8. La falacia del mundo religioso: “Todas las afirmaciones de que el Señor ha regresado son falsas y no se puede creer en ellas”
Según estas palabras de la Biblia: “Pero de aquel día y hora nadie sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solo el Padre” (Mateo 24:36), el mundo religioso piensa que, dado que nadie sabe qué día vendrá el Señor, todas las afirmaciones de que el Señor ha regresado son falsas y no se puede creer en ellas.
Palabras de la Biblia
“He aquí, yo vengo pronto, y mi recompensa está conmigo para recompensar a cada uno según sea su obra” (Apocalipsis 22:12).
“Voy a preparar un lugar para vosotros. Y si me voy y preparo un lugar para vosotros, vendré otra vez y os tomaré conmigo; para que donde yo estoy, allí estéis también vosotros” (Juan 14:2-3).
“Si no velas, vendré como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti” (Apocalipsis 3:3).
“También vosotros estad preparados, porque a la hora que no pensáis vendrá el Hijo del Hombre” (Mateo 24:44).
“Porque como el relámpago al fulgurar resplandece desde un extremo del cielo hasta el otro extremo del cielo, así será el Hijo del Hombre en su día. Pero primero es necesario que Él padezca mucho y sea rechazado por esta generación” (Lucas 17:24-25).
“A medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6).
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen” (Juan 10:27).
“Entonces los otros discípulos le decían: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré. Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío! Jesús le dijo: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron” (Juan 20:25-29).
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando” (Mateo 23:13).
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros” (Mateo 23:15).
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Ya que crees en Dios, debes poner tu fe en todas Sus palabras y en toda Su obra. Es decir, dado que crees en Dios, debes someterte a Él. Si no puedes hacerlo, entonces da igual si crees o no. Si has creído en Él muchos años, pero nunca te has sometido a Él y no aceptas todas Sus palabras y, en cambio, le pides que se someta a ti y actúe según tus nociones, entonces eres el más rebelde de todos; eres un incrédulo. ¿Cómo podría una persona así someterse a la obra y las palabras de Dios que no se ajustan a las nociones del hombre? Los más rebeldes de todos son los que intencionalmente se niegan a doblegarse ante Dios y se le resisten. Ellos son Sus enemigos, los anticristos. Siempre albergan una actitud de hostilidad hacia la nueva obra de Dios; nunca tienen la mínima tendencia a someterse y jamás se han sometido o humillado de buen grado. Ante los demás, son los más engreídos y nunca se someten a nadie. Delante de Dios, se consideran los mejores para predicar “sermones” y los más hábiles para hacer obra en los demás. Nunca se desprenden de los “tesoros” que poseen; en cambio, los tratan como herencias familiares que se adoran y sobre los que se predica a los demás, y los usan para sermonear a esos tontos que los idolatran. De hecho, hay una cierta cantidad de personas de este tipo en la iglesia. Se puede decir que son “una dinastía de héroes indómitos”, que residen temporalmente en la casa de Dios generación tras generación. Consideran que predicar “sermones” (doctrinas) es su deber supremo. Año tras año y generación tras generación, llevan a cabo con rigor su deber “sagrado e inviolable”. Nadie se atreve a tocarlos; ni una sola persona se atreve a reprenderlos abiertamente. Se convierten en “reyes” en la casa de Dios y campan a sus anchas mientras tiranizan a los demás, era tras era. Este hatajo de demonios malvados busca unirse para derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos? Ni siquiera quienes se someten a medias pueden seguir hasta el final, ¡cuánto menos estos tiranos que no tienen ni una pizca de sumisión en su corazón!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que se someten a Dios con un corazón sincero serán sin duda ganados por Él
Un discípulo, llamado Tomás, insistió en tocar las marcas de los clavos de Jesús. ¿Y qué le dijo el Señor Jesús? (“Crees porque me has visto; benditos los que no han visto, pero aun así creen” [Juan 20:29]).* “Benditos los que no han visto, pero aun así creen”.* ¿Qué significa esto? ¿Realmente no vieron nada? De hecho, todas las cosas que Jesús dijo y toda la obra que realizó ya demostraban que Él era Dios y que, por tanto, la gente debería haber creído en ello. No les hizo falta que Jesús hiciera más señales y prodigios ni que dijera más palabras, así como tampoco les hizo falta comprobarlo tocando Sus marcas de los clavos antes de poder creer. La fe verdadera no se basa solo en ver; en cambio, mediante una confirmación espiritual, es posible creer hasta el mismísimo final sin dudar jamás. Tomás confiaba solo en lo que veía y fue un incrédulo. No seáis como Tomás.
En la iglesia hay realmente algunas personas como Tomás. Dudan constantemente de la encarnación de Dios y aguardan a que Él se marche de la tierra y regrese al tercer cielo, y esperan ver la forma verdadera de Dios para finalmente creer. Sencillamente no creen que el hecho de que Dios se haga carne y exprese la verdad sea que Él aparece y hace Su obra. En el momento en que tales personas realmente vean el cuerpo espiritual de Dios, ya será demasiado tarde, y es entonces cuando serán condenadas por Dios. El Señor Jesús dijo a Tomás: “Crees porque me has visto; benditos los que no han visto, pero aun así creen” (Juan 20:29).* Estas palabras significan que el Señor Jesús ya lo había condenado y que Tomás es un incrédulo. Si realmente crees en el Señor y crees que todas las palabras que Él dice son la verdad, y no dudas del Señor en tu corazón, entonces serás bendecido. Sin embargo, algunas personas han seguido al Señor Jesús durante varios años, pero no creen que Sus palabras sean la verdad, y mucho menos creen que Él pueda levantarse de entre los muertos o que sea el Dios todopoderoso. Esas personas no tienen una fe verdadera y no obtendrán bendiciones. Aquellos que creen en el Señor pero no creen que Él es la verdad no obtendrán nada. Si siempre tienes dudas en tu fe en Dios, y siempre quieres que Dios se te aparezca o realice señales y prodigios para poder creer en Él, entonces eso no es fe; eso es creer solo después de ver. Como ser creado, ¿qué cualificación tienes para pedirle a Dios que se te aparezca personalmente? ¿Qué cualificación tienes para pedirle que te hable personalmente a ti, un ser humano corrupto? Además, ¿qué cualificación tienes para pedirle que te explique todo claramente para poder creer? Si posees razón, creerás solo con ver que estas palabras que Dios dice son todas la verdad. Si realmente tienes fe, no te importará lo que Dios diga o lo que Él haga, ni te importará cuán normal sea Su humanidad. En cambio, al ver que las palabras de Dios son todas la verdad, ya estarás cien por cien convencido de que las pronuncia Dios y de que Él hizo estas cosas, y tendrás la fe para seguir a Dios hasta el final, sin dudar. Aquellos que tienen dudas son personas falsas. Creen en Dios pero no creen en la verdad. Siempre quieren entender esos misterios, y solo creerán de verdad después de que los comprendan a fondo. Su condición previa para creer en Dios es que deben entender claramente cómo llegó el Dios encarnado, cuándo llegó, cómo obra después de llegar, cuánto tiempo obrará antes de irse, cuál será el proceso de Su partida, a dónde irá después de que se vaya… Quieren entender algunos misterios; están aquí para sondearlos, no para buscar la verdad. Piensan que no pueden creer en Dios si no entienden estos misterios, como si esto les impidiera creer en Él. El hecho de que alberguen esta opinión supone un problema. Si siempre están investigando misterios, no estarán interesados en la verdad en su corazón y no tendrán disposición para prestar atención a la verdad. En ese caso, serán incapaces de entender la verdad. Si no leen las palabras de Dios ni se centran en meditar sobre ellas, ¿pueden tales personas conocerse a sí mismas? Si no les es fácil conocerse a sí mismas, ¿pueden tener entrada en la vida? ¿Pueden obtener la verdad? En absoluto. Si alguien no acepta la verdad y no cree en las palabras de Dios, entonces no tendrá una fe verdadera. ¿En qué se centran las personas que no aman la verdad cuando leen las palabras de Dios? Solo se centran en escrutar algunos misterios, en cuál será su propio destino y resultado, y en obtener algunas noticias o declaraciones especiales, pero no se centran en lo más mínimo en los asuntos de la entrada en la vida, y mucho menos se centran en llegar a conocer sus propias actitudes corruptas y en hacer corresponder las palabras de Dios consigo mismas. Las cosas que más les importan y que más quieren entender no tienen nada que ver con la verdad. Tales personas no son las que aceptan la verdad. ¿Son las personas que no aceptan la verdad quienes creen sinceramente en Dios? En absoluto. Si alguien realmente ayuda a una persona como esta a despertar, su estado dará un vuelco. Se dará cuenta de que sus antiguas opiniones eran demasiado absurdas, que no aceptaba la verdad y, sin embargo, siempre estaba investigando a Dios, investigando si podía obtener bendiciones y albergando exigencias para con Dios, y que esto es demasiado arrogante y tenerse en una estima demasiado alta. Entonces, se sentirá avergonzada.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo conociendo las propias opiniones equivocadas puede uno transformarse realmente
Los pastores y ancianos del mundo religioso son todas personas que estudian el conocimiento bíblico y la teología; son fariseos hipócritas que se resisten a Dios. […] ¿Son realmente creyentes aquellos en el cristianismo y el catolicismo que estudian la Biblia, teología e incluso la historia de la obra de Dios? ¿Son diferentes a los creyentes y seguidores de Dios sobre los que Él habla? A ojos de Dios, ¿son creyentes? No, estudian teología, estudian a Dios, pero no lo siguen ni dan testimonio de Él. Su estudio de Dios es el mismo que el estudio de la historia, filosofía, derecho, biología o astronomía al que otros se dedican. Lo que pasa es que no les gusta la ciencia u otras materias, en concreto, lo que les gusta es estudiar teología. Buscan fragmentos de aquí y de allá de la obra de Dios para estudiarlo, pero ¿cuál es el resultado de su estudio? ¿Pueden descubrir la existencia de Dios? No, nunca. ¿Pueden entender las intenciones de Dios? (No). ¿Por qué? Porque viven en palabras, en conocimiento, en filosofía, en la mente humana, y en los pensamientos humanos. Nunca verán a Dios ni los esclarecerá el Espíritu Santo. ¿Cómo los califica Dios? Como incrédulos, como no creyentes. Estos no creyentes e incrédulos se mezclan con la supuesta comunidad cristiana, se comportan como creyentes en Dios, como cristianos, pero ¿adoran en realidad a Dios? ¿Poseen verdadera sumisión? (No). ¿Eso por qué? Una cosa está clara: en su interior, un número considerable de ellos no cree en la existencia de Dios ni en que Él creara el mundo y que tenga soberanía sobre todas las cosas, menos todavía que Dios se pueda hacer carne. ¿Qué quiere decir esta falta de creencia? Implica duda y negación. Adoptan incluso una actitud de no esperar que las profecías expresadas por Dios, en especial aquellas relativas a las catástrofes, se vayan a hacer realidad o vayan a suceder. Esta es su actitud hacia la creencia en Dios, y es la esencia y la verdadera cara de su supuesta fe. Estas personas estudian a Dios porque están particularmente interesadas en la materia y en el conocimiento de la teología, y en los hechos históricos de la obra de Dios; son un mero grupo de intelectuales que estudian teología, que no creen en la existencia de Dios, así que, ¿cómo reaccionan cuando Dios viene a obrar, cuando se cumplen las palabras de Dios? ¿Cuál es su primera reacción al oír que Dios se ha hecho carne y ha empezado una nueva obra? “¡Imposible!”. Condenan a cualquiera que predique el nuevo nombre de Dios y Su nueva obra, e incluso quieren matarlo o eliminarlo. ¿Qué clase de manifestación es esa? ¿Acaso no es la de un típico anticristo? ¿Qué diferencia hay entre ellos y los fariseos, los sumos sacerdotes y los escribas antiguos? Son hostiles hacia la obra de Dios, hacia Su juicio en los últimos días, hacia que Dios se haga carne, y más si cabe, son hostiles a que se cumplan las profecías de Dios. Creen: “Si no te haces carne, si tienes la forma de un cuerpo espiritual, entonces tú eres dios; si te encarnas y te conviertes en una persona, entonces no eres dios y no te reconocemos”. ¿Qué implica esto? Significa que, mientras estén aquí, no permitirán que Dios se haga carne. ¿Acaso no es el típico anticristo? Es un auténtico anticristo.
La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 7: Son perversos, insidiosos y falsos (III)
Ya que estamos buscando las huellas de Dios, nos corresponde a nosotros buscar las intenciones de Dios, Sus palabras y declaraciones. Esto se debe a que dondequiera que haya nuevas palabras dichas por Dios, allí está la voz de Dios, y dondequiera que estén las huellas de Dios, ahí están Sus hechos; dondequiera que esté la expresión de Dios, ahí aparece, y dondequiera que aparece, ahí existe la verdad, el camino y la vida. Al buscar las huellas de Dios, habéis pasado por alto las palabras “Dios es la verdad, el camino y la vida”. Y así, muchas personas, incluso cuando obtienen la verdad, no creen que hayan encontrado las huellas de Dios y mucho menos reconocen la aparición de Dios. ¡Qué error tan grave! La aparición de Dios no se puede ajustar a las nociones del hombre; todavía menos puede Dios aparecer de la manera que el hombre se lo demanda. Dios toma Sus propias decisiones y tiene Sus propios planes cuando hace Su obra; más aún, Él tiene Sus propios objetivos y Sus propios métodos. Sea cual sea la obra que Él haga, no es necesario que la consulte con el hombre o busque su consejo, ni mucho menos que notifique de Su obra a cada persona. Este es el carácter de Dios y debería, con mayor razón aún, ser reconocido por todo el mundo. Si deseáis presenciar la aparición de Dios, seguir las huellas de Dios, entonces debéis primero apartaros de vuestras propias nociones. No debes exigir que Dios haga esto o aquello; mucho menos debes colocarlo dentro de tus propios confines y limitarlo a tus propias nociones. En cambio, debéis exigiros a vosotros mismos cómo debéis buscar las huellas de Dios, cómo debéis aceptar la aparición de Dios, y cómo debéis someteros a Su nueva obra; esto es lo que el hombre debe hacer. Ya que el hombre no es la verdad ni la posee, debe buscar, aceptar y someterse.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice I: La aparición de Dios ha dado lugar a una nueva era
Hoy, Dios ha llevado a cabo nueva obra. Puede que no seas capaz de aceptar estas palabras y tal vez te puedan parecer inusuales, pero te aconsejaría que no expusieras tu naturalidad por ahora, porque solo aquellos que realmente tienen hambre y sed de justicia delante de Dios pueden obtener la verdad, y Él puede esclarecer y guiar solo a aquellos que son verdaderamente devotos. Al buscar la verdad, los resultados se obtienen mediante la sobria tranquilidad, no con disputas y discordias. Cuando digo que “hoy, Dios ha llevado a cabo nueva obra”, me estoy refiriendo al asunto de Su regreso a la carne. Quizás estas palabras no te incomoden, quizás las detestes o quizás sean de un gran interés para ti. Cualquiera que sea el caso, espero que todos los que verdaderamente anhelan que Dios aparezca puedan enfrentar este hecho y examinarlo con cuidado, en lugar de sacar conclusiones precipitadas al respecto. Esto es lo que debería hacer una persona sabia.
Examinar algo así no es difícil, pero requiere que cada uno de nosotros primero conozca esta verdad: Aquel que es Dios encarnado posee la esencia de Dios y Aquel que es Dios encarnado posee la expresión de Dios. Puesto que Dios se ha hecho carne, Él trae consigo la obra que pretende llevar a cabo; puesto que Él es Dios encarnado, expresa lo que Él es; puesto que Él es Dios encarnado, es capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida y de señalarle el camino. La carne que no posee la esencia de Dios definitivamente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Si el hombre pretende examinar si es la carne encarnada de Dios, entonces debe determinarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, para determinar si es o no la carne encarnada de Dios y si es o no el camino verdadero, la persona debe discernir basándose en Su esencia. Y así, la clave de si es o no la carne de Dios encarnado radica en Su esencia (Su obra, Sus palabras, Su carácter y muchos otros aspectos), en lugar de en Su apariencia externa. Si el hombre solo examina Su apariencia externa, y como consecuencia pasa por alto Su esencia, esto muestra que el hombre es necio e ignorante. La apariencia externa no puede determinar la esencia; es más, la obra de Dios jamás puede ajustarse a las nociones del hombre. ¿No contradecía la apariencia exterior de Jesús las nociones del hombre? ¿No eran Su rostro y Sus vestiduras incapaces de demostrar Su verdadera identidad? ¿Acaso los fariseos de ese tiempo no se opusieron a Jesús precisamente porque solo miraron Su aspecto exterior y no aceptaron concienzudamente las palabras de Su boca? Tengo la esperanza de que todos y cada uno de los hermanos y hermanas que buscan la aparición de Dios no repitan la tragedia histórica y no se conviertan en los fariseos de los tiempos modernos ni claven a Dios de nuevo en la cruz. Deberíais considerar cuidadosamente cómo darle la bienvenida al retorno de Dios y tener claridad acerca de cómo ser alguien que se somete a la verdad. Esta es la responsabilidad de todo aquel que está esperando que Jesús vuelva montado sobre una nube. Deberíamos aclarar nuestros ojos espirituales y no empantanarnos en palabras de fantasía. Deberíamos pensar en la obra realista de Dios y echar un vistazo al aspecto práctico de Dios. No os dejéis llevar demasiado ni os perdáis en fantasías, siempre con la esperanza de que el Señor Jesús descienda repentinamente entre vosotros sobre una nube y os lleve a vosotros, que nunca lo habéis conocido ni lo habéis visto y que no sabéis cómo seguir Su voluntad. ¡Es mejor pensar en asuntos más realistas!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Prefacio
Vuestra lealtad es solo de palabra, vuestro conocimiento consiste en pensamiento y nociones, vuestros esfuerzos son para obtener las bendiciones del cielo y, por tanto, ¿cómo debe ser vuestra fe? Incluso hoy, seguís haciendo oídos sordos a todas y cada una de las palabras de la verdad. No sabéis qué es Dios, qué es Cristo, cómo temer a Jehová, cómo entrar en la obra del Espíritu Santo ni cómo distinguir entre la obra de Dios mismo y la desorientación del hombre. Solo sabes condenar cualquier palabra de la verdad expresada por Dios que no sea conforme a tus propios pensamientos. ¿Dónde está tu humildad? ¿Y tu sumisión? ¿Y tu lealtad? ¿Y tu actitud de buscar la verdad? ¿Y tu corazón temeroso de Dios? Os digo que aquellos que creen en Dios por las señales pertenecen sin duda a la categoría que perecerá. Los que son incapaces de aceptar las palabras de Jesús, que ha vuelto a la carne, son sin duda la progenie del infierno, los descendientes del arcángel, la categoría que perecerá para siempre. A muchas personas puede resultarles indiferente lo que digo, pero aun así quiero decirle a cada uno de estos supuestos santos que siguen a Jesús que, cuando lo veáis descender del cielo sobre una nube blanca con vuestros propios ojos, este será el momento de la aparición pública del Sol de justicia. Quizás será un momento de gran entusiasmo para ti. No obstante, deberías saber que el momento en el que veas a Jesús descender del cielo será también el momento en el que irás al infierno para ser castigado, el momento en el que se habrá proclamado el final del plan de gestión de Dios, así como cuando Él recompense a los buenos y castigue a los malvados. Porque Su juicio habrá terminado antes de que el hombre vea señales, cuando solo exista la expresión de la verdad. Aquellos que acepten la verdad y no busquen señales, y por tanto hayan sido purificados, habrán sido llevados ante el trono de Dios y habrán entrado en el abrazo del Creador. Solo aquellos que persisten en la creencia de que “El Jesús que no cabalgue sobre una nube blanca es un falso cristo” se verán sometidos al castigo eterno, porque solo creen en el Jesús que realiza señales, pero no reconocen al Jesús que expresa un juicio severo y libera la vida y el camino verdadero. Y por tanto, solo puede ser que Jesús lidie con ellos cuando Él vuelva abiertamente sobre una nube blanca. Son demasiado tozudos, confían demasiado en sí mismos, son demasiado arrogantes. ¿Cómo podría recompensar Jesús a semejante escoria? El regreso de Jesús es una gran salvación para aquellos que son capaces de aceptar la verdad, pero para los que son incapaces de hacerlo es una señal de condenación. Debéis elegir vuestra propia senda y no blasfemar contra el Espíritu Santo ni rechazar la verdad. No debéis ser personas ignorantes y arrogantes, sino quienes se someten a la guía del Espíritu Santo, tienen sed de la verdad y la buscan; solo así os beneficiaréis. Os aconsejo que andéis con cuidado por la senda de la creencia en Dios. No saquéis conclusiones arbitrariamente; más aún, no seáis despreocupados y descuidados en vuestra creencia en Dios. Deberíais saber que, como mínimo, los que creen en Dios deben poseer un corazón humilde y temeroso de Dios. Los que han oído la verdad pero la miran con desdén son insensatos e ignorantes. Los que han oído la verdad pero sacan conclusiones precipitadas o la condenan a la ligera son personas arrogantes. Nadie que crea en Jesús está cualificado para maldecir o condenar a otros. Todos deberíais ser personas que poseen razón y aceptan la verdad. Quizás, habiendo oído el camino de la verdad y leído la palabra de vida, creas que solo una de cada diez mil de estas palabras está en sintonía con tu entendimiento y con la Biblia, y entonces deberías seguir buscando en esa diezmilésima parte de esas palabras. También te aconsejo que seas humilde, no te confíes demasiado ni seas demasiado engreído. Con el poco corazón temeroso de Dios que posees, obtendrás mayor luz. Si examinas detenidamente y contemplas repetidamente estas palabras, entenderás si son o no la verdad, y si son o no la vida. Quizás, habiendo leído solo unas pocas frases, algunas personas condenarán ciegamente estas palabras, diciendo: “Esto no es nada más que algún esclarecimiento del Espíritu Santo” o “Este es un falso cristo que ha venido a desorientar al hombre”. ¡Los que dicen tales cosas son demasiado ignorantes! ¡Entiendes demasiado poco de la obra y de la sabiduría de Dios, y te aconsejo que empieces de nuevo desde cero! No debéis condenar ciegamente las palabras expresadas por Dios porque vayan a aparecer falsos cristos durante los últimos días ni ser personas que blasfeman contra el Espíritu Santo por temor a ser desorientadas. ¿No sería una verdadera lástima? Si, después de un examen reiterado, sigues creyendo que estas palabras no son la verdad, no son el camino ni la expresión de Dios, entonces serás castigado en última instancia y te quedarás sin bendiciones. Si no puedes aceptar semejante verdad expresada de forma tan llana y clara, ¿no eres indigno entonces de la salvación de Dios? ¿No eres alguien que carece de la bendición de regresar ante el trono de Dios? ¡Piensa en ello! No seas imprudente e impetuoso, y no trates la creencia en Dios como un juego. Piensa en aras de tu destino, en aras de tus perspectivas, en aras de tu vida y no juegues contigo mismo. ¿Puedes aceptar estas palabras?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. En el momento en que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá hecho nuevos el cielo y la tierra
Himnos relacionados
Sed personas que aceptan la verdad
Tu actitud respecto a la verdad es vital
Aquellos que no aceptan al Cristo de los últimos días son sin duda blasfemadores del Espíritu Santo