B. Palabras sobre revelar el carácter satánico de la humanidad corrupta y su esencia-naturaleza
81. La causa fundamental de la oposición y rebeldía del hombre contra Dios es que ha sido corrompido por Satanás. Debido a la corrupción de Satanás, la conciencia del hombre se ha insensibilizado; se ha corrompido moralmente, sus pensamientos son degenerados, y ha desarrollado una perspectiva mental retrógrada. Antes de ser corrompido por Satanás, el hombre se sometía de manera natural a Dios y a Sus palabras después de escucharlas. Originalmente tenía una razón y una conciencia cabales y una humanidad normal. Después de que el hombre fuera corrompido por Satanás, su razón, su conciencia y su humanidad originales se fueron insensibilizando y Satanás las arruinó. Debido a ello, el hombre ha perdido su sumisión y amor a Dios. La razón del hombre se ha vuelto aberrante, su carácter se ha vuelto como el de una bestia y su rebeldía contra Dios es cada vez mayor y más grave. Sin embargo, el hombre todavía no conoce ni entiende esto, y meramente se opone y se rebela con persistencia. Las revelaciones del carácter del hombre son las expresiones de su razón, su percepción y su conciencia. Debido a que su razón y su percepción son defectuosas y su conciencia se ha vuelto sumamente insensible, su carácter es rebelde contra Dios. Si la razón y la percepción del hombre no pueden cambiar, entonces los cambios en su carácter son imposibles de lograr, como también lo es estar de acuerdo con las intenciones de Dios. Si la razón del hombre es defectuosa, entonces no puede servir a Dios y no es apto para ser usado por Él. Una “razón normal” se refiere a someterse a Dios y serle leal, anhelar a Dios, serle incondicional y tener una conciencia hacia Él. Se refiere a ser de un mismo sentir que Dios y a no oponerse a Él deliberadamente. Si se tiene una razón anormal eso no sucede. Después de haber sido corrompido por Satanás, el hombre se ha formado nociones acerca de Dios y no es leal hacia Dios ni lo anhela, por no hablar de que no tiene una conciencia hacia Dios. El hombre se opone deliberadamente a Dios y lo juzga; es más, le lanza improperios a Sus espaldas. El hombre juzga a Dios a Sus espaldas sabiendo perfectamente que es Dios; el hombre no tiene ninguna intención de someterse a Dios, sino que se limita a seguir haciéndole exigencias y requerimientos. Tales personas —la gente que tiene una razón anormal— siguen siendo incapaces de conocer su propio despreciable comportamiento o de lamentar sus actos de rebelión. Si la gente es capaz de conocerse a sí misma, entonces han recuperado un poco de su razón; cuanto más rebeldes contra Dios son las personas y, pese a ello, no se conocen a sí mismas, menos cabal es su razón.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Permanecer con un carácter que no cambia es estar enemistado con Dios
82. A lo largo de varios miles de años de corrupción, todas las personas se han vuelto insensibles y torpes; todas se han convertido en demonios malvados que se oponen a Dios, hasta el punto de que su rebeldía contra Dios ha quedado documentada en los registros históricos, y ni siquiera ellas mismas son capaces de relatar por completo su conducta rebelde, porque han sido tan profundamente corrompidas por Satanás y descarriadas por él, que no saben adónde ir. Incluso hoy, la gente sigue traicionando a Dios. Cuando ven a Dios, lo traicionan, y cuando no pueden verlo, también lo traicionan. Hay incluso quienes, aun habiendo sido testigos de las maldiciones de Dios y de Su ira, lo traicionan. Y por eso digo que la razón del hombre ha perdido su función original y también sucede lo mismo con la conciencia del hombre. A Mis ojos, las personas son bestias con ropaje humano y serpientes venenosas. Por muy lastimosas que intenten parecer ante Mis ojos, nunca seré misericordioso con ellas, pues son incapaces de distinguir el blanco del negro, y ninguno de ellos comprende la diferencia entre la verdad y lo que no es verdad. Su razón está muy insensibilizada y, aun así, desean obtener bendiciones; su humanidad es tan innoble y, aun así, desean ostentar el poder como reyes. ¿De quién podrían ser reyes, con una razón como esa? ¿Cómo podrían, con semejante humanidad, sentarse en tronos? ¡Las personas son verdaderamente desvergonzadas! ¡Son unos miserables que se sobreestiman! Sugiero que vosotros, los que deseáis obtener bendiciones, primero encontréis un espejo y miréis vuestro propio feo reflejo. ¿Tienes lo que hace falta para ser rey? ¿Tienes los rasgos faciales de quien podría recibir bendiciones? No ha habido el más mínimo cambio en tu carácter y no has sido capaz de poner en práctica nada de la verdad, y aun así deseas un mañana maravilloso. ¡No es más que una vana ilusión! El hombre, que nació en una tierra tan inmunda, ha sido infectado de extrema gravedad por la sociedad, condicionado por la ética feudal y ha recibido la educación de los “institutos de educación superior”. Un pensamiento retrógrado, una moral corrupta, una perspectiva inmoral de la vida, una filosofía despreciable para los asuntos mundanos, una existencia completamente inútil y costumbres y una vida cotidiana vulgares, todas estas cosas han estado penetrando fuertemente en el corazón del hombre y han estado dañando y atacando gravemente su conciencia. Como resultado, el hombre se distancia cada vez más de Dios y se opone cada vez más a Él. El carácter del hombre se vuelve más implacable día tras día, y no hay ni una persona que esté dispuesta a renunciar a algo por Dios; ni una persona que voluntariamente se someta a Dios y, menos aún, que busque Su aparición por propia voluntad. En vez de ello, el hombre busca el placer a su antojo bajo el poder de Satanás y corrompe su carne con desenfreno en el lodazal. Incluso cuando oyen la verdad, aquellos que viven en la oscuridad no desean practicarla ni tampoco muestran interés en buscar ni siquiera cuando ven que Dios ya ha aparecido. ¿Cómo podría una especie humana tan depravada como esta tener alguna posibilidad de salvación? ¿Cómo podría semejante especie humana decadente vivir en la luz?
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83. El origen de la revelación del carácter corrupto del hombre no es otro que su conciencia insensible, su naturaleza malévola y su razón defectuosa. Si la conciencia y la razón del hombre pueden volver a ser normales, entonces él se volverá apto para ser usado ante Dios. Se debe simplemente a que la conciencia del hombre siempre ha estado entumecida y a que su razón nunca ha sido cabal, sino que está cada vez más entumecida, que los actos de rebeldía del hombre hacia Dios se están multiplicando hasta el punto, incluso, de haber clavado a Jesús en la cruz y cerrarle la puerta a Dios encarnado en los últimos días, y de condenar la carne de Dios y verla como humilde. Si el hombre tuviese al menos un poquito de humanidad, no sería tan cruel en su trato hacia la carne de Dios encarnado; si tuviese al menos un poco de razón, no sería tan despiadado en su trato hacia la carne de Dios encarnado; si tuviese un poco de conciencia, no “le daría las gracias” a Dios encarnado de esta manera. El hombre vive en la era de Dios hecho carne; sin embargo, no le da las gracias a Dios por haberle dado una oportunidad tan buena, y, en vez de ello, maldice la venida de Dios o ignora por completo el hecho de la encarnación de Dios y parece que está en contra de ella y siente aversión por ella. Independientemente de cómo trate el hombre la venida de Dios, Él siempre ha ido realizando Su obra sin cansarse nunca de ella, a pesar de que el hombre no le ha dado la más mínima bienvenida y sigue haciéndole exigencias. El carácter del hombre se ha vuelto extremadamente malévolo, su razón se ha vuelto sumamente insensible, su conciencia ha sido pisoteada por completo por el maligno y hace ya tiempo que dejó de ser la conciencia original del hombre. El hombre no solo no es agradecido con Dios encarnado por otorgarle tanta vida y gracia a la especie humana, sino que incluso siente aborrecimiento hacia Dios debido a la verdad que Él le concede; como el hombre no tiene interés en la verdad, siente aborrecimiento hacia Dios. El hombre no solo es incapaz de dar su vida por Dios encarnado, sino que en su lugar trata de obtener favores de Él y reclama interés decenas de veces mayor que lo que él le ha dado a Dios. Así son la conciencia y la razón de las personas, pese a ello estas siguen sin ver nada malo en esto y todavía creen que se han esforzado muchísimo por Dios y que Él les ha concedido muy poco. Hay personas que, tras haberme dado un cuenco de agua, extienden las manos y me piden que les pague el precio de dos cuencos de leche; o que, tras haberme dado alojamiento por una noche, me exigen que les pague el precio de esa estancia multiplicado por varias veces. Con tal humanidad y tal conciencia, ¿cómo podríais seguir aspirando a ganar la vida? ¡Qué desgraciados y despreciables sois!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Permanecer con un carácter que no cambia es estar enemistado con Dios
84. Si no desvelara la fealdad que existe en lo profundo de vuestro corazón, cada uno de vosotros se colocaría una corona sobre la cabeza y se atribuiría toda la gloria. Vuestra naturaleza arrogante y vanidosa os impulsa a traicionar vuestra propia conciencia, a rebelaros contra Cristo, resistiros a Él y revelar vuestro feo rostro, sacando a la luz así vuestras intenciones, nociones, deseos extravagantes y ojos llenos de codicia. Y, sin embargo, continuáis declarando vuestra pasión de toda la vida por la obra de Cristo y no paráis de decir y repetir las verdades dichas por Cristo hace mucho tiempo. Esta es vuestra “fe”. Esta es vuestra “fe sin impurezas”. He impuesto al hombre un estándar muy estricto todo este tiempo. Si tu lealtad viene acompañada de intenciones y condiciones, entonces preferiría no tener tu supuesta lealtad, porque Yo aborrezco que las personas me engañen por medio de sus intenciones y me chantajeen con condiciones. Solo deseo que el hombre me tenga una lealtad incondicional y que lo haga todo por y para demostrar una sola palabra: fe. Detesto vuestro uso de halagos para tratar de alegrarme, porque Yo siempre os he tratado con sinceridad, por lo que deseo que vosotros también actuéis con una fe verdadera hacia Mí. Cuando se trata de la fe, muchos quizá piensen que siguen a Dios porque tienen fe y, de no ser así, no soportarían tal sufrimiento. Entonces, te pregunto esto: si crees en la existencia de Dios, ¿por qué nunca lo temes? Si crees en Su existencia, ¿por qué no sientes ningún miedo de Dios en tu corazón? Si reconoces que Cristo es la encarnación de Dios, ¿por qué lo desprecias entonces? ¿Por qué actúas de manera irreverente hacia Él? ¿Por qué lo juzgas abiertamente? ¿Por qué siempre espías Sus movimientos? ¿Por qué no te sometes a Sus disposiciones? ¿Por qué no tomas Su palabra como criterio en tus acciones? ¿Por qué lo extorsionas y le robas Sus ofrendas? ¿Por qué intentas hablar desde la posición de Cristo? ¿Por qué evalúas si Su obra y Su palabra son correctas? ¿Por qué te atreves a blasfemar contra Él a Sus espaldas? ¿Son estas y otras cosas las que constituyen vuestra fe?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Eres realmente un creyente en Dios?
85. Si usáis vuestras nociones para medir y delimitar a Dios, como si Dios fuera una estatua de barro inmutable, y si delimitando completamente a Dios a la Biblia y lo fijáis dentro de un limitado ámbito donde obrar, entonces esto prueba que habéis condenado a Dios. Porque los judíos de la era del Antiguo Testamento tomaron a Dios como un ídolo de forma fija que tenían en sus corazones, como si a Dios solo se le pudiera llamar Mesías y solo Aquel que fuera llamado el Mesías pudiera ser Dios, y porque la gente sirvió y adoró a Dios como si Él fuera una estatua de barro (sin vida), clavaron al Jesús de ese tiempo en la cruz, sentenciándolo a muerte; el Jesús inocente fue así condenado a muerte. Dios era inocente; sin embargo, el hombre rehusó perdonar a Dios y lo sentenció a muerte con insistencia y así Jesús fue crucificado. El hombre siempre cree que Dios es inmutable y lo delimita de acuerdo con un único libro, la Biblia, como si el hombre tuviera una comprensión total de la gestión de Dios, como si todo lo que Dios hace estuviera en la palma de la mano del hombre. Las personas son absurdas hasta el extremo, de una arrogancia extrema y todas tienen un don para jactarse. No importa lo elevado que sea el conocimiento que tienes de Dios, todavía digo que no conoces a Dios, que te opones a Dios al máximo y que lo has condenado porque eres totalmente incapaz de someterte a la obra de Dios y caminar la senda de ser hecho perfecto por Dios. ¿Por qué Dios nunca está satisfecho con las acciones del hombre? Es porque el hombre nunca conoce a Dios, tiene demasiadas nociones y su conocimiento de Dios no concuerda en absoluto con la realidad, sino que es estereotipado y repetitivo, así como copiado mecánicamente y aplicado con rigidez. Y entonces, habiendo venido a la tierra en la actualidad, una vez más el hombre ha clavado a Dios en la cruz. ¡Humanidad cruel! La intriga y maquinación, robarse y agarrarse entre ellos, la lucha por la fama y el provecho, la masacre mutua, ¿cuándo se van a terminar? A pesar de que Dios ha hablado cientos de miles de palabras, nadie ha entrado en razón. La gente actúa por el bien de sus familias, hijos e hijas, por sus carreras, perspectivas de futuro, estatus, vanidad y dinero, por comida, ropa y por la carne. Pero ¿existe alguien cuyas acciones sean verdaderamente por el bien de Dios? Incluso entre aquellos que actúan por el bien de Dios, casi nadie lo conoce. ¿Cuántas personas no actúan por sus propios intereses? ¿Cuántos no oprimen ni condenan al ostracismo a los demás con el propósito de proteger su propio estatus? Así, Dios ha sido condenado a muerte a la fuerza en innumerables ocasiones; innumerables jueces crueles han condenado a Dios y una vez más lo han clavado en la cruz. ¿Cuántas se pueden llamar personas justas porque en verdad actúan para Dios?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los malvados sin duda serán castigados
86. ¿Acaso no hay muchas personas que se resisten a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo porque no conocen la variada y diversa obra de Dios y, además, porque usan el poco conocimiento y doctrina que poseen para evaluar la obra del Espíritu Santo? Aunque estas personas solo han tenido experiencias superficiales, son altivas, obstinadas y desenfrenadas por naturaleza, contemplan la obra del Espíritu Santo con desdén, ignoran la disciplina que Él impone y, además, usan sus insignificantes y viejas doctrinas para “confirmar” la obra del Espíritu Santo. También son farsantes y están totalmente convencidas de su propia erudición, creyendo que deambulan libremente por todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desdeña y la nueva era descarta? ¿No son aquellos que vienen ante Dios y se resisten abiertamente a Él individuos despreciables con un conocimiento superficial y limitado que alardean de su propia “brillantez”? Tienen solo un poquito de conocimiento de la Biblia, y sin embargo desean tener vía libre por todos los “círculos académicos” del mundo; tienen solo un poquito de doctrina superficial para enseñar a la gente, y sin embargo quieren revertir el curso de la obra del Espíritu Santo e intentar hacer que gire en torno a sus propios procesos de pensamiento. Miopes como son, desean contemplar la magnificencia de los 6000 años de obra de Dios. ¡Estas personas no poseen ninguna razón que valga la pena mencionar! De hecho, cuanto más conocimiento tienen las personas de Dios, menos juzgan Su obra a la ligera; solo hablan un poco de su conocimiento de la obra presente de Dios, pero no emiten juicios sobre ella de manera despreocupada. Cuanto menos conocen las personas a Dios, más descaradas son, más se sobrestiman a sí mismas y más proclaman descaradamente lo que Dios es y, sin embargo, lo que proclaman es solo doctrina y no tiene ninguna base fáctica. Estas son las personas más inútiles. ¡Aquellos que tratan la obra del Espíritu Santo como un juego son personas frívolas! Al encontrarse con la nueva obra del Espíritu Santo, no la abordan con cautela, sino que se van de la lengua y se apresuran a juzgar, dan rienda suelta a su propia voluntad para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, e incluso la insultan o blasfeman contra ella; ¿acaso estos individuos irrespetuosos no ignoran la obra del Espíritu Santo y, además, son personas de gran arrogancia que son inherentemente altivas y desenfrenadas? Incluso si llega el día en que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, seguirán sin obtener el perdón de Dios. No solo menosprecian a aquellos que trabajan para Él, sino que también blasfeman contra Dios mismo. ¡Tales forajidos no serán perdonados, ni en esta vida ni en el mundo venidero, y perecerán para siempre en el infierno! Tales personas irrespetuosas y autoindulgentes simplemente llevan la etiqueta de creyentes, y cuanto más son así las personas, más propensas son a vulnerar los decretos administrativos de Dios. ¿Acaso no caminan por esta senda todos esos individuos arrogantes que son innatamente desenfrenados y que nunca han obedecido a nadie? ¿No se resisten de esta manera, día tras día, a Dios, que siempre es nuevo y nunca viejo?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios
87. Sabed que os resistís a la obra de Dios o usáis vuestras propias nociones para evaluar la obra de hoy porque no conocéis los principios de Su obra, y porque tratáis de manera imprudente la obra del Espíritu Santo. Vuestra resistencia a Dios y la obstrucción de la obra del Espíritu Santo las causan vuestras nociones y vuestra arrogancia innata. No se debe a que la obra de Dios sea errónea, sino a que sois demasiado rebeldes por naturaleza. Después de encontrar su fe en Dios, algunas personas ni siquiera pueden afirmar con certeza de dónde vino el hombre, pero se atreven a hacer discursos públicos juzgando lo correcto y lo incorrecto de la obra del Espíritu Santo. Incluso sermonean a los apóstoles que tienen la nueva obra del Espíritu Santo, los critican y hacen comentarios insolentes; su humanidad es demasiado baja y no hay la más mínima razón en ellos. ¿Acaso no llegará el día en que tales personas sean desdeñadas por la obra del Espíritu Santo y quemadas por los fuegos del infierno? No conocen la obra de Dios, sino que la juzgan; además, intentan dictarle a Dios cómo obrar. ¿Cómo pueden conocer a Dios tales personas que carecen de razón? El hombre llega a conocer a Dios durante el proceso de buscar y experimentar; el conocimiento de Dios no se obtiene a través del esclarecimiento del Espíritu Santo a lo largo de la realización de juicios arbitrarios por parte del hombre. Cuanto más preciso se vuelve el conocimiento que las personas tienen de Dios, menos se resisten a Él. Por el contrario, cuanto menos saben de Él, más probable es que se le resistan. Tus nociones, tu vieja naturaleza y tu humanidad, tu calidad humana y tu perspectiva moral son el capital con el que te resistes a Dios, y cuanto más corrupta es tu moral, más vil es tu calidad humana y más baja es tu humanidad, más enemigo eres de Dios. Quienes poseen unas nociones arraigadas y tienen un carácter sentencioso son aún más enemigos del Dios encarnado; estas personas son los anticristos. Si no rectificas tus nociones, siempre serán contrarias a Dios; nunca serás compatible con Él y siempre estarás separado de Él.
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88. Aquellos que no entienden el propósito de la obra de Dios son los que se resisten a Él; aquellos que sí entienden el propósito de la obra de Dios y sin embargo no buscan satisfacerlo, lo son aún más. Los hay que leen la Biblia en grandes iglesias y recitan pasajes todo el día, pese a lo cual ninguno de ellos entiende el propósito de la obra de Dios ni hay nadie entre ellos que pueda conocer a Dios; ya no digamos alguien que pueda ser conforme a las intenciones de Dios. Todas son personas sin valor, viles, que se colocan en una posición superior para dar lecciones a “Dios”. Son personas que actúan enarbolando la bandera de Dios, pero se resisten deliberadamente a Él, que llevan la etiqueta de creer en Dios mientras comen la carne y beben la sangre del hombre. Todas esas personas son diablos malvados que devoran almas humanas, jefes demonios que perturban deliberadamente a las personas para que no se embarquen en la senda correcta y son obstáculos que impiden que busquen a Dios. Puede que parezcan “robustas físicamente”, pero ¿cómo van a saber sus seguidores que son anticristos que llevan a la gente a resistirse a Dios? ¿Cómo van a saber sus seguidores que son diablos vivientes dedicados a devorar almas humanas? Aquellos que se creen nobles en presencia de Dios son los que están en el nivel más bajo de todos, mientras que aquellos que se creen inferiores son los más nobles. Y aquellos que se creen conocedores de la obra de Dios y pueden proclamar Su obra a los demás sin restricciones mientras posan sus ojos en Él son los más ignorantes de todos. Tales personas no tienen testimonio de Dios y son todas arrogantes y vanidosas. Aquellos que creen que saben demasiado poco de Dios pero en realidad tienen experiencia y conocimiento prácticos de Dios son los que Él más ama. Solo tales personas tienen realmente testimonio y son realmente capaces de ser perfeccionadas por Dios. Aquellos que no entienden las intenciones de Dios se resisten a Él. Aquellos que sí entienden las intenciones de Dios pero no practican la verdad se resisten a Él. Aquellos que comen y beben las palabras de Dios y aun así van en contra de la esencia de estas se resisten a Él. Aquellos que tienen nociones sobre Dios encarnado y además se rebelan intencionadamente se resisten a Dios. Aquellos que emiten juicios sobre Dios se resisten a Él. Y cualquiera que sea incapaz de conocer a Dios y no pueda dar testimonio de Él es alguien que se resiste a Dios. Por tanto, os exhorto: si realmente tenéis fe para recorrer esta senda, entonces continuad siguiendo. Pero si sois incapaces de absteneros de resistiros a Dios, entonces mejor apartaros antes de que sea demasiado tarde, o si no las cosas no os van a ir bien, pues vuestra naturaleza es sencillamente demasiado corrupta. Carecéis de lealtad, carecéis de sumisión, carecéis de un corazón que esté sediento de justicia y verdad, así como carecéis de amor por Dios. Se podría decir que vuestro estado ante Dios es esencialmente un completo embrollo. Sois incapaces de ateneros a lo que os corresponde, incapaces de decir lo que os corresponde, incapaces de poner en práctica lo que os corresponde e incapaces de cumplir con la función que os corresponde; no tenéis la lealtad que os corresponde, la conciencia ni la sumisión que os corresponden ni la determinación que os corresponde; no habéis soportado el sufrimiento que deberíais haber soportado ni tampoco tenéis la fe que deberíais tener. No tenéis prácticamente ningún mérito. ¿No os avergüenza seguir viviendo? Os aconsejo que cerréis los ojos para descansar eternamente cuanto antes y así le ahorréis a Dios que se preocupe y sufra por vuestra causa. Creéis en Dios y sin embargo no entendéis Sus intenciones; coméis y bebéis las palabras de Dios y sin embargo sois incapaces de cumplir con los requerimientos de Dios hacia el hombre. Creéis en Dios, pero no lo conocéis y vivís sin un objetivo por el que esforzaros, sin ningún valor ni sentido de ningún tipo. Sois seres humanos y pese a ello no tenéis la menor conciencia, integridad ni credibilidad; ¿podéis llamaros todavía humanos? Creéis en Dios y sin embargo lo engañáis; incluso codiciáis el dinero de Dios y os coméis las ofrendas que se hacen para Él. No obstante, al final seguís sin lograr mostrar la menor consideración hacia los sentimientos de Dios o la menor conciencia respecto a Él. No podéis siquiera satisfacer un pequeño requerimiento que os hace Dios. ¿Os podéis seguir llamando seres humanos? Coméis la comida que Dios os provee, respiráis el oxígeno que Él os da y disfrutáis de Su gracia, pero al final no tenéis el menor conocimiento de Dios. Al contrario, os habéis convertido en inútiles que se resisten a Dios. ¿Acaso eso no os convierte en bestias que no pueden siquiera compararse a un perro? Entre los animales, ¿hay alguno que sea más malévolo que vosotros?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Todas las personas que no conocen a Dios son las que se resisten a Él
89. El mayor problema del hombre es que a él solo le gustan las cosas que no puede ver ni tocar, las cosas que son supremamente misteriosas y asombrosas, que son inimaginables para el hombre y que son inalcanzables para los mortales. Cuanto menos realistas sean estas cosas, más las analiza la gente, e incluso las persigue haciendo caso omiso de todo lo demás, con la vana esperanza de obtenerlas. Cuanto menos realistas sean estas, más profundamente las somete a escrutinio y las analiza la gente, incluso yendo tan lejos como para crear sus propias ideas exhaustivas sobre ellas. Por el contrario, mientras más realistas sean las cosas, más las desdeña la gente; simplemente las mira con altivez, y hasta las desprecia. ¿No es esta precisamente vuestra actitud hacia la obra realista que Yo realizo hoy? Mientras más realistas sean las cosas, más prejuiciosos sois contra ellas. Vosotros no permitís siquiera el menor espacio para examinarlas, sino que, sencillamente, las ignoráis; miráis con altivez estos requisitos realistas y poco exigentes e incluso albergáis numerosas nociones acerca de este Dios que es práctico en sobremanera y, simplemente, sois incapaces de aceptar Su practicidad y normalidad. De esta manera, ¿no tenéis una creencia difusa? Vosotros mantenéis una creencia inquebrantable en el Dios difuso de los tiempos pasados y no tenéis interés en el Dios práctico de hoy. ¿No se debe esto a que el Dios de ayer y el Dios de hoy corresponden a dos épocas diferentes? ¿No es también debido a que el Dios de ayer es el Dios grande y elevado de los cielos, mientras que el Dios de hoy es un ser humano pequeño en la tierra? ¿No es, además, porque el dios adorado por el hombre es producto de sus nociones, mientras que el Dios de hoy es carne tangible hecha sobre la tierra? A fin de cuentas, ¿el hombre no busca al Dios de hoy simplemente porque Él es demasiado realista? Porque lo que el Dios de hoy pide a la gente es precisamente lo que la gente está menos dispuesta a hacer, y que le produce vergüenza. ¿No es esto ponerles las cosas difíciles a las personas? ¿No pone esto en evidencia sus cicatrices? En consecuencia, muchas personas no buscan al Dios realista, al Dios práctico, y se vuelven enemigas de Dios encarnado, es decir, se convierten en anticristos. ¿No es esto un hecho evidente? En el pasado, cuando Dios aún no se había hecho carne, quizá tú eras una figura religiosa, o un creyente devoto. Después de que Dios se hizo carne, muchos de estos devotos creyentes, sin saberlo, se convirtieron en anticristos. ¿Sabes tú lo que está pasando aquí? En tu creencia en Dios, no te concentras en la realidad o en la búsqueda de la verdad, sino que en cambio te concentras en cosas irreales. ¿No es esto la fuente más clara de tu enemistad con Dios encarnado?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Solo los que conocen a Dios y Su obra son los que satisfacen a Dios
90. Antes del contacto con Cristo, tal vez creas que tu carácter se ha transformado por completo, que eres un leal seguidor de Cristo y nadie es más digno que tú de recibir las bendiciones de Cristo; como has recorrido muchos caminos, realizado mucha obra y dado mucho fruto, por lo que piensas que indudablemente serás uno de los que al final reciba la corona. Sin embargo, ¿acaso conoces el siguiente hecho: que el carácter corrupto del hombre y su rebeldía y resistencia quedan al descubierto cuando este ve a Cristo, y que este es el momento en el que su rebeldía y resistencia se desenmascaran absoluta y completamente, más que en cualquier otro momento? Esto se debe a que Cristo es el Hijo del hombre —un Hijo del hombre que posee una humanidad normal—, a quien el hombre ni honra ni respeta. Es porque Dios vive en la carne que la rebeldía del hombre sale a la luz de una forma tan completa y con tan vívido detalle. Así pues, Yo digo que la venida de Cristo ha sacado a la luz toda la rebeldía de la humanidad y ha puesto en claro relieve su naturaleza. A esto se le llama “tentar a un tigre a que baje de la montaña” y “tentar a un lobo a que salga de su cueva”. ¿Te atreves a decir que eres leal a Dios? ¿Te atreves a decir que manifiestas una sumisión total a Dios? ¿Te atreves a decir que no eres rebelde? Algunos dirán: “Cada vez que Dios orquesta un entorno para mí, nunca me quejo y siempre soy capaz de someterme y, además, no albergo ningún concepto acerca de Dios”. Otros dirán: “Cualquier cosa que Dios me encomiende, yo la completo lo mejor posible y nunca soy superficial”. En ese caso, os pregunto lo siguiente: ¿Podéis ser compatibles con Cristo cuando vivís junto a Él? Y ¿por cuánto tiempo seréis compatibles con Él? ¿Un día? ¿Dos días? ¿Una hora? ¿Dos horas? Vuestra fe puede muy bien ser encomiable, pero no tenéis mucho en lo relativo a la constancia. Una vez que estés viviendo realmente con Cristo, tu sentenciosidad y prepotencia se revelarán poco a poco mediante tus palabras y acciones, y también tus deseos extravagantes y tu mentalidad desobediente y descontenta se revelarán de forma natural. Finalmente, tu arrogancia se volverá aún más grande, hasta que estés tan en conflicto con Cristo como el agua lo está con el fuego, y luego tu naturaleza quedará completamente expuesta. En ese momento tus nociones ya no podrán permanecer ocultas, tus quejas también saldrán de manera natural y tu humanidad despreciable saldrá completamente a la luz. Sin embargo, aun entonces continúas negándote a reconocer tu propia rebeldía, creyendo, en cambio, que un Cristo como este no es fácil de aceptar para el hombre, que es demasiado estricto con él y que te someterías plenamente si Él fuera un Cristo mejor. Creéis que vuestra rebeldía está justificada, que solo os rebeláis contra Él cuando os empuja demasiado. Ni una sola vez habéis pensado que no consideráis a Cristo como Dios y que no tenéis intención de someteros a Él. Más bien, insistes tercamente en que Cristo actúe de acuerdo con tus deseos y, tan pronto como Él hace una sola cosa que no esté de acuerdo con tus ideas, tú crees que Él no es Dios, sino una persona. ¿No hay acaso muchos entre vosotros que habéis luchado contra Él de esta manera? Después de todo, ¿en quién creéis y de qué manera buscáis?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios
91. Siempre deseáis ver a Cristo, pero Yo os exhorto a que no os tengáis en tan alta estima; todo el mundo puede ver a Cristo, pero Yo digo que nadie es apto para ver a Cristo. Debido a que la naturaleza del hombre está llena de maldad, arrogancia y rebeldía, en el momento en el que veas a Cristo, tu naturaleza te destruirá y te condenará a muerte. Tal vez tu relación con un hermano (o una hermana) no muestre mucho sobre ti, pero no es tan simple cuando te relacionas con Cristo. En cualquier momento, tus conceptos pueden echar raíces, tu arrogancia puede comenzar a germinar y tu rebeldía puede comenzar a dar frutos. ¿Cómo puedes tú, con esa clase de humanidad, ser apto para relacionarte con Cristo? ¿Eres verdaderamente capaz de tratarlo como Dios en cada momento de cada día? ¿Tienes verdaderamente la realidad de la sumisión a Dios? Todos adoráis al dios excelso dentro de vuestro corazón como Jehová, al tiempo que consideráis al Cristo visible como una persona. ¡Vuestra razón es demasiado pobre y vuestra humanidad es demasiado vulgar! Sois incapaces de considerar a Cristo siempre como Dios; solo ocasionalmente, cuando estáis de buen humor, os aferráis a Él y lo adoráis como Dios. Es por eso que os digo que no sois creyentes de Dios, sino una pandilla de cómplices que se opone a Cristo. Hasta aquellos que son bondadosos con otros son recompensados; sin embargo, Cristo, que ha hecho tal obra entre vosotros, no ha recibido ni el amor del hombre ni su recompensa y sumisión. ¿Acaso no es eso algo desgarrador?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios
92. Tal vez en todos tus años de fe en Dios, nunca hayas maldecido a nadie ni cometido una mala acción, sin embargo, en tu relación con Cristo, no puedes decir la verdad, actuar honestamente ni someterte a la palabra de Cristo. En ese caso, Yo digo que tú eres la persona más insidiosa y malévola del mundo. Quizás eres excepcionalmente amable y devoto con tus parientes, tus amigos, tu esposa (o esposo), tus hijos e hijas y tus padres, y nunca te aprovechas de nadie, pero si eres incapaz de ser compatible con Cristo, si eres incapaz de relacionarte en armonía con Él, entonces, aun si gastas todo lo que tienes ayudando a tus vecinos, o si les brindas a tu padre, a tu madre y a los miembros de tu casa un cuidado meticuloso, te diría que sigues siendo una persona malvada y, más aún, llena de trucos astutos. No pienses que solo porque te llevas bien con los demás o haces algunas cosas buenas eres compatible con Cristo. ¿Tú crees que tus intenciones caritativas pueden conseguir para ti las bendiciones del Cielo? ¿Piensas que llevar a cabo unas cuantas cosas buenas sustituye tu sumisión? Ninguno de vosotros es capaz de aceptar la poda, a todos os resulta difícil abrazar la humanidad normal de Cristo y, por si fuera poco, estáis proclamando constantemente vuestra sumisión a Dios. Una fe como la vuestra acarreará una retribución adecuada. Dejad de entregaros a ilusiones fantasiosas y de desear ver a Cristo, porque sois de estatura muy baja, tanto así que ni siquiera sois dignos de verlo. Cuando hayas desechado por completo tu rebeldía y puedas interactuar armoniosamente con Cristo, en ese momento Dios naturalmente se te aparecerá. Si vas a ver a Dios sin haber pasado por la poda o el juicio, indudablemente te convertirás en un adversario de Dios y seguro que serás alguien que perezca. La naturaleza del hombre es inherentemente hostil hacia Dios, porque todo el mundo ha sido sometido a la corrupción más profunda de Satanás. Si el hombre trata de interactuar con Dios en medio de su propia corrupción, ciertamente nada bueno puede salir de eso; sus acciones y palabras indudablemente revelarán su corrupción a cada paso y, al relacionarse con Dios, su rebeldía se revelará en todo momento. Inconscientemente, el hombre llega a oponerse a Cristo, a engañar a Cristo y a rechazar a Cristo; cuando eso ocurre, el hombre se encontrará en una situación aún más precaria y, si esto continúa, se convertirá en objeto de castigo.
Tal vez algunos crean que, si relacionarse con Dios es tan peligroso, entonces sería más sabio mantener a Dios a distancia. ¿Qué pueden obtener las personas como estas? ¿Pueden ser leales a Dios? Ciertamente, la relación con Dios es muy difícil, pero eso se debe a que el hombre está corrompido y no a que Dios no pueda relacionarse con él. Sería mejor que dedicarais algo de esfuerzo a la verdad de conocerse a uno mismo. ¿Por qué Dios no os aprecia? ¿Por qué vuestro carácter es detestable para Él? ¿Por qué vuestro discurso despierta Su odio? Cuando demostráis un poco de lealtad, os elogiáis a vosotros mismos; cuando realizáis una pequeña contribución, exigís una recompensa; despreciáis a los demás cuando habéis mostrado una pizca de sumisión y desdeñáis a Dios cuando lleváis a cabo alguna tarea insignificante. Por acoger a Dios, pedís dinero, cosas materiales y halagos. Os duele el corazón cuando dais un par de monedas; cuando dais diez, pedís bendiciones y que se os distinga de los demás. Resulta extremadamente ofensivo hablar u oír hablar de vuestra clase de humanidad. ¿Hay algo digno de alabanza en vuestras palabras y acciones? Quienes hacen su deber y quienes no; quienes lideran y quienes siguen; quienes acogen a Dios y quienes no; quienes dan ofrendas y quienes no; quienes predican el camino y quienes reciben el camino, etcétera: todos esos se alaban a sí mismos. ¿Acaso no os parece esto risible? Aunque sabéis perfectamente que creéis en Dios, no podéis ser compatibles con Él. Aunque sois plenamente conscientes de que no tenéis ningún mérito, de cualquier modo persistís en alardear. ¿Acaso no sentís que vuestra razón ha llegado a un punto en el que ha escapado al control? Con una razón como esa, ¿cómo podéis ser aptos para entrar en contacto con Dios? ¿Acaso no os preocupáis por vosotros mismos en este momento? Vuestro carácter ya se ha deteriorado hasta el punto en que sois incapaces de ser compatibles con Dios. Siendo esto así, ¿no es risible vuestra fe? ¿No es absurda vuestra fe? ¿Cómo vas a abordar tu futuro? ¿Cómo vas a elegir la senda que tomes?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios
93. Algunas personas no aman la verdad y, mucho menos, el juicio. En cambio, aman el poder y las riquezas; a tales personas se les llama buscadores de poder. Buscan exclusivamente aquellas denominaciones que tienen poder en el mundo y solo buscan a pastores y maestros que provienen de seminarios. A pesar de haber aceptado el camino de la verdad, son, en parte, escépticos e incapaces de entregar todo su cuerpo y toda su mente; de su boca salen palabras de gastarse para Dios, pero sus ojos se enfocan en los grandes pastores y maestros, y ni siquiera miran dos veces a Cristo. Su mente está llena de pensamientos de fama, provecho y gloria. Piensan que no es posible que una persona tan insignificante pueda ser capaz de conquistar a tantos, que alguien tan común y corriente sea capaz de perfeccionar al hombre. Ellos no creen en absoluto que estos “don nadie” que están entre el polvo y el estiércol sean el pueblo escogido por Dios. Ellos creen que si tales personas fueran los objetos de la salvación de Dios, el cielo y la tierra estarían de cabeza y todos los hombres se reirían a mandíbula batiente. Ellos creen que si Dios eligiera a tales personas para ser perfeccionadas, entonces esas grandes figuras se convertirían en Dios mismo. Sus perspectivas están manchadas de incredulidad; más que no creer, son simplemente bestias irracionales. Y es que solo valoran el estatus, el prestigio y el poder, y tienen en alta estima a los grandes grupos y denominaciones y no tienen la menor consideración hacia quienes son dirigidos por Cristo. Simplemente son traidores que le han dado la espalda a Cristo, a la verdad y a la vida.
No admiras la humildad de Cristo, sino que veneras a esos falsos pastores de destacado estatus. No adoras la belleza ni la sabiduría de Cristo, sino que te agradan esos licenciosos que transigen con la inmundicia del mundo. Solo te burlas del dolor de Cristo por no tener ningún lugar para reclinar Su cabeza, pero admiras a esos cadáveres que se apropian de las ofrendas y viven en el libertinaje. No estás dispuesto a sufrir junto a Cristo, pero te lanzas con gusto a los brazos de esos anticristos temerarios y obstinados a pesar de que solo te suministran carne, palabras y control. Incluso ahora, tu corazón sigue volviéndose a ellos, a su reputación, su estatus, sus fuerzas. Y, sin embargo, continúas adoptando una actitud de encontrar la obra de Cristo difícil de aceptar y de no estar dispuesto a aceptarla. Es solo por esto que digo que careces de la fe de reconocer a Cristo. La razón por la que lo has seguido hasta el día de hoy es solo porque no tenías otra opción. En tu corazón siempre se erigen una serie de imágenes elevadas; no puedes olvidar cada una de sus palabras y obras ni sus influyentes palabras y manos. En vuestro corazón, ellos son supremos por siempre y eternamente héroes. Pero esto no es así para el Cristo de hoy. En tu corazón, Él siempre es insignificante, Él siempre es una persona indigna de temor. Porque Él es demasiado común, tiene muy poca influencia y está lejos de ser elevado.
En cualquier caso, Yo digo que todos los que no valoran la verdad son incrédulos y traidores de la verdad. Tales personas nunca recibirán la aprobación de Cristo. ¿Has identificado ahora cuánta incredulidad hay dentro de ti y cuánta traición a Cristo tienes? Te exhorto: puesto que has elegido el camino de la verdad, deberías poner todo el corazón en tu devoción; no seas ambivalente ni vaciles. Debes entender que Dios no es Dios del mundo ni de ninguna persona, sino Dios de todos aquellos que creen verdaderamente en Él, de todos los que lo adoran y de todos aquellos que le muestran devoción y le son fieles.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Eres realmente un creyente en Dios?
94. Muchos de los que siguen a Dios solo se preocupan por cómo obtener bendiciones o evitar el desastre. Tan pronto como se mencionan la obra y la gestión de Dios, se quedan en silencio y pierden todo interés. Piensan que comprender tales cuestiones tediosas no ayudará a que su vida crezca y que no les brindará ningún beneficio. En consecuencia, aunque hayan oído información acerca de la gestión de Dios, la abordan sin seriedad. No la ven como algo precioso que se debe aceptar y, mucho menos, la comprenden tomándola como parte de su vida. El propósito de estas personas al seguir a Dios es muy simple y tiene un único objetivo: ser bendecidas. Estas personas no se molestan en prestar atención a nada que no tenga nada que ver con este objetivo. Para ellas, obtener bendiciones es el propósito más legítimo al creer en Dios; es el valor mismo de su fe. Si algo no sirve a este propósito, sea lo que sea, no las conmueve. Esto es lo que ocurre con la mayoría de las personas que creen en Dios actualmente. Su propósito y su intención parecen legítimos porque, al mismo tiempo que creen en Dios, también se esfuerzan por Él, se dedican a Él, y hacen su deber. Entregan su juventud, renuncian a su familia y su profesión e, incluso, pasan años corriendo de acá para allá lejos de casa. En aras de su propósito final, cambian sus intereses, su perspectiva de la vida e, incluso, la dirección que buscan, pero no pueden cambiar su propósito al creer en Dios. Van de acá para allá tras la gestión de sus propias aspiraciones; no importa lo lejos que esté el camino ni cuántas dificultades, peligros y obstáculos haya a lo largo de él, siguen siendo persistentes y no tienen miedo a la muerte. ¿Qué poder los impulsa a seguir entregándose de esta forma? ¿Es su conciencia? ¿Es su calidad humana magnífica y noble? ¿Es su determinación de combatir a las fuerzas del mal hasta el final? ¿Es la fe que poseen para dar testimonio por Dios sin buscar una recompensa? ¿Es su devoción estar dispuestos a abandonarlo todo para cumplir la voluntad de Dios? ¿O es su dedicado espíritu de renunciar siempre a las exigencias personales extravagantes? ¡Que alguien que nunca ha comprendido la obra de gestión de Dios pueda gastar tanta sangre del corazón es, simplemente, un tremendo milagro! Por el momento, no hablemos de cuánto han dado estas personas. Sin embargo, su comportamiento es muy digno de nuestra disección. Aparte de los beneficios tan estrechamente asociados con ellas, ¿podría existir alguna otra razón para que las personas, que nunca entienden a Dios, paguen un precio tan alto por Él? Aquí, descubrimos un problema no identificado previamente por el hombre: la relación del hombre con Dios es, simplemente, de puro interés personal. Es la relación entre el receptor y el dador de bendiciones. Para decirlo con claridad, es la relación entre un empleado y un empleador. El primero solo trabaja duro para recibir las recompensas otorgadas por el segundo. En esta clase de relación basada en el interés personal no hay afecto familiar, solo una transacción. No hay un amar y ser amado; solo caridad y misericordia. No hay comprensión; solo engaño y una resignada indignación reprimida. No hay intimidad; solo un abismo que no se puede cruzar. Ahora que las cosas han llegado a este punto, ¿quién puede cambiar ese rumbo? ¿Y cuántas personas son capaces de entender realmente lo grave que se ha vuelto esta relación? Considero que, cuando las personas se sumergen en el alegre ambiente de ser bendecidas, nadie puede imaginar lo embarazosa y horrible que es una relación así con Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice III: El hombre solo puede salvarse en medio de la gestión de Dios
95. Lo más triste acerca de cómo cree la especie humana en Dios es que el hombre emprende su propio proyecto en el ámbito de la obra de Dios y, sin embargo, no presta atención a la gestión de Dios. El fracaso más grande de la fe en Dios de la humanidad es que, mientras busca someterse a Dios y adorarlo, construye simultáneamente su propio sueño de un destino aspiracional y trama cómo obtener la mayor bendición y el mejor destino. Incluso si las personas entienden lo patéticas, odiosas y lamentables que son, ¿cuántas podrían renunciar fácilmente a sus aspiraciones y esperanzas? Y ¿quién es capaz de detener sus propios pasos y dejar de hacer planes por su propia cuenta? Dios necesita a quienes van a cooperar de cerca con Él para completar Su gestión. Necesita a quienes dedicarán toda su mente y todo su cuerpo a la obra de Su gestión para someterse a Él. Dios no necesita a las personas que estiran las manos para mendigarle cada día y, mucho menos, a quienes entregan un poco por Él y después esperan exigirle una retribución. Dios odia a los que hacen una contribución insignificante y después se duermen en sus laureles. Odia a esas personas de sangre fría que sienten antipatía hacia la obra de Su gestión y solo quieren hablar sobre ir al cielo y obtener bendiciones. Odia aún más a los que se aprovechan de la oportunidad presentada por Su obra de salvación para su propio beneficio. Eso es debido a que estas personas nunca se han preocupado por lo que Dios quiere conseguir y ganar por medio de la obra de Su gestión. Solo les interesa cómo pueden usar la oportunidad provista por la obra de Dios para obtener bendiciones. No son consideradas en absoluto con el corazón de Dios, pues lo único que les preocupa es su propio futuro y porvenir. Los que sienten antipatía hacia la obra de gestión de Dios y no tienen el más mínimo interés en cómo Dios salva a la humanidad ni en Sus intenciones, todos están haciendo cosas que les gusta hacer fuera del ámbito de la obra de gestión de Dios. Dios no recuerda sus acciones ni las aprueba y ni mucho menos las ve con buenos ojos.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Apéndice III: El hombre solo puede salvarse en medio de la gestión de Dios
96. Mis acciones son muy numerosas, son mayores en número que los granos de arena de la playa y Mi sabiduría es tan grande que sobrepasa la de todos los hijos de Salomón, pero las personas simplemente creen en Mí como si Yo fuera un médico de poca monta y un desconocido maestro del hombre. Muchos creen en Mí solo para que pueda sanarlos. Muchos creen en Mí solo para que use Mi poder para expulsar espíritus inmundos de sus cuerpos y muchos creen en Mí simplemente para poder recibir de Mí paz y gozo. Muchos creen en Mí solo para exigir de Mí una mayor riqueza material. Muchos creen en Mí solo para pasar esta vida en paz y estar sanos y salvos en la venidera. Muchos creen en Mí para evitar el sufrimiento del infierno y recibir las bendiciones del cielo. Muchos creen en Mí solo por una comodidad temporal; sin embargo, no buscan obtener nada en la vida por venir. Cuando descargo Mi ira sobre las personas y les arrebato todo el gozo y la paz que antes poseían, tienen dudas. Cuando les descargo el sufrimiento del infierno y recupero las bendiciones del cielo, se enfurecen. Cuando las personas me piden que las sane y Yo no les presto atención y siento aborrecimiento hacia ellas, se alejan de Mí para, en su lugar, buscar el camino de la medicina maligna y la hechicería. Cuando les quito todo lo que me han exigido, todas desaparecen sin dejar rastro. Así, digo que la gente tiene fe en Mí porque Mi gracia es demasiado abundante y porque hay demasiados beneficios que ganar.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Qué sabes de la fe?
97. Esperas que tu fe en Dios no acarree ninguna dificultad ni tribulación ni el más mínimo sufrimiento. Siempre buscas aquellas cosas que no tienen valor y no le otorgas ningún valor a la vida, poniendo en cambio tus propios pensamientos extravagantes antes que la verdad. ¡No vales nada! Vives como un cerdo, ¿qué diferencia hay entre tú y los cerdos y los perros? ¿No son bestias todos los que no persiguen la verdad y, en cambio, aman la carne? ¿No son cadáveres vivientes todos esos muertos sin espíritu? ¿Cuántas palabras se han hablado entre vosotros? ¿Se ha hecho solo un poco de obra entre vosotros? ¿Cuánto he provisto entre vosotros? ¿Y por qué no lo has obtenido? ¿De qué tienes que quejarte? ¿No será que no has obtenido nada porque estás demasiado enamorado de la carne? ¿Y no es porque tus pensamientos son muy extravagantes? ¿No es porque eres demasiado estúpido? Si no logras obtener estas bendiciones, ¿puedes culpar a Dios por no salvarte? Todo lo que buscas es poder ganar la paz después de creer en Dios, que tus hijos no enfermen, que tu esposo tenga un buen trabajo, que tu hijo encuentre una buena esposa, que tu hija encuentre un buen esposo, que tus bueyes y tus caballos aren bien la tierra, que tengas un año de buen clima para tus cosechas. Esto es lo que buscas. Tu búsqueda es solo para vivir en la comodidad; para que tu familia no sufra accidentes, para que los vientos te pasen de largo, para que la arena no toque tu cara, para que las cosechas de tu familia no se inunden, para que no te afecte ningún desastre, para vivir en “el abrazo de Dios”, para vivir en un nido acogedor. Un cobarde como tú, que siempre busca la carne, ¿tienes corazón, tienes espíritu? ¿No eres una bestia? Yo te concedo a ti el camino verdadero sin pedirte nada a cambio, pero no lo buscas. ¿Todavía eres uno de los que creen en Dios? Te otorgo la vida humana real, pero no la buscas. ¿Acaso no eres del mismo tipo que los cerdos y los perros? Los cerdos no buscan la vida del hombre, no buscan ser purificados y no entienden lo que es la vida. Cada día, después de hartarse de comer, simplemente se duermen. Te he concedido el camino verdadero, pero no lo has obtenido, sigues con las manos vacías. ¿Estás dispuesto a seguir en esta vida, la vida de un cerdo? ¿Qué significado tiene que tales personas estén vivas? Tu vida es despreciable y vil, vives en medio de la inmundicia y el libertinaje y no persigues ninguna meta; entonces, ¿no es tu vida la más innoble de todas? ¿Tienes el descaro de presentarte ante Dios? Si sigues teniendo esa clase de experiencia, ¿acaso crees que vas a conseguir algo? El camino verdadero se te ha concedido, pero que al final puedas o no ganarlo depende de tu propia búsqueda.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio
98. En las experiencias vitales de las personas, piensan a menudo: “He abandonado a mi familia y mi carrera por Dios, ¿y qué me ha dado Él? Debo sumarlo todo y confirmarlo: ¿He recibido bendiciones recientemente? Me he esforzado mucho durante este tiempo, he corrido y corrido, y he sufrido mucho; ¿me ha dado Dios alguna promesa a cambio de mi desempeño durante este tiempo? ¿Ha recordado mis buenas obras? ¿Cuál será mi resultado? ¿Puedo recibir bendiciones?…”. En su corazón, toda persona hace esos cálculos en forma frecuente y continua, albergando motivaciones, ambiciones y una mentalidad transaccional al solicitarle cosas a Dios. Es decir, el hombre incesantemente está examinando a Dios en su corazón, ideando planes sobre Él, “defendiendo” ante Él su propio resultado, tratando de arrancarle una declaración y ver si Él le dará o no lo que quiere. Al mismo tiempo que busca a Dios, el hombre no lo trata como tal. Este siempre ha intentado hacer tratos con Él, solicitándole cosas sin cesar, y hasta presionándolo a cada paso, tratando de tomar el brazo cuando le dan la mano. A la vez que intenta hacer tratos con Dios, también discute con Él, e incluso hay personas que, cuando les llegan las pruebas o se encuentran en ciertas situaciones, con frecuencia se vuelven débiles, negativas y holgazanas en su trabajo, y están llenas de quejas hacia Él. Desde el momento en que empezó a creer en Él por primera vez, el hombre lo ha considerado una cornucopia, una navaja suiza, y se ha considerado Su mayor acreedor, como si solicitar bendiciones y promesas de Dios fuera su derecho y obligación inherentes, y las responsabilidades a cargo de Dios fueran protegerlo, cuidar de él y proveer para él. Tal es la comprensión básica de las tres palabras “fe en Dios” de todos aquellos que creen en Él, y su comprensión más profunda del concepto de creer en Él. Desde la esencia-naturaleza del hombre a su búsqueda subjetiva, nada tiene relación con el temor de Dios. No es posible que el objetivo del hombre al creer en Dios tenga nada que ver con la adoración a Dios. Es decir, el hombre nunca ha tenido la intención de temer a Dios y adorarlo al creer en Él, y nunca ha entendido que tales cosas son necesarias en la fe en Dios. A la luz de este estado, la esencia del hombre es obvia. ¿Cuál es esta esencia? El corazón del hombre es malévolo, siniestro y falso, no ama la ecuanimidad, la justicia ni las cosas positivas; además, es despreciable y codicioso. El corazón del hombre no podría estar más cerrado a Dios; no se lo entrega en absoluto. Él nunca ha visto el verdadero corazón del hombre ni este lo ha adorado jamás. No importa cuán grande sea el precio que Dios pague, cuánta obra Él lleve a cabo o cuánto le provea al hombre, este sigue estando ciego e indiferente a todo. El ser humano no le ha dado nunca su corazón a Dios, solo quiere ocuparse de su corazón por sí mismo, tomar sus propias decisiones; el trasfondo de esto es que no quiere recorrer el camino de temer a Dios y apartarse del mal, ni someterse a Su soberanía ni a Sus disposiciones, ni adorar a Dios como tal. Este es el estado del hombre en la actualidad.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
99. Siempre que se menciona el destino, lo tratáis con especial seriedad; además, es algo acerca de lo que todos sois particularmente sensibles. Algunas personas no pueden esperar a golpearse las cabezas contra el suelo y a postrarse delante de Dios con el fin de conseguir un buen destino. Veo vuestra ansia, que no necesita expresarse en palabras. Es solo que no queréis que vuestra carne caiga en desastre y deseáis menos aún hundiros en el castigo eterno en el futuro. Solo esperáis permitiros vivir de un modo un poco más libre y fácil. Y, así, os sentís particularmente inquietos cuando se menciona el destino, pues tenéis un temor profundo de que, si no estáis lo bastante atentos, podéis ofender a Dios y, por consiguiente, estar sujetos a la retribución que merecéis. No habéis dudado en transigir en cosas por el bien de vuestro destino, e incluso muchos de vosotros, que una vez fuisteis taimados y frívolos, os habéis vuelto de repente especialmente dóciles y sinceros; vuestra aparente sinceridad es completamente escalofriante. Sin embargo, todos tenéis corazones “honestos” y me habéis abierto los secretos de vuestro corazón de manera consistente, sin guardaros nada, ya fuera la queja, el engaño o la lealtad. En general, me habéis “confesado” con gran franqueza las cosas esenciales que yacen en lo más profundo de vuestro ser. Por supuesto, nunca he eludido tales cosas, pues se han convertido en algo demasiado familiar para Mí. Preferiríais entrar en el mar de fuego por el bien de vuestro destino final que perder un solo cabello para obtener la aprobación de Dios. No es que esté siendo demasiado dogmático con vosotros; es que carecéis demasiado de un corazón de lealtad para afrontar cara a cara todo lo que Yo hago. Es posible que no entendáis lo que acabo de decir, así que dejadme proporcionaros una simple explicación: lo que necesitáis no es la verdad y la vida, ni los principios de cómo comportaros; mucho menos Mi esmerada obra. En vez de eso, lo que necesitáis es todo lo que poseéis en la carne: riqueza, estatus, familia, matrimonio y cosas así. Tenéis una actitud totalmente desdeñosa hacia Mis palabras y Mi obra, de manera que puedo resumir vuestra fe en una palabra: superficial. Haríais cualquier cosa por lograr las cosas a las que sois absolutamente leales, pero he descubierto que no haríais lo mismo por el bien de los asuntos concernientes a vuestra creencia en Dios. Más bien, sois relativamente leales y serios. Por esta razón, afirmo que quienes carecen de un corazón de absoluta sinceridad son un fracaso en su creencia en Dios. Pensad con cuidado: ¿Hay muchos fracasados entre vosotros?
Deberíais saber que el éxito en creer en Dios se logra como resultado de las propias acciones de las personas; cuando estas no tienen éxito, sino que fracasan, también se debe a sus propias acciones, y otros factores no desempeñan ningún papel. Creo que intentaríais todo lo posible para lograr algo más difícil y que entrañe más sufrimiento que creer en Dios, y que lo trataríais de modo muy serio, tanto que incluso no estaríais dispuestos a tolerar ningún error; estos son los tipos de esfuerzos incansables que todos vosotros ponéis en vuestra propia vida. Incluso sois capaces de engañar a Mi carne en circunstancias en las que no se lo haríais a ningún miembro de vuestra propia familia. Esta es vuestra conducta constante y el principio por el que lidíais con el mundo. ¿Acaso no seguís proyectando una falsa fachada para engañarme en aras de vuestro destino, para que vuestro destino pueda ser maravilloso y todo lo que deseáis? Soy consciente de que vuestra lealtad es temporal, como vuestra sinceridad. ¿Acaso no resulta que vuestras determinaciones y el precio que pagáis solo están presentes ahora y estarán ausentes en el futuro? Solo queréis hacer un esfuerzo final para luchar por procuraros un hermoso destino. Vuestro solo objetivo es hacer un trato, no evitar estar en deuda con la verdad, menos aún retribuirme por el precio que Yo he pagado. En pocas palabras, solo estáis dispuestos a emplear astutas estratagemas para conseguir lo que queréis, pero no para entablar una batalla por ello. ¿Acaso no son estos vuestros pensamientos más íntimos? No debéis disfrazaros ni menos aún romperos la cabeza respecto a vuestro destino hasta el punto de no tener apetito por la comida ni la bebida durante el día y ser incapaces de dormir en paz por la noche. ¿No es cierto que vuestro desenlace habrá sido ya determinado al final?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Acerca del destino
100. Me habéis seguido todos estos años; sin embargo, nunca me habéis dado ni un ápice de lealtad. Más bien, habéis estado girando en torno a las personas y las cosas que os gustan, hasta tal punto que, en todo momento y dondequiera que vais, las mantenéis cerca de vuestro corazón y nunca las habéis abandonado. Cada vez que sentís fervor o pasión respecto a cualquier cosa que amáis, lo hacéis al mismo tiempo que me seguís o, incluso, al mismo tiempo que escucháis Mis palabras. Por eso digo que estáis utilizando la lealtad que os pido, más bien, para ser leales a vuestras “mascotas” y para apreciarlas. Aunque quizá sacrifiquéis una o dos cosas por Mí, no representa la totalidad de lo que sois ni muestra que es a Mí a quien sois verdaderamente leales. Os involucráis en proyectos que os apasionan: algunos de vosotros sois leales a vuestros hijos e hijas; otros, a su marido, a su esposa, a las riquezas, al trabajo, a sus superiores, al estatus o a las mujeres. Nunca os sentís cansados o molestos por causa de esas cosas a las que sois leales; más bien, anheláis cada vez más poseerlas en mayor cantidad y de una manera mejor, y nunca os rendís. Mis palabras y Yo siempre quedamos relegados detrás de las cosas que os apasionan y no tenéis más remedio que situarnos en último lugar. Hay algunos que incluso dejan este último lugar para las cosas a las que son leales, pero que aún no han descubierto. Nunca han tenido ni una pizca de Mí en su corazón. Tal vez consideráis que os pido demasiado o que os estoy acusando injustamente, pero ¿acaso alguna vez habéis pensado en el hecho de que mientras estáis pasando felizmente tiempo con vuestra familia, nunca, ni una sola vez, habéis sido leales a Mí? En este momento, ¿no os causa eso dolor? Cuando vuestro corazón está lleno de alegría al haber sido retribuidos por vuestras labores, ¿acaso no os sentís abatidos por no haberos equipado con suficientes verdades? ¿Cuándo habéis llorado por no haber recibido Mi aprobación? Os devanáis los sesos y hacéis enormes esfuerzos por vuestros hijos e hijas, y, aun así, no estáis satisfechos; creéis que no habéis sido diligentes por ellos, que no habéis hecho todo lo posible por ellos. Sin embargo, conmigo siempre habéis sido negligentes y descuidados; solo estoy en vuestra memoria, pero nunca permanezco en vuestro corazón. Nunca intentáis entender Mis meticulosas intenciones ni mostrar consideración por ellas. Tan solo os involucráis en una breve reflexión y creéis que esto es suficiente. Esta “lealtad” no es lo que he anhelado desde hace mucho; más bien, lo que he odiado durante mucho tiempo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿A quién eres leal exactamente?
101. Si en estos momentos colocase dinero frente a vosotros y os diera la libertad de escoger, si no os condenara por vuestra elección, la mayoría escogería el dinero y renunciaría a la verdad. Los mejores de entre vosotros renunciarían al dinero y de mala gana elegirían la verdad, mientras que aquellos que se encuentran en medio agarrarían el dinero con una mano y la verdad con la otra. ¿No se haría evidente de esta manera vuestra verdadera cara? Al elegir entre la verdad y cualquier cosa a la que sois leales, todos elegiríais de esta manera, y vuestra actitud seguiría siendo la misma. ¿No es así? Muchos de vosotros habéis vacilado entre lo correcto y lo incorrecto, ¿no es así? En todas las luchas entre lo positivo y lo negativo, lo blanco y lo negro —entre la familia y Dios, los hijos y Dios, la armonía y la ruptura, la riqueza y la pobreza, el estatus y lo ordinario, ser apoyados y ser rechazados y así sucesivamente— ¡seguro que no ignoráis las elecciones que habéis hecho! Entre una familia armoniosa y una fracturada, elegisteis la primera, y sin ninguna vacilación; entre la riqueza y el deber, de nuevo elegisteis la primera, aun careciendo de la voluntad de regresar a la orilla[a]; entre el lujo y la pobreza, elegisteis lo primero; entre vuestros hijos, esposa o marido y Yo, elegisteis a los primeros; y entre las nociones y la verdad, seguisteis eligiendo lo primero. Al enfrentarme a toda forma de acciones malvadas de vuestra parte, simplemente he perdido la fe en vosotros, simplemente he estado asombrado. De manera inesperada, vuestro corazón es del todo incapaz de ablandarse. Sorprendentemente, la sangre del corazón que he gastado durante muchos años no me ha traído nada más que vuestro abandono y resignación, pero Mis esperanzas hacia vosotros crecen con cada día que pasa, porque Mi día ha sido completamente puesto de manifiesto ante todos. Sin embargo, ahora todavía estáis persiguiendo cosas oscuras y malvadas y os negáis a dejarlas ir. Entonces, ¿cuál será vuestro resultado? ¿Habéis considerado alguna vez esto con detenimiento? Si se os pidiera que eligierais de nuevo, ¿cuál sería, entonces, vuestra postura? ¿Seguiría siendo lo primero? ¿Seguiríais pagándome con decepciones y dolorosa tristeza? ¿Seguirían vuestros corazones solo teniendo un ápice de calidez? ¿Seguiríais sin ser conscientes de qué hacer para consolar a Mi corazón?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿A quién eres leal exactamente?
Nota al pie:
a. Regresar a la orilla: un dicho chino, que significa “regresar de los malos caminos por los que se ha caminado”.
102. Cada día los hechos y pensamientos de todas y cada una de las personas son contemplados por los ojos del Único y, al mismo tiempo, son una preparación para su propio mañana. Esta es una senda que debe ser transitada por todos aquellos que están vivos; es la senda que he predestinado para todos y de la cual nadie puede escapar o quedar exento. Las palabras que he pronunciado son innumerables y la obra que he realizado es todavía más incalculable. Todos los días observo mientras cada persona lleva a cabo de forma natural todo lo que tiene que hacer de acuerdo con su naturaleza inherente y el desarrollo de su naturaleza. Sin saberlo, muchos ya se han embarcado en el “camino correcto” que Yo establecí para revelar a los diferentes tipos de personas. Desde hace mucho tiempo he colocado a cada clase de persona en diferentes entornos; así, en sus respectivos lugares, todas están exhibiendo sus atributos inherentes. No hay nadie que los ate, nadie que los seduzca. Son libres en su totalidad y lo que revelan sale naturalmente. Solo hay una cosa que los mantiene a raya: Mis palabras. Por lo tanto, algunas personas leen de mala gana Mis palabras, sin practicarlas nunca, haciéndolo solo para salir del paso con un desenlace que evite la muerte; a otros, por otra parte, se les hace difícil soportar los días sin Mis palabras para guiarlos y proveerlos, por lo que naturalmente tienen en sus manos Mis palabras en todo momento. Conforme el tiempo pasa, descubren el secreto de la vida humana, el destino de la humanidad y el valor de ser humano. El hombre no es más que esto en presencia de Mis palabras y Yo simplemente permito que los asuntos sigan su curso. No hago ninguna obra que obligue al hombre a tener Mis palabras como fundamento de su existencia. Así, los que nunca han tenido una conciencia, aquellos cuya existencia nunca ha tenido valor, osadamente desechan Mis palabras y hacen lo que les place después de observar silenciosamente cómo van las cosas. Comienzan a sentir aversión por la verdad y por todo lo que emana de Mí y, más aún, sienten aversión por estar en Mi casa. Estas personas temporalmente viven dentro de Mi casa en aras de su destino y para escapar del castigo, incluso si están contribuyendo con mano de obra. Sin embargo, sus intenciones y acciones nunca cambian. Esto aumenta su deseo de obtener bendiciones, así como aumenta su deseo de entrar una sola vez en el reino y permanecer allí eternamente, e incluso de entrar al cielo eterno. Cuanto más anhelan que Mi día venga pronto, más sienten que la verdad se ha vuelto un obstáculo, una piedra de tropiezo en su camino. Apenas pueden esperar para poner un pie en el reino para gozar por siempre de las bendiciones del reino de los cielos, sin necesidad de perseguir la verdad o aceptar el juicio y el castigo y, sobre todo, sin necesidad de arrastrarse dentro de Mi casa y hacer lo que Yo ordeno. Estas personas entran en Mi casa, no para satisfacer su deseo de buscar la verdad ni para cooperar con Mi gestión; su objetivo es simplemente estar entre los que no serán destruidos en la era venidera. Por ende, su corazón nunca ha sabido qué es la verdad o cómo aceptarla. Esta es la razón por la que tales personas nunca han practicado la verdad y nunca se han dado cuenta de la profundidad de su corrupción y, aun así, se han hospedado en Mi casa como “siervos” durante todo el tiempo. “Pacientemente” esperan la llegada de Mi día y son inagotables mientras son zarandeados por la forma de Mi obra. Pero no importa qué tan grande sea su esfuerzo ni qué precio paguen, nadie los ha visto sufrir por la verdad ni dar nada por Mí. En su corazón, no pueden esperar a ver el día en que Yo ponga fin a la vieja era y, además, ansiosamente desean conocer qué tan grandes son Mi poder y autoridad. Lo que nunca se han apresurado a hacer es cambiarse a sí mismos y perseguir la verdad. Aman aquello por lo que Yo tengo aversión y tienen aversión por aquello que Yo amo. Anhelan lo que Yo odio, pero están temerosos de perder lo que Yo aborrezco. Viven en este mundo malvado, nunca lo odian y, sin embargo, están profundamente temerosos de que Yo lo vaya a destruir. Entre sus intenciones contradictorias, aman este mundo que Yo aborrezco, pero a su vez, anhelan que Yo lo destruya a toda prisa, y que se les exima de la calamidad de la destrucción para ser transformados en amos de la era venidera antes de apartarse del camino verdadero. Esto es porque no aman la verdad y tienen aversión por todo lo que viene de Mí. Tal vez se vuelvan “personas obedientes” por poco tiempo para no perder las bendiciones, pero su ansiedad por recibir bendiciones y su motivación de temer ser destruido y entrar en el lago de fuego ardiente nunca pueden ocultarse. A medida que Mi día se acerca, su deseo se hace cada vez más fuerte. Y cuanto mayor es el desastre, más impotentes están, sin saber por dónde comenzar para hacer que me regocije y evitar perder las bendiciones que por mucho tiempo han anhelado. Una vez que Mi mano comienza su obra, estas personas están ansiosas de actuar para servir como vanguardia. Solo piensan en lanzarse a la primera fila de las tropas, profundamente temerosas de que Yo no las vea. Hacen y dicen lo que piensan que es correcto, sin saber nunca que sus hechos y acciones nunca han sido relevantes para la verdad, así como sus acciones solamente socavan y perturban Mi plan. Aunque hayan hecho un gran esfuerzo y puedan ser sinceros en su determinación e intención de soportar adversidades, nada de lo que hacen tiene que ver conmigo y, dado que nunca he visto que sus hechos se hagan con buenas intenciones, mucho menos los he visto colocar nada sobre Mi altar. Tales han sido sus hechos delante de Mí a lo largo de estos muchos años.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Deberíais considerar vuestros hechos
103. Muchas personas sostienen en sus manos las palabras de Dios y las leen día tras día, incluso hasta el punto de comprometerse meticulosamente a memorizar todos los pasajes clásicos en ellas como su posesión más valiosa; y, además, predican las palabras de Dios en todas partes, proveyendo y ayudando a los demás con las palabras de Dios. Piensan que hacer esto es dar testimonio de Dios, dar testimonio de Sus palabras; que hacer esto es seguir el camino de Dios, vivir según Sus palabras, traerlas a su vida actual, y que esto les permitirá recibir el elogio de Dios y ser salvos y perfeccionados. Pero, aunque prediquen las palabras de Dios, nunca las cumplen en la práctica ni tratan de compararse con lo revelado en ellas. En su lugar, utilizan las palabras de Dios para ganarse la adoración y la confianza de los demás con engaños, para entrar en gestión por su cuenta, y para defraudar y robar la gloria de Dios. Esperan, en vano, aprovechar la oportunidad que les proporciona difundir las palabras de Dios para que se les adjudiquen la obra de Dios y Sus elogios. Cuántos años han pasado, y estas personas no solo han sido incapaces de obtener el elogio de Dios en el proceso de predicar Sus palabras, tampoco han sido capaces de descubrir el camino que deben seguir en el proceso de dar testimonio de las palabras de Dios. No solo no se han ayudado a sí mismos ni han provisto para sí mismos en el proceso de ayudar y proveer a otros con las palabras de Dios ni han sido capaces de conocer a Dios —o de despertar en ellos un auténtico temor de Él— en el proceso de llevar a cabo todas estas cosas, sino que, por el contrario, sus malinterpretaciones sobre Dios son cada vez más profundas, su falta de confianza en Él es cada vez más grave, y sus imaginaciones sobre Él son cada vez más exageradas. Provistos y guiados por sus teorías acerca de las palabras de Dios, parece como si estuviesen completamente en su elemento, como si emplearan sus habilidades con gran facilidad, como si hubiesen encontrado su propósito en la vida, su misión, y como si hubiesen obtenido nueva vida y hubiesen sido salvos; como si, al salir las palabras de Dios nítidamente de su boca cual recitación, hubiesen adquirido la verdad, comprendido las intenciones de Dios y descubierto la senda para conocerlo; como si, en el proceso de predicar las palabras de Dios, se hubiesen encontrado frecuentemente cara a cara con Él. También, con frecuencia se ven “conmovidos” hasta tener ataques de llanto y, a menudo dirigidos por el “Dios” que está en las palabras de Dios, parecen captar constantemente Su ferviente preocupación y Su amable intención; al mismo tiempo parecen haber captado la salvación del hombre por parte de Dios y Su gestión, haber llegado a conocer Su esencia, y haber entendido Su justo carácter. Con base en esto, parecen creer aún más firmemente en la existencia de Dios, ser más conscientes de Su estado elevado y sentir aún más profundamente Su grandeza y trascendencia. Impregnados del conocimiento superficial de las palabras de Dios, parecería que su fe ha crecido, que su determinación a resistir el sufrimiento se ha fortalecido y que su conocimiento de Dios se ha profundizado. Poco se imaginan que, hasta que experimenten realmente las palabras de Dios, todo su conocimiento de Él y sus ideas sobre Él surgen de sus propias imaginaciones y conjeturas ilusorias. Su fe no se sostendría bajo ninguna clase de prueba proveniente de Dios, su supuesta espiritualidad y su supuesta estatura simplemente no soportarían la prueba o la inspección por parte de Dios; su determinación no es sino un castillo edificado sobre la arena, y su supuesto conocimiento de Dios no es más que un producto de su imaginación. En realidad, estas personas que han puesto, por así decirlo, mucho esfuerzo en las palabras de Dios, nunca han sido conscientes de lo que es la fe real, la sumisión real, la consideración real o el conocimiento real de Dios. Toman la teoría, la imaginación, el conocimiento, el don, la tradición, la superstición e, incluso, los valores morales de la humanidad y los convierten en “capital” y en “armamento” para creer en Dios y seguirlo, y los convierten, incluso, en la base para tener fe en Dios y seguirlo. Al mismo tiempo, toman este capital y este armamento y los convierten en talismanes mágicos mediante los cuales conocen a Dios y para afrontar y tratar con las inspecciones, las pruebas, el castigo y el juicio de Dios. Al final, lo que obtienen siguen siendo solo conclusiones acerca de Dios inmersas en connotaciones religiosas, supersticiones feudales y en todo lo que es romántico, grotesco y enigmático. Su forma de conocer y definir a Dios está grabada en el mismo molde que el de las personas que solo creen en el cielo o en el Anciano que está en el Cielo, mientras que la practicidad de Dios, Su esencia, Su carácter, Sus posesiones, Su ser, etcétera, —todo lo relacionado con el verdadero Dios mismo— son cosas que su conocimiento no ha logrado captar, de las que su conocimiento está completamente divorciado e, incluso, tan separado de ellas como los polos norte y sur. De esta forma, aunque viven bajo la provisión y el nutrimento de las palabras de Dios, son incapaces de recorrer verdaderamente la senda del temor de Dios y apartarse del mal. La verdadera razón de esto es que nunca han conocido a Dios ni han tenido nunca un contacto o una comunión genuinos con Él; por tanto, es imposible que lleguen a un entendimiento mutuo con Dios o que despierte en ellos una fe auténtica en Dios, que sigan de forma auténtica a Dios o que lo adoren de manera genuina. El hecho de que consideren de esa forma las palabras de Dios y al propio Dios es la perspectiva y la actitud que los ha condenado a volver de sus empeños con las manos vacías, a no ser capaces en toda la eternidad de recorrer la senda del temor de Dios y apartarse del mal. El objetivo al que aspiran, y la dirección en la que están yendo, indican que han sido enemigos de Dios a lo largo de la eternidad, y que a lo largo de ella nunca serán capaces de recibir la salvación.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. Prefacio
104. Durante Mis muchos años de obra, las personas han ganado mucho y han renunciado a mucho, pero insisto en que no creen verdaderamente en Mí. Esto se debe a que la gente reconoce solo de palabra que soy Dios, pero no está de acuerdo con las verdades que Yo expreso y, además, no practica las verdades que requiero de ellos. Es decir, las personas solo reconocen la existencia de Dios, pero no la de la verdad; las personas solo reconocen la existencia de Dios, pero no la de la vida; las personas solo reconocen el nombre de Dios, pero no Su esencia. Los detesto por su fervor, pues solo usan palabras bonitas para engañarme y ninguno de ellos me adora con un corazón sincero. Vuestras palabras contienen la tentación de la serpiente y son extremadamente arrogantes, una verdadera expresión del arcángel. Aun más, vuestras acciones están desgastadas y harapientas hasta un grado deplorable y vuestros deseos excesivos e intenciones codiciosas son ofensivos para los oídos. Todos os habéis convertido en polillas en Mi casa, objetos de Mi desdén. Porque ninguno de vosotros ama la verdad, sino que os gustaría recibir las bendiciones, ascender al cielo y contemplar la magnífica visión de Cristo ejerciendo Su poder en la tierra. Pero ¿os habéis puesto a pensar cómo alguien como vosotros, tan profundamente corrupto, que no tiene ni idea de qué es Dios, podría ser digno de seguir a Dios? ¿Cómo podríais ascender al cielo? ¿Cómo podríais ser dignos de contemplar la hermosa escena de esa visión magnífica y sin precedentes? Vuestras bocas están llenas de palabras que me engañan, de palabras inmundas, de traición hacia Mí y de palabras de arrogancia. Nunca me habéis dirigido palabras de sinceridad, ni palabras santificadas, ni palabras de experimentar Mi palabra y someterse a Mí. ¿Cómo es vuestra fe al fin y al cabo? No hay otra cosa que deseo y dinero en vuestro corazón y nada más que cosas materiales en vuestra mente. A diario calculáis cómo conseguir algo de Mí. Todos los días contáis cuánta riqueza y cuántas cosas materiales habéis recibido de Mí. Cada día aguardáis que desciendan sobre vosotros más bendiciones para poder disfrutar de más cosas y más elevadas de las que puedan gozarse. Lo que hay en vuestros pensamientos en todo momento no soy Yo, ni la verdad que proviene de Mí, sino vuestros maridos o esposas, hijos, así como las cosas que coméis y vestís. Pensáis en cómo obtener un disfrute mejor y superior. Pero incluso cuando os llenáis el estómago hasta reventar, ¿acaso no sois todavía simples cadáveres? Aunque os adornéis por fuera con bellas vestiduras, ¿acaso no seguís siendo solo cadáveres ambulantes sin vitalidad? Trabajáis para llenar el estómago hasta tal punto que vuestro cabello se pone blanco, pero ninguno de vosotros sacrifica ni un solo pelo por Mi obra. Estáis constantemente corriendo de un lado a otro, agotando vuestros cuerpos y devanándoos los sesos por el bien de vuestra propia carne, y por vuestros hijos e hijas, pero ninguno de vosotros muestra ninguna preocupación o inquietud por Mis intenciones. ¿Qué es lo que todavía esperáis obtener de Mí?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Muchos son llamados, pero pocos son escogidos
105. He expresado tantas palabras y también he expresado Mis intenciones y Mi carácter, pero aun así, las personas todavía son incapaces de conocerme y de creer en Mí. O se podría decir que las personas todavía son incapaces de someterse a Mí. Los que viven en la Biblia, los que viven en la ley, los que viven en la cruz, los que viven en los preceptos, los que viven en medio de la obra que Yo hago en la actualidad, ¿cuál de ellos es compatible conmigo? Solo pensáis en recibir ciertas bendiciones y recompensas, pero nunca habéis pensado en cómo ser realmente compatibles conmigo, o cómo evitar estar en contra de Mí. Estoy tan decepcionado de vosotros porque os he concedido muchísimo, pero he obtenido tan poco de vosotros. Vuestro engaño, vuestra arrogancia, vuestra codicia, vuestros deseos extravagantes, vuestra traición, vuestra desobediencia, ¿cuál de estos podría escapar a Mi mirada? Me tratáis de manera superficial, intentáis embaucarme, me deshonráis, me aduláis y me extorsionáis y exigís Mis ofrendas de Mí; ¿cómo podrían tales acciones malvadas eludir Mi castigo? Todas estas acciones malvadas son prueba de vuestra enemistad contra Mí y de vuestra incompatibilidad conmigo. Cada uno de vosotros creéis ser tan compatibles conmigo, pero, si fuese así, ¿a quién se aplicaría esa evidencia irrefutable? Creéis que poseéis la máxima sinceridad y lealtad hacia Mí. Pensáis que sois tan bondadosos, tan compasivos y que me habéis dedicado tanto. Pensáis que habéis hecho más que suficiente por Mí, ¿pero alguna vez habéis comparado esto con vuestras acciones? Digo que sois bastante arrogantes, bastante codiciosos, bastante negligentes; los trucos con los que intentáis engañarme son bastante ingeniosos y tenéis bastantes intenciones despreciables y métodos despreciables. En cambio, vuestra lealtad es demasiado pobre, vuestra sinceridad es demasiado miserable y, mucho más aún, estáis desprovistos de conciencia. Sois demasiado malévolos de corazón y no perdonáis a nadie, ni siquiera a Mí. Me cerráis la puerta por el bien de vuestros hijos, de vuestros maridos o de vuestra propia protección. No soy Yo por lo que os preocupáis, sino por vuestra familia, vuestros hijos, vuestro estatus, vuestro futuro y vuestro propio placer. ¿Cuándo habéis pensado en Mí mientras hablabais o actuabais? En los días helados, vuestros pensamientos están ocupados por vuestros hijos, vuestros maridos, vuestras esposas o vuestros padres. En los días de calor sofocante, tampoco tengo lugar en vuestros pensamientos. Cuando realizas tu deber, estás pensando en tus propios intereses, en tu propia seguridad personal y en los miembros de tu familia. ¿Qué has hecho que fuera para Mí? ¿Cuándo has pensado en Mí? ¿Cuándo has hecho todo lo que sea necesario por Mí y por Mi obra? ¿Dónde está la evidencia de tu compatibilidad conmigo? ¿Dónde está la realidad de tu lealtad hacia Mí? ¿Dónde está la realidad de tu sumisión a Mí? ¿Cuándo no han sido tus intenciones las de obtener Mis bendiciones? Todos tratáis de embaucarme. Todos me estáis engañando. Estáis jugando con la verdad, escondiendo la existencia de la verdad y traicionando la esencia de la verdad. Dado que vais en contra de Mí de esta manera, ¿qué os espera en el futuro? Solo buscáis la compatibilidad con un dios difuso y solo buscáis una creencia difusa, pero no sois compatibles con Cristo. Con tales acciones malvadas, ¿acaso no sufriréis una merecida retribución junto a las personas malvadas? En aquel momento, os daréis cuenta de que nadie que no sea compatible con Cristo puede escapar del día de la cólera, y descubriréis qué clase de retribución vendrá sobre los que están en contra de Cristo.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Deberías buscar el camino de la compatibilidad con Cristo
106. En vuestra búsqueda tenéis demasiadas nociones, esperanzas y perspectivas personales. La obra se realiza de esta manera ahora para lidiar con vuestro deseo de estatus y vuestros deseos extravagantes. Estas esperanzas, este deseo de estatus y estas nociones son todos epítomes de las actitudes satánicas. Estas cosas existen en el corazón de las personas debido por completo a que los venenos de Satanás siempre están corroyendo sus pensamientos. Las personas no son nunca capaces de librarse de esas tentaciones satánicas y viven en medio del pecado, sin embargo, no creen que sea pecado. Es más, piensan: “Creemos en Dios, así que Él debe concedernos bendiciones y disponerlo todo para nosotros de forma adecuada. Creemos en Dios, así que debemos ser superiores a los demás, y tener un estatus más alto y mejores perspectivas que cualquier otro. Dado que creemos en Dios, Él debe proporcionarnos bendiciones ilimitadas. De otro modo, no lo denominaríamos creer en Dios”. Durante muchos años, los pensamientos en los que se han apoyado las personas para sobrevivir han corroído sus corazones hasta el punto de volverse astutas, cobardes y despreciables. No solo no poseen fuerza de voluntad ni determinación, sino que también se han vuelto avariciosas, arrogantes y caprichosas. Carecen absolutamente de cualquier determinación para trascender el yo y, más aún, de la menor pizca de valor para librarse de las limitaciones de esas influencias oscuras. Los pensamientos y la vida de las personas están tan podridos que las perspectivas tras su creencia en Dios siguen siendo insoportablemente abominables, e incluso son francamente ofensivas al oído. Todas las personas son cobardes, ineptas, despreciables y frágiles. No aborrecen a las fuerzas de la oscuridad ni sienten amor por la luz y la verdad, sino que se esfuerzan al máximo por expulsarlas. ¿No son vuestros pensamientos y vuestras perspectivas actuales exactamente así? Es decir, como creéis en Dios, deberíais ganar bendiciones y se tendría que asegurar que vuestro estatus nunca disminuirá, que se va a mantener por encima del de los no creyentes: no habéis estado albergando ese tipo de perspectiva solo uno o dos años, sino durante muchos más. Vuestro modo transaccional de pensar está exageradamente desarrollado. Aunque habéis llegado hoy hasta esta etapa, no os podéis relajar aún en lo que se refiere al estatus: seguís complicándoos la vida por escudriñar y observarlo a diario, con el profundo temor de que un día vuestro estatus se pierda y se arruine vuestro nombre. Las personas nunca se han desprendido de su deseo de comodidad. […] Cuanto más busques de esta forma, menos recogerás. Cuanto mayor sea el deseo de estatus en la persona, mayor será la seriedad con la que sea podada y mayor será el refinamiento que tendrá que experimentar. ¡La gente así no vale nada de nada! Tiene que experimentar mucha poda y juicio para desprenderse por completo de este deseo de estatus. Si buscáis de esa manera, nada recogeréis al final. Aquellos que no buscan la vida no pueden ser transformados, y aquellos que no tienen sed de la verdad no pueden ganar la verdad. No te centras en buscar la transformación ni la entrada personales, sino que en su lugar siempre te concentras en deseos extravagantes y en las cosas que te restringen de amar a Dios y acercarte a Él. ¿Pueden transformarte esas cosas? ¿Pueden introducirte en el reino?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?
107. El hombre vive en medio de la luz, pero no es consciente de lo preciosa que es. Ignora la esencia de la luz, su fuente y, además, a quién pertenece. Cuando otorgo la luz entre los hombres, observo inmediatamente las condiciones entre ellos: gracias a la luz, todas las personas están cambiando y creciendo y han dejado la oscuridad. Observo cada rincón del universo y veo que las montañas están envueltas en neblina, que las aguas se han congelado con el frío y que, debido a la venida de la luz, las personas miran al Oriente con el fin de poder descubrir algo más precioso, pero siguen siendo incapaces de discernir una dirección clara dentro de la bruma. Como el mundo entero está cubierto de neblina, cuando observo desde las nubes, nunca hay un solo hombre que descubra Mi existencia. El hombre está buscando algo en la tierra, parece estar buscando comida; al parecer, pretende esperar Mi llegada, pero no conoce Mi día y solo puede mirar con frecuencia el destello de luz en el Oriente. Entre la miríada de Mi pueblo escogido, busco a aquellos que verdaderamente sean conformes a Mis intenciones. Camino entre la miríada de Mi pueblo escogido y vivo entre ella, pero el hombre está sano y salvo en la tierra, y, por tanto, no hay nadie que sea verdaderamente conforme a Mis intenciones. Las personas no saben cómo tener consideración con Mis intenciones, no pueden ver Mis acciones y no pueden moverse dentro de la luz y que esta brille sobre ellas. Aunque el hombre alguna vez atesoró Mis palabras, es incapaz de desentrañar los ardides de Satanás; como la estatura del hombre es demasiado pequeña, es incapaz de hacer lo que su corazón desea. El hombre nunca me ha amado sinceramente. Cuando lo exalto, se siente indigno, pero esto no hace que intente satisfacerme. Simplemente mantiene en sus manos el “estatus” que le he dado y lo analiza; insensible a Mi hermosura, en vez de eso, no para de disfrutar de los beneficios de su estatus. ¿No es esta la deficiencia del hombre? Cuando las montañas se mueven, ¿podrían desviarse alrededor de ti por causa de tu estatus? Cuando las aguas fluyen, ¿podrían detenerse ante el estatus del hombre? ¿Podría este estatus revertir los cielos y la tierra? Antes mostraba misericordia hacia el hombre una y otra vez, pero nadie apreciaba ni valoraba esto. Simplemente lo escucharon como una historia o lo leyeron como una novela. ¿En verdad Mis palabras no tocan el corazón del hombre? ¿En verdad no tienen ningún efecto Mis declaraciones? ¿Podría ser que nadie crea en Mi existencia? El hombre no se ama a sí mismo; en cambio, se une a Satanás para atacarme y lo usa como un “activo” con el cual servirme. Yo penetraré todos los ardides de Satanás, de modo que, de ahora en adelante, las personas de la tierra ya no estén desorientadas por él y no se opongan a Mí debido a su existencia.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las palabras de Dios al universo entero, Capítulo 22
108. Muchas personas, a Mis espaldas, disfrutan de los beneficios del estatus; disfrutan de la comida, aman dormir y se preocupan por la carne, siempre temerosas de que la carne no tenga salida. No cumplen con su función adecuadamente en la iglesia, sino que gorronean de la iglesia, o bien dan lecciones a los hermanos y hermanas con Mis palabras, limitando a los demás desde arriba. Estas personas continúan diciendo que son personas que siguen la voluntad de Dios y siempre dicen que son íntimas de Dios; ¿no es esto absurdo? Si tienes la motivación correcta, pero eres incapaz de servir de acuerdo con las intenciones de Dios, entonces estás siendo insensato, pero si tu motivación no es correcta y sigues diciendo que eres una persona que sirve a Dios, eres alguien que se opone a Dios, ¡y deberías ser castigado por Él! ¡No tengo simpatía por tales personas! En la casa de Dios gorronean, disfrutan siempre de las comodidades de la carne y no consideran los intereses de Dios. Siempre buscan beneficio personal y no prestan atención a las intenciones de Dios. No pueden aceptar el escrutinio del Espíritu de Dios en nada de lo que hacen. Siempre engañan a sus hermanos y hermanas siendo torcidas y falsas, tienen dos caras. Se parecen mucho a un zorro en una viña, siempre robando uvas y destrozando la viña. ¿Pueden ser tales personas íntimas de Dios? ¿Eres apto para heredar las bendiciones de Dios? No asumes cargas para tu vida y para la iglesia; ¿eres apto para recibir la comisión de Dios? ¿Quién se atrevería a confiar en alguien como tú? Cuando sirves así, ¿podría Dios confiarte una tarea mayor? ¿No causaría esto retrasos en la obra?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo servir de acuerdo con las intenciones de Dios
109. La mayoría de las personas hablan, incluso, de poner condiciones para su servicio a Dios. No les importa si Él es Dios o un hombre, y solo hablan de sus propias condiciones y solo buscan satisfacer sus propios deseos. Cuando cocináis para Mí, exigís una cuota por concepto de servicio; cuando hacéis recados para Mí, pedís gastos de desplazamiento; cuando trabajáis para Mí, demandáis honorarios de trabajo; cuando laváis Mi ropa, exigís tarifas de lavandería; cuando proveéis para la iglesia, demandáis gastos de nutrición; cuando habláis, exigís pagos de orador; cuando distribuís libros, demandáis cuotas de distribución y, cuando escribís, demandáis honorarios de escritor. Aquellos a quienes he podado incluso me han exigido una recompensa, mientras que aquellos que han sido enviados a su casa exigen reparaciones por los daños a su nombre; aquellos que no están casados exigen una dote o una compensación por su juventud perdida; los que matan un pollo piden honorarios de carnicero; los que fríen alimentos demandan honorarios por el freído; los que hacen la sopa también exigen un pago por ello… Esta es vuestra noble y poderosa humanidad, y estas son las acciones que dicta vuestra cálida conciencia. ¿Dónde está vuestra razón? ¿Dónde está vuestra humanidad? ¡Os lo diré! Si seguís así, dejaré de realizar obra entre vosotros. No voy a obrar entre una manada de bestias vestidas de humanos; no voy a sufrir así por un grupo de personas cuyo hermoso rostro esconde un corazón salvaje; no voy a soportar tal manada de animales que no tiene la más mínima posibilidad de salvación. El día en que os dé la espalda será el día en que moriréis; será el día en que la oscuridad venga sobre vosotros y el día en que os abandonará la luz. ¡Os digo una cosa! Nunca seré benevolente con un grupo como el vuestro, ¡un grupo que está incluso por debajo de los animales! Hay límites a Mis palabras y acciones, y tal y como están vuestra humanidad y vuestra conciencia, no llevaré a cabo más obra, porque carecéis demasiado de conciencia, me habéis causado demasiado dolor y vuestro despreciable comportamiento me asquea demasiado. Tales personas que carecen de humanidad y conciencia nunca tendrán oportunidad de salvarse; nunca salvaría a personas tan desalmadas e ingratas como estas. Cuando llegue Mi día, haré llover Mis abrasadoras llamas por toda la eternidad sobre los hijos de la rebelión que una vez provocaron Mi feroz ira; impondré Mi castigo eterno sobre aquellos animales que una vez lanzaron improperios contra Mí y me abandonaron; quemaré con el fuego de Mi ira por toda la eternidad a los hijos de la rebelión que una vez comieron y vivieron conmigo, pero que no creyeron en Mí, y me insultaron y traicionaron. Someteré a Mi castigo a todos aquellos que provocaron Mi ira; desataré toda Mi ira sobre esas bestias que una vez desearon estar junto a Mí como iguales, pero que nunca me han adorado ni se han sometido a Mí; la vara con la que golpeo al hombre caerá sobre aquellos animales que una vez disfrutaron de Mi cuidado y de los misterios que pronuncié, y una vez que intentaron arrebatarme Mi disfrute material. No seré indulgente con ninguna persona que trate de arrebatarme Mi lugar; no perdonaré a ninguno de los que traten de arrebatarme la comida y la ropa.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Permanecer con un carácter que no cambia es estar enemistado con Dios
110. Lo que hoy veis es meramente la afilada espada de Mi boca; no habéis visto la vara en Mi mano ni la llama con la que quemo al hombre. Por ello seguís siendo altivos y desmedidos en Mi presencia y por eso todavía peleáis conmigo en Mi casa, refutando con vuestra lengua humana lo que Yo he pronunciado con Mi boca. El hombre no me tiene miedo y, a día de hoy, sigue enemistándose conmigo, aun sin sentir ningún miedo en absoluto. Tenéis la lengua y los dientes de los injustos en vuestra boca. Vuestras palabras y vuestras acciones son como las de la serpiente que incitó a Eva a pecar. Os exigís unos a otros ojo por ojo y diente por diente y lucháis en Mi presencia para arrebatar estatus, fama y provecho para vosotros mismos, pero no sabéis que Yo observo en secreto vuestras palabras y acciones. Antes siquiera de que os capte Mi mirada, he sondeado el fondo mismo de vuestro corazón. El hombre siempre quiere escapar del agarre de Mi mano y eludir el escrutinio de Mis ojos, pero Yo nunca he esquivado sus palabras ni sus acciones. En lugar de eso, deliberadamente permito que esas palabras y acciones entren en Mis ojos para poder castigar la injusticia del hombre y ejecutar el juicio sobre su rebeldía. Así, las palabras y acciones secretas del hombre permanecen siempre ante Mi tribunal y Mi juicio no ha abandonado nunca al hombre, porque su rebeldía es excesiva. Mi obra consiste en quemar y purificar todas las palabras pronunciadas y las acciones realizadas por el hombre en presencia de Mi Espíritu. De este modo[a], cuando Yo abandone la tierra, el hombre seguirá siendo leal a Mí y seguirá siendo capaz de actuar con respecto a Mi obra como lo hacen Mis santos siervos al servirme, permitiendo que Mi obra prosiga en la tierra hasta el día en que quede completada.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La obra de difundir el evangelio es también la obra de salvar al hombre
Nota al pie:
a. El texto original no contiene la frase “De este modo”.
111. Realmente aprecio a aquellos que no sospechan de los demás y me gustan mucho los que están dispuestos a aceptar la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas honestas. Si eres muy falso, estarás a la defensiva y sospecharás de todas las personas y asuntos y tu fe en Mí estará edificada sobre un cimiento de sospecha por esta razón. Yo jamás podría reconocer esta clase de fe. Al faltarte la fe verdadera, estás incluso más desprovisto del verdadero amor. Y si puedes incluso dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más falsa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, mezquino, carente de imparcialidad y racionalidad, falto de un sentido de la rectitud, que usa tácticas despiadadas, insidiosas y arteras, que se deleita en la maldad y la oscuridad y ese tipo de cosas. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo? ¡Esta forma de fe no es otra cosa que pecado! Hay incluso quienes creen que los que me agradan son aquellos que saben cómo adular y lisonjear y que aquellos que no saben cómo hacer eso no serán bienvenidos en la casa de Dios y perderán su lugar en ella. ¿Es este el único conocimiento que habéis cosechado en todos estos años? ¿Es esto lo que habéis obtenido? Y vuestro conocimiento de Mí no termina en estas malas interpretaciones; peor aún es vuestra blasfemia contra el Espíritu de Dios y la difamación del Cielo. Por eso afirmo que una fe como la vuestra solo hará que os alejéis cada vez más de Mí y que tengáis cada vez más hostilidad hacia Mí. A lo largo de muchos años de obra, habéis visto muchas verdades, pero ¿sabéis lo que han oído Mis oídos? ¿Cuántos entre vosotros estáis dispuestos a aceptar la verdad? Todos vosotros creéis que estáis dispuestos a pagar el precio por la verdad, pero ¿cuántos habéis sufrido verdaderamente por la verdad? Lo único que hay en vuestros corazones es iniquidad y, por lo tanto, creéis que cualquiera, no importa quién sea, es tan falso y torcido como vosotros, hasta el punto en que creéis que el Dios encarnado podría, como cualquier persona normal, carecer de un corazón bondadoso o de amor benevolente. Más aún, creéis que la virtud noble y la naturaleza misericordiosa y benevolente solo existen en el Dios del cielo. Creéis que una persona santa así no existe y que solo la oscuridad y la maldad reinan sobre la tierra, mientras que Dios es algo donde se alberga el anhelo humano de lo bueno y lo hermoso, una figura legendaria inventada por el hombre. En vuestra mente, el Dios del cielo es sumamente recto, justo y grandioso, digno de adoración y admiración, pero este Dios en la tierra no es más que un sustituto y un instrumento del Dios del cielo. Creéis que este Dios no puede ser equivalente al Dios del cielo, mucho menos mencionarse junto con Él. En lo que respecta a la grandeza y el honor de Dios, estos son la gloria del Dios en el cielo, pero en cuanto a la naturaleza y la corrupción del hombre, estas son cosas en las que tiene una participación el Dios en la tierra. El Dios del cielo es eternamente sublime, mientras que el Dios en la tierra es para siempre insignificante, débil e incompetente. El Dios del cielo no tiene sentimientos carnales, sino solo justicia, mientras que el Dios en la tierra tan solo tiene motivos egoístas y carece de equidad y razonabilidad alguna. El Dios en el cielo no tiene ni la más mínima tortuosidad y es siempre fiel, mientras que el Dios en la tierra tiene siempre un lado deshonesto. El Dios en el cielo ama profundamente al hombre, mientras que el Dios en la tierra le ofrece al hombre un cuidado deficiente, incluso lo ignora por completo. Hace mucho tiempo que este conocimiento falaz está guardado en vuestros corazones; es erróneo y puede que continuéis persistiendo en él más adelante. Consideráis todas las acciones de Cristo desde el punto de vista de los injustos y evaluáis toda Su obra, así como Su identidad y Su esencia, desde la perspectiva de los malvados. Habéis cometido un grave error y hecho lo que los que vinieron antes que vosotros jamás hicieron. Es decir, solo habéis servido alguna vez al dios sublime en el cielo con una corona sobre su cabeza, sin “atender” jamás al Dios al cual consideráis tan insignificante, al punto de que simplemente os resulta invisible. ¿No es acaso este vuestro pecado? ¿No es este un ejemplo clásico de vuestra ofensa contra el carácter de Dios? Vosotros veneráis fervientemente al dios del cielo. Reverenciáis profundamente las imágenes sublimes y admiráis encarecidamente a las personas de elocuencia extraordinaria. Estáis muy dispuestos a que os mande el dios que llena vuestras manos de riquezas, y anheláis muchísimo al dios que puede satisfacer todos vuestros deseos. El Único al que no veneras es a este Dios que no es sublime; lo único que detestas es asociarte con este Dios a quien ningún hombre puede tener en alta estima. Lo único que no estás dispuesto a hacer es trabajar para este Dios que nunca te ha dado ni un centavo y el Único que no puede hacer que lo anheles es este Dios sin encanto. Este Dios no puede permitirte que amplíes tus horizontes, que te sientas como si hubieses encontrado un tesoro, mucho menos satisfacer tus deseos. Entonces, ¿por qué lo sigues? ¿Has considerado preguntas como estas? Lo que haces no ofende solo a este Cristo; lo más importante es que ofende al Dios del cielo. ¡Creo que este no es el propósito de vuestra fe en Dios!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Cómo conocer realmente al Dios en la tierra
112. Mucha gente preferiría ser arrojada al infierno que hablar y actuar con honestidad. No es de extrañar que Yo tenga otro trato reservado para aquellos que son deshonestos. Por supuesto, sé muy bien lo difícil que es para vosotros ser personas honestas. Como todos sois tan “listos”, tan buenos para juzgar el corazón de la gente noble según vuestra mentalidad mezquina, esto hace Mi obra mucho más simple. Y puesto que cada uno de vosotros alberga secretos en su corazón, entonces os colocaré uno por uno en el desastre para ser “instruidos” por el fuego, para que a partir de ese momento creáis a muerte en Mis palabras. Por último, arrancaré de vuestra boca las palabras “Dios es un Dios fiel”, tras lo cual os golpearéis el pecho y os lamentaréis, diciendo: “¡El corazón del hombre es tan falso!”. ¿Cuál será vuestro estado de ánimo en ese momento? Seguro que no os dejaréis llevar tanto por el orgullo como ahora. Y mucho menos, seréis tan “profundos y abstrusos”. En presencia de Dios, algunas personas son mojigatas y decentes, sobre todo “bien educadas”, pero sacan los colmillos y blanden sus garras en presencia del Espíritu. ¿Contaríais a esas personas en las filas de los honestos? Si eres un hipócrita, alguien con habilidad para las “relaciones interpersonales”, entonces Yo te digo que definitivamente eres alguien que intenta jugar con Dios. Si tus palabras están llenas de excusas y justificaciones que nada valen, entonces Yo digo que eres alguien muy poco dispuesto a practicar la verdad. Si tienes muchos asuntos privados de los que es difícil hablar, si sientes tanta aversión por abrirte respecto a tus secretos —tus dificultades— ante los demás para buscar el camino de la luz, entonces digo que eres alguien que tendrá gran dificultad para lograr la salvación y tendrá dificultad para salir de las tinieblas.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Tres advertencias
113. Yo entiendo profundamente el engaño que existe en vuestro corazón; la mayoría de vosotros me seguís por curiosidad y habéis venido a buscarme porque sentís un vacío. Cuando se destruye vuestro tercer deseo —vuestro deseo de una vida apacible y feliz— vuestra curiosidad también se disipa. El engaño que existe en el corazón de cada uno queda al descubierto a través de vuestras palabras y acciones. Francamente, solo tenéis curiosidad respecto a Mí, pero no me teméis; no cuidáis vuestra lengua y, menos aún, restringís vuestra conducta. Entonces, ¿qué tipo de fe tenéis en realidad? ¿Es genuina? Sencillamente usáis Mis palabras para disipar vuestras preocupaciones y aliviar vuestro aburrimiento; para llenar los espacios vacíos que quedan en tu vida. ¿Quién de entre vosotros ha puesto Mis palabras en práctica? ¿Quién tiene una fe genuina? Seguís gritando que Dios es un Dios que observa el fondo del corazón de las personas, pero ¿de qué forma es compatible conmigo el Dios del que gritáis en vuestro corazón? Si estáis gritando así, ¿por qué actuáis, pues, de esa forma? ¿Será ese el amor con el que queréis retribuirme? No hay escasez de dedicación en vuestros labios, pero ¿dónde están vuestros sacrificios y vuestras buenas obras? Si no fuera porque vuestras palabras llegan hasta Mis oídos, ¿cómo podría Yo odiaros tanto? Si creyerais realmente en Mí, ¿cómo podríais caer en semejante estado de angustia? En vuestro rostro hay miradas de depresión, como si estuvierais en el Hades siendo juzgados. No tenéis ni una pizca de vitalidad, y habláis débilmente sobre vuestra voz interior; incluso estáis llenos de quejas y maldiciones. Hace mucho que perdisteis la fe en lo que Yo hago, y hasta vuestra fe original ha desaparecido; ¿cómo podéis entonces seguir hasta el final? Dado que esto es así, ¿cómo podéis ser salvados?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Palabras para los jóvenes y los ancianos
114. Aunque el hombre cree en Dios, Él no está en su corazón; no sabe cómo amarlo ni quiere hacerlo, porque su corazón nunca se acerca a Dios y siempre lo evita. Como consecuencia, el corazón del hombre está lejos de Dios. ¿Dónde está entonces su corazón? En realidad, el corazón del hombre no ha ido a ninguna parte: en lugar de entregárselo a Dios o revelarlo para que Dios lo vea, lo ha guardado para sí. Esto es así, a pesar de que algunas personas oren a menudo: “Oh Dios, mira mi corazón, Tú sabes todo lo que pienso”, y algunos incluso juran diciendo que Dios los escudriñe, que sean castigados si quebrantan su juramento. Aunque el hombre le permita a Dios que ver el interior de su corazón, esto no significa que el hombre sea capaz de someterse a las instrumentaciones y disposiciones de Dios ni que haya dejado su porvenir, sus perspectivas y su todo bajo el control de Dios. Por tanto, independientemente de los juramentos que le hagas a Dios o lo que le declares a Él, a los ojos de Dios tu corazón sigue cerrado a Él, porque sólo le permites a Dios observar tu corazón pero no le permites controlarlo. En otras palabras, no le has entregado tu corazón en absoluto, y solo pronuncias palabras agradables para que Él las oiga; entretanto, escondes de Él tus diversas intenciones astutas, junto con tus intrigas, confabulaciones y planes, y te aferras con las manos a tus perspectivas y tu sino, profundamente temeroso de que Dios te los quite. Así, Él nunca ve la sinceridad del hombre hacia Él. Aunque Dios observa las profundidades del corazón humano, puede ver lo que el hombre está pensando y desea hacer en su corazón, y qué cosas se mantienen dentro del mismo, este no le pertenece a Dios, y el hombre no lo ha entregado a Su control. Es decir, Dios tiene el derecho de observar, pero no de controlar. En la conciencia subjetiva del hombre, este no quiere ni pretende permitir que lo instrumente Dios. No solo se ha cerrado a Dios, sino que incluso hay personas que piensan en formas de envolver su corazón, mediante un lenguaje suave y la adulación, para crear una falsa impresión y ganarse la confianza de Dios, ocultándole su verdadero rostro. Al no permitir que Dios vea, pretenden que no pueda percibir cómo son en realidad. No quieren darle su corazón, sino guardarlo para sí. El trasfondo de esto es que el hombre mismo tiene planeado, calculado y decidido lo que hace y lo que quiere. No requiere la participación ni la intervención de Dios, y mucho menos necesita Sus orquestaciones y disposiciones. Así pues, con respecto a los mandatos divinos, Su comisión, o Sus exigencias para el hombre, las decisiones de este están basadas en sus propios propósitos, intereses, estado y circunstancias del momento. El hombre siempre usa el conocimiento y la experiencia que tiene, así como su propio intelecto, para juzgar y seleccionar la senda que debería tomar, sin permitir la intervención ni el control de Dios. Este es el corazón del hombre que Dios ve.
La Palabra, Vol. II. Sobre conocer a Dios. La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II
115. Muchas personas desean amarme de verdad, pero a causa de que su corazón no les pertenece, no tienen control sobre sí mismas. Muchas personas realmente me aman cuando experimentan las pruebas que les impongo; sin embargo, son incapaces de entender que en verdad existo, y simplemente me aman en el vacío y no a causa de Mi verdadera existencia. Muchas personas ponen su corazón delante de Mí y luego no le prestan atención y, por tanto, este es arrebatado por Satanás cada vez que este tiene la oportunidad de hacerlo, y entonces me abandonan. Muchas personas verdaderamente me aman cuando les proveo de Mis palabras, sin embargo, no las atesoran en su espíritu, sino que las usan descuidadamente como propiedad pública y las lanzan de vuelta al lugar de donde vinieron cada vez que les da la gana. Todo el mundo me busca en medio del dolor y se apoya en Mí en medio de las pruebas; durante los tiempos de paz me disfrutan; cuando están en peligro me niegan; cuando están ocupados, se olvidan de Mí y, durante su tiempo libre, realizan algunos esfuerzos superficiales para lidiar conmigo. Y sin embargo, nunca nadie me ha amado durante toda su vida. Deseo que las personas sean serias ante Mí; no les pido que me den nada, sino que simplemente todas me tomen en serio, que en lugar de engatusarme me permitan conseguir a cambio su sinceridad. Mi esclarecimiento, iluminación y la sangre de Mi corazón penetran en todas las personas; sin embargo, también el hecho real de cada acción del hombre penetra en todas las personas, igual que su engaño hacia Mí. Es como si los ingredientes del engaño del hombre hubiesen estado dentro de él desde el vientre materno; como si él hubiese poseído habilidades especiales para engañar desde su nacimiento. Es más, él nunca ha revelado su secreto ni nadie ha podido penetrar hasta el origen de estas habilidades del engaño. Como resultado, el hombre vive en medio del engaño sin darse cuenta, y es como si se perdonara a sí mismo, como si fuesen los planes de Dios y no su engaño deliberado hacia Mí. ¿No es esta la fuente misma del engaño del hombre hacia Mí? ¿No es esta su argucia? Nunca me he sentido desconcertado por las zalamerías del hombre, ya que Yo descifré su sustancia hace mucho tiempo. ¿Quién sabe cuánta inmundicia hay en su sangre y cuánto veneno de Satanás está presente dentro de su médula ósea? Se acumula con el pasar de los días, y el hombre se acostumbra a esto sin sentir en absoluto las aflicciones de Satanás y, por tanto, no piensa para nada en encontrar el “arte de una existencia saludable”.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las palabras de Dios al universo entero, Capítulo 21
116. Todos los seres humanos son criaturas que no tienen conocimiento de sí mismas y son incapaces de conocerse a sí mismos. Sin embargo, conocen a todos los demás como la palma de su mano, como si todo lo que los demás han hecho y dicho hubiera sido “inspeccionado” primero por ellos, justo frente a ellos, y hubiera recibido su aprobación antes de que se hiciera. Por ende, es como si ellos hubieran medido a todas las demás personas, incluyendo su estado psicológico. Todos los seres humanos son así. Aunque han entrado hoy en la Era del Reino, su naturaleza se mantiene inmutable. Siguen haciendo frente a Mí lo que Yo hago, mientras, a Mis espaldas, comienzan a dedicarse a su propio “negocio”. Sin embargo, posteriormente, cuando vienen delante de Mí, son personas completamente diferentes, aparentemente calmadas e impasibles, con un semblante sereno y pulso firme. ¿No es esto, precisamente, lo que hace que los seres humanos sean tan despreciables? Muchas personas tienen dos caras completamente diferentes, una ante Mí y otra distinta a Mis espaldas. Muchas actúan como corderos recién nacidos en Mi presencia, pero a Mis espaldas se convierten en tigres salvajes y terminan por actuar como pajarillos que revolotean felizmente por las montañas. Muchos muestran propósito y determinación ante Mí. Muchos vienen delante de Mí buscando Mis palabras, sedientos y ansiosos, pero, a Mis espaldas, sienten aversión por ellas y renuncian a ellas, como si Mis declaraciones fuesen un estorbo. Tantas veces, al ver a la raza humana corrompida por Mi enemigo, he renunciado a poner Mis esperanzas en los seres humanos. Muchas veces, al ver que vienen delante de Mí buscando el perdón con lágrimas en los ojos, debido a su falta de respeto hacia sí mismos y a su incorregible terquedad, he cerrado los ojos a sus acciones con enojo, aun cuando su corazón es genuino y sus intenciones son sinceras. Muchas veces he visto a las personas con la suficiente confianza como para cooperar conmigo, y, cuando están delante de Mí, parecen estar en Mis brazos, disfrutando su calor. Muchas veces, habiendo sido testigo de la inocencia, la vivacidad y el encanto de Mi pueblo elegido, ¿cómo podría no sentir gran placer debido a estas cosas? Los seres humanos no saben cómo disfrutar de las bendiciones preordinadas en Mis manos, porque no saben exactamente qué se entiende por las “bendiciones” y el “sufrimiento”. Por esta razón, los seres humanos no son auténticos en su búsqueda de Mí. Si el mañana no existiera, ¿quién de vosotros sería en Mi presencia tan blanco como la nieve y tan inmaculado como el jade? ¿Acaso vuestro amor por Mí puede cambiarse por una deliciosa comida, por un traje elegante o por un alto cargo o un salario generoso? ¿Podría cambiarse por el amor que otros tienen por ti? ¿Acaso pasar por pruebas causará realmente que las personas abandonen su amor por Mí? ¿O puede que el sufrimiento y las tribulaciones hagan que se quejen de Mis disposiciones? Nadie nunca ha apreciado verdaderamente la espada afilada que está en Mi boca; ellos solo conocen su significado superficial y no comprenden realmente lo que significa de verdad. Si los seres humanos en verdad fuesen capaces de ver el filo de Mi espada, correrían como ratas hacia sus agujeros. Debido a su insensibilidad, los seres humanos no entienden nada sobre el verdadero significado de Mis palabras y, así, no saben cuán formidables son Mis declaraciones o hasta qué punto ponen al descubierto la naturaleza humana y cuánto de su propia corrupción ha sido juzgado por esas palabras. Por tanto, por su comprensión incompleta de Mis palabras, la mayoría de la gente ha adoptado una actitud tibia.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las palabras de Dios al universo entero, Capítulo 15
117. A lo largo de las eras, muchos han partido decepcionados y con renuencia de este mundo, y muchos han llegado a él con esperanza y fe. He dispuesto que muchos vengan y he despedido a muchos. Innumerables personas han pasado por Mis manos. Muchos espíritus han sido lanzados al Hades, muchos han vivido en la carne y muchos otros han muerto y renacido en la tierra. Sin embargo, ninguno de ellos ha tenido la oportunidad de disfrutar de las bendiciones del reino hoy. He dado mucho al hombre y, sin embargo, él ha obtenido poco; debido a las arremetidas de las fuerzas de Satanás, ha quedado incapacitado para disfrutar de todas Mis riquezas. Solo ha tenido la buena suerte de contemplarlas, pero nunca ha sido capaz de disfrutarlas plenamente. El hombre nunca ha descubierto el cofre del tesoro en su cuerpo para recibir las riquezas del cielo, por lo que ha perdido las bendiciones que he derramado sobre él. ¿Acaso no es el espíritu del hombre el órgano mismo que lo conecta a Mi Espíritu? ¿Por qué el hombre nunca se ha conectado conmigo a través de su espíritu? ¿Por qué se acerca a Mí en la carne, pero es incapaz de hacerlo en espíritu? ¿Es Mi verdadero rostro la carne? ¿Por qué el hombre no conoce Mi esencia? ¿En verdad no ha habido nunca ningún rastro de Mí en el espíritu del hombre? ¿He desaparecido por completo del espíritu del hombre? Si el hombre no entra en el reino espiritual, ¿cómo puede comprender Mis intenciones? ¿Existe algo en los ojos del hombre que pueda penetrar directamente el reino espiritual? Muchas han sido las veces que he llamado al hombre con Mi Espíritu; sin embargo, el hombre actúa como si Yo lo hubiera pinchado, mirándome desde la distancia, muy temeroso de que Yo lo lleve a otro mundo. Muchas han sido las veces que he indagado en el espíritu del hombre; sin embargo, él ha permanecido completamente ajeno, con un profundo temor de que Yo entre en su morada y aproveche la oportunidad de despojarlo de todas sus pertenencias. Por lo tanto, me cierra las puertas y me deja solo una puerta fría y herméticamente cerrada. Muchas han sido las veces en las que el hombre ha caído y Yo lo he salvado, pero después de despertar, de inmediato me deja y, sin haber sido tocado por Mi benevolencia, me lanza una cautelosa mirada; nunca he calentado el corazón del hombre. El hombre es un animal sin emociones y de sangre fría. A pesar de que Mi abrazo es cálido, nunca se ha conmovido profundamente por ello. El hombre es como un salvaje de la montaña. Nunca ha atesorado todos los cuidados que le he prodigado a la humanidad. Es reacio a acercarse a Mí, prefiriendo vivir en las montañas, donde soporta las amenazas de bestias salvajes, y, aun así, permanece reacio a refugiarse en Mí. No obligo a ningún hombre: Yo simplemente llevo a cabo Mi obra. El día llegará cuando el hombre nade hacia donde Yo me encuentro de entre el poderoso océano para poder disfrutar de toda la riqueza de la tierra y dejar atrás el riesgo de ser tragado por el mar.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las palabras de Dios al universo entero, Capítulo 20
118. Vuestra fe es muy hermosa; decís que estáis dispuestos a dedicar vuestra vida entera a Mi obra, y que estáis dispuestos a sacrificar vuestras vidas por ella, pero vuestro carácter no ha cambiado mucho. Solo ha habido palabras arrogantes, a pesar de que vuestras acciones reales son muy miserables. Parece que la lengua y los labios están en el cielo, pero las piernas lejos en la tierra, por lo que las palabras, los hechos y la reputación siguen estando hechos jirones y una ruina. Vuestra reputación ha sido destruida, vuestro comportamiento es vulgar, vuestra forma de hablar es baja, vuestra vida despreciable; incluso toda vuestra humanidad es de una vil inferioridad. Sois estrechos de miras con los demás y regateáis por toda cosa pequeña. Discutís por vuestra propia reputación y el estatus, incluso hasta el punto de estar dispuestos a descender al infierno y al lago de fuego. Vuestras palabras y vuestros hechos actuales son suficientes para que Yo determine que sois pecadores. Vuestra postura hacia Mi obra es suficiente para que Yo determine que sois injustos, así como todas vuestras actitudes son suficientes para señalar que sois almas inmundas llenas de abominaciones. Vuestras manifestaciones y lo que reveláis son suficientes para decir que sois personas que habéis bebido hasta hartaros de la sangre de los espíritus inmundos. Cuando se habla de entrar en el reino de los cielos, no dejáis ver vuestros sentimientos. ¿Creéis que la forma en que sois ahora basta para que entréis por la puerta de Mi reino de los cielos? ¿Creéis que podéis obtener permiso para entrar en la tierra santa de Mi obra y Mis palabras sin que Yo ponga a prueba vuestras palabras y vuestros hechos? ¿Quién es capaz de engañar Mis ojos? ¿Cómo podrían escapar de Mi vista vuestras conductas y vuestras conversaciones despreciables y bajas? Yo he determinado que vuestra vida sea una en la que se bebe la sangre de esos espíritus inmundos, y se come su carne, porque los imitáis ante Mí cada día. Vuestra conducta ha sido particularmente mala y baja delante de Mí, ¿cómo no iba a sentir aborrecimiento por vosotros? Las impurezas de los espíritus inmundos están en lo que decís: embaucáis, ocultáis y aduláis, igual que lo hacen quienes participan en brujería y como quienes practican el engaño y beben la sangre de los injustos. Todas las manifestaciones del hombre son extremadamente injustas; ¿cómo se puede colocar a todas las personas en la tierra santa donde están los justos? ¿Piensas que esa conducta despreciable tuya puede distinguirte del resto por ser considerado santo respecto a esos injustos? Esa lengua de serpiente tuya arruinará finalmente tu carne que causa destrucción y lleva a cabo abominaciones; y esas manos tuyas que están cubiertas con la sangre de espíritus inmundos también terminarán arrastrando tu alma al infierno. ¿Por qué no aprovechas esta oportunidad de purificar tus manos cubiertas de inmundicia? ¿Y por qué no aprovechas esta oportunidad de cortar esa lengua tuya que habla palabras injustas? ¿Podría ser que estés dispuesto a sufrir bajo las llamas del infierno por tus dos manos, tu lengua y tus labios? Yo escruto el corazón de la miríada de personas con Mis dos ojos, porque mucho antes de crear a la especie humana, había sujetado su corazón entre de Mis manos. Hace mucho que desentrañé el corazón del hombre, ¿cómo podrían escapar a Mis ojos los pensamientos del corazón del hombre? ¿Y cómo podrían estar a tiempo de escapar de ser abrasados por Mi Espíritu?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¡Sois todos muy vulgares en vuestro carácter!
119. Tus labios son más bondadosos que las palomas, pero tu corazón es más siniestro que la serpiente antigua. Tus labios son incluso tan hermosos como las mujeres libanesas, pero tu corazón no es más amable que el de ellas y, desde luego, no puede compararse con la belleza cananea. ¡Tu corazón es demasiado falso! Yo solo aborrezco los labios y el corazón de los injustos, y lo que requiero de las personas no es que superen a los santos; es solo que siento repugnancia por las acciones malvadas de los injustos, así como espero que estos sean capaces de desechar su inmundicia y escapar de su apuro actual, de forma que se les pueda diferenciar de esos injustos, y que puedan vivir con los que son justos, y ser santos con ellos. Vosotros estáis en las mismas circunstancias que Yo, pero estáis cubiertos de inmundicia; ni siquiera tenéis el menor rastro de la semejanza original de los seres humanos creados en el principio. Además, como imitáis cada día la semejanza de esos espíritus inmundos, hacéis lo que ellos hacen, y decís lo que ellos dicen, todas las partes de vosotros e incluso vuestra lengua y labios están empapados de su agua inmunda hasta el punto de estar totalmente cubiertos de esas manchas, y no hay una sola parte de vosotros que pueda usarse para Mi obra. ¡Es tan desgarrador! Vivís en semejante mundo de caballos y ganado, con todo, realmente no os sentís angustiados; y estáis llenos de alegría, vivís libre y fácilmente. Estáis nadando en esa agua inmunda, pero no sabéis realmente que habéis caído en semejante aprieto. Te juntas cada día con espíritus inmundos y tienes tratos con “excrementos”, y tu vida es muy vulgar; en realidad no sabes en absoluto que no vives en el mundo humano, y que no tienes el control de ti mismo. ¿No sabes que hace mucho que los espíritus inmundos pisotearon tu vida, que el agua inmunda ensució tu calidad humana? ¿Piensas que estás viviendo en el paraíso terrenal, que estás en medio de la felicidad? ¿No sabes que has vivido una vida junto a los espíritus inmundos y que has coexistido con todo lo que ellos han preparado para ti? ¿Cómo podría tener sentido alguno tu manera de vivir? ¿Cómo podría tener valor alguno tu vida? Has estado haciendo diligencias afanosamente para tus padres, que son de espíritu inmundo, pero no tienes ni idea de que los que te lastiman son esos padres con espíritus inmundos, que te dieron a luz y te criaron. Más aún, no sabes que son ellos los que realmente te proveen de toda tu inmundicia; lo único que sabes es que ellos te pueden dar “disfrute”, no te castigan ni te juzgan y, especialmente, no te maldicen. Ellos nunca han estallado en ira contra ti, sino que te tratan con amabilidad y afabilidad. Sus palabras nutren tu corazón, y te cautivan de forma que te desorientas y, sin darte cuenta, te absorben y estás dispuesto a servirlos, a ser su portavoz, así como su siervo. No tienes queja alguna, pero estás dispuesto a trabajar para ellos como perros y como caballos; ellos te han desorientado. Por esta razón, no reaccionas en absoluto ante la obra que Yo hago; no es de extrañar que siempre quieras escaparte en secreto de Mis manos ni que siempre quieras usar palabras dulces para ganarte Mi favor con engaños. Resulta que ya tenías otro plan, otro arreglo. Puedes ver un poco de Mis acciones, las del Todopoderoso, pero no conoces un ápice de Mi juicio y castigo. No tienes idea de cuándo empezó Mi castigo; solo sabes engañarme. Sin embargo, no sabes que Yo no toleraré ninguna violación por parte del hombre. Como ya te has decidido a servirme, no te dejaré ir. Soy un Dios que aborrece el mal, y soy un Dios celoso del hombre. Como ya has colocado tus palabras sobre el altar, no permitiré que huyas ante Mis propios ojos ni que sirvas a dos señores. ¿Piensas que podrías tener otro amor después de colocar tus palabras sobre Mi altar, después de colocarlas ante Mis ojos? ¿Cómo podría Yo permitir que las personas me embaucaran de esta manera? ¿Pensabas que podías hacerme votos y juramentos a la ligera con tus palabras? ¿Cómo podrías jurar por Mi trono, el trono del Altísimo? ¿Pensabas que tus juramentos ya habían pasado? Yo os digo: aunque vuestra carne pase, vuestros juramentos no podrán. Al final, os condenaré en función de vuestros juramentos. Sin embargo, pensáis que podéis colocar vuestras palabras ante Mí para tratar conmigo de manera superficial, y que vuestro corazón puede servir a los espíritus inmundos y malignos. ¿Cómo podría tolerar Mi enojo el engaño de esas personas que son como perros y cerdos? Yo debo llevar a cabo Mis decretos administrativos, y recuperar de las manos de los espíritus inmundos a todos esos aferrados a las normas, “piadosos” que tienen fe en Mí para que me “sirvan” de forma disciplinada, sean Mi buey y Mi caballo, y estén a merced de Mi matanza. Yo haré que recojas tus antiguos propósitos y me sirvas una vez más. Yo no permitiré que ningún ser creado me engañe. ¿Pensabas que podías simplemente formular peticiones y mentir de forma caprichosa ante Mí? ¿Pensabas que Yo no había oído o visto tus palabras y obras? ¿Cómo no iban a estar tus palabras y tus obras ante Mi vista? ¿Cómo podría Yo permitirles a las personas engañarme de esa forma?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¡Sois todos muy vulgares en vuestro carácter!
120. Yo he estado caminando entre vosotros durante varias primaveras y otoños, he vivido entre vosotros durante mucho tiempo, he vivido con vosotros; ¿cuánta de vuestra conducta despreciable se ha escapado justo delante de Mis ojos? Esas palabras sinceras vuestras resuenan constantemente en Mis oídos; millones y millones de vuestras determinaciones se han colocado en Mi altar; demasiadas siquiera para contarlas. Pero en cuanto a vuestra dedicación y lo que erogáis, no hay ni siquiera un poco. Ni siquiera hay una pequeña gota de vuestra sinceridad en Mi altar. ¿Dónde están los frutos de vuestra fe en Mí? Habéis recibido gracia infinita de Mí y habéis visto infinitos misterios del cielo; incluso os he enseñado las llamas del cielo, pero no he soportado la idea de quemaros. Con todo, ¿cuánto me habéis dado a cambio? ¿Cuánto estáis dispuestos a darme? Con la comida que Yo te he concedido en la mano, te giras y me la ofreces, e incluso dices que fue algo que conseguiste con el sudor de tu frente, que me estás ofreciendo todo lo que tienes. ¿Cómo es posible que no sepas que todas tus “contribuciones” a Mí no son más que cosas robadas de Mi altar? Y ahora me las estás ofreciendo, ¿no me estás haciendo trampa? ¿Cómo es posible que no sepas que todo lo que Yo disfruto hoy son las ofrendas sobre Mi altar, y no lo que tú has ganado a cambio de tu duro trabajo, y que me ofreces después? Os atrevéis realmente a engañarme de esta forma, ¿cómo puedo perdonaros entonces? ¿Cómo podéis esperar que Yo soporte esto más tiempo? Yo os lo he concedido todo. Yo lo he abierto todo para vosotros y he provisto para vuestras necesidades, con lo cual he ampliado enormemente vuestros horizontes, pero me engañáis de esta forma e ignoráis vuestra conciencia. Yo os lo he concedido todo con abnegación, de forma que, aunque sufrís, habéis obtenido de Mí todo lo que he traído del cielo. Sin embargo, no tenéis en absoluto dedicación; aunque hayáis hecho una pequeña contribución, tratáis de “ajustar cuentas” conmigo después de eso. ¿No equivaldrá a nada tu contribución? Lo que tú me has ofrendado no es sino un único grano de arena, pero me has pedido una tonelada de oro. ¿No estás siendo simplemente poco razonable? Yo obro entre vosotros. No hay absolutamente ningún rastro del diez por ciento que Yo debería recibir, y menos aún cualquier sacrificio adicional. Asimismo, el maligno se apodera del diez por ciento ofrendado por los piadosos. ¿No estáis todos desperdigados lejos de Mí? ¿No sois todos adversarios Míos? ¿No estáis todos destruyendo Mi altar? ¿Cómo podrían Mis ojos ver como tesoros a este tipo de personas? ¿No son cerdos y perros que aborrezco? ¿Cómo podría hacer Yo referencia a vuestras acciones malvadas como un tesoro?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¡Sois todos muy vulgares en vuestro carácter!
121. Hay muchos caminos que no entendéis, muchos asuntos sobre los que no tenéis conocimiento. Sois muy ignorantes; conozco sumamente bien vuestra estatura y vuestras deficiencias. Por tanto, aunque hay muchas palabras que sois incapaces de comprender, Yo aún estoy dispuesto a deciros todas estas verdades que antes nunca habéis aceptado; porque me sigue preocupando si vosotros, con vuestra estatura actual, sois capaces de manteneros firmes en vuestro testimonio por Mí. No es que os ningunee, sois todos bestias que todavía tienen que pasar por Mi entrenamiento formal y no puedo ver en absoluto cuánta gloria hay en vosotros. Aunque he gastado mucha energía obrando en vosotros, al parecer tenéis pocos aspectos positivos, y los negativos no se ven por ningún lado; simplemente es un testimonio que avergüenza a Satanás. Casi todo lo demás en vosotros es veneno de Satanás. A Mis ojos parecéis estar más allá de la salvación. Estando las cosas donde están ahora, miro vuestros diversos comportamientos y expresiones, y finalmente conozco vuestra verdadera estatura. Esa es la razón por la que siempre sigo preocupándome por vosotros: abandonados a vivir por vuestra cuenta, ¿realmente estaríais mejor que como estáis hoy o de una manera similar? ¿No os inquieta vuestra estatura infantil? ¿De verdad podéis ser como el pueblo escogido de Israel, leales a Mí y solo a Mí todo el tiempo? Lo que se revela en vosotros no son las travesuras de los niños que están lejos de sus padres, sino la bestialidad que estalla de los animales que están fuera del alcance del látigo de sus amos. Deberíais conocer vuestra naturaleza, que es también la debilidad que todos compartís, es una enfermedad común a todos vosotros. Así pues, Mi única exhortación para vosotros hoy es que os mantengáis firmes en vuestro testimonio de Mí. No permitáis, bajo ninguna circunstancia, que la vieja enfermedad brote de nuevo. Lo más importante es dar testimonio, ese es el núcleo de Mi obra. Deberíais aceptar Mis palabras del mismo modo que María aceptó la revelación de Jehová que le llegó en un sueño, creyendo y luego sometiéndose. Solo esto cumple los requisitos de ser casto. Porque vosotros sois los que más oís Mis palabras, los que Yo más bendigo. Os he dado todas Mis posesiones valiosas, os lo he concedido todo, sin embargo, vuestro valor es enormemente diferente al del pueblo de Israel; sencillamente hay un mundo de diferencia. Pero en comparación con ellos habéis recibido mucho más; mientras ellos aguardan desesperadamente Mi aparición, vosotros pasáis días agradables conmigo, compartiendo Mi riqueza. Con esta diferencia, ¿qué os da el derecho de graznar y reñir conmigo y exigir vuestra parte de Mis posesiones? ¿Acaso no habéis recibido mucho? Os doy tanto, pero lo que me dais vosotros a cambio es solo tristeza desgarradora y ansiedad, resentimiento incontenible y descontento. Sois tan repugnantes, pero también sois dignos de compasión, así que no tengo otra opción que tragarme todo Mi resentimiento y expresaros Mis objeciones una y otra vez. A lo largo de varios miles de años de obra, nunca le he protestado a la especie humana porque he descubierto que, a lo largo del desarrollo de la especie humana, solo los engaños entre vosotros se han convertido en lo más renombrado, como herencias valiosas que los famosos antepasados de la antigüedad os dejaron. Cómo aborrezco a esos cerdos y perros subhumanos. ¡Os falta mucha conciencia! ¡Vuestra calidad humana es demasiado vulgar! ¡Vuestros corazones son demasiado intransigentes! Si hubiera llevado estas palabras y esta obra Mías a los israelitas, hace mucho que ya habría obtenido la gloria. Pero entre vosotros es inalcanzable, entre vosotros solo hay negligencia cruel, vuestro trato frío y vuestras excusas. ¡Vuestros sentidos son demasiado insensibles y sois completamente inútiles!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Cuál es tu entendimiento de Dios?
122. Recordad el pasado: ¿cuándo se han mostrado airada Mi mirada y severa Mi voz con vosotros? ¿Cuándo he discutido nimiedades con vosotros? ¿Cuándo os he reprendido sin razón? ¿Cuándo os he reprendido cara a cara? ¿Acaso no es por el bien de Mi obra que ruego a Mi Padre que os exima de toda tentación? ¿Por qué me tratáis así? ¿Alguna vez he utilizado Mi autoridad para derribar vuestra carne? ¿Por qué me retribuís de esta manera? Tras alternar entre el afecto y la indiferencia conmigo os mostráis tibios, y luego intentáis embaucarme y me ocultáis cosas, y vuestra boca está llena de la saliva de los injustos. ¿Pensáis que vuestras lenguas pueden engañar a Mi Espíritu? ¿Creéis que vuestras lenguas pueden escapar de Mi ira? ¿Creéis que vuestras lenguas pueden emitir juicio sobre Mis acciones, las de Jehová, a su antojo? ¿Soy Yo el Dios a quien el hombre juzga? ¿Podría Yo permitir que un pequeño gusano blasfeme contra Mí de esta manera? ¿Cómo podría situar a tales hijos de la rebelión entre Mis bendiciones eternas? Hace mucho tiempo que vuestras palabras y acciones os han expuesto y condenado. Cuando Yo extendí los cielos y creé todas las cosas, no permití que ninguna criatura aparte de Mí mismo participara a su antojo y mucho menos permito que ninguna cosa interrumpa Mi obra y Mi gestión como le venga en gana. No tolero a ningún hombre u objeto; ¿cómo podría ser clemente con los que son crueles e inhumanos hacia Mí? ¿Cómo podría Yo perdonar a los que traicionan Mis palabras? ¿Cómo podría ser clemente con los que se rebelan contra Mí? ¿Acaso no está el porvenir del hombre en Mis manos, las del Todopoderoso? ¿Cómo podría Yo considerar santas tu injusticia y tu rebeldía? ¿Cómo podrían tus pecados profanar Mi santidad? Yo no estoy contaminado por la inmundicia de los injustos ni tampoco disfruto sus ofrendas. Si fueras leal a Mí, Jehová, ¿podrías tomar para ti mismo los sacrificios en Mi altar? ¿Podrías utilizar tu lengua venenosa para blasfemar contra Mi santo nombre? ¿Podrías traicionar Mis palabras de esta manera? ¿Podrías tratar Mi gloria y santo nombre como una herramienta con la cual servir a Satanás, el maligno? Mi vida ha sido provista para el disfrute de los santos. ¿Cómo podría permitirte tratar Mi vida a tu antojo, como un juguete, y utilizarla como una herramienta para el conflicto entre vosotros? ¿Cómo podéis ser tan insensibles y tan privadas del camino de los buenos, en vuestra forma de comportaros conmigo? ¿Acaso no sabéis que ya he escrito vuestras acciones malvadas en estas palabras de vida? ¿Cómo podríais escapar del día de la ira en que Yo castigue a Egipto? ¿Cómo podría permitiros que os opusiereis a Mí y os rebelareis contra Mí de esta manera una y otra vez? ¡Yo os digo con toda claridad que cuando llegue el día, vuestro castigo será más insoportable que el de Egipto! ¿Cómo podéis escapar de Mi día de ira?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Nadie que sea de la carne puede escapar del día de la ira
123. El hombre no logra ganar a Dios, no porque Dios tenga sentimientos carnales o porque Dios no esté dispuesto a ser ganado por el hombre, sino porque el hombre no desea ganar a Dios y no tiene un corazón que lo busque con urgencia. ¿Cómo podría alguien que en verdad busque a Dios ser maldecido por Él? ¿Cómo podría alguien que posea una razón cabal y una conciencia sensible ser maldecido por Dios? ¿Cómo podría alguien que realmente adora y sirve a Dios ser consumido por el fuego de Su ira? ¿Cómo podría alguien que está dispuesto a someterse a Dios ser expulsado de Su casa? ¿Cómo podría vivir castigado por Dios alguien que siente que nunca puede amarlo lo suficiente? ¿Cómo podría alguien que está dispuesto a renunciar a todo por Dios ser dejado sin nada? El hombre no está dispuesto a buscar a Dios, no está dispuesto a gastar sus posesiones por Dios ni a dedicarle el esfuerzo de toda una vida, sino que dice que Él ha ido demasiado lejos, que hay demasiado respecto a Dios que contradice las nociones del hombre. Con una humanidad como esta, aunque no escatimarais en vuestros esfuerzos, seríais incapaces de ganaros la aprobación de Dios, por no decir nada del hecho de que vosotros no buscáis a Dios. ¿No sabéis que sois los productos defectuosos de la humanidad? ¿No sabéis que no existe una humanidad más baja a la vuestra? ¿No sabéis cómo os llaman los demás para “honraros”? Los que verdaderamente aman a Dios os llaman el padre del lobo, la madre del lobo, el hijo del lobo y el nieto del lobo; sois los descendientes del lobo, el pueblo del lobo, y vosotros debéis conocer vuestra propia identidad y nunca olvidarla. No penséis que sois alguna figura superior: vosotros sois el grupo más cruel de no humanos dentro de la humanidad. ¿Acaso no sabéis nada de esto? ¿Sabéis cuánto me he arriesgado al obrar entre vosotros? Si vuestra razón no puede ser de nuevo normal y vuestra conciencia no puede funcionar normalmente, entonces nunca os liberaréis del apelativo “lobo”, nunca escaparéis al día de la maldición y al día de vuestro castigo. Vosotros habéis nacido inferiores, una cosa sin ningún valor. Vosotros sois, por naturaleza, una manada de lobos hambrientos, un montón de escombros y basura, y, a diferencia de vosotros, Yo no obro sobre vosotros para obtener beneficios personales, sino por la necesidad de la obra. Si continuáis siendo rebeldes de esta manera, entonces detendré Mi obra y no obraré nunca más en vosotros; por el contrario, transferiré Mi obra a un grupo que me gusta; de esta manera os dejaré para siempre, porque Yo no estoy dispuesto a ver a los que están enemistados conmigo. Así pues, ¿queréis ser compatibles conmigo o estar enemistados conmigo?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Permanecer con un carácter que no cambia es estar enemistado con Dios
124. A medida que avanzas por la senda actual, ¿cuál es la modalidad de búsqueda más adecuada? En tu búsqueda, ¿qué clase de persona deberías considerarte? Te corresponde saber cómo abordar todo aquello que te encuentres hoy, sean pruebas o adversidades, maldiciones o un castigo despiadado. Al enfrentarte a todas estas cosas, deberías considerar cuidadosamente cada una de ellas. ¿Por qué lo digo? Lo digo porque las cosas que hoy te encuentras son, después de todo, pruebas de corta duración que suceden una y otra vez; quizá en lo que a ti respecta, no son especialmente estresantes y, entonces, dejas que las cosas sigan su curso natural y no las consideras un recurso valioso en la búsqueda del progreso. ¡Qué descuidado eres! Tanto que consideras este recurso valioso como si fuera una nube que flota ante tus ojos y no aprecias estos duros golpes que te llueven una y otra vez —golpes breves y que no te parecen muy pesados—, sino que los consideras con un frío distanciamiento, sin tomártelos a pecho, y los tratas meramente como chocarte contra un muro. ¡Eres muy arrogante! Respecto a estos feroces ataques, similares a tormentas, que recibes una y otra vez, solo muestras una indiferencia impertinente; a veces llegas hasta a sonreír con frialdad, revelando una expresión de total indiferencia, pues jamás has pensado para tus adentros por qué sigues padeciendo semejantes “desgracias”. ¿Es posible que Yo sea enormemente injusto con el hombre? ¿Acaso me dedico Yo a buscarte faltas? Aunque los problemas con lo que piensas puede que no sean tan graves como los he descrito, hace tiempo que has reflejado a la perfección tu mundo interior a través de tu compostura externa. No hace falta que te diga que lo único que ocultas en el fondo de tu corazón son palabras ofensivas e irracionales y leves rastros de tristeza apenas discernibles para los demás. Como te parece muy injusto haber padecido semejantes pruebas, maldices; y porque estas pruebas te hacen sentir la desolación del mundo, estás lleno de melancolía. No contemplas estos golpes y actos de disciplina reiterados como la mejor protección; los consideras problemas sin sentido que vienen del Cielo o una represalia adecuada para ti. ¡Eres muy ignorante! Confinas despiadadamente los buenos momentos a las tinieblas; contemplas un caso tras otro de maravillosas pruebas y disciplina como ataques de tus enemigos. No sabes cómo adaptarte al entorno, y menos aún estás dispuesto a intentarlo, pues no estás dispuesto a obtener nada de este castigo reiterado y, para ti, cruel. No haces ningún intento por buscar o explorar, y simplemente te resignas al porvenir, vas dondequiera que te lleve. Esos que a ti te pueden parecer salvajes actos de reprensión no han transformado tu corazón ni lo han conquistado; por el contrario, te lo apuñalan. Ves este “cruel castigo” solo como tu enemigo en esta vida, y entonces no has ganado nada. ¡Eres muy sentencioso! Rara vez crees que padeces tales pruebas porque eres demasiado despreciable; antes bien, te consideras muy desventurado y dices además que siempre te estoy buscando faltas. Y ahora que las cosas han llegado a este paso, ¿cuánto sabes realmente de lo que digo y hago? No te creas un prodigio nato, solo un poco por debajo del cielo pero infinitamente por encima de la tierra. No eres más listo que nadie y hasta podría decirse que es sencillamente adorable lo mucho más tonto que eres que cualquiera de las personas dotadas de razón en la tierra, pues te tienes en una posición demasiado elevada y jamás has tenido sensación de inferioridad; como si vieras Mis acciones claramente, hasta el más ínfimo detalle. En realidad, simplemente no eres una persona que posee razón, ya que no tienes ni idea de lo que pretendo hacer, y menos todavía de lo que estoy haciendo ahora. Y por eso digo que ni siquiera eres como un viejo agricultor, un agricultor sin la más mínima idea de la vida humana y que, sin embargo, pone toda su confianza en las bendiciones del Cielo cuando cultiva la tierra. No podría importarte menos tu propia vida, ni siquiera sabes nada de la fama y menos aún tienes autoconciencia. ¡Eres realmente “grande”!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Los que no aprenden y siguen siendo ignorantes, ¿acaso no son unas bestias?
125. Algunas se acicalan de forma vistosa pero superficial: las hermanas se adornan como bellas flores y los hermanos se visten como príncipes o jóvenes señoritos ricos. Solo se preocupan por las cosas externas, como las que comen y visten; por dentro están en la indigencia y no tienen el menor conocimiento de Dios. ¿Qué puede significar esto? Luego hay quienes se visten como pobres mendigos; ¡realmente parecen esclavos asiáticos! ¿De verdad no entendéis lo que os pido? Compartid entre vosotros: ¿Qué habéis ganado en realidad? Lleváis creyendo en Dios todos estos años y, sin embargo, esto es todo lo que habéis cosechado; ¿no os da vergüenza? ¿No estáis abochornados? Habéis buscado por el camino verdadero todos estos años, ¡pero vuestra estatura actual es incluso más pequeña que la de un gorrión! Las jóvenes, tan bonitas con vuestra ropa y vuestro maquillaje, comparándoos entre vosotras, ¿qué comparáis? ¿Vuestro placer? ¿Vuestras exigencias? ¿Pensáis que he venido a contratar a modelos? ¡No tenéis vergüenza! ¿Dónde está vuestra vida? Lo que buscáis, ¿no es simplemente vuestro extravagante deseo? Te crees muy hermosa, pero aunque te vistas con todo tipo de galas, ¿no eres, de hecho, un retorcido gusano nacido en un montón de estiércol? Actualmente tienes la suerte de disfrutar de estas bendiciones celestiales, no por tu cara bonita, sino porque Dios está haciendo una excepción al encumbrarte. ¿Todavía no tienes claro de dónde vienes? Cuando te mencionan la vida, callas y no dices nada, muda como una estatua, ¡pese a lo cual tienes el descaro de engalanarte! ¡Todavía tiendes a ponerte colorete y maquillaje en la cara! Y vosotros, señoritos, hombres incorregibles que os pasáis el día por ahí, díscolos y con gesto despreocupado. ¿Así debe comportarse una persona? ¿A qué dedica su atención todo el día cada uno de vosotros, sea hombre o mujer? ¿Sabéis de quién dependéis para alimentaros? Mira tu ropa, mira lo que has cosechado en tus manos, frótate el vientre; ¿qué resultados has obtenido de la sangre del corazón que has entregado en todos estos años de fe? Todavía piensas en hacer turismo, en embellecer tu carne apestosa, ¡en ocupaciones inútiles! Te pido que seas una persona normal, pero ahora no eres simplemente anormal: eres aberrante. ¿Cómo puede tener una persona así la osadía de presentarse ante Mí? Con esta calidad humana, alardeando de tus encantos y de tu carne, siempre inmerso en los deseos carnales, ¿no eres descendiente de demonios inmundos y malos espíritus? ¡No permitiré que siga existiendo un demonio tan inmundo durante mucho tiempo! Y no creas que no sé lo que piensas dentro de tu corazón. Podrías mantener tu lujuria y tu carne bajo un férreo control, pero ¿cómo no habría de conocer Yo los pensamientos que alberga tu corazón? ¿Cómo no habría de saber qué desean tus ojos? Las jóvenes, ¿no os ponéis tan bonitas para alardear de vuestra carne? ¿En qué os benefician los hombres? ¿Realmente pueden salvaros del océano de aflicción? Y vosotros, señoritos, os vestís para parecer caballerosos y distinguidos, pero ¿no es esta una artimaña ideada para llamar la atención hacia vuestro elegante estilo? ¿Para quiénes lo hacéis? ¿En qué os benefician las mujeres? ¿No son el origen de vuestro pecado? Hombres y mujeres, os he dicho muchas palabras, pero solamente habéis acatado algunas. Sois duros de oído, se os han empañado los ojos y tenéis un corazón tan duro que no hay más que lujuria en vuestro cuerpo, de manera que estáis atrapados en él sin escapatoria. ¿Quién quiere acercarse a vosotros, gusanos que os retorcéis en la inmundicia y la mugre? No olvidéis que no sois sino aquellos a quienes he levantado del montón de estiércol y que al principio no poseíais una humanidad normal. Lo que os pido es la humanidad normal que no poseíais al principio, no que alardeéis de lujuria ni que deis rienda suelta a vuestra carne rancia, adiestrada por los diablos durante tantos años. Al vestiros así, ¿no teméis quedaros atrapados más a fondo? ¿No sabéis que al principio erais del pecado? ¿No sabéis que vuestro cuerpo rebosa tanta lujuria que incluso traspasa vuestra ropa para revelar vuestro estado de demonios insoportablemente feos e inmundos? ¿Acaso no lo tenéis más claro que nadie? Vuestro corazón, vuestros ojos, vuestros labios, ¿no han sido profanados por demonios inmundos? ¿No son inmundas estas partes vuestras? ¿Crees que, mientras no actúes, tú eres el más santo? ¿Crees que ataviarse con ropa bonita puede ocultar vuestras almas sórdidas? ¡Eso no funciona! Os aconsejo más realismo: no seáis engañosos y falsos ni alardeéis de vosotros mismos. Hacéis alarde de vuestra lujuria entre vosotros, pero lo único que recibiréis a cambio será el sufrimiento eterno ¡y una reprensión despiadada! ¿Qué necesidad tenéis de poneros ojitos y andaros con amoríos? ¿Es esta la medida de vuestra integridad, la dimensión de vuestra rectitud? Odio a los que os interesáis por la medicina maligna y la brujería; odio a los jóvenes que amáis vuestra propia carne. Más os vale que os contengáis, pues ahora os exijo una humanidad normal, y no se os permite que alardeéis de lujuria, aunque aprovecháis cualquier oportunidad que tenéis, ya que ¡vuestra carne es demasiado desbordante y vuestra lujuria, demasiado grande!
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (7)
126. Aquellos que solo piensan en su carne y disfrutan de la comodidad; aquellos que parecen creer, pero realmente no creen; aquellos que se dedican a la medicina maligna y la brujería; los promiscuos y arruinados; aquellos que roban sacrificios y posesiones a Jehová; los amantes de los sobornos; aquellos que sueñan ociosamente con ascender al cielo; los altivos y vanidosos, que únicamente compiten por su fama y provecho; aquellos que difunden impertinencias; aquellos que blasfeman contra Dios mismo; aquellos que no hacen sino juzgarlo y difamarlo; aquellos que forman corrillos y buscan la independencia; aquellos que se enaltecen a sí mismos más que a Dios; esos hombres y mujeres jóvenes, maduros y ancianos, frívolos y atrapados en el libertinaje; los hombres y mujeres que disfrutan de su fama y provecho y persiguen su estatus personal en medio de los demás; los impenitentes atrapados en el pecado, ¿no son todos ellos imposibles de salvar? El libertinaje, la pecaminosidad, la medicina maligna, la brujería, las palabras blasfemas y las impertinencias se desbocan todos entre vosotros, entre quienes quedan pisoteadas la verdad y las palabras de vida y profanadas las palabras santas. ¡Vosotros, gentiles, repletos de inmundicia y rebeldía! ¿Cuál será vuestro desenlace? ¡Cómo pueden tener el descaro de seguir viviendo aquellos que aman la carne, los que cometen brujería carnal y los que están atrapados en pecados libertinos! ¿No sabes que las personas como vosotros son unos gusanos imposibles de salvar? ¿Qué te da derecho a exigir esto y aquello? Hasta la fecha no se ha producido la menor transformación en aquellos que no aman la verdad y solo aman la carne; ¿cómo van a poder salvarse esas personas? Aquellos que no aman el camino de la vida, que no enaltecen a Dios ni dan testimonio de Él, que maquinan por su propio estatus, que se ensalzan, ¿no siguen siendo los mismos, incluso hoy en día? ¿Qué valor tiene salvarlos? Que puedas salvarte no depende de cuán grande sea tu antigüedad ni de cuántos años lleves trabajando, y ni mucho menos de cuántas credenciales hayas acumulado. Más bien depende de si tu búsqueda ha dado fruto. Debes saber que quienes se salvan son los “árboles” que dan fruto, no los árboles con follaje exuberante y abundantes flores que pese a ello no dan fruto. Aunque hayas pasado muchos años vagando por las calles, ¿qué importa eso? ¿Dónde está tu testimonio? El corazón que tienes es mucho menos temeroso de Dios que amante de ti mismo y embelesado con tus deseos lujuriosos; ¿acaso no es degenerada ese tipo de persona? ¿Cómo podría ser un espécimen y modelo de salvación? Tu naturaleza es incorregible, posees demasiada rebeldía, ¡eres imposible de redimir! ¿No serán esas personas las descartadas? ¿Acaso cuando termine Mi obra no será el momento en que llegará tu último día? He llevado a cabo tanta obra y pronunciado tantas palabras entre vosotros; ¿cuánto de esto os ha entrado de veras en los oídos? ¿A cuánto de ello os habéis sometido? Cuando termine Mi obra será el momento en que dejarás de oponerte a Mí, de estar en contra de Mí. A medida que obro, actuáis constantemente contra Mí; jamás acatáis Mis palabras. Yo llevo a cabo Mi obra y tú realizas tu propia “obra” creando tu pequeño reino. ¡Sois una manada de zorros y perros que no hacen más que actuar en Mi contra! Siempre procuráis atraer a vuestros brazos a aquellos que os ofrecen su amor incondicional; ¿dónde están vuestros corazones temerosos? ¡Todo lo que hacéis es engañoso! ¡No tenéis sumisión ni temor y todo lo que hacéis es engañoso y blasfemo! ¿Se pueden salvar unas personas así? Los hombres sexualmente inmorales y lascivos siempre quieren atraer a rameras coquetas para su propio disfrute. De ningún modo salvaré a esos demonios sexualmente inmorales. Demonios obscenos, os odio totalmente y vuestra lascivia y coquetería os sumirán en el infierno. ¿Qué tenéis que decir? ¡Vosotros, demonios obscenos y espíritus malignos, sois aborrecibles! ¡Sois repugnantes! ¿Cómo podría salvarse semejante basura? ¿Todavía pueden salvarse aquellos que están atrapados en el pecado? Hoy en día, vuestros corazones no se sienten atraídos por esta verdad, este camino y esta vida. Por el contrario, les atrae la pecaminosidad y el dinero, el estatus, la fama, el provecho, el disfrute de la carne y la belleza de los hombres y la coquetería de las mujeres. ¿Cómo os cualifica esto para entrar en Mi reino? Vuestra imagen es aún más grande que la de Dios y vuestro estatus es incluso superior al Suyo, por no hablar de vuestro prestigio entre las personas: en realidad, os habéis convertido en ídolos que la gente venera. ¿Acaso no os habéis convertido cada uno de vosotros en el arcángel? Cuando se revelen los resultados de las personas, que también será cuando la obra de salvación se acerque a su fin, muchos de vosotros seréis cadáveres imposibles de salvar y deberéis ser descartados.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Práctica (7)
127. Los seres humanos son unos miserables inútiles, porque no se valoran a sí mismos. Si ni siquiera se aman a sí mismos, sino que se pisotean a sí mismos, ¿no muestra esto que son inútiles? La humanidad es como una mujer inmoral que se engaña a sí misma y se entrega voluntariamente a otros para ser ultrajada. Aun así, las personas siguen sin reconocer lo inferiores que son. Hallan placer en trabajar para otros o en hablar con otros, poniéndose bajo el control de los demás; ¿no es esta precisamente la inmundicia de la humanidad? Aunque Yo no he experimentado una vida entre la humanidad y no he experimentado realmente la vida humana, he obtenido un entendimiento muy claro de cada movimiento, cada acción, cada palabra y cada acción de los seres humanos. Soy incluso capaz de diseccionarlos hasta su vergüenza más profunda, al punto de que ya no se atrevan a mostrar sus propios artilugios ni a dar paso a su lujuria. Como hacen los caracoles, se esconden en su caparazón y ya no se atreven a mostrar su horrible estado. Como los seres humanos no se conocen a sí mismos, su mayor defecto es que están dispuestos a exhibir sus encantos delante de los demás, mostrando su horrible rostro; esto es algo que Dios detesta al máximo. Esto se debe a que las relaciones entre las personas son anormales y hay una carencia de relaciones interpersonales normales entre las personas, y, más aún, de relaciones normales entre ellas y Dios.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El desvelamiento de los misterios de “Las palabras de Dios al universo entero”, Capítulo 14
128. Antes de que las personas experimenten la obra de Dios y comprendan la verdad, la naturaleza de Satanás es la que toma las riendas y las domina desde el interior. ¿Qué cosas específicas conlleva esa naturaleza? Por ejemplo, ¿por qué eres egoísta? ¿Por qué proteges tu propio estatus? ¿Por qué estás tan influenciado por tus sentimientos? ¿Por qué te gustan esas cosas injustas y esas cosas malvadas? ¿En qué se basa tu gusto por tales cosas? ¿De dónde proceden? ¿Por qué te gustan y las aceptas? Para este momento, todos habéis llegado a comprenderlo: la razón principal es que los venenos de Satanás están dentro del hombre. Por tanto, ¿qué son los venenos de Satanás? ¿Cómo se pueden expresar? Por ejemplo, si preguntas: “¿Cómo debería vivir la gente? ¿Para qué debería vivir?”, todo el mundo responderá: “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”. Esta sola frase expresa justamente la raíz del problema. La filosofía y la lógica de Satanás se han convertido en la vida de las personas. Sea lo que sea lo que persiga la gente, en realidad lo hace para sí misma, por tanto, toda ella vive para sí misma. “Cada hombre para sí mismo, y sálvese quien pueda”; esta es la filosofía de vida del hombre y también representa la naturaleza humana. Estas palabras se han convertido ya en la naturaleza de la humanidad corrupta y son el auténtico retrato de su naturaleza satánica. Dicha naturaleza satánica se ha convertido por completo en la base de la existencia de la especie humana corrupta. La especie humana corrupta ha vivido según este veneno de Satanás durante varios miles de años y hasta nuestros días. Todo lo que hace Satanás es en aras de sus propios deseos, ambiciones y objetivos. Quiere superar a Dios, liberarse de Él y apoderarse de todas las cosas que Dios ha creado. En la actualidad, las personas han sido corrompidas hasta este punto por Satanás. Todas tienen una naturaleza satánica, todas tienden a negar a Dios y oponerse a Él, desean controlar su porvenir en sus propias manos y tratan de oponerse a las orquestaciones y arreglos de Dios. Sus ambiciones y deseos ya son exactamente los mismos que los de Satanás. Por lo tanto, la naturaleza del hombre es la de Satanás. De hecho, los muchos lemas y aforismos que sostienen las personas representan la naturaleza humana y reflejan la esencia corrupta del hombre. Las cosas que la gente elige reflejan sus propias preferencias, y todas estas cosas representan el carácter y la búsqueda de las personas. En cada palabra que dice una persona, así como en todo lo que hace, por muy camuflado que esté, tal disimulo no puede ocultar su naturaleza. Por ejemplo, los fariseos solían predicar muy bien, pero cuando escuchaban los sermones y las verdades expresados por Jesús, en lugar de aceptarlos, los condenaban. Eso dejaba en evidencia la esencia-naturaleza de los fariseos de sentir aversión por la verdad y odiarla. Algunas personas hablan muy bien y son buenas disfrazándose, pero después de que otros se asocien con ellas durante un tiempo, estos descubren que tales personas son sumamente falsas por naturaleza y no son honestas en lo más mínimo. Al cabo de mucho tiempo de asociarse con ellas, descubren su esencia-naturaleza. Al final, llegan a la siguiente conclusión: estas personas nunca dicen una palabra de verdad y son falsas. Esta declaración representa la naturaleza de esa gente, y es la mejor muestra y prueba de su esencia-naturaleza. Su filosofía para los asuntos mundanos consiste en no decirle la verdad a nadie y, también, en no confiar en nadie. La naturaleza satánica del hombre contiene una gran cantidad de filosofías y venenos de Satanás. A veces tú mismo no eres consciente de ellos. Si no entiendes la verdad, eres incapaz de discernir el carácter de Satanás. Y, sin embargo, vives según el carácter de Satanás cada minuto de cada día, piensas que esto es bastante correcto y razonable y no está en absoluto equivocado. Esto basta para demostrar que cuando vives según las filosofías de Satanás estás viviendo según el carácter de este, así como que sus filosofías y su carácter se han convertido en tu naturaleza. Con demasiada frecuencia, las personas viven según las filosofías de Satanás pero aun así piensan que esto es bastante bueno, y no tienen ningún sentido de arrepentimiento en absoluto. ¿Por qué sucede esto? Porque las personas no entienden la verdad. Por tanto, revelan constantemente su naturaleza satánica a cada paso y viven constantemente según las filosofías de Satanás en todo momento. La naturaleza de Satanás es la vida del hombre y es su esencia-naturaleza.
La Palabra, Vol. III. Discursos de Cristo de los últimos días. Cómo caminar por la senda de Pedro
129. La naturaleza del hombre es muy diferente a Mi esencia; esto se debe a que la naturaleza corrupta del hombre tiene su origen completamente en Satanás, a que la naturaleza del hombre ha sido procesada y corrompida por Satanás. Es decir, el hombre vive bajo la influencia de la maldad y fealdad de este. El hombre no crece en un mundo de la verdad ni en un ambiente santo y, mucho menos, vive en la luz. Por lo tanto, no es posible que alguien posea la verdad en su naturaleza desde el momento de su nacimiento, y, mucho menos, se puede nacer con una esencia que tema y se someta a Dios. Por el contrario, las personas son poseedoras de una naturaleza que se opone a Dios, se rebela contra Dios y no tiene amor por la verdad. Esta naturaleza es el problema del que quiero hablar: la traición.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Un problema muy serio: la traición (2)
130. El comportamiento que no puede someterse a Mí de manera absoluta es traición. El comportamiento que no me puede ser leal es traición. Engañarme y usar mentiras para embaucarme es traición. Albergar muchas nociones y esparcirlas por todos lados es traición. No poder defender Mis testimonios e intereses es traición. Fingir una sonrisa cuando se está lejos de Mí en el corazón es traición. Todos estos son actos de traición de los que siempre habéis sido capaces y también son comunes entre vosotros. Puede que ninguno de vosotros piense que esto es un problema, pero eso no es lo que Yo pienso. No puedo tratar la traición contra Mí como un asunto sin importancia y menos aún puedo ignorarla. Incluso ahora que estoy obrando entre vosotros, os comportáis de esta forma. Si llega un día en el que no haya nadie para cuidaros, ¿no os volveréis como bandidos que se proclaman reyes de sus pequeños territorios? Cuando eso suceda y causéis una catástrofe, ¿quién arreglará el desorden que habéis hecho? Si pensáis que algunos actos de traición solo son acciones esporádicas en lugar de vuestro comportamiento persistente, lo cual no debería sacarse a relucir con tal severidad —de tal modo que se hiere vuestro orgullo— y si es esto lo que realmente creéis, entonces carecéis por completo de sentido. Cuanto más piensa alguien de esta manera, más es un arquetipo y un modelo de rebeldía. La naturaleza del hombre es su vida, es un principio del que depende para sobrevivir y es incapaz de cambiarlo. Por ejemplo, la naturaleza de la traición. Si puedes hacer cosas para traicionar a cualquiera de tus parientes o amigos, esto prueba que es parte de tu vida y la naturaleza con la que naciste. Esto es algo que nadie puede negar.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Un problema muy serio: la traición (1)
131. Cualquiera puede usar sus propias palabras y acciones para representar su verdadero rostro. Este verdadero rostro es, por supuesto, su naturaleza. Si tú eres alguien que habla de manera torcida, entonces tienes una naturaleza torcida. Si tu naturaleza es falsa, entonces actúas de una forma muy taimada y haces que los demás caigan fácilmente en el engaño y el timo. Si tu naturaleza es siniestra, tus palabras podrían ser agradables al oído, pero tus acciones no pueden ocultar tus trucos siniestros. Si tu naturaleza es perezosa, entonces, con todo lo que dices estarás intentando exculparte de ser superficial y holgazán y tus acciones serán lentas y superficiales, así como muy buenas para esconder la verdad. Si tu naturaleza es empática, entonces tus palabras serán razonables y tus acciones también estarán bien en consonancia con la verdad. Si tu naturaleza es la de ser leal a todo el mundo, entonces tus palabras ciertamente son sinceras y la manera en la que actúas es con los pies en la tierra, sin nada que pueda inquietar a tus maestro. Si tu naturaleza es lujuriosa o codiciosa respecto al dinero, entonces tu corazón a menudo estará lleno de estas cosas y, sin darte cuenta, cometerás actos desviados e inmorales que a las personas les será difícil olvidar y que les repugnarán. Tal como lo he dicho, si tienes una naturaleza de traición entonces difícilmente puedes escapar de ella. No alberguéis una mentalidad de probar suerte, suponiendo que como no habéis hecho daño a nadie, no tenéis una naturaleza de traición. Si eso es lo que piensas, entonces eres realmente repugnante. Cada vez que hablo, Mis palabras están dirigidas a todas las personas, no solo a una persona o a un tipo de persona. El hecho de que no me hayas traicionado en una cosa no prueba que no me traicionarás en ninguna situación. Algunas personas pierden la fe en buscar la verdad durante los reveses en su matrimonio. Algunas personas abandonan su obligación de serme leales durante una ruptura familiar. Algunas personas me abandonan en aras de buscar un momento de alegría y emoción. Algunas personas preferirían caer en un barranco oscuro antes que vivir en la luz y obtener el deleite de la obra del Espíritu Santo. Algunas personas ignoran el consejo de sus amigos en aras de satisfacer su deseo de riqueza e incluso ahora no pueden reconocer su error ni cambiar su rumbo. Algunas personas solo viven temporalmente bajo Mi nombre con el fin de recibir Mi protección, mientras que otras solo se dedican un poco a Mí a regañadientes porque se aferran a la vida y temen a la muerte. ¿No son estas y otras acciones tales, que son inmorales y, más aún, carentes de integridad, solo comportamientos con los cuales las personas por mucho tiempo me han traicionado desde lo profundo de su corazón? Por supuesto, sé que las personas no planean con antelación traicionarme, pero su traición es una revelación natural de su naturaleza. Nadie quiere traicionarme y ni mucho menos se alegra nadie de haber cometido un acto de traición contra Mí. Por el contrario, tiemblan de miedo, ¿no es verdad? Así pues, ¿estáis pensando cómo enmendar estas traiciones y cómo cambiar la situación actual?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Un problema muy serio: la traición (1)
132. Vosotros fuisteis separados del lodo y, pase lo que pase, erais de esa materia que fue seleccionada de entre la escoria, lo inmundo y lo aborrecido por Dios. Pertenecíais a Satanás y, alguna vez, este os pisoteó y os contaminó. Por esta razón se dice que fuisteis separados del lodo y, lejos de ser santos, sois cosas no humanas que han sido objeto de las artimañas de Satanás desde hace tiempo. Esta es la valoración más apropiada de vosotros. Debéis saber que, originalmente, erais impurezas encontradas en el agua estancada y el lodo, y no capturas deseables como el pescado y los camarones, porque ningún disfrute puede derivarse de vosotros. Para decirlo sin rodeos, vosotros sois las bestias más corruptas de una sociedad baja, peores que cerdos y perros. Hablando con franqueza, dirigirme a vosotros en tales términos no es excesivo ni una hipérbole, sino que simplifica el asunto. Podría decirse que dirigirme a vosotros en tales términos es, incluso, una forma de ofreceros respeto. Vuestra perspectiva, vuestro discurso, vuestra conducta como hombres y todos los aspectos de vuestra vida —incluido vuestro estado en el lodo— son suficientes para demostrar que vuestra identidad está “fuera de lo ordinario”.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La identidad inherente al hombre y su valor: ¿cómo son realmente?
133. Los humanos no son más que Mis enemigos. Los humanos son los malvados que se oponen y se rebelan contra Mí. Los humanos no son sino la descendencia del maligno al que maldije. Los humanos no son otra cosa que los descendientes del arcángel que me traicionó. Los humanos no son otra cosa que la herencia del diablo malvado al que desdeñé hace mucho y que está en enemistad directa conmigo. Porque el cielo sobre toda la especie humana es turbio y sombrío, sin un atisbo de claridad, y el mundo de los humanos está sumergido en una oscuridad total, de modo que cualquiera que vive en él no puede ni siquiera ver su mano extendida frente a su rostro, ni el sol al levantar la cabeza. El sendero debajo de sus pies, enlodado y lleno de baches, serpentea tortuosamente; toda la tierra está cubierta de cadáveres. Los oscuros rincones están llenos de los restos de los fallecidos, y multitudes de demonios residen en los rincones fríos y sombríos. Por todas partes, los demonios van y vienen en hordas entre las personas. Las progenies de todo tipo de bestias, cubiertas de inmundicia, están enfrascadas en una batalla campal cuyo sonido atemoriza el corazón. En estos tiempos, en este mundo, en este “paraíso terrenal”, ¿dónde se buscan las dichas de la vida? ¿A dónde podría ir uno para hallar el destino de su vida? La especie humana, aplastada bajo los pies de Satanás desde hace mucho tiempo, es un intérprete que asume la imagen de Satanás; más aún, es la personificación de Satanás y sirve como prueba que da un “testimonio rotundo” de Satanás. ¿Cómo puede una raza humana así, un montón de escoria depravada como esa, estos descendientes de una familia humana corrupta, dar testimonio de Dios? ¿De dónde viene Mi gloria? ¿Hay algún testimonio de Mí del que se pueda hablar? Porque el enemigo que se enfrenta a Mí y que ha corrompido a la humanidad ha tomado a la humanidad —la humanidad que Yo creé hace mucho tiempo, la que estaba llena de Mi gloria y Mi vivir— y la ha manchado. Ha arrebatado Mi gloria y todo lo que ha inculcado al hombre ha sido veneno, densamente mezclado con la fealdad de Satanás, y el jugo del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Lo que significa ser una persona verdadera
134. Vuestros muchos años de conducta ante Mí me han dado una respuesta sin precedentes, y la pregunta a esta respuesta es: “¿Cuál es la actitud del hombre ante la verdad y el Dios verdadero?”. La sangre del corazón que he derramado por el hombre prueba Mi esencia de amar al hombre, así como las acciones y obras del hombre ante Mí prueban su esencia de odio a la verdad y de serme hostil. En todo momento me preocupo por todos los que me siguieron; sin embargo, los que me siguen en ningún momento son capaces de aceptar Mis palabras; son incapaces de aceptar siquiera Mis sugerencias. Esto es lo que más me entristece de todo. Nadie ha sido nunca capaz de entenderme, menos aún ha sido nadie capaz de aceptarme, aunque Mi actitud es sincera y Mis palabras son amables. Todos hacen el trabajo que les he encomendado de acuerdo con sus propias intenciones, sin buscar Mis intenciones y mucho menos preguntar cuáles son Mis exigencias. Siguen afirmando que me sirven con lealtad al tiempo que se rebelan contra Mí. Muchos creen que las verdades que les son inaceptables o que no pueden practicar no son verdades. En tales personas, Mis verdades se vuelven algo que es negado y desechado. Al mismo tiempo, me reconocen como Dios de palabra, pero también me consideran un extraño que no es la verdad, el camino o la vida. Nadie conoce esta verdad: Mis palabras son la verdad que jamás cambia; Soy el suministro de vida para el hombre y la única guía para la especie humana; el valor y el significado de Mis palabras no se determinan basándose en si son reconocidas y aceptadas por la humanidad, sino en la esencia de las palabras mismas; e incluso aunque ni una sola persona en esta tierra pudiera aceptar Mis palabras, el valor de estas y su ayuda para la especie humana están más allá de la estimación de cualquier persona. Por lo tanto, cuando me enfrento con las muchas personas que se rebelan contra Mis palabras, las refutan o las desdeñan por completo, Mi actitud es simplemente esta: dejar que el tiempo y los hechos sean Mis testimonios y demuestren que Mis palabras son la verdad, el camino y la vida. Dejar que demuestren que todo lo que he dicho es correcto y que eso es lo que el hombre debe poseer y, lo que es más, que eso es lo que el hombre debe aceptar. Haré que todos los que me siguen conozcan este hecho: los que no pueden aceptar completamente Mis palabras, los que no pueden practicar Mis palabras, los que no pueden encontrar un objetivo en Mis palabras y los que no pueden recibir la gracia de la salvación a través de Mis palabras, son los que son condenados por Mis palabras y, lo que es más, son los que han perdido la gracia de Mi salvación y Mi vara nunca se apartará.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Deberíais considerar vuestros hechos