Dudas sobre si denunciar un problema

4 Dic 2022

Por Zhu Lin, China

En septiembre de 2021, yo predicaba el evangelio en la iglesia. Con el tiempo, me percaté de que la supervisora de la labor evangelizadora no llevaba una carga en su deber y de que hacía mucho que no nos preguntaba qué tal iban los nuestros. Cada vez que venía, cumplía con los formalismos y nunca resolvía problemas reales. No nos ayudaba ni beneficiaba nada en el deber. Al principio yo creía que, como acababa de empezar a supervisar la labor evangelizadora, no la conocía, que era normal que estuviera perdida durante un tiempo y que, tras un período de práctica, se acostumbraría, pero con el tiempo vi que eso no era como había imaginado.

Una vez, estancados en la labor evangelizadora, escribimos a la supervisora en busca de una solución, pero en su respuesta no había opiniones ni sugerencias claras. Nos envió, para que lo leyéramos, un pasaje de la palabra de Dios sin ninguna relación con el problema. Me pareció totalmente increíble. ¿Cómo podía ser esta supervisora tan superficial en el deber? Normalmente no era capaz de descubrir problemas en el seguimiento del trabajo, y cuando tomábamos la iniciativa de consultarle, no tenía opiniones ni sugerencias claras. Era muy irresponsable de su parte. En un principio quería planteárselo en una reunión, pero tenía dudas. ¿Diría que yo era arrogante? ¿Que pedía demasiado? ¿Que mi intención era abusar de su debilidad? Si ella no podía admitir lo que yo dijera e investigaba mis responsabilidades, ¿no me estaría buscando problemas? Al pensarlo perdí el valor necesario para planteárselo. Cuando nos vimos después, minimicé el asunto y solamente le recordé: “Si tienes tiempo, sigue nuestro trabajo a ver si hay algún problema”. Pero, para mi sorpresa, dijo: “Ustedes llevan mucho tiempo en la labor evangelizadora y comprenden los principios mejor que yo. Además, consiguen unos resultados estupendos. Yo he venido a aprender de ustedes”. Luego, siempre que le recordaba que prestara atención a nuestro trabajo, ella contestaba algo así. Yo pensaba: “No hace un trabajo práctico y siempre se está excusando. Eso no es aceptar la verdad”. La labor principal de un supervisor es descubrir y resolver los problemas y dificultades reales de los hermanos y hermanas en el deber, supervisar y seguir el trabajo. Pero ella no sabía descubrir ni resolver problemas, por lo que no podía hacer ningún trabajo práctico. De seguir así las cosas, seguro que eso repercutiría en la labor evangelizadora. Más adelante, volví a tener ganas de planteárselo para que fuera consciente del problema y lo arreglara pronto, pero de nuevo reflexioné: “Yo he sido supervisor anteriormente y me destituyeron por no saber hacer un trabajo práctico. Si sigo acudiendo a ella con mis opiniones, ¿pensará que valoro demasiado el estatus? ¿Que me parece injusto porque no me hacen supervisor, y que por eso soy quisquilloso adrede? ¿Adoptará una mala opinión de mí y me destituirá del deber? Mejor lo dejo. Quizá no ha estado expuesta al trabajo el tiempo suficiente. A lo mejor lo hace bien si espero a que se familiarice más con él”. Así pues, una vez más, no le planteé el asunto.

Tiempo después, nos topamos con algunos problemas en la labor evangelizadora y le pedimos ayuda, pero ella los dejó de lado y dejó que los resolviéramos nosotros. En otra ocasión, sin querer le oí decir que, como no controlaba bien cuántos seguidores ganábamos, cuando el líder le preguntó, tan solo le informó un número cualquiera, con lo que hubo una gran diferencia con la cifra real. Me enfurecí cuando lo oí. Cada mes le contábamos la situación concreta de la labor evangelizadora y le recordábamos que siguiera y orientara más nuestro trabajo, pero ni siquiera sabía todavía cuántos nuevos fieles ingresaban en la iglesia al mes. ¿En qué sentido hacía un trabajo práctico? Con esta clase de actitud hacia el deber, ¿cómo podía hacer de supervisora? No era de extrañar que no descubriera los problemas. Al observar todas estas conductas juntas, esta supervisora me pareció incapaz de hacer un trabajo práctico, una falsa obrera, y no apta para supervisar la labor evangelizadora. Tuve entonces muchas ganas de redactar una denuncia sobre sus problemas, pero pensé: “Si se entera la supervisora de que yo la denuncié, ¿creerá que la critico adrede y que le estoy complicando la vida? Si luego le habla mal de mí al líder, ¿me trasladará o destituirá este?”. Al pensarlo, de nuevo me eché atrás. Un par de días más tarde, oí que la hermana Liu Xiangyi, de otro grupo, hablaba de que esta supervisora nunca había resuelto los problemas prácticos de ellos. Cuando le informaron que alguien del grupo tenía un carácter arrogante, le obsesionaba el estatus, solía abusar de las debilidades de otros, los atacaba y limitaba y ya había perturbado a la gente en el deber, la supervisora lo dejó correr y no lo consideró importante. Al final, el único modo de resolver el problema fue denunciarlo al líder. Me sentí muy culpable al oírle esto a Xiangyi. Hacía mucho que había descubierto los problemas de esta supervisora, pero había callado por protegerme. ¿Por qué no podía practicar la verdad y proteger el trabajo de la iglesia?

En mis devociones leí un par de pasajes de la palabra de Dios. Dios Todopoderoso dice: “También hay algunos falsos líderes que tienen un poco de calibre y pueden hacer algo de trabajo, que conocen un poco los principios para manejar a cada tipo de persona, pero tienen miedo de ofender, por lo que no se atreven a limitar a la gente mala y a los anticristos. Viven de acuerdo con filosofías satánicas, ajenos a los asuntos que no les incumben personalmente. No se preocupan por si la obra de la iglesia es eficaz, ni por el gran perjuicio que se causa al pueblo escogido de Dios en su entrada en la vida; consideran que tales cosas no tienen nada que ver con ellos. Por lo tanto, durante el mandato de ese falso líder, no se mantiene el orden normal de la vida de la iglesia, y no se garantizan los deberes y la entrada en la vida del pueblo escogido de Dios. ¿Cuál es la naturaleza de este problema? No es que esos falsos líderes no puedan hacer el trabajo porque sean de poco calibre, entonces, ¿en qué sentido son falsos? Son falsos en el sentido de que hay un problema con su humanidad. Durante su mandato como líderes, el problema de las personas malvadas y los anticristos que interrumpen y perturban el trabajo de la iglesia no puede resolverse en absoluto. Algunos hermanos y hermanas se ven muy perjudicados por esto, y es un tremendo revés para la obra de la iglesia. Este tipo de falso líder se da cuenta de un problema y ve a alguien causando una interrupción y perturbación, y sabe cuál es su responsabilidad, lo que debe hacer y cómo debe hacerlo. Sin embargo, no hace nada en absoluto. Se hace el sordo y el mudo, no oye ni cuestiona nada, ni informa del asunto a sus superiores. Finge que no sabe ni ve nada. ¿Acaso no es esto un problema de su humanidad? ¿Cuál es el principio de su liderazgo? ‘No causo trastornos ni alteraciones, pero no voy a hacer nada que ofenda ni atente contra la dignidad de los demás. Si me caracterizan como un falso líder, seguiré sin hacer nada ofensivo. He de procurarme una vía de escape’. ¿Qué clase de lógica es esta? Es la lógica de Satanás. ¿Y qué clase de carácter es este? ¿Acaso no es muy tramposo y engañoso? Una persona así no es en absoluto sincera en su trato con la comisión de Dios; siempre es astuta y evasiva en el cumplimiento de su deber, con muchos cálculos desagradables, pensando en ella misma para todo. No prestan la menor atención a la obra de la iglesia y no tienen conciencia ni razón alguna. No son aptas para la labor de liderazgo. […] En Mi corazón, no importa lo leal que parezca este tipo de personas, o lo bien reguladas, lo taciturnas, trabajadoras y competentes; el hecho de que actúen sin principios y no asuman ninguna responsabilidad en el trabajo de la iglesia me obliga a ‘verlas bajo una nueva luz’, por así decirlo. Para terminar, definiré a este tipo de personas. Puede que no cometan grandes errores, pero son muy tramposos y astutos; no asumen ninguna responsabilidad, ni defienden en absoluto el trabajo de la iglesia. No tienen humanidad. Los tengo por una especie de animal; por su astucia, son un poco como el zorro” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). “Una vez que la verdad se haya convertido en vida en ti, cuando observes a alguien que es blasfemo hacia Dios, no es temeroso de Él, y es descuidado y superficial al cumplir con su deber, o que interrumpe e interfiere con el trabajo de la iglesia, responderás de acuerdo con los principios de la verdad, y serás capaz de identificarlos y exponerlos cuando sea necesario. Si la verdad no se ha convertido en tu vida y todavía vives inmerso en tu carácter satánico, entonces cuando descubras a personas malvadas y a demonios que interrumpan y perturben el trabajo de la iglesia, harás la vista gorda y oídos sordos; los apartarás sin que te lo reproche tu conciencia. Llegarás a creer que cualquiera que perturbe el trabajo de la iglesia no tiene nada que ver contigo. Por más que se resientan el trabajo de la iglesia y los intereses de la casa de Dios, a ti no te importa, ni intervienes ni te sientes culpable, lo que te convierte en alguien sin conciencia ni sentido, un incrédulo, un hacedor de servicio. Comes de lo que es de Dios, bebes de lo que es de Dios y disfrutas de todo lo que viene de Dios, pero crees que ningún perjuicio a los intereses de la casa de Dios tiene que ver contigo, lo que te convierte en un traidor que muerde la mano que le da de comer. Si no proteges los intereses de la casa de Dios, ¿eres siquiera humano? Eres un demonio que se ha introducido en la iglesia. Finges creer en Dios, ser de Sus escogidos, y quieres gorronear en la casa de Dios. No estás viviendo la vida de un ser humano y, obviamente, eres incrédulo” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo aquellos que se someten sinceramente a Dios lo temen de corazón). Las palabras de Dios eran profundamente angustiosas. Sobre todo cuando leí “no tienen humanidad”, “por su astucia, son un poco como el zorro”, “un demonio que se ha introducido en la iglesia”, y “incrédulo”, percibí que el carácter de Dios no tolera ofensa. Dios siente especial odio y repugnancia por los astutos. Dios los define como demonios e incrédulos. Tuve una gran sensación de temor y culpa, y sentí que Dios me estaba revelando y denunciando en mi propia cara. Al recordar entonces mi conducta, entendí que ya había visto con claridad que la supervisora salía del paso en el deber y que no hacía un trabajo práctico, y yo había querido planteárselo varias veces, pero siempre había sido demasiado cauteloso y tenido miedo de que me calificara de arrogante e irracional, así que no me atrevía a hablar con ella. Incluso cuando le planteaba las cosas, siempre las minimizaba y no me atrevía a mentar el problema entero, hasta el punto de ser alentador, pese a mis convicciones, para poder preservar mi reputación y mi relación con ella. Comprobé más tarde que era una falsa obrera incapaz de hacer un trabajo práctico, que había que trasladarla o destituirla y que, para proteger la labor de la iglesia, había que dejarla en evidencia y denunciarla. Sin embargo, me preocupaba que la supervisora dijera que yo competía por el estatus y que le complicaba la vida adrede, y que me reprimiera. Así pues, por mi propia protección, me hacía el tonto y veía cómo se entorpecía la labor evangelizadora sin denunciar nada. ¡Era verdaderamente astuto, egoísta y despreciable! No tenía sinceridad hacia Dios. Si pensaba en los años que llevaba creyendo, gozando de la provisión de tantísimas palabras Suyas, ¿cómo podía ver las pérdidas al trabajo de la iglesia y únicamente querer protegerme a mí mismo, y no la labor de aquella? Si yo hubiera denunciado antes el problema de la supervisora, ella no habría demorado ni entorpecido la labor de la iglesia.

En pleno reproche, descubrí que la palabra de Dios dice: “Durante muchos años, los pensamientos en los que se han apoyado las personas para sobrevivir han corroído sus corazones hasta el punto de volverse astutas, cobardes y despreciables. No solo carecen de fuerza de voluntad y determinación, sino que también se han vuelto avariciosos, arrogantes y obstinados. Carecen absolutamente de cualquier determinación que trascienda el yo, más aun, no tienen ni una pizca de valor para sacudirse la esclavitud de esas influencias oscuras. Los pensamientos y la vida de las personas están tan podridos que sus perspectivas de creer en Dios siguen siendo insoportablemente horribles, e incluso cuando las personas hablan de sus perspectivas de la creencia en Dios, oírlas es sencillamente insufrible. Todas las personas son cobardes, incompetentes, despreciables y frágiles. No sienten repugnancia por las fuerzas de la oscuridad ni amor por la luz y la verdad, sino que se esfuerzan al máximo por expulsarlas” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?). Al contemplar las palabras de Dios, vi que Satanás me había corrompido profundamente y que sus venenos ya habían arraigado en el fondo de mi corazón. Filosofías satánicas como “protégete y trata solamente de librarte de la culpa”, “cuantos menos problemas, mejor”, “al que sobresale se le corta la cabeza” y “más vale prevenir que curar” eran mi naturaleza y mis leyes de vida y me tenían firmemente controlado, por lo que solo pensaba en mis intereses al hablar y actuar. Seguí mirando incluso mientras una supervisora que no hacía un trabajo práctico demoraba la labor de la iglesia y repercutía en ella. Me hice el tonto, no dije nada y no protegí para nada la labor de la iglesia. Inconscientemente, me ponía de parte de Satanás y hacía de cómplice suyo. ¡Le repugnaba de veras a Dios! Vi que estas filosofías mundanas eran falacias y mentiras de Satanás para descarriar y corromper a la gente. Al vivir según estas cosas, solo podía volverme cada vez más astuto, malvado, egoísta y despreciable. Por preservar mis intereses, me guardaba de Dios y de la gente y, sin importar qué interrupción o perturbación cayera sobre la iglesia, me quedaba impasible, apático e indiferente. No practicaba las verdades que debía practicar, ni cumplía los deberes que debía cumplir, y no tenía ni rastro de conciencia, razón, humanidad ni dignidad. Si no me arrepentía, al final Dios me habría aborrecido y descartado. Cuanto más lo pensaba, más remordimiento sentía. Sentía que Satanás me había corrompido tan a fondo que carecía de toda humanidad. Me detesté enormemente. Sin embargo, decidí, a su vez, practicar la verdad. No podía seguir siendo tan irracional. Tenía que oír la voluntad de Dios, practicar la verdad y denunciar el problema de la supervisora ante el líder cuanto antes. Después denuncié ante el líder que la supervisora no hacía un trabajo práctico.

Tras enviar la denuncia noté que me quitaba un enorme peso de encima. No obstante, dos o tres días más tarde, el líder aún no había respondido y no pude evitar que regresaran mis dudas. ¿Leería el líder la denuncia y creería que yo competía por el estatus o que estaba siendo quisquilloso adrede? ¿Me calificaría de malhechor y me expulsaría? Ante esta idea, mi corazón dio un vuelco. Me abrí con Xiangyi acerca de él. Me preguntó: “¿No estás negando la justicia de Dios y el hecho de que en Su casa impera la verdad…?”. Dicho esto, escogió un pasaje de la palabra de Dios y me lo leyó. Dios Todopoderoso dice: “Las personas que son anticristos siempre tratan la justicia y el carácter de Dios con nociones, cuestionamientos y resistencia. Piensan: ‘Que Dios sea justo es solo una teoría. ¿Existe realmente la justicia en este mundo? En todos los años de mi vida, no la he encontrado ni la he visto una sola vez. El mundo es muy oscuro y malvado, y a la gente malvada y a los demonios les va bastante bien, viven satisfechos. No he visto que reciban su merecido. En esto no veo dónde está la justicia de Dios; me pregunto, ¿existe realmente la justicia de Dios? ¿Quién la ha visto? Nadie la ha visto, y nadie puede dar fe de ella’. Esto es lo que piensan para sí mismos. No aceptan toda la obra de Dios, todas Sus palabras y Sus instrumentaciones basándose en la creencia de que Él es justo, sino que siempre están dudando y emitiendo juicios, siempre llenos de nociones, y nunca buscan la verdad para resolverlas. Los anticristos siempre creen así en Dios. ¿Tienen una verdadera fe en Dios? No. Los anticristos siempre mantienen una postura de duda cuando se trata de la justicia de Dios. […] Por ejemplo, cuando surge un problema en el trabajo de la iglesia, no importa la gravedad de la culpa ni cuáles sean sus consecuencias, la primera reacción de un anticristo es desmarcarse y echar la culpa a otro. Para no ser considerados responsables, dirigirán las miradas hacia otro lado, diciendo algunas cosas correctas y que suenen bien, y harán un arreglo superficial para encubrir la verdad del asunto. En tiempos corrientes, la gente no puede verlo, pero cuando les ocurre algo, se revela la fealdad del anticristo. Como un puercoespín, con todas sus púas enhiestas, se protegen con todas sus fuerzas, deseando no asumir ninguna responsabilidad. ¿Qué clase de actitud es esta? ¿Acaso no es de no creer que Dios es justo? No creen que Dios lo escrute todo o que sea justo; desean utilizar sus propios métodos para protegerse. Ellos creen: ‘Si yo no me protejo, nadie lo hará. Dios tampoco puede protegerme. Dicen que Él es justo, pero cuando la gente se mete en problemas, ¿los trata Dios realmente con justicia? De ninguna manera: Él no hace eso’. Cuando se enfrentan a los problemas o a la persecución, se sienten faltos de ayuda, y piensan: ‘Entonces, ¿dónde está Dios? La gente no puede verlo ni tocarlo. Nadie puede ayudarme; nadie puede hacerme justicia y que se cumpla’. Piensan que la única manera de protegerse es con sus propios métodos, que si no estarían perdidos, acosados y perseguidos, y que la casa de Dios no es una excepción. […] Solo se preocupan por su propia búsqueda de prestigio y estatus, y no hacen nada en absoluto para defender el trabajo de la iglesia. No exponen ni denuncian a quienquiera que haga algo malo y perjudique los intereses de la casa de Dios, sino que actúan como si no lo hubieran visto. Si nos fijamos en sus principios para manejar las cosas y el tratamiento que hacen de lo que sucede a su alrededor, ¿acaso tienen algún conocimiento del carácter justo de Dios? ¿Tienen alguna fe? No tienen ninguna. ‘Ninguna’ aquí no significa que no tengan conocimiento de ella, sino que cuestionan el carácter justo de Dios en sus corazones. No aceptan ni reconocen que Dios es justo” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 10 (I)). Dios revela que la naturaleza de los anticristos es especialmente escurridiza y astuta. Observan todas las cosas y a todas las personas según su propia comprensión y encaran los problemas con recelo. No creen en la soberanía de Dios ni que Él lo escrute todo, ni mucho menos que Su carácter sea justo. Así, ante algo que perjudique el trabajo de la iglesia, siempre se protegen ellos, protegen sus intereses y no practican para nada la verdad; como si, de no tener cuidado y no protegerse, ellos llegarían a ser reprimidos, y hasta castigados. Reflexioné que yo era igual que un anticristo. No creía en la justicia de Dios ni que aquella y la verdad imperaran en Su casa. Veía que la supervisora no hacía un trabajo práctico, pero, siempre muy preocupado, no me atrevía a denunciarlo. Incluso cuando por fin me armé de valor para redactar una denuncia, como no comprendía realmente la justicia de Dios, al ver que el líder no había respondido al cabo de varios días, recelé y me puse a la defensiva. Temía que el líder no se ocupara de la falsa obrera y que me expulsara por ser un malhechor que abusaba de las debilidades ajenas. ¡Era realmente astuto! No tenía fe en Dios. ¿Acaso no negaba la justicia de Dios y Su soberanía sobre todas las cosas? Miraba la instrumentación de todas las cosas por parte de Dios desde la perspectiva de un incrédulo y estaba receloso y en guardia contra los líderes de la iglesia. La iglesia me parecía tan injusta e inicua como el mundo exterior. ¿Qué tenía eso de fe en Dios? ¿No era una calumnia y una blasfemia contra Él?

Recordé entonces la palabra de Dios: “¿Tiene la verdad favoritos? ¿Puede la verdad oponerse de manera deliberada a las personas? Si buscas la verdad, ¿te puede abrumar? Si permaneces firme por la justicia, ¿te derribará? Si tu aspiración realmente es buscar la vida, ¿puede la vida eludirte?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio). “¿Cómo podría alguien que en verdad busque a Dios ser maldecido por Él? ¿Cómo podría alguien que posea un razonamiento sano y una conciencia sensible ser maldecido por Dios? ¿Cómo podría alguien que realmente adora y sirve a Dios ser consumido por el fuego de Su ira? ¿Cómo podría alguien que se complace en obedecer a Dios ser expulsado de la casa de Dios? ¿Cómo podría vivir castigado por Dios alguien que no fue capaz de amarlo lo suficiente? ¿Cómo podría alguien que se siente feliz de renunciar a todo por Dios ser dejado sin nada?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Tener un carácter invariable es estar enemistado con Dios). Sí, la esencia de Dios es justa y fiel. Las verdades que expresa Dios son para que el hombre las practique y viva. Buscar y practicar la verdad y proteger el trabajo de la iglesia es, por supuesto, algo positivo, y recibe el visto bueno de Dios. En concreto, denunciar y dejar en evidencia a los anticristos, malhechores, falsos líderes y falsos obreros recibe el visto bueno de Dios y es un acto bueno y justo. Piénsalo: ¿alguna vez se ha expulsado de la iglesia a alguien que practique la verdad y tenga sentido de la justicia? ¿Ha abandonado o descartado Dios alguna vez a alguien que busque y ame la verdad? Por el contrario, los que practican la verdad no solo no han sido reprimidos ni excluidos, sino que han recibido protección, así como el visto bueno y el respeto de sus hermanos y hermanas. Aunque algunos sean reprimidos y castigados por los anticristos y malhechores por practicar la verdad, es algo temporal nada más, y todos estos anticristos y malhechores serán revelados y expulsados o echados de la iglesia. Además, los reprimidos por los anticristos y malhechores habrán obtenido un beneficio real por orar a Dios y buscar la verdad. No solo habrán adquirido discernimiento de los malhechores y anticristos, sino también comprensión y experiencia de la omnipotente soberanía de Dios. Estas cosas revelan totalmente el carácter justo de Dios y que la verdad y la justicia imperan en Su casa. En la casa de Dios, solo los anticristos y quienes tengan idea de hacer el mal son echados y expulsados por la iglesia. No denuncié el problema de la supervisora con mala intención ni para abusar adrede de su debilidad. Lo hice en consideración hacia el trabajo de la iglesia. Todo lo que denuncié fueron hechos objetivos, y no un afán por agraviarla. Actué por el bien, no en perjuicio de la supervisora ni del trabajo de la iglesia. Si ella era alguien capaz de buscar y aceptar la verdad, tras la denuncia sería capaz de hacer introspección y aprender una lección. Esta situación le vendría bien para dejarle más claros sus defectos y su corrupción e impulsaría su entrada en la vida. Si ella me odiaba por ello, o hasta me reprimía o destituía de forma impulsiva, esto revelaría plenamente que no amaba ni aceptaba la verdad y que no era apta ni para ser cultivada ni para un puesto importante. Cuando lo pensé así, se me iluminó considerablemente el corazón y ya no me sentí limitado. Denunciar a los falsos líderes y falsos obreros que no hacen un trabajo práctico es una responsabilidad y un deber que tengo. Sin importar las consecuencias, jamás lo lamentaría.

Esa tarde llegó una carta del líder en la que decía que la supervisora había sido destituida. La carta del líder fue realmente conmovedora. La verdad y la justicia imperan de veras en la casa de Dios. ¡Alabé y agradecí a Dios de todo corazón! Con esta experiencia, no solo aprendí a discernir un poco a los falsos líderes y falsos obreros, sino que también comprendí lo astuta que era mi naturaleza y tomé conciencia del carácter justo de Dios. ¡Todo ello por la gracia de Dios! En el futuro, no importa qué enfrente, estoy dispuesto a oír la voluntad de Dios, a practicar la verdad, a proteger el trabajo de la iglesia y a cumplir mis responsabilidades y deberes. ¡Gracias a Dios!

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