16. Por qué se dice que hacer deberes puede ser la mejor manera de poner en evidencia a las personas
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Todo el pueblo escogido de Dios actualmente está practicando la ejecución de sus deberes y, a través de la ejecución de los deberes por parte de las personas, Dios perfecciona a un grupo y descarta a otro. Así pues, la ejecución del deber es lo que revela a cada tipo de persona, y cada tipo de persona falsa, incrédula y malvada se revela y es descartada durante la ejecución de su deber. Los que hacen sus deberes con devoción son personas honestas; los que son sistemáticamente superficiales son gente falsa y evasiva y son incrédulos; y los que causan trastornos y perturbaciones al realizar sus deberes y se niegan a arrepentirse en lo más mínimo son personas malvadas y anticristos. Ahora mismo siguen existiendo una gran variedad de problemas en muchos de los que hacen el deber. Algunos son siempre muy pasivos en su deber, están siempre sentados esperando y dependen de los demás. ¿Qué clase de actitud es esa? Es una irresponsabilidad. La casa de Dios ha dispuesto que realices un deber y, sin embargo, han pasado varios días y aún no has hecho ningún trabajo concreto. No se te ve nunca en el lugar de trabajo y mucha gente no te encuentra cuando tiene problemas que se necesitan resolver. No has asumido este trabajo. Si un líder te pregunta sobre este, ¿qué vas a decirle? Eres muy consciente de que este es el trabajo que te corresponde hacer, pero no lo haces. ¿Pero en qué estás pensando? ¿No haces trabajo alguno porque eres incapaz de hacerlo? ¿O solo estás ávido de comodidad? ¿Cuál es exactamente la actitud que tienes hacia tu deber? Solo hablas sobre palabras y doctrinas y solo dices cosas que suenan bien, pero no haces ningún trabajo real. Si no quieres realizar tu deber, deberías dimitir. No te mantengas en tu posición mientras no hagas ningún trabajo real. ¿Eso no es infligir daño al pueblo escogido de Dios y retrasar el trabajo de la iglesia? Por la forma en la que hablas, pareces entender todo tipo de doctrina, pero cuando se te pide que hagas un deber, eres superficial, y no eres en absoluto concienzudo. ¿Es eso gastarte sinceramente para Dios? No eres sincero respecto a Dios, pero finges sinceridad. ¿Eres capaz de engañarle? Por tu forma de hablar, pareces tener una gran fe e incluso aspiras a ser un pilar de la iglesia y su roca. Pero cuando haces un deber, eres más inservible que una simple cerilla. ¿No es esto intentar engañar a Dios con los ojos abiertos de par en par? ¿Sabes lo que pasará contigo por intentar engañar a Dios? ¡Te desdeñará y te descartará! Todas las personas quedan en evidencia al hacer sus deberes; siempre que alguien haya asumido un deber, no pasará mucho tiempo antes de que quede en evidencia si es una persona honesta o falsa y si es o no un amante de la verdad. Aquellos que aman la verdad pueden hacer sus deberes con sinceridad y defender el trabajo de la casa de Dios. Aquellos que no aman la verdad no defienden en absoluto el trabajo de la casa de Dios y son irresponsables al hacer sus deberes. Esto resulta evidente de inmediato para quienes tienen perspicacia. Quienquiera que haga mal su deber no es un amante de la verdad ni una persona honesta; a todas esas personas se las revelará y descartará. Para hacer bien su deber, las personas deben tener sentido de la responsabilidad y deben acarrear una carga. Así, el trabajo sin duda se hará de manera adecuada. Lo preocupante es cuando alguien no acarrea una carga ni tiene sentido de la responsabilidad y se lo tiene que impulsar a actuar, cuando siempre es negligente e intenta echarles la culpa a otros cuando surgen problemas, lo que provoca retrasos en su resolución. ¿Podría seguir haciéndose bien el trabajo entonces? ¿Podría su desempeño del deber producir algún resultado así? Sea lo que sea que la iglesia disponga que haga, no quiere hacerlo, y cuando ve a otros que necesitan ayuda con lo que están haciendo, los ignora. Solo cuando se le ordena hacer algo, no tiene más remedio que hacerlo en cierta medida. ¡Esto no es hacer un deber, es ser mano de obra contratada! Cuando un contribuyente de mano de obra contratado trabaja para un empleador, se le paga mientras está en el trabajo, ganando dinero por las horas que haya trabajado; simplemente espera su remuneración. Tiene miedo de hacer cualquier trabajo que su jefe no vea, miedo de no ser recompensado por nada de lo que hizo. Solo quiere hacer un trabajo que lo haga destacar. Esto demuestra que no tiene lealtad. Gran parte del tiempo, sois incapaces de responder cuando se os pregunta sobre cuestiones de trabajo. Todos vosotros habéis participado en el trabajo, pero nunca habéis preguntado cómo va y nunca habéis dedicado una reflexión cuidadosa a esto. De hecho, dado vuestro calibre y conocimiento, no debería darse el caso de que no sepáis nada. Entonces, ¿por qué la mayoría de vosotros no puede decir nada sobre el trabajo? Quizás sea porque realmente no sabéis qué decir; no sabéis si las cosas van bien o mal. Hay dos razones para esto: una es que no habéis puesto vuestro corazón en estas cosas en absoluto; nunca os han importado y solo las habéis tratado como tareas que completar. La otra es que sois irresponsables y no estáis dispuestos a preocuparos por estas cosas. Si de verdad te importaran y realmente pusieras el corazón en ellas, tendrías puntos de vista y opiniones sobre todos los asuntos. No tener opiniones ni puntos de vista es a menudo consecuencia de ser indiferente y apático, así como de no asumir ninguna responsabilidad. No pones el corazón en tu deber, no asumes ninguna responsabilidad por él, no estás dispuesto a pagar un precio ni a preguntar cómo van las cosas, no quieres preocuparte y no deseas dedicar más energía de la necesaria; simplemente te contentas con ser un subordinado. Esto no es diferente de un no creyente que hace un trabajo para su jefe. A Dios le desagrada este tipo de desempeño del deber y no lo acepta. No puede ganarse Su aprobación.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo si eres una persona honesta puedes vivir la auténtica semejanza humana
Si una persona cree verdaderamente en Dios o no es algo que se revela en su desempeño del deber. Para determinar si alguien persigue la verdad, observa si realiza su deber con principios. Algunas personas carecen de principios al hacer sus deberes. Siguen constantemente su propia voluntad y actúan de manera imprudente. ¿Acaso no es esto ser negligente? ¿No están engañando a Dios? ¿Habéis considerado alguna vez las consecuencias de tal comportamiento? En el desempeño de vuestro deber, verdaderamente no tenéis consideración alguna por las intenciones de Dios y sois desalmados. Sois ineficientes en todo lo que hacéis; carecéis por completo de la más mínima entrega y de todo esfuerzo sincero. ¿Podéis obtener la aprobación de Dios de esta manera? Muchas personas hacen sus deberes a regañadientes y no pueden perseverar. No pueden soportar ni el más mínimo sufrimiento y siempre sienten que han sufrido una gran pérdida, y tampoco buscan la verdad para resolver las dificultades. ¿Pueden seguir a Dios hasta el final haciendo sus deberes de esta manera? ¿Está bien que sean superficiales en todo lo que hacen? ¿Puede esto ser aceptable para la conciencia? Incluso si se valora según un punto de referencia humano, tal comportamiento no es acorde al estándar; entonces, ¿se podría considerar realizar el deber acorde al estándar? Si realizas tu deber de esta manera, nunca obtendrás la verdad. Incluso tu contribución de mano de obra no será acorde al estándar. Entonces, ¿cómo podrías obtener la aprobación de Dios? En la realización de sus deberes, muchas personas temen el sufrimiento, son demasiado perezosas y codician la comodidad física. Nunca pagan un precio para aprender habilidades profesionales, y no ponen su corazón en meditar la verdad de las palabras de Dios. Creen que ser negligentes de esta manera les ahorra problemas: no necesitan investigar ni pedir consejo a otros, no necesitan usar su mente ni hacer ningún esfuerzo mental, así como se ahorran un montón de esfuerzo, no soportan ningún sufrimiento físico y aun así logran completar la tarea. Pero al final los resultados no son acordes al estándar. Si las podas, no están dispuestas a ceder y siguen discutiendo, dicen: “No fui perezoso ni ocioso, la tarea se hizo; ¿por qué me estás buscando defectos? ¿Acaso no estás siendo quisquilloso? Ya lo estoy haciendo suficientemente bien al realizar mi deber de esta manera. ¿Cómo es que no estás satisfecho?”. ¿Creéis que estas personas pueden progresar más? Realizan su deber continuamente de una manera superficial, a la vez que están llenas de excusas. Cuando ocurren problemas, se niegan a que alguien las critique. ¿Qué clase de carácter es este? ¿No es un carácter satánico? ¿Pueden las personas realizar sus deberes acorde al estándar con tal carácter? ¿Pueden satisfacer a Dios? ¿Así es como realizáis vuestro deber? Por fuera, parece que estáis ocupados y que cooperáis bien con otros sin disputas. Sin embargo, ninguno de vosotros pone esfuerzo alguno en su deber, ni lo piensa con detenimiento ni se preocupa por ello. Ninguno de vosotros pierde el apetito ni deja de dormir porque no ha realizado bien su deber. Ninguno de vosotros busca la verdad ni se atiene a los principios para resolver los problemas. Simplemente vais todos tirando y actuáis de manera superficial. Muy pocos de vosotros realizáis vuestro deber con verdadera responsabilidad. Independientemente de las dificultades que surjan, no os reunís para orar y buscar la verdad con sinceridad ni para afrontar los problemas y resolverlos de manera conjunta. Simplemente termináis una tarea y nunca consideráis los resultados, solo para acabar teniendo que volver a hacerla. Hacer el deber de esta manera no es más que actuar superficialmente y no se diferencia de cómo los no creyentes hacen sus trabajos. Esta es la mentalidad de un contribuyente de mano de obra. Al hacer el deber de esta manera, no experimentáis la obra de Dios ni os esforzáis sinceramente por Él. Si no cambiáis esta mentalidad, se os acabará revelando y descartando.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo aquel que cumple con el deber con todo su corazón, su mente y su alma ama a Dios
Hay quien es mano de obra durante años sin cambiar lo más mínimo. Cuando se enfrenta a dificultades, aún suele volverse negativo y se queja y a menudo revela actitudes corruptas. Cuando se le poda, recurre a argumentos y sofisterías, incapaz de aceptar siquiera un ápice de verdad y sin someterse a Dios lo más mínimo. En última instancia se le prohíbe la ejecución de sus deberes. Algunas personas echan a perder el trabajo al realizar sus deberes y no aceptan las críticas, incluso dicen con descaro que no hicieron nada malo y no se arrepienten en absoluto. Y finalmente, cuando la casa de Dios las despoja de su cualificación para realizar el deber y las despide, abandonan el lugar donde realizaban su deber entre llantos y quejas. Y así es como terminan descartadas. Realizar el deber realmente revela a las personas. La gente suele hablar muy bien y gritar consignas en voz alta, pero ¿por qué es que cuando realizan un deber no actúan como humanos sino que se convierten en diablos? Esto se debe a que las personas que carecen de humanidad son diablos dondequiera que vayan; y las personas que no aceptan la verdad no pueden mantenerse firmes en ningún lado. Algunos a menudo realizan sus deberes de manera superficial, e intentan discutir y recurrir a sofismas cuando se los poda. Después de ser podados repetidamente, sienten algún deseo de arrepentirse, por lo que comienzan a emplear métodos de autocontrol. Al final, sin embargo, no pueden controlarse, incluso hacer juramentos y maldecirse a sí mismos no ayuda. Siguen sin resolver el problema de su negligencia ni el problema de discutir y recurrir a sofismas. Solo después de que todos finalmente llegan a detestarlos y criticarlos, por fin se sienten obligados a admitir: “Sí tengo actitudes corruptas. Quiero arrepentirme pero simplemente no puedo evitarlo. Cuando realizo mi deber, siempre tomo en consideración mis intereses, mi orgullo y mi reputación, lo que me lleva a rebelarme contra Dios a menudo. Quiero practicar la verdad, pero soy incapaz de desprenderme de mis intenciones y deseos; no puedo rebelarme contra ellos. Siempre quiero hacer las cosas según mi propia voluntad, actúo siempre de manera taimada y busco atajos para ahorrarme esfuerzo, así como codicio la comodidad y el disfrute. No puedo aceptar que se me pode y siempre trato de justificarme. Considero que basta con haberme esforzado y haber soportado dificultades, de modo que recurro a la discusión y la sofistería cuando alguien intenta podarme, y siento desafío en mi interior. ¡Soy bien difícil de manejar! ¿Cómo debo buscar la verdad para resolver estos problemas?”. Empiezan a ponderar estas cosas. Esto significa que tienen cierto entendimiento de cómo deberían actuar las personas, así como cierta razón. Supongamos que un contribuyente de mano de obra comienza en algún momento a ocuparse del trabajo que le corresponde y a centrarse en cambiar su carácter, y se da cuenta: “Ahora veo que yo también tengo actitudes corruptas, y he sido arrogante y vanidoso, e incapaz de someterme a Dios. No puede ser que siga así. No podré alcanzar la salvación si no cambio mi carácter”. Cuando comience a pensar e intente meditar sobre estas cosas, cuando pueda buscar la verdad para afrontar los problemas que descubra, ¿no comenzará entonces a cambiar de rumbo? Si empieza a revertir su curso, aún hay esperanza de que cambie. Sin embargo, si nunca se plantea perseguir la verdad, si carece del deseo de esforzarse en pos de la verdad y solo sabe esforzarse y trabajar con la creencia de que completar el trabajo que tiene entre manos equivale a cumplir su tarea y completar la comisión de Dios; si cree que hacer determinado esfuerzo significa que ha realizado su deber, sin tan siquiera considerar cuáles son los requerimientos de Dios o cuál es el principio-verdad, o si es una persona que se somete a Él y nunca intenta dilucidar ninguna de estas cosas; si esta es la forma en que aborda su deber, ¿podrá alcanzar la salvación? No lo hará. Tales personas no han entrado en el camino correcto de creer en Dios y no han construido una relación con Él. Todavía se están limitando a esforzarse y contribuir con mano de obra en la casa de Dios, y no se han embarcado en absoluto en la senda de alcanzar la salvación. Las personas como estas son meros contribuyentes de mano de obra en la casa de Dios y no aceptan la verdad en absoluto; no son los objetivos de la salvación de Dios.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo puedes hacer bien el deber si buscas los principios-verdad
Si te esforzaras por Dios sinceramente y tuvieras un corazón amante de Dios, ¿cómo abordarías las tareas pesadas o las que son exigentes o duras? Tu mentalidad sería diferente: elegirías hacer las tareas que sean difíciles y buscarías expresamente asumir cargas pesadas, haciendo lo que otras personas están poco dispuestas a hacer y lo harías únicamente por amor a Dios y para satisfacerlo. Rebosarías alegría sin ningún atisbo de queja. Enfrentarse a las tareas pesadas, exigentes, o a las tareas que son difíciles, revela a las personas. ¿En qué eres diferente de las personas que solo aceptan tareas ligeras y notorias? No eres mejor que ellas. ¿Acaso no es así? Así es como debes ver estas cosas. Por tanto, lo que más revela a las personas tal como son es su manera de hacer su deber. Algunas personas dicen grandes cosas en circunstancias normales y manifiestan que están dispuestas a amar y a someterse a Dios, pero en el momento en el que se encuentran con una dificultad en la ejecución de su deber, sueltan toda clase de quejas y palabras negativas. Son hipócritas. Si alguien ama la verdad, al enfrentarse a una dificultad en la realización de su deber orará a Dios, buscará la verdad y tratará su deber con seriedad, aun en el caso de que no esté organizado de manera adecuada. No se quejará, incluso cuando afronte tareas exigentes, tareas pesadas o difíciles, así como puede hacer bien sus tareas y hacer bien su deber con un corazón sumiso a Dios. Siente un gran disfrute al hacerlo y Dios se reconforta al verlo. Esta es la clase de persona que cuenta con la aprobación de Dios. Si alguien se llena de quejas por dentro —y se muestra desafiante e insatisfecho— cuando tiene que hacer tareas pesadas, exigentes o difíciles y no permite que nadie lo critique o lo enfade, no es una persona que se esfuerce por Dios sinceramente. Lo único que puede pasarle es que se le ponga en evidencia y se le descarte.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
Lo que refleja de un modo más perceptible el vínculo que te une a Dios es cómo tratas el asunto que Él te encomienda y el deber que Él te asigna, además de la postura que adoptas. Este es el problema más visible y práctico. Dios está a la espera; quiere conocer tu postura. Deberías aprovechar esta oportunidad y apresurarte a mostrar tu actitud hacia Dios, aceptar Su comisión y cumplir bien con tu deber. Si puedes cumplir con la comisión que Dios te ha encargado, tu relación con Él será normal. Si cuando Dios te confía una tarea o te dice que hagas cierto deber adoptas una postura muy superficial, si no te lo tomas en serio ni lo consideras importante, ¿no es eso precisamente lo contrario de dedicar todo tu corazón y tus fuerzas? ¿Puedes cumplir bien con tu deber así? Desde luego que no. Tu realización del deber seguro que no va a ser acorde al estándar. Por tanto, la postura que adoptas cuando realizas tu deber tiene una importancia fundamental, como la tienen el método y la senda que eliges. A todos aquellos que ni siquiera hacen bien sus deberes se les descarta, sin importar los años que lleven creyendo en Dios.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
La cuestión más urgente que hay que resolver ahora es cómo tratar el deber que se tenga. Porque la ejecución del deber es lo que mejor revela si la creencia de una persona es verdadera o falsa, si esta ama la verdad o no, si elige el camino correcto o el equivocado, y si posee conciencia y razón o carece de ellas. Todas estas cuestiones pueden ponerse en evidencia en la ejecución del deber. Para resolver la cuestión de cómo tratar el propio deber, ante todo debes entender qué es el deber, así como la manera de realizarlo adecuadamente y qué debes hacer cuando te encuentras con dificultades al realizarlo, qué principios debes seguir y de acuerdo con qué verdades debes practicar. Debes entender qué hacer cuando malinterpretes a Dios y cuando no puedas dejar de lado tus designios. Además, mientras estés haciendo tus deberes, deberás reflexionar a menudo sobre los pensamientos y puntos de vista erróneos y absurdos de Satanás que aún tienes en tu corazón y que pueden influir en el cumplimiento de tu deber y obstaculizarlo, hacer que te rebeles contra Dios y lo traiciones al realizar tu deber, y hacer que fracases al hacer lo que Dios te encomienda; todo esto debes saberlo. ¿Es importante el deber para una persona? Es sumamente importante. Ahora debéis tener clara esta visión: hacer vuestro deber es la máxima prioridad de la fe en Dios. El aspecto más crucial de creer en Dios ahora es hacer el deber. Si no realizáis bien el deber, no tendréis ninguna realidad. Mientras hacen el deber, las personas son capaces de entender las intenciones de Dios, y pueden ir construyendo de forma gradual una relación normal con Él; pueden identificar gradualmente sus problemas y llegar a conocer su carácter corrupto y su esencia. Al mismo tiempo, a través del proceso de autorreflexión, las personas pueden descubrir gradualmente cuáles son exactamente los requisitos de Dios para ellas. ¿Entiendes ahora qué es exactamente en lo que crees cuando crees en Dios? De hecho, se trata de creer en la verdad y ganar la verdad. Realizar el deber te permite ganar la verdad y vida. La verdad y vida no se puede ganar sin realizar el deber. ¿Puedes tener alguna realidad si crees en Dios sin realizar el deber? (No). No puedes. Así pues, si no haces bien tu deber, no puedes obtener la verdad. Una vez seas descartado, esto indicará que has fracasado en tu fe en Dios. Aunque sigas sosteniendo que crees en Él, tu fe ya carecerá de sentido. Esto es algo que hay que desentrañar.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo puedes hacer bien el deber si buscas los principios-verdad
Este es el momento de que cada cual se ordene según su clase. Es el momento en el que Dios revela a las personas y las descarta. Si de verdad sois creyentes, debéis perseguir la verdad bien y realizar adecuadamente vuestro deber. Si puedes compartir algún testimonio vivencial, eso demuestra que eres una persona que ama la verdad y que posees algunas realidades-verdad. Sin embargo, si no eres capaz de compartir ningún testimonio vivencial, entonces eres un contribuyente de mano de obra y corres peligro de que se te descarte. Si realizas bien tu deber y eres responsable y devoto, eres un contribuyente leal de mano de obra y puedes sobrevivir. Se debe descartar a cualquiera que no sea un contribuyente leal de mano de obra. Por tanto, solo si realizas bien tu deber podrás mantenerte firme en la casa de Dios y sobrevivir a los grandes desastres. Hacer bien tu deber es crucial. Como mínimo, las personas de la casa de Dios son gente honesta. Son personas dignas de confianza en el desempeño de su deber, que pueden aceptar la comisión de Dios y realizar su deber con devoción. Si las personas no tienen fe verdadera ni conciencia ni razón, y si no tienen un corazón que lo teme y se somete a Él, entonces no son adecuadas para hacer los deberes. Aunque realicen su deber, lo hacen negligentemente. Son contribuyentes de mano de obra, personas que no se han arrepentido de verdad. Este tipo de contribuyentes de mano de obra tarde o temprano serán descartados; solo sobrevivirán los leales. A pesar de que los contribuyentes leales de mano de obra no tienen las realidades-verdad, poseen conciencia y razón, son capaces de realizar sus deberes con sinceridad y Dios les permite sobrevivir. Aquellos que poseen las realidades-verdad y que pueden dar testimonio rotundo por Dios —Su pueblo— también sobrevivirán y serán llevados al reino de Dios.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para hacer bien el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón