Lo que resulta de siempre complacer a otros

4 Dic 2022

Por Xincheng, Estados Unidos

Me encargo de la labor evangelizadora en la iglesia. La hermana Wanda y yo trabajamos juntas como líderes de grupo. Al principio, veía que Wanda era proactiva en su deber y que era bastante efectiva en su trabajo. Creía que ella era una persona responsable que llevaba cargas. Pero, después de un tiempo, noté que cada vez era más pasiva en su deber. Casi nunca notaba problemas en el trabajo, y mucho menos los resolvía. En el pasado, cuando resumíamos nuestro trabajo, siempre acudía a mí para que hiciera el resumen de los problemas o desviaciones en el trabajo y para discutir formas de solucionarlos. Pero esta vez, solo había silencio. En general, compartíamos todo el trabajo en nuestro grupo, y los problemas se resumían oportunamente. Esto permitía solucionar mejor los problemas y mejorar la efectividad del trabajo. Pero ahora Wanda no volcaba su corazón en los problemas del grupo. Pensé: “No está cumpliendo sus deberes como líder de grupo. Esto no es aceptable, debo hablar con ella sobre esto”. Pero después dudé: “Mi relación con Wanda suele ser muy buena. Si le digo directamente que lleva una carga liviana en su deber y que no hace nada de trabajo real, ¿la avergonzará? Si por hacer esto altero la paz, ¿cómo nos llevaremos después? Olvídalo. Mejor no correr el riesgo. No debería perturbarla”. En ese momento, me acusaba en mi mente constantemente: “¿El estado de Wanda no ha sido negativo durante este período? Si esto continúa, su vida sufrirá y eso impactará en su trabajo. ¿No debería apurarme a hablar con ella? Pero si solo señalo que carece de carga directamente, ¿ella se sentirá limitada y pensará que controlo su trabajo? Tal vez debería decírselo a la líder y que ella ayude a Wanda. Así, no necesitaré ofenderla”. Pero después pensé: “Si le digo a la líder y Wanda se entera, ¿dirá que la estaba acusando? No, mejor no digo nada”. Dudaba mucho, y no encontraba alivio para el problema. Estaba al tanto de que mi estado estaba equivocado, por lo que oré a Dios y le pedí que me guiara para buscar la verdad y corregir mis problemas.

Una vez, en una reunión, vi que las palabras de Dios dicen: “Cuando veáis un problema y no hagáis nada para interceptarlo, ni tampoco comuniquéis sobre él ni tratéis de limitarlo y, aparte de eso, no informéis sobre él a vuestros superiores, sino que hagáis el papel de una ‘persona agradable’, ¿es eso una señal de deslealtad? ¿Son estas personas agradables leales a Dios? Ni un poco. Tal persona no es solo desleal con Dios, también actúa como cómplice de Satanás, su asistente y seguidora. Son infieles respecto a su deber y responsabilidad, pero le son bastante leales a Satanás. Ahí radica la esencia del problema. En cuanto a la falta de profesionalidad, es posible aprender constantemente y reunir experiencias mientras cumples con tu deber. Tales problemas pueden ser fácilmente resueltos. Lo más difícil de resolver es el carácter corrupto del hombre. Si no buscáis la verdad ni resolvéis vuestro carácter corrupto, sino que siempre os hacéis los buenos, y no tratáis ni ayudáis a los que habéis visto violar los principios, ni los ponéis en evidencia o reveláis, sino que siempre reculáis y no asumís la responsabilidad, entonces un cumplimiento del deber como el vuestro solo comprometerá y demorará la obra de la iglesia” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. El correcto cumplimiento del deber requiere de una cooperación armoniosa). “El comportamiento de las personas y el trato que le dan a los demás debe estar basado en las palabras de Dios; este es el principio más básico para la conducta humana. ¿Cómo pueden las personas practicar la verdad si no entienden los principios de la conducta humana? Practicar la verdad no consiste en decir palabras vacías y recitar frases hechas. Independientemente de lo que uno se encuentre en la vida, siempre que tenga que ver con los principios de la conducta humana, las perspectivas sobre los acontecimientos, o el cumplimiento de su deber, se enfrentan a una elección y deben encontrar la verdad, una base y un principio en las palabras de Dios, y luego deben encontrar una senda para practicar; los que pueden practicar de este modo son personas que perseguir la verdad. Ser capaz de perseguir la verdad de este modo, por muy grandes que sean las dificultades que uno encuentre, es recorrer la senda de Pedro y de la búsqueda de la verdad. Por ejemplo: ¿Qué principio debe seguirse al relacionarse con los demás? Tu punto de vista original es que no debes ofender a nadie, sino mantener la paz y evitar que nadie quede mal, para que en el futuro todos puedan llevarse bien. Constreñido por este punto de vista, cuando veas a alguien hacer algo malo, cometer un error o un acto que vaya en contra de los principios, preferirás tolerarlo que sacarle el tema a esta persona. Constreñido por tu punto de vista, te vuelves reacio a ofender a nadie. No importa con quién te relaciones, al encontrarte limitado por la idea de afectar la imagen de los demás, por las emociones o por los sentimientos que han crecido durante muchos años de interacción, siempre dirás cosas agradables para hacer feliz a la gente. Cuando hay cosas que te parecen insatisfactorias, también eres tolerante; te limitas a desahogarte un poco en privado, a soltar unas cuantas calumnias, pero cuando te encuentras con ellos en persona, no remueves las cosas y sigues manteniendo una relación con ellos. ¿Qué opinas de tal conducta? ¿Acaso no es la de alguien que dice sí a todo? ¿Acaso no es bastante evasiva? Eso infringe los principios de conducta. Entonces, ¿no es una bajeza actuar de esa manera? Los que actúan así no son buenas personas ni son nobles. No importa cuánto hayas sufrido ni el precio que hayas pagado, si te comportas sin principios, entonces habrás fallado y no obtendrás la aprobación de Dios, no serás recordado por Él ni le complacerás” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Para cumplir bien con el deber, al menos se ha de tener conciencia y razón). Las palabras de Dios me hicieron reconocer que había estado albergando ideas equivocadas de que las relaciones entre las personas siempre debían ser pacíficas. Si siempre señalaba y exponía los problemas ajenos, eso las ofendería y, probablemente, heriría a la vez su orgullo y nuestra relación, lo que dificultaría que nos lleváramos bien. Al comparar esta idea con las palabras de Dios, por fin vi que no estaba de acuerdo con la verdad, que iba contra los principios de ser una persona. Las personas así son egoístas, despreciables, engañosas y astutas. Para mantener buenas relaciones, no dicen nada cuando ven que alguien tiene un problema, y solo ofrecen adulación y elogios. No son sinceras en sus interacciones y no ayudan de verdad, sino que dañan a la gente. Estas personas son escorias a ojos de Dios, y Él nos las aprueba. Justo así había tratado a Wanda… Vi con claridad que ella no llevaba una carga en su deber y que no hacía trabajo real, pero no practicaba la verdad mostrándole sus problemas. Ni siquiera tuve el valor de informar sobre sus problemas. Solo consideraba cómo preservar mi relación con mi hermana. Pensaba que exponer los problemas de una persona la ofendería y lastimaría sus sentimientos. Aunque veía que afectaba el trabajo, aún no estaba dispuesta a negar la carne y practicar la verdad. ¡Era una persona astuta y complaciente! Descubrí el problema de mi hermana, pero no lo expuse. Aunque preservé nuestra relación, no beneficiaba en nada su entrada en la vida y también afectaba la labor evangelizadora de la iglesia. Al hacer esto, estaba en verdad dañando a otros y a la obra de la iglesia.

Después, pensé cuáles deberían ser los principios para interactuar con otros. Vi que la palabra de Dios dice: “Debéis centraros en la verdad; solo entonces podréis entrar en la vida, y solo cuando hayáis entrado en la vida podréis proveer a otros y guiarlos. Si se descubre que los actos de los demás no concuerdan con la verdad, hemos de ayudarlos amorosamente a buscarla. Si los demás son capaces de practicar la verdad y hacen las cosas con principios, debemos tratar de aprender de ellos y emularlos. Esto es el amor mutuo. Este es el tipo de ambiente que hay que tener dentro de la iglesia, con todos enfocados en la verdad y esforzándose por alcanzarla. Da igual lo jóvenes o mayores que sean, o si son creyentes veteranos o no. Tampoco importa si son de alto o bajo calibre. Estas cosas son irrelevantes. Frente a la verdad, todos son iguales. En lo que hay que fijarse es en quién habla correctamente y conforme a la verdad, quién considera los intereses de la casa de Dios, quién lleva la mayor carga en la obra de la casa de Dios, quién entiende la verdad con mayor claridad, quién comparte el sentido de la justicia y quién está dispuesto a pagar el precio. Sus hermanos y hermanas deben apoyar y aplaudir a estas personas. Este ambiente de rectitud que proviene de la búsqueda de la verdad debe prevalecer dentro de la iglesia; de esta manera, tendrás la obra del Espíritu Santo, y Dios te otorgará bendiciones y guía” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo aquel que cumple con el deber con todo su corazón, su mente y su alma ama a Dios). La verdad reina en la iglesia; los miembros de la iglesia deberían priorizar la verdad cuando interactúan. Hay que hablar con cualquiera que viole los principios, tratar con esa persona y ayudarla cariñosamente para que pueda esforzarse por la verdad. Quien habla y actúa de acuerdo con la verdad, es recto y capaz de proteger la obra de la iglesia debería ser apoyado y protegido. Solo si todos nos enfocamos en buscar y practicar la verdad, y permitimos que la búsqueda de la verdad prevalezca en la iglesia, puede hacer Su obra el Espíritu Santo. Cuando comprendí estas cosas, mi corazón se elevó y yo tuve una senda de práctica. También pensé qué, en realidad, todo verdadero creyente en Dios quiere cumplir su deber bien y retribuir Su amor. Pero nadie puede evitar mostrar su corrupción y sus muchas insuficiencias en el curso de su deber. Los hermanos y hermanas deben ayudarse y corregirse mutuamente. No se señalan y exponen los problemas de los demás para avergonzarlos ni para atacarlos, si no que se hace para ayudar a la gente a comprender sus problemas y a revertir su estado incorrecto. Solo esto es verdadero amor, y la expresión de amor mutuo. Es para proteger la obra de la iglesia. En contraste, cuando ves que alguien tiene problemas, pero no lo mencionas, acatando así la filosofía satánica de proteger tus intereses personales, esto es ser irresponsable hacia la entrada en la vida de la gente y la obra de la iglesia. Vivir así es demasiado egoísta y despreciable. Pensé en mis interacciones con Wanda. Vi que había problemas en su deber, pero no le di ninguna ayuda real porque solo me preocupaba proteger mi imagen y no pensé en su entrada en la vida ni en la obra de la iglesia. ¡Era en verdad egoísta, despreciable y carente de humanidad! En este punto, estaba llena de reproches y dispuesta a practicar las palabras de Dios, a tratar a mi hermana de acuerdo con los principios de la verdad.

Después, busqué a Wanda, me sinceré y hablé con ella. Le hablé de todos los problemas que había visto, uno por uno. Ella quedó muy conmovida tras leer las palabras de Dios y dijo que su estado había sido muy negativo últimamente, y que incluso no había tenido nada que decir al orar. Me sorprendió oír esto, y me culpé a mí misma. Si se lo hubiera señalado y la hubiera ayudado antes, tal vez ella podría haber corregido su estado incorrecto, y no habría impactado en su deber. Vi que no practicar la verdad y ser complaciente solo para preservar mi relación con mi hermana en verdad la estaba dañando. Por eso, oré a Dios y decidí que en mis interacciones futuras con la gente, me concentraría en practicar la verdad y que si descubría un problema, lo señalaría y ayudaría de inmediato en lugar de ser complaciente.

Desde entonces, Wanda fue más activa en su deber. Pero después de un tiempo, noté que su trabajo a menudo violaba los principios. Incluso si alguien tenía mala humanidad y no seguía los principios para compartir el evangelio, ella aún le compartía el evangelio y malgastaba esfuerzos. Yo estaba confundida. Hacía mucho que Wanda difundía el evangelio. Ya debería captar mejor todos los aspectos de los principios. ¿Cómo podía cometer errores tan obvios? ¿Su estado no se había revertido todavía? Tal vez debería recordarle. Pero después pensé: “Ya la ayudé antes. No necesito corregirla constantemente. Esto es muy incómodo. Si siempre la estoy corrigiendo, ¿pensará que soy una persona arrogante, que siempre busco los problemas de los demás o que pido demasiado de la gente? Eso sería malo para mi imagen. Debería dejarlo”. Así que, sin más, vi que el estado y la condición de Wanda no eran los correctos en su deber, pero hice la vista gorda y no lo señalé ni la ayudé. Pasó algo de tiempo, y destituyeron a Wanda por ser descuidada e ineficaz en sus deberes por mucho tiempo. Me sentí muy culpable. Vi con claridad que había problemas en el deber de mi hermana, pero no le presté atención. Hice la vista gorda y no hice nada por recordarle o ayudarla. Ahora que había sido destituida, ¿no era yo también responsable? Me sentí atormentada y perdida. ¿Por qué siempre era complaciente e incapaz de practicar la verdad? ¿Cuál era la raíz de este problema?

Mientras reflexionaba y buscaba, vi que la palabra de Dios dice: “Hay un principio en las filosofías para vivir que dice: ‘Callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena’. Esto significa que, para preservar una relación amistosa, uno debe guardar silencio sobre los problemas de su amigo, incluso si los percibe claramente, y que debe defender los principios de no atacar la dignidad del otro ni exponer sus deficiencias. Han de engañarse mutuamente, ocultarse el uno del otro, intrigar contra el otro; y aunque sepan con claridad absoluta qué clase de persona es el otro, no lo dicen abiertamente, sino que emplean métodos taimados para preservar sus relaciones amistosas. ¿Por qué querría uno preservar esas relaciones? Se trata de no querer hacer enemigos en esta sociedad, dentro del grupo, lo cual significaría someterse a menudo a situaciones peligrosas. Como no sabes de qué manera te perjudicará alguien después de que hayas expuesto sus faltas o le hayas hecho daño y se convierta en tu enemigo, no deseas colocarte en esa situación, empleas el principio de las filosofías para vivir que dice: ‘Nunca golpees por debajo del cinturón ni des toques de atención a los demás’. A la luz de esto, si dos personas mantienen una relación de este tipo, ¿consideran que son verdaderos amigos? (No). No son verdaderos amigos, y mucho menos son el confidente del otro. Entonces, ¿de qué tipo de relación se trata exactamente? ¿No es una relación social fundamental? (Sí). En este tipo de relaciones sociales, las personas no pueden expresar sus sentimientos, tener intercambios profundos, decir nada que les guste, decir en voz alta lo que hay en su corazón o los problemas que perciben en el otro, ni tampoco palabras que puedan beneficiar al otro. En cambio, eligen palabras que suenan bien para no herir al que las escucha. No desean crearse enemigos. El objetivo de esto es evitar que las personas que les rodean supongan una amenaza. Cuando nadie les amenaza, ¿acaso no viven en relativa tranquilidad y paz? ¿No es este el objetivo de las personas que promueven la frase ‘Nunca golpees por debajo del cinturón ni des toques de atención a los demás’? (Así es). Es evidente que se trata de una forma de existencia astuta y engañosa, con un elemento defensivo, y cuyo objetivo es la propia preservación. Las personas que viven así no tienen confidentes, ni amigos íntimos a los que puedan decirles nada. Están a la defensiva unos con otros, y son calculadores y estrategas, cada uno toma de la relación lo que le conviene. ¿No es así? En el fondo, el objetivo de ‘nunca golpear por debajo del cinturón ni dar toques de atención a los demás’ es evitar ofender a otros y ganarse así enemigos, protegerse para no causar daño a nadie. Se trata de una técnica y un método para evitar que nos hagan daño” (La Palabra, Vol. VI. Sobre la búsqueda de la verdad. Qué es buscar la verdad (8)). “La naturaleza satánica del hombre contiene gran cantidad de filosofías. En ocasiones, tú mismo no eres consciente de ellas y no las entiendes, pero vives basándote en estas cosas cada momento de tu vida. Además, piensas que estas filosofías son muy correctas y razonables y que no están en absoluto equivocadas. Esto es suficiente para ilustrar que las filosofías de Satanás se han convertido en la naturaleza de las personas, y que estas viven completamente de acuerdo con esas filosofías, pensando que esa manera de vivir es buena y sin ningún sentido de arrepentimiento en absoluto. Por tanto, el hombre constantemente está revelando su naturaleza satánica y, en todos los aspectos, sigue rigiéndose por las filosofías de Satanás. La naturaleza de Satanás es la vida de la humanidad, y es la naturaleza y la esencia de esta” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo caminar por la senda de Pedro). Gracias a la revelación de la palabra de Dios, comprendí. La razón por la que no podía evitar ser complaciente era que había sido corrompida por Satanás muy profundamente. Mi corazón estaba lleno de las filosofías y las leyes de Satanás, tales como: “nunca golpees debajo del cinturón”, y “callarse los errores de los buenos amigos hace la amistad larga y buena”, etcétera. Estas cosas se habían convertido en el código según el cual yo vivía mi vida. Bajo las órdenes de estas filosofías satánicas, yo pensaba que no ofender a la gente con mis palabras y mis acciones, mantener buenas relaciones y cuidar la paz era una forma de vida sabia. Así que, aunque vi que Wanda era descuidada en su deber y que violaba los principios, y que eso ya había afectado el trabajo, no estuve dispuesta a exponerla o corregirla. Prefería dejar que el trabajo evangelizador sufriera para mantener mis relaciones. Estaba tan atada por las filosofías satánicas que no podía practicar la verdad, ¡no tenía ni una pizca de conciencia ni razón! Vi que la palabra de Dios dice: “Es evidente que se trata de una forma de existencia astuta y engañosa, con un elemento defensivo, y cuyo objetivo es la propia preservación”. Quedé muy conmovida. Las palabras de Dios dieron en el clavo y expusieron mis intenciones despreciables cuando acataba las filosofías satánicas. Antes pensaba, pomposa, que la razón por la que no corregía a mi hermana era porque temía que ella se sintiera limitada. Pero, en realidad, esto solo era una excusa para que yo no practicara la verdad. Temía que, si la corregía demasiado a menudo, ella se ofendiera y pensara que yo era una persona arrogante que disfruta de buscar problemas y que no puede tratar a los demás de forma justa. Para darle una buena impresión a mi hermana, ignoré sus problemas, lo que hizo que ella viviera constantemente en su corrupción y que no se conociera. Yo no era sincera en mis interacciones con los demás, todo era apariencias falsas y trucos. ¡Había sido muy engañosa y astuta! Pensé que cuando Wanda y yo empezamos a ser compañeras en nuestros deberes, yo no practiqué la verdad que debería haber practicado, y no cumplí la responsabilidad que debía cumplir. Ahora la habían destituido, y yo sentía remordimientos. Había experimentado que vivir según las filosofías satánicas de verdad lastima a los demás y a una misma. Tu vida es despreciable y reprensible. Ya no quería seguir acatándolas. Quería buscar la verdad y cumplir bien mi deber.

Después vi que la palabra de Dios dice: “Concretando un poco más: ser una persona honesta es ser alguien sencillo y abierto, que no se arredra ni se esconde, que no miente ni habla con indirectas, que es una persona directa, que tiene sentido de la justicia y habla con honestidad. Esto es lo primero que hay que hacer. […] Las personas astutas son las que Dios más detesta. Si quieres deshacerte de la influencia de Satanás y ser salvado, debes aceptar la verdad. Debes empezar por ser una persona honesta, decir cosas ciertas y verdaderas, no dejarte constreñir por la emoción, librarte de la farsa y el engaño, y empezar a hablar y actuar con principios. Viviendo así eres libre y feliz, y puedes vivir ante Dios” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Solo al practicar la verdad es posible despojarse de las cadenas de un carácter corrupto). “Mi reino necesita a los que son honestos; a los que no son hipócritas o astutos. ¿Acaso las personas sinceras y honestas no son impopulares en el mundo? Yo soy justo lo opuesto. Es aceptable que las personas honestas vengan a Mí; me deleito en esta clase de personas, y también necesito a esta clase de personas. Esto es precisamente Mi justicia” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Declaraciones de Cristo en el principio, Capítulo 33). Las palabras de Dios me hicieron entender que a Dios le agrada la gente pura, recta y sincera, gente que puede ser directa y que no es astuta en su discurso y en sus acciones. La gente honesta es digna de entrar en el reino de Dios. Esto fue decidido por el carácter justo de Dios. Piensa que en el mundo de los incrédulos toda interacción es performativa. Frente a otros, solo se dicen palabras de adulación. Ni una palabra de sinceridad. Al enfrentar maldades que están en contra de la conciencia y la ética, la mayoría de las personas eligen protegerse a sí mismas y creen que lo mejor es evitar agitar las aguas. No se animan a pronunciar ni una palabra sincera. Son especialmente hipócritas y traicioneras, no tienen integridad ni temple. Pero cuando interactuaba con otros, yo también acataba estas filosofías satánicas. Cuando veía un problema, no lo exponía ni ayudaba, Solo protegía mis relaciones con los demás. Vivir así es muy engañoso y astuto. Desagrada a Dios, y Él lo odia. En este punto, pensé que Dios es santo y tiene una esencia digna de confianza. Dios encarnado actúa con la gente de una manera real. Expresa la verdad, juzga y expone a la gente todo el tiempo y en todos lados, según el carácter corrupto que la gente muestra y sus nociones de Dios. En particular, las palabras de juicio y exposición de Dios hablan directamente a la raíz y esencia de nuestra corrupción. Aunque Sus palabras son severas y duras, todas son para que nos conozcamos, nos arrepintamos y cambiemos. Las palabras de Dios son incondicionales e inequívocas. Todas son palabras del corazón. Dios tiene un corazón especialmente sincero y confiable hacia la gente. Si Dios no nos lo señalara y especificara, si no expusiera la verdad de cuán profundamente Satanás corrompió a los humanos, nunca seríamos conscientes de nosotros mismos. En cambio, viviríamos según nuestras propias fantasías, creyendo que somos buenos. Nuestro carácter corrupto nunca se transformaría, y nosotros nunca alcanzaríamos la salvación. Dios espera que podamos reconocer la verdad de nuestra corrupción a través de Sus palabras de juicio y exposición, y que podamos arrepentirnos ante Dios, vivir según Sus palabras y buscar ser personas honestas. Este es el amor de Dios hacia la gente. Tras considerar esto, tuve una gran sensación de aliento. Decidí que estaba dispuesta a cumplir las exigencias de Dios, a ser una persona pura, recta y sincera.

Una vez, nuestra líder, la hermana Belinda, hablaba del trabajo con nosotros. Me di cuenta de que había una desviación en el trabajo que ella había asignado y quise señalársela. Pero pensé: “Esta hermana es la líder. Si le señalo un descuido o una desviación en su deber, ¿se avergonzará? Si piensa que intento complicarle las cosas e intenta vengarse después, ¿qué pasará? Olvídalo, no debería decir nada. Todos cometen errores”. En este punto comprendí que mi mentalidad complaciente asomaba otra vez, Por eso, oré a Dios para que me guiara para practicar los principios de la verdad. Después, leí la palabra de Dios que dice: “Si tienes las motivaciones y la perspectiva de una ‘persona agradable’, entonces, en todos los asuntos, serás incapaz de practicar la verdad y acatar los principios, y fracasarás y caerás siempre. Si no despiertas y no buscas nunca la verdad, entonces eres un incrédulo, y nunca obtendrás la verdad y la vida. Así pues, ¿qué deberías hacer? Cuando te enfrentes con esas cosas, debes clamar a Dios en oración, suplicando salvación y pidiéndole que te otorgue más fe y fuerza para permitirte acatar los principios, que hagas lo que debas hacer, manejes las cosas de acuerdo con los principios, te mantengas firme, protejas los intereses de la casa de Dios y evites que entre algo perjudicial en la obra de la casa de Dios. Si puedes abandonar tus propios intereses, tu reputación y tu punto de vista de una ‘persona agradable’ y si haces lo que debes hacer con un corazón honesto e íntegro, entonces habrás derrotado a Satanás y habrás ganado este aspecto de la verdad. Si siempre vives según la filosofía de Satanás, manteniendo tus relaciones con los demás y nunca practicando la verdad, ni atreviéndote a acatar los principios, ¿podrás entonces practicar la verdad en otros asuntos? No tendrás fe ni fuerza. Si nunca eres capaz de buscar o aceptar la verdad, entonces ¿esa fe en Dios te permitirá obtener la verdad? (No). Y si no puedes obtener la verdad, ¿puedes ser salvado? No puedes. Si siempre vives según la filosofía de Satanás, totalmente desprovisto de la realidad de la verdad, entonces nunca podrás ser salvado. Debe quedarte claro que obtener la verdad es una condición indispensable para la salvación. ¿Cómo, entonces, puedes obtener la verdad? Si eres capaz de practicar la verdad, si puedes vivir según ella, y si esta se convierte en la base de tu vida, entonces obtendrás la verdad y tendrás vida, y así serás uno de los que se salven” (La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Tercera parte). Tras leer las palabras de Dios, vi que si la gente acata filosofías satánicas y siempre es complaciente, nunca obtendrá la verdad y, al final, nunca alcanzará la salvación. En ese momento, comprendí que si quieres corregir el problema de ser complaciente, debes orar mucho y ampararte en Dios, pedirle fuerza a Dios, ser capaz de negar la carne, abandonar los intereses personales y tener en consideración el trabajo de la iglesia. Al practicar así a menudo, de a poco puedes superar las limitaciones de tu carácter corrupto. Si nunca puedes practicar la verdad y no eres devoto en tu deber, al final, serás expuesto y descartado. Al pensar esto, tuve el valor y la motivación para practicar la verdad. No podía seguir siendo complaciente, sin conciencia ni humanidad. Por eso, le mencioné el asunto a mi líder. Tras decírselo, sentí un gran alivio. Después, en una reunión, la líder habló sobre su reflexión y sobre lo que ganó tras haber sido confrontada con su problema, Oír sobre la experiencia de mi hermana y su reflexión me conmovió mucho, y ¡probé la dulzura de practicar la verdad! Esta experiencia aumentó mi fe en practicar la verdad. Cuando, después, enfrenté situaciones similares, aunque a menudo todavía mostraba las ideas de alguien complaciente, experimentaba menos dolor y lucha que antes. Podía negarme conscientemente y practicar la verdad. Al practicar así la verdad, mi corazón sentía mucho alivio y paz. Las palabras de Dios lograron este efecto. ¡Gracias a Dios!

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