4. Cómo resolver el problema de hacer siempre exigencias a Dios
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
A la hora de determinar si las personas pueden someterse a Dios o no, el aspecto clave es si tienen deseos extravagantes o motivaciones ocultas hacia Él. Si las personas siempre están haciéndole exigencias a Dios, eso demuestra que no le son sumisas. Sin importar lo que te suceda, si no lo aceptas de parte de Dios y no buscas la verdad, y si siempre razonas a tu favor y sientes que solo tú tienes la razón, y si incluso eres capaz de dudar de que Dios es la verdad y la justicia, entonces tendrás problemas. Esas personas son las más arrogantes y más rebeldes hacia Dios. La gente que siempre le exige a Dios no puede someterse de veras a Él. Si le haces exigencias a Dios, esto prueba que estás intentando hacer un trato con Él, que estás eligiendo tu propia voluntad y actuando conforme a ella. Esto es traicionar a Dios y estar desprovisto de sumisión. Ponerle exigencias a Dios es, en sí mismo, estar desprovisto de razón; si creyeras de verdad que Él es Dios, no te atreverías a ponerle exigencias —algo para lo cual de todos modos no estás cualificado—, ya sean razonables o no. Si de verdad crees en Dios y crees que Él es Dios, únicamente lo adorarás y te someterás a Él: no hay otra opción. La gente de hoy no se limita a tomar sus propias decisiones, sino que incluso le pide a Dios que actúe según su propia voluntad. No solo eligen no someterse a Dios, sino que incluso le piden a Dios que se someta a ellos. ¿No es esto totalmente carente de razón? Por lo tanto, si no hay verdadera fe dentro de una persona ni convicción sustancial, nunca podrá obtener la aprobación de Dios. Cuando la gente es capaz de ponerle menos exigencias a Dios, tiene más fe y sumisión verdaderas y su razón es relativamente normal. Ocurre a menudo que, cuanto más inclinadas están las personas a discutir, más difícil es lidiar con ellas. No solo ponen muchas exigencias, sino que cuando se les da un dedo, se toman el brazo. Cuando están satisfechas en un aspecto, presentan exigencias en otro. Tienen que estar satisfechas en todos los aspectos y, de no ser así, empiezan a quejarse y renuncian y dejan que todo se caiga a pedazos. Tras hacer eso, se sienten en deuda y tienen remordimiento, lloran lágrimas amargas y quieren morir. ¿De qué sirve esto? ¿Acaso no son poco razonables y constantemente molestas? Esta serie de problemas tiene que resolverse a partir de su carácter corrupto, la raíz de todo esto.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre le pone demasiadas exigencias a Dios
Nada es más difícil de manejar que las personas que constantemente le hacen exigencias a Dios. Tan pronto como las acciones de Dios no se corresponden con tus deseos o no se han llevado a cabo de acuerdo con ellos, es probable que adoptes una postura desafiante, lo cual basta para demostrar que la naturaleza del hombre es la de resistirse a Dios. El reconocimiento de este problema solo se puede lograr reflexionando con frecuencia sobre ti mismo y alcanzando un entendimiento de la verdad, y solo se puede resolver por completo persiguiendo la verdad. Cuando las personas no entienden la verdad, le hacen muchas exigencias a Dios, mientras que cuando realmente entienden la verdad, no hacen ninguna; solo sienten que le han brindado a Dios muy poca satisfacción, que tienen muy poca sumisión a Él. Que las personas siempre le hagan exigencias a Dios refleja su naturaleza corrupta. Si no puedes conocerte a ti mismo y arrepentirte de verdad con respecto a este asunto, enfrentarás riesgos y peligros ocultos en tu senda de fe en Dios. Puedes superar asuntos corrientes, pero cuando te encuentres con asuntos importantes que involucren tu porvenir, tus perspectivas y tu destino, esos peligros ocultos se convertirán en una bomba de relojería que es probable que explote. ¡Entonces estarás en gran peligro! Algunas personas nunca persiguen la verdad, pero aun así se sienten muy seguras y creen que tienen garantizado poder seguir hasta el final. Resulta que cuando se encuentran con pruebas, no pueden superarlas, y recaen en sus viejas costumbres y se convierten en objetos de destrucción. Muchas personas siempre han seguido y creído de esta manera; se han comportado bien durante el tiempo que han seguido a Dios, pero esto no determina lo que sucederá en el futuro. Esto se debe a que nunca eres consciente del defecto fatal del hombre o de las cosas que están dentro de su naturaleza que pueden resistirse a Dios, y antes de que te lleven al desastre, no tienes conocimiento de estas cosas. Si tu naturaleza de resistirte a Dios queda sin resolver, esto te preparará para el desastre y es posible que cuando tu viaje termine o cuando la obra de Dios finalice hagas lo que más se opone a Dios, digas lo que es blasfemo contra Él y por tanto seas condenado y descartado. En el momento de mayor peligro, cuando había sido atrapado y encarcelado, Pedro intentó escapar. En ese momento, no entendió la intención de Dios y planeó sobrevivir y hacer la obra de las iglesias. Más adelante, Jesús se le apareció y le dijo: “¿Harías que me crucificaran por ti una vez más?”. Pedro entendió entonces la intención de Dios, y se apresuró a someterse. Supongamos que, en ese momento, hubiera tenido sus propias exigencias y hubiera dicho: “No quiero morir ahora, temo al dolor. ¿No fuiste crucificado por nuestra causa? ¿Por qué pides que yo sea crucificado? ¿Puedo evitar la crucifixión?”. De haber puesto él tales exigencias, la senda que transitó habría sido en vano. Pero Pedro siempre había sido una persona que se sometía a Dios y buscaba Su intención; al final, entendió la intención de Dios y se sometió por completo. Si Pedro no hubiera buscado la intención de Dios y hubiera actuado de acuerdo con sus propios deseos, habría tomado la senda errónea. Las personas carecen de la facultad de entender directamente las intenciones de Dios, pero si no se someten después de entender la verdad, están traicionando a Dios. Es decir, que las personas siempre le pongan exigencias a Dios guarda relación con su naturaleza. Cuantas más exigencias tienen, más rebeldes son y más se resisten, y más nociones tienen. Cuantas más exigencias alguien tiene respecto de Dios, más es una persona que se resiste a Él e incluso se opone a Él. Tal vez, un día, pueda traicionar y abandonar a Dios. Si quieres solucionar este problema, debes entender varios aspectos de la verdad y también debes tener ciertas experiencias reales para poder comprenderlo por completo y solucionarlo en su totalidad.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre le pone demasiadas exigencias a Dios
¿Qué problema hay con que las personas siempre le pongan exigencias a Dios? ¿Y qué problema hay con que siempre tengan conceptos sobre Dios? ¿Qué contiene la naturaleza del hombre? He descubierto que, independientemente de lo que les ocurra o de aquello que estén afrontando, las personas siempre protegen sus propios intereses, se preocupan de su propia carne y siempre buscan razones o excusas que les sirvan. No buscan ni aceptan la más mínima verdad, y todo lo que hacen es justificar su propia carne y planificar en aras de sus propias perspectivas. Siempre solicitan la gracia de Dios, y tratan de sacar todo el provecho posible. ¿Por qué le hacen tantas exigencias a Dios? Esto demuestra que las personas son codiciosas por naturaleza y que, ante Dios, no poseen ninguna razón en absoluto. En todo lo que la gente hace —ya sea orar, compartir o dar sermones—, aquello en lo que piensan, y lo que persiguen y anhelan, solo se reduce a exigir y solicitar cosas a Dios, con la esperanza de poder obtener algo de Él. Algunos dicen que “esto se reduce a la naturaleza humana”, lo que es correcto. Además, que las personas le pongan demasiadas exigencias a Dios y tengan demasiados deseos extravagantes demuestra que están totalmente desprovistas de conciencia y razón. Todos exigen y solicitan cosas por su propio bien, o tratan de justificarse y poner excusas por su propio beneficio; hacen todo esto para sí mismos. En muchas cosas se puede ver que lo que hacen carece totalmente de razón, lo cual prueba plenamente que la lógica de Satanás de “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda” ya se ha convertido en la naturaleza humana. ¿Qué problema ilustra el hecho de que la gente formule exigencias excesivas hacia Dios? Que la gente ha sido corrompida por Satanás hasta cierto punto y que, en su fe en Dios, no lo tratan en absoluto como tal. Algunas personas afirman: “Si no tratáramos a Dios como tal, ¿por qué seguiríamos creyendo en Él? Si no lo tratáramos como tal, ¿podríamos haberlo seguido hasta hoy? ¿Podríamos haber resistido todo este sufrimiento?”. En apariencia, crees en Dios y eres capaz de seguirlo, pero en tu actitud hacia Él, y en tus opiniones sobre muchas cosas, no lo tratas en absoluto como al Creador. Si trataras a Dios como tal, como Creador, deberías mantenerte firme en tu posición de ser creado, y te sería imposible ponerle exigencias a Dios o tener deseos extravagantes. Por el contrario, en tu corazón, serías capaz de tener una sumisión verdadera, y serías plenamente capaz de creer en Dios conforme a Sus exigencias y de someterte a toda Su obra.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre le pone demasiadas exigencias a Dios
En su fe, las personas buscan hacer que Dios les dé un destino adecuado y toda la gracia que podrían querer, buscan hacer que Dios sea su sirviente, que Él mantenga con ellas una relación pacífica y amigable para que, sin importar cuándo, nunca haya ningún conflicto entre ellos. Es decir, su creencia en Dios exige que Él prometa cumplir todas sus exigencias y que les otorgue cualquier cosa que pidan, de acuerdo con las palabras que han leído en la Biblia: “Escucharé todo lo que pidáis”. Esperan que Dios no juzgue ni pode a nadie, ya que Él siempre ha sido el misericordioso Salvador Jesús que mantiene una buena relación con las personas en todo momento y en todo lugar. La forma en la que las personas creen en Dios es como sigue: simplemente, le exigen con descaro y creen que, independientemente de si son rebeldes u obedientes, Él simplemente tiene que seguir concediéndoles todo. Simplemente, le “cobran deudas” a Dios continuamente, pues creen que Él tiene que “reembolsarles” sin resistirse de ninguna manera y, además, debe pagar doble. Piensan que, independientemente de que Dios haya obtenido algo de ellas o no, solo lo pueden manipular, y que Él no puede orquestar a las personas a su antojo ni mucho menos ponerles de manifiesto Su sabiduría y Su carácter justo —ocultos durante muchos años— cuando Él quiera y sin su permiso. Simplemente le confiesan a Dios sus pecados, pues creen que Él solo tiene que absolverlas, sin sentir ninguna aversión hacia ello y que esto continuará para siempre. Simplemente le dan órdenes a Dios y creen que Él se limitará a obedecerlas, porque está registrado en la Biblia que Dios no vino para ser servido por el hombre, sino para servirle a él, así como que Él vino para ser su siervo. Incluso ahora, ¿no seguís creyendo de esta manera? Cuando no podéis obtener algo de Dios, queréis huir; cuando no entendéis algo, os volvéis demasiado resentidos e incluso llegáis tan lejos como para lanzarle toda clase de insultos. Simplemente no le permitiréis a Dios mismo expresar completamente Su sabiduría y maravilla, en lugar de eso solo queréis disfrutar de la comodidad y el confort temporales. Hasta ahora, vuestra actitud en vuestra creencia en Dios ha consistido meramente en los mismos viejos puntos de vista. Si Dios os muestra una mínima majestad, os ponéis tristes. ¿Veis ahora exactamente lo grande que es vuestra estatura? No asumáis que todos vosotros sois leales a Dios cuando, de hecho, vuestras antiguas opiniones no han cambiado. Cuando nada te sucede, crees que todo va bien y tu amor por Dios alcanza las cotas más altas. Cuando algo pequeño te sucede, caes al Hades. ¿Es eso ser leal a Dios?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Debes desprenderte de las bendiciones del estatus y entender la intención de Dios de traer la salvación al hombre
Las personas tienen una razón muy precaria, sus exigencias a Dios son demasiado numerosas y demasiado excesivas, carecen de la más mínima razón. Las personas siempre le exigen a Dios que haga esto o aquello y no son capaces de someterse completamente a Él o de adorarlo. En cambio, le plantean a Dios exigencias poco razonables sobre la base de sus propias preferencias, le piden que sea magnánimo, que nunca se enfade por nada, y que siempre que vea a las personas, siempre sonría, les hable, les provea la verdad y comparta la verdad con ellas. También exigen que siempre sea paciente y que mantenga una expresión agradable cuando está con ellas. Tienen demasiadas exigencias, ¡son muy quisquillosas! Deberíais examinar estos asuntos. La razón humana es muy débil, ¿no es cierto? Las personas no solo son incapaces de someterse completamente a las instrumentaciones y las disposiciones de Dios o de aceptar todo lo que proviene de Él, sino que en su lugar le imponen exigencias adicionales a Dios. ¿Cómo pueden ser leales a Dios quienes tienen semejantes exigencias? ¿Cómo pueden someterse a las disposiciones de Dios? ¿Cómo pueden amar a Dios? Todas las personas tienen exigencias acerca de cómo Dios debería amarlas, ser indulgente con ellas, velar por ellas, protegerlas y mostrar preocupación por ellas y cuidarlas; sin embargo, ninguna tiene requisito alguno acerca de cómo ellas mismas deberían amar a Dios, pensar en Él, ser consideradas con Él, satisfacerlo, tenerlo en sus corazones y adorarlo. ¿Acaso estas cuestiones ocupan un lugar en sus corazones? Estas son cosas que deberían lograr, entonces, ¿por qué no ponen su corazón en ellas? Hay quienes pueden sentir entusiasmo por un tiempo y en cierto modo renunciar a cosas y esforzarse, pero esto no es duradero. Cuando tropiezan con un pequeño contratiempo, esto puede hacer que se sientan desalentados, pierdan la esperanza y se quejen. Las personas tienen muchísimos problemas y muy pocas persiguen la verdad y buscan amar y satisfacer a Dios. Los seres humanos carecen absolutamente de razón; se sitúan en la postura equivocada. Además, se consideran especialmente valiosos. También están quienes dicen: “Dios nos ve como a la niña de Sus ojos. No dudó en permitir que Su único Hijo fuera clavado en la cruz para redimir a la humanidad. Dios pagó un alto precio para comprarnos; ¡somos muy preciados! Todos ocupamos un lugar en el corazón de Dios. Somos un grupo especial de personas y nuestra condición es muy superior a la de los no creyentes; pertenecemos al reino de los cielos”. Se creen totalmente sublimes y magníficos. En el pasado, muchos líderes pensaban de esta manera; después de ser ascendidos, creían que tenían cierto estatus y posición en la casa de Dios. Pensaban: “Dios me valora y piensa bien de mí y me ha permitido servir como líder. Debo esforzarme al máximo, ir de un lado a otro y trabajar para Él”. Se sentían sumamente satisfechos consigo mismos. Sin embargo, después de un tiempo, hacían algo malo y su auténtica naturaleza salía a la luz, se los destituía y entonces se desalentaban y bajaban la cabeza. Cuando se dejaba en evidencia y se podaba su fealdad, se tornaban aún más negativos y no podían seguir creyendo. Pensaban para sí mismos: “Lo que hace Dios es muy desconsiderado con mis sentimientos, no le importa resguardar mi orgullo en lo más mínimo. Dicen que Dios se compadece de las debilidades del hombre, entonces, ¿por qué fui destituido después de algunas pequeñas transgresiones?”. Entonces se sentían desanimados y querían abandonar su creencia. ¿Tienen tales personas una fe verdadera en Dios? Si no pueden ni siquiera aceptar que se les pode, entonces su estatura es demasiado escasa, y no es seguro que sean capaces de aceptar la verdad en el futuro. Esas personas están en peligro.
Las personas no se exigen mucho a sí mismas, pero le exigen mucho a Dios. Le piden que les muestre una amabilidad especial, que sea paciente y tolerante con ellas, que las ame, las proteja y las provea, que les sonría, que ejerza la paciencia y sea complaciente con ellas, cuidándolas de muchas maneras. Esperan que Él no sea estricto con ellas en absoluto, ni que haga algo que las moleste ni siquiera un poco, y solo están satisfechas si Él las adula todos los días. ¡Los humanos tienen una razón tan deficiente! Al creer en Dios, no tienen claro qué puntos de vista deberían tener, qué deberían hacer, qué deberían conseguir, en qué posición deberían estar para servir a Dios ni cuál es el lugar adecuado donde colocarse. Las personas con algo de estatus se tienen en muy alta estima a sí mismas, y las que no tienen estatus también se tienen en alta consideración. Las personas nunca se conocen a sí mismas. Debes llegar a un punto en tu creencia en Dios en el que, sin importar cómo Él te hable, lo estricto que sea contigo y si te hace caso o no, puedas seguir creyendo, no quejarte y continuar haciendo tu deber como de costumbre. Entonces, serás una persona madura y experimentada y verdaderamente tendrás algo de estatura y un poco de la razón de una persona normal. No exigirás cosas a Dios, ya no tendrás deseos extravagantes y ya no les exigirás cosas a los demás o a Dios según tus propias preferencias. Esto demostrará que posees algo de la semejanza de un ser humano. En la actualidad, tenéis demasiadas exigencias y son demasiado exageradas; además, tenéis demasiada voluntad propia. Esto demuestra que no estás en la posición correcta, que la que ocupas es demasiado elevada y te consideras demasiado honorable, como si no fueras muy inferior a Dios en cuanto a posición. Por tanto, es difícil tratarte y esta es precisamente la naturaleza de Satanás.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
Realizar exigencias constantes a Dios es parte de la naturaleza humana, y debéis diseccionar esta naturaleza de acuerdo con la palabra de Dios. ¿Cómo deberíais diseccionarla? El primer paso es tener claro qué exigencias irracionales y qué deseos extravagantes tienen las personas con respecto a Dios, y deberíais diseccionar todas y cada una de tales exigencias: ¿Por qué las personas realizan esa exigencia? ¿Cuál es su motivo? ¿Cuál es su objetivo? Cuanto más meticulosamente la disecciones de esta manera, más comprensión tendrás de tu propia naturaleza, y esa comprensión será más detallada. Si no la diseccionas en detalle, sino que solo sabes que las personas no deberían hacerle exigencias a Dios, solo comprendes que hacer exigencias a Dios carece de razón y nada más, al final no harás ningún progreso y no cambiarás. Algunos dicen: “Tenemos muchísimas exigencias hacia Dios porque somos demasiado egoístas. ¿Qué deberíamos hacer?”. Naturalmente, las personas deben entender la verdad y conocer la esencia egoísta del hombre. Cuando de verdad tengas conocimiento de la esencia egoísta del hombre, te darás cuenta de que sus actitudes corruptas están profundamente arraigadas. En ese punto, sabrás que lo que más te falta es la verdad, no deseos extravagantes, y te será fácil desprenderte de tus exigencias irrazonables a Dios. Lo único preocupante es que las personas no se conocen a sí mismas. En cuanto a esas exigencias extravagantes o irrazonables obvias, son fáciles de llegar a conocer cuando las diseccionas, y puedes sentir odio por ti mismo. Pero a veces sientes que tus exigencias están justificadas y son razonables, que las personas deberían tener tales exigencias a Dios, e incluso sientes que tenerlas no es excesivo, sino que es apropiado y está perfectamente justificado. Esto es suficiente para demostrar que aún no has entendido la verdad y, en consecuencia, no puedes entender a fondo este asunto. Pongamos un ejemplo: había un hombre que siguió a Dios durante muchos años y sufrió mucho al pasar por muchas tormentas y desafíos. Siempre parecía comportarse bien y parecía estar bien en términos de su humanidad, su sufrimiento y su lealtad a Dios. Poseía bastante conciencia, estaba dispuesto a corresponder al amor de Dios y por lo general sabía andar con cuidado mientras llevaba a cabo su trabajo. Más tarde, descubrí que aunque las cosas que decía sonaban bien, no era sumiso en lo más mínimo y no hacía ningún trabajo real en absoluto, así que lo destituí y ordené que no se lo volviera a usar en el futuro. Algunas personas desarrollaron nociones al respecto y lo defendieron, diciendo: “Incluso si no ha logrado nada, ha soportado dificultades. Ha sufrido bastante durante estos años que ha seguido a Dios. Aunque no ha hecho ningún trabajo real y no sabe compartir la verdad para resolver problemas, su fe en Dios es sincera y no ha hecho nada malo. Dios debería mostrar misericordia y gracia hacia este tipo de persona. Ha creído en Dios durante muchos años y ha sufrido tanto; si se descarta incluso a una persona como esta, entonces nosotros, que acabamos de empezar a creer en Dios, ¿tenemos alguna esperanza de alcanzar la salvación?”. ¿No son estas nociones humanas? Los nuevos creyentes no entienden la verdad, por lo que no pueden desentrañar este asunto. Siempre se guían por nociones y figuraciones humanas, siempre esperan que Dios bendiga a todos y piensan que —sin importar qué clase de persona sea alguien— mientras haya creído en Dios durante muchos años, Él debería bendecirlo y se le debería permitir sobrevivir. Algunas personas incluso pensaron: “Ha cumplido bien con Dios al sufrir tanto; ¡Dios no debería decepcionarlo!”. ¿Qué clase de palabras son estas? Estas son las palabras de un sinvergüenza. Muchas de las exigencias que las personas le hacen a Dios surgen de nociones y figuraciones humanas. La gente evalúa lo que Dios debería dar a las personas y cómo debería tratarlas según el estándar de conciencia entre los hombres de ser equitativo y razonable, pero ¿cómo puede esto estar en consonancia con la verdad? ¿Por qué digo que las exigencias de las personas son todas irrazonables? Porque son los estándares que las personas exigen a los demás. ¿Tienen las personas la verdad? ¿Son capaces de desentrañar la esencia del hombre? Algunos exigen que Dios trate a las personas según el estándar de conciencia, imponiendo este estándar humano a Dios. Esto no concuerda con la verdad; es todo simplemente causar problemas de manera irrazonable. Cuando se trata de algunos asuntos menores, las personas pueden soportar un tiempo y exteriormente no hacen ninguna exigencia, pero su corazón está lleno de exigencias y deseos. Cuando su resultado se determine finalmente, sus exigencias estallarán, de su boca brotarán palabras de queja y condena, y comenzarán a mostrarse tal como son. En ese momento, conocerán su propia naturaleza. La gente siempre le está haciendo exigencias a Dios según las nociones humanas y su propia voluntad, y formulan muchas exigencias de este tipo. Puede que por lo general no os deis cuenta y penséis que orar a Dios de vez en cuando por algo no representa una exigencia, pero en realidad, una disección cuidadosa muestra que muchas exigencias humanas son irrazonables, carecen de razón e incluso son ridículas. Antes, no reconocías la gravedad de tener exigencias irrazonables hacia Dios, pero de a poco llegarás a conocerla en el futuro y entonces tendrás un verdadero entendimiento de tu propia naturaleza. Solo al obtener entendimiento y discernimiento poco a poco en el proceso de tus experiencias y luego al combinar esto con compartir la verdad, puedes obtener gradualmente un entendimiento profundo de tu propia esencia-naturaleza. Entonces, serás capaz de desprenderte de tus exigencias irrazonables hacia Dios y entrarás en la realidad-verdad al respecto. Cuando de verdad obtengas un entendimiento profundo de la esencia-naturaleza del hombre, admitirás qué clase de cosa eres y serás capaz de mantener un perfil bajo. Cuando puedas rebelarte contra la carne y practicar la verdad, lograrás la libertad y la liberación, y tu carácter cambiará. En ese momento, habrás obtenido la verdad. La verdad hace libres a las personas.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre le pone demasiadas exigencias a Dios
Todas las exigencias y planes de la gente, independientemente de si implican exigirle esto o aquello a Dios o hacer tal o cual plan para uno mismo, son incompatibles con la verdad y totalmente irreconciliables con los requerimientos y las intenciones de Dios. Él no ama ninguno de ellos, a todos los detesta y los odia. Las exigencias que las personas le hacen a Dios, todo lo que persiguen y las sendas que transitan no tienen nada que ver con la verdad. Algunos piensan: “He trabajado para la iglesia por muchos años; si me enfermo, Dios debería sanarme y bendecirme”. En particular, quienes han creído en Él por mucho tiempo le exigen aún más; quienes han creído por poco tiempo no se sienten dignos, pero después de un tiempo, empezarán a sentirse con derecho. Esta es la forma de ser de las personas, esta es la naturaleza del hombre, y nadie es excepción a esto. Algunas personas dicen: “Nunca he hecho exigencias extravagantes a Dios porque soy un ser creado y no soy digno de pedirle nada”. No te apresures a hablar, el tiempo lo revelará todo. La naturaleza y las intenciones de la gente serán expuestas con el tiempo y un día estallarán. Las personas ahora no le hacen exigencias a Dios porque no creen que sea necesario, porque no es el momento oportuno, o porque ya le han hecho muchísimas exigencias, pero no se dan cuenta de que esas son exigencias a Dios. En síntesis, tienen este tipo de naturaleza, por lo que les resulta imposible no revelarla. En las circunstancias correctas, o dada la oportunidad, se revelará de forma natural. ¿Por qué hablamos sobre esto hoy? Para que las personas comprendan lo que hay en su propia naturaleza. No creas que creer en Dios unos años o trabajar para la iglesia unos días significa que te has esforzado, te has dedicado o has sufrido mucho por Él y que mereces obtener algunas cosas, como el disfrute de las cosas materiales, el alimento del cuerpo, o ser respetado y valorado por otros, o que Dios te hable con amabilidad o se preocupe más por ti, pregunte a menudo si estás comiendo bien y te vistes adecuadamente, cómo estás físicamente y demás. Estas exigencias surgen inconscientemente en las personas cuando se han esforzado por Dios mucho tiempo y llegan a pensar que merecen exigirle cualquier cosa. Cuando solo se han esforzado por Dios un corto tiempo, creen que no tienen el derecho y no se atreven a hacerle exigencias a Dios. Pero, con el tiempo, pensarán que tienen capital y sus exigencias comenzarán a surgir, y las cosas de su naturaleza quedarán expuestas. ¿No son así las personas? ¿Por qué las personas no meditan si está bien realizar exigencias así a Dios? ¿Mereces estas cosas? ¿Dios te las prometió? Si algo no te pertenece, pero sigues exigiéndolo, esto no cumple con la verdad y nace por completo de tu naturaleza satánica. ¿Cómo se comportó el arcángel al principio? Vio que se le había dado una posición demasiado alta y que se le había dado demasiado, por lo que pensó que merecía todo lo que exigiera y obtuviera, hasta que, al final, llegó el punto en que dijo: “¡Quiero estar en pie de igualdad con dios!”. Por tanto, si las personas hacen demasiadas exigencias y tienen deseos demasiado desmesurados en su creencia en Dios y, sin embargo, no se examinan a sí mismas y no notan la gravedad del problema, un día dirán: “Renuncia, dios. Tendría más sentido que yo fuera dios” o “Dios, me pondré lo que tú te pongas, comeré lo que tú comas”. Las personas que han llegado a este nivel ya están tratando a Dios como a un ser humano. Aunque las personas puedan reconocer de labios para afuera que Dios encarnado es Dios mismo, eso es meramente un entendimiento doctrinal y no significa que conozcan la esencia de Dios. De hecho, las personas que pueden pronunciar palabras y doctrinas no tienen ni la más mínima sumisión ni temor en su corazón. Algunas incluso quieren ser dios, y habrá problemas si sus ambiciones y deseos se inflan hasta este punto. Es probable que les sobrevenga una calamidad e, incluso después de ser expulsadas de la iglesia, aún deben recibir el castigo de Dios.
Los creyentes en Dios deberían tratar a Dios como tal y, solo al hacer esto creen verdaderamente en Dios. No deberían limitarse a reconocer el estatus de Dios, deberían tener una verdadera comprensión y verdadero temor de la esencia y el carácter de Dios, y ser completamente sumisos. Aquí van algunas formas de practicar esto: primero, ten devoción y una actitud sincera dentro cuando interactúes con Dios, sin ninguna noción ni imaginación, y ten un corazón sumiso. Segundo, lleva ante Dios las intenciones detrás de todo lo que digas, de cada pregunta que hagas y de todo lo que hagas para examinarlas y orar. Solo si sabes cómo practicar de acuerdo con los principios-verdad y con base en la palabra de Dios podrás entrar en la realidad-verdad. Si no buscas la verdad, no solo no podrás entrar en la realidad-verdad, sino que acumularás cada vez más nociones, y eso traerá problemas. Cuando consideras a Dios como una persona, entonces crees en un dios ilusorio en el cielo; habrás negado por completo la encarnación y ya no reconocerás al Dios práctico en tu corazón. En ese momento, te habrás convertido en un anticristo y habrás caído en la oscuridad. Cuantas más justificaciones tengas, más exigencias le harás a Dios, y más nociones tendrás sobre Él, lo que te pondrá en creciente peligro. Cuantas más exigencias le hagas a Dios, más se demostrará que, simplemente, no tratas a Dios como tal. Si siempre albergas exigencias a Dios en tu corazón, con el tiempo, es probable que empieces a tratarte a ti mismo como Dios, y darás testimonio de ti mismo cuando trabajes en la iglesia e incluso dirás: “¿Acaso dios no da testimonio de sí mismo? ¿Por qué no puedo yo?”. Porque tú no comprendes la obra de Dios, tendrás nociones sobre Él, y no tendrás un corazón temeroso de Dios. Tu tono de voz cambiará, tu carácter se volverá arrogante y, al final, comenzarás gradualmente a exaltarte y dar testimonio de ti mismo. Este es el proceso del declive del hombre, y se genera por completo porque este no persigue la verdad.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El hombre le pone demasiadas exigencias a Dios
Aunque Job nunca había visto a Dios ni había oído Sus palabras con sus propios oídos, en su corazón había un lugar para Él. ¿Cuál era la actitud de Job hacia Dios? Tal como se ha mencionado antes, era: “bendito sea el nombre de Jehová”.* Su bendición del nombre de Dios era incondicional, independientemente del contexto, y no estaba sujeta a ninguna razón. Vemos que Job le había entregado su corazón a Dios, permitiendo que Él lo gobernara; todo lo que pensaba, todo lo que decidía y todo lo que planeaba en su fuero interno estaba abierto a Dios y no se le ocultaba. Su corazón no se oponía a Él y nunca le había pedido a Dios que hiciera nada por él ni que le otorgara nada, y no albergaba deseos extravagantes de obtener algo a partir de su adoración a Dios. Job no intentó hacer tratos con Dios, no le exigió nada ni le solicitó nada. Ensalzaba Su nombre a causa del gran poder y la autoridad de Dios al tener soberanía sobre todas las cosas, y eso no dependía de si obtenía bendiciones o si lo golpeaba la adversidad. Job creía que, independientemente de que el hombre reciba de Dios bendiciones o adversidad, Su gran poder y Su autoridad no cambiarán y así, independientemente de las circunstancias del hombre, el nombre de Dios debe ser ensalzado. Que el hombre obtenga bendiciones de Dios se debe a Su soberanía, y también se debe a Su soberanía que le llegue la adversidad. El gran poder y la autoridad de Dios tienen soberanía sobre todo lo relativo al hombre y lo disponen; los vaivenes de su fortuna son la manifestación de Su gran poder y autoridad, y sin importar la perspectiva desde la que se lo mire, se debería ensalzar el nombre de Dios. Esto es lo que Job experimentó y llegó a conocer durante los años de su vida. Todos sus pensamientos y sus actos llegaron a los oídos de Dios, a Su presencia, y Él los consideró importantes. Dios atesoraba este conocimiento de Job y valoraba este corazón que él tenía. Este corazón siempre aguardaba el mandato de Dios en todas partes y, cualquiera que fuera el momento o el lugar, acogía lo que le sucediera. Job no le ponía exigencias a Dios. Lo que se requería a sí mismo era esperar, aceptar, afrontar y someterse a todas las disposiciones que procedieran de Él; creía que esa era su responsabilidad, y era precisamente lo que Él quería. Job nunca había visto a Dios, ni le había oído pronunciar ninguna palabra, emitir ningún mandato, impartir ninguna enseñanza ni instruirle en nada. En palabras de hoy, que él fuera capaz de poseer tal conocimiento y actitud hacia Dios cuando Él no le había dado ningún esclarecimiento, guía ni provisión con respecto a la verdad era algo inusual y valioso; que Job demostrara tales cosas era suficiente para Dios y Él aprobaba y valoraba su testimonio.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
La gente no está cualificada para imponer exigencias a Dios. No hay nada más irracional que imponer exigencias a Dios. Él hará lo que deba hacer y Su carácter es justo. La justicia no es en modo alguno equidad ni racionalidad; no se trata de igualitarismo ni de darte lo que mereces por tu trabajo ni de pagarte por el trabajo que hayas hecho ni de darte lo que merezcas a tenor de tu esfuerzo; esto no es justicia, es simplemente ser imparcial y razonable. Muy pocas personas son capaces de conocer el carácter justo de Dios. Supongamos que Dios hubiera destruido a Job después de que este diera testimonio por Él: ¿Sería esto justo? De hecho, lo sería. ¿Por qué se denomina justicia a esto? ¿Cómo ve la gente la justicia? Si algo concuerda con las nociones de la gente, a esta le resulta muy fácil decir que Dios es justo; sin embargo, si considera que algo no concuerda con sus nociones —si es algo que no entiende—, le resultará difícil decir que Dios es justo. Si Dios hubiera destruido a Job en aquel entonces, la gente no diría que Él es justo. En realidad, con independencia de si la gente ha sido corrompida o no y de si lo ha sido profundamente o no, ¿tiene que justificarse Dios cuando la destruye? ¿Tiene que explicar a las personas en qué se basa para hacerlo? ¿Debe Dios decirle a la gente las leyes que Él ha ordenado? No hay necesidad de ello. A ojos de Dios, alguien que es corrupto y que es capaz de resistirse a Dios no tiene ningún valor; cómo lo maneje Dios siempre será adecuado y es todo según los arreglos de Dios. Si fueras desagradable a ojos de Dios, si dijera que no le resultas útil tras tu testimonio y, por consiguiente, te destruyera, ¿sería esta Su justicia? También lo sería. Tal vez no puedas entenderlo ahora mismo a partir de los hechos, pero debes entenderlo en doctrina. ¿Qué opináis? ¿Es la destrucción de Satanás a manos de Dios una expresión de Su justicia? (Sí). ¿Y si Él permitiera que Satanás perdurara? No os atrevéis a decirlo, ¿verdad? La esencia de Dios es la justicia. Aunque no es fácil entender lo que hace, todo cuanto hace es justo, solo que la gente no lo entiende. Cuando Dios entregó a Pedro a Satanás, ¿cómo respondió Pedro? “El hombre es incapaz de comprender lo que haces, pero todo cuanto haces tiene Tus buenas intenciones; en todo ello hay justicia. ¿Cómo sería posible que no alabara Tu sabiduría y Tus obras?”. Ahora debes ver que la razón por la que Dios no destruye a Satanás durante la época de Su salvación de la especie humana es que esta pueda ver con claridad cómo Satanás ha corrompido al hombre y hasta qué punto lo ha hecho, y cómo Dios purifica y salva a la especie humana. En última instancia, cuando la gente haya comprendido la verdad y haya visto claramente la horrible cara de Satanás, al haber contemplado el monstruoso pecado de cómo Satanás la ha corrompido, Dios destruirá a Satanás, mostrándoles Su justicia. El momento de la destrucción de Satanás contiene el carácter y la sabiduría de Dios. Todo cuanto Él hace es justo. Aunque los humanos no sean capaces de percibir esto, no deben juzgar a su antojo. Si a los humanos alguna cosa que haga les parece irrazonable o tienen nociones al respecto y luego dicen que Él no es justo, están siendo de lo más irracionales.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte
Como crees en Dios y lo sigues, debes ofrecerle todo a Él y no hacer elecciones o exigencias personales; debes lograr satisfacer las intenciones de Dios. Como eres un ser humano creado, debes someterte al Señor que te creó, porque eres intrínsecamente incapaz de controlarte y no tienes la capacidad inherente de controlar tu propio porvenir. Como eres una persona que cree en Dios, debes perseguir la santificación y el cambio. Como eres un ser creado, debes ceñirte a tu deber, mantener tu lugar y no excederte en tus deberes. Esto no es para limitarte ni para reprimirte por medio de la doctrina, sino que es la senda por medio de la cual puedes hacer tu deber; y pueden llevarlo a cabo —y deben llevarlo a cabo— todas las personas que actúan con justicia. […] Dios creó todas las cosas y por ende hace que toda la creación quede bajo Su dominio y se someta a este; Él gobernará todo para que todo esté en Sus manos. Toda la creación de Dios, incluyendo los animales, las plantas, la humanidad, las montañas, los ríos y los lagos, todo debe quedar bajo Su dominio. Todas las cosas en los cielos y sobre la tierra deben quedar bajo Su dominio. No pueden elegir nada y deben someterse todas a Sus orquestaciones. Esto fue decretado por Dios y es Su autoridad. Dios lo gobierna todo y lo hace de tal modo que todas las cosas están ordenadas, cada cosa según su clase y en el lugar que le corresponde de acuerdo con los deseos de Dios. Por muy grande que sea, ninguna cosa puede sobrepasar a Dios y todas las cosas sirven a la humanidad creada por Dios; nada se atreve a rebelarse contra Dios ni a imponerle exigencias. Por tanto, el hombre, como ser creado, también debe cumplir su deber. Independientemente de que sea el amo o el administrador de todas las cosas, por muy alto que sea el estatus del hombre entre todas las cosas, sigue siendo un ser humano diminuto bajo el dominio de Dios, solo un ser humano diminuto, un ser creado, y nunca estará por encima de Dios. Como ser creado, el hombre debe procurar conocer al Creador y cumplir con el deber de un ser creado y, lo que es más importante, buscar amar a Dios sin hacer otras elecciones en absoluto, porque Dios es digno del amor del hombre. Quienes buscan amar a Dios no deberían buscar ningún beneficio ni esperanza personales; esta es la forma más correcta de búsqueda. Si lo que persigues es la verdad, si lo que pones en práctica es la verdad y si lo que obtienes es un cambio en tu carácter, entonces, la senda que transitas es la correcta. Si lo que buscas son las bendiciones de la carne, si lo que pones en práctica es la verdad de tus propias nociones y no hay en absoluto cambio en tu carácter ni eres en absoluto sumiso a Dios en la carne, sino que sigues viviendo en la vaguedad, entonces lo que buscas te llevará sin duda al infierno, porque la senda que recorres es la del fracaso. Que seas perfeccionado o descartado depende de tu propia búsqueda, lo que equivale a decir que el éxito o el fracaso depende de la senda que uno recorra.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El éxito o el fracaso depende de la senda que uno recorra