4. La noción del mundo religioso: “Cuando el Señor regrese, la gente será arrebatada directamente a las nubes y se encontrará con Él en el cielo”

A tenor de estas palabras del Señor Jesús: “Voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2-3), y de estas palabras de Pablo en la Biblia: “Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre” (1 Tesalonicenses 4:17), el mundo religioso cree que, cuando regrese el Señor, serán arrebatados directamente a las nubes y se encontrarán con Él en el cielo.

Palabras de Dios en la Biblia

“Así como el relámpago sale del oriente y resplandece hasta el occidente, así será la venida del Hijo del Hombre” (Mateo 24:27).

“Por eso, también vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre” (Mateo 24:44).

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7).

“A medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6).

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

“Vosotros, pues, orad de esta manera: ‘Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo’” (Mateo 6:9-10).

“Mirad, el tabernáculo de Dios está entre los hombres, y Él morará con ellos y ellos serán Su pueblo, y Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apocalipsis 21:3).*

“El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos” (Apocalipsis 11:15).

“Y me volví para ver de quién era la voz que hablaba conmigo. Y al volverme, vi siete candelabros de oro; y en medio de los candelabros, vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como la nieve; sus ojos eran como llama de fuego; sus pies semejantes al bronce bruñido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y su voz como el ruido de muchas aguas. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos; su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza” (Apocalipsis 1:12-16).

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13).

“Si algún hombre oye Mis palabras pero no las guarda, no lo juzgo, pues no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. El que me rechaza y no acepta Mis palabras tiene quien lo juzgue: el Camino que he pronunciado, ese lo juzgará el último día” (Juan 12:47-48).*

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

Cuando Jesús vino al mundo del hombre, inició la Era de la Gracia y terminó la Era de la Ley. Durante los últimos días, Dios se hizo carne una vez más y, con esta encarnación, finalizó la Era de la Gracia e inauguró la Era del Reino. Todos aquellos que sean capaces de aceptar la segunda encarnación de Dios serán conducidos a la Era del Reino y, además, serán capaces de recibir personalmente la guía de Dios. Aunque Jesús vino entre los hombres e hizo mucha obra, solo completó la obra de redimir a toda la especie humana y sirvió como ofrenda por el pecado del hombre; no lo despojó de la totalidad de sus actitudes corruptas. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no solo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para despojar completamente al hombre de sus actitudes corrompidas por Satanás. Y así, una vez que el hombre fue perdonado por sus pecados, Dios volvió a la carne para guiar a este a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado a la especie humana a un reino más elevado. Todos los que se someten a Su dominio disfrutarán de una verdad superior y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz y obtendrán la verdad, el camino y la vida.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio

Tú solo sabes que Jesús descenderá en los últimos días, pero ¿cómo lo hará exactamente? Un pecador como tú, que acaba de ser redimido y que no ha experimentado el cambio ni el perfeccionamiento por parte de Dios, ¿puedes estar de acuerdo con las intenciones de Dios? Para ti, que aún eres tu antiguo ser, es cierto que Jesús te salvó y es gracias a la salvación de Dios que no perteneces al pecado, pero esto no demuestra que no tengas pecado ni inmundicia. ¿Cómo puedes ser santificado si no has experimentado el cambio? En tu interior, estás lleno de inmundicia y eres egoísta y vulgar, pero sigues deseando descender con Jesús; ¡en tus sueños! Te has saltado un paso en tu fe en Dios; simplemente has sido redimido, pero no has experimentado el cambio. Para que estés de acuerdo con las intenciones de Dios, Él debe realizar personalmente la obra de cambiarte y purificarte; de lo contrario, solo has sido redimido y no es posible que seas santificado. En tal caso, no eres apto para disfrutar de las maravillosas bendiciones junto a Dios, porque te has quedado un paso atrás en la obra de Dios de gestionar al hombre, que es el paso clave del cambio y el perfeccionamiento de este. Tú, un pecador que acaba de ser redimido, eres, por tanto, incapaz de recibir directamente la herencia de Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca de los apelativos y la identidad

Cristo de los últimos días usa una variedad de verdades para enseñar al hombre, para dejar la sustancia del hombre en evidencia y para diseccionar sus palabras y acciones. Estas palabras comprenden verdades diversas tales como el deber del hombre, cómo el hombre debe someterse a Dios, cómo debe ser leal a Dios, cómo debe vivir una humanidad normal, así como la sabiduría y el carácter de Dios. Todas estas palabras están dirigidas a la sustancia del hombre y a sus actitudes corruptas. En particular, las palabras que exponen cómo el hombre rechaza a Dios están incluso más dirigidas a que el hombre es esencialmente una personificación de Satanás y a que el hombre es esencialmente una fuerza hostil contra Dios. Al realizar Su obra de juicio, Dios no explica completamente la naturaleza del hombre en unas pocas palabras; desenmascara y poda a largo plazo. Todos estos métodos diferentes de desenmascaramiento y poda no pueden ser sustituidos por palabras corrientes; en cambio, la verdad que el hombre no posee en absoluto se usa para llevar a cabo esta obra de dejar en evidencia y podar. Solo los métodos de este tipo pueden llamarse juicio; solo el juicio de este tipo puede doblegar al hombre y convencerlo por completo respecto a Dios y, además, el hombre puede así obtener un conocimiento verdadero de Dios. Lo que la obra de juicio propicia es el entendimiento del hombre sobre el verdadero rostro de Dios y la verdad sobre su propia rebeldía. La obra de juicio le ha permitido al hombre obtener mucho entendimiento de las intenciones de Dios, mucho entendimiento del propósito de la obra de Dios y mucha comprensión de los misterios que es incapaz de entender. También le ha permitido al hombre entender y conocer su esencia corrupta y la raíz de su corrupción, así como descubrir su feo rostro. Estos efectos son todos propiciados por la obra de juicio, porque la esencia de esta obra es, en realidad, la obra de abrir la verdad, el camino y la vida de Dios a todos aquellos que tienen fe en Él. Esta obra es la obra de juicio realizada por Dios. […]

La obra del juicio es la propia obra de Dios, por lo que, naturalmente, debe ser llevada a cabo por Dios mismo; no puede ser hecha por el hombre en Su lugar. Puesto que el juicio es el uso de la verdad para conquistar a la especie humana, es incuestionable que Dios todavía aparece entre las personas en la imagen encarnada para realizar esta obra. Es decir, Cristo de los últimos días usará la verdad para enseñar a las personas de todos los lugares y enunciarles claramente todas las verdades. Esta es la obra del juicio de Dios.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cristo hace la obra del juicio con la verdad

En los últimos días, Dios se ha hecho carne y ha venido a la tierra principalmente con el fin de hablar palabras. Cuando vino Jesús, predicó el evangelio del reino de los cielos y cumplió la obra de redención de la crucifixión. Puso fin a la Era de la Ley y abolió todo lo antiguo. La llegada de Jesús terminó la Era de la Ley y dio entrada a la Era de la Gracia, la llegada de Dios encarnado de los últimos días ha puesto fin a la Era de la Gracia. Él ha venido principalmente a pronunciar Sus palabras —usando las palabras para perfeccionar al hombre, para iluminarlo y esclarecerlo— y así elimina el lugar del dios ilusorio en su corazón. Cuando Jesús vino, no llevó a cabo esta etapa de la obra. Cuando Él vino, hizo muchos milagros, sanó a los enfermos y echó fuera demonios, y realizó la obra de redención de la crucifixión. Como consecuencia, en las nociones del hombre, este cree que así es como Dios debería ser. Porque cuando vino Jesús, no llevó a cabo la obra de eliminar la imagen del dios ilusorio del corazón del hombre; cuando vino, fue crucificado, sanó a los enfermos y echó fuera demonios, y predicó el evangelio del reino de los cielos. En un aspecto, la encarnación de Dios durante los últimos días elimina el lugar ocupado por el dios ilusorio en las nociones del hombre, de tal forma que la imagen de este ya no está más en su corazón. Por medio de Sus palabras y Su obra prácticas, de Sus visitas a diferentes lugares y de la obra excepcionalmente práctica y normal que realiza entre los hombres, Él hace que estos lleguen a conocer la practicidad de Dios y elimina el lugar del dios ilusorio en el corazón de los hombres. En otro aspecto, Dios usa las palabras habladas por Su carne para hacer completo al hombre, y cumplir todas las cosas. Esta es la obra que Dios cumplirá durante los últimos días.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocimiento de la obra presente de Dios

Durante los últimos días, cuando Dios se hace carne, usa principalmente la palabra para llevarlo todo a cabo y ponerlo todo de manifiesto. Solo en Sus palabras puedes ver lo que Él es; solo en Sus palabras puedes ver que Él es Dios mismo. Cuando Dios encarnado viene a la tierra no realiza ninguna otra obra que no sea pronunciar palabras. Por tanto, no hay necesidad de hechos; basta con las palabras solas. Esto se debe a que ha venido principalmente a llevar a cabo esta obra, a permitirle al hombre observar Su gran poder y supremacía en Sus palabras, ver en ellas Su humildad y ocultación y conocer en ellas Su totalidad. Todo lo que Él tiene y todo lo que Él es está en Sus palabras. Su sabiduría y todo lo maravilloso de Él están en Sus palabras. En esto puedes ver los numerosos métodos mediante los cuales Dios pronuncia Sus palabras. Dios ha obrado durante largo tiempo y ha estado en su mayoría proveyendo al hombre, dejándolo en evidencia o podándolo. Él no maldice a una persona a la ligera e, incluso cuando lo hace, utiliza la palabra para ello. Por tanto, en esta era en que Dios se hace carne, no esperes verle sanar a los enfermos ni echar fuera demonios otra vez, deja de buscar señales constantemente; ¡no sirve de nada! ¡Esas señales no pueden perfeccionar al hombre! Hablando claramente: hoy, el Dios práctico mismo de la carne no actúa; solo habla. ¡Esta es la verdad! Usa las palabras para perfeccionarte, para alimentarte y para regarte. También las usa para obrar y en lugar de los hechos para darte a conocer Su practicidad. Si ves este tipo de obra de Dios claramente, es improbable que te vuelvas negativo. En vez de que os centréis en cosas negativas, deberíais enfocaros solamente en lo positivo; esto quiere decir que, independientemente de que las palabras de Dios se cumplan o no, o de que se produzcan hechos, Dios hace que el hombre obtenga vida de Sus palabras, y esta es la mayor señal de todas; aún más, es un hecho indiscutible. Esta es la mejor prueba a través de la que se puede conocer a Dios, y es una señal incluso mayor que las señales. Solo estas palabras pueden perfeccionar al hombre.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todo se lleva a cabo por la palabra de Dios

En realidad, cuando Dios hace perfectas a las personas y las gana, está haciendo que conozcan los hechos del Dios práctico; está usando la obra del Dios práctico para mostrar a las personas el sentido real de la encarnación y que el Espíritu de Dios ha aparecido realmente ante el hombre. Cuando Dios ha ganado a las personas y las ha perfeccionado, esto significa que las expresiones del Dios práctico las han conquistado y que por medio de las palabras del Dios práctico se han transformado y Su vida se ha forjado en ellas, llenándolas con lo que Él es (ya sea lo que Él es en Su humanidad o lo que Él es en Su divinidad), llenándolas con la esencia de Sus palabras y haciendo que las personas vivan Sus palabras. Cuando Dios gana a las personas, lo hace principalmente usando las palabras y las declaraciones del Dios práctico como un modo de podar las deficiencias de la gente, así como de juzgar y exponer su carácter rebelde, haciendo que obtengan lo que necesitan y mostrándoles que Dios ha venido entre los hombres. Lo más importante de todo es que la obra que realiza el Dios práctico consiste en salvar a cada persona de la influencia de Satanás, sacarla de la tierra de la inmundicia y erradicar sus actitudes corruptas. El sentido más profundo de ser ganado por el Dios práctico es ser capaz de vivir una humanidad normal con el Dios práctico como un ejemplo, como un modelo y ser capaz de practicar según Sus palabras y Sus exigencias sin la más mínima desviación o distanciamiento, practicando de acuerdo con lo que sea que Él diga y siendo capaz de alcanzar lo que sea que Él pida. Así, Dios te habrá ganado. Cuando Dios te gana, no solo posees la obra del Espíritu Santo; principalmente, eres capaz de vivir las exigencias del Dios práctico. Tener simplemente la obra del Espíritu Santo no significa que tengas vida. Lo fundamental es si eres capaz de actuar según los requisitos del Dios práctico para ti, y esto guarda relación con que puedas ser ganado por Dios. Este es el mayor significado de la obra del Dios práctico en la carne. Es decir, Dios aparece verdadera y realmente en la carne —real y viviente—, permitiendo que la gente lo vea, y realiza de manera práctica la obra del Espíritu en la carne y actúa en la carne como un ejemplo para las personas, mediante lo cual gana a un grupo de personas. La llegada de Dios en la carne tiene el objetivo principal de permitir a las personas ver Sus hechos prácticos y materializar al Espíritu sin forma en la carne, de modo que las personas puedan verlo y tocarlo. Solo de esta manera, aquellos a los que Él haga completos vivirán lo que Él vive, serán ganados por Él y estarán de acuerdo con Sus intenciones. Si Dios solo hablara en el cielo y no hubiese venido realmente a la tierra, las personas seguirían siendo incapaces de conocerle; solo podrían predicar Sus hechos usando teoría vacía y no tendrían Sus palabras como la realidad. El propósito de Dios al venir a la tierra es principalmente establecerse a Sí mismo como un ejemplo y un modelo para aquellos a quienes Él ha de ganar; solo así las personas pueden realmente conocer, tocar y ver a Dios, y solo entonces pueden ser ganadas por Dios de verdad.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Deberías saber que el Dios práctico es Dios mismo

“Ser arrebatado” no significa ser tomado de un lugar bajo para ser colocado en un lugar alto, como las personas podrían imaginar; es una idea completamente equivocada. “Ser arrebatado” se refiere a Mi predestinación y posterior selección. Va dirigido a todos los que Yo he predestinado y seleccionado. Todos los que han ganado el estatus de hijos primogénitos, de hijos, o que son del pueblo de Dios son aquellos que son arrebatados. Esto es sumamente incompatible con las nociones de las personas. Aquellas que tendrán participación en Mi casa en el futuro son las que son arrebatadas delante de Mí. Esto es absolutamente cierto, nunca cambia y es irrefutable. Este es el contraataque contra Satanás. Todo aquel a quien Yo predestiné será arrebatado delante de Mí.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo al principio, Capítulo 104

La aparición de Dios se refiere a Su llegada a la tierra en persona para obrar, en la que desciende entre los hombres para llevar a cabo la obra de comenzar una era y terminar otra con Su propia identidad y carácter, de la manera que es innata en Él. Esta clase de aparición no es una especie de ceremonia. No es una señal, una imagen, un milagro ni una especie de visión grandiosa y mucho menos una clase de proceso religioso. En cambio, es un hecho real y verdadero que cualquiera puede tocar y contemplar. Esta clase de aparición no es en aras de cumplir un trámite ni en aras de una especie de trabajo a corto plazo. En su lugar, es en aras de una etapa de la obra del plan de gestión de Dios. La aparición de Dios siempre es significativa y siempre tiene algo de relación con Su plan de gestión. Lo que se llama “aparición” aquí es completamente diferente a la clase de “aparición” en la que Dios guía, lidera y esclarece al hombre. Cada vez que Él aparece, lleva a cabo una etapa de Su gran obra. Esta obra es diferente de la de cualquier otra era. Es inimaginable para el hombre y este nunca antes la ha experimentado. Es una obra que da inicio a una nueva era y termina con la antigua, y es una etapa más nueva y más alta de obra para la salvación de la especie humana; más si cabe, es una obra que conduce a la especie humana a la nueva era. Este es el significado de la aparición de Dios.

[…] ya que estamos buscando las huellas de Dios, nos corresponde a nosotros buscar las intenciones de Dios, Sus palabras y declaraciones. Esto se debe a que dondequiera que haya nuevas palabras dichas por Dios, allí está la voz de Dios, y dondequiera que estén las huellas de Dios, ahí están Sus hechos; dondequiera que esté la expresión de Dios, ahí aparece, y dondequiera que aparece, ahí existe la verdad, el camino y la vida. Al buscar las huellas de Dios, habéis pasado por alto las palabras “Dios es la verdad, el camino y la vida”. Y así, muchas personas, incluso cuando obtienen la verdad, no creen que hayan encontrado las huellas de Dios y mucho menos reconocen la aparición de Dios. ¡Qué error tan grave! La aparición de Dios no se puede ajustar a las nociones del hombre; todavía menos puede Dios aparecer de la manera que el hombre se lo demanda. Dios toma Sus propias decisiones y tiene Sus propios planes cuando hace Su obra; más aún, Él tiene Sus propios objetivos y Sus propios métodos. Sea cual sea la obra que Él haga, no es necesario que la consulte con el hombre o busque su consejo, ni mucho menos que notifique de Su obra a cada persona. Este es el carácter de Dios y debería, con mayor razón aún, ser reconocido por todo el mundo. Si deseáis presenciar la aparición de Dios, seguir las huellas de Dios, entonces debéis primero apartaros de vuestras propias nociones. No debes exigir que Dios haga esto o aquello; mucho menos debes colocarlo dentro de tus propios confines y limitarlo a tus propias nociones. En cambio, debéis exigiros a vosotros mismos cómo debéis buscar las huellas de Dios, cómo debéis aceptar la aparición de Dios, y cómo debéis someteros a Su nueva obra; esto es lo que el hombre debe hacer. Ya que el hombre no es la verdad ni la posee, debe buscar, aceptar y someterse.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice I: La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era

Si el hombre permanece anclado en la Era de la Gracia, nunca se liberará de sus actitudes corruptas y, mucho menos, conocerá el carácter inherente de Dios. Si el hombre vive siempre en medio de una gracia abundante pero no tiene el camino de vida que le permita conocer o satisfacer a Dios, entonces nunca lo obtendrá verdaderamente al creer en Él. Este tipo de fe es, sin duda, lastimosa. Cuando hayas terminado de leer este libro, cuando hayas experimentado cada paso de la obra de Dios encarnado en la Era del Reino, sentirás que los deseos que has tenido durante muchos años se han realizado finalmente. Sentirás que solo ahora has visto realmente a Dios cara a cara, que solo ahora has contemplado Su rostro, oído Sus declaraciones personales, apreciado la sabiduría de Su obra y percibido, verdaderamente, cuán práctico y todopoderoso es Él. Sentirás que has obtenido muchas cosas que las personas en tiempos pasados nunca habían visto ni obtenido. En este momento, sabrás claramente qué es creer en Dios y qué es conformarse a Sus intenciones. Por supuesto, si te aferras a los puntos de vista del pasado y rechazas y no aceptas el hecho de la segunda encarnación de Dios, entonces te quedarás con las manos vacías y no obtendrás nada, y, en última instancia, serás declarado culpable de oponerte a Dios. Los que son capaces de someterse a la verdad y someterse a la obra de Dios serán reclamados bajo el nombre del segundo Dios encarnado: el Todopoderoso. Serán capaces de recibir la guía personal de Dios, obtendrán una verdad mayor y más elevada, así como la vida humana real. Contemplarán la visión que las personas del pasado nunca habían visto: “Y me volví para ver de quién era la voz que hablaba conmigo. Y al volverme, vi siete candelabros de oro; y en medio de los candelabros, vi a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido con una túnica que le llegaba hasta los pies y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como la nieve; sus ojos eran como llama de fuego; sus pies semejantes al bronce bruñido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y su voz como el ruido de muchas aguas. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos; su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza” (Apocalipsis 1:12-16). Esta visión es la expresión de la totalidad del carácter de Dios, y la expresión de la totalidad de Su carácter es también la expresión de la obra de Dios en Su presente encarnación. En los torrentes de castigos y juicios, el Hijo del hombre expresa Su carácter inherente por medio de declaraciones, permitiendo que todos aquellos que acepten Su castigo y juicio vean el verdadero rostro del Hijo del hombre, que es un fiel retrato del rostro del Hijo del hombre visto por Juan. (Por supuesto, aquellos que no aceptan la obra de Dios en la Era del Reino no pueden ver esto en absoluto). El verdadero rostro de Dios no puede articularse plenamente usando el lenguaje humano, y, por tanto, Dios usa el método de expresión de Su carácter inherente para mostrar Su verdadero rostro al hombre. Es decir, todos los que han apreciado el carácter inherente del Hijo del hombre han visto Su verdadero rostro, porque Dios es demasiado grande y no puede ser articulado plenamente usando el lenguaje humano. Una vez que el hombre haya experimentado cada paso de la obra de Dios en la Era del Reino, sabrá el verdadero sentido de las palabras de Juan cuando hablaba del Hijo del hombre entre los candelabros: “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, como la nieve; sus ojos eran como llama de fuego; sus pies semejantes al bronce bruñido cuando se le ha hecho refulgir en el horno, y su voz como el ruido de muchas aguas. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una aguda espada de dos filos; su rostro era como el sol cuando brilla con toda su fuerza”. En ese momento, sabrás sin duda que esta carne ordinaria que ha dicho tanto es innegablemente el segundo Dios encarnado. Además, sentirás verdaderamente cuán bendecido eres, y te sentirás el más afortunado. ¿Acaso no estás dispuesto a heredar esta bendición?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio

Dios creó a los humanos, los colocó sobre la tierra y los ha guiado desde entonces; después los salvó y sirvió como ofrenda por el pecado para la especie humana y, al final, Él aún debe conquistar a la especie humana, salvarla por completo y restaurar al hombre a su semejanza original. Esta es la obra a la que Él se ha dedicado de principio a fin; la de restaurar al hombre a su imagen y semejanza originales. Dios establecerá Su reino y restaurará la semejanza original del hombre, lo que significa que Él restaurará Su autoridad sobre la tierra y entre todos los seres creados. Los seres humanos, después de que Satanás los corrompiera, perdieron su corazón temeroso de Dios y la función que deberían tener los seres creados. Todos se convirtieron en enemigos rebeldes contra Dios, vivieron bajo el poder de Satanás y estuvieron sometidos a la manipulación de este; en consecuencia, Dios no tuvo manera de obrar entre Sus seres creados, y menos aún pudo obtener su temor. El hombre fue creado por Dios y debe adorarlo, pero en realidad le dio la espalda y, en cambio, adoró a Satanás. Satanás se convirtió en el ídolo de su corazón. De esta manera, Dios perdió Su lugar en el corazón del hombre, lo que quiere decir que se perdió el significado de Su creación del hombre. Por tanto, para restaurar el significado que hay detrás de Su creación del hombre, Él debe restaurar su semejanza original y librarlo de sus actitudes corruptas. Para rescatar al hombre de Satanás, debe salvarlo del pecado. Solo de esta manera puede Dios restaurar poco a poco su semejanza y función originales, y al final restaurar Su reino. La destrucción total de esos hijos de la rebelión al final también será en aras de permitir al hombre adorar mejor a Dios y vivir mejor sobre la tierra. Puesto que Dios creó a los humanos, Él hará que lo adoren; como desea restaurar la función original del hombre, la va a restaurar por completo y sin ninguna adulteración. Restaurar Su autoridad quiere decir hacer que el hombre lo adore y se someta a Él; quiere decir que va a hacer que el hombre viva por Él y que Sus enemigos sean destruidos debido a Su autoridad. Quiere decir que Dios hará que todo lo Suyo continúe entre los humanos sin resistencia por parte de nadie. El reino que Dios anhela establecer es Su propio reino. La especie humana que Él desea es una que lo adore, que se someta a Él por completo y que posea Su gloria. Si Dios no salvara a la especie humana corrupta, el significado de Su creación del hombre se perdería; no tendría más autoridad entre los humanos y Su reino ya no sería capaz de existir en la tierra. Si Dios no destruyera a esos enemigos que son rebeldes contra Él, no podría obtener Su gloria plena ni tampoco podría establecer Su reino sobre la tierra. Destruir completamente a aquellos entre la especie humana que son rebeldes contra Él y llevar al reposo a los que han sido hechos completos: estas serán las señales de la terminación de Su obra y de Su gran logro. Cuando los humanos hayan sido restaurados a su semejanza original y cuando puedan cumplir sus deberes respectivos, permanecer en su sitio adecuado y someterse a todos los arreglos de Dios, Él habrá ganado un grupo de personas sobre la tierra que lo adoren y también habrá establecido un reino sobre la tierra que lo adore. Tendrá una victoria eterna sobre la tierra y todos aquellos que se le oponen perecerán por toda la eternidad. Esto restaurará Su intención original al crear al hombre; restaurará Su intención al crear todas las cosas y también restaurará Su autoridad sobre la tierra, entre todas las cosas y entre Sus enemigos. Estas serán las marcas de Su victoria total. En adelante, la humanidad entrará en el reposo y empezará una vida que está en el camino correcto. Dios también entrará en el reposo eterno con la humanidad y comenzará una vida eterna que compartirán Dios y los humanos. La inmundicia y la rebeldía sobre la tierra habrán desaparecido, así como todos los lamentos sobre la tierra y todo lo que en este mundo se opone a Dios habrá cesado de existir. Solo Dios y esas personas a las que Él ha llevado a la salvación permanecerán; solo Su creación permanecerá.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo

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