos riesgos. Debo tener este espíritu de fraternidad y valorarla”. Y así sucesivamente. ¿Están estos fenómenos y estas revelaciones de la gente dominados, hasta cierto punto, por esas ideas y opiniones que valoran la fraternidad? Dominados por esas ideas y opiniones, los juicios y decisiones de la gente, así como algunas conductas que revela, la mayoría de las veces no tienen absolutamente nada que ver con la práctica de la verdad. No son más que un impulso, un estado de ánimo o un deseo momentáneo. Como esto no supone obediencia a los principios-verdad, no surge de la voluntad subjetiva de una persona de cumplir con su deber y no se hace por amor a la verdad y a las cosas positivas, esta fraternidad entre las personas a menudo no perdura, no se prolonga más allá de unas pocas veces ni dura demasiado. Al cabo de un tiempo, la gente se queda sin energía, como un balón desinflado. Hay quienes se preguntan: “¿Por qué tenía tanta energía antes? ¿Por qué estaba tan dispuesto a asumir estos trabajos peligrosos en la casa de Dios? ¿Por qué ya ha desaparecido toda esa energía?”. En aquel momento fue un mero impulso, un deseo o una decisión de carácter momentáneo de tu parte, y era inevitable que se viciara con un elemento de fraternidad. A propósito, ¿qué implica exactamente la “fraternidad”? En pocas palabras, un estado de ánimo o emocional momentáneo; o sea, un estado de ánimo que surge en la gente en ambientes y situaciones especiales. Dicho estado de ánimo es muy optimista, animado y positivo, con lo cual tú juzgas o decides en positivo o haces declaraciones pomposas, y genera cierta disposición al esfuerzo, pero esta clase de disposición no es un auténtico estado de amor por la verdad, de comprensión de la verdad ni de práctica de la verdad. Es un simple estado de ánimo fruto de esas ideas y opiniones que valoran la fraternidad. Así es en pocas palabras. A nivel más profundo, desde Mi punto de vista, la fraternidad es en realidad una revelación de impetuosidad. ¿Qué quiero decir con “revelación de impetuosidad”? Que, por ejemplo, cuando la gente es feliz temporalmente, se puede pasar el día y la noche sin comer ni dormir sin sentir hambre ni cansancio. ¿Es normal? En circunstancias normales, la gente tiene hambre si no come y está apática y aletargada si no duerme bien toda la noche. Sin embargo, si de repente se siente optimista y no tiene hambre, sueño ni fatiga, ¿no es anormal? (Sí que lo es). ¿Es una revelación natural de su carácter-vida? (No). Si no es una revelación normal, ¿qué es? Impetuosidad. ¿Qué más cosas implica la impetuosidad? Que, a raíz de emociones anormales como la felicidad o la ira momentáneas, la gente exhibe ciertas conductas extremas en un estado irracional. ¿Qué conductas extremas? Que, a veces, cuando está contenta, regala las cosas más valiosas de su casa a otras personas; en otras ocasiones, en un arrebato de ira, mata a alguien a cuchillo. ¿Esto no es impetuosidad? Son conductas que rozan el extremo y se producen cuando las personas se hallan en un estado irracional: esta es la impetuosidad. Algunas personas están especialmente contentas cuando empiezan a cumplir con su deber. No tienen hambre a la hora de comer ni sueño a la hora de descansar. En cambio, exclaman: “¡Esfuérzate por Dios, paga el precio por Él y soporta toda adversidad!”. Cuando están desanimadas, no tienen ganas de nada, sienten aversión hacia toda persona que ven y hasta piensan en dejar de creer. Todo esto es impetuosidad. ¿Cómo surgió dicha impetuosidad? ¿Surgió del carácter corrupto de la gente? Se originó porque la gente no comprende la verdad y es incapaz de practicarla. Cuando la gente no comprende la verdad, se ve influida por distintos pensamientos distorsionados. Bajo la influencia de distintos pensamientos distorsionados y negativos, desarrolla diversos estados de ánimo irracionales y anormales. En estos estados de ánimo se le ocurren todo tipo de juicios y comportamientos impulsivos. Así son las cosas, ¿no es cierto? ¿Cuál es la esencia de este punto de vista ideológico, “daría la vida por un amigo”? (La impetuosidad). Exacto, la impetuosidad. ¿Y tiene alguna racionalidad el dicho “daría la vida por un amigo”? ¿Concuerda con los principios? ¿Es algo positivo que la gente deba acatar? Es evidente que no. Esto de dar la vida por un amigo es irracional, impulsivo e impetuoso. Este asunto debe tratarse con racionalidad. ¿Está bien que no valores la fraternidad tanto como para dar la vida por un amigo? ¿Está bien limitarse a ayudar a tus amigos dentro de tu capacidad? ¿Cómo se pueden hacer las cosas bien? ¿Por qué ideas y opiniones como “daría la vida por un amigo”, que parecen valorar especialmente la fraternidad, están mal? ¿Qué tienen de malo? Hay que aclarar esta cuestión. Una vez aclarada, la gente renunciará por completo a esas ideas y opiniones. El caso es que este asunto es muy simple. ¿Podéis explicarlo claramente? Vosotros no tenéis ningún punto de vista, nada que decir, al respecto. Esto confirma una cosa: que antes de que Yo diseccionase el dicho “daría la vida por un amigo”, todos lo obedecíais o lo venerabais especialmente, y todos envidiabais a quienes darían la vida por un amigo, además de a quienes pudieran hacerse amigos de alguien así, y creíais que tener esa clase de amigos era un placer y un honor, ¿no es cierto? ¿Cómo contempláis este asunto? (Yo creo que tratar con la gente según el dicho “daría la vida por un amigo” carece de principios y no concuerda con la verdad). ¿Qué te parece esta respuesta? ¿Puede liberarte de las ataduras y cadenas que te imponen esas ideas y opiniones? ¿Puede modificar los métodos y principios con los que abordas estas cuestiones? ¿Puede corregir tus puntos de vista falaces al respecto? Si no, ¿qué es esta respuesta? (Doctrina). ¿De qué sirve hablar de doctrina? No hables de doctrina. ¿Cómo surge la doctrina? Surge porque no tienes clara la esencia de dichas ideas y opiniones ni comprendes del todo el impacto negativo y el perjuicio de esas ideas y opiniones con respecto a cómo contemplas a las personas y las cosas, te comportas y actúas. Como no sabes qué hay de malo en ellas, lo único que sabes hacer es responder y resolver este problema por medio de doctrinas superficiales. El resultado final es que las doctrinas no resuelven tu problema y tú sigues viviendo regido e influido por esas ideas y opiniones.

¿Qué tienen de malo ideas y puntos de vista como “dar la vida por un amigo”? Esta pregunta es en realidad bastante sencilla, nada difícil. Nadie que viva en el mundo ha caído de las nubes. Todo el mundo tiene padres e hijos, todo el mundo tiene parientes, nadie vive de manera independiente en este mundo humano. ¿Qué quiero decir con esto? Que tú vives en este mundo humano y tienes unas obligaciones que cumplir. En primer lugar, apoyar a tus padres y, en segundo lugar, criar a tus hijos. Estas son tus responsabilidades en la familia. En la sociedad también tienes unas responsabilidades y obligaciones sociales que cumplir. Debes desempeñar un papel en la sociedad, como el de obrero, agricultor, empresario, estudiante o intelectual. Desde la familia hasta la sociedad, hay muchas responsabilidades y obligaciones que debes cumplir. Es decir, aparte de comida, ropa, vivienda y transporte, hay muchas cosas que tienes que hacer, y también muchas cosas que deberías hacer y muchas obligaciones que deberías cumplir. Dejando de lado esta senda correcta de creencia en Dios que sigue la gente, como individuo tienes numerosas responsabilidades familiares y obligaciones sociales que cumplir. No existes de manera independiente. La responsabilidad con la que cargas no consiste solamente en hacer amigos y pasar un buen rato ni en buscar a alguien con quien puedas hablar y que pueda ayudarte. La mayoría de tus responsabilidades y las más importantes están relacionadas con tu familia y con la sociedad. Solo si cumples correctamente con tus responsabilidades familiares y tus obligaciones sociales puede considerarse plena y perfecta tu vida como persona. ¿Y en qué consisten las responsabilidades que debes cumplir en la familia? Debes ser buen hijo para tus padres y apoyarlos. Siempre que tus padres estén enfermos o en apuros, debes hacer todo lo que esté en tu mano. Como progenitor, has de sudar y esforzarte, trabajar mucho y soportar dificultades para mantener a toda la familia, y asumir la gran responsabilidad de ser padre o madre, criando a tus hijos, educándolos para que sigan la senda correcta y haciendo que comprendan los principios de conducta. Por tanto, tienes numerosas responsabilidades en tu familia. Debes apoyar a tus padres y asumir la responsabilidad de criar a tus hijos. Hay que hacer muchas cosas de ese tipo. ¿Y cuáles son tus responsabilidades en la sociedad? Cumplir las leyes y normas, tener unos principios en el trato con los demás, emplearte al máximo en el trabajo y gestionar bien tu carrera. Debes dedicar el 80 o 90 % de tu tiempo y energía a estas cosas. Es decir, sea cual sea tu papel en tu familia o en la sociedad, vayas por la senda que vayas y sean cuales sean tus ambiciones y aspiraciones, cada cual tiene unas responsabilidades que son muy importantes para él personalmente y que ocupan casi todo su tiempo y energía. Desde la perspectiva de las responsabilidades familiares y sociales, ¿cuál es el valor de tu persona y de tu vida al venir a este mundo humano? El de cumplir con las responsabilidades y misiones que te ha encomendado el cielo. Tu vida no te pertenece únicamente a ti y, por supuesto, tampoco le pertenece a nadie más. Tu vida existe para tus misiones y responsabilidades y para las responsabilidades, obligaciones y misiones que debes cumplir en este mundo humano. Tu vida no les pertenece a tus padres ni a tu cónyuge y, naturalmente, tampoco les pertenece a tus hijos. Menos aún le pertenece a tu descendencia. Entonces, ¿a quién le pertenece tu vida? Desde la perspectiva de una persona mundana, tu vida les pertenece a las responsabilidades y misiones que te ha encomendado Dios. Sin embargo, desde la perspectiva de un creyente, tu vida le debe pertenecer a Dios, ya que es Él quien dispone todas tus cosas y tiene soberanía sobre ellas. Por consiguiente, como persona que vive en el mundo, no debes prometer tu vida a nadie arbitrariamente ni sacrificar arbitrariamente tu vida por nadie en aras de la fraternidad. En pocas palabras, no debes menospreciar tu propia vida. Tu vida carece de valor para cualquier otra persona, sobre todo para Satanás, para esta sociedad y para esta especie humana corrupta, pero, para tus padres y parientes, tu vida es de suma importancia, ya que hay un vínculo indisociable entre tus responsabilidades y su supervivencia. Por supuesto, todavía más importante es que hay un vínculo indisociable entre tu vida y el hecho de que Dios tiene soberanía sobre todas las cosas y sobre toda la especie humana. Tu vida es indispensable entre las muchas vidas sobre las que Dios tiene soberanía. Tal vez tú no valores tanto tu vida, y quizá no deberías valorarla tanto, pero el caso es que tu vida es muy importante para tus padres y parientes, con quienes tienes una estrecha relación y unos vínculos indisociables. ¿Por qué afirmo eso? Porque tú tienes unas responsabilidades hacia ellos, ellos también tienen unas responsabilidades hacia ti, tú tienes unas responsabilidades hacia esta sociedad, y estas últimas tienen que ver con tu papel en ella. El papel de cada persona y cada entidad viva son indispensables para Dios y elementos imprescindibles de la soberanía de Dios sobre el género humano, sobre este mundo, sobre esta tierra y sobre este universo. A ojos de Dios, toda vida es incluso más insignificante que un grano de arena, y hasta más despreciable que una hormiga; no obstante, como cada persona es una vida, que es viviente y que respira, por ende, en el marco de la soberanía de Dios, aunque el papel que desempeñe esa persona no sea fundamental, también es indispensable. Así pues, observándolo desde estos ángulos, si una persona daría fácilmente la vida por un amigo y no solo piensa en hacerlo, sino que está dispuesta a ello en cualquier momento, a dar la vida sin tener en cuenta sus responsabilidades familiares o sociales y ni siquiera las misiones y deberes que le ha encomendado Dios, ¿no es un error? (Sí). ¡Es traicionero! Lo más valioso que Dios le otorga al hombre es ese aliento llamado vida. Si prometes alegremente dar la vida por un amigo a quien crees que se la puedes encomendar, ¿no es ser traicionero hacia Dios? ¿No es una falta de respeto por la vida? ¿No es un acto de rebeldía contra Dios? ¿Es un acto de traición a Dios? (Sí). Es obvio que esto supone renunciar a las responsabilidades que debes cumplir en tu familia y en la sociedad y eludir las misiones que Dios te ha encomendado. Es traicionero. Lo principal en la vida de una persona no es otra cosa que las responsabilidades que debe asumir en ella: las responsabilidades familiares y sociales y las misiones que Dios le ha encomendado. Lo principal son estas responsabilidades y misiones. Si pierdes la vida al darla alegremente por otro por un sentido pasajero de fraternidad y por la impetuosidad de un momento, ¿perviven tus responsabilidades? Entonces, ¿cómo puedes hablar de misiones? Es evidente que no valoras la vida que Dios te otorgó como lo más preciado que hay, sino que alegremente se la prometes a los demás dar tu vida por ellos, mientras ignoras o abandonas totalmente tus responsabilidades hacia tu familia y la sociedad, lo que es inmoral e injusto. Entonces, ¿qué estoy tratando de deciros? Que no deis alegremente la vida ni se la prometáis a los demás. Algunos preguntan: “¿Puedo prometérsela a mis padres? Y si se la prometo a mi pareja, ¿está bien?”. No. ¿Por qué no? Porque Dios te otorga la vida y permite que esta continúe para que puedas cumplir con tus responsabilidades hacia tu familia y la sociedad y llevar a cabo las misiones que Él te ha encomendado. No lo hace para que te tomes tu propia vida a broma prometiéndosela alegremente a otras personas, entregándosela a ellas, invirtiéndola en ellas y dedicándosela a ellas. Si una persona pierde la vida, ¿puede cumplir igualmente con sus responsabilidades familiares y sociales y con sus misiones? ¿Puede hacerlo igualmente? (No). Y, cuando las responsabilidades familiares y sociales de una persona dejan de existir, ¿siguen existiendo los roles sociales que cumplía? (No). Cuando dejan de existir los roles sociales que cumple una persona, ¿siguen existiendo las misiones de esa persona? No. Cuando las misiones y los roles sociales de una persona dejan de existir, ¿sigue existiendo aquello sobre lo que Dios es soberano? Dios es soberano sobre los seres vivos, los seres humanos que tienen vida, y, cuando dejan de existir sus responsabilidades sociales y su vida y todos sus roles sociales vuelven a la nada, ¿es esto un intento de que vuelvan a la nada tanto el género humano, sobre el que Dios es soberano, como el plan de gestión de Dios? Si haces esto, ¿no es traicionero? (Sí). Efectivamente, es traicionero. Tu vida existe únicamente para tus responsabilidades y misiones, y el valor de tu vida solo puede reflejarse en ellas. Aparte, no tienes la responsabilidad y la misión de dar la vida por un amigo. Como persona dotada de vida por Dios, lo que debes hacer es cumplir con las responsabilidades y misiones que Él te ha encomendado. En cambio, dar la vida por un amigo no es una responsabilidad ni una misión que Dios te haya otorgado. Más bien es una actuación tuya movido por un sentido de la fraternidad, una ilusión tuya, un pensamiento irresponsable de tu parte sobre la vida y, por supuesto, también una especie de pensamiento que Satanás le inculca a la gente para despreciar su vida y pisotearla. Por tanto, sin importar cuándo llega el momento ni qué tipo de amigo íntimo hayas hecho, aunque tu amistad con él haya perdurado a través de situaciones de vida o muerte, no prometas arbitrariamente que darás la vida por él; ni siquiera albergues semejantes pensamientos a la ligera, no pienses en dedicarle tu ser y tu vida entera. No tienes ninguna responsabilidad ni obligación hacia él. Si tenéis intereses similares, personalidades similares, y vais por la misma senda, podéis ayudaros, hablar de lo que queráis y ser amigos íntimos, pero esta amistad íntima no se construye sobre la base de dar la vida por el otro ni sobre el valor de la fraternidad. No es necesario que des la vida por él ni que renuncies a ella; ni siquiera que derrames una sola gota de sangre por él. Algunos señalan: “Entonces, ¿de qué me sirve el sentido de la fraternidad? En mi humanidad y en mi interior, siempre quiero demostrar fraternidad; por tanto, ¿qué debo hacer?”. Si realmente quieres demostrar fraternidad, debes contarle a la otra persona las verdades que has llegado a comprender. Cuando veas que la otra persona está débil, apóyala. No te quedes mirando; cuando tome el camino equivocado, adviérteselo, aconséjale y échale una mano. Cuando descubras los problemas de la otra persona, tienes la obligación de ayudarla, pero no es preciso que des la vida por ella, no tienes que prometerle la vida. Tu única responsabilidad hacia ella es ayudar, apoyar, recordar, aconsejar o, a veces, tener cierto perdón y tolerancia, pero no dar la vida por ella, ni mucho menos demostrarle ningún supuesto sentido de la fraternidad. Para Mí, la fraternidad es mera impetuosidad y no forma parte de la verdad. En comparación con la vida que Dios les otorga a las personas, la fraternidad entre ellas es una basura. Es una especie de impetuosidad que Satanás le ha inculcado a la gente, una astuta trama por la que la gente hace impulsivamente muchas cosas en aras de la fraternidad, cosas que luchará por dejar atrás y que lamentará el resto de sus días. Esto es desaconsejable. Por consiguiente, es mejor que abandones esta idea de fraternidad. No vivas en función de la fraternidad, sino de la verdad y las palabras de Dios. Deberías vivir, al menos, de acuerdo con tu humanidad, conciencia y razón, abordar todo y a todos con racionalidad, y hacerlo todo correctamente en función de tu conciencia y razón.

Tras haber hablado sobre tantos dichos y opiniones sobre la responsabilidad y la vida, ¿discernís ya esta exigencia moral de dar la vida por un amigo? Ahora que tenéis discernimiento, ¿tenéis los principios correctos con los que abordar eso? (Sí). ¿Qué harías si alguien realmente te pidiera que dieras la vida por él? ¿Cómo responderías? Contestarías: “Si tú me exiges que dé la vida por ti, eres tú el que quiere quitarme la vida. Si quieres quitarme la vida, si me exiges tal cosa, me estás privando del derecho a cumplir con mis responsabilidades familiares y en la sociedad. Esto también es privarme de mis derechos humanos y, sobre todo, de la oportunidad de someterme a la soberanía de Dios y de cumplir bien mi deber. ¡Si me privas así de mis derechos humanos, acabas conmigo! Me estás privando de muchísimos derechos y obligándome a morir por ti. ¿Hasta qué punto podrías ser egoísta y despreciable? ¿Y aun así sigues siendo amigo mío? Obviamente no eres mi amigo, sino mi enemigo”. ¿Es correcto decir eso? (Sí). De hecho, es lo correcto. ¿Te atreves a decir eso? ¿Lo entiendes realmente? Si algún amigo no para de pedirte que des la vida por él y de exigirte tu vida, debes evitarlo a la primera ocasión, pues no es buena persona. No pienses que debería ser amigo tuyo solo porque pueda dar la vida por ti. Dile: “Yo no te he pedido que des la vida por mí, eres tú quien se ha ofrecido a eso. Aunque fueras capaz de dar la vida por mí, ni se te ocurra pedirme que yo la dé por ti. Tú no eres racional, pero yo comprendo la verdad, soy racional y abordaré este asunto racionalmente. Por muchas veces que tú hayas querido dar la vida por mí, yo no daré la mía por ti impulsivamente. Si estás en apuros, haré todo lo posible por ayudarte, pero en modo alguno renunciaré a las responsabilidades y misiones que Dios me ha encomendado en esta vida para vivir únicamente por ti. En mi mundo no hay más que responsabilidades, obligaciones y misiones. Si quieres ser amigo mío, te pido que me ayudes, que me asistas para cumplir bien con mis responsabilidades y para llevar a cabo mis misiones juntos. Entonces serás un auténtico amigo. Si sigues pidiéndome que dé la vida por ti y obligándome a hacer este tipo de promesa, a dar la vida por ti, a prometerte mi vida, deberías alejarte de mí inmediatamente; no eres amigo mío, no quiero trabar una amistad con alguien como tú ni ser amigo de una persona como tú”. ¿Qué te parece decir eso? (Bien). ¿Por qué está bien? Al no tener un amigo así, te alivias de esa presión, preocupaciones y carga mental, y no eres esclavo de ideas como la de valorar la fraternidad. Si, de hecho, alguien dijera “no vale la pena relacionarse con gente como tú, que no da la vida por un amigo y no puede ser amiga de nadie”, ¿te sentirías triste? ¿Te verías afectado por estas palabras? ¿Te sentirías triste y negativo, abandonado por la gente, sin sentido de la existencia y sin esperanza en la vida? Es posible, pero, cuando comprendas la verdad, podrás comprender a fondo este asunto y no te dejarás constreñir por estas palabras. A partir de hoy, debes aprender a desprenderte de estas cosas de la cultura tradicional sin necesidad de cargar con ese lastre. Es la única forma de que puedas ir por la senda correcta en la vida. ¿Vas a poner esto en práctica? (Sí). Por supuesto, esto no es algo de lo que uno pueda desprenderse tan pronto. Antes de nada, la gente debe prepararse mentalmente y poco a poco pensar en ello, buscar la verdad, comprenderla y ponerla en práctica, según los principios-verdad. Esto es aplicar los principios-verdad para abordar y gestionar las relaciones y vinculaciones con las personas. En resumen, me gustaría dedicaros unas últimas palabras: valora la vida y tus responsabilidades; aprecia la oportunidad que Dios te ha dado de cumplir tu deber y las misiones que te ha encomendado. Lo entiendes, ¿no? (Sí). ¿No te regocijas por haber comprendido a fondo este asunto? (Sí). Si no te dejas cohibir y limitar por estas ideas y puntos de vista falaces, estarás tranquilo. Sin embargo, ahora no estás realmente tranquilo. No estarás verdaderamente tranquilo hasta que no emprendas la senda de perseguir la verdad en el futuro y ya no te inquieten estas cosas. Aquellos que realmente contemplan a las personas y las cosas y se comportan y actúan en todo de acuerdo con las palabras de Dios, con la verdad por criterio, son los únicos que están francamente relajados y tranquilos, que tienen paz y gozo, que viven y se comportan de acuerdo con la verdad y que nunca lo lamentarán. Aquí concluye nuestra enseñanza de hoy.

7 de mayo de 2022

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