Despertar entre pruebas

7 Feb 2021

Por Yang Fan, China

Tras aceptar la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso, leí las palabras de Dios todos los días y me aboqué a predicar el evangelio y cumplir mi deber. No me detenía a pesar de nada. Luego me diagnosticaron hipertiroidismo leve, y el médico me dijo que debía descansar mucho. Pero pensé: “No ha sido fácil dar la bienvenida al regreso del Señor, y no puedo dejar que esta pequeña enfermedad interfiera con mi deber. Mientras siga cumpliendo mi deber, Dios me cuidará y me protegerá”.

Pasó más de un año, y mi enfermedad empeoraba cada vez más. Incluso me resultaba difícil tragar, por lo que fui a un control en el hospital. El médico me dijo que mi condición ahora era grave y que debía operarme enseguida. Dijo que, si no, mi enfermedad podría ser fatal. Estaba sorprendida. No sabía qué hacer. Nunca imaginé que esta enfermedad podía haber empeorado tanto. Aún no había cumplido los treinta años, y pensé: “Aún soy muy joven. ¿Y si no me puedo curar? Desde que empecé a creer en Dios, siempre cumplí mi deber con entusiasmo. Incluso renuncié a mi empleo. ¿Por qué Dios no me protege? ¿Cómo puede ser que esta enfermedad empeore?”. La tarde del día anterior a mi cirugía, pasé por otra sala del hospital. Un paciente había muerto, y sus familiares estaban llorando. Esto me asustó mucho. Sentí que la muerte también se me acercaba, e iban a operarme a la mañana siguiente. El médico había dicho que había mucho riesgo y que el resultado de la cirugía era difícil de predecir. Pensé: “¿Y si la cirugía no sale bien? He hecho muchos sacrificios en mi fe… ¿todo fue para nada?”. Volví a mi sala, me acosté en mi cama, y, cuanto más pensaba en eso, más me agitaba. Seguí apelando a Dios, le pedí que me protegiera, que me mantuviera en paz ante Él y que evitara que me sintiera limitada por lo que pasaba. Después de orar, pensé en este pasaje de las palabras de Dios: “¿Quién en toda la humanidad no recibe cuidados a los ojos del Todopoderoso? ¿Quién no vive en medio de la predestinación del Todopoderoso? ¿Acaso la vida y la muerte del hombre ocurren por su propia elección? ¿Controla el hombre su propio destino? Muchas personas piden la muerte a gritos, pero esta está lejos de ellas; muchas personas quieren ser fuertes en la vida y temen a la muerte, pero sin saberlo, el día de su fin se acerca, sumergiéndolas en el abismo de la muerte; muchas personas miran al cielo y suspiran profundamente; muchas personas lloran a mares, con lamentos y sollozos; muchas personas caen en medio de las pruebas y otras muchas se convierten en prisioneras de la tentación” (‘Capítulo 11’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me dieron fe. Dios tiene el destino de toda la humanidad en Sus manos, y las personas no pueden decidir sus destinos por sí mismas. Que la operación fuera exitosa o no y que yo sobreviviera o no, todo estaba en manos de Dios. Guiada por las palabras de Dios, ya no me sentía preocupada ni asustada. Estaba dispuesta a recurrir a Dios, confiarle mi cirugía y someterme a Su gobierno.

Esa noche, mientras todos los demás pacientes de la sala dormían, yo estaba acostada, incapaz de pegar un ojo. Me preguntaba cuál era la voluntad de Dios al permitir que sufriera esta enfermedad y qué lecciones debería aprender. Recordé un pasaje de las palabras de Dios: “Muchos creen en Mí solo para que pueda sanarlos. Muchos creen en Mí solo para que use Mis poderes para expulsar espíritus inmundos de sus cuerpos, y muchos creen en Mí simplemente para poder recibir de Mí paz y gozo. Muchos creen en Mí solo para exigir de Mí una mayor riqueza material. Muchos creen en Mí solo para pasar esta vida en paz y estar sanos y salvos en el mundo por venir. Muchos creen en Mí para evitar el sufrimiento del infierno y recibir las bendiciones del cielo. Muchos creen en Mí solo por una comodidad temporal, sin embargo no buscan obtener nada en el mundo venidero. Cuando hice descender Mi furia sobre el hombre y le quité todo el gozo y la paz que antes poseía, el hombre se volvió confuso. Cuando le di al hombre el sufrimiento del infierno y recuperé las bendiciones del cielo, la vergüenza del hombre se convirtió en ira. Cuando el hombre me pidió que lo sanara, Yo no le presté atención y sentí aborrecimiento hacia él; el hombre se alejó de Mí para en su lugar buscar el camino de la medicina maligna y la hechicería. Cuando le quité al hombre todo lo que me había exigido, todos desaparecieron sin dejar rastro. Así, digo que el hombre tiene fe en Mí porque doy demasiada gracia y tiene demasiado que ganar” (“Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos”).

Las palabras de Dios describían mi estado con exactitud. Creía en Dios para obtener gracia y bendiciones de Él a cambio; tenía fe en Dios solo por mi propio beneficio. Me di cuenta de que desde que el médico dijo que mi enfermedad había empeorado, había peleado con Dios en mi corazón, creía que, como había renunciado a cosas y me había esforzado por Dios, Él debería cuidarme y protegerme, y que yo no debería haber tenido una enfermedad tan grave. Estaba llena de malentendidos y quejas sobre Dios. Luego vi esa escena en la otra sala, con el paciente muerto, y me preocupé aún más por que mi cirugía fracasara. Sentía que todo a lo que había renunciado y todo mi esfuerzo en mi fe no me salvarían ni me harían entrar en el reino de Dios, y que no había ganado nada. Al contrastar las revelaciones de las palabras con los hechos, entendí que cumplía mi deber para obtener bendiciones y beneficios. Cuando Dios no me otorgó paz física y alegría, lo malinterpreté y lo culpé. ¡Eso no era fe en Dios! Solo hacía tratos con Dios. ¡Era muy egoísta y despreciable! ¿Cómo podía estar de acuerdo con la voluntad de Dios esa fe? Para salvarnos para siempre del campo de acción de Satanás, Dios en persona se hizo carne para realizar Su obra, para expresar la verdad a fin de purificar y salvar al hombre, para que pudiéramos estar libres de la influencia de Satanás, para que nuestro carácter de vida cambiara y pudiéramos ser salvados. Había disfrutado el riego y la provisión de muchas palabras de Dios. Pero cuando enfrenté una prueba, no busqué captar la voluntad de Dios ni pensé en cómo dar testimonio en medio de las pruebas para satisfacer a Dios, pero igual quería las bendiciones y la gracia de Dios. Empecé a quejarme cuando enfermé. Era muy rebelde, no tenía ni un ápice de consciencia o razón. No era apta para vivir ante Dios. Sin embargo, Dios no renunció a mí, sino que usó Sus palabras para esclarecerme y guiarme, para que pudiera entender Su voluntad y reconocer mi propia corrupción y deficiencias. Sentí el amor de Dios por mí y me sentí muy conmovida. Por eso, oré en silencio a Dios en mi corazón y le dije que quería aceptar y enfrentar la cirugía del día siguiente con un corazón obediente. A la mañana siguiente, cuando me llevaron al quirófano, Me sentía muy tranquila. Casi nueve horas después, la cirugía había terminado. Cuando desperté, el médico me dijo que la cirugía había sido un éxito. En silencio, agradecí a Dios en mi corazón; sabía que Dios me había cuidado y protegido todo el tiempo. Cuando salí del hospital, me recuperé muy rápido, y, poco después, estaba cumpliendo mi deber en la iglesia otra vez.

Pasaron dos años, y empecé a sentir palpitaciones después del mínimo esfuerzo, por lo que volví al hospital para un control. El médico dijo que mi hipertiroidismo había regresado y que la única forma de controlarlo era con un tratamiento conservador. Pensé: “Una vez fui puesta a prueba y fui refinada. No puedo permitirme creer en Dios solo para obtener bendiciones otra vez. Pase lo que pase con esta enfermedad, no culparé a Dios”. Durante ese tiempo, seguí cumpliendo mi deber mientras tomaba la medicación. Con el pasar de los años, mi salud siguió deteriorándose. No tenía nada de energía, tenía las piernas hinchadas y entumecidas, y la espalda me dolía tanto que no me podía para erguida. Subir un par de pisos por escalera me dejaba jadeando, y el corazón me latía tan fuerte que sentía que se me saldría del pecho. Sentía que podía colapsar en cualquier momento. Empecé a preocuparme: “Si esto empeora, ¿cómo cumpliré mi deber? Si no puedo cumplir mi deber, ¿Dios me elogiará, y obtendré un buen fin y destino? ¿Toda mi fe habrá sido para nada?”. Pero después pensé: “Debo seguir esforzándome por Dios, y Él me cuidará y me protegerá. Seguiré cumpliendo mi deber y preparando buenas obras hasta mi último aliento. Entonces tendré un buen destino”. Así soporté el dolor de esta enfermedad y seguí cumpliendo mi deber.

Un día, acababa de terminar el desayuno cuando mis encías empezaron a sangrar sin motivo. A la noche, seguían sangrando, por lo que fui rápido al hospital para un control. El médico me dijo que había desarrollado lupus eritematoso sistémico y nefritis lúpica. Dijo que estas condiciones eran difíciles de tratar y que tenían una alta tasa de mortalidad. Dijo que la comunidad médica no tenía forma de curarlas definitivamente, que mi estado era muy grave y que tal vez tenía menos de un mes de vida. Esto me dejó anonadada. Pensé: “Seguí cumpliendo mi deber mientras estaba enferma y también avancé en mi deber. ¿Cómo pude contraer esta enfermedad que es tan difícil de tratar y que implica que tal vez no viva un mes más? He creído en Dios por tantos años. Abandoné a mi familia y mi empleo para gastarme por Dios. ¿No lo hice todo para que Dios me elogiara, para entrar en Su reino y recibir Sus bendiciones? Ahora, sin embargo, no solo no he sido bendecida por Dios, además, moriré pronto. Siento mucho dolor ahora mismo”.

Esa noche, di vueltas en la cama, incapaz de dormir. No podía dejar de pensar en que tal vez no me quedara otro mes. Aún era joven, pero el viaje de mi vida estaba por terminar. Nunca habría pensado que tras creer en Dios tanto tiempo, iba a morir sin siquiera ver la belleza del reino. No podía aceptarlo. No pude evitar las lágrimas; sentía mucho dolor y me sentía muy débil. Oré a Dios: “Querido Dios, Tu voluntad está detrás de esta prueba que me sobrevino, y yo debería dar testimonio para satisfacerte. Pero me siento muy débil y no puedo aceptarlo ni someterme. Por favor, guíame para que entienda Tu voluntad”.

Después de orar, leí esto en las palabras de Dios. “En su creencia en Dios, lo que las personas buscan es obtener bendiciones para el futuro; este es el objetivo de su fe. Todo el mundo tiene esta intención y esta esperanza, pero la corrupción en su naturaleza debe resolverse por medio de pruebas. En los aspectos en los que no estás purificado, en esos aspectos debes ser refinado: este es el arreglo de Dios. Dios crea un entorno para ti y te fuerza a ser refinado en ese entorno para que puedas conocer tu propia corrupción. Finalmente, llegas a un punto en el que preferirías morir y renunciar a tus planes y deseos, y someterte a la soberanía y el arreglo de Dios. Por tanto, si las personas no pasan por varios años de refinamiento, si no soportan una cierta cantidad de sufrimiento, no serán capaces de deshacerse de la esclavitud de la corrupción de la carne en sus pensamientos y en su corazón. En aquellos aspectos en los que sigues sujeto a la esclavitud de Satanás y en los que todavía tienes tus propios deseos y tus propias exigencias, esos son los aspectos en los que debes sufrir. Solo a través del sufrimiento pueden aprenderse lecciones; es decir, puede obtenerse la verdad y comprenderse la voluntad de Dios. De hecho, muchas verdades se entienden al experimentar pruebas dolorosas. Nadie puede comprender la voluntad de Dios, reconocer la omnipotencia de Dios y Su sabiduría o apreciar el carácter justo de Dios cuando se encuentra en un entorno cómodo y fácil o cuando las circunstancias son favorables. ¡Eso sería imposible!” (‘Cómo debe uno satisfacer a Dios en medio de las pruebas’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). “¿Con base a qué vivían antes las personas? Todas ellas viven para sí mismas. Cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda; este es el resumen de la naturaleza humana. La gente cree en Dios para sí mismos; abandonan las cosas, se esfuerzan por Él y le son fieles, pero aun así, todo lo que hacen es para sí mismos. En resumen, su único propósito es ganarse bendiciones para sí mismos. En la sociedad, todo se hace para beneficio personal; se cree en Dios solamente para lograr bendiciones. La gente lo abandona todo y puede soportar mucho sufrimiento para obtener bendiciones. Todo esto es una prueba empírica de la naturaleza corrupta del hombre” (‘La diferencia entre los cambios externos y los cambios en el carácter’ en “Registros de las pláticas de Cristo”). Tras leer las palabras de Dios, me di cuenta de que hemos sido tan profundamente corrompidos por Satanás que el objetivo de nuestra fe se ha convertido en obtener bendiciones. Dios nos prueba y nos refina una y otra vez para cambiar nuestras opiniones equivocadas sobre la búsqueda y para permitirnos lograr el cambio en nuestro carácter de vida y someternos a Dios de verdad. Cuando empecé a creer en Dios, confundí a Dios con una cornucopia, un pozo de los deseos sin fondo. Pensé que por haber renunciado a cosas y haberme esforzado por Dios, Él me cuidaría y me protegería si yo enfermaba. Cuando descubrí que tenía lupus y que me quedaba menos de un mes de vida, mi deseo de bendiciones se destrozó, y empecé a pelear con Dios y a culparlo por ser injusto. Aunque había experimentado una prueba y sabía que no debía permitir que mi deseo de bendiciones motivara mi fe en Dios, cuando mi futuro y mi destino estuvieron involucrados, no pude evitar culpar a Dios y malinterpretarlo. Mi deseo de bendiciones era muy fuerte. Había vivido según el veneno de Satanás: “cada hombre por sí mismo y sálvese quien pueda”. Todo lo que hacía era por mi propio beneficio, incluso hice tratos con Dios e intenté usarlo mientras cumplía mi deber. ¿Acaso era eso cumplir mi deber de verdad? ¿No me rebelaba contra Dios y me resistía a Él? Pensé en que Pablo había trabajado para el Señor y cuánto había sufrido y se había esforzado. Después de trabajar un tiempo, empezó a considerar que este trabajo era su capital, absurdamente, quería que Dios lo recompensara y le diera una corona de justicia a cambio. Incluso proclamó, sin vergüenza: “He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor” (2 Timoteo 4:7-8). Pablo no buscaba la verdad, solo buscaba bendiciones; la senda que transitaba era la de la resistencia a Dios, y, al final, Dios lo castigó. Yo había creído en Dios durante años solo para obtener gracia y bendiciones a cambio. Cuando me sobrevino una prueba y un refinamiento que amenazaban mi vida, hice alboroto sin vergüenza y me opuse a Dios. ¿Eso no me hacía igual que Pablo? La esencia de Dios es justa y santa, y el reino no tolera que entren personas que no sean puras. ¿Cómo podía entrar al reino de Dios alguien como yo, tan llena de carácter corrupto y satánico? Sabía que, si continuaba así, ¡terminaría castigada en el infierno igual que Pablo! Luego, leí un pasaje de las palabras de Dios: “Frente al estado del hombre y la actitud de este hacia Dios, Él ha hecho una nueva obra permitiéndole al hombre poseer tanto el conocimiento de Dios como la obediencia hacia Él, y tanto el amor como el testimonio. Por tanto, el hombre debe experimentar el refinamiento que Dios realiza en él, así como Su juicio, trato y poda, sin los cuales el hombre nunca conocería a Dios y no podría amarlo realmente ni dar testimonio de Él. El refinamiento que Dios realiza en el hombre no es solo en aras de un efecto unilateral sino de un efecto polifacético. Solo de esta manera Dios hace la obra de refinamiento en los que están dispuestos a buscar la verdad, con el fin de perfeccionar su determinación y su amor. A los que están dispuestos a buscar la verdad, que anhelan a Dios, nada les es más significativo o de mayor ayuda que un refinamiento como este. El hombre no conoce ni entiende fácilmente el carácter de Dios, porque Dios, a fin de cuentas, es Dios. En última instancia, es imposible que Dios tenga el mismo carácter que el hombre y por eso al hombre no le es fácil conocer Su carácter. El hombre no posee por naturaleza la verdad y aquellos a los que Satanás ha corrompido no la pueden entender con facilidad; el hombre está privado de la verdad y de la determinación de ponerla en práctica y, si no sufre y no es refinado ni juzgado, entonces su determinación nunca será hecha perfecta. Para todas las personas, el refinamiento es penosísimo y muy difícil de aceptar, sin embargo, es durante el refinamiento cuando Dios deja claro el carácter justo que tiene hacia el hombre y hace público lo que le exige y le provee mayor esclarecimiento, además de una poda y un trato más reales. Por medio de la comparación entre los hechos y la verdad, le da al hombre un mayor conocimiento de sí mismo y de la verdad y le otorga una mayor comprensión de la voluntad de Dios, permitiéndole así tener un amor más sincero y puro por Dios. Esas son las metas que tiene Dios cuando lleva a cabo el refinamiento. Toda la obra que Dios realiza en el hombre tiene sus propias metas y significados; Él no obra sin sentido ni tampoco hace una obra que no sea beneficiosa para el hombre. El refinamiento no implica quitar a las personas de delante de Dios ni tampoco destruirlas en el infierno. En cambio, consiste en cambiar el carácter del hombre durante el refinamiento, cambiar sus intenciones y sus antiguos puntos de vista, cambiar su amor por Dios y toda su vida. El refinamiento es una prueba real del hombre y un tipo de formación real; solo durante el refinamiento puede el amor del hombre cumplir su función inherente” (‘Solo experimentando el refinamiento puede el hombre poseer el verdadero amor’ en “La Palabra manifestada en carne”). Mientas meditaba sobre las palabras de Dios, entendí que la obra de refinamiento que hace Dios siempre tiene significado. Dios usa las pruebas para purificarnos y cambiarnos, para que comprendamos mejor nuestro carácter corrupto y podamos someternos a Dios de verdad a fin de que podamos ser perfeccionados y ganados por Dios. Estaba muy enferma otra vez, y mi vida estaba amenazada. Dios me refinaba a través de la enfermedad para corregir mis opiniones equivocadas sobre la búsqueda para que mi carácter corrupto fuera purificado y cambiado y para que pudiera someterme de verdad ante Dios y amarlo de verdad. Todo lo que Dios hacía en mí era amor y salvación, y los minuciosos esfuerzos que Él realizaba estaban detrás de todo. Este pensamiento me conmovió mucho, y empecé a sentir autorreproche y remordimiento por mi propia rebeldía. Oré en silencio, arrepintiéndome ante Dios, deseosa de ponerme por completo en Sus manos. Más allá de que viviera o muriera, solo quería someterme a las reglas y los arreglos de Dios.

Una mañana, leí este pasaje de las palabras de Dios: “¿Cómo debe el hombre amar a Dios durante el refinamiento? Usando la determinación de amar a Dios para aceptar Su refinamiento: durante este, en tu interior estás atormentado, como si te estuvieran retorciendo un cuchillo en el corazón, sin embargo, estás dispuesto a satisfacer a Dios usando tu corazón, que lo ama, y no estás dispuesto a preocuparte por la carne. Esto es lo que significa practicar el amor por Dios. Te duele por dentro y tu sufrimiento ha alcanzado cierto punto, sin embargo sigues dispuesto a presentarte ante Dios y orar, diciendo: ‘¡Oh, Dios! No te puedo dejar. Aunque en mi interior hay oscuridad, quiero satisfacerte; Tú conoces mi corazón y me gustaría que forjaras más de Tu amor en mí’. Esta es la práctica durante el refinamiento. Si usas el amor por Dios como el fundamento, el refinamiento te puede llevar más cerca de Dios y puede hacer que tengas más intimidad con Él. Como crees en Dios, debes entregar tu corazón ante Dios. Si ofreces y pones tu corazón ante Dios, entonces durante el refinamiento va a ser imposible que niegues o dejes a Dios. De esta manera, tu relación con Él se volverá todavía más cercana y normal y tu comunión con Dios se hará aún más frecuente. Si siempre practicas de esta manera, entonces vas a pasar más tiempo a la luz de Dios y bajo la guía de Sus palabras. También habrá cada vez más cambios en tu carácter y tu conocimiento aumentará día tras día” (‘Solo experimentando el refinamiento puede el hombre poseer el verdadero amor’ en “La Palabra manifestada en carne”). Las palabras de Dios me dieron una senda de práctica. Aunque nuestra carne puede sufrir en las pruebas, si podemos abandonar nuestra carne y someternos a las orquestaciones y arreglos de Dios, orar a Dios y buscar Su voluntad, podemos ganar Su guía y comprender la verdad, nuestro carácter corrupto cambiará de modo gradual, y llegaremos a conocer a Dios. Pensé en la oración de Pedro a Dios durante su refinamiento: “Incluso si muriese después de conocerte, ¿cómo podría no hacerlo gustoso y feliz?” (‘Capítulo 6’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”). Pensé: “Tal vez no tenga la estatura de Pedro, pero igual puedo intentar emularlo. Puedo buscar conocer a Dios y ganar la verdad mientras experimento las pruebas y el refinamiento, entregarme por completo a las manos de Dios y someterme a Sus reglas y arreglos”. Cuando lo pensé así, ya no me sentí limitada por mi enfermedad ni por la muerte. Después, continué con mi tratamiento como siempre. Oraba a Dios y leía Sus palabras todos los días, y sentía que mi corazón se acercaba más a Dios. Surgió en mí una sensación suprema de paz. Después de dos semanas, mi enfermedad estaba bajo control, y mi salud empezó a mejorar lentamente. Mi tez también empezó a verse mejor que antes. Empecé a cumplir mi deber en la iglesia después de eso y me sentía tranquila todos los días.

Unos seis meses después, fui al hospital a un control y descubrí que todos los indicadores de mi enfermedad habían vuelto a la normalidad. Asombrado, mi médico dijo: “Nunca esperé que, tras haber estado tan grave, ¡se recuperara tan rápido en solo seis meses! No se ve para nada enferma. ¡Es increíble!”. Al oír al médico decir eso, ofrecí mi sincero agradecimiento y alabanza a Dios; sabía que esto había sido obra de la omnipotencia de Dios y Su soberanía y ¡podía sentir Su amor y Su salvación hacia mí!

A través de esta prueba de la enfermedad, aunque experimenté dolor y enfermedad, con la guía de las palabras de Dios, llegué a entender el significado detrás de la obra de Dios de pruebas y refinamiento. También llegué a entender un poco sobre la voluntad de Dios de salvar al hombre, y los motivos y opiniones equivocados que tenía en mi fe fueron remediados. Desde el fondo de mi corazón, ¡siento lo maravilloso que es atravesar tales pruebas y tal refinamiento! ¡Agradezco a Dios por darme tesoros tan valiosos en la vida!

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