948 La mayor bendición es vivir para dar testimonio de Dios
I
Dios te permite vivir y puedes vivir para Dios y vivir para hacer tu deber como ser creado. Vivir de esta manera tiene sentido. Si el hombre vive sin aceptar ni comprender la verdad y únicamente para la carne, eso no tiene ningún tipo de valor. Todos vosotros estáis esforzándoos ahora por alcanzar la verdad, estáis viviendo con cada vez más conciencia y razón, llegáis a tener cada vez más semejanza humana, entendéis cada vez más la verdad y sabéis cada vez más cómo someteros a Dios. También podéis llevar a cabo vuestro deber como seres creados y dar testimonio por Él. Vivir así llena el corazón de gozo y paz. Esta es la vida más significativa que existe. Entre toda la especie humana, sois los únicos que habéis alcanzado este tipo de bendición.
II
De todo este vasto mundo y de entre toda la especie humana, Dios os ha escogido solo a vosotros y ha hecho que nacierais en esta era final y en el país del gran dragón rojo, de modo que podáis recibir Su comisión, hacer vuestro deber y entregaros para Él. Sois aquellos a los que Dios ve con buenos ojos y a los que Él ha escogido. ¿Acaso no es esto lo más bienaventurado? ¡Es algo tan bienaventurado! Ahora podéis vivir vuestra vida y vivir cada día para dar testimonio de Dios y propagar el evangelio del reino de Dios; Él aprueba que se viva de esta manera. Dios os permite vivir una vida así, y es Él quien os ha dado esta oportunidad.
III
Dios os ha dado la oportunidad de vivir, de llevar a cabo vuestro deber y de entregaros para Él, lo cual es lo que más sentido tiene. Deberíais valorar esta oportunidad; deberíais sentiros orgullosos y honrados. Sois muy jóvenes, pese a lo cual, en unas circunstancias y condiciones tan duras, sois capaces de hacer vuestro deber, seguir a Dios y dar testimonio de Él en mitad del desastre: ¡es una oportunidad única! Dios se hace carne en los últimos días y expresa muchísima verdad para salvar por completo a la humanidad, de manera que esta pueda obtener la verdad y ser purificada: es la oportunidad más excepcional. No queda mucho tiempo, y desaparece en un abrir y cerrar de ojos. Deberíais aprovechar esta oportunidad y obtener toda la verdad que os corresponde. Esta es la mayor bendición y se trata de una bendición incluso mayor que la de todos los santos de eras pasadas.
de La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte