Entender qué significa ser una buena persona

23 Oct 2022

Por Ye Ying, Myanmar

Desde que yo era pequeña, mis padres me enseñaron a ser justa, razonable y amable con los demás, a entender las dificultades de los demás y a no buscar problemas. Decían que eso es lo que hace que alguien sea una buena persona, y que así ganaría el respeto y la estima de los demás. Yo también creía que ser así era bueno, y solía recordarme ser compasiva y amable. Nunca tenía conflicto con mi familia ni con los demás aldeanos, y me preocupaba lo que los otros opinaban de mí. Mis vecinos solían elogiarme, decían que tenía buena humanidad, que era comprensiva y que no peleaba con nadie cuando me ofendían. Este tipo de elogios me hacía muy feliz. Pensaba que, como persona, debería ser así de amigable y debería ser comprensiva cuando alguien se equivocaba. Estaba segura de que este era el estándar para ser una buena persona. Tras hacerme creyente, seguí haciendo así las cosas.

Luego, en noviembre de 2021, me eligieron diaconisa de la iglesia y empecé a difundir el evangelio con algunos hermanos y hermanas más. Uno de ellos, el hermano Wang, venía de la misma aldea que yo. Tenía aptitud y su razonamiento era muy claro al enseñar cuando compartía el evangelio. Podía usar ejemplos para explicar las cosas, para ayudar a entender a quienes investigaban el camino verdadero. Pero descubrí que era un poco arrogante y que no aceptaba las sugerencias de los demás. Además, no seguía los principios en su deber muchas veces ni exaltaba a Dios y daba testimonio de Él en su evangelización, sino que hablaba mucho de a cuántas personas había convertido. A todos los hermanos y hermanas les gustaba escucharlo predicar y lo adulaban mucho. Una vez, alguien que investigaba el camino verdadero lo elogió por tener aptitud y por predicar bien. Me di cuenta de que él se exaltaba a sí mismo y alardeaba bastante, y que, al compartir el evangelio, no se concentraba en dar testimonio de la obra de Dios de los últimos días ni en corregir las nociones religiosas de la gente. Quería mencionárselo al hermano Wang, pero tras pensarlo un poco, decidí esperar más. Quería que el hermano Wang supiera que yo era una persona amable y razonable, que no llamaba la atención por cada pequeño detalle que veía. Pensé que podía alentarlo y ayudarlo más. Después, la líder solía enviar a nuestro grupo principios relevantes para compartir el evangelio y yo, indirectamente, hablaba un poco sobre temas que se relacionaban con la conducta del hermano Wang. Esperaba que él llegara a ver sus problemas a través de esas charlas. Otra vez quise mencionarle sus problemas, pero luego pensé que como él era bastante arrogante, tal vez no aceptara mi consejo. Temía que pensara que yo no era razonable ni amable, y que eso le diera una mala impresión de mí. Si llegábamos a un punto muerto en nuestra relación y no podíamos trabajar bien juntos, mi imagen de buena persona quedaría arruinada. Ante este pensamiento, solo tragué mis palabras. En ese momento me sentí un poco mal, por lo que oré a Dios y le pedí fuerza para practicar la verdad. Después, el hermano Wang, otros hermanos, hermanas y yo fuimos a una aldea a compartir el evangelio. Noté que el hermano Wang aún alardeaba al enseñar, decía que no le importaba el dinero y que se esforzaba por Dios, pero no se concentraba en enseñar la verdad. En el camino a casa, junté coraje y le dije: “No entraste en los principios en tu prédica y en tu testimonio. Debes concentrarte en enseñar la verdad a los potenciales beneficiarios del evangelio, en llevarlos ante Dios…”. Antes de que yo pudiera terminar, me respondió: “Mi enseñanza no tiene nada de malo. Estás pensando mucho las cosas”. Tenía miedo de herir su orgullo si decía algo más, y de dañar nuestra relación. También me preocupaba que el pensara mal de mí y que eso arruinara mi imagen positiva, por lo que no dije nada más. Sentí que eso había sido suficiente y que él de a poco llegaría a verse a sí mismo. Después descubrí que aunque siempre estábamos ocupados, no conseguíamos buenos resultados en nuestro trabajo evangelizador. Algunos de esa aldea estaba interesados, pero tras hablar con el hermano Wang varias veces, aún no comprendían las cosas. Además, los rumores los afectaban, tenían nociones y ya no querían investigar más. Algunas personas de verdad admiraban al hermano Wang y solo querían escuchar su enseñanza, pero no querían escuchar a nadie más. Ver esto me incomodó mucho y me sentí muy culpable. Estos problemas se relacionaban mucho con el hermano Wang. Si hubiera mencionado sus problemas antes, él podría haberlos visto y cambiado, y nuestra evangelización no habría estado en riesgo. Pero después, cuando de verdad quise mencionarlo, me preocupó otra vez que pudiera dañar nuestra relación, y me sentí en conflicto. Pensé que podía hablar con la líder y pedirle que ella hablara con él, así no se afectaría nuestra cooperación en nuestro deber, y aún podríamos llevarnos bien. Entonces, hablé con la líder sobre lo que pasaba con el hermano Wang. Ella halló algunas palabras de Dios relevantes y nos hizo entrar en ellas juntos, y pareció que el hermano Wang cambiaba un poco. Por eso, lo dejé pasar.

Una vez, le mencioné el asunto a otra hermana que señaló que yo siempre protegía mi relación con lo demás y que eso era señal de ser complaciente. Pero al principio, no lo vi de esa manera. Pensaba que no había forma de que yo fuera complaciente porque los complacientes son engañosos, y yo nunca había hecho nada engañoso, ¿cómo podía ser uno de ellos? En ese momento, no quise aceptar sus comentarios, pero también sabía que había una lección para mí en lo que ella había dicho. Oré a Dios y le pedí que me guiara para conocerme. Después leí esto en las palabras de Dios: “El comportamiento de las personas y el trato que le dan a los demás debe estar basado en las palabras de Dios; este es el principio más básico para la conducta humana. ¿Cómo pueden las personas practicar la verdad si no entienden los principios de la conducta humana? Practicar la verdad no consiste en decir palabras vacías y recitar frases hechas. Independientemente de lo que uno se encuentre en la vida, siempre que tenga que ver con los principios de la conducta humana, las perspectivas sobre los acontecimientos, o el cumplimiento de su deber, se enfrentan a una elección y deben encontrar la verdad, una base y un principio en las palabras de Dios, y luego deben encontrar una senda para practicar; los que pueden practicar de este modo son personas que perseguir la verdad. Ser capaz de perseguir la verdad de este modo, por muy grandes que sean las dificultades que uno encuentre, es recorrer la senda de Pedro y de la búsqueda de la verdad. Por ejemplo: ¿Qué principio debe seguirse al relacionarse con los demás? Tu punto de vista original es que no debes ofender a nadie, sino mantener la paz y evitar que nadie quede mal, para que en el futuro todos puedan llevarse bien. Constreñido por este punto de vista, cuando veas a alguien hacer algo malo, cometer un error o un acto que vaya en contra de los principios, preferirás tolerarlo que sacarle el tema a esta persona. Constreñido por tu punto de vista, te vuelves reacio a ofender a nadie. No importa con quién te relaciones, al encontrarte limitado por la idea de afectar la imagen de los demás, por las emociones o por los sentimientos que han crecido durante muchos años de interacción, siempre dirás cosas agradables para hacer feliz a la gente. Cuando hay cosas que te parecen insatisfactorias, también eres tolerante; te limitas a desahogarte un poco en privado, a soltar unas cuantas calumnias, pero cuando te encuentras con ellos en persona, no remueves las cosas y sigues manteniendo una relación con ellos. ¿Qué opinas de tal conducta? ¿Acaso no es la de alguien que dice sí a todo? ¿Acaso no es bastante evasiva? Eso infringe los principios de conducta. Entonces, ¿no es una bajeza actuar de esa manera? Los que actúan así no son buenas personas ni son nobles. No importa cuánto hayas sufrido ni el precio que hayas pagado, si te comportas sin principios, entonces habrás fallado y no obtendrás la aprobación de Dios, no serás recordado por Él ni le complacerás” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para cumplir bien con el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón). Hice introspección a la luz de las palabras de Dios. Sentía que no era complaciente, pero ¿cómo actuaba en realidad? En esa época, había visto que el hermano Wang alardeaba mucho en su evangelización, y yo debería haber señalado ese problema para ayudarlo a conocerse y a cumplir su deber según los principios, pero temía que ser directa dañara nuestra relación. Por eso, siempre tenía en cuenta sus sentimientos y no me animaba a decir nada demasiado directo. Incluso quería alentarlo más para darle la impresión de que yo era una buena persona y que él me tuviera en alta estima. Pero, en realidad, yo sabía que al cooperar con hermanos y hermanas en un deber, cuando notamos problemas, debemos señalarlos, compensar las debilidades de los demás y proteger la obra de la iglesia. Pero yo hacía lo incorrecto a sabiendas y no practicaba la verdad. Como resultado, el hermano Wang no reconoció sus propios problemas y seguía alardeando mientras compartía el evangelio sin concentrarse en enseñar la verdad. Eso significaba que no se corregían las nociones religiosas de la gente que investigaba el camino verdadero, y algunos dejaron de asistir a las reuniones cuando fueron perturbados. Vi el impacto de nuestro trabajo y me sentí un poco culpable, pero temía que él se pusiera en mi contra si era directa, y eso podía dañar nuestra relación. Por eso, engañé a una líder de iglesia para que hablara con él así yo no tenía que ofenderlo. Vi que intentaba proteger las relaciones con otros y mimarlos en mi deber, que no protegía para nada los intereses de la iglesia y que no tenía sentido de la justicia, que no seguía ni remotamente los principios. No era alguien que practicara la verdad en absoluto. ¿No es así cómo actúan alguien complaciente? Después de eso, leí un pasaje de las palabras de Dios que expone a los anticristos. “Según las apariencias, las palabras del anticristo parecen especialmente amables, cultas y distinguidas. Aquel que viola los principios, que es entrometido y molesto en el trabajo de la iglesia, no es expuesto o criticado, da igual quién sea. El anticristo hace la vista gorda, deja que la gente piense que es magnánimo en todos los asuntos. Cada corrupción y acto odioso de la gente es recibido con caridad y tolerancia. No se enfadan o tienen estallidos de rabia, no se molestan ni culpan a la gente cuando esta hace algo mal y daña los intereses de la casa de Dios. No importa quién cometa la maldad y altere la obra de la iglesia, no le prestan atención, como si no tuviera nada que ver con ellos, y nunca ofenderán a la gente por este motivo. ¿Qué es lo que más les preocupa a los anticristos? Cuánta gente los admira y cuánta les ve sufrir y los tiene en alta consideración por ello. Los anticristos creen que el sufrimiento nunca debe ser por nada, sin importar la dificultad que sufran, el precio que paguen, qué buenas acciones hagan, cómo de cariñosos, considerados y amables sean con los demás, todo ello debe llevarse a cabo delante de otros, debe verlo más gente. ¿Y cuál es su objetivo al actuar así? Ganarse a las personas, hacer que la gente sienta admiración y aprobación hacia sus actos, hacia su comportamiento, hacia su personalidad” (La Palabra, Vol. IV. Desenmascarar a los anticristos. Punto 9: Cumplen con su deber solo para distinguirse a sí mismos y satisfacer sus propios intereses y ambiciones; nunca consideran los intereses de la casa de Dios, e incluso los venden a cambio de su propia gloria (X)). Tras leer las palabras de Dios, me sentí muy culpable, como si Dios estuviera frente a mí exponiendo mi carácter satánico. Pensé que siempre intentaba ser una persona compasiva y amable porque sentía que hacerlo haría que los demás me respetaran y elogiaran, y le gustaría a la gente. También era así cuando cumplía mi deber con otros hermanos y hermanas. No decía nada evidente para exponer los problemas del hermano Wang, por temor a herir su reputación y que ya no nos lleváramos bien después de eso. Pero, de hecho, todo lo que hacía era proteger mi propio nombre y estatus. Usaba una amabilidad superficial para disfrazarme y hacerme ver bien, para ganarme el favor para que la gente pensara que soy amorosa, paciente y tolerante, que era una persona buena y amable. Pero no me tomaba en serio si sufrían la obra de la iglesia o las vidas de los hermanos y hermanas. Recién entonces vi cuán huidiza y engañosa era. Parecía que nunca ofendía a nadie, que era una buena persona, pero, de hecho, mis propios motivos viles estaban detrás de mis acciones. Engañaba a la gente y le hacía trampa a Dios. Vi que tenía el carácter de un anticristo, que protegía mi propia imagen y mi estatus a costa de la obra de la iglesia, y seguir en esa senda sería increíblemente peligroso. Cada vez me alejaría más de Dios y ¡terminaría siendo descartada por Él! De verdad me desprecié a mí misma cuando me di cuenta de esto, y también me sentí muy alterada. Dije una oración: “Dios, siempre me disfrazo y me hago quedar bien, me concentro en crear una imagen positiva. No quiero seguir en esta senda. Por favor, guíame para que abandone mi carácter corrupto”.

Después leí más palabras de Dios. “El estándar por el que los humanos juzgan a otros humanos se basa en su comportamiento; uno cuya conducta es buena es una persona justa y uno cuya conducta es abominable es malvado. El estándar por el que Dios juzga a los humanos se basa en si la esencia de alguien se somete a Él; uno que se somete a Dios es una persona justa y uno que no, es un enemigo y una persona malvada, independientemente de si el comportamiento de esta persona es bueno o malo, o si su discurso es correcto o incorrecto” (La Palabra, Vol. I. La obra de Dios y conocer a Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo). “Tal vez en todos tus años de fe en Dios, nunca hayas maldecido a nadie ni cometido una mala acción, sin embargo, en tu relación con Cristo, no puedes decir la verdad, actuar honestamente u obedecer la palabra de Cristo. En ese caso, Yo digo que tú eres la persona más siniestra y malévola del mundo. Quizás eres excepcionalmente amable y dedicado a tus parientes, tus amigos, tu esposa (o esposo), tus hijos e hijas y tus padres, y nunca te aprovechas de nadie, pero si eres incapaz de ser compatible con Cristo, si eres incapaz de relacionarte en armonía con Él, entonces, aun si gastas todo lo que tienes ayudando a tus vecinos, o si le brindas a tu padre, a tu madre y a los miembros de tu casa un cuidado meticuloso, te diría que sigues siendo un ser malvado y, más aún, lleno de trucos astutos” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios). Pude ver en las palabras de Dios que el estándar de la gente para medir a otros se basa en cuán bien se comporten. Aquellos que se comportan bien son buenas personas, mientras que los que se comportan mal son malas personas. Pero el estándar de Dios para eso se basa en si alguien sigue el camino de Dios, y en la esencia de esa persona y su actitud hacia someterse a Dios. No debería determinarse por cuán amable es su conducta externa. Las revelaciones de las palabras de Dios me dieron justo en el corazón. Desde pequeña, con mis familiares y con otros, nunca peleé ni inicié conflictos con nadie. Incluso si alguien empezaba a discutir conmigo, los aplacaba para resolverlo. Mis vecinos de la aldea siempre me elogiaban por ser una buena persona, y yo también pensaba que ser así significaba que había alcanzado el estándar de buena persona. Ahora me resultaba evidente que aparentaba no hacer maldades, pero que no era honesta ni de palabra ni de acción. Vi que el hermano Wang cumplía su deber sin seguir los principios y que siempre alardeaba, lo que afectaba nuestra efectividad en el trabajo. Para proteger mi imagen de buena persona, no lo expuse ni lo ayudé, y no protegía los intereses de la iglesia. Aunque los demás pensaban que yo era una buena persona, ante Dios, yo seguía estando contra Dios y la verdad, y todo lo que hacía era cometer maldades. Vi que juzgar si alguien es buena o mala persona con base en sus conductas externas no era el estándar correcto. Algunas personas parecen hacer muchas cosas amables, pero se resisten fuertemente y condenan la obra y las palabras de Dios. Son malhechores. Recordé una hermana con la que había trabajado. Por lo que yo sabía, a ella no le importaba ser cálida o amable en sus palabras, pero podía aceptar la verdad y buscaba cómo cumplir su deber según los principios de la verdad. Decía lo que necesitaba ser dicho cuando veía que otros no actuaban según la verdad. Era capaz de señalar los problemas de los demás y tenía un sentido de la justicia. Pensar esto me dio cierta determinación para dejar de seguir mis perspectivas erradas en tratar de parecer una persona amable. En cambio, debo vivir según la verdad de las palabras de Dios y debo buscar ser una persona verdaderamente buena.

Leí un pasaje de las palabras de Dios que me dio una senda de práctica. Dios Todopoderoso dice: “La gente debería esforzarse al máximo por hacer de las palabras de Dios su base y de la verdad su criterio; tan solo entonces podrá vivir en la luz y como un ser humano normal. Si quieres vivir en la luz, debes actuar según la verdad; si quieres ser honesto, debes decir palabras honestas y hacer cosas honestas. Solo con los principios de la verdad hay una base para tu conducta; una vez que las personas pierden los principios de la verdad, y se centran solo en el buen comportamiento, esto da lugar inevitablemente a que sean falsas y finjan. Si no hay principios en la conducta de las personas, entonces, por muy buena que sea su conducta, son hipócritas; pueden ser capaces de engañar a los demás durante un tiempo, pero nunca serán dignas de confianza. Solo cuando las personas actúan y se comportan de acuerdo con las palabras de Dios tienen una base verdadera. Si no se comportan de acuerdo con las palabras de Dios, y solo se centran en fingir que se comportan bien, ¿podrán así convertirse en buenas personas? Por supuesto que no. El buen comportamiento no puede cambiar la esencia de las personas. Solo la verdad y las palabras de Dios pueden cambiar las actitudes, los pensamientos y las opiniones de las personas, y convertirse en su vida. […] A veces, es necesario señalar y criticar directamente los defectos, las deficiencias y las faltas de los demás. Esto supone un gran beneficio para las personas. Es una verdadera ayuda para ellos y es muy constructivo, ¿verdad? Digamos, por ejemplo, que eres especialmente obstinado y arrogante. Nunca has sido consciente de ello, pero alguien que te conoce bien viene directamente y te dice el problema. Piensas: ‘¿Soy obstinado? ¿Soy arrogante? Nadie más se ha atrevido a decírmelo, pero ellos me entienden. El hecho de que puedan decir tal cosa sugiere que es realmente cierto. Debo dedicar algún tiempo a reflexionar sobre esto’. Después le dices a la persona: ‘Los demás solo me dicen cosas bonitas, me alaban, nadie nunca es sincero conmigo, nadie ha señalado nunca estos defectos y problemas en mí. Solo tú has sido capaz de decírmelo, de hablarme de forma personal. Ha sido genial, una gran ayuda para mí’. Era un diálogo abierto, de corazón, ¿verdad? Poco a poco, la otra persona te comunicó lo que tenía en mente, sus pensamientos sobre ti, y sus experiencias respecto a sus nociones, imaginaciones, negatividad y debilidad sobre este asunto, y fue capaz de escapar de ello buscando la verdad. Esto es tener un diálogo abierto, es una comunión de almas. Y, en resumen, ¿cuál es el principio que subyace al hablar? Es este: decir lo que hay en tu corazón, y hablar de tus verdaderas experiencias y de lo que realmente piensas. Estas palabras son las más beneficiosas para las personas, proveen para ellas, las ayudan, son positivas. Rechaza decir esas palabras falsas, esas palabras que no benefician ni edifican a las personas; así evitarás perjudicarlas o hacerlas tropezar, sumirlas en la negatividad y tener un efecto negativo. Debes decir cosas positivas. Debes esforzarte por ayudar a las personas tanto como puedas, para beneficiarlas, para proveer para ellas, para producir en ellas la verdadera fe en Dios; y debes permitir que se ayude a las personas, que ganen mucho a partir de tus experiencias de las palabras de Dios y de la forma en que resuelves los problemas, y que sean capaces de entender la senda de la experiencia de la obra de Dios y de entrar en la realidad de la verdad, así les permitirás entrar en la vida y harás que esta crezca, todo lo cual es el efecto de que tus palabras tengan principios y resulten edificantes para las personas” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué es buscar la verdad (3)). Hallé los principios para actuar en las palabras de Dios. Debemos ser gente honesta de acuerdo con las palabras de Dios. Cuando vemos los problemas de otros, debemos señalárselos y ayudarlos, lo que puede beneficiarlos. Deberíamos proteger la obra de la iglesia y ser edificantes para los demás. Tras entender esta senda, quise poner en práctica la verdad de inmediato, tener una conversación sincera con el hermano Wang y mencionar sus problemas. Sabía que esto era para que él pudiera rectificar su actitud hacia su deber y aprender sobre su carácter corrupto y las deficiencias en su deber. Era para ayudarlo. Lo busqué, dispuesta a hablar de sus problemas con él. Justo entonces, me preocupé otra vez, temía qué pensaría él de mí. Pero pensé en que recientemente yo no había estado practicando la verdad, lo que dañaba nuestra obra, y me sentí muy culpable. Sabía que Dios examina mis pensamientos y acciones y debía ser una persona honesta. Ya no podía proteger mi imagen y darle la espalda a la verdad. Este pensamiento me dio el valor para abandonar mi carácter corrupto y hablar con el hermano Wang sobre sus problemas con sinceridad. Para mi sorpresa, él me escuchó y fue capaz de aceptarlo, y dijo: “Aún no he entendido por completo algunos principios. En el futuro, por favor háblame de cualquier problema que veas. Podemos ayudarnos mutuamente y cumplir bien nuestro deber juntos”. Oír eso me emocionó, y le agradecí mucho a Dios. También sentí vergüenza y remordimientos por no haber puesto en práctica la verdad antes. Si le hubiera mencionado esto antes, podríamos haber mejorado los resultados de nuestro trabajo antes, y él habría aprendido sobre su carácter corrupto antes. Así pude probar de verdad que practicar la verdad beneficia a otros, a uno mismo y al deber. Ahora, cuando veo problemas de los hermanos y hermanas, se los señalo proactivamente porque sé que esto es practicar la verdad y es ayudarlos. También he experimentado que vivir según las exigencias de Dios y hacer las cosas según los principios de la verdad es la única forma de practicar la verdad y ser una buena persona.

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