6. La falacia del mundo religioso: “Creer en Dios Todopoderoso es traicionar al Señor Jesús y es un acto de apostasía”

Muchas personas del mundo religioso toman estas palabras de Pablo como base: “Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente; que en realidad no es otro evangelio, solo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema” (Gálatas 1:6-8). En consecuencia, las personas religiosas dicen que creer en Dios Todopoderoso es apartarse del nombre y del camino del Señor Jesús y pasar a creer en otro evangelio: para ellos, esto es cometer apostasía, traicionar al Señor.

Palabras de la Biblia

“Porque Él viene; porque Él viene a juzgar la tierra: juzgará al mundo con justicia y a los pueblos con su fidelidad” (Salmos 96:13).

“Juzgará entre las naciones, y hará decisiones por muchos pueblos” (Isaías 2:4).

“Si algún hombre oye Mis palabras pero no las guarda, no lo juzgo, pues no vine a juzgar al mundo, sino a salvarlo. El que me rechaza y no acepta Mis palabras tiene quien lo juzgue: el Camino que he pronunciado, ese lo juzgará el último día” (Juan 12:47-48).*

“Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17).

“Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado” (Apocalipsis 14:6-7).

“Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13).

“El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias” (Apocalipsis 2:7).

“A medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6).

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen” (Juan 10:27).

“Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va” (Apocalipsis 14:4).

Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días

Aunque Jesús vino entre los hombres e hizo mucha obra, solo completó la obra de redimir a toda la especie humana y sirvió como ofrenda por el pecado del hombre; no lo despojó de la totalidad de sus actitudes corruptas. Salvar al hombre totalmente de la influencia de Satanás no solo requirió que Jesús se convirtiera en la ofrenda por el pecado y cargara con los pecados del hombre, sino también que Dios realizara una obra incluso mayor para despojar completamente al hombre de sus actitudes corrompidas por Satanás. Y así, una vez que el hombre fue perdonado por sus pecados, Dios volvió a la carne para guiar a este a la nueva era, y comenzó la obra de castigo y juicio. Esta obra ha llevado a la especie humana a un reino más elevado. Todos los que se someten a Su dominio disfrutarán de una verdad superior y recibirán mayores bendiciones. Vivirán realmente en la luz y obtendrán la verdad, el camino y la vida.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio

Antes de que el hombre fuera redimido, muchos de los venenos de Satanás ya habían sido plantados en su interior, y, después de miles de años de ser corrompido por Satanás, el hombre ya tiene dentro de sí una naturaleza que se resiste a Dios. Por tanto, cuando se redimió al hombre, no se trataba más que de un caso de redención; es decir, se compró al hombre a un alto precio, pero la naturaleza venenosa en su interior no se eliminó. El hombre que es tan inmundo debe pasar por un cambio antes de volverse cualificado para servir a Dios. Por medio de esta obra de juicio y castigo, el hombre llegará a conocer plenamente la esencia inmunda y corrupta de su interior, y podrá cambiar completamente y ser purificado. Solo así, el hombre puede volverse cualificado para regresar delante del trono de Dios. Toda la obra actual se realiza con el fin de que el hombre pueda ser purificado y cambiado; es para que el hombre deseche su corrupción y sea purificado por medio del juicio y el castigo de la palabra, así como del refinamiento. En lugar de considerar que esta etapa de la obra es la de la salvación, sería más apropiado decir que es la obra de purificación. En verdad, esta etapa es también la obra de conquista, así como la segunda etapa en la obra de salvación. Es por medio del juicio y el castigo por la palabra como el hombre llega a ser ganado por Dios, y es por medio del refinamiento, el juicio y el desenmascaramiento por la palabra que todas las impurezas, las nociones, los motivos y las esperanzas personales dentro del corazón del hombre se revelan completamente. Aunque el hombre haya sido redimido y perdonado de sus pecados, esto solo puede considerarse como que Dios no recuerda sus transgresiones y no lo trata de acuerdo con estas. Sin embargo, el hombre vive en la carne sin liberarse del pecado y solo puede continuar pecando, revelando sin cesar sus actitudes corruptas satánicas. Esta es la vida que lleva el hombre, un ciclo sin fin de pecar y ser perdonado. La mayor parte de las personas peca de día y confiesa de noche. Y por tanto, aunque la ofrenda por el pecado siempre es efectiva para el hombre, no puede salvarlo del pecado. Solo se ha completado la mitad de la obra de salvación […]. No resulta fácil para el hombre ser consciente de sus pecados y no tiene forma de reconocer su propia naturaleza profundamente arraigada. Solo se puede lograr este resultado por medio del juicio de la palabra. Solo así puede el hombre ser transformado gradualmente a partir de ese momento.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El misterio de la encarnación (4)

Después de la obra de Jehová, Jesús se encarnó para llevar a cabo Su obra entre los hombres. Su obra no se llevó a cabo de forma aislada, sino que fue construida sobre la de Jehová. Era una obra para una nueva era que Dios realizó después de que pusiera fin a la Era de la Ley. De forma similar, después de que terminara la obra de Jesús, Dios continuó Su obra para la siguiente era, porque toda Su gestión siempre avanza. Cuando pase la era antigua, será sustituida por una nueva, y una vez que la antigua obra se haya completado, habrá una nueva obra que continuará la gestión de Dios. Esta encarnación es la segunda encarnación de Dios, la cual sigue a la obra de Jesús. Por supuesto, esta encarnación no ocurre de forma independiente; es la tercera etapa de la obra después de la Era de la Ley y la Era de la Gracia. Cada vez que Dios inicia una nueva etapa de la obra, siempre debe haber un nuevo comienzo y siempre debe traer una nueva era. Así pues, también hay cambios correspondientes en el carácter de Dios, en Su forma de obrar, en el lugar de Su obra y en Su nombre. No es de extrañar, por tanto, que al hombre le resulte difícil aceptar la obra de Dios en la nueva era. Pero independientemente de cómo se oponga el hombre a Él, Dios siempre está realizando Su obra y guiando a toda la especie humana hacia adelante.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio

La obra de hoy ha impulsado la obra de la Era de la Gracia; es decir, la obra bajo la totalidad del plan de gestión de seis mil años ha avanzado. Aunque la Era de la Gracia ha terminado, la obra de Dios ha avanzado más allá y a mayor profundidad. ¿Por qué digo una y otra vez que esta etapa de la obra se basa en la Era de la Gracia y la Era de la Ley? Dicho de otra manera, la obra de hoy es una continuación de la realizada en la Era de la Gracia y ha sido un avance sobre la obra realizada en la Era de la Ley. Las tres etapas están estrechamente interconectadas y cada eslabón en la cadena está íntimamente vinculado con el siguiente. ¿Por qué digo también que esta etapa de la obra se basa en la obra realizada por Jesús? Suponiendo que esta etapa no se construyera tomando como base la obra realizada por Jesús, tendría que ocurrir otra crucifixión en esta etapa y la obra de redención de la etapa anterior tendría que volver a hacerse. Eso no tendría sentido. Por tanto, no es que la obra esté completamente finalizada, sino que la era ha avanzado y la obra se ha elevado más que antes. Puede decirse que esta etapa de la obra se construye sobre la base de la Era de la Ley y sobre la roca de la obra de Jesús. La obra de Dios se construye etapa por etapa, y esta etapa no es un nuevo comienzo. Solo la combinación de las tres etapas de la obra puede considerarse el plan de gestión de seis mil años. La obra de esta etapa se lleva a cabo sobre la base de la obra de la Era de la Gracia. Si estas dos etapas de la obra no tuvieran relación, ¿por qué, entonces, la crucifixión no se repite en esta etapa? ¿Por qué no cargo Yo con los pecados del hombre, sino que vengo a juzgarlo y a castigarlo directamente? Si Mi obra de juzgar y castigar al hombre no hubiese venido después de la crucifixión, unido al hecho de que Mi venida ahora no es por medio de la concepción del Espíritu Santo, Yo no estaría cualificado para juzgarlo y castigarlo. Es, precisamente, porque Yo soy uno con Jesús que vengo directamente a castigar y juzgar al hombre. La obra en esta etapa se construye, en su totalidad, sobre la obra de la etapa anterior. Esta es la razón por la que solo la obra de este tipo puede llevar al hombre, paso a paso, a la salvación. Jesús y Yo venimos de un solo Espíritu. Aunque Nuestra carne no tiene relación, Nuestro Espíritu es uno; aunque el contenido de lo que hacemos y la obra que asumimos no son los mismos, Nuestra esencia es la misma; Nuestra carne adopta distintas formas, pero esto se debe al cambio de era y a los diferentes requisitos de Nuestra obra; Nuestros ministerios no son iguales, por lo que la obra que traemos y el carácter que ponemos de manifiesto al hombre también son diferentes. Por eso, lo que el hombre ve y entiende hoy es diferente a lo del pasado, lo cual se debe al cambio de era. A pesar de que son diferentes en cuanto al género y la forma de Su carne y de que no nacieron de la misma familia y, mucho menos, en la misma época, Su Espíritu de todos modos es uno. A pesar de que Su carne no comparte ni sangre ni parentesco físico de ningún tipo, no puede negarse que Ellos son la carne encarnada de Dios en dos períodos diferentes. Es una verdad irrefutable que son la carne encarnada de Dios. Sin embargo, no son del mismo linaje ni comparten un idioma humano común. (Uno fue un varón que hablaba el idioma de los judíos y la otra es una mujer que solo habla chino). Es por estas razones que Ellos han vivido en diferentes países para llevar a cabo la obra que le corresponde hacer a cada uno, y en distintos períodos también. A pesar del hecho de que son el mismo Espíritu —es decir, poseen la misma esencia—, no existen similitudes absolutas entre el caparazón externo de Su carne. Lo único que comparten es la misma humanidad, pero en lo que se refiere a la apariencia externa de Su carne y a las circunstancias de Su nacimiento, no se parecen. Estas cosas no tienen ningún impacto sobre Su respectiva obra ni sobre el conocimiento que el hombre tiene respecto a Ellos, porque, a fin de cuentas, son del mismo Espíritu y nadie puede separarlos. Aunque no tienen relación de sangre, la totalidad de Su ser está a cargo de Su Espíritu, lo cual les permite asumir una obra diferente en distintos períodos y Su carne es de diferentes linajes. Por ejemplo, el Espíritu de Jehová no es el padre del Espíritu de Jesús, y el Espíritu de Jesús no es el hijo del Espíritu de Jehová: ambos son exactamente de un único y mismo Espíritu. De igual manera, el Dios encarnado de hoy y Jesús no tienen relación de sangre, pero son uno; esto se debe a que Su Espíritu es uno. Dios puede llevar a cabo la obra de misericordia y benevolencia, así como la del juicio justo y el castigo del hombre y la de lanzar maldiciones sobre este; al final, Él puede realizar la obra de destruir el mundo y castigar a los malvados. ¿Acaso no hace todo esto Él mismo? ¿No es esto la omnipotencia de Dios?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación

Aunque Jehová, Jesús y el Mesías representan todos a Mi Espíritu, estos nombres solo denotan las diferentes eras de Mi plan de gestión y no me representan en Mi totalidad. Los nombres por los cuales me llaman las personas en la tierra no pueden agotar todo Mi carácter y todo lo que Yo soy. Son simplemente nombres diferentes por los que se me llama durante las diferentes eras. Así pues, cuando la era final —la última era— llegue, Mi nombre cambiará de nuevo. No se me llamará Jehová ni Jesús, mucho menos el Mesías; se me llamará el poderoso y omnipotente Dios mismo y bajo este nombre pondré fin a toda la era. Una vez me llamaron Jehová. También una vez el hombre me conoció como el Mesías y una vez me amó, me apreció y me llamó Jesús el Salvador. Hoy ya no soy el Jehová ni el Jesús que el hombre conoció en tiempos pasados. En su lugar, Yo soy el Dios que ha regresado en los últimos días, el que pondrá fin a la era; soy el Dios mismo que surge de los confines de la tierra, repleto de todo Mi carácter y lleno de autoridad, honor y gloria. El hombre nunca ha tenido contacto conmigo, nunca me ha conocido y siempre ha sido ignorante de Mi carácter. Desde la creación del mundo hasta hoy, ni una sola persona me ha visto. Este es el Dios que se le aparece al hombre en los últimos días, pero que está oculto entre los hombres. Él mora entre los hombres, vital y vivo, como el sol ardiente y la llama abrasadora, lleno de poder y rebosante de autoridad. No hay una sola persona o cosa que no vaya a ser juzgada por Mis palabras y ni una sola persona o cosa que no vaya a ser purificada por el ardor del fuego. Finalmente, la miríada de naciones serán bendecidas debido a Mis palabras y también serán hechas pedazos debido a ellas. De esta forma, todas las personas en los últimos días verán que Yo soy el Salvador que ha regresado, y que Yo soy Dios Todopoderoso, que conquista a toda la especie humana. Y todos verán que una vez fui la ofrenda por el pecado para el hombre, pero que en los últimos días me he convertido en las llamas del sol abrasador que queman todas las cosas, así como en el Sol de la justicia que revela todas las cosas. Esta es Mi obra en los últimos días. La razón por la cual tomo este nombre y poseo este carácter es precisamente que todas las personas puedan ver que Yo soy el Dios justo, el sol ardiente, la llama abrasadora, y que todos puedan adorarme a Mí, el único Dios verdadero, y para que puedan ver Mi verdadero rostro: no soy solo el Dios de los israelitas ni soy solo el Redentor, sino que soy el Dios de todas las criaturas por todos los cielos, la tierra y los mares.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”

Ya que el hombre cree en Dios, debe seguir de cerca cada una de Sus huellas, debe “seguir al Cordero dondequiera que vaya”. Solo las personas que hacen esto son las que de verdad buscan el camino verdadero, las que conocen la obra del Espíritu Santo. Las personas que acatan con terquedad las palabras y doctrinas son aquellas a las que la obra del Espíritu Santo ha descartado. En cada periodo de tiempo, Dios comenzará una nueva obra y, en cada periodo, habrá un nuevo comienzo entre los hombres. Si el hombre solo acata las verdades de que “Jehová es Dios” y “Jesús es Cristo”, que son verdades que solo se aplican a una sola era cada una, entonces el hombre nunca estará al día de la obra del Espíritu Santo y nunca podrá obtener la obra del Espíritu Santo. Independientemente de cómo obra Dios, si el hombre lo sigue sin la más mínima duda y lo sigue de cerca, entonces, ¿cómo puede el hombre ser descartado por el Espíritu Santo? Independientemente de lo que haga Dios, en tanto que el hombre esté seguro de que es la obra del Espíritu Santo, coopere con la obra del Espíritu Santo sin recelo y trate de cumplir con las exigencias de Dios, entonces, ¿cómo podría ser castigado? La obra de Dios nunca ha cesado, Sus pasos nunca se han detenido y, antes del término de Su obra de gestión, siempre está ocupado y nunca para. Pero el hombre es diferente: al haber obtenido solo un mínimo de la obra del Espíritu Santo, la trata como si nunca fuera a cambiar; al haber obtenido un poco de conocimiento, no avanza para “rastrear” la obra más nueva de Dios; al haber visto solo un poco de la obra de Dios, de inmediato delimita a Dios como una figura de madera en particular y cree que Dios siempre mantendrá esta imagen que ve, que fue así en el pasado y que siempre será así en el futuro; al haber obtenido una pizca de conocimiento superficial, el hombre está tan orgulloso que se olvida de sí mismo y comienza a proclamar desenfrenadamente un carácter y un ser de Dios que simplemente no existen; y al tener la certeza de una etapa de la obra del Espíritu Santo, sin importar qué clase de persona sea la que proclame la nueva obra de Dios, el hombre no la acepta. Las personas como estas no pueden aceptar la nueva obra del Espíritu Santo; son demasiado conservadoras e incapaces de aceptar cosas nuevas. Esas personas son las que creen en Dios pero que también lo rechazan. El hombre cree que los israelitas estaban equivocados por “solo creer en Jehová pero no creer en Jesús”, pero la mayoría de las personas desempeñan un papel en el que “solo creen en Jehová y rechazan a Jesús” y “anhelan el regreso del Mesías pero se oponen al Mesías que se llama Jesús”. No es de extrañar, entonces, que las personas sigan viviendo bajo el poder de Satanás después de aceptar una etapa de la obra del Espíritu Santo y todavía sigan sin recibir las bendiciones de Dios. ¿No es esto el resultado de la rebelión del hombre? […] Solo los que siguen las huellas del Cordero hasta el final pueden obtener la bendición final, mientras que esas “personas listas”, que no son capaces de seguir hasta el final pero creen que han ganado todo, no pueden contemplar la aparición de Dios. Cada uno de ellos cree que es la persona más lista de la tierra e interrumpe el desarrollo continuo de la obra de Dios sin ninguna razón en absoluto, y parece creer con absoluta certeza que Dios los llevará al cielo a ellos, que “tienen una lealtad incondicional a Dios, siguen a Dios y acatan las palabras de Dios”. Aunque tengan la “lealtad incondicional” hacia las palabras que Dios habla, sus palabras y acciones siguen siendo tan repugnantes porque se oponen a la obra del Espíritu Santo y andan con engaño y cometen el mal. Los que no pueden seguir hasta el final ni pueden seguir el ritmo de la obra del Espíritu Santo y únicamente se aferran a la antigua obra, no solo han fallado en lograr la lealtad a Dios sino que, por el contrario, se han convertido en los que se oponen a Dios, en los que son rechazados por la nueva era y en los que serán castigados. ¿Hay alguien más digno de compasión que ellos?

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de Dios y la práctica del hombre

Lo que el Cristo de los últimos días trae es la vida; lo que Él trae es el camino de la verdad, duradero y eterno. Esta verdad es la senda por la que el hombre obtiene la vida, y la única senda para que el hombre conozca a Dios y sea aprobado por Él. Si no buscas el camino de la vida que el Cristo de los últimos días provee, entonces nunca obtendrás la aprobación de Jesús y nunca estarás cualificado para entrar por la puerta del reino de los cielos, porque tú eres un títere de la historia y un prisionero de la historia. Aquellos que son controlados por los preceptos, las palabras y las cadenas de la historia nunca podrán obtener la vida y nunca podrán obtener el camino perpetuo de la vida. Esto es porque lo único que obtienen es agua turbia a la que se han aferrado miles de años, en vez del agua de la vida que fluye desde el trono. A los que no se les provee del agua de la vida siempre seguirán siendo cadáveres, siempre seguirán siendo juguetes de Satanás y siempre seguirán siendo hijos del infierno. ¿Cómo pueden, entonces, contemplar a Dios? Solo buscas aferrarte a la historia, solo buscas quedarte quieto y mantener las cosas como están, y no buscas cambiar el estado actual y descartar la historia, entonces, ¿no eres alguien que siempre es antagónico a Dios? Los pasos de la obra de Dios son abrumadores y poderosos, como las olas agitadas y el retumbar de los truenos, pero te sientas y pasivamente esperas la muerte, apegándote a aquello que es viejo y esperando a que las cosas caigan sobre tu regazo. De esta manera, ¿cómo puedes ser considerado alguien que sigue las huellas del Cordero? ¿Cómo puede esto demostrar que el Dios al que te aferras es el dios que siempre es nuevo y nunca viejo? ¿Y cómo pueden las palabras de tus libros amarillentos llevarte a una nueva era? ¿Cómo pueden llevarte a buscar los pasos de la obra de Dios? ¿Y cómo pueden llevarte al cielo? Lo que sostienes en tus manos son meras palabras que solo pueden darte consuelo temporal, no las verdades que pueden darte la vida. Las palabras de las Escrituras que recitas solo son Escrituras que te llenan la boca; no son filosofías que te ayudan a conocer la vida humana, y mucho menos son la senda que puede permitirte ser hecho perfecto. Esta discrepancia, ¿no te lleva a reflexionar? ¿No te da una percepción respecto a los misterios que contiene? ¿Eres capaz de transportarte tú mismo al cielo para encontrarte con Dios? Sin la venida de Dios, ¿te puedes llevar tú mismo al cielo para gozar de la felicidad familiar con Dios? ¿Todavía sigues soñando? Te exhorto entonces a que dejes de soñar y a que observes quién está obrando ahora: quién está llevando a cabo ahora la obra de salvar al hombre durante los últimos días. Si no lo haces, nunca obtendrás la verdad y nunca obtendrás la vida.

La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo el Cristo de los últimos días le puede dar al hombre el camino de la vida eterna

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