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212 ¿Has oído suspirar al Todopoderoso?

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212 ¿Has oído suspirar al Todopoderoso?

I

Una estrella surge en el este

e ilumina el cielo estrellado,

alumbra el corazón de la gente,

que ya no está sola en la oscuridad.

Pero sólo tú duermes en la oscura noche,

incapaz de oír el sonido o de ver la luz,

sin ver el comienzo de una nueva era,

la llegada del cielo y la tierra.

Tu “padre” dice que es temprano y hace frío,

si sales afuera, la espada puede cegarte.

Sólo crees lo que tu padre te dice,

ya que es mayor y te ama realmente.

II

Ese amor y consejo te hacen negar la luz.

No te importa si hay verdad en el mundo.

No esperas la salvación del Todopoderoso

ni ver la luz, te basta con lo que tienes.

En tus ojos, lo hermoso no revive ni existe,

el mañana está condenado a desaparecer.

Te aferras a tu padre, feliz de sufrir con él,

temes perder a tu compañero y guía.

Este mundo ha hecho a muchos como tú,

impávidos, intrépidos en sus roles distintos.

Formó a muchos “guerreros” que no temen morir,

muchos que no saben por qué fueron creados.

III

Dios mira a la afligida humanidad,

oye los lamentos del que sufre,

ve su descaro, siente su impotencia,

su terror al haber perdido la salvación.

El hombre rechaza Su cariño y protección, y se va.

Prefiere beber del amargo mar con el enemigo.

No se oye a Dios suspirar,

Sus manos no tocarán al hombre.

Él recupera y pierde una y otra vez.

Agotado, se cansa y detiene Su obra.

Ya no deambula entre la gente

que no ve estos cambios, Sus idas y venidas,

o Su tristeza y melancolía; el suspiro de Dios.

Adaptado de ‘El suspiro del Todopoderoso’ en “La Palabra manifestada en carne”

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