Pregunta 1: Hemos creído muchos años en el Señor. Aunque podemos predicar y trabajar para el Señor y sufrir mucho, siempre seguimos siendo capaces de mentir, engañar y defraudar. Todos los días hablamos en defensa propia. (suspira) Con mucha frecuencia somos arrogantes, santurrones, ostentosos y condescendientes con los demás. Vivimos pecando y arrepintiéndonos, incapaces de escapar a las ataduras de la carne, no digamos ya de experimentar y practicar la palabra del Señor. (suspira) No hemos vivido ninguna realidad de la palabra del Señor. En nuestro caso, ¿acaso podemos ser llevados al reino de los cielos? Algunos dicen que aunque pequemos y nos ate la carne, el Señor nos ve libres de pecado. Siguen la palabra de Pablo: “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:52). y piensan que el Señor nos transformará inmediatamente cuando venga y que nos llevará al reino de los cielos. Creen que quienes reciben la salvación por la fe pero siguen pecando constantemente no son aptos para entrar en el reino de los cielos. Esto se basa principalmente en la palabra del Señor Jesús: “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21). “[…] seréis, pues, santos porque yo soy santo” (Levítico 11:45). Estos son dos puntos de vista contrapuestos que nadie tiene claros, por favor, habladnos.

Respuesta: Antes considerábamos que las palabras de los apóstoles como Pablo eran la palabra de Dios y seguíamos la palabra de Pablo para creer en el Señor y trabajar para Él. Seguíamos la palabra de Pablo incluso en cuanto al asunto del regreso del Señor, pero dejábamos de lado la palabra del Señor Jesús. ¿No era esto un problema después de todo? Si creemos en Dios, ¿debemos escuchar Su palabra o la del hombre? En cuanto a la palabra de Pablo en la Biblia, ¿era la palabra de Dios o la del hombre? En cuanto a cómo distinguir si es la palabra de Dios o la del hombre, antes vamos a dejarla a un lado. Pero podemos estar seguros de que las palabras de Jehová y del Señor Jesús en la Biblia son las palabras de Dios. Nadie puede negar esto. Las palabras de los apóstoles como Pablo eran sin duda las palabras del hombre. Incluso iluminadas por el Espíritu Santo seguían siendo las palabras del hombre, en absoluto la palabra de Dios. Porque ni el Señor Jesús ni el Espíritu Santo habían dado testimonio de que la palabra de los apóstoles como Pablo fuera la palabra de Dios. Ni siquiera los propios apóstoles dijeron que lo que habían escrito fuera la palabra de Dios. ¿No es así? Las palabras del hombre en la Biblia son las palabras del hombre y no pueden considerarse la palabra de Dios, y ni mucho menos se pueden utilizar a modo de fundamento como si fueran palabra de Dios, pues algunas de las palabras del hombre surgieron por el esclarecimiento del Espíritu Santo, mientras otras se mezclaron con la voluntad humana. No eran la expresión de la verdad. Si consideramos que la palabra del hombre es la verdad, es fácil confundir y conducir al hombre a ninguna parte. ¿Por qué aparecieron miles de denominaciones por toda la comunidad religiosa? La causa principal es porque el hombre ha interpretado como palabra de Dios la palabra del hombre en la Biblia, dando lugar a una confusión así de grave. En cuanto al asunto de entrar en el reino de los cielos, sólo debemos considerar la palabra del Señor Jesús como la definitiva, pues el Señor Jesús es Cristo encarnado. Sólo el Señor Jesús es el Salvador. La palabra del Señor Jesús es la verdad. Sólo Su palabra tiene autoridad. Pablo solamente era un hombre. No era Cristo. No podía expresar la verdad. Por ello, era inevitable que su palabra se mezclara con la voluntad y la imaginación del hombre. Ni siquiera Pablo se atrevió a decir que Dios inspiró su palabra, y ni mucho menos que sus epístolas eran la palabra de Dios. ¿No sería absurdo que consideráramos la palabra de Pablo como palabra de Dios? Así pues, tanto si somos obedientes a la voluntad de Dios o aptos para ser llevados al reino de los cielos como si no lo somos, debemos seguir únicamente la palabra del Señor Jesús en nuestra introspección y búsqueda de la verdad para encontrar la respuesta correcta.

Leamos unos pasajes de la palabra de Dios Todopoderoso para conocerla de forma más clara. Dios Todopoderoso dice: “Hoy, las personas creen que la Biblia es Dios, y que Él es la Biblia. Así, también creen que todas las palabras de la Biblia fueron las únicas palabras que Dios habló y que Él las pronunció todas. Los que creen en Dios piensan incluso que, aunque los sesenta y seis libros del Antiguo y el Nuevo Testamento fueron escritos por personas, fueron, todos, inspirados por Dios y son un registro de las declaraciones del Espíritu Santo. Esta es la comprensión errónea que tiene el hombre, y no es completamente acorde con los hechos. En realidad, aparte de los libros de profecía, la mayor parte del Antiguo Testamento es un registro histórico. Algunas de las epístolas del Nuevo Testamento provienen de las experiencias de las personas, y, otras, del esclarecimiento del Espíritu Santo. Las epístolas paulinas, por ejemplo, surgieron de la obra de un hombre; todas fueron resultado del esclarecimiento del Espíritu Santo y se escribieron para las iglesias, y fueron palabras de exhortación y aliento para los hermanos y hermanas de las mismas. No fueron palabras habladas por el Espíritu Santo; Pablo no podía hablar en nombre del Espíritu Santo ni era profeta, y, mucho menos, tuvo las visiones que tuvo Juan. Sus epístolas se escribieron para las iglesias de Éfeso, Filadelfia, Galacia, y otras. Por tanto, las epístolas paulinas del Nuevo Testamento son epístolas que Pablo escribió para las iglesias y no son inspiraciones del Espíritu Santo ni Sus declaraciones directas. […] Todo lo que dijo que era edificante y positivo para las personas fue correcto, pero no representaba las declaraciones del Espíritu Santo ni podía representar a Dios. ¡Es un entendimiento atroz y una blasfemia enorme que las personas traten los registros de las experiencias de un hombre y las epístolas de un hombre como las palabras habladas por el Espíritu Santo a las iglesias! […] Su identidad fue simplemente la de un apóstol obrero, y fue simplemente un apóstol enviado por Dios; no fue un profeta ni un adivino. Para él, su propia obra y la vida de los hermanos y hermanas eran de la mayor importancia. Por tanto, no podía hablar en nombre del Espíritu Santo. Sus palabras no eran las palabras del Espíritu Santo, y mucho menos podría decirse que fueran las de Dios, porque Pablo no era nada más que una criatura de Dios y, ciertamente, no era Su encarnación. Su identidad no era la misma que la de Jesús. Las palabras de Jesús fueron las palabras del Espíritu Santo; fueron las palabras de Dios, porque Su identidad era la de Cristo, el Hijo de Dios. ¿Cómo podía ser Pablo Su igual? Si las personas consideran las epístolas o las palabras como las de Pablo como declaraciones del Espíritu Santo, y las adoran como a Dios, sólo puede decirse que no discriminan correctamente. Dicho con mayor severidad, ¿no es esto simplemente blasfemia? ¿Cómo podría un hombre hablar en nombre de Dios? ¿Y cómo podrían las personas postrarse ante los registros de sus epístolas y ante las palabras que habló como si fueran un libro sagrado o un libro celestial? ¿Podría el hombre pronunciar a la ligera las palabras de Dios? ¿Cómo podría un hombre hablar en nombre de Dios?” (‘Relativo a la Biblia (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”).

La palabra de Dios no puede hacerse pasar por la del hombre, y menos aún puede hacerse que la palabra del hombre sea la de Dios. Un hombre usado por Dios no es el Dios encarnado, y el Dios encarnado no es un hombre usado por Dios. En esto, hay una diferencia esencial. […] Las palabras del Dios encarnado abren una nueva era, guían a toda la humanidad, revelan misterios y le muestran al ser humano la dirección que ha de tomar en la nueva era. El esclarecimiento obtenido por el hombre no es otra cosa que simples instrucciones para la práctica o el conocimiento. No puede guiar a toda la humanidad a una nueva era ni revelar los misterios de Dios mismo. A final de cuentas, Dios es Dios, y el hombre es el hombre. Dios tiene la esencia de Dios y el hombre la del hombre. Si este considera las palabras habladas por Dios como un simple esclarecimiento del Espíritu Santo y toma las de los apóstoles y profetas como palabras habladas personalmente por Dios, eso sería un error por parte del hombre. Pase lo que pase, nunca deberías mezclar lo erróneo con lo correcto ni hacer que lo elevado sea bajo, ni confundir lo profundo con lo superficial. Pase lo que pase, nunca deberías refutar deliberadamente lo que sabes que es la verdad” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”).

Ciertamente, muchos creyentes del Señor siguen la palabra de Pablo mientras esperan a que el Señor se aparezca: “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:52). Esto es muy absurdo y disparatado. Porque la palabra del hombre no representa a la de Dios y se mezcla con los designios humanos. Aunque algunos de sus significados guarden una ligera relación con la palabra de Dios, en absoluto es palabra de Dios. ¿Dijo el Señor Jesús algo parecido a esta declaración de Pablo? ¿Hicieron los profetas alguna declaración parecida? ¿Dio testimonio el Espíritu Santo de que las epístolas de Pablo fueran palabra de Dios? ¿Le ordenó la revelación del Espíritu Santo al hombre que siguiera la palabra de Pablo para encontrarse con el Señor Jesús en Su segunda venida? ¡No, en absoluto! No podemos encontrar ningún hecho ni testimonio de ese tipo. Así pues, la palabra de Pablo sólo puede usarse como referencia, no como fundamento. En cuanto a esperar a que el Señor nos arrebate y lleve al reino de los cielos, si nos basamos en la palabra de Pablo y no en la del Señor, aceptando nuestras fantasías y esperando a que el Señor venga y transforme inmediatamente nuestra imagen, es muy fácil cometer errores y existe el riesgo de que el Señor nos abandone. De hecho, en cuanto al tipo de obra que realizará el Señor Jesús cuando regrese en los últimos días y al modo en que Él transformará al hombre en santo, estas cosas se profetizaron en la Biblia. Leamos algunos versículos.

Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios” (1 Pedro 4:17).

Si alguno oye mis palabras y no las guarda, yo no lo juzgo; porque no vine a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final” (Juan 12:47-48).

Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad, porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oiga, y os hará saber lo que habrá de venir” (Juan 16:12-13).

No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. […] Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. […] Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Juan 17:15-19).

Con estos versículos vemos que el regreso del Señor en los últimos días es para expresar la verdad, llevar a cabo la obra de juicio comenzando por la casa de Dios y guiar al hombre para que comprenda y entre en todas las verdades. Sólo experimentando el juicio de la palabra de Dios podemos comprender la verdad, recibir la purificación y ser aptos para entrar en Su reino. Por tanto, lo que dijo Pablo: “en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:52), esta declaración es inexacta, muy confusa para el hombre. Muchos de los que creen en el Señor simplemente esperan de esta manera a que Él venga, transforme su imagen y los lleve al reino de los cielos. En absoluto practican la palabra del Señor ni saben cómo seguir la voluntad de Dios. Sólo siguen su propio entusiasmo para dedicarse al Señor y trabajar para Él, y viven pecando y arrepintiéndose cada día, sin arrepentirse verdaderamente al final y sin liberarse de la atadura y el control de su naturaleza pecaminosa. Estas personas siguen la palabra de Pablo para esperar la aparición y el descenso del Señor. ¿Es esto práctico? ¿Puede actuar así el Señor? ¿Diríais que esta “profecía” de Pablo nos aporta alguna ventaja para que entremos en la vida? Si todos seguimos esta palabra de Pablo para esperar la llegada del Señor, ¿se cumplirá entonces lo que dijo el Señor en Su profecía? “Pero a medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6). “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen” (Juan 10:27). ¿Cómo se cumplirá esta profecía? ¿Quién puede seguir buscando activamente y estudiando el camino verdadero, buscando las huellas de Dios y oyendo Su voz?

Al experimentar la obra de Dios Todopoderoso en los últimos días, todos nosotros vemos un hecho: que Dios, en efecto, ha formado un grupo de vencedores antes de la catástrofe. Ahora la catástrofe es inminente. Hay un período de unos treinta años desde la aparición y obra de Dios en los últimos días hasta la llegada de la catástrofe. Aunque no es muy largo este período, no es como dijo Pablo de que, en un abrir y cerrar de ojos, el hombre se transformará en santo. A la gente le parecen sobrenaturales las vagas palabras de Pablo, en las cuales no menciona la profecía del Señor Jesús acerca de oír la voz de Dios y ser arrebatados al banquete. Las profecías del Señor Jesús son especialmente prácticas, exactas y totalmente coherentes con los hechos. Comprendemos las profecías en cuanto se hacen realidad. Cuando Dios Todopoderoso se aparece y comienza a hablar y obrar, muchos oyen la voz de Dios y se vuelven hacia Dios Todopoderoso. El proceso por el que ellos experimentan el juicio y castigo de Dios cumple plenamente las profecías del Libro del Apocalipsis: “Bienaventurados los que están invitados a la cena de las bodas del Cordero” (Apocalipsis 19:9). Pero nunca se ha cumplido la “profecía” de Pablo. Además, Pablo no era profeta. Su supuesta “profecía” probablemente salió de las ideas y la imaginación humanas. Se están cumpliendo las profecías del Señor Jesús, mientras que las palabras de Pablo nunca se han hecho realidad. ¡Qué grande es la diferencia que hay entre ellas! Esta es la diferencia entre la palabra del hombre y la de Dios. Así pues, la palabra de Pablo no puede ser nuestro fundamento para entrar en el reino de los cielos. Me temo que si las personas religiosas siguen la palabra de Pablo, esperan que venga el Señor e inmediatamente transforme su imagen y las lleve al reino de los cielos, se convertirán en vírgenes insensatas a las que abandonará el Señor.

Todos nosotros lo vemos. Cuando se hacen realidad las profecías de la Biblia, la mayoría de los creyentes del Señor lo ven. Pero no tenemos modo de ver si se hacen realidad las palabras de Pablo. ¿Qué problema tenemos aquí? Basta con decir que la palabra de Pablo no fue en absoluto inspirada por Dios. En absoluto puede considerarse palabra de Dios. Todos vemos que se hacen realidad todas las declaraciones del Señor Jesús, ninguna de las cuales se incumple. ¿No es esto así? Dios Todopoderoso ha venido en los últimos días y expresado muchas verdades, las cuales se han recogido en La Palabra Manifestada En Carne. La Palabra Manifestada En Carne se ha publicado. Tras leer muchas palabras de Dios Todopoderoso, muchas ovejas buenas y líderes de diversas denominaciones y sectas descubren que la palabra de Dios Todopoderoso es la verdad y la voz de Dios, por lo que todas ellas siguen a Dios Todopoderoso. Estas son las vírgenes prudentes que son llevadas ante el trono de Dios antes de la catástrofe. Todas ellas asisten al banquete del Cordero. Esto cumple las profecías del Señor Jesús: “Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis soportar. Pero cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad […]” (Juan 16:12-13). “Pero a medianoche se oyó un clamor: ‘¡Aquí está el novio! Salid a recibirlo’” (Mateo 25:6). “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20). ¿Veis que se han cumplido plenamente las profecías del Señor Jesús? Toda palabra pronunciada por el Señor y toda palabra de Dios transmitida por los profetas se cumplirán sin excepción. No fallará. Como dijo el Señor Jesús: “El cielo y la tierra pasarán, mas mis palabras no pasarán” (Mateo 24:35). Luego mirad las palabras de Pablo; ¿qué parte de ellas se ha hecho realidad? En cuanto a si Dios inspiró las palabras pronunciadas por Pablo y si son o no la palabra de Dios, ¿no está ya todo claro? Si sólo seguimos la palabra de Pablo y esperamos obsesivamente que el Señor llegue sobre las nubes e inmediatamente transforme nuestra imagen, en vez de buscar y escuchar Su voz y sin buscar las huellas de la obra de Dios, ¿no creéis que somos las vírgenes insensatas? ¿Puede esta clase de personas encontrarse con el Señor y ser llevadas ante Dios?

Extracto del guion de la película de “El momento de la transformación”

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Siguiente: Pregunta 2: Con tantos años creyendo en el Señor, sentimos que si practicamos humildad, tolerancia y amor, y seguimos el ejemplo de Pablo trabajando y obrando para el Señor, estamos siguiendo Su camino, y seremos arrebatados al reino de los cielos cuando Él regrese. Sí. Como dijo Pablo: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día. […]” (2 Timoteo 4: 7-8). Dijeron que al creer en el Señor, debemos recibir la obra de juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días. Al recibir la purificación, seremos elogiados por Dios y entraremos al reino de los cielos. Tengo una pregunta: hace mucho que creemos en el Señor, y trabajamos para Él, ¿podemos entrar al reino de los cielos sin recibir la obra de juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días?

El fin de todas las cosas se está acercando, ¿quieres saber cómo el Señor recompensará el bien, castigará el mal y determinará el fin de cada uno? Bienvenido a contactarnos para descubrir la respuesta.

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