¿Quién separó a mi familia en realidad?

19 Ene 2023

Por Fang Xia, China

Yo era maestra y mi esposo era ingeniero. Durante todo nuestro matrimonio, tuvimos una gran relación, y nuestra hija era inteligente y se comportaba bien. Todos nuestros amigos y colegas nos admiraban. En diciembre de 2006, acepté la obra de los últimos días de Dios Todopoderoso. Al leer las palabras de Dios, aprendí que nuestro Salvador, Dios Todopoderoso, ha expresado montones de verdades para purificar y salvar a la humanidad. Tener fe, leer las palabras de Dios, ganar la verdad y deshacernos del pecado y de nuestras actitudes corruptas es la única forma de estar protegidos por Dios durante los grandes desastres y, finalmente, entrar en Su reino. También aprendí que, para cada uno de nosotros, la vida viene de Dios, y Dios nos ha dado todo lo que poseemos. Como seres creados, debemos cumplir nuestro deber. Después, empecé a compartir el evangelio y a regar a nuevos fieles. Todos los días se sentían muy plenos. Mi esposo notó que, desde que me había hecho creyente, yo siempre sonreía y me dijo con alegría: “Antes, siempre estabas agotada después de un día de trabajo, yo me preocupaba por ti. Como creyente, estás igual de ocupada, pero estás cada vez mejor. Al parecer, ¡tener fe es maravilloso!”. Pero lo bueno no dura. Pronto, empezó a oprimirme y a interponerse en el camino de mi fe.

Un día de marzo de 2007, llegó a casa de trabajar y, en cuanto entró, dijo con dureza: “Hoy nuestro jefe convocó una reunión general para los jefes de cada departamento y dijo que, en los últimos años, ha crecido la cantidad de creyentes en Dios Todopoderoso, lo que hace que el Partido entre en pánico. La Iglesia de Dios Todopoderoso es un objetivo nacional importante, y todos los que creen en Dios Todopoderoso pueden ser arrestados por el Partido Comunista. Para los empleados públicos es peor. Si se descubre que un empleado o uno de sus familiares es miembro de la Iglesia, ese empleado será despedido, ¡sin excepción! Como nadie en tu escuela sabe aún de tu fe, renuncia a ella antes de que sea demasiado tarde. Si tu jefe se entera, ¡te arrestarán!”. Yo pensaba que tener fe es la senda correcta y no viola ninguna ley, entonces, ¿por qué el Partido querría impedírmelo? Por eso, le dije: “Cuando China se unió a la OMC, ¿no declaró que en China había libertad de culto? ¿Por qué la opresión ahora? ¿Qué tiene de malo mi fe?”. Él se enojó mucho y respondió: “Sé que tener fe es bueno, pero el Partido no lo permite. ¿Qué podemos hacer? No se puede ganar en una lucha desigual. Si mantienes tu fe, podrías enfrentar el arresto y la prisión en cualquier momento. ¿No se arruinaría nuestra familia si te arrestaran? ¡Debes renunciar a tu fe por el bien de esta familia!”. Me indignó oírle decir eso. No había imaginado que, en su esfuerzo por evitar que la gente crea en Dios, el Partido usaría a los jefes de la gente para presionarla, pero eso explicaba el abrupto cambio de opinión de mi esposo. Me preguntaba si el Partido me dejaría en libertad si se enteraba de mi fe. ¿Por qué es tan difícil creer en China? Después recordé un pasaje de las palabras de Dios que una vez me leyó una hermana. “El gran dragón rojo persigue a Dios y es Su enemigo, y por lo tanto, en esta tierra, los que creen en Dios son sometidos a humillación y opresión y, como resultado, estas palabras se cumplirán en este grupo de personas, vosotros. Al embarcarse en una tierra que se opone a Dios, toda Su obra se enfrenta a tremendos obstáculos y cumplir muchas de Sus palabras lleva tiempo; así, la gente es refinada a causa de las palabras de Dios, lo que también forma parte del sufrimiento. Es tremendamente difícil para Dios llevar a cabo Su obra en la tierra del gran dragón rojo, pero es a través de esta dificultad que Dios realiza una etapa de Su obra, para manifestar Su sabiduría y acciones maravillosas, y usa esta oportunidad para hacer que este grupo de personas sean completadas” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Es la obra de Dios tan sencilla como el hombre imagina?). Recordé que ella también dijo: “El Partido Comunista es un partido ateo. Odia a Dios y se opone a Él. Como somos creyentes en un país gobernado por el Partido Comunista, es seguro que seremos oprimidas y humilladas. El Señor Jesús dijo una vez: ‘Bienaventurados aquellos que han sido perseguidos por causa de la justicia, pues de ellos es el reino de los cielos’ (Mateo 5:10). Dios usa estos entornos opresivos para perfeccionar la fe de la gente. ¡Poder mantenerse firme en un entorno tan opresivo y doloroso es lo que Dios más aprueba!”. Esto me dio fe. Sabía que no podía renunciar por la opresión del Partido. Sin importar cómo se interpusiera mi esposo, yo estaba decidida a creer.

Por un tiempo, casi todos los días tenía reuniones en su trabajo en las que se enfatizaba que no puede haber ningún creyente entre los empleados o sus familiares. Mi esposo llegaba a casa y me daba un sermón sobre ideología casi todos los días. Una noche, cuando llegué a casa de una reunión, me miró con seriedad y me dijo: “¿Fuiste a otra reunión? ¿Cuántas veces te he dicho que no puedes ir a reuniones? ¿Por qué no escuchas? Sabes que el Partido prohíbe la religión. ¡Nuestro jefe nos ha dicho una y otra vez que el Partido no perdonará fácilmente a quienes crean en Dios Todopoderoso! ¿Mantener tu fe en un momento tan crítico como este no es acaso buscar problemas?”. Le dije: “Tener fe no viola ninguna ley. ¿Qué derecho tiene el Partido a no permitirnos eso?”. Su respuesta fue: “Al Partido no le importa si violas o no una ley. Quienes creen en Dios Todopoderoso son considerados criminales políticos. Si el Partido te arresta por tu fe, no solo arruinarás tu reputación, también correrá peligro tu vida, y tu familia estará implicada”. Le dije a mi esposo: “Sabes muy bien que el Partido es anti-Dios, pero estás de su lado y te interpones en mi camino. ¿No le tienes miedo al castigo?”. Con desprecio, dijo: “El castigo no es importante, lo importante es entender de qué lado sopla el viento. El Partido Comunista está ahora en el poder, si quieres sobrevivir bajo su mandato, ¿no debes hacer lo que dicen? Recibo dinero del Partido, debo hablar y actuar en su nombre. Tú también trabajas y cobras un sueldo del Partido, ¿por qué te dejarían libre si sigues a Dios en vez de al Partido? ¡Debes estar al tanto de lo que está en juego! ¿Seguirás al Partido o a Dios Todopoderoso? ¡Debes elegir hoy!”. En el momento, me sentí muy en conflicto. Si decidía mantener mi fe, mi jefe podría descubrirlo en cualquier momento. Perdería mi trabajo y, probablemente, la policía me arrestaría. Hacía más de una década que tenía mi empleo. Hasta ese momento, me había esforzado y me habían ascendido a maestra de nivel medio. Había ganado la admiración de los estudiantes, el respeto de sus padres, la envidia de mis colegas y el reconocimiento y la aprobación de mi jefe. Fuera donde fuera, familiares y amigos me trataban muy bien. Si perdía mi empleo, enfrentaría el rechazo de mi familia, la burla de otros y el desdén de mis colegas. Temía que mi reputación se arruinara si eso sucedía. Entonces pensé: “La obra de juicio de Dios Todopoderoso en los últimos días es la última etapa de Su obra para salvar a la humanidad. La única forma de librarse de la corrupción es a través del juicio y la purificación de Dios, entonces podremos sobrevivir a los desastres bajo la protección de Dios y ser llevados a un destino hermoso. Perder esa oportunidad implicará arrepentirse toda la vida”. Pensé en algo que dice Dios: “Si tienes una posición alta, una reputación honorable, si posees un conocimiento abundante, si tienes muchas propiedades y muchas personas te apoyan, pero estas cosas no te impiden venir ante Dios para aceptar Su llamamiento y Su comisión, para hacer lo que te Él pide, entonces todo lo que haces será la causa más significativa de la tierra y el proyecto más justo de la humanidad. Si rechazas la llamada de Dios por causa de tu estatus o de tus propios objetivos, todo lo que hagas será maldito y será incluso detestado por Dios” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice II: Dios preside el destino de toda la humanidad). Pensar en las palabras de Dios iluminó mi corazón. Tener fe, buscar la verdad y cumplir el deber de un ser creado es lo único con valor y significado. Pero al enfrentar la opción entre mi fe y mi empleo, el nombre y el estatus me limitaron, temía que el Partido Comunista me quitara mi empleo debido a mi fe, lo que arruinaría mi reputación. Mi carrera y mi nombre aún me importaban. Pero ¿qué podían hacer por mí estas cosas? Solo aportarían gratificación temporal a mi vanidad; nunca me ayudarían a ganar la verdad o a deshacerme de mi carácter corrupto. ¿Qué significado hay en la admiración ajena? Además, sabía que el Partido Comunista es enemigo de Dios. ¿Acaso aferrarme a mi empleo y disfrutar de un buen estatus y una buena reputación si renunciaba a mi fe, vivir una existencia innoble bajo el gobierno del Partido, no sería traicionar a Dios? No podía ser ese tipo de persona. Así, con mucha calma, le dije a mi esposo: “Nunca renunciaré a mi fe”. Me miró fijo y, con dureza, me dijo: “Si mantienes tu fe, te denunciaré a la policía y haré que te arresten”. Mientras decía eso, empezó a hacer una llamada. En ese momento, yo estaba completamente sorprendida. Él sabía que el Partido Comunista oprime a los creyentes, pero igual iba a entregarme. ¿No me estaba arrojando a los lobos? Para cuidar sus propios intereses, despreció nuestro amor como esposos y quiso denunciarme a la policía para hacer que yo renunciara a mi fe. No podía ceder ante él. Después me preguntó una y otra vez: “¿Ya te decidiste?”. Le dije: “¡Aunque me arresten y vaya a prisión, mantendré mi fe!”. Mi esposo se puso pálido y, enojado, arrojó el teléfono al suelo.

Recuerdo que una noche su expresión cambió de inmediato cuando vio que yo leía las palabras de Dios y dijo: “¿Cuántas veces te lo he dicho? En China, ¡simplemente no puedes tomar la senda de la fe! Desde el gobierno central a las autoridades locales, desde la gerencia hasta los empleados individuales, las cosas se monitorean y ejecutan en todos los niveles. ¡El Partido te atrapará si sigues creyendo en Dios!”. Oír a mi esposo decir eso todo el tiempo y pensar, también, en el constante peligro de arresto por ser creyente en el país del Partido me daba miedo. Me preguntaba si podría tolerar la tortura si algún día me arrestaban. ¿Y si me golpeaban hasta matarme o dejarme inválida? Si no podía soportar el sufrimiento y me convertía en un judas por traicionar a Dios, ¿no sería el final de mi vida? Sabía que no estaba en un buen estado, por lo que me apresuré a orar a Dios en mi corazón, le pedí fe para no perder mi testimonio debido a la opresión y la dificultad. Leí esto en las palabras de Dios: “Cuando las personas están verdaderamente preparadas para sacrificar su vida, todo se vuelve insignificante y nadie puede vencerlas. ¿Qué podría ser más importante que la vida? Así pues, Satanás se vuelve incapaz de hacer nada más en las personas, no hay nada que pueda hacer con el hombre” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Interpretaciones de los misterios de “las palabras de Dios al universo entero”, Capítulo 36). Las palabras de Dios están muy bien dichas. Cuando estamos dispuestos a arriesgar nuestras vidas y no nos limita la muerte, las manos de Satanás están atadas. Yo temía que la policía me matara a golpes, principalmente, por mi falta de fe. Valoraba mi propia vida demasiado. Todo está bajo el mandato de Dios, incluyendo nuestras vidas y nuestras muertes. Tenía que entregarme a Dios y someterme a Sus instrumentaciones y arreglos. Aunque me mataran a golpes, esa persecución sería por el bien de la justicia, lo que tiene valor. Con la confianza que obtuve de las palabras de Dios, le leí algunas de ellas a mi esposo: “Confiamos en que ningún país ni ningún poder puede interponerse en el camino de lo que Dios quiere lograr. Aquellos que obstruyen Su obra, se resisten a Su palabra e interrumpen y perjudican Su plan terminarán castigados por Él. El que resista la obra de Dios será enviado al infierno; cualquier país que lo haga será destruido; cualquier nación que se levante para oponerse a la obra de Dios será barrida de esta tierra y dejará de existir” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice II: Dios preside el destino de toda la humanidad). Le di testimonio del carácter justo de Dios que no tolera ofensa a mi esposo. Que el Partido Comunista arreste y persiga creyentes es hacer el mal y resistirse a Dios, y Dios lo castigará. Al ponerse del lado del Partido y alejarme de mi fe, él estaba haciendo el mal junto con el Partido. Tras oírme, dijo con impotencia: “¿Crees que quiero esto? El Partido Comunista está haciendo que suceda. Si no evito que creas en Dios, yo también podría perder mi sueldo. ¿Por qué no puedes pensar en mí? Si te arrestan y encarcelan por ser creyente, si no te matan, al menos te lastimarán mucho. ¿Cómo podría verte sufrir sin más? ¿Qué puedo hacer para que renuncies a tu fe?”. Le dije: “Dios Todopoderoso es el único Dios verdadero, ¡nunca renunciaré a mi fe!”. Para mi sorpresa, cuando vio que no cedía, se violentó físicamente. Furioso, me dijo: “Si te arrestan por tu fe, será el final. Insistes en ponerte en sus manos. Pero dime, ¿en qué creerás si mueres?”. Después, me sujetó en la cama como un loco, me apretó el cuello con fuerza y dijo: “Te estrangularé, ¡luego veremos si puedes creer!”. Me estaba estrangulando, y yo no podía respirar. Luchaba con todas mis fuerzas, pero era inútil. Me desmayé. Cuando volví en mí, pensé en que mi esposo, que nunca me había golpeado durante los años de nuestro matrimonio, se había vuelto muy violento conmigo para proteger su estatus y su empleo, y casi me ahorcaba. Estaba devastada. También odié aun más al Partido Comunista. Si el Partido no usara los empleos y los futuros de los familiares en sus amenazas, mi esposo nunca habría sido tan despiadado.

Cada vez que presionaban más a mi esposo en su empleo, él aumentaba su persecución. Un día, cuando llegó a casa de una reunión, me dio otro sermón ideológico, y dijo que bajo el gobierno del PCCh en China, toda la familia sufre si una persona es creyente, por lo que yo no podía conservar mi fe, o ambos perderíamos nuestros empleos y se impactarían los estudios y la carrera de nuestra hija. Preguntó cómo podría mantener la frente en alto nuestra hija si me arrestaban por mi fe, y dijo que, aunque yo no pensara en nosotros dos, debería pensar en ella. Yo pensaba que si el Partido Comunista dejaba sin empleo a mi esposo y arruinaba el futuro de mi hija debido a mi fe, ¿no me odiarían los dos para siempre? Yo estaba muy angustiada en ese momento, por lo que clamé a Dios en silencio y le pedí que me guiara. Recordé esto de las palabras de Dios: “De todo lo que acontece en el universo, no hay nada en lo que Yo no tenga la última palabra. ¿Hay algo que no esté en Mis manos? Todo lo que Yo digo se hace, y ¿quién entre los seres humanos puede hacerme cambiar de opinión? […] ¿No soy Yo quien ha hecho personalmente estos arreglos?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las palabras de Dios al universo entero, Capítulo 1). Todas las cosas están en manos de Dios. Si mi esposo y yo perdíamos nuestros empleos, si se afectaban los estudios de mi hija y si ella conseguía un empleo, todo estaba organizado por Dios. Solo Dios puede decidir todas las cosas, no el Partido Comunista. Al pensar esto, le dije a mi esposo: “Los destinos de la gente están en manos de Dios, bajo Su gobierno. ¿Crees que tu empleo está garantizado si obedeces al Partido Comunista? El Partido ni siquiera controla su propio destino, ¿cómo puede controlar los destinos ajenos?”. Enojado, me contestó: “Si estás decidida a ser creyente, el Partido te atrapará. Envían a los creyentes que encuentran a sus muertes. Sería mejor que murieras por mis manos”. Antes de que yo pudiera reaccionar, corrió a la cocina como si hubiera enloquecido, tomó un cuchillo, se paró frente a mí y dijo, con seriedad, mientras levantaba el cuchillo: “¿Vas a ser creyente, o tendrás una linda vida? Si insistes en ser creyente, ¡te cortaré la garganta!”. Enojada y asustada a la vez, clamé a Dios con urgencia en mi corazón. Justo entonces, nuestra hija salió de repente de su habitación, se puso delante de mí y gritó: “¡Papá! Si vas a matar a mamá, ¡primero tendrás que matarme a mí!”. Lo que ella hizo lo sorprendió, y mientras sus ojos estaban fijos en ella, los músculos de su rostro se congelaron. Lentamente, bajó la mano que sostenía el cuchillo. Tuve una inexplicable sensación de pérdida y dolor en el corazón mientras fluían lágrimas de pena e indignación. Nunca había imaginado que mi esposo amenazaría mi vida porque yo creyera en Dios. No era el hombre con el que me había casado. ¡Era claramente un demonio!

Un día leí estas palabras de Dios en mis devocionales. “¿Por qué un esposo ama a su esposa? ¿Y por qué una esposa ama a su esposo? ¿Por qué los hijos son obedientes con sus padres? ¿Y por qué los padres adoran a sus hijos? ¿Qué clase de intenciones realmente albergan las personas? ¿No es su intención satisfacer los planes propios y los deseos egoístas? ¿Realmente tienen la intención de actuar en pos del plan de gestión de Dios? ¿Están actuando por el bien de la obra de Dios realmente? ¿Es su intención cumplir con los deberes de un ser creado?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo). “Cualquiera que no reconozca a Dios es un enemigo; es decir, cualquiera que no reconoce a Dios encarnado, tanto dentro como fuera de esta corriente, ¡es un anticristo! ¿Quién es Satanás, quiénes son los demonios y quiénes son los enemigos de Dios, sino los opositores que no creen en Dios? ¿No son esas las personas que son desobedientes a Dios?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo). Pensé en las palabras de Dios. Una tras otra, escenas de mi esposo oprimiéndome pasaron por mi mente, como una película. ¿Por qué mi esposo, que nunca me había gritado ni me había golpeado, hacía todo lo posible por perseguirme desde que yo me había convertido en creyente? ¿Por qué todos esos años de matrimonio se derrumbaban frente a la ganancia personal? No hay verdadero amor entre los seres humanos, todos usan a los demás. Mi esposo había sido bueno conmigo antes porque yo podía ir a trabajar, ganar dinero y engendrar a sus hijos. A sus ojos, yo era útil. Pero ahora que yo había elegido la fe, lo que afectaba sus intereses, a él no le importaban los sentimientos entre nosotros. Para evitar que yo creyera en Dios, él quería denunciarme a la policía, me ahorcó hasta que me desmayé e incluso me amenazó con un cuchillo. Insistía en que no quería que yo creyera porque pensaba en mí y temía que me arrestaran, pero era todo por él mismo. Antepuso su propia carrera y su propia reputación a todo lo demás. Para proteger su propio empleo, estaba dispuesto a ser el perro faldero del Partido Comunista, su lacayo, a obligarme a una senda sin salida. Incluso usó todo tipo de tácticas viles y malvadas para evitar que yo creyera en Dios. En esencia, era un demonio que odiaba a Dios y se resistía a Él. Luego leí otro pasaje de las palabras de Dios. “Como alguien que es normal y que busca el amor a Dios, la entrada al reino para convertirse en uno del pueblo de Dios es vuestro verdadero futuro, y es una vida que tiene el mayor valor y significado; nadie está más bendecido que vosotros. ¿Por qué digo esto? Porque los que no creen en Dios viven para la carne y viven para Satanás, pero hoy vivís para Dios y vivís para hacer la voluntad de Dios. Es por esto que digo que vuestras vidas son de gran importancia. Solo este grupo de personas, que Dios ha seleccionado, puede vivir una vida de gran importancia: Nadie más en la tierra puede vivir una vida de tal valor y significado” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conoce la obra más reciente de Dios y sigue Sus huellas). Las palabras de Dios fueron realmente muy inspiradoras para mí y me ayudaron a ver el significado de la vida. Tener fe, buscar la verdad y cumplir el deber de un ser creado es la única forma de vivir una vida con significado y valor. Yo me había esforzado en el trabajo mundano, y me había generado un nombre, pero me sentía vacía y miserable por dentro. Me había enfermado por estar exhausta, y mi voz, perfectamente buena, estaba tan ronca que apenas podía hablar. En ese punto sentí en verdad que, sin importar cuántos certificados de honor o cuánta admiración tuviera, nunca resolvería mi enfermedad ni mi vacío espiritual. La reputación que había buscado y que había tenido todos esos años no me podía ayudar a ganar la verdad ni podía salvarme de la corrupción ni del daño de Satanás. Además, durante mis años de enseñanza, le había inculcado a mis estudiantes todo tipo de cosas que niegan a Dios. Había elogiado al Partido Comunista todo el tiempo. Si eso continuaba, no había forma de que yo tuviera un buen resultado. Debía dejar de servir al Partido. Oré a Dios en mi corazón, le pedí que me diera una salida. Después, cuando fui a un control de salud, el médico me dijo: “Tu garganta está muy mal. Ha cambiado de color y está hinchada por la sangre. Está tan inflamada y agrandada que afecta las cuerdas vocales. Por tu profesión, si no dejas de usar la garganta, es probable que pierdas la capacidad de hablar por completo”. Luego me sugirió una licencia médica de seis meses. Agradecí a Dios de corazón. Pensé que tendría más tiempo para leer las palabras de Dios y cumplir con mi deber, pero mi esposo empezó a usar tácticas incluso más viles para entrometerse en mi camino.

Un día de febrero de 2009, le pidió a dos compañeros míos y a mi hermano menor que vinieran. Me metieron en el auto por la fuerza y me llevaron a un hospital psiquiátrico. Como yo no tenía nada, el hospital no quería admitirme. Mi esposo dijo: “Sabes que el Partido arresta a los creyentes, y que es una sentencia de muerte, pero tú insistes en ser creyente. Solo alguien con un problema psiquiátrico no le teme a la muerte. Las pruebas que pueden hacer en este hospital son limitadas. El hospital psiquiátrico provincial tiene mejores instalaciones y médicos más competentes. Te llevaré a un control para ver si tienes una enfermedad psiquiátrica”. Enojada, le respondí: “Creo que tú tienes un problema psiquiátrico. No es que no tema morir. Elijo creer incluso si implica la muerte, porque sé que Dios Todopoderoso es la venida del Salvador. Ha expresado muchas verdades y puede salvar al hombre del pecado y los desastres, Los incrédulos que no aceptan el juicio y la purificación de Dios morirán en los desastres”. Pero él no escuchaba. Me obligó ir al hospital psiquiátrico provincial temprano a la mañana siguiente. Fuimos al segundo piso, y vi a una mujer loca agazapada en el piso del pasillo, atrapada con una cadena muy pesada. Un hombre de mediana edad sostenía un extremo de la cadena y tiraba con fuerza, arrastrando a la mujer por el piso. Ella se aferraba a la cadena con los dos brazos estirados, luchando con todas sus fuerzas y gritando. Ver su cabello, que parecía paja, y su expresión aterrada, y oír sus gritos desgarradores fue una experiencia espeluznante. En ese instante, me sobrecogió una sensación de dolor y de agravio. Sentía que era un tremendo insulto a mi dignidad y quería darme vuelta, bajar y salir de ese maldito lugar de inmediato, pero no podía hacerlo. Mi esposo me seguía a cada paso. Luego recordé algo de las palabras de Dios. “Muchas son las noches insomnes que Dios ha soportado por el bien de la obra de la humanidad. Desde lo más alto hasta las más bajas profundidades, Él ha descendido al infierno viviente en el que el hombre mora para pasar Sus días con él, nunca se ha quejado de la mezquindad que hay entre los hombres, nunca le ha reprochado a este su desobediencia, sino que ha soportado la mayor humillación mientras lleva personalmente a cabo Su obra. ¿Cómo podría Dios pertenecer al infierno? ¿Cómo podría pasar Su vida allí? Sin embargo, por el bien de toda la humanidad, y para que toda ella pueda hallar descanso pronto, Él ha soportado la humillación, y sufrido la injusticia para venir a la tierra, y entró personalmente en el ‘infierno’ y el ‘Hades’, en el foso del tigre, para salvar al hombre. ¿De qué forma está el hombre cualificado para oponerse a Dios? ¿Qué razón tiene para quejarse de Dios? ¿Cómo puede tener el descaro de mirar a Dios?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra y la entrada (9)). Para salvar a la humanidad, Dios ha encarnado en los últimos días y ha venido a China, gobernada por ateos, ha aparecido y obrado en este, el lugar más peligroso y contrario a Dios, ha sufrido la opresión y la condena del Partido Comunista y del mundo religioso, y ha sobrellevado una gran humillación, pero Dios lo acepta todo sin una palabra. Él es el Señor de la creación, supremo y honorable, pero ha venido a vivir entre los seres humanos corruptos, soportando una humillación enorme, expresando verdades entre el hombre y haciendo la obra de salvar a la humanidad en silencio. Pero yo, un ser humano corrupto, al ver que se me asociaría con los enfermos psiquiátricos, sentía que se dañaban mi dignidad y que era humillante para mí. Quería escapar. No tenía la menor resolución de sufrir por el bien de la verdad. Ese pensamiento me avergonzó, y oré a Dios en silencio, jurándole que, sin importar qué tuviera que enfrentar después o qué tipo de humillación sufriera, nunca me rendiría ante Satanás. El médico me dio un par de bolsas de medicación al azar y me envió a casa. Cuando, después, mi esposo vio que no podía alejarme de mi fe, tan solo me ignoró, y yo volví a asumir un deber. Después, en octubre de 2012, cuando un judas nos traicionó, la policía descubrió que yo podría ser una líder de iglesia y empezó a hacer que unos oficiales de civil me siguieran. Tuve que abandonar mi casa e irme a otra región para cumplir mi deber sin ser arrestada. Después descubrí que, el día que me fui, la policía fue a mi casa a arrestarme. También arrestaron a otros tres hermanos y hermanas para preguntarles por mi paradero, y empezaron a buscarme usando mi foto. Dos meses después, la Brigada de Seguridad Nacional registró mi casa y confiscó un par de libros de las palabras de Dios, y le dijo a mi esposo que me atraparían aunque huyera a los confines de la tierra, La Oficina de Educación también iba a mi casa casi todos los días y obligaba a mi esposo a buscarme. Era una de las personas más buscadas por el Partido Comunista.

Usaron a mi hija para atraerme a casa. Una tarde a fines de diciembre de 2012, recibí una llamada inesperada de mi hija: “Mamá, he tenido miedo de llamarte. La policía te busca por todos lados, han registrado nuestra casa. Te llamo ahora para decirte que los líderes de la Oficina de Educación y de tu escuela nos han pedido a papá y a mí que te digamos que quieren que renuncies a tu fe y vuelvas a casa, y prometen no hacerte responsable. También dijeron que si vienes a casa, aunque nunca vayas a trabajar, igual te pagarán tu salario”. Me indigné al oír eso. El Partido Comunista usaba el estatus y el dinero para tentarme a que renunciara a mi fe. ¡Qué despreciable! Lo que me entristeció mucho fue que mi hija parecía confiar profundamente en los que los líderes gubernamentales y escolares habían dicho. De eso entendí con claridad que tanto mi esposo como mi hija habían sido engañados y usados por el Partido Comunista. Decidida, le dije a mi hija: “Cariño, estás siendo muy ingenua. ¿Sabes qué pasaría si yo volviera a casa? Sería como un cordero arrojado a los lobos. No puedo volver a casa”. Ansiosa, me respondió: “Dijeron que, si no volvías a casa, revocarán tu pensión de más de 20 años. Mamá, vuelve. Si no lo haces, obligarán a papá a divorciarse de ti y harán que yo corte lazos contigo. Si no vienes a casa, ya no serás más mi mamá”. Es ese momento, quedé sorprendida. El Partido Comunista me quitaba mi sueldo, obligaba a mi esposo a divorciarse de mí y a mi hija a cortar lazos conmigo. ¡Era malvado y vil! Odié al Partido con todo mi corazón. Pensé en las palabras de Dios. “¿Libertad religiosa? ¿Los derechos e intereses legítimos de los ciudadanos? ¡Todos son trucos para tapar el pecado! ¿Quién ha apoyado la obra de Dios? ¿Quién ha dado su vida o derramado su sangre por la obra de Dios? Y es que, una generación tras otra, de padres a hijos, el hombre esclavizado ha esclavizado sin miramientos a Dios, ¿cómo no incitaría esto a la furia? Miles de años de odio están concentrados en el corazón, milenios de pecaminosidad están grabados en el corazón; ¿cómo no podría esto infundir odio? ¡Venga a Dios, extingue por completo a Su enemigo, no permitas que siga más tiempo fuera de control, que reine como un tirano! Ahora es el momento: el hombre lleva mucho tiempo reuniendo todas sus fuerzas; ha dedicado todos sus esfuerzos y ha pagado todo precio por esto, para arrancarle la cara odiosa a este demonio y permitir a las personas, que han sido cegadas y han soportado todo tipo de sufrimiento y dificultad, que se levanten de su dolor y le vuelvan la espalda a este viejo diablo maligno. ¿Por qué levantar un obstáculo tan impenetrable a la obra de Dios? ¿Por qué emplear diversos trucos para engañar a la gente de Dios? ¿Dónde están la verdadera libertad y los derechos e intereses legítimos? ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el consuelo? ¿Dónde está la cordialidad? ¿Por qué usar intrigas engañosas para embaucar al pueblo de Dios? ¿Por qué usar la fuerza para reprimir la venida de Dios?” (La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra y la entrada (8)). El Partido Comunista grita sobre la libertad de credo, pero, en secreto, usa todo tipo de tácticas viles para oprimir a los creyentes. Esto muestra con claridad su naturaleza malvada de odiar la verdad y oponerse a Dios. El Partido intentó tentarme y amenazarme para evitar que yo tuviera fe, primero usó mi generoso salario como carnada, intentando usar el dinero para tentarme a volver a casa y que pudieran arrestarme. Como no lo creí, iban a quitarme mi empleo y mi salario, a cortar todas mis entradas y a alejarme de mi casa. Esto mostraba con claridad que el Partido parece ser moral y justo solo por fuera, pero, por dentro, es brutal y malvado. Es una banda perversa de demonios que se opone a Dios en cada esquina. Llegué a odiarlo y a rechazarlo de corazón, ¡juré que me alejaría de él aunque me costara la vida! No volví a casa. Mi esposo fue obligado a divorciarse de mí, y mi hija cortó lazos conmigo.

Antes, cuando trabajaba dentro del sistema del Partido, no podía ver su esencia malvada. Lo elogiaba todo el tiempo y lo servía fielmente, Tras experimentar su persecución, por fin vi su esencia malvada de odiar la verdad y trabajar contra Dios, y llegué a odiarlo y renunciar a él por completo, juré nunca volver a seguirlo. También vi el amor de Dios. Las palabras de Dios me dieron fe y fuerza, me permitieron ser fuerte durante la persecución y las dificultades una y otra vez. Estoy muy agradecida a Dios. No importa lo difícil que sea la senda ante mí, ¡seguiré firmemente a Dios Todopoderoso hasta el final!

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