Qué se evita al no atreverse a supervisar el trabajo

23 Oct 2022

Por Xunqiu, Países Bajos

En mayo del año pasado, me pusieron a cargo de regar a los recién llegados. Antes pensaba que este era un trabajo relativamente fácil, solo debías hablar con ellos sobre opiniones y hacer que asistieran con regularidad a las reuniones. Pero tras empezar, comprendí que regar a los recién llegados implica, en realidad, mucho trabajo. Además de enseñarles la verdad para ayudarlos a tener una base sólida en el camino verdadero, también debía cultivar a líderes, obreros y todo tipo de talentos entre ellos para que pudieran trabajar de forma independiente. Mi líder me urgía a supervisar y hacer seguimiento del trabajo de nuestros regadores porque, si procrastinábamos o teníamos problemas, el progreso general del trabajo se veía afectado directamente. Llegué a entender la importancia de la supervisión y empecé a controlar el progreso de mis hermanos y hermanas con regularidad.

Cuando empecé a hacer citas con ellos para hablar del trabajo, pasaba mucho tiempo sin que nadie respondiera mis mensajes, e, incluso si lo hacían, seguían posponiéndolas. Una vez, organicé una reunión con una hermana para hablar de un proyecto. Primero, la pospuso de la mañana a la tarde, y luego a la noche. Al final, después de dos días, todavía no nos habíamos reunido. Pensé: “¿Me están evitando a propósito, porque me desprecian y creen que no puedo resolver sus problemas? Aunque estén muy ocupados con el trabajo, ¿de verdad no tienen tiempo para hablar conmigo? Si esto continúa, ¿cómo se supone que haga mi trabajo?”. Después, por fin organicé unas reuniones con ellos, pero cuando pedí detalles específicos o pregunté sobre su progreso, algunos dieron respuestas bruscas y se resistieron un poco. Pensé: “Si siempre controlo su trabajo, ¿pensarán que intento dificultarles las cosas y que no tengo en cuenta a qué se enfrentan? Si pregunto sobre su progreso después de asignarles el trabajo, ¿creerán los hermanos y hermanas que los trato como máquinas y que carezco de ese toque humano?”. Al pensar esto, no podía seguir preguntando. En otra ocasión, vi que la mayoría de los recién llegados que regaba una hermana no asistían a reuniones con regularidad. Le pregunté si les había enseñado la verdad y si había resuelto sus problemas. De inmediato, me respondió: “Todos los recién llegados dijeron estar ocupados, no puedo obligarlos a asistir a reuniones”. Me preocupaba que la hermana pensara que yo no era considerada con ella y sus problemas reales, por lo que no me atreví a presionar. Eso no es todo, algunos incluso estaban negativos después de que nos reuniéramos a hablar de su trabajo, sentían que aunque trabajaban a toda hora, aún había muchos problemas, que no habían hecho ningún avance y que no eran aptos para el trabajo. Es ese momento, quise señalar este problema: Si se volvían negativos y rehuían de su deber cuando surgían problemas, eso significaba que no enfrentaban los problemas o que no eran capaces de aceptar la verdad. Pero también me preocupaba que dijeran que no era considerada con ellos y que solo los reprendía. Por eso, cuando estaba por hablar, me contuve. Después, dudaba aún más, y estaba reacia a supervisar y controlar el trabajo. Pensé: “Hace muchos años que son creyentes, tomarán la iniciativa de completar sus deberes. Algunos hermanos y hermanas están tan ocupados que no tienen tiempo ni para sus devocionales, sin dudas, no holgazanearán. Solo debo enseñar con claridad los principios del trabajo y delegar las tareas. No debería estarles encima todo el día, o se sentirán limitados”. Después, dejé la supervisión detallada y los controles del trabajo de los demás y solo tenía una idea general del progreso del trabajo al final de cada mes. Pero después comprendí que aunque todos parecían estar muy ocupados, cuando les pedía detalles, la mayoría no me podía dar una respuesta directa, y muchos no entendían bien los detalles. Por eso les hablé a todos sobre los problemas y desviaciones que había notado, pero nadie me respondió. Me preocupó que, si seguía hablando de esto, se resistieran y volvieran negativos, por lo que resumí informalmente los problemas y les pedí que hicieran los cambios oportunos antes de mencionar algunos pasajes de las palabras de Dios y de hablar sobre mi entendimiento.

Pronto, los problemas en el trabajo empezaron a aflorar. Alguien informó que algunos regadores no se hacían responsables de los recién llegados. No contactaban a los recién llegados que no asistían a reuniones. Si alguien lo mencionaba, los regadores se ofendían y no aceptaban la crítica. Como resultado, algunos recién llegados no fueron contactados y abandonaron la iglesia. Una vez, en una reunión, un líder superior preguntó sobre el estado del trabajo mensual de riego de los recién llegados, preguntó cuántos recién llegados no asistían a las reuniones con regularidad y por qué. Algunas hermanas dijeron que no lo sabían. El líder trató con nosotros y nos dijo: “¡Han sido muy irresponsables con los recién llegados! No los regaron bien, por eso abandonaron la iglesia. ¡No se toman el deber en serio!”. Las palabras del líder fueron dolorosas. Tenía razón. Los hermanos y hermanas se esforzaron mucho por traer a esos recién llegados. Cuando no asistieron a las reuniones, los regadores no conocían sus situaciones, y no se esforzaron por regarlos y apoyarlos, por lo que dejaron la iglesia. Es un caso grave de negligencia. También me di cuenta de que estos problemas que habían surgido exponían mis propios problemas. No había hecho seguimiento del trabajo de los hermanos y hermanas, no entendía los problemas prácticos que tenían y mucho menos supervisaba de cerca su trabajo. Como resultado, ellos no resumían sus problemas y desviaciones. Las cosas resultaron así debido a mi falta de responsabilidad. Por eso, oré a Dios y le pedí que me ayudara a hacer introspección y a conocerme.

En mis devocionales, hallé un pasaje de las palabras de Dios que me ayudó a entender mi estado actual. Las palabras de Dios dicen: “Como los falsos líderes no conocen el estado del progreso del trabajo, son incapaces de identificar con celeridad, y mucho menos resolver, problemas que aparecen en el trabajo, lo que suele provocar reiterados retrasos. En ciertos trabajos, dado que la gente no capta los principios y no hay nadie adecuado para dirigir el trabajo, los que lo llevan a cabo suelen encontrarse en un estado de negatividad, pasividad y espera que repercute gravemente en el progreso del trabajo. Si el líder hubiera cumplido con sus responsabilidades —si se hubiera hecho cargo, hubiera impulsado el trabajo, hubiera apremiado a la gente y hubiera buscado a alguien que entendiera el tipo de trabajo en cuestión para guiar—, el trabajo habría progresado más rápidamente, en lugar de sufrir reiterados retrasos. Para los líderes, pues, es vital conocer y captar la situación real del trabajo. Por supuesto, es muy necesario que los líderes conozcan y capten cómo está progresando el trabajo, ya que el progreso guarda relación con la eficacia del trabajo y los resultados que se pretenden lograr con él. Si un líder no capta ni siquiera cómo está progresando el trabajo y no lo comprueba o le echa un ojo, entonces la mayoría de la gente que cumple un deber tendrá una actitud negativa y pasiva, tendrá una grave apatía y ningún sentido de carga, serán descuidados y superficiales, y de este modo el trabajo está destinado a progresar despacio. Si no hay nadie con un sentido de carga y experto en el trabajo que sea capaz de aportar guía y supervisión, y de disciplinar y tratar a las personas, entonces la eficacia y efectividad en el trabajo será muy baja. Si los líderes y obreros no pueden siquiera ver esto, son estúpidos y ciegos. Por tanto, es de suma importancia que los líderes y obreros sean rápidos a la hora de averiguar, estar al tanto y familiarizarse con el progreso del trabajo. La gente es indolente, así que sin guía, urgencia y seguimiento por parte de líderes y obreros que conozcan al día el progreso del trabajo, es propensa a holgazanear, a ser perezosa, a ser superficial; si esta es su actitud hacia el trabajo, el progreso de dicha labor se verá gravemente afectado, al igual que su eficacia. Dadas estas circunstancias, los líderes y obreros cualificados deben hacer seguimiento puntual de cada faena y mantenerse informados de la situación con respecto al personal y al trabajo; no deben ser como los falsos líderes en absoluto. Los falsos líderes son descuidados y despreocupados en su trabajo, no tienen sentido de la responsabilidad, no resuelven los problemas cuando surgen, y sea cual sea el trabajo siempre ‘admiran las flores a lomos de un caballo al galope’; son negligentes y superficiales; todo lo que dicen es altisonante y vacío, sueltan doctrina y guardan las apariencias. En general, así trabajan los falsos líderes. Por compararlos con los anticristos, aunque no hacen nada abiertamente malvado ni son deliberadamente malignos, desde la perspectiva de la efectividad, es justo definirlos como descuidados y superficiales, como carentes de cualquier sentido de carga, como que no tienen sentido de la responsabilidad o lealtad hacia su trabajo” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). Las palabras de Dios exponen cómo los falsos líderes hacen su trabajo superficialmente, solo escupen frases pegadizas y doctrina, no supervisan ni controlan el trabajo, y no ganan comprensión práctica del progreso del trabajo. En el trabajo, surgen muchos problemas que no son descubiertos y corregidos de modo oportuno, lo que causa retrasos en el progreso del trabajo. Al aplicar las palabras de Dios a mi propio estado comprendí que yo seguía mi creencia de que los hermanos y hermanas eran creyentes desde hacía mucho, y que solían estar tan ocupados que no tenían tiempo para sus devocionales, por lo que era probable que cumplieran con sus deberes adecuadamente. Entonces, los dejé en paz y no supervisé su trabajo de cerca, no detecté las desviaciones en su trabajo ni si trabajaban de acuerdo con los principios, no descubrí por qué algunos proyectos no tenían resultados. Yo no captaba bien nada de esto. Aunque descubriera algunos problemas, no los ayudaba a resumir sus problemas y desviaciones ni a buscar la verdad y soluciones, mucho menos trataba con ellos ni los guiaba de modo oportuno. Solo hablaba de doctrina de forma superficial y no solucionaba para nada sus problemas prácticos. En consecuencia, algunos recién llegados no fueron regados a tiempo y dejaron la iglesia ¡Estaba haciendo el mal! Comprendí que, además de hacer los arreglos del trabajo, la tarea más importante de líderes y obreros es supervisar el progreso de todo el trabajo, estar al tanto de la situación del trabajo de todos y enseñar la verdad a tiempo para solucionar problemas. Pero yo no cumplí el papel que debería cumplir un líder, ¡era un caso grave de negligencia!

Gracias a la reflexión, comprendí que también tenía una creencia muy insensata. Pensaba que los hermanos y hermanos que creían hacía mucho no necesitaban ser supervisados. Pensaba que, como estaban todos ocupados, debían estar esforzándose mucho en sus deberes, por lo que los dejé hacer lo suyo y no los supervisé ni me preocupé, pues pensaba que, al actuar así, no los limitaba. En realidad, esto era producto de mis nociones e imaginaciones. Después, hallé un pasaje de las palabras de Dios que me ayudó a entender el significado de la supervisión. Dios dice: “Si bien hoy en día muchas personas cumplen con su deber, son pocas las que buscan la verdad. Rara vez las personas buscan la verdad y entran en la realidad de la verdad mientras cumplen con su deber; para la mayoría, todavía no hay principios en su forma de hacer las cosas, todavía no son personas que obedezcan verdaderamente a Dios; sus bocas simplemente dicen que aman la verdad, y están dispuestos a buscarla, y a luchar por ella, pero todavía no se sabe cuánto durará su determinación. Las personas que no buscan la verdad son susceptibles de tener desbordes de un carácter corrupto en cualquier momento o lugar. Las personas que no buscan la verdad carecen de cualquier sentido de responsabilidad hacia su deber, suelen ser descuidadas y superficiales, actúan como les da la gana, e incluso son incapaces de aceptar la poda y el trato. En cuanto se vuelven negativas y débiles, las personas que no buscan la verdad son susceptibles de tirar la toalla; esto ocurre a menudo, no hay nada más común; así se comportan todos los que no buscan la verdad. Y así, cuando las personas aún no han obtenido la verdad, son poco fiables y no se puede confiar en ellas. ¿Qué significa que no son de fiar? Significa que cuando se encuentran con dificultades o contratiempos, es probable que se derrumben y se vuelvan negativas y débiles. ¿Es alguien que suele ser negativo y débil digno de confianza? Por supuesto que no. Pero las personas que entienden la verdad son diferentes. Las que realmente entienden la verdad están obligadas a tener un corazón que teme y obedece a Dios, y solo las personas con un corazón que teme a Dios son dignas de confianza; las que no tienen un corazón que teme a Dios no lo son. ¿Cómo se debe abordar a las personas que no tienen un corazón que teme a Dios? Por supuesto, hay que proporcionarles ayuda y apoyo afectuosos. Hay que vigilarlas más a medida que cumplen con su deber, y ofrecerles más ayuda y orientación; solo así se puede garantizar que cumplan con su deber de forma eficaz. ¿Y cuál es el objetivo de hacer esto? El objetivo principal es mantener la obra de la casa de Dios. El objetivo secundario es identificar con prontitud los problemas, atenderlos, apoyarlos y tratarlos y podarlos, corrigiendo sus desviaciones y supliendo sus carencias y deficiencias. Esto es beneficioso para las personas; no existe nada malicioso en ello. Supervisar a las personas, vigilarlas, averiguar más sobre lo que hacen, todo esto es para ayudarlas a entrar en el camino correcto de la fe en Dios, para que puedan cumplir con su deber como Dios pide y según los principios, para que no causen ninguna perturbación o interrupción, para que no malgasten el tiempo. El objetivo de hacer esto nace por completo de la responsabilidad hacia ellos y hacia la obra de la casa de Dios; no hay ninguna malicia en ello” (La Palabra, Vol. V. Las responsabilidades de los líderes y obreros). Las palabras de Dios son muy claras. Todas las personas tienen actitudes corruptas, y no se puede depender de nadie que no haya sido perfeccionado. Podemos tener algo de entusiasmo y estar dispuestos a cumplir nuestros deberes, pero nuestras actitudes corruptas no se han transformado por completo y seguimos inertes. Si nadie supervisa nuestro trabajo, trata con nosotros y nos poda, podemos sucumbir a nuestras actitudes corruptas en nuestro trabajo en cualquier momento y podemos actuar de modo superficial y descuidado, o perturbar sin intención, lo que dañaría la obra de la iglesia. Se supervisa el trabajo para tener un sentido del progreso del mismo, identificar las desviaciones en el trabajo de la gente y enseñar para resolver sus problemas, para que la obra de la iglesia no se vea afectada. La supervisión no se trata de buscar intencionalmente los defectos de la gente, sino de ser responsable y leal en tu deber, asumir la responsabilidad por la entrada en la vida de la gente, ser considerado con la voluntad de Dios y defender la obra de la iglesia. Si los hermanos y hermanas tienen problemas en su trabajo, y uno hace la vista gorda y no les enseña para ayudarlos ni trata con ellos y los poda, esto es una negligencia grave y demuestra falta de responsabilidad. Después, practiqué a conciencia según las palabras de Dios. Más adelante, mi compañera y yo resumimos los problemas actuales de nuestro trabajo y, tras categorizar los problemas, llamamos a nuestros hermanos y hermanas para hablar. Gracias a la enseñanza, ellos comprendieron que tenían actitudes equivocadas en sus deberes, y pudieron entender la importancia de la supervisión. Después de eso, las actitudes de todos mejoraron un poco, y yo intenté a conciencia estar más al tanto del estado de su trabajo, aportar supervisión cercana y hacer seguimiento de su progreso. También los ayudé con sus dificultades y deficiencias. Después de un tiempo, descubrí que obteníamos mejores resultados en nuestro trabajo y que todos habían progresado en sus deberes.

Después, seguí reflexionando: “¿Por qué no le doy importancia a la supervisión? ¿Qué otras actitudes corruptas sugiere esto?”. En mi búsqueda, hallé este pasaje de las palabras de Dios: “Algunos líderes de la iglesia, al ver a los hermanos o hermanas cumplir con sus deberes de forma descuidada y superficial, no los reprenden, aunque deberían hacerlo. Cuando ven algo claramente perjudicial para los intereses de la casa de Dios, hacen la vista gorda y no indagan para no ocasionar la más mínima ofensa a los demás. De hecho, no están realmente mostrando consideración por las debilidades de la gente, sino que su intención es ganarse a la gente y son completamente conscientes de ello: ‘Si sigo así y no ofendo a nadie, me considerarán buen líder. Tendrán una buena opinión, positiva, de mí. Me reconocerán y les caeré bien’. Por mucho que se menoscaben los intereses de la casa de Dios, por más que se impida al pueblo escogido de Dios entrar en la vida o por más que se perturbe la vida de su iglesia, dichos líderes se aferran a su filosofía satánica y no ofenden a nadie. Nunca sienten un reproche en su corazón. Al ver que alguien causa interrupciones y perturbaciones, a lo sumo, puede que mencionen brevemente este problema, así de pasada, y con eso basta. No hablan de la verdad ni señalan la esencia del problema de esta persona, y menos aún analizan minuciosamente su estado. Nunca comunican la voluntad de Dios. Los falsos líderes nunca exponen ni analizan minuciosamente qué tipo de errores comete la gente, o el carácter corrupto que revela a menudo. No resuelven ningún problema real, sino que siempre toleran la mala conducta y las efusiones de corrupción de la gente, y siguen sin preocuparse por muy negativa o débil que esta se encuentre, simplemente predicando algunas palabras de doctrina, haciendo algunas exhortaciones superficiales, tratando de evitar conflictos. Como consecuencia, los escogidos de Dios no reflexionan sobre sí mismos ni tratan de conocerse, no obtienen ninguna resolución sobre las efusiones de varios tipos de corrupción, y viven rodeados de palabras, frases, nociones e imaginaciones, sin entrada en la vida. Incluso creen de corazón que ‘Nuestro líder es incluso más comprensivo con nuestras debilidades que Dios. Nuestra estatura puede ser demasiado pequeña para estar a la altura de las exigencias de Dios, pero solo tenemos que cumplir las exigencias de nuestro líder; al obedecer al líder, obedecemos a Dios. Si, un día, lo alto releva a nuestro líder, nos haremos oír; para conservar a nuestro líder y evitar que sea relevado por lo alto, negociaremos con lo alto y los obligaremos a acceder a nuestras exigencias. Así haremos lo correcto por nuestro líder’. Cuando la gente piensa así en su interior, cuando tiene tal relación con el líder y, en el fondo, siente dependencia, admiración y veneración hacia él, entonces llegará a tener una fe cada vez mayor en este líder; son las palabras de este líder las que quieren escuchar y dejan de buscar la verdad en las palabras de Dios. Este líder casi ha ocupado el lugar de Dios en el corazón de la gente. Si un líder está dispuesto a mantener dicha relación con el pueblo escogido de Dios, si recibe una sensación de gozo en su corazón y cree que los escogidos de Dios deben tratarlo de esa forma, entonces no hay diferencia entre él y Pablo y ya ha puesto un pie en la senda de los anticristos. […] Los anticristos no hacen un trabajo real, no enseñan la verdad ni resuelven problemas, no guían a la gente a comer y beber de las palabras de Dios y a entrar en la realidad de la verdad. Trabajan únicamente por el estatus y el renombre, solo se preocupan por asentarse, por preservar el lugar que ocupan en el corazón de la gente y por hacer que todos los idolatren, veneren y sigan; estos son los objetivos que quiere conseguir. Así es como los anticristos intentan ganarse a la gente y controlar a los escogidos de Dios. ¿No es malvada esa forma de trabajar? ¡Es aberrante!” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 1: Tratan de ganarse a la gente). Los anticristos tiene actitudes malvadas, solo trabajan para ganar estatus y, cuando los hermanos y hermanas tienen problemas, no los exponen ni corrigen, sino que siempre son corteses y comprensivos con ellos para ganar su favor y atraparlos, y hacer que todos los adoren e idolatren, y vayan ante ellos. Tras reflexionar sobre las palabras de Dios a la luz de mi conducta reciente en mi trabajo, comprendí que yo era tal y como aquellos expuestos por Dios: para mantener mi estatus y mi imagen en el corazón de la gente, cuando supervisaba o preguntaba por el trabajo y los demás se quejaban o se resistían, no me atrevía a seguir preguntando, mucho menos a tratar con ellos y podarlos, me preocupaba que pensaran que carecía de un toque humano, que solo los urgía y oprimía sin considerar los problemas que enfrentaban, por lo que mencionaba sus problemas al pasar, sin analizar la sustancia de sus problemas. A veces, también notaba que, a pesar de que todos estaban ocupados, el trabajo no progresaba, por lo que debía haber algún tipo de problema. Pero cada vez que los hermanos y hermanas callaban después de que yo los corrigiera, me sentía limitada y no me atrevía a seguir enseñando. Como resultado, no hubo progreso en el trabajo en mucho tiempo, no estaban al tanto de la esencia de su superficialidad y no hacían progreso en la entrada en la vida. Obedecía la filosofía satánica de “nunca golpees por debajo del cinturón”, mantenía mis relaciones con la gente, les hacía creer que era considerada con sus problemas y que era una líder comprensiva, para que tuvieran lugar para mí en su corazón. Como no practicaba la verdad y siempre toleraba a los hermanos y hermanas, no comprendían la gravedad de sus problemas, y esto dañó severamente la obra de la iglesia. ¡Yo era muy egoísta y despreciable! La casa de Dios exige que todos los líderes y obreros supervisen y hagan seguimiento del progreso del trabajo, salvaguarden los intereses de la iglesia, identifiquen y resuelvan los problemas de trabajo rápido y hagan trabajo práctico. En cuanto a mí, solo mantenía mi propio estatus y reputación, dejaba de lado los intereses de la iglesia, permitía que los hermanos y hermanas vivieran según sus actitudes corruptas, tenía una actitud informal hacia mi deber y retrasaba el trabajo. De verdad que no cumplía las intenciones de Dios. Tras reflexionar sobre todo esto y analizarlo, sentí remordimientos, por lo que oré a Dios, dispuesta a arrepentirme y a mejorar mi actitud hacia mi deber.

Un poco después, cuando un líder vino a controlar nuestro trabajo y vio que algunos proyectos todavía estaban atrasados y no producían resultados, nos pidió que controláramos más el progreso de todos, identificáramos los problemas y los resolviéramos rápido. Pensé: “Nos asignaron este trabajo hace poco. Si preguntamos por el progreso ahora, ¿no pensarán los hermanos y hermanas que somos muy estrictos y que carecemos de toque humano?”. Me di cuenta de que otra vez me limitaban mi nombre y mi estatus y que no practicaba la verdad. Pensé en las palabras de Dios que dicen: “No hagas siempre las cosas para tu propio beneficio y no consideres constantemente tus propios intereses; no consideres los intereses humanos ni tengas en cuenta tu propio orgullo, reputación o estatus. Primero debes tener en cuenta los intereses de la casa de Dios y hacer de ellos tu principal prioridad. Debes ser considerado con la voluntad de Dios y empezar por contemplar si has sido impuro o no en el cumplimiento de tu deber, si has sido leal, has cumplido con tus responsabilidades y lo has dado todo, y si has pensado de todo corazón en tu deber y en la obra de la iglesia. Debes meditar sobre estas cosas. Piensa en ellas con frecuencia y dilucídalas, y te será más fácil cumplir bien con el deber” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. La libertad y la liberación solo se obtienen desechando la propia corrupción). Me di cuenta de que quienes consideran la voluntad de Dios dejan de lado sus propios intereses y priorizan los intereses de la iglesia. Consideran qué es lo mejor para el trabajo de la iglesia y la entrada en la vida de los demás. Solo cumplir así con el deber está de acuerdo con la voluntad de Dios. Tras comprender esto, al día siguiente pregunté por el progreso del trabajo de todos, y descubrí que estaban asolados por todo tipo de problemas, por lo que hablamos sobre los principios, buscamos una senda e hicimos planes para resolver los problemas. Dos semanas después, ya teníamos mejores resultados que antes. ¡Gracias a Dios! Gracias a las experiencias de estos últimos meses, he comprendido la importancia de la supervisión. Estoy dispuesta a aceptar el escrutinio de Dios y a cumplir bien mi deber en el futuro.

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