Una “paloma mensajera” trae noticias críticas

12 Dic 2019

Por Su Jie, China

Un día de 1999, tras haber concluido una reunión, el pastor se acercó a mí y me dijo: “Su Jie, aquí hay una carta para ti”. En cuanto la vi, supe que procedía de una iglesia que yo había establecido en Shandong. Agarré la carta y, mientras caminaba de camino a casa, me pregunté: “Esta carta es muy gruesa, ¿habrán tenido que enfrentarse a dificultades?”.

Tras llegar a casa, estaba ansiosa por abrir la carta, que decía: “Hermana Su, ¡que la paz del Señor sea contigo! Te escribo para contarte algunas noticias increíbles: nuestro Salvador, el Señor Jesús, a quien tanto hemos anhelado día y noche, ha regresado. Ya ha regresado a la carne y está haciendo la etapa de la obra del juicio y de la purificación de las personas por medio de Sus palabras en China; Él ha concluido la Era de la Gracia y ha comenzado la Era del Reino… Espero que aceptes la nueva obra de Dios y que sigas Sus pasos. Hagas lo que hagas, no pierdas esta oportunidad de la salvación de Dios de los últimos días”. Cuando llegué a este punto, sentí una sensación que me conmocionó: en realidad, no se habían enfrentado a ninguna dificultad, ¡sino que creían en el Relámpago Oriental! Estaba ansiosa por conocer quién había escrito esta carta, así que me fui rápidamente hasta la última página. El escritor de la carta resultó ser el hermano Meng y, al final del escrito, podían verse las firmas de todos los demás hermanos y hermanas de la iglesia. Tras leer toda la carta, me quedé atónita y mirándola con la mirada perdida durante un momento antes de recuperarme y pensar para mis adentros: “El Relámpago Oriental declara que el Señor ha regresado, y ha seducido a un gran número de ovejas buenas y líderes de diversas denominaciones. Nunca creí que el hermano Meng de la iglesia de Shandong también pudiera creer en el Relámpago Oriental. Todos los hermanos y todas las hermanas de esta iglesia han sido seducidos por el Relámpago Oriental. ¿Qué se puede hacer?”. Cuando tuve este pensamiento tuve una sensación de urgencia incluso mayor, pero Shandong estaba muy lejos para viajar hasta allí y yo estaba aquí amarrada por mi trabajo. No podía ir inmediatamente. Me sentía impotente y no podía más que llorar y orar al Señor: “¡Señor! Esos hermanos y esas hermanas no han creído en Ti durante mucho tiempo y todavía no tienen un fundamento estable. Por favor, cuida de ellos…”.

Después de eso, escudriñé la Biblia y tomé un papel y un bolígrafo para escribirles la primera carta de respuesta, en la que les decía: “Hermanos y hermanas, en Jesucristo, les aconsejo muy respetuosamente que sean precavidos. Pablo dijo: ‘Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente; que en realidad no es otro evangelio, solo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo. Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciara otro evangelio contrario al que os hemos anunciado, sea anatema. Como hemos dicho antes, también repito ahora: Si alguno os anuncia un evangelio contrario al que recibisteis, sea anatema’ (Gálatas 1:6-9). Hermanos y hermanas, llevarles ante el Señor no fue tarea fácil; ¿cómo pudieron traicionar al Señor tan rápido? Tienen una estatura demasiado pequeña; ¡no sean displicentes y presten atención a otros caminos! Deben escucharme porque lo que compartí con ustedes es el camino verdadero. Solo el Señor Jesucristo es nuestro Salvador. Deben defender esto siempre…”. No me sentí tranquila hasta que terminé de escribir y ver las ocho páginas de mi carta. Entonces pensé: “He escrito todo lo que debía escribir, he consultado todas las escrituras que debía consultar y he escrito todas las palabras de consejo y de aliento que debía escribir. Creo que después de que lean esto, sin duda responderán y reconocerán su error”.

Dos semanas después, recibí esta respuesta: “Hermana Su, no podemos dejar de hablar de todo lo que hemos visto y oído porque Dios Todopoderoso, en el que creemos, es el Señor Jesús retornado. Defendemos el camino verdadero y avanzamos por él; no hemos traicionado al Señor ni remotamente, sino que seguimos Sus pasos. Mencionaste estas palabras de Pablo: ‘Me maravillo de que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente; que en realidad no es otro evangelio, solo que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo’ (Gálatas 1:6-7). Hay una base para lo que dijo Pablo. Solo tenemos que estudiar la Biblia para saber que ese “otro evangelio” del que hablaba Pablo se refería entonces a los fariseos que pedían que la gente cumpliera la ley de Jehová; no se refería a la gente de los últimos días que difunden el evangelio del reino dando testimonio de que el Señor ha regresado en la carne y que está haciendo Su obra del juicio empezando por la casa de Dios. Cuando Pablo escribió esta carta a las iglesias gálatas, no había ni una persona difundiendo el evangelio del reino de Dios. Por lo tanto, ese “otro evangelio” del que Pablo habló no se refiere al Señor que regresa y que hace Su obra del juicio de los últimos días empezando por la casa de Dios. Esta etapa de la obra del juicio que el Señor ha regresado para hacer cumple esta profecía del Libro del Apocalipsis: ‘Y vi volar en medio del cielo a otro ángel que tenía un evangelio eterno para anunciarlo a los que moran en la tierra, y a toda nación, tribu, lengua y pueblo, diciendo a gran voz: Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado’ (Apocalipsis 14:6-7). Aquí, “evangelio eterno” se refiere al evangelio del reino. Además, esta última salvación ya la reveló hace mucho tiempo el Espíritu Santo a los discípulos del Señor Jesús. Tal como dijo Pedro: ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’ (1 Pedro 4:17). ‘Que sois protegidos por el poder de Dios mediante la fe, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo’ (1 Pedro 1:5). Hermana Su, ¿acaso no es el retorno del Señor lo que anhelamos como creyentes? Ahora, el Señor ya ha regresado; debemos ser buscadores humildes. Definitivamente, no podemos ser como los fariseos en el trato que tuvieron con el Señor Jesús, la primera encarnación de Dios, usando ciegamente su conocimiento de la Biblia y sus nociones e imaginaciones para delimitar la nueva obra de Dios, condenando y resistiéndose al Señor porque el Señor Jesús no obedecía la ley, y luego crucificándolo. Los fariseos solo creían en Jehová Dios, pero no aceptaban la encarnación de Jehová Dios, la obra del Señor Jesús, y, al final, fueron condenados y maldecidos por el Señor. ¿Acaso no es esta sangrienta lección digna de nuestra reflexión? Nadie puede negar que el Señor Jesús es nuestro Salvador. Sin embargo, si solo aceptamos al Señor Jesús, pero no aceptamos el retorno del Señor, ¿acaso no somos iguales que los fariseos? ¿No nos habríamos convertido entonces en personas que creen en Dios, pero se resisten a Él? Además, hermana Su, no podemos hacer lo que dices solo porque nos hayas predicado el evangelio del Señor. En lo que creemos es en Dios. Pedro y los otros apóstoles dijeron una vez: ‘Debemos obedecer a Dios antes que a los hombres’ (Hechos 5:29). Y, en asuntos relacionados con la venida del Señor, particularmente no podemos escuchar a otros seres humanos. Ya hemos decidido que la palabra de Dios Todopoderoso es la voz de Dios. Esperamos que tú también la examines”.

Mientras leía la carta, me sentí indignada y para nada convencida. Agarré mi libro bíblico de referencia y fui a la página de la introducción del Libro de Gálatas. Lo leí atentamente y me quedé sorprendida: ¡era totalmente cierto! El “otro evangelio” del que habló Pablo se refería en realidad a los fariseos que hacían que la gente siguiera la ley de Jehová; efectivamente, no se refería a la obra del juicio del Señor empezando por la casa de Dios tras Su retorno. ¿Cómo es posible que no me haya dado nunca cuenta durante todos estos años de que ese era el contexto de ese versículo? No me extrañaba que se mostraran poco convencidos. Pero entonces se me vino a la mente otro pensamiento: incluso si estaba equivocada en lo que decía, eso sigue sin poder probar que el Señor ha regresado tal como predican. Volví a leer la carta de principio a fin y, cuanto más la leía, más me enojaba, y pensé: “Nunca pensé que, llevando yo tan poco tiempo fuera, tuvieran la audacia de hablarme con semejante tono e incluso atreverse a llamarme farisea. Soy la que más odia a los fariseos. ¿Cómo era posible que pudiera resistirme al Señor de la forma como lo hicieron los fariseos? He trabajado mucho durante muchos años, afanándome día y noche por los creyentes. ¿Cómo podían no verlo?”. Cuanto más pensaba en ello, más disgustada me sentía, y pensé: “¡No! ¿Cómo me pueden contradecir un puñado de creyentes que no tienen ninguna experiencia? He leído la Biblia tantas veces… ¡No puedo perder este debate!”.

Así que, saqué de nuevo el bolígrafo y les escribí una segunda carta en la que les decía: “Hermanos y hermanas, ¡que la paz del Señor sea con ustedes! La carta que me enviaron me disgustó mucho. No les pido que hagan como digo; de verdad, han malinterpretado mis intenciones. Me temo que se están alejando del camino del Señor Jesús porque Él dijo: ‘Entonces si alguno os dice: «Mirad, aquí está el Cristo», o «Allí está», no le creáis. Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los escogidos’ (Mateo 24:23-24). Pablo también dijo: ‘Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con Él, os rogamos, hermanos, que no seáis sacudidos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado. Que nadie os engañe en ninguna manera’ (2 Tesalonicenses 2:1-3). Queridos hermanos y hermanas, en el nombre del Señor Jesús, les advierto que habrá días peligrosos acechando por delante en los últimos días y que no deben creer a nadie que predique la venida del Señor. ¡Tenemos que ser extremadamente cautos y tener siempre en mente las palabras del Señor, para no tomar la senda equivocada y disgustar al Señor!”.

Dos semanas más tarde recibí otra carta de ellos en la que decían: “Hermana Su, las escrituras que buscaste para nosotros no son erróneas, pero debemos tener claro el significado verdadero que el Señor Jesús dio a esas palabras y no malinterpretar la voluntad del Señor. El Señor Jesús nos dijo claramente que aparecerían falsos Cristos cuando el Señor viniera en los últimos días, y que los falsos Cristos se hacen pasar por Él usando el nombre del Señor, haciendo milagros para engañar a la gente. Con esto, el Señor nos está diciendo que practiquemos el discernimiento; Él no está diciendo que todos los que predican la venida del Señor sean falsos. Si, como tú dices, todos los que predican la venida del Señor son falsos y debemos protegernos de ellos y rechazarlos, ¿acaso no sería muy probable que cerráramos la puerta al Señor Jesús que ha regresado en la carne? Nosotros decimos esto porque el Señor dijo que volvería. Obviamente, ese tipo de perspectiva no está en línea con la voluntad del Señor. En cuanto a cómo distinguir entre el Cristo verdadero y los falsos Cristos, hemos transcrito un pasaje de las palabras de Dios Todopoderoso para ti con la esperanza de que te fijes bien. Dios Todopoderoso dijo: ‘Si durante la época actual emerge una persona capaz de exhibir señales y maravillas, echar fuera demonios, sanar a los enfermos y llevar a cabo muchos milagros, y si esta persona declara ser Jesús que ha venido, sería la falsificación por parte de espíritus malos y su imitación de Jesús. ¡Recuerda esto! Dios no repite la misma obra. La etapa de la obra de Jesús ya ha sido completada, y Dios nunca más la acometerá’ (‘Conocer la obra de Dios hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”). Es imposible que la obra de Dios no cambie nunca. La obra de Dios es siempre nueva, nunca es antigua y nunca se repite. Así como en la Era de la Ley y en la Era de la Gracia la obra de Dios fueron dos etapas de obra diferentes, en los últimos días, Dios ya ha realizado una etapa de la obra del juicio y de purificación de las personas por medio de Sus palabras según las necesidades de la humanidad. Esta es una etapa de profunda purificación y salvación de las personas. Es más nueva, más noble y más práctica que la obra anterior. Desde cada etapa de la obra de Dios, podemos ver las verdades que Él expresa, así como la sabiduría, la autoridad y el poder de Su obra. Sin embargo, los falsos Cristos están poseídos por espíritus malvados y no poseen la esencia de Dios. Están totalmente desprovistos de la verdad y, así, no pueden expresar verdades, ni tampoco pueden expresar la omnipotencia, la sabiduría y el carácter de Dios. Está claro que los falsos Cristos no pueden hacer la obra de Dios en absoluto, sino que solo pueden imitar obra que el Señor Jesús ya haya hecho antes, como curar a los enfermos, expulsar demonios y hacer algunos milagros ordinarios para hacerse pasar por Cristo con el intento de engañar a la gente. Hermana, necesitamos un entendimiento puro de las palabras del Señor; no podemos malinterpretar Su voluntad, y mucho menos tirar piedras sobre nuestro propio tejado porque en los últimos días aparezcan falsos Cristos. No podemos no estudiar la obra del regreso del Señor…”.

Aunque todas las enseñanzas que los hermanos y las hermanas me decían en la carta tenían fundamento, yo no tenía ni la más mínima intención de investigar o reflexionar más al respecto. Solo me importaba si aceptaban o no las escrituras que yo les había mandado y si se volvían de nuevo al Señor. Seguí pensando en esos dos debates por carta y vi que no estaban convencidos ni lo más mínimo. Al contrario: había permitido que me acorralaran tanto que me dio vergüenza. Me apresuré a orar al Señor y luego tomé la Biblia y todos mis libros espirituales y los puse encima de mi cama. Luego seguí hojeándolos; quería encontrar una base para rebatir sus argumentos. La habitación estaba totalmente en silencio, salvo por el sonido que hacían las páginas cuando las pasaba. Sin darme cuenta, se hizo de noche y todavía no había encontrado nada. Estaba tan cansada que suspiré profundamente y pensé: “En realidad, responder a esa carta no es nada fácil”. Lo único que pude hacer fue tomar papel y el bolígrafo y ponerme a escribir: “Hermanos y hermanas, la carta que me mandaron me dejó con la sensación de que ya no son los amorosos corderitos que fueron alguna vez. Ni siquiera me escuchan, insisten en apartarse del camino del Señor y muestran tanta oposición a mí. Creo que su comportamiento entristece al Señor, igual que a mí. Que el Señor Jesús los conmueva y que esta carta les permita volver pronto. ¡Amén!”.

Una “paloma mensajera” trae noticias críticas

Un par de semanas después, recibí otra respuesta de ellos, pero, para decepción mía, no habían vuelto por mi amor y mi aliento. Al contrario, dijeron de una forma severa y categórica: “Hermana Su, nos has convertido, es verdad, pero quien debemos dar las gracias por esto es al Señor, porque fue Dios quien hizo que nosotros, unas ovejas perdidas y descarriadas, nos convirtiéramos en un rebaño gracias a tu ayuda. Fuiste simplemente una sierva que cuidaba del rebaño, pero solo el Señor Jesús es nuestro verdadero pastor. Tal como dijo el Señor Jesús: ‘Yo soy el buen pastor, y conozco mis ovejas y las mías me conocen’ (Juan 10:14). El Señor confía ovejas a todas las personas que trabajan para Él. La responsabilidad de esa persona es cuidar de las ovejas y, cuando regrese el Señor, debe devolverle a Él Su rebaño. Hermana Su, todos conocemos la parábola de los labradores malvados de la que el Señor Jesús habló en la Biblia. Con la finalidad de ocupar la tierra por la fuerza, los labradores atacaban a los siervos que iban para recibir los frutos de la viña y, cuando el dueño envió a su hijo, los labradores lo mataron para ocupar la tierra. Cuando el dueño regrese, ¿cómo se ocupará de esos malvados labradores? No debemos ser como ellos. El Señor ya ha regresado, y debemos entregarle de nuevo Sus ovejas. Este es el razonamiento que debemos tener”.

Esta carta me dejó realmente desconcertada, y pensé: “¿Cómo pueden obtener tanto entendimiento en un abrir y cerrar de ojos? Solo han pasado dos años desde que fui a Shandong y establecí esa iglesia. Cuando me fui, su fe aún era incipiente. Nunca pensé que, tan solo algunos meses después de aceptar al Relámpago Oriental, sus palabras contuvieran tanta fuerza, o que fueran capaces de encontrar unos pasajes bíblicos tan perfectos como para dejarme sin argumentos, que pudieran dejarme sin palabras para replicarles”. En ese momento, sentí una amarga decepción y pensé que la determinación de esos hermanos y esas hermanas de seguir al Relámpago Oriental se había vuelto inquebrantable, que no tenían planes de regresar. Sabía que no sería capaz de persuadirlos para que regresaran. Como me sentía completamente débil y floja, les envié de mala gana una cuarta carta en la que les decía: “Hagan lo que quieran. Tal como está escrito en la Biblia, desde la antigüedad, lo que viene de Dios prosperará y lo que viene del hombre será derrotado. No vuelvan a escribirme. Espero que puedan aferrarse a su fe y amor por Jesucristo”.

Tras rechazar la obra de Dios de los últimos días que los hermanos y las hermanas de Shandong habían compartido conmigo, mi espíritu se oscureció y se debilitó, y había empeorado mi estado general. Aunque solía ayunar, orar y reflexionar sobre cómo podría haber pecado contra el Señor, nunca lograba comprender la voluntad del Señor y, simplemente, no podía sentir Su presencia. Fue en esta época que los pastores y los ancianos hicieron falsas acusaciones en mi contra para competir por el dinero de las ofrendas, y consiguieron echarme de la iglesia. Me sentía increíblemente destrozada y no sabía a dónde ir. Solía ir a la orilla del río y cantar el himno “Señor, eres mi más íntimo amigo” mientras lloraba. Ansiaba que el Señor regresara pronto para que pudiera rescatarme de mis aflicciones.

Un día, seis meses después, mientras estaba haciendo el almuerzo, oí que mi suegra me llamaba desde el otro lado de la puerta principal. Tras abrirla, vi a una esbelta muchacha de rasgos delicados de pie detrás de mi suegra, quien dijo: “Esta joven hermana ha venido a verte. Tenía una dirección pero no lograba encontrarte, así que fue a la iglesia. Dijo que tenía que verte urgentemente, así que la traje corriendo”. Evalué detenidamente a esta hermana y pensé: “¿Por qué, al parecer, no la conozco?”. Al verme, ella vino hacia mí, me tomó la mano y dijo emocionada: “Así que, tú eres la hermana Su. ¡Al fin te encontré!”. Estupefacta por como actuaba, la miré sorprendida y le pregunté: “¿Quién eres? Creo que no nos hemos visto antes, ¿no?”, a lo que respondió entusiasmada: “Hermana, mi apellido es Wang. Estoy aquí por el hermano Meng y la hermana Zhao de Shandong. El hermano Meng y los demás escribieron una carta a la Iglesia de Dios Todopoderoso de aquí y nos pidieron que halláramos la forma de encontrarte pasara lo que pasara. Nos confiaron la tarea de compartir contigo el evangelio del reino de Dios porque ellos están demasiado atareados y en realidad no tenían tiempo para venir ellos mismos en persona. No tengo ni idea de por cuántas manos ha pasado esta carta, pero ha estado circulando un poco antes de llegar a nosotros. Me he pasado muchas veces a preguntar por ti. Encontrarte no ha sido fácil”. Cuando llegó a ese punto, la joven hermana se quedó sin habla y me puso la carta en las manos, la cual tomé y leí: “La hermana Su es una creyente de verdad. Por favor, tienes que encontrarla y compartir con ella el evangelio del reino de Dios…”. Al leer esas palabras, se me alegró el corazón y no podía contener las lágrimas. Emocionada, mi suegra dijo: “¡Esto es realmente gracias al Señor! ¡Este es realmente el amor del Señor!”. Al mirar a esa joven, sincera y amable hermana, reflexioné sobre las emotivas y sentidas palabras de esa carta y pude percibir la urgencia que los hermanos y las hermanas tuvieron por compartir conmigo el evangelio del retorno del Señor. Desde lo más profundo de mi alma, mi intuición me decía que ese amor provenía que Dios. Solo Él atesora de esta forma a todas y a cada una de las almas y se preocupa profundamente por todas las personas que creen verdaderamente en Él. Y, por lo tanto, decidí que esa vez investigaría y estudiaría la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Ya no podía negarme, y le dije con gran entusiasmo: “Hermana, entra y siéntate”. Ella afirmó con la cabeza y los ojos aún le brillaban por las lágrimas.

Comimos un poco y luego llamé a mi compañera de trabajo, a la hermana Zhang, para que también viniera. Mi esposo, que se enteró de que íbamos a reunirnos para hablar, también se pidió el día libre. La joven hermana preguntó cariñosamente: “Hermana, en la carta del hermano Meng, decían que te habían escrito varias cartas sobre la obra de Dios de los últimos días, pero que tú no la aceptaste. Me pregunto qué opinas de esto. Hermana, si tienes dificultades, por favor, cuéntamelas; podemos hablar e investigar juntas”. Yo le respondí: “Ya que preguntas, me sinceraré y te lo contaré. Tenía miedo de caer en las manos de los falsos Cristos que aparecen en los últimos días y, por lo tanto, consideraba que todos los que predicaban la venida del Señor eran falsos, así que nunca examiné la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días. Más tarde, reflexioné sobre lo que el hermano Meng y los demás habían dicho en las cartas, y pensé que todo tenía sentido. Rechazar ciegamente cualquier evangelio del retorno del Señor debido a la aparición de falsos Cristos en los últimos días era tirar piedras sobre nuestro propio tejado. Sin embargo, si queremos dar la bienvenida al retorno del Señor, no podemos no discernir entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos. Puesto que estás aquí, por favor, háblanos de esto”. La hermana Zhang, mi esposo y mi suegra también asintieron con la cabeza.

La hermana nos leyó entonces un pasaje de las palabras de Dios en el que Dios Todopoderoso dice: “Investigar algo así no es difícil, pero requiere que cada uno de nosotros conozca esta verdad: Aquel que es la encarnación de Dios tendrá Su esencia, y Aquel que es la encarnación de Dios tendrá Su expresión. Haciéndose carne, Dios traerá la obra que debe hacer, y haciéndose carne expresará lo que Él es; será, asimismo, capaz de traer la verdad al hombre, de concederle la vida, y de mostrarle el camino. La carne que no contiene la esencia de Dios seguramente no es el Dios encarnado; de esto no hay duda. Para investigar si es la carne encarnada de Dios, el hombre debe determinarlo a partir del carácter que Él expresa y de las palabras que Él habla. Es decir, si es o no la carne encarnada de Dios, y si es o no el camino verdadero, debe discernirse a partir de Su esencia. Y así, para determinar[a] si es o no la carne de Dios encarnado, la clave está en prestar atención a Su esencia (Su obra, Sus palabras, Su carácter, y mucho más), en lugar de fijarse en Su apariencia exterior. Si el hombre sólo ve Su apariencia exterior, y pasa por alto Su esencia, demostrará la ignorancia y la ingenuidad del hombre” (‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”). Tras leer las palabras de Dios, esta joven hermana dijo: “A partir de las palabras de Dios Todopoderoso, podemos ver que la clave para discernir entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos es fijarnos en su esencia. Esto se puede discernir a partir de sus obras, sus palabras y su carácter. El Señor Jesús dijo una vez: ‘Yo soy el camino, y la verdad, y la vida’ (Juan 14:6). Claramente, puesto que Él era Dios en la carne, Él podía expresar la verdad y hacer la propia obra de Dios; también podía expresar el carácter propio de Dios y lo que Él tiene y es. Al igual que en la Era de la Gracia, el Señor Jesús expresó muchas verdades, expresó un carácter principalmente de misericordia y de amor, y completó la obra de la redención de toda la humanidad. A partir de la obra y de las palabras del Señor Jesús, así como a partir del carácter que expresó, podemos estar seguros de que Jesucristo era la verdad, el camino y la vida; que Él era Dios mismo encarnado. Ahora, Dios Todopoderoso ha venido y ha expresado todas las verdades para purificar y salvar a la humanidad; Él ha hecho la obra de los últimos días de juzgar y castigar a las personas. Las palabras de Dios Todopoderoso revelan la verdad de la corrupción de la humanidad por parte de Satanás y la naturaleza y la esencia del hombre. Nos dicen todos los aspectos de la verdad como, por ejemplo, qué es la obtención de la salvación, qué es la transformación de carácter y cuál es la senda para conseguirla, así como cuál es el futuro destino de la humanidad y cuál será el final para todos los tipos de personas. Sus palabras también revelan los misterios del plan de gestión de seis mil años de Dios y las encarnaciones, además de expresar el carácter inherente de Dios, Su esencia y lo que Él tiene y es. Siempre y cuando leamos diligentemente las palabras de Dios, podremos ver que las palabras expresadas por Dios Todopoderoso son la voz del Espíritu de la verdad, el camino del juicio en los últimos días. La obra de Dios Todopoderoso de los últimos días ha cumplido profecías de la Biblia tales como: ‘Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios’ (1 Pedro 4:17). ‘Cuando Él, el Espíritu de verdad, venga, os guiará a toda la verdad’ (Juan 16:13). y ‘El que me rechaza y no recibe mis palabras, tiene quien lo juzgue; la palabra que he hablado, esa lo juzgará en el día final’ (Juan 12:48). Las verdades que Dios Todopoderoso ha expresado, la obra del juicio, del castigo y de la purificación de las personas que Él ha hecho y el carácter caracterizado por la justicia que Dios Todopoderoso ha expresado confirman plenamente que Dios Todopoderoso es la manifestación de Cristo de los últimos días. Pero, por el contrario, los falsos Cristos no poseen la esencia de Dios. La mayoría de ellos están poseídos por espíritus malvados o son demonios extremadamente arrogantes y espíritus malvados completamente desprovistos de razón. No pueden ni expresar verdades para proveer sustento a las personas ni tampoco llevar a cabo la obra del juicio para purificarlas. Solo pueden engañar a las personas necias, ignorantes y confundidas que quieren llenarse la barriga con plan para escapar del hambre mostrándoles señales y prodigios simples. Por lo tanto, para nosotros es muy fácil discernir entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos mediante este único principio: Cristo es la verdad, el camino y la vida. Esto está totalmente en línea con la voluntad de Dios”.

Mientras escuchaba lo que decía la hermana, no paraba de darle vueltas a esto en mi cabeza: “He creído en el Señor todos estos años, pero nunca he oído este tipo de comunicación. Ahora, las palabras de Dios Todopoderoso hablan de discernir entre el verdadero Cristo y los falsos Cristos de manera tan minuciosa; parece como si las palabras de Dios Todopoderoso pudieran ser realmente la voz del Espíritu Santo. ¡Oh, Señor! Siempre he esperado ansiosamente Tu retorno, pero estos últimos años solo me he centrado en protegerme de los falsos Cristos y casi no tenía corazón para investigar. Nunca he investigado acerca de Tu retorno para hacer la obra del juicio en los últimos días como da testimonio la Iglesia de Dios Todopoderoso, sino que solo me he resistido ciegamente y la he condenado. Señor, ¿de verdad Te he rechazado?”. Este pensamiento hizo que se me acelerara el corazón; tuve una sensación de pánico y era incapaz de permanecer sentada, así que, me levanté y fui hasta la cocina para fingir que iba a por agua en un intento de calmarme un poco. Mientras me servía el agua, pensé: “Esta hermana es muy joven, pero su enseñanza sobre la verdad es tan práctica. Los hermanos y las hermanas de Shandong también progresaron muy deprisa tras aceptar la obra de Dios Todopoderoso. Su entendimiento de la Biblia y su conocimiento de la obra de Dios eran mucho más grandes que los míos. Este camino permite que la gente entienda la verdad y que obtenga conocimiento de la obra de Dios. ¿No es esta la obra de Dios?”. Al pensar sobre todo esto, me sentí tanto emocionada como arrepentida. Volví a pensar en cuando escribí aquellas cartas a los hermanos y hermanas de Shandong. Yo estaba alardeando con mi bolígrafo mientras los reprendía con tono arrogante. Y, en cuanto a mi enfoque con respecto al retorno del Señor, no solo fracasé a la hora de buscar la verdad y aceptar las enseñanzas de los hermanos y las hermanas, sino que, al contrario, las refutaba y rechazaba constantemente. Me consideraba a mí misma la dueña de la verdad y quería que todos los hermanos y todas las hermanas me escucharan, además de pensar que estaba haciendo todo lo que podía para defender el camino verdadero. Nunca se me ocurrió que estuviera resistiéndome a Dios. Así que, ¿acaso no me convertiría eso en una farisea de la época actual? En ese momento, sentí como si me hubieran sumergido en agua fría de la cabeza a los pies; sentía todo el cuerpo débil y sin fuerzas. Las manos me temblaban descontroladamente y seguí repasando mentalmente una y otra vez las escenas de mi resistencia a Dios… Pero ya no podía resistirlo más y mis ojos se llenaron de lágrimas que empezaron a caer. Me odiaba a mí misma por ser tan arrogante y estar tan ciega. Después de un rato, me limpié las lágrimas y volví a la habitación con una bandeja llena de vasos de agua. La hermana me miró y me preguntó preocupada: “Hermana, ¿aceptas esta comunicación?”, a lo que yo suspiré y dije con autorreproche: “Tras escuchar las palabras de Dios Todopoderoso y la comunicación que acabas de hacer, siento que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús retornado. He estado esperando todos y cada uno de los días el retorno del Señor, pero nunca me imaginé que, ahora que el Señor ha regresado, yo me comportaría como una farisea. ¡En realidad, he hecho una gran maldad! Me he resistido a Dios”. Luego empecé a llorar tanto que no podía ni hablar.

Más tarde, tras un tiempo dedicado a la lectura de las palabras de Dios Todopoderoso, la hermana Zhang, mi suegra, mi esposo y yo nos convencimos por completo de que Dios Todopoderoso es el Señor Jesús retornado. Me sentía tan increíblemente feliz que, llena de emoción, les envié una quinta carta a los hermanos y a las hermanas de Shandong: “¡Queridos hermanos y queridas hermanas! Gracias al Señor por que, a través de haber compartido conmigo el evangelio del reino de Dios muchísimas veces, ahora ya he aceptado la obra de Dios Todopoderoso de los últimos días y me he hecho miembro de la Iglesia de Dios Todopoderoso. Aunque la acepté más tarde que ustedes, no quiero quedarme atrás. Me dedicaré en cuerpo y alma a ponerme al día…”. En ese momento, sentí como si el corazón volviera volando hasta Shandong junto con la carta para reunirme con mis hermanos y mis hermanas de allí. ¡Gracias a Dios por Su amor!

Nota al pie:

a. El texto original dice “en cuanto a”.

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