IX Palabras clásicas sobre revelar el carácter satánico de la humanidad corrupta y su esencia

1. La fuente de oposición y rebeldía del hombre contra Dios es el haber sido corrompido por Satanás. Debido a que ha sido corrompido por Satanás, la conciencia del hombre se ha insensibilizado, se ha vuelto inmoral, sus pensamientos se han degenerado, y ha desarrollado una actitud mental retrógrada. Antes de ser corrompido por Satanás, el hombre de manera natural seguía a Dios y obedecía Sus palabras después de escucharlas. Por naturaleza tenía buen sentido y buena conciencia, y tenía una humanidad normal. Después de haber sido corrompido por Satanás, su sentido, conciencia y humanidad originales se embotaron y fueron mermados por Satanás. Debido a ello, el hombre ha perdido su obediencia y amor a Dios. El sentido del hombre se ha vuelto aberrante, su carácter se ha vuelto como el de un animal, y su rebeldía hacia Dios es cada vez más frecuente y grave. Sin embargo, el hombre todavía no conoce ni reconoce esto, y meramente se opone y se rebela a ciegas. La revelación del carácter del hombre es la expresión de su sentido, de su percepción y de su conciencia, pero debido a que su sentido y su percepción se han enfermado, y su conciencia se ha vuelto supremamente insensible, su carácter se ha revelado contra Dios. Si el sentido y la percepción del hombre no pueden cambiar, entonces los cambios en su carácter son imposibles de lograr, como tampoco lo sería el volverse conforme al corazón de Dios. Si el sentido del hombre es endeble, entonces no puede servir a Dios y no es apto para ser usado por Dios. Un “sentido normal” se refiere a ser obediente y fiel a Dios, anhelar a Dios, ser inequívoco con respecto a Dios, y tener una conciencia hacia Dios. Se refiere a ser de un solo corazón y mente hacia Dios, y a no oponerse a Dios deliberadamente. Los que poseen un sentido aberrante no son así. Desde que el hombre fue corrompido por Satanás ha creado nociones acerca de Dios, y no ha sido leal ni ha anhelado a Dios, y menos si se habla de una conciencia hacia Dios. El hombre deliberadamente se opone a Dios y juzga a Dios, y, aún más, le lanza invectivas a Sus espaldas. El hombre sabe claramente que Él es Dios, y aún así lo juzga a Sus espaldas, no tiene intención de obedecer a Dios, y se limita a hacer exigencias y solicitudes ciegas a Dios. Tales personas —la gente que tiene un sentido aberrante— son incapaces de conocer su propio y despreciable comportamiento, o de lamentar su rebeldía. Si la gente fuese capaz de conocerse a sí misma, entonces recuperaría un poco de su sentido; cuanto más las personas sean rebeldes contra Dios y no se conozcan a sí mismas, más su sentido será endeble.

de ‘Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

2. La fuente de la revelación del carácter corrupto del hombre no es más que su conciencia embotada, su naturaleza malévola, y su sentido endeble; si la conciencia y el sentido del hombre regresaran a la normalidad, entonces él se volvería apto para ser usado ante Dios. Es simplemente debido a que la conciencia del hombre ha estado siempre insensibilizada, y que el sentido del hombre nunca ha sido sano, y que se ha hecho cada vez más torpe, lo que ha provocado que el hombre se haya vuelto cada vez más rebelde hacia Dios, hasta el punto, incluso, de clavar a Jesús en la cruz, y de negarse a que Dios encarnado de los últimos días entre en su casa, y condena la carne de Dios, y ve la carne de Dios como vil y precaria. Si el hombre tuviese al menos un poquito de humanidad, no sería tan cruel en su trato de la carne del Dios encarnado; si tuviese al menos un poco de sentido, no sería tan despiadado en su trato de la carne de Dios encarnado; si tuviese un poco de conciencia, no sería tan “agradecido” al Dios encarnado de esta manera. El hombre vive en la era de Dios hecho carne, sin embargo, es incapaz de dar gracias a Dios por haberle dado una oportunidad tan buena, y en vez de ello, maldice la venida de Dios, o ignora por completo el hecho de la encarnación de Dios, y se muestra aparentemente en contra de ella y hastiado de ello. Independientemente de cómo el hombre trate la venida de Dios, Dios, en pocas palabras, siempre ha llevado Su obra adelante a pesar de todo, aunque el hombre no haya sido en lo más mínimo acogedor hacia Él, y le hace solicitudes ciegas. El carácter del hombre se ha vuelto extremadamente vicioso, su sentido ha crecido de forma sumamente apática, y su conciencia ha sido aplastada por completo por el maligno, por lo que hace ya tiempo que dejó de ser la conciencia original del hombre. El hombre no sólo es ingrato con un Dios encarnado que le otorga tanta vida y gracia a la humanidad, sino que incluso se ha resentido con Dios por haberle dado la verdad; es debido a que el hombre no tiene el menor interés en la verdad, que se siente resentido con Dios. No sólo es el hombre incapaz de dar su vida por Dios encarnado, sino que también trata de obtener favores de Él, y reclama un interés que es decenas de veces mayor que lo que el hombre ha dado a Dios. Las personas que poseen este tipo de conciencia y sentido, dan por hecho todo esto, y todavía creen que han invertido demasiado en Dios, y que Dios les ha dado demasiado poco. Hay personas que me han dado una taza de agua y sin reparos extienden sus manos para pedirme el equivalente de[a] dos tazas de leche; o me han dado una habitación por una noche, pero han intentado cobrarme muchas veces más en gastos de alojamiento. Con una humanidad como esta, y una conciencia así, ¿cómo podéis vosotros aún desear obtener la vida? ¡Qué desgraciados y despreciables sois!

de ‘Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

3. Después de varios miles de años de corrupción, el hombre se ha vuelto insensible y torpe, un demonio que se opone a Dios; tan es así que la rebeldía del hombre hacia Dios ha sido documentada en los libros de historia, e incluso el hombre mismo es incapaz de dar una explicación completa de su comportamiento rebelde, porque el hombre ha sido profundamente corrompido por Satanás, y se ha dejado engañar por Satanás al punto de que no sabe a dónde acudir. Todavía hoy, el hombre sigue traicionando a Dios: cuando el hombre ve a Dios, lo traiciona, y cuando no puede ver a Dios, también lo traiciona. Hay incluso quienes, habiendo sido testigos de las maldiciones de Dios y la ira de Dios, aun así lo traicionan. Y por eso digo que el sentido del hombre ha perdido su función original, y que también la conciencia del hombre ha perdido su función original. El hombre que Yo veo es una bestia con traje humano, es una serpiente venenosa, y no importa lo lastimoso que pretenda aparecer ante Mis ojos, nunca seré misericordioso con él, porque el hombre no ha captado la diferencia entre lo negro y lo blanco, la diferencia entre la verdad y lo que no es verdad. El sentido del hombre está en extremo entumecido, pero aun así sigue deseando obtener bendiciones; su humanidad es en extremo innoble, pero aun así sigue deseando obtener la soberanía de un rey. ¿De quién podría ser rey con un sentido como ese? ¿Cómo puede alguien con una humanidad como esa pretender sentarse sobre un trono? ¡El hombre en verdad no tiene vergüenza! ¡Es un desgraciado engreído! Para aquellos de vosotros que deseéis obtener bendiciones, os sugiero que primero encontréis un espejo y miréis vuestra propia y fea reflexión. ¿Posees lo que se requiere para ser un rey? ¿Acaso tienes la cara de alguien que pueda obtener bendiciones? No ha habido el más mínimo cambio en tu carácter, ni has puesto ninguna verdad en práctica, pero aun así deseas un maravilloso mañana. ¡Te estás haciendo de ilusiones!

de ‘Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

4. Perniciosas influencias en lo profundo del corazón humano como resultado de miles de años “del elevado espíritu nacional” y pensamiento feudal han dejado a las personas atadas y encadenadas, sin una pizca de libertad. Como resultado, son personas sin aspiraciones ni perseverancia, ni deseo de progresar, sino que permanecen pasivos y retrógrados, con una mentalidad de esclavos particularmente fuerte, y así sucesivamente, estos factores objetivos les han impartido una desagradable imagen, de indeleble suciedad, a la actitud ideológica, los ideales, la moralidad y el carácter humanos. Al parecer, los seres humanos están viviendo en un mundo aterrador de oscuridad y nadie busca trascenderlo, nadie piensa en avanzar a un mundo ideal. Se contentan con su suerte en la vida y pasan sus días teniendo hijos y criándolos, esforzándose, sudando, atendiendo sus quehaceres, soñando con una familia agradable y feliz, el afecto conyugal, la piedad filial por parte de los hijos, unos últimos años gozosos y vivir una vida apacible… Durante decenas, millares, decenas de millares de años hasta ahora, las personas han malgastado así su tiempo; nadie ha creado una vida perfecta. Se han limitado a masacrarse unos a otros en este mundo oscuro, luchando por fama y fortuna, en intrigas los unos contra los otros. ¿Quién ha buscado jamás la voluntad de Dios? ¿Le ha prestado alguien jamás atención a la obra de Dios? Todas estas porciones dentro de los seres humanos, ocupados por la influencia de la oscuridad, se han convertido hace mucho tiempo en naturaleza humana, de manera que es bastante difícil llevar a cabo la obra de Dios, y hoy las personas tienen aún menos ánimo de prestar atención a lo que Dios les ha confiado.

de ‘Obra y entrada (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

5. La naturaleza del hombre es completamente diferente a Mi esencia; esto se debe a que la naturaleza corrupta del hombre tiene su origen completamente en Satanás y la naturaleza del hombre ha sido procesada y corrompida por Satanás. Es decir, el hombre sobrevive bajo la influencia de la maldad y fealdad de Satanás. El hombre no crece en un mundo de la verdad o en un ambiente santo y además no vive en la luz. Por lo tanto, no es posible que la verdad se posea de manera innata dentro de la naturaleza de cada persona y, además, no se puede nacer con una esencia que tema y obedezca a Dios. Por el contrario, son poseedores de una naturaleza que resiste a Dios, desobedece a Dios y no tiene amor por la verdad. Esta naturaleza es el problema del que quiero hablar —la traición—.

de ‘Un problema muy serio: la traición (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

6. La existencia de la humanidad se basa a su vez en la reencarnación del alma. En otras palabras, cada persona gana una vida humana de la carne cuando su alma se reencarna. Después de que el cuerpo de una persona nace, esa vida continúa hasta el límite más grande de la carne, es decir, el momento final cuando el alma deja su caparazón. Este proceso se repite una y otra vez con el alma de una persona yendo y viniendo, y yendo y viniendo, manteniendo así la existencia de toda la humanidad. La vida de la carne también es la vida del alma del hombre y el alma del hombre sostiene la existencia de la carne del hombre. Es decir, la vida de cada persona procede de su alma; no es su carne la que originalmente tuvo vida. Por lo tanto, la naturaleza del hombre procede de su alma, no de su carne. Sólo el alma de cada persona sabe cómo ha sufrido las tentaciones, la aflicción y la corrupción de Satanás. La carne del hombre no puede saber esto. En consecuencia, sin darse cuenta, la humanidad se está volviendo más y más inmunda, malvada y sombría, mientras que la distancia entre el hombre y Yo se hace cada vez más lejana y los días de la humanidad se vuelven más y más sombríos. Las almas de la humanidad están todas en las garras de Satanás. Como tal, se sobrentiende que la carne del hombre también ha sido ocupada por Satanás. ¿Cómo podrían carne como esta y humanos como estos no resistir a Dios y ser compatibles de manera innata con Él? La razón por la que Satanás fue arrojado al aire por Mí es porque me traicionó, así que ¿cómo podrían los humanos escapar ellos mismos de las repercusiones de esto? Esta es la razón por la que la naturaleza humana es traición.

de ‘Un problema muy serio: la traición (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

7. El comportamiento que no me puede obedecer de manera absoluta es traición. El comportamiento que no me puede ser leal es traición. El hacerme trampa y usar mentiras para engañarme es traición. El estar llenos de nociones y esparcirlas por todos lados es traición. El no proteger Mis testimonios e intereses es traición. El fingir una sonrisa cuando alguien me ha dejado en su corazón es traición. Estos comportamientos son todas las cosas de las que siempre sois capaces y también son comunes y corrientes entre vosotros. Ninguno de vosotros podéis pensar que ese es un problema, pero eso no es lo que Yo pienso. No puedo tratar el traicionarme como un asunto sin importancia y, además, no lo puedo ignorar. Estoy obrando entre vosotros ahora pero seguís siendo así. Si un día no hay nadie ahí para cuidaros y protegeros, ¿no os volverías todos vosotros reyes de la colina?[b] Para entonces, ¿quién limpiará el desorden después de vosotros cuando ocasionéis una enorme catástrofe?

de ‘Un problema muy serio: la traición (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

8. No confiéis en la suerte de que no tenéis una naturaleza de traición sólo porque no habéis hecho daño a nadie. Si eso es lo que piensas, entonces eres demasiado repugnante. Las palabras que he hablado cada vez están dirigidas a todas las personas, no sólo a una persona o a un tipo de persona. Sólo porque no me has traicionado en una cosa no prueba que no me puedas traicionar en todas las cosas. Algunas personas pierden su confianza en buscar la verdad durante los reveses en su matrimonio. Algunas personas pierden su obligación de serme leal durante una ruptura familiar. Algunas personas me abandonan en aras de buscar un momento de alegría y emoción. Algunas personas preferirían caer en un barranco oscuro que vivir en la luz y alcanzar el deleite de la obra del Espíritu Santo. Algunas personas ignoran el consejo de los amigos en aras de satisfacer su codicia por la riqueza e incluso ahora no pueden reconocer sus errores ni se dan la vuelta. Algunas personas sólo viven temporalmente bajo Mi nombre con el fin de recibir Mi protección, mientras que otras sólo se consagran un poco porque se aferran a la vida y temen la muerte. ¿No son estas y otras acciones inmorales y aún más indignas sólo comportamientos en los cuales las personas por mucho tiempo me han traicionado profundo en sus corazones? Por supuesto, sé que la traición de las personas no se planeó con antelación, pero es una revelación natural de su naturaleza. Nadie me quiere traicionar y además nadie está feliz porque haya hecho algo para traicionarme. Por el contrario, están temblando de miedo, ¿correcto? Así que, ¿estáis pensando acerca de cómo podéis redimir estas traiciones y cómo podéis cambiar la situación actual?

de ‘Un problema muy serio: la traición (1)’ en “La Palabra manifestada en carne”

9. Todas las almas corrompidas por Satanás están bajo el control del campo de acción de Satanás. Sólo aquellos que creen en Cristo han sido separados, salvados del campo de Satanás y traídos al reino de hoy. Estas personas ya no viven bajo la influencia de Satanás. Aun así, la naturaleza del hombre todavía está enraizada en la carne del hombre. Esto quiere decir que, aunque vuestras almas hayan sido salvadas, vuestra naturaleza sigue teniendo su antigua apariencia y la probabilidad de que me traicionaréis se queda en cien por ciento. Es por eso que Mi obra es tan duradera, porque vuestra naturaleza es demasiado inconmovible. Ahora todos vosotros estáis sufriendo tanto como podéis en cumplir vuestros deberes, pero un hecho innegable es este: cada uno de vosotros es capaz de traicionarme y regresar al campo de acción de Satanás, a su campo, y regresar a vuestras antiguas vidas. En ese momento no será posible que tengáis una pizca de humanidad o la apariencia de un ser humano como la tenéis ahora. En casos graves, seréis destruidos y además seréis condenados eternamente, para nunca más ser encarnados sino severamente castigados. Este es el problema planteado ante vosotros.

de ‘Un problema muy serio: la traición (2)’ en “La Palabra manifestada en carne”

10. Vosotros fuisteis separados del barro y, al fin y al cabo, fuisteis seleccionados de la escoria, de lo inmundo y de entre los odiados por Dios. Pertenecíais a Satanás[c] y este os pisoteó y contaminó en su momento. Por esta razón se dice que fuisteis separados del barro y no sois santos, sino que sois objetos no humanos de los cuales Satanás había hecho necios, hace tiempo. Esta es la descripción más apropiada para vosotros. Debéis daros cuenta de que sois impurezas encontradas en agua estancada y barro, y no capturas deseables como el pescado y las gambas, porque ningún disfrute puede derivarse de vosotros. Para decirlo sin rodeos, sois miembros de la clase social más baja, animales peores que cerdos y perros. Hablando con franqueza, dirigirme a vosotros en tales términos no es excesivo ni exagerado, sino una forma de simplificar el asunto. Dirigirme a vosotros en tales términos es, en realidad, una forma de teneros respeto. Vuestra perspectiva, vuestro discurso, vuestra conducta como “hombres”, y todas las cosas de vuestra vida —incluido vuestro estatus en el barro— son suficientes para demostrar que vuestra identidad es “extraordinaria”.

de ‘La identidad inherente al hombre y su valor: ¿qué son?’ en “La Palabra manifestada en carne”

11. El hombre no está dispuesto a buscar a Dios, no está dispuesto a gastarse de sus pertenencias por Dios, y no está dispuesto a dedicar un esfuerzo de por vida a Dios, sino que en cambio dice que Dios se ha ido demasiado lejos, que mucho sobre Dios está en contradicción con las nociones del hombre. Con una humanidad como esta, aun cuando no hayáis escatimado en vuestros esfuerzos, seríais incapaces de ganaros la aprobación de Dios, por no decir nada del hecho de que vosotros no buscáis a Dios. ¿No sabéis que sois las mercancías defectuosas de la humanidad? ¿No sabéis que no existe humanidad más mísera que la vuestra? ¿No sabéis cuál es vuestro “título honorífico”? Los que verdaderamente aman a Dios os llaman el padre del lobo, la madre del lobo, el hijo del lobo, y el nieto del lobo; sois los descendientes del lobo, la gente del lobo, y vosotros debéis conocer vuestra propia identidad y nunca olvidarla. No penséis que sois alguna figura superior: vosotros sois el grupo más atroz de no humanos dentro de la humanidad. ¿Acaso no sabéis nada de esto? ¿Sabéis cuánto riesgo Yo he tomado al obrar entre vosotros? Si vuestro sentido no puede regresar a la normalidad, y vuestra conciencia no puede funcionar normalmente, entonces nunca os liberaréis del apelativo “lobo”, nunca escaparéis del día de la maldición, nunca os escaparéis del día de vuestro castigo. Vosotros habéis nacido inferiores, una cosa sin ningún valor. Vosotros sois inherentemente una manada de lobos hambrientos, un montón de escombros y basura, y, a diferencia de vosotros, Yo no obro sobre vosotros con el fin de obtener favores, sino por la necesidad de la obra. Si continuáis siendo rebeldes de esta manera, entonces detendré Mi obra, y no obraré nunca más sobre vosotros; por el contrario, transferiré Mi obra a otro grupo que me complazca, y de esta manera os dejaré para siempre, porque Yo no estoy dispuesto a mirar a los que están en enemistad conmigo. Así pues, ¿queréis ser compatibles conmigo, o estar en enemistad contra Mí?

de ‘Tener un carácter inalterable es estar en enemistad con Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

12. El ser humano, para ser más preciso, no es más que Mi enemigo. El ser humano es el maligno que me confronta y me desobedece. El ser humano no es sino la descendencia del maligno al que maldije. El ser humano no es otra cosa que el descendiente del arcángel que me traicionó. El ser humano es la herencia del diablo al que repudié hace mucho tiempo, quien desde entonces ha sido Mi enemigo irreconciliable. Sobre la raza humana, el cielo desciende, tenebroso y sombrío, sin un atisbo de claridad, y el mundo de los humanos está sumergido en una oscuridad total, de modo que cualquiera que vive en él no puede ni siquiera ver su mano extendida frente a su rostro, ni el sol al levantar la cabeza. El sendero debajo de sus pies, enlodado y lleno de baches, serpentea tortuosamente. Toda la tierra está cubierta de cadáveres. En los oscuros rincones reposan los restos de los fallecidos, y multitudes de demonios residen en los rincones fríos y sombríos. Y en el mundo de los hombres, los demonios van y vienen en hordas por doquier. Las progenies de todo tipo de bestias, cubiertas de inmundicia, se enfrentan en una batalla campal, cuyo sonido llena de espanto el corazón. En estos tiempos, en este mundo, en este “paraíso terrenal”, ¿dónde se buscan las dichas de la vida? ¿A dónde se va para hallar el destino de nuestras vidas? El ser humano, aplastado bajo los pies de Satanás desde hace mucho tiempo, desde el principio ha sido un actor que asume la imagen de Satanás; más aún, la personificación de Satanás, sirviendo como la prueba que da testimonio de Satanás, de forma clara y rotunda. ¿Cómo puede esta raza humana, este montón de escoria depravada, estos descendientes de esta familia humana corrupta, dar testimonio de Dios? ¿De dónde viene Mi gloria? ¿Dónde se puede comenzar a hablar de Mi testimonio? Porque el enemigo que, habiendo corrompido al ser humano, me confronta, ha tomado a la humanidad –el ser humano que Yo creé hace mucho tiempo, el que estaba lleno de Mi gloria y Mi vivir– y lo ha manchado. Ha arrebatado Mi gloria, y todo lo que le ha inyectado ha sido veneno, lo ha mezclado con la fealdad de Satanás, y el jugo del fruto del árbol del conocimiento del bien y el mal.

de ‘Lo que significa ser una verdadera persona’ en “La Palabra manifestada en carne”

13. “En el cielo, Satanás es Mi enemigo; en la tierra, el hombre es Mi adversario. Debido a la unión entre el cielo y la tierra, nueve generaciones de ellos deberían considerarse culpables por asociación”. Satanás es un enemigo de Dios; la razón por la que digo esto es que él no le corresponde a Dios por Su gran favor y Su bondad, sino que más bien “rema contra la corriente” y, al hacerlo, no cumple con su “piedad filial” hacia Dios. ¿No son también así las personas? Estas no muestran respeto filial a sus “padres” ni devuelven nunca el cuidado y el sustento de sus “padres”. Esto es adecuado para mostrar que las personas de la tierra son los parientes de Satanás en el cielo. El hombre y Satanás son de un corazón y una mente contra Dios y, por tanto, no es de extrañar que Dios implique a nueve generaciones como culpables por asociación y ninguna pueda ser perdonada.

de ‘Capítulo 38’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

14. No pasa un solo día sin que Dios llame a Su pueblo que está dormitando para salvarlo; pero todos se encuentran en un estado de pereza, como si hubieran tomado pastillas para dormir. Si Él no los despierta, ni siquiera por un momento vuelven a su estado de sueño, sin conciencia. Se diría que todo Su pueblo está paralizado en dos terceras partes. No conocen sus propias necesidades o deficiencias, ni siquiera saben qué deberían vestir o comer. Esto demuestra que el gran dragón rojo ha hecho un gran esfuerzo para corromper a las personas. Su fealdad se extiende hasta cada región de China. Incluso ha provocado que las personas se enojen y no estén dispuestas a quedarse más en este país decadente y vulgar. Lo que Dios más odia es la esencia del gran dragón rojo, que es la razón por la que Él recuerda a diario a las personas en Su ira, y estas viven bajo el ojo de la misma cada día. Aun así, la mayoría de las personas siguen sin saber buscar a Dios y simplemente se sientan ahí a mirar y esperar que les den de comer a mano. Aunque se estuvieran muriendo de hambre no estarían dispuestas a ir en busca de su propia comida. Hace mucho que Satanás corrompió la conciencia de las personas, la cual cambió en esencia para convertirse en un corazón frío. No es de extrañar que Dios dijera: “De no haberos Yo empujado, aún no habríais despertado, sino que habríais permanecido en un estado de congelación y, de nuevo, como en un estado de hibernación”. Es como si las personas fueran como animales en hibernación, que pasaban el invierno y sin pedir comer ni beber; esta es precisamente la condición actual del pueblo de Dios y, a su vez, la razón por la que Él sólo exige a las personas que conozcan al Dios mismo encarnado en la luz. Él no exige a las personas que cambien mucho ni que tengan un gran crecimiento en su vida. Con eso bastaría para derrotar al gran dragón rojo sucio e inmundo y, de esta forma, evidenciar aún más el gran poder de Dios.

de ‘Capítulo 13’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

15. Cuando Mi obra termine, ya no buscaré más este “alivio financiero” del hombre, sino que llevaré a cabo Mi función inherente, y derramaré todas “las cosas de Mi casa” sobre las personas para que las disfruten. Hoy, todos son examinados en medio de Mis pruebas. Cuando Mi mano llegue formalmente en medio del hombre, las personas ya no me mirarán con ojos de admiración, sino que me tratarán con odio; en este momento, Yo les arrancaré inmediatamente sus corazones para que sirvan de muestra. Yo escudriño el corazón del hombre bajo un “microscopio”; no hay amor verdadero por Mí allí. Durante años, las personas me han estado engañando y embaucando; resulta que su aurícula izquierda y su ventrículo derecho contienen el veneno del odio hacia Mí, y no es de extrañar, entonces, que Yo tenga una actitud así hacia ellas. Y sin embargo, siguen ignorando esto; ni siquiera lo reconocen. Cuando Yo les muestro los resultados de Mi investigación, siguen sin despertar; es como si, en sus mentes, todas estas cosas fueran asuntos del pasado, y no deberían mencionarse de nuevo hoy. Así pues, las personas simplemente miran los “resultados del laboratorio” con indiferencia. Devuelven la planilla, y se marchan a grandes zancadas. Además, dicen cosas como: “Estas no son importantes, no tienen ningún efecto sobre mi salud”. Esbozan una pequeña sonrisa de desprecio, y después hay una mirada ligeramente amenazante en sus ojos, como dando a entender que Yo no debería ser tan ingenuo, que debo ser más superficial. Es como si Mi revelación de sus secretos interiores hubiera quebrantado las “leyes” del hombre y, por tanto, se llenan más de odio hacia Mí. Sólo entonces veo la fuente del odio de las personas. Esto se debe a que cuando estoy mirando, su sangre está fluyendo, y tras pasar a través de las arterias de sus cuerpos entra en el corazón, y sólo en este momento hago un nuevo “descubrimiento”. Pero las personas no piensan nada de esto. Son completamente descuidadas, no piensan en lo que ganan o pierden, y con esto basta para mostrar su espíritu de devoción “abnegada”. No consideran el estado de su propia salud, y se “apresuran” por Mí. Esto es también su “fidelidad”, y lo que es “elogiable” de ellas, por lo que una vez más les envío una carta de “alabanza”, para que esto pueda hacerlas felices. Pero cuando leen esta “carta”, de inmediato se sienten un poco disgustados, porque todo lo que ellos hacen ha sido rechazado por Mi carta silenciosa. Siempre he dirigido a las personas según actúan, pero parece que aborrecen Mis palabras; por eso, tan pronto como Yo abro Mi boca, aprietan los ojos y ponen las manos sobre sus oídos. No me miran con respeto a causa de Mi amor, sino que siempre me han odiado, porque Yo he señalado sus deficiencias, y he dejado al descubierto todos los bienes en su posesión; por tanto, ellas registraron pérdidas en sus negocios, y sus medios de vida desaparecieron. Por tanto, su odio por Mí se incrementa a partir de esto.

de ‘Capítulo 32’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

16. La naturaleza de los hombres es que, si les queda un hilo de esperanza, no irán a Dios en busca de ayuda, sino que adoptarán métodos autosuficientes de supervivencia natural. Esto se debe a que la naturaleza de la humanidad es santurrona, y los hombres miran a todos por encima del hombro. Por tanto, Dios dijo: “Ni un solo ser humano ha sido capaz de amarme también estando en la comodidad. Ni una sola persona me ha tendido la mano en su momento de paz y felicidad para que Yo pudiera participar de su gozo”. Esto es realmente decepcionante: Dios creó a la humanidad, pero cuando Él viene al mundo humano los hombres buscan resistirle, lo expulsan de su territorio, como si Él fuera un huérfano vagabundo o una persona apátrida en el mundo. Nadie se siente atado a Dios ni lo ama realmente, ni ha recibido bien Su venida. En su lugar, cuando ven la venida de Dios, sus rostros gozosos se nublan en un abrir y cerrar de ojos, como si se acercara una tormenta repentina, como si Dios fuera a quitar la felicidad de su familia, como si nunca hubiera bendecido a la humanidad, sino que en su lugar le hubiera dado solamente infortunio. Por tanto, en las mentes de los hombres, Dios no es una ayuda para ellos, sino aquel que siempre los maldice; por tanto, los hombres no le prestan atención, no lo reciben bien, siempre son fríos hacia Él, y esto nunca ha cambiado. Como la humanidad tiene estas cosas en su corazón, Dios dice que es irracional e inmoral. Ni siquiera pueden percibirse en ella los “sentimientos” con los que los seres humanos están supuestamente equipados. La humanidad no muestra consideración alguna por los sentimientos de Dios, sino que usa la pretendida “justicia” para tratar con Dios. La humanidad ha sido así durante muchos años y, por esta razón, Dios ha dicho que el carácter de los hombres no ha cambiado. Esto acaba mostrando que no tienen más sustancia que unas pocas plumas.

de ‘Capítulo 14’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

17. El Dios del cielo ha venido a esta, la más sucia de las tierras de vicio, y nunca ha desahogado Sus agravios ni se ha quejado del hombre, sino que acepta en silencio los estragos[1] y la opresión del hombre. Nunca ha devuelto el golpe ante las exigencias poco razonables del hombre, nunca le ha hecho requerimientos excesivos ni irrazonables. Simplemente realiza toda la obra que requiere el hombre sin queja alguna: enseñar, iluminar, reprochar, el refinamiento de las palabras, recordar, exhortar, consolar, juzgar y revelar. ¿Cuál de Sus pasos no ha sido para la vida del hombre? Aunque ha eliminado las perspectivas y la suerte del hombre, ¿cuál de los pasos que Dios ha llevado a cabo no ha sido para su destino? ¿Cuál de ellos no ha sido por el bien de la supervivencia humana? ¿Cuál de ellos no ha sido para liberarlo del sufrimiento y la opresión de las fuerzas oscuras tan negras como la noche? ¿Cuál de ellos no es por el bien del hombre? ¿Quién puede entender el corazón de Dios, que es como el de una madre amorosa? ¿Quién puede entender el ansioso corazón de Dios? El apasionado corazón de Dios y Sus ardientes expectativas han recibido a cambio fríos corazones, miradas insensibles e indiferentes, con las reprimendas y los insultos repetidos del hombre, cortantes observaciones, sarcasmo y menosprecio; con el ridículo del hombre, con su pisoteo y su rechazo, con su malentendido, sus gemidos, su distanciamiento y su evitación; con nada más que engaños, ataques y amargura. Las palabras cálidas han sido enfrentadas con un ceño feroz y el frío desafío de mil dedos recriminatorios. Dios no puede sino soportar, con la cabeza inclinada, servir a las personas como un buey dispuesto.[2] Cuántos soles y lunas, cuántas veces ha mirado a las estrellas, se ha marchado al alba, ha regresado al anochecer, dando vueltas en la cama, ha soportado agonía mil veces mayores que el dolor de Su partida del lado de Su Padre, sufrido los ataques, la ruptura, la trata y la poda del hombre. La humildad y el ocultamiento de Dios se han visto correspondidos por el prejuicio[3] del hombre, con los criterios y el trato injustos del hombre y Su anonimato, Su paciencia y Su tolerancia han recibido a cambio la avariciosa mirada del hombre; este intenta golpear a Dios hasta la muerte, sin remordimiento, y pisotearlo en el suelo. La actitud del hombre en su trato hacia Dios es de “rara inteligencia”, y Dios, a quien el hombre intimida y desdeña, está aplastado bajo los pies de decenas de millares de personas; mientras tanto, el hombre mismo se levanta hasta lo más alto, como si quisiera ser el rey del castillo, tomar el poder absoluto,[4] recibir audiencia detrás de una pantalla, para dejar a Dios como el aplicado y cumplidor director entre bastidores, al que no se le permite defenderse ni causar problema; Dios interpreta el papel del “Último Emperador”, tiene que ser una marioneta,[5] desprovisto de toda libertad. Los hechos del hombre son impensables, ¿cómo, pues, está cualificado para exigirle a Dios tales o cuales cosas? ¿De qué manera está cualificado para proponerle sugerencias a Dios? ¿Cómo está cualificado para exigir que Dios se compadezca de sus debilidades? ¿De qué forma es apto para recibir la misericordia de Dios, Su magnanimidad y Su perdón, una y otra vez? ¿Dónde está su conciencia? Hace mucho que le rompió el corazón a Dios, que se lo dejó hecho pedazos. Dios vino en medio del hombre, rebosante de alegría y entusiasmo, y esperaba que el hombre fuera caritativo con Él, aunque sólo fuera con un poco de calidez. A pesar de ello, el corazón de Dios tarda en ser consolado por el hombre; lo único que ha recibido son un bombardeo[6] de ataques y tormento; el corazón del hombre es demasiado codicioso, su deseo demasiado grande; nunca puede ser saciado, siempre es tramposo e imprudente; nunca le permite a Dios libertad alguna ni derecho a la palabra, ni le deja a Dios más opción que someterse a la humillación, y permitir que el hombre lo manipule como quiera.

de ‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”

18. Desde la creación hasta ahora, Dios ha soportado demasiado de mucho dolor, y sufrido demasiado de muchos ataques. Sin embargo, incluso hoy, el hombre sigue sin flexibilizar sus exigencias a Dios, sigue escudriñándolo, sigue sin tener tolerancia hacia Él y no hace nada más que darle consejos, criticarlo y disciplinarlo, como si estuviera profundamente temeroso de que Dios tomara el camino equivocado, de que Dios en la tierra sea bruto y poco razonable, desenfrenado o que no sirva para nada. El hombre siempre tiene este tipo de actitud hacia Dios. ¿Cómo no iba a entristecerle? Al hacerse carne, Dios ha soportado un dolor y una humillación tremendos; ¿cuánto peor, pues, hacer que Él acepte las enseñanzas del hombre? Su llegada en medio del hombre lo ha despojado de toda libertad, como si estuviera encarcelado en el Hades, y ha aceptado la disección del hombre sin la más ligera resistencia. ¿No es esto vergonzoso? Al venir entre la familia de un hombre normal, Jesús ha sufrido la mayor injusticia. Más humillante aún es que se haya presentado en este polvoriento mundo, se haya humillado a sí mismo hasta las más bajas profundidades, y haya adoptado una carne de suprema cotidianeidad. Al convertirse en un insignificante ser humano, ¿no sufre el Dios Altísimo dificultades? ¿Y no es todo esto por la humanidad? ¿Ha habido veces en el que Él pensara en sí mismo? Después de ser rechazado y ejecutado por los judíos, ridiculizado y burlado por el pueblo, nunca se quejó a los cielos ni le protestó a la tierra. Hoy, esta tragedia de miles de años ha reaparecido entre estas personas que son como los judíos. ¿Acaso no cometen los mismos pecados? ¿Qué cualifica al hombre para recibir las promesas de Dios? ¿No se opone a Dios, y después acepta Sus bendiciones? ¿Por qué el hombre no se enfrenta nunca a la justicia ni busca la verdad? ¿Por qué no le interesa nunca lo que Dios hace? ¿Dónde está su justicia? ¿Dónde está su equidad? ¿Tiene las agallas de representar a Dios? ¿Dónde está su sentido de la justicia? ¿Cuánto de lo que el hombre ama también lo ama Dios? El hombre no puede distinguir la tiza del queso,[7] siempre confunde lo negro con lo blanco,[8] suprime la justicia y la verdad, y mantiene en alto lo inequitativo y lo injusto. Aleja la luz y retoza en medio de la oscuridad. Los que buscan la verdad y la justicia, en cambio ahuyentan la luz, los que buscan a Dios lo pisotean bajo sus pies, y se elevan a sí mismos al cielo. El hombre no es distinto a un bandido.[9] ¿Dónde está su razón? ¿Quién puede distinguir lo correcto de lo incorrecto? ¿Quién puede defender la justicia? ¿Quién está dispuesto a sufrir por la verdad? ¡Las personas son crueles y diabólicas! Han clavado a Dios en la cruz, aplauden y vitorean; sus gritos salvajes no cesan. Son como pollos y perros, se confabulan y se hacen cómplices. Han establecido su propio reino; su intromisión no ha dejado lugar sin perturbar; cierran los ojos y aúllan como locos sin cesar, enjaulados todos juntos, y una atmósfera turbia lo impregna todo; es bulliciosa y vivaz, y siguen emergiendo quienes se sujetan ciegamente a otros, sosteniendo todos ellos los “ilustres” nombres de sus antepasados. Hace mucho que estos perros y pollos relegaron a Dios al fondo de su mente, y nunca prestaron atención al estado del corazón de Dios. No es de sorprender que Dios diga que el hombre es como un perro o un pollo, un perro que ladra, y que hace que otro centenar de ellos aúllen. De esta forma, con mucho alboroto, ha traído la obra de Dios hasta el día de hoy, haciendo caso omiso a cómo sea la obra de Dios, si hay justicia, si Él tiene un lugar donde poner Su pie, de cómo es el mañana, de su propia soledad y de su propia inmundicia. El hombre no ha pensado nunca tanto en las cosas, no se ha preocupado jamás del mañana, y ha reunido todo lo que es beneficioso y precioso entre sus brazos, sin dejarle nada a Dios, excepto migajas y sobras.[10] ¡Qué cruel es la humanidad! No guarda ningún sentimiento para Dios, y después de devorar secretamente todo lo que es de Él, lo tira bien lejos detrás de sí, sin prestarle más atención a Su existencia. Disfruta de Dios, aunque se opone a Él, y lo pisotea bajo sus pies, aunque con la boca le da gracias y lo alaba. Ora a Dios y depende de Él, aunque también lo engaña. “Exalta” el nombre de Dios y mira Su rostro, aunque también se sienta en Su trono con descaro y desvergüenza, y juzga la “injusticia” de Dios. De su boca proceden las palabras de que está en deuda con Dios, y mira Sus palabras, aunque en su corazón le lanza improperios a Dios; es “tolerante” hacia Dios aunque lo oprime, y su boca dice que es por amor a Dios. En sus manos sostiene las cosas de Dios, y en su boca mastica la comida que Él le ha dado. Sin embargo, sus ojos fijan una mirada fría y sin emoción en Dios, como si deseara tragárselo por completo. Ve la verdad, pero insiste en decir que es el engaño de Satanás. Mira la justicia, pero la obliga a convertirse en autonegación; considera los hechos del hombre, pero insiste en que son lo que Dios es; contempla los dones naturales del hombre, pero insiste en que son la verdad; observa los hechos de Dios, pero insiste en que son arrogancia y presunción, bravatas y santurronería; cuando el hombre contempla a Dios, insiste en etiquetarlo como humano e intenta a toda costa colocarlo en el asiento de un ser creado que está confabulado con Satanás. Sabe perfectamente que son declaraciones de Dios, pero dirá que no son más que los escritos de un hombre. Sabe muy bien que el Espíritu se hace realidad en la carne, que Dios se hace carne, pero él afirma que esa carne es descendiente de Satanás. Sabe bien que Dios es humilde, y está escondido, pero él sólo declara que Satanás ha sido avergonzado, y Dios ha ganado. ¡Qué inútiles! ¡El hombre ni siquiera es digno de servir como perro guardián! No distingue entre lo negro y lo blanco, e incluso tergiversa deliberadamente lo negro, y lo hace blanco. ¿Pueden las fuerzas del hombre y sus asedios tolerar el día de la emancipación de Dios? Después de oponerse deliberadamente a Dios, al hombre no podría importarle menos, o incluso llega tan lejos como hasta entregarlo a la muerte, sin darle la más mínima oportunidad de mostrarse a sí mismo. ¿Dónde está la justicia? ¿Dónde está el amor? Él se sienta junto a Dios, y lo obliga a ponerse de rodillas para pedir perdón, obedecer todas sus disposiciones, asentir a todas sus maniobras, y hace que Dios siga sus señales en todo lo que hace o si no se pone furioso[11] y monta en cólera. ¿Cómo no iba a sentirse Dios apesadumbrado bajo semejante influencia de oscuridad que tergiversa lo negro con blanco? ¿Cómo no iba a preocuparse? ¿Por qué se dice que cuando Dios inició Su última obra fue como el amanecer de una nueva época? Los hechos del hombre son tan “ricos”, los “ríos de agua viva que fluyen eternamente” “reabastecen” sin cesar el campo del corazón humano, mientras que el “río de agua viva” del hombre compite contra Él sin escrúpulo;[12] ambos son irreconciliables, y este provee con impunidad a las personas en lugar de Dios, mientras que el hombre colabora con ello sin considerar los peligros implicados. ¿Y con qué resultados? Con frialdad echa a Dios a un lado y lo coloca lejos, donde las personas no lo tengan en cuenta, profundamente temeroso de que pueda llamar su atención y con gran miedo a que el río de agua viva de Dios incite y gane al hombre. Así, tras experimentar muchos años de preocupaciones mundanas, se confabula e intriga en contra de Dios, y hasta lo convierte en el blanco de su reprobación. Es como si Dios se hubiera convertido en una viga en su ojo; está desesperado por agarrarlo, y colocarlo en el fuego para que sea refinado y purificado. Viendo la incomodidad de Dios, el hombre se golpea el pecho y se ríe, baila de gozo y dice que Él ha sido sumido también en el refinamiento, y que quemará las impurezas de Dios hasta limpiarle la suciedad, como si sólo esto fuera racional y sensato, como si sólo estos fueran los métodos justos y razonables del cielo. Esta violenta conducta del hombre parece deliberada e inconsciente a la vez. El hombre revela su fea cara y su odiosa e inmunda alma, así como la apariencia lastimosa de un mendigo. Después de desmandarse a lo largo y ancho, adopta un aspecto patético, y suplica el perdón del cielo como un perrito faldero sumamente lastimoso. El hombre siempre actúa de maneras inesperadas, siempre “cabalga sobre un tigre para asustar a los demás”,[d] siempre está actuando un papel, no tiene la menor consideración por el corazón de Dios ni establece comparación alguna con su propio estatus. Sencillamente se opone a Dios en silencio, como si Él lo hubiera ofendido, y no debiera tratarlo así; como si el cielo no tuviera ojos y le pusiera las cosas difíciles a propósito. Así, el hombre siempre lleva a cabo sus crueles complots en secreto, y no relaja en lo más mínimo sus exigencias a Dios, mirando con ojos depredadores, fijamente enfurecido por cada movimiento de Dios, sin nunca pensar que es Su enemigo, y en la espera de que llegue el día en que Dios disipe la niebla, aclare las cosas, lo salve de las “fauces del tigre” y se vengue en su nombre. Incluso hoy, las personas siguen sin pensar que están jugando el papel de oposición a Dios que tantos han venido interpretando a lo largo de los siglos. Cómo podían saber que, en todo lo que hacen, llevan mucho tiempo ya extraviados; que los mares se han tragado, hace mucho, todo lo que entendían.

de ‘Obra y entrada (9)’ en “La Palabra manifestada en carne”

19. Que la humanidad haya progresado hasta aquí es una situación sin precedente. La obra de Dios y la entrada del hombre avanzan hombro con hombre y, así, la obra de Dios es también una gran ocasión sin paralelo. Hasta la fecha, la entrada del hombre es un prodigio nunca antes imaginado por el hombre. La obra de Dios ha alcanzado su cenit y, posteriormente, la “entrada” del hombre[13] también ha alcanzado su apogeo. Dios se ha rebajado tanto como ha podido, y nunca ha protestado ante la humanidad ni ante todas las cosas del universo. Mientras tanto, el hombre se coloca sobre la cabeza de Dios, y lo oprime hasta lo máximo; todo ha llegado a su máximo nivel, y es hora de que aparezca el día de la justicia. ¿Por qué seguir dejando que la penumbra cubra la tierra, y la oscuridad envuelva a todos los pueblos? Dios ha observado durante varios miles de años —incluso decenas de millares de años—, y hace mucho que Su tolerancia ha llegado a su límite. Ha estado observando cada movimiento de la humanidad, durante cuánto tiempo se desmandaría la injusticia del hombre; a pesar de ello, el hombre, que lleva mucho tiempo ya insensibilizado, no siente nada. ¿Y quién ha observado jamás los hechos de Dios? ¿Quién ha alzado alguna vez sus ojos y ha mirado en la distancia? ¿Quién ha escuchado en algún momento con atención? ¿Quién ha estado jamás en las manos del Todopoderoso? Las personas están todas plagadas de temores imaginarios.[14] ¿Qué uso tiene un montón de heno y paja? Lo único que pueden hacer es torturar al Dios vivo y encarnado hasta la muerte. Aunque no son más que montones de heno y paja, sigue habiendo una cosa que hacen “mejor que nada”:[15] torturar a Dios en carne viva y hasta la muerte, y después gritar que eso “alegra el corazón de las personas”. ¡Qué ejército de gambas y generales cangrejos!* Increíblemente, en medio de un flujo incesante de personas, centran su atención en Dios, lo rodean de un impenetrable bloqueo. Su fervor arde cada vez más,[16] han cercado a Dios en hordas, para que no pueda moverse ni un milímetro. En sus manos, sostienen todo tipo de armas y miran a Dios como si contemplaran a un enemigo, con los ojos llenos de ira; rabian por “descuartizar a Dios”. Qué desconcertante: ¿Por qué se han convertido el hombre y Dios en enemigos tan irreconciliables? ¿Podría ser que hubiera rencor entre el Dios más encantador y el hombre? ¿Podría ser que las acciones de Dios no tengan beneficio alguno para el hombre? ¿Perjudican al hombre? Este fija una mirada inquebrantable en Dios, profundamente temeroso de que traspase el bloqueo del hombre, regrese al tercer cielo y, una vez más, eche al hombre en la mazmorra. El hombre recela de Dios, está en ascuas y se arrastra por el suelo a cierta distancia; sostiene una “ametralladora” apuntando al Dios en medio del hombre. Es como si, a la menor agitación de Dios, el hombre se lo quitara todo: Su cuerpo entero y todo lo que Él viste, sin dejar nada atrás. La relación entre Dios y el hombre está más allá de toda reparación. Dios es incomprensible para el hombre; mientras tanto, este cierra los ojos deliberadamente, se hace el tonto, sin la mejor disposición a ver Mi existencia, y sin perdonar Mi juicio. Así, cuando el hombre no lo espere, Yo me iré volando en silencio, y dejaré de comparar quién es elevado entre los hombres y quién es bajo. La humanidad es el “animal” más bajo de todos, y Yo ya no deseo tenerlo en cuenta. Hace ya mucho que he devuelto la totalidad de Mi gracia al lugar donde Yo resido apaciblemente; dado que el hombre es tan desobediente, ¿qué razón tiene de disfrutar más de Mi preciosa gracia?

de ‘Obra y entrada (10)’ en “La Palabra manifestada en carne”

20. Aunque la obra de Dios es rica y abundante, la entrada del hombre es muy deficiente. De la “empresa” conjunta del hombre y Dios, casi toda ella es la obra de Dios; respecto a cuánto ha entrado el hombre, casi no tiene nada de ella que mostrar. El hombre, tan empobrecido y ciego, incluso mide su fuerza contra el Dios de hoy con “armas antiguas” en sus manos. Estos “simios primitivos” apenas son capaces de caminar rectos, y no hallan vergüenza alguna en su cuerpo “desnudo”. ¿Qué los cualifica para evaluar la obra de Dios? Los ojos de muchos de estos monos de cuatro extremidades se llenan de rabia, y se enfrentan a Dios con antiguas armas de piedra en sus manos, intentan iniciar una competición de los hombres simios, cuya semejanza el mundo no ha visto nunca antes; celebrar una competición de los últimos días entre los hombres simios y Dios que se hará famosa por toda la tierra. Además, muchos de estos antiguos hombres monos medio erguidos rebosan de complacencia. Con el pelo enmarañado que cubre sus rostros, están llenos de intenciones asesinas y levantan sus patas delanteras. Todavía tienen que evolucionar por completo y ser un hombre moderno, así que unas veces se yerguen, y otras se arrastran; gotas de sudor cubren su frente como partículas de rocío estrechamente agrupadas. Su avidez es manifiesta. Al contemplar al prístino y ancestral hombre mono, su compañero, que se mantiene sobre los cuatro —sus cuatro— miembros voluminosos y lentos, apenas capaces de evitar los golpes y sin fuerzas para defenderse, escasamente pueden contenerse. En un abrir y cerrar de ojos —antes de que dé tiempo a ver lo sucedido—, el “héroe” se desploma patas arriba en el ring. Esas extremidades, erróneamente plantadas sobre el suelo durante todos aquellos años, de repente han sido puestas del revés, y el hombre mono ya no tiene deseo alguno de resistir. Desde esta vez en adelante, el más antiguo de los hombres monos es borrado de la faz de la tierra; es verdaderamente “penoso”. Este hombre simio antiguo llegó a un final tan repentino. ¿Por qué tuvo que precipitarse tan pronto desde el maravilloso mundo del hombre? ¿Por qué no discutió el siguiente paso de estrategia con sus compañeros? ¡Qué lástima que se despidiera del mundo sin dejar el secreto de medir la fuerza propia contra Dios! ¡Qué desconsiderado por parte de un viejo hombre simio, morir sin un susurro, marcharse sin transmitir la “antigua cultura y las artes” a sus descendientes! No hubo tiempo para que llamara a sus más cercanos a su lado, para hablarles de su amor; no dejó mensaje alguno en tabla de piedra, no discernió sol-cielo ni dijo nada de su indecible dificultad. Cuando expiró su último aliento, no llamó a sus descendientes junto a su cuerpo moribundo para decirles “no subáis al ring para retar a Dios”, antes de cerrar sus ojos, con los cuatro miembros rígidos y alzados para siempre como las ramas del árbol apuntan al cielo. Parecería que su muerte hubiera sido amarga… De repente, una rugiente risotada estalla desde debajo del ring; uno de los hombres mono, medio erguido, está fuera de sí; sostiene un “garrote de piedra” para cazar antílopes u otra presa salvaje más avanzado que el del viejo hombre mono; salta al ring, lleno de rabia, con un plan bien pensado en mente.[17] Es como si hubiera hecho algo meritorio. Con la “fuerza” de su garrote de piedra se las arregla para mantenerse erguido durante “tres minutos”. ¡Qué grande es el “poder” de su tercera “pierna”! Mantuvo al gran hombre mono, torpe, necio y medio erguido, en pie durante tres minutos; no es de sorprender que este viejo hombre simio venerable[18] sea tan dominante. En efecto, el antiguo instrumento de piedra “hace honor a su reputación”: Tiene mango, filo y punta; el único defecto es la falta de brillo del filo; ¡qué lamentable! Contempla de nuevo al “pequeño héroe” de los tiempos antiguos, de pie en el ring, que mira a los que están abajo con ojos desdeñosos, como si fueran impotentes seres inferiores, y él fuera el héroe gallardo. En su corazón, detesta secretamente a aquellos que están delante del escenario. “El país está en apuros, y cada uno de nosotros es responsable; ¿por qué os mantenéis al margen? ¿No será que veis que el país se enfrenta a la catástrofe, pero no tomaréis parte en una batalla sangrienta? El país está al borde de la catástrofe; ¿por qué no sois los primeros en mostrar preocupación, y los últimos en divertiros? ¿Cómo podéis soportar ver malograrse el país y a su gente caer en la decadencia? ¿Estáis deseosos de llevar la vergüenza de la subyugación nacional? ¡Qué pandilla de inútiles!”. Mientras piensa esto, estallan peleas delante del escenario y sus ojos se vuelven cada vez más furiosos, como si estuvieran a punto de lanzar[19] llamas. Ansía que Dios falle antes de la pelea, desesperado por matar a Dios para alegrar a las personas. No tiene la menor idea de que, aunque su herramienta de piedra pueda tener merecida fama, nunca podría confrontar a Dios. Antes de tener tiempo de defenderse, de tumbarse y de volver a ponerse en pie, se balancea hacia adelante y hacia atrás, perdida la vista de ambos ojos. Se desploma junto a su viejo ancestro, y no vuelve a levantarse; aprieta estrechamente al ancestral hombre mono, y no grita más: reconoce su inferioridad y ya no tiene deseo alguno de resistirse. Esos dos pobres hombres simios mueren delante del ring. ¡Qué lamentable que los antepasados de la humanidad, que han sobrevivido hasta el día presente, murieran en la ignorancia el día cuando apareció el Sol de justicia! ¡Qué necio es haber dejado que tan gran bendición pasara de largo por su lado, que el día de su bendición, los hombres monos que han aguardado durante miles de años se hayan llevado las bendiciones al Hades, para “disfrutar” con el rey de los diablos! ¿Por qué no conservar estas bendiciones en el mundo de los vivos para disfrutarlas con sus hijos e hijas? ¡Sólo se buscan problemas! ¡Qué desperdicio! Por amor a un pequeño estatus, reputación y vanidad, sufren el infortunio de ser asesinados; se apresuran por ser los primeros en abrir las puertas del infierno, y convertirse en sus hijos. ¡Semejante precio es tan innecesario! ¡Qué pena que esos viejos ancestros, tan “llenos de espíritu nacional”, pudieran ser tan “estrictos consigo mismos, pero tan tolerantes con los demás”, encerrándose en el infierno y dejando fuera a esos impotentes seres inferiores! ¿Dónde se puede encontrar a “representantes del pueblo” como estos? Por amor al “bienestar de su descendencia” y la “vida apacible de generaciones futuras”, no permiten que Dios interfiera y, por tanto, no prestan atención alguna a sus propias vidas. Sin restricciones, se dedican a la “causa nacional”, y entran al Hades sin una palabra. ¿Dónde puede encontrarse semejante nacionalismo? Batallan contra Dios, no temen a la muerte ni al derramamiento de sangre, y mucho menos se preocupan por el mañana. Sencillamente, se dirigen al campo de batalla. ¡Qué lástima que lo único que consiguen por su “espíritu de entrega” sea el pesar eterno y consumirse en las llamas siempre ardientes del infierno!

de ‘Obra y entrada (10)’ en “La Palabra manifestada en carne”

21. He pasado muchos días y noches con el hombre, he residido en el mundo con él y nunca le he exigido nada más. Simplemente lo guío siempre hacia adelante; no hago más que guiarlo y, por el bien del destino de la humanidad, llevo a cabo incesantemente el trabajo de planificación. ¿Quién ha entendido alguna vez la voluntad del Padre celestial? ¿Quién ha viajado entre el cielo y la tierra? Ya no deseo pasar con el hombre su “vejez”, porque es demasiado anticuado; no entiende nada. Sólo sabe atiborrarse en el banquete que he dispuesto, manteniéndose al margen de todo lo demás, y sin pensar en ningún otro asunto. La humanidad es demasiado mezquina; el clamor, la desesperanza y el peligro entre los hombres son demasiado grandes y, por tanto, no deseo compartir los preciosos frutos del triunfo ganado durante los últimos días. Que el hombre disfrute de las ricas bendiciones que él mismo ha creado, porque no me da la bienvenida. ¿Por qué debería Yo obligarlo a fingir una sonrisa? Cada esquina del mundo está desprovista de calidez, no hay rastro de primavera en sus paisajes porque, como el animal que vive en el agua, el hombre no tiene el más ligero calor. Es como un cadáver, y hasta la sangre que corre por sus venas es como el hielo que congela el corazón. ¿Dónde está la calidez? El hombre clavó a Dios en la cruz sin razón y, después, no sintió los más mínimos reparos. Nadie ha sentido nunca pesar, y esos crueles tiranos siguen planeando una vez más “capturar vivo”[20] al Hijo del hombre, y ponerlo ante un batallón de fusilamiento, para poner fin al odio que hay en sus corazones. ¿Qué beneficio existe en quedarme en esta tierra peligrosa? Si me quedo, lo único que le acarrearé al hombre es conflicto y violencia, y no el final del problema, porque nunca le he traído paz, sino guerra. Los últimos días de la humanidad deben estar llenos de guerra y el destino del hombre debe caer en medio de la violencia y del conflicto. No estoy dispuesto a “compartir” el “deleite” de la guerra; no acompañaré el derramamiento de sangre y el sacrificio del hombre, porque su rechazo me ha llevado al “abatimiento”, y no tengo corazón para contemplar las guerras del hombre. Que pelee para satisfacción de su corazón. Yo deseo descansar; quiero dormir. ¡Que los demonios sean los compañeros de la humanidad durante sus últimos días!

de ‘Obra y entrada (10)’ en “La Palabra manifestada en carne”

22. En vuestra búsqueda tenéis demasiadas nociones, esperanzas y futuros individuales. La obra presente es para tratar con vuestro deseo de estatus y vuestros deseos extravagantes. Las esperanzas, el deseo de[e] estatus y las nociones son, todos ellos, representaciones clásicas del carácter satánico. La razón de que estas cosas existan en el corazón de las personas se debe, por completo, a que el veneno de Satanás siempre está corroyendo los pensamientos de las personas, y estas no son nunca capaces de sacudirse esas tentaciones satánicas. Viven en medio del pecado, sin embargo, no creen que sea pecado, y siguen creyendo: “Creemos en Dios, así que Él debe conceder bendiciones sobre nosotros y disponerlo todo para nosotros de la forma adecuada. Creemos en Dios, así que debemos ser superiores a los demás, y tener más estatus y más futuro que cualquier otro. Dado que creemos en Dios, Él debe proporcionarnos bendiciones ilimitadas. De otro modo, no lo denominaríamos creer en Dios”. Durante muchos años, los pensamientos en los que se han apoyado las personas para sobrevivir han corroído sus corazones hasta el punto de volverse astutas, cobardes y despreciables. No sólo carecen de fuerza de voluntad y determinación, sino que también se han vuelto avariciosos, arrogantes y obstinados. Carecen absolutamente de cualquier determinación que trascienda el yo, más aún, no tienen ni una pizca de valor para sacudirse la esclavitud de esas influencias oscuras. Los pensamientos y la vida de las personas están podridos, sus perspectivas de creer en Dios siguen siendo insoportablemente feas, e incluso cuando las personas hablan de sus perspectivas de la creencia en Dios, sencillamente es insoportable de oír. Todas las personas son cobardes, incompetentes, despreciables, a la vez que frágiles. No sienten repugnancia por las fuerzas de la oscuridad ni amor por la luz y la verdad, sino que hacen lo máximo por expulsarlas. ¿No son vuestros pensamientos y vuestras perspectivas actuales exactamente así? “Como creo en Dios, deberían lloverme las bendiciones y se me tendría que asegurar que mi estatus nunca bajará y que es superior al de los incrédulos”. No habéis estado albergando ese tipo de perspectiva en vuestro interior durante uno o dos años solamente; ha estado ahí durante muchos años. Vuestra mentalidad transaccional está exageradamente desarrollada. Aunque habéis llegado hoy hasta esta etapa, seguís sin renunciar al estatus, y en su lugar estáis luchando siempre para “inquirir” sobre él y observarlo a diario, con el profundo temor de que un día vuestro estatus se pierda y que vuestro nombre quede perjudicado. Las personas nunca han dejado a un lado su deseo de comodidad.

de ‘¿Por qué no estás dispuesto a ser un contraste?’ en “La Palabra manifestada en carne”

23. La creencia en Dios que las personas tienen busca hacer que Dios les dé un destino adecuado, que les dé toda la gracia bajo el sol, hacer que Dios sea su sirviente, hacer que Dios mantenga con ellas una relación pacífica y amigable y que nunca haya ningún conflicto entre ellos. Es decir, su creencia en Dios exige que Dios prometa cumplir todas sus demandas y que les otorgue todo por lo que oran, tal como dice en la Biblia: “Escucharé todas vuestras oraciones”. Exigen que Dios no juzgue a nadie ni trate a nadie, ya que Dios siempre es el bondadoso Salvador Jesús quien mantiene una buena relación con las personas en todos los tiempos y en todos los lugares. La manera en la que creen en Dios es así: Siempre le piden cosas a Dios descaradamente y Dios simplemente les otorga todo a ciegas, sean rebeldes u obedientes. Ellas simplemente demandan continuamente el reembolso de una “deuda” por parte de Dios y Dios debe “pagar Su deuda” sin ninguna resistencia, y reembolsar el doble, ya sea que haya obtenido algo de ellas o no. Él sólo puede estar a su merced; Él no puede arbitrariamente orquestar a las personas, mucho menos puede revelar Su antigua sabiduría escondida y Su carácter justo a las personas cuando Él quiera, sin su permiso. Sólo le confiesan a Dios sus pecados y Dios sólo las absuelve y no puede cansan de hacerlo; esto sigue para siempre. Ellas simplemente le dan órdenes a Dios y Él sólo obedece, como se registra en la Biblia que Dios no vino a ser servido por el hombre, sino a servir, y que Él vino a ser el siervo del hombre. ¿No habéis creído siempre de esta manera? Cuando no podéis obtener nada de Dios entonces queréis huir. Y cuando no entendéis algo, os sentís demasiado resentidos e incluso llegáis tan lejos como para lanzar toda clase de insultos. Simplemente no le permitiréis a Dios mismo expresar completamente Su sabiduría y maravilla, sino que en lugar de eso sólo queréis disfrutar la comodidad y el confort temporales. Hasta ahora, vuestra actitud en vuestra creencia en Dios ha sido la misma opinión antigua. Si Dios os muestra sólo un poco de majestad os ponéis tristes; ¿veis ahora exactamente cómo es vuestra estatura? No penséis que todos vosotros sois leales a Dios cuando, de hecho, vuestras antiguas opiniones no han cambiado. Cuando nada malo te sucede, piensas que todo es cosa fácil y amas a Dios hasta las cimas más altas. Pero cuando algo pequeño te sucede, caes en el infierno. ¿Estás con ello siendo leal a Dios?

de ‘Deberías desechar las bendiciones del estatus y entender la voluntad de Dios para la salvación del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

24. Mis acciones son mayores en número que los granos de arena sobre las playas y Mi sabiduría mayor que todos esos hijos de Salomón, pero ¡los hombres simplemente me consideran como un médico de poca monta y un desconocido maestro del hombre! ¿Cuántos creen en Mí sólo para que los sane? ¿Cuántos creen en Mí sólo para que use Mis poderes para expulsar espíritus inmundos de sus cuerpos? ¿Y cuántos creen en Mí simplemente para recibir de Mí la paz y el gozo? ¿Cuántos creen en Mí sólo para demandar de Mí más riqueza material y cuántos creen en Mí sólo para pasar esta vida con seguridad y para estar sanos y salvos en el mundo por venir? ¿Cuántos creen en Mí sólo para evitar el sufrimiento del infierno y recibir las bendiciones del cielo? ¿Cuántos creen en Mí sólo por una comodidad temporal, pero no buscan obtener nada en el mundo por venir? Cuando hice descender Mi furia sobre el hombre y le quité todo el gozo y la paz que originalmente poseía, el hombre se volvió confuso. Cuando le di al hombre el sufrimiento del infierno y recuperé las bendiciones del cielo, la vergüenza del hombre se convirtió en ira. Cuando el hombre me pidió que lo sanara, pero Yo no le respondí y sentí aborrecimiento por él, el hombre se apartó de Mí y buscó el camino de los doctores brujos y de la hechicería. Cuando le quité al hombre todo lo que me había exigido, desapareció sin dejar rastro. Por lo tanto, digo que el hombre tiene fe en Mí porque doy demasiada gracia y tiene demasiado que ganar.

de ‘¿Qué sabes de la fe?’ en “La Palabra manifestada en carne”

25. Hoy, lo que habéis llegado a entender es más alto que cualquier persona en toda la historia que no fue hecha perfecta. Sea vuestro conocimiento de las pruebas o la creencia en Dios, ambos son más altos que los de cualquier creyente en Dios. Las cosas que entendéis son lo que llegáis a conocer antes de que experimentéis las pruebas de los ambientes, pero vuestra estatura real es completamente incompatible con ellas. Lo que sabéis es más alto que lo que ponéis en práctica. Aunque decís que las personas que creen en Dios deben amar a Dios, y deben luchar no por las bendiciones sino sólo para satisfacer la voluntad de Dios, lo que se manifiesta en vuestras vidas es infinitamente diferente a esto y ha sido enormemente contaminado. La mayoría de las personas creen en Dios por buscar la paz y otros beneficios. A menos que sea para tu beneficio, no crees en Dios, y si no puedes recibir las gracias de Dios, te pones de mal humor. ¿Cómo puede esta ser tu verdadera estatura lo que has dicho? Cuando se trata de incidentes familiares inevitables, tales como niños que se enferman, seres queridos que van al hospital, bajos rendimientos de los cultivos, persecución por miembros de la familia, ni siquiera puedes sobreponerte a estas cosas que a menudo suceden en la vida cotidiana. Cuando tales cosas suceden, caes en pánico, no sabes qué hacer, y la mayor parte del tiempo te quejas de Dios. Te quejas de que las palabras de Dios te engañaron, que la obra de Dios ha jugado contigo. ¿No tenéis tales pensamientos? ¿Piensas que tales cosas suceden entre vosotros sólo pocas veces? Pasáis todos los días viviendo en medio de tales eventos. No le dais el más mínimo pensamiento al éxito de vuestra fe en Dios y cómo satisfacer la voluntad de Dios. Vuestra verdadera estatura es demasiado pequeña, incluso más pequeña que la de un pollito. Cuando el negocio de vuestra familia pierde os quejáis de Dios, cuando os encontráis en un ambiente sin la protección de Dios todavía os quejáis de Dios; os quejáis incluso cuando uno de vuestros pollos muere o una vieja vaca en el corral enferma, os quejáis cuando es tiempo de que vuestro hijo se case pero vuestra familia no tiene suficiente dinero, y cuando los obreros de la iglesia comen un par de comidas en tu casa, pero la iglesia no te reembolsa o nadie te envía verduras, también te quejas. Tu vientre está atiborrado, lleno de quejas, y a veces no vas a las reuniones ni comes ni bebes las palabras de Dios por causa de esto; es probable que seas negativo por un largo periodo de tiempo. Nada de lo que te pasa hoy tiene ninguna relación con tus perspectivas o destino; estas cosas sucederían aunque no creyeras en Dios, pero hoy le pasas la responsabilidad de ellas a Dios e insistes en decir que Dios te ha eliminado. ¿Qué de tu creencia en Dios, realmente has ofrecido tu vida? Si sufrierais las mismas pruebas que Job, ninguno entre vosotros que seguís a Dios hoy podríais permanecer firmes, todos vosotros caeríais. Y es que hay, sencillamente, un mundo de diferencia entre vosotros y Job. Hoy, si la mitad de vuestros bienes fuera incautada os atreveríais a negar la existencia de Dios; si os quitaran a vuestro hijo o hija, correríais por las calles poniendo el grito en el cielo; si tu única manera de ganarte la vida llegara a un callejón sin salida, intentarías polemizar con “Dios”, preguntarías por qué al principio dije tantas palabras para asustarte. No hay nada que no os atreveríais a hacer en tales momentos. Esto muestra que no habéis obtenido ningún verdadero entendimiento y que no tenéis verdadera estatura. De esta manera, las pruebas en vosotros son demasiado grandes, porque sabéis demasiado, pero lo que verdaderamente entendéis no es ni siquiera una milésima de lo que estáis conscientes. No os detengáis en la mera comprensión y conocimiento; mejor deberíais ver qué tanto podéis verdaderamente poner en práctica, qué tanto es el esclarecimiento e iluminación del Espíritu Santo que se ganó a través del sudor de vuestro propio arduo trabajo y en cuántas de vuestras prácticas habéis materializado vuestra propia resolución. Debes tomar en serio tu estatura y práctica. En tu creencia en Dios, no deberías tratar de cumplir con formalidades por causa de alguien, el que puedas o no finalmente obtener la verdad y la vida depende de tu propia búsqueda.

de ‘Práctica (3)’ en “La Palabra manifestada en carne”

26. Esperas que tu fe en Dios no acarree ningún reto o tribulación o la más mínima dificultad. Siempre buscas aquellas cosas que no tienen valor, y no le fijas ningún valor a la vida, poniendo en cambio tus propios pensamientos extravagantes antes que la verdad. ¡Eres tan despreciable! Vives como un cerdo, ¿qué diferencia hay entre ti y los cerdos y los perros? ¿No son todos los que no buscan la verdad, y en cambio aman la carne, unas bestias? ¿No son todos esos muertos sin espíritus los cadáveres vivientes? ¿Cuántas palabras se han hablado entre vosotros? ¿Se ha hecho sólo poco de obra entre vosotros? ¿Cuánto he provisto entre vosotros? ¿Y por qué no lo has obtenido? ¿De qué tienes que quejarte? ¿No es el caso de que no has obtenido nada porque estás demasiado enamorado de la carne? ¿Y no es porque tus pensamientos son muy extravagantes? ¿No es porque eres muy estúpido? Si no puedes obtener estas bendiciones, ¿puedes culpar a Dios por no salvarte? Lo que buscas es poder ganar la paz después de creer en Dios, que tus hijos no se enfermen, que tu esposo tenga un buen trabajo, que tu hijo encuentre una buena esposa, que tu hija encuentre un esposo decente, que tu buey y tus caballos aren bien la tierra, que tengas un año de buen clima para tus cosechas. Esto es lo que buscas. Tu búsqueda es sólo para vivir en la comodidad, para que a tu familia no le sucedan accidentes, para que los vientos te pasen de largo, para que el polvillo no toque tu cara, para que las cosechas de tu familia no se inunden, para que no te afecte ningún desastre, para vivir en el abrazo de Dios, para vivir en un nido acogedor. Un cobarde como tú, que siempre busca la carne, ¿tienes corazón, tienes espíritu? ¿No eres una bestia? Yo te doy el camino verdadero sin pedirte nada a cambio, pero no buscas. ¿Eres uno de los que creen en Dios? Te otorgo la vida humana real, pero no la buscas. ¿Es que no puedes ser diferente a un cerdo o a un perro? Los cerdos no buscan la vida del hombre, no buscan ser limpiados y no entienden lo que es la vida. Cada día, después de hartarse de comer, simplemente se duermen. Te he dado el camino verdadero, pero no lo has obtenido: tienes las manos vacías. ¿Estás dispuesto a seguir en esta vida, la vida de un cerdo? ¿Qué significado tiene que tales personas estén vivas? Tu vida es despreciable y vil, vives en medio de la inmundicia y el libertinaje y no persigues ninguna meta; ¿no es tu vida la más innoble de todas? ¿Tienes las agallas para mirar a Dios? Si sigues teniendo esa clase de experiencia ¿vas a conseguir algo? El camino verdadero se te ha dado, pero que al final puedas o no ganarlo depende de tu propia búsqueda personal.

de ‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”

27. Siempre que se menciona el destino lo tratáis con especial seriedad; todos vosotros sois particularmente sensibles en relación con este asunto. Algunas personas no pueden esperar a postrarse delante de Dios con el fin de conseguir un buen destino. Puedo identificarme con vuestra ansiedad, que no necesita expresarse en palabras. No queréis, en absoluto, que vuestra carne caiga en desgracia y, más aún, no queréis hundiros en el castigo perdurable en el futuro. Sólo esperáis vivir de un modo más libre y fácil. Así que os sentís particularmente angustiados cuando se menciona el destino y teméis profundamente que, si no estáis lo bastante atentos, podéis ofender a Dios y estar sujetos a la merecida retribución. No habéis dudado en transigir en cosas por el bien de vuestro destino, y muchos de vosotros que una vez fuisteis taimados y frívolos os habéis vuelto de repente especialmente amables y sinceros; vuestra sinceridad es, incluso, escalofriante. Independientemente de esto, todos vosotros tenéis corazones “honestos” y, de principio a fin, os habéis abierto a Mí sin esconder ninguno de los secretos de vuestro corazón, ya fuera la culpa, el engaño o la devoción. En general, me habéis “confesado” con gran franqueza esas cosas esenciales que tenéis en vuestros escondrijos más profundos. Por supuesto, nunca he evitado Yo tales cosas porque se han convertido en algo común y corriente para Mí. Preferiríais entrar en el mar de fuego por vuestro destino final que perder un solo mechón de cabello para obtener la aprobación de Dios. No es que esté siendo demasiado dogmático con vosotros; es que vuestro corazón de devoción es especialmente inadecuado para afrontar cualquier cosa que Yo hago. Es posible que no entendáis lo que quiero decir, así que dejadme proporcionaros una simple explicación: lo que necesitáis no es la verdad y la vida; no son los principios de cómo conduciros y, sobre todo, no es Mi laboriosa obra. Lo que necesitáis es todo lo que poseéis en la carne: riqueza, estatus, familia, matrimonio, etc. Tenéis una actitud totalmente desdeñosa hacia Mis palabras y Mi obra, de manera que puedo resumir vuestra fe en una palabra: tibia. Haríais cualquier cosa por lograr las cosas a las que estáis absolutamente dedicados, pero he descubierto que no lo desatendéis todo por el bien de los asuntos concernientes a vuestra creencia en Dios. Más bien sois relativamente fieles y serios. Por esta razón afirmo que quienes carecen de un corazón de absoluta sinceridad son un fracaso en su creencia en Dios. Pensad con cuidado: ¿Hay muchos fracasados entre vosotros?

Deberíais saber que el éxito en creer en Dios se logra debido a las propias acciones de las personas; cuando estas no tienen éxito, sino que fracasan, también se debe a sus propias acciones y no al impacto de otros factores. Creo que haríais todo lo necesario para conseguir realizar algo más difícil y que entrañe más sufrimiento que creer en Dios, y que lo trataríais con mayor seriedad. Incluso no estaríais dispuestos a cometer error alguno; estos son los tipos de esfuerzos incansables que todos vosotros habéis hecho en vuestra propia vida. Incluso sois capaces de engañarme en la carne en circunstancias en las que no lo haríais con vuestra propia familia. Esta es vuestra conducta sistemática y el principio que aplicáis en vuestra vida. ¿Acaso no seguís cultivando una falsa imagen para engañarme, por amor a vuestro destino, para que este sea hermoso y feliz? Soy consciente de que vuestra devoción y vuestra sinceridad no son sino temporales; ¿no son vuestras aspiraciones y el precio que pagáis sólo para ahora y no para después? Sólo queréis hacer un esfuerzo final para aseguraros un hermoso destino. Vuestro propósito consiste tan sólo en hacer un trato; no es que no os sintáis en deuda con la verdad, y en particular, no es para compensarme por el precio que Yo he pagado. En pocas palabras, sólo estáis dispuestos a emplear vuestra sagacidad, pero no queréis luchar por él. ¿Acaso no es este vuestro más sentido deseo? No debéis disfrazaros, y menos aún romperos la cabeza respecto a vuestro destino, hasta el punto de ser incapaces de comer o dormir. ¿No es cierto que vuestro destino habrá sido determinado al final?

de ‘Acerca del destino’ en “La Palabra manifestada en carne”

28. Cada día los hechos y los pensamientos de todos son considerados por Él y, al mismo tiempo, son una preparación para su propio mañana. Esta es una senda que debe ser caminada por todos los seres vivos y que he predestinado para todos. Ninguno puede escapar de esto y no se hacen excepciones para nadie. He hablado incontables palabras y, además, he realizado una cantidad numerosa de obras. Todos los días observo mientras cada hombre lleva a cabo de forma natural todo lo que tiene que hacer de acuerdo con su naturaleza inherente y cómo esto se desarrolla. Sin saberlo, muchos ya se han embarcado en la “vía correcta” que Yo establezco para la revelación de cada clase de hombre. Ya he colocado a cada clase de hombre en diferentes entornos y en su lugar cada uno ha estado expresando sus atributos inherentes. No hay nadie que los ate, nadie que los seduzca. Son libres en su totalidad y lo que expresan sale naturalmente. Sólo hay algo que los mantiene a raya y eso es Mi palabra. Por lo tanto, algunas personas leen de mala gana Mis palabras, sin nunca practicarlas, haciéndolo sólo para evitar la muerte; a otros, por otra parte, se les hace difícil soportar los días sin Mis palabras para guiarlos y proveerlos, por lo que naturalmente sostienen Mis palabras en todo momento. Conforme el tiempo pasa, entonces descubren el secreto de la vida humana, el destino de la humanidad y el valor de ser humano. La humanidad no es más que esto en presencia de Mi palabra y Yo simplemente permito que los asuntos sigan su curso. No hago nada que obligue al hombre a vivir según Mis palabras como el fundamento de su existencia. Y así los que nunca tienen una conciencia o valor en su existencia observan silenciosamente cómo van las cosas y luego osadamente desechan Mis palabras y hacen lo que les place. Comienzan a cansarse de la verdad y de todo lo que emana de Mí. Además, se cansan de estar en Mi casa. Estos hombres temporalmente viven dentro de Mi casa por el bien de su destino y para escapar del castigo, incluso si están haciendo un servicio. Pero sus intenciones nunca cambian ni tampoco sus acciones. Esto fomenta más su deseo de obtener bendiciones, de una sola entrada en el reino en donde puedan entonces permanecer por la eternidad e incluso de una entrada en el cielo eterno. Entre más anhelan que Mi día venga pronto, más sienten que la verdad se ha vuelto un obstáculo, una piedra de tropiezo en su camino. Apenas pueden esperar para poner un pie en el reino para gozar por siempre de las bendiciones del reino de los cielos, sin necesidad de buscar la verdad o aceptar el juicio y el castigo y, sobre todo, sin necesidad de vivir subordinadamente dentro de Mi casa y hacer lo que Yo ordeno. Estas personas entran en Mi casa no para satisfacer un corazón que busca la verdad ni para trabajar en conjunto con Mi gestión. Simplemente buscan ser uno de los que no van a ser destruidos en la era venidera. Por ende, su corazón nunca ha sabido qué es la verdad o cómo aceptar la verdad. Esta es la razón por la que tales hombres nunca han practicado la verdad o nunca se han dado cuenta de la extrema profundidad de su corrupción y aun así se han hospedado en Mi casa como “siervos” hasta el fin. “Pacientemente” esperan la llegada de Mi día y no se fatigan mientras son lanzados por la forma de Mi obra. No importa qué tan grande sea su esfuerzo y qué precio hayan pagado, ninguno verá que han sufrido por la verdad o que se han sacrificado por Mí. En su corazón, no pueden esperar a ver el día en que Yo ponga fin a la vieja era y, además, ansiosamente desean conocer qué tan grandes son Mi poder y autoridad. Lo que nunca se han apresurado a hacer es cambiarse a sí mismos y buscar la verdad. Aman aquello de lo que Yo estoy cansado y están cansados de aquello que Yo amo. Anhelan lo que Yo odio, pero al mismo tiempo están temerosos de perder lo que Yo aborrezco. Viven en este mundo perverso, sin embargo nunca lo han odiado y están profundamente temerosos de que sea destruido por Mí. Las intenciones que albergan están en conflicto: les complace este mundo que Yo aborrezco, y al mismo tiempo anhelan que Yo pronto destruya este mundo. De esta manera, serán perdonados del sufrimiento de la destrucción y serán transformados en señores de la era venidera antes de que se hayan desviado del camino verdadero. Esto es porque no aman la verdad y están cansados de todo lo que viene de Mí. Tal vez se vuelvan “personas obedientes” por un corto tiempo para no perder las bendiciones, pero su mentalidad ansiosa por bendiciones y su temor de perecer y entrar en el lago de fuego ardiente nunca pueden ser ocultados. A medida que Mi día se acerca, su deseo se hace cada vez más fuerte. Y entre mayor es el desastre, más los hace impotentes, sin saber por dónde comenzar para hacer que me regocije y evitar perder las bendiciones que por mucho tiempo han anhelado. Una vez que Mi mano comience su obra, estos hombres están ansiosos de tomar acción para servir como vanguardia. Sólo piensan en colocarse en la primera fila de las tropas, profundamente temerosos de que Yo no los vea. Hacen y dicen lo que piensan que es correcto sin nunca saber que sus hechos y acciones nunca han sido relacionados con la verdad y solamente perturban Mis planes e interfieren con ellos. Aunque han hecho un gran esfuerzo y pueden ser sinceros en su voluntad e intención de aguantar durante las dificultades, nada de lo que hacen tiene que ver conmigo, porque nunca he visto que sus hechos provengan de buenas intenciones, mucho menos los he visto colocar nada sobre Mi altar. Tales han sido sus hechos delante de Mí a lo largo de estos muchos años.

de ‘Deberíais considerar vuestros hechos’ en “La Palabra manifestada en carne”

29. Muchos de los que siguen a Dios sólo se preocupan por cómo obtener bendiciones o evitar el desastre. A la mención de la obra y la gestión de Dios, se quedan en silencio y pierden todo interés. Creen que conocer tales cuestiones tediosas no desarrollará su vida ni será beneficioso y, así, aunque han oído mensajes acerca de la gestión de Dios, los tratan como si nada. No los ven como algo precioso que se debe aceptar, y menos aún lo reciben como parte de su vida. Esas personas tienen un objetivo muy simple al seguir a Dios: obtener bendición, y son demasiado perezosas para atender cualquier cosa que no implique este objetivo. Para ellas, creer en Dios para obtener bendiciones es la más legítima de las metas y el valor mismo de su fe. Cualquier cosa que no logre este objetivo no les afecta. Tal es el caso de la mayoría de los que creen en Dios hoy. Su objetivo y su motivación parecen legítimos porque, al mismo tiempo que creen en Dios, también se esfuerzan por Él, se dedican a Él, y cumplen su deber. Entregan su juventud, abandonan a la familia y su profesión e incluso pasan años ocupados lejos de su hogar. Por causa de su objetivo supremo, cambian sus intereses, alteran su perspectiva en la vida e incluso cambian la dirección que buscan, pero no pueden cambiar el objetivo de su creencia en Dios. Van de acá para allá tras la gestión de sus propios ideales; no importa cuán lejos esté el camino ni cuántas dificultades y obstáculos haya a lo largo del mismo, se mantienen firmes y sin miedo a la muerte. ¿Qué poder los hace seguir entregándose de esta forma? ¿Es su conciencia? ¿Es su personalidad magnífica y noble? ¿Es su determinación para luchar con las fuerzas del mal hasta el final? ¿Es su fe en la que dan testimonio de Dios sin buscar recompensa? ¿Es su lealtad, por la que están dispuestos a entregarlo todo para cumplir la voluntad de Dios? ¿O es su espíritu de devoción mediante el cual siempre han renunciado a exigencias personales extravagantes? ¡Que personas que nunca han conocido la obra del plan de gestión de Dios den tanto, es simplemente un milagro maravilloso! Por el momento, no expongamos cuánto han dado estas personas. Sin embargo, su comportamiento es muy digno de nuestro análisis. Aparte de los beneficios tan estrechamente asociados con ellos, ¿podría existir alguna otra razón para que estas personas, que nunca entienden a Dios, den tanto por Él? En esto, descubrimos un problema no identificado previamente: la relación del hombre con Dios es, simplemente, de puro interés personal. Es la relación entre el receptor y el dador de bendiciones. En palabras claras, es como la relación entre empleado y empleador. El primero sólo trabaja para recibir las recompensas concedidas por el segundo. En una relación como esta, no hay afecto, sólo un trato; no hay un amar y ser amado, sólo caridad y misericordia; no hay entendimiento, sólo resignación y decepción; no hay intimidad, sólo un abismo sobre el que no se puede tender un puente. Cuando las cosas llegan a este punto, ¿quién es capaz de revertir tal tendencia? ¿Y cuántas personas son capaces de entender verdaderamente cuán desesperada se ha vuelto esta relación? Creo que cuando las personas se sumergen en el gozo de ser bendecidas, nadie puede imaginar cuán embarazosa y desagradable es una relación así con Dios.

de ‘El hombre sólo puede salvarse en medio de la gestión de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

30. La mayoría de las personas creen en Dios por el bien de su destino futuro o por un disfrute temporal. Para aquellas personas que no se han sometido a ningún trato, creer en Dios es por el bien de entrar al cielo, y obtener recompensas. No es con el fin de ser perfeccionadas ni de cumplir con el deber de una criatura de Dios. Es decir, la mayoría de las personas no creen en Dios para cumplir con sus responsabilidades o completar su deber. Raramente creen las personas en Dios con el fin de vivir vidas significativas ni tampoco están las que creen que como el hombre está vivo, debe amar a Dios porque así lo afirma la ley del Cielo y el principio de la tierra; además, es la vocación natural del hombre. De esta forma, aunque cada persona diferente busca sus propios objetivos, la meta de su búsqueda y la motivación subyacente son parecidas; aún más, para la mayoría de ellas, los objetos de su adoración son, en gran parte, los mismos. Durante los últimos miles de años, muchos creyentes han muerto y otros han muerto y nacido de nuevo. No son sólo una o dos personas las que buscan a Dios, ni siquiera mil o dos mil; sin embargo, la búsqueda de la mayoría de estas personas es por el bien de sus propias expectativas o de sus esperanzas gloriosas para el futuro. Los fieles a Cristo son escasos y aislados. Muchos creyentes devotos han muerto atrapados en sus propias redes y el número de personas que han conseguido el éxito es, además, insignificantemente pequeño. Hasta este día, las razones por las que fracasan las personas o los secretos de su éxito, siguen siendo desconocidos para ellos. Aquellos que están obsesionados en buscar a Cristo siguen sin haber tenido su momento de percepción repentina, no han llegado a la raíz de estos misterios, porque simplemente no saben. Aunque hacen esfuerzos concienzudos en su búsqueda, la senda por la que caminan estas personas es la del fracaso que ya transitaron sus predecesores y no es la del éxito. De esta forma, independientemente de cómo busquen, ¿no andan ellas por la senda que lleva a las tinieblas? ¿Acaso lo que obtienen no es un fruto amargo? Es bastante difícil predecir si las personas que emulan a los que tuvieron éxito en tiempos pasados llegarán finalmente a la bendición o a la calamidad. ¿Cuán peores son las probabilidades, pues, para quienes buscan siguiendo los pasos de los que fracasaron? ¿No están ante una posibilidad incluso mayor de fracasar? ¿Qué valor hay en la senda que siguen? ¿No están perdiendo su tiempo? Independientemente de que las personas tengan éxito o fracasen en su búsqueda, existe, en pocas palabras, una razón por la que lo hacen, y no es el caso de que su éxito o fracaso esté determinado por buscar como les plazca.

de ‘El éxito o el fracaso dependen de la senda que el hombre camine’ en “La Palabra manifestada en carne”

31. La esencia de la creencia en Dios de la mayoría de las personas es la convicción religiosa: son incapaces de amarle, y sólo pueden seguirle como un robot, incapaces de anhelarle sinceramente y adorarle. Simplemente lo siguen en silencio. Muchas personas creen en Dios, pero muy pocas lo aman; sólo lo “veneran”, porque tienen miedo de la catástrofe, o lo “admiran” porque es alto y poderoso, pero en su reverencia y su admiración no hay amor ni anhelo sincero. En sus experiencias buscan las pequeñeces de la verdad o algunos misterios insignificantes. La mayor parte de las personas simplemente siguen, pescan en aguas turbias sólo para recibir bendiciones; no buscan la verdad ni obedecen sinceramente a Dios con el fin de recibir Sus bendiciones. La vida de la creencia de todas las personas en Él no tiene sentido, no tiene valor, y en ella se encuentran sus consideraciones y búsquedas personales; no creen en Dios con el fin de amarlo, sino para ser bendecidos. Muchas personas actúan como les place, hacen lo que quieren y nunca consideran los intereses de Dios o si lo que hacen es acorde con Su voluntad. Tales personas ni siquiera pueden lograr la creencia verdadera, y mucho menos el amor a Dios.

de ‘Los que aman a Dios vivirán siempre en Su luz’ en “La Palabra manifestada en carne”

32. Lo más triste acerca de la creencia de la humanidad en Dios es que el hombre dirige su propia gestión en medio de la obra de Dios y no presta atención a Su gestión. El fracaso más grande del hombre reside en cómo, al mismo tiempo que busca someterse a Dios y adorarlo, está construyendo su propio destino ideal y calculando cómo recibir la mayor bendición y el mejor destino. Incluso si las personas entienden cuán despreciables, odiosas y patéticas son, ¿cuántas podrían abandonar fácilmente sus ideales y esperanzas? ¿Y quién es capaz de detener sus propios pasos y dejar de pensar en sí mismo? Dios necesita a quienes cooperarán de cerca con Él para completar Su gestión. Él requiere a aquellos que entregarán su mente y su cuerpo a la obra de Su gestión con el fin de someterse a Él; no necesita personas que estirarán las manos y le suplicarán cada día, mucho menos aquellas que dan un poco y después esperan a que se les devuelva el favor. Dios desprecia a los que hacen una pequeña contribución y después se duermen en sus laureles. Aborrece a esas personas de sangre fría que se ofenden con la obra de Su gestión y sólo quieren hablar sobre ir al cielo y obtener bendiciones. Aborrece aún más a los que se aprovechan de la oportunidad presentada por la obra que Él hace al salvar a la humanidad. Eso es debido a que estas personas nunca se han preocupado por lo que Dios desea conseguir y adquirir por medio de la obra de Su gestión. Sólo les interesa cómo pueden usar la oportunidad provista por la obra de Dios para obtener bendiciones. Son insensibles al corazón de Dios, preocupados totalmente por su propio futuro y destino. Los que se ofenden con la obra de gestión de Dios y no tienen el más mínimo interés en cómo salva Dios a la humanidad y en Su voluntad, están todos haciendo lo que les place independientemente de la obra de gestión de Dios. Él no recuerda su comportamiento ni lo aprueba, y, mucho menos, lo mira con buenos ojos.

de ‘El hombre sólo puede salvarse en medio de la gestión de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

33. En sus experiencias vitales piensan a menudo: He abandonado a mi familia y mi carrera por Dios, ¿y qué me ha dado Él? Debo sumarlo todo y confirmarlo: ¿He recibido bendiciones recientemente? He dado mucho durante este tiempo, he corrido y corrido, y he sufrido mucho; ¿me ha dado Dios alguna promesa a cambio? ¿Ha recordado mis buenas obras? ¿Cuál será mi final? ¿Puedo recibir Sus bendiciones?… Toda persona hace, constantemente y con frecuencia, esas cuentas en su corazón, y le ponen exigencias a Dios que incluyen sus motivaciones, sus ambiciones y sus tratos. Es decir, el hombre le está poniendo incesantemente a prueba en su corazón, ideando planes sobre Él, defendiendo ante Él su propio fin, tratando de arrancarle una declaración, viendo si Él puede o no darle lo que quiere. Al mismo tiempo que busca a Dios, el hombre no lo trata como tal. Siempre ha intentado hacer tratos con Él, exigiéndole cosas sin cesar, y hasta presionándolo a cada paso, tratando de obtener mucho dando poco. A la vez que intenta pactar con Dios, también discute con Él, e incluso los hay que, cuando les sobrevienen las pruebas o se encuentran en ciertas circunstancias, con frecuencia se vuelven débiles, pasivos y holgazanes en su trabajo, y se quejan mucho de Él. Desde que empezó a creer en Él por primera vez, el hombre lo ha considerado una cornucopia, una navaja suiza, y se ha considerado Su mayor acreedor, como si tratar de conseguir bendiciones y promesas de Dios fuera su derecho y obligación inherentes, y la responsabilidad de Dios protegerlo, cuidar de él y proveer para él. Tal es el entendimiento básico de la “creencia en Dios” de todos aquellos que creen en Él, y su comprensión más profunda del concepto de creer en Él. Desde la esencia de la naturaleza del hombre a su búsqueda subjetiva, nada tiene relación con el temor de Dios. El objetivo del hombre de creer en Dios, no es posible que tenga nada que ver con la adoración a Dios. Es decir, el hombre nunca ha considerado ni entendido que la creencia en Él requiera que se le tema y adore. A la luz de tales condiciones, la esencia del hombre es obvia. ¿Cuál es? El corazón del hombre es malicioso, alberga traición y astucia, no ama la ecuanimidad, la justicia ni lo que es positivo; además, es despreciable y codicioso. El corazón del hombre no podría estar más cerrado a Dios; no se lo ha entregado en absoluto. Él nunca ha visto el verdadero corazón del hombre ni este lo ha adorado jamás. No importa cuán grande sea el precio que Dios pague, cuánta obra Él lleve a cabo o cuánto le provea al hombre, este sigue estando ciego a ello y totalmente indiferente. El ser humano no le ha dado nunca su corazón a Dios, sólo quiere ocuparse él mismo de él, tomar sus propias decisiones; el trasfondo de esto es que no quiere seguir el camino de temer a Dios y apartarse del mal ni obedecer Su soberanía ni Sus disposiciones, ni adorar a Dios como tal. Este es el estado del hombre en la actualidad.

de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

34. La gente dice que Dios es un Dios justo, y en tanto que el hombre lo siga hasta el final, Él seguramente será imparcial hacia el hombre porque Él es el más justo. Si un hombre lo sigue hasta el final, ¿lo podría desechar? Soy imparcial con todos los hombres, y juzgo a todos los hombres con Mi justo carácter, sin embargo, hay condiciones adecuadas para las exigencias que le hago al hombre, y lo que Yo exijo todos los hombres lo deben cumplir, sin importar quiénes sean. No me importa qué tan amplias o venerables sean tus aptitudes; sólo me importa si caminas en Mi camino y si tienes o no amor y sed por la verdad. Si careces de la verdad y más bien traes vergüenza sobre Mi nombre, y no actúas de acuerdo a Mi camino, y sólo lo sigues sin cuidado o interés, entonces en ese momento te voy a derribar y te voy a castigar por tu maldad y ¿qué tendrás que decir entonces? ¿Podrás decir que Dios no es justo? Hoy, si has cumplido con las palabras que he hablado, entonces eres la clase de persona que apruebo. Dices que siempre has sufrido mientras sigues a Dios, que lo has seguido contra viento y marea y que has compartido con Él los buenos y los malos momentos, pero no has vivido las palabras pronunciadas por Dios; sólo quieres ir de un lado a otro por Dios y esforzarte por Dios todos los días, y nunca has pensado vivir una vida que tenga sentido. También dices: “En cualquier caso, creo que Dios es justo. He sufrido por Él, he ido de un lado a otro por Él y me he dedicado a Él y he trabajado duro a pesar de no recibir ningún reconocimiento; seguro se debe acordar de mí”. Es verdad que Dios es justo, pero Su justicia no está manchada con ninguna impureza: no contiene voluntad humana alguna y no está manchada por la carne o por las transacciones humanas. Todos los que son rebeldes y se oponen y no actúan de conformidad con Su camino serán castigados; ¡ninguno será perdonado y ninguno será pasado por alto!

de ‘Las experiencias de Pedro: su conocimiento del castigo y del juicio’ en “La Palabra manifestada en carne”

35. Debido a que siempre hay nuevos avances en la obra de Dios, hay una nueva obra y, por tanto, también hay una obra que se vuelve obsoleta y vieja. Esta obra antigua y esta obra nueva no son contradictorias, sino que se complementan; cada paso es consecuencia del anterior. Debido a que surge una nueva obra, las cosas viejas, por supuesto, deben ser eliminadas. Por ejemplo, algunas de las prácticas establecidas hace mucho tiempo por el hombre, y sus dichos habituales, además de los muchos años de experiencia y enseñanzas del hombre, han formado toda clase de conceptos en la mente de este. Sin embargo, más propicio para la formación de tales conceptos por parte del hombre es que Dios aún no ha revelado plenamente al hombre Su verdadero rostro y Su carácter inherente, combinado con la difusión, durante muchos años, de las teorías tradicionales de la antigüedad. Es justo decir que, durante el transcurso de la creencia del hombre en Dios, la influencia de diversos conceptos ha llevado a la formación y evolución continua de un conocimiento en el hombre en el que se ha hecho de todo tipo de conceptos sobre Dios, con el resultado de que muchas personas religiosas que sirven a Dios se han convertido en Sus enemigos. Por consiguiente, mientras más arraigados son los conceptos religiosos de las personas, más se oponen a Dios, y más se vuelven enemigos de Dios. La obra de Dios es siempre nueva y nunca vieja, y jamás forma doctrinas; por el contrario, está cambiando y renovándose continuamente en mayor o menor grado. Esta obra es la expresión del carácter inherente de Dios mismo. Es también el principio inherente de la obra de Dios, y uno de los medios por los cuales Dios logra Su gestión. Si Dios no obrara de esta manera, el hombre no cambiaría ni sería capaz de conocer a Dios, y Satanás no sería derrotado. Por tanto, en Su obra ocurren cambios continuos que pueden parecer erráticos, pero que, en realidad, son periódicos. Sin embargo, la manera en la que el hombre cree en Dios es bastante diferente: él se aferra a viejos sistemas y doctrinas que le son familiares, y cuanto más viejas sean, más apetecibles son para él. ¿Cómo podría la mente necia del hombre, una mente tan intransigente como la piedra, aceptar tantas nuevas e insondables obras y palabras de Dios? El hombre aborrece al Dios que es siempre nuevo y nunca viejo; a él sólo le gusta el anticuado y viejo Dios de pelo blanco e inmóvil. Por ende, debido a que Dios y el hombre tienen sus propios gustos, el hombre se ha convertido en el enemigo de Dios. Muchas de estas contradicciones todavía persisten incluso hoy en día, en tiempos en que Dios ha estado llevando a cabo una nueva obra durante casi seis mil años. Entonces, no tienen remedio. Tal vez se deba a la terquedad del hombre, o a lo inviolable de los decretos administrativos de Dios por parte de cualquier hombre; sin embargo, esos clérigos y mujeres todavía se aferran a viejos y mohosos libros y papeles, mientras que Dios sigue adelante con Su incompleta obra de gestión como si no tuviera a nadie a Su lado. A pesar de que estas contradicciones hacen que Dios y el hombre sean enemigos, al punto de llegar a ser irreconciliables, Dios no les presta atención, como si estuvieran allí y no estuvieran. El hombre, sin embargo, todavía se apega a sus creencias y conceptos, y nunca se desprende de ellos. Sin embargo, una cosa es evidente: a pesar de que el hombre no se desvía de su postura, los pies de Dios están siempre en movimiento y siempre está cambiando Su postura de acuerdo con el entorno, y al final, es el hombre quien será vencido sin luchar. Dios, por otra parte, es el mayor enemigo de todos Sus enemigos que han sido derrotados y es también el campeón de aquellos de entre la humanidad que han sido vencidos y de aquellos que aún serán derrotados. ¿Quién puede competir con Dios y salir victorioso? Los conceptos del hombre parecen venir de Dios, porque muchos de ellos nacieron como consecuencia de la obra de Dios. Sin embargo, Dios no perdona al hombre a causa de esto, y, menos aún, derramará alabanzas sobre el hombre por producir lote tras lote de productos “para Dios” que están fuera de la obra de Dios. Por el contrario, Él está sumamente disgustado por los conceptos del hombre, y por sus viejas y piadosas creencias, e incluso ignora la fecha en la que tales conceptos surgieron por primera vez. Él no acepta en absoluto que estos conceptos procedan de Su obra, ya que los conceptos del hombre son esparcidos por el hombre; su fuente es el pensamiento y la mente del hombre, y no Dios, sino Satanás. La intención de Dios siempre ha sido que Su obra sea nueva y viva, no vieja y muerta, y aquello en lo que Él hace que el hombre se mantenga firme varía con la era y el periodo y no es eterno ni inmutable. Esto es debido a que Él es un Dios que lleva al hombre a vivir y ser nuevo, en vez de un diablo que lleva al hombre a la muerte y a ser viejo. ¿Aún no comprendéis esto? Tú tienes conceptos sobre Dios y eres incapaz de desprenderte de ellos, porque eres de mente cerrada. No es porque la obra de Dios tenga poco sentido o porque no esté alineada con los deseos humanos, y, menos aún, porque Dios sea siempre negligente con Sus deberes. Que no seas capaz de desprenderte de tus conceptos se debe a que eres demasiado carente de obediencia, y porque no tienes la más mínima semejanza a una criatura de Dios, y no porque Dios esté haciendo las cosas difíciles para ti. Todo esto ha sido causado por ti mismo, y no tiene nada que ver con Dios; todo el sufrimiento y la desgracia son causados por el hombre. Las intenciones de Dios son siempre buenas: Él no desea provocar que elabores conceptos, sino que desea que tú cambies y seas renovado a medida que pasan las eras. Sin embargo, no puedes diferenciar el huevo de la castaña, y siempre estás estudiando o analizando. No es que Dios haga las cosas difíciles para ti, sino que no tienes veneración por Dios, y tu desobediencia es demasiado grande. Una pequeña criatura se atreve a tomar un pedazo trivial de lo que antes fue dado por Dios, y lo voltea para atacar a Dios. ¿Acaso no es esto la desobediencia del hombre? Es justo decir que el hombre no está en absoluto calificado para expresar sus puntos de vista ante Dios, y mucho menos está calificado para elaborar cualquier máxima inútil, maloliente y podrida que le plazca, por no hablar de esos mohosos conceptos. ¿Acaso no son aún más despreciables?

de ‘Solo pueden servir a Dios los que conocen Su obra de hoy’ en “La Palabra manifestada en carne”

36. La obra de Dios sigue avanzando, y aunque el propósito de Su obra permanece inalterable, los medios por los cuales Él obra cambian continuamente y, de este modo, también los que siguen a Dios. Cuanto más obra Dios, más exhaustivamente llega el hombre a conocer a Dios y su carácter cambia en consecuencia junto con Su obra. Sin embargo, es debido a que la obra de Dios siempre cambia, los que no conocen la obra del Espíritu Santo y esos hombres absurdos que no conocen la verdad, se convierten en oponentes de Dios. La obra de Dios nunca se conforma a las nociones del hombre, porque Su obra siempre es nueva y nunca vieja. Él nunca repite obra antigua, sino que sigue adelante con una obra nunca realizada anteriormente. Como Dios no repite Su obra y el hombre la juzga invariablemente en base a Su obra del pasado, es extremadamente difícil llevar a cabo cada etapa de la obra de la nueva era. ¡El hombre presenta demasiados impedimentos! ¡El pensamiento del hombre es demasiado rígido! Ningún hombre conoce la obra de Dios, pero todos la definen. Lejos de Dios, el hombre pierde la vida, la verdad y las bendiciones de Dios, pero él no acepta la vida ni la verdad ni, mucho menos, las grandes bendiciones que Dios concede a la humanidad. Todos los hombres desean obtener a Dios, pero son incapaces de tolerar algún cambio en Su obra. Los que no aceptan la nueva obra de Dios creen que esta es inmutable y que por siempre permanece estancada. En su creencia, todo lo que se necesita para obtener la salvación eterna de Dios es guardar la ley, y en tanto se arrepientan y confiesen sus pecados, el corazón de Dios estará satisfecho para siempre. Opinan que Dios sólo puede ser el Dios bajo la ley y el Dios que fue clavado en la cruz por el hombre; piensan asimismo, que Dios no debe y no puede sobrepasar la Biblia. Son precisamente estas opiniones las que los han encadenado firmemente a la antigua ley y los han mantenido restringidos por rígidas regulaciones. Además, muchos más creen que cualquiera que sea la nueva obra de Dios, esta debe corroborarse con profecías y que, en cada etapa de esa obra, todos los que lo siguen con un corazón sincero también deben recibir revelaciones, o de lo contrario esa obra podría no ser de Dios. Ya no es una tarea fácil que el hombre llegue a conocer a Dios. Sumado a su absurdo corazón y a su naturaleza rebelde de prepotencia y engreimiento, entonces le resulta aún más difícil aceptar la nueva obra de Dios. El hombre no la estudia con detenimiento ni la acepta con humildad, sino que adopta una actitud de desprecio, esperando las revelaciones y la guía de Dios. ¿Acaso no es esta la conducta de un hombre que se rebela contra Dios y se opone a Él? ¿Cómo pueden obtener esos hombres la aprobación de Dios?

de ‘¿Cómo puede el hombre que ha definido a Dios en sus conceptos recibir Sus revelaciones?’ en “La Palabra manifestada en carne”

37. Si usáis nociones para medir y delinear a Dios, como si Dios fuera una estatua de barro inmutable, y si delimitáis a Dios dentro de la Biblia y lo encerráis dentro de un limitado campo dónde obrar, entonces esto prueba que habéis condenado a Dios. Porque, en sus corazones, los judíos de la época del Antiguo Testamento fundieron a Dios en el molde de un ídolo, como si a Dios sólo se le pudiera llamar Mesías y sólo aquel que fuera llamado el Mesías fuera Dios, y porque ellos sirvieron y adoraron a Dios como si Él fuera una estatua de barro (sin vida), clavaron al Jesús de ese tiempo en la cruz, sentenciándolo a muerte, condenando a muerte al Jesús inocente. Dios no había cometido ningún crimen, sin embargo, el hombre no perdonó a Dios y resueltamente lo sentenció a muerte. Así Jesús fue crucificado. El hombre siempre cree que Dios es inmutable y lo define de acuerdo a la Biblia, como si el hombre hubiera penetrado la gestión de Dios, como si todo lo que Dios hace estuviera en las manos del hombre. Las personas son ridículas al extremo, las posee una arrogancia extrema y todas tienen un gusto por la elocuencia rimbombante. Independientemente de qué tan grande sea el conocimiento que tienes de Dios, todavía digo que no conoces a Dios, que no hay nadie que se le oponga más a Dios, y que condenas a Dios, porque eres totalmente incapaz de obedecer la obra de Dios y caminar el camino para que Dios te perfeccione. ¿Por qué Dios nunca está satisfecho con las acciones del hombre? Porque el hombre no conoce a Dios, porque tiene tantas nociones y porque, en vez de cumplir con la realidad, todo su conocimiento de Dios está cortado de la misma tela y es rígido e inflexible. Así, habiendo venido a la tierra en la actualidad, una vez más el hombre ha clavado a Dios en la cruz.

de ‘Los malvados deben ser castigados’ en “La Palabra manifestada en carne”

38. En cada periodo de tiempo, Dios comenzará una nueva obra, y en cada periodo habrá un nuevo comienzo entre los hombres. Si el hombre sólo acata las verdades de que “Jehová es Dios” y “Jesús es Cristo”, que son verdades que sólo se aplican a una era, entonces el hombre nunca mantendrá el paso con la obra del Espíritu Santo y nunca podrá obtener la obra del Espíritu Santo. Independientemente de qué haga Dios, el hombre lo sigue sin la más mínima duda, y lo sigue de cerca. De esta manera, ¿cómo puede el hombre ser eliminado por el Espíritu Santo? Independientemente de lo que haga Dios, en tanto que el hombre esté seguro que es la obra del Espíritu Santo, y coopere con la obra del Espíritu Santo sin recelo, y trate de cumplir con las exigencias de Dios, entonces, ¿cómo podría ser castigado? La obra de Dios nunca ha cesado, Sus pisadas nunca se han detenido, y antes del término de Su obra de gestión, siempre ha estado ocupado y nunca para. Pero el hombre es diferente: al haber obtenido sólo un mínimo de la obra del Espíritu Santo, la trata como si nunca cambiara; al haber obtenido un poco de conocimiento, no avanza para seguir las pisadas de la obra más nueva de Dios; al haber visto sólo un poco de la obra de Dios, de inmediato prescribe a Dios como una figura de madera en particular y cree que Dios siempre permanecerá en esta forma que ve delante de él, que fue así en el pasado y que siempre será así en el futuro; al haber obtenido sólo un conocimiento superficial, el hombre está tan orgulloso que se olvida de sí mismo y comienza a proclamar desenfrenadamente un carácter y un ser de Dios que simplemente no existen; y al tener la certeza de una etapa de la obra del Espíritu Santo, sin importar qué clase de persona sea la que proclame la nueva obra de Dios, el hombre no la acepta. Estas son personas que no pueden aceptar la nueva obra del Espíritu Santo; son demasiado conservadoras e incapaces de aceptar cosas nuevas. Esas personas son las que creen en Dios pero que también lo rechazan. El hombre cree que los israelitas estaban equivocados por “sólo creer en Jehová pero no creer en Jesús”, pero la mayoría de las personas desempeñan un papel en el que “sólo creen en Jehová y rechazan a Jesús”, y “anhelan el regreso del Mesías pero se oponen al Mesías que se llama Jesús”. No es de extrañar, entonces, que las personas sigan viviendo bajo el campo de acción de Satanás después de aceptar una etapa de la obra del Espíritu Santo y todavía sigan sin recibir las bendiciones de Dios. ¿No es esto el resultado de la rebelión del hombre?

de ‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

39. El mayor problema del hombre es que a él sólo le gustan las cosas que no puede ver ni tocar, las cosas que son supremamente misteriosas y asombrosas, que son inimaginables por el hombre y que son inalcanzables por simples mortales. Cuanto menos realistas sean estas cosas, más las analiza el hombre, que incluso las persigue haciendo caso omiso de todo lo demás e intenta obtenerlas. Cuanto menos realistas sean estas, más profundamente las somete a escrutinio y las analiza el hombre, incluso yendo tan lejos como crear sus propias exhaustivas ideas sobre ellas. Por el contrario, mientras más realistas sean las cosas, más las desdeña el hombre; simplemente las mira con altivez, y hasta es despectivo hacia ellas. ¿No es esta precisamente vuestra actitud hacia la obra realista que Yo realizo hoy? Mientras más realistas sean las cosas, más prejuiciosos sois contra ellas. Vosotros no dedicáis tiempo en examinarlas, sino que sencillamente las ignoráis; miráis con altivez estos requisitos realistas y claros, e incluso albergáis numerosas nociones acerca de este Dios que es práctico en sobremanera, y simplemente sois incapaces de aceptar Su realidad y normalidad. De esta manera, ¿no giran vuestras creencias en torno a la vaguedad? Vosotros mantenéis una creencia inquebrantable en el Dios vago de los tiempos pasados, y no tenéis interés en el Dios práctico de hoy. ¿No se debe esto a que el Dios de ayer y el Dios de hoy corresponden a dos épocas diferentes? ¿No es también debido a que el Dios de ayer es el Dios exaltado de los cielos, mientras que el Dios de hoy es un hombre pequeño en la tierra? ¿No es, además, porque el Dios adorado por el hombre es producto de sus nociones, mientras que el Dios de hoy es práctica carne hecha sobre la tierra? Cuando todo esté dicho y hecho, ¿no lo será porque el Dios de hoy es tan real que el hombre no lo busca? Porque lo que el Dios de hoy pide del hombre es precisamente lo que el hombre está menos dispuesto a hacer, y que le produce vergüenza. ¿No es esto hacer las cosas más difíciles para el hombre? ¿No pone esto en evidencia sus cicatrices? De esta manera, muchos de los que no buscan la actualidad se vuelven enemigos de Dios encarnado, se convierten en anticristos. ¿No es esto un hecho evidente?

de ‘Sólo los que conocen a Dios y Su obra pueden satisfacer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

40. Durante muchos años, he visto a numerosas personas que creen en Dios. ¿Qué forma adopta esta creencia? Algunos creen en Dios como si Él fuera aire. Estas personas no tienen respuesta a preguntas sobre la existencia de Dios, porque no sienten o no son conscientes de Su presencia o ausencia, y no digamos ya de verla o entenderla claramente. Inconscientemente piensan que Dios no existe. Otros creen en Él como si fuera un hombre. Le creen incapaz de hacer todo lo que ellos no pueden hacer, y opinan que Dios debería pensar como ellos. Para estas personas, la definición de Dios es “una persona invisible e intocable”. Existe, asimismo, un grupo de personas que cree en Dios como en un muñeco. Consideran que no tiene emociones, que es una estatua. Cuando se enfrentan a un asunto, Dios no tiene actitud ni punto de vista, ni ideas; Él está a merced del hombre. Las personas creen lo que quieren creer. Si lo engrandecen, Él es grande; si lo empequeñecen, Él es pequeño. Cuando pecan y necesitan la misericordia de Dios, Su tolerancia, Su amor, Él debería extender Su misericordia. Estas personas imaginan a un Dios en su mente, y hacen que este cumpla sus exigencias y satisfaga todos sus deseos. Independientemente del momento, del lugar o de lo que esta persona haga, adoptará esta fantasía en su trato con Dios, y en su creencia en Él. Otros llegan a pensar que Dios puede salvarlos después de haber ofendido Su carácter. Esto se debe a que creen que el amor de Dios es ilimitado, que Su carácter es justo, y que no importa cómo lo ofendan, Él no se acordará de nada. Como los errores, las transgresiones y la desobediencia del hombre son expresiones momentáneas del carácter de la persona, Dios dará oportunidades, y será tolerante y paciente con ella. Seguirá amándola como antes. En consecuencia, la esperanza de su salvación sigue siendo grande. En realidad, no importa cómo se crea en Dios: mientras no se persiga la verdad, Dios tendrá una actitud negativa hacia el ser humano. La razón es que aunque creas en Dios, y quizás atesores el libro de Su palabra, lo estudies y lo leas cada día, estás dejando de lado al Dios real, lo consideras como aire, como una persona, y simplemente como un muñeco. ¿Por qué lo expresé de esta forma? Porque a partir de cómo lo veo Yo, independientemente de que os enfrentéis a un asunto u os encontréis con una circunstancia, ninguna de esas cosas que existen en vuestro subconsciente y se desarrollan en su interior tiene relación alguna con la palabra de Dios ni con buscar de la verdad. Tú sólo sabes lo que estás pensando, cuáles son tus puntos de vista y a continuación le impones a Él tus propias ideas y tus puntos de vista. Se convierten en Sus puntos de vista, y se utilizan como estándares a los que adherirse firmemente. Con el tiempo, proceder de esta forma te aleja cada vez más de Dios.

de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

41. Cuando las personas se reúnen conmigo, Mi corazón se llena de gozo. De inmediato, Yo concedo las bendiciones de Mi mano entre los hombres, para que las personas puedan congregarse conmigo, y no sean enemigas que me desobedecen, sino amigas compatibles conmigo. Así pues, también soy cordial con el hombre. En Mi obra, se ve al hombre como miembro de una organización de alto nivel, así que Yo le presto más atención, porque él siempre ha sido el objeto de Mi obra. Yo he establecido Mi lugar en los corazones de las personas, para que sus corazones puedan mirarme; pero permanecen totalmente ignorantes de por qué hago esto, y no hacen sino esperar. Aunque hay un lugar que Yo he establecido en los corazones de las personas, ellas no requieren que Yo resida allí, sino que esperan que el “Santo” de sus corazones llegue repentinamente. Como Mi identidad es demasiado inferior, Yo no igualo las exigencias de las personas y, por tanto, ellas me eliminan. Porque lo que quieren es el “Yo” alto y poderoso, mientras que cuando Yo vine, no aparecí en esta forma al hombre; por tanto, siguieron mirando lejos en la distancia, esperando a aquel que estaba en sus corazones. Cuando Yo vine ante las personas, me rechazaron ante las masas. Yo sólo podía permanecer a un lado, esperar el “veredicto” del hombre, mirar para ver qué acabarían haciendo las personas conmigo, ese “producto” deficiente. Yo no miro las cicatrices de las personas, sino la parte de ellas que no tiene cicatrices, y esto me gratifica. A los ojos de las personas, no soy sino una “pequeña estrella” que ha descendido del cielo, soy una pequeña estrella en el cielo, y Dios comisionó Mi llegada a la tierra hoy. Como consecuencia, las personas han venido con más interpretaciones de las palabras “Yo” y “Dios”, profundamente temerosas de mezclar a Dios conmigo. Como Mi imagen no tiene nada de la apariencia de Dios, todas las personas creen que soy un siervo que no pertenece a la familia de Dios, y dicen que esta no es la imagen de Dios. Quizás haya personas que han visto a Dios, pero debido a Mi carencia de conocimiento en la tierra, Dios nunca se me ha “aparecido” a Mí. Quizás Yo tenga demasiada poca “fe”, y por eso las personas me ven como inferior. Las personas imaginan que si uno es realmente Dios, entonces será experto en el lenguaje del hombre, porque Dios es el Creador. Pero los hechos son precisamente los opuestos: no sólo no soy experto en el lenguaje del hombre, sino que hay momentos en los que ni siquiera puedo “proveer” para sus “deficiencias”. Por tanto, me siento un poco “culpable”, porque no actúo como las personas “exigen”, sino que me limito a preparar los materiales y obro de acuerdo con lo que les falta. Yo no pido mucho del hombre, pero las personas creen lo contrario. Así pues, su “humildad” se revela en cada uno de sus movimientos. Siempre son propensas a andar delante de Mí, guiarme en el camino, profundamente temerosas de que me pierda, aterrorizadas de que vague por los antiguos bosques en lo profundo de las montañas. Como resultado, las personas siempre me han guiado hacia delante, profundamente temerosas de que Yo entre en la mazmorra. Yo tengo una “impresión algo favorable” de la fe de las personas, porque ellas han trabajado duro por Mí sin pensar en comida ni en dormir, hasta el punto de que sus esfuerzos por Mí las han dejado sin dormir día y noche, y hasta han emblanquecido su pelo; esto es suficiente para mostrar que su fe ha “trascendido” los universos, y “sobrepasado” a los apóstoles y los profetas a lo largo de las eras.

de ‘Capítulo 32’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

42. Cualquiera que no crea en Dios encarnado, es decir, cualquiera que no crea en la obra y el discurso del Dios visible y no crea en el Dios visible, y en su lugar adore al Dios invisible en el cielo, no tiene a Dios en su corazón. Son personas que son desobedientes a Dios y lo resisten. Esta gente carece de humanidad y razón, por no decir nada de la verdad. Para esta gente, el Dios visible y tangible más aún no puede ser creído, sin embargo, el Dios invisible e intangible es el más creíble y también el más deleitoso a sus corazones. Lo que ellos buscan no es la verdad de la realidad ni tampoco la verdadera esencia de la vida, mucho menos las intenciones de Dios; más bien, buscan la emoción. Cualesquiera que sean las cosas que les permitan conseguir más sus propios deseos, estas son, sin duda, sus fes y sus búsquedas. Sólo creen en Dios con el fin de satisfacer sus propios deseos, no de buscar la verdad. ¿No son estas personas malhechoras? Confían demasiado en ellas mismas y no creen que Dios en el cielo las destruirá, estas “buenas personas”. En cambio, creen que Dios les permitirá permanecer y, más aun, las recompensará generosamente porque han hecho muchas cosas para Dios y han mostrado gran “lealtad” hacia Él. Si fueran a buscar al Dios visible, de inmediato devolverían el golpe contra Dios o montarían en cólera una vez que sus deseos se vinieran abajo. Esta es gente vil que busca satisfacer sus propios deseos; no es gente de integridad en búsqueda de la verdad. Tales personas son las así llamadas personas malvadas que siguen a Cristo. Esas personas que no buscan la verdad no pueden creer la verdad. Son las más incompetentes para percibir el resultado futuro de la humanidad porque no creen ninguna obra o discurso del Dios visible y no pueden creer en el destino futuro de la humanidad. Por lo tanto, aunque sigan al Dios visible, todavía hacen el mal y no buscan la verdad ni tampoco practican la verdad que Yo demando. Esas personas que no creen que van a ser destruidas son, por el contrario, los mismos individuos que van a ser destruidos. Todos ellos creen ser tan listos y creen que ellos mismos son los que practican la verdad. Piensan que su conducta malvada es la verdad y por lo tanto la atesoran. Estas personas malvadas confían mucho en ellas mismas; toman la verdad como si fuera la doctrina y toman como verdad sus actos malvados, y al final sólo pueden cosechar lo que han sembrado. Entre más confíen las personas en ellas mismas y entre más arrogantes sean, más incapaces son de alcanzar la verdad; entre más cree la gente en el Dios celestial, más resiste a Dios. Estas son las personas que van a ser castigadas.

de ‘Dios y el hombre entrarán juntos en el reposo’ en “La Palabra manifestada en carne”

43. A ojos de las personas, las palabras de Dios son como un utensilio cotidiano, no les atribuyen importancia en absoluto. Así pues, las personas no pueden ponerlas palabras de Dios en práctica; se han convertido en despojos miserables conscientes de la verdad, pero no la ponen en práctica. Sólo este defecto del hombre es, por tanto, suficiente para provocar repugnancia en Dios durante un período de tiempo y de ahí que Él diga en múltiples ocasiones que las personas no prestan atención a Sus palabras. No obstante, en sus nociones, las personas piensan lo siguiente: “Cada día estudiamos y analizamos las palabras de Dios, ¿cómo podría decirse que no les prestamos atención? ¿No es esto cometer una injusticia con nosotros?”. Pero permíteme analizar un poco para ti; a las personas se les pondrá la cara roja. Cuando leen las palabras de Dios, inclinan la cabeza y se muestran serviles, como un doguillo que babea con las palabras de su amo. Por tanto, en este momento, las personas no se sienten adecuadas, las lágrimas corren por su cara; es como si desearan arrepentirse y comenzar de nuevo, pero una vez transcurrido este tiempo, su docilidad desaparece inmediatamente para que la voracidad la sustituya, dejan a un lado las palabras de Dios y siempre creen que sus propios asuntos son prioritarios, que los de Dios vienen al final y, a causa de estas acciones suyas, nunca son capaces de poner en acción las palabras de Dios. Cuando llegan los hechos, extienden los codos hacia fuera[f]‒esto es traicionar a su propio pueblo‒; no es de extrañar que Dios diga: “él ‘corre por el otro camino’ mientras confía en Mí para el sustento”. Sólo a partir de esto puede verse que no hay la más mínima falsedad en las palabras de Dios, son totalmente ciertas y no contienen la menor exageración, pero parecen haber sido subestimadas de alguna forma, porque la estatura del hombre es demasiado pequeña, él es incapaz de aceptarlas.

de ‘Capítulo 36’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

44. Muchas personas se aferran a leer las palabras de Dios día tras día, incluso hasta el punto de comprometerse meticulosamente a memorizar todos los pasajes clásicos en ellas como su posesión más valiosa; y, además, predican las palabras de Dios en todas partes, proveyendo y ayudando a los demás por medio de ellas. Piensan que hacer esto es dar testimonio de Dios, dar testimonio de Sus palabras; que hacer esto es seguir el camino de Dios, vivir por Sus palabras, traerlas a sus vidas actuales, y que les permitirá recibir el elogio de Dios, y ser salvos y perfeccionados. Pero, aunque prediquen las palabras de Dios, nunca las cumplen en la práctica ni tratan de alinearse con lo revelado en ellas. En su lugar, utilizan las palabras de Dios para ganarse la adoración y la confianza de los demás con engaños, y entrar en gestión por su cuenta, y malversar y robar la gloria de Dios. Esperan, en vano, usar la oportunidad que difundir las palabras de Dios les proporciona para que se les adjudiquen la obra de Dios y Sus elogios. Cuántos años han pasado, y estas personas no sólo han sido incapaces de obtener el elogio de Dios en el proceso de predicar Sus palabras; también han sido incapaces de descubrir el camino que debían seguir en el proceso de dar testimonio de las palabras de Dios. No sólo no se han ayudado ni han provisto para sí mismos en el proceso de proveer y ayudar a otros por medio de las palabras de Dios ni han sido capaces de conocer a Dios, o de despertar en ellos una reverencia genuina a Él, en el proceso de hacer todas estas cosas, sino que, por el contrario, sus malinterpretaciones sobre Dios son cada vez más profundas, su falta de confianza en Él cada vez más grave, y sus imaginaciones sobre Él cada vez más exageradas. Provistos y guiados por sus teorías acerca de las palabras de Dios, parece como si estuviesen completamente en su elemento, como si ejerciesen sus habilidades con una facilidad natural, como si hubiesen encontrado su propósito en la vida, su misión. Como si hubiesen obtenido nueva vida y hubiesen sido salvos; como si, con las palabras de Dios saliendo nítidamente de la lengua en recital, hubiesen conseguido el acceso a la verdad, comprendido las intenciones de Dios, y descubierto el camino para conocerlo. Como si, en el proceso de predicar las palabras de Dios, se encontrasen frecuentemente cara a cara con Él. También, se ven frecuentemente “movidos” a ataques de llanto y, a menudo dirigidos por el “Dios” en las palabras de Dios, parecen aferrarse incesantemente a Su sincera solicitud y Su amable propósito; al mismo tiempo parecen haber comprendido la salvación del hombre por parte de Dios y Su gestión, haber llegado a conocer Su esencia, y haber entendido Su justo carácter. Basados en este fundamento, parecen creer aún más firmemente en la existencia de Dios, ser más conscientes de Su estado elevado, y sentir aún más profundamente Su grandeza y trascendencia. Inmersos en el conocimiento superficial de las palabras de Dios, parecería que su fe ha crecido, su determinación a resistir el sufrimiento se ha fortalecido, y su conocimiento de Dios se ha profundizado. Poco se imaginan que, hasta que experimenten realmente las palabras de Dios, todo su conocimiento de Él y sus ideas sobre Él surgen de su propia imaginación y sus conjeturas ilusorias. Su fe no se sostendría bajo ninguna clase de prueba divina, sus así llamados espiritualidad y estatura simplemente no soportarían la prueba o la inspección de Dios; su determinación no es sino un castillo edificado sobre la arena, y su supuesto conocimiento de Dios no es más que un producto de su imaginación. En realidad, estas personas que han puesto, por así decirlo, mucho esfuerzo en las palabras de Dios, nunca han sido conscientes de lo que es la fe real, lo que es la obediencia real, lo que es la preocupación real, o lo que es el conocimiento real de Dios. Toman la teoría, la imaginación, el conocimiento, el don, la tradición, la superstición, e incluso los valores morales de la humanidad y hacen de ellos una “inversión de capital” y “armas militares” para creer en Dios y buscarlo, haciendo de ellos incluso el fundamento de su creencia en Dios y de su búsqueda de Él. Al mismo tiempo, toman este capital y este armamento y los convierten en un talismán mágico para conocer a Dios, encontrar y lidiar con la inspección, la prueba, el castigo, y el juicio de Dios. Al final, lo que obtienen sigue consistiendo tan sólo en conclusiones acerca de Dios inmersas en connotaciones religiosas, superstición feudal y en todo lo que es legendario, grotesco y enigmático. Su forma de conocer y definir a Dios se ha formado en el mismo molde que la de las personas que sólo creen en el Cielo Allá Arriba, o en el Viejo Hombre en el Cielo, mientras que la realidad de Dios, Su esencia, Su carácter, Sus posesiones y Su ser, y demás, todo lo que tiene que ver con el verdadero Dios mismo, son cosas que su conocimiento ha fallado en captar, le son completamente irrelevantes y hasta se aleja de ellos al otro extremo. De esta forma, aunque viven bajo la provisión y la nutrición de las palabras de Dios, son sin embargo incapaces de recorrer verdaderamente el camino del temor a Dios y apartarse del mal. La verdadera razón para esto es que nunca se han familiarizado con Dios ni han tenido nunca un contacto o una comunión genuinos con Él; por tanto, es imposible para ellos llegar a un entendimiento mutuo con Dios, o despertar en ellos una creencia, una búsqueda, o una adoración genuinas de Él. Que consideren de esa forma las palabras de Dios y a Dios son la perspectiva y la actitud que los ha condenado a volver con las manos vacías de sus esfuerzos, a no ser nunca capaces en toda la eternidad de recorrer el camino del temor a Dios y de apartarse del mal. El objetivo al que aspiran, y la dirección en la que están yendo, indican que son enemigos de Dios a lo largo de la eternidad, y que a lo largo de ella nunca serán capaces de recibir la salvación.

de ‘Conocer a Dios es el camino hacia el temer a Dios y apartarse del mal’ en “La Palabra manifestada en carne”

45. Yo me aparezco a vosotros en vuestra vida, pero nunca sois conscientes de ello, y ni siquiera me reconocéis. Casi la mitad de las palabras que pronuncio son juicio sobre vosotros; la mitad de ellas son efectivas de forma que todos sois empujados a la distracción. La mitad restante son palabras para enseñaros sobre la vida y cómo comportaros, pero es como si no existieran para vosotros, como si escucharais las palabras de niños que juegan; siempre les brindáis una sonrisa velada y luego no hacéis nada. Nunca os han preocupado estas cosas; siempre habéis observado Mis acciones a partir de vuestra curiosidad, de forma que ahora habéis caído en las tinieblas y no podéis ver la luz: lloráis lastimosamente en la oscuridad. Lo que Yo quiero es vuestra obediencia, vuestra obediencia incondicional; además, exijo que estéis completamente seguros de todo lo que digo. No deberíais adoptar una actitud de desatención y, en particular, no deberíais sobrellevarlo selectivamente, y menos aún ser siempre indiferentes hacia Mis palabras y Mi obra. Esta se realiza en medio de vosotros, y Yo os he concedido muchas de Mis palabras; pero si no me tomáis así en serio, sólo puedo regalar a las familias gentiles aquello que vosotros no habéis ganado ni puesto en práctica. ¿Hay algo entre la creación que no esté en Mis manos? La mayoría de los que están entre vosotros son de “edad avanzada” y no tenéis energía para aceptar esta clase de obra mía. Sois como el pájaro Hanhao:[g] apenas sobrevivís, y nunca habéis tratado Mis palabras con seriedad. Las personas jóvenes son extremadamente vanas, demasiado indulgentes, y prestan incluso menos atención a Mi obra. No les apetece disfrutar de las exquisiteces de Mi banquete; son como un pequeño pájaro que ha volado fuera de su jaula para irse lejos. ¿Cómo pueden serme útiles estas clases de personas jóvenes y viejas?

de ‘Palabras a los jóvenes y viejos’ en “La Palabra manifestada en carne”

46. Hay algunas personas cuya creencia nunca ha sido reconocida en el corazón de Dios. En otras palabras, Él no reconoce a estas personas como seguidores suyos, porque no elogia su creencia. Independientemente de cuántos años hayan seguido a Dios, sus ideas y opiniones nunca han cambiado. Son como los incrédulos, se adhieren a sus principios y a su manera de hacer las cosas, a sus leyes de supervivencia y creencia. Nunca aceptaron la palabra de Dios como su vida ni creyeron que Su palabra fuera la verdad, ni tuvieron intención de aceptar Su salvación, y nunca lo reconocieron como su Dios. Consideran que creer en Dios es una especie de pasatiempo de aficionado, tratan a Dios simplemente como un sustento espiritual, por lo que no piensan que merezca la pena probar y entender Su carácter, o Su esencia. Se podría decir que todo lo que corresponde al Dios verdadero no tiene nada que ver con estas personas. No están interesadas, y no se les puede importunar para que presten atención. Esto se debe a que, en lo profundo de su corazón, una voz intensa les advierte siempre: Dios es invisible e intocable, y Dios no existe. Creen que intentar entender a esta clase de Dios no merece sus esfuerzos; sería engañarse a uno mismo. Sólo reconocen a Dios de palabra y no adoptan una posición real. Tampoco hacen nada en términos prácticos, creyéndose muy listos.

de ‘Cómo conocer el carácter de Dios y los resultados que logrará Su obra’ en “La Palabra manifestada en carne”

47. Vuestros muchos años de acciones ante Mí me han dado la respuesta que previamente nunca había recibido. Y la pregunta a esta respuesta es: “¿Cuál es la actitud del hombre ante la verdad y el Dios verdadero?”. El esfuerzo que he invertido en el hombre prueba Mi esencia de amar al hombre y las acciones y hechos del hombre ante Mi presencia también han probado la esencia del hombre de aborrecer la verdad y oponerse a Mí. En todo momento me preocupo por todos los que me han seguido; sin embargo, los que me siguen en ningún momento son capaces de recibir Mi palabra; son completamente incapaces de aceptar siquiera sugerencias que provengan de Mí. Esto es lo que más me entristece de todo. Ninguno es capaz de entenderme y, más aún, ninguno es capaz de aceptarme, aunque Mi actitud es sincera y Mis palabras son gentiles. Todos están haciendo el trabajo que Yo les he encomendado de acuerdo con sus propias ideas; no buscan Mis intenciones y mucho menos preguntan por Mis peticiones. Siguen afirmando que me sirven con lealtad al tiempo que se rebelan contra Mí. Muchos creen que las verdades que les son inaceptables o que no pueden practicar, no son verdades. Para tales hombres, Mis verdades se vuelven algo que debe ser negado y desechado. Al mismo tiempo, me convierten en alguien a quien el hombre reconoce como Dios sólo de palabra, pero a quien también considerado un extraño que no es la verdad, el camino o la vida. Nadie conoce esta verdad: Mis palabras son la verdad que jamás cambia. Soy el suministro de vida para el hombre y la única guía para la humanidad. El valor y el significado de Mis palabras no se determinan basándose en si son reconocidas o aceptadas por la humanidad, sino en la esencia de las palabras mismas. Incluso aunque ni una sola persona en esta tierra pudiera recibir Mis palabras, el valor de Mis palabras y su ayuda para la humanidad son inestimables por cualquier hombre. Por lo tanto, cuando me enfrento con los muchos hombres que se rebelan en contra de Mis Palabras, las refutan o las desdeñan por completo, Mi posición es simplemente esta: dejar que el tiempo y los hechos sean Mis testigos y muestren que Mis palabras son la verdad, el camino y la vida. Dejar que muestren que todo lo que he dicho es correcto y que eso es con lo que el hombre debe ser provisto y, además, que eso es lo que el hombre debe aceptar. Voy a dejar que todos los que me siguen conozcan este hecho: los que no pueden aceptar completamente Mis palabras, los que no pueden practicar Mis palabras, los que no pueden encontrar un propósito en Mis palabras y los que no pueden recibir la salvación por causa de Mis palabras, son los que han sido condenados por Mis palabras y, además, han perdido Mi salvación y Mi vara nunca se apartará de ellos.

de ‘Deberíais considerar vuestros hechos’ en “La Palabra manifestada en carne”

48. Me habéis seguido todos estos años; sin embargo, nunca me habéis dado ni un ápice de lealtad. Más bien, habéis estado girando en torno a las personas que amáis y las cosas que os causan placer, tanto es así que las mantenéis cerca de vuestro corazón y nunca las abandonáis, en ningún momento ni en ningún lugar. Cuando os sentís ansiosos o entusiasmados acerca de cualquier cosa que amáis, siempre sucede durante el tiempo que me estáis siguiendo o, incluso, cuando estáis escuchando Mis palabras. Por eso digo que estáis utilizando la lealtad que os pido, más bien, para ser leales a los objetos de vuestros afectos y para apreciarlos. Aunque quizá sacrifiquéis una o dos cosas por Mí, no representa vuestro todo, y no muestra que es a Mí a quien vosotros sois verdaderamente leales. Os involucráis en proyectos que os apasionan: algunos son leales a sus hijos, otros a maridos, esposas, las riquezas, el trabajo, los superiores, al estatus o a las mujeres. Nunca os habéis sentido cansados o molestos por causa de esas cosas a las que sois leales; más bien, anheláis cada vez más poseer una mayor cantidad y calidad de las cosas a las que sois leales, y nunca os habéis desesperado. Yo y Mis palabras siempre somos relegados a la última posición en términos de las cosas que os apasionan. Y no tenéis más remedio que clasificarlos en último lugar; algunos incluso dejan ese último lugar para algo a lo cual ser leales pero que aún están por descubrir. Ellos nunca han guardado ni una porción de Mí en su corazón. Tal vez, consideráis que os pido demasiado o que os acuso injustamente, pero ¿acaso alguna vez habéis pensado en el hecho de que cuando estáis pasando felizmente tiempo con vuestra familia, nunca, ni una sola vez, habéis sido leales a Mí? En momentos como este, ¿no os causa dolor? Cuando vuestro corazón está lleno de alegría al recibir el pago por vuestras labores, ¿acaso no os sentís descorazonados por no haberos provisto con suficiente verdad? ¿Cuándo habéis llorado por no haber recibido Mi aprobación? Os devanáis los sesos y hacéis enormes esfuerzos por vuestros hijos, y aun así nunca estáis satisfechos, creéis que no habéis sido diligentes con ellos, que no les habéis dedicado todo vuestro esfuerzo. Sin embargo, conmigo siempre habéis sido negligentes y descuidados, manteniéndome sólo en vuestra memoria, y nunca permanezco en vuestro corazón. Mi devoción y Mis esfuerzos siempre pasan desapercibidos para vosotros y nunca habéis intentado comprenderlos. Tan sólo os involucráis en una breve reflexión y creéis que eso es suficiente. Esta forma de “lealtad” no es lo que siempre he anhelado; más bien, ha sido durante mucho tiempo una abominación para Mí.

de ‘¿A quién eres leal?’ en “La Palabra manifestada en carne”

49. Si en estos momentos colocase riquezas en frente de vosotros, y os pidiera que eligierais libremente y a sabiendas de que[h] Yo no os condenaría, resultaría que la mayoría escogería las riquezas y renunciaría a la verdad. Los mejores de entre vosotros renunciarían a las riquezas y de mala gana elegirían la verdad, mientras que aquellos que se encuentran en medio tomarían las riquezas con una mano y la verdad con la otra. ¿No se haría evidente de esta manera vuestra verdadera naturaleza? Al elegir entre la verdad y cualquier cosa a la que sois leales, todos tomaréis tal decisión, y vuestra actitud seguirá siendo la misma. ¿No es así? ¿Acaso no hay muchos entre vosotros que han fluctuado entre lo correcto y lo incorrecto? En las competencias entre lo positivo y lo negativo, lo blanco y lo negro, seguramente estáis conscientes de las elecciones que habéis hecho entre la familia y Dios, los hijos y Dios, la paz y la perturbación, la riqueza y la pobreza, el estatus y lo ordinario, ser apoyados y ser echados a un lado, y así sucesivamente. Entre una familia pacífica y una fracturada, elegisteis la primera, y sin ninguna vacilación; entre la riqueza y el deber, de nuevo elegisteis la primera, aun careciendo de la voluntad de regresar a la orilla;[i] entre el lujo y la pobreza, elegisteis la primera; entre los hijos, esposas, maridos y Yo, elegisteis la primera; y entre la noción y la verdad, una vez más elegisteis la primera. Enfrentado a todas las formas de vuestras malas acciones, literalmente he perdido la fe en vosotros. Estoy absolutamente asombrado de que vuestro corazón sea tan resistente a ablandarse. Muchos años de dedicación y esfuerzo al parecer sólo me han traído resignación, y que hayáis perdido las esperanzas en Mí. Sin embargo, Mis esperanzas hacia vosotros crecen con cada día que pasa, porque Mi día ya ha sido completamente expuesto ante todos. Sin embargo, vosotros continuáis buscando aquello que pertenece a la oscuridad y a la maldad, y os negáis a dejarlo ir. Entonces, ¿cuál será vuestro resultado? ¿Habéis reflexionado cuidadosamente sobre esto con anterioridad? Si se os pidiera que eligierais de nuevo, ¿cuál sería, entonces, vuestra postura? ¿Seguiría siendo la primera? ¿Seguiríais dándome decepciones y una tristeza miserable? ¿Seguiría vuestro corazón siendo apenas un poco tibio? ¿Seguiríais sin estar conscientes de qué hacer para consolar a Mi corazón?

de ‘¿A quién eres leal?’ en “La Palabra manifestada en carne”

50. Yo me oculto en los momentos en que los hombres están ocupados y me revelo en sus momentos de ocio. La humanidad imagina que soy omnisciente y el Dios mismo que concede todas las súplicas. La mayoría viene por tanto delante de Mí sólo para buscar la ayuda de Dios, no por un deseo de conocerme. Cuando se encuentran en la agonía de la enfermedad, los hombres suplican urgentemente Mi ayuda. Cuando están en la adversidad, me confían sus dificultades con toda su fuerza para derramar mejor su sufrimiento. Sin embargo, ni un solo ser humano ha sido capaz de amarme también estando en la comodidad. Ni una sola persona me ha contactado en su momento de paz y felicidad para que Yo participara de su gozo. Cuando su familia pequeña está feliz y bien, los hombres de una vez me echan a un lado o me cierran la puerta, prohibiéndome entrar y disfrutar de la bendita felicidad de la familia. La mente humana es demasiado limitada, incluso para tener un Dios tan amoroso, misericordioso y accesible como Yo. Cuántas veces fui rechazado por los hombres en su momento de risas gozosas; cuántas veces se apoyaron en Mí como en una muleta cuando se tambalearon; cuántas veces me vi obligado a adoptar el papel de un doctor cuando sufrían enfermedades. ¡Cuán cruel es la humanidad! Totalmente irracional e inmoral. Ni siquiera pueden percibirse en ellos los sentimientos con los que los humanos están supuestamente equipados. Están casi totalmente desprovistos de cualquier vestigio de humanidad.

de ‘Capítulo 14’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

51. En el reino, soy Rey, pero en lugar de tratarme como su Rey, el hombre me trata como el Salvador que descendió del cielo. Como consecuencia, anhela que Yo le dé dádivas, y no busca el conocimiento de Mí. Muchos han clamado delante de Mí como un mendigo; muchos han abierto sus “sacas” ante Mí y me han implorado que les dé comida para sobrevivir; muchos han fijado ojos codiciosos sobre Mí, como lobos hambrientos, deseando poder engullirme y llenar sus vientres; muchos han inclinado sus cabezas en silencio debido a sus transgresiones y se han sentido avergonzados, orando por Mi clemencia, o aceptando de buen grado Mi castigo. Cuando Yo hablo, las diversas estupideces del hombre parecen absurdas, y su verdadera forma se revela en medio de la luz, y en la luz brillante, el hombre es incapaz de perdonarse a sí mismo. Así pues, se apresura delante de Mí a inclinarse y confesar sus pecados. Debido a la “honestidad” del hombre, lo pongo una vez más sobre el carro de salvación, y por consiguiente él me está agradecido, y me echa una mirada amorosa. No obstante, sigue sin estar dispuesto a refugiarse verdaderamente en Mí, y no me ha dado totalmente su corazón. Simplemente alardea de Mí, pero no me ama realmente, porque no ha vuelto su mente hacia Mí; su cuerpo está delante de Mí, pero su corazón detrás. Como el entendimiento de las reglas por parte del hombre es demasiado insuficiente y él no tiene interés en venir delante de Mí, Yo le proveo el apoyo adecuado, de forma que pueda volverse hacia Mí desde su pertinaz ignorancia. Esta es precisamente la misericordia que doy al hombre, y el método por el que me esfuerzo para salvarlo.

de ‘Capítulo 22’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

52. Entre las personas del mundo de hoy, incluyendo todos los que están presentes en Mi hogar, ¿quién verdaderamente se refugia en Mí? ¿Quién da su corazón a cambio del precio que Yo he pagado? ¿Quién ha vivido alguna vez en Mi hogar? ¿Quién realmente alguna vez se ha ofrecido ante Mí? Cuando le hago exigencias al hombre, de inmediato cierra su “pequeña bodega”. Cuando le doy al hombre, rápidamente abre la boca para tomar Mis riquezas a hurtadillas y su corazón con frecuencia tiembla, profundamente temeroso de que le devuelva el golpe. De este modo la boca del hombre está mitad abierta y mitad cerrada y es incapaz de gozar sinceramente las riquezas que le otorgo. No condeno al hombre con facilidad; sin embargo siempre me toma de la mano y me pide que le otorgue misericordia; sólo cuando el hombre me suplica le otorgo una vez más “misericordia” y le doy las palabras más duras de Mi boca, tanto, que de inmediato se siente avergonzado y, al ser incapaz de recibir de manera directa Mi “misericordia”, en su lugar hace que los demás se la transmitan. Cuando ha entendido a fondo todas Mis palabras, la estatura del hombre es proporcional a Mis deseos y sus súplicas son fructíferas y no son en vano o fútiles; Yo bendigo las súplicas de la humanidad que son sinceras y no son una simulación.

de ‘Capítulo 28’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

53. Como las personas no me conocen y su naturaleza me desafía, incluso los que me son leales buscan su propio placer. Pero si ocurre algo que les produce aflicción, su corazón cambia inmediatamente y quieren retirarse de Mi lado. Esta es la naturaleza de Satanás. ¡No debéis ser obstinados creyendo que sois leales! Si no hay nada para ellas en esto, esta manada de bestias son simplemente incapaces de serme leales. Si Yo no hubiera proclamado Mis decretos administrativos, os habríais retirado hace mucho tiempo. Ahora todos estáis atrapados entre la sartén y el fuego, reticentes a rendirme servicio, pero no dispuestos a ser derribados por Mi mano. Si Yo no hubiera proclamado que los grandes desastres sobrevendrán a cualquiera que me desafiara en cualquier momento, vosotros os habríais retirado hace mucho tiempo. ¿Acaso no sé cuán estrechas de miras pueden ser las personas? Ahora, la mayoría de la gente aún alberga alguna esperanza, pero cuando su esperanza se convierta en decepción, se darán por vencidos y querrán retirarse. He dicho que no obligaré a nadie a quedarse, pero ten cuidado con las consecuencias que esto tendrá para ti. No te estoy amenazando; esto es un hecho. Nadie puede desentrañar la naturaleza del hombre, sino Yo, y todos ellos creen que son leales a Mí, sin saber que su lealtad es impura. Estas arruinarán a las personas porque estas son una maquinación del gran dragón rojo. Hace mucho tiempo que Yo las he revelado; Yo soy el Dios todopoderoso, ¿cómo no podría entender algo tan sencillo? Puedo ver a través de tu misma carne, de tu misma sangre para ver lo que vive en tus intenciones. La naturaleza del hombre no es difícil para Mí de comprender en absoluto, sin embargo, la humanidad todavía se considera inteligente y cree que sus propias intenciones son desconocidas por todos, excepto por sí mismos, ¿acaso no saben que el Dios todopoderoso existe en los cielos y la tierra y en todas las cosas?

de ‘Capítulo 118’ de Declaraciones de Cristo en el principio en “La Palabra manifestada en carne”

54. No importa cómo sean probados, la lealtad de los que tienen a Dios en su corazón se mantiene sin cambios; pero para los que no tienen a Dios en su corazón, una vez que la obra de Dios no sea favorable para su carne, cambian su opinión de Dios y hasta se apartan de Dios. Así son los que no se mantendrán firmes al final, que sólo buscan las bendiciones de Dios y no tienen el deseo de consumirse por Dios y dedicarse a Él. Todas estas personas tan viles serán expulsadas cuando la obra de Dios llegue a su fin y no son dignas de ninguna simpatía. Los que no tienen una humanidad no pueden amar verdaderamente a Dios. Cuando el ambiente es seguro y fiable, o pueden obtener ganancias, son completamente obedientes a Dios, pero cuando lo que desean está comprometido o finalmente se les niega, de inmediato se rebelan. Incluso, en el espacio de sólo una noche, pueden pasar de ser una persona sonriente y “de buen corazón” a un asesino de aspecto espantoso y feroz, tratando de repente a su benefactor de ayer como su enemigo mortal, sin ton ni son. Si estos demonios no son desechados, demonios que matarían sin pensarlo dos veces, ¿no se convertirían en la fuente de más sufrimiento?

de ‘La obra de Dios y la práctica del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

55. El hombre me busca en medio del dolor y me mira en medio de las pruebas. En tiempos de paz me disfruta; cuando está en peligro me niega; cuando está ocupado, se olvida de Mí, y en momentos de ocio se limita a cumplir con la rutina por Mí; sin embargo, nunca nadie me ha amado durante toda su vida. Deseo que el hombre sea sincero ante Mí; no le pido que me dé nada, sólo pido que todas las personas me tomen en serio, que, en lugar de engañarme, me permitan traer de vuelta la sinceridad del hombre. Mi esclarecimiento, iluminación y el costo de Mis esfuerzos penetran en todas las personas; sin embargo, también el hecho real de cada acción del hombre penetra en todas las personas, igual que el engaño que me profieren. Es como si los ingredientes del engaño del hombre hubiesen estado dentro de él desde el vientre; como si él hubiese poseído estas habilidades especiales para engañar desde su nacimiento. Es más, él nunca ha revelado su secreto ni nadie ha podido penetrar hasta el origen de estas habilidades engañosas. Como resultado, el hombre vive en medio del engaño sin darse cuenta, y es como si se perdonara a sí mismo, como si fuesen los planes de Dios y no su engaño deliberado hacia Mí. ¿No es esta la fuente misma del engaño del hombre hacia Mí? ¿No es este su astuto plan? Nunca me he sentido desconcertado por los halagos y las argucias del hombre, ya que Yo me percaté de su esencia hace mucho tiempo. ¿Quién sabe cuánta impureza hay en su sangre, y cuánto veneno de Satanás está presente dentro de su médula ósea? El hombre se va acostumbrando cada vez más a esto con el pasar de los días, de tal manera que se vuelve insensible a la aflicción de Satanás, y, por tanto, no tiene ningún interés en conocer el “arte de una existencia saludable”.

de ‘Capítulo 21’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

56. Muchas han sido las veces que he llamado al hombre con Mi espíritu, sin embargo, el hombre actúa como si hubiera sido apuñalado por Mí, mirándome desde la distancia, muy temeroso de que Yo lo guíe a otro mundo. Muchas han sido las veces que he preguntado en el espíritu del hombre, sin embargo, él ha permanecido completamente ajeno, con un profundo temor de que Yo entre en su morada y aproveche la oportunidad de despojarlo de todas sus pertenencias. Por lo tanto, me cierra afuera, dejándome sólo una puerta fría y estrechamente cerrada. Muchas han sido las veces en las que el hombre ha caído y Yo lo he salvado; sin embargo, después de despertar, de inmediato me deja y, sin haber sido tocado por Mi amor, me lanza una cautelosa mirada; nunca he calentado el corazón del hombre. El hombre es un animal sin emociones y de sangre fría. A pesar de que ha sido calentado por Mi abrazo, nunca se ha emocionado profundamente por ello. El hombre es como un salvaje de la montaña. Nunca ha atesorado todas Mis querencias de la humanidad. Está reacio a acercarse a Mí, prefiriendo vivir en las montañas, sufriendo las amenazas de bestias salvajes, y aún permanece reacio a refugiarse en Mí. No le exijo a ningún hombre: Yo simplemente hago Mi obra. El día llegará cuando el hombre nade hacia Mi lado desde el centro del poderoso océano, para poder disfrutar de toda la riqueza de la tierra y dejar atrás el riesgo de ser tragado por el mar.

de ‘Capítulo 20’ de Las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

57. Yo entiendo profundamente el engaño que existe en vuestros corazones; la mayoría de vosotros me seguís por curiosidad, y habéis venido a buscarme porque sentís un vacío. Cuando se destruye vuestro tercer deseo, el de una vida apacible y feliz, vuestra curiosidad también se disipa. El engaño que existe en cada uno de vuestros corazones queda al descubierto a través de vuestras palabras y hechos. Francamente, sólo tenéis curiosidad respecto a Mí, no temor; no os importan vuestras lenguas, y menos aún contenéis vuestra conducta. ¿Cómo es, pues, vuestra fe en realidad? ¿Es genuina? Sencillamente usáis Mis palabras para disipar vuestras preocupaciones, y aliviar vuestro aburrimiento; para llenar los espacios vacíos que quedan en tu vida. ¿Quién de entre vosotros las ha puesto en práctica? ¿Quién tiene una fe genuina? Seguís gritando que Dios es un Dios que ve lo profundo de los corazones de las personas, ¿pero de qué forma es compatible conmigo el Dios del que gritáis en vuestros corazones? Si estáis gritando así, ¿por qué actuáis, pues, de esa forma? ¿Será ese el amor que queréis devolverme? No hay escasez de dedicación en vuestros labios, pero ¿dónde están vuestros sacrificios, y vuestras buenas obras? Si no fuera porque vuestras palabras llegan hasta Mis oídos, ¿cómo podría Yo odiaros tanto? Si creyerais realmente en Mí, ¿cómo podríais caer en semejante estado de angustia? En vuestros rostros hay miradas deprimidas, como si estuvierais en el Hades siendo juzgados. No tenéis vitalidad alguna, y habláis débilmente sobre vuestra voz interior; incluso estáis llenos de quejas y maldiciones. Hace mucho que perdisteis la confianza en lo que Yo hago, y hasta vuestra confianza original ha desaparecido; ¿cómo podéis entonces seguir hasta el final? ¿Cómo podéis salvaros de esta forma?

de ‘Palabras a los jóvenes y viejos’ en “La Palabra manifestada en carne”

58. Aunque el hombre cree en Dios, Él no está en su corazón; no sabe cómo amarlo ni quiere hacerlo, porque su corazón nunca se acerca a Dios y siempre lo evita. Como consecuencia, el corazón del hombre está lejos de Dios. ¿Dónde está entonces su corazón? En realidad, el corazón del hombre no ha ido a ninguna parte: en lugar de entregárselo a Dios o revelarlo para que Dios lo vea, lo ha guardado para sí. Esto es así, a pesar de que algunos oren a menudo: “Oh Dios, mira mi corazón, Tú sabes todo lo que pienso”, y algunos incluso juran diciendo que Dios los escudriñe, que sean castigados si quebrantan su juramento. Aunque el hombre le permita a Dios que ver el interior de su corazón, esto no significa que sea capaz de obedecer las orquestaciones y disposiciones de Dios ni que haya dejado su destino, su porvenir y su todo bajo el control de Dios. Por tanto, independientemente de los juramentos que le hagas a Dios o lo que le declares a Él, a los ojos de Dios tu corazón sigue cerrado a Él, porque sólo le permites a Dios observar tu corazón pero no le permites controlarlo. En otras palabras, no le has entregado tu corazón en absoluto, y sólo pronuncias palabras agradables para que Él las oiga; entretanto, escondes de Él tus diversas intenciones astutas, junto con tus intrigas, confabulaciones y planes, y te aferras con las manos a tus expectativas y tu destino, profundamente temeroso de que Dios te los quite. Así, Él nunca ve la sinceridad del hombre hacia Él. Aunque Dios observa las profundidades del corazón humano, puede ver lo que el hombre está pensando y desea hacer en su corazón, y qué cosas se mantienen dentro del mismo, este no le pertenece a Dios: el hombre no lo ha entregado a Su control. Es decir, Dios tiene el derecho de observar, pero no de controlar. En la conciencia subjetiva del hombre, este no quiere ni pretende entregarse a merced de Dios. No sólo se ha cerrado a Dios, sino que incluso hay personas que piensan en formas de envolver su corazón, mediante un lenguaje suave y la adulación, para crear una falsa impresión y ganarse la confianza de Dios, ocultando su verdadero rostro de Su vista. Al no permitir que Dios vea, pretenden que no pueda percibir cómo son en realidad. No quieren darle su corazón, sino guardarlo para sí. El trasfondo de esto es que el hombre mismo tiene planeado, calculado y decidido lo que hace y lo que quiere. No requiere la participación ni la intervención de Dios, y mucho menos necesita Sus orquestaciones y disposiciones. Así pues, con respecto a los mandatos divinos, Su comisión, o Sus exigencias para el hombre, las decisiones de este están basadas en sus propios propósitos, intereses, estado y circunstancias del momento. El hombre siempre usa el conocimiento y las percepciones con las que está familiarizado, y su propio intelecto, para juzgar y seleccionar la senda que debería tomar, sin permitir la interferencia ni el control de Dios. Este es el corazón del hombre que Dios ve.

de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

59. A menudo, las personas se preocupan por las pruebas de Dios y les temen, pero viven todo el tiempo en el lazo de Satanás, en un territorio peligroso en el que este las ataca y maltrata; sin embargo, no conocen el miedo y se muestran imperturbables. ¿Qué está ocurriendo? La fe del hombre en Dios sólo se limita a las cosas visibles. No tiene la más mínima apreciación del amor y de la preocupación de Dios por él ni de Su piedad y consideración hacia él. Excepto por un poco de inquietud y temor por las pruebas, el juicio y castigo, y la majestad e ira de Dios, el hombre no tiene el más mínimo entendimiento de Sus buenos propósitos. Con la sola mención de las pruebas, las personas sienten como si Dios tuviera motivos ocultos, y algunos hasta llegan a creer que Él alberga designios malvados, ignorando cómo actuará realmente con ellos. Por tanto, a la vez que proclaman obediencia a la soberanía y a las disposiciones de Dios, hacen todo lo que pueden para resistirse y oponerse a Su señorío sobre el hombre y Sus disposiciones para él, porque creen que si no tienen cuidado Dios los engañará; que si no tienen bien agarrado su propio destino Él podría quitarles todo lo que tienen, y hasta poner fin a su vida. El hombre está en el campamento de Satanás, sin preocuparse de que este lo maltrate; este abusa de él, pero el ser humano nunca teme que lo lleve cautivo. Sigue afirmando que acepta la salvación de Dios, pero nunca ha confiado en Él ni ha creído que Él lo salvará de verdad de las garras de Satanás. Si, como Job, el hombre es capaz de someterse a las orquestaciones y disposiciones de Dios, y puede entregar todo su ser en Sus manos, ¿no será, pues, su final el mismo que el de Job: recibir las bendiciones de Dios? Si un hombre es capaz de aceptar y someterse al dominio de Dios, ¿qué tiene que perder? Y de este modo, sugiero que seáis cuidadosos en vuestros actos, y cautos con todo lo que está a punto de venir sobre vosotros. No seáis temerarios ni impulsivos, y no tratéis a Dios y a las personas, los asuntos y los objetos que Él ha arreglado para vosotros según la carne ni vuestra naturalidad o según vuestras imaginaciones y nociones; debéis ser precavidos en vuestras acciones, orar y buscar más, para evitar dar lugar a la ira de Dios.

de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo II’ en “La Palabra manifestada en carne”

60. Vuestra fe es muy hermosa; decís que estáis dispuestos a dedicar vuestra vida a Mi obra, a hacer cualquier cosa y todo por ella, pero vuestro carácter no ha cambiado mucho. Sólo ha habido palabras arrogantes, y vuestras acciones reales son muy miserables. Parece que la lengua y los labios están en el cielo, pero las piernas lejos en la tierra, por lo que las palabras, los hechos y la reputación siguen estando en una condición terrible. Vuestra reputación ha sido destruida, vuestro comportamiento es degradante, vuestra forma de hablar es pobre, vuestra vida despreciable, e incluso toda vuestra humanidad es inferior. Sois estrechos de miras con las personas y regateáis por toda cosa pequeña. Discutís por vuestra propia reputación y estatus, incluso hasta el punto de estar dispuestos a descender al infierno, al lago de fuego. Vuestras palabras y hechos actuales son suficientes para Yo poder determinar que sois pecadores. Vuestra actitud hacia Mi obra es suficiente para que Yo determine que sois injustos, y todos vuestros caracteres son suficientes para decir que sois almas inmundas llenas de abominaciones. Vuestras manifestaciones, y lo que reveláis, son adecuados para decir que sois personas que han bebido bastante de la sangre de los espíritus inmundos. Cuando se habla de entrar en el reino no traicionáis vuestros sentimientos. ¿Creéis que la forma en que sois ahora es adecuada para que entréis por la puerta de Mi reino de los cielos? ¿Creéis que podéis obtener la entrada en la tierra santa de Mi obra y palabras, sin que vuestras palabras y hechos pasen por Mi prueba? ¿Quién es capaz de engañar Mis dos ojos con éxito? ¿Cómo podrían escapar de Mi vista vuestras conductas y vuestras conversaciones despreciables, bajas? Yo he determinado vuestras vidas como vidas que beben la sangre de esos espíritus inmundos, y comen su carne, porque adoptáis su aspecto ante Mí cada día. Vuestra conducta era particularmente mala delante de Mí, ¿cómo no iba Yo a sentir repugnancia entonces? Las impurezas de los espíritus inmundos están en lo que decís: engañáis, ocultáis, y aduláis como los que llevan a cabo brujería, como los que engañan y beben la sangre de los injustos. Todas las manifestaciones de la humanidad son muy injustas; ¿cómo se puede colocar a todas las personas en la tierra santa donde están los justos? ¿Piensas que esa conducta despreciable tuya puede distinguirte como santo de esos injustos? Esa lengua de serpiente tuya arruinará finalmente tu carne que causa destrucción, y lleva a cabo abominaciones; y esas manos tuyas que están cubiertas con la sangre de espíritus inmundos también empujarán finalmente a tu alma al infierno. ¿Por qué no aprovechas esta oportunidad de purificar tus manos que están cubiertas de inmundicia? ¿Y por qué no aprovechas esta oportunidad de cortar esa lengua tuya que habla palabras injustas? ¿Podría ser que estés dispuesto a sufrir bajo las llamas del infierno por tus dos manos, tu lengua y tus labios? Yo vigilo el corazón de todas las personas con Mis dos ojos, porque mucho antes de crear la humanidad, había agarrado su corazón con Mis manos. Hace mucho vi a través del corazón del hombre, ¿cómo podrían escapar a Mis ojos los pensamientos del corazón del hombre? ¿Y cómo podrían estar a tiempo de escapar del fuego de Mi Espíritu?

de ‘¡Sois todos muy básicos en vuestro carácter!’ en “La Palabra manifestada en carne”

61. Tus labios son más bondadosos que las palomas, pero tu corazón es más siniestro que la serpiente antigua, incluso tus labios son tan hermosos como una mujer libanesa, pero tu corazón no es tan amable como el de ellas y, desde luego, no puede compararse con la belleza del de las cananeas. Tu corazón es demasiado engañoso. Yo sólo aborrezco los labios y el corazón de los inicuos. Mis exigencias a las personas no son más elevadas que los santos, es sólo que siento aborrecimiento por los hechos malvados de los injustos, y espero que estos puedan ser capaces de desechar su inmundicia y escapar de su apuro actual, de forma que se les pueda diferenciar de esos injustos, y vivir con los que son justos, y ser santos con ellos. Vosotros estáis en las mismas circunstancias que Yo, pero estáis cubiertos de inmundicia; ni siquiera hay en vosotros un poco de la semejanza de los seres humanos creados en el principio, y como imitáis cada día la semejanza de esos espíritus inmundos, hacéis lo que ellos hacen, y decís lo que ellos dicen, cada parte de vosotros e incluso vuestra lengua y labios están empapados de su agua pestilente. Habéis llegado al punto de estar totalmente cubiertos de esas manchas, y no hay una sola parte de vosotros que pueda usarse para Mi obra. ¡Es tan desolador! Vivís en semejante mundo de caballos y ganado, con todo, realmente no os sentís preocupados; y estáis llenos de alegría, vivís libre y fácilmente. Estáis nadando en esta agua pestilente, pero no sabéis realmente que habéis caído en esta clase de circunstancias. Te juntas cada día con espíritus inmundos, y tienes tratos con “excrementos”. Tu vida es muy inferior, pero no sabes en absoluto que no estás sobreviviendo en el mundo humano, y que no tienes el control de ti mismo. ¿No sabes que hace mucho que los espíritus inmundos pisotearon tu vida, que el agua pestilente ensució tu personalidad? ¿Piensas que estás viviendo en el paraíso terrenal, que estás en medio de la felicidad? ¿No sabes que has vivido una vida con los espíritus inmundos, y con todo lo que ellos han preparado para ti? ¿Cómo podría tener sentido alguno tu existencia? ¿Cómo podría tener valor alguno tu vida? Hasta ahora has estado haciendo diligencias afanosamente para tus padres de espíritu inmundo, pero no sabes que los que te atrapan son esos espíritus inmundos, tus padres que te dieron a luz y te criaron. Además, no sabes que ellos te dieron realmente toda tu inmundicia; lo único que sabes es que ellos te pueden dar “disfrute”, no te castigan ni te juzgan y, especialmente, no te maldicen. Ellos nunca han estallado en ira contra ti, sino que te tratan con afabilidad y amabilidad. Sus palabras nutren tu corazón, y te cautivan de forma que te desorientas y, sin darte cuenta, te absorben y estás dispuesto a servirlos, a ser su válvula de escape así como su siervo. No tienes queja alguna, sino que estás dispuesto a estar a su disposición; ellos te engañan. Por esta razón, no reaccionas en absoluto ante la obra que Yo hago; no es de extrañar que siempre quieras escaparte en secreto de Mis manos, y usar dulces palabras para manipular Mi favor. Resulta que ya tenías otro plan, otro arreglo. Puedes ver un poco de Mis acciones, las del Todopoderoso, pero no conoces un ápice de Mi juicio y castigo. No sabes cuándo empezó Mi castigo; sólo sabes cómo engañarme, pero no que Yo no tolero la violación por el hombre.

de ‘¡Sois todos muy básicos en vuestro carácter!’ en “La Palabra manifestada en carne”

62. Yo he estado entre vosotros, asociándome con vosotros durante varias primaveras y otoños, he vivido entre vosotros durante mucho tiempo, he vivido con vosotros; ¿cuánta de vuestra conducta despreciable se ha escapado justo delante de Mis ojos? Esas palabras sinceras vuestras resuenan constantemente en Mis oídos; millones y millones de vuestras aspiraciones se han colocado en Mi altar; ni siquiera pueden contarse. Pero en cuanto a vuestra dedicación y lo que erogáis, no hay ni siquiera un poco. Ni siquiera hay una pequeña gota de vuestra sinceridad en Mi altar. ¿Dónde están los frutos de vuestra creencia en Mí? Habéis recibido gracia infinita de Mí, y visto infinitos misterios del cielo, e incluso os he enseñado las llamas del cielo pero no he tenido el corazón para quemaros, ¿y cuánto me habéis dado a cambio? ¿Cuánto estáis dispuestos a darme? Con la comida que Yo te di en la mano, te giras y me la ofreces, e incluso dices que fue algo que conseguiste a cambio del sudor de tu esfuerzo, que me estás ofreciendo todo lo que tienes. ¿Cómo es posible que no sepas que todas tus “contribuciones” a Mí son cosas robadas de Mi altar? Y ahora me estás ofreciendo esto; ¿no me estás haciendo trampa? ¿Cómo es posible que no sepas que todo lo que Yo estoy disfrutando hoy son las ofrendas de Mi altar, y no lo que tú has ganado a cambio de tu duro trabajo, y que me ofreces después? Os atrevéis realmente a engañarme de esta forma, ¿cómo puedo perdonaros entonces? ¿Cómo puedo soportar esto más tiempo? Yo os lo he dado todo. Yo lo he abierto todo para vosotros, he provisto para vuestras necesidades, y he abierto vuestros ojos, pero me engañáis de esta forma, e ignoráis vuestra conciencia. Yo os lo he concedido todo con abnegación, de forma que aunque sufrís, habéis obtenido de Mí todo lo que he traído del cielo. Pero no tenéis en absoluto dedicación, y aunque hagáis una pequeña contribución, ajustáis cuentas conmigo después de eso. ¿No equivaldrá a nada tu contribución? Lo que tú me has dado no es sino un único grano de arena, pero me has pedido una tonelada de oro. ¿No estás siendo simplemente poco razonable? Yo obro entre vosotros. No hay absolutamente ningún rastro del diez por ciento que Yo debería ganar, y menos aún algún sacrificio adicional. Aún más, los malvados se quedan con el diez por ciento contribuido por los piadosos. ¿No estáis todos alejados de Mí? ¿No sois todos adversarios míos? ¿No estáis todos destruyendo Mi altar? ¿Cómo podrían Mis ojos ver como un tesoro a este tipo de persona? ¿No son cerdos, perros que aborrezco? ¿Cómo podría hacer Yo referencia a vuestras maldades como un tesoro?

de ‘¡Sois todos muy básicos en vuestro carácter!’ en “La Palabra manifestada en carne”

63. Valoro en gran manera a aquellos que no sospechan de los demás y también me gustan mucho los que aceptan de buena gana la verdad; a estas dos clases de personas les muestro gran cuidado, porque ante Mis ojos, son personas sinceras. Si eres muy deshonesto, entonces tendrás un corazón precavido y pensamientos de sospecha respecto a todo y a todos. Por esta razón, tu fe en Mí está edificada sobre un cimiento de sospecha. Esta clase de fe es una que jamás reconoceré. Al faltarte la fe verdadera, estarás incluso más lejos del verdadero amor. Y si puedes dudar de Dios y especular sobre Él a voluntad, entonces sin duda eres la persona más engañosa de todas. Especulas si Dios puede ser como el hombre: imperdonablemente pecaminoso, de temperamento mezquino, carente de imparcialidad y de razón, falto de un sentido de justicia, entregado a tácticas despiadadas, traicioneras y arteras, y que se deleita en el mal y la oscuridad, etc. ¿Acaso el hombre no tiene tales pensamientos porque no conoce a Dios en lo más mínimo? ¡Esta forma de fe no se diferencia del pecado! Es más, hay incluso quienes creen que los que me agradan no son más que aduladores y lisonjeros, y que todo aquel que carezca de estas habilidades no será bienvenido y perderá su lugar en la casa de Dios. ¿Es este el único conocimiento que habéis cosechado en todos estos años? ¿Es esto lo que habéis obtenido? Y vuestro conocimiento de Mí no termina en estas malas interpretaciones; peor aún es vuestra blasfemia contra el Espíritu de Dios y la calumnia sobre el cielo. Por eso afirmo que esta clase de fe como la de vosotros sólo hará que os alejéis cada vez más de Mí y que os opongáis cada vez más a Mí.

de ‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

64. No se puede hablar de Dios y del hombre como iguales. Su esencia y Su obra son lo más insondable e incomprensible para el hombre. Si Dios no realiza personalmente Su obra ni pronuncia Sus palabras entre los hombres, este nunca sería capaz de entender Su voluntad, y así, incluso aquellos que le han dedicado toda su vida, serían incapaces de obtener Su aprobación. Sin la obra de Dios, no importa qué tan bien esté trabajando el hombre, no servirá para nada, porque los pensamientos de Dios siempre serán más elevados que los del hombre, y Su sabiduría es insondable para este. Por tanto, afirmo que quienes “ven claramente” a Dios y Su obra son ineficaces; que todos son arrogantes e ignorantes. El hombre no debería definir la obra de Dios; además, no puede hacerlo. A los ojos de Dios, el hombre es simplemente más pequeño que una hormiga, así que, ¿cómo puede este sondear Su obra? Los que están diciendo constantemente: “Dios no obra de esta o de esa manera” o “Dios es esto o aquello”, ¿no son todos ellos arrogantes? Deberíamos saber todos que Satanás ha corrompido a las personas, que son de la carne. Su naturaleza es oponerse a Dios, y no están en paridad con Él, mucho menos pueden ofrecer consejo para la obra de Dios. Cómo guía Él al hombre es Su propia obra. El hombre debería someterse, y no tener tal y tal opinión, porque no es sino polvo. Puesto que tratamos de buscar a Dios, no deberíamos superponer nuestros conceptos en la obra de Dios para Su consideración, menos aún emplear nuestro carácter corrupto para intentar deliberadamente oponernos a la obra de Dios. ¿No nos convertiría esto en anticristos? ¿Cómo podrían esas personas decir que creen en Dios? Puesto que creemos que existe Dios, y puesto que deseamos satisfacerlo y verlo, deberíamos buscar el camino de la verdad, y un camino compatible con Él. No deberíamos permanecer en una oposición terca hacia Dios; ¿qué de bueno podría salir de tales acciones?

de ‘Prefacio’ en “La Palabra manifestada en carne”

65. ¿No se oponen muchos a Dios y obstruyen la obra del Espíritu Santo, porque no conocen la obra variada y diversa de Dios, y, además, porque no poseen sino una pizca de conocimiento y doctrina con los que medir la obra del Espíritu Santo? Aunque las experiencias de tales personas son superficiales, son arrogantes y permisivas en su naturaleza, y consideran la obra del Espíritu Santo con desprecio, ignoran las disciplinas de este y, además, usan sus viejos argumentos triviales para confirmar la obra del Espíritu Santo. También hacen una escena, y están plenamente convencidos de su propio conocimiento y erudición, y de que son capaces de recorrer todo el mundo. ¿No son tales personas las que el Espíritu Santo desprecia y rechaza, y no serán eliminadas por la nueva era? ¿No son los que vienen delante de Dios y se oponen abiertamente a Él pequeñas personas miopes, que simplemente intentan demostrar lo inteligentes que son? Con tan sólo un ínfimo conocimiento de la Biblia, tratan de abarcar la “academia” del mundo, pero con una doctrina superficial que enseñar a las personas, intentan revertir la obra del Espíritu Santo, y tratan de hacerla girar alrededor de su propio proceso de pensamiento; tan cortos de miras como son, intentan observar con una sola mirada 6.000 años de obra de Dios. ¡Estas personas no tienen ninguna razón para hablar! De hecho, cuanto mayor es el conocimiento de Dios por parte de las personas, más tardan en juzgar Su obra. Además, sólo hablan un poco de su conocimiento de la obra de Dios hoy, pero no son imprudentes en sus juicios. Cuanto menos conocen a Dios las personas, más soberbias y arrogantes son, y más gratuitamente proclaman Su ser, pero sólo hablan de teoría y no ofrecen evidencias reales. Tales personas no tienen ningún valor en absoluto. ¡Quienes ven la obra del Espíritu Santo como un juego son frívolos! Los que no son cautos cuando se encuentran con la nueva obra del Espíritu Santo, que dan rienda suelta a sus bocas, son rápidos para juzgar, dan libertad a su instinto natural para negar la corrección de la obra del Espíritu Santo, y también lo insultan y blasfeman; ¿no ignoran estas personas irrespetuosas dicha obra? ¿No son, además, los arrogantes, inherentemente soberbios e ingobernables? Aunque venga un día en el que tales personas acepten la nueva obra del Espíritu Santo, Dios seguirá sin tolerarlas. No sólo miran por encima del hombro a aquellos que trabajan para Él, sino que blasfeman contra Él mismo. Tales personas insensatas no serán perdonadas ni en esta era ni en la venidera, ¡y perecerán para siempre en el infierno! Estas personas irrespetuosas y permisivas están fingiendo creer en Dios y, cuanto más lo hacen, más probable es que ofendan Sus decretos administrativos. ¿No caminan por esta senda todos esos arrogantes, desenfrenados innatos, que nunca han obedecido a nadie? ¿Acaso no se oponen a Dios día tras día, a Él que siempre es nuevo y nunca viejo?

de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

66. Sabed que os oponéis a la obra de Dios, o usáis vuestras propias nociones para medir la obra de hoy, porque no conocéis los principios de Su obra, y porque no os tomáis lo bastante en serio la obra del Espíritu Santo. Vuestra oposición a Dios y la obstrucción de la obra del Espíritu Santo están causadas por vuestros conceptos y vuestra arrogancia inherente. No se debe a que la obra de Dios sea errónea, sino a que sois demasiado desobedientes por naturaleza. Después de encontrar su creencia en Dios, algunas personas ni siquiera pueden afirmar con certeza de dónde vino el hombre, pero se atreven a hacer discursos públicos evaluando lo bueno y lo malo de la obra del Espíritu Santo. E incluso reprenden a los apóstoles que tienen la nueva obra del Espíritu Santo, haciendo comentarios y hablando con insolencia; su humanidad es demasiado baja, y no hay la más mínima razón en ellos; ¿no llegará el día en que tales personas sean rechazadas por la obra del Espíritu Santo, y quemadas por los fuegos del infierno? No conocen la obra de Dios, pero la critican, y también intentan ordenarle cómo obrar. ¿Cómo pueden conocer a Dios personas tan irrazonables? El hombre llega a conocer a Dios durante el proceso de buscarlo y experimentarlo; criticándolo a su antojo no llegará a conocerlo a través del esclarecimiento del Espíritu Santo. Cuanto más preciso es el conocimiento que las personas tienen de Dios, menos se oponen a Él. Por el contrario, cuanto menos saben de Él, más probable es que se opongan a Él. Tus nociones, vieja naturaleza y humanidad, tu personalidad y perspectiva moral son el “capital” con el que resistes a Dios, y cuanto más corrupto, degradado y bajo eres, más enemigo eres de Dios. Quienes poseen unas nociones muy serias y tienen un carácter santurrón son aún más enemigos del Dios encarnado, y estos son los anticristos. Si no rectificas tus nociones, siempre serán contrarias a Dios; nunca serás compatible con Él, y siempre estarás separado de Él.

de ‘Conocer las tres etapas de la obra de Dios es la senda para conocer a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

67. No pienses que lo entiendes todo. Te digo que todo lo que has visto y experimentado es insuficiente para entender incluso una milésima parte de Mi plan de gestión. ¿Por qué eres, pues, tan arrogante? ¡La simple pizca de talento y el conocimiento mínimo que tienes son insuficientes para ser usados en un solo segundo de la obra de Jesús! ¿Cuánta experiencia tienes realmente? ¡Lo que has visto y todo lo que has oído durante tu vida y lo que has imaginado, es menos que la obra que Yo hago en un momento! Será mejor que no seas quisquilloso ni busques fallos. No importa lo arrogante que puedas ser, ¡sigues siendo una criatura menor que una hormiga! ¡Todo lo que hay en tu barriga es menos que lo que hay en la barriga de una hormiga! No pienses que porque hayas experimentado mucho y seas un veterano, puedes hablar y actuar con una desenfrenada arrogancia. ¿No son tu experiencia y tu veteranía un resultado de las palabras que Yo he pronunciado? ¿Crees que fueron a cambio de tu trabajo y esfuerzo? Actualmente ves que me he hecho carne y, como consecuencia de ello, tienes esas ricas ideas de las que provienen innumerables nociones. De no ser por Mi encarnación, por muy extraordinarios que sean tus talentos, no tendrías tantas ideas. ¿No es de aquí de donde surgieron tus nociones? De no ser por la primera vez que Jesús se hizo carne, ¿qué sabrías de la encarnación? ¿No es por tu conocimiento de la primera encarnación que te atreves a juzgar descaradamente la segunda? ¿Por qué ibas a escudriñarla en lugar de ser un seguidor obediente? Has entrado en esta corriente y vienes delante del Dios encarnado, ¿te permitiría Él acaso hacer un estudio de esto? Está bien para ti estudiar la historia de tu propia familia, pero si intentas estudiar la “historia familiar” de Dios, ¿te permitiría acaso hacerlo el Dios actual? ¿Acaso no estás ciego? ¿No te causas desprecio a ti mismo?

de ‘Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación’ en “La Palabra manifestada en carne”

68. ¿Cuál es el método de búsqueda más adecuado en la senda de hoy? ¿Como qué tipo de figura deberías verte en tu búsqueda? Deberías saber cómo manejar todo lo que te acontece ahora, sean pruebas o sufrimiento, castigo inmisericorde o maldiciones; deberías considerar todo esto con cuidado. ¿Por qué digo esto? Porque después de todo, lo que ahora te está ocurriendo es una prueba corta tras otra. Quizás no suponga un gran estrés para ti ahora, de manera que te limitas a dejar que las cosas fluyan, sin tratarlas como una riqueza valiosa para tu búsqueda del progreso. ¡Eres demasiado descuidado! Realmente tomas esta valiosa riqueza como nubes que flotan ante tus ojos, y no aprecias estos breves casos de duros golpes, que no parecen tan duros sobre ti. Simplemente observas con frialdad, y no te las tomas en serio, sino que las ves como algo que golpea ocasionalmente un muro. ¡Eres tan soberbio! Sólo adoptas una actitud desdeñosa hacia un feroz y tempestuoso ataque tras otro y, en ocasiones, incluso sonríes fríamente, con lo que revelas una mirada de indiferencia. Esto se debe a que nunca has pensado en por qué sufres una y otra vez esta clase de “infortunio”. ¿Será que soy tan injusto con las personas? ¿Estoy simplemente siendo puntilloso contigo? Aunque tu pensamiento no sea tan grave como Yo lo he descrito, esta conducta tranquila ha retratado muy gráficamente el mundo interior de tu corazón. No es necesario decirlo; lo que está profundamente escondido en tu corazón no es otra cosa que invectivas irreflexivas y matices de dolor infinitos, que los demás apenas pueden ver. Por haber sufrido estas clases de pruebas, sientes que es muy injusto, de ahí que lances invectivas de esta forma. Por estas pruebas, sientes que el mundo está tan desolado, y esto te llena de melancolía. No consideras que un golpe tras otro y una disciplina tras otra sean la mejor protección, sino que lo ves como provocaciones irrazonables del Cielo o la retribución adecuada para ti. ¡Eres tan ignorante! Has encerrado sin misericordia el mejor de los tiempos en tinieblas, y cada periodo de hermosas pruebas y disciplina te han parecido ataques de un enemigo. Eres incapaz de adaptarte al entorno; además, no estás dispuesto a adaptarte. Esto se debe a que no estás dispuesto a obtener nada de un castigo tras otro, algo que consideras despiadado. No buscas ni sondeas, y te resignas a la voluntad del Cielo; donde acabas es donde estás. El escarmiento que consideras despiadado no ha cambiado tu corazón en absoluto ni lo ha ocupado; no ha hecho más que lastimarlo. Tú sólo has considerado este “castigo despiadado” como tu enemigo en esta vida, pero no has ganado nada. ¡Eres tan santurrón! Rara vez crees estar sometido a esta clase de pruebas por ser tan despreciable; más bien crees ser demasiado desafortunado y, además, afirmas que siempre soy muy puntilloso contigo. Hasta ahora, ¿cuánto entendimiento posees de verdad respecto a lo que Yo digo y hago? No pienses que eres un genio innato, sólo un poco más pequeño que el cielo y elevado sobre la tierra. No eres más inteligente que otras personas, y hasta se puede decir que eres tiernamente más estúpido que cualquier otra persona racional de la tierra, porque tienes una opinión demasiado elevada de ti; nunca has tenido sentido de inferioridad alguno. Parece que ves todo lo que hago, tan claro como el cristal. La verdad es que no eres ni remotamente una persona racional. Esto se debe a que no tienes idea de lo que Yo voy a hacer, y menos aún sabes lo que estoy haciendo actualmente. Por esta razón Yo digo que simplemente no te puedes comparar a un campesino veterano que no tiene conocimiento de la vida humana, pero confía en las bendiciones del Cielo para la agricultura. Tienes una actitud muy desdeñosa con respecto a tu propia vida, y ni siquiera sabes de reputación; incluso tienes menos conocimiento de ti mismo. ¡Eres demasiado “elevado y poderoso”! Estoy realmente preocupado por ¿cómo los playboys o las señoritas delicadas como tú serán capaces de resistir los ataques de vientos y olas más grandes y tempestuosos? Esos playboys no se preocupan en absoluto por la clase de entorno con el que se han topado ahora. Les parece un asunto insignificante; no muestran respeto alguno por estas cosas. No son negativos ni se ven inferiores, sino que siguen holgazaneando y se pasean por las “avenidas” abanicándose. Estos “personajes” que no aprenden ni saben nada, no tienen pista alguna de por qué les digo estas cosas. Simplemente se conocen un poco con una mirada truculenta, y después de esto sus caminos malvados no cambian. Después de apartarse de Mí, siguen corriendo desenfrenadamente en el mundo, fanfarronean y estafan. La expresión de tu cara cambia con demasiada rapidez; sigues engañándome de esta forma. ¡Tienes mucha audacia! Y esas jóvenes señoritas delicadas son realmente ridículas. Ellas oyen Mis urgentes declaraciones, ven el entorno en el que están, y no pueden evitar derramar lágrimas; se contonean como si intentaran ser embrujadoras. ¡Es tan repugnante! Ella ve su estatura, se acuesta en la cama y permanece allí, llorando sin cesar, casi como si estuviera a punto de asfixiarse. A partir de estas palabras, ella ve su inmadurez y su bajeza; después de esto se sobrecarga de negatividad. Tiene la mirada ausente, y no hay luz en sus ojos; no se queja ni me odia; simplemente es tan negativa que ni siquiera se mueve. Tampoco aprende ni sabe nada. Después de apartarse de Mí, vuelve a bromear y a ser juguetona, y esa risa de cascabeles plateados no es más que una “princesa de cascabeles”. ¡Ambas son demasiado frágiles y carentes de autocompasión! Todos vosotros, los bienes dañados entre la humanidad, ¡carecéis tanto de humanidad! No conocéis el amor propio ni la autoprotección; no entendéis la razón, no buscáis el verdadero camino ni amáis la verdadera luz; de manera particular no sabéis cómo apreciaros a vosotros mismos. Cada vez que he dado Mis palabras de enseñanza, en el fondo de vuestra mente habéis empujado, y hasta las habéis usado como entretenimiento en vuestro tiempo de ocio. Siempre las habéis utilizado como vuestro propio “amuleto”. Cuando Satanás te acusa, tú sólo oras un poco. Cuando estás negativo, duermes, y cuando estás feliz correteas como un loco. Cuando Yo te reprendo, asientes y te inclinas, pero cuando me abandonas te ríes con crueldad. Entre las personas siempre eres la más elevada, y nunca has pensado de ti mismo que eres el más engreído. Siempre eres alto y poderoso, muy satisfecho de ti mismo y terriblemente arrogante. ¿Cómo puede esa clase de “hombre joven”, de “señorita joven”, de “caballero”, o de “señora”, que no aprende ni sabe nada, tratar Mis palabras como un tesoro valioso? Te preguntaré más: ¿qué has aprendido realmente de Mis palabras y de Mi obra a lo largo de todo este tiempo? ¿Tus trucos son más inteligentes? ¿Tu carne es más sofisticada? ¿Tu actitud hacia Mí es más despectiva? Te hablaré con franqueza: esta mucha obra mía ha hecho realmente que tu valentía, que solía ser la de un ratón, aumente. Tu temor de Mí disminuye día a día, porque soy demasiado misericordioso. Yo nunca he usado métodos violentos para castigar tu carne. Quizás, a tu manera de verlo, simplemente estoy hablando duramente, pero la mayor parte del tiempo te miro con una sonrisa, y casi nunca te critico a la cara. Y es, particularmente, debido a que siempre soy considerado con tus debilidades que has venido a tratarme como la serpiente trata al campesino bondadoso. Yo admiro realmente la habilidad de la humanidad de juzgar detenidamente a los demás: ¡es realmente destacable, excelente! Te diré la verdad. Tengas o no un corazón reverente hoy es insignificante. No estoy nervioso ni inquieto, pero también te diré que tú, “genio”, que no aprendes ni sabes nada, serás finalmente destruido en la pequeña inteligencia de tu admiración por ti mismo. Serás tú quien sufra, y sea castigado. Yo no sería tan estúpido de seguir acompañándote al infierno, y sufriendo, porque tú y Yo no somos de la misma clase. No olvides que tú eres una creación a la que Yo maldije, y a la que Yo enseñé y salvé. No hay nada en ti que Yo anhele. Independientemente de cuándo obre, no estoy sujeto a la manipulación de persona, acontecimiento o cosa algunos. Puede decirse que Mi actitud hacia la humanidad y Mi visión de ella se han mantenido siempre iguales. No tengo favor alguno hacia ti, porque tú eres un apéndice en Mi gestión; sin duda, tus fuerzas no son mayores que las de cualquier otra cosa. ¡Yo te aconsejo que recuerdes siempre que no eres más que una creación! Aunque vives conmigo, deberías conocer tu estatus, y no tener una consideración demasiado elevada de ti. Aunque Yo no te critique ni te trate, y te mire con una sonrisa, esto no demuestra que tú y Yo seamos de la misma clase. Deberías saber que estás buscando la verdad; ¡tú no eres la verdad! Debes cambiar según Mis palabras, en cualquier momento; no puedes escapar de esto. Te aconsejo que aprendas algo mientras te halles en estos maravillosos tiempos, mientras se dé esta rara oportunidad, y que no intentes engañarme. No debes emplear la adulación para engañarme. Tu búsqueda de Mí no es del todo por Mí: ¡es por ti!

de ‘Aquellos que no aprenden ni saben nada, ¿acaso no son bestias?’ en “La Palabra manifestada en carne”

69. El hombre cumpliendo con su deber es, en realidad, el logro de todo lo que es inherente dentro del hombre, es decir, lo que es posible para él. Es entonces que su deber se cumple. Los defectos del hombre durante su servicio se reducen gradualmente a través de la experiencia progresiva y del proceso de su experiencia del juicio; no obstaculizan ni afectan el deber del hombre. Los que dejan de servir o ceden y retroceden por temor a los defectos que puedan existir en el servicio, son los más cobardes de todos los hombres. Si el hombre no puede expresar lo que debe expresar durante el servicio o lograr lo que por naturaleza es posible para él, y en cambio pierde el tiempo y lo hace mecánicamente, él ha perdido la función que un ser creado debe tener. Esta clase de hombre se considera un mediocre insignificante y un inútil desperdicio de espacio; ¿cómo puede alguien así ser dignificado con el título de un ser creado? ¿Acaso no son ellos entes de corrupción que brillan por fuera, pero que están podridos por dentro? Si un hombre se llama a sí mismo Dios, pero no es capaz de expresar el ser de la divinidad, ni hacer la obra de Dios mismo, ni representar a Dios, entonces sin duda no es Dios, porque no tiene la esencia de Dios, y lo que Dios puede lograr por naturaleza no existe dentro de él. Si el hombre pierde lo que por naturaleza es alcanzable, ya no se puede considerar un hombre y no es digno de permanecer como un ser creado o de venir delante de Dios y servirlo. Además, no es digno de recibir la gracia de Dios ni de que Dios lo cuide, lo proteja y lo perfeccione. Muchos que han perdido la confianza de Dios pasan a perder la gracia de Dios. No sólo no desprecian sus fechorías, sino que con descaro propagan la idea de que el camino de Dios no es correcto. Y esos rebeldes incluso niegan la existencia de Dios; ¿cómo puede esa clase de hombre con tal rebeldía tener el privilegio de gozar de la gracia de Dios? Los hombres que han fallado en el cumplimiento de su deber han sido muy rebeldes contra Dios y le deben mucho a Él, pero se dan la vuelta y critican severamente que Dios está equivocado. ¿Cómo podría esa clase de hombre ser digno de ser perfeccionado? ¿Acaso no es esto el precursor para que serán eliminados y castigados? Un hombre que no cumple con su deber delante de Dios ya es culpable de los crímenes más atroces para los cuales hasta la muerte es un castigo insuficiente, pero el hombre tiene el descaro de discutir con Dios y enfrentarse a Él. ¿Cuál es el valor de perfeccionar a esa clase de hombre? Si el hombre no cumple con su deber, debe sentirse culpable y en deuda; debe aborrecer su debilidad e inutilidad, su rebelión y corrupción y, aún más, debe sacrificar su vida y su sangre para Dios. Sólo entonces será un ser creado que verdaderamente ama a Dios, y sólo esa clase de hombre es digno de disfrutar las bendiciones y la promesa de Dios y de que Él lo perfeccione. ¿Y qué pasa con la mayoría de vosotros? ¿Cómo tratáis al Dios que vive entre vosotros? ¿Cómo habéis cumplido vuestro deber delante de Él? ¿Habéis hecho todo lo que fuisteis llamados a hacer, incluso a expensas de vuestra propia vida? ¿Qué habéis sacrificado? ¿Acaso no habéis recibido mucho de Mí? ¿Podéis hacer la distinción? ¿Qué tan leales sois a Mí? ¿Cómo me habéis servido? ¿Y qué hay de todo lo que os he otorgado y he hecho por vosotros? ¿Habéis tomado medida de todo esto? ¿Habéis juzgado y comparado esto con la poca conciencia que tenéis dentro de vosotros? ¿De quién podrían ser dignas vuestras palabras y acciones? ¿Podría ser que ese minúsculo sacrificio vuestro sea digno de todo lo que os he otorgado? No tengo otra opción y me he dedicado a vosotros con todo el corazón, pero albergáis perversos recelos contra Mí y sois indiferentes. Ese es el alcance de vuestro deber, vuestra única función. ¿No es así? ¿No sabéis que no habéis cumplido en absoluto el deber de un ser creado? ¿Cómo podéis ser considerados seres creados? ¿No sabéis con claridad qué es lo que estáis expresando y viviendo? No habéis cumplido con vuestro deber, pero buscáis obtener la misericordia y la gracia abundante de Dios. Esa gracia no ha sido preparada para unos tan inútiles y viles como vosotros, sino para los que no piden nada y se sacrifican con gusto. Tales hombres como vosotros, tales mediocres insignificantes, no sois en absoluto dignos de disfrutar la gracia del cielo. ¡Sólo las dificultades y el interminable castigo acompañarán vuestros días! Si no podéis ser fieles a Mí, vuestro destino será el sufrimiento. Si no podéis ser responsables ante Mis palabras y Mi obra, vuestra suerte será el castigo. Ninguna gracia, bendiciones y vida maravillosa en el reino tendrá nada que ver con vosotros. ¡Este es el fin que merecéis y una consecuencia de vuestras propias acciones!

de ‘La diferencia entre el ministerio del Dios encarnado y el deber del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

70. Veamos ahora el siguiente pasaje: “Pero Yo os digo que en este lugar hay uno que es más grande que este templo. Pero si vosotros hubierais sabido lo que esto significa, Yo recibiría misericordia y no sacrificio, vosotros no condenaríais a los inocentes. Porque el Hijo del Hombre es el Señor aún en el día de reposo” (Mateo 12:6-8).* ¿A qué se refiere “templo” aquí? Por decirlo de un modo sencillo, “templo” alude a un edificio magnífico, alto, y en la Era de la Ley, era un lugar donde los sacerdotes adoraban a Dios. Cuando el Señor Jesús declaró “en este lugar hay uno que es más grande que este templo”,* ¿a quién se refería ese “uno”? Claramente, se trata del Señor Jesús en la carne, porque sólo Él era mayor que el templo. ¿Qué transmiten esas palabras a las personas? Les indica que salgan del templo; Dios ya lo había abandonado y no obraba más allí, así que las personas deberían buscar las huellas de Dios fuera de él y seguirlas en Su nueva obra. El trasfondo de esta afirmación del Señor Jesús es que bajo la ley, los seres humanos habían llegado a considerar el templo como algo mayor que Dios mismo. Es decir, las personas adoraban el templo en lugar de a Dios, así que el Señor Jesús les advierte que no adoren a los ídolos, sino a Dios porque Él es supremo. Por consiguiente, Él dijo: “Yo recibiría misericordia y no sacrificio”.*Es evidente que, a los ojos del Señor Jesús, la mayoría de las personas que estaban bajo la ley ya no adoraban a Jehová Dios, sino que llevaban a cabo el proceso del sacrificio, y determinó que esto era adorar a los ídolos. Estos adoradores de ídolos veían el templo como algo mayor y más elevado que Dios. En sus corazones sólo figuraba el templo, Dios no; si lo perdían, con él perdían también su morada. Sin él no tenían donde adorar y no podrían llevar a cabo sus sacrificios. Su pretendida morada era donde ellos operaban bajo el estandarte de la adoración a Jehová Dios, algo que les permitía permanecer en el templo y llevar a cabo sus propios negocios. Los pretendidos sacrificios que realizaban eran sólo para efectuar sus propios tratos personales y vergonzosos bajo el disfraz de cumplir con su servicio en el templo. Por esta razón, las personas de aquella época consideraban que el templo era mayor que Dios, porque lo usaban como tapadera, y los sacrificios como pretexto para engañar a otros y a Dios; el Señor Jesús declaró esto para advertir a las personas. Si se aplican estas palabras al presente, siguen siendo igual de válidas y pertinentes. Aunque las personas de hoy han experimentado una obra de Dios distinta a la de quienes vivieron en la Era de la Ley, la esencia de su naturaleza es la misma. En el contexto de la obra hoy, las personas seguirán haciendo las mismas cosas como “el templo es mayor que Dios”. Por ejemplo, los seres humanos consideran que cumplir con su deber es su trabajo; que dar testimonio de Dios y luchar contra el gran dragón rojo como movimientos políticos en la defensa de los derechos humanos, por la democracia y la libertad; voltean su deber para utilizar sus aptitudes en profesiones, pero tratan el temer a Dios y apartarse del mal como un mero pedazo de doctrina religiosa a observar, y así sucesivamente. ¿No son estas expresiones de los seres humanos básicamente las mismas que “el templo es mayor que Dios”? Sólo que hace dos mil años, las personas llevaban a cabo sus negocios personales en el templo físico, pero actualmente los realizan en templos intangibles. Los que valoran las normas las consideran mayores que Dios; quienes aman el estatus lo ven mayor que Dios; los que aman su profesión la consideran mayor que Dios, etc.; todas sus expresiones me llevan a afirmar: “Las personas alaban a Dios como el más grande por medio de sus palabras, pero a través de sus ojos todo es mayor que Él”. Esto se debe a que tan pronto como las personas encuentran una oportunidad a lo largo de su camino de seguir a Dios para exhibir sus propios talentos, o para llevar a cabo sus propios asuntos o su profesión, se distancian de Dios y se echan en brazos de la profesión que aman. En cuanto a lo que Dios les ha confiado y Su voluntad, hace tiempo ya que lo han descartado. En este escenario, ¿qué es distinto respecto a estas personas y las que llevaban a cabo su propio negocio en el templo, hace dos mil años?

de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

71. Muchas personas detrás de Mí codician la bendición del estatus, se dan atracones de comida, aman dormir y prestan toda la atención a la carne, siempre temerosos de que no haya salida de ella. No desarrollan su función normal en la iglesia y comen gratuitamente, o amonestan a los hermanos y hermanas con Mis palabras, se exaltan y tratan con prepotencia a los demás. Estas personas siguen diciendo que están haciendo la voluntad de Dios, siempre dicen que son los íntimos de Dios, ¿no es esto absurdo? Si tienes las motivaciones correctas, pero eres incapaz de servir de acuerdo con la voluntad de Dios, estás siendo insensato; pero si tus motivaciones no son correctas, y sigues diciendo que sirves a Dios, eres alguien que se opone a Dios, ¡y deberías ser castigado por Él! ¡No tengo simpatía por tales personas! En la casa de Dios comen gratuitamente, y siempre codician las comodidades de la carne, y no consideran los intereses de Dios; siempre buscan lo que es bueno para ellos, no prestan atención a la voluntad de Dios, el Espíritu de Dios no escudriña todo lo que hacen, siempre están maquinando y tramando contra los hermanos y hermanas, y tienen dos caras, como un zorro en una viña, siempre robando uvas y pisoteando la misma. ¿Pueden ser tales personas los íntimos de Dios? ¿Eres apto para recibir las bendiciones de Dios? No asumes responsabilidades para tu vida y la iglesia, ¿eres apto para recibir la comisión de Dios? ¿Quién se atrevería a confiar en alguien como tú? Cuando sirves así, ¿podría atreverse Dios a confiarte una tarea mayor? ¿No estás retrasando las cosas?

de ‘Cómo servir en armonía con la voluntad de Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

72. ¡Humanidad cruel y brutal! La confabulación y la intriga, los empujones entre ellos, la lucha por la reputación y la fortuna, la masacre mutua, ¿cuándo se van a terminar? Dios ha hablado cientos de miles de palabras pero nadie ha entrado en razón. Actúan por el bien de sus familias, hijos e hijas, por sus carreras, porvenires, estatus, vanidad y dinero, por la ropa, la comida y la carne, ¿las acciones de quién son verdaderamente por el bien de Dios? Incluso entre aquellos cuyas acciones son por el bien de Dios, sólo hay unos cuantos que conocen a Dios. ¿Cuántos no actúan por el bien de sus propios intereses? ¿Cuántos no oprimen y discriminan a los demás con el propósito de mantener su propio estatus? Así, Dios ha sido condenado a muerte contundentemente en innumerables ocasiones; innumerables jueces bárbaros han condenado a Dios y una vez más lo han clavado en la cruz. ¿Cuántos se pueden llamar justos porque en verdad actúan para Dios?

de ‘Los malvados deben ser castigados’ en “La Palabra manifestada en carne”

73. ¿Fuisteis conscientes alguna vez de aquello que estáis haciendo hoy, esto es, que os desmandáis por todo el mundo, conspiráis contra los demás, os engañáis unos a otros, os comportáis de forma traicionera, secreta y desvergonzada, no conocéis la verdad, sois deshonestos y engañosos, practicáis la adulación, consideráis que siempre tenéis razón y que sois mejores que los demás, sois arrogantes, y actuáis salvajemente como los animales salvajes en las montañas, y con brutalidad como el rey de las bestias, que en nada tenéis la semejanza de un ser humano? Sois rudos e irracionales. Nunca habéis considerado Mi palabra como un tesoro, sino que habéis adoptado una actitud despectiva. De esta forma, ¿de dónde vendrían el éxito, una vida humana verdadera y unas hermosas esperanzas? ¿Te rescatará realmente de la boca del tigre tu imaginación extravagante? ¿Te rescatará realmente del fuego abrasador? ¿Habrías caído hasta este punto si hubieras considerado realmente Mi obra como un tesoro incalculable? ¿Será que tu destino no puede cambiarse en realidad? ¿Estás dispuesto a morir con semejante remordimiento?

de ‘La esencia y la identidad del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

74. Cada uno de vosotros ha subido a las alturas más altas de las multitudes; habéis ascendido a ser los antepasados de las multitudes. Sois extremadamente arbitrarios, y corréis frenéticamente entre todos los gusanos en busca de un lugar tranquilo para devorar a los gusanos más pequeños que vosotros. Sois maliciosos y siniestros en vuestro corazón, y superáis a esos fantasmas que se han hundido en el fondo del mar. Vivís en lo hondo del estiércol, molestáis a los gusanos de arriba abajo para que no tengan paz, para que luchen entre sí durante un tiempo y después se calmen. No conocéis vuestro propio estatus, y aún así peleáis entre vosotros en el estiércol. ¿Qué podéis conseguir de esa lucha? Si de verdad tuvierais un corazón de reverencia hacia Mí, ¿cómo podríais pelear unos con otros a Mis espaldas? Independientemente de lo alto que sea tu estatus, ¿no sigues siendo un apestoso gusanito en el estiércol? ¿Serás capaz de hacer que te crezcan alas y de convertirte en una paloma en el cielo?

de ‘Cuando las hojas caídas regresen a sus raíces lamentarás todo el mal que has hecho’ en “La Palabra manifestada en carne”

75. Sería mejor que dedicarais más esfuerzo a la verdad de conocer el ser. ¿Por qué no habéis encontrado favor con Dios? ¿Por qué vuestro carácter es abominable para Él? ¿Por qué vuestro discurso despierta Su odio? Tan pronto como demostráis un poco de lealtad, os elogiáis a vosotros mismos y exigís una recompensa por una pequeña contribución; despreciáis a los demás cuando habéis mostrado una pizca de obediencia y desdeñáis a Dios después de llevar a cabo una tarea insignificante. Por recibir a Dios, pides dinero, regalos y halagos. Te duele el corazón cuando das una o dos monedas; cuando das diez, deseas bendiciones y ser tratado con distinción. Resulta extremadamente ofensivo hablar u oír hablar de una humanidad como la vuestra. ¿Hay algo digno de alabanza en vuestras palabras y acciones? Quienes cumplen su deber y quienes no; quienes lideran y quienes siguen; quienes reciben a Dios y quienes no; quienes donan y quienes no; quienes predican y quienes reciben la palabra, etcétera: todos esos hombres se alaban a sí mismos. ¿Acaso no os parece esto risible? Aunque sabéis perfectamente que creéis en Dios, no podéis ser compatibles con Él. Aunque sois plenamente conscientes de que no tenéis ningún mérito, de cualquier modo persistís en alardear. ¿Acaso no sentís que vuestro sentido se ha deteriorado al punto de ya no tener autocontrol? Con un sentido como este, ¿cómo podéis ser aptos para asociaros con Dios? ¿Acaso no tenéis miedo por vosotros mismos en este momento crítico? Vuestro carácter ya se ha deteriorado hasta el punto en que no podéis ser compatibles con Dios. Siendo esto así, ¿no es risible vuestra fe? ¿No es absurda vuestra fe? ¿Cómo vas a lidiar con tu futuro? ¿Cómo vas a elegir la senda por la cual habrás de caminar?

de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

76. Ahora vivo en la tierra, entre los hombres. Todos los hombres están experimentando Mi obra y observando Mis declaraciones, y junto con esto confiero todas las verdades a todos Mis seguidores para que reciban vida de Mí y encuentren así un camino por el que puedan andar. Porque Yo soy Dios, Dador de la vida. Durante los muchos años de Mi obra, el hombre ha recibido mucho y ha renunciado a mucho, pero insisto en que el hombre no cree verdaderamente en Mí. Esto se debe a que el hombre reconoce que soy Dios solamente con sus labios, pero no está de acuerdo con la verdad que Yo hablo, y practica aún menos la verdad que le exijo. Es decir, el hombre sólo reconoce la existencia de Dios, pero no la de la verdad; el hombre sólo reconoce la existencia de Dios, pero no la de la vida; el hombre sólo reconoce el nombre de Dios, pero no Su esencia. Debido a su fervor, el hombre se ha convertido en un ser abominable para Mí. El hombre sólo usa palabras agradables al oído para engañarme, pero nadie me adora con un corazón sincero. Vuestras palabras contienen la tentación de la serpiente; y aún peor, son extremadamente soberbias, una verdadera proclamación del arcángel. Es más, vuestras acciones están desgastadas y harapientas hasta un grado deplorable; vuestros deseos desmesurados e intenciones codiciosas son ofensivas para los oídos. Todos os habéis convertido en polillas en Mi casa, objetos aborrecidos de los que hay que deshacerse. Porque ninguno de vosotros sois amantes de la verdad, sino que todos anheláis recibir las bendiciones, ascender al cielo y presenciar la magnífica imagen de Cristo ejerciendo Su poder en la tierra. Pero ¿os habéis puesto a pensar cómo alguien como vosotros, tan profundamente corrupto, y que no sabe en absoluto quién es Dios, podría ser digno de seguir a Dios? ¿Cómo podría ascender al cielo? ¿Cómo podría ser digno de contemplar la magnificencia, cuyo esplendor no tiene precedente? Vuestras bocas están llenas de palabras de engaño y suciedad, de traición y arrogancia. Nunca me habéis dirigido palabras de sinceridad, ni palabras santas, ni palabras de sumisión ante Mí después de experimentar Mi palabra. ¿Cómo es vuestra fe al fin y al cabo? Vuestros corazones están llenos de deseos y de riquezas, vuestras mentes de cosas materiales. A diario calculáis cómo conseguir algo de Mí, cuánta riqueza y cuántas cosas materiales habéis recibido de Mí. Cada día esperáis que desciendan más bendiciones sobre vosotros para poder disfrutar más y mejor las cosas que se pueden disfrutar. Lo que hay en vuestros pensamientos en todo momento no soy Yo, ni la verdad que proviene de Mí, sino vuestros maridos (o esposas), hijos, hijas, o lo que coméis o vestís, y cómo disfrutar más y mejor. Aun cuando llenéis vuestros estómagos hasta reventar, ¿acaso no sois poco más que cadáveres? Aunque os adornéis por fuera con esplendor, ¿acaso no seguís siendo cadáveres ambulantes sin vida? Trabajáis para llenar el estómago hasta que tenéis los cabellos salpicados de blanco, pero ninguno de vosotros sacrifica ni un solo pelo por Mi obra. Estáis constantemente caminando de un lado a otro, agotando el cuerpo y devanándoos los sesos por el bien de vuestra carne, y por vuestros hijos e hijas, pero ninguno de vosotros muestra ninguna preocupación o interés por Mi voluntad. ¿Qué es lo que todavía esperáis obtener de Mí?

de ‘Muchos son llamados, pero pocos son escogidos’ en “La Palabra manifestada en carne”

77. Vuestros corazones están llenos de maldad, traición y engaño, así que ¿cuántas impurezas hay en vuestro amor? Pensáis que habéis sacrificado lo suficiente por Mí; pensáis que vuestro amor por Mí ya es suficiente. Entonces ¿por qué vuestras palabras y acciones siempre llevan consigo la rebelión y el engaño? Me seguís, pero no reconocéis Mi palabra. ¿Se considera esto amor? Me seguís, pero después me abandonáis. ¿Se considera esto amor? Me seguís, pero desconfiáis de Mí. ¿Se considera esto amor? Me seguís, pero no podéis aceptar Mi existencia. ¿Se considera esto amor? Me seguís, pero no me tratáis como deberíais tratarme por ser quien soy, y complicáis las cosas para Mí en toda ocasión. ¿Se considera esto amor? Me seguís, pero intentáis burlaros de Mí y engañarme en todo. ¿Se considera esto amor? Me servís, pero no me teméis. ¿Se considera esto amor? Os oponéis a Mí en todos los sentidos y en todas las cosas. ¿Se considera todo esto amor? Habéis sacrificado mucho, es cierto, pero nunca habéis hecho lo que os exijo. ¿Se puede considerar esto amor? Está bastante claro que en vosotros no hay ni rastro de amor por Mí. Después de muchos años de obrar y de todas las palabras que os he suministrado, ¿cuánto habéis realmente obtenido? ¿Acaso no vale la pena que intentéis recordarlo detenidamente?

de ‘Muchos son llamados, pero pocos son escogidos’ en “La Palabra manifestada en carne”

78. Los que no entienden la voluntad de Dios son Sus oponentes; los que la entienden pero no practican la verdad son Sus oponentes; los que comen y beben las palabras de Dios, pero aun así van contra su esencia, son oponentes de Dios; los que tienen conceptos del Dios encarnado y se rebelan voluntariamente son oponentes de Dios; los que juzgan a Dios son Sus oponentes; y cualquiera que sea incapaz de conocer a Dios y dar testimonio de Él es Su oponente. Así pues, oíd Mi exhortación: si tenéis verdaderamente la fe para andar por esta senda, entonces continuad siguiéndola. Si sois incapaces de absteneros de oponeros a Dios, más vale que os alejéis antes de que sea demasiado tarde. De lo contrario, los augurios son malos en lugar de buenos, porque vuestra naturaleza es demasiado corrupta. No tenéis la más mínima lealtad u obediencia ni un corazón sediento de justicia y verdad. Y tampoco tenéis la más mínima pizca de amor por Dios. Podría decirse que vuestra condición delante de Él es un desastre absoluto. No sois capaces de guardar o de hablar lo que deberíais. Sois incapaces de poner en práctica lo que deberíais, y de cumplir la función que deberíais. No tenéis la lealtad, la conciencia, la obediencia o la determinación que deberíais. No habéis soportado el sufrimiento que deberíais, y no tenéis la fe que deberíais. Estáis completamente desprovistos de cualquier mérito; ¿tenéis respeto por vosotros mismos para seguir viviendo? Os insto a que mejor cerréis vuestros ojos para el reposo eterno, liberando de esta forma a Dios de la preocupación por vosotros y de soportar el sufrimiento por vuestra causa. Creéis en Dios pero aún no conocéis Su voluntad; coméis y bebéis las palabras de Dios, pero sois incapaces de cumplir Sus exigencias. Creéis en Dios pero aún no lo conocéis, y vivís aunque no tenéis objetivo por el que luchar. No tenéis valores ni significado. Vivís como un hombre, pero no tenéis conciencia, personalidad, o la más mínima credibilidad. ¿Cómo se os puede considerar un hombre? Creéis en Dios pero le engañáis. Además, tomáis Su dinero y coméis de Sus ofrendas, pero, al final, no mostráis consideración por Sus sentimientos o conciencia hacia Él. Ni siquiera podéis cumplir la más trivial de Sus exigencias. ¿Cómo se os puede considerar un hombre? Los alimentos que coméis y el aire que respiráis vienen de Dios, disfrutáis de Su gracia, pero al final, no tenéis el más mínimo conocimiento de Él. Todo lo contrario, os habéis convertido en unos inútiles que se oponen a Dios. ¿No sois entonces bestias peores que un perro? ¿Hay algún animal más malicioso que vosotros?

de ‘Todos los que no conocen a Dios son los que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

79. Vuestra lealtad es sólo de palabra, vuestro conocimiento es simplemente intelectual y conceptual, vuestras labores son para obtener las bendiciones del cielo y, por tanto, ¿cómo debe ser vuestra fe? Incluso hoy, seguís haciendo oídos sordos a todas y cada una de las palabras de la verdad. No sabéis qué es Dios, qué es Cristo, cómo venerar a Jehová, cómo entrar en la obra del Espíritu Santo ni cómo distinguir entre la obra de Dios mismo y los engaños del hombre. Sólo sabes condenar cualquier palabra de la verdad expresada por Dios que no se conforma a tu pensamiento. ¿Dónde está tu humildad? ¿Y tu obediencia? ¿Y tu lealtad? ¿Y tu actitud de buscar la verdad? ¿Y tu reverencia a Dios? Os digo, aquellos que creen en Dios por las señales son sin duda la categoría que sufrirá la destrucción. Los que son incapaces de aceptar las palabras de Jesús, que ha vuelto a la carne, son sin duda la progenie del infierno, los descendientes del arcángel, la categoría que será sometida a la destrucción eterna.

de ‘En el momento que contemples el cuerpo espiritual de Jesús, Dios ya habrá vuelto a crear el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

80. ¿A qué es lo que cada uno de vosotros, seáis hombres o mujeres, dedicáis vuestra atención todo el día? ¿Sabéis de quién dependéis para comer? Mira tu ropa, mira lo que has cosechado en tus manos, frota tu vientre, ¿cuál es el fruto del precio de la sangre y el sudor que has pagado? Todavía piensas en ir de paseo, todavía piensas en adornar tu hedionda carne, ¡cuál es el valor en esto! Se te pide que seas normal, pero hoy no sólo no eres normal, eres lo contrario. ¿Cómo se atreve tal persona a venir delante de Mí? Con una humanidad como esta, pavoneándote y revelando tu carne, viviendo siempre entre la lujuria de la carne, ¿no eres el descendiente de los demonios inmundos y los malos espíritus? ¡No le permitiré a un demonio tan inmundo permanecer por mucho tiempo! Y no pienses que no sé lo que piensas en tu corazón. Puedes mantener a raya tu lujuria y tu carne, pero, ¿no podría Yo saber los pensamientos en tu corazón y todo lo que tus ojos desean? ¿Vosotras jóvenes damas no os hacéis hermosas como una flor con el fin de hacer ostentación de vuestra carne? ¿Qué beneficio son los hombres para vosotras? ¿Pueden verdaderamente salvaros del mar de aflicción? Y todos vosotros playboys os vestís para que parezcáis caballerosos y distinguidos, ¿no es con el fin de presumir vuestros aspectos? ¿Y para quién estáis haciendo esto? ¿Qué beneficio son las mujeres para vosotros? ¿No son el origen de vuestro pecado? Vosotros hombres y mujeres, os he dicho muchas palabras, sin embargo habéis cumplido con sólo unas pocas de ellas. Vuestros oídos están pesados, vuestros ojos se han ido apagando y vuestros corazones están duros, tal que no hay nada sino lujuria en vuestros cuerpos; estáis atrapados en ello, incapaces de escapar. ¿Quién quiere ir a cualquier parte cerca de vosotros gusanos, retorciéndoos en la inmundicia? No olvidéis que no sois nada más que aquellos a los que he levantado del montón de estiércol, que originalmente no poseíais la humanidad normal. Lo que pido de vosotros es la humanidad normal que originalmente no poseíais; no pido que pavoneéis vuestra lujuria o que deis rienda suelta a vuestra carne rancia, que ha sido entrenada por el diablo por tantos años. Cuando os vestís así, ¿no tenéis miedo de que cada vez quedéis más profundamente atrapados? ¿No sabéis que originalmente erais de pecado? ¿No sabéis que vuestros cuerpos están llenos de lujuria? Es tal que vuestra lujuria incluso se filtra por vuestra ropa, revelando vuestro estado como un demonio insoportablemente horrible e inmundo. ¿No es esto lo que es lo más claro de todo para vosotros? Vuestros corazones, vuestros ojos, vuestros labios, ¿no han sido todos contaminados por los demonios inmundos? ¿No están inmundos? Piensas que en tanto que no hagas nada inmoral,[j] eres el más santo; piensas que vestirte de forma encantadora puede cubrir vuestras sórdidas almas, ¡no hay posibilidad de eso! Os aconsejo ser más realistas: No seáis fraudulentos y falsos y no os pavoneéis. ¡Presumís vuestra lujuria el uno al otro, pero todo lo que conseguiréis es sufrimiento eterno y castigo despiadado! ¿Qué necesidad tienes de coquetear el uno con el otro y de estar enamorado? ¿Es esta vuestra rectitud? ¿Os hace esto honrados? Detesto a aquellos entre vosotros que practicáis la medicina de brujería y os involucráis en la hechicería, detesto a los hombres y mujeres jóvenes entre vosotros que aman su propia carne. Mejor os deberíais refrenar porque hoy pido que poseas la humanidad normal, no que hagas alarde de tu lujuria. ¡Siempre aprovecháis cualquier oportunidad que podáis porque vuestra carne es demasiado abundante y vuestra lujuria demasiado grande!

de ‘Práctica (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

81. Durante la duración de Mi obra, siempre actuáis contra Mí, nunca cumplís con Mis palabras. Hago Mi obra y tú haces tu propia “obra”, haces tu propio reinito, vosotros jauría de zorras y perros, ¡todo lo que hacéis es contra Mí! Siempre estáis tratando de traer a vuestro abrazo a aquellos que sólo os aman, ¿dónde está vuestra reverencia? ¡Todo lo que hacéis es engañoso! ¡No tenéis obediencia ni reverencia, todo lo que hacéis es engañoso y blasfemo! ¿Pueden tales personas ser salvadas? Los hombres sexualmente inmorales y lascivos siempre quieren atraer hacia ellos, para su propio placer a esas rameras coquetas. De ninguna manera salvaré a tales demonios sexualmente inmorales. Os odio demonios inmundos, vuestra lascivia y coquetería os sumergirán en el infierno, ¿qué tenéis que decir por vosotros mismos? ¡Vosotros demonios inmundos y espíritus malvados sois tan repulsivos! ¡Sois repugnantes! ¿Cómo puede ser salva esa basura? ¿Podrían ellos que están atrapados en el pecado todavía ser salvados? El día de hoy, esta verdad, este camino y esta vida no tienen ningún atractivo para vosotros; sois atraídos a la pecaminosidad, al dinero, a la posición, a la fama y la ganancia, a los disfrutes de la carne, a la guapura de los hombres y a la coquetería de las mujeres. ¿Qué os califica para entrar a Mi reino? Vuestra imagen es incluso mayor que la de Dios, vuestro estatus es mayor que el de Dios, por no decir nada de vuestro prestigio entre los hombres, os habéis convertido en un ídolo que las personas adoran. ¿No te has convertido en el arcángel? Cuando se revelen los resultados de las personas, que es también cuando la obra de salvación se acerque a su fin, muchos de aquellos entre vosotros seréis cadáveres que estáis más allá de la salvación y debéis ser eliminados.

de ‘Práctica (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

82. Los seres humanos son unos inútiles desdichados, porque no se valoran a sí mismos. Si ni siquiera se aman a sí mismos, sino que se pisotean a sí mismos, ¿no muestra esto que son inútiles? La humanidad es como una mujer inmoral que se engaña a sí misma, y se entrega voluntariamente a otros para ser violada. Pero incluso así, los hombres siguen sin saber lo inferiores que son. Hallan placer en trabajar para otros, o en hablar con otros, poniéndose bajo el control de otros; ¿no es esta verdaderamente la inmundicia de la humanidad? Aunque no he experimentado una vida entre la humanidad, por no haber vivido realmente la vida humana, tengo un entendimiento muy claro de cada movimiento, cada acción, cada palabra, y cada hecho del hombre. Soy incluso capaz de dejar al descubierto a la humanidad hasta su vergüenza más profunda, hasta el punto de que no se atreva más a mostrar sus artimañas ni a dar paso a su lujuria. Como un caracol que se retrae a su concha, ya no se atreve a manifestar su estado abominable. Como los hombres no se conocen a sí mismos, su mayor deficiencia es exhibir voluntariamente sus encantos y su horrible rostro ante los demás; esto es algo que Dios detesta al máximo. Como las relaciones entre las personas son anormales, y no existen relaciones interpersonales normales entre las personas, menos aún tienen una relación normal[k] con Dios. Él ha dicho tanto y, al hacerlo, Su principal objetivo es ocupar un lugar en los corazones de la humanidad, hacer que las personas se deshagan de todos los ídolos que en ellos albergan, de forma que Dios pueda ejercer el poder sobre toda la humanidad, y conseguir Su propósito de estar en la tierra.

de ‘Capítulo 14’ de Interpretaciones de los misterios de las palabras de Dios al universo entero en “La Palabra manifestada en carne”

83. He obrado y hablado de esta manera entre vosotros, he gastado tanta energía y esfuerzo; sin embargo, ¿cuándo habéis escuchado lo que os digo claramente? ¿Dónde os habéis inclinado ante Mí, el Todopoderoso? ¿Por qué me tratáis así? ¿Por qué todo lo que decís y hacéis provoca Mi ira? ¿Por qué son tan duros vuestros corazones? ¿Acaso alguna vez os he derribado? ¿Por qué no hacéis nada más que ponerme triste y ansioso? ¿Estáis esperando que venga sobre vosotros el día de la ira de Mí, Jehová? ¿Me estáis esperando a que Yo envíe la ira provocada por vuestra desobediencia? ¿Acaso todo lo que hago no es por vosotros? Sin embargo, siempre me habéis tratado a Mí, Jehová, de esta manera: robando Mis sacrificios, llevándoos las ofrendas de Mi altar a vuestras casas para alimentar a los cachorros y a los hijos de los cachorros en la guarida de lobos; la gente se pelea entre sí, enfrentándose con miradas llenas de rabia y espadas y lanzas, echando las palabras de Mí, el Todopoderoso, a la letrina para que se vuelvan tan asquerosas como excrementos. ¿Dónde está vuestra personalidad? ¡Vuestra humanidad se ha vuelto como la de las bestias! Vuestros corazones hace ya tiempo que se han convertido en piedra. ¿Acaso no sabéis que cuando llegue Mi día de ira, será cuando Yo juzgue la maldad que hoy cometéis contra Mí, el Todopoderoso? ¿Creéis que, engañándome de esta manera, echando Mis palabras en el fango y no escuchándolas, creéis que al actuar así a Mis espaldas podéis escapar de Mi mirada iracunda? ¿No sabéis acaso que ya Mis ojos, los de Jehová, os vieron cuando robasteis Mis sacrificios y codiciasteis Mis posesiones? ¿No sabéis que cuando robasteis Mis sacrificios, fue frente al altar en el que se ofrecen sacrificios? ¿Cómo os podéis considerar lo suficientemente inteligentes como para engañarme de esta manera? ¿Cómo podría Mi ira apartarse de vuestros pecados atroces? ¿Cómo podría Mi furia rabiosa pasar por alto vuestras malvadas acciones? El mal que habéis cometido hoy no os abre ninguna salida, sino que más bien acumula castigo para el mañana; ello provoca el castigo de Mí, el Todopoderoso, hacia vosotros. ¿Cómo podrían vuestras malvadas acciones y vuestras malvadas palabras escapar de Mi castigo? ¿Cómo podrían vuestras oraciones llegar a Mis oídos? ¿Cómo podría Yo abrir una salida para vuestra injusticia? ¿Cómo podría dejar de lado vuestras acciones malvadas que me desafían? ¿Cómo no podría Yo cortar vuestras lenguas tan venenosas como la de una serpiente? Vosotros no me invocáis por el bien de vuestra justicia, sino que más bien acumuláis Mi ira como resultado de vuestra injusticia. ¿Cómo podría perdonaros? Ante los ojos de Mí, el Todopoderoso, vuestras palabras y acciones son asquerosas. Los ojos de Mí, el Todopoderoso, ven vuestra injusticia como castigo implacable. ¿Cómo podrían Mi justo castigo y juicio apartarse de vosotros? Debido a que me hacéis esto, poniéndome triste e iracundo, ¿cómo podría dejaros escapar de Mis manos y alejaros del día en que Yo, Jehová, os castigue y maldiga? ¿Acaso no sabéis que todas vuestras palabras y declaraciones malvadas ya han llegado a Mis oídos? ¿Acaso no sabéis que vuestra injusticia ya ha mancillado Mi santo manto de justicia? ¿Acaso no sabéis que vuestra desobediencia ya ha provocado Mi ira vehemente? ¿Acaso no sabéis que hace mucho tiempo que me habéis dejado enfurecido, y que desde hace mucho tiempo habéis probado Mi paciencia? ¿Acaso no sabéis que ya habéis maltratado Mi carne hasta hacerla jirones? He soportado hasta ahora, de tal manera que libero Mi ira, ya no seré más tolerante con vosotros. ¿Acaso no sabéis que vuestras malvadas acciones ya han llegado a Mis ojos y que Mis clamores ya han llegado a los oídos de Mi Padre? ¿Cómo puede Él permitir que me tratéis así? ¿Acaso toda la obra que hago en vosotros no es por vuestro bien? Sin embargo, ¿quién de vosotros se ha vuelto más amoroso hacia la obra de Mí, Jehová? ¿Podría Yo ser infiel a la voluntad de Mi Padre porque soy débil y por la angustia que he sufrido? ¿Acaso no entendéis Mi corazón? Yo os hablo a vosotros como lo hizo Jehová; ¿acaso no he renunciado a tantas cosas por vosotros? A pesar de que estoy dispuesto a soportar todo este sufrimiento por el bien de la obra de Mi Padre, ¿cómo podríais ser liberados del castigo que Yo traigo sobre vosotros como resultado de Mi sufrimiento? ¿Acaso no habéis disfrutado tanto de Mí? Hoy, he sido otorgado a vosotros por Mi Padre; ¿acaso no sabéis que disfrutáis mucho más que Mis palabras generosas? ¿Acaso no sabéis que Mi vida fue intercambiada por vuestra vida y por las cosas que disfrutáis? ¿Acaso no sabéis que Mi Padre utilizó Mi vida para batallar contra Satanás y que también os otorgó Mi vida, haciendo que recibierais cien veces más y permitiéndoos evitar tantas tentaciones? ¿No sabéis acaso que es sólo a través de Mi obra que habéis sido eximidos de muchas tentaciones y de muchos castigos ardientes? ¿Acaso no sabéis que es sólo por Mi causa que Mi Padre os ha permitido disfrutar hasta ahora? ¿Cómo podrían vuestros corazones permanecer tan duros hoy, como si se hubieran encallecido? ¿Cómo podrían las maldades que cometéis hoy escapar del día de la ira que seguirá a Mi partida de la tierra? ¿Cómo podría Yo permitir que aquellos que son tan duros de corazón escapen de la ira de Jehová?

de ‘Nadie que sea de la carne puede escapar del día de la ira’ en “La Palabra manifestada en carne”

84. Vosotros, apestosos gusanitos que robáis las ofrendas de Mi altar, el de Jehová, ¿podéis rescatar vuestro nombre desacreditado y fracasado, para convertiros en el pueblo escogido de Israel? ¡Sois unos desdichados sin vergüenza! Esos sacrificios sobre el altar me fueron ofrecidos por personas, como una expresión de sentimientos benevolentes de parte de los que me temen. Son para Mi control y para Mi uso; ¿cómo puedes, pues, robarme las pequeñas tórtolas ofrecidas por las personas? ¿No te asusta ser un Judas? ¿No tienes miedo de que tu tierra se convierta en un campo de sangre? ¡Eres un sinvergüenza! ¿Crees que las tórtolas ofrecidas por las personas son todas para alimentar tu vientre, gusano? Lo que Yo te he dado es lo que me ha placido y lo que he estado dispuesto a darte; lo que no te he dado está a Mi disposición, y tú no puedes robar Mis ofrendas. Yo, Jehová, soy Aquel que obra, el Señor de la creación, y que esas personas ofrezcan sacrificios es por Mí. ¿Crees que es la recompensa por tanto como corres de un lado a otro? ¡Eres verdaderamente un sinvergüenza! ¿Por quién corres tanto? ¿No es por ti mismo? ¿Por qué robas Mis sacrificios? ¿Por qué robas dinero de Mi bolsa de dinero? ¿No eres hijo de Judas Iscariote? Son los sacerdotes quienes deben disfrutar de Mis sacrificios, de los sacrificios de Jehová. ¿Eres sacerdote? Te atreves a comer Mis sacrificios con aire de suficiencia, y hasta los pones en la mesa; ¡No vales nada! ¡Eres un desdichado inútil! ¡Mi fuego, el fuego de Jehová, te calcinará!

de ‘Cuando las hojas caídas regresen a sus raíces lamentarás todo el mal que has hecho’ en “La Palabra manifestada en carne”

85. Tal vez en todos tus años de fe en Dios, nunca hayas maldecido a nadie ni cometido una mala acción, sin embargo, en tu asociación con Cristo, no puedes decir la verdad, actuar honestamente u obedecer la palabra de Cristo. En ese caso, Yo digo que tú eres la persona más siniestra y malévola del mundo. Quizás eres excepcionalmente cordial y dedicado a tus parientes, tus amigos, tu esposa (o esposo), tus hijos e hijas y tus padres, y nunca te aprovechas de nadie, pero si no puedes ser compatible con Cristo y estar en armonía con Él, entonces, aun si gastas todo lo que tienes ayudando a tus vecinos, o si le brindas a tu padre, a tu madre y a los miembros de tu casa un cuidado meticuloso, te diría que sigues siendo un ser malvado y, más aún, lleno de trucos astutos. No pienses que sólo porque te llevas bien con los demás o haces algunas buenas obras eres compatible con Cristo. ¿Tú crees que tus intenciones caritativas pueden conseguir para ti una bendición del cielo? ¿Piensas que llevar a cabo unas cuantas buenas acciones puede reemplazar tu obediencia? Ninguno de vosotros es capaz de aceptar el trato ni recibir la poda, y para todos es difícil abrazar la humanidad normal de Cristo, a pesar de que estáis proclamando constantemente vuestra obediencia a Dios. Una fe como la vuestra tendrá una retribución adecuada. Dejad de entregaros a ilusiones fantasiosas y al deseo de ver a Cristo, porque sois de estatura muy baja, tanto así, que ni siquiera sois dignos de verlo. Cuando estés completamente purgado de tu rebeldía y puedas estar en armonía con Cristo, en ese momento Dios se te aparecerá de una forma natural. Si vas a ver a Dios sin haber pasado por la poda o el juicio, indudablemente te convertirás en un adversario de Dios y estarás destinado a la destrucción. La naturaleza del hombre es inherentemente hostil hacia Dios, porque todos los hombres han sido sometidos a la corrupción más profunda de Satanás. Si el hombre trata de asociarse con Dios a partir de su propia corrupción, ciertamente nada bueno puede salir de eso; sus acciones y palabras indudablemente expondrán su corrupción a cada paso, y al asociarse con Dios, su rebeldía se revelará en todos sus aspectos. Inconscientemente, el hombre viene a oponerse a Cristo, a engañar a Cristo y a abandonar a Cristo; cuando eso ocurre, el hombre se encuentra en un estado aún más precario y, si esto continúa, será sometido a castigo.

de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

86. He expresado tantas palabras y también he expresado Mi voluntad y Mi carácter, pero aun así, las personas todavía son incapaces de conocerme y de creer en Mí. O se podría decir que todavía son incapaces de obedecerme. Los que viven en la Biblia, los que viven en medio de la ley, los que viven en la cruz, los que viven de acuerdo con las doctrinas, los que viven entre la obra que Yo hago en la actualidad, ¿cuál de ellos es compatible conmigo? Sólo pensáis en recibir bendiciones y recompensas y nunca habéis pensado en cómo ser compatibles conmigo, o cómo evitar convertiros en Mis enemigos. Estoy tan decepcionado de vosotros porque os he dado tanto, pero he obtenido tan poco de vosotros. Vuestro engaño, vuestra arrogancia, vuestra codicia, vuestros deseos extravagantes, vuestra traición, vuestra desobediencia, ¿cuál de estos podría escapar de que Yo lo viera? Me tratáis sin consideración, jugáis conmigo, me insultáis, me engañáis, me exigís, me chantajeáis con sacrificios, ¿cómo podría tal maleficencia eludir Mi castigo? Vuestras fechorías son prueba de vuestra enemistad contra Mí y son prueba de vuestra incompatibilidad conmigo. Cada uno de vosotros creéis ser tan compatibles conmigo, pero, si así, ¿entonces a quién se aplica esa evidencia irrefutable? Creéis que poseéis la máxima sinceridad y lealtad hacia Mí. Pensáis que sois tan bondadosos, tan compasivos y que me habéis dedicado tanto. Pensáis que habéis hecho suficiente por Mí, ¿pero habéis alguna vez comparado esas creencias con vuestro comportamiento? Digo que sois bastante arrogantes, bastante codiciosos, bastante negligentes; los trucos con los que me engañáis son bastante ingeniosos y tenéis bastantes intenciones despreciables y métodos despreciables. Vuestra lealtad es demasiado pobre, vuestra sinceridad es demasiado miserable y vuestra conciencia es aún más deficiente. Hay demasiada malicia en vuestros corazones y nadie se libra de ella, ni siquiera Yo. Me cerráis la puerta por el bien de vuestros hijos, de vuestros maridos o de vuestra propia protección. En vez de preocuparos por Mí, os preocupáis por vuestra familia, vuestros hijos, vuestro estatus, vuestro futuro y vuestra propia satisfacción. ¿Cuándo habéis pensado en Mí mientras hablabais o actuabais? Cuando hace frío, sólo pensáis en vuestros hijos, vuestros maridos, vuestras esposas o vuestros padres. Cuando hace calor, tampoco tengo lugar en vuestros pensamientos. Cuando desempeñas tu deber, estás pensando en tus propios intereses, en tu propia seguridad personal o los miembros de tu familia. ¿Qué has hecho que fuera para Mí? ¿Cuándo has pensado en Mí? ¿Cuándo te has dedicado, a cualquier costo, a Mí y Mi obra? ¿Dónde está la evidencia de tu compatibilidad conmigo? ¿Dónde está la realidad de tu lealtad hacia Mí? ¿Dónde está la realidad de tu obediencia a Mí? ¿Cuándo no ha sido tu intención de obtener Mis bendiciones? Os burláis de Mí y me engañáis, jugáis con la verdad y escondéis la existencia de la verdad y traicionáis la esencia de la verdad. Si estáis en tal enemistad conmigo, ¿qué os espera entonces en el futuro? Sólo buscáis la compatibilidad con un Dios impreciso y sólo buscáis una creencia vaga, pero no sois compatibles con Cristo. ¿Vuestra maleficencia no recibirá la misma retribución que la que merecen los malvados? En aquel momento, os daréis cuenta de que nadie que no sea compatible con Cristo puede escapar del día de la ira, y descubriréis qué clase de retribución vendrá sobre los que están en enemistad con Cristo.

de ‘Deberías buscar el camino de la compatibilidad con Cristo’ en “La Palabra manifestada en carne”

87. Todos vosotros os alegráis al recibir recompensas de parte de Dios y al transformaros en el objeto de Su favor ante Sus ojos. Este es el deseo de toda persona después de comenzar a tener fe en Dios, porque el hombre se esfuerza de corazón por alcanzar cosas más excelsas y nadie está dispuesto a quedarse atrás de los demás. Así es como el hombre se conduce. Precisamente por esto, muchos entre vosotros estáis constantemente intentando ganaros el favor del Dios de los cielos; sin embargo, en realidad, vuestra lealtad y sinceridad hacia Dios son mucho menores que vuestra lealtad y sinceridad hacia vosotros mismos. ¿Por qué digo esto? Porque no reconozco en absoluto vuestra lealtad hacia Dios, y además, Yo niego la existencia del Dios que existe en vuestros corazones. Me refiero a que el Dios a quien adoráis, el Dios vago al cual admiráis, no existe en absoluto. La razón por la cual puedo afirmar esto de manera tan categórica es porque vosotros estáis demasiado lejos del Dios verdadero. La razón por la cual sois leales se debe a la existencia de un ídolo en vuestros corazones y, en cuanto a Mí, el Dios que no parece ni grande ni pequeño a vuestros ojos, lo único que hacéis es reconocerme con palabras. Cuando hablo de vuestra gran distancia de Dios, me refiero a lo lejos que os encontráis del Dios verdadero, mientras que el Dios vago parece estar cerca y a la mano. Cuando digo que “no es grande”, me refiero a cómo el Dios en el cual creéis actualmente parece ser apenas un hombre sin grandes habilidades; un hombre que no es demasiado elevado. Y cuando digo que “no es pequeño”, me refiero a que, aunque este hombre no puede invocar el viento ni mandar la lluvia, Él puede, sin embargo, invocar al Espíritu de Dios para realizar obras que sacuden los cielos y la tierra, dejando al hombre completamente perplejo. Externamente, vosotros parecéis ser sumamente obedientes a este Cristo en la tierra, pero en esencia, no tenéis fe en Él ni lo amáis. Lo que quiero decir es que el Dios en el cual tenéis fe en realidad es aquel Dios vago de vuestros sentimientos, y al que verdaderamente amáis es el Dios al que anheláis día y noche, pero que nunca habéis visto en persona. En cuanto a este Cristo, vuestra fe es meramente ínfima y vuestro amor por Él no es nada. La fe implica creencia y confianza; el amor supone adoración y admiración en el corazón, que nunca se separan. No obstante, vuestra fe en Cristo y vuestro amor a Él de hoy están muy por debajo de esto. En cuanto a la fe, ¿cómo tenéis fe en Él? En cuanto al amor, ¿de qué manera lo amáis? Sencillamente, no tenéis ningún entendimiento de Su carácter, mucho menos conocéis Su esencia, entonces ¿cómo tenéis fe en Él? ¿Dónde está la realidad de vuestra fe en Él? ¿Cómo lo amáis? ¿Dónde está la realidad de vuestro amor por Él?

de ‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

88. Antes de que hayáis visto a Jesús, es decir, antes de que hayáis visto al Dios encarnado, es probable que tengáis todo tipo de ideas, como por ejemplo, sobre la apariencia de Jesús, Su forma de hablar, Su forma de vida, etcétera. Sin embargo, una vez que realmente lo hayáis visto, vuestras ideas cambiarán rápidamente. ¿Por qué ocurre esto? ¿Deseáis saberlo? Aunque es cierto que no puede pasarse por alto el pensamiento del hombre, resulta aún más intolerable que el hombre altere la esencia de Cristo. Consideráis que Cristo es un inmortal o un sabio, pero nadie considera a Cristo como un hombre normal con esencia divina. Por tanto, muchos de los que día y noche anhelan ver a Dios son, en realidad, enemigos de Dios y son incompatibles con Él. ¿Acaso no es esto un error por parte del hombre? Incluso en estos momentos seguís pensando que vuestra creencia y lealtad son suficientes para haceros dignos de ver el rostro de Cristo, ¡pero os exhorto a que os equipéis con más cosas prácticas! Esto se debe a que, en el pasado, en el presente y en el futuro, muchos de los que han entrado en contacto con Cristo han fracasado o fracasarán; todos ellos juegan el papel de los fariseos. ¿Cuál es la razón de vuestro fracaso? Se debe, precisamente, a que tenéis el concepto de un Dios alto y merecedor de admiración. Sin embargo, la verdad no es como el hombre desea. Cristo no sólo no es alto, sino que es particularmente pequeño; no sólo es un hombre, sino que es un hombre común; no sólo no puede ascender al cielo, sino que ni siquiera puede transitar libremente por la tierra. Y siendo así las cosas, las personas lo tratan como un hombre común; lo tratan con indiferencia cuando están con Él y le hablan a la ligera, al tiempo que siguen esperando la venida del ‘verdadero Cristo’. Tomáis al Cristo que ya ha venido por un hombre común y a Su palabra como la de un hombre común. Por esta razón no habéis recibido nada de Cristo y, en cambio, habéis expuesto plenamente vuestra propia fealdad a la luz.

de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

89. Antes del contacto con Cristo, tal vez creas que tu carácter ha sido totalmente transformado, que eres un leal seguidor de Cristo y que eres la persona más digna de recibir las bendiciones de Cristo. También crees que, habiendo recorrido muchos caminos, realizado mucha obra y dado mucho fruto, indudablemente serás alguien que recibirá la corona al final. Sin embargo, hay una verdad que no conoces: El carácter corrupto del hombre y su rebeldía y resistencia son expuestos cuando este ve a Cristo, y la rebeldía y resistencia que se exhiben en ese momento son expuestas absoluta y completamente, más que en cualquier otro momento. Esto se debe a que Cristo es el Hijo del hombre —un Hijo del hombre que posee una humanidad normal—, a quien el hombre ni honra ni respeta. Es gracias a que Dios vive en la carne que la rebeldía del hombre sale a la luz de una forma tan completa y con tan vívido detalle. Así pues, Yo digo que la venida de Cristo ha sacado a la luz toda la rebeldía de la humanidad y ha puesto en relieve su naturaleza. A esto se le llama “tentar a un tigre a que baje de la montaña” y “tentar a un lobo a que salga de su cueva”. ¿Te atreves a decir que eres leal a Dios? ¿Te atreves a decir que manifiestas una obediencia total a Dios? ¿Te atreves a decir que no eres rebelde? Algunos dirán: cada vez que Dios me pone en un nuevo entorno, invariablemente me someto sin queja alguna y, además, no albergo ningún concepto acerca de Dios. Algunos dirán: Cualquier cosa que Dios me encomiende, yo lo hago lo mejor posible y nunca soy negligente. En ese caso, os pregunto lo siguiente: ¿Podéis ser compatibles con Cristo cuando vivís junto a Él? Y ¿por cuánto tiempo seréis compatibles con Él? ¿Un día? ¿Dos días? ¿Una hora? ¿Dos horas? Vuestra fe puede muy bien ser encomiable, pero no tenéis mucho en lo relativo a la constancia. Una vez estés viviendo realmente con Cristo, tu santurronería y prepotencia quedarán poco a poco al descubierto mediante tus palabras y acciones, y también tus deseos arrogantes, tu mentalidad desobediente y descontenta se pondrán de manifiesto de forma natural. Finalmente, tu arrogancia se volverá aún más grande, hasta que estés tan en conflicto con Cristo como el agua lo está con el fuego, y luego tu naturaleza quedará completamente expuesta. En ese momento tus conceptos ya no podrán permanecer ocultos, tus quejas también adquirirán expresión espontánea y tu naturaleza humana despreciable saldrá completamente a la luz. Sin embargo, aun entonces continúas negando tu propia rebeldía, creyendo, en cambio, que un Cristo como este no es fácil de aceptar para el hombre, que es demasiado estricto con él y que te someterías plenamente si tan sólo Él fuera un Cristo más amable. Creéis que siempre hay una causa justificada para vuestra rebeldía y que os rebeláis contra Él sólo después de que Cristo os ha llevado más allá de cierto punto. Ni una sola vez habéis considerado que habéis fracasado a la hora de considerar a Cristo como Dios y en vuestra intención de obedecerle. Más bien, insistes tercamente en que Cristo actúe de acuerdo con tus deseos y tan pronto como hay una cosa en la que no lo hace, entonces tú crees que Él no es Dios, sino un hombre. ¿No hay acaso muchos entre vosotros que habéis luchado contra Él en estos términos? Después de todo, ¿en quién creéis y de qué manera buscáis?

de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

90. Siempre deseáis ver a Cristo, pero Yo os exhorto a que no os tengáis en tan alta estima; todo el mundo puede ver a Cristo, pero Yo digo que nadie es apto para ver a Cristo. Debido a que la naturaleza del hombre está llena de maldad, arrogancia y rebeldía, en el momento en el que veas a Cristo, tu naturaleza te destruirá y te condenará a muerte. Tal vez tu asociación con un hermano (o una hermana) no muestre mucho sobre ti, pero no es tan simple cuando te relacionas con Cristo. En cualquier momento, tus conceptos pueden echar raíces, tu arrogancia puede comenzar a germinar y tu rebeldía puede comenzar a dar frutos. ¿Cómo puedes tú, con esa clase de humanidad, ser apto para relacionarte con Cristo? ¿Eres verdaderamente capaz de tratarlo como Dios en cada momento de cada día? ¿Tendrás verdaderamente la realidad de la sumisión a Dios? Adoráis al Dios elevado dentro de vuestro corazón como Jehová al tiempo que consideráis al Cristo visible como un hombre. ¡Vuestro sentido es muy inferior y vuestra humanidad es demasiado vil! Sois incapaces de considerar a Cristo como Dios por siempre; sólo ocasionalmente, cuando os apetece, os aferráis a Él y lo adoráis como Dios. Es por eso que os digo que no sois creyentes de Dios, sino una pandilla de cómplices que lucha contra Cristo. Hasta los hombres que son bondadosos con otros son recompensados; sin embargo, Cristo, que ha hecho tal obra entre vosotros, no ha recibido ni el amor del hombre ni su recompensa y sumisión. ¿Acaso no es eso algo sumamente desgarrador?

de ‘Quienes son incompatibles con Cristo indudablemente se oponen a Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

91. La divinidad de Cristo está por encima de todos los hombres; por lo tanto, Él es la autoridad suprema de todos los seres creados. Esta autoridad es Su divinidad, es decir, el carácter y el ser de Dios mismo, que determina Su identidad. Por lo tanto, no importa qué tan normal sea Su humanidad, es innegable que tiene la identidad de Dios mismo; no importa desde qué punto de vista hable y la manera en la que Él obedezca la voluntad de Dios, no puede decirse que no sea Dios mismo. Los hombres necios e ignorantes muchas veces ven la humanidad normal de Cristo como un defecto. No importa cómo Él exprese y revele el ser de Su divinidad, el hombre es incapaz de reconocer que Él es Cristo. Y entre más demuestre Cristo Su obediencia y humildad, más a la ligera los necios consideran a Cristo. Incluso están los que adoptan hacia Él una actitud de exclusión y desprecio; sin embargo colocan sobre la mesa a esos “grandes hombres” de imágenes elevadas para adorarlos. La resistencia del hombre a Dios y su desobediencia a Él vienen del hecho de que la esencia del Dios encarnado se somete a la voluntad de Dios, y también de la humanidad normal de Cristo; aquí está el origen de la resistencia del hombre a Dios y la desobediencia a Él. Si Cristo no hubiera tenido la apariencia de Su humanidad y tampoco hubiera buscado la voluntad de Dios Padre desde la perspectiva de un ser creado, sino que hubiera poseído una superhumanidad, entonces probablemente no habría habido ninguna desobediencia por parte de ningún hombre. La razón por la que el hombre siempre está dispuesto a creer en un Dios invisible que está en el cielo es porque Dios en el cielo no tiene una humanidad y no tiene ni una sola cualidad de un ser creado. Así que el hombre siempre lo considera con la mayor estima, pero tiene una actitud de desprecio hacia Cristo.

de ‘La esencia de Cristo es la obediencia a la voluntad del Padre celestial’ en “La Palabra manifestada en carne”

92. Cuando se trata de la fe, muchos quizá piensen que siguen a Dios porque tienen fe, de lo contrario no soportarían tal sufrimiento. Entonces te pregunto esto: ¿Por qué es que nunca veneras a Dios a pesar de que crees en Su existencia? ¿Por qué, entonces, no sientes ningún temor de Dios en tu corazón si crees en Su existencia? Tú aceptas que Cristo es la encarnación de Dios, ¿entonces por qué mantienes tal desprecio hacia Él? ¿Por qué actúas de manera tan irreverente hacia Él? ¿Por qué lo juzgas abiertamente? ¿Por qué siempre espías Sus movimientos? ¿Por qué no te sometes a Sus disposiciones? ¿Por qué no actúas de acuerdo con Su palabra? ¿Por qué lo chantajeas y le robas Sus ofrendas? ¿Por qué hablas en lugar de Cristo? ¿Por qué juzgas si Su obra y Su palabra son o no correctas? ¿Por qué te atreves a blasfemarlo a Sus espaldas? ¿Son estas y otras cosas las que constituyen vuestra fe?

Cada parte de vuestro hablar y comportamiento revela los elementos de incredulidad en Cristo que lleváis dentro de vosotros. Vuestros motivos y objetivos para lo que hacéis están impregnados de incredulidad; incluso ese sentido que emana de vuestra mirada está contaminado con tales elementos. En otras palabras, cada uno de vosotros, durante cada minuto del día, lleváis con vosotros elementos de incredulidad. Esto significa que, en cualquier momento estáis en peligro de traicionar a Cristo, ya que la sangre que corre por vuestros cuerpos está impregnada de incredulidad en el Dios encarnado. Por ello digo que las huellas que dejáis por el sendero de la creencia en Dios no son sustanciales. Vuestra travesía a lo largo del camino de la creencia en Dios no está bien arraigada, y en su lugar simplemente seguís la rutina. Siempre sois escépticos acerca de la palabra de Cristo y no podéis llevarla inmediatamente a la práctica. Esta es la razón por la que no tenéis fe en Cristo y que siempre tengáis nociones de Él es otra razón por la que no creéis en Cristo. Conservar siempre el escepticismo sobre la obra de Cristo, dejar que la palabra de Cristo caiga en oídos sordos, tener una opinión sobre cualquier obra que Cristo lleve a cabo y no ser capaces de comprenderla apropiadamente, tener dificultades en dejar las nociones sin importar la explicación que recibáis, y así sucesivamente; todos estos son elementos de incredulidad mezclados en vuestros corazones. Aunque seguís la obra de Cristo y nunca os quedáis atrás, hay demasiada rebelión mezclada en vuestros corazones. Esta rebelión es una impureza en vuestra creencia en Dios. Tal vez no estéis de acuerdo, pero si no puedes reconocer tus propias intenciones de ella, entonces es seguro que eres alguien que perecerá. Porque Dios sólo perfecciona a aquellos quienes en verdad creen en Él, no a aquellos quienes se mantienen escépticos de Él, y menos aún a los que lo siguen a regañadientes a pesar de nunca haber creído que Él es Dios.

de ‘¿Eres un verdadero creyente en Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”

93. Algunas personas no se regocijan en la verdad, mucho menos en el juicio. Más bien, se regocijan en el poder y las riquezas; tales personas se llaman buscadores de poder. Ellas buscan exclusivamente aquellas denominaciones en el mundo que tienen influencia y a los pastores y maestros que provienen de seminarios. A pesar de haber aceptado el camino de la verdad, se mantienen escépticos y son incapaces de dedicarse a plenitud. Hablan de sacrificarse por Dios, pero sus ojos se mantienen enfocados en los grandes pastores y maestros, y Cristo es dejado de lado. Sus corazones están llenos de fama, fortuna y gloria. Ellos no creen en absoluto que un hombre tan exiguo sea capaz de conquistar a tantos, que uno tan corriente sea capaz de perfeccionar a la gente. Ellos no creen en absoluto que estos don nadie entre el polvo y el estiércol sean la gente elegida por Dios. Ellos creen que si tales personas fueran los objetos de la salvación de Dios, entonces el cielo y la tierra estarían volteados al revés y todos los hombres se reirían a mandíbula batiente. Ellos creen que si Dios ha elegido a tales don nadie para ser perfeccionados, entonces esos grandes hombres se convertirían en Dios mismo. Sus perspectivas están manchadas de incredulidad; ciertamente, más que incrédulos, son bestias absurdas. Y es que sólo valoran la posición, el prestigio y el poder; lo que tienen en alta estima son los grandes grupos y denominaciones. No tienen la menor consideración hacia aquellos dirigidos por Cristo; son simplemente traidores que han dado la espalda a Cristo, a la verdad y a la vida.

de ‘¿Eres un verdadero creyente en Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”

94. Lo que tú admiras no es la humildad de Cristo, sino a esos falsos pastores de destacada posición. No amas la belleza ni la sabiduría de Cristo, sino a esos licenciosos que se asocian con el mundo vil. Te ríes del dolor de Cristo, que no tiene lugar donde reclinar Su cabeza, pero admiras a esos cadáveres que se apoderan de las ofrendas y viven en desenfreno. No estás dispuesto a sufrir junto a Cristo, sino que te lanzas con gusto en los brazos de esos anticristos insensatos a pesar de que sólo te suministren carne, letras y control. Aun ahora tu corazón todavía se vuelve hacia ellos, su reputación, su estatus e influencia. Aun así, continúas teniendo una actitud por la que la obra de Cristo te resulta difícil de soportar y no estás dispuesto a aceptarla. Por esto es que te digo que no tienes la fe de reconocer a Cristo. La razón por la que lo has seguido hasta el día de hoy es sólo porque no tenías otra opción. En tu corazón siempre se elevan muchas imágenes altivas; no puedes olvidar cada uno de sus palabras y obras, ni de sus palabras y manos influyentes. Ellos permanecen, dentro de vuestros corazones, por siempre supremos y por siempre héroes. Pero esto no es así para el Cristo de hoy. Él permanece por siempre insignificante en tu corazón y por siempre indigno de tu veneración. Porque Él es demasiado corriente, tiene muy poca influencia y está lejos de ser elevado.

de ‘¿Eres un verdadero creyente en Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”

95. En la actualidad, todavía hay mucha incredulidad dentro de vosotros. Intentad mirar diligentemente dentro de vosotros y con seguridad encontraréis respuestas. Cuando encuentres la respuesta verdadera, entonces admitirás que no eres un creyente de Dios, sino más bien uno que lo engaña, blasfema contra Él y lo traiciona, y uno que le es desleal. Entonces te darás cuenta de que Cristo no es hombre sino Dios. Cuando ese día llegue, entonces venerarás, temerás, y en verdad amarás a Cristo. En la actualidad, vuestra fe es sólo el treinta por ciento de vuestro corazón, mientras que el setenta por ciento está poseído por la duda. Cualquier obra hecha y cualquier frase dicha por Cristo pueden hacer que forméis nociones y opiniones sobre Él. Estas nociones y estas opiniones proceden de vuestra completa incredulidad en Él. Admiráis y teméis sólo al Dios invisible en el cielo y no tenéis consideración por el Cristo vivo en la tierra. ¿No es esto acaso también vuestra incredulidad? Anheláis sólo al Dios que realizó obras en el pasado, pero no os enfrentáis al Cristo de hoy. Estas son siempre las mezclas de la “fe” en vuestros corazones que no cree en el Cristo de hoy. No os subestimo, ya que hay demasiada incredulidad dentro de vosotros, demasiado de vosotros que es impuro y que debe ser analizado minuciosamente. Estas impurezas son una señal de que no tenéis fe en absoluto; son un signo de vuestra renuncia a Cristo y os marcan como traidores a Cristo. Son un velo que cubre vuestro conocimiento de Cristo, una barrera para que seáis adquiridos por Cristo, un obstáculo que os impide ser compatibles con Cristo, y una evidencia de que Cristo no os aprueba.

de ‘¿Eres un verdadero creyente en Dios?’ en “La Palabra manifestada en carne”

96. A lo largo de muchos años de trabajo, habéis visto muchas verdades, pero ¿sabéis lo que han oído Mis oídos? ¿Cuántos entre vosotros estáis dispuestos a aceptar la verdad? Todos vosotros creéis que estáis dispuestos a pagar el precio por la verdad, pero ¿cuántos habéis sufrido verdaderamente por la verdad? Lo único que hay en vuestros corazones es iniquidad y, por lo tanto, creéis que cualquiera, no importa quién sea, es engañoso y torcido. Incluso creéis que el Dios encarnado podría, como cualquier hombre normal, carecer de un corazón bondadoso o de un amor benevolente. Más aún, creéis que un temperamento noble y una naturaleza misericordiosa y benevolente sólo existen en el Dios del cielo. Y creéis que un santo así no existe, y que sólo la oscuridad y el mal reinan sobre la tierra, mientras que Dios es algo donde se alberga el anhelo humano de lo bueno y lo hermoso, una figura legendaria inventada por el hombre. En vuestras mentes, el Dios del cielo es sumamente recto, justo y grandioso, digno de adoración y admiración, pero este Dios en la tierra es apenas un sustituto y un instrumento del Dios del cielo. Creéis que este Dios no puede ser equivalente al Dios del cielo, mucho menos mencionarse junto con Él. En lo que respecta a la grandeza y el honor de Dios, estos le pertenecen a la gloria del Dios en el cielo, pero en cuanto a la naturaleza y la corrupción del hombre, estos son atributos que forman parte del Dios en la tierra. El Dios del cielo es eternamente sublime, mientras que el Dios en la tierra es para siempre insignificante, débil e incompetente. El Dios del cielo no es dado a las emociones, tan sólo a la justicia, mientras que el Dios en la tierra tan sólo tiene motivos egoístas y carece de justicia y razón alguna. El Dios en el cielo no tiene ni la más mínima tortuosidad y es siempre fiel, mientras que el Dios en la tierra tiene siempre un lado deshonesto. El Dios en el cielo ama profundamente al hombre, mientras que el Dios en la tierra le ofrece al hombre un cuidado deficiente, incluso abandonándolo por completo. Hace mucho tiempo que este conocimiento erróneo está guardado en vuestros corazones y también se prolongue en el futuro. Consideráis todas las acciones de Cristo desde el punto de vista de los injustos y evaluáis toda Su obra, así como Su identidad y Su esencia, desde la perspectiva de los malvados. Habéis cometido un grave error y hecho lo que los que vinieron antes que vosotros jamás hicieron. Es decir, sólo servís al Dios sublime en el cielo con una corona sobre Su cabeza, pero jamás le prestáis atención al Dios al cual consideráis tan insignificante, al punto de que os resulta invisible. ¿No es acaso este vuestro pecado? ¿No es este un ejemplo clásico de vuestra ofensa contra el carácter de Dios? Vosotros adoráis al Dios del cielo. Adoráis imágenes sublimes y estimáis a aquellos que se distinguen por su elocuencia. Te dejas mandar con alegría por el Dios que te llena las manos de riquezas y languideces por el Dios que puede satisfacer todos tus deseos. El único al que no adoras es a este Dios que no es sublime; lo único que detestas es asociarte con este Dios a quien ningún hombre puede tener en alta estima. Lo único que no estás dispuesto a hacer es servir a este Dios que nunca te dio ni un centavo y el único que no puede hacer que lo anheles es este Dios sin encanto. Esta clase de Dios no puede permitirte que amplíes tus horizontes, que te sientas como si hubieses encontrado un tesoro, mucho menos satisfacer tus deseos. Entonces, ¿por qué lo sigues? ¿Has considerado preguntas como estas? Lo que haces no ofende sólo a este Cristo; lo más importante es que ofende al Dios del cielo. ¡Creo que este no es el propósito de vuestra fe en Dios!

de ‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

97. Deseáis enormemente que Dios se deleite en vosotros, pero estáis muy lejos de Dios. ¿Qué sucede aquí? Aceptáis sólo Sus palabras, pero no Su trato ni Su poda; mucho menos podéis aceptar cada uno de Sus arreglos ni tener una fe cabal en Él. Entonces, ¿qué sucede aquí? En el análisis final, vuestra fe es una cáscara de huevo vacía que nunca podrá generar un polluelo. Porque vuestra fe no os ha traído la verdad ni os ha dado vida, sino que os ha dado una sensación ficticia de sustento y esperanza. Vuestro propósito al creer en Dios es en aras de esta esperanza y sensación de sustento, en lugar de la verdad y la vida. Por lo tanto, Yo digo que el transcurso de vuestra fe en Dios no es más que un intento de ganaros el favor de Dios mediante el servilismo y el descaro, y de ninguna manera puede considerarse una fe verdadera. ¿Cómo puede surgir un polluelo de una fe semejante? En otras palabras, ¿qué fruto puede dar esta clase de fe? El propósito de vuestra fe en Dios es usar a Dios para satisfacer vuestros objetivos. ¿Acaso no es esta otra evidencia más de vuestra ofensa contra el carácter de Dios? Creéis en la existencia del Dios en el cielo, pero negáis la del Dios en la tierra. Sin embargo, Yo no apruebo vuestras opiniones. Elogio sólo a los hombres que mantienen los pies sobre la tierra y sirven al Dios en la tierra, pero nunca a aquellos que jamás reconocen al Cristo que está en la tierra. No importa cuán leales sean estas personas al Dios en el cielo; al final, no escaparán de Mi mano que castiga a los malvados. Estos hombres son malvados; son los perversos que se oponen a Dios y que nunca obedecieron a Cristo con alegría. Por supuesto, entre ellos se encuentran todos los que no conocen a Cristo ni mucho menos lo reconocen.

de ‘Cómo conocer al Dios en la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

98. Cada una de las iglesias tiene personas que molestan en la iglesia, personas que interrumpen la obra de Dios. Estas personas son todas Satanás enmascaradas dentro de la familia de Dios. Este tipo de persona es especialmente bueno para suplantar, venir respetuosamente delante de Mí, asintiendo e inclinándose, comportándose como perros sarnosos, dedicando su "todo" para lograr sus propios objetivos, pero mostrando su feo semblante ante los hermanos y hermanas. Cuando ven a alguien practicando la verdad, lo atacan y lo excluyen, y cuando ven a alguien más terrible que ellos mismos, lo adulan y le son serviles, y actúan como tiranos dentro de la iglesia. Se puede decir que la mayoría de las iglesias tienen este tipo de "serpiente malvada local", este tipo de "perro faldero" dentro de ellos. Andan escondiéndose juntos, guiñando el ojo y señalando secretamente el uno al otro, y ninguno de ellos practica la verdad. Quien tiene más veneno es el "jefe demonio", y quien tiene el más alto prestigio los conduce y lleva su estandarte en alto. Estas personas corren salvajemente dentro de la iglesia, difunden su negatividad, liberan muerte, hacen lo que quieren, dicen lo que les plazca, sin que nadie se atreva a detenerlas; están llenas de carácter satánico. Tan pronto como comienzan a causar disturbios, un aire de muerte entra en la iglesia. Aquellos que practican la verdad dentro de la iglesia son abandonados y son incapaces de alcanzar su potencial, mientras que los que molestan a la iglesia y propagan la muerte tienen rienda suelta en la iglesia. Lo que es más, la mayoría de las personas los sigue. Este tipo de iglesia está simplemente bajo el control de Satanás y el diablo es su rey. Si las personas de la iglesia no se levantan y echan a los demonios principales, entonces también llegarán a la ruina tarde o temprano. A partir de ahora, se deben tomar medidas contra este tipo de iglesia. Si aquellos que son capaces de practicar un poco de verdad no están dispuestos a buscarla, entonces esa iglesia será inhabilitada. Si no hay nadie en una iglesia que esté dispuesto a practicar la verdad, nadie que pueda ser testigo de Dios, entonces esa iglesia debe ser completamente condenada al ostracismo, y se deben cortar sus conexiones con otras iglesias. Esto se llama sepultar a la muerte y expulsar a Satanás. Si hay varias serpientes villanas locales en una iglesia, así como algunas pequeñas moscas que las siguen que no tienen discernimiento alguno, si los de la iglesia todavía no pueden desechar las ataduras y la manipulación de estas serpientes después de haber visto la verdad, entonces estos tontos serán finalmente eliminados. Aunque puede ser que estas pequeñas moscas no hayan hecho nada terrible, son aún más astutas, aún más resbaladizas y evasivas y todos los que son como ellas serán eliminados. ¡No quedará ni uno! Aquellos que pertenecen a Satanás serán devueltos a Satanás, mientras que aquellos que pertenecen a Dios seguramente irán en busca de la verdad; esto está determinado por su naturaleza. ¡Que todos los que siguen a Satanás perezcan! No se mostrará piedad a estas personas. Que los que buscan la verdad alcancen la provisión y permítanles que se complazcan en la palabra de Dios para alegría de sus corazones. Dios es justo; no trata a las personas injustamente. Si eres un diablo entonces serás incapaz de practicar la verdad. Si eres alguien que busca la verdad, entonces es seguro que no serás llevado cautivo por Satanás. Esto está más allá de toda duda.

de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

99. Aquellos que no buscan progresar siempre desean que otros sean tan negativos e indolentes como ellos mismos; aquellos que no practican la verdad están celosos de aquellos que practican la verdad. Aquellos que no practican la verdad siempre quieren engañar a aquellos que están confundidos y que carecen de discernimiento. Las cosas que estas personas transmiten pueden provocar que degeneres, que vayas cuesta abajo, que desarrolles condiciones anormales y que te llenes de oscuridad dentro de ti; te hacen distanciar de Dios, y te hacen apreciar la carne y complacerte. Aquellos que no aman la verdad, que siempre están tratando con Dios superficialmente, no tienen autoconocimiento y sus caracteres seducen a las personas a cometer pecados y desafiar a Dios. No practican la verdad y tampoco permiten que otros la practiquen. Adoran el pecado y no tienen aversión por sí mismos. Ellos no se conocen a sí mismos y evitan que otros se conozcan a sí mismos, y evitan que otros anhelen la verdad. Aquellos que ellos engañan no pueden ver la luz y caen en la oscuridad, no se conocen a sí mismos, no tienen claridad acerca de la verdad y se alejan cada vez más de Dios. No practican la verdad e impiden que otros practiquen la verdad, y llevan consigo a esas personas necias. En lugar de decir que creen en Dios, sería mejor decir que creen en sus antepasados, que en lo que creen es en los ídolos que llevan en sus corazones. Sería mejor para aquellas personas que dicen que siguen a Dios que abrieran los ojos y miraran bien para ver exactamente en quién creen: ¿Es realmente Dios en el que crees o en Satanás? Si sabes que en lo que crees no es en Dios sino en tus propios ídolos, entonces es mejor que no digas que eres un creyente. Si realmente no sabes en quién crees, entonces, una vez más, es mejor que no digas que eres un creyente. ¡Decirlo sería una blasfemia! Nadie te está obligando a creer en Dios. No digáis que creéis en Mí, ya que he oído bastante esas palabras hace mucho tiempo y no deseo volver a oírlas, porque en lo que creéis es en los ídolos que están en vuestros corazones y las serpientes villanas locales que habitan entre vosotros. Aquellos que sacuden la cabeza cuando oyen la verdad, que sonríen ampliamente cuando oyen hablar de la muerte son la descendencia de Satanás, y son todos objetos a ser eliminados. Existen en la iglesia muchas personas que no tienen discernimiento, y cuando sucede algo engañoso, simplemente se mantienen del lado de Satanás. Cuando se les llama lacayos de Satanás, se sienten muy agraviados. Se dice que no tienen discernimiento, pero siempre están del lado donde no está la verdad. No ha habido un solo momento crítico en el que hayan estado del lado de la verdad, ni una sola vez cuando se han levantado y defendido la verdad, así que ¿realmente no tienen discernimiento? ¿Por qué siempre están del lado de Satanás? ¿Por qué nunca dicen una palabra que sea justa o razonable a favor de la verdad? ¿Es esta situación realmente creada por su confusión momentánea? Cuanto menos discernimiento tiene alguien, menos capaces son de estar del lado de la verdad. ¿Qué demuestra esto? ¿No muestra esto que aquellos que no tienen discernimiento aman el mal? ¿No muestra que aquellos que no tienen discernimiento son hijos leales de Satanás? ¿Por qué siempre son capaces de mantenerse del lado de Satanás y hablar el mismo idioma que él? Todas sus palabras y hechos, y sus expresiones demuestran ampliamente que no son de ningún tipo que ama la verdad, sino que son personas que detestan la verdad. Que puedan estar del lado de Satanás demuestra ampliamente que Satanás realmente ama a estos pequeños demonios que luchan en favor de Satanás toda su vida. ¿No son todos estos hechos muy claros? Si realmente eres alguien que ama la verdad, entonces ¿por qué no puedes tener ningún respeto por aquellos que practican la verdad, y por qué sigues inmediatamente a aquellos que no practican la verdad en el momento en que tienen un ligero cambio de actitud? ¿Qué tipo de problema es este? No me importa si tienes discernimiento o no, no me importa cuán grande sea el precio que pagaste, no me importa cuán grandes sean tus fuerzas y no me importa si eres una serpiente villana o un líder que lleva el estandarte. Si tus fuerzas son grandes, es sólo con la ayuda de la fuerza de Satanás; si tu prestigio es alto, es simplemente porque hay demasiados a tu alrededor que no practican la verdad; si no has sido expulsado ​​es porque ahora no es el momento para la obra de expulsión, sino que es tiempo para la obra de eliminación. No hay prisa por expulsarte ahora. Sólo necesito esperar a que llegue ese día después de que hayas sido eliminado para castigarte. ¡Quien no practica la verdad será eliminado!

de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

100. Quienes auténticamente creen en Dios son aquellos que están dispuestos a poner en práctica la palabra de Dios, y son aquellos que están dispuestos a practicar la verdad. Aquellos que auténticamente pueden ser testigos de Dios son también aquellos que están dispuestos a poner Su palabra en práctica, y son aquellos que pueden realmente estar del lado de la verdad. Aquellos que emplean engaños y que hacen injusticia son todas personas que no tienen verdad y todas traen vergüenza a Dios. Aquellos en la iglesia que participan en disputas son lacayos de Satanás, y son la incorporación de Satanás. Este tipo de persona es demasiado malvada. Aquellos que no tienen discernimiento y son incapaces de ponerse de parte de la verdad, albergan malas intenciones y manchan la verdad. Estas personas son aún representantes más típicos de Satanás; están más allá de la redención y no hace falta decir que son todos objetos de eliminación. A los que no practican la verdad no se les debe permitir permanecer en la familia de Dios, ni tampoco a los que deliberadamente destruyen a la iglesia. Pero este no es el momento de hacer la obra de expulsión. Ellos simplemente serán expuestos y eliminados al final. No se debe hacer más obra inútil sobre estas personas; aquellos que pertenecen a Satanás son incapaces de permanecer en el lado de la verdad, mientras que aquellos que buscan la verdad pueden estar del lado de la verdad. Aquellos que no practican la verdad son indignos de oír el camino de la verdad e indignos de dar testimonio de la verdad. La verdad básicamente no es para sus oídos, sino más bien se habla para los oídos de aquellos que la practican. Antes de que se revele el fin de cada persona, aquellos que molestan a la iglesia e interrumpen la obra serán dejados a un lado. Una vez que la obra esté completa, estas personas serán expuestas una tras otra antes de ser eliminadas. Mientras sea el tiempo de proporcionar la verdad, no se les tomará en cuenta por el momento. Cuando toda la verdad se revele al hombre esas personas deben ser eliminadas, ya que también será el momento en que todas las personas se clasificarán según su especie. Debido a su mezquina inteligencia, aquellos que no tienen discernimiento vendrán a la ruina en manos de personas malvadas y serán desviados por personas malvadas y no podrán regresar. Estas personas deben ser manejadas de esta manera, ya que no aman la verdad, porque son incapaces de ponerse del lado de la verdad, porque siguen a las personas malvadas, porque están del lado de las personas malvadas, y porque están aliados con malvados y desafían a Dios. Saben perfectamente que esas personas malvadas irradian el mal, pero endurecen sus corazones y las siguen, y se mueven en contra de la verdad. ¿No están haciendo el mal estas personas que no practican la verdad, sino que hacen cosas destructivas y abominables? Aunque hay entre ellos los que se llaman "reyes" y los que les siguen su rastro, ¿no son todas sus naturalezas igualmente desafiantes para Dios? ¿Qué excusa pueden tener para decir que Dios no los salva? ¿Qué excusa pueden tener para decir que Dios no es justo? ¿No es su propio mal el que los destruirá? ¿No es su propia rebeldía la que los arrastrará al infierno? Aquellos que practican la verdad, al final, serán salvos y perfeccionados a través de la verdad. Aquellos que no practican la verdad al final invitarán a la ruina a través de la verdad. Estos son los fines que esperan a los que practican la verdad y a los que no la practican.

de ‘Una advertencia a los que no practican la verdad’ en “La Palabra manifestada en carne”

101. Como crees en Dios, debes poner tu fe en todas las palabras de Dios y en toda Su obra. Es decir, como crees en Dios, debes obedecerle. Si no puedes hacerlo, entonces no importa si crees en Dios. Si has creído en Dios muchos años, pero nunca le has obedecido ni has aceptado todas Sus palabras, sino que le has pedido que Él se someta a ti y actúe según tus propios conceptos, entonces eres la más rebelde de todas las personas, y eres un incrédulo. ¿Cómo puede alguien así obedecer la obra y las palabras de Dios que no se conforman a los conceptos del hombre? La persona más rebelde es aquella que intencionalmente desafía a Dios y se le resiste. Es el enemigo de Dios y el anticristo. Tal persona tiene constantemente una actitud hostil hacia la nueva obra de Dios, nunca ha demostrado la más mínima intención de someterse y jamás se ha sometido o humillado de buen grado. Este individuo se exalta a sí mismo ante los demás y nunca se somete a nadie. Ante Dios, se considera el más diestro para predicar la palabra y el más hábil para obrar en los demás. Nunca descarta los “tesoros” que ya posee, sino que los considera herencias familiares para adorar, para predicar al respecto a los demás, y los usa para sermonear a los necios que lo idolatran. Por cierto, hay una cierta cantidad de personas de esta clase en la iglesia. Se podría decir que son “héroes indómitos”, generación tras generación que habita en la casa de Dios. Consideran que predicar la palabra (doctrina) es su tarea suprema. Año tras año y generación tras generación, se dedican vehementemente a hacer que su obligación “sagrado e inquebrantable” se cumpla. Nadie se atreve a tocarlos ni a reprenderlos abiertamente. Se transforman en “reyes” en la casa de Dios, y causan estragos mientras tiranizan a los demás de una era a otra. Este grupo de demonios busca unirse y derribar Mi obra; ¿cómo puedo permitir que estos demonios vivientes existan delante de Mis ojos? Ni siquiera quienes obedecen a medias pueden seguir hasta el final, ¡cuánto menos estos tiranos que no tienen ni una pizca de obediencia en su corazón! El hombre no obtiene fácilmente la obra de Dios. Aun si usa toda su fuerza, sólo podrá obtener una porción y alcanzar la perfección al final. ¿Qué sucede entonces con los hijos del arcángel que buscan destruir la obra de Dios? ¿No tienen acaso menos esperanza de ser alcanzados por Dios?

de ‘Los que obedecen a Dios con un corazón verdadero, con seguridad serán ganados por Dios’ en “La Palabra manifestada en carne”

102. ¿Deseáis conocer la raíz de la oposición de los fariseos a Jesús? ¿Deseáis conocer la esencia de los fariseos? Estaban llenos de fantasías sobre el Mesías. Aún más, sólo creían que Él vendría, pero no buscaban la verdad de la vida. Por tanto, incluso hoy siguen esperándole, porque no tienen conocimiento del camino de la vida ni saben cuál es la senda de la verdad. Decidme, ¿cómo podrían obtener la bendición de Dios tales personas insensatas, tozudas e ignorantes? ¿Cómo podrían contemplar al Mesías? Se opusieron a Jesús porque no conocían la dirección de la obra del Espíritu Santo ni el camino de la verdad mencionado por Jesús y, además, porque no entendían al Mesías. Y como nunca le habían visto ni habían estado en Su compañía, cometieron el error de pagar un tributo vacío al nombre del Mesías mientras se oponían a Su esencia por todos los medios. Estos fariseos eran tozudos y arrogantes en esencia, y no obedecían la verdad. El principio de su creencia en Dios es: por muy profunda que sea Tu predicación, por muy alta que sea Tu autoridad, no eres Cristo a no ser que te llames el Mesías. ¿No son estas opiniones absurdas y ridículas? Os pregunto de nuevo: ¿No es extremadamente fácil para vosotros cometer los errores de los antiguos fariseos, dado que no tenéis el más mínimo entendimiento de Jesús? ¿Eres capaz de discernir el camino de la verdad? ¿Puedes garantizar realmente que no te opondrás a Cristo? ¿Eres capaz de seguir la obra del Espíritu Santo? Si no sabes si te opondrás o no a Cristo, entonces Yo digo que ya estás viviendo al filo de la muerte.

de ‘Cuando veas el cuerpo espiritual de Jesús será cuando Dios haya hecho de nuevo el cielo y la tierra’ en “La Palabra manifestada en carne”

103. Cualquiera que no entienda el propósito de la obra de Dios está contra Él, y aún más aquellos que conocen dicho propósito pero no buscan satisfacer a Dios. Los que leen la Biblia en grandes iglesias la recitan cada día, pero ninguno entiende el propósito de la obra de Dios. Ninguno es capaz de conocer a Dios; además, ninguno es conforme al corazón de Dios. Son todos hombres inútiles, viles, que se ponen en alto para enseñar a Dios. Aunque blanden el nombre de Dios, se oponen voluntariamente a Él. Aunque se etiquetan como creyentes en Dios, son los que comen la carne y beben la sangre del hombre. Todos esos hombres son diablos que devoran el alma del hombre, demonios líderes que molestan deliberadamente a aquellos que tratan de entrar en el camino correcto y piedras de tropiezo que obstruyen la senda de los que buscan a Dios. Aunque son de “cuerpos robustos”, ¿cómo van a saber sus seguidores que son anticristos que llevan al hombre a oponerse a Dios? ¿Cómo van a saber que son diablos vivientes que buscan especialmente almas para devorar?

de ‘Todos los que no conocen a Dios son los que se oponen a Él’ en “La Palabra manifestada en carne”

104. Los demonios y los espíritus malignos han estado haciendo estragos en la tierra, han bloqueado la voluntad y el meticuloso esfuerzo de Dios, y los hace impenetrables. ¡Qué pecado mortal! ¿Cómo podría Dios no sentirse angustiado? ¿Cómo no airarse? Causan un doloroso obstáculo y oposición a la obra de Dios. ¡Demasiado rebeldes! Hasta esos demonios, grandes y pequeños, se vuelven altivos por la fuerza del diablo más poderoso, y empiezan a causar problemas. Deliberadamente resisten a la verdad a pesar de su clara conciencia al respecto. ¡Hijos de la rebeldía! Es como si, ahora que su rey del infierno ha ascendido al trono real, ellos se volvieran engreídos, y trataran a los demás con desdén. ¿Cuántos buscan la verdad, y siguen la justicia? Todos son bestias como cerdos y perros, que dirigen a una panda de moscas apestosas en un montón de estiércol para que meneen la cabeza, e inciten al desorden.[21] Creen que su rey del infierno es el más superior de los reyes, sin darse cuenta de que no son más que moscas sobre la podredumbre. Y no sólo eso, sino que hacen observaciones difamadoras contra la existencia de Dios confiando en sus padres, unos cerdos y perros. Las moscas minúsculas creen que sus progenitores son tan grandes como una ballena con dientes.[22] ¿No se dan cuenta de que son diminutos, pero sus padres sean cerdos y perros inmundos mil millones de veces más grandes que ellos? Inconscientes de su propia bajeza, hacen estragos por el olor pútrido de esos cerdos y perros, y tienen la ilusoria idea de procrear futuras generaciones. ¡Es absolutamente desvergonzado! Con alas verdes en su espalda (esto se refiere a su afirmación de creer en Dios), empiezan a volverse presuntuosos, a jactarse en todas partes de su propia belleza y atractivo, y echan en secreto sus impurezas sobre el hombre. Y llegan a ser presumidos, como si un par de alas con los colores del arcoíris pudiera esconder sus propias impurezas; así persiguen la existencia del Dios verdadero (esto se refiere a la historia interna del mundo religioso). El hombre no tiene la menor idea de que, aunque las alas de la mosca sean hermosas y encantadoras, después de todo no es más que una mosca minúscula llena de suciedad y cubierta de gérmenes. Sobre la base de sus padres, unos cerdos y perros, hacen estragos por la tierra (esto se refiere a los oficiales religiosos que persiguen a Dios basándose en el firme apoyo del país que traiciona al Dios verdadero y la verdad) con abrumadora ferocidad. Es como si los fantasmas de los fariseos judíos hubieran regresado con Dios a la nación del gran dragón rojo, de vuelta a su viejo nido. De nuevo han iniciado su obra de persecución, y han continuado la obra de varios miles de años. ¡Sin lugar a duda, este grupo de degenerados perecerá en la tierra al final! Al parecer, tras varios milenios, los espíritus inmundos se han vuelto más astutos y maliciosos. Constantemente piensan en formas de socavar en secreto la obra de Dios. Son taimados y astutos, y desean volver a repetir en su tierra natal la tragedia de hace varios miles de años. Esto casi incita a Dios a soltar un fuerte grito; arde en deseos de regresar al tercer cielo para aniquilarlos.

de ‘Obra y entrada (7)’ en “La Palabra manifestada en carne”

105. En la Biblia, la valoración que los fariseos hicieron del propio Señor Jesús y de las cosas que hizo fue: “Decían: Está fuera de sí. […] Tiene a Belcebú, y aleja a los demonios en el nombre del príncipe de los demonios” (Marcos 3:21–22).* El juicio del Señor Jesús realizado por los escribas y fariseos no era el repetir como loros las cosas ni imaginar a partir de la nada; fue su conclusión sobre el Señor Jesús a partir de lo que vieron y oyeron de Sus acciones. Aunque llegaron a la misma ostensiblemente en el nombre de la justicia y esta parecía bien fundamentada a las personas, la arrogancia con la que juzgaron al Señor Jesús era difícil de contener incluso para ellos. La enloquecida energía de su odio por el Señor Jesús puso de manifiesto sus propias ambiciones disparatadas y sus rostros satánicos malvados, así como su malévola naturaleza de resistirse a Dios. Estas cosas que dijeron en su juicio del Señor Jesús fueron impulsadas por sus ambiciones disparatadas, su envidia, y la naturaleza fea y malévola de su hostilidad hacia Dios y la verdad. No investigaron la fuente de las acciones del Señor Jesús ni la esencia de lo que dijo o hizo. Pero atacaron y desacreditaron ciega, impaciente, locamente y con malicia deliberada lo que Él había hecho. Esto se produjo incluso hasta el punto de desacreditar indiscriminadamente a Su Espíritu, esto es, el Espíritu Santo, el Espíritu de Dios. Esto es lo que quisieron decir con las palabras “está fuera de sí”, “Belcebú,” y “el príncipe de los demonios”. Esto es, dijeron, que el Espíritu de Dios era Belcebú y el príncipe de los demonios. Definieron como locura la obra de la carne vestida por el Espíritu de Dios. No sólo blasfemaron tachándolo de Belcebú y el príncipe de los demonios, sino que condenaron la obra de Dios. Condenaron y blasfemaron al Señor Jesucristo. La esencia de su resistencia y su blasfemia de Dios era totalmente la misma que la esencia de Satanás, así como de la resistencia y blasfemia de Dios por parte del diablo. No sólo representaban a seres humanos corruptos, sino que eran la representación de Satanás. Eran un canal para él en medio de la humanidad, así como sus cómplices y mensajeros. La esencia de su blasfemia y su denigración del Señor Jesucristo era su lucha con Dios por el estatus, su competencia con Él, su prueba interminable de Él. La esencia de su resistencia a Dios y su actitud de hostilidad hacia Él, así como sus palabras y sus pensamientos blasfemaban y enojaban directamente al Espíritu de Dios. Así pues, Dios determinó un juicio razonable de lo que dijeron e hicieron, y determinó que sus hechos fueron el pecado de blasfemia contra el Espíritu Santo. Este pecado es imperdonable tanto en este mundo como en el venidero, justo como dice el siguiente pasaje de la escritura: “la blasfemia contra el Espíritu Santo no se le perdonará” y “no se perdonará a aquel que diga algo contra el Espíritu Santo, ni en este mundo ni en el venidero”.*

de ‘La obra de Dios, el carácter de Dios y Dios mismo III’ en “La Palabra manifestada en carne”

106. Hay un enorme secreto en tu corazón. Jamás te haces consciente de él porque has estado viviendo en un mundo donde no brilla la luz. El maligno se ha llevado tu corazón y tu espíritu. Tus ojos están cubiertos de oscuridad; no puedes ver el sol en el cielo ni la estrella brillante en la noche. Tus oídos están tapados con palabras engañosas y no escuchas la estruendosa voz de Jehová ni el sonido de muchas aguas provenientes del trono. Has perdido todo lo que te debió haber pertenecido y todo lo que el Todopoderoso te confirió. Has entrado en un mar infinito de amargura, sin fuerza para ser rescatado y sin esperanza de supervivencia y te has quedado sólo para luchar y moverte afanosamente… A partir de ese momento, estás condenado a estar afligido por el maligno, muy lejos de las bendiciones del Todopoderoso, fuera del alcance de las provisiones del Todopoderoso y te embarcas en un camino sin regreso. Un millón de llamados difícilmente pueden despertar tu corazón y tu espíritu. Duermes profundamente en las manos del maligno, quien te ha tentado hacia el reino ilimitado, sin dirección, sin señales en el camino. A partir de ahora, has perdido tu pureza original, tu inocencia y has comenzado a esconderte del cuidado del Todopoderoso. El maligno dirige tu corazón en todos los asuntos y se ha convertido en tu vida. Ya no le temes, ya no lo evitas, ya no dudas de él. Más bien, lo tratas como el Dios en tu corazón. Comienzas a venerarlo, a adorarlo, a ser inseparable de él, como su sombra, y se comprometen mutuamente en la vida y en la muerte. No tienes la más mínima idea de cuál es tu origen, de por qué existes o de por qué mueres. Ves al Todopoderoso como un extraño; no conoces Su origen y mucho menos todo lo que Él ha hecho por ti. Todo lo que viene de Él se ha vuelto detestable para ti. Ni lo aprecias ni conoces su valor. Caminas con el maligno desde el mismo día en el que empezaste a recibir provisiones del Todopoderoso. Tú y el maligno caminan por miles de años de tempestades y tormentas. Junto a él, te opones a Dios, quien fue la fuente de tu vida. No te arrepientes y, mucho menos, sabes que has llegado al punto de perecer. Te olvidas de que el maligno te ha tentado, te ha afligido; te olvidas de tu origen. Así como así, el maligno te ha estado dañando paso a paso, incluso hasta ahora. Tu corazón y tu espíritu son insensibles y decadentes. Ya no te quejas de las aflicciones del mundo; ya no crees que el mundo es injusto. Ni siquiera te importa la existencia del Todopoderoso. Esto es porque has considerado al maligno como tu verdadero padre y ya no puedes apartarte de él. Este es el secreto que alberga tu corazón.

de ‘El suspiro del Todopoderoso’ en “La Palabra manifestada en carne”

107. A medida que el amanecer llega, una estrella de la mañana empieza a brillar en el este. Es una estrella que nunca estuvo ahí antes. Ilumina los calmados cielos estrellados y enciende la luz extinguida en el corazón de las personas. Las personas ya no están solas gracias a esta luz, la luz que brilla sobre ti y sobre otros. Sin embargo, sólo tú permaneces profundamente dormido en la noche oscura. No puedes escuchar el sonido ni ver la luz, incapaz de darte cuenta del advenimiento de un nuevo cielo y una nueva tierra, de una nueva era. Porque tu padre te dice: “Hijo mío, no te levantes, aún es temprano. Afuera hace frío, quédate adentro, no sea que la espada y la lanza perforen tus ojos”. Crees únicamente en la exhortación de tu padre porque crees que está en lo correcto, pues tiene más edad que tú y te ama verdaderamente. Semejante exhortación y semejante amor provocan que tú ya no creas el mito de que hay luz en el mundo y que ya no te importe si el mundo tiene la verdad. Ya no te atreves a desear ser rescatado por el Todopoderoso. Estás contento con el status quo, ya no deseas el advenimiento de la luz y ya no estás al pendiente de la venida del legendario Todopoderoso. A tus ojos, todo lo bello ya no puede ser resucitado ni seguir existiendo. A tus ojos, el mañana y el futuro de la humanidad desaparecen y se destruyen. Te aferras fuertemente a la vestimenta de tu padre, dispuesto a sufrir con él, temiendo la pérdida de tu compañero de viaje y la dirección de tu lejana travesía. El mundo vasto y confuso ha creado a muchos como tú, inquebrantables e intrépidos para cumplir con los diferentes papeles de este mundo. Ha formado a muchos “guerreros” que no temen a la muerte en lo absoluto. Más que eso, ha creado lotes de humanos desensibilizados y paralizados que no entienden el propósito de haber sido creados. Los ojos del Todopoderoso observan a la humanidad gravemente afligida, oyendo los gemidos de quienes sufren, viendo el descaro de los afligidos y sintiendo el desamparo y el pavor de la humanidad que ha perdido la salvación. La humanidad rechaza Su cuidado, camina por su propia senda y evita el examen de Sus ojos. Preferirían probar toda la amargura del mar profundo junto con el enemigo. El suspiro del Todopoderoso ya no puede escucharse. Las manos del Todopoderoso ya no están dispuestas a tocar a la trágica humanidad. Él repite Su obra, recuperando y perdiendo, una y otra vez. A partir de ese momento, Él se cansa cada vez más y se siente agotado, así que detiene la obra de Sus manos y ya no deambula entre las personas… Las personas no están conscientes en absoluto de estos cambios y tampoco están conscientes de los ires y venires, del pesar y la melancolía del Todopoderoso.

de ‘El suspiro del Todopoderoso’ en “La Palabra manifestada en carne”

108. A medida que la noche entra furtivamente, el hombre se mantiene inconsciente porque el corazón del hombre no puede percibir cómo la oscuridad se acerca o de dónde viene. A medida que la noche se escapa silenciosamente, el hombre le da la bienvenida a la luz del día, pero el corazón del hombre tiene aún menos claro y es menos consciente de dónde ha llegado la luz y cómo ha ahuyentado las tinieblas de la noche. Tales alternaciones recurrentes del día y la noche llevan al hombre de un periodo a otro, moviéndose a través del tiempo, a la vez que asegura que la obra de Dios y Su plan se llevan a cabo durante cada periodo y en todos los tiempos. El hombre caminó con Dios durante las épocas, sin embargo, el hombre no sabe que Dios gobierna el destino de todas las cosas y de los seres vivos ni sabe cómo Dios orquesta y dirige todas las cosas. Esto es algo que el hombre ha eludido desde los tiempos inmemoriales hasta el día presente. En cuanto a la razón del porqué, no es porque los hechos de Dios sean demasiado esquivos, o porque el plan de Dios todavía se tenga que ejecutar, sino porque el corazón y el espíritu del hombre están muy distantes de Dios. Por lo tanto, incluso si el hombre sigue a Dios, sin saberlo permanece al servicio de Satanás. Ninguno busca activamente las huellas o la aparición de Dios y nadie desea existir bajo el cuidado y la custodia de Dios. Más ellos están dispuestos a depender de la corrosión de Satanás y el maligno con el fin de adaptarse a este mundo y a las reglas de vida que sigue la malvada humanidad. A estas alturas el corazón y el espíritu del hombre se sacrifican a Satanás y se convierten en su sustento. Además, el corazón y el espíritu humanos se convierten en un lugar en el cual Satanás puede residir y en una zona de recreación apropiada para este. De esta manera, sin darse cuenta, el hombre pierde su comprensión de los principios de ser humano y del valor y el sentido de la existencia humana. Las leyes de Dios y el pacto entre Dios y el hombre gradualmente se desvanecen en el corazón del hombre y el hombre no busca más a Dios ni le pone atención. A medida que el tiempo pasa, el hombre ya no entiende por qué Dios creó al hombre ni tampoco entiende las palabras que salen de la boca de Dios ni se da cuenta de todo lo que proviene de Dios. El hombre comienza a resistir las leyes y decretos de Dios; el corazón y el espíritu del hombre se insensibilizan… Dios pierde al hombre de Su creación original y el hombre pierde la raíz de su principio. Este es el dolor de esta humanidad.

de ‘Dios es la fuente de la vida del hombre’ en “La Palabra manifestada en carne”

Notas al pie:

1. “Estragos” se usa para exponer la desobediencia de la humanidad.

2. “Las palabras cálidas han sido enfrentadas con un ceño feroz y el frío desafío de mil dedos recriminatorios. Dios no puede sino soportar, con la cabeza inclinada, servir a las personas como un buey dispuesto” era, originalmente, una sola frase, pero aquí se divide en dos con el fin de dejar las cosas más claras. La primera frase se refiere a las acciones del hombre, mientras que la segunda indica el sufrimiento experimentado por Dios, y que Él es humilde y está escondido.

3. “Prejuicio” se refiere a la conducta desobediente de las personas.

4. “Tomar el poder absoluto” alude a la conducta desobediente de las personas. Se exaltan a sí mismas, engrilletan a otras, hacen que las sigan y sufren por ellas. Son fuerzas hostiles a Dios.

5. “Marioneta” se usa para ridiculizar a aquellos que no conocen a Dios.

6. “Un bombardeo” se usa para subrayar la baja conducta de las personas.

7. “No puede distinguir la tiza del queso” indica cuando las personas tergiversan la voluntad de Dios y la convierten en algo satánico, refiriéndose ampliamente a la conducta en la que las personas rechazan a Dios.

8. “Confunde lo negro con lo blanco” se refiere a mezclar la verdad con ilusiones y la justicia con el mal.

9. “Bandido” se usa para indicar que las personas son insensatas y carecen de conocimiento profundo.

10. “Migajas y sobras” se usa para indicar la conducta en la que las personas oprimen a Dios.

11. “Furioso” alude al feo rostro del hombre que se aíra y se exaspera.

12. “Sin escrúpulo” alude a cuando las personas son imprudentes, y no tienen la más mínima reverencia hacia Dios.

13. “La ‘entrada’ del hombre” indica aquí la conducta desobediente del hombre. En lugar de referirse a la entrada de las personas a la vida —que es positiva—, alude a su comportamiento y sus acciones negativos. Se refiere ampliamente a todos los hechos del hombre que están en oposición con Dios.

14. “Plagadas de temores imaginarios” se usa para burlarse de la vida desacertada de humanidad del hombre. Se refiere al desagradable estado de la vida de la humanidad, en la que las personas viven juntas con los demonios.

15. “Mejor que nada” se expresa de forma burlona.

16. “Su fervor arde cada vez más” se dice en tono de burla y alude al feo estado del hombre.

17. “Un plan bien pensado en mente” se dice burlonamente, y se refiere a cómo las personas no se conocen a sí mismas e ignoran su estatura real. Este es un enunciado despectivo.

18. “Venerable” se dice en tono de burla.

19. “Lanzar” indica el feo estado del pueblo que echan humo de rabia cuando son derrotados por Dios. Señala hasta qué punto se oponen a Dios.

20. “Capturar vivo” se refiere a la conducta violenta y despreciable del hombre. Este es cruel, y no es compasivo con Dios en lo más mínimo y le hace absurdas exigencias.

21. “Incitar al desorden” se refiere a cómo las personas demoniacas se desmandan, obstruyen la obra de Dios y se oponen a ella.

22. “Una ballena con dientes” se usa en tono burlón. Es una metáfora de cómo las moscas son tan pequeñas que los cerdos y los perros les parecen grandes como ballenas.

a. El texto original dice “las monedas de oro para”.

b. Un proverbio chino, cuyo significado literal es, “bandidos que ocupan las montañas y se declaran como reyes”.

c. El texto original lee “este”.

d. Este es un modismo chino.

e. El texto original no contiene la frase “el deseo de”.

f. “Extender el codo hacia fuera” es una expresión china que significa que una persona está ayudando a los demás a expensas de su gente cercana, por ejemplo, padres, hijos, familiares o hermanos.

g. La historia del pájaro Hanhao es muy parecida a la fábula de Esopo, de la hormiga y la cigarra. El pájaro Hanhao prefiere dormir en lugar de hacer un nido cuando el clima es cálido, a pesar de las repetidas advertencias de su vecina, la urraca. Cuando llega el invierno, el pájaro muere congelado.

h. El texto original omite “a sabiendas de que”.

i. Regresar a la orilla: un dicho chino, que significa “regresar de los malos caminos por los que se ha caminado”.

j. El texto original omite “inmoral”.

k. El texto original omite “normal”.

*. The Bible quotation here is translated from AKJV.

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