c. Dios Todopoderoso y el Señor Jesús son encarnaciones del mismo Dios
Palabras de Dios Todopoderoso de los últimos días
Entre los humanos, fui el Espíritu que no podían ver, el Espíritu con el que nunca podían contactar. Debido a Mis tres etapas de obra en la tierra (creación del mundo, redención y destrucción), aparezco entre ellos en diferentes momentos —nunca públicamente— para realizar Mi obra. La primera vez que vine entre los humanos fue durante la Era de la Redención. Por supuesto, vine a una familia judía; así, los primeros en ver la venida de Dios a la tierra fueron los judíos. La razón por la que llevé a cabo esta obra en persona fue que quise usar Mi carne encarnada como una ofrenda por el pecado para hacer Mi obra de redención. Así que los primeros en verme fueron los judíos de la Era de la Gracia. Esa fue la primera vez que obré en la carne. En la Era del Reino, Mi obra es conquistar y perfeccionar, así que todavía realizo en la carne Mi obra de pastoreo. Esta es la segunda vez que Yo obro en la carne. En las dos etapas finales de la obra, aquello con lo que las personas contactan ya no es el Espíritu invisible e intangible, sino una persona que es el Espíritu materializado como carne. Así pues, a los ojos del hombre, vuelvo a ser un humano sin un atisbo de Dios en Mí. Además, el Dios que las personas ven no es solo varón, sino también mujer, lo que es sumamente asombroso y desconcertante para ellas. Mi reiterada obra extraordinaria ha destrozado viejas creencias sostenidas durante muchos, muchos años. ¡Las personas están atónitas! Dios no es solo el Espíritu Santo, el Espíritu, el Espíritu siete veces intensificado, o el Espíritu que todo lo engloba, sino que también es un ser humano, un humano normal, un humano excepcionalmente común. No es solo varón, sino también mujer. Son parecidos en que ambos nacieron de humanos, y distintos en que uno fue concebido por el Espíritu Santo y el otro nació de un humano, aunque derivado directamente del Espíritu. Son parecidos en que ambas carnes encarnadas de Dios han asumido la obra de Dios Padre, y distintos en que uno hizo la obra de redención mientras el otro hace la de conquista. Ambos representan a Dios Padre, pero uno es el Redentor lleno de bondad y misericordia, y el otro es el Dios de justicia lleno de ira y juicio. Uno es el Comandante Supremo que lanzó la obra de redención, mientras el otro es el Dios justo que cumple la obra de conquista. Uno es el Principio, el otro, el Final. Uno es carne sin pecado, mientras el otro es carne que completa la redención, que continúa la obra y que nunca es pecaminosa. Ambos son el mismo Espíritu, pero moran en carnes diferentes y nacieron en lugares diferentes, y están separados por varios miles de años. Sin embargo, toda Su obra es mutuamente complementaria, nunca conflictiva y se puede hablar de ella en el mismo contexto. Ambos son personas, pero uno fue un bebé varón y la otra una niña recién nacida. Durante estos muchos años, lo que las personas han visto no es solo el Espíritu ni solo un ser humano, un varón, sino también muchas cosas que no están de acuerdo con las nociones humanas; así, los humanos nunca pueden comprenderme totalmente y siguen creyendo en Mí a medias y dudando de Mí a medias, como si en efecto existiera, pero también fuera un sueño ilusorio, razón por la cual, a día de hoy, las personas siguen sin saber qué es Dios. ¿Puedes resumirme realmente en una simple frase? ¿Te atreves a decir realmente: “Jesús no es otro que Dios y Dios no es otro que Jesús”? ¿Eres realmente tan atrevido como para decir: “Dios no es otro que el Espíritu y el Espíritu no es otro que Dios”? ¿Te atreves a decir: “Dios es solamente un ser humano vestido de carne”? ¿Tienes verdaderamente la valentía de afirmar: “La imagen de Jesús es la gran imagen de Dios”? ¿Eres capaz de usar tu aptitud literaria para explicar exhaustivamente el carácter y la imagen de Dios? ¿De verdad te atreves a decir: “Dios solo creó a los varones, no a las mujeres, a Su imagen”? Si dices esto, entonces ninguna mujer estaría entre Mis escogidos, ni mucho menos sería una clase de humanidad. ¿Sabes ahora realmente lo que es Dios? ¿Es Dios un humano? ¿Es Dios un Espíritu? ¿Es Dios realmente un varón? ¿Solo Jesús puede completar la obra que Yo voy a hacer? Si solo eliges una de las anteriores para resumir Mi esencia, entonces eres un devoto creyente que es extremadamente ignorante. Si solo hiciera la obra de la encarnación una vez, ¿me delimitaríais? ¿De verdad puedes entenderme por completo con solo un vistazo? ¿De verdad puedes resumirme completamente basándote en aquello a lo que has estado expuesto toda tu vida? Si hiciera la misma obra en Mis dos encarnaciones, ¿cómo me percibiríais? ¿Me dejaríais clavado en la cruz para siempre? ¿Podría ser Dios tan simple como aseguras?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. ¿Cuál es tu entendimiento de Dios?
Jesús y Yo venimos de un solo Espíritu. Aunque Nuestra carne no tiene relación, Nuestro Espíritu es uno; aunque el contenido de lo que hacemos y la obra que asumimos no son los mismos, Nuestra esencia es la misma; Nuestra carne adopta distintas formas, pero esto se debe al cambio de era y a los diferentes requisitos de Nuestra obra; Nuestros ministerios no son iguales, por lo que la obra que traemos y el carácter que ponemos de manifiesto al hombre también son diferentes. Por eso, lo que el hombre ve y entiende hoy es diferente a lo del pasado, lo cual se debe al cambio de era. A pesar de que son diferentes en cuanto al género y la forma de Su carne y de que no nacieron de la misma familia y, mucho menos, en la misma época, Su Espíritu de todos modos es uno. A pesar de que Su carne no comparte ni sangre ni parentesco físico de ningún tipo, no puede negarse que Ellos son la carne encarnada de Dios en dos períodos diferentes. Es una verdad irrefutable que son la carne encarnada de Dios. Sin embargo, no son del mismo linaje ni comparten un idioma humano común. (Uno fue un varón que hablaba el idioma de los judíos y la otra es una mujer que solo habla chino). Es por estas razones que Ellos han vivido en diferentes países para llevar a cabo la obra que le corresponde hacer a cada uno, y en distintos períodos también. A pesar del hecho de que son el mismo Espíritu —es decir, poseen la misma esencia—, no existen similitudes absolutas entre el caparazón externo de Su carne. Lo único que comparten es la misma humanidad, pero en lo que se refiere a la apariencia externa de Su carne y a las circunstancias de Su nacimiento, no se parecen. Estas cosas no tienen ningún impacto sobre Su respectiva obra ni sobre el conocimiento que el hombre tiene respecto a Ellos, porque, a fin de cuentas, son del mismo Espíritu y nadie puede separarlos. Aunque no tienen relación de sangre, la totalidad de Su ser está a cargo de Su Espíritu, lo cual les permite asumir una obra diferente en distintos períodos y Su carne es de diferentes linajes. Por ejemplo, el Espíritu de Jehová no es el padre del Espíritu de Jesús, y el Espíritu de Jesús no es el hijo del Espíritu de Jehová: ambos son exactamente de un único y mismo Espíritu. De igual manera, el Dios encarnado de hoy y Jesús no tienen relación de sangre, pero son uno; esto se debe a que Su Espíritu es uno. Dios puede llevar a cabo la obra de misericordia y benevolencia, así como la del juicio justo y el castigo del hombre y la de lanzar maldiciones sobre este; al final, Él puede realizar la obra de destruir el mundo y castigar a los malvados. ¿Acaso no hace todo esto Él mismo? ¿No es esto la omnipotencia de Dios? Él fue capaz tanto de promulgar las leyes para el hombre como de expedirle los mandamientos, y también fue capaz de guiar a los primeros israelitas para vivir en la tierra y para edificar el templo y los altares, poniendo a todos los israelitas bajo Su dominio. Debido a Su autoridad, durante los dos mil años que vivió en la tierra con el pueblo de Israel, los israelitas no se atrevían a rebelarse contra Él y todos temían a Jehová y cumplían Sus mandamientos. Esa fue la obra que se llevó a cabo en virtud de Su autoridad y Su omnipotencia. Luego, durante la Era de la Gracia, Jesús vino a redimir a toda la humanidad caída (no solo a los israelitas). Él mostró misericordia y benevolencia hacia el hombre. El Jesús que el hombre vio en la Era de la Gracia estaba lleno de benevolencia y siempre fue amoroso con el hombre, pues había venido a salvarlo del pecado. Pudo perdonar los pecados de las personas hasta que Su crucifixión redimió por completo a la humanidad del pecado. Durante este periodo, Dios apareció delante del hombre con misericordia y benevolencia; es decir, se convirtió en una ofrenda por el pecado para el hombre y fue crucificado por los pecados de este para que pudiera ser perdonado para siempre. Él era misericordioso, compasivo, paciente y amoroso, y todos los que seguían a Jesús en la Era de la Gracia también buscaban ser pacientes y amorosos en todas las cosas. Eran muy sufridos y nunca oponían resistencia, ni siquiera cuando los golpeaban, los maldecían o los apedreaban. Sin embargo, durante la etapa final, ya no puede ser así. Por ejemplo, la obra de Jesús y la de Jehová no eran totalmente iguales, aunque Su Espíritu fuera uno. La obra de Jehová no puso fin a la era, sino que la guio y marcó el inicio de la vida de la humanidad en la tierra, y la obra de hoy consiste en conquistar a quienes viven en las naciones gentiles que han sido profundamente corrompidos, y guiar no solo al pueblo escogido de Dios en China, sino a todo el universo y a toda la humanidad. Puede parecerte que esta obra se está llevando a cabo solo en China, pero, de hecho, ya ha comenzado a difundirse en el extranjero. ¿Por qué razón la gente fuera de China busca el camino verdadero una y otra vez? Se debe a que el Espíritu ya ha empezado a obrar, y las palabras pronunciadas hoy se dirigen a las personas de todo el universo. Con esto, la mitad de la obra ya está en marcha. Desde la creación del mundo hasta la actualidad, el Espíritu de Dios ha puesto en marcha esta gran obra y, además, ha realizado obras diferentes en distintas eras y en países diferentes. Las personas de cada era ven un carácter diferente de Él, el cual se pone de manifiesto de forma natural por medio de la obra diferente que realiza. Él es un Dios lleno de misericordia y benevolencia; es la ofrenda por el pecado para el hombre y su pastor, pero también es el juicio, el castigo y la maldición del hombre. Él pudo guiar al hombre para que viviese sobre la tierra durante dos mil años y también pudo redimir del pecado a la humanidad corrupta. Hoy, también es capaz de conquistar a la humanidad, que no lo conoce, y hacerla postrarse bajo Su dominio y hacerla someterse totalmente a Él. Al final, Él quemará todo lo impuro e injusto dentro de las personas del universo para mostrarles que no solo es un Dios misericordioso y amoroso, un Dios de sabiduría y maravillas, un Dios santo, sino, además, un Dios que juzga al hombre. Para los malvados entre la especie humana, Él es abrasamiento, juicio y castigo; para aquellos que han de ser perfeccionados, es tribulación, refinamiento y pruebas, así como consuelo, sustento, provisión de palabras y poda. Y para los que son descartados, es castigo y retribución. […]
Dios no solo es un Espíritu, sino que también puede hacerse carne. Además, Él es un cuerpo de gloria. Aunque vosotros no hayáis visto a Jesús, los israelitas —los judíos de la época— sí lo hicieron. Al principio, Él era un cuerpo de carne, pero después de que lo crucificaran, pasó a ser el cuerpo de gloria. Él es el Espíritu que todo lo abarca y que puede obrar en todo lugar. Puede ser Jehová o Jesús o el Mesías; al final, también puede convertirse en el Dios todopoderoso. Él es justicia, juicio y castigo; es maldición e ira, pero también es misericordia y benevolencia. Toda la obra que ha llevado a cabo puede representarlo. ¿Qué clase de Dios dices que es Él? No puedes explicarlo. Si en verdad no puedes explicarlo, no deberías emitir veredictos sobre Dios. No emitas el veredicto de que Dios es siempre un Dios de misericordia y bondad solo porque llevó a cabo la obra de redención en una etapa. ¿Puedes estar seguro de que Él solo es un Dios misericordioso y amoroso? Si Él es, meramente, un Dios misericordioso y amoroso, ¿por qué pondrá fin a la era en los últimos días? ¿Por qué enviará tantos desastres? Según las nociones y pensamientos de las personas, Dios debería ser misericordioso y amoroso hasta el final, para que hasta el último miembro de la humanidad pueda ser salvo. Pero ¿por qué en los últimos días enviará desastres tan grandes como terremotos, plagas y hambrunas para destruir a esta malvada especie humana, que considera a Dios como un enemigo? ¿Por qué permitirá que la especie humana sufra estos desastres? Ninguno de vosotros se atreve a decir qué clase de Dios es Él, y nadie es capaz de explicarlo. ¿Te atreves a decir que Él es el Espíritu? ¿Te atreves a decir que no es otro que la carne de Jesús? ¿Y te atreves a afirmar que Él es un Dios que será crucificado por siempre por el bien del hombre?
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. Las dos encarnaciones completan el sentido de la encarnación
¿Por qué digo que el sentido de la encarnación no se completó en la obra de Jesús? Porque el Camino no se hizo enteramente carne. Lo que Jesús realizó fue solo una parte de la obra de Dios en la carne; Él solo llevó a cabo la obra de redención y no la de ganar completamente al hombre. Por esta razón, Dios se ha hecho carne una vez más en los últimos días. Esta etapa de la obra también se lleva a cabo en una carne corriente; la realiza un ser humano completamente normal, uno cuya humanidad no es en absoluto trascendente. En otras palabras, Dios se ha hecho un ser humano completo; es una persona cuya identidad es la de Dios, un ser humano completo, una carne completa, que está llevando a cabo la obra. Los ojos humanos ven un cuerpo carnal que no es en absoluto trascendente, una persona muy corriente que puede hablar el lenguaje del cielo, que no muestra señales, que no obra milagros y que mucho menos deja en evidencia la historia real detrás de la religión en grandes salas de asamblea. Para las personas, la obra de la segunda encarnación es totalmente diferente a la de la primera, y ambas incluso parecen no tener nada en común; nada de la obra de la primera puede verse en esta ocasión. Aunque la obra de la segunda encarnación es diferente de la obra de la primera, eso no prueba que Su fuente no sea la misma. Que Su fuente sea o no la misma depende de la naturaleza de la obra realizada por las carnes y no de Su caparazón corporal. Durante las tres etapas de Su obra, Dios se ha encarnado dos veces y, en ambas ocasiones, la obra de Dios encarnado inaugura una nueva era, realiza una nueva obra. Las encarnaciones se complementan entre sí. Es imposible para el ojo humano percibir que ambas carnes provienen realmente de la misma fuente. Desde luego, esto escapa a la capacidad del ojo humano o a la de la mente del hombre. Pero, en Su esencia, son lo mismo, porque Su obra se origina en el mismo Espíritu. Si ambas encarnaciones surgen o no de la misma fuente, no se las puede juzgar por la era y el lugar en los que nacieron, o por otros factores similares, sino por la obra divina expresada por Ellas. La segunda encarnación no lleva a cabo nada de la obra que Jesús realizó, porque la obra de Dios no se ciñe a convenciones, sino que cada vez abre una nueva senda. La segunda encarnación no pretende profundizar ni consolidar la impresión de la primera carne en la mente de las personas, sino complementar y mejorar la imagen de la primera carne en su mente, profundizar el conocimiento de Dios por parte del hombre, romper todos los preceptos existentes en los corazones de las personas y erradicar las imágenes falaces de dios en sus corazones. Puede decirse que ninguna etapa individual de la propia obra de Dios puede darle al hombre un conocimiento completo de Él; cada una da solo una parte, no el todo. Aunque Dios ha expresado Su carácter por completo, debido a la limitada capacidad de comprensión del hombre, su conocimiento de Dios sigue siendo incompleto. Mediante el lenguaje humano, es imposible explicar de forma plena la totalidad del carácter de Dios. Así pues, ¿cuánto menos puede una sola etapa de Su obra expresar plenamente a Dios? Él obra en la carne bajo la cubierta de Su humanidad normal y uno solamente puede conocerlo por las expresiones de Su divinidad, no por Su caparazón corporal. Dios viene en la carne para permitir al hombre conocerlo por medio de Su diversa obra, y no hay dos etapas de Su obra que sean iguales. Solo de esta forma puede el hombre tener un conocimiento pleno de la obra de Dios en la carne y no delimitarla a cierto ámbito. Aunque la obra de las dos encarnaciones es diferente, la esencia de estas y la fuente de Su obra son idénticas; es solo que existen para llevar a cabo dos etapas diferentes de la obra, además de surgir en dos eras distintas. Sea como sea, las carnes encarnadas de Dios comparten la misma esencia y el mismo origen; esto es algo que nadie puede negar.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. La esencia de la carne habitada por Dios
Una vez me llamaron Jehová. También una vez el hombre me conoció como el Mesías y una vez me amó, me apreció y me llamó Jesús el Salvador. Hoy ya no soy el Jehová ni el Jesús que el hombre conoció en tiempos pasados. En su lugar, Yo soy el Dios que ha regresado en los últimos días, el que pondrá fin a la era; soy el Dios mismo que surge de los confines de la tierra, repleto de todo Mi carácter y lleno de autoridad, honor y gloria. El hombre nunca ha tenido contacto conmigo, nunca me ha conocido y siempre ha sido ignorante de Mi carácter. Desde la creación del mundo hasta hoy, ni una sola persona me ha visto. Este es el Dios que se le aparece al hombre en los últimos días, pero que está oculto entre los hombres. Él mora entre los hombres, vital y vivo, como el sol ardiente y la llama abrasadora, lleno de poder y rebosante de autoridad. No hay una sola persona o cosa que no vaya a ser juzgada por Mis palabras y ni una sola persona o cosa que no vaya a ser purificada por el ardor del fuego. Finalmente, la miríada de naciones serán bendecidas debido a Mis palabras y también serán hechas pedazos debido a ellas. De esta forma, todas las personas en los últimos días verán que Yo soy el Salvador que ha regresado, y que Yo soy Dios Todopoderoso, que conquista a toda la especie humana. Y todos verán que una vez fui la ofrenda por el pecado para el hombre, pero que en los últimos días me he convertido en las llamas del sol abrasador que queman todas las cosas, así como en el Sol de la justicia que revela todas las cosas. Esta es Mi obra en los últimos días. La razón por la cual tomo este nombre y poseo este carácter es precisamente que todas las personas puedan ver que Yo soy el Dios justo, el sol ardiente, la llama abrasadora, y que todos puedan adorarme a Mí, el único Dios verdadero, y para que puedan ver Mi verdadero rostro: no soy solo el Dios de los israelitas ni soy solo el Redentor, sino que soy el Dios de todas las criaturas por todos los cielos, la tierra y los mares.
La Palabra, Vol. I. La aparición y obra de Dios. El Salvador ya ha regresado sobre una “nube blanca”
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